Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

jueves, 4 de abril de 2013

Entrevista a Lennon: La entrevista perdida con John Lennon (y Yoko Ono)

Tariq Alí - Robin Blackburn
En 1971, a poco tiempo de la disolución de The Beatles, Tariq Alí y Robin Blackburn sostuvieron con John Lennon y Yoko Ono una larga y abierta conversación. Incluida en Street Fighting Years, libro que Tariq Alí publicara en 2005 en la editorial Verso, la entrevista apareció en un par de publicaciones en aquellos principios de la década de los años setenta, aunque pasó algo desapercibida, pese a ser mucho más interesante que la bien conocida e interminable serie de preguntas y respuestas que le hiciera Jann Wenner para Rolling Stone. Alí y Blackburn permitieron que Lennon se explayara y lo provocaron y animaron cuando éste daba muestras de dejadez o cansancio. Entre otras cosas, Lennon cuenta que George Harrison y él se brincaron las trancas y hablaron en público contra la Guerra de Vietnam; discute la lucha de clases de un modo envolvente, defiende la música rural y el blues, sugiere que las mejores canciones de Dylan son herederas de las baladas revolucionarias irlandesas y escocesas y disecciona sus tres versiones de “Revolution”.

___________

Alí: Tu más reciente disco [John Lennon-Plastic Ono Band] y tus más recientes declaraciones públicas, especialmente las entrevistas en Rolling Stone, sugieren que tus puntos de vista se han vuelto más y más radicales y políticos. ¿Cuándo comenzó a ocurrir esto?

Lennon: Siempre he sido propenso a lo político, ¿sabes?, y estoy contra el statu quo. Es lo básico cuando creces, como yo, odiando y temiendo a la policía como un enemigo natural y desprecias al ejército como un ente que se lleva lejos a tantos -y los abandona, muertos, en alguna parte. Es decir, es lo básico para la clase trabajadora, pero comienza a deslavarse cuando creces, te haces de familia y te ves tragado por el sistema. En mi caso nunca he dejado de tener mentalidad política, aunque la religión tendió a encubrírmela durante mis días de pasón con ácido, en 1965 o 1966. Y esa religiosidad era el resultado directo de toda la mierda de ser superestrellas; era una salida a mi propia represión. Pensaba: debe haber algo más en la vida, ¿no? Esto no es todo, ¿verdad?
Pero siempre fui propenso a lo político en cierto sentido, ¿sabes? En los dos libros que he escrito, aunque los escribiera en esa suerte de aparente sinsentido joyceano, siempre había críticas a la religión, incluso tengo una obra de teatro entre un obrero y un capitalista. Satiricé al sistema desde niño. Escribía y confeccionaba revistas en la escuela y las repartía por ahí. Tenía mucha conciencia de clase, siempre con una astilla en el hombro (como se dice en el barrio), porque entendía lo que me ocurría y sabía de la represión de clase que se nos venía. Eso era un pinche dato, que en el huracán Beatle se me quedó fuera, y me fui mucho más allá de la realidad por un rato.

Alí: ¿Cuál crees que haya sido la razón del éxito de la música que hacían?


Lennon: Bueno, en ese entonces se pensaba que los obreros se habían colado a los reflectores, pero me doy cuenta en retrospectiva que se trataba del mismo acuerdo chafa que les dieron a los negros; era como cuando le permitieron a los negros ser corredores, boxeadores o animadores. Esa fue la opción permitida entonces -la salida es ser artista pop, que es exactamente lo que estoy diciendo en la canción “Working class hero” [Héroe de la clase obrera]. Como le dije a Rolling Stone, es la misma gente la que detenta el poder, el sistema de clases no ha cambiado ni tantito.
Por supuesto, ahora hay mucha gente que se pasea con el cabello largo y algunos de los chavos de la clase media estilera usa ropajes bonitos. Pero nada ha cambiado, excepto que ahora nos acicalamos un poco mientras que los mismos cabrones lo manejen todo.

Blackburn: Por supuesto, la idea de clase es algo que los grupos de rock estadunidenses todavía no cachan.

Lennon: Porque todos son de la clase media y de la burguesía y no quieren que se note. Le tienen miedo a los obreros, de hecho, porque los obreros parecen ser de derecha en Estados Unidos, y se aferran a sus bienes. Pero si estos grupos de clase media se dieran cuenta de lo que está ocurriendo, y de lo que ha hecho el sistema de clases, podría repatriarse mucha gente y salirse de toda esa mierda burguesa.

Alí: ¿Cuándo empezaste a romper con el papel que te impusieron por ser un Beatle?

Lennon: Aun durante la época de intensidad Beatle intenté ir contra esto, y también George. Fuimos unas cuantas veces a Estados Unidos y Epstein1 siempre trataba de echarnos rollo al respecto, que no dijéramos nada acerca de Vietnam. Así que llegó un punto en que George y yo le dijimos: “Escucha bien, la próxima vez que nos pregunten, vamos a decir que no nos gusta la guerra y que pensamos que deberían salirse de ella.” Y eso hicimos. En ese entonces era algo muy radical, especialmente para los Fabulosos Cuatro. Esa fue la primera vez que tuve la oportunidad de agitar un poco mi bandera.


Pero tengan presente que siempre me he sentido reprimido. Todos estábamos con tanta presión que apenas si había chance de expresarnos, especialmente trabajando a ese ritmo, de gira todo el tiempo, mientras nos mantenían en una especie de capullo de mitos y sueños. Es muy difícil ser César y que todo mundo te diga lo maravilloso que eres y te den tanta cosa rica y tantas mujeres; es muy difícil romper con todo eso y decir, “bueno no quiero ser rey, quiero ser real”. Así que la segunda cosa política que hice fue decir: “Los Beatles son más grandes que Jesús.”
Eso sí que rompió el escenario. Casi me dan de tiros en Estados Unidos por eso.

Fue un gran trauma para todos los chavos que nos seguían. Hasta entonces había una política no explícita de no contestar ninguna cuestión delicada. Pero yo leía los periódicos, ¿sabes?, las páginas de política. La conciencia continua de lo que estaba ocurriendo me hizo avergonzarme de no estar haciendo nada. Estallé porque no podía seguir jugando el mismo juego nunca más, era demasiado para mí. Por supuesto, ir a Estados Unidos me metía más presión, sobre todo porque había guerra. De algún modo resultamos ser un Caballo de Troya. Los Fabulosos Cuatro llegamos a la cima y luego le cantamos a las drogas y al sexo, y luego nos metimos en ondas más y más pesadas -ahí es donde comenzaron a abandonarnos.

Blackburn: ¿No era ésta una doble carga de lo que habían hecho desde el principio?

Ono: Siempre fueron muy directos.

Lennon: Bueno, sí, lo primero que hicimos fue proclamarle al mundo nuestra liverpulidad, y dijimos, “está bueno venir de Liverpool y decir todo esto”. Antes, cualquier gente de Liverpool que la hacía, como Ted Ray, Tommy Handley, Arthur Askey, tuvieron que deshacerse de su acento para entrar a la BBC. Sólo eran comediantes, pero eso es lo que llegaba de Liverpool antes de nosotros. Pero nosotros nos negamos a ese juego. Después de que los Beatles llegaran a la escena, todo mundo comenzó a hablar con acento liverpuliano.

Alí: ¿De algún modo seguían pensando políticamente cuando criticaron la revolución?

Lennon: Ah, claro, “Revolution”. Hubo dos versiones de esa canción pero la izquierda subterránea sólo resaltó la que decía “pues no cuenten conmigo”. La versión original en el LP decía “cuenten conmigo”; puse las dos porque no estaba seguro. Hubo una tercera versión que era meramente abstracta, música “concreta”, circuitos o “bucles” musicales,2 gente gritando. Yo pensaba que estábamos pintando el retrato de una revolución -pero me equivocaba, ¿saben? Y mi error fue antirrevolucionario.
En la versión que salió como disco sencillo, dije: “Y si hablan de destrucción no cuenten conmigo.” Yo no quería que me mataran. En realidad no sabía mucho de los maoístas, pero sabía que parecían ser pocos en Gran Bretaña y sin embargo se pintaban de verde y se paraban frente a la policía en espera de que los apalearan. Me parecía que todo ello era muy poco sutil, ¿sabes? Pensaba que los revolucionarios comunistas originales se coordinaban un poco mejor y no lo andaban gritando de aquí para allá. Así era como me sentía: en realidad estaba formulando una pregunta. Siendo de origen obrero estuve siempre interesado en Rusia y en China y en todo lo relacionado con la clase obrera, aunque estuviera jugando el juego capitalista.
En algún punto estuve tan metido en la mierda religiosa que iba por ahí ufanándome de ser un comunista cristiano pero, como dice Janov, la religión es locura legalizada. Fue la terapia lo que me desnudó de todo eso y me hizo palpar mi propio dolor.

Blackburn: Ese analista al que fuiste, ¿cómo se llamaba?

Lennon:
Janov.

Blackburn: Sus ideas parecen haber tenido aspectos comunes con Laing3 en cuanto a que él no pretende reconciliar a la gente con su miseria, o adaptarlos al mundo, sino más bien buscar que enfrenten las causas.

Lennon: Bueno, su punto es que sientas el dolor que está acumulado en tu interior desde tu niñez. Tuve que hacerlo para acabar con todos esos mitos religiosos. En la terapia sientes cada uno de los momentos dolorosos en tu vida. Es tormentoso. Te ves forzado a reconocer que tu dolor, ése que te hace despertar con miedo y con tu corazón latiendo acelerado, es realmente algo tuyo y no el efecto de alguien en el cielo. Tiene que ver con tus padres y tu entorno. Conforme acepté esto, todo comenzó a caer en su lugar. Esta terapia me forzó a deshacerme de toda la mierda de Dios. Conforme crecemos, todos debemos lidiar con demasiado dolor. Aunque lo reprimamos, sigue ahí. La peor de las penas es no ser querido, es darte cuenta de que tus padres no te necesitan del mismo modo que tú los necesitas a ellos.


Foto: John y Yoko y su mensaje de Navidad y de paz al mundo aparecido en carteles en once ciudades del mundo, diciembre de 1969.

