Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

miércoles, 13 de marzo de 2013

Un Cardenal con un pasado oscuro en la sangrienta dictadura argentina es el nuevo Papa

Cardenal Bergoglio, ahora líder espiritual de los cristianos.

insurgente.org

Cuando la vida de Juan Pablo II se apagaba, se intensificaban las especulaciones sobre los candidatos a sucederlo y el nombre de Bergoglio figuraba en casi todos los pronósticos de los periodistas especializados.

En esos días, volvía a agitarse una denuncia periodística publicada unos pocos años atrás, en Buenos Aires, sobre una supuesta actuación muy comprometedora del cardenal durante la última dictadura. Más aún: se asegura que, en las vísperas del cónclave, que debía elegir al sucesor del Papa polaco, una copia de un artículo –de una serie del mismo autor– con la acusación fue enviada a las direcciones de correo electrónico de los cardenales electores, con el propósito de perjudicar las chances que se le otorgaban al purpurado argentino.

En la denuncia se le atribuía al cardenal una cuota de responsabilidad por el secuestro de dos sacerdotes jesuitas, que se desempeñaban en una villa de emergencia del barrio porteño de Flores, efectuado por miembros de la Marina en mayo de 1976, dos meses después del golpe.

De acuerdo con esa versión, Bergoglio –quien, por entonces, era el provincial de la Compañía de Jesús en la Argentina– les pidió a los padres Orlando Yorio y Francisco Jalics que abandonaran su trabajo pastoral en la barriada y, como ellos se negaron, les comunicó a los militares que los religiosos ya no contaban con el amparo de la Iglesia, dejándoles así el camino expedito para que los secuestraran, con el consiguiente peligro que eso implicaba para sus vidas.

El cardenal nunca quiso salir a responder la acusación como, tampoco, jamás se refirió a otras imputaciones del mismo origen sobre supuestos lazos con miembros de la Junta Militar (ni, en general, nunca contó públicamente cuál fue su actitud durante la última dictadura).

Pero, frente a nuestro cometido, reconoció que el tema no podía omitirse y accedió a contar su versión sobre los hechos y la actitud que asumió en la noche negra que vivió la Argentina. “Si no hablé en su momento, fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar”, afirmó.

—Cardenal: usted deslizó antes que durante la dictadura, escondió gente que estaba siendo perseguida. ¿Cómo fue aquello? ¿A cuántos protegió?

—En el colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en San Miguel, en el Gran Buenos Aires, donde residía, escondí a unos cuantos. No recuerdo exactamente el número, pero fueron varios. Luego de la muerte de monseñor Enrique Angelelli (el obispo de La Rioja, que se caracterizó por su compromiso con los pobres), cobijé en el colegio Máximo a tres seminaristas de su diócesis que estudiaban teología. No estaban escondidos, pero sí cuidados, protegidos. Yendo a La Rioja para participar de un homenaje a Angelelli con motivo de cumplirse 30 años de su muerte, el obispo de Bariloche, Fernando Maletti, se encontró en el micro con uno de esos tres curas que está viviendo actualmente en Villa Eloísa, en la provincia de Santa Fe. Maletti no lo conocía, pero al ponerse a charlar, éste le contó que él y los otros dos sacerdotes veían en el colegio Máximo a personas que hacían “largos ejercicios espirituales de 20 días” y que, con el paso del tiempo, se dieron cuenta de que eso era una pantalla para esconder gente. Maletti después me lo contó, me dijo que no sabía toda esta historia y que habría que difundirla.

—Aparte de esconder gente, ¿hizo algunas otras cosas?

—Saqué del país, por Foz de Iguazú, a un joven que era bastante parecido a mí con mi cédula de identidad, vestido de sacerdote, con el clergiman y, de esa forma, pudo salvar su vida. Además, hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas. Llegué a ver dos veces al general (Jorge) Videla y al almirante (Emilio) Massera. En uno de mis intentos de conversar con Videla, me las arreglé para averiguar qué capellán militar le oficiaba la misa y lo convencí para que dijera que se había enfermado y me enviara a mí en su reemplazo. Recuerdo que oficié en la residencia del comandante en Jefe del Ejército ante toda la familia de Videla, un sábado a la tarde. Después, le pedí a Videla hablar con él, siempre en plan de averiguar el paradero de los curas detenidos. A lugares de detención no fui, salvo una vez que concurrí a una base aeronáutica, cercana a San Miguel, de la vecina localidad de José C. Paz, para averiguar sobre la suerte de un muchacho.

martes, 12 de marzo de 2013

La muerte de Hugo Chávez y su continuidad


Dagoberto Gutiérrez

Hugo Chávez llegó al gobierno de Venezuela en medio de la descomposición del régimen político, con el mayor descrédito de los partidos, el desprestigio total de los dirigentes de la derecha y el desenfrenado robo de la riqueza nacional y la entrega de la soberanía a los Estados Unidos. El levantamiento militar contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez fue el campanazo que anunció al pueblo que había un camino abierto para salir del abismo. Ciertamente hubo un fracaso, pero no hubo una derrota porque se trataba sencillamente de la apertura de un proceso, y éste estaba irremediablemente abierto.

En 1989, el pueblo se alzó contra el gobierno de Pérez, y este levantamiento llamado Caracazo, porque tuvo su epicentro en Caracas, demostró la madurez de las condiciones políticas, la capacidad de rebeldía del pueblo y su disposición a enfrentarse al poder burgués imperante. Entre 1989 en que ocurre el Caracazo y 1992, en que se da el levantamiento militar, jefeado por Chávez, transcurre un poco más de 3 años, pero ambos acontecimientos formaron parte de un solo proceso íntimamente eslabonado. En este caso, el pueblo y los militares unieron su acción y su pensamiento, su ánimo y su voluntad, su capacidad y su perseverancia, y es precisamente la unión entre el pueblo y los militares, uno de los componentes fundamentales del proceso político venezolano, y su raíz se encuentra en estos dos acontecimientos, inseparables y amarrados históricamente.

