Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La leyenda de Hércules




 Desesperada por liberar a su gente del dominio de su vengativo esposo y poder así traer paz a su tierra, la Reina Alcmena reza a los dioses por un poco de dirección. Es escuchada y bendecida con un hijo: Hércules, quien proviene de Zeus, el dios de la guerra. Mientras que su verdadera identidad permanece oculta, la ilegitimidad de Hércules es resentida por el Rey Anfitrión, quien está a favor de su hijo mayor, Ificles. El joven Hércules se enamora de la hermosa Hebe, hasta que son separados por su padre quién proclama que Ificles deberá casarse con la princesa. Mientras planea escaparse para poder casarse con su amor, Hércules es capturado por los guardias del Rey Anfitrión y enviado a morir en la guerra. Al escapar de la muerte, Hércules une fuerzas con un compañero guerrero, Sotiris, en una noble causa por liberar al reino de la tiranía del Rey Anfitrión...

 

martes, 18 de noviembre de 2014

Fin al narcoestado






Arsinoé Orihuela

 En las redes sociales circula una verdad que sólo algunos incautos se atreverían a objetar: a saber, que “la llama de la insurgencia está encendida”. Esta enunciación tiene básicamente dos implicaciones: una, que el país mudó de ánimo, que transitó de la indiferencia a la indignación; y dos, que la llama es sólo eso: una luz momentánea. La primera da cuenta de un estado de humor nacional, precedido por una larga secuencia de atropellos sin reparación, y un sentido de justicia sistemáticamente agraviado. (En cualquier rincón del país se puede escuchar un sonoro ¡ya me cansé!). La segunda indica el carácter volátil y transitorio de ese ánimo. De esta ecuación se desprende una consigna, que coincidentemente circula con el mismo eco en la redes: ¡desobediencia civil ya! En algo está de acuerdo la mayoría de la población en México, y es justamente en la necesidad de actuar, y preferentemente sin demoras. El sentido de urgencia no es en ningún modo una conjura contra la necesidad de reflexión metódica: es tan sólo el imperativo temporal que nos impone la magnitud de la crisis. Es preciso pensar y actuar. Y pensar y actuar ya. Un día en el presente nacional equivale a decenas de muertos a manos del crimen, la guerra y el Estado.

Y puede ser que la muerte no tenga remedio; que no exista una figura de reparación mínimamente compensatoria para ese daño. Esta es una idea que seguramente a todos nos asalta con cierta frecuencia. Con más razón las muertes no pueden ser en vano. La magnitud del agravio debe traer consigo un desagravio de magnitudes mayúsculas. En México ni siquiera es meritorio de la verdad jurídica: acá la muerte encierra una triple injusticia: la de la criminalización, la de la humillación y la del olvido. La muerte impune y la impunidad letal son las divisas dominantes del narcoestado mexicano.


Frenar el estado de horror es la primera tarea


Precisamente el pensamiento y la acción deben abocarse a este primer objetivo. Los crímenes contra los normalistas en Guerrero arrojaron luz sobre un hecho que ahora es incontrovertible: la delincuencia organizada es el Estado, y el narco es el jefe supremo de ese Estado. Aún con toda la parafernalia pericial y mediática, las familias de los 43 estudiantes desaparecidos mantienen firme su tesis: “Se los llevó la autoridad municipal; en complicidad con otra gente, pero se los llevó la policía en unas patrullas, se los llevó la autoridad… Pueden haber mil líneas de investigación pues ya sabemos que en Guerrero te ejecutan, te desaparecen, te asesinan, te encarcelan, te reprimen y no pasa nada. Eso ya lo conocemos nosotros. Pero no queremos que se desvíe la investigación de que los policías se los llevaron, y el Estado tiene que responder por eso. Fue su crimen” (Proceso 25-X-2014).

El Ejército Popular Revolucionario (EPR) refuerza esta hipótesis: “Los misteriosos civiles [a los que presuntamente fueron entregados los estudiantes]… son militares en misión contrainsurgente de paramilitarismo”. Otra vez la imputación del crimen es atribuida a la autoridad.

En este sentido, la inferencia es prácticamente una obviedad: la autoridad es responsable de este episodio de horror.

Pero si nos remitimos a los hechos, y a la intuición práctica, descubrimos que esta ocasión de crimen barbárico no es un incidente aislado. En toda la geografía nacional se presentan situaciones análogas. Y los señalamientos de la población con frecuencia apuntan a la autoridad: efectivos militares, policías, paramilicias al servicio de un poder público o privado, etc.

El Estado no sólo no es garante de los derechos humanos, sociales o civiles: el Estado es el principal transgresor de estos derechos. La suspensión de garantías individuales y colectivas es el oficio no declarado de ese Estado.

Frenar el estado de horror forzosamente implica tomar el asunto de la reparación o procuración de justicia en manos de la población civil. No le podemos seguir pidiendo al verdugo que repare sus crímenes. Decretar el divorcio radical de la sociedad y el Estado es un paso firme en esa dirección.

El Estado –se sostuvo en otra ocasión– “es el responsable de los crímenes en Guerrero por dos razones: uno, porque involucra directamente a personal estatal en los actos represivos-delictivos; y dos, porque el Estado es el facilitador de las empresas criminales, suministrando, a través de las políticas que impulsa, la trama legal e institucional que permite el libre albedrío de los negocios privados, aún allí donde tales intereses particulares entrañan altos contenidos de criminalidad, horror e ilegalidad”

La pregunta, en todo caso, es cómo denunciar e imputar penas categóricas al Estado.


Desmontar el narcoestado es la segunda tarea

El renglón jurídico de la lucha o insurgencia es sólo un acercamiento germinal. La insurgencia debe ocuparse de una tarea todavía más compleja: a saber, desmontar el conjunto de relaciones e intereses objetivos que priman en la vida pública nacional. El desmantelamiento del narcoestado es el objeto fundamental de esta segunda tarea.

¿Qué es un narcoestado?

“Un narcoestado es uno donde la institución dominante es la empresa criminal. Los funcionarios de ese Estado están todos coludidos con el narco, pero no por una cuestión de corruptelas personales o grupales, sino sencillamente porque el narco es el patrón de ese Estado. La narcopolítica es la cría de los negocios criminales, creada por y para la empresa criminal. Y con los narcofuncionarios, los patrones –la empresa criminal– ganan mucho más. En este sentido, la impotencia o negligencia de las instituciones para perseguir a los delincuentes es la ley natural de un narcoestado. El Estado es el brazo legalmente armado de la empresa criminal...” (La Jornada Veracruz 17-X-2014).

El narcoestado es el modo de organización de los intereses dominantes, y por consiguiente, el facilitador de los crímenes de lesa humanidad que estrangulan al país.

El narcoestado se basa en el control de la seguridad y la política, a través del sicariato generalizado, la confiscación de presupuestos estatales y municipales, el financiamiento de campañas electorales, y la infiltración de los negocios criminales al interior de las corporaciones militares y policiacas.

Esta penetración o ensamblaje criminal se traduce en una disminución de gubernamentalidad de las instituciones formales. El poder del Estado termina allí donde comienza la vida de la empresa criminal.

En este sentido, desmontar el narcoestado involucra por lo menos tres programas de acción: uno, recuperar el control de la seguridad, que es el objetivo de las policías comunitarias y las autodefensas; dos, congelar los procedimientos políticos de representación (boicot electoral), que es la propuesta de Javier Sicilia; y tres, habilitar canales alternativos de gestión de los caudales presupuestarios públicos.

La “llama de la insurgencia” no debe desviarse de esta coordenada fundamental: ¡fin al narcoestado!

En 1982 “Genaro”, seudónimo del mexicano Héctor Ibarra Chávez, llegó a El Salvador donde se integró a la clandestina Radio Venceremos, como técnico en comunicaciones, entre otras labores de solidaridad. Desde adolescente, participó desde el movimiento estudiantil del 68, fue minero y dirigente sindical. Finalizada la guerra en 1992, regresó a México y estudió antropología e historia. Escribe y publica libros sobre investigaciones diversas, entre las cuales incluye sus experiencias personales.

