Monday, October 16, 2017

Una reflexión sobre el Estado: la vuelta a los clásicos del marxismo




En la sociología y la ciencia política el tema del Estado es uno de esos temas gruesos, que siempre desafía a la reflexión.

Luis Armando González*
 AvancES


Con la ola neoliberal de los años ochenta y noventa, la discusión seria y rigurosa sobre el Estado fue dejada de lado en distintos ámbitos académicos, en los cuales se reflejaban las prácticas encaminadas a reducirlo (hacerlo más pequeño o eliminarlo) que se realizaban en el ámbito público.

Pese a ello, el tema siempre siguió vivo, aunque fuera en los márgenes de la discusión académica. Y, por supuesto, el Estado resistió, con desigual éxito, según los distintos países, la ofensiva neoliberal tendiente a desarticularlo e incluso a eliminarlo.

Ahora bien, en estas dos primeras décadas del siglo XXI, el debate sobre el Estado vuelve a ponerse a la orden del día. Y lo hace retomando una tradición sociológica y política que se vio interrumpida, no sólo por la ofensiva neoliberal de los años ochenta y noventa, sino por el derrumbe del muro de Berlín, la disolución del bloque del Este y el colapso de la URSS: la tradición marxista.

Se tiene que decir, ante todo, que en la obra de Karl Marx (1818-1883) se dibuja una aproximación al tema del Estado absolutamente moderna, es decir, una aproximación en la que se reconoce al Estado capitalista como una esfera autónoma («relativamente autónoma») de las otras esferas que integran un orden socio-histórico: la «esfera económica» y la «esfera ideológica» (que con justicia se puede entender como una «esfera cultural»).

La visión predominante anterior a Hegel –de procedencia contractualista– tendía a identificar Estado y sociedad: el contrato social era establecido por los individuos para formar un Estado, antes del cual no formaban cuerpo social alguno, sino que, más bien, estaban en una guerra de todos contra todos. En todo caso, si se aceptaba la existencia de un orden social distinto del Estado, el mismo era una creación ulterior de este último; primero se constituía el Estado y luego se creaba la sociedad, en virtud de un contrato del cual aquel era el garante último.

Marx, siguiendo a Hegel –como él mismo lo reconoce en distintos textos– no acepta ni que la sociedad sea igual al Estado ni que este sea el creador de aquella. Antes bien, sucede lo contrario: siguiendo a Hegel, para Marx la «sociedad civil», como ámbito de las relaciones familiares, la actividad práctica económica y el intercambio (la sociedad civil como el «verdadero hogar y escenario de toda la historia» [1]) es históricamente anterior al Estado, siendo este último una derivación de los dinamismos que se generan en ella. Estos dinamismos son los dinamismos de clase, cuya raíz está en el proceso de producción material.

Es decir, «la organización social y el Estado brotan constantemente del proceso de vida de determinados individuos; pero de estos individuos, no como puedan presentarse ante la imaginación propia o ajena, sino como realmente son… tal y como actúan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones materiales, independientes de su voluntad» [2].

En la perspectiva de Marx, el Estado surge cuando se configuran las clases sociales (cuyo anclaje está en la base económica de la sociedad), una de las cuales –la dominante– necesita de el para mantener su dominio sobre las clases subordinadas. El Estado, en este sentido, es un «instrumento» de dominación; un instrumento al servicio de la clase dominante.

«La burguesía –dice Marx en La ideología alemana–, por ser ya una clase, y no un simple estamento, se halla obligada a organizarse en un plano nacional y no ya solamente en un plano local y a dar a su interés medio una forma general. Mediante la emancipación de la propiedad privada con respecto a la comunidad, el Estado cobra una existencia especial junto a la sociedad civil y al margen de ella; pero no es tampoco más que la forma de organización a que necesariamente se someten los burgueses, tanto en lo interior como en lo exterior, para la mutua garantía de su propiedad y de sus intereses… Como el Estado es la forma bajo la que los individuos de una clase dominante hacen valer sus intereses comunes y en la que se condensa toda la sociedad civil de una época, se sigue de aquí que todas las instituciones comunes tienen como mediador al Estado y adquieren, a través de el, una forma política. De ahí la ilusión de que la ley se basa en la voluntad y, además, en la voluntad desgajada de su base real, en la voluntad libre. Y, del mismo modo, se reduce el derecho, a su vez, a la ley» [3].

Pero el Estado, en Marx, no es un todo uniforme, sino que consta de dos momentos: (a) el legal, formado por un corpus juridico-normativo mediante el cual se legaliza (y legitima) la desigualdad de clases existente en la esfera económica (y en el cual los desiguales aparecen como iguales); y (b) el coercitivo, que entra en acción, apelando a los recursos de fuerza que monopolizan el Estado, cuando la ley falla en su función de mantener resguardados los intereses de la clase dominante.

Así pues, el Estado es una pieza fundamental en la dominación de una clase sobre el resto de la sociedad. También lo es la ideología, pues para Marx –en la célebre definición ofrecida en La ideología alemana– la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. O como él lo dice, «las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente» [4].

Por eso, la lucha contra la dominación se libra –además de en el terreno ideológico–, en el plano político, en contra del Estado y por su control, siendo esto último clave en un proceso de cambio revolucionario. Porque «toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque esta, como ocurre en el caso del proletariado, condicione en absoluto la abolición de toda la forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general, tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar su interés como el interés general» [5].

