Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
martes, 9 de diciembre de 2014
Corrupción e impunidad: Enemigos internos
Marcelo Colussi
“¡Hoy es 23 de diciembre, mi amigo!”, dijo altanero el empleado tras su ventanilla. “Para terminarle el trámite… ¡déjese algo!”. ¿Alguien pasó por experiencias similares? Seguramente muchos, o todos los que están leyendo este texto.
La corrupción no es un cuerpo extraño en las sociedades: es el pan nuestro de cada día. Ello no pretende ser una justificación. Por el contrario: pretende partir de su reconocimiento para ver cómo dar un combate con posibilidades reales de éxito. Por supuesto, hay grados de corrupción: lo que pide ese empleado para terminar el trámite no es lo mismo que el 20% que exige un ministro para otorgar una millonaria obra de infraestructura que demorará un año en terminarse. Pero que hay corrupción por todos lados: ¡no hay dudas! Fidel Castro, aún en ejercicio de la presidencia en Cuba hace algunos años atrás, la tuvo que denunciar explícitamente, y eso no significa el fracaso de los valores socialistas.
Reconocer que está entre nosotros, que está instalada como posibilidad cultural de todos los seres humanos, no es declararse rendido ante ella. Que la corrupción existe, que tiene un peso considerable en la dinámica de las relaciones humanas, que ha estado presente en muchas civilizaciones a través de la historia según se desprende de su estudio, todo ello debe ser nuestro punto de arranque. La cuestión es ¿qué antídoto le anteponemos? O más aún: ¿es posible combatirla? ¿Hay antídoto?
Partimos de la base de dos premisas: 1) la corrupción es detestable, es negativa, destruye en vez de construir, aunque sea una práctica común y que puede hallarse por todos lados; 2) es posible combatirla y quitarle espacio, y hasta quizá vencerla totalmente. Si no creyéramos firmemente en esas premisas, de nada valdría plantearse trabajar el tema.
La corrupción, dicho muy rápidamente, tiene que ver con la evitación de las normas, con su transgresión. Aunque no cualquier transgresión: sin duda se trata de un delito, como cualquier salto a las normas, a las leyes establecidas. Pero si algo tiene como particularidad distintiva es la impunidad. Los actos corruptos dañan a terceros, sin dudas, si bien tienen la singularidad de estar integrados como parte de la cultura dominante; es decir: son “normales” dentro de las distintas sociedades, distintamente a otro tipo de crímenes. En ese sentido podemos considerarla como impune, protegida contra el castigo. Es, por tanto, un “mal” que tenemos instalado en la cotidianeidad. No hay sociedad compleja, con aparato estatal ya desarrollado, que no presente una cuota de corrupción. Salvando las distancias, es como las caries respecto a la salud bucal: no son buenas, pero convivimos con ellas y es muy difícil prevenirlas. Y definitivamente, es imposible evitarlas.
Si bien está integrada en lo cotidiano, por supuesto que hay diferencias entre el grado de tolerancia para con la corrupción: sus escalas de incidencia varían en los distintos países así como las respuestas institucionales que se le da. En algunos lados merece pena de muerte (China, Rusia, por ejemplo) -aunque eso no la elimine-; en otros está incorporada a la dinámica cotidiana, es parte de la “normalidad” diaria con mucha mayor naturalidad (África o Latinoamérica, pongamos por caso. Es sabido que muchos agentes públicos “redondean” su salario con el soberno). Y eso está en dependencia de un sinnúmero de factores: hay países “civilizados” del próspero Primer Mundo donde la corrupción es moneda corriente en los distintos niveles de la dinámica social: Italia por ejemplo, mientras hay otros -los nórdicos, Canadá- donde tiene una incidencia mucho menor y es mucho más penalizada. Lo que pareciera un común denominador es que a menor grado de “desarrollo humano”, según los criterios modernos que marca cierta Sociología -o, dicho en otros términos: a menor complejidad de las estructuras sociales y estatales- mayor grado de laxitud en el cumplimiento de las leyes, es decir: mayor corrupción.
Podríamos atrevernos a decir que la corrupción ha existido inmemorialmente en las distintas sociedades clasitas. “Todo hombre tiene su precio”, dijo a principios del siglo XIX Napoleón Bonaparte. Es decir: una vez establecida la ley, paralelamente hay un espacio para burlarla. Quizá podríamos concluir que eso es parte de nuestra condición humana: siempre hay un resquicio para jugar a saltar las normas establecidas.
“La corrupción ha acompañado la historia de la humanidad, pero en nuestros días ha alcanzado tales extremos que los hechos derivados de su significado etimológico: descomponer, depravar, dañar, viciar, pervertir, sobornar y cohechar, no parecen suficientes para describir este cáncer de la sociedad, convertido en un antivalor generalizado. La corrupción constituye un fenómeno político, social y económico a nivel mundial. Es un mal universal que corroe las sociedades y las culturas; se vincula con otras formas de injusticia e inmoralidades, provoca crímenes y asesinatos, violencia, muerte y toda clase de impunidad; genera marginalidad, exclusión y miedo en los demás pobres mientras utiliza ilegítimamente el poder en su provecho. Afecta a la administración de justicia, a los procesos electorales, al pago de impuestos, a las relaciones económicas y comerciales nacionales e internacionales, a la comunicación social. Está por igual en la esfera pública como en la privada, y en una y otra se necesitan y complementan. Se liga al narcotráfico, al comercio de armas, al soborno, a la venta de favores y decisiones, al tráfico de influencias, al enriquecimiento ilícito”. Todo esto, con características casi apocalípticas, lo decía la Conferencia Episcopal de Ecuador reunida en Quito en 1988 en su documento “Corrupción y conciencia cristiana”. Hoy día podríamos suscribir uno a uno estos conceptos, con diferentes grados de intensidad sin dudas, pero como algo absolutamente vigente en cualquier parte del mundo.
Los “vendidos”, los favores silenciados, el tráfico de influencias, la “propina para el cafecito” y toda la parafernalia que tiene que ver con los erráticos vericuetos del deseo y el ejercicio del poder son tan viejos como viejas son las sociedades vertebradas en torno a la división de clases. De todos modos, las sociedades modernas, las sociedades masificadas que han venido de la mano del capitalismo, y más aún: las sociedades de la información donde los hechos políticos pasaron a ser parte de la mercantilización de noticias en las cuales más o menos todos saben algo de lo que pasa en el manejo de los Estados, esas sociedades han dado una nueva faceta al tema de la corrupción. Con los medios masivos de comunicación que inundan todo el espacio social difundiendo -aunque tergiversadamente en general- noticias y opiniones que en las sociedades agrarias tradicionales eran impensables, la corrupción pasó a ser una de las “vedettes” de la moderna industria informativa. No para combatirla realmente, sino porque es algo que “vende”. Abrumar de información, en definitiva, también puede servir para desinformar. ¿Cuántos altos funcionarios e incluso presidentes en el mundo tienen en la actualidad procesos judiciales en su contra debido a denuncias de malversación a las que contribuyó la prensa? Sin dudas muchos, infinitamente más que a comienzos del siglo XX, pero ello no termina la corrupción.
Hoy por hoy, sin que esto signifique que la corrupción esté en vías de desaparición, las sociedades saben más sobre los grandes casos de corrupción. Es común que estos ilícitos político-administrativos se denuncien, circulen, se difundan en forma masiva. Y a veces, incluso, dado el peso de las circunstancias, hasta llegan a castigarse. En estos últimos años, sin que ello signifique un mejoramiento real en las condiciones de vida de las poblaciones, ya son más comunes las denuncias sobre hechos notorios de corrupción, la destitución de funcionarios, algún que otro juicio. Ello no mejora la distribución de la riqueza: los pobres y excluidos siguen tan pobres y excluidos como siempre, y los ricos continúan enriqueciéndose. Pero permite la sensación de cierta credibilidad en las instituciones.
Sucede, sin embargo, que la cuestión sigue abordándose como un hecho policial, más dado a la crónica sensacionalista que como un problema de capital importancia para la construcción de sociedades más equitativas. A veces, inclusive, se desliza la idea que la histórica pobreza de las grandes mayorías se debe al robo de algún funcionario inescrupuloso. “Estamos pobres porque los políticos se roban todo” es el prejuicio en juego. Y con ello se escamotea la verdadera naturaleza de la explotación de clase, fundamento de la riqueza y privilegios de unos sobre otros. La corrupción, en definitiva, habla de una cultura generalizada, de una ética, de un modelo de ser humano en juego.