Hugo Chávez era un jefe militar pero se convierte en el jefe del levantamiento y éste levantamiento era hijo del Caracazo, por eso Chávez era también hijo de ese levantamiento popular. Aquí se encuentra el epicentro de los acontecimientos posteriores, y por eso la fuerza política de Chávez se convierte en un poder telúrico, porque nace de las entrañas de la indignación, de la frustración, del dolor y del llanto de la pobreza, y del olvido eterno que el poder burgués ha aplicado al pueblo de Venezuela. Hablamos de un país dueño de inmensas riquezas y de inmensa pobreza, y por eso mismo, la rebelión estaba escrita con la sangre del pueblo pobre.

La lucha de Chávez vinculó con maestría la confrontación con el juego político burgués, pero usando magistralmente las reglas de ese juego. Aquí encontramos el peso del orden en la cabeza de un militar, pero el uso de las reglas del juego buscaba cambiar el juego mismo, es decir, el orden y el sistema, y aquí encontramos el peso del sentido subversivo en la cabeza de un dirigente popular, que buscaba construir un nuevo orden a través del desorden, porque el mayor desorden se llamará siempre revolución, sobre todo cuando se basa en la mayor participación del pueblo, como ocurrió siempre en el proceso venezolano. Aquí está la síntesis entre un jefe militar y un jefe político popular.

La clave para entender el proceso está en la capacidad que desplegó Chávez para insertar el pensamiento, la filosofía, la teoría y la praxis de Simón Bolívar en la acción y el pensamiento del pueblo. Esto determinó el torrente de apoyo popular que le permitió ganar elección tras elección y derrotar electoralmente a la derecha.

Su llegada al gobierno era parte de la lucha por el Estado y esto estaba expresado en la lucha por el control de la riqueza petrolera, cuyo aparato se llama PDVSA. Es aquí donde se ubica el golpe de Estado contra Chávez, que puso a prueba, a los 4 años de su gobierno, su vinculación con las masas populares. Sabemos que pasó la prueba y que, en ese marco, la burguesía perdió el control del petróleo, es decir, del Estado, y así se abre el proceso de cambio de juego y cambio de reglas, de manera abierta y profunda.

La transformación del nuevo Estado consistió en recuperar la dignidad para un pueblo que nunca había recibido bienestar de la burguesía dominante. Se entrega tierra, salud, educación, se construye un poder del pueblo, se hace poco a poco, pueblo armado. En este momento aparece la construcción de un partido político que sintetice esta lucha y sea instrumento político del pueblo, y Venezuela deja de ser un país olvidado, un enano sentado en un filón de oro, y el mundo supo de la solidaridad y la humanidad de la revolución bolivariana, y ese petróleo que había sido patrimonio del imperio estadounidense es puesto al servicio de los pueblos latinoamericanos, generando el odio mortal de la burguesía venezolana, de la de todo el continente y del planeta y del imperio gringo. Esta es la mejor indicación de la profundidad de ese proceso político.

La muerte de Hugo Chávez es el momento de mayor fortaleza del proceso, y esta aparente contradicción es, sin embargo, una especie de corolario que explica la intensidad y profundidad del paso fulgurante de un hombre en la historia de un país y de un continente.

En ningún momento como este, la derecha venezolana ha aparecido tan reducida y encerrada en sus corrales, y el movimiento revolucionario dueño de la calle, del ánimo y de la voluntad del pueblo. Y en la próxima campaña electoral será de nuevo Hugo Chávez quien recorrerá su país, llamando al pueblo a defender la revolución, a consolidar los logros y a dar nuevas victorias.

El actual presidente, Nicolás Maduro, es la continuidad y profundización de ese proceso, y Chávez es quien asegura, desde el espectro victorioso de su vida, su lucha, su honradez y su pensamiento, que los caminos sigan abiertos para el encuentro cotidiano de la revolución y el pueblo venezolano.

En ningún momento como hoy, Chávez había estado tan vivo, tan despierto, tan presente en la pupila y el corazón de su pueblo, y por eso, todos aquellos que esperaban su muerte para celebrarla, saben que están frente a uno de los muertos que siguen luchando, que siguen hablando y siguen de pie.

El llanto, el dolor y el duelo por la muerte de Hugo Chávez es como un río que se nutre de esas lagrimas y cuyo torrente es indetenible e invencible. Por eso Hugo Chávez es pueblo hecho pensamiento y hecho acción.

San Salvador, 11 de marzo del 2013.

Dossier con Walter Martínez 110313


 Los sucesos internacionales y noticias de resonancia mundial en "pleno desarrollo" analizados por el periodista y corresponsal de guerra, Walter Martínez, a través de la señal del canal de todos los venezolanos, Venezolana de televisión.

“Dossier”, único en su estilo en la televisión venezolana, es una herramienta necesaria, que brinda información de actualidad, en un lenguaje directo y de fácil comprensión.



Discurso completo de Nicolás Maduro (Presidente ejecutivo Venezuela) en el funeral de Hugo Chávez


Texto completo de Nicolás Maduro

UN TEXTO FUNDAMENTAL: Discurso completo de Nicolás Maduro en el funeral de Hugo Chávez

 Resumen Latinoamericano

Maduro, manifestando todo su dolor por el compañero "caído en combate"


Nuestro Comandante tenía, desde adentro, el escudo más poderoso que puede tener un ser humano, que es su pureza, su verdad- Palabras de Nicolás Maduro, vicepresidente ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, en la Ceremonia Oficial en memoria del Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, 8 de marzo de 2013.

Querida Doña Elena;Queridos hijas, hijo, nietos, nietas, hermanos; maestro Hugo de los Reyes; familiares de nuestro Comandante Presidente, padre y guía, Hugo Rafael Chávez Frías;

Queridos y estimados y estimadas presidentes y presidentas, primeros ministros, primeras ministras, príncipe, de las cuatro latitudes de nuestro planeta que han venido a expresar, con su amor y su presencia, todo el apoyo y la solidaridad a nuestro glorioso pueblo de Venezuela, a nuestro Comandante Hugo Chávez (Aplausos). Les damos las gracias desde nuestro corazón por haber venido desde sus tierras a traernos este homenaje tan grande y a traernos con su abrazo y su palabra el aliento que necesitamos en esta hora dura y trágica de la historia de este siglo XXI.