Cuando niño experimenté momentos de no querer ver la fealdad, de no querer ver que no era deseado. Esta falta de amor se me metió en la mirada y me llegó al fondo del alma. Janov no sólo te habla de esto sino que te hace sentirlo. Una vez que tú mismo te permites sentirlo de nuevo, ya hiciste buena parte del trabajo tú solo.
Cuando te despiertas con el corazón batiendo a toda prisa y con toda la espalda contraída, o cuando desarrollas algún otro tipo de cruda moral, debes dejarte ir hacia el dolor y el dolor mismo regurgita el recuerdo que originalmente ocasionó que lo suprimieras en tu cuerpo. De este modo el dolor se encausa en el canal correcto en vez de ser reprimido de nuevo, como cuando tomas una píldora o un baño, diciéndote “ya pasó”. La mayoría de la gente encauza su dolor hacia Dios o a la masturbación o a algún sueño de logros.
La terapia es como un lento viaje con ácido que ocurre naturalmente en tu cuerpo. Es difícil hablar de ella, ¿sabes?, porque sentir que “tú eres el dolor” suena bastante arbitrario, pero para mí, ahora, una vez que sentí físicamente todas estas extraordinarias represiones, el dolor tiene otro sentido. Fue como quitarme los guantes y sentir mi propia piel por vez primera. Es jodido decirlo, pero no creo que puedas entenderlo a menos que lo experimentes (estoy tratando de poner algo de esto en el álbum nuevo). En todo caso, es parte de disolver el viaje de Dios, o el viaje de la figura paterna. Enfrentar la realidad en lugar de buscar alguna clase de paraíso celestial.

Blackburn: ¿Piensas que la familia en general es la fuente de estas represiones?

Lennon: El mío es un caso extremo, ¿sabes? Mi papá y mi mamá rompieron y nunca vi a mi padre hasta que tenía yo veinte años, ni vi tampoco mucho a mi madre. Pero Yoko sí tuvo a sus padres y le fue igual.

Ono: Quizá sientes más dolor cuando tus padres están ahí. Es como cuando tienes hambre, ¿sabes?, es peor contar con el símbolo de una hamburguesa con queso que estar sin la hamburguesa. No te hace nada bien, ¿sabes? Con frecuencia querría que mi madre hubiera muerto para que al menos hubiera yo contado con alguna compasión por parte de la gente. Pero ahí estaba: una madre perfectamente bella.

Lennon: Y la familia de Yoko eran japoneses clase media, pero en todos lados está la misma represión. Sin embargo, pienso que la clase media tiene el trauma mayor si tiene padres con pinta buena onda, todos sonrientes y muñequitos. Porque entonces es la lucha más difícil para poder decirles: “Adiós mamita, adiós papito.”

Alí: ¿Qué relación tiene todo esto con tu música?

Lennon: El arte es solamente una forma de expresar el dolor. Digo, la razón por la que Yoko logra todas esas cosas tan increíbles tiene que ver con el tipo de dolor que experimentó.

Blackburn: Muchas de las canciones de los Beatles tenían que ver con la niñez.

Lennon: Ajá, eso era sobre todo por mí.

Blackburn: Aunque eran muy buenas, siempre había un elemento faltante.

Lennon: La realidad. Ése sería el elemento faltante. El por qué nunca fui deseado. La única razón de mi estrellato se debe a mi represión. Nada me habría impulsado a través de todo aquello si yo hubiera sido “normal”.

Ono: Y feliz.

Lennon: La única razón de ir tras ese objetivo era decir: “Ahora, mami, ¿ya me quieres?”

Alí: Pero entonces tuvieron un éxito que va más allá de los sueños más locos de la gente.

Lennon: Uy, sí, Jesucristo: era la opresión completa. Digo, tuvimos que sufrir humillación tras humillación con las clases medias y el mundo del espectáculo y Lord Mayor y todo eso.4 Eran condescendientes y estúpidos. Todo mundo intentaba utilizarnos. Fue una humillación especial para mí porque nunca he podido callarme la boca y siempre tuve que estar borracho o empastillado para contrarrestar esta presión. Era el puro infierno.

Ono: Lo privaba de cualquier experiencia real, ¿sabes?

Lennon: Fue muy horrible. Digo, aparte del primer envión de logros, con el estremecimiento del primer número uno en los discos, del primer viaje a Estados Unidos. Al principio nos envolvían con toda suerte de adjetivos, como el de ser tan grandes como Elvis, y avanzar en eso fue grandioso, pero obtenerlo todo fue el gran desencanto. Me encontré con que de continuo tenía que complacer a la clase de gente que siempre había odiado de niño. Eso comenzó a regresarme a la realidad. Comencé a darme cuenta que todos estamos oprimidos, y es por eso que quisiera hacer algo al respecto, aunque no estoy seguro de cuál sea mi lugar.


Blackburn:
Bueno, en cualquier caso, la política y la cultura están conectadas, ¿no es así? Digo, en este momento los trabajadores están reprimidos por la cultura y no tanto por las armas.

Lennon: Los tienen dopados.

Blackburn: Y la cultura que los droga es algo que los artistas pueden recrear o romper.

Lennon: Eso es lo que intento en mis álbumes, o en estas entrevistas. Lo que intento es influir a toda la gente que pueda. A todos aquellos que siguen sojuzgados en el sueño les trato de poner una gran interrogante en la frente. El sueño de los alucinógenos se acabó, es lo que intento decirles.

Blackburn: Aun en el pasado, ¿sabes?, la gente solía utilizar las canciones de los Beatles y le ponían letras nuevas. “Yellow Submarine”, por ejemplo. Una que los huelguistas solían cantar comenzaba con “We all live on bread and margarine.”5 En la Escuela de Economía de Londres, teníamos una versión que decía, “We all live in a Red LSE.”6

Lennon: Me gusta eso. Disfrutaba mucho cuando las multitudes del futbol cantaban “All together now” -esa es otra buena.7 Me gustó cuando el movimiento en Estados Unidos asumió el lema de “Give peace a chance”,8 porque esa es la razón por la que escribí esa canción, en realidad. Esperaba que en vez de que cantaran “We shall overcome”, que data del siglo XIX o algo así, tuvieran algo contemporáneo.9 Sentía la obligación de escribir, aun entonces, una canción que la gente pudiera cantar en el pub o en una manifestación. Por eso ahora quiero componer canciones para la revolución.

Blackburn: Tenemos solamente unas cuantas canciones revolucionarias y fueron compuestas en el siglo XIX. ¿Sabes de algo en nuestras tradiciones musicales que pueda utilizarse en las canciones revolucionarias?

Lennon: Cuando empecé, el rocanrol en sí mismo era la revolución básica para la gente de mi edad y mi condición. Necesitábamos algo fuerte y claro que quebrara toda esa imposibilidad de sentir, y toda la represión que nos cayó de niños. Para empezar, teníamos un poco de conciencia de que nos habían vuelto una imitación de lo estadunidense. Pero buceamos en la música y nos topamos con que Estados Unidos era un país cuya música era mitad rural, country and western (y blanca) y mitad rhythm and blues (y negra). Casi todas las canciones venían de Europa y de África, y ahora todas nos llegaban de regreso. Muchas de las mejores canciones de Dylan provienen de tradiciones de Escocia, Irlanda o Inglaterra. Era una especie de intercambio cultural. Pero debo decir que, para mí, las canciones más interesantes eran las negras porque eran más sencillas. Como que decían algo mientras te sacudían el culo, o el pito, lo que fue una innovación, realmente. Y luego estaban las canciones rurales que sobre todo expresaban el dolor de lo que vivían. No sabían expresarse de un modo intelectual, pero con unas cuantas palabras lograban decir todo lo que les ocurría. Y luego estaba el blues urbano y mucho de éste se relacionaba con el sexo, y con las peleas.
Buena parte era expresión propia, pero apenas hace algunos cuantos años se expresaron completamente con el Poder Negro, como Edwin Starr y sus discos sobre la guerra.10 Antes de eso, muchos cantantes negros seguían elaborando el problema de Dios. Con frecuencia era “Dios nos salvará”. Pero trascendiendo eso, los negros también cantan directa e inmediatamente acerca del dolor y del sexo, y es por eso que me gusta su música.

Blackburn: Dices que el country and western se derivó de las canciones folclóricas europeas. ¿No son estas canciones folclóricas algo pesado y terrible, hablando siempre de pérdidas y derrotas?

Lennon: Cuando chavos, todos nos oponíamos a las canciones folclóricas porque eran muy de la clase media. Nos imaginábamos a los preparatorianos con sus largas bufandas y un vaso de cerveza en la mano cantando canciones folclóricas en lo que le decíamos voces la-di-da -“desde el socavón de una mina en Newcastle...” y toda esa mierda. Había pocos cantantes de folk reales, ¿sabes?, aunque algo me gustaba Dominic Behan, y alguna que otra cosa buena que podíamos escuchar en Liverpool.11 Ocasionalmente alcanzaba uno a escuchar en la radio o en la televisión discos viejos de los obreros reales de Irlanda u otras partes: gente que cantaba unas canciones con tal fuerza interior, que era fantástica.
Pero mucha de la música folclórica convencional la cantaba gente con voz amanerada que intentaba mantener vivo algo viejo y muerto. Era bastante aburrida, como el ballet: una cuestión de minorías mantenida por un grupo minoritario. Las canciones folclóricas de hoy son el rocanrol. Y aunque haya emanado de Estados Unidos, a fin de cuentas eso no importa para nada porque ya escribimos nuestras propias canciones. Y eso lo cambia todo.
Blackburn: Tu álbum más reciente, Yoko, fusiona la música moderna avant-garde con el rock. Me gustaría compartir contigo la idea que me vino al escucharlo. Tú integras sonidos cotidianos, como ése de un tren, a un patrón musical. Me parece que esto exige del escucha una medida estética de la vida cotidiana. Es insistir en que el arte no debería estar prisionero en los museos o las galerías, ¿no es cierto?

Ono: Exacto. Quiero incitar a la gente a que suelte la opresión que siente y le doy algo para que trabaje con ello, para que construya a partir de ahí. Nadie debería tenerle miedo a la creación propia -por eso hago que las cosas sean más abiertas y propongo algo para que la gente haga- como en mi libro Grapefruit.
Porque básicamente hay dos tipos de personas en el mundo: la gente que es confiada porque sabe que tiene la capacidad para crear, y la gente que se desmoraliza, que no tiene confianza en sí misma, porque le han remachado que no tiene ninguna habilidad creativa, sino que debe obedecer órdenes. Al stablishment le gusta que la gente no asuma responsabilidad alguna, que no se tenga respeto.


Blackburn: Supongo que el control de los trabajadores tiene que ver con esto.

Lennon: ¿No intentaron asumir el control los trabajadores en Yugoslavia? Ellos se liberaron de los rusos. Me gustaría ir allá y ver cómo funciona.

Alí: Bueno, se liberaron, e intentaron romper con la tendencia estalinista. Pero en vez de permitir una autogestión obrera desinhibida, le añadieron una fuerte dosis de burocracia política. Esto tendió a sofocar la iniciativa de los trabajadores, al tiempo de regular todo el sistema con mecanismos de mercado que alimentaron nuevas desigualdades entre una región y otra.

Lennon: Parecería que todas las revoluciones terminan rindiéndole culto a la personalidad. Aun los chinos parecen necesitar una figura paterna. Supongo que esto pasará en Cuba también, con el Che y Fidel. En un comunismo estilo occidental tendríamos que crear una figura imaginaria, de los trabajadores mismos, que sustituyera la figura paterna.

