Farabundo Martí (sentado a la derecha), con el Estado Mayor del General Sandino (centro) en Mérida, Yucatán, México, 1929. |
| 08/09/2010 Por Mauricio DE LA SELVA (Cuadernos Americanos, Enero-febrero 1962) Advertencia EL 2 de diciembre de 1961 cumple treinta años la dictadura militar que padece actualmente el pueblo salvadoreño; en enero de 1962 se cumplen treinta años del ametrallamiento de más de 30 mil campesinos; en febrero siguiente cumple treinta años el fusilamiento de Agustín Farabundo Martí y, siete meses después, también hará treinta años de la muerte de Alberto Masferrer. Fuera de El Salvador, muchas personas conocen superficialmente lo que se refiere a la dictadura militar y a la matanza de los campesinos, y casi nada o nada del significado de hombres como el líder Martí y el maestro Masferrer ligados con esas dos catástrofes. Que nosotros sepamos, no existe una biografía de Martí, ni un relato escrito -que no sea tendencioso- del ametrallamiento de los campesinos, así como de sus antecedentes. Sabemos que la exposición de lo uno y lo otro entraña una gran responsabilidad, debido a la carencia de documentación adecuada, así como a la discrepancia habida entre los componentes del sector revolucionario salvadoreño. Como se ve, el asunto a tratar es delicado, sin embargo, intentamos -en un trabajo corto para la importancia del caso- reconstruir algo de ese pasado tan útil a la experiencia revolucionaria del pueblo salvadoreño, valiéndonos para ello de los datos (testimonios orales y declaraciones escritas) que hemos tenido a nuestro alcance y parecen fidedignos; además. sirviéndonos hasta de las conjeturas y versiones distintas sobre un hecho, siempre que éstas puedan arrojar luz sobre el caso. Anticipamos entonces que este trabajo pretende ser una verídica relación cronológica enfocada hacia cuatro aspectos: nacimiento de la dictadura militar, antecedentes al asesinato en masa de los 30 mil campesinos, participación de Martí en el movimiento revolucionario y participación de Masferrer. Martí y la organización AGUSTÍN Farabundo Martí es quizá el revolucionario salvadoreño de mayor pureza que puede localizarse dentro de la militancia política honesta. Su vida no es fácil de exponer en unas cuantas páginas, no obstante el intento de mostrarlo a quienes desconocen su trascendencia política y humana, es más, con el objeto de aludir a un símbolo que de esbozar una biografía. Es necesario recordar algo de la vida de Agustín Farabundo Martí, porque con ello recordamos una lección y nos vinculamos al movimiento revolucionario salvadoreño fracasado en 1932. Martí nació en el poblado de Teotepeque, Departamento de La Libertad, en 1894. Sus padres eran propietarios de dos haciendas que sumaban 20 caballerías (64 hectáreas por caballería). Farabundo hizo estudios bajo la dirección de los salesianos, destacando por su brillante inteligencia. Pasó luego a la Universidad de El Salvador donde cursó el Doctorado en Derecho, sin poder titularse debido a su expulsión del país durante el período presidencial de Jorge Meléndez -del 1 de marzo de 1919 al 28 de febrero de 1923. En la historia de la lucha salvadoreña entre el terrateniente y el peón agrícola, quizá la primera vez que surge una organización desorientadora, simulando servir los intereses de los más contra los menos, es en el período presidencial de Jorge Meléndez, quien funda la Liga Roja y consigue atraer las simpatías populares. Pero también es la primera vez que surge el nombre de un líder universitario entregado de lleno a las aspiraciones de los trabajadores salvadoreños; Agustín Farabundo Martí denunció en aquella ocasión el papel demagógico de la Liga Roja, enjuició a Meléndez y señaló que los peones agrícolas así como los artesanos que apoyaban a la organización, ignoraban su pérdida de energías y tiempo empleados a favor de un movimiento pequeño burgués que sólo beneficiaría al terrateniente, máxime cuando se aproximaban las elecciones y Meléndez podría utilizarlos para reelegirse o para determinar el triunfo de su propio candidato. La Liga Roja había sido fundada en 1921. Mientras tanto, las fuerzas democráticas empiezan su propia organización; a ello contribuye el malestar económico que en 1929 culminará con la crisis mundial anunciada desde Nueva York y los acontecimientos alentadores de la Revolución Soviética. En marzo de 1930 se funda el Partido Comunista de El Salvador. Con anterioridad a la fundación del Partido Comunista, existía en aquel país centroamericano la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños –FRTS- consistente en una agrupación de tendencia anarcosindicalista que reúne fundamentalmente zapateros, panaderos, carpinteros hasta un número de 1.500 artesanos, cuya mayor fuerza radica en los Departamentos de San Salvador, Santa Ana y La Libertad. Los elementos marxistas de esta Federación, así como otros que pertenecen a distintas profesiones y oficios, plantean la necesidad de multiplicar sus fuerzas fundando sindicatos en otros sectores. Para diciembre de 1920, a la vez que se discute acaloradamente, se empieza la organización sindical en San Salvador, el Puerto de La Libertad, Santa Tecla, Armenia, Santa Ana, Jayaque, Sonsonate, Nahuizalco, Juavúa, Ahuachapán y Chalchuapa. En enero de 1930 se efectúa la división entre el elemento anarcosindicalista y el elemento propiamente marxista. Las diferencias comienzan a notarse: mientras la crisis de 1929 empuja al patrón a introducir maquinaria y a los artesanos a organizar cada día lunes -de los meses marzo y abril de 1930- pequeñas manifestaciones gritando “¡muera la máquina!’’, la misma crisis orienta al trabajador consciente hacia la agrupación gigantesca, de tal modo que en este -año como ya apuntamos- se funda el Partido Comunista de El Salvador; en abril se verifica una manifestación de 50,000 personas pidiendo la promulgación de una Ley Obrera que garantice los contratos de trabajo para el obrero de la ciudad y el pago en efectivo para el peón agrícola. El año de 1930 es pródigo en acontecimientos estructuradores de la historia del pueblo salvadoreño: es el periodo presidencial del Dr. Pío Romero Bosque -del 1 de marzo de 1927 al 28 de febrero de 1931-; este Presidente responde a la petición de una Ley Obrera, reaccionando amenazador por haberse tocado la vulnerabilidad del señor feudal salvadoreño; expresa estar de acuerdo con el obrero para que se organice y defienda sus derechos, pero afirma no pensar así respecto al campesino; por ello, exige que los líderes dejen en paz a los hombres del campo. Sin embargo, la rueda de la historia gira, en toda la República se preparan manifestaciones que el 1 de mayo insistirán sobre las demandas ya conocidas, Pío Romero Bosque conoce el dato de 60,000 peones agrícolas y 12 obreros sindicalizados listos para desfilar; en la capital el obrero textil, el ferrocarrilero, el de la producción cervecera y el de la construcción constituyen sólido contingente. Romero Bosque acusa a aquella organización insólita de haber sido formada para derrocar a su gobierno, ordenando que se impidan las manifestaciones en todo el país; efectivamente, la gendarmería de distintas poblaciones disolvió en algunos casos e impidió en otros las respectivas concentraciones. Romero Bosque desata la represión. Mayo y junio son arduos, el pueblo es presa del pánico; el espionaje y el terrorismo amenazan con hacer estragos en las filas revolucionarias; los líderes del FRTS redoblan sus esfuerzos para sostener la animosidad de la lucha, procuran dominar las situaciones más difíciles: verifican substituciones en los puestos claves, eliminan a los elementos dudosos, organizan una Campaña Pro Liberación de Presos Políticos y, en el transcurso de mayo, inauguran el Socorro Rojo Internacional para ayudar a las familias de los asilados o de los encarcelados, proporcionando a estos desde alimentos hasta defensores jurídicos: este Socorro Rojo Internacional funciona en sus efectos económicos (falso lo del ‘oro soviético” propagado por el oro de Wall Street) gracias a la contribución aportada por los trabajadores de todo el país. Pío Romero Bosque, ante el rostro severo que presenta el pueblo compacto, disminuye la crueldad de su represión; su actitud estimula a los trabajadores que incansables acometen con mejores bríos la Campaña Pro Liberación de los Presos Políticos haciéndola culminar en octubre y noviembre, cuando dichos presos son puestos en libertad. En este tiempo jubiloso se logra tal triunfo y la FRTS agrupa ya 82 mil afiliados. Esta es la situación política de El Salvador hasta 1930. En ella el sindicalismo y sus líderes representan un frente disciplinado donde prevalece el interés por el hombre del campo. Líderes como Agustín Farabundo Martí se emplean a fondo en la tarea de orientar al campesino, de sacarlo de las concepciones falsas que conducen a interpretar erróneamente la realidad o a valorar en forma exagerada la fuerza que ha descubierto al agruparse para invocar justicia y reclamar lo que ya considera su derecho. Martí comprende el peligro que esto entraña y lo combate aun cuando tenga que recorrer un millón de veces las chozas y los sembrados. Nunca descansa, siempre vela, siempre cumple sus comisiones. La prisión y el destierro repetidos son las únicas causas que lo alejan del campo y de su obligación. Se conoce una versión acerca de que Martí vivió en México entre 1921 y 1923 y que obtuvo el grado de sargento combatiendo en los Batallones Rojos; tal afirmación se antoja inadmisible debido a que los Batallones fueron licenciados en 1916 por Venustiano Carranza, después que -como escribe José Mancisidor: “…formados por los obreros de la Casa del Obrero Mundial y los obreros de las fábricas de la región fabril de Orizaba, cumplieron hasta el sacrificio sus compromisos…los obreros conquistaban en los campos de batalla su derecho a una vida mejor”. 