Queridos líderes que se encuentran; movimientos sociales; dirigentes políticos y sociales del mundo entero que andan entre las calles con el pueblo (Aplausos); querido compañero Gustavo Dudamel, maestro Abreu, que han traído la música de nuestros niños y jóvenes para llenar de viento fresco el alma de este hombre puro que aquí tenemos (Señala) (Aplausos).
Compañeros, compañeras del gobierno bolivariano del Presidente Hugo Chávez; compañeros gobernadores, gobernadoras:
Aquí estamos, al frente de él, como nunca hubiéramos querido estar. Con el dolor más inmenso que pueda caber en nuestra humanidad, aquí estamos, Comandante.

Ayer una señora nos decía —y cuando nos lo decía sentimos la justa dimensión de lo que ha sucedido—, dándonos aliento: Tengan fuerza, porque él, su alma y su espíritu eran tan fuertes que ya su cuerpo no los aguantaba y se liberó, y ahora su alma y su espíritu andan por este universo expandiéndose, llenándonos de bendiciones, de amor; recogiendo todas las bendiciones de todas las religiones, de todos los pueblos, de todo el amor que pueda haber en ese universo para traérnoslo, y así sabemos que es, Comandante, y así lo sentimos (Aplausos prolongados).

En las oraciones dicen que es tiempo de perdón, y tú nos enseñaste al amor más infinito, que llegó hasta el perdón en las circunstancias más difíciles. No ha habido líder en la historia de nuestra patria más vilipendiado, más injuriado y más atacado vilmente que nuestro Comandante Presidente. Jamás en doscientos años se mintió tanto sobre un hombre, ni aquí ni en el mundo; ni a nuestro Bolívar, lo traicionaron ciertamente, pero no se atrevieron a vilipendiarlo, ni en su tiempo ni luego de su tiempo. Pero no pudieron ni la mentira ni el odio, porque aquí está nuestro Comandante. ¿Y por qué no pudieron? ¿Ustedes saben por qué no pudieron, queridos Jefes de Estado que han traído su amor más puro por este hombre, más allá de las ideologías y las fronteras políticas? Porque nuestro Comandante tenía, desde adentro, el escudo más poderoso que puede tener un ser humano, que es su pureza, su verdad. ¡Su escudo de pureza de amor de Cristo, de hijo verdadero de Cristo lo salvó de la injuria, de la infamia, y aquí está invicto, puro, transparente, único, verdadero, vivo para siempre, para todos los tiempos, para este y todos los tiempos futuros!

¡Comandante, no pudieron contigo! ¡No podrán con nosotros jamás! ¡Jamás podrán! (Aplausos prolongados y exclamaciones de: “¡Chávez vive, la lucha sigue!”)

Nosotros, en vida, le fuimos leales. Todos, todos, todos los grandes hombres de esta tierra venezolana… Y eso lo aprendimos porque él nos lo enseñó, nosotros no lo sabíamos; muchos de nosotros, casi desde niños, nos incorporamos a las filas revolucionarias y transitamos distintos caminos, unos en filas militares, como la generación de hijos militares; les pido que se paren (Se ponen de pie). ¡Aquí están tus hijos, Comandante! (Aplausos.) ¡Aquí está tu Fuerza Armada Bolivariana hecha pueblo, hecha espíritu, hecha carne, con sus fusiles, con su espada! (Aplausos.) ¡Un ejército de paz es nuestra Fuerza Armada, de libertadores y libertadoras! (Aplausos.) Y transitamos desde muy niños, 11, 12 años, algunos desde nuestros hogares, con nuestros padres, nuestras madres, pero jamás en el camino de la redención de nuestra patria, nunca, jamás, nosotros supimos de nuestra historia.

Si se quiere construir correctamente el legado que deja Hugo Chávez, lo primero que hay que reconocer es que nos hizo redescubrir la historia cierta de nuestra patria, levantó las banderas del Libertador Simón Bolívar, las encarnó; las encarnó y nos enseñó el amor y el perdón. Nos enseñó también a amar nuestra historia.

Por eso hoy decimos, desde nuestro corazón —les pido permiso a sus hijos y a su madre—: Comandante, aquí, usted invicto, nosotros en su nombre, con el amor de Cristo, perdonamos a los que lo injuriaron (Aplausos). Esté usted libre de todas las culpas que trataron de echar sobre usted (Aplausos).
En esa historia a todos nuestros líderes, empezando por el más grande de todos, Simón Bolívar: se le prohibió la entrada a las provincias unidas de Venezuela; al Gran Mariscal de Ayacucho se le amenazó de fusilamiento si tocaba tierra de las provincias ya separadas de Colombia la grande, Colombia la primera, Colombia la nuestra, que está latiendo con ganas de nacer, de refundarse otra vez.

Todos murieron expulsados de aquí por quienes nos mandaron y nos traicionaron. Unos traicionaron a Bolívar, y murió allá en la patria grande, en Santa Marta, allí, donde un día fue nuestro Comandante a sentarse con el presidente Juan Manuel Santos y estrechar sus manos y a decir: “Vamos a trabajar juntos, ¡juntos!”, y así fue, presidente Santos. Muchas gracias, muchas gracias (El presidente Santos se pone de pie y asiente) (Aplausos).

El Gran Mariscal de Ayacucho, su cadáver quedó tirado entre la tierra, y los pobres de la tierra lo guardaron hasta que lo pudieron llevar a Quito. Estuvo 70 años escondido, perdido, tuvo que venir ese gran general bolivariano Eloy Alfaro, en 1900, para reivindicarlo, sacarlo del ostracismo y llevarlo a donde tenía que estar, en la Catedral de Quito, allá con nuestros hermanos, con el presidente Rafael Correa y con el pueblo bolivariano del Ecuador (Aplausos).

¿Por qué tenía que ser así la hora final de los grandes que nos fundaron, de los que fueron a pie, descalzos desde aquí desde el Caribe hasta el Potosí a darnos la libertad? ¿Por qué tanta traición, tanta envidia, tanto egoísmo? ¿Por qué tanta maldad? Por los intereses que se impusieron, que no fueron los intereses supremos de la patria que había nacido, que no fueron los intereses supremos de los pueblos. Eran tiempos de confusión y las fuerzas no le dieron al gran Bolívar y al gran Sucre para cohesionar la tierra y el pueblo que habían liberado.
Otro grande tuvimos aquí, Ezequiel Zamora, general del pueblo soberano, redentor, a quien le tocó levantar las banderas traicionadas de Bolívar. Y también murió de un balazo, el 10 de enero de 1860, cuando venía a Caracas con sus tropas victoriosas de patas en el suelo y desdentados. Esto nos lo enseñó nuestro maestro y padre.

