Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

martes, 31 de octubre de 2017

La Juventud Comunista (JC)

Emiliano Luna

Desde el nacimiento del Partido Comunista el 30 de Marzo de 1930, generaciones y generaciones se habian sucedido en la lucha, los más viejos de edad héroes clandestinos de la lucha obrero-sindical y social, militaban en las filas del Partido Comunista (PCS)..los jóvenes lo haciamos en las filas de la Juventud Comunista (JC)...

No habia diferencia con el jóven común de la época, las mismas inquietudes, las mismas esperanzas, roqueros y jodiones como todos...pero la militancia en las filas de la Juventud Comunista, nos iba delegando responsabilidades y compromisos mucho más serios que los que el joven común se podia plantear...

El rigor de la clandestinidad se imponia, pero la audacia juvenil la rebasaba, rompiamos con los manuales, normas y reglas que dictaban desde la Comisión Politica (CP)...queriamos imprimirle nuestro propio sello a la militancia y a la lucha...la guerra nos estalló en la cara, el enemigo se sintió impotente, vulnerable y desató la bestialidad que por naturaleza caracteriza a toda dictadura militar...desató la matanza...

Nos vimos forzados a irnos al frente de guerra, a forjar una fuerza militar paralela que al igual que lo habiamos hecho en la ciudad, ésta vez seria en el combate abierto desde la trinchera y la linea de fuego...y cumplimos, en veinte años de guerra, conformamos una fuerza militar dual que se puso "taco a taco" con las tradicionales Fuerzas Armadas asesinas y criminales...

Muchos cayeron heróicamente en la contienda, los sobrevivientes aún recordamos aquellos dias inolvidables de la lucha revolucionaria de la solidaridad que nos hermanaba...

Aqui algunos de aquellos jóvenes que participaron en aquella gesta gloriosa...

De los que con seguridad ubico en la foto, de izquierda a derecha:

El tercero y de gafas, Carlos Chamorro (Pedro bailarin), el quinto, Fernando Chamorro (Fito),le sigue Montalvo (El Pato baleado) y de último Rafael Aquino(El Indio)...del resto de compañeros si alguien los identifica puede nombrarlos...


lunes, 30 de octubre de 2017

Relaciones de género en las FPL



 FundAbril


Al mencionar las relaciones de género que se establecieron en el contexto del conflicto armado por las personas que directa o indirectamente se vincularon a todo el Sistema de Sanidad Militar de la guerrilla, es importante establecer a que nos referimos. En general, las relaciones de género son aquellas que sitúan a hombres y mujeres de forma diferente en el conjunto de la sociedad. Estas relaciones son de poder y sitúan al conjunto de las mujeres en una posición de inferioridad y desigualdad respecto al conjunto de los hombres.

El género, al ser una construcción social, cambia de una época a otra, de un lugar a otro y de unos grupos sociales a otros, en función de la economía, las normas y los valores, la religión, el sistema político, la edad, etc.

En el caso de las zonas rurales, existe una tendencia mayor a mantener las costumbres y tradiciones que en las zonas urbanas. Ello provoca que, de alguna manera, se vea como normales y naturales muchos comportamientos y actitudes que, en determinadas circunstancias, no benefician, por ejemplo, a las mujeres.
Por otro lado, las relaciones de género se establecen a través de procesos como la comunicación o el control del poder, y se transmiten a través de la escuela, la familia, la comunidad y el medio que nos rodea, teniendo en este tema una influencia notoria los medios de comunicación. <>

Como en todo ámbito social, en el frente de guerra interactuaban personas de diferentes lugares, edades y concepciones de mundo, por lo que las relaciones de género estarían marcadas definitivamente por esa diversidad de intereses, enfoques y experiencias, pero también por el propio contexto del conflicto, en cuya base existía una confrontación entre un proyecto político que legitimaba la injusticia y la inequidad, y otro que buscaba transformarlo.