 

 

Días de guerra: recuerdos de un reportero en la ofensiva de 1989


Alberto Barrera

Alberto Barrera narra el drama humano y las peripecias laborales que implicó sobrellevar la ofensiva guerrillera del FMLN hace 25 años

Ese sábado 11 noviembre de hace 25 años, pese a un fugaz ataque guerrillero al cuartel de la Guardia Nacional en la colonia Atlacatl, todo parecía tanquilo en la capital salvadoreña y aunque el comandante Leonel González nos había advertido a dos periodistas que nos cuidáramos pues el Fmln arreciaría sus ataques militares, con la familia decidimos visitar a una tía en Mejicanos.

El jefe guerrillero era el actual presidente Salvador Sánchez Cerén y nos habló junto a Fermán Cienfuegos (Eduardo Sancho) -entonces también miembro de la Comandancia General del frente izquierdista-, del incremento de sus acometidas contra el ejército en San Salvador y otras ciudades importantes para fortalecerse en el diálogo que habían iniciado con el gobierno de Alfredo Cristiani, pero que no avanzaban en la solución del conflicto.

A ambos les entrevistamos en Managua con Any Cabrera, quien representaba a la agencia de noticias estadounidense The Associated Press (AP) y yo laboraba para la agencia británica Reuters. Eso fue dos días antes de la mayor ofensiva militar de la guerrilla. No entendí el significado de “cuídense” expresado por el curtido jefe rebelde, un ex maestro de escuela rural.

Como la acción contra el cuartel de la ya desaparecida Guardia Nacional, uno de los cuerpos de seguridad más represivos en la historia de El Salvador no paso a más, decidí que esa noche sabatina fuéramos visitar a la tía Maura, quien residía cerca de la colonia Montreal, al norte de la populosa ciudad y que se ha vuelto peligrosa hoy por la presencia de pandillas violentas.

Después de un rato divertido con la tía, escuchamos a lo lejos unas explosiones y decidí que saliéramos del área, pero al transitar sobre la 5a Calle Poniente, unos 50 metros al norte del local de la paramilitar Defensa Civil que estaba frente a la iglesia El Calvario, los balazos y explosiones aumentaron. Los guerrilleros estaban cerca sus siluetas las divisé a lo mejos y apenas alcancé decirles a mi esposa y nuestros hijos de 12, 10 y 9 años, que se agacharan, quienes sorprendidos por la orden no entendían la situación peligrosa.

Aumenté la velocidad del microbús Toyota Lite Ace, para entonces las explosiones y tiroteos se escuchaban por toda la ciudad, parecían los festejos de noche buena y fin de año. Era el inicio de la ofensiva “Hasta el tope” del Fmln y de la cual la inteligencia del ejército tenía información, pero no actuó para abortarla quizá por negligencia. La Guerra había llegado a la capital, sus alrededores y otros centros urbanos.

Unos cientos de metros después y ante la cercanía de los balazos si seguíamos en el rumbo poniente hacia Ayutuxtepeque, la otra ciudad vecina a Mejicanos, decidimos refugiarnos en casa de otros familiares en la colonia 26 de Enero. Y ahí pasamos la noche, bajo un grueso plafón del que “el viejo Chepe”, marido de la tía Margarita se ufanaba. “Aqui no pasan las balas”, dijo.

Desde esa casa envié mis primeros reportes al corresponsal y colega Richard Jacobsen “Jake”, quien con un poco de congoja demandaba saber más y en el fondo quizá hasta mi presencia en las oficinas de Reuters que por esos días estaba en una casa de la 7a Calle poniente en la lujosa colonia Escalón.

Todos los de la agencia activos esa noche: fotoperiodistas, camarógrafos y reporteros, pero yo estaba atrapado pues para llegar a la oficina debía atravesar la colonia Zacamil que era uno de los focos de los ataques. Cerca se oyeron aviones sobrevolando y luego fuertes explosiones, eran bombas cayendo en casas de civiles entre el límite de las dos ciudades, lo mismo ocurría en Soyapango. Las víctimas inocentes fueron apareciendo y eso me angustiaba, no solo por mi familia.

El temor se notaba en el rostro de todos los guarecidos en “la casa del viejo” que ya sabían lo que ocurría a través de las primeras noticias de colegas en la radio, pero luego fueron calladas por lo que dispusimos sintonizar las emisoras rebeldes Venceremos y Farabundo Martí. El régimen civil que dirigía el rico empresario Alfredo Cristiani imponía la censura.

Esa noche de sábado ocurrió un quiebre de la relativa normalidad en esa época, la guerra llegó a las entrañas de la urbe, principalmente a los capitalinos que la habían visto muy lejos, esa vez la vieron cerca pero los ataques de ordenadas columnas guerrilleras ocurrieron también en San Miguel, Santa Ana, Zacatecoluca, Usulután y Chalatenango.

Los jóvenes estudiantes que recién habían iniciado vacaciones asistían a fiestas, algunas de ellas solo fueron pantalla para que armas y guerrilleros del Fmln llegaran a la ciudad, mientras otros iban al cine a ver películas como Los Cazafantasmas 2, entre otras películas en cartelera.

Y no solo se impuso la censura, muy temprano del domingo el gobierno decretó el Estado de Sitio. Por mi parte aproveché un leve respiro en los combates y con bandera blanca ondeando pasamos primero un retén de “los muchachos” que en ordenación militar, vestidos de verde olivo y portando poderosas armas, le echaron una mirada al vehículo en el que solo íbamos dos adultos y tres niños. La justificación era mi trabajo como periodista, de inmediato asintieron.

A pocos metros apenas dejamos la calle a Ayutuxtepeque y enfilábamos hacia la Zacamil estaban los militares con sus enormes vehículos y varias tanquetas, algunos soldados entre asustados pero pretendiendo poner cara dura nos dejaron pasar sin novedad y por fin, luego de una noche larga llegamos a nuestra casa en la zona de San Antonio Abad al lado de la Escalón. Yo corrí a la oficina.

Eran días de sangre, pues poco más de una semana antes una ponderosa bomba había destruido el local de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS), atrás del mercado ex Cuartel, que produjo la muerte de 10 sindicalistas entre ellos su principal líder Febe Elizabeth Velásquez. La ofensiva sirvió para recordar su valentía en la defensa obrera.

La guerra urbana

El domingo y los siguientes días fueron de contienda armada, la guerrilla había llegado para quedarse en la ciudad y los reporteros a diario estábamos en zonas de guerra. Podíamos ir a Mejicanos, Soyapango u otra ciudad cercana o en los rumbos poniente o sur de la capital y presenciábamos el fragor de los combates, luchas que provocaban sufrimiento civil hasta la pérdida de vidas de queridos colegas que nos impactaban, pues en cada uno de ellos algo moría en nosotros.

Con Marcos Alemán y Alex Renderos, ambos amigos y colegas de AP, vimos en Soyapango varios cadáveres de jóvenes guerrilleros en la colonia Guadalupe, también vivimos cruentos enfrentamientos cerca de Unicentro en donde un soldado disparó a la loca una poderosa ametralladora 50 y estaba a nuestro lado por lo que cada estruendo casi estallaba nuestros oídos.

Con otro grupo de reporteros vimos un día después a un equipo de Univisión atravesando la calle en medio de combates, incluyendo a la productora y amiga María Renee Quezada quien intentaba esconderse detrás de un poste del tendido eléctrico que no alcanzaba a cubrirla completamente y con desesperación le gritábamos que se apartara. Balas trazadoras impactaban en las gruesas paredes del estadio Cuscatlán, que a lo lejos parecía solo un armatoste de cemento, aun no le pintaban de los feos colores actuales.

En otra ocasión incursionamos junto a los amigos Carlos Rajo, hoy analista de Telemundo una de las cadenas hispanas en Estados Unidos y Chris Norton -fallecido no hace mucho por un cáncer-, en los altos de la colonia Escalón y vimos cadáveres de guerrilleros quemados en un barril, una tanqueta destruida y aun humeante y encontramos abandonada una casa que era oficina de propaganda del gobierno. Allí hallé una taza con el nombre de Aníbal Dubón, uno de mis amigos, él y otros de sus compañeros fueron secuestrados por los guerrilleros y nunca se les encontró.