En la visión de Marx, una de las vías posibles para hacerse del control del Estado es la vía democrático-electoral, pero ella se enmarca en la legalidad burguesa y, en consecuencia, está limitada por ella y –como dice él en la Crítica al Programa de Gotha– por su «letanía democrática»: sufragio universal, legislación directa, derecho popular y milicia del pueblo [6]. La otra vía es la revolucionaria, que supone el asalto violento del Estado por parte de la clase proletaria organizada en un partido comunista. Este asalto es necesario para que la clase en ascenso subordine el aparato estatal a sus propios fines. Dicho sea de paso, Friedrich Engels, en su testamento político, hizo una apuesta por la primera de las opciones apuntadas, abriendo las puertas al desarrollo de la socialdemocracia alemana.

Como quiera que sea, en la perspectiva de Marx, la conquista del Estado por parte de la clase proletaria tiene una finalidad última: conducirlo a su abolición definitiva, lo cual supone la abolición de la raíz económica de las divisiones de clase: la propiedad privada de los medios de producción. En la fase socialista del proceso revolucionario, el proletariado creará –mediante la «dictadura revolucionaria del proletariado»– las condiciones que permitan arribar al comunismo como la etapa más plena del desarrollo histórico de la humanidad, una etapa en la cual las clases sociales habrán desaparecido y, por consiguiente, el Estado será innecesario desde un punto de vista social, político y económico.

«Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista –escribe Marx– media el periodo de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este periodo corresponde también un periodo político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado» [7]. Solo después se transitará a la sociedad comunista, «donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda hoy a esto, y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos» [8].

En resumen, Marx enfatizó la dimensión instrumental del Estado, lo cual fue un acierto, pues no podemos obviar la evidencia histórica que respalda el uso del Estado por parte de grupos de poder económico. Pero la visión de Marx es insuficiente, porque el Estado es, además de instrumento de dominación, otras muchas cosas. Para el caso, no prestó atención al peso del Estado en la configuración del orden social, sobre todo en lo que hace, no solo a su influencia normativa, sino a su influencia en las conductas, hábitos, estilos de comportamiento, valoraciones y creencias de hombres y mujeres que viven bajo su jurisdicción e, incluso –en el caso de estados predominantes en el escenario mundial–, fuera de ella.

No hay mejor ejemplo de esto último que el enorme peso que tuvo el Estado soviético en la configuración de las sociedades del bloque del Este, desde 1945 hasta 1989. O, la contrapartida occidental de un influjo semejante por parte de Estados Unidos, el cual, en la actualidad, se ha extendido –muchas veces mediante mecanismos de terror y violencia–, por el mundo. Más cerca de nosotros está el indiscutible influjo de los estados militarizados latinoamericanos –durante la mayor parte del siglo XX– sobre los hábitos, conductas y creencias de la gente. Una cultura política autoritaria germinó y se desarrolló a partir de ese influjo, sin que hasta ahora haya podido ser contrarrestada por una cultura política democrática.

En la tradición marxista, el autor que más se acercó a una comprensión del Estado como generador de cultura, y no solo como un instrumento de dominación, fue Antonio Gramsci (1891-1937). Cabe recordar que Vladimir Lenin (1870-1924) continuó la línea de interpretación de Marx, es decir, la de entender al Estado como un instrumento de clase. Pero Gramsci tuvo el acierto de distanciarse de esta interpretación que era (y siguió siendo la predominante durante mucho tiempo) la predominante en los círculos marxistas.

El filósofo italiano entendió al Estado como una instancia atravesada por una doble dimensión: la hegemonía y la coerción. En sus palabras: «hay que observar que en la noción general de Estado intervienen elementos que hay que reconducir a la noción de sociedad civil (en el sentido, pudiera decirse, que Estado = sociedad política + sociedad civil, o sea, hegemonía acorazada de coacción)» [9]. La sociedad civil ya no tiene que ver con las prácticas sociales –tal como lo entiende Marx– sino con la capacidad del Estado para asegurar la hegemonía de una clase sobre el conjunto de la sociedad, es decir, para asegurar que la clase en el poder no sólo «domine», sino que también «dirija» a la sociedad. «El hecho de la hegemonía presupone, sin duda –dice Gramsci–, que se tengan en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales se ejercerá la hegemonía, que se constituya un cierto equilibrio de compromisos» [10].

Ese «equilibrio de compromisos» supone la capacidad del Estado para generar consenso en torno al proyecto de la clase dominante. En virtud de ello, el Estado puede dotarse de legitimidad «convenciendo» a los ciudadanos y ciudadanas de que lo suyo es el «bien común» y el «interés general», y no el interés de una clase o un grupo en particular. Este convencimiento da estabilidad política a la sociedad y asegura el orden social, lo cual significa que el proyecto de la clase dominante es aceptado voluntariamente por las clases subordinadas. Cuando esta capacidad de convencimiento falla, entonces entran en juego los mecanismos coercitivos del Estado, que ponen en evidencia una situación de crisis política. Cuando esto sucede, la sociedad civil es desplazada por la sociedad política, que no es otra cosa que la dimensión coercitiva del Estado.

Gramsci nos acercó, de esta manera, a una visión más compleja de la estructura del Estado y sus funciones. Lamentablemente, la visión de Lenin –convertida en dogma de fe gracias a la labor de Stalin y los hacedores de manuales de la desaparecida Academia de Ciencias de la URSS– fue la que se impuso, prácticamente hasta la desaparición de la URSS, en el debate marxista. De esta manera, se impidió que la interpretación de Gramsci se abriera paso y marcara la pauta de la discusión teórica sobre el Estado. De aquí que la recuperación de Gramsci sea uno de los desafíos más importantes en el debate marxista actual.