En mayor o menor grado, el capitalismo es corrupto. Si los valores rectores están asociados con la ganancia individual, con el beneficio entendido como posesión material, es absolutamente funcional lo dicho por Napoleón: todos tenemos nuestro precio, todos podemos vendernos por algo. Todo es mercancía; también los seres humanos, nuestra moral, nuestra reputación. La tentación de los bienes materiales que se nos ofrecen es grande, y parece que no es nada fácil resistirse. Pero en realidad no se trata de “resistirse” al más espartano modo de un asceta, o siguiendo la ética guevarista de los 60 de siglo pasado, sin tomar Coca-Cola porque eso es “hacer el juego al enemigo”. De lo que se trata es de construir otra cultura, otra nueva escala de valores donde la corrupción vaya quedando acorralada y haya espacio real para la solidaridad, para la responsabilidad colectiva sin necesidad de ser super héroes. Porque -¡esto es imprescindible dejarlo absolutamente claro desde un inicio!- no existen los super héroes.
Y si de esa construcción se trata, estamos hablando de socialismo.
Como dijo en su ya histórica formulación la incansable luchadora Rosa Luxemburgo: “socialismo o barbarie”. Si seguimos con el puro individualismo del “sálvese quien pueda” que instauran las sociedades clasistas, y en grado sumo el capitalismo, no hay posibilidad de terminar con la corrupción. Porque desde esa lógica es innegable que “todos tenemos un precio”, y tarde o temprano, podemos “vendernos”. En otros términos: la barbarie se impone. La gente común y corriente, la gente real que conforma la humanidad, no son (no somos) ni Jesús ni el heroico guerrillero Ernesto Guevara -más mitos que realidades- y por tanto es mucho más posible que terminemos siendo corruptibles a que resistamos los “suplicios” de las tentaciones terrenales (la Coca-Cola se sigue vendiendo). Aquello de “la carne es débil” encierra mucha verdad, sin dudas.
Ahora bien: ¿hay antídoto contra la corrupción? ¿Es realmente posible terminar con ella? Vale la pena probarlo. Por lo pronto, y como mínimo, podemos apuntar a generar una nueva cultura, una nueva ética de la solidaridad. Es un desafío, y aunque no podamos asegurar el final de la batalla, vale la pena intentarlo. Es más: no sólo vale la pena sino que es imprescindible intentarlo. Si no, no hay posibilidad de cambio real, no hay socialismo.
Hoy por hoy la corrupción sigue siendo una actitud estructural en lo humano. Luchar contra ella es más difícil que combatir contra un enemigo externo. Contra un tercero, el enemigo está claro, es externo, está parado delante nuestro; por el contrario, en la lucha contra la corrupción estamos implicados nosotros mismos en nuestra subjetividad, en nuestro ser. De ahí que es tan difícil el combate.
El socialismo real que hemos conocido -el que cayó con el Muro de Berlín, el que todavía pervive en algunos puntos del planeta con experiencias dispares como Vietnam, Cuba, Venezuela o Corea del Norte- nos abre interrogantes sobre todo esto. Ahí, sin dudas, también hay habido (o hay) corrupción. Quizá mucha incluso. ¿Significa eso que fracasó el planteo socialista? Sin dudas: no. Significa que la transformación profunda de las sociedades es un camino que recién ha dado unos primeros y balbucientes pasos. Y por supuesto faltan mucho aún por dar.
¿Qué es un narcoestado?
Arsinoé Orihuela
Wil G. Pansters, en un texto que lleva por título “Del control centralizado a la soberanía fragmentada: narcotráfico y Estado en México”, documenta que en la víspera de las elecciones presidenciales de 2000, el New York Review of Books publicó un artículo en el que se inquiría si el Estado mexicano era un narcoestado. La preocupación en realidad gravitaba alrededor de la candidatura de Francisco Labastida, exgobernador de su natal Sinaloa, y sobre cuya persona circulaban rumores acerca de presuntos vínculos con el narcotráfico. En esa época todavía existían académicos, funcionarios e intelectuales que sostenían que el narcotráfico era una lacra constitutiva a la supremacía indisputada del Partido Revolucionario Institucional. Naturalmente, las expectativas de esos grupos “críticos” (nótese el entrecomillado) estaban colocadas en el candidato de oposición: Vicente Fox Quezada, del proto-falangista Partido Acción Nacional. Sin embargo, la fallida “alternancia” refutaría esos torpes diagnósticos, y confirmaría que el problema no podía explicarse sólo “en términos de redes y lealtades partidistas en sí” (G. Pansters).
El texto referido tiene algunas virtudes. Pero, como ocurre a menudo con los estudios acerca del narcotráfico, yerra en las premisas de fondo, y atiende el problema admitiendo la hipótesis falsaria que coincidentemente utiliza el discurso oficial para justificar la guerra contra el narcotráfico: a saber, la de una disputa entre soberanías, o bien, la de un desafío del crimen organizado al poder del Estado. Esta lectura es altamente lesiva para la comprensión del fenómeno en cuestión. E inevitablemente refuerza la tesis de ciertos autores como Edgardo Buscaglia, que a nuestro juicio distorsiona la trama de la alianza Estado-narcotráfico en México. Buscaglia escribe: “El crecimiento de la delincuencia organizada extremadamente violenta y transnacional se alimenta siempre de vacíos y fallas del Estado”. Si se extiende un poco más este razonamiento, termina desembocando allí donde acaban casi todos los análisis estériles: en sostener que el Estado mexicano es un Estado fallido. Y por extensión, en responsabilizar principalmente a la clase política por el drama del narcotráfico y la narcoviolencia. Esto se traduce en una explicación insolvente, que el propio Buscaglia resume ciñéndose a una falacia teórica garrafal: que “el corazón del narco son los políticos”. Desde luego que los políticos están involucrados en el narco. Pero conferirles el rol protagónico en la materia, es por lo menos tan errado como creer que la alternancia partidaria va a resolver el problema.
Por eso se hace necesario definir qué es un narcoestado. Justamente para evitar estos tropiezos explicatorios.
Narcoestado es más que una mera consigna empuñada al vapor del ciclo de protestas en curso. Hay quienes piensan que se trata de un neologismo con un alcance sólo panfletario. La propuesta, no obstante, es que el término tiene un valor conceptual. Y que por consiguiente connota y denota algo preciso, concreto.
Narcoestado es más que un maridaje histórico entre el narcotráfico y el Estado. De hecho, no existe un Estado que se pueda sustraer de esta unión con la criminalidad, o con los ilegalismos que engloba el concepto de “narco”. El narcoestado es algo más que esa relación coyuntural o histórica entre crimen y Estado.
Lo que acá se plantea es que un narcoestado es un modo específico de organización de la violencia y los intereses dominantes. Y que estos intereses dominantes están orgánicamente articulados a la criminalidad e ilegalidad. Es la organización de los negocios criminales alrededor del Estado.
Cabe hacer algunas precisiones para entender esta ecuación.
Para situarnos en un terreno común, adviértase que un Estado es básicamente una forma organizada de la violencia. Y que esa organización de la violencia –el Estado– responde a los modos de una clase dominante o un poder constituido. Es decir, el Estado es una violencia al servicio de un poder.
En este sentido, un narcoestado no puede ser llanamente un contubernio entre un partido político y las redes del narcotráfico, como sugirieran algunos documentos como el arriba citado. Tampoco se trata de un Estado donde el crimen organizado tiene injerencia en los procesos y procedimientos de la administración pública. Mucho menos se puede hablar de narcoestado ahí donde ciertas empresas criminales cosechan réditos extraordinarios con el tráfico de la droga. Para tal caso, todos los Estados serían narcoestados.
Por eso es preciso insistir en la especificidad de un narcoestado. En suma, se trata de un Estado que impulsa ciertas políticas (e.g. la guerra contra el narcotráfico) que suministran ex profeso una trama legal e institucional en beneficio irrestricto de los negocios criminales. Es el predominio categórico del binomio criminalidad empresarial-violencia criminal en la trama de relaciones sociales comprendidas en un Estado.
Por ejemplo, en México es virtualmente imposible aspirar a un cargo de elección popular sin el aval y el financiamiento de las organizaciones criminales. Lo cual resulta cierto para todos los niveles de la cadena de mando político, es decir, municipal, estatal o federal. Esto implica que el crimen tenga control de la totalidad de las instituciones de Estado. Por eso se dice que tenemos un narcoestado. Otro ejemplo lapidario es la situación de los ministerios públicos o las instituciones judiciales. Más de un agente ministerial ha confesado en encuentros con periodistas, que la orden de “arriba” es desestimar los casos que involucren personas desaparecidas a manos del crimen, y por consiguiente tienen la instrucción de abortar cualquier seguimiento a esas ocasiones de delito. Con ligeras variaciones en las diferentes entidades federativas, el porcentaje de impunidad oscila entre el 98 y el 100 por ciento. Esto no es un desafío del crimen al Estado: eso es un Estado al servicio del crimen.
Para recapitular, cabe recordar lo sostenido en otra entrega: “Un narcoestado es un Estado donde la institución dominante es la empresa criminal. Los funcionarios de ese Estado están todos coludidos con el narco, pero no por una cuestión de corruptelas personales o grupales, sino sencillamente porque el narco es el patrón de ese Estado. La narcopolítica es la cría de los negocios criminales, creada por y para la empresa criminal. Y con los narcofuncionarios, los patrones –la empresa criminal– ganan mucho más. En este sentido, la impotencia o negligencia de las instituciones para perseguir a los delincuentes es la ley natural de un narcoestado. El Estado es el brazo legalmente armado de la empresa criminal...” (http://lavoznet.blogspot.mx/2014/11/fin-al-narcoestado.html).