En ese sentido, es importante destacar que, a pesar de no existir en ese momento toda una teoría sobre la equidad de género que orientara las relaciones entre hombres y mujeres, si se puede establecer que hubo acciones positivas en esa dirección, las cuales estaban más vinculadas a los conceptos de justicia y de igualdad enarbolados como banderas de lucha por la guerrilla, pero también por la influencia que tuvieron algunas internacionalistas al tratar de incidir directa o indirectamente en el tema.
Con todo, se avanzo significativamente en la forma de pensar y relacionarse entre hombres y mujeres durante la guerra. Los roles tradicionales no siempre fueron quebrantados. De hecho, la visión de que la composición del sistema sanitario estaba constituido en su mayoría por mujeres y que la base estrictamente militar-combatiente estaba compuesta por hombres es parte de la construcción de los roles tradicionales de los géneros, como menciona el médico internacionalista Javier sobre el porqué había más mujeres en el sistema de sanidad:

Por el reparto convencional de roles en la sociedad, por lo mismo que en Europa o en Estados Unidos hay mas combatientes hombres que mujeres, aspirábamos a una sociedad diferente, pero partíamos de un modelo social y educacional machista, patriarcal y convencional en el que todos nos habíamos criado.

Este punto de vista es compartido por Laura (Rebeca Sánchez), quien se desempeñaba en el área de sanidad en Chalatenango:

Ignoro por qué decidían que las mujeres eran las indicadas para esa tarea. Había compañeros, pero eran menos. Yo siento que era una cuestión de machismo, que las enfermeras son mujeres, que el estar allí (un compañero hombre) significaba que no era combatiente, que no era aguerrido, que no era hombre. Entonces, ya era cuestionado por la gente de los pelotones…

Sin embargo, a pesar de esa realidad, también hubo importantes excepciones que, con el tiempo y la practica misma, sirvieron para ir rompiendo con ese tipo de moldes preestablecidos. Al respecto la médica Aloña señala:

La mayoría fueron sanitarias. Tuvimos también hombres sanitarios excelentes, que todo el mundo nos acordamos de ellos. Yo recuerdo mucho a un compa que quién sabe cuál era su nombre. Le decíamos “Mario Turundo”, por las torundas. Era un excelente sanitario de pelotón, excelente combatiente, excelente sanitario. Después, tuvimos varios que eran combatientes que habían llegado heridos al hospital, y de heridas muy graves y de permanencia muy larga, ¿no?; y que además mostraron una sensibilidad especial para cuidar pacientes y demás, que terminaron quedándose en sanidad.

En esa línea, pero desde otra perspectiva y partiendo de los roles que tradicionalmente han jugado las mujeres campesinas, Evelyn, médica y jefa política, reflexiona:

La mujer ahí cambió su rol totalmente de lo que podía ser, que, en su vida, solo iba a hacer tortillas, comida… a lavarle la ropa a su marido. Se les cambió a un rol más importante, porque las cipotas que manejaban información a través de claves; ellas recibían las noticias del puesto de mando, de un lugar a otro; eran las primeras en recibir la información: la descifraban y se la entregaban al jefe. Entonces, llegaron a tener un rol se sintieron importantes, y había combatientes también. Yo siempre digo que ahí comenzó un rol especial para la mujer, aunque cuando estábamos ahí nadie sabía sobre feminismo o enfoque de género. Eso lo aprendimos después de los Acuerdos de Paz. Pero ya en la práctica se le estaba cambiando a la mujer su rol. Y a esas muchachas sanitarias, de comunicaciones… se les cambió su vida.

Con un poco de humor, Franco relata actitudes que tuvo que enfrentar, propias de la cultura machista predominante y que en alguna forma se trataba de “desaprender”:

Recuerdo una de esas (charlas) por ser muy divertida: un día por azar, escuché a unos compas de aseguramiento que se reían contando las persecuciones que solían hacer a los homosexuales. Yo pensé: “Esto no puede ser. Nosotros peleamos para la libertad y necesitamos al hombre Nuevo”. Por eso en la tarde monté una charla. Me eché todo un rollo, explicando las hormonas que ambos sexos tenemos, la cultura machista, el hecho de que en algunas importantes civilizaciones la homosexualidad era normal y que muchos importantes artistas, científicos y también políticos eran gay, y que Hitler los exterminó, y que en última instancia la libertad es también vivir su propia sexualidad, a su propio antojo. Después de la charla, siguió la discusión, y un compa se levantó y dijo: “Mirá, Franco, yo pienso que tú tienes razón, no hay que perseguir y matar a los <>…. pero una buena paliza, ¡eso sí!”. Ojalá que las otras charlas mías hayan tenido un éxito mejor.