Blackburn: Esa idea estaría muy bien. Que la clase obrera se volviera su propia figura heroica. Mientras no sea una nueva ilusión reconfortante, mientras contenga un poder obrero real. Si te manejan la vida los capitalistas o los burócratas, hay la tentación de compensar con ilusiones.

Ono: La gente tiene que confiar en sí misma.

Alí: Ese es el punto vital. La clase trabajadora tiene que imbuirse de un sentimiento de confianza en sí misma. Esto no puede conseguirse sólo con propaganda. Los obreros deben movilizarse, tomar sus propias fábricas y decirle a los patrones que se larguen. Eso es lo que comenzó a ocurrir en el Mayo del ‘68 en Francia. Los obreros comenzaron a palpar su propia fuerza.

Lennon: Pero el Partido Comunista no estaba a gusto, ¿o sí?

Blackburn:
No. No lo estaba. Con diez millones de obreros en huelga, habrían podido transformar una de esas enormes manifestaciones que ocurrieron en el centro de París en una ocupación masiva de todas las instalaciones y edificios gubernamentales y reemplazar a De Gaulle con una institucionalidad nueva, un poder popular como la Comuna o los Soviets originales. Pero el Partido Comunista francés tuvo miedo de esto. Prefirieron la negociación en la cúpula en vez de animar a los obreros a que tomaran sus propias iniciativas.

Lennon: Pero hay un problema en todo esto, ¿sabes? Las revoluciones han ocurrido cuando un Fidel o un Marx o Lenin o quien sea, algún intelectual, ha podido conectar con los obreros. Al reunirse un buen puñado de gente los trabajadores entendieron que estaban bajo un régimen represivo. Pero aquí no han despertado del todo, siguen pensando que los automóviles y las teles son la respuesta. Todos estos estudiantes de izquierda deberían hablar con los obreros, deberían ustedes involucrar a los estudiantes en su revista, The Red Mole.12

Alí: Tienes mucha razón, hemos tratado de hacer esto y deberíamos hacer mucho más. La Ley de Relaciones Industriales que el gobierno quiere introducir está haciendo que más y más trabajadores cobren conciencia.13

Lennon: No creo que el proyecto de ley funcione. No creo que puedan ponerla en práctica. No pienso que los obreros vayan a cooperar con ella. Pensaba que el gobierno de Wilson era decepcionante, pero la banda de Heath es peor.14 La resistencia es golpeada, los militantes negros no pueden vivir en sus propias casas ahora, y el gobierno le vende más armas a los sudafricanos. Como dijera Richard Neville: “Puede haber una pulgada entre Wilson y Heath, pero es en esa pulgada que podemos vivir.”15

Alí: Yo no sé nada de eso. El Partido Laborista trajo consigo políticas de inmigración racistas, apoyó la Guerra de Vietnam y buscaba aprobar nuevas legislaciones contra los sindicatos.

Blackburn: Puede ser cierto que vivimos en la pulgada de la diferencia entre los partidos laborista y conservador, pero esto ocurre porque hemos sido incapaces de cambiar nada. Si ahora Heath nos empuja fuera de la pulgada en cuestión, nos está haciendo un favor sin haberlo buscado.

Lennon: Sí, también lo he pensado. Nos está arrinconando en un sitio desde donde nos damos cuenta de lo que se le viene a otras personas. Sigo leyendo el Morning Star16 para ver si hay alguna esperanza, pero pareciera que estamos en el siglo XIX. Todo lo escrito ahí parece dirigido a liberales de edad madura que se quedaron fuera de la jugada. Deberíamos buscar llegarle a los obreros jóvenes porque son más idealistas y son los que menos miedo tienen.


De algún modo, los revolucionarios deben acercarse a los trabajadores, porque los obreros no van a acercarse a ellos. Pero es difícil saber dónde comenzar. Todos tenemos puesto el dedo en el agujero del dique. El problema para mí es que conforme me volví más real, terminé aislado de la gente de clase trabajadora. ¿Sabes?, a ellos lo que les gusta es Engelbert Humperdinck.17 Son los estudiantes los que compran nuestra música, ahora, y ese es el problema. Hoy que los Beatles somos cuatro personas aparte, no tenemos el impacto que tuvimos cuando estábamos juntos.

Blackburn: Ahora hay que nadar contra la corriente de la sociedad burguesa, lo cual es mucho más difícil.

Lennon: Sí. Son dueños de todos los periódicos y controlan toda la distribución y promoción. Cuando surgimos como Beatles sólo estaban los sellos Decca, Philips y EMI para producirte alguna grabación. Tenías que nadar por entre toda la burocracia para llegar al estudio de grabación. Estabas en una posición tan endeble que no tenías más de doce horas para hacer un álbum completo. Así le hacíamos en los primeros días. Aun ahora es un poco así. Si eres un artista desconocido tendrás mucha suerte si te dan una hora de estudio. Hay una jerarquía, y si no cuentas con éxitos, ya ni te vuelven a grabar. Y controlan la distribución. Con Apple18 intentamos cambiar esto, pero no pudimos. Siguen controlando todo. emi mató nuestro álbum Two Virgins porque no le gustó. Con la última grabación censuraron las letras de las canciones en la funda del disco. Qué pinches ridículos e hipócritas son. Me permiten cantarlas pero no se atreven a dejarte leerlas. Es de locos.

Blackburn: Aunque ahora llegues a menos gente, tal vez el efecto sea más concentrado.

Lennon: Sí. Pienso que tal vez es cierto. Para empezar, la gente de clase trabajadora reaccionó contra nuestra apertura con el sexo. Se asustan de la desnudez, están reprimidos en eso como mucha otra gente. Tal vez piensan: “Paul es un buen muchacho que no anda armando escándalo.” Igual, cuando nos casamos Yoko y yo, recibimos unas cartas racistas, horribles, ¿sabes?, advirtiéndome que Yoko me iba a degollar. Esas llegaron sobre todo de gente del ejército, oficiales, que vivían en Aldershot.19
Ahora los obreros son más amigables con nosotros, quizá esto está cambiando. Me parece que los estudiantes comienzan a despertar lo suficiente como para intentar alertar a sus hermanos trabajadores. Si no rebasas tu propia conciencia, ésta se cierra de nuevo. Es por eso que la necesidad básica para los estudiantes es juntarse con los obreros y convencerlos de que no están diciendo burradas. Y por supuesto es difícil saber lo que realmente piensan los obreros, porque la prensa capitalista sólo cita a las celebridades como Vic Feather, de todos modos.20
Así que lo que queda es hablar con ellos en directo, sobre todo con los obreros jóvenes. Necesitamos comenzar con ellos porque saben que todo está en su contra. Por eso en mi álbum hablo de la escuela. Me gustaría incitar a la gente a que rompa los marcos de referencia, a que desobedezca en la escuela, a que abra la boca, a que siga insultando a la autoridad.

Ono: Tenemos suerte, de verdad, porque podemos crear nuestra propia realidad, John y yo, pero sabemos lo importante que es comunicarnos con otros.

Lennon:
Mientras más enfrentamos la realidad, más nos damos cuenta de que lo irreal es el programa central que rige los días. Mientras más reales nos volvemos, más abusos sufrimos, lo que en cierta forma nos radicaliza. Como cuando te arrinconan. Pero sería mejor que fuéramos más.

Ono:
No deberíamos ser convencionales en el modo en que nos comunicamos con la gente, especialmente en el stablishment. Debemos sorprender a la gente diciendo cosas nuevas, de un modo completamente nuevo. Una comunicación así nos puede dar un poder fantástico, siempre y cuando no hagas solamente lo que la gente espera que hagas.

Blackburn:
La comunicación es básica para levantar un movimiento, pero a final de cuentas se vuelve ineficaz a menos que una fuerza popular se desarrolle.

Ono: Me pongo muy triste cuando pienso en Vietnam, donde no parece haber más alternativa que la violencia. Esta violencia viene de siglos y se perpetúa a sí misma. En la época actual, cuando las comunicaciones son tan rápidas, debemos crear una tradición diferente; las tradiciones se crean todos los días. Cinco años de ahora son como cien años de antes. Estamos viviendo en una sociedad que no tiene historia. No hay precedentes para esta clase de sociedad, así que podemos romper los viejos modelos.

Alí: Ninguna clase dominante en la historia entera de la humanidad ha renunciado al poder voluntariamente, y no veo que esto esté cambiando.

Ono: Pero la violencia no es solamente algo conceptual, ¿sabes? Vi un programa acerca de un muchacho que regresaba de Vietnam. Había perdido su cuerpo de la cintura para abajo. Era un fardo de carne y, sin embargo, decía: “Bueno, pienso que fue una buena experiencia.”

Lennon:
El muchacho no quería enfrentar la verdad, no quería reconocer que todo había sido un desperdicio.

Ono: Pero piensen en la violencia, qué tal que le pasara a uno de sus hijos.

Blackburn: Pero, Yoko, la gente que lucha contra la opresión se ve atacada por aquellos que tienen sus intereses comprometidos con que nada cambie. Aquellos que buscan proteger su poder y su riqueza. Piensen en la gente de Bogside y Falls Road en Irlanda del Norte.21 Fueron atacados sin misericordia por las fuerzas especiales de la policía por comenzar a manifestarse en defensa de sus derechos. Una noche de agosto de 1969, siete personas fueron asesinadas a tiros y miles fueron expulsadas de sus hogares. ¿Acaso no tienen derecho a defenderse?

Ono: Es por eso que pienso que tienes que salirle al paso a estos problemas antes de que ocurran situaciones así.

Lennon: Si, pero ¿qué haces si algo así ocurre, qué haces?

Blackburn: La violencia popular contra sus opresores siempre está justificada. Es inevitable.

Ono: Pero en cierta forma, la nueva música mostró que las cosas pueden cambiarse mediante nuevos canales de comunicación.

Lennon:
Sí, pero como dije, nada cambió en realidad.

Ono: Bueno, algo ha cambiado y fue para mejorar. Lo único que digo es que tal vez podamos hacer la revolución sin violencia.

Lennon: Pero no puedes tomar el poder sin luchar.

Alí: Ese es el punto crucial.

Lennon: Porque, cuando nos vamos a los aspectos prácticos, al fondo del asunto, no van a dejar que la gente tenga poder alguno. Les otorgan todos los derechos para hacer representaciones y bailes en frente de ellos, pero no les van a dar ningún poder real.


Ono: El caso es que, aun después de la revolución, si la gente no tiene confianza entre sí, siempre se meterá en nuevos problemas.

Lennon: Tras una revolución tienes el problema de que las cosas sigan fluyendo, y discernir todos los diversos puntos de vista. Es bastante natural que los revolucionarios busquen tener diferentes soluciones, y que se dividan en diferentes grupos para luego emprender las reformas -esa es la dialéctica, ¿no es cierto?- pero al mismo tiempo tienen que estar unidos contra el enemigo para solidificar un nuevo orden. Yo no sé cuál sea la respuesta. Obviamente Mao está consciente de este problema y deja que ruede la bola.