El crimen de los sacerdotes Jesuitas

Uno de los mayores impactos en esa cobertura lo tuve la mañana del jueves 16 de noviembre. Llegué temprano a la oficina, al nomás terminar a las seis de la mañana el toque de queda impuesto, para iniciar la cobertura. Jake me llamó y me dijo “tenés que ir a la UCA, mataron a (Ignacio) Ellacuría y otros sacerdotes…” Sin palabras tomé mi libreta y grabadora y junto a Pat Hamilton, colega fotoperiodista estadounidense partimos hacia el lugar.

En el camino pocas palabras, solo las necesarias. Pat entendía el impacto que el crimen horrendo me había causado y fuimos de los primeros en llegar. No lo podía creer, ante mis ojos estaban inertes cinco sacerdote en el patio que luego convirtieron en jardín de rosas y adentro en uno de los pasillos el de Joaquín López y López. En otra área los de Elba Ramos y su hija adolescente Celina, muy juntas casi abrazadas.

Pat con frialdad por su amplia experiencia hacía su trabajo y yo, también tuve que hacerlo. En minutos había un ejército de los reporteros nacionales y extranjeros que cubrían el suceso. El Padre José María Tojeira, valiente pero con dolor notable, denunciaba la masacre de las 8 personas, cinco españoles y los tres salvadoreños. Después llegó el Arzobispo, Monseñor Arturo Rivera Damas quien lamentó y condenó la matanza.

La Universidad Centroamericana había sido señalada muchas veces como refugio de insurgentes y en una cadena nacional de radio durante los ataques fue marcada junto a religiosos como el mismo arzobispo Rivera Damas. El Secretario de Comunicaciones de Cristiani era el publicista Mauricio Sandoval y responsable de que esas informaciones fueran transmitidas, nunca explicó los señalamientos.

En las primeras declaraciones oficiales, incluyendo las del entonces embajador de Estados Unidos, William Walker, se aludió la posibilidad de que miembros de la guerrilla fueran los asesinos de los sacerdotes.

El presidente Cristiani condenó el crimen y en rueda de prensa se comprometió a buscar justicia y castigo a los culpables. Lo mismo hizo el entonces jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, general René Emilio Ponce. Ambos no hicieron nada por aclarar el crimen.

Después de algún tiempo y por confesiones de un militar estadounidense a un periodista se investigó y determinó por insistentes presiones de miembros del congreso de ese país, que los criminales habían sido miembros del ejército, aunque solo se enjuició al coronel Guillermo Benavides, entonces director de la Escuela Militar, varios oficiales y algunos elementos de tropa quienes fueron los ejecutores y los primeros en ser declarados inocentes, pero nunca se aceptó que la orden habría sido dada por miembros del alto mando del ejército.

Todos fueron liberados, unos durante el juicio y Benavides junto al teniente René Yushi Mendoza con la aplicación de la Ley de Amnistía en 1993.

El general Ponce, 20 años después y poco antes de morir, rechazó las acusaciones de ser uno de los responsables del oprobioso asesinato múltiple. La impunidad persiste pese a la insistencia de que se haga justicia.

El fracaso del Secretario General de la OEA


Debido a que los combates continuaban y la situación general no aminoraba Reuters reforzó con enviados especiales la oficina en San Salvador para una mayor cobertura de los sucesos y en mi caso debido a que no tenía teléfono en casa, aunque vivía a solo unas cuadras, decidió que me alojara con mi familia en el Hotel El Salvador Sheraton (actualmente Crown Plaza).

Y unos tres días después de esa decisión, la madrugada del 21 de noviembre despertamos alarmados pues los combates se oían cerca. Nos bañamos y preparamos para salir si era necesario, pero no fue posible. Los combates eran nutridos y algunos impactos sonaron muy cerca, varios hasta las alturas del lujoso hotel de siete pisos.

El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Joao Baena Soares y una delegación que encabezaba en busca de ayudar a resolver el conflicto se había alojado en el hotel la noche del lunes 20 de noviembre. Le vimos entrar al restaurante en que cenábamos y Henry Tricks, uno de los enviados intentó entrevistarle, pero se negó.

Los sucesos de esa madrugada alarmaron a todos. Muchos corresponsales nos parapetamos en la torre del ascensor para evitar cualquier incidente. Agachados o sentados en el piso nos veíamos las caras con la familia, Tom Brown, Jake y Pía estaban en el grupo que buscábamos qué hacer y con mi radio de onda corta en mano intentaba sintonizar las frecuencias rebeldes.

Después de varias horas y sin desayunar apareció primero un diplomático de la embajada Mexicana con una canasta de frutas. Mis hijos y otros tomaron algunas y luego seis o siete hombres fuertes, al estilo el Rambo de las películas y con armas cortas discretamente ocultas, les dieron barritas de chocolates y desaparecieron. Después supimos que eran miembros de la seguridad de la embajada de Alemania.

Luego llegó hasta nosotros Baena Soares y sus acompañantes para que nos juntáramos en una habitación, aunque por precaución se colocaron colchones y muebles cerca de las ventanas.

Baena Soares conversó con alguien al teléfono y le rechazó sus propuestas. Dijo que era Facundo Guardado a quien le escuchamos que responsabilizaba si alguno de los que estábamos en el hotel salíamos perjudicados por la acción insurgente.

De pronto escuchamos que los combates se arreciaban y el ruido de un helicóptero muy cercano, pero luego calló y oímos que puertas en el piso superior eran derribadas y todos con miedo, Baena entre todos mostraba mucha aflicción. Era una unidad antiterrorista que iba al rescate del funcionario, pero éste se negó a salir, aunque en un tiempo prudencial dijo que solo se iba si las dos mujeres y los tres niños le acompañaban. Eran la azafata de la nave Mexicana que lo había traído, mi esposa y mis tres hijos.

Iván entonces de casi 9 años era el que menos entendía y parecía soñoliento, mientras que sus hermanas Brenda de 12 y Cati de 10 les asustaba irse sin que les acompañara, mientras su madre Reina era un manojo de nervios y angustias. Iván olvidó todo y solo recuerda algo por unas fotos que esa mañana captó Jake.

Fui con ellos hasta el lobby y les vi partir en una tanqueta. En esos momentos pensé si Baena realmente les protegía o era su miedo que le hacía buscar protección en mi familia. Jamás volvimos a saber de él, pues esa tarde abandonó el país rumbo a Washington con su misión fracasada.

La Fuerza Delta

Cuando regresaba al interior del hotel volteé y vi que la tanqueta blindada se retiraba, casi al mismo tiempo el entonces embajador de México, Hermilo López Bassols, se bajaba de un vehículo y preguntaba por Baena, pero al mismo tiempo muchos colegas se abalanzaban hacia la torre VIP del mismo hotel. No entendía qué pasaba, pero luego me enteré que la noticia se había trasladado al otro lado de la piscina.

Los guerrilleros, comandados por “el Choco” uno de los jefes rebeldes que dirigían la ocupación de la zona, se encontraban muy cerca de más de una decena de militares estadounidenses de los famosos “Boinas Verdes” quienes estaban en misión de entrenamiento y la situación era muy tensa. Algunos dijeron que también había entre ellos algunos militares de Israel, pero no se comprobó.

Después de horas de conversaciones y mediación de la iglesia católica a través del Obispo Auxiliar de San Salvador, Monseñor Gregorio Rosa Chávez y de la Cruz Roja Internacional se logró que los guerrilleros se retiraran y los militares estadounidenses salieron la madrugada del miércoles

Previamente en uno de los pasillos del hotel los asesores estadounidenses se parapetaron al final tras colchones y muebles para prepararse en caso de un enfrentamiento con los rebeldes, que sin aspavientos se fueron en la oscuridad de esa larga noche.

Algunas de esas imágenes las captó Epigmenio Ibarra, hoy famoso productor mexicano, quien luego las vendería a buen precio una cadena estadounidense interesada en el suceso. Fui testigo de la celebración la noche después entonces ya alojados todos en el Hotel Camino Real (hoy Intercontinental) atestado de periodistas, enviados y alguno que otro dirigente sindical izquierdista.

Fueron momentos tensos pues la noche del martes se supo que una unidad de la Fuerza Delta, especializada en rescates a costa de lo que fuera, estaba en el país, pero la mediación evitó un probable derramamiento de sangre. El presidente George Bush confirmó hasta la mañana del miércoles la presencia de esa fuerza especializada.