1 El movimiento armado que más se acopla a los años antes citados es el de 4 de diciembre de 1923, cuando Adolfo de la Huerta se traslada a Veracruz y durante el gobierno de Álvaro Obregón sucede “La sublevación militar delahuertista” 2 Esta versión sobre la estada de Martí en México no ha sido comprobada como la otra de 1929, lo cual nos inclina a pensar de tres maneras: o llegó muy joven, entre 1915 y 1916, época de los Batallones Rojos, o meteóricamente se enroló en el movimiento delahuertista donde perecieron hombres de la talla de Manuel M. Diéguez -combatiente desde 1906 en Cananea- y Salvador Alvarado -luchador contra la opresión en Yucatán-, o bien no estuvo nunca en México antes de 1929 y la admiración del pueblo salvadoreño le imagina, en su condición de revolucionario, cooperando con los mejores hombres de la Revolución Mexicana. El Dr. David Luna, quien actualmente investiga datos para escribir una biografía sobre Martí, asegura que el líder a su regreso de México estuvo en Guatemala buena parte de 1923, agregando que acometía oficios do trabajador agrícola, de albañil, de peón, e incluso se fue a vivir con una tribu de indios quichés. De ser esto cierto, Martí tampoco estuvo en el movimiento mexicano delahuertista. Por otra parte, hay el dato relativo a que en 1925 el Presidente Orellana, de Guatemala, lo expulsa de dicho país, siendo posible que haya residido aquí desde su expulsión de El Salvador por Meléndez. No se debe perder de vista que en 1925 se fundó el Partido Comunista Centroamericano y que no ha de ser un simple capricho de Martí realizar la serie de trabajos y oficios antes mencionados, pudiéndose explicar por ahí la drástica medida de Orellana. De 1923 es la amistad de Martí con Miguel Ángel Vázquez, patriarca salvadoreño del movimiento comunista centroamericano, escapado del fusilamiento en tiempo de Ubico y con más de treinta años de destierro en México. Es uno de los fundadores del Partido de 1925. Martí y Vázquez vuelven a encontrarse al año siguiente en San Salvador, hospedándose aquél en casa de éste, según era costumbre del líder cuando se trataba de las casas de sus amigos revolucionarios. Agustín Farabundo Martí no ejercía su profesión universitaria por una excesiva honradez que lo hacía considerarla inadecuada respecto a su ideología política; para él era preferible trabajar de peón o de obrero. Quienes conocieron al líder coinciden en que era un hombre difícil de controlar por la policía puesto que, constantemente, cambiaba de domicilio y no daba explicaciones sobre su alejamiento ni a los mismos amigos que lo habían hospedado; certifican que se desplazaba con agilidad y rapidez: sus caminatas eran exhaustivas jornadas. A la casa donde Farabundo arribaba su primera acción consistía en buscar una máquina de escribir, ya que ella le era útil de inmediato, tanto para dedicarse a su correspondencia como para escribir sus proclamas de Partido. En varios Departamentos de la República sus proclamas se esperaban con ansia y se recibían con beneplácito; algunos trabajadores, máxime si eran campesinos, se reunían alrededor del compañero que las leía; para ellos las proclamas eran origen de reuniones en las que participaban casi como en un culto religioso. Para el mes de mayo de 1928 Martí radica al lado del Gral. Augusto César Sandino con quien, aparte de la ideología que los separa diametralmente, simpatizan y se cobran mutuo afecto. Juntos están durante casi un año. Martí se preocupa por las ideas teosóficas y masónicas de Sandino, así como también por su empeño de mantener sólo una lucha liberal nacionalista que rechaza cualquier otra de carácter más amplio y, como es natural, con un programa sociopolítico definido. Martí llega a ser el secretario de mayor confianza de Sandino y el más capacitado en materia política, por eso cuando en Mérida se separan por haber surgido el choque ideológico inevitable, corriéndose a propósito el rumor de que el líder salvadoreño por razones de salud se internará en un sanatorio, Sandino lamenta la pérdida de Martí tanto como “la perdida de una batalla”, según expresión de Gregorio Selser; este autor, por cierto, transcribe en su libro 3 unos párrafos que la poetisa uruguaya Blanca Luz Brum atribuye a Martí en el suyo titulado: Blanca Luz. Contra la corriente; párrafos que me permito reproducir parcialmente, puesto que en el caso que el salvadoreño hubiese pronunciado tales palabras, ellas vendrían a ser semejantes a las escritas por él en 20 de febrero de 1931, y que en parte me ha hecho conocer el Dr. Luna. Blanca Luz Brum citada por Selser, reproduce estas palabras: Mi rompimiento con Sandino no provino, como se dijo alguna vez, de divergencias en principios morales o por normas opuestas de conducta. Yo me negué a seguirle nuevamente a Las Segovias porque él no quiso abrazar el programa comunista que yo defendía. Su bandera era sólo bandera de independencia, bandera de emancipación, y no perseguía fines de rebelión social. Declaro terminantemente esto, porque más de alguna vez se atribuyeron al general Sandino ideas comunistas. . . Tengo interés en que se aclaren estos puntos, para establecer la verdal histórica. Y ya para morir, a dos pasos de la ejecución, declaro solemnemente que el general Sandino es el primer gran patriota del mundo. Sobre estas palabras que pudo haber dicho Martí antes de ser fusilado comentaremos más adelante; por el momento transcribimos las líneas que debemos ala bondad del Dr. Luna, son estas: “En Nicaragua esta en el poder Moncada, agente del imperialismo yanqui, a quien combatimos desde Las Segovias cuando Sandino estaba apoyado por las organizaciones antiimperialistas revolucionarias, antes de que Sandino traicionara al movimiento antiimperialista mundial para convertirse en un caudillo pequeño-burgués liberal con aspiraciones a gobernar Nicaragua dentro de los moldes burgueses semi-feudales y semi-coloniales. Desembarque en Corinto el primero del actual en forma que no se conociera mi presencia en Nicaragua. Pasé a Chinandega el dos y permanecí allá hasta el 14.” Junto con las palabras citadas por Blanca Luz Brum comentaremos también estas que fueron escritas por Martí. Con las reservas del caso aprovechamos los dos fragmentos que acabamos de transcribir para reconocer en el líder salvadoreño la convicción sostenida en su causa. Aclarado esto, agregamos que además de los servicios prestados por Martí como secretario de Sandino, sirvió como combatiente activo en las filas del ejército rebelde, así lo afirma Gustavo Alemán Bolaños al transcribir varias cartas del caudillo nicaragüense en las cuales se refiere al salvadoreño como el Coronel Agustín Farabundo Martí; Alemán Bolaños constata que dicho grado militar le fue conferido gracias a su comportamiento de soldado; leamos: “…Agustín Farabundo Martí tomó parte en varias acciones de armas, como lo testifica ante el autor de estas líneas el general Carlos Quezada, y fue el secretario de confianza del general Sandino. Hombre entendido y hasta ilustrado, ayudó con su competencia al jefe de aquel movimiento extraordinario.4 Separado de Sandino desde agosto de 1929, Martí viaja a México para acompañar a su madre que se encuentra enferma en el Distrito Federal, donde reside los meses de noviembre y diciembre de aquel año y los de enero y febrero de 1930; en este último Martí es huésped por quince días de la Penitenciaría. ¿Causa? Daniel Flores intenta dar muerte en el primer día de su gobierno al Presidente Pascual Ortiz Rubio cuando a las 13.40 del 5 de febrero se dirigía del Palacio Nacional hacia su casa. Martí que no cree en el Presidente como representante de la Revolución Mexicana exterioriza su aprobación al atentado, razón bastante para que la autoridad más cercana después de escucharlo le remita al Palacio Negro de Lecumberri. De regreso en Centroamérica el líder es informado de la fundación de los partidos comunistas centroamericanos; en Guatemala sabe que el Partido Comunista de El Salvador fue integrado a orillas del Lago de Ilopango en momentos de la más cruda represión. En marzo de 1930 Miguel Ángel Vázquez lo relaciona con el mexicano Jorge Fernández Anaya 5, quien expone que en El Salvador el desastre de la crisis mundial ha repercutido dando mayor combatividad a los trabajadores, y que el exceso de confianza notable en ellos constituye un peligro ante el despotismo del gobierno como instrumento dócil del terrateniente exasperado por la quiebra de valores en la Bolsa de Nueva York. Días antes del 1 de mayo, Farabundo se dirige a El Salvador siendo encarcelado por motivos baladíes; en octubre y noviembre, cuando todos los presos políticos son puestos en libertad, Pío Romero Bosque hace excepción con Martí; éste recurre a una de sus famosas huelgas de hambre que junto con la protesta ciudadana logra que l6 de diciembre Romero Bosque lo expulse una vez más del país, ahora por mar y a bordo del Vapor Venezuela; así viaja de un lado para otro, vigilado a petición presidencial; sube hasta San Francisco, California, baja al sur rumbo a Nicaragua y a la altura de Corinto escapa el 1 de febrero de 1931; del 2 al 14 de este mes reside en la población de Chinandega y el 20 de febrero está de nuevo en El Salvador. El dirigente mexicano Jorge Fernández Anaya busca inmediatamente a Martí para comunicarle que las masas populares de distintos puntos de la República, acosadas por el hambre y las injusticias de que las ha hecho víctimas el Gobierno y los terratenientes, plantean la insurrección armada como respuesta digna a tal situación; le manifiesta que considera peligroso aquel planteamiento, ya que carecen de un fogueo largo y verdadero, es decir, de una irrefutable madurez política capaz de sacarlos avante de cualquier gran prueba; que él, Fernández Anaya, y otros dirigentes están de acuerdo en llevar la sindicalización a nuevos sectores, en extender el frente revolucionario a núcleos importantes como los profesionistas, estudiantes y empleados; en fin, que los trabajadores han depuesto temporalmente su actitud hostil confiando en que el Presidente electo por el que han votado les realizará los proyectos contenidos en su programa popular de gobierno. Cuando el 20 de febrero de 1931 Martí regresa a El Salvador, ya se han efectuado las elecciones para designar nuevo Presidente de la República. En la campaña electoral de 1930 han sido electos para Presidente y Vicepresidente, en forma respectiva, los ciudadanos Ing. Arturo Araujo y Gral. Maximiliano Hernández Martínez; este último asume también el cargo de Ministro de Guerra. Pío Romero Bosque concluirá su mandato el 28 de febrero de 1931 y ya no considera problema suyo el regreso de Martí. Farabundo, en cambio, aprovecha para movilizarse entre los trabajadores que, en los recientes cuatro años, han sufrido las más flagrantes violaciones en sus derechos ciudadanos, son los cuatro años de gobierno de Romero Bosque a quien la burguesía y la clase media le denomina, en un juego preconcebido, “Padre de la Democracia Salvadoreña”. Martí toma conciencia del instante histórico que se vive, de la responsabilidad que pesa sobre su partido corno auténtico partido de masas, de la razón que asiste a éstas desde los días de la Liga Roja y la crisis de 1920-1921 hasta la de 1929 y los asesinatos de Romero Bosque, de los años de esclavitud colonial y los actuales de incipiente proletarización agrícola, del sufrimiento y la opresión ahora recrudecidos, pero que vienen rodando y arrasando como un alud desde los días de la Conquista; la tarea es ardua: un pueblo que ha muerto tantas veces en cuatro siglos, que ha muerto a diario como cada cien años, no puede ser desoído en esta hora que la miseria y la persecución atesoran rebeldía con la esperanza de arribar a la vida, a su liberación. Agustín Farabundo Martí y los demás dirigentes ya no se apartarán un momento de los trabajadores. Masferrer y lo imposible Todos 1os argumentos más o menos aceptables con que se defiende la propiedad privada, aparecen como burdas patrañas cuando se trata de justificar el monopolio de la tierra.