Blackburn: El peligro es que una vez que se crea un Estado revolucionario, tiende a formarse una nueva burocracia conservadora a su alrededor. El peligro tiende a incrementarse si la revolución queda aislada por el imperialismo y hay escasez material.

Lennon: Una vez asumido el nuevo poder tiene que establecer un nuevo statu quo, justo para que sigan funcionando las fábricas y el transporte.

Blackburn: Sí, pero una burocracia represiva no necesariamente maneja las fábricas o el transporte mejor que lo que podrían hacerlo los trabajadores organizados en un sistema de democracia revolucionaria.

Lennon: Sí, pero todos tenemos dentro de nosotros instintos burgueses, y nos cansamos y necesitamos relajarnos un poco. ¿Cómo haces para que todo siga andando y mantengas el fervor revolucionario tras haber conseguido lo que buscabas? Por supuesto, Mao lo ha logrado en China, pero qué ocurrirá cuando Mao se vaya. También él promueve el culto a la personalidad. Tal vez sea eso necesario. Como ya dije, todos parecen necesitar una figura paterna. He estado leyendo el libro Khrushchev Remembers22. Entiendo que Khrushchev es un tanto un muchacho él mismo, pero me parecía que pensaba que era malo hacer una religión de un individuo; eso no parecía ser parte de la básica idea comunista. Pero la gente es la gente, esa es la dificultad. Si consiguiéramos Gran Bretaña, tendríamos el trabajo de limpiar la burguesía y mantener a la gente en un estado mental revolucionario.

Blackburn: En Gran Bretaña, a menos que podamos crear un nuevo poder popular -y ahí eso significaría básicamente un poder de los trabajadores, realmente controlado por la gente y que responda a la gente- no podremos hacer la revolución. Para nada. Sólo un poder muy enraizado en los trabajadores podrá destruir el Estado burgués.

Ono:
Es por eso que será diferente cuando una generación más joven nos reemplace.

Lennon: Pienso que no se necesita mucho para que los jóvenes aquí se echen a andar. Primero tenemos que darles margen para que se vayan contra los consejos locales o para que destruyan las autoridades escolares, como los estudiantes que quiebran la represión en las universidades. Ya está ocurriendo, aunque la gente tendría que juntarse más. Y las mujeres son muy importantes, también. No podemos tener una revolución que no involucre y libere a las mujeres. Es tan sutil la forma en que te enseñan la superioridad masculina. Me llevó bastante tiempo darme cuenta de que mi masculinidad le cortaba ciertas áreas a Yoko. Ella es una liberacionista de hueso colorado y fue muy veloz en mostrarme dónde y cuándo me iba chueco, aun cuando me parecía que actuaba naturalmente. Es por eso que siempre me interesa cómo tratan a las mujeres las personas que presumen de radicales.

Blackburn: Siempre ha habido cuando menos tanto machismo en la izquierda como en cualquier otra parte -aunque el surgimiento de la liberación femenina nos está ayudando a discernir el asunto mucho más a fondo.

Lennon: Es ridículo. Cómo puede alguien hablar de un poder para el pueblo sin reconocer que la gente es los dos sexos.

Ono: No puedes amar a alguien a menos que estés en una posición igual que quien amas. Y muchas mujeres se enganchan con hombres por miedo o inseguridad, y eso no es amor. Básicamente eso es por lo que las mujeres odian a los hombres.

Lennon: Y viceversa.


Ono: Así que si tienes a una esclava en la casa, ¿cómo puedes esperar hacer una revolución fuera? El problema para las mujeres es que si intentamos liberarnos, naturalmente entonces nos volvemos solitarias, porque muchas mujeres están deseosas de volverse esclavas, y es común que los hombres las prefieran a ellas. Así que tienes que arriesgar: ¿Voy a perder a mi hombre? Es muy triste.

Lennon: Por supuesto, Yoko estaba ya en la liberación desde antes de conocerla. Ella ha estado luchando en el mundo del hombre. El mundo del arte está dominado completamente por hombres. Así que bullía de ánimo revolucionario cuando nos conocimos. Nunca hubo ninguna duda al respecto: teníamos que tener una relación 50-50 o no habría relación. Y fui rápido en aprender. Ella escribió un artículo en la revista Nova hace más de dos años, donde decía: “Las mujeres son los negros del mundo.”

Blackburn: Por supuesto todos vivimos en un país imperialista que explota al Tercer Mundo, y aun nuestra cultura está implicada en esto. Hubo un tiempo en que la música Beatle era enchufada a la Voz de América.23

Lennon: Los rusos tomaban este asunto como que éramos unos robots del capitalismo, lo cual supongo que éramos.

Blackburn: Los rusos eran bastante estúpidos por no ver que eran bastante diferentes.

Ono: Hay que reconocerlo. Los Beatles eran música folclórica del siglo XX en el marco del capitalismo; no podían hacer algo diferente si querían comunicarse dentro de ese marco.

Blackburn: Trabajaba yo en Cuba cuando se publicó Sargento Pimienta y esa fue la primera vez que comenzaron a tocar rock por la radio.

Lennon: Confío en que se den cuenta que el rocanrol no es lo mismo que la Coca Cola. Conforme vamos más allá del sueño esto debería ser más fácil: por eso ahora quiero hacer aseveraciones pesadas e intento sacudirme la imagen que le fabricaron a las adolescentes de calcetín blanco. Quisiera llegarle certero a la gente correcta, y que lo que yo tenga que decir sea simple y directo.

Blackburn: Para empezar, tu álbum más reciente suena muy simple, pero las letras, el tempo y la melodía se van armando hasta lograr una complejidad de la que sólo se da uno cuenta gradualmente. Como en el corte “My mummy’s dead”, que hace un eco con la canción “Three blind mice”, y que aborda los traumas de la niñez.

Lennon:
La tonada logra eso. Era una especie de sentimiento, casi como en los haikús. El haikú en Japón es fantástico. Es obvio que si uno se libera de toda una sección de ilusiones en tu mente, te quedas con una gran precisión. Yoko me ha mostrado algunos de estos haikús en el original. La diferencia entre ellos y Longfellow es inmensa. En vez de un largo poema florido, el haikú diría: “una flor amarilla, en un tazón blanco sobre la mesa de madera”. Eso te da un retrato completo, realmente.

Alí: ¿Cómo piensas que podamos destruir el sistema capitalista aquí en Gran Bretaña, John?

Lennon: Pienso que la única forma es que quienes trabajan entiendan bien la posición tan realmente infeliz en que se encuentran, que puedan romper el sueño que los rodea. Muchos piensan que viven en un maravilloso país donde se puede hablar libremente. Con tener automóviles y teles no piensan que hay algo más en la vida. Están dispuestos a dejar que los patrones los manejen, y a que la escuela joda a sus hijos. Están soñando el sueño de alguien más. No es su propio sueño. Deberían darse cuenta de que los negros y los irlandeses son perseguidos y reprimidos y que ellos serán los siguientes. Cuando se den cuenta de ello, realmente comenzarán a hacer algo. Los trabajadores deben asumir las riendas. Como dijera Marx: “A cada quien según su necesidad.” Pienso que podemos comenzar por ahí. Pero tendríamos que infiltrar al ejército también, porque ahora los entrenan muy bien para matarnos a todos.
Debemos comenzar con esto desde donde cada uno de nosotros es oprimido. Pienso que cuando tu necesidad es enorme, es falso, superficial, darles a otros. La idea no es reconfortar a la gente. No se trata de hacerlos sentir bien sino hacerlos sentir peor, poniéndoles enfrente, constantemente, todas las degradaciones y humillaciones que sufren para conseguir lo que ellos llaman un salario que les permita subsistir.


Tariq Alí es autor de Street Fighting Years, Verso, 2005 y de Speaking of Empires and Resistance, Daanish Books, 2006, con David Barsamian.
Robin Blackburn es colaborador frecuente de CounterPunch, fue editor de The New Left Review y es autor de la excelente historia del comercio de esclavos The Making of New World Slavery, Verso, 1998 y de Banking on Death: the Future of Pensions, Verso, 2003.

Notas:

1 Brian Epstein, representante y manejador de los Beatles entre 1963 y 1967, año en que falleció.
2 Conocidos como loops en el argot musical mundial.
3 R.D. Laing, psiquiatra escocés, promotor de la antipsiquiatría y asociado con la Nueva Izquierda en los sesenta.
4 El desfile de Lord Mayor en Londres es un evento anual que data de 1215. Es una de las tradiciones locales de la monarquía británica, para reavivar la lealtad hacia la corona.
5 La rima no se sostiene en castellano. Cantaban: “Todos vivimos de pan y margarina.”
6 “Todos vivimos en una Escuela roja de Economía de Londres.”
7 “Ahora todos juntos.”
8 “Hay que darle oportunidad a la paz.”
9 “Prevaleceremos.”
10 Cantante nacido en 1942, parte del dueto los Future Tones. Su gran éxito fue la canción “War”, contra la guerra de Vietnam, en 1970, que sigue siendo un himno entre las nuevas generaciones negras en Estados Unidos, aunque no fue ésta su única alusión a la guerra.
11 Behan, nacido en 1928, fue un cantante irlandés, hijo de Stephen Behan -el famoso activista del Ejército Republicano Irlandés. Dominic estuvo preso en 1952 por una campaña de desobediencia civil contra el gobierno británico y sus canciones influyeron en toda una generación de músicos y poetas.
12 El Topo Rojo. Boletín publicado por el grupo trotskista conocido en Gran Bretaña como International Marxist Group, que intentaba abrirle ventanas a la izquierda. Su influencia fue fuerte a principios de la década de los setenta donde se conectaron con iniciativas como el Tribunal Russell y la Campaña de Solidaridad con Vietnam.
13 Esta ley conocida en inglés como Industrial Relations Act 1971, del parlamento del Reino Unido, fue muy controvertida porque impulsaba propuestas derivadas de un manifiesto del partido conservador, entonces en el poder. Hubo protestas masivas por parte de una amplia coalición conocida como el Congreso de Sindicatos (Trade Union Congress o TUC). La ley fue aprobada por la reina y no fue echada abajo sino hasta 1974, cuando retornó al poder el Partido Laborista.
14 Edward Heath, del Partido Conservador, fue Primer Ministro de Gran Bretaña tras ganar las elecciones de 1970, sucediendo en el poder a Harold Wilson.
15 Controvertido escritor australiano, fundador de la revista Oz, enjuiciado por publicar “obscenidades” en un célebre juicio en 1971 en el Reino Unido.
16 Fundado en 1930, con el nombre de Daily Worker, era un tabloide de izquierda asociada al partido comunista. Su nombre cambió a The Morning Star desde 1966.
17 Baladista anglo-indio, nacido en Madrás y criado en Leicester, Gran Bretaña. Su nombre real era Arnold Dorsey. Su estilo fue vena comercial para públicos fáciles. Muy popular en los sesenta y setenta, en los centros nocturnos, sus éxitos fueron arrasadores, al punto de robarle a los Beatles el primer lugar de popularidad con su versión de “Release me”, en 1967.
18 Apple Records es la compañía de discos que fundaron los cuatro Beatles en 1968. No confundir con la compañía de computadoras.
19 Aldershot, Hampshire, en Gran Bretaña, está reputado como el “hogar del ejército británico”.
20 Vic Feather fue el secretario general del TUC (el Congreso de Sindicatos) entre 1969 y 1973), que combatió la Ley de Relaciones Industriales al grito de “Kill the Bill” (matemos la propuesta de ley).
21 Bogside es un vecindario en Derry, fuera de las murallas de la ciudad, donde en 1969 hubo un amotinamiento comunitario enorme, y Falls Road es un vecindario en Belfast donde los partidarios del gobierno de Gran Bretaña incendiaron, también en agosto de 1969, muchas de las calles del barrio.
22 Nikita Khrushchev, Khrushchev Remembers. Con introducción, comentario y notas de Edward Crankshaw. Traducido y editado por Strobe Talbott. Little, Brown and Company, Boston, 1970, pp. 639.
23 La radiodifusora oficial del gobierno federal estadunidense.