Resumidamente, el narcoestado es la modalidad específica de organización de la violencia en México. Desde luego que no es un Estado fallido: es un Estado criminal. La guerra nunca fue contra las drogas o el narcotráfico. La guerra es una política de Estado para organizar la violencia en beneficio de la empresa criminal. Y el resultado de esa política es la configuración de un narcoestado.
lunes, 8 de diciembre de 2014
La guerra de la información y el triunfo de la propaganda
John Pilger
¿Por qué una parte del periodismo ha sucumbido a la propaganda? ¿Por qué la censura y la distorsión se han convertido en prácticas habituales? ¿Por qué la BBC se convierte tan a menudo en el portavoz del poder? ¿Por qué engañan a sus lectores The New York Times o Washington Post? ¿Por qué no se enseña a los jóvenes periodistas a comprender las intenciones de los medios y a objetar a las grandes declaraciones de falsa objetividad? ¿Y por qué no se les enseña que la esencia de gran parte de eso que se llama prensa de masas no es información sino poder?
Estas preguntas son urgentes. Nos enfrentamos a la posibilidad de una nueva guerra, puede incluso que una guerra nuclear, con Estados Unidos determinado a aislar y provocar a Rusia y a la larga a China. Estos hechos están siendo tergiversados por la prensa, incluyendo aquellos que promovieron las mentiras que llevaron al baño de sangre en Irak en 2003. Vivimos un momento tan peligroso y en el que la percepción pública está tan distorsionado que la propaganda ya no es, como la llamaba Edward Bernays, el gobierno invisible. Es el gobierno. Rige de forma directa sin miedo a la contradicción y nosotros somos su principal objetivo: nuestro sentido del mundo, nuestra habilidad de separar la verdad de las mentiras.
La era de la información es realmente la era de los medios. Nos encontramos en una guerra de los medios: censura, demonología, retribución y diversión por parte de los medios, una surrealista suma de dóciles clichés y falsos supuestos. Esta capacidad de crear una nueva realidad lleva años gestándose. Hace 45 años, un libro titulado The Greening of America causó sensación. Su portada traía estas palabras: Viene una revolución. No será como las revoluciones del pasado. Se originará del individuo”. En aquel momento era corresponsal en Estados Unidos y recuerdo cómo el autor, el joven académico de Yale Charles Reich, se convirtió, de la noche a la mañana, en gurú. Su mensaje era que la transmisión de la verdad y la acción política habían fracasado y que solo la cultura y la introspección podían cambiar el mundo. En unos años, guiado por las fuerzas del beneficio, el culto al yo había acabado con nuestro sentido de comunidad, justicia social e internacionalismo. Clase, género y raza quedaron separadas. Lo personal era lo político y el medio era el mensaje.
Tras el final de la guerra fría, la fabricación de nuevas amenazas completó la desorientación política de quienes, 20 años antes, habían conformado una vehemente oposición. En 2003 grabé una entrevista con Charles Lewis, distinguido periodista de investigación, en Washington. Hablamos de la entonces reciente invasión de Irak. Le pregunté: “¿Qué hubiera pasado si la prensa más libre del mundo realmente hubiera cuestionado a George Bush y Donald Rumsfeld y hubiera investigado sus acusaciones en lugar de transmitir lo que era en realidad pura propaganda?”. Contestó que si nosotros, los periodistas, hubiésemos hecho nuestro trabajo, “hay muchas posibilidades de que no hubiéramos ido a la guerra en Irak”. Es una afirmación sorprendente, apoyada por otro de los más famosos periodistas, a quien hice la misma pregunta. Dan Rather, antiguo presentador de noticias de la CBS, me dio la misma respuesta. David Rose, del Observer, y algunos veteranos productores de la BBC que han preferido mantener su anonimato, también dieron la misma respuesta.
En otras palabras, si la prensa hubiera hecho su trabajo, si hubiera cuestionado e investigado la propaganda en lugar de amplificarla, cientos de miles de hombres, mujeres y niños seguirían vivos hoy; millones no habrían tenido que huir de sus casas; no se habría prendido la mecha de la guerra sectaria entre chiíes y suníes y puede que el famoso Estado Islámico ni siquiera existiera. Incluso ahora, a pesar de los millones que protestaron en las calles, gran parte del público occidental no tiene la más mínima idea de la magnitud de los crímenes cometidos por nuestros gobiernos en Irak. Pocos conocen que, en los 12 años de invasión, los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña pusieron en marcha un holocausto, negando a la población iraquí de medios de vida.
Son palabras de un oficial británico responsable de las sanciones a Irak en la década de los 90, un sitio medieval que causó la muerte de medio millón de niños menores de 5 años, según datos de Unicef. El nombre de este oficial es Carne Ross. En el Foreign Office de Londres era conocido como Señor Irak. Hoy se dedica a destapar cómo los gobiernos engañan y cómo los periodistas difunden, de forma voluntaria, esas mentiras. “Solíamos entregar a la prensa información manipulada de apariencia de inteligencia”, me dijo, “o los excluíamos”. Durante este terrible y silencioso periodo, el principal informante fue Denis Halliday. Entonces Subsecretario General de la Naciones Unidas y oficial veterano en Irak, Halliday dimitió en lugar de tener que implementar políticas que describía como genocidas. Estima que las sanciones costaron la vida a más de un millón de iraquíes. Lo que le ocurrió a continuación a Halliday es educativo. Fue demonizado, vilificado. En el programa Newsnight de la BBX, el presentador Jeremy Paxman le gritó: “¿Es que no estás haciendo apología de Saddam Hussein?”, algo que The Guardian ha calificado recientemente como uno de los “momentos memorables” de Paxman. La semana pasada, Paxman firmó un contrato de un millón de libras por un libro.
Los siervos de la supresión han hecho bien su trabajo. Consideremos los efectos. En 2013, una encuesta de ComRes encontró que la mayor parte del público británico cree que el número de muertos de la guerra de Irak no superó los 10.000, una pequeña fracción del número real. Los restos de sangre que iban desde Irak a Londres se han tapado casi por completo. Se dice que Rupert Murdoch es el padrino de la mafia de la prensa y no hay que dudar del poder de sus periódicos, 127 con una circulación total de 40 millones, y su red de canales Fox. Pero la influencia del imperio de Murdoch no es más grande que su reflejo en la prensa.
La propaganda más efectiva no se encuentra en el Sun o en Fox News, sino bajo el halo liberal. Las acusaciones de que Saddam Hussein disponía de armas de destrucción masiva fueron creídas a pesar de las pruebas falsas porque no las hacía Fox News, las hacía The New York Times. Lo mismo es cierto en relación al Washington Post o The Guardian, que también han jugado un papel crítico a la hora de preparar a sus lectores para una nueva y peligrosa guerra fría. Los tres medios liberales han malinterpretado los hechos ocurridos en Ucrania como una agresión rusa cuando la realidad es que el golpe de Estado liderado por fuerzas fascistas fue instigado por Estados Unidos y apoyado por Alemania y la OTAN.
Esta perversión de la realidad es tan recurrente que ni se diputa la intimidación y el cerco militar sobre Rusia que Washington trata de imponer. Ni siquiera es noticia, sino que se tapa bajo una campaña de difamación y de miedo similar a las que se Y vivieron durante la primera guerra fría. Y otra vez, el imperio del mal viene a por nosotros, liderado por otro Stalin, o incluso un nuevo Hitler. Elige a tu demonio favorito y adelante.
La supresión de la verdad sobre Ucrania es uno de los más completos apagones informativos que recuerdo. Se está tapando el mayor aumento de tropas occidentales en el Cáucaso y Europa del este desde la segunda guerra mundial. Se encubre la ayuda secreta de Washington a Kiev y sus brigadas neo-nazis culpables de crímenes contra la población del este de Ucrania. Se ocultan las pruebas que contradicen la propaganda oficial que dice que Rusia es responsable del derribo del avión de Malaysian Airlines. Y otra vez, la prensa supuestamente liberal es la principal censora. Sin necesidad de citar hechos o pruebas, un periodista identificó a un líder rebelde como el hombre que derribó el Boeing. Este hombre, escribió, se hace llamar El Demonio. Era un hombre que dio miedo al periodista. Esas eran las pruebas.
Muchos en la prensa occidental han trabajado duro para presentar a la población rusa de Ucrania como extranjeros en su propio país y han obviado a esos ucranianos que buscaban una federación dentro de Ucrania y como ciudadanos ucranianos resistiéndose a un golpe de Estado instigado desde el extranjero contra su Gobierno electo.