-A.M. Y es aquí donde se hace necesario mencionar la presencia del pensador y apóstol Alberto Masferrer, porque es aquí cuando penetra de lleno a la política activa del país, cuando ha vislumbrado la tempestad que puede desatarse sobre el pueblo y se apresta a preservarlo de cualquier peligro. Masferrer es el maestro que desde principio de siglo ha dicho su preocupación por el campesino y el obrero salvadoreños; poeta, sociólogo, novelista, filósofo, humanista, periodista, ha manifestado su palabra en favor de los oprimidos; con titubeos entre el materialista y el metafísico, sus juicios han estado presididos siempre por la honradez; su primer libro le valió un destierro y su exposición constante de inconformidad ante la injusticia social le asegura el odio de los poderosos. Sin embargo, Masferrer y su opinión trascendente en materia política no han ido más allá del planteamiento teórico, desconociendo por ello el secreto de la militancia. Autodidacta, radicado por muchos años en países de América y Europa conoce a su debido tiempo el anarquismo, el socialismo, el comunismo y los debates irreconciliables que entre uno y otros se libran. La bibliografía de las obras de distinto género escritas por el maestro salvadoreño es bastante amplia, mas para los fines de este trabajo bastaría aludir a su doctrina del Mínimum vital, escrita entre agosto de 1928 y febrero de 1929. Esta doctrina es la coronación de una serie de artículos, poemas y ensayos publicados en casi treinta años de su vida, durante los cuales el terrateniente semifeudal y el burgués le han despreciado o irrespetado, mientras la clase trabajadora le ha escuchado como a uno de sus posibles salvadores. El Mínimum vital esta dirigido a unos y a otros, sea a los que pueden desprenderse de una parte de su riqueza para beneficiar a los más, o sea a estos para que se acostumbren a conocer al menos los derechos y satisfactores que algún día disfrutarán. Largo sería exponer aquí las ventajas –sin que por ello olvidemos sus desventajas- de aquella doctrina. Pedro de Alba afirma: “El pensamiento del maestro salvadoreño adquiere resonancia internacional; sus doctrinas se identifican con los más proyectos para la creación de un mundo futuro equilibrado y justiciero. Los economistas ingleses que hablaron en los años de gran peligro -1940-1941- de la democracia dinámica y del mínimo de derechos económicos para todo ciudadano, parece que hubieran leído el manifiesto del Mínimum vital, el algunas conclusiones hasta usan las mismas palabras.” En la campaña electoral de 1930 Masferrer actúa a favor del candidato Arturo Araujo; éste le ha prometido resarcir de su pérdida al campesino despojado, siempre y cuando el maestro le realice su campaña con base en el Mínimum vital. Para Masferrer es suficiente y se apresta a ceder la limpidez de su prestigio, su renombre de intelectual revolucionario y la prédica ético-política que ha sido su vida. Masferrer cree en Araujo, político y terrateniente distanciado de su clase y resentido de ya no poseer fortuna; Masferrer necesita creer, se lo exige su angustia ante el descontento popular del que ya se deduce un firme propósito de enfrentarte a futuras provocaciones; le es forzoso creer, simplemente creer, sin entrar en mayores análisis; por eso acepta sin titubeos la promesa de Araujo de que atenderá las peticiones del pueblo. La idea del resultado sangriento de una rebelión conduce al maestro de su condición pasiva de político quieto a la circunstancia activa de político en movimiento, un movimiento que desconoce por ignorar las reglas del juego en la realidad. Así, a los sesentaidós años de edad, arriesga la experiencia casi cristiana de su amor a los otros y convierte el Mínimum vital en bandera de un candidato presidencial. Es oportuno aquí, transcribir la síntesis del Mínimum vital elaborada por Alberto Masferrer para quienes no quisieran releer la doctrina; veamos: “1) Toda criatura, por el simple hecho de nacer y vivir, tiene derecho a que la Colectividad le asegure, mediante una justa y sabia organización de la propiedad, del trabajo, de la producción y del consumo, un MINIMUM DE VIDA INTEGRA, o sea la satisfacción de las necesidades primordiales; 2) La Naturaleza ha previsto lo necesario a la consecución de ese fin, dotando a la Colectividad de Substancias Comunes, que sola la materia prima del trabajo y de la vida, y dotando a cada individuo de instrumentos que le capaciten para transformar esa substancia, y extraer de ellas todo lo necesario para la sustentación individual y colectiva; 3) La tierra, el agua, el aire, la luz, el calor solar, con todas sus modalidades y potencialidades, son esas substancias comunes, herencia y propiedad de todos los seres, y por consiguiente no apropiables a título perenne por ningún individuo, sino por usurpación que nada puede jamás justificar. Así, ningún hombre es dueño legítimo de la tierra: usa de ella en cuanto se lo permiten las leyes y costumbres creadas por la Colectividad, que es la sola y legítima poseedora, 4) Los instrumentos de trabajo de cada hombre, son sus brazos, sus piernas, sus sentidos, sus pensamientos. El motor de ellos, su voluntad de trabajador: y en cuanto realice esa voluntad, mantiene su derecho imprescindible a un Mínimum de Vida integra, 5) El deber primario, anterior a todo, por encima de todo, para el individuo, la familia, la Comuna y el Estado, es organizar la propiedad, el trabajo, la producción y el consumo, lo mismo que las relaciones entre hombre y hombre, de manera que todo converja a la realización perenne y fácil del Mínimum Vital: es decir, a que el trabajador encuentre siempre las condiciones necesarias para alcanzar su Mínimum de Vida Integra.”7 Pero ninguno de los puntos esenciales o no esenciales del Mínimum vital se realiza; Arturo Araujo llega a la Presidencia de la República y no vuelve a acordarse de su promesa hecha a don Alberto, no escucha las peticiones del pueblo, no se preocupa por satisfacerle ninguna de sus necesidades; solicita empréstitos y al recibirlos sólo sabe despilfarrarlos o ponerlos en manos del oligarca succionador. El maestro sufre la burla, sufre la traición de que ha sido víctima; tarde empieza a fijarse en la ineptitud de Arturo Araujo, en la presión del terrateniente por sus intereses amenazados a causa de la crisis mundial, en la ineficacia de su doctrina para detener la hecatombe presentida. Masferrer y sus sesentaitrés años van al exilio voluntario. El hombre derrotado comienza a morirse de impotencia y sale rumbo a Guatemala mucho antes de establecerse el Directorio Militar que derroca al inepto Araujo; el maestro llega a Quetzaltenango con el primer golpe recibido, el de la burla de Araujo, y es ya en el destierro que recibe la noticia del Directorio en el poder. Sin embargo, su calvario apenas está iniciándose, luego sabrá que el tres de diciembre la situación en El Salvador ha empeorado, porque el debate ya no sólo gira alrededor de lo económico, sino también de lo político; las clases altas no confían mucho en el Directorio aun cuando estén más tranquilas que con Araujo; el terrateniente ensoberbecido siente crecer su señorío y maltrata al peón rural; posiblemente causas como ésta hacen que trabajadores de las poblaciones de Turín y Atiquizaya decreten una huelga de brazos caídos por recibir pago injusto de jornales, a lo que el terrateniente responde alquilando esquiroles que son de inmediato atacados furiosamente por los huelguistas; la Guardia Nacional cercana y puesta por el gobierno al servicio del señor feudal interviene con violencia, acto por el que surge la protesta solidaria extendiéndose a otras entidades como Tacuba, Apaneca y Ataco en el Departamento de Ahuachapán, y Nahuizalco, Izalco y Salcoatitán en el Departamento de Sonsonate. Masferrer sabrá que el 4 de diciembre el Directorio Militar entrega el Poder al Vicepresidente y Ministro de Guerra Maximiliano Hernández Martínez. Sobre este ascenso de Martínez hay versiones distintas que vale la pena detenernos a conocer; conformémonos con las tres más importantes: una, que siendo candidato a la Presidencia de la República cuando también lo es Araujo, decide retirar su candidatura reconociendo la popularidad del Mínimum vital y su imposibilidad de triunfar sin fraude, por lo que se adhiere a la papeleta araujista como Vicepresidente a sabiendas de la ineptitud del civil y de su ciento por ciento de probabilidades de sustituirlo en el caso de un Golpe de estado; dos, que Martínez es llamado por Araujo en los momentos de la sublevación militar y que aquel, antes de dirigirse a casa del Presidente, astuto y sagaz como siempre fue, dio órdenes al chofer para que lo condujese primero a la escuela Politécnica y después al Cuartel El Zapote; en la escuela los militares jóvenes lo recibieron irrespetuosamente, dio media vuelta y ordenó marchar hacia el cuartel donde fue recibido con ráfagas de ametralladora; exponiéndose y con audacia hizo que su chofer avanzara hasta que los otros pudieran darse cuenta de que venía solo y no podía causar daño; bajo del automóvil dejando a su ayudante y al chofer, entró y cuando pasada media hora los dos acompañantes fueron llamados, encontraron al Gral. Hernández Martínez posesionado de la voluntad de los rebeldes; y tres, que a Martínez por ser el Ministro de Guerra lo apresaron creyéndolo leal al Presidente, lo cual quedo eliminado cuando el detenido aceptó pagar los meses de sueldo atrasados y poner al día la hacienda Pública. Estas tres explicaciones corresponden respectivamente, a William Krehm8 y versiones populares; al Dr. David Luna, amigo del que fuera ayudante de Martínez; y al periodista Jacinto Castellanos Rivas, impuesto a la sazón, como Secretario Presidencial al hábil Hernández. Martínez. Para mientras, Alberto Masferrer no ha podido permanecer en Guatemala; las oligarquías centroamericanas señalan en él al agente moscovita, al comunista peligroso, induciendo al tirano Ubico a que lo expulse de Quetzaltenango: el maestro vencido, triste, envejece más aprisa, casi con la misma rapidez que rejuvenecía cuando recorrió las poblaciones salvadoreñas en la campaña electoral de Araujo; arriba a San Pedro Sula en Honduras y deja entrever su dolor por lo que se aproxima para los trabajadores salvadoreños; le duele la burla de que hicieron objeto a éstos cuando confiaron en la doctrina del Mínimum vital buscando mejorar sus vidas. Origen de la dictadura MARTÍNEZ se enfrenta al descontento popular y a las exigencias del terrateniente; piensa en lo oportuno que le sería un empréstito por parte de los Estados Unidos, pero repara en que, el gobierno yanqui, no ha reconocido al suyo dado su origen anticonstitucional. Entonces recurre a un ardid para hacer notar su inteligencia de hombre sin escrúpulos, dispuesto en el futuro a consolidar la dictadura de su casta al servicio del oligarca; urde la provocación; alienta en forma indirecta la rebelión de la masa popular desesperada: en los cuarteles los soldados rasos reciben permisos extraños para dirigirse a sus respectivos lugares de origen que, por lo regular, se ubican en zonas rurales donde los esperan los amigos y los familiares para indagar sobre lo que se dice en los cuarteles; los soldados repiten lo que se les ha confiado: que el Gral. Martínez está con los pobres, pero que no puede hacer nada ante la presión de los ricos, que otra cosa sería si pudiese apreciarse públicamente una demostración de las dificultades que pasa el pueblo. Por fortuna, los dirigentes no dormían y, comprendiendo la provocación, la expusieron a las organizaciones sindicales, logrando contener por cierto tiempo los ímpetus de los trabajadores dispuestos ya a la peor de las catástrofes. En estas circunstancias, la voz que más aconsejaba al campesino y al obrero hambrientos era la voz de su miseria; esta voz fue la que creó en ellos la posibilidad