Copyright Tariq Alí

Traducción de Ramón Vera Herrera

Siempre con Corea Popular, faro del socialismo y comunismo

















El robo de bebes y los vuelos de la muerte



miércoles, 3 de abril de 2013

Entrevista exclusiva con Alejandro Cao de Benós, único representante occidental de Corea del Norte – Video en RT


En exclusiva para RT, Alejandro Cao de Benós, el único representante occidental de Corea del Norte, en nombre del país más aislado del mundo y de cuyas acciones bélicas depende en gran medida la paz mundial, entreabre el velo sobre qué se puede esperar en las relaciones con Corea del Sur y Estados Unidos. Además, señala qué acción por parte de Washington podría ser un disparador para una guerra total y aclara que aunque su país desea la paz, jamás se arrodillará para conseguirla.

Entrevista exclusiva con Alejandro Cao de Benós, único representante occidental de Corea del Norte – Video en RT

Apuntes sobre gobiernos de izquierda e ideas de izquierda




Por Sandino Nuñez


Las formas democráticas


Alain Badiou dice que el siglo XX fue el siglo de la forma institucional del partido político, y que la política futura solamente podrá ocurrir, en tanto política, por fuera de la forma partido. El partido es el dispositivo que “politiza” al movimiento social al inscribirlo en el aparato del Estado en la modalidad de una representación de sus demandas o intereses: operación de la cual cabe deducir que el movimiento no es político y solamente cobra una existencia y una dimensión políticas al estar inscripto en el Estado bajo la forma genérica del partido. El movimiento es social y el Estado es político, y el partido es entonces lo que conduce lo social a lo político. Badiou razona que el movimiento es ya político y que el Estado tiene más que ver con el poder y la burocracia (enemigos, en suma, de la política), y que por tanto la política sería una práctica que se relaciona menos con la representación que “empodera” al movimiento social en el Estado, que con una cierta paciente organización del movimiento insurreccional en cuanto tal (las insurrecciones obreras en la Comuna de Paris, digamos). Slavoj Zizek, por otra parte, sugiere que la lucha anticapitalista contemporánea pasa menos por Marx que por Lenin, en el sentido en que el problema es menos el de saber cómo funciona y cómo nos determina el sistema capitalista (cosa que más o menos sabemos, ya que no es tan misteriosa) que el de saber “qué hacer” para luchar contra él. Y sabido es que Lenin fue el gran teórico de la forma partido en los movimientos insurreccionales o revolucionarios en el siglo XX: partido de vanguardia, partido de masas, momento de alianzas y frentes populares, etc. Se puede observar que las posturas de Badiou y Zizek son contradictorias sólo en apariencia: Zizek, supongo, quiere remitir a una especie de desconcierto generalizado de cierta élite intelectual politizada y anticapitalista que, sabiendo cómo funciona el enemigo, cómo domina, qué ontología lo sostiene y lo mueve, etc., está de todos modos absorto en una especie de estupor catatónico porque no tiene la menor idea de qué hacer. Son tiempos —oh, la novedad— de capitalismo global, mercantil, desregulado, que todavía parece vivir un romance fuerte y glorioso con la forma democrática en tanto reino de los medios de comunicación, la opinión pública y la volatilidad de la masa, el sufragio libre y la libertad de consumo. Todo apoyado, cada vez más tristemente, en el mito desarrollista, y en el fetiche técnico del número, la cifra y el porcentaje, y en el recetario liberal de los 80-90 (empequeñecimiento del Estado, control del gasto público y fiscal, terror al monstruo inflacionario, pago obediente de deudas a los organismos multilaterales como forma de acceso a buenas calificaciones y a nuevos créditos, fomento casi prostituto de la inversión extranjera directa, etc.).

Por otra parte, Jacques Rancière ensaya una defensa filosófica de la idea de democracia, considerando que la pulsión antidemocrática reprimida o la ira o el odio al demócrata (al confundirlo con el consumidor hedonista o lumpen incapaz de trascendencia o de idea colectiva alguna, típico producto del capitalismo tardío) trae inevitablemente de regreso la basura conservadora, reaccionaria y hasta protofascista (restauradores de las antiguas jerarquías, revalorizadores de las figuras “tutelares clásicas del padre o del teniente” —como dice Daniel Bensaïd—, gobiernos de técnicos o iluminados, intervenciones autoritarias o retrógradas verticalistas en nombre del republicanismo o aún de la universalidad, etc.). Mientras tanto, Badiou sostiene que es importante hoy mantener la valentía de definirse como “antidemócrata”, y también apela, razonablemente, a argumentos filosóficos: “democracia” es una palabra demasiado sucia ya, indisociable del capitalismo liberal de mercado, y conviene no solamente dejársela al enemigo, sino re-usarla para definir al enemigo. Y estas observaciones no son meramente anecdóticas. Expresémoslo en términos rodonianos: ¿debe caer la propia democracia como máscara del carnaval calibanesco pragmático, del triunfo de los Estados Unidos y del mercado salvaje, para dar nuevamente con el “espíritu alado” de Ariel, los buenos valores apolíneos detrás de los cuales seguramente se agazapan los tiranos indignados con la chusma: restauradores del orden, la aristocracia, la buena religión y las jerarquías de la tierra, la familia y la propiedad? Es difícil, aún en estos niveles de abstracción conceptual, saber qué hacer: es decir, saber qué hacer no con la democracia (o con las formas actuales de la democracia liberal), sino saber qué hacer contra su creador y mentor, el capitalismo (sistema estructuralmente creador de injusticia, violencia, miseria, explotación, esclavitud). No con la forma idílica de la globalización sino con su estructura.

Izquierda en el poder


Esta es la principal gran contradicción de las izquierdas en el Estado o en el gobierno (y vamos a jugar, provisoriamente, a que esa palabra, izquierda, todavía es capaz de denotar algo que va más allá de su mera contingencia histórica, del juego electoral, de la mística de sus adhesiones, de banderas y colores y logos y consignas, de la épica de su pasado sacrificial, etc.). Si el Estado y el gobierno, la división de poderes y aparatos, etc., son criaturas históricas modernas estructuralmente vinculadas al capital y a su defensa y desarrollo (desde las minorías cultas y las élites gobernantes o legislativas hasta los artefactos militares y policíacos): ¿cómo sentarse en ese lugar de poder sin legitimarlo como mero ejercicio: cómo desdecir, desmentir o criticar ese poder sin dejar entender que se trata de un gesto del propio poder? ¿Cómo hablar de revolución o de anticapitalismo desde una coalición de partidos de izquierda que fue inventada en la ensoñación de llegar al Estado a través del sufragio democrático universal, y a la que le cabe entonces, desde un principio, la lógica perversa de la competencia electoral, de la opinión pública y del “ánimo” o el “humor” de la masa, de la publicidad, del costo de las campañas, de los compromisos ulteriores con el capital y los inversores, de la burocracia y la cuotificación sectorial de cargos y autoridades?

Vamos a partir entonces de una especie de axioma intermedio y concesivo, de esos que tanto me molestan porque parecen arruinar de antemano toda posibilidad de intervención conceptual radical: en Uruguay tenemos (ya un segundo) gobierno de izquierda, y vamos a creer que eso quiere decir algo, que significa algo (“y no más bien nada”). No es lo mismo un gobierno nacionalista católico de “padres y tenientes” (para insistir con la figura de Bensaïd) o uno de colorados clase B, incapaz de hablar de otra cosa que no sea la respuesta punitiva y penalizante de la seguridad, que un gobierno de izquierda. No es lo mismo, aunque lo sea. Entre paréntesis hay que agregar que un intelectual de izquierda tiene una especie de obligación ética de ser crítico, doblemente crítico, precisamente, con los gobiernos de izquierda, y que esa obligación ética poco tiene que ver con la decepción, o con un sentimiento de haber sido estafado o defraudado, sino con una defensa o una resistencia de la idea de izquierda vinculada a cierto deseo anticapitalista. Pues vamos a pensar que en la izquierda empírica en el poder institucional (poder estructurado por el capital) todavía duerme una idea de izquierda, o un proyecto de izquierda que es contradictorio con ese poder y con el capital mismo. Y vamos a pensar además que esa idea de izquierda es capaz de situarse por encima de la tentación de resumir la contradicción política en la paranoia o en la obsesión tonta e ingenua de las parejas democracia-totalitarismo, o conservadores-progresistas, de tal modo que la única “verdad política” se resuelva entre los defensores de ciertos valores reaccionarios de orden, disciplina y “buena religiosidad” y los defensores de la democracia como mera inscripción formal de la libertad psicótica de expresión, de culto y de mercado. El problema, entonces, parados incómodos en este axioma, no podría ser otro: ¿qué hacer?

La propiedad pasiva.


En primer lugar, una idea de izquierda, que suponemos incluye una preocupación por la redistribución justa o equitativa de la riqueza, no puede situarse nunca al margen de una discusión del asunto de la propiedad, de la propiedad privada o exclusiva. Antes que nada, la forma brutal de la propiedad de la tierra y de la propiedad inmobiliaria (aunque también el asunto marxista clásico más complejo: la propiedad de los medios de producción). Independientemente de que en la propiedad, y en la propiedad exclusiva o privada haya una compleja y profunda discusión filosófica, se puede decir que una redistribución de la riqueza no puede ocurrir de ninguna manera exclusivamente ex post facto a través del recurso impositivo o fiscal, que arrincona y condena al Estado a funcionar como un actor económico más, y no como una entidad autónoma capaz de intervenir, regular y tomar decisiones políticas sobre la economía y el mercado.