Y Cipriano Castro, hace 100 años, ya había aparecido el petróleo en nuestra Venezuela, y un hombre nacionalista como Cipriano Castro enfermó y salió en 1908, y no había terminado de zarpar el buque que lo llevaba cuando la traición del Vicepresidente en funciones se impuso, y Venezuela tuvo 30 años de la peor dictadura que hayamos conocido en el siglo XX.

Y vinieron por nuestro petróleo, lo saquearon. Venezuela fue el primer productor de petróleo del mundo en la década de los años 20 del siglo XX. ¡Saqueado nuestro país!

Así que, Comandante, una vez usted nos contó que hablando desde el avión Presidencial le leía esta historia al Comandante Fidel Castro, Comandante en Jefe de los pueblos libertarios de nuestra América Latina y el Caribe (Aplausos). Nos contó que el Comandante Fidel Castro, luego de escucharlo en silencio, atentamente, le dijo: Hugo, qué triste esa historia, yo no lo sabía; pero ten la seguridad de que ni tú ni yo moriremos así. Cuando nos tengamos que ir, nos iremos con nuestros pueblos victoriosos, de pie, con la bendición y el amor de los justos y de las justas (Aplausos).

Se cumplió la palabra de Fidel: ¡Aquí está usted, Comandante, con sus hombres, de pie, todos sus hombres y mujeres leales, como lo juramos ante usted. Leales, hasta más allá de la muerte. Y usted, Presidente en funciones de la República Bolivariana de Venezuela, Comandante en Jefe de nuestra Fuerza Armada, aquí en su patria, en su tierra, bajo el mando de su mando, de su mando único! ¡Hemos roto el maleficio de la traición de la patria y romperemos el maleficio de la derrota y de la regresión! (Aplausos prolongados.)

Hemos roto ese maleficio, aquí está la Espada desenvainada, y sus ojos viendo a Cristo.


En los días previos, en los días, horas, antes de los anuncios del 8 de diciembre, un grupo de compañeros lo visitó a La Habana: Diosdado, compañero y hermano de estas batallas, pero, sobre todo, de las que vienen, Diosdado Cabello Rondón, revolucionario, puro también de alma, hijo de nuestro Comandante Hugo Chávez (Aplausos); los compañeros Rafael, Elías, Cilia. Allá lo acompañaban como siempre: Rosa, María, Rosinés, Hugo, Adán, todos sus hermanos; el compañero Jorge Arreaza, compañero de vida de nuestra querida Rosa Virginia y a quien nuestro Comandante adoptó como su hijo directo.

Y en una madrugada muy dura me tocó a mí llegar allí a su habitación, estábamos juntos Jorge y yo —Jorge siempre escribiendo en su cuaderno todo—, y allí, bueno, el Comandante nos pidió que lo ayudáramos en una tarea. Nos dijo: “Yo creo que tengo que escribir unas palabras finales, como un testamento”, y nos dio, como siempre, una orden: “El testamento de Hugo Chávez. Ayúdenme a un guion, algunas ideas para yo sentarme a escribirlas en estas horas.” Esa orden no la cumplimos, no pudimos, era imposible. Esa orden él la había cumplido ya, porque la vida entera de nuestro Comandante ha sido un testamento: su palabra, su pasión, su acción, su obra, su pueblo. El pueblo de Venezuela es su testamento. Los humildes de este mundo, los pobres, los desesperanzados, los oprimidos de todos los tiempos y todas las horas, nosotros, los nietos de los esclavos, somos su testamento vivo. Él dejó su testamento firmado y sellado por el pueblo. El primero de ellos aquí está (Muestra la Constitución).

Si alguien quiere saber quién es Hugo Chávez de verdad y quiere rasgar el velo de la mentira, de la canalla mediática, de la guerra psicológica mundial contra este hombre, conozca esta letra hecha por él, su Constitución, aprobada por el pueblo, discutida por el pueblo (Aplausos), y conozcan su letra y su acción.
Todo lo que hoy somos está aquí (Muestra la Constitución), aquí está nuestra guía. Si alguien tiene duda en algún momento de algo, aquí está la palabra suprema de la patria, la carta de Paz, la carta de todos.

Cuando esta Constitución se discutió, salimos a la calle a debatir, y se convocó un referéndum y algunos venezolanos salieron a llamar a votar por el “No”, porque no se aprobara. Bueno, cómo es la vida, el Comandante Chávez nos lo dijo en ese año 1999, éramos constituyentes, y él dijo: “Bueno, paciencia, lo que es justo, es justo, y esta letra será reconocida por todos más temprano que tarde.” Hoy podemos decir, Comandante, que esta es la Carta de todos y todas; incluso, los que se opusieron hoy la asumen como suya. ¡Bienvenidos todos! Venezuela es para todos y es de todos, y esta Carta es nuestra guía de unión, de paz, de convivencia (Aplausos); es una carta para hacer revolución, revolución democrática.

Si se quiere buscar más cerca qué soñaba nuestro Comandante invicto —como dijo ayer el General de Ejército Raúl Castro, en sus palabras en Santiago de Cuba—, si se quiere saber qué pensaba que debía hacer la Venezuela de este siglo XXI, Jorge, camarada, su testamento lo escribió él mismo en junio del año 2012, de puño y letra; lo sabe Elías Jaua que era vicepresidente ejecutivo, colaborador directo del testamento cierto del Comandante Chávez.
Aquí nos dejó cinco tareas históricas, cinco tareas históricas, de un pensamiento que forma parte de un sistema de valores, de principios, inspirado en Bolívar, nuestro Padre fundador, en los libertadores; inspirado en la sabiduría de nuestros pueblos indígenas, en nuestro gran Guaicaipuro, inspirado en Cristo.
Si alguien se puede preguntar o se quisiera preguntar cómo es un hombre o una mujer, un ser humano cuando se asume hijo verdadero de Cristo, nuestro redentor, y se consagra y da su vida, su cuerpo, todo su espíritu para un pueblo, para los oprimidos, para los pobres, tendrá que reconocer que Hugo Chávez fue un cristiano auténtico de la calle, un cristiano, un redentor en Cristo, un protector en Cristo de los pobres de esta tierra y de todas las tierras del mundo (Aplausos).