En todo este complejo proceso de ir contribuyendo a modificar actitudes y conductas con respecto a la relación entre mujeres y hombres, jugaron un papel importante las charlas, las capacitaciones y los ejercicios sobre la equidad de género, lo que permitió tener espacios de reflexión que, aunque mínimos, aportaron una mayor conciencia de respeto hacia la mujer y sus derechos. Al respecto, Paula comenta:

Recuerdo una vez que tenía que dar educación sexual en la escuelita. Entonces, estaba Lucia (Ángela Zamora) como responsable política de la zona, y coincidimos en cuanto a la necesidad de combatir el machismo. Los participantes eran unos doce jóvenes, entre 17 y 20 años de edad, que recién habían llegado al monte; ocho varones y cuatro muchachas, si recuerdo bien. Empecé con una pregunta: “¿Están de acuerdo en que a veces es necesario que el hombre pegue a su mujer?”. Contestaron uno por uno, en el orden en el cual estábamos sentados, en círculo, en el piso. Los primeros cinco eran varones y cada uno dijo que sí, que podría ser necesario, y dieron diferentes ejemplos, evidentemente vividos en sus casas: “Cuando el hombre regresa del trabajo en el campo y la mujer no tiene la comida lista, cuando la mujer no cuida bien a los niños y se enferman, cuando la mujer no le hace caso al hombre, etc.”. No dije nada. Pero cuando le tocó contestar a la primera de las bichas, me vinieron unas ganas enormes de abrazarla por la gran alegría que me dio cuando empezó a hablar. Decía, humildemente, que según ella, todos estos ejemplos dados por los varones no serian razones que justifiquen un trato violento; que el hombre tendría que hablar con la mujer, no golpearla; que todos tenemos los mismos derechos, hombres y mujeres; y que hay que respetarse mutuamente.

Estos primeros esfuerzos fueron importantes debido a que en el proceso de guerra revolucionaria y en la organización político-militar de la época se establecieron los cimientos para el surgimiento de los movimientos de mujeres en El Salvador, que han colocado en la agenda nacional los derechos de las mujeres y cuyas raíces están indisolublemente vinculadas a aquellas mujeres que, desde diferentes trincheras durante la guerra, imaginaban y construían un país para todos y todas.

Tomado del libro: La otra cara de la guerra: salvar vidas. FundAbril. Impreso en Talleres Gráficos UCA, 2012. Experiencia de la sanidad guerrillera en Chalatenango y Cinquera, El Salvador.

lunes, 16 de octubre de 2017

Una reflexión sobre el Estado: la vuelta a los clásicos del marxismo




En la sociología y la ciencia política el tema del Estado es uno de esos temas gruesos, que siempre desafía a la reflexión.

Luis Armando González*
 AvancES


Con la ola neoliberal de los años ochenta y noventa, la discusión seria y rigurosa sobre el Estado fue dejada de lado en distintos ámbitos académicos, en los cuales se reflejaban las prácticas encaminadas a reducirlo (hacerlo más pequeño o eliminarlo) que se realizaban en el ámbito público.

Pese a ello, el tema siempre siguió vivo, aunque fuera en los márgenes de la discusión académica. Y, por supuesto, el Estado resistió, con desigual éxito, según los distintos países, la ofensiva neoliberal tendiente a desarticularlo e incluso a eliminarlo.

Ahora bien, en estas dos primeras décadas del siglo XXI, el debate sobre el Estado vuelve a ponerse a la orden del día. Y lo hace retomando una tradición sociológica y política que se vio interrumpida, no sólo por la ofensiva neoliberal de los años ochenta y noventa, sino por el derrumbe del muro de Berlín, la disolución del bloque del Este y el colapso de la URSS: la tradición marxista.