Tarde o temprano, en estas formas primitivas y casi feudales de propiedad, formas pasivas o territoriales como la de los recursos naturales, la propia tierra o los inmuebles (o incluso el propio dinero), que involucran más a la especulación rentista que a la ganancia por explotación de la fuerza de trabajo, aparece una especie de debilidad endémica del capitalismo contemporáneo (para decirlo como Hardt y Negri: una contradicción interna entre productividad y propiedad privada), que debe ser aprovechada por la izquierda. El regreso de esta forma quieta, primitiva y brutal de la propiedad, con su voracidad acumulativa, su ley del mínimo esfuerzo, su folclore dinástico de herencia y prosapia, parece ir contra cierta sensibilidad creada por las propias dinámicas ansiosas de intercambio, sobrevivencia, producción, circulación, distribución y consumo del capitalismo urbano contemporáneo de mercado desregulado. ¿Por qué no empujar al capitalismo sobre sí mismo, por lo menos allí donde muestra puntos de vulnerabilidad y contradicción con el poder del Estado?

Un ejemplo. ¿Cómo y por qué no intervenir directamente, digamos, en el mercado de alquileres de vivienda, teniendo en cuenta la absurda y vergonzosa desproporción entre el salario mínimo inferior a los 8000 pesos, y la imposibilidad de alquilar una vivienda razonablemente habitable por menos de 12000 (sin incluir garantías, depósitos y todo el dispositivo destinado a asegurar al propietario)? La intervención a través de medidas indirectas como planes facilitadores o préstamos estatales para compra, en el supuesto de que van a terminar por incidir a mediano o largo plazo a la baja en el precio de los alquileres no es solamente ineficaz (hace seis o siete años que oímos lo mismo y los alquileres nunca han dejado de estar al alza): es inmoral: el Estado interviene como actor económico, confinando en la penumbra de lo económico-privado lo que debería ser un asunto político-público. ¿Por qué el miedo a intervenir políticamente, fijando y topeando precios, en la invocación del miedo al estímulo de un supuesto “mercado negro” —que ya es, por otra parte, el chasis irreductible de la dinámica capitalista urbana—, sobre todo teniendo en cuenta que los más jóvenes solamente pueden ingresar al mundo laboral casi exclusivamente en el “mercado negro”, sin protección estatal o sindical alguna, cobrando salarios por debajo de los laudos o de los mínimos, y por tanto son incapaces de entrar en el “mercado blanco” de alquileres? Quizás ni valga la pena tener en cuenta, por otra parte, que en el famoso fantasma inflacionario el rubro “vivienda y alquileres” aparece siempre como una guía o pauta del incremento. ¿Y no ocurre casi lo mismo con los precios de bienes de consumo necesarios en la canasta familiar (carne, verduras y frutas, etc.)? ¿No ha mostrado el ejecutivo la misma actitud pusilánime en el momento de intervenir en la libre regulación mercantil de los precios, fijando y regulando, por miedo otra vez al famoso “mercado negro”, dejando a los consumidores locales a la buena del “mercado pirata” de productores-exportadores o de comerciantes-importadores? En ciertos casos ridículos se ha llegado a apelar a la buena voluntad y al espíritu de colaboración de los mercaderes (cuando se trata de controlar la pauta inflacionaria), o en otros incluso se ha llegado a amenazar a los exportadores con importar carne roja o de pollo del Brasil (o alguna otra paparrucha inútil por el estilo) para corregir a la baja los precios del consumo interno, ni bien a los productores-exportadores se les va la mano con su voracidad.

Es otra forma de intervención indirecta, apolítica, sobre la economía. (Sin embargo, y no insisto más porque el espíritu de estos apuntes es otro, el ejecutivo no vacila en replantear a la baja los acuerdos salariales ya aprobados por los consejos porque están por encima de la pauta inflacionaria: el Estado no toca los precios pero no vacila en “topear” los salarios. ¿Podemos llamar “de derecha” a un Estado que interviene de esta manera? Sin dudas, si todavía creemos en una idea de izquierda.) Algo similar ocurre con la propiedad de la tierra: cada vez más concentrada en menos manos latifundistas, a pesar del INC o de la compra estatal con fines redistributivos.

Eduardo Platero observa: “En los últimos diez años han desaparecido (devorados por el latifundio) tres minifundistas por día. (...) Las leyes del mercado favorecen la concentración creciente de la tierra y el capital (...) Nunca hubo una matanza de pequeñas explotaciones del tamaño de las operadas en estos últimos diez años” (Tiempo de Crítica, Nº 44). Y se puede observar que la famosa “extranjerización de la tierra”, vinculado a la “soberanía” es un tema subalterno abstracto, lateral y sin importancia: a mí, por lo menos, me importa poco si el latifundista es austríaco, suizo o criollo, familiar o corporativo, si los beneficios y la riqueza común se alienan y se concentran en poquísimas manos privadas, son casi medievalmente rentistas y sin valor agregado y condenan casi a la esclavitud a los asalariados rurales. Una idea de izquierda no puede permitir que las reglas del mercado y el balance espontáneo privado oferta-demanda den cuenta de la tenencia de la tierra y de una riqueza que debería definirse a priori como pública o social. De ahí, por otra parte, que el resistido proyecto de cargas impositivas a la concentración de tierras haya resultado doblemente perverso: por un lado, la ingenuidad y la lentitud de otra intervención indirecta externa del Estado sobre la concentración de capital y riqueza (que, dicho sea entre paréntesis práctico: es mejor que exista a que no exista), y por otro, el hecho de que el proyecto se haya aprobado sólo a condición de que ese dinero se vuelque a las administraciones municipales para reinvertir en infraestructura y caminería que la propia actividad productiva privada estropea y arruina, al grito cimarrón y guapo de “que pague el que rompe”. El Estado termina por realizar así una quita al capital que es devuelta completamente a la propia dinámica del capital. Eso no es una intervención política del Estado sobre el capitalismo y la concentración: así planteado, eso es un chiste. Supongo que el espíritu original del proyecto era distinto.

Por más que lo podamos tratar en otro rubro, ya que indica un punto de intersección conflictiva entre la propiedad primitiva y las dinámicas urbanas típicas del posmocapitalismo, los medios de comunicación pueden ser vistos como otra forma, y una de las formas más escandalosas, de eso que podemos llamar “propiedad pasiva” (primitiva), sobre todo porque asume el comportamiento privado de propiedad algo que por definición es la concesión de explotación privada de un bien público o social. Algo que puede ser quitado o expropiado por el Estado en el momento que sea. Sin embargo, la impunidad oligopólica, las presiones ejercidas por tres o cuatro grandes empresas privadas en la adjudicación estatal de señales para abonados y ahora de señales digitales, etc., habla otra vez de la debilidad pusilánime del Estado de izquierda para enfrentar a la propiedad privada o exclusiva, aún en sus puntos jurídicamente débiles. Y acá la fuerza ideológica de Andebu recurre estúpidamente a argumentos liberales que mentan la democracia comunicativa, la libertad de prensa, el terror a la censura y al intervencionismo totalitario del Estado, etc. O peor, más ridículamente, se resisten a la iniciativa —bastante boba e inocua, por otra parte— de una cuota horaria de servicio social en sus trasmisiones, argumentando que ellos (usufructuarios de señales abiertas de radio o televisión) brindan un servicio gratuito (nadie paga para ver televisión abierta), y que, por tanto, ya es social. Es un argumento para reírse, o para abofetear a quien lo sostiene y a quien le cree, por cretino uno y por idiota el otro (si se cobrara un impuesto al cretinismo y a la idiotez que se volcara a la educación en serio, ya habríamos recorrido la mitad del camino revolucionario). ¿Puede hablar de democracia un oligopolio de grandes empresas que concentran el negocio de la información-comunicación-entretenimiento, que hacen y dicen lo que se les canta, que hacen la basura que hacen con un mínimo de costo y un máximo de beneficio, y que facturan millones en pautas publicitarias y tiempo contratado —todo en el usufructo de un bien común? ¿Y el Estado no puede tocar esa estructura, aún sabiendo que es el gran punto estratégico, el centro nervioso de la política (o de la no-política) contemporánea? En suma. En este asunto que he llamado “propiedad pasiva” se habrá notado que no estoy hablando (no todavía) de comunismo, de socialismo, y menos de revolución. Estoy mencionando simplemente lo que cabría esperar de un gobierno de izquierda dentro del juego democrático institucional. Bastaría, para empezar, en este caso, que el gobierno y el Estado aprovecharan a favor de cierta línea redistributiva, la contradicción interna entre la propiedad privada quieta y pasiva, y el axioma “democrático” de la dinámica histérica del desarrollo hiperproductivo y de hiperconsumo del capitalismo urbano desregulado. Bastaría que aprovecharan la ira o el enojo de la masa (típicamente post-social) con la acumulación brutal, rentista, especulativa o extractiva, propias de la propiedad pasiva, que es vivida como mera usurpación por distintos estratos de esa masa (desde los ocupas sin techo o sin tierra o los comerciantes ambulantes que toman medidas de “contrahabitación” u ocupación de lugares o territorios vacíos —Paul Virilio—, hasta cierta coquetería new age que poéticamente se queja del absurdo de que los árboles, los bosques, los minerales, el mar, los ríos, el aire y la vida sean la propiedad exclusiva de alguien). Evidentemente, esta estrategia está asediada por peligros múltiples —sobre todo si tenemos en cuenta cuáles han sido los puntos y los tics más débiles de los gobiernos de izquierda—. Uno de ellos es que la lucha contra la propiedad pasiva nos condene a ligarnos orgánicamente a la defensa democrática de la hiperproductividad y del juego abierto y darwiniano del mercado libre, o por lo menos del mito desarrollista. Ésa no es la verdadera contradicción: es, insisto, una “contradicción interna” al capitalismo, que es posible utilizar estratégicamente, pero que en cualquier caso, si no es superada oportunamente, nos devuelve al propio capitalismo.

Dinámicas urbanas de lo post-social


Un apunte lateral con respecto a la propiedad de los medios de producción (que no es, obviamente, una forma de propiedad pasiva, sino que, hasta cierto punto, se le opone): el capitalismo industrial analizado y criticado por Marx pone el énfasis en este tipo de propiedad, y en su gran creatura conceptual: el antagonismo capital-trabajo. Parece más sencillo, en este punto, seguir la línea clásica de una organización del proletariado urbano que se entiende y se sabe en lucha contra el capital que lo explota, y entiende y sabe que esa lucha encarna cierto tipo de universal (la superación de un sistema o de un modo histórico de producción). Porque por más que parezca haber pasado a segundo plano, o haber sido cubierta por formas más vistosas como el mercado o la renta, la contradicción clásica trabajo asalariado-capital todavía existe y la explotación de la fuerza de trabajo es y seguirá siendo una de las columnas más sólidas en las que se sostiene el sistema.