de liberarse mediante el levantamiento armado; esta voz fue la que predominó en los oídos y el entendimiento contra la mesura y la lógica del dirigente que preveía el peligro inminente; a esta voz mala consejera habían temido desde el principio los miembros del Partido Comunista de El Salvador; a esta voz y sus consecuencias era que habían combatido los líderes comunistas durante aquella confusión de corrientes ideológicas anarquistas, minimumvitalistas, trotskistas, apristas, socialistas flotantes en el ambiente; a esta voz fue la que combatió Martí cuando una y otra vez recorrió los jacales y las siembras. En esta ocasión, los esfuerzos multiplicados de los dirigentes lograron burlar la cacería del ‘‘fraternal’’ teósofo y masón. No obstante, ya los días estaban contados, Más que la palabra consejera del hermano de clase es decisiva la determinación de medir las fuerzas del hambre con las fuerzas del hambreador; el machete, el azadón, la piedra contra la ametralladora bien emplazada; los campesinos y los obreros no ignoran esta desigualdad ni dudan del líder que expone sus contundentes razones; los trabajadores misérrimos, cetrinos, afilados, terrosos fijan en grupos sus cientos de ojos transparentes multiplicados al infinito, proyectados sobre el hombre sabio incansable de manifestarles los peligros que circundan a las mayorías del pueblo; en aquellos instantes agolpados no urgen ya las palabras, porque el silencio espeso que se moldea hace que se comprenda todo: las masas populares pendientes de su idea, no dicen nada, los dirigentes vuelven a empezar su tarea de dirigentes; las dos partes que forman este frente decisivo saben de sobra que a ninguna le corresponderá pronunciar “detenerse!” o “adelante!”; por el momento, y por toda la vida de sus muertes, el militar y el despojador serán quienes digan sus frases de plomo prendiéndose como grises y minúsculos dientes a los borbotones de sangre proletaria. La suerte está echada, y el líder que no pudo convencer a los conglomerados de hermanos tampoco se marcha; va a esperar los días, las horas o los minutos que estén ya contados. Todavía se intenta la lucha de clases por los cauces que permite la legalidad; el Partido Comunista encabeza la oposición y concurre a las elecciones para designar alcalde de la ciudad de San Salvador; el 5 de enero de 1932 se lleva a cabo la votación y triunfa abrumadoramente la alianza votante opositora al gobierno. El tirano encuentra al fin su oportunidad; Hernández Martínez prepara la provocación y declara que desconoce el triunfo del pueblo. ¡Ahora sí! Es el enemigo quien ha dado la orden. Las masas populares creen conocer un solo camino: la insurrección. Los dirigentes están ahí para orientar en un clima saturado de posibilidades y buenas intenciones; no es, como podría pensarse, un movimiento suicida, sin programas ni trincheras, no, es una revolución en la que los hombres tienen conciencia clasista y van a dar la batalla con su mejor espíritu y la mejor de las dignidades. Se han escogido entre los fusiles del hambre que diariamente causan estragos en los estómagos vacíos y los fusiles que pueden cortar la vida o prolongarla si a tiempo son arrebatados. Las órdenes del levantamiento en toda la República indican el 22 de enero de 1932, a las 12 de la noche, como el día de prueba. Algunos caen en manos de la gendarmería antes del 22. Martí, junto con Alfonso Luna y Mario Zapata son capturados el 19 de enero; se vislumbra el ocaso de Agustín Farabundo Martí, el más grande líder comunista que ha tenido el pueblo salvadoreño. Luna y Zapata son dos estudiantes de veintidós y veintiún años, respectivamente. En la posteridad el pueblo identifica estos tres nombres como los tres estudiantes, sin interesarle el saber que Farabundo era entonces un hombre maduro, de treintaiocho años, que hacía tiempo se había separado de la Universidad. Y aquí aparece de nuevo el fantasma de las versiones distintas sobre los instantes próximos al fusilamiento de los tres estudiantes, como gusta al pueblo salvadoreño; recordamos que Gregorio Selser reproduce una página del libro de Blanca Luz Brum, quien asegura haber recogido en ella las últimas palabras de Martí beneficiando a Sandino; pues bien, el periodista Jacinto Castellanos Rivas -que ya hemos citado y que dijimos era Secretario de Maximiliano Hernández Martínez- ha afirmado que a la hora de la ejecución sólo asistieron dos personas aparte de los hombres que formaban el pelotón; un sacerdote que aún vive en El Salvador y cuyo nombre no hemos podido retener y el mismo periodista Jacinto Castellanos Rivas; es a éste que le piden la última gracia los condenados a muerte: Martí solicitó unos cigarros-puros baratos; Zapata el cuidado de su esposa a la que dejaba encinta; y Luna una botella de licor. Las declaraciones de Castellanos Rivas favorecen al Dr. David Luna; además, la construcción de las frases y lo determinante de los conceptos revolucionarios no dejan lugar a dudas de que quien escribe es el dirigente Agustín Farabundo Martí; mientras que la transcripción de la señora Brum no es tan contundente y podría firmarla cualquiera que no fuese tan radical en su militancia revolucionaria. Por otra parte, debemos recordar que aquellos no eran días de fiesta como para salir a la calle en la madrugada -cuando estaban vigentes la Ley Marcial y el Estado de sitio-, que los señoritos hacendados cargaban sus escopetas y salían a ‘cazar comunistas”, que la situación no halagaba la curiosidad de ninguna persona como para que ésta saliese aún a oscuras, arriesgando su vida, sólo por ver el fusilamiento en la madrugada. ¿Ante quién entonces pudo haber hablado Martí si es cierto que él y sus compañeros fueron ejecutados al amanecer? Según datos, el movimiento revolucionario fue destrozado en ocho días aun cuando Hernández Martínez continuó asesinando trabajadores durante más de un año. Hay testimonios de la forma viril en que caían aquellos hombres; los líderes, así como los hombres comunes de la masa proletaria eran gentes que se morían con la sonrisa fresca, alentada por una firme convicción; no se recuerdan versiones sobre hombres que fuesen cobardes o que se pusieran a explicar falsos arrepentimientos; pocas veces en la historia de los humanidad los sacrificados como estos de El Salvador han cifrado su firmeza en algo más concreto que los conceptos religiosos o la jugarreta metafísica. El futuro grandioso de los pueblos exigirá que el sociólogo, el psicólogo, el historiador, el político, etc., deliberen apasionadamente sobre esta clase de movimientos que se repiten en el mundo cada vez que la injusticia agudizada cuja la historia de mártires y héroes. Es fascinante, por ejemplo, la conducta del indio Feliciano Ama, quien al darse cuenta que todo ha fracasado pide a sus hombres que se alejen, que lo dejen solo para responder por todos como jefe, como cacique, para enfrentarse a los gendarmes que viene a buscarlos; se declara culpable e impasible, se deja colgar de un árbol situado en el parque de la población de Izalco. ¿Ama era comunista? ¿Por qué fue a la revolución si era uno de los caciques indígenas más respetados de aquel lugar? Sencillamente, porque era un campesino de los que continuamente despojaba el señor semifeudal. Feliciano Ama controló cuatro días la zona de Izalco. Entre los trabajadores de la ciudad son muchos los casos que emulan la pasividad y la responsabilidad de Ama ante la muerte; se podrían citar miles de casos de trabajadores que no reciben ninguna sorpresa cuando los mílites les comunican su próxima ejecución; el obrero industrial Rafael Bondanza, uno de los fundadores de la Federación Regional de Trabajadores, primero, y después del Partido Comunista, es otro ejemplo; lo tornaron preso en Ilopango y lo fusilaron el 27 de enero en Soyapango; en el momento de recibir la descarga no sólo mostró valor, sino que pudo gritar: “¡Viva la Internacional Comunista!” De los tres estudiantes se sabe que el 31 de enero, cuando se les llevó ante el Consejo de Guerra, el líder Martí defendió a sus dos compañeros alegando en descargo de ellos que eran jóvenes inexpertos, que nada sabían del levantamiento, que si había culpables él, Farabundo, era el más comprometido y que responsable de ello aceptaba gustoso su pena, esperando que por la misma razón pusiesen en libertad a los jóvenes. Por supuesto, Martí no fue atendido en la defensa de sus compañeros, pero en cambio éstos le reclamaron el menosprecio de que se habían sentido objeto, pues declararon estar tranquilos por haber cumplido con su deber y condenaron la defensa que los empequeñecía bajo el pretexto de intentar rescatarles la vida. El 1 de febrero de 1932, entonces día de la madre los tres hombres fueron conducidos al costado norte del cementerio de San salvador, el pelotón los paró juntos a los tres; Agustín Farabundo Martí fue colocado entre Luna y Zapata. Al instante d e la última orden, Farabundo gritó: ¡Viva el socorro Rojo Internacional!” y uno de los compañeros alcanzó a responder con las tres primeras letras del “¡Viva!” que se le ahogo entre la emoción y la muerte. Ese mismo año, el 4 de septiembre, o catorce días de volver después del destierro ya paralítico y mudo, murió –otra forma de fusilamiento- víctima de la traición y la infamia el intelectual y apóstol de El Salvador,: Alberto Masferrer. Recordemos en estos seis nombres simbólicamente mencionados uno de los movimientos más trascendentes en la lucha revolucionaria latinoamericana; recordémosles: Martí, Masferrer, Ama, Luna, Bondanza y Zapata. Tres décadas de lucha Hemos visto cómo y a qué precio nació la dictadura militar de El Salvador; durante treinta años ha sido la garantía de que no sufra alteración el estado de cosas que la originó y que comprende el siguiente panorama: explotación de las mayorías, cárcel, tormento, destierro y muerte para el inconforme, por un lado, y oligarquía, clero y penetración imperialista norteamericana, por el otro. En un número anterior de Cuadernos Americanos 9 abordamos el lapso que va del “teósofo ametrallador”, Maximiliano Hernández Martínez, al “verdugo de la Universidad”, José María Lemus; en ese trabajo, que cubre hasta septiembre de 1960, señalamos los atropellos y desmanes cometidos por la tiranía de este último contra el pueblo; verdaderos actos vandálicos y violaciones de toda índole que en el mes siguiente pusieron a Lemus en el avión que lo condujo al exilio sin que los intereses imperialistas (mismos de la oligarquía salvadoreña) movieran un solo dedo para evitarlo, ya que el descrédito internacional del gobierno lemusista lo anulaba como instrumento útil en la política latinoamericana del Departamento de Estado. En efecto, desde octubre del año próximo pasado hasta el 25 de enero del presente, gobernó el país una Junta de Gobierno Cívico Militar que, de inmediato, puso en libertad a los numerosos reos políticos, permitió el regreso de los exiliados y anunció castigos para los funcionarios y esbirros que habían masacrado y ofendido al pueblo. La Junta de Gobierno, que no gozó en un principio de simpatías por no surgir directamente de la acción popular, sino por el contrario a espaldas del pueblo salvadoreño, fue ganando el apoyo unánime de la ciudadanía al ir poniendo en práctica una serie