Mientras todo eso pasaba yo junto a Jacobsen y su esposa de entonces, Pía Castilleja, fuimos llevados a la residencia de la embajada Mexicana por López Bassols quien apresurado volvió a salir al aeropuerto para despedir a Baena no sin antes ordenar a la seguridad que no nos dejaran salir. Y así fue, no salimos y para mí de nuevo la congoja pues no sabía de mis hijos, hasta que les ubiqué en casa de su abuela en Ciudad Merliot.

Después me contaron que a ellos les bajaron de la tanqueta en un lugar del Paseo Escalón y les subieron a un camión militar para llevarles al Estado Mayor donde estaba Cristiani y su esposa Margarita, también con mucha pesadumbre por los sucesos. Les dieron pizza y un camarógrafo les entrevistaba para buscar una exclamación en contra de los rebeldes por la situación y como no lo hicieron no les incluyeron en los reportes propagandísticos de esos días.

Recuentos sangrientos posteriores fijaron que las víctimas mortales habían sido unas 2,400 personas, pese a que la guerrilla no pudo contar con los misiles tierra-aire SAM-7 que tanto se había denunciado por el ejército, lo cual podría haber cambiado el curso de los choques entre ambas fuerzas.

Una semana antes del fin de la ofensiva, el sábado 25 de noviembre, se estrelló en una zona rural de El Tránsito, Usulután, una avioneta que cargaba 24 de esos misiles, un cañón antitanque de 75 milímetros y un misil tierra-aire Red Eye de fabricación estadounidense. Dijeron que eran encargos del Fmln.

Después de varias semanas de trabajo ininterrumpido las jefaturas de Reuters, encabezadas por Bernd Debussman, me pidieron salir del país y junto a mi familia nos fuimos por tierra rumbo a México.

Una parada técnica en Quetzaltenango, en el occidente de Guatemala, me permitió saber noticias del país y entre ellas una muy triste. El colega y amigo Eloy Guevara, colaborador de la agencia francesa AFP, había muerto en uno de los últimos enfrentamientos en Soyapango.

Sin olvidar a las víctimas, pero con alivio, entramos a México por esos días muy tranquilo y disfrutamos los paseos en el sur del país y en su enorme capital.

Solo son recuerdos de hace 25 años y momentos intensos en días de guerra.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Bernabéu: Ex presidente Cristiani, implicado en la masacre jesuita




Bernabéu: Ex presidente Cristiani, implicado en la masacre jesuita
La abogada querellante del Caso Jesuitas en España considera que en la actualidad existen pruebas fehacientes contra el ex mandatario, por las que incluso podría ser procesado y hasta extraditado a España

Luego de 25 años de ocurrida la “Masacre Jesuita”, los pelos todavía se paran de punta, la piel se erizan e internamente muchas personas sienten escozor y miedo. Almudena Bernabéu, la principal abogada querellante contra un grupo de militares presuntamente autores materiales e intelectuales del múltiple crimen que horrorizó al mundo un 16 de noviembre de 1989, revela en esta entrevista que el ex presidente Alfredo Cristiani “está implicado en el asesinato”; que hay pruebas documentales y testificales, y que por lo tanto podría ser encausado por la Audiencia Nacional de España, y hasta extraditado si el juez Eloy Velazco así lo requiere, junto a 13 oficiales y soldados que participaron en las órdenes y en las ejecuciones directas contra seis sacerdotes –cinco de ellos españoles- y dos empleadas, humildes e inocentes mujeres.
Bernabéu pertenece al Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA, por sus siglas en inglés), y en su expediente tiene juicios civiles ganados contra varios esbirros salvadoreños y de otras nacionalidades latinoamericanas, entre ellos dos ex ministros salvadoreños residentes en Miami, los ex generales Guillermo García y Eugenio Vides Casanova. Bernabéu es licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia y abogada. Reside en San Francisco, California y es profesora de la Universidad de Berkeley, en ese mismo Estado; además es considerada como una “caza torturadores”.

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Juramentación del Gral. René Emilio Ponce como ministro de Defensa, por parte del presidente Cristiani. Foto: Internet

En El Salvador hay dudas sobre el por qué el ex presidente Alfredo Cristiani, que cuando la masacre jesuita era el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada, no está procesado. ¿No hay pruebas contra él? De ser así podría ser procesado y extraditado a España?
Después de revisar la prueba durante seis años, revisar documentación e informes periciales, y escuchar los testimonios de los dos ex militares que contribuyeron a la causa, la respuesta es sí. Su implicación (de Cristiani) no pasa en el hecho que él haya participado, porque él no mató a nadie, sino de lo que sabía del caso y cuándo lo supo. El presidente Cristiani, después de revisar todas las pruebas, estaba al tanto de las decisiones de los militares en aquel momento. Él siempre ha alegado que nunca supo nada, hasta después de ocurrido el crimen y que conoce de la implicación de militares de Alto Mando en el hecho. Pero en base a documentación y archivos desclasificados de la CIA y otras agencias como el FBI y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que mantenían un flujo de información con el Ejército salvadoreño durante la guerra, así como los testimonios de dos ex militares salvadoreños, quienes comunicaron que, cuando la decisión está concebida y se tenía claro como se ejecutaría logísticamente, deciden en comunicarle presidente Cristiani. Por otra parte, la primera llamada que el general Ponce (ya fallecido y el supuesto principal autor intelectual) hace, según uno de los testigos –después de ejecutada la orden-, fue al presidente Cristiani, en la madrugada del día 16 de noviembre de 1989”.

Doctora, sorprende su declaración, pero cuéntenos ¿cómo avanza el proceso judicial en España?
Después de un año tumultuoso, en el que se aprobó una reforma judicial que sustancialmente limitaba la aplicación de la Justicia Universal, estábamos en el limbo y esperando la reacción de los jueces y con qué tipo de recursos íbamos a proceder. La reforma implicaba un cierre parcial de las causas, hasta que se determinara si había o no competencia por parte de la Audiencia Nacional, con ciertos requisitos, y esto dio lugar a que el Juez Eloy Velasco, de mote propio y tras aplicar la Ley, emitió una orden en la que mantenía la causa abierta, por encontrarse el delito de terrorismo y crímenes de lesa humanidad. El delito de terrorismo no era tocado por la nueva Ley, sino que los delitos de índole internacional. Entonces el delito de terrorismo continúa siendo un delito sobre el cual España tiene competencia extraterritorial, siempre que las víctimas sean españolas, sin importar donde haya ocurrido el delito”.

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Pero, disculpe, ¿qué significa eso para el Caso Jesuitas?
“Después de la decisión del Juez Velasco, los abogados de la causa nos reunimos y decidimos que no nos íbamos a conformar con un caso sólo por terrorismo y sólo por españoles, cuando el Caso Jesuitas es un caso en su vocación de y para El Salvador, y es un caso de lesa humanidad, algo que es importante para los Derechos Humanos. Entonces nosotros presentamos una serie de alegaciones a la Sala de lo Penal, y nuestra sorpresa fue que el 3 de octubre pasado, la Sala resolvió por unanimidad (20 jueces) que se aceptaba por entero nuestras alegaciones como parte querellante y se seguirá el caso por lesa humanidad. Nuestro criterio es que si en un mismo hecho se configura el delito de terrorismo y el delito de lesa humanidad, un juez no puede partir por una relación concursal y procesal de no ver un solo hecho en un crimen en el que han ocurrido varios delitos, sino que debe ver todo. Así que el caso continúa”.

Sabemos que el ex coronel Inocente Montano está preso en Estados Unidos. ¿Podrían extraditarlo a España por su implicación en el Caso Jesuitas?
Ese proceso está progresando muy bien. A partir de la condena penal de Montano (por fraudes migratorios), consideramos oportuno darle a conocer al Juez Velasco el resultado de la condena. Nuestra perito en el caso que se le siguió a Montano en Estados Unidos, Terry Karl, pudo revisar documentación nueva y obtuvimos documentos adicionales de la  desclasificación de organismos de inteligencia de Estados Unidos, incluso con indagaciones en El Salvador… Se tuvo información sustantiva de la participación de Montano en el crimen de los jesuitas, en la decisión de asesinar a Ignacio Ellacuría (entonces rector de UCA) Consideramos necesario hacerle saber esto al Juez Velasco, para que ampliara la solicitud de extradición presentada ante Estados Unidos. Hoy ya el Juez envió una orden ampliada de extradición a Estados Unidos y creo que Estados Unidos tiene todo lo que necesita para extraditar a Montano y lo que quieren esperar es que termine su condena, el 15 de abril de 2015.