Así que cinco tareas históricas nos dejó, absolutamente cohesionadas, democráticas, porque después de un debate democrático en esta patria de hombres y mujeres conscientes y libres, nuestro pueblo le aprobó a nuestro Comandante su testamento.

Jamás en política mintió, ni en nada. Cuando él descubrió por su propio camino que en el capitalismo —y menos en el capitalismo neoliberal— era imposible estabilizar la sociedad, darles igualdad y felicidad a los pueblos, y era imposible sostener con estabilidad las democracias verdaderas, un día de diciembre de 2004 nos dijo: “Voy a levantar las banderas del socialismo nuestroamericano, indígena, bolivariano, cristiano; vamos a atrevernos con audacia a construir ese sueño de la humanidad y en democracia: el socialismo.” Y aquí deja un sistema de principios, valores, cinco.

El primero de ellos: “Mantener y consolidar la independencia conquistada en estos 14 años de revolución democrática, popular y bolivariana” (Aplausos).

El segundo: “Construir nuestro socialismo, diverso, democrático, nuestro americano” (Aplausos).
El tercero: “Construir a Venezuela como un país potencia, en el marco de la gran potencia de América Latina que se va a construir en los próximos años” (Aplausos), y que la vimos aquí de pie representada por la diversidad de presidentes y presidentas que aquí han venido.

Nosotros tenemos que ser una gran potencia. Fue aquí mismo, queridos presidentes y presidentas, aquí mismo en este patio donde el cadete Chávez se formó. Qué iba a decir la vida que 30 o 40 años después ese cadete iba a estar presidiendo aquí la Fundación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que dignamente ha presidido el presidente Sebastián Piñera, de Chile, al cual agradecemos toda su generosidad y todas sus expresiones respetuosas y cariñosas para el Presidente Hugo Chávez (Aplausos), y que hoy preside el General de Ejército Raúl Castro Ruz, y la Cuba de la dignidad al frente de esta organización (Aplausos).

Cuarto objetivo: Construir un mundo de equilibrio, Bolívar, de equilibrio, el equilibrio del universo, sin imperios.
Aquí se encuentran unos representantes que nosotros saludamos y apreciamos; a Jesse Jackson, pero también están el excongresista Bill Delahunt y el congresista Gregory Meeks, a los cuales he saludado, que han sido enviados por el presidente Obama (Aplausos). ¡Bienvenidos!

Nosotros queremos y amamos a todos los pueblos de nuestra América; pero queremos relaciones de respeto, de cooperación, de paz verdadera. Nosotros queremos, y así lo escribió el Comandante Chávez, un mundo sin imperios, sin naciones hegemónicas, un mundo de paz que respete el derecho internacional, que sea capaz de encontrarse para cooperar, para vivir, para ser justos en términos de igualdad. ¿Y por qué no puede ser posible, si aquí está toda la voluntad de un mundo, toda la fuerza política de un mundo? Y América Latina tiene la tarea histórica de hacer ese nuevo mundo, de unirnos en la diversidad y decirle al mundo: ¡Aquí está América Latina, la de los libertadores! ¡Aquí estamos de pie juntos! ¡Este mundo tiene que cambiar, Comandante! (Aplausos.)

Y un quinto objetivo, que lo voy a leer, porque sin esto será imposible la propia existencia de la especie humana, y porque, al final, ese quinto objetivo es el que le da coherencia a toda la redacción de este testamento que nos dejó el Comandante Hugo Chávez.

El quinto objetivo es muy sencillo, y lo decimos con la mayor humildad, pero con la mayor angustia por la humanidad. Dice el Comandante Hugo Chávez:

Quinto objetivo histórico: “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana. No existirá ni capitalismo, ni socialismo, ni ninguna de nuestras religiones, si no somos capaces desde donde estemos, con nuestras creencias ideológicas, políticas y religiosas, de salvar este planeta, acabar con las bombas nucleares, eliminar toda esa fuerza de destrucción, de contaminación de ríos, de mares, de calentamiento del planeta.”

Aquí está, Comandante, su testamento.


Hace varios años el Comandante Presidente, a veces, cuando había momentos apremiantes, o cometíamos errores, siempre nos decía: Nicolás, Elías, Rafael, Yadira, Jorge, ¿qué van a hacer ustedes cuando yo me muera? Nosotros siempre le decíamos: “¡No diga eso, Comandante, por favor…!” “¡¿Qué van a hacer ustedes cuando yo me muera, cómo van a hacer?!”
Él lo dejó todo arreglado; ya queda de parte nuestra si lo hacemos o no lo hacemos (Aplausos). Nosotros llamamos a todo nuestro pueblo a que lo hagamos.

¿Qué vamos a hacer cuando usted se muera, Comandante? Usted puede ir en paz, desde nuestras oraciones y nuestro amor en Cristo y desde nuestros corazones le deseamos la mayor paz que en ese ámbito de vida, en ese nuevo plano usted pueda tener.
¿Y qué vamos a hacer nosotros? ¡Continuar, seguir juntos, seguir juntos pueblo, fuerza armada, con su Constitución, con su Testamento Político, con su ejemplo y con nuestro amor! ¡Seguir protegiendo a los pobres! ¡Seguir dándole alimento al que lo necesita! ¡Seguir contribuyendo a la educación de nuestros hijos! ¡Seguir construyendo la patria grande! ¡Seguir construyendo la paz, la paz, la paz de nuestro continente, la paz de nuestro pueblo! Así, que, Comandante, ¡misión cumplida, Comandante Presidente! ¡La batalla continúa!