Pero no basta con retomar a Gramsci, para avanzar hacia la aproximación teórica más rigurosa sobre el Estado. Para empezar, la interpretación del Estado como instrumento de clase debe ser revisada críticamente, para ponderar qué tan realista es suponer que el Estado sea un ente manipulable que puede ser usado por una clase para sus propios fines, o incluso que puede ser abolido por la voluntad colectiva en un determinado momento histórico.

Hay que hacerse cargo de la realidad del Estado como un aparato burocrático no sólo capaz de mantenerse en el tiempo, sino capaz de crecer y acumular poder (normativo, institucional, simbólico y material) si se lo deja a sus propia suerte, y ya no se diga si expresamente se impulsan prácticas políticas que lo hagan crecer y desarrollarse (tal como sucedió en la ex URSS, con el Estado de bienestar occidental y con los estados populistas latinoamericanos de los años 40 y 50 del siglo XX).

Pocos ataques contra el Estado han sido tan feroces como los realizados por los reformadores neoliberales, que se propusieron, en su momento de más éxito (años 80 y 90 del siglo XX), cumplir el sueño de Marx: abolir el Estado, no socializándolo –como quería el filósofo alemán–, sino privatizando sus empresas, funciones y servicios.

Pero el Estado resistió y siguió en pie. Y en estos momentos –en el marco de la actual crisis financiera mundial– se ha puesto en la mesa de discusión la necesidad de fortalecerlo, tanto en sus funciones económicas como en sus funciones sociales. Asimismo, por el lado latinoamericano, la resistencia al neoliberalismo de inicios del siglo XXI ha supuesto, no solo un protagonismo social, sino también un protagonismo estatal.

En definitiva, no se quiere decir aquí que el Estado sea una sustancia eterna e inamovible. Nada más se señala que el Estado tiene una enorme capacidad de mantenerse en el tiempo, cambiando, pero conservando su identidad fundamental. Una identidad que se ha forjado y cristalizado a lo largo de la historia de cada sociedad, lo cual convierte al Estado en una realidad resistente no a los pequeños cambios (que se suceden regularmente), sino a las grandes transformaciones, que sobrevienen en el marco de transformaciones sociales, económicas y políticas más amplias… Y aun así, suelen quedar vestigios del Estado que ha sido demolido, tal como sucedió en la Rusia revolucionaria posterior a 1917 y sucede en la Rusia actual, una vez que, después de 1991, el socialismo real fue reemplazado por el capitalismo neoliberal.

El enfoque de sistemas se impone como recurso teórico para entender al Estado [11]. Visto como un sistema, el Estado tiene una capacidad de autoreproducción propia de cualquier sistema. Cambia, pero se mantiene en su identidad. Y se desintegra totalmente cuando ya no es capaz de autoreproducirse, o sea, cuando ya no es capaz de asimilar los recursos que el entorno le ofrece para ello. Al suceder esto, un nuevo Estado (un nuevo sistema estatal) puede entrar en escena. Estas transformaciones sistémicas-estatales no han sido tan frecuentes en las sociedades conocidas, pero cuando se han dado las han marcado de manera indeleble, reencauzándolas por trayectorias distintas a las que habían seguido hasta entonces. En suma, para la compresión teórica del Estado quizá sea útil tomar en cuenta esta afirmación de Mario Bunge acera de los sistemas.

«La estructura, en especial la interna –dice este autor–, es esencial para los sistemas. En efecto, para explicar la emergencia de un sistema debemos descubrir el correspondiente proceso de combinación o ensamblado y, particularmente, los vínculos o enlaces resultantes de la formación de la totalidad. Lo mismo vale, mutatis mutandis, para cualquier explicación de la descomposición de un sistema. En otras palabras, explicamos la emergencia, el comportamiento y la desintegración de los sistemas, no solo en términos de su composición y entorno, sino también en términos de su estructura total (interna y externa). Y esto no es suficiente: es necesario conocer algo acerca del mecanismo o modus operandi del sistema, vale decir, del proceso que lo hace comportarse –o dejar de comportarse– del modo en que lo hace» [12].


*Texto modificado de la charla ofrecida por el autor a estudiantes de Licenciatura en Sociología de la UES, en el marco del curso «Estado, gobierno y sociedad». San Salvador, 22 de abril de 2009. Una primera versión de estas ideas se desarrolló en el curso de «Historia económica», impartido por el autor en la UCA, en el primer semestre de 2009.

[1] Kart Marx, La ideología alemana. La Habana, Pueblo y Educación, 1982, p. 37.

[2] Ibíd., p. 25.

[3] Ibíd., pp. 68-69.

[4] Ibíd., pp. 48-49.

[5] Ibíd., p. 34.

[6] Kart Marx, «Crítica al Programa de Gotha». En C. Marx, F. Engels, obras escogidas. Moscú. Progreso, p. 342.

[7] Ibíd.

[8] Karl Marx, La ideología…, p. 33.

[9] Antonio Gramsci, Antología (selección, traducción y notas de Manuel Sacristán). México, Siglo XXI, 1981,291.

[10] Ibíd., p. 402.