No importa lo que tenga que decir el presidente ruso, se le ha convertido en un villano del que se puede abusar con impunidad. Un general americano que dirige la OTAN en Europa y que parece salido de “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”, de nombre General Breedlove, afirma periódicamente sobre las invasiones rusas sin un hilo de evidencia. Su imitación del General Jack D. Ripper de Stanley Kubrick roza la perfección. Según Breedlove, hay 40.000 rusos amasados en la frontera. Y eso es suficiente para The New York Times, The Washington Post o The Observer, este último conocido por las mentiras y fabricaciones que acompañaron a Blair en su invasión de Irak, tal y como reveló David Rose.
Encontramos casi el entusiasmo de una reunión de clase. Quienes hacen sonar tambores del Washington Post son los mismos editorialistas que calificaron de pruebas sólidas las alegaciones de que Saddam Hussein disponía de armas de destrucción masiva. “Si te preguntas”, escribió Robert Parry, “cómo el mundo puede ir a parar a la tercera guerra mundial, como ocurrió en la primera guerra mundial ahora hace 100 años, solo tienes que mirar a la locura en la que se ha envuelto toda la estructura política y mediática estadounidense en la crisis de Ucrania, donde la falsa narrativa de buenos y malos se instauró desde el principio y ha sido inmune a los hechos y a la razón”.
Parry, el periodista que destapó el escándalo Irán-Contra, es uno de los pocos que investigan el papel de los medios en este juego de la gallina, tal y como lo ha llamado el ministro de Exteriores ruso. ¿Pero es un juego? El Congreso de Estados Unidos vota ahora la Resolución 758, que, en pocas palabras, dice: “vamos a prepararnos para la guerra con Rusia”.
En el siglo XIX, el escritor Alexander Herzen describió el secularismo liberal como “la religión definitiva, aunque su iglesia no es del otro mundo sino de este”. Hoy, este divino derecho es más violento y más peligroso que nada que pueda inventar el mundo islámico, aunque puede que su mayor triunfo sea la ilusión de información abierta y libre. Las noticias hacen desaparecer países enteros. Arabia Saudí, fuente del extremismo y el terrorismo patrocinado por Occidente, no es una historia salvo que haga bajar el precio del petróleo. Yemen lleva 12 años aguantando ataques con drones estadounidenses. ¿Alguien lo sabe? ¿A alguien le importa?
En 2009, la Universidad del Oeste de Inglaterra publicó los resultados de un estudio de diez años de duración sobre la cobertura de la BBC sobre Venezuela. De las 304 piezas emitidas, tan solo tres mencionaban algún aspecto positivo de las políticas introducidas por el Gobierno de Hugo Chávez. El mayor programa de alfabetización de la historia de la humanidad apenas recibió una mención de paso. Millones de lectores y espectadores europeos y estadounidenses desconocen los importantes cambios llevados a cabo en América Latina, muchos de ellos inspirados por Chávez. Como la BBC, la información de The New York Times, The Washington Post, The Guardian o el resto de medios occidentales respetables está escrita a mala fe. Chávez fue ridiculizado hasta en su lecho de muerte.
¿Cómo se explica esto en las facultades de periodismo?
¿Por qué hay millones de personas en Gran Bretaña convencidas de que ese castigo colectivo llamado austeridad es necesario?
La crisis económica de 2008 expuso un sistema podrido. Por un Segundo, los bancos fueron señalados como bandidos que habían traicionado sus obligaciones con el público. Pero tras unos meses, salvo por las acusaciones de sobresueldos excesivos, el mensaje cambió. Las fotografías de banqueros culpables desaparecieron para dar paso a la austeridad, que se ha convertido en una carga para millones de ciudadanos.
Hoy, muchos de las instituciones de la vida civilizada británica están siendo desmanteladas para pagar una deuda fraudulenta. El valor de los recortes es de más de 83 millones de libras, una cantidad similar a los impuestos que los mismos bancos y grandes corporaciones como Amazon o el imperio Murdoch han evitado pagar. Y además los bancos reciben subsidios anuales con valor de 100.000 mullones de libras, una cantidad que podrían financiar todo el sistema de salud pública.
La crisis económica es pura propaganda. Las políticas extremas rigen Gran Bretaña, Estados Unidos, gran parte de Europa, Canadá y Australia. ¿Quién defiende a la mayoría? ¿Quién cuenta su historia? ¿No se supone que tienen que ser los periodistas? En 1977, Carl Bernstein, de fama Watergate, reveló que más de 400 periodistas y ejecutivos de los medios trabajaban para la CIA. Incluía ahí a periodistas de The New York Times, Time, y canales de televisión. En 1991, Richard Norton Taylor, del Guardian, reveló algo similar en Gran Bretaña.
Nada de esto es necesario hoy. Dudo que nadie pague al Washington Post u otros medios para acusar a Edward Snowden de apoyar al terrorismo. Dudo que nadie pague a quienes de forma rutinaria difaman a Julian Assange, aunque esto tiene otras recompensas. Me parece evidente que Assange ha atraído tal veneno y celos por la forma en la que WikiLeaks ha desvelado la y avergonzado la fachada de la prensa. No solo se ha convertido en un objetivo sino en la gallina de los huevos de oro. Tras lucrativos contratos para libros o películas, muchos han ganado dinero mientras que WikiLeaks lucha por sobrevivir. Nada de esto fue mencionado el 1 de diciembre en Estocolmo cuando el editor del Guardian Alan Rusbridger compartió con Edward Snowden el Right Livelihood Award, conocido como el Nobel alternativo. Lo sorprendente es que tampoco Assange of WikiLeaks fueran mencionados. Nadie dio la cara por los informantes que han dado a The Guardian una de las mayores exclusivas de la historia. Fue el equipo de Assange y WikiLeaks el que rescató a Snowden en Hong Kong. Ni una palabra. Lo que hace esta censura por omisión tan irónica y vergonzosa es que la ceremonia se celebraba en el parlamento de Suecia, cuyo silencio ha causado un grotesco uso de la justicia en Estocolmo.
“Cuando la verdad se sustituye con el silencio”, dijo el disidente soviético Yevtushenko, “el silencio es una mentira”. Este es el tipo de silencio que los periodistas tienen que romper. Necesitamos mirarnos en el espejo y denunciar los servicios de la prensa al poder y la psicosis que nos lleva hacia la amenaza de una guerra.
En el siglo XVII, Edmund Burke describió el papel de la prensa como el cuarto estado, que controla a los poderosos. ¿Fue cierto alguna vez? Desde luego, ya no lo parece. Necesitamos un quinto estado: un periodismo que monitorice y que contraponga la propaganda y que enseñe a los jóvenes a ser agentes del pueblo, no del poder. Necesitamos algo similar a lo que los rusos llamaron perestroika: una insurrección del conocimiento hasta ahora dominado. Podemos llamarlo periodismo de verdad.
Han pasado 100 años desde el inicio de la Primera Guerra Mundial. En aquel momento se condecoró a los reporteros por su silencio y su complicidad. En el punto álgido de la masacre, el primer ministro británico David Lloyd George confesó al editor del Manchester Guardian: “Si la gente realmente supiera la verdad, la guerra acabaría mañana, pero por supuesto no saben y no pueden saber”.
Es hora de que sepan.
jueves, 4 de diciembre de 2014
El ministro y yo
Bessy Rios
El Ministro y yo, es una de las películas que más me gusta del inolvidable Cantinflas, es una de esas que nos deja una tremenda enseñanza y la cual debería de ser de rigor que los que están a punto de ser ministros y funcionarios públicos deberían de ver y hacer talleres sobre ésta.
La traigo a cuenta la misma pues, hace unos días cierto ministro, del cual me reservo el nombre, pero él sabe quién es y el tercero que me llevó diligentemente el recado también.
El recadito fue sencillo, “mire, usted es pariente de la dueña de esta cuenta de Twitter ¿cierto?, a lo que le responden, "eh, sí". "Bueno, mire, esta señora ha escrito cosas en contra mía y quiero que le diga que se calme conmigo”.
Bueno, me remito a responder el recado que me hizo llegar en privado de manera pública y como ya dije omitiendo su nombre y su ministerio.
1) Yo voté por el actual presidente, quien es su jefe inmediato y aunque no le hubiera dado mi voto, tengo derecho a criticarlo a usted, o a cualquier otro funcionario que no esté haciendo bien las cosas.
2) Usted no es el primero ni será el último al yo de manera personal critique, y le contaré que en el gobierno anterior abiertamente critiqué al presidente Mauricio Funes por el ignominioso decreto 743 contra la Sala de lo Constitucional –razón por la cual este blog se llama así- y voté por él y me fuí a ejercer mi derecho de protesta frente a casa presidencial, pero no solo a él también lo hice con la gestión del Sr. Melgar en Seguridad Pública y de Munguía Payés y de Carlos Ascensio, he criticado al presidente de la Asamblea Legislativa por los gastos que se hacen en ese órgano de Estado, además al actual presidente también le critiqué los fondos destinados para el traspaso de mando, así como la decisión de poner al subdirector del ISSS y lo hice enérgicamente, y ninguno de ellos nunca me mandaron semejante recado.