Martires

¿Qué significa eso?
“Por requisitos de la Ley penal y procesal en España, necesitamos uno de los implicados en suelo español para abrir la fase de juicio oral, una fase que es larga y compleja, que hasta puede ser emotiva. Sería un juicio con tres jueces, con el abogado para Montano, de paga o de oficio, mientras que nosotros representaríamos a las familias de las víctimas y la sociedad española, eso creo que sería el mejor de los escenarios”.

De la forma en cómo se desarrolla el proceso ¿Será posible que los implicados en el caso que permanecen en El Salvador, puedan ser extraditados?
“Eso hay que valorarlo, porque la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador, la anterior a la actual, respondió negativamente a una solicitud de extradición que no se había solicitado, sino que lo rechazado fue la orden de captura internacional. La CSJ se vio obligada a responder, luego que los ex militares se acuartelaron. La CSJ española no ha presentado la orden de extradición y creo que, procesalmente, es posible pedir la extradición como se debe”.

MEXICO: LA HUELGA GENERAL Y LO QUE LE SIGUE


Las amenazas de Estado Fallido sí serán televisadas.



Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía


Con 130 000 asesinados; con 300 000 desplazados… con Ayotzinapa ensangrentada y en vilo por los muertos y por los 43 desaparecidos, casi toda acción parece (sin serlo) corta, parece pequeña, parece inútil. Por eso en el grito de dolor y rebelión con que México clama Justicia y castigo para regresar vivos a los que vivos se llevaron, aparece el llamado a una Huelga General que, desde su origen, es herramienta y no fin en sí misma.

La Huelga General necesita de la clase trabajadora unida para mirar firmemente, cara a cara, al enemigo de clase y de su lucha. La Huelga General necesita del pueblo dispuesto al cambio, de los campesinos y de los estudiantes… de mujeres y hombres que en cualquier actividad sienten que su lucha es una sola, que es un proceso de consciencia apasionada y que con esa lucha cambiarán la historia toda de una vez o en una de su partes indisolubles. No es una tarea sólo de los “dirigentes” ni sólo de unos cuantos. La Huelga General nacida desde las raíces, es un programa, un estado de ánimo, una invocación a la inteligencia democrática y a la serenidad convertidas en firmeza, en claridad, en humor y en creatividad en el arte de batalla.

La Huelga General es un tesoro preciado en el arsenal teórico y práctico de la clase trabajadora y de los pueblos en lucha. El carácter revolucionario de la Huelga General no se detiene en la secuencia de los hechos que se verifican durante su desarrollo sino que se expande, nacional e internacionalmente, para convertir la experiencia, en experiencia viva de clase y en instrumento para fortalecer la corriente genuinamente revolucionaria de la Historia. Una de sus amenazas es la presencia asidua del parasitismo reformista y oportunista.

La Huelga General ha sido presa de todo género de descalificaciones y ataques, contra sus acciones y contra sus definiciones. Ha sido, incluso, agredida con todo tipo de espejismos y confusiones, algunas veces economicistas, otras veces burocratizantes y no pocas veces por la mano de la corrupción y la represión selectiva. Hemos visto hasta el hartazgo cómo se pudren los movimientos de Huelga sacrificados, también, por la crisis de dirección revolucionaria que aun se hace presente en todos los campos.

Hoy en México el llamado a Huelga General emerge de una visión que no contempla sólo a los episodios locales de Ayotzinapa, Tlatlaya, Iguala o Guerrero sino que penetra con su análisis de clase la estructura toda del neoliberalismo y sus mandatos desde Washington, para explicar la situación geopolítica de un país que ha visto cómo los gerentes del PRIANRD le arrebatan sus recursos naturales, su mano de obra y su inteligencia popular al servicio del imperio yanqui.
La Huelga General que se convoca, con sus mayores o menores fuerzas, debe tomarse con mucho respeto porque es un camino para resolver algunas necesidades de corto plazo (frenar la represión, construir herramientas con protagonismo popular para impartir Justicia, fijar condiciones democráticas para decisiones inmediatas…) necesidades de la clase trabajadora que entiende que se encuentra aun dentro de los límites del capitalismo y que es necesario cuidarse de toda conciliación con la burguesía y de las traiciones que suelen desatarse en contra de la lucha.

Esta Huelga, su convocatoria y sus métodos, debe ser incluyente y cuidadosa, incluso hay que cuidarse de la propaganda incendiaria ultra-izquierdista y de quienes ven a la Huelga como una mercancía electoral de coyuntura. La Huelga General no es un artificio discursivo ni un decreto voluntarista. No podemos separar la práctica de la Huelga General de la teoría del socialismo científico una vez que hemos visto pasar ante nuestros ojos mil amarguras y decepciones que nos desmovilizan y nos hacen perder tiempo. Un fracaso con esta Huelga, si ocurriera, debe ser nuestro pero jamás un triunfo de la oligarquía PRIANRD-TELEVISA.

Por eso el plan de lucha no puede agotarse con la Huelga. Una Huelga General no es patrimonio de “dirigentes” sino fuerza revolucionaria que expresa activamente esa conciencia que vive en las cabezas y en los corazones de todos aquellos que sienten con dolor y rabia las miles de injusticias que comente el capitalismo a diario contra sus vidas. Es necesario avanzar hacia una Asamblea Nacional, un frente único constituido abiertamente con todas las fuerzas activadas para asegurar claridad y limpieza a la dirección revolucionaria de la protesta. Ni reformismos ni oportunismos. En la Huelga General convocada para el 20 de noviembre en México deben vivir todos los caídos y todos los que están en pie. Debe expresarse la dignidad de la indignación ante los asesinatos de Estado y ante la impudicia del gobierno que pasea su fraude con todo cinismo hasta en los momentos más inoportunos.

La Huelga General que ronda las cabezas y los corazones, esa Huelga que a unos genera dudas y a otros genera esperanzas, necesita ir de la mano de una Asamblea Política Nacional, con voz internacionalista, y animada por los jóvenes que deben educarnos a todos con la lección de la claridad y la serenidad que a muchos hace falta a esta hora. Huelga y Asamblea necesitan limpiar el terreno y anular las discusiones secundarias y las inútiles. Necesitamos un acuerdo de las bases, de toda las bases, democráticas y sinceras, que exigen la renovación radical de las dirigencias en todas las instituciones y organizaciones políticas.

La Huelga General por sí sola es insuficiente porque no es milagrosa. Debe arrojar resultados y programas de acción muy dinámicos y democráticos, con alcances de intervención estructurales realmente profundos en la revolución completa de los paradigmas y no sólo de las formas. No hagamos una gran fiesta de la rebeldía, una celebración democrática de la rabia conciente y transformadora, para terminar dejándola en manos de nuestros verdugos y para que corrijan ellos el espanto macabro en que han hundido a nuestro pueblo mientras hacen los grandes negocios privatizadores. Ninguna amenaza de Peña Nieto puede contra la Huelga General ni contra sus alcances, por más que, distinto a su costumbre en Atenco, por ejemplo, diga ahora (como le ordenan decir desde Washington) que no quiere “hacer uso de la fuerza”. El único autorizado para usar la fuerza democrática es el pueblo soberano. ¡Vivos los queremos!


Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Universidad de la Filosofía

domingo, 16 de noviembre de 2014

Ética, periodística y también política




Ernesto Martinchuk 

El estado de desesperanza colectiva y el creciente divorcio entre el sistema político y las expectativas de la sociedad son los rasgos fundamentales de una crisis profunda que el país está atravesando. Crisis fundamentalmente de confianza.

La confianza de la sociedad impone un compromiso porque reclama estar a la altura de las circunstancias. La historia reciente registra ejemplos sobre los que vale la pena reflexionar. En 1983, al iniciarse el nuevo ciclo democrático, las encuestas de opinión indicaban que la dirigencia política, marginada durante los siete años de autoritarismo militar, encarnaba la renaciente esperanza de los argentinos.

Por ese entonces, los medios de comunicación social sufrían un cuestionamiento generalizado por su, en su gran mayoría, silencio durante esos años trágicos de nuestra historia.