[11] Cfr., Carlos Reynoso, Complejidad y caos. Una exploración antropológica. México, UNAM, 2006, pp. 23-94; Mario Bunge, Emergencia y convergencia. Barcelona,. Gedisa, 2003, pp. 45-110.

[12] Mario Bunge, Ibíd., p. 49.

*El autor es Licenciado en Filosofía por la UCA. Maestro en Ciencias Sociales por la FLACSO, México. Docente e investigador universitario. Investigador del Centro Nacional de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades (CENICSH).

Monday, October 2, 2017

¿Quiénes están siendo asesinados en El Salvador?



Ricardo Sosa
 
 
Durante el presente siglo se mantiene la tendencia del siglo anterior sobre los denominados “ciclos de violencia” relacionados a homicidios con períodos de incrementos y luego aparente disminución, y cuando menos se espera como ha sido en el presente mes de septiembre que registraba hasta la semana anterior 8 en promedio diario se generan en siete días los incrementos para subir el promedio a más de doce diarios.
 
Al estudiar y documentar los homicidios en El Salvador con cifras oficiales de la PNC encuentro que en los últimos tres años entre el 30-39% corresponden a miembros de pandillas o relacionados a venganzas o acciones en las cuales hay posible relación directa. Quiere decir que aproximadamente el 60-65% de las muertes violentas son salvadoreños que no tiene relación con estructuras criminales y se encontraban en un tiempo y espacio que los convirtió en víctimas por un asalto a mano armada, fuego cruzado, no pago de las extorsiones, equivocarse de dirección e ingresar a un territorio controlado por otra pandilla, dormirse o equivocase de ruta de bus, ingresar a otra colonia viviendo en otra, intolerancia, violencia social, entre posibles causas.

Del más reciente repunte de homicidios en el periodo del 21 al 25 de septiembre 2017 puedo manifestar lo siguiente según las estadísticas oficiales de la PNC y cruzando datos con la cifras de la FGR, las cuales son de conocimiento público y publicados en redes sociales, y que de igual como mi opinión se basan en información preliminar en la escena del delito:

Continúan las diferencias en las cifras de homicidios de la PNC y FGR, y que decir del IML que continúa sin Director por 21 meses consecutivos y no se pronuncia teniendo los cuerpos en sus instalaciones.

La versión del gobierno por medio de la PNC es que se debe a una pugna y purga entre la supuesta nueva fracción de una estructura que fraccionó a la pandilla más grande y con carácter transnacional. Si esta versión es así deberían de existir una mayoría de asesinados en calidad de pandilleros o colaboradores pero se puede establecer que en 120 horas se registraron de manera oficial ante la PNC al menos 139 homicidios a nivel nacional a razón de 1.15 asesinados por hora, con el siguiente detalle:

42 miembros de pandillas o relacionados a estos (30 %)
91 ciudadanos salvadoreños o población civil sin relación con pandillas o crimen organizado (65%)
3 miembros de la PNC (2%)
2 miembros FAES (2%)
1 ex miembro de la FAES ( 1% )

CONCLUSIONES:

Con estas cifras oficiales se evidencia que la mayoría de homicidios en El Salvador se generan en la población civil o ciudadanos honrados no relacionados o vinculados a pandillas.
 
Si el incremento de homicidios se debiera a una purga o guerra entre dos estructuras dentro de una misma pandilla el número de homicidios deberían de ser considerablemente superior a los porcentajes detallados en valores del 70-80% del total de crímenes. Además se deberían de generar enfrentamientos entre ellos y en la escena del delito deberían de encontrarse asesinados de dos estructuras. Por lo que esta hipótesis se debilita en base a las cifras oficiales y se complica el sostenerla.
 
Dentro de las personas asesinadas se registran varios ciudadanos dentro del grupo denominado de la tercera edad que no están vinculados a pandillas .
 
Dentro de los 42 pandilleros o relacionados a estas estructuras se debe de considerar que al menos once fueron abatidos por la PNC en los denominados enfrentamientos.
Los homicidios se han comenzado a distribuir en mayor número de municipios entre 15-25 municipios.
 
Si la nueva fracción de una de las estructuras de pandillas el servicio de inteligencia del estado como equipo deben de tener cuántos programas son. ¿Cuáles son sus clicas? ¿A qué actividades ilícitas le apuestan y cómo operan? ¿Qué territorios están cubriendo?

RECOMENDACIONES:

Que el Señor Presidente ordene el retiro de los vehículos blindados de la Faes que operan en el Plan San Salvador ya que no está generando ningún efecto en la mente criminal, únicamente ante cierto sector de la población.
 
Mantener y extender el dispositivo actual hasta Lourdes, Colón; San Martín, Apoya y San Marcos de esta manera estaría cubriendo gran parte del Gran Salvador donde se concentra casi el 70% del crimen y delitos, con patrullajes y vehículos, y lograr que la PNC pueda acomodarse a esta nueva modalidad de dispositivo.
 
Modificar el método de informar los homicidios diarios, sobre todo en el rubro de los municipios donde no se generaron homicidios, ya que lo único que se logra es poner en evidencia la configuración espacial del delito.
 
Revisar las medidas extraordinarias en los seis penales a fin de garantizar los derechos fundamentales básico, derechos humanos, apegados a la Constitución.