3) Tengo claro que usted tiene otro tipo de formación y piensa que puede apabullar a un empleado suyo para que éste me pida que no le critique porque su trabajo puede peligrar, déjeme que le aclare que los empleados del ministerio que usted dirige ni son sus empleados ni usted es su patrono, ellos y ellas son empleados míos y de todos los que con nuestros impuestos les pagamos un salario, mismo que también le pagamos a usted.
4) Ni los funcionarios de alto rango, como son dos presidente constitucionalmente electos, nunca se han puesto en función de mandar a callar o calmar las voces que hacemos críticas porque la libertad de expresión es uno de los derechos que logramos reafirmar luego de 12 años de guerra civil, porque le recuerdo que antes en este país mandaban a matar las voces que no recitaban alabanzas a favor de los gobiernos militares, pero señor ministro esos tiempos de conciliación y del PDC ya pasaron y usted no me puede mandar a calmar –callar.
5) Usted cometió un error público, no solo estratégico, sino político, además dejó ver su falta de compromiso con los programas sociales y la poca capacidad de gestionar una cartera que debe estar en función de sacar adelante a nuestro país y con decisiones como las que usted tomó y que tuvo que dar marcha atrás me dejó claro que no tiene un compromiso con el pueblo que le paga su salario y quienes deberíamos tener derecho a quitárselo.
6) Le pido de la manera más atenta que si ud tiene algún problema con mi cuenta en twitter @bessy_rios hable conmigo de manera personal, porque de lo que yo escribo o tuiteo es de mi responsabilidad y la asumo, por favor no se ande por la ramas, recuerde que esas prácticas de pretender atemorizar a un empleado son propias de otro estadio el cual es muy lejano a esta realidad en la que vivimos, no se aproveche de su actual relación de poder, no se vale, pero esto y su lamentable decisión como ministro nuevamente reafirman mi pensamiento, usted no tiene un compromiso social con este país, usted es un personaje que vaya Dios a saber por qué fue puesto en ese cargo y el colocarlo ahí es un error estratégico del presidente Salvador Sánchez Cerén y del FMLN, pues los pactos no siempre nos traen los beneficios esperados en ciertos casos como el suyo dañan la imagen de un gobierno de izquierda comprometido con su país.
7) Espero que le quede claro que yo voy a seguir vigilando su gestión, la criticaré cuando lo considere o le felicitaré si hace algo bien y la de los demás ministerios y candidatos a diputados/as y alcaldes, porque ese es mi derecho como ciudadana y usted y nadie tiene el derecho de pedirme “calmarme” que para ser honestos significa silencio, sino le gusta el humo no se meta a la cocina, es así de sencillo.
8) No me interesa si va y corre a desquitarse con el mensajero a quien le pidió me diera el recado, es lo menos que un personaje como usted haría, espero equivocarme, pero le repito, a mí eso ME TIENE SIN CUIDADO.
No podemos permitir que ningún funcionario de esta administración y de ninguna otra se tome la atribución de mandar recados elegantes para pretender callar voces de crítica, no es así el juego de la democracia todos y todas tenemos derechos a decir fuerte y claro si algo no se está haciendo bien, así como tenemos la obligación de reconocer cuando algo está siendo bien gestionado.
El contrato social no se creó para que lleguen al poder y se desentiendan de los que los pusimos ahí, no señores míos no es así la cosa, recuerden que por transparencia ustedes, deben estar siempre dando cuentas y escuchando las críticas.
Por ello le dejo un fragmento de la película el ministro y yo, son 4.45 minutos de su valioso tiempo, pero si la ve, serían bien invertidos.
Cuando guste puede contactarme y con gusto podemos hablar de mi crítica de manera personal, pero recuerde que mis comentarios son míos y yo soy la única responsable de ellos, deje de andar queriendo asustar a terceros que nada tienen que ver con mis posturas personales, nuevamente le repito esos tiempos ya pasaron señor ministro.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Burla a las víctimas
Editorial UCA
Recientemente el Estado salvadoreño fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de cinco niños desaparecidos durante la guerra. Y la razón está clara: no ha hecho nada por encontrarlos; tanto durante la guerra como desde su fin ha tendido a despreciar solemnemente a las víctimas. Quienes hoy dicen que se preocupan de las víctimas siguen defendiendo la ley de amnistía con una pasmosa tranquilidad, como si considerar basura a las víctimas del pasado fuera compatible con un discurso de grave preocupación por el presente. Pero tanto a nivel judicial internacional como en el pensamiento jurídico y filosófico moderno se impone cada día con más fuerza la abolición de todas esas amnistías declaradas para proteger al fuerte en desmedro de los derechos del débil.
El partido Arena, en este tema, parece ir en dirección contraria al pensamiento internacional civilizado. Varios datos lo demuestran. Con tranquilidad aceptan como candidatos para la Asamblea a personas que han sido acusadas de participar en masacres y graves violaciones de derechos humanos. Y el alcalde de San Salvador, personajillo político de oscura tradición autoritaria (por sus palabras se le juzga: hubiera sido feliz con un golpe militar a su favor), quiere cambiar el nombre de la calle San Antonio Abad por el de Roberto D’Aubuisson, supuestamente más glorioso según los criterios del edil. Seguramente ignora quién es san Antonio Abad y cuál su profundo significado para la cultura occidental; no necesitamos explicárselo aquí. Pero podemos invitarlo a que busque en Wikipedia y compare —tanto en extensión como en contenido— las entradas que este portal dedica al uno y al otro.
Pero no es solo que haya preferido poner a una calle el nombre de un histórico psicópata, quitándole el de un personaje de verdadera importancia para esa tradición occidental que tanto ensalzan como papagayos algunos areneros; sino que además ofende a las más hondas raíces culturales salvadoreñas. San Antonio Abad no es solo el nombre de una calle en El Salvador, sino el de un cantón con fuertes raigambres indígenas. La calle se llama así porque los habitantes de la zona han acogido como patrón y patronímico ese nombre. Su iglesia parroquial es de las pocas en el país que es propiedad de la cofradía, de una comunidad que desde tiempos ancestrales ha manejado una hermosa fusión entre la cultura indígena y la cristiana. El supuesto nacionalismo arenero no parece respetar las raíces étnicas mayoritarias de El Salvador, al menos en el caso de este alcalde y su concejo.
Para el caso de los candidatos a diputaciones sirvan las siguientes y breves reflexiones. Entre los militares que combatieron durante la guerra civil hay sin duda personas dignas, decentes y que cumplieron con lo que su conciencia les dictaba. Pero que hubo ladrones y asesinos es también cierto. Algunos se enriquecieron de un modo que jamás se investigó. Otros son responsables de verdaderas masacres. La Comisión Ad Hoc, compuesta por personas honorables, manejó una lista de aproximadamente 100 militares que debían ser dados de baja del Ejército. Ahí tenemos ya un indicador que debería hacerse público por decencia. Y ciertamente alguno de los militares retirados que quiere correr como diputado por Arena está en esa lista. Incluso sin que la nómina se haga pública, bastaría con que le pregunten al expresidente Cristiani para que informe quiénes son. Él tiene la lista y debería aconsejar en ese punto a sus colegas areneros. La Comisión de la Verdad menciona a otro grupo de militares. Y de nuevo hay candidatos a diputado entre los acusados de masacres. Siempre llamará la atención que habiendo sido Arena el partido en el poder que aceptó las reglas del juego de la paz, se las salte con tanta facilidad a la hora de buscar alianzas con trogloditas del pasado, por muy acicalados y maquillados que se quieran presentar en la actualidad.
En política se avanza desde la razón, no desde el capricho y el insulto a la sociedad. Arena se siente segura para defender sinrazones por la simple razón de que tiene un apoyo mediático mayoritario. Pero incluso el apoyo mediático se va resquebrajando poco a poco ante el desprecio de los pobres y las víctimas que este partido manifiesta con demasiada frecuencia. Echar leña al fuego despreciando a las víctimas produce rechazo en la gente de buen corazón y talante humanista, que cada vez es más en El Salvador. Buscar fantasmones del pasado y auparlos como héroes o como diputados no es más que un signo de un partido cuyas raíces autoritarias están tan arraigadas que tiende a la violación de los derechos humanos. Tal vez ahora no maten como en el pasado, pero los derechos económicos y sociales seguirán sufriendo en abundancia mientras no haya una derecha algo más inteligente de la que hay en el país.
domingo, 30 de noviembre de 2014
MEXICO, GUATEMALA Y HONDURAS, ESTADOS FALLIDOS
OLLANTAY ITZAMNA*
Las sociedades occidentales (y sus imitaciones) se forjaron y se sustentan sobre varios mitos. Uno de esos mitos es el Estado como un ente supremo garante de la integración y estabilidad de la nación. En el medioevo, el ente supremo que inyectaba sensación y sentido de seguridad y estabilidad para los reinos era el mítico Dios desconocido del lejano cielo. Para la gran mayoría de los habitantes de aquellos reinos, Dios era tan desconocido y ausente, como lo es el Estado moderno para la gran mayoría de nosotros/as. La duda y la sospecha sobre el origen y la existencia de Dios se castigaban con la pena de muerte (por herejía). Hoy, preguntarse o dudar sobre el origen del Estado o adjetivarlo como fallido, se castiga con la pena máxima (por subversivo y por traición a la patria).