Se tiene que decir, ante todo, que en la obra de Karl Marx (1818-1883) se dibuja una aproximación al tema del Estado absolutamente moderna, es decir, una aproximación en la que se reconoce al Estado capitalista como una esfera autónoma («relativamente autónoma») de las otras esferas que integran un orden socio-histórico: la «esfera económica» y la «esfera ideológica» (que con justicia se puede entender como una «esfera cultural»).

La visión predominante anterior a Hegel –de procedencia contractualista– tendía a identificar Estado y sociedad: el contrato social era establecido por los individuos para formar un Estado, antes del cual no formaban cuerpo social alguno, sino que, más bien, estaban en una guerra de todos contra todos. En todo caso, si se aceptaba la existencia de un orden social distinto del Estado, el mismo era una creación ulterior de este último; primero se constituía el Estado y luego se creaba la sociedad, en virtud de un contrato del cual aquel era el garante último.

Marx, siguiendo a Hegel –como él mismo lo reconoce en distintos textos– no acepta ni que la sociedad sea igual al Estado ni que este sea el creador de aquella. Antes bien, sucede lo contrario: siguiendo a Hegel, para Marx la «sociedad civil», como ámbito de las relaciones familiares, la actividad práctica económica y el intercambio (la sociedad civil como el «verdadero hogar y escenario de toda la historia» [1]) es históricamente anterior al Estado, siendo este último una derivación de los dinamismos que se generan en ella. Estos dinamismos son los dinamismos de clase, cuya raíz está en el proceso de producción material.

Es decir, «la organización social y el Estado brotan constantemente del proceso de vida de determinados individuos; pero de estos individuos, no como puedan presentarse ante la imaginación propia o ajena, sino como realmente son… tal y como actúan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones materiales, independientes de su voluntad» [2].

En la perspectiva de Marx, el Estado surge cuando se configuran las clases sociales (cuyo anclaje está en la base económica de la sociedad), una de las cuales –la dominante– necesita de el para mantener su dominio sobre las clases subordinadas. El Estado, en este sentido, es un «instrumento» de dominación; un instrumento al servicio de la clase dominante.

«La burguesía –dice Marx en La ideología alemana–, por ser ya una clase, y no un simple estamento, se halla obligada a organizarse en un plano nacional y no ya solamente en un plano local y a dar a su interés medio una forma general. Mediante la emancipación de la propiedad privada con respecto a la comunidad, el Estado cobra una existencia especial junto a la sociedad civil y al margen de ella; pero no es tampoco más que la forma de organización a que necesariamente se someten los burgueses, tanto en lo interior como en lo exterior, para la mutua garantía de su propiedad y de sus intereses… Como el Estado es la forma bajo la que los individuos de una clase dominante hacen valer sus intereses comunes y en la que se condensa toda la sociedad civil de una época, se sigue de aquí que todas las instituciones comunes tienen como mediador al Estado y adquieren, a través de el, una forma política. De ahí la ilusión de que la ley se basa en la voluntad y, además, en la voluntad desgajada de su base real, en la voluntad libre. Y, del mismo modo, se reduce el derecho, a su vez, a la ley» [3].

Pero el Estado, en Marx, no es un todo uniforme, sino que consta de dos momentos: (a) el legal, formado por un corpus juridico-normativo mediante el cual se legaliza (y legitima) la desigualdad de clases existente en la esfera económica (y en el cual los desiguales aparecen como iguales); y (b) el coercitivo, que entra en acción, apelando a los recursos de fuerza que monopolizan el Estado, cuando la ley falla en su función de mantener resguardados los intereses de la clase dominante.

Así pues, el Estado es una pieza fundamental en la dominación de una clase sobre el resto de la sociedad. También lo es la ideología, pues para Marx –en la célebre definición ofrecida en La ideología alemana– la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. O como él lo dice, «las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente» [4].

Por eso, la lucha contra la dominación se libra –además de en el terreno ideológico–, en el plano político, en contra del Estado y por su control, siendo esto último clave en un proceso de cambio revolucionario. Porque «toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque esta, como ocurre en el caso del proletariado, condicione en absoluto la abolición de toda la forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general, tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar su interés como el interés general» [5].