Friday, September 29, 2017

Reseña histórica, Pedro,Jorge y Blan Lorena





UN DÍA 28 de septiembre de 1980, fueron capturados en el desvío a Moncagua, departamento de San Miguel, el jornalero Feliciano Guardado Guardado, de 25 años, quien residía en San Salvador, y Francisco Fernando Morales, de 24 años, de oficio mecánico y residía en Ciudad Delgado, San Salvador. Según denunció el SJASS, este día fue asesinado Dimas Bertilio Velásquez, profesor del “Liceo Camilo Campos” de San Salvador, fue ultimado a balazos por los cuerpos de seguridad uniformados en la colonia Santa Lucía, jurisdicción de Ilopango.

FUENTE: Comunicado del SJASS el 16 de septiembre de 1981.


ENTRE AGOSTO y SEPT. de 1980 Blanca Lorena Miguel fue brutalmente asesinada.
Lorena nació el 2 de agosto de 1964 en un hogar humilde, hija de Josefina Miguel, madre soltera. Estudió octavo o noveno grado y estaba soltera. Era gordita, juguetona y con muchas ganas de cantar. Desde su niñez fue muy alegre, muy servicial, participativa y solidaria con los demás. Siempre compartía de lo que ella comía.


Le gustaba mucho hablar de las Bienaventuranzas y su canto preferido era el corrido del Padre Rutilio Grande.


Servicio a la Iglesia:


En el año 1977, cuando el Padre Benito Tobar llegó a trabajar a la parroquia de Huizúcar, llegó también un catequista que venía de Cinquera, y que tenía otro estilo de trabajo. Entonces, hubo
un gran entusiasmo entre los jóvenes del lugar por hacer una labor catequética diferente, ya no desde el punto de vista de una catequesis repetitiva sino que a la par comenzó el estudio bíblico que ayudó a los jóvenes a tener una visión más amplia de la situación del país, y a decir: “Bueno, la Biblia es para entender la realidad”.


En este nuevo sistema de trabajo pastoral que impulsó el Padre Benito Tobar, fue que Lorena hizo su Primera Comunión y desde ese momento se fue acercando más a la Iglesia y al estudio de las Sagradas Escrituras, decidiendo incorporarse de inmediato al trabajo como catequista de niños.


En aquella época, la catequesis que se impartía en la parroquia San Miguel Arcángel, de
Huizúcar, comprendía tres niveles: En un primer nivel estaban los niños de 5 a 8 años, que aún no tenían la edad para hacer su Primera Comunión. En el segundo nivel, los niños entre 9 y 15 años que se estaban preparando para su Primera Comunión. Y en un tercer nivel la catequesis para Confirma.


Además, surgió la Pastoral de Acompañamiento, que era una pastoral comprometida aún con la gente que no asistía a la Iglesia, pero que sí necesitaba conocer la reflexión bíblica.


Las características personales de Lorena, su carácter alegre y juguetón, fueron las que la identificaron perfectamente para brindar su aporte con los niños del primer nivel, a quienes se les daba un estudio elemental, con oraciones, cantos y coros.


Ella no formó parte del coro de la parroquia, pero era muy entusiasta para cantar en las
catequesis con los niños. Cantaba con ellos: “De Colores” “Amar es entregarse” “Santa María del Camino”, entre otros.


La formación que recibían los catequistas tenía mucho que ver con el acontecer de la realidad
arquidiocesana, y para poder tener una mejor apreciación recurrían a la lectura de los
periódicos “Orientación” y “Justicia y Paz”.


Y, precisamente, en ese año que ella comienza, se inicia la persecución a sacerdotes y catequistas. Algo que impactó mucho a Lorena fue el asesinato de los primeros sacerdotes arquidiocesanos, entre los que se encontraban el Padre Rutilio Grande, Alfonso Navarro, Neto Barrera y Rafael Palacios.


Otro aspecto que impactó la vida de Lorena fue el asesinato de Monseñor Romero, en marzo de 1980, cuando en ese momento la catequesis en las parroquias del departamento de La Libertad estaba pasando por una etapa de mucho entusiasmo, mucha efervescencia y mucha entrega.


Fue después de la muerte de estos sacerdotes y la muerte de Monseñor Romero, que hizo que los catequistas vieran el trabajo de la Iglesia como “un trabajo comprometido”. Y por eso, todos aquellos que tenían ese compromiso con los niños y jóvenes estaban en peligro y muchos catequistas murieron en diferentes lugares del país por esta causa.


Su muerte:


Los catequistas del lugar sabían que sus nombres se encontraban en las listas que manejaban la
comandancia local y los patrulleros. De hecho, estos últimos eran personas conocidas y muchas
veces hasta familiares de los perseguidos, por lo que nadie se escapaba de morir. Ante esa situación Lorena dijo: “Yo estoy dispuesta a dar la vida por el trabajo que hago y no me importa morir, porque estoy consciente de que el trabajo que realizo no daña a nadie y es un trabajo pastoral y de conciencia social”.


Lorena, a pesar de que trabajaba con niños pequeños, también aparecía en la lista, y es
difícil y absurdo imaginar a una jovencita inocente, casi una niña, haciendo labor política y agitando la zona con niños menores de 8 años, que lo único que llegaban a hacer a las reuniones era a jugar, cantar y aprenderse de memoria las oraciones elementales.


Ese sábado por la mañana, varios catequistas optaron por irse de Huizúcar ante la noticia de
una incursión del ejército al pueblo. Mochila al hombro, llevando ropa y pertenencias personales, le dijeron a Lorena: “Te vas o te quedás”. Pero ella decidió quedarse porque dijo que quería despedirse de sus amigos. Y esta es otra cualidad de Lorena, que con sus amigos sabía mantener una amistad muy tierna, muy de entrega y muy de compartir, dándose a querer tanto por los niños como por los adultos.