de medidas progresistas. La Junta hizo saber que su gestión se limitaría a restablecer la normalidad y a garantizar la ausencia del fraude durante la elección del próximo Presidente de la República, ya que la resolución de los problemas socioeconómicos requería un largo plazo, propio del Gobierno que nacería del sufragio del pueblo. Las fuerzas democráticas del país iniciaron una intensa labor de organización a la luz de las libertades otorgadas por el nuevo Gobierno. Los partidos políticos de tendencia democrática, la Confederación General de Trabajadores Salvadoreños –CGTS-, las organizaciones juveniles y estudiantiles formaron el Frente Nacional de Orientación Cívica designado para llevar hasta el último rincón de la República la consigna fundamental: organización para la democracia. Esto fue causa de alarma para la oligarquía, el imperialismo y sus instrumentos de siempre (el ejército, el clero, la prensa seria, etc.) que de inmediato levantaron la bandera del anticomunismo, denunciando a la Junta de Gobierno como un dócil instrumento de fuerzas internacionales que, mediante sus nacionales subsidiarias, pretendían colocar al país en la órbita de la Unión Soviética y Cuba. Así se fraguó la caída de este Gobierno que sólo había restablecido la libertad política en El Salvador. El pueblo que en tres ocasiones anteriores logró detener inminentes golpes militares, saliendo masivamente a la calle para expresar su apoyo a la Junta, fue sorprendido por el “cuartelazo” del 25 de enero de 1961, cuando el Ejército, como institución autónoma decidió por si y ante sí derrocar a la Junta y tomar el poder, nombrando un Directorio Cívico Militar para que se hiciera cargo del Gobierno. No obstante que el golpe militar fue dado en la madrugada, cinco o seis horas más tarde, al circular la noticia, el pueblo se lanzó por cuarta vez a la calle dirigiéndose ahora hacia los cuarteles que suponía leales a la Junta, a fin de solicitar armas para recobrar el Gobierno derrocado. La Guardia Nacional, como hace treinta años, hizo uso de sus fusiles y ametralladoras y al disolver la manifestación dejó a más de ochenta ciudadanos sin vida (cabe el paréntesis para recordar al heroico salvadoreño anónimo que escribió sobre una pared y con su sangre: ¡VIVA LA LIBERTAD!). En la primera semana de Gobierno del Directorio el número de ciudadanos asesinados por las fuerzas represivas pasaron del centenar. Como ha sido la tradición -desde Hernández Martínez hasta Lemus-, el Directorio para consolidarse desató el terror fascista: desterró a centenares de personas hacia Honduras, Guatemala, México, Nicaragua y Costa Rica; encarceló a los más honestos dirigentes obreros, estudiantiles, políticos, etc.; suprimió la libertad de expresión, de reunión y de asociación; y vulnera sistemáticamente los derechos de inviolabilidad de la correspondencia y el domicilio, los derechos procesales de defensa y los de habeas corpus y amparo en casos políticos. La Constitución fue suprimida de hecho y el imperio de la Ley sustituido por la fuerza de las armas. Sin embargo, el Directorio no se ha conformado con seguir la línea de sus antecesores militares y ha hecho su aportación en el terreno de las burlas al pueblo; característica suya es que, a la par de la inconcebible represión, ha manifestado una demagogia social agudizada; desde el primer momento se le oyeron afirmaciones que se antojan peligrosas, como esa que asegura que en El Salvador “ha terminado la explotación del hombre por el hombre” y a la que los universitarios respondieron, atinadamente, que “la miseria y la explotación no se eliminan por decreto”. El Directorio ha anunciado una serie de medidas sólo aparentemente enfiladas contra la oligarquía (de las famosas catorce familias) y a favor de mejores condiciones de vida para las clases desposeídas del campo y la ciudad. Debemos tener presente, en este punto, al Presidente Kennedy quien señaló que “Gobiernos del tipo del Directorio Cívico Militar de El Salvador” son “los más eficaces para contener la penetración Castro-comunista en América Latina”, considerando por lo tanto, ideal dicho gobierno como centro de experimentación del Plan Alianza para e Progreso. Sin lesionar, pues, la estructura semifeudal de la economía salvadoreña, y con la dirección trazada por la Embajada norteamericana, el Directorio Cívico Militar ha anunciado las siguientes medidas de beneficio popular: 1) Promulgación y aplicación del Estatuto Protector del Campesino que contiene, entre otras disposiciones de menor importancia, la del pago obligatorio del día de descanso semanal al trabajador en el campo. 2) Nacionalización del Banco Central de Reserva (único emisor de moneda). 3) Rebaja en el precio de los alquileres de los mesones (viviendas o conventillos). 4) Promulgación de la Ley del Control de cambios y exportación de divisas. 5) Reforma Agraria. La promulgación del Estatuto Protector del Campesino, hasta ahora, sólo arroja como resultado un grave aumento en el desempleo nacional, pues los patronos despiden a los campesinos antes de aumentarles sueldos o pagarles el descanso señalado por la ley, sin que haya organismos a los que el trabajador afectado recurra en demanda de protección. Una publicación internacional informa objetivamente: “En cuanto a las condiciones de trabajo, es altamente ilustrativo el hecho de que haya levantado una ola de protestas entre ganaderos y caficultores, el que por Decreto del 1 de marzo de 1961 se haya establecido el descanso dominical remunerado. La CGTS (Confederación General de Trabajadores Salvadoreños) ha denunciado el hecho de que este decreto ha producido una ola de despidos, lo que aumenta el desempleo.”10 La ‘nacionalización” del Banco Central no ha sido otra cosa que una reestructuración de la Junta Directiva, en el seno de la cual se aumentó un miembro (antes era sólo de dos) a la representación estatal, continuando el único emisor de moneda fundamentalmente en manos de la oligarquía salvadoreña. La rebaja en el precio de los alquileres de los mesones es insignificante en una presunta acción para bajar el costo de la vida, ya que por ser relativamente poca la población de los mesones, las rebajas son inoperantes en la mayoría de los casos. La ley del control de cambios era una medida impostergable, necesaria desde hacia años, para hacer frente a la crisis financiera salvadoreña que se había venido ocultando tras la artificial cortina de oro del alza en los precios del café; no se trata, pues, de una medida contra la oligarquía, sino de una medida de emergencia a favor del status semifeudal y semicolonial salvadoreño. La reforma Agraria esgrimida por el Directorio es una reforma Agraria made in USA, que a juzgar por lo que de ella e difunde no pasa de ser un plan de conservación de terrenos, reforestación, etc., sin tocar en un ápice el poder de los grandes terratenientes; lo que, por supuesto, nos hace pensar en la brillante disertación del Comandante Ernesto Guevara –Conferencia del CIES (Punta del Este) Uruguay- que entre otros puntos, expone: “Nosotros decimos: ¿Quieren hacer Reforma Agraria? Tomen la tierra al que tiene mucha y dénsela al que no tiene. Así se hace Reforma Agraria; lo demás es canto de sirena. La forma de hacerla: si se entrega un pedazo en parcelas, de acuerdo con todas las reglas de la propiedad privada; si se hace en propiedad colectiva; si se hace una mezcla -como tenemos nosotros-, eso depende de las peculiaridades de cada pueblo; pero la Reforma Agraria se hace liquidando los latifundios...” 11 Mientras esos cantos de sirenas son lanzados al aire por el Directorio, la miseria, la enfermedad, la opresión política, están colocando al pueblo salvadoreño al borde de la desesperación. Esta situación se agravó desde que el Directorio abatió todas las esperanzas de una solución pacífica del problema político, al anunciar la fundación de un “partido oficial” que representara al Gobierno en las futuras elecciones y que es una forma de ir anunciando la imposición de un nuevo régimen, con visos de legalidad, que perpetúe aún más la dominación militar en beneficio de la oligarquía y el imperialismo. La situación planteada en El Salvador es muy parecida a la que se dio en 1932 y que se solucionó con el asesinato de 30 mil ciudadanos. Un Directorio Cívico Militar encauzó entonces las contradicciones con rumbo a la catástrofe. ¿Se repetirá la historia sangrienta? Lo único que sabemos es que el pueblo salvadoreño organiza sus fuerzas en la clandestinidad, que acumula elementos de triunfo y que está vigilante, dispuesto ya de una vez por todas a lograr un cambio real de la terrible situación que padece desde hace treinta años, empeñado en tomar para sí la dirección de sus propios destinos, incluso contra quienes, aprovechando la crisis política planteada en la actualidad, quieran simplemente derrocar al tiránico Directorio Cívico Militar para proseguir, por otros medios más sutiles, la secular explotación del pueblo salvadoreño. 1. José MANCISIDOR, Historia de la Revolución Mexicana. Libro Mex. Editores. 67 pp. México. D. F. Segunda Edición. 2. ROSENDO SALAZAR. Del militarismo al civilismo en nuestra revolución. Libro Mex. Editores. 411 pp. México, D. F., 1958. 3. GREGORIO SELSER, Sandino. general de hombres libres. Edit. Triángulo, 400 pp. Buenos Aires, Argentina, 1959. Tomo II. 4. GUSTAVO ALEMÁN BOLAÑOS, ‘Sandino! Estudio completo del héroe de Las Segovias. Ediciones simultáneas en México y Buenos Aires, 80 pp., 1932. 5. El profesor mexicano Jorge Fernández Anaya es una de las personas que nos ha hecho conocer datos valiosos sobre los acontecimientos de 1932; y en especial sobre Agustín Farabundo Martí. Fernández Anaya era, desde fines de 1927, el Secretario General de la Juventud Comunista en México, donde funcionaba el Buró del Caribe de la Internacional Juvenil Comunista, siendo designado poco tiempo después para viajar a Centroamérica y ampliar las relaciones entabladas entre jóvenes mexicanos y centroamericanos, todos los cuales habían iniciado con anterioridad un intercambio de cartas a raíz de la remisión del Periódico Estrella Roja. Cumpliendo su misión, al final de 1929, Fernández Anaya, está en Guatemala, luego pasará a El Salvador de donde sólo saldrá definitivamente -desahuciado por la fiebre malaria- en 1931. 6. Pedro DE ALBA, “La educación vitalista de Alberto Masferrer”, Cuadernos Americanos, pp. 233-260. Núm. 2. México, D. F., 1945. 7. ALBERTO MASFERRER, Páginas escogidas, Editorial de Bellas Artes. pp. San Salvador. El Salvador, C. A. 8. WILLIAM KREHM. Democracia y tiranías en el Caribe, Edit. Parnaso, 342 pp. Buenos Aires, Argentina, 1957, 9. “El Salvador en 1960”, Cuadernos Americanos. Núm. 6, México, D.F.). 1960 10. “El Salvador. Densidad y Café’’, Panorama Económico Latinoamericano Vol. 3 No. 31, La Habana, Cuba, 1961 11. Política, “Quince días de América y del mundo”, Vol. II Núm. 33, México D.F, 1961 |
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
domingo, 10 de octubre de 2010
EL SALVADOR: TRES DÉCADAS DE LUCHA
sábado, 9 de octubre de 2010
El Super
El Super 1978 (sub English)Sinopsis:
Un cubano exilado, trabajando como encargado de un edificio de apartamentos en New York sueña con regresar a su tierra natal o al menos, a Miami, donde no cae nieve.