Acá hay ciertas iniciativas como el FONDES (fondos de desarrollo para empresas autogestionadas, resistido por sectores de la izquierda vinculados al astorismo) que quieren tramitar la voluntad de una redistribución posible, a pequeña escala experimental, de riqueza, trabajo y recursos, en comunidades cooperativas de trabajadores que compitan, con cierta asistencia estatal (ventas al Estado que aseguren un ingreso de sustentabilidad, por ejemplo), en el mercado capitalista desregulado. No sólo estamos lejos de los problemas de fondo: el peligro de este tipo de iniciativas casi con seguridad es el de sumarse al asistencialismo de las líneas de cooperación de los 90, las ONGs, incluidas las iglesias populares y su sueño de gobierno sobre las exoclases, que tiende a barrer con la contradicción trabajo-capital, desproletarizando la fuerza de trabajo, convirtiéndonos en emprendedores y persuadiéndonos de que con cierta ayuda, iniciativa, astucia, disciplina y ethos capitalista todos podemos competir libremente en un mercado lleno de oportunidades. Pues ¿qué asegura que una cooperativa de trabajadores que gestiona una empresa no se transforme en los hechos en una especie de sociedad anónima, o en una empresa capitalista como cualquier otra, definida por la competitividad, la lucha por nichos de mercado, los recursos publicitarios, la organización técnico-gerencial de la comunidad, etc.? (del mismo modo: ¿cómo evitar que una cooperativa de viviendas por ayuda mutua, digamos, no se termine por convertir en una mera asociación de propietarios organizados para la defensa de su propiedad?) Así, el asunto, más bien, se desplaza: ¿cómo orientar esos esfuerzos de manera tal que lo universal de la lucha contra el capital no se pierda o no se desvanezca en el entusiasmo productivo-competitivo? Porque “solidaridad” o “cooperación” son meras abstracciones (como la estúpida “educación en valores” que propone el ala reaccionaria del sistema liberal, al advertir el deterioro y la catástrofe de lo social que el propio liberalismo económico ha provocado en los últimos tiempos) si estos problemas de organización no se entienden dentro de la lucha emancipatoria de un sujeto contra la explotación, la injusticia, la especulación, etc. Ése es el lío en este caso. Porque evidentemente la organización de las comunidades autogestionadas pasará por el famoso tema de la capacitación laboral, técnica o gerencial-administrativa, o de diseño, marketing y publicidad, hasta ser completamente asimilada por la forma comunitaria empresarial pragmática protestante. (Yo me temo que esto forma parte del proyecto del actual gobierno de izquierda que se piensa destinado a la gran escala (universidad técnica, educación para el mercado de trabajo, etc.).)

Acá el problema es que el capitalismo contemporáneo empuja a una especie de desorganización absoluta de lo social, guiada menos por la propiedad privada o exclusiva de los medios de producción que por las líneas abiertas de la vida del mercado liberal no regulado: es eso que en otra parte hemos llamado “privatización de lo público”, “desocialización” o “despolitización” de lo social o estado “post-social”, caracterizado por la aparición de las “exoclases” o de los “exosujetos”, con su psicología lumpen-pragmática, la competitividad, la violencia o el celo territorial, el acting histérico individualista o grupal, las relaciones prácticas horizontales, etc. La famosa etologización del espacio social. Y esto, contradictoriamente, no excluye ciertas medidas de protesta o de lucha contra la propiedad pasiva que mencionábamos recién: la ocupación de hecho del territorio, la contrahabitación, los piquetes, la indignación o la ira generalizada como enormes montos de energía desatada de golpe en forma de calor, de actings violentos incapaces de ver o de pensar al capitalismo y dispuestos a incendiar todo lo social. Y en este punto es donde el capitalismo contemporáneo, seguramente a golpes de azar y contingencia, adquiere una especie de “fuerza de sabiduría” que condena a la ira anticapitalista a caer en una doble trampa, a girar indefinidamente en el vacío: si me indigno con la usurpación medieval de la propiedad pasiva tiendo a caer en argumentos o en acciones que en la práctica terminan por ser funcionales con el mercado liberal, entonando la oda a la hiperproductividad y a la hipercirculación; o por el contrario, si me indigno con la desocialización consumista competitiva creada por el mercado liberal no regulado tiendo a caer en argumentos o en acciones que pueden terminar haciendo máquina con los valores abstractos del orden, la censura, la seguridad y la intervención del Estado como aparato superyoico, de las aristocracias de sabios o las tecnocracias de expertos, y que rápidamente serán parte del juego de lo que Rancière llama “el odio a la democracia”. Entonces, el asunto es, otra vez, guste o no, menos marxista que leninista: ¿qué hacer?

Quiero poner un solo ejemplo en el que me parece que el hacer del Estado es un buen hacer: los consejos de salarios. Los CS son, evidentemente, la gran herramienta promovida por el gobierno de izquierda para hacer público lo privado. Y éste parece ser el gran asunto en este momento: hacer público lo privado. Como en cualquier otro aspecto de la vida social, cabe esperar que un gobierno y un Estado “de izquierda” tomen como suyos la tarea de hacer público lo privado. Y ni siquiera lo digo en el sentido de propiedad privada vs. administración estatal, sino que estoy varios pasos más atrás: cuando Marx teoriza e insiste con el tema del salario y del plusvalor está llevando al espacio público, iluminando con una luz política, algo que tiende a quedar sepultado en el ámbito de lo privado (el acuerdo siempre injusto entre el dueño del medio de producción y el que vende su fuerza de trabajo; lo mismo vale para un contrato de alquiler, el acuerdo siempre injusto entre arrendador-propietario y arrendatario, o para el precio de un bien de consumo, o para el uso exclusivo de canales de trasmisión). En ese sentido hablo de llevar lo privado a lo público: llevar lo económico a lo político. Quebrar la hegemonía de la lógica económica sobre el pensamiento político y la organización social, e insistir en el antagonismo entre economía y política, entre lo privado y lo público.

Apuntes finales por hoy

 
Y acá, seguramente, llegado el momento, debemos ir más lejos que el marxismo clásico y sobrepasar no solamente el concepto de desarrollo de las fuerzas productivas sino, sobre todo, la idea misma de productividad. El socialismo histórico ha quedado entrampado en el dogma capitalista de la producción y el desarrollo (la observación es vieja —yo, personalmente, la tomo de Walter Benjamin), dos de los pilares de la religión capitalista. Las variantes argumentales de que el socialismo solamente es posible luego de alcanzados ciertos rangos de desarrollo y de madurez de las fuerzas productivas (o en una versión cimarrona, que el socialismo es para los países ricos o desarrollados) es un estribillo recurrente en la izquierda (por lo menos, en la izquierda uruguaya) contemporánea. Voy a liberarme de toda obligación previa de definir el modelo de sociedad futura que la izquierda quiere, y a partir de la obligación filosófica (marxista, por otra parte) de que tal sociedad futura solamente nace de una praxis crítica con respecto al actual estado de cosas que nos ha tocado vivir (y ese “nace”, se entiende, no remite a ningún momento histórico específico, sino que es más bien el camino a una Idea). En un mundo globalmente privatizado (en el sentido más amplio y despiadado que es posible darle a esa palabra), en la que la dinámica y la circulación del capital adquiere, por un lado, la forma de una lucha caótica por el territorio (incluso, y quizás sobre todo, del territorio virtual de la comunicación y la información) como condiciones de producción (sobrevivencia, creatividad, competitividad, venta, compra, intercambio, prestación de servicios, etc.), y toda práctica ha sido “industrializada” en el sentido de “empresarializada” y dispuesta para el consumo (la propia fuerza de trabajo, la cultura, la sexualidad, el cuerpo, las actitudes, la creatividad, el arte, la diversión, la inteligencia, los afectos y los sentimientos, las ideas, el habla, las identidades, etc.), y por otro, la forma quieta y medieval de la propiedad pasiva o rentista con un vínculo escasísimo o sin vínculo alguno con el famoso orden productivo (inmuebles, alquileres, tierras, forestación, etc.), no tiene el menor sentido seguir insistiendo en la oposición entre capital productivo y capital especulativo, entre buenas inversiones que dan trabajo y divisas e inversiones haraganas que especulan, extraen y saquean.1 El capital es uno solo, y ese Uno ha logrado, en sus extremos, partir el mundo en hiperproducción-hiperconsumo frenéticos, y quietud definitiva. Muerte por sobredosis o muerte por abstinencia. Tampoco tiene el menor sentido esperar el momento oportuno del desarrollo de la economía en un país pequeño del tercer mundo para dar el famoso “salto en calidad” (he escuchado ese argumente más de una vez en boca de más de un jerarca): eso es un argumento liberal “de derecha” contra el cual la izquierda clásica ya debería haber desarrollado anticuerpos. Nunca se dará, en un sentido empírico, ese salto, ya que “dar el salto” es tomar la decisión política de darlo y luego pensar hacia-atrás, pensar en el mundo de antes o de después del salto, sin que el “salto” en cuestión haya tenido una existencia empírica concreta. Si ese “salto”, como decisión conceptual-subjetiva, no ocurre, seguiremos observando obsesivamente los indicadores económicos de desarrollo, enamorados o aterrorizados con la exuberancia del número y la cifra (indicadores, PBI, renta per capita, índices de pobreza, etc.), absolutamente rehenes de una lógica económica omnímoda y asfixiante, difiriendo indefinidamente la decisión de cortar esa lógica con praxis crítico-política.

Y yo insisto: ése es el corte y la contradicción que un gobierno de izquierda ya debería forzar. Lo público y lo privado, lo político y lo económico, lo social y el capital. Porque (¿será necesario decirlo?) no hay capitalismo malo y capitalismo bueno (o “en serio”): el capital tiene como origen y destino al capital mismo (más capital), y ese destino se conquista explotando la fuerza de trabajo, o estimulando el la hiperproductividad, el libre mercado y el hiperconsumo, o a través de la renta o de la especulación pasiva. Se puede intervenir sobre la publicidad, las industrias blancas como el turismo y el comercio, los famosos créditos pedorros para el consumo con intereses de usura destinados al endeudamiento interno y a las bicicletas en el fetichismo de la mercancía. No es posible seguir ya oyendo la frase obscena de que tal o cual “empresa” estatal (transporte, ferrocarriles, líneas aéreas) ya no es rentable y lo mejor entonces es una cesión o una concesión a capitales privados y a inversiones extranjeras, o a administraciones mixtas regidas por el derecho privado, etc., porque la consigna es achicar los costos del Estado o abatir el déficit fiscal. El ejemplo de la acelerada “tercermundización” de Europa debería resultar aleccionante.