Esa misma tarde abordó el bus que la transportaría a San Salvador, pero ella ya no llegó a su destino porque en el lugar conocido como San José Ahuacatitán, varios hombres vestidos de civil detuvieron el vehículo y preguntaron quién era Lorena Miguel. Ella se levantó de su asiento respondiendo: “Yo soy”. Fue en ese preciso momento que la bajaron, introduciéndola en un callejón al lado izquierdo, viniendo de Huizúcar a San Salvador, casi a un kilómetro del lugar llamado Lomas de Candelaria, siempre en Huizúcar.


Lorena fue torturada y violada. Le dieron una muerte horrible, con mucha saña, le cercenaron
los pechos y los colgaron en unos hilos de alambre. Un rosario, junto con una estaca, se los introdujeron en su parte genital. Y la dejaron allí como signo, como para decir a los demás catequistas jóvenes de Huizúcar: “esto es lo que les toca a todos si se meten en esta cuestión”.
Se supone que su cuerpo fue enterrado en ese mismo lugar.


FUENTE: libro “Testigos del Evangelio, departamento de La Libertad”, año 2013
UN DÍA 28 de septiembre de 1982 fueron asesinados por Escuadrones de la Muerte los periodistas Pedro Martínez y Jorge Euceda, éste último era Instructor de Periodismo en la Universidad de El Salvador.

Wednesday, September 27, 2017

El asesinato de Rafael Aguiñada Carranza y la escalada fascista en El Salvador de 1975


 
Roberto Pineda


El 26 de septiembre de 1975 en el marco de una escalada de acciones en contra del movimiento popular y la izquierda, que incluyeron las masacres campesinas de La Cayetana y Tres Calles así como la masacre estudiantil del Seguro Social, es asesinado el dirigente comunista Rafael Aguiñada Carranza, diputado del partido UDN y secretario general de la central sindical FUSS.
 
Este golpe directamente en contra del PCS y de su influencia en el movimiento popular marca un punto de inflexión en la situación política del país y anuncia la agudización de la crisis política del régimen militar. A continuación exploramos las características de ese momento desde la óptica de los comunistas por medio de su semanario Voz Popular. Anteriormente habíamos tratado el periodo de julio a septiembre de 1975.
 
El esquema geopolítico de los agentes del imperialismo en nuestro país
 
En el número 51 de Voz Popular se afirma que “el factor externo que da origen e impulso a la escalada hacia una dictadura fascista es e sector más recalcitrante del imperialismo yanqui, representado por la CIA y el Pentágono, que actúa desesperadamente para contener el avance de proceso liberador en que se encuentra la América Latina desde el triunfo de la Revolución Cubana.”
 
Sostiene que “la escalada hacia el fascismo es, pues, ante todo, una conspiración extranjera contra el pueblo salvadoreño, en la que se quiere embarcar a la Fuerza Armada.” Y agrega que “la marcha hacia el fascismo tiene también un fundamento social, económico y político dentro de nuestro país.”
 
Que la sangre de Rafael Aguiñada Carranza no se haya derramado en vano
 
El 29 de septiembre de 1975 el movimiento popular y sindical realiza el entierro del dirigente comunista Rafael Aguiñada Carranza. Schafik Handal, secretario general del PCS, pronuncia un encendido discurso de despedida al camarada caído.
 
“Llegamos hasta el borde-dijo- de esta tumba profundamente conmovidos e indignados, a cumplir la dolorosa tarea de despedir a un querido compañero que no ha muerto agobiad por los años o la enfermedad, sino truncado en la mitad de su vida, cuando estaba rindiendo más de sí, al servicio de la clase obrera y del pueblo salvadoreño, a cuya causa se había entregado por entero desde hacia muchos años.”
 
“Rafael era un antiguo luchador revolucionario, que formaba parte de una familia con arraigada tradición proletaria. En febrero de 1968 fue asesinado por la Guardia Nacional, otro hermano suyo, Oscar Gilberto Martínez Carranza, junto con Saúl Santiago Contreras, después de ser capturados en el curso de las acciones solidarias de la clase obrera con los maestros de ANDES en huelga.”
 
“Uno de los mejores homenajes que podemos hacer a su memoria , s precisamente este de asimilar su lección de valentía y firmeza, por que uno de los objetivos que sus asesinos persiguen es el de atemorizarnos, el d e desmoralizarnos el de atemorizar y desmovilizar a todo el movimiento obrero y popular.”
 
¡Nosotros juramos solemnemente aquí , Rafael continuar fieles al empeño por dar una mayor contribución nuestra a la unidad más amplia de todas las fuerzas, organizaciones, grupos y personas, civiles o militares, miembros o no de los partidos de oposición o del partido oficial, clérigos o laicos, cualquiera que sea el fundamento filosófico de sus ideas, que coincidamos en la necesidad de defender la libertad, los derechos políticos, sindicales e individuales y en la necesidad de cerrar el paso al fascismo!
 
Todo el pueblo salvadoreño conoce a los asesinos: son los mismos que realizaron a sangre fría las atraed matanzas de La Cayetana, Tres Calles y el 30 de Julio, sin necesidad siquiera de esconderse y haciendo ostentación de sus uniformes y abuso de las armas de guerra.
 