Reparto: Raymundo Hidalgo-Gato, Zully Montero (II), Reynaldo Medina, Efrain Lopez-Nerif, Ana Margarita Martinez-Casado
Director: Leon Ichaso, Orlando Jimenez-Leal, Orlando Jiminez-Leal
Productor: Manuel Arce, Leon Ichaso
viernes, 8 de octubre de 2010
Noticias censuradas: Reactivación del terrorismo de Miami (Parte 2) - Reapareció en Estados Unidos la secta terrorista “La Rosa Blanca”

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)
Este
“grupo de los cuatro” promueve en la Cámara de Representantes y en el
Senado la agresión militar y económica contra Cuba, apoya las
actividades terroristas de Posada y sus boys -incluidos centenares de
intentos de asesinar a Fidel Castro y últimamente, a Hugo Chávez, el
presidente de Venezuela- y acciones pretendidamente “humanitarias” como
el secuestro del niño Elián González. Los legisladores estimulan las
huelgas de hambre como método de lucha de mercenarios-delincuentes
presos en Cuba -tras haber sido corrompidos por el dinero y el título de
“periodista” que otorga la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La
Habana- y abastecen logística y financieramente a las llamadas Damas de
Blanco y a cuanto “disidente” aparezca en las calles de La Habana y
ahora también de Caracas.
Internacionalismo de derecha
Las
inquietudes internacionalistas de los cuatro congresistas no sólo
encajan con actividades desestabilizadoras y abiertamente terroristas,
sino además promueven activamente una internacional de extrema derecha.
La republicana Ileana Ros Lehtinen y otros tres legisladores
conservadores -Connie Mack (Florida), Brian P. Bilbray (California) y
Dana Rohrabacher (California)- se gastaron casi 25 mil dólares de los
contribuyentes estadounidenses en viajes separados a Honduras para
apoyar al régimen golpista de Roberto Micheletti. El 5 de octubre de
2009, después que la dictadura “cívico-militar” clausurara o pusiera
bajo censura a los medios opositores, la congresista partió a Honduras a
darle su espaldarazo al régimen de facto usando su alto rango en el
Comité de Asuntos Exteriores del Congreso para financiar un viaje que
costó 9.562,68 dólares de los fondos públicos.
La
visita se produjo en los días en que Micheletti sufrió el significativo
golpe del regreso del presidente Manuel Zelaya, a fines de septiembre,
quien consiguió retornar al país para quedar atrapado varios meses en la
Embajada de Brasil en Tegucigalpa. Durante su visita, Ros Lehtinen
“denunció” la decisión del gobierno de Estados Unidos de retirar la
ayuda financiera y las visas estadounidenses al gobierno golpista. Y
tras permanecer todo el tiempo de su visita sumergida en la burbuja
oligárquico-militar-golpista twitteó desde Tegucigalpa que el pueblo
hondureño “¡no lo quiere de vuelta [a Zelaya]!”
Como
estos viajes de los legisladores a Honduras costaron al erario un total
de 24.720,88 dólares, el twitteo de Ros Lehtinen salió bastante caro:
consumió el 39% de ese gasto del Congreso cargado a los contribuyentes
de Estados Unidos. La cantidad puede parecer una gota en el
multimillonario presupuesto del gobierno federal, pero en la crisis
actual equivale al salario anual de un trabajador estadounidense. En
otras palabras, Ros Lehtinen y sus compinches de extrema derecha
dilapidaron fondos públicos para apoyar a un régimen que continúa
censurando a los medios opositores, criminaliza a los disidentes y
comete toda clase de violaciones a los derechos humanos. (1)
Prontuario de una congresista
Ileana
Ros se ganó el calificativo de "loba feroz" por su oposición a que el
gobierno de Clinton devolviera a Cuba en 2000 al secuestrado niño Elián
González y en su campaña política de 1988 hizo más que nadie por la
liberación del pedíatra-terrorista Orlando Bosch, íntimo amigo de su
padre Enrique Ros y coautor intelectual -con Posada- del atentado contra
la aeronave cubana que explotó el 6 de octubre de 1976 con 73 personas
que murieron a bordo, incluido un equipo de esgrima juvenil-infantil.
En
otro empeño de la congresista Ros en favor de la mafia, en 2008 abogó
por el indulto de Bush hijo al terrorista Eduardo Arocena, autor
intelectual del asesinato del diplomático cubano en la ONU Félix García
Rodríguez, muerto a balazos en un semáforo de Queens, Nueva York, el 11
de septiembre de 1980, por Pedro Crispín Remón, de origen cubano,
sicario profesional de la banda Omega 7 y autor de otros asesinatos.
Arocena, a quien el FBI calificó como al “[cubano-americano] más
peligroso en Estados Unidos”, también ordenó la colocación de bombas en
servicios públicos estadounidenses. Recientemente, Ros lideró la
recaudación de fondos para pagar abogados de Posada.
"Las
metas de la FNCA son las mías", dijo la congresista en 1989, después
que el poder económico y político de esa organización la postulara y le
consiguiera el escaño del Congreso. "Apruebo la posibilidad de ver a
alguien asesinar a Fidel Castro", le dijo “claro y raspao” la Ros a un
documentalista británico de la BBC en marzo 2006, sentada tranquilamente
en su oficina de Washington.
Durante la
administración Bush padre, en 1991 la congresista Ros obtuvo de la
Fuerza Aérea de Estados Unidos 3 aviones 0-2, versión militar del Cessna
para labores de exploración, entregados al grupo Hermanos al Rescate,
que dirige José Basulto, ex mercenario de Playa Girón, conocido
terrorista y agente de la CIA. Cuando el grupo inició sus operaciones
aéreas, en las fotos de prensa del 19 de julio de 1992 se veían
claramente en los aviones las insignias de la USAF (Fuerza Aérea de
Estados Unidos), en un reportaje en vuelo del editor del diario Miami
Herald.
La rosa blanca de Díaz-Balart
Lincoln
Díaz-Balart, cuyo período concluye con esta legislatura a renovarse en
diciembre, resucitó en mayo 2010 el grupo terrorista "La Rosa Blanca" y
se proclamó “presidente” de la secta fundada en Miami por su progenitor a
los pocos días del triunfo revolucionario de 1959. Para el diario
cubano Granma, al abandonar el Congreso tiene “el propósito de erigirse
en capo principal de la mafia de Miami”.
"La
Rosa Blanca" fue la primera entidad contrarrevolucionaria fundada en
Estados Unidos por esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista que
huyeron de Cuba para no afrontar sus crímenes y abusos. “La Rosa…” se
subordinó tan temprano como en 1959 a la Agencia Central de Inteligencia
(CIA), dirigida entonces por Allen Dulles. Con la ayuda de la CIA y del
dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo organizaron el
levantamiento paramilitar de los bandidos de las montañas del Escambray,
de triste recuerdo por haber quemado escuelas, viviendas campesinas,
campos de caña e industrias textileras, dejando numerosos muertos,
heridos, mutilados y considerables daños económicos.
La
pregunta de Granma es ¿por qué y para qué un congresista de Estados
Unidos se propone reactivar una organización de índole abiertamente
terrorista en pleno siglo 21? Para el diario cubano, “la actual patraña
de Díaz Balart no oculta la intención de recibir y canalizar parte de
los fondos millonarios destinados por el gobierno de Estados Unidos a la
subversión, botín del que todos quieren apoderarse, y al que no
renuncian otros connotados terroristas como Roberto Martín Pérez y sus
condiscípulos descendientes de torturadores de la dictadura de Batista.
que también participaron en la refundación de "La Rosa Blanca".
Trenza congresional terrorista
Incitados
por Ileana Ros, los Díaz-Balart y organizaciones de Miami, Hermanos al
Rescate inició vuelos provocadores sobre territorio cubano para
boicotear el proceso de conversaciones abierto entre Cuba y Estados
Unidos tras los acuerdos migratorios de septiembre de 1994 y mayo de
1995. Esforzándose por provocar un incidente, violaron 25 veces el
espacio aéreo en 20 meses para lanzar objetos sobre La Habana, hasta
conseguir el derribo de las avionetas el 24 de febrero de 1996. La
provocación enrareció las relaciones Cuba-Estados Unidos y estimuló la
Ley Helms-Burton, que fortaleció el bloqueo económico, comercial y
financiero norteamericano.
La captura en
Venezuela y traslado a Cuba del terrorista salvadoreño Francisco Antonio
Chávez Abarca creó preocupación entre congresistas y funcionarios cuya
carrera política creció a la sombra de Posada, la CIA y la FNCA. Entre
los más inquietos aparecen el senador por New Jersey Bob Menéndez y el
congresista por Nueva York Albio Sires. Menéndez tuvo como "asesor" a
Alfredo Chumaceiro Anillo, que el 24 de julio de 1976 intentó volar el
teatro Lincoln Center, durante la actuación de un conjunto de artistas
cubanos.
Menéndez fue yerno del fallecido
director de la FNCA Arnaldo Monzón Plasencia, contribuyente de sus
campañas que aportó 25 mil dólares para los actos terroristas de 1997 en
Cuba. También tuvo como ayudante personal a José Manuel Álvarez, alias
El Oso, gestor en la preparación del asesinato del diplomático García
Rodríguez, crimen perpetrado por Omega 7 bajo el mando de Arocena, que
como muchos otros permanece aún impune, escribió Granma. Otro eslabón es
el abogado Guillermo Hernández, activo asesor de Menéndez que ahora
asiste a Posada para evitar su extradición a Venezuela por la voladura
del avión.
El congresista Sires tiene en su
equipo de asesores cercanos a Ángel Manuel Alfonso Alemán, alias La
Cota, integrante del comando terrorista detenido en Puerto Rico en 1997,
a bordo de una embarcación de la FNCA que se dirigía a Isla Margarita,
Venezuela, con el propósito de asesinar a Fidel Castro con fusiles
calibre 50, durante la VII Cumbre de Jefes de Estado Iberoamericanos.
Alemán es otro enlace principal con Posada y la mafia de Miami.
Y los Cinco ¿qué?