¡Chávez vive, la lucha sigue! (Exclamaciones de: “¡La lucha sigue!”)
¡Que viva Hugo Chávez! (Exclamaciones de: “¡Que viva!”)
¡Que viva nuestro pueblo! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Que vivan el amor y la unión! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)
¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

El significado de Chávez (Parte II - Final)


Ernesto Carmona

Chávez irrumpió en la política cuando los partidos estaban en total descrédito, tanto que los legisladores ya no usaban en sus vehículos las placas-patente oficiales por temor a un exabrupto. Un pueblo enardecido por primera vez tomaba conciencia de su exclusión del reparto del botín petrolero monopolizado por AD-Copey con grandilocuentes discursos sobre “democracia”.

El pueblo desesperanzado poco se inscribía para votar, convencido que, votos más votos menos, el juego seguirían ganándolo los mismos. Los resultados electorales registraban altos guarismos de abstención. Tampoco había segunda vuelta. Chávez pasó a la Historia porque emprendió la refundación del país. Impulsó una nueva Constitución, más acorde con la realidad social, surgida de un exhaustivo proceso electoral-popular-democrático. Sobre nuevas bases legales, promovió el desarrollo político del sector excluido de su pueblo con un nuevo diseño de distribución de la renta petrolera a través de decenas de planes de salud, vivienda, alimentación, etc., llamados “misiones”. También logró un gran avance en infraestructura, transporte, líneas de Metro y recuperó los ferrocarriles. Ha mejorado notablemente la calidad de vida del venezolano que antes fue excluido, de los trabajadores y de la propia clase media. Numerosas empresas privadas mejoran sus números produciendo y vendiendo al área social de la economía, por ejemplo el sector alimentario.

Se crítica a Chávez como “caudillo” y a su Revolución como “populista” y “polarizadora”. Y esto se debe, básicamente, a la reorientación del destino final de los fondos provenientes del petróleo, que ya no van al bolsillo de la clase política, la clase media más acomodada y la elite del país. Como en Venezuela no ha existido una burguesía industrial potente, como en otros países sudamericanos, la clase obrera resulta escasa. La industria petrolera emplea a 100.000 personas que resultan suficientes para generar el voluminoso ingreso que financia al país desde más de un siglo. La importación de alimentos y bienes de consumo continúa siendo un talón de Aquiles de esa nación

Bajo el antiguo esquema de distribución de la renta petrolera, en la llamada IV República (1958-1998) fluyó más dinero que en el Plan Marshall (casi medio millón de millones de dólares a precio constante). El reparto fue injusto, pero se le consideraba “normal”. Como hoy ha cambiado en perjuicio de los beneficiarios de ayer, le llaman “populismo”. Antes era lo contrario, elitista o egoísta. Hoy existe otro esquema pero “anómalo”. Y se habla de “polarización”, fea palabra.

Pero no fue un ideólogo marxista quien aclaró que la polarización social está siempre presente, querámoslo o no. Y en cierto modo, en 2006 definió así la “normalidad” en la sociedad contemporánea: “Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es nuestra clase de los ricos quien dirige la lucha. Y la estamos ganamos”. Warren Buffet, el más rico N° 4 del mundo, con 53,5 mil millones de dólares en 2013, ahora lideriza una corriente que aboga por más impuestos para los ricos para financiar gasto social a favor de los excluidos –“occupy” o “indignados”– y postergar el colapso inminente del capitalismo. Pinochet prohibió por decreto la noción de “lucha de clase”, pero no por eso se extinguió, ya que los amigos de Buffet la estuvieron ganando con intensidad en los 17 años (1973-1990) de su dictadura… y todavía hoy.

La revolución de Chávez no es marxista, ni exportable. Es un sincretismo inédito muy venezolano, con cristianismo, justicia social, pensamiento de Bolívar, ideas marxistas, pensamiento de Fidel, legado de Allende, etc. El líder poseía cualidades personales intransferibles: gran carisma y cariño de su gente. Su pueblo y los pobres de esta región lo están haciendo inmortal. Además de buen humor, ironía, desplantes histriónicos, manejo de la TV y la comunicación, conocimientos prácticos de jugador de béisbol, etc., poseía también el control militar (que revirtió el golpe de abril 2002) y ofrecía muchas otras cualidades de su personalidad. Murió demasiado joven; 58 es poco hoy para el promedio. Fue un hombre orquesta de capacidades intransferibles. Condujo un proceso revolucionario aún en marcha cuyo principal factor de poder radica en unas Fuerzas Armadas atípicas en este planeta, apoyadas por el PSUV y refrendadas por el voto popular en 14 elecciones, más la 15ª que según todos los pronósticos ungirá a Nicolás Maduro el 14 de abril, para más rabia de Estados Unidos y sus detractores internos.

En cierto modo, la derecha venezolana, la reacción internacional y Estados Unidos perdieron con Chávez una bandera contra la que invirtieron más de una década de satanizadores estigmas mediáticos anti Chávez. Con su lamentable pérdida, la oposición venezolana también parece haberse quedado sin bandera política, ya que carece de programa. Tendrán, entonces que crear una nueva hiper-realidad que convierta a Maduro en el malo universal. Por eso no causa extrañeza la nueva oleada de mentiras mediáticas sobre su investidura, además de las innegables imágenes y entrevistas sobre la gran demostración funeraria de fervor popular, que revelaron a los propios enviados especiales la profundidad de la Revolución y la vigencia de aquellos cambios políticos y sociales que estigmatizan a diario pero conocieron y comprobaron in situ.

La revolución aún tiene debilidades. Focalizada en los pobres urbanos aspira a convertir al campesinado del interior en productores organizados en Consejos Comunales y no termina de crear más clase obrera con una política de desarrollo industrial sustentable, que algún día permitirá reducir importaciones. Maduro, probablemente, golpeará con transparencia la corrupción y regularizará la “boliburguesia” y “boliburocracia”, las nuevas clases emergentes con la revolución. No toda la clase media es reaccionaria y y siempre ha disfrutado su cuota del petróleo. Lo reflejan las ventas de automóviles siempre in crescendo, los viajes de vacaciones al exterior, los restaurantes siempre llenos, etc. La clase obrera de empresas públicas, como Sidor y otras, parece más bien reivindicacionista, con una mirada corporativa y estrecha, parecida a la aristocracia obrera del cobre que ayudó a derribar a Allende.