La vida democrática y un clima –en general- de libertad de expresión, fue invirtiendo esa escala y tanto la dirigencia política, las estructuras partidarias y los tres poderes del estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sufrieron un proceso de erosión, cuyo punto culminante parece haber llegado hoy a partir de la reciente crisis en el Senado.

Estas últimas dos semanas hemos tenido a la Presidente, Cristina Fermández, enferma, y el cuestionado vicepresidente Amado Boudou, “borrrado” de la función pública. Tras la frustración de las expectativas favorables que rodearon al cambio de gobierno hace poco más de una década, la opinión pública percibe ahora que esa mal denominada “clase política”, que en 1983 aparecía como una alternativa de solución, ha defraudado la confianza que le había sido depositada por la sociedad.

Resulta, ahora, imprescindible que el periodismo argentino se mire en el mismo espejo de esta realidad para encontrar las claves que le permitan reflexionar profundamente acerca de la responsabilidad social que le compete en la Argentina de hoy.

La valoración de la Ética Periodística adquiere una nueva dimensión social que no es sólo un imperativo ineludible, de carácter estrictamente profesional, sino que pasa a convertirse en un componente fundamental para la recomposición de la ética pública, que no se agota en las obligaciones de políticos y funcionarios.

La cuestión es determinar cuál es el criterio de la moral en la sociedad, recomponer los valores sobre los que se asienta y que creencias la alimentan. La mejor justicia no se administra en los tribunales. Fluye del comportamiento individual y social, sin coerción judicial, arraigados por la tradición cultural.

En toda sociedad operan mecanismos de interacción entre los hombres guiados por principios superiores de moral y cultura, que se forman con la educación formal y la informal que surgen de todos los medios que alimentan el espíritu y la conciencia humana a través del rol de los medios de comunicación.

Más vale dar a los hombres buenas costumbres que leyes y tribunales. Las buenas costumbres se siembran en el hogar, que no es lo mismo que en la casa. Hogar es donde se forma el niño, con valores y ejemplos, luego la escuela las fertiliza, aquí se instruye el soberano y esa formación, la deben exaltar los medios de comunicación que deben prevenir las deformaciones que no sólo se hacen del idioma, sino de las costumbres.

Los medios tienen, en este momento, la responsabilidad de no destruir la formación del hogar y la instrucción que se imparte desde la escuela. Principios básicos de la vida social, como los de la justicia y la solidaridad deben regir la actuación de los medios de comunicación, que deben informar, pero también formar. Los medios crean el lenguaje de la comunicación, pero esta capacidad también tiene que ser responsable.

Los periodistas constituyen una fuerza intermedia entre el gobierno y el ciudadano, entre las acciones de los políticos y la falta de actividad organizada por parte del pueblo. Los medios tienen el deber de afirmar la Justicia. No son jueces ni deben reemplazarlos, pero si son docentes y tienen la obligación de cimentar los valores morales, sin compromisos con el rating o la venta de más ejemplares.

El periodismo, siempre se ha dicho, es un apostolado llamado a exaltar los ejemplos de vida, fomentando la solidaridad y distinguiendo lo bueno de lo malo. El soberano de las democracias modernas, no es sólo un Contribuyente que paga sus impuestos y un Ciudadano que vota. También es un ciudadano que quiere saber y formar su propio saber con autonomía.

El papel de la prensa que la gente valora es el de la fuente de información que no depende, ni del gobierno, ni de la dirigencia política porque intuye que a través del “periodismo militante” no son creíbles.

En temas como el desempleo, la corrupción, la inflación, el narcotráfico, la inseguridad y la educación, la prensa se encuentra frente al desafío de una responsabilidad que va más allá del mero cumplimiento del rol profesional de quienes ejercen el verdadero periodismo. Es una responsabilidad de orden cívico tan importante con la que le cabe a los legisladores, a los gobernantes y a los dirigentes. Todos constituyen un factor de confianza, o de pérdida de la misma, en las instituciones políticas de la sociedad.

Por eso la defensa de una Ética informativa al servicio de la exhibición lo más objetiva posible de los hechos, tiene que seguir siendo la misión impostergable de un periodista, con instrumentos viejos como: chequear la información, consultar distintas fuentes, caminar la calle y mantener distancia de los centros del poder político y económico.

A largo plazo siempre ganara la verdad. Tal vez el periodista pueda pensar en que su trabajo ha fracasado al suministrar material para la historia, pero la historia no fracasará mientras él esté con la verdad. La Ética, es la moral de la conciencia y lo hará intentar entender las motivaciones de todos los implicados en cada situación.

Ernesto Martinchuk es periodista, docente, escritor, documentalista, investigador.

sábado, 15 de noviembre de 2014

No hay diferencia entre narco, burguesía y élites

Raúl Zibechi - La Jornada
 

Propongo que dejemos de hablar de narco (narcotráfico o tráfico de drogas) como si fuera un negocio distinto a otros que realizan las clases dominantes. Atribuir los crímenes a los narcos contribuye a despolitizar el debate y desviar el núcleo central que revelan los terribles hechos: la alianza entre la élite económica y el poder militar-estatal para aplastar las resistencias populares. Lo que llamamos narco es parte de la élite y, como ella, no puede sino tener lazos estrechos con los estados.

La historia suele ayudar a echar luz sobre los hechos actuales. La piratería, como práctica de saqueo y bandolerismo en el mar, jugó un papel importante en la transición hegemónica, debilitando a España, potencia colonial decadente, por parte de las potencias emergentes Francia e Inglaterra. La única diferencia entre piratas y corsarios es que éstos recibían "patentes de corso", firmadas por monarcas, que legalizaban su actuación delictiva cuando la realizaban contra barcos y poblaciones de naciones enemigas.

Las potencias disponían así de armadas adicionales sin los gastos que implicaban y conseguían debilitar a sus enemigos "tercerizando" la guerra. Además, utilizaban los servicios de los corsarios sin pagar costos políticos, como si los destrozos que causaban fueran "desbordes" fuera del control de las monarquías, cuando en realidad no tenían la menor autonomía de las élites en el poder. La línea que separa lo legal de lo ilegal es tenue y variable.

Encuentro varias razones para dejar de considerar a los narcos como algo diferente de la burguesía y del Estado.

La primera, es histórica. Es bien conocido el caso de Lucky Luciano, jefe de la Cosa Nostra preso en Estados Unidos. Cuando las tropas estadunidenses desembarcaron en Sicilia, en 1943, para combatir al régimen de Mussolini, contaron con el apoyo activo de la mafia. El gobierno de Estados Unidos había llegado a un acuerdo con Luciano, por el cual éste movilizó a sus partidarios a favor de los aliados a cambio de su posterior deportación a Italia, donde vivió el resto de su vida organizando sus negocios ilegales.

Los mafiosos eran, además, fervientes anticomunistas, por lo que fueron usados en el combate a las fuerzas de izquierda en el mundo y como fuerza de choque contra los sindicatos estadunidenses.

En segundo lugar, la superpotencia utilizó el negocio de las drogas en su intervención militar en el sureste de Asia, en particular en la guerra contra Vietnam. Pero también a escala local, en el mismo periodo, para destruir al movimiento revolucionario Panteras Negras. En ambos casos la CIA jugó un papel destacado. Sobre estos dos primeros puntos hay decenas de publicaciones, lo que hace innecesario entrar en detalles.

En tercer lugar, Colombia ha sido el principal banco de pruebas en el uso de las bandas criminales contra las organizaciones revolucionarias y los sectores populares. Un informe de Americas Watch de 1990 establece que el cártel de Medellín, dirigido por Pablo Escobar, atacaba sistemáticamente a "líderes sindicales, profesores, periodistas, defensores de los derechos humanos y políticos de izquierda, particularmente de la Unión Patriótica" (Americas Watch, La guerra contra las drogas en Colombia, 1990, p. 22).

A renglón seguido destaca que "los narcotraficantes se han convertido en grandes terratenientes y, como tal, han comenzado a compartir la política de derecha de los terratenientes tradicionales y a dirigir algunos de los más notorios grupos paramilitares".

Este es el punto clave: la confluencia de intereses entre dos sectores que buscan enriquecerse y mantener cuotas de poder, o adquirir más poder, a costa de los campesinos, los sectores populares y las izquierdas. Todo indica que la experiencia colombiana –en modo particular, la alianza de los narcos y los demás sectores de las clases dominantes– está siendo replicada en otros países como México y Guatemala, y está disponible para aplicarla donde las élites globales lo crean necesario. De más está decir que esto no podía hacerse sin el concurso de la agencia "antidrogas" estadunidense, así como de sus fuerzas armadas.