Entre
tanto, la FNCA vende una imagen aparentemente moderada, mientras
financia y abastece las provocaciones de las "Damas de Blanco" y trata
de inducir el descontento interno, pagando con dinero propio y plata de
fondos públicos estadounidenses. Cuba tiene razones de sobra para
defenderse y proseguir su lucha contra el terrorismo, la justicia y la
libertad de los Cinco combatientes presos desde hace 12 años en Estados
Unidos, castigados precisamente por infiltrar a estos grupos de Miami.
El
grueso de la información recogida incluso fue compartido por Cuba con
Estados Unidos, pero en vez de perseguir a los verdaderos terroristas,
Washington sometió a prisión a los verdaderos héroes Antonio Guerrero
Rodríguez, Fernando González Llort, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón
Labañino Salazar y René Gonzalez Sehwerert. Entretanto, en la isla han
sepultado a 3.478 muertos y quedaron 2.099 incapacitados físicos a causa
del terrorismo de Estado norteamericano y la continuidad impune de
quienes planean, inspiran y ejecutan el terrorismo. (Continuará).
Ver también:
El Premio Nobel se vuelve “disidente”
Alfred Nobel
Según quienes otorgan el premio, Liu Xiaobo se hizo merecedor del mismo “por su larga y no violenta lucha por los derechos fundamentales” en su país.
El curriculum vitae de Liu Xiaobo, por cierto, no se diferencia para nada del tipo de “disidente” que Estados Unidos lleva décadas diseñando para usar, con mayor o menor éxito, como quintas columnas en aquellos países que no resultan de su agrado por el simple hecho de disentir de su hegemonía.
En el caso de Liu Xiaobo las coincidencias son significativas. Presidente del PEN club de escritores independiente de China, categoría esta que lo dignifica como intelectual -recuérdese a los “periodistas” al servicio de EEUU liberados en Cuba recientemente- Xiaobo, fue condenado en su país por suscribir la llamada Carta O8, inspirada en la Carta de los 77, redactada por los artistas y escritores checos en 1968.
El otro disidente premiado ha sido el escritor peruano, nacionalizado español, Mario Vargas Llosa, uno de los grandes autores de la literatura latinoamericana quien, desde mi punto de vista, debió recibir el galardón muchos años antes, cuando el autor de Confesión en la Catedral era mucho más escritor que político.
De ese modo, se habría evitado que el propio Vargas Llosa dijera, al ser entrevistado por la prensa tras recibir la noticia, que “esperaba que el premio no se le haya otorgado por sus posiciones políticas”.
Exactamente lo mismo pienso yo, porque el Nobel, en ese caso, en vez de hacerle justicia como literato a uno de los grandes del boom latinoamericano, sería un espaldarazo a uno de los ideólogos más reaccionarios de la época.
Aunque el apostata de la izquierda Vargas Llosa se declara ahora un “liberal laico defensor de la democracia y crítico contumaz de las dictaduras” -las de Cuba y Venezuela en primer lugar, por supuesto-, su imparcialidad con lo más reaccionario de la derecha internacional es tan incuestionable como sus silencios sobre la injusta guerra desencadenada por Estados Unidos contra Iraq o las torturas en el Campo de Concentración de Guantánamo.
De hecho, para sembrar más la incertidumbre de cuáles son los motivos por lo que se premió al peruano, las agencias de prensa se debaten entre celebrar sus dotes literarias o levantar en sus primeras planas las declaraciones que el escritor hiciera, en la conferencia ofrecida a propósito de ganar el Premio, sobre “el retroceso que significan para América Latina la falta de democracia en Cuba y Venezuela”.
Los ambivalentes enfoques de los titulares sin dudas dan qué pensar. ¿Será este un premio para reconocer al autor de La Casa Verde o un Nobel para atacar a Cuba y Venezuela?
Ya se sabe que la firma de Vargas Llosa no falta nunca en las cartas de condena a Cuba que, más o menos cada seis meses, organiza el Partido Proyanqui español (PP). ¿Con una obra tan incuestionable detrás, será necesario tan fútil e inútil motivo para investir de Nobel a ese “disidente” vocero del imperio?
Asegurarlo probablemente sea otra futilidad. Lo que sí esta claro es que, con tales elegidos, el poco prestigio que le quedaba al Nóbel se diluye cada vez más en el desconcierto.
Ojalá solo se trate de uno de esos bandazos ideológicos que el otrora prestigioso galardón ha dado a lo largo de su historia y no una nueva regla.
¿Se imaginan qué pasaría si en octubre del 2011 nos enteráramos que resultó elegido, como nuevo premio Nobel de Literatura, el terrorista Carlos Alberto Montaner?
Fuente: Cuba Debate
jueves, 7 de octubre de 2010
Volver a nacer CHE
Solo a hombres excepcionales les es dado el raro privilegio de volver a nacer y, como la mitológica Ave Fénix, erguirse de entre sus propias cenizas
TOVARIK
Ernesto
Guevara de la Serna es uno de esos seres privilegiados. Vino al mundo
el 14 de junio de 1928 en la localidad argentina de El Rosario,
provincia de Santa Fe.
Este verano se conmemoró el aniversario 75
del suceso. Estudió medicina con la ilusión de aliviar el dolor de los
menesterosos. Pero su andar infatigable llenó sus ojos y rebosó el
pensamiento con verdades trascendentes: No bastaba una conducta aislada.
Para curar los grandes males de la sociedad era obligado sembrar
conciencias, ahorrar quejas, multiplicar acciones. Transitó durante 39 años por diversos parajes, proyectando energía, expresada en la voluntad de esgrimir ideas y empuñar fusiles para combatir junto a los pobres.
A Cuba llegó vistiendo uniforme guerrillero en la tropa heroica del yate Granma, comandado por Fidel Castro, y entre cubanos cabalgó montañas. Junto a Camilo Cienfuegos, otro de la misma estirpe, invadió el occidente y en la clarinada del 59 comprobó la validez de la tesis de José Martí: para ganar la paz era menester volver a hacer la guerra necesaria.
Seis años más llenaron su inquieto andar cubano entre trajines gubernamentales y proyectos guerrilleros. En ellos dejó constancia de una brillante inteligencia y carácter intransigente, en extremo austero, primero que todo consigo mismo.
Todo el país vibró cuando el tres de octubre de 1965 el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el acto de constitución del primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba, dio lectura a su carta de despedida.
"... Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.
"...Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura."
Che se marchaba de Cuba. Contaba 37 años de edad. Llevaba consigo la vocación de Bolívar y un puñado de hermanos guiados por la estrella martiana. Surgía una nueva etapa en la vida del Guerrillero convertido así, en el más famoso de la historia.
Tras dos años de incertidumbre, en que la presencia beligerante de Che y su Guerrilla en tierras sudamericanas fue una pesadilla para los oligarcas, llegó la noticia de su muerte.
En la última página de su diario de campaña se lee: "...Salimos los 17 con una luna muy pequeña". Era la madrugada del siete de octubre de 1967. Al otro día, en la Quebrada del Yuro, herido y con el fusil inutilizado, fue capturado y obligado a subir por la pendiente escabrosa, de unos dos kilómetros, hasta La Higuera.
El nueve de octubre fue asesinado. Contaba 39 años de edad. A partir de entonces a ese apelativo se añadiría el de un símbolo trascendente: El Guerrillero Heroico.
Cuando sus restos fueron hallados 30 años después, en la localidad boliviana de Valle Grande, la imagen inmortal ya multiplicada desde hacía décadas recorría el mundo, lideraba mítines obreros y campesinos, encabezaba marchas triunfales, inspiraba acciones redentoras en todas las latitudes.
Y también entre rejas, alimentando la esperanza y la lucha de los que guardan prisión injustamente, su vida es fuente de inspiración y resistencia.
Ejemplo fehaciente del poder que ejercen los que han tenido ese raro privilegio de volver a nacer está presente en los Cinco Héroes cubanos prisioneros en cárceles norteamericanas: Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González.
Desde las celdas iluminadas con la luz de la verdad, ellos unen sus voces a las del pueblo y junto a los hombres honestos que luchan por la paz y la justicia social en cualquier rincón del mundo, rinden su mejor homenaje a Che, expresándole:
¡Hasta la victoria siempre, Comandante!
tovarik militante del PCPE
Militares latinoamericanos: Buenos alumnos
Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)
En Estados Unidos no hay golpes de Estado… porque no hay embajada norteamericana.
Los
militares latinoamericanos, desde que existen los Estados nacionales
por esta parte del mundo –no más de dos siglos– se han dedicado a su
profesión, la guerra, claro está; pero en muy buena medida a un tipo de
guerra bastante peculiar: las guerras civiles. En el transcurso del
siglo XX hubo pocas guerras interestatales en la región; la función de
las fuerzas armadas se vio dirigida básicamente a la represión interna.
Como
parte de la Guerra Fría (la tercera guerra mundial, como se la llamó),
prácticamente todos los países del área latinoamericana vivieron guerras
internas insurgentes y contrainsurgentes. Con distintas modalidades
–urbanas, campesinas, con mayor o menor involucramiento de la población
civil– en todo el subcontinente, entre las décadas de los 60 y los 80,
tuvieron lugar feroces procesos de militarización. A la proclama
revolucionaria siguieron invariablemente atroces respuestas represivas.
La
respuesta contrarrevolucionaria la dieron los Estados nacionales a
través de sus cuerpos armados, ejércitos fundamentalmente. Esto pone en
evidencia dos cosas: por un lado ratifica qué son en verdad las
maquinarias estatales (“violencia de clase organizada”, según la clásica
definición leninista de 1917), a favor de qué proyecto se establecen y
perpetúan (obviamente no es con el campo popular). Y por otro lado,
desnuda la estructura de los poderes: los ejércitos reprimieron el
proyecto revolucionario, pero ellos cumplieron su mandato; el real poder
que usó la fuerza para seguir manteniendo sus privilegios no aparece en
escena. Los militares –buenos alumnos– pusieron en práctica aquello que
se les enseñó.
Hoy día, terminada la Guerra
Fría y el “peligro comunista”, dado que las sociedades fueron hondamente
desmovilizadas como producto de la brutal represión ejercida, los
cuerpos de seguridad retornaron a sus cuarteles. Incluso en los últimos
años del siglo pasado y principios del actual, habiéndose tornados ya
innecesarios los ejércitos para el mantenimiento de la “paz” interior
–porque el trabajo de sofocamiento de la protesta estaba ya cumplido,
claro– se iniciaron tibios procesos de revisión de las guerras internas,
de sus excesos y abusos. Pero que, por supuesto, no pasaron de tibios.
Los famosos Juicios de Nüremberg en la derrotada Alemania de post guerra
fueron posibles porque los juzgadores ganaron incuestionablemente el
conflicto; aquí las cosas no fueron así. ¿Quién ganó las guerras sucias
de Latinoamérica? Los militares, buenos alumnos de los manuales
estadounidenses, condujeron esas guerras; los verdaderos ganadores
siguieron siempre con sus negocios, sin ensuciarse, sin mancharse las
manos.