El ejemplo bolivariano fortaleció la búsqueda de modelos latinoamericanos propios, en el sentido de buscar un camino independiente de los intereses oligárquicos locales y de Estados Unidos. No sirven las comparaciones con las revoluciones marxistas ni con la revolución cubana. Se ha dibujado un símil con el peronismo, movimiento poli-clasista de fuerte contenido emocional de profundas raíces, donde Cristina no es lo mismo que Menem siendo ambos peronistas. Tampoco sirven los cánones del marxismo estalinizado de la experiencia URSS.

La Revolución Bolivariana no es exportable, pero muestra gran capacidad de innovar en la diversidad. Ése es el aporte del modelo bolivariano que se refleja en América Latina: Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba, Brasil, Uruguay, Salvador, y otros, son experiencias de gobiernos progresistas distintos y “en la medida de lo posible”, con contradicciones propias de las etapas y momentos históricos de su propia lucha de clases local, con ingredientes étnicos y de tipo cultural en varios países.

El bolivarianismo de Chávez es un nuevo discurso socialista, con militares y riqueza petrolera, surgido en un clima curiosamente parecido al Chile actual, donde el rechazo a la clase política y sus partidos supera lejos más del 60% de una población cuyo voto final es un enigma por el fracaso de participación en los comicios municipales de octubre (cuyos resultados finales se dieron a conocer en febrero sin mayor publicidad y sin totalizar la abstención a nivel nacional). El movimiento social reclama mejores condiciones de vida, no sólo de la educación, que sólo pueden financiar el cobre y nuevos impuestos, mientras el mayor temor de la clase política chilena, los dueños del país y de los grandes medios es, precisamente, la aparición de un “caudillo” o “caudilla”, con mayor vocación “populista” que la atribuida a Piñera

Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.


Ver también:
El significado de Chávez (parte I)

Entrevista en exclusiva con ex asesor de Chávez

 ¿Cómo fue el presidente Chávez fuera de las tribunas políticas? ¿Cómo mandatario, se dejaba asesorar? ¿De qué forma reaccionaba a las críticas? ¿Qué preocupaciones tenía ante la posible necesidad de dejar el poder? Del hombre que “rompió el maleficio de los cien años de soledad de los países de América Latina”, nos habla una persona que no temía decirle todo. RT entrevistó a Juan Carlos Monedero, politólogo español, ex asesor de Chávez.


lunes, 11 de marzo de 2013

Significado de Chávez (Parte I)


Ernesto Carmona 

Chávez señaló nuevos caminos para las viejas aspiraciones de un mundo mejor de los latinoamericanos. Primero, hizo despertar a Venezuela del letargo social, político y ético de 40 años de traición socialdemócrata (Acción Democrática, AD) a los principios de la Junta Patriótica, alianza popular que en 1958 logró expulsar al dictador militar Marcos Pérez Jiménez. Y en sólo 14 años de gobierno adquirió un liderazgo transnacional que sacó a América Latina de la desesperanza en que la dejaron las dictaduras militares de los 60/70 y sus herederos civiles neoliberales de diferente signo pro-Estados Unidos en los ‘80 y ‘90.

Sin ninguna organización previa, el desconocido oficial de ejército de 37 años remeció, el 4 de febrero de 1992, a una Venezuela adormecida políticamente y sumergida en una pobreza paradojal, con más de 80% de excluidos por la corrupción bipartidista AD-Copey (partido Socialcristiano). El teniente coronel -grado superior a mayor e inferior a coronel- trató de derribar al presidente AD Carlos Andrés Pérez (CAP) en el tercer año de un mandato que tampoco terminó porque en mayo 1993 fue destituido por el Congreso. Motivo: corrupción.

AD y Copey se alternaron en el poder desde 1958-1998, 40 años de “democracia” con represión selectiva y terrorismo de Estado encubierto. La enorme riqueza petrolera no salpicaba a una población mayoritariamente condenada a la pobreza perpetua. El 27 de febrero de 1989, cuando CAP apenas asumía su segundo gobierno y regresaba eufórico del foro da Davos con la receta de “sincerar” el precio de la gasolina, estalló en todo el país la sublevación popular de dos días recordada como el “Caracazo”. Allí comenzó todo.

Las dos jornadas 27-28F fueron un NO rotundo a la medidas neoliberales. Los saqueos de masas excluidas se esparcieron a todo el país por combustión espontánea, sin ninguna conducción ni orientación política. La izquierda prácticamente no existía en esa Venezuela: el PC tenía una expresión mínima, pero abundaban pequeños grupos de izquierda y extrema izquierda que hoy juegan en la oposición (MAS, Causa R, Tercer Camino, Bandera Roja, etc.). El 27F comenzó en Guarenas, Caracas, pero fueron los grandes medios (TV) quienes movilizaron al resto del país, sólo con informar qué estaba ocurriendo en la capital. ¿Por qué nosotros no?, parecían preguntarse en el interior. Y en todas las ciudades hicieron lo mismo.

Sin salir de su sorpresa, el presidente asumido apenas el 2 de febrero, ordenó al ejército y a las policías sofocar la rebelión con muerte. Nunca se supo exactamente cuántas víctimas hubo el 28 y 29 de febrero. Aún se buscan cuerpos de personas desaparecidas.

Con el preámbulo de ese caldo de cultivo, emergió el fallido intento de golpe del teniente coronel Chávez a la cabeza de “otros militares”. Pocos civiles sabían que desde 1982 Chávez era el fundador del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200), constituido por oficiales de baja graduación aludiendo los dos siglos del natalicio de Bolívar.

El fallido 4F de 1992 fue una respuesta a la desesperación popular de muchas décadas de absorción de la renta del petróleo sólo por un pequeño sector de la sociedad. El único político que, sin tratar de justificar a Chávez hizo un discurso parecido a una autocrítica en el Senado -y desde el punto de vista de la falta de ética en la clase política-, fue el ex presidente copeyano Rafael Caldera. Sólo por eso logró ser elegido de nuevo presidente. Pero esta vez excluido del Copey como si fuera “traidor”. Caldera indultó a Chávez en marzo 1994 y le terció la banda presidencial el 2 de febrero de 1999.