Como estos mitos dan sensación y sentido de seguridad, los humanos los asumimos como acto de fe. Sólo creemos que Dios y Estado existen, pero casi nadie se pregunta sobre el origen o pone en duda la existencia de éstos. Mucho menos se atreven a ejercer el derecho humano de la desobediencia civil. Por eso, cuantos vivimos bajo estados fallidos o estados aparentes, no nos atrevemos a denunciarlos como tales, salvo cuando el dolor que nos infringen los canallas tiranos es demasiado agudo, y nos empujan de la condición de creyentes a la situación de seres pensantes.
En estos tiempos violentos y nebulosos de la tiranía neoliberal, los predadores de derechos y cazadores de defensores/as de derechos evidencian la condición de estados fallidos para algunos países. Los estados aparentes ya no sólo se desentienden de su rol esencial, garantizar el cumplimiento de derechos y construir el bien común, sino que se vuelven enemigos de todos cuantos se atreven a proclamar y defender derechos. Cuando los estados se convierten en acechadores furtivos de defensores de derechos, estamos ante un Estado fallido.
¿Por qué surgen las y los defensores comunitarios de derechos?
En nuestras sociedades medievales, adictas a los títulos y grados académicos, cuando se hace referencia a defensores/as de derechos, casi automáticamente se piensa en sujetos “profesionales” de traje y corbata. Pero, para ser defensor comunitario de derechos es suficiente tener conciencia clara de que cada ser (material o espiritual) que cohabita en la comunidad cósmica es portador de derechos. Asumir que el ejercicio de los derechos es consustancial a la dignidad. Ser conscientes que la violación de los derechos de los demás es un atentado contra la dignidad de uno mismo. Y, en consecuencia, ejercer el arte de la defensa de manera pacífica, sea mediante la desobediencia civil (resistencia) creativa u otros medios, es un imperativo categórico ineludible.
El o la defensora comunitaria es un profeta profundamente humano que aguijonea a la bestia predadora de derechos, en todas partes y por todas partes. Es consciente que gasta su vida para que florezcan los derechos para todos/as. Sabe que su horizonte está empedrado de difamaciones, cárceles, destierros, finalmente el asesinato. Pero, también está convencido que en esa apuesta inmortaliza a la dignidad humana.
Los estados modernos (democráticos) surgieron con la finalidad de reconocer y garantizar el cumplimiento de los derechos, en igualdad de condiciones, y así conseguir el bien común para todos/as. Por eso se asume que el Estado es el pueblo que hace sus propias reglas para preservar la vida, la seguridad y la propiedad privada de las personas. En eso consiste el bienestar común para el liberalismo.
Cuando un Estado no es capaz de garantizar la vida, seguridad y propiedad de las personas, entonces estamos ante un Estado débil. Si además, dicho Estado pierde el control sobre sus unidades territoriales o sectores de su población, y se instaura un confuso desorden violento persistente y creciente, entonces, estamos ante un Estado fallido con desintegración social.
Las y los defensores de derechos emergen, por lo regular, en situaciones de estados débiles o fallidos. La humanidad, por su instinto moral y su condición de “ser para y con los demás” tiende a preservar la convivencia. Por eso, ante el desorden y la ruptura del “pacto social”, y la ausencia estatal, los individuos asumen el rol de defensores de derechos. En otras palabras, las y los defensores comunitarios de derechos hacen lo que el Estado débil deja de hacer, y para contrarrestar la violencia que instaura las secuelas del Estado fallido.
¿Por qué un Estado criminaliza y persigue a defensores de derechos?
Cuando un Estado persigue y criminaliza justamente a aquellos que realizan la tarea que él deja de hacer, estamos ya no ante un Estado democrático, sino ante una tiranía criminal. El Estado predador de derechos y de defensores es un antisujeto al que ya no se le puede denominar Estado, en el sentido moderno del término. En dicha situación, el pueblo debe organizarse e impulsar un proceso constituyente amplio para crear un nuevo Estado, con nuevo ordenamiento jurídico y nuevas instituciones garantes de derechos.
Los estados democráticos, por lo regular, se pervierten y se vuelven monstruos contra la humanidad cuando son infiltrados por organizaciones criminales, o porque sus gestores y administradores padecen una crónica deficiencia intelectual y moral. En el caso de Guatemala y Honduras, las élites rectoras de las repúblicas no tuvieron la capacidad moral y mental para ampliar y consolidar el proyecto de Estado nación en los diminutos territorios. En el caso de México, el proyecto de Estado Federal que logró consolidarse casi en todo el territorio nacional, producto del debilitamiento moral y material que le ocasionó el sistema neoliberal, fue infiltrado por los narcogobiernos paralelos.
En cualquier caso, los estados fallidos se vuelven monstruos en contra de quienes fueron sus ciudadanos. Y mucho más, en contra de los defensores de derechos porque éstos, con sus acciones, se constituyen en la memoria viva y permanente del fracaso estatal.
¿Cuánto tiempo pueden subsistir los pueblos bajo estados fallidos?
Cuando en un país la violencia sangrienta se generaliza, los aparatos estatales se confunden con las estructuras del crimen organizado, el Estado pierde el legítimo monopolio de la violencia en su territorio, y emergen múltiples poderes locales paraestatales, estamos ante la evidencia que el Estado se diluye. O en el mejor de los casos, el Estado aparente está en retirada.
En esas condiciones no hay pueblo (por más estoico o creyente que éste fuera) que aguante por mucho tiempo su desintegración social violenta. El instinto de sobrevivencia en comunidad termina siempre impulsando procesos de articulación social para concertar nuevos “pactos sociales” para la refundación o creación de nuevos estados. El ser humano necesita convenir reglas de convivencia para preservar su vida, sus bienes y su seguridad.
Bolivia, Ecuador, Venezuela, Argentina, entre 1995-2005, vivieron procesos de disolución de estados aparentes, y esa década caótica aceleró los procesos colectivos para repensar o refundar a dichos estados. En todos estos casos, los desastrosos impactos socioeconómicos del sistema neoliberal abonaron, no sólo la disolución de los estados carcomidos, sino el ímpetu social por la urgente refundación de los mismos.
¿Están los pueblos obligados a obedecer a los estados fallidos?
No. Históricamente son los pueblos que crean a los estados, y éstos tienen su razón de ser en la medida en que garantizan la convivencia pacífica, seguridad, libertad y bienestar. Cuando un Estado se diluye en su razón de ser y se vuelve tirano, quienes fueron sus ciudadanos no le deben ninguna obediencia. Más por el contrario les asiste el derecho de la desobediencia (resistencia) civil, el derecho de rebelión. Estos derechos son tan antiguos como el Estado moderno mismo. Suficiente revisar a tratadistas como Francisco Suarez (S. XVIII), Henry D. Thoreau (S.XIX). O los testimonios místicos de Gandhi, Luther King, Mandela, etc.
Pero, así como nos asiste el derecho de la desobediencia o de la rebelión, también nos desafía la obligación de pensar, plantear e impulsar proyectos participativos de nuevos estados, con sus ordenamientos jurídicos e instituciones propias. Sin propuestas de proyectos de nuevos estados, el anuncio de la situación de estados fallidos seguirá activando miedos atávicos e incertidumbres existenciales a amplios sectores conservadores de la sociedad que casi nada tienen para conservar.
* Indígena quechua, abogado y antropólogo
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Los acuerdos de post guerra (parte final)
Dagoberto Gutiérrez
A la renuncia de la post-guerra y la renuncia de la política siguió la renuncia del poder, que como podemos ver se trató de una trilogía poderosa a partir de la cual el proceso político que siguió a la guerra de 20 años dejó de amenazar el proyecto neoliberal que se montaría y también aseguró los intereses de los sectores dominantes. Se renunció a todo proyecto popular y se amarró toda posibilidad de movilización organización y formación del pueblo que sería afectado totalmente durante las próximas décadas por la política y la filosofía neoliberal.
Mas de 20 años después de estos acontecimientos, la sociedad puede darse cuenta de las consecuencias perversas sobre sus vidas; pero en aquellos momentos, toda esta política oscura fue manejada como una especie de victoria y un sentimiento de fiesta y celebración recorría la sociedad de arriba para abajo y para las personas, la paz valía la pena aunque la justicia no apareciera. Cuando los antiguos guerrilleros empezaron a aparecer de alcaldes y otros de diputados, se entendió que eso era el poder y algunos, incluso pensaban, que eso era la revolución y otros que eso era el socialismo, cuando aquí, justamente aquí, en la asunción de un cargo público y en la conversión de una persona en funcionario estaba situada, de manera inadvertida para la gran masa, la renuncia al poder y su sustitución por el acceso a los cargos públicos. Se trata de un hilo fino, invisible y a la vez poderoso.