Serena, pero firme y resueltamente emprendamos la batalla contra el fascismo, defendamos las organizaciones populares, a sus dirigentes y activistas, defendamos las precarias libertades y derechos constitucionales y preparémonos a conquistar el gobierno que anhela el pueblo salvadoreño.¡Qué la sangre de Rafael Aguiñada Carranza no se haya derramado en vano!
 
El significado político del asesinato de Rafael Aguiñada Carranza
 
En el número 53 de VP aparece una valoración sobre el significado del asesinato de Rafael Aguiñada Carranza. Se considera que “significa que hemos entrado en una nueva fase, más aguda, de la lucha política en nuestro país…Lo nuevo consiste en que los fascistas han organizado sus bandas terroristas, las cuales han pasado de las amenazas al crimen y han acelerado el ritmo de sus fechorías.”
 
Explica que “los fascistas pretenden descabezar el movimiento popular, especialmente al movimiento obrero y campesino, atemorizar y aflojar sus filas. Simultáneamente despliegan una campaña para atribuir sus crímenes a organizaciones ultra-izquierdistas, ahondar las contradicciones en el movimiento popular y sembrar la mayor confusión en su seno.”
 
Analiza que “todas estas actividades criminales forman parte de los preparativos que hacen los fascistas para su asalto al timón de estado. Y es ahora cuando sus planes pueden y deben ser derrotado , antes de que asuman el control total del poder y pongan a su disposición todos los recursos de este.”
 
Apunta que “los fascistas no tiene todo a su favor, si las cosas no fueran así, ya se habrían entronizado completamente. Sus planes chocan con serias dificultades: se encuentran con la activa resistencia popular y también con un extenso repudio…hasta ciertos sectores dentro del mismo gobierno y de su partido desaprueban el terrorismo fascista y se sienten preocupados por su propia seguridad. Los fascistas no tienen tampoco el dominio dentro de la Fuerza Armada y no cuentan su favor con toda ella.”
 
Concluye que “a los fascistas hay que combatirlo hoy sin darles tregua, hay que aislarlos y derrotarlos, no hay otra forma de detenerlos…VOZ POPULAR expresa su convicción de qu el movimiento obrero y popular en general no retrocederá, no se dejara atemorizar ni confundir y sabrá opone runa sólida resistencia a los fascistas; que defenderá las libertades, derechos y conquistas sociales logradas con tanto sacrificio, que organizar la defensa de sus dirigentes y activistas, que empeñara sus mayores esfuerzos por unir estrechamente sus propias filas y promoverá la más amplia unidad en la acción de todos los que , organizados o no e independientemente de la posición social, política o ideológica, no acepten permanecer impasibles ante los avances de los fascistas y estén dispuestos a cerrarles el paso.”
 
Una ilegal propaganda pecenista en reunión de Molina con empresarios
 
En el número 54 de VP se analiza el discurso del presidente Molina ante una reunión de empresarios realizado el 10 de octubre de 1975. En esta reunión se pretendía lograr el apoyo de este sector para el gobierno y el PCN en los próximos eventos electorales de 1976,1977 y 1978.
 
Se refiere que en la reunión el Ministro de Defensa, Coronel Carlos Humberto Romero, informó que “el Coronel Molina, y solamente él, será quien designará al próximo Presidente y lo dará a conocer en el momento oportuno.” Y al final de cuentas el designado fue este mismo militar, de la tendencia fascista, y quien fuera derrocado el 15 de octubre de 1979.
 
Régimen avanza hacia el fascismo cubriéndose con aparente legalidad
 
En el número 55 de VP se analiza la estrategia de los sectores fascistas salvadoreños. Se considera que los fascistas coinciden en el propósito de instaurar su dictadura pero divergen en los medios para lograrlo. “Unos prefieren la acción “fulminante” de un golpe de Estado que les permitiría prescindir de una sola vez de la Constitución…” mientras “hay otros que son partidarios de avanzar hacia la meta fascista cubriendo sus pasos con una aparente legalidad. Hoy por hoy, tiene predominio los partidarios del camino legalista” encabezados por el propio Coronel Molina.
 
Explica que en el cumplimiento de este plan, el Coronel Molina ha sostenido reuniones con empresarios privados, con los oficiales de los principales cuarteles, y que están impulsando los coroneles Molina y Romero y el presidente de la Asamblea Legislativa, Rodríguez una serie de reformas a la Ley Electoral.
 
Estas reformas forman el marco “legal” para enfrentar las próximas batallas electorales y consisten en aumentar la base poblacional de 50 mil a 70 mil habitantes para elegir diputados y de esta manera evitar perder los dos tercios de la asamblea aun realizando fraude; introducen procedimientos engorrosos para l inscripción de coaliciones de los partidos, con dedicatoria para la UNO; establece que todos los candidatos deben presentarse personalmente a solicita rsu inscripción como tales, con el evidente propósito de inutilizar las planillas de la UNO por medio de la intimidación, la captura, etc., ya que con uno solo que se logre sacar se anula toda la planilla;.Es un esfuerzo por evitar la inscripción de la oposición ya que no confían en el fraude, para mantenerse.
 
Estima que “el avance legalista hacia al dictadura fascista necesita de los dos tercios de los diputados en la Asamblea Legislativa para reformar la Constitución , asegurarse la Presidencia de la república en 1977 y modificar todas las premidas del estado republicano, democrático y representativo actualmente establecido por el texto constitucional.”
 