La clase política venezolana y los propios medios -que en 1998 ya se creían embriones de partidos políticos-, pavimentaron la carrera al poder del teniente coronel surgido del 4F. Una vez que pagó su intento con 2 años de prisión, se postuló a la presidencia en 1998. Los grandes diarios prácticamente destruyeron a los partidos AD y Copey y algunos, como El Nacional, apoyaron a Chávez con la idea de “controlar” el poder, pero el fracaso de esta movida los volvió en su contra.

Estigmas: “militar y “socialismo”


Chávez derrotó varios estigmas. El principal fue demostrar que aún existen “otros militares”, distintos a los del Cono Sur y Centroamérica, y reluctantes a someterse a la concepción estratégica del Pentágono y el Comando Sur de Estados Unidos. Su impronta de militar progresista evoca otras figuras que gobernaron en la región, como el general Juan Velasco Alvarado (Perú, 1968-1975), general Juan José Torres (Bolivia, 1970-1971), Francisco Caamaño Deño (R. Dominicana, 1965), y otras más antiguas: Juan D. Perón (Argentina, 1946-1955), Jacobo Arbenz (Guatemala, 1951-1954), coronel Marmaduque Grove (artífice militar de la República Socialista en el Chile de 1932) y otros más lejanos como Gamal A. Nasser (Egipto, 1956-1970). Chávez heredó la doctrina militar antiimperialista y nacionalista formulada en Perú en la década de 1920, cuando el APRA era de izquierda.

El otro estigma que venció Chávez fue la rescatar el concepto “socialismo” y a pocos años de la desintegración de la URSS y la caída del muro de Berlín. Pero el Socialismo Bolivariano o Socialismo del Siglo 21 de Chávez no tiene que ver con el adefesio estalinista del capitalismo de Estado que supervivió más de 7 décadas en el este de Europa. Se parece más a las dos áreas de la economía que trató de levantar Salvador Allende, una social y otra privada, coordinadas por el Estado, que no fue permitida por las clases propietarias y su correlato en derecha política, incluida la DC, quienes pidieron auxilio a los militares para tumbarlo en 1973 con el triste resultado de la dictadura Pinochet (1973-1990).

Pero la Revolución Bolivariana no es exportable, principalmente porque se financia con petróleo. Por eso pudo sobrevivir a la huelga patronal que siguió al fallido golpe de 2002, mientras Allende no consiguió ayuda financiera de la URSS para poner término al boicot y la escasez artificial orquestada por la burguesía, la clase política derechista y Estados Unidos.

Sin embargo, la irradiación de la Revolución Bolivariana de Chávez renovó las esperanzas de los trabajadores, los pobres y los excluidos en la gran diversidad de países de la región que tienen diferentes historias y fuentes de riqueza. Venezuela estimuló la configuración de la actual América Latina y el Caribe, surgieron gobiernos progresistas de diferente signo que se han fortalecido en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, la misma Cuba, y otros países. En febrero, Keith Mitchell, del Nuevo Partido Nacional, de tendencia progresista, ganó las elecciones en la pequeña Granada, la olvidada isla caribeña invadida por Estados Unidos en 1983, tras el asesinato de Maurice Bishop. (Continuará).

Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

Las Venas Abiertas de América Latina (Libro)


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Las venas abiertas de América Latina es un ensayo del escritor uruguayo Eduardo Galeano publicado en 1971, el autor analiza la historia de América Latina de modo global desde la Colonización europea de América hasta la América Latina contemporánea, argumentando con crónicas y narraciones el constante saqueo de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y los Estados imperialistas, el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX en adelante.

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viernes, 8 de marzo de 2013

Si tengo un hermano


¨"El enigma de los dos Chávez" *

Gabriel García Márquez

 Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. "¿Qué pasa?", le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamiento militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.

El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.

Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?

El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el periodo más largo de presidentes elegidos.

El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. "Ese que toca es Hugo", decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: "Cómo triunfar en la vida".

Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Ángel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.

Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. "Fíjate las vueltas que da la vida", me dice Chávez con una explosión de risa. "Ahora su papá es mi canciller". Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.

"Además", le dije, "usted estuvo a punto de matarlo". "De ninguna manera", protestó Chávez. "La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles". Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.

Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.

Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. “Yo estaba ya casi rendido –me dijo Chávez–, pues mientras más le explicaba menos me entendía”. Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: "Mire, mi capitán, lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?". El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.

"De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela", dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. "Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de beisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas", contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. “Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia –contó Chávez–, pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación”.


 Hugo Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez DelgadoFoto Ap
 


 Hugo Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez DelgadoFoto Ap

"El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas", narra Gabriel García MárquezFoto Roberto García Ortiz   
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Hugo Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez DelgadoFoto Ap   

Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. "No me deje morir, mi teniente"… le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: "¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie". Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: "Ahí caí en mi primer conflicto existencial".

Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. "¿Con qué finalidad?", le pregunté. Muy sencillo, dijo él: "con la finalidad de prepararnos por si pasa algo". Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.

Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.

A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de futbol, el maestro de ceremonias lo anunció. "¿Y el discurso?", le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. "Yo no tengo discurso escrito", le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:

"Chávez, usted parece un político". "Entendido", le replicó Chávez.

Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: "Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones".

Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: "Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer". Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: "¡Que eso no salga de aquí!"

Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. "Al final, claro, le hice un cambio", me dijo Chávez. En lugar de "cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español", dijeron: "Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos".

Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. “Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. “En diez años –me dijo Chávez– llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos”.

A estas alturas del diálogo, el presidente rio con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: "Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión". Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: "¡El coronel Badull!"

De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: "Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega". A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. "Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del ejército", decía Chávez. "Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué". Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. “Es decir –concluyó Chávez– que nos sorprendió el minuto estratégico”.

Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. "Yo iba a la universidad a un posgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa", me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. "Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron? Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera".

Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. "Y entonces me paro y lo llamo", dijo Chávez. "Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese". Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: "Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta". "Y el instinto me dice que lo mandaron a matar", dice Chávez. "Fue el minuto que esperábamos para actuar". Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: "Nos vemos aquí el 2 de febrero". Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.

* Este artículo fue publicado originalmente en la revista Cambio, de Colombia, en febrero de 1999, y ahora tomado del libro Gabo periodista, Antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez, con autorización del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

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Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


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