Hemos de saber que para realizar las transformaciones que las sociedades necesitan, que suelen ser traumáticas y producen desorden porque suponen la negación de un orden y la construcción de otro orden, para hacer todo esto, se necesita contar precisamente con el poder necesario para hacerlo, se trata del poder de abajo sustentado con la organización y la movilización del pueblo y el poder de arriba con el control de los aparatos del Estado.
Cuando una fuerza política renuncia previamente al poder de abajo y desmoviliza al pueblo lo desorganiza, no tiene ninguna condición para controlar ningún aparato estatal por que carece de la fuerza política para hacer semejante cosa. Sin contar con ese poder entonces no tienes más camino que convertirte en funcionario de un aparato cuyos propietarios y controladores son los mismos de siempre, los sectores dominantes y las oligarquías tradicionales que son las que continuaron ejerciendo el poder en el país, mientras la antigua guerrilla, liberada de toda insurgencia, se hacia parte del funcionariado como cualquiera lo hace en cualquier Estado.
El poder nunca fue discutido por el nuevo actor partidario y siempre se reconoció y aceptó el poder de los oligarcas e incluso nunca se llegó a plantear ni compartir el poder, de tal modo que esta renuncia al poder se convierte en una política conservadora y reaccionaria.
Conviene saber que cuando hablamos de poder nos estamos refiriendo al poder político que es el poder de los poderes, es la madre del cordero y entendemos por poder una relación social que se da entre personas y no entre la persona y la cosa o entre la persona y la naturaleza; esta relación social se basa en la diferencia de recursos que es la segunda característica del poder, aquí se ubica lo que se llama la fuente del poder y podes preguntarte de donde viene el poder del dueño de la fabrica y has de saber que no viene del mayor conocimiento técnico del manejo de las máquinas, tampoco viene de su mayor edad o su mayor simpatía, viene a partir de que es el propietario de los medios de producción de los que dependen todos sus trabajadores, esa es la fuente de poder. El poder de un padre sobre su hijo viene de su ascendencia porque un hijo siempre es descendiente de su padre y puede ser, a su vez, ascendiente de sus hijos, esta es la fuente de poder; el tercer aspecto es que el poder puede ser o subversivo o conservador de acuerdo al uso que se le dé, para transformar la realidad o para impedir esa transformación.
Yo tengo poder político cuando cuento con el control de los aparatos de Estado que funcionan de acuerdo a mis intereses, ese poder político no funciona automáticamente, ni mecánicamente a partir de mi poder económico, debe ser construido de manera sistemática y organizada, y este es el corazón de las luchas de clases la cual consiste en definir qué clase social o que fracción de una clase social es dueña y controladora de las áreas decisivas de loa aparatos de Estado. Cuando una fuerza política renuncia a esta pelea, tal como lo hizo en su momento el recién inaugurado partido FMLN se trata de un inquilino que agradece el alojamiento, promete portarse bien y controlar toda posibilidad de desorden impidiéndolo y maniatando los espíritus de los posibles transgresores. Solamente pide manos libres para participar en el usufructo de la administración del botín de la cosa pública.
A estas alturas podemos afirmar que la oligarquía no ganó la guerra pero ganó la post-guerra, empezando porque al renunciar el partido FMLN a esta post-guerra, se sepultó a la guerra y se procedió a soterrar el episodio más hermoso de nuestra historia. Este enterramiento no puede ser considerado, en ninguna circunstancia, una victoria de pueblo, fue una victoria de sus enemigos.
A mas de 20 años de distancia la guerra empieza a ser desenterrada, muy lentamente, dolorosamente, con vergüenzas y aquella especie de alianza establecida después de la guerra parece estallar, cuando el modelo neoliberal aplicado exitosa e implacablemente en el país, hunde a la sociedad en la mayor crisis histórica conocida y así, cuando aquel partido llega a hacerse dueño del gobierno carece de amigos, no cuenta con aliados, no tiene finanzas, tampoco tiene política conocida, ni proyectos, ni líderes respetables, ni cohesión de ningún tipo, es lo más parecido a un gobierno de mercaderes que aparecen sin sonrojos, como simples clientes haciendo cola en Washington y en las oficinas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
El problema del poder sigue pendiente y ahora con mas relieve, cuando el antiguo poder oligárquico tradicional se ha esquebrajado y el inquebrantable poder filosófico y espiritual, que es el que amarra a las almas de los consumidores y votantes también está quebrado y aquel perseguido aparato del Estado, ese codiciado botín de piratas ha sido controlado por el mercado todo poderoso. Así las cosas, ocurre que gobernar es hacer negocios y obtener ganancias desde el aparato del Estado, se trata de negociar la política y en este marco las luchas por el poder pasan a ser un tema de vida o muerte precisamente, cuando la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), que entiende bien esto que estamos explicando, intenta convertir las votaciones, a contra pelo de los mismos partidos beneficiarios, en algo benéfico, civilizatorio, democrático y bienhechor.
Es cierto que varias cosas electorales establecidas a partir de los fallos de la CSJ pueden ser vistas como avances y pasos democráticos y también es cierto que lo electoral necesita de la contaminación de lo político para convertirse en movilizador y canalizador de la protesta y del reclamo del malestar y de la inconformidad. Todo esto existe en la sociedad y ha de crecer adentro y afuera de las urnas, para que no se detenga la posibilidad de una vida digna y de la supervivencia de la sociedad. Por eso decimos que el problema del poder político sigue pendiente, aunque no continuará así para siempre.
Mujica, México y la verdad incómoda: La dictadura fallida del capital
Fernando Moyano / Posta Porteña
En este orden mundial organizado en “categorías A, B, C” como en la dictadura, Uruguay está en un escalón medio. Es un “país tropa” a la orden de los “países jefes” para controlar a los “países pichis” como Haití. Nadie lo ha dicho más claramente que Mujica.
La descomposición del capitalismo como modo capitalista de producción -aun manteniendo su reproducción necesaria- trae la descomposición de la civilización misma. E inevitablemente consigo, la descomposición del Estado capitalista. Porque no se trataba solamente de asegurar la continuidad del capital, la cosa era hacerlo en forma presentable, aceptable por todos.
La máquina internacional compleja interestatal -en que los Estados son "piezas", tomamos este planteo de Wallerstein- se mantiene en funcionamiento, pero con muchas complicaciones. En la época de surgimiento y auge del Estado capitalista, su discurso típico fue el del Estado-nación, aunque nunca dejó de ser una máquina internacional. Cuando esa dinámica llevó a matanzas generalizadas sin fin como en las dos Guerras Mundiales, y cuando el sistema-mundo capitalista había llegado a una madurez suficiente, se instaló el discurso del "estado mundial" como nueva utopía vector de la civilización burguesa
Decía ser, lógicamente, un estado mundial democrático, solidario, defensor de los derechos humanos, y pacifista. La descolonización, y el éxito del Estado de Bienestar en ese tiempo, eran su contexto
Pero la madurez es la antesala de la vejez. El capitalismo tardío se transformó en el capitalismo decadente. El estado mundial cobró cada vez más carácter de policía mundial. El discurso burgués cambió, dejó atrás la “Patria” por la “globalización” y el “Fin de la Historia”, pero muy pronto se vio que ese fin había que apurarlo con la guerra mundial “contra el terrorismo”. Y las piezas que fallan en esa guerra serían “estados fallidos” y hay que remplazarlas por el repuesto que aporta la máquina centralizada del Estado mundial.
Eso es la intervención. Como sabemos, la ley internacional que instrumenta la paz entre los estados se construyó sobre la base del “principio de no intervención” de un estado en los asuntos del otro. Pero...
Con el nombre de “Damocles” Mario Benedetti escribía notas humorísticas de crítica social. Había una sobre un “estudiante” que rendía examen sobre la nueva filosofía política internacional, ante un tribunal. Le tocó la bolilla “Principio de No Intervención”.
· Es un principio general, o sea que debe ser respetado invariablemente en todos los casos. A no ser, por supuesto, que deba someterse a su vez a un principio más elevado...
· ¿Por ejemplo?
· En Principio de Intervención.
· Correcto, prosiga.
Es por esa razón que Uruguay participa de la ocupación militar de Haití por Naciones Unidas. En Haití habría un “estado fallido”, eso mismo que dice Mujica. Es decir, sería una pieza fallida de esa máquina interestatal de la policía mundial, que por lo tanto debería ser respuesta desde afuera, porque pone en riesgo el orden necesario para la reproducción del capital.
Porque pone en riesgo el orden necesario para la reproducción del capital. Esa es la verdadera razón, y nada tiene que ver con la institucionalidad democrática ni con los derechos humanos ni la paz social. La historia concreta de esta intervención militar ya ha demostrado cabalmente, incluso para el gobierno uruguayo que ha participado diez años en ella, que esto no significa ninguna “estabilidad” para Haití, porque ninguna estabilidad sería posible sin el respeto de su autodeterminación.