NOTA:
 1. Significativamente, el Presidente Mujica, en su audición radial (forma extraña de intervenir como predicador oral en un modo siempre oblicuo y ambiguo con respecto a su investidura institucional) vuelve a insistir con la concentración y la extranjerización de la tierra, y maneja los ejemplos de Monte Fresnos y Taurión, una de las cuales reúne padrones que alcanzan entre las 30 y 50 mil hectáreas, ambas firmas presumiblemente propiedad de un ciudadano norteamericano, y con respecto a las cuales Mujica sospecha de un mera operación especulativa con los precios. Pocas horas después, una mujer (seguramente ocupa algún cargo gerencial importante en alguna de las empresas mencionadas, o en ambas), sale a corregir: dice que no se trata de tierras improductivas sino forestadas (el modelo Lacalle de productividad) y que la empresa da trabajo directo a 50 personas y trabajo indirecto a otras 250. 50 mil hectáreas emplean a 50 peones (vaya uno a saber en qué condiciones) e indirectamente da trabajo a otros 250 (que casi con seguridad incluye a los que remiendan la ropa, los que hacen tortas fritas, en fin). Es para reírse. Lo significativo es que Mujica no haya salido a responder esa idiotez, dejando la impresión de que se equivocó una vez más, de que no estuvo debidamente asesorado, etc., cuando en realidad el problema está en que la línea entre capital productivo y capital especulativo está borroneada por el propio capital. Supongo que en el fondo Mujica tiene que conceder que treinta mil hectáreas forestadas son una actividad productiva —y ésa es una de las trampas del argumento facilista que opone productividad a especulación.

Hitorial criminal del asesino de Monseñor Romero

 Octavio Enríquez - El Nuevo Diario

Ricardo Lau es señalado en Estados Unidos como el francotirador que mató en El Salvador a monseñor Oscar Arnulfo Romero, el 24 marzo de 1980, un crimen ordenado por el mayor Roberto D'Aubuisson, jefe de los escuadrones de la muerte salvadoreños. Lau ha quedado al descubierto en el primer juicio de este caso que se abrió en California hace unos días, pero en Jinotepe, donde fue en un tiempo de la jefatura de la Guardia Nacional, no causa sorpresa. Los sandinistas que torturó lo describen como "un frío criminal".


Marco Antonio Cruz, torturado directamente por Lau en Jinotepe. "El era un asesino frío. Me dañó la espalda", recuerda. Inserto el teniente coronel Ricardo Lau.
Marco Antonio Cruz, torturado directamente por Lau en Jinotepe. "El era un asesino frío. Me dañó la espalda", recuerda. Inserto el teniente coronel Ricardo Lau.

   
La noche del 16 de junio de 1978, muchas cosas cambiaron en la vida de Marco Antonio Cruz. Dos días antes había regresado de entrenarse en armas contra el somocismo en la Hacienda "La Lucha", del ex presidente José "Pepe" Figueres Ferrer, en Costa Rica, y a las 10:30 minutos la Guardia Nacional lo llegó a buscar a su casa en Santa Teresa, Carazo.

El grupo de militares lo dirigía el teniente Solórzano, de la Guardia Nacional, un conocido de él en los tiempos en que Solórzano patrullaba en Nueva Guinea, y Cruz impartía clases --en 1976--, una profesión que el Ministerio de Educación no le permitió continuar "por andar de comunista".

Encapuchado a "La Chiquita"

Solórzano y otros guardias agarraron a Cruz, lo encapucharon para llevárselo al comando de la Guardia Nacional en Jinotepe, por lo que pudo reconocer al jefe hasta después. A Cruz, entonces de 22 años, lo pusieron en una celda que llamaban "La Chiquita", de escasos cuatro metros por cuatro, donde en varias ocasiones metieron a tantas personas que sólo se podían levantar, alzar las manos y estirar el cuerpo para volverse a sentar.

Recién llegado al comando, un oficial vestido de un caqui impecable, enterado de los entrenamientos en la finca de Figueres, le soltó un puñetazo en el rostro más una advertencia eriza pelos: "Hijueputa sandinista, éstas son las últimas horas de tu vida, mejor hablá". Era el teniente coronel Ricardo Lau, conocido como "El Chino" en la Guardia Nacional, que fue nombrado después jefe de la Cárcel Modelo de Tipitapa.

Lau salió raudo de la celda y volvieron a encapuchar a Cruz. Le preguntaron qué sabía, dónde estaban las armas, quiénes eran sus compinches. No respondió. Lo colgaron de los brazos, le daban golpes en el estómago con culatas, lo sacaban al patio, lo sumergían en una pileta. "¡Te conviene hablar hijueputa, si no te morís!", escuchaba.

Esa madrugada lo sacaron en un carro BMW celeste, de un señor de Jinotepe, y se lo llevaron a Managua a la Oficina de Seguridad Nacional, donde los golpes continuaron al punto que ya no se podía levantar, un aspecto que parecía sin importancia para los guardias, que lo arrastraban y continuaban pateando, le daban choques eléctricos y lo volvían a arrastrar hasta la celda de nuevo. Una y otra vez.

Una mirada asesina

Estuvo 20 días detenido. "Sentía cuando me volvieron a encapuchar que me daban con una bola de madera, porque eran golpes secos. Ricardo Lau inspiraba miedo. Esa mirada daba miedo. No hay otra palabra: miedo".

En Santa Teresa, no se sabía qué había pasado con Cruz, algunos familiares lo daban como "desaparecido" por el régimen. En las noches se escuchaba en Radio Corporación mensajes preguntando por él, pidiendo su libertad, y en el diario La Prensa --que había dirigido Pedro Joaquín Chamorro hasta su asesinato el 10 de enero de ese año--, aparecían fotos de Cruz preguntando dónde estaba.

El cuatro de julio de 1978 fue presentado ante el juez, acusado de asociación ilícita para delinquir y atentar contra la seguridad nacional del Estado, donde se cerró, a medias, el ciclo iniciado con Lau. La carceleada le ha costado mucho. 26 años después, el cuello lo tiene tan duro como una porcelana y a la vez muy delicado. Se ve obligado a inyectarse para que los dolores aminoren, y su espalda la mantiene tan recta como el espaldar de una silla para evitarse problemas.

"Tiene la facción de un criminal nato. Lau tiene una presencia cruel. A mí me quitó mi juventud, yo no tuve juventud", insiste.

El historial

Ricardo Lau es recordado en Jinotepe como un hombre de pocos gestos. Algunas veces en los años menos cruentos del conflicto, le gustaba pasear en el parque. A menudo vestía bien, al punto que cuando no andaba de uniforme pocos se imaginaban que era un teniente coronel de la GN, menos de la Oficina de Seguridad Nacional.

Hoy tiene 67 años, de acuerdo con el antiguo expediente de la extinta Seguridad del Estado sandinista. Nació en Estelí, es hijo de Benjamín Lau, originario de Cantón, China continental. En 1954 ingresó a la Academia como cadete, una historia militar que terminó con el grado de teniente coronel, ostentado hasta su salida de Nicaragua en 1979.

"Lau decía que se había preparado en el Brasil. Que había estudiado antiterrorismo. Era cruel. Algunas veces golpeaba a la gente en sus testículos con armas, les daba patadas", dice un oficial retirado del Ejército.

El teniente coronel Lau recibió entrenamiento en las escuelas que preparaban hombres fríos, consideradas por muchos como formadoras de asesinos. Entrenado por estadounidenses, Lau pasó por la Escuela de las Américas, Fuerte Gullick, y estuvo en la zona del Canal de Panamá.

El asesinato de Romero
*Monseñor Oscar Arnulfo Romero fue asesinado por un francotirador en marzo de 1980 cuando celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia de San Salvador, un crimen que hasta hoy sigue impune.

*"Horas antes del crimen, D'Aubuisson se había reunido con el entonces capitán Álvaro Saravia, con Fernando Sagrera y con el capitán Eduardo Ávila en la residencia de Alejandro Cáceres, en San Salvador. Cáceres informó que Romero oficiaría una misa y opinó que sería una buena oportunidad para asesinar al Arzobispo. Fue entonces cuando D'Aubuisson ordenó el asesinato", relata la Revista Envío en 2000.

*Amado Garay, motorista de Álvaro Saravia, quien estuvo en la reunión y que fue quien condujo al francotirador (Lau es el señalado) en el auto desde donde se disparó contra monseñor Romero.

*Después de conseguir al francotirador, por orden del capitán Ávila, Garay condujo al individuo en un volkswagen rojo al Hospital de la Divina Providencia, y se estacionó frente a la capilla en donde monseñor Romero se encontraba celebrando misa. El desconocido, de barba, le ordenó a Garay agacharse y simular una reparación. Al hacerlo, Garay escuchó un disparo, volteó, y vio al sujeto, quien "sostenía un fusil con ambas manos con dirección al lado derecho de la ventana trasera derecha del vehículo, sintiendo en el momento un olor a pólvora".

*"Soldado: no estás obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Date cuenta de que es tiempo de que recuperes tu conciencia. En nombre de Dios, pues, en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: cese la represión", dijo Romero. Así lo publicó el diario español El País el 26 de marzo de 1980.

martes, 2 de abril de 2013

Silvio Rodriguez canta "Elegía Segunda"



Elegía segunda

(A Pablo de la Torriente, comisario político)

“Me quedaré en España, compañero”

me dijiste con gesto enamorado

y al fin sin tu edificio tronante de guerrero

en la hierba de España te has quedado.

Nadie llora a tu lado:

Desde el soldado al duro comandante,

Todos te ven, te cercan y te atienden

Con ojos de granito amenazante,

Con cejas incendiadas que todo el cielo encienden.

Valentín 1 el volcán que si llora algún día

Será con unas lágrimas de hierro,

Se viste emocionado de alegría

Para robustecer el río de tu entierro.

Como el yunque que pierde su martillo,

Manuel Moral se calla

Colérico y sencillo.

Y hay muchos capitanes y muchos comisarios

Quitándote pedazos de metralla,

Poniéndote trofeos funerarios.

Ya no hablarás de vivos y de muertos,

Ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida

No te verá en las calles ni en los puertos

Pasar como una ráfaga garrida.

Pablo de la Torriente,

Has quedado en España

Y en mi alma caído:

Nunca se pondrá el sol sobre tu frente,

Heredará tu altura la montaña

Y tú valor el toro del bramido.

De una forma vestida de preclara

Has perdido las plumas y los besos,

Con el sol español puesto en la cara

Y el de Cuba en los huesos.

Pasad ante el cubano generoso,

Hombres de su brigada,

Con el fusil furioso

Las botas iracundas y la mano crispada.

Miradlo sosteniendo a los terrones

Y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos

A nuestros más floridos batallones

Y a sus varones como rayos rudos.

Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan.

No temáis que se extinga su sangre sin objeto,

Porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan

Aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.

1 Se refiere a Valentín González “El Campesino”, que fue jefe de su Unidad Militar.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

  Razones de Cuba   Desde La Habana, donde hemos visto caer imperios a lo largo de 500 años, la situación de Estados Unidos en junio de 20...