Subraya que la próxima batalla electoral será una batalla contra el fascismo y que “el proyecto fascista podrá derrotarse, ya sea que se avance hacia su realización tapándose con una falsa legalidad o por medio de un golpe de Estado, pero ello depende no tan solo del repudio en las urnas de una enorme mayoría ciudadana, como estamos seguros que ocurrirá en marzo próximo, sino también de si esa mayoría emprende formas de acción política más activas y organizadas para respaldar y defender su voluntad manifestada en las urnas, ante los fascistas dispuestos a burlarse de ella y a implantar su dictadura.”
 
Concluye que “los fascistas “legalistas” no pueden prescindir ahora de las elecciones como ellos quisieran, porque si lo hicieran precipitarían una amplia y combativa respuesta popular y el quebrantamiento de la unidad de la Fuerza Armada; es decir, se abocarían a un estallido de la crisis política que pudiera sepultar sus planes. Para ellos lo ideal serían unas elecciones en las que las fuerzas populares no les presentaran una batalla sólida y no los forzaran a quitarse el falso ropaje “legal, dejándoles abierto el camino para continuar avanzando con su juego de doble cara hasta el final de su plan.”
 
¡Poder democrático popular o dictadura fascista! Disyuntiva de la hora actual
 
En el número 56 de VP se plantea de manea programática que “el sistema capitalista dependiente que rige en América Latina sufre una honda crisis estructural que ha venido agravándose en los últimos 25 años. Esta crisis es parte de la decadencia del sistema capitalista a escala mundial y ellos subraya su hondura y gravedad.”
 
Agrega que “la crisis estructural ha acarreado una aguda crisis política, la cual constituye el aspecto del proceso más peligroso para la existencia del sistema, puesto que amenaza directamente con el derrumbe del poder que lo sostiene.”
 
Entre los rasgos de esta crisis política el artículo señala que “el poder coaligado de las oligarquías y el imperialismo yanqui ha perdido la mayor parte de la base de apoyo político de masas, que antaño conseguía con la ayuda de diversos medios.”
 
Además que “el imperialismo norteamericano, fuerza rectora y protectora del poder tradicional de los países latinoamericanos, ha sufrido un notable deterioro de su autoridad, de su prestigio militar y solidez económica a escala mundial, trayendo desencanto e inseguridad a sus aliados y sirvientes dentro de nuestros países y propiciando el aparecimiento y avivamiento de contradicciones con ellos.”
 
Asimismo “las Fuerzas Armadas latinoamericanas, principal sostén interno del poder tradicional, se encuentran surcadas por corrientes progresistas de diverso alcance y, en algunos casos, encabezan gobiernos opuestos a la dominación oligárquica e imperialista.”
 
También “la Iglesia Católica, otrora el centro de mayor influencia ideológica sobre las amplias masas latinoamericanas a favor del poder tradicional y del sistema, ha realizado un viraje que la sitúa, más y más, en el lado opuesto a ellos.”
 
“Por todo esto, lo métodos habituales de gobernar a los pueblos latinoamericanos, incluidas las tiranías unipersonales del viejo tipo y as modalidades más o menos efectivas de la democracia representativa, han dejado o están dejando de ser suficientes y adecuados para sostener el poder oligárquico-imperialista.”
 
Sostiene que “todo el proceso histórico latinoamericano de nuestros días tiene en la base la madurez de la crisis del capitalismo dependiente y como esta abarca todos los aspectos de la estructura y la super-estructura, vale decir económicos, sociales, políticos, jurídicos e ideológicos, no puede ella encontrar una solución real dentro del mismo sistema, sino únicamente en el cambio de este. Por esolas luchas de los pueblos latinoamericanos se dirigen, pro uno u otro camino, bajo una u otra forma,hacia un nuevo sistema que, en fin d cuentas y pasando por necesarias e ineludibles fases previas, será el sistema socialista.”
 
Aclara que “el imperialismo y las oligarquías no se resignan a aceptar ese desemboque del proceso histórico latinoamericano. Hace algunos años se negaban incluso a aceptar que el capitalismo estuviera en crisis en América Latina y hacían todo lo posible por encubrirla con su propaganda.”
 
Asegura que “el movimiento obrero revolucionario y junto a él todo el movimiento popular, surgen como el oponente principal al cual deben los fascistas derrotar o no lograrán realizar sus planes. Ahora han concentrados sus golpes contra el movimiento sindical, había golpeado antes el movimiento estudiantil ( matanza del 30 de julio) el movimiento campesino (matanzas de La Cayetana y Tres Calles).”
 
Plantea que “el movimiento popular, por encima de sus diferencias ideológicas, debe defenderse solidaria y unificadamente, con la mayor energía. Faltar a esta obligación elemental so pretexto de dichas discrepancias ideológicas no es otra cosa que facilitar su tarea a los fascistas.”
 
Subraya que “en la hora actual, todo el movimiento popular debe emprender la defensa más resuelta y firme del movimiento sindical, criminalmente agredido en la persona de su dirigentes y acosado por la acción patronal y gubernamental…”
 
Concluye que “la alternativa frente a la honda crisis estructural y política es la conquista de un régimen democrático popular, que realice las transformaciones radicales económicas y políticas, las únicas que son capaces de ofrecer una salida real a esa crisis en beneficio del noventa por ciento de los salvadoreños. ¡Poder democrático popular o dictadura fascista, tal es la disyuntiva política inmediata plantada por la historia al pueblo salvadoreño!”
 

Una reflexión sobre el Estado: la vuelta a los clásicos del marxismo

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