En la visión de Marx, una de las vías posibles para hacerse del control del Estado es la vía democrático-electoral, pero ella se enmarca en la legalidad burguesa y, en consecuencia, está limitada por ella y –como dice él en la Crítica al Programa de Gotha– por su «letanía democrática»: sufragio universal, legislación directa, derecho popular y milicia del pueblo [6]. La otra vía es la revolucionaria, que supone el asalto violento del Estado por parte de la clase proletaria organizada en un partido comunista. Este asalto es necesario para que la clase en ascenso subordine el aparato estatal a sus propios fines. Dicho sea de paso, Friedrich Engels, en su testamento político, hizo una apuesta por la primera de las opciones apuntadas, abriendo las puertas al desarrollo de la socialdemocracia alemana.

Como quiera que sea, en la perspectiva de Marx, la conquista del Estado por parte de la clase proletaria tiene una finalidad última: conducirlo a su abolición definitiva, lo cual supone la abolición de la raíz económica de las divisiones de clase: la propiedad privada de los medios de producción. En la fase socialista del proceso revolucionario, el proletariado creará –mediante la «dictadura revolucionaria del proletariado»– las condiciones que permitan arribar al comunismo como la etapa más plena del desarrollo histórico de la humanidad, una etapa en la cual las clases sociales habrán desaparecido y, por consiguiente, el Estado será innecesario desde un punto de vista social, político y económico.

«Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista –escribe Marx– media el periodo de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este periodo corresponde también un periodo político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado» [7]. Solo después se transitará a la sociedad comunista, «donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda hoy a esto, y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos» [8].

En resumen, Marx enfatizó la dimensión instrumental del Estado, lo cual fue un acierto, pues no podemos obviar la evidencia histórica que respalda el uso del Estado por parte de grupos de poder económico. Pero la visión de Marx es insuficiente, porque el Estado es, además de instrumento de dominación, otras muchas cosas. Para el caso, no prestó atención al peso del Estado en la configuración del orden social, sobre todo en lo que hace, no solo a su influencia normativa, sino a su influencia en las conductas, hábitos, estilos de comportamiento, valoraciones y creencias de hombres y mujeres que viven bajo su jurisdicción e, incluso –en el caso de estados predominantes en el escenario mundial–, fuera de ella.

No hay mejor ejemplo de esto último que el enorme peso que tuvo el Estado soviético en la configuración de las sociedades del bloque del Este, desde 1945 hasta 1989. O, la contrapartida occidental de un influjo semejante por parte de Estados Unidos, el cual, en la actualidad, se ha extendido –muchas veces mediante mecanismos de terror y violencia–, por el mundo. Más cerca de nosotros está el indiscutible influjo de los estados militarizados latinoamericanos –durante la mayor parte del siglo XX– sobre los hábitos, conductas y creencias de la gente. Una cultura política autoritaria germinó y se desarrolló a partir de ese influjo, sin que hasta ahora haya podido ser contrarrestada por una cultura política democrática.

En la tradición marxista, el autor que más se acercó a una comprensión del Estado como generador de cultura, y no solo como un instrumento de dominación, fue Antonio Gramsci (1891-1937). Cabe recordar que Vladimir Lenin (1870-1924) continuó la línea de interpretación de Marx, es decir, la de entender al Estado como un instrumento de clase. Pero Gramsci tuvo el acierto de distanciarse de esta interpretación que era (y siguió siendo la predominante durante mucho tiempo) la predominante en los círculos marxistas.

El filósofo italiano entendió al Estado como una instancia atravesada por una doble dimensión: la hegemonía y la coerción. En sus palabras: «hay que observar que en la noción general de Estado intervienen elementos que hay que reconducir a la noción de sociedad civil (en el sentido, pudiera decirse, que Estado = sociedad política + sociedad civil, o sea, hegemonía acorazada de coacción)» [9]. La sociedad civil ya no tiene que ver con las prácticas sociales –tal como lo entiende Marx– sino con la capacidad del Estado para asegurar la hegemonía de una clase sobre el conjunto de la sociedad, es decir, para asegurar que la clase en el poder no sólo «domine», sino que también «dirija» a la sociedad. «El hecho de la hegemonía presupone, sin duda –dice Gramsci–, que se tengan en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales se ejercerá la hegemonía, que se constituya un cierto equilibrio de compromisos» [10].