En cuarto lugar, hace falta comprender que el negocio de las drogas forma parte de la acumulación por desposesión, tanto en su forma como en su contenido. Funciona como una empresa capitalista, como "una actividad económica racional", como concluye el libro Cocaína & Co., de los sociólogos colombianos Ciro Krauthausen y Luis Fernando Sarmiento (Tercer Mundo Ediciones, 1991). Tiene algunas diferencias con los demás negocios capitalistas, sólo por tratarse de una actividad ilegal.

La violencia criminal, considerada a veces como demencial, es el argumento que suelen utilizar los medios y las autoridades para enfatizar los aspectos especiales del negocio de las drogas. Es tan falso como lo sería atribuir un carácter criminal al cultivo y comercialización de bananas porque en diciembre de 1928 fueron asesinados mil 800 huelguistas que trabajaban en la United Fruit Company en la Ciénaga de Santa Marta, norte colombiano. Algo similar podría atribuirse al negocio minero o al petrolero, manchados de sangre en todo el mundo.

El negocio de las drogas está en sintonía con la financierización de la economía global, con la cual confluye a través de los circuitos bancarios donde se lavan sus activos. Es bueno recordar que durante la crisis de 2008 el dinero del narco mantuvo la fluidez del sistema financiero, sin cuyos aportes hubiera padecido un cuello de botella que habría paralizado buena parte de la banca.

Por último, eso que mal llamamos narco tiene exactamente los mismos intereses que el sector más concentrado de la burguesía, con la que se mimetiza, que consiste en destruir el tejido social, para hacer imposible e inviable la organización popular. Nada peor que seguir a los medios que presentan a los narcos como forajidos irracionales. Tienen una estrategia, de clase, la misma a la que pertenecen.

La guerra y la paz, veinte años de guerra

Dagoberto Gutiérrez

La Ofensiva Guerrillera de 1989 fue la culminación de la Guerra de Veinte Años, pero también el agotamiento del acuerdo político llamado Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional, los dos acontecimientos coincidieron cronológicamente; pero su relación no aparece visible.

La Ofensiva fue un acontecimiento político con columnas militares y el final del FMLN también fue un hecho políticamente sucesivo con impactos militares. El núcleo de ambos procesos es la guerra misma y este es el acontecimiento político más importante de la historia de nuestro país, con un peso mayor que el de 1821 y el de las guerras por Centroamérica.

En nuestra historia las guerras nos han marcado de manera determinante y los cinco grandes eventos de ese tipo así lo establecen. Desde la primera guerra en 1524 cuando somos invadidos por hordas europeas en compañía de pueblos Quiche, Cachiqueles, Tlaxcaltecas y otros probablemente Aztecas. Esta guerra la perdimos y también perdimos el idioma, el derecho, la religión y la identidad. La segunda guerra fue la de Anastasio Aquino a pocos años de la Independencia formal de 1821; la tercera fueron las guerras morazánicas por Centroamérica que también las perdimos y perdimos a Centroamérica. La cuarta guerra fue la de 1932 que se canceló con una matanza inclemente; la quinta guerra es esta de veinte años liderada, diseñada y pensada por sectores pequeños burgueses intelectuales y finalizada, formalmente, por acuerdos políticos militares que fueron llamados Acuerdos de Paz.

Cada una de estas guerras requiere un examen frío y detenido, buscando el hilo conductor que las conecta a todas y estableciendo sus impactos en el poder político ejercido y en la manera de ejercerlo, en la relación de ese poder con los seres humanos, en la producción de su riqueza y en su distribución; pero necesitamos enfatizar esta última guerra porque es la que estando más fresca resulta quizás la menos comprendida y es, además, la dueña de los impactos más ostensibles en la sociedad actual, veamos algunas de esas consecuencias.

La Guerra de Veinte Años, estableció lo que es posible para un pueblo, cuando este armoniza sus condiciones subjetivas, es decir su ánimo y sus compromisos con las condiciones objetivas o el momento económico, de producción de riqueza y de distribución. Durante veinte años el pueblo llevo adelante una guerra intensa y extensa que nos puso en el mapa del mundo como país y movió y conmovió los cimientos de la sociedad y también sus techo. Esto resulta ser un impacto de necesaria e ineludible reflexión.

La Guerra de Veinte Años, terminó con la clase gobernante ejercida por la Fuerza Armada desde 1932, este hecho pone a esta guerra con una continuidad históricamente unida, muy estrechamente, a ese acontecimiento, de 1932. Esta extinción de el papel gobernante está establecido actualmente en el Art. 212 de la Constitución cuando se define que la Fuerza Armada tiene la finalidad de defender la soberanía del Estado y la integridad del Territorio. Lo breve y preciso del texto no dice nada de todo el contexto histórico que estas líneas contienen.

La Guerra de Veinte Años, terminó con el papel de la oligarquías como fuerza motriz de cambio, transformaciones o mutaciones sociales, puso en primer plano a la pequeña burguesía como el factor capaz de elaborar una teoría política, renovada y renovadora y de llevarla a la práctica; pero además esta clase, la que dirigió la guerra, fue capaz de conducir, orientar y guiar todo este proceso y finalmente, de negociar el final de la guerra con autoridad, prestigio y solvencia. En cierto modo las oligarquías tradicionales fueron derrotadas militarmente.

La Guerra de Veinte Años, concitó, convocó, movilizó, organizó y formó a generaciones enteras de luchadores sociales y definió una utopía cuya realización pasaba por victorias militares y políticas, todos estos fenómenos impactaron, como nunca en nuestra historia, a una sociedad tradicionalmente, sometida, esclavizada por sectores dominantes inclementes, inconmovibles y sangrientos.

La Guerra de Veinte Años, significó el mayor ejercicio político de construcción de alianzas en nuestra historia y sectores de distinto color político, de diferente sabor ideológico, de diferente peso económico, cultural o educativo convergieron, por primera vez en una lucha armada generalizada, contra una dictadura aislada. El mismo sujeto político militar, FMLN, expresa esto, en tanto fue otro acuerdo político de comunistas, anticomunistas y no comunistas en un proceso convergente frente a la dictadura que se enfrentaba; pero divergente frente a un nuevo mundo y a una sociedad a construir.

La Guerra de Veinte Años, construyó un escenario local de insurgencia que enfrentó con éxito a la contra insurgencia sostenida y liderada por los Estados Unidos, esfuerzo que fue capaz de construir una correlación favorable alrededor del mundo y todo el poder imperial y sus inteligencias no fueron capaces de descifrar el fenómeno, ni de entender nuestras propias raíces históricas de esta guerra.

La Guerra de Veinte Años, siendo una guerra fundamentalmente campesina, no puso en el centro, la reivindicación de una Reforma Agraria, como sí la distribución de la tierra, no fuera un factor de movilización y de confrontación, fue el reclamo democrático el que apareció y pareció ser el nervio movilizador. Por supuesto que el problema tierra estaba en la cabeza, en los nervios, en las manos que disparaban, en las fuerzas que se movilizaban y enfrentaban a las oligarquías y a los imperios.

La Guerra de Veinte Años, terminó sin post guerra y al finalizar, durante las negociaciones definitivas, precipitó la extinción del acuerdo político llamado FMLN. Aquella alianza que fue el sujeto conductor se extingue durante el proceso final de negociación, precedida por la finalización de la guerra de tal manera que al firmarse y celebrarse los Acuerdos de Paz, ya perecían tanto la Guerra Civil como el FMLN.

La situación actual del proceso político salvadoreño le debe mucho al proceso que he referido brevemente y conviene darse cuenta que la guerra social que vive nuestro país no es hija ni pariente de la guerra civil de veinte años, ni el actor político u operador político, partido FMLN, guarda continuidad con el sujeto político del mismo nombre. Las claves para vislumbrar las raíces del actual momento se encuentran en los acontecimientos que siguieron al fin de la guerra y crearon las condiciones para una post guerra sui generis, lo cual analizaremos en otro momento.