Pasadas las dictaduras militares, con
distintas modalidades los países que sufrieron esos monstruosos
conflictos armados internos iniciaron alguna suerte de ajuste de cuentas
con su historia. Más allá de los resultados de esos procesos, desde el
enjuiciamiento y condena a los comandantes argentinos (luego indultados)
hasta la total impunidad y el retorno al poder por vía democrática en,
por ejemplo, Bolivia o Guatemala, el común denominador ha sido y sigue
siendo que los ejércitos contrainsurgentes cargan con todo el peso
político y la reprobación social respecto a las guerras sucias
transcurridas. De los verdaderos beneficiados se habla poco, o no se
habla.
Sin ninguna duda, esas guerras
fratricidas fueron sucias, de más está decirlo. La tortura, la
desaparición forzada de personas, la violación sistemática de mujeres,
el arrasamiento de poblaciones rurales enteras, constituyeron parte de
las estrategias de guerra seguidas por todos los cuerpos militares. Hoy
día, cuando pensamos en el fracaso de los proyectos revolucionarios de
Latinoamérica de décadas pasadas, tenemos inmediatamente la imagen del
verde olivo y las botas militares. Y un uniformado no es, precisamente,
el primer amigo del ciudadano de a pie. Pero no para otra cosa que no
fuera esa represión interna estuvieron preparados los ejércitos de la
región. Su ejes fundamentales, bases de las guerras sucias, expresan
claramente lo que se consideraba más necesario y efectivo para la
“defensa de la patria”: 1) la clandestinidad/ilegalidad, que desdeña e
ignora la ley y se oculta en la oscuridad y la impunidad bajo el amparo
de los organismos de seguridad del Estado; 2) la construcción de un
“enemigo interno”, a partir de una moralidad estrecha que señala,
denuncia y sanciona en un solo acto al opositor como fuente de todos los
males, criminalizándolo y abriendo la posibilidad de su exterminio; y
3) la presión psicológica: que pretende “ganar los corazones y las
mentes” de aquellos a quienes está violentando.
La
doctrina militar de todos los ejércitos latinoamericanos no se
elaboraba –ni se elabora hoy– en Latinoamérica: para eso estaba la
Escuela de las Américas en Panamá, por años sede del Comando Sur de las
fuerzas estadounidenses impartiendo sus clases. Los cuerpos castrenses
del área –una vez más: buenos alumnos– han funcionado lisa y llanamente
como ejércitos de ocupación; sus hipótesis de conflicto no eran las
guerras contra otras potencias regionales sino el enemigo interno. Su
estrategia, en definitiva, tenía como objetivo mantener aterrorizadas a
las propias poblaciones. Esos soldados, preparados por Washington en su
lógica de contención del avance comunista, adiestrados en las más
despiadadas metodologías de guerra sucia, y bendecidos por los grupos de
poder locales (¡ese es el punto clave!), en las pasadas intervenciones
que tuvieron no hicieron sino cumplir con el papel para el que fueron
educados. En otros términos: fueron excelentes estudiantes. En su
preparación iba implícita una cuota de desconfianza perpetua en la
democracia como forma de gobierno; su perspectiva es hacer de la
sociedad civil un gran cuartel. Las dictaduras que barrieron el
continente el siglo pasado no fueron sino eso, permitiendo a los grupos
de poder (locales y con sede en Estados Unidos) hacer sus negocios sin
interferencias. A ellos, en definitiva, no les afecta en nada si la
sociedad civil es una base militar o no; al contrario, la militarización
les da mayor tranquilidad.
Hoy día,
reiteramos, esos buenos alumnos no han desaparecido, y la lección
aprendida sigue en pie. Con un escenario distinto al de la Guerra Fría,
el paisaje político-social de la región no se ha alterado en lo
sustancial: las oligarquías vernáculas siguen haciendo sus negocios
–agroexportación en buena medida– y Washington continúa siendo la gran
potencia que mueve los hilos (haciendo los negocios más grandes). Las
“democracias vigiladas” siguen (relativamente) de moda. Pero cuando ya
no sirven para contener los reclamos populares, ahí aparecen nuevamente
las fuerzas armadas, reinstalando el orden que se podría romper. Su
convivencia con las democracias representativas es siempre precaria,
inestable. Están apegadas al poder civil formal… mientras las cosas no
se salgan de cauce. Si eso sucede, los buenos alumnos vuelven a actuar.
Lo cual muestra que el poder real no está ni en las fuerzas armadas ni
en las estructuras democráticas formales. Es decir: el poder duro siguen
siendo los de siempre. Y los buenos alumnos cumplen con su tarea de
defenderlo.
Si en relación a las guerras
sucias de algunos años atrás debemos revisar el pasado y el papel de los
represores, ello es importantísimo, sin dudas. Es más: es
imprescindible: “los pueblos que olvidan su pasado están condenados a
repetirlo”, se ha dicho con razón. El futuro se construye mirando el
pasado; la basura no puede esconderse debajo de la alfombra porque
inexorablemente, siempre, lo que se buscó esconder retorna. Pero revisar
el pasado no debe ser sólo el juicio y castigo a los responsables
directos de los crímenes infames que enlutaron las sociedades
latinoamericanas las pasadas décadas, no debe ser sólo el castigo a los
alumnos que hicieron su tarea. Las fuerzas armadas cumplieron sus
funciones, como sus mismos comandantes se cansaron de repetir en
cualquiera de los países donde condujeron las guerras internas, y no
tuvieron nada de qué arrepentirse. Por supuesto que lo condenable es la
extralimitación en que, como Estado, incurrieron estas fuerzas. El
Estado no puede reprimir a su población, pero lo sucedido demuestra
patéticamente de qué Estado hablamos. Es quimérico pensar que este
aparato de Estado es de todos; las dictaduras militares lo demostraron.
Cuando el andamiaje real del poder de las clases dominantes es tocado,
ahí se desnuda el carácter del Estado, de las democracias
parlamentarias. Y lo mismo sucedería en la “cuna de la democracia”, los
Estados Unidos, si la protesta popular se saliera de cauce.
Si
se pide juicio y castigo a los responsables de los cientos de miles de
muertos, desaparecidos, torturados y exiliados de los países
latinoamericanos de nuestra historia reciente, si pedimos justicia para
no olvidar la historia negra que se vivió, no debemos olvidar nunca que
el enemigo no es el guardaespaldas del amo: sigue siendo el amo. Es
decir: podemos pedirle que filosofe a un soldado espartano… pero él no
está preparado para eso. Los buenos alumnos repiten la lección que
estudiaron.
Las fuerzas armadas
latinoamericanas siguen siendo el reaseguro de los poderes reales, de
las oligarquías nacionales, de los capitales transnacionales invertidos
en estas latitudes. En estos últimos años se les enseñó a respetar
(formalmente) a los poderes civiles, es decir: a las administraciones
políticas de turno –que, por supuesto, no son el poder real–. Y de
buenos alumnos que son, en estas últimas dos décadas no ha habido golpes
de Estado dirigidos por militares sublevados. Pero en todos los países
de la región (salvo claramente Cuba, donde las cosas sí son distintas),
las fuerzas armadas ahí siguen estando, siempre listas para “defender a
la patria”; ahora, ya no de los ataques del “comunismo internacional”
sino de otros nuevos peligros (así considerados, al menos, en las
actuales hipótesis de conflicto: populismos radicales, narcotráfico,
terrorismo internacional, movimientos sociales desbocados).
En
estos últimos años vimos varios casos donde las fuerzas armadas vuelven
a tener un protagonismo político importante, pero siempre con un perfil
bajo que no desembocó en abiertos golpes castrenses a la
institucionalidad democrática con la instauración final de un presidente
militar de facto. De hecho, el papel de los cuerpos militares fue
diverso en los distintos casos: fueron parte activa y principal en las
crisis políticas en Haití (quitando al presidente Jean-Bertrand
Aristide, en 2004) y en Honduras (derrocando al presidente Manuel
Zelaya, en 2009), sacándolos físicamente de la escena incluso con la
apariencia de crisis palaciegas. Tuvieron papeles más ambiguos en las
situaciones de Bolivia en el 2008, o en el golpe contra el presidente
venezolano Hugo Chávez en el 2002, o en la reciente asonada en Ecuador
cuando la movilización policial contra el presidente Rafael Correa,
jugando en estos casos el papel de espectadores/defensores de la
legalidad y el apego a las constituciones.
En
todo caso, como cuerpos con incidencia política, pueden llegar a ser
defensores del orden democrático-parlamentario formal existente sin
participar en forma abierta en golpes de Estado (como lo acaban de ser
en Ecuador, o como lo fueron en Venezuela en el 2002, donde no se
atrevieron a acometer contra los pueblos movilizados), pero hasta ahí
llegan. Defensores de las causas populares, definitivamente no. Jamás se
los prepara para eso, y de buenos alumnos que son, cumplen bien lo
aprendido.
Si por allí encontramos militares
que se salen de cauce y toman caminos más nacionalistas y
antiimperialistas (con numerosos ejemplos en la historia latinoamericana
del siglo XX, como Juan Domingo Perón en Argentina, Getulio Vargas en
Brasil, Omar Torrijos en Panamá, Juan Velasco Alvarado en Perú, o el
actual Hugo Chávez en Venezuela), o abiertamente contestatarios,
llegando al caso de algunos que abrazan un camino socialista, llegando
en algunos casos a formar movimientos armados marxistas (lo sucedido,
por ejemplo, con algunos militares guatemaltecos como Marco Antonio Yon
Sosa o Luis Turcios Lima, por ejemplo), esos, definitivamente, no son
buenos alumnos. Al contrario: saldrían reprobados.
Todo
esto, entre otras cosas, nos debe dejar la convicción que mientras las
armas sigan apuntando hacia los trabajadores, hacia los pobres y
excluidos –como continúa pasando ahora– es muy difícil cuando no
imposible cambiar algo de verdad en las estructuras de nuestras
sociedades. Los militares, sin dudas, son los mejores alumnos que
aprendieron la lección sobre cómo mantener “la casa en orden” (¿para qué
otra cosa están si no en nuestros países?). Si ahora los crueles y
sangrientos golpes de Estado de décadas pasadas no están a la orden del
día, es porque en la geoestrategia global de Washington eso se reemplazó
por los llamados “golpes suaves” (lo de Honduras del año pasado, por
ejemplo, o el intento recién sucedido en Ecuador), donde incluso se da
el golpe “en defensa de la democracia”.
Dossier
Conducido por el periodista y corresponsal de guerra Walter Martinez, Dossier nos ofrece la información con una óptica propia, los sucesos internacionales y noticias de resonancia mundial en su pleno desarrollo e impacto social.
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Saludos y bienvenida:
Trovas del Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO
Razones de Cuba Desde La Habana, donde hemos visto caer imperios a lo largo de 500 años, la situación de Estados Unidos en junio de 20...
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