Ese «equilibrio de compromisos» supone la capacidad del Estado para generar consenso en torno al proyecto de la clase dominante. En virtud de ello, el Estado puede dotarse de legitimidad «convenciendo» a los ciudadanos y ciudadanas de que lo suyo es el «bien común» y el «interés general», y no el interés de una clase o un grupo en particular. Este convencimiento da estabilidad política a la sociedad y asegura el orden social, lo cual significa que el proyecto de la clase dominante es aceptado voluntariamente por las clases subordinadas. Cuando esta capacidad de convencimiento falla, entonces entran en juego los mecanismos coercitivos del Estado, que ponen en evidencia una situación de crisis política. Cuando esto sucede, la sociedad civil es desplazada por la sociedad política, que no es otra cosa que la dimensión coercitiva del Estado.

Gramsci nos acercó, de esta manera, a una visión más compleja de la estructura del Estado y sus funciones. Lamentablemente, la visión de Lenin –convertida en dogma de fe gracias a la labor de Stalin y los hacedores de manuales de la desaparecida Academia de Ciencias de la URSS– fue la que se impuso, prácticamente hasta la desaparición de la URSS, en el debate marxista. De esta manera, se impidió que la interpretación de Gramsci se abriera paso y marcara la pauta de la discusión teórica sobre el Estado. De aquí que la recuperación de Gramsci sea uno de los desafíos más importantes en el debate marxista actual.

Pero no basta con retomar a Gramsci, para avanzar hacia la aproximación teórica más rigurosa sobre el Estado. Para empezar, la interpretación del Estado como instrumento de clase debe ser revisada críticamente, para ponderar qué tan realista es suponer que el Estado sea un ente manipulable que puede ser usado por una clase para sus propios fines, o incluso que puede ser abolido por la voluntad colectiva en un determinado momento histórico.

Hay que hacerse cargo de la realidad del Estado como un aparato burocrático no sólo capaz de mantenerse en el tiempo, sino capaz de crecer y acumular poder (normativo, institucional, simbólico y material) si se lo deja a sus propia suerte, y ya no se diga si expresamente se impulsan prácticas políticas que lo hagan crecer y desarrollarse (tal como sucedió en la ex URSS, con el Estado de bienestar occidental y con los estados populistas latinoamericanos de los años 40 y 50 del siglo XX).

Pocos ataques contra el Estado han sido tan feroces como los realizados por los reformadores neoliberales, que se propusieron, en su momento de más éxito (años 80 y 90 del siglo XX), cumplir el sueño de Marx: abolir el Estado, no socializándolo –como quería el filósofo alemán–, sino privatizando sus empresas, funciones y servicios.

Pero el Estado resistió y siguió en pie. Y en estos momentos –en el marco de la actual crisis financiera mundial– se ha puesto en la mesa de discusión la necesidad de fortalecerlo, tanto en sus funciones económicas como en sus funciones sociales. Asimismo, por el lado latinoamericano, la resistencia al neoliberalismo de inicios del siglo XXI ha supuesto, no solo un protagonismo social, sino también un protagonismo estatal.

En definitiva, no se quiere decir aquí que el Estado sea una sustancia eterna e inamovible. Nada más se señala que el Estado tiene una enorme capacidad de mantenerse en el tiempo, cambiando, pero conservando su identidad fundamental. Una identidad que se ha forjado y cristalizado a lo largo de la historia de cada sociedad, lo cual convierte al Estado en una realidad resistente no a los pequeños cambios (que se suceden regularmente), sino a las grandes transformaciones, que sobrevienen en el marco de transformaciones sociales, económicas y políticas más amplias… Y aun así, suelen quedar vestigios del Estado que ha sido demolido, tal como sucedió en la Rusia revolucionaria posterior a 1917 y sucede en la Rusia actual, una vez que, después de 1991, el socialismo real fue reemplazado por el capitalismo neoliberal.