Hoy rendimos homenaje a los heroicos combatientes que regaron con su sangre y con sus vidas los caminos históricos de la patria, estos hicieron posible lo que parecía imposible, estos supieron que solo se revelan e indignan los dignos.

Los Héroes y los Mártires nos alumbran y nos guían, nosotros los tenemos en la mesita de noche día tras día y minuto a minuto.

viernes, 14 de noviembre de 2014

La epopeya desconocida de los médicos guerrilleros en El Salvador


Miguel Huezo Mixco *
El Faro


El autor recuerda para nuestros lectores un episodio que luce "los triunfos de la misericordia y el bien" como reacción y reflejo de la brutalidad más atroz de la guerra civil salvadoreña.
 
Fue una noche de espanto. Nuestra larga columna caminó a ciegas sufriendo todo tipo de golpes y deslizamientos. Pasada la medianoche, la vanguardia se topó con una avanzadilla enemiga y se produjo un breve intercambio de disparos. Tuvimos que dar un largo rodeo para llegar, cuando ya clareaba, al pequeño y abandonado caserío Portillo del Norte, al oriente de Chalatenango. Mientras descansábamos, pasó al lado nuestro una pequeña unidad de hombres exhaustos, bañados en sudor, cargando a un herido en una hamaca.

El hombre había resultado herido en la balacera. Lo llevaron hasta la iglesia del lugar. Fui a verlo. Estaba acostado, boca abajo, quejándose, entre los escombros de la sacristía. Una jovencita le arrancaba a tijerazos el pantalón ennegrecido por la sangre, y dos extranjeros, un médico italiano y un enfermero norteamericano, a quienes no había visto antes, improvisaban una lección. En un español aceptable, rodeados de un grupo de jóvenes, la mayoría mujeres, explicaban que el tiro mostraba un orificio de salida a unos pocos milímetros del ano. Por suerte, no había comprometido ningún órgano vital. Supervisaron la curación y la inyección del anestésico. Una de las muchachas le hablaba al oído y le pasaba la mano por el pelo. Cuando procedieron a coser la herida, con una aguja curva, como una lesna, el hombre comenzó a dar unos terribles gritos. El enfermero miró mi rostro horrorizado y me tranquilizó explicándome que sus gritos eran solo un acto reflejo, que el paciente en realidad no sentía nada.

Los nombres del médico y el enfermero aparecen citados en el libro La otra cara de la guerra: salvar vidas. Experiencias de la sanidad guerrillera en Chalatenango y Cinquera, El Salvador, publicado en San Salvador hace unas semanas. Ellos formaron parte del sistema de sanidad de la guerrilla que operó en la zona norte de El Salvador entre 1981 y 1992. La mayoría de sus integrantes fueron campesinos. Contaron, eso sí, con el apoyo de médicos provenientes de México, Chile, España, Italia, Alemania, Estados Unidos y, desde luego, El Salvador. Todos ellos gozan de mucho respeto en el mundo de los veteranos de la guerra civil salvadoreña. Sin embargo, su trabajo todavía no tiene todo el reconocimiento que se merece. Una parte del valor de ese libro consiste en situar en el mapa a un contingente de hombres y mujeres que participaron en aquella conflagración con algodones, agujas y escalpelos. Todos, en momentos dramáticos de nuestras vidas, pasamos por sus improvisados consultorios, y nos pusimos en sus manos con la certeza de que iban a hacer todo lo posible por aliviarnos y salvarnos. En el cumplimiento de sus deberes, “con inocencia y pureza”, como reza el Juramento hipocrático, no pocos perdieron la vida.

La otra parte de la importancia del libro radica en la puesta en limpio de la experiencia de un “sistema sanitario” creado en medio de una guerra de guerrillas. La reconstrucción de los hechos, con dosis de historia política, rescate de la memoria y recuperación de un conocimiento y una práctica únicos, nos permite descubrir la lógica que tuvo, los factores que intervinieron en aquel proceso y por qué las cosas se hicieron de esa manera.

A pesar de que la ferocidad de la historia militar y los enmarañados juegos políticos suelen despertar más atención y curiosidad, un libro como este ayuda a entender esa dimensión, refundida en las memorias personales, que denominamos el “lado humano” de la batalla. Cuando aludo a esa parte humana no intento reivindicar una idea candorosa de un conflicto cuya prioridad inmediata es la aniquilación y desmoralización del antagonista. Por el contrario, creo que este documento nos pone frente al espejo de la brutalidad más atroz, pero mostrando los triunfos de la misericordia y el bien.

Asimismo, en el orden estrictamente técnico, ofrece una visión bastante justa del sistema sanitario insurgente, que con el paso de los años se constituyó en un aparato complejo, que incorporó a médicas, médicos, paramédicos y un numeroso personal de apoyo. Esta organización también prestó atención de primeros auxilios y realizó incontables procedimientos médicos para salvar la vida de los combatientes heridos, incluidos, en algunas ocasiones, los del bando enemigo. En los últimos años de la guerra, además, había conseguido ampliar sus actividades procurando bienestar a una población civil que por siglos había estado excluida de servicios médicos básicos.

 
El origen de ese aparato está ligado al surgimiento de los núcleos guerrilleros urbanos que comenzaron a operar en los años 70, principalmente en San Salvador. Aquel primer sistema sanitario estuvo destinado a atender a personas heridas durante las protestas populares, y también a los guerrilleros y milicianos heridos en acción. Fue, como se describe en el libro, una estructura clandestina, que recurría a médicos y estudiantes de medicina, que tuvo asiento en casas y clínicas privadas, y que fue apoyada en una extensa red de familias que se oponían a los regímenes autoritarios de la época.

Su mayor desafió comenzó después de 1981 cuando las acciones se trasladaron a las zonas rurales. Fue allí donde jugaron un papel clave profesionales de la medicina venidos de los cuatro puntos cardinales del planeta: los “internacionalistas”, como se les llamaba. Ellos no solo desplegaron y aplicaron conocimientos médicos más desarrollados, sino también hicieron una labor educativa y formativa, y crearon protocolos médicos adaptados a las condiciones propias de una guerra irregular. Acostumbrados a intervenir pacientes en quirófanos modernos, desplegaron una enorme capacidad innovadora no solo para montar salas de operaciones y hospitales móviles, improvisando curaciones sobre la marcha, sino también organizando puestos médicos que acompañaban a las unidades de combate.

Jóvenes campesinos, mujeres la inmensa mayoría, a menudo semianalfabetas, asimilaron conocimientos sobre anatomía humana, los sistemas digestivo, nervioso y circulatorio, e incluso sobre odontología y farmacología. A estos médicos y paramédicos también les tocaba el duro papel de consolar a heridos y moribundos que no contaban con el apoyo de sus familias desplazadas por causa de las operaciones de guerra. Fueron curadores y sanadores; hermanos y hermanas; y también padres y madres. Desde donde se lo vea, el suyo no fue un trabajo fácil. Encima de todo, como también lo relata el libro, las iniciativas de los médicos topó a menudo con la estrechez de miras del pequeño “Olimpo”, como uno de los médicos entrevistados llama a las jefaturas que tenían a su cargo las acciones militares y, por ende, las decisiones sobre casi todo lo que ocurría en las zonas controladas por la guerrilla.

Detrás de los reflectores que iluminan a las figuras más visibles de aquel conflicto está la oscura poesía de la guerra, que tuvo uno de sus escenarios en aquellos parajes habitados por los sufrientes. En medio de las operaciones que montaba el ejército para ingresar a las zonas guerrilleras las unidades hospitalarias se desplazaban trabajosamente, con heridos, equipo médico y muy poco personal, como es de imaginarse, pues los brazos más fuertes estaban destinados a la línea de fuego. Iluminados por la luna o las bengalas, aquel cortejo de seres lastimados, rotos, enfermos, constituía una visión conmovedora solo superada en intensidad por las retiradas en masa de la población civil. No es posible evocar unas y otras sin volver a sentir congoja y admiración.

El libro es una historia de esa experiencia contada con las voces de un grupo de hombres y mujeres cuyo trabajo fue hacernos más soportable la guerra. Esa lección de ternura es el mejor alegato a favor de la razón y la no violencia, y la prueba viva de que aun caminando en los desfiladeros del infierno podemos dar lo mejor de nosotros mismos.



Curación en Chalatenango / Foto obtenida por el autor en Fundabril.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


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