El enfoque de sistemas se impone como recurso teórico para entender al Estado [11]. Visto como un sistema, el Estado tiene una capacidad de autoreproducción propia de cualquier sistema. Cambia, pero se mantiene en su identidad. Y se desintegra totalmente cuando ya no es capaz de autoreproducirse, o sea, cuando ya no es capaz de asimilar los recursos que el entorno le ofrece para ello. Al suceder esto, un nuevo Estado (un nuevo sistema estatal) puede entrar en escena. Estas transformaciones sistémicas-estatales no han sido tan frecuentes en las sociedades conocidas, pero cuando se han dado las han marcado de manera indeleble, reencauzándolas por trayectorias distintas a las que habían seguido hasta entonces. En suma, para la compresión teórica del Estado quizá sea útil tomar en cuenta esta afirmación de Mario Bunge acera de los sistemas.

«La estructura, en especial la interna –dice este autor–, es esencial para los sistemas. En efecto, para explicar la emergencia de un sistema debemos descubrir el correspondiente proceso de combinación o ensamblado y, particularmente, los vínculos o enlaces resultantes de la formación de la totalidad. Lo mismo vale, mutatis mutandis, para cualquier explicación de la descomposición de un sistema. En otras palabras, explicamos la emergencia, el comportamiento y la desintegración de los sistemas, no solo en términos de su composición y entorno, sino también en términos de su estructura total (interna y externa). Y esto no es suficiente: es necesario conocer algo acerca del mecanismo o modus operandi del sistema, vale decir, del proceso que lo hace comportarse –o dejar de comportarse– del modo en que lo hace» [12].


*Texto modificado de la charla ofrecida por el autor a estudiantes de Licenciatura en Sociología de la UES, en el marco del curso «Estado, gobierno y sociedad». San Salvador, 22 de abril de 2009. Una primera versión de estas ideas se desarrolló en el curso de «Historia económica», impartido por el autor en la UCA, en el primer semestre de 2009.

[1] Kart Marx, La ideología alemana. La Habana, Pueblo y Educación, 1982, p. 37.

[2] Ibíd., p. 25.

[3] Ibíd., pp. 68-69.

[4] Ibíd., pp. 48-49.

[5] Ibíd., p. 34.

[6] Kart Marx, «Crítica al Programa de Gotha». En C. Marx, F. Engels, obras escogidas. Moscú. Progreso, p. 342.

[7] Ibíd.

[8] Karl Marx, La ideología…, p. 33.

[9] Antonio Gramsci, Antología (selección, traducción y notas de Manuel Sacristán). México, Siglo XXI, 1981,291.

[10] Ibíd., p. 402.

[11] Cfr., Carlos Reynoso, Complejidad y caos. Una exploración antropológica. México, UNAM, 2006, pp. 23-94; Mario Bunge, Emergencia y convergencia. Barcelona,. Gedisa, 2003, pp. 45-110.

[12] Mario Bunge, Ibíd., p. 49.

*El autor es Licenciado en Filosofía por la UCA. Maestro en Ciencias Sociales por la FLACSO, México. Docente e investigador universitario. Investigador del Centro Nacional de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades (CENICSH).

lunes, 2 de octubre de 2017

¿Quiénes están siendo asesinados en El Salvador?



Ricardo Sosa
 
 
Durante el presente siglo se mantiene la tendencia del siglo anterior sobre los denominados “ciclos de violencia” relacionados a homicidios con períodos de incrementos y luego aparente disminución, y cuando menos se espera como ha sido en el presente mes de septiembre que registraba hasta la semana anterior 8 en promedio diario se generan en siete días los incrementos para subir el promedio a más de doce diarios.
 
Al estudiar y documentar los homicidios en El Salvador con cifras oficiales de la PNC encuentro que en los últimos tres años entre el 30-39% corresponden a miembros de pandillas o relacionados a venganzas o acciones en las cuales hay posible relación directa. Quiere decir que aproximadamente el 60-65% de las muertes violentas son salvadoreños que no tiene relación con estructuras criminales y se encontraban en un tiempo y espacio que los convirtió en víctimas por un asalto a mano armada, fuego cruzado, no pago de las extorsiones, equivocarse de dirección e ingresar a un territorio controlado por otra pandilla, dormirse o equivocase de ruta de bus, ingresar a otra colonia viviendo en otra, intolerancia, violencia social, entre posibles causas.

Del más reciente repunte de homicidios en el periodo del 21 al 25 de septiembre 2017 puedo manifestar lo siguiente según las estadísticas oficiales de la PNC y cruzando datos con la cifras de la FGR, las cuales son de conocimiento público y publicados en redes sociales, y que de igual como mi opinión se basan en información preliminar en la escena del delito:

Continúan las diferencias en las cifras de homicidios de la PNC y FGR, y que decir del IML que continúa sin Director por 21 meses consecutivos y no se pronuncia teniendo los cuerpos en sus instalaciones.

La versión del gobierno por medio de la PNC es que se debe a una pugna y purga entre la supuesta nueva fracción de una estructura que fraccionó a la pandilla más grande y con carácter transnacional. Si esta versión es así deberían de existir una mayoría de asesinados en calidad de pandilleros o colaboradores pero se puede establecer que en 120 horas se registraron de manera oficial ante la PNC al menos 139 homicidios a nivel nacional a razón de 1.15 asesinados por hora, con el siguiente detalle:

42 miembros de pandillas o relacionados a estos (30 %)
91 ciudadanos salvadoreños o población civil sin relación con pandillas o crimen organizado (65%)
3 miembros de la PNC (2%)
2 miembros FAES (2%)
1 ex miembro de la FAES ( 1% )

CONCLUSIONES:

Con estas cifras oficiales se evidencia que la mayoría de homicidios en El Salvador se generan en la población civil o ciudadanos honrados no relacionados o vinculados a pandillas.
 
Si el incremento de homicidios se debiera a una purga o guerra entre dos estructuras dentro de una misma pandilla el número de homicidios deberían de ser considerablemente superior a los porcentajes detallados en valores del 70-80% del total de crímenes. Además se deberían de generar enfrentamientos entre ellos y en la escena del delito deberían de encontrarse asesinados de dos estructuras. Por lo que esta hipótesis se debilita en base a las cifras oficiales y se complica el sostenerla.
 
Dentro de las personas asesinadas se registran varios ciudadanos dentro del grupo denominado de la tercera edad que no están vinculados a pandillas .
 
Dentro de los 42 pandilleros o relacionados a estas estructuras se debe de considerar que al menos once fueron abatidos por la PNC en los denominados enfrentamientos.
Los homicidios se han comenzado a distribuir en mayor número de municipios entre 15-25 municipios.
 
Si la nueva fracción de una de las estructuras de pandillas el servicio de inteligencia del estado como equipo deben de tener cuántos programas son. ¿Cuáles son sus clicas? ¿A qué actividades ilícitas le apuestan y cómo operan? ¿Qué territorios están cubriendo?

RECOMENDACIONES:

Que el Señor Presidente ordene el retiro de los vehículos blindados de la Faes que operan en el Plan San Salvador ya que no está generando ningún efecto en la mente criminal, únicamente ante cierto sector de la población.
 
Mantener y extender el dispositivo actual hasta Lourdes, Colón; San Martín, Apoya y San Marcos de esta manera estaría cubriendo gran parte del Gran Salvador donde se concentra casi el 70% del crimen y delitos, con patrullajes y vehículos, y lograr que la PNC pueda acomodarse a esta nueva modalidad de dispositivo.
 
Modificar el método de informar los homicidios diarios, sobre todo en el rubro de los municipios donde no se generaron homicidios, ya que lo único que se logra es poner en evidencia la configuración espacial del delito.
 
Revisar las medidas extraordinarias en los seis penales a fin de garantizar los derechos fundamentales básico, derechos humanos, apegados a la Constitución.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


UN DÍA COMO HOY, 12 de febrero de 1973, los principales periódicos de El Salvador difundieron fotos de la muerte de los compañeros José Dima...