La finalidad de la intervención militar es mantener y profundizar el control sobre una fuerza de trabajo superexplotada, evitar una explosión migratoria motivada por la extrema penuria, y habilitar el saqueo de los recursos naturales. La resistencia del pueblo haitiano, la desigualdad social extrema que se perpetúa, la naturaleza reaccionaria y recalcitrante de la clase dominante, su condición colonial, han traído que la intervención, para cumplir sus fines reales, solo pueda derivar en más intervención. La inestabilidad es estructural.
En este orden mundial organizado en “categorías A, B, C” como en la dictadura, Uruguay está en un escalón medio. Es un “país tropa” a la orden de los “países jefes” para controlar a los “países pichis” como Haití. Nadie lo ha dicho más claramente que Mujica.
“Los uruguayos participamos con 13 a 15 % de nuestras FFAA en las misiones de Paz. Llevamos años y años, siempre estamos en los lugares que nos asignan, sin embargo donde se decide y reparten los recursos no existimos ni para servir el café”. Asamblea ONU, 25/09/13.
Hoy, el gobierno uruguayo se ve enfrentado a esta disyuntiva: o seguir haciendo ese papel de tropa y sirviente, o empezar a tener un mínimo de respeto por sí mismo. La participación en la ocupación de Haití es cada vez más insostenible.
Pero ¿qué pasa cuando el “pichi estado fallido” resulta ser el pinche México? La descomposición del estado capitalista es allí peor todavía. No hay ni estado de derecho ni democracia ni derechos humanos ni paz social ni estabilidad ni nada. Eso es directa consecuencia de la decadencia de la sociedad burguesa, esta barbarie es una nueva barbarie, “la barbarie como lepra de la civilización” decía Marx.
Pero Mujica mete la pata horriblemente cuando lo llama “estado fallido”. Porque ese término no fue inventado para referirse a lo que realmente pasa con las funciones del estado en un país ni las garantías de la vida de sus habitantes. Se inventó para justificar intervenciones militares imperialistas, cuando son necesarias y posibles.
No se trata de que haya un “estado fallido” y entonces la “comunidad internacional” tome cartas en el asunto. No solo tiene que ser necesario, tiene que ser posible intervenir militarmente, tiene que ser una opción que el propio imperialismo se la pueda plantear, al menos.
¿A quién se le puede ocurrir crear otro Irak al lado de Estados Unidos? Esto no tiene nada que ver con lo que efectivamente pase en México por horrible que sea, México no puede ser un estado fallido, ¿se entiende? Aunque para justificar que no haya que remontarse a la América Pre-colombina. Solamente pueden ser estados fallidos aquellos a los que se los pueda invadir y aplastar por la fuerza, y para ello los costos tienen que al menos parecer menores que los beneficios. Si la ecuación es al revés, habrá que recurrir a otra categoría.
Pero México, en verdad, ES un estado fallido. Y Haití es una intervención fallida y una falla en la teoría del estado fallido. ¿Y Mujica qué es?
Mujica es un acto fallido con patitas. Es el “emergente”, se le escapa la verdad incómoda. Ayer, que en Palestina hay un genocidio; hoy, que México es un estado fallido.
No había terminado de hablar y ya ardían las redes sociales desde México pidiendo que no se retractase. Claro, una vez que un presidente dice una verdad...
Pero un presidente no puede decir la verdad. Puede meter la mano pero no meter la pata. Meter la mano es cosa de todos los días, cualquiera de sus colegas se lo puede explicar, y además citando el Evangelio diciendo que su mano derecha no se enterará nunca dónde se metió su mano izquierda, eso está en la tapa del libro de los presidentes.
Pero decir la verdad es meter la pata.
EEUU: La lucha en Ferguson continúa
David May (Socialist Appeal CMI-EEUU)
Cerca de tres meses después de la muerte de Michael Brown, un joven negro desarmado de 18 años de edad, Darren Wilson, el agente de policía que le disparó varias veces a pesar de que Brown había levantado los brazos en señal de rendición, permanece libre y seguramente en la clandestinidad. La región de St. Louis se encuentra tensa a la espera de la decisión del gran jurado sobre si debe o no presentar cargos en contra de Wilson. El crimen de Brown ha llamado la atención sobre el hecho escalofriante de que un promedio de dos hombres negros son asesinados por la policía cada semana en los Estados Unidos.
El asesinato de Michael Brown, sin embargo, no es más que otra repetición de este ciclo trágico. En muchos sentidos, fue "la gota que colmó el vaso", abriendo una nueva etapa en el cambio de conciencia de los jóvenes estadounidenses, y de los jóvenes negros en particular.
De acuerdo con el Proyecto de Sentencia, a partir de 2013, "uno de cada tres hombres negros norteamericanos nacidos hoy puede a ir a la cárcel en algún momento de su vida." Esta situación sólo se ha intensificado en los últimos años, y, junto con la caída en picado de las condiciones de vida y la falta de puestos de trabajo y perspectivas de la juventud, ha alcanzado un nivel intolerable. Las protestas en Ferguson y de todo el país han sido cualitativamente diferentes de eventos similares en el pasado. Una nueva generación de jóvenes está despertando políticamente y ha adquirido un sentido de su poder colectivo. Rodeados por todos lados por el racismo institucional, la intimidación policial, la brutalidad, y un futuro económico sombrío, muchos están diciendo "¡un ya basta!" y están buscando una alternativa a lo poco que ofrece el capitalismo.
"Al igual que un ejército de ocupación"
Los eventos en Ferguson repuntaron de nuevo en las dos últimas semanas de septiembre, después de pasar por un período de calma a principios de mes. A principios de septiembre, la primera reunión pública del gobierno del condado de St. Louis desde el asesinato de Michael Brown fue interrumpido por cerca de 100 manifestantes, que dijeron al jefe del gobierno local "¡ustedes son el ISIS [el nuevo grupo yihadista del Estado Islámico, NdT] para los negros!" Un intento anterior de los manifestantes de bloquear una carretera concurrida de la zona fue impedido por la policía. Luego de esto se da la quema de una estación de servicio de Ferguson, que mantiene los coches del departamento de policía, un monumento improvisado de Michael Brown en los apartamentos Canfield Green donde una vez vivió, también fue incendiado. Poco después, la policía antidisturbios se desplegó en la zona, inflamando aún más el estado de ánimo cuando varios de los policías fueron vistos vistiendo brazaletes con el slogan "Soy Darren Wilson". Esto condujo a nuevas protestas y saqueos en la noche del 27 de septiembre con disparos contra la policía, entre ellos uno que hirió a un oficial en el brazo.
Los controles de carretera, policías con cascos, chalecos antibalas y armados con rifles de asalto han hecho sus reapariciones en las intersecciones de la zona. Ferguson, que en los últimos años se le dio el título de "Ciudad Alegre de EE.UU." por una asociación empresarial local, en reconocimiento por sus parques, festivales callejeros y conciertos gratuitos, en estos días tiene más parecido con otro nombre, "Bagdad de EE.UU.," dada por el Huffington Post. Así es como luce la vida bajo el capitalismo en el siglo 21.
Una vez más, las autoridades locales hicieron que la tensa situación se pusiera peor, cuando el jefe de la policía de Ferguson, Tom Jackson emitió una disculpa en vídeo a los padres de Michael Brown. Lesley McSpadden, la madre de Brown, no se conmovió y dijo a un entrevistador de la AP que Jackson debería ser despedido, y Michael Brown padre, dijo que en vez de una disculpa preferirían ver a Darren Wilson arrestado por matar a su hijo. Después, el jefe Jackson, vestido de civil, salió de la comisaría de policía de Ferguson y trató de unirse a una marcha de protesta. Pero una riña estalló y varios manifestantes fueron detenidos. Desde entonces, las pequeñas protestas diurnas han crecido y se han convertido en grandes protestas nocturnas.
La imagen de los policía armados hasta los dientes, con gases lacrimógenos, cañones de sonido, helicópteros con luces intensas apuntando hacia abajo, y vehículos blindados en las calles de una ciudad estadounidense ha sorprendido a mucha gente. En verdad, al ver estas cosas de cerca, se tiene la sensación de estar bajo una ocupación militar extranjera. Desde el presidente Obama a Rand Paul, a varios "expertos" en los medios de comunicación, muchos han expresado su temor a este estado de cosas. Algunos han puesto en duda la política de una década del Pentágono de proporcionar a los departamentos de policía locales equipo militar. Pero a pesar de las objeciones retóricas de Obama y las de Paul, es la necesidad de mantener el sistema que ellos defienden -el capitalismo- lo que ha llevado al aumento de los cuerpos policiales.
Como explicamos en nuestro documento, Perspectivas para la Revolución de los Estados Unidos, la crisis del sistema capitalista ha tenido un impacto importante en la capacidad de la clase dominante para gobernar y mantener su posición en la sociedad. El capitalismo de Estados Unidos llegó a la cúspide de su poder en el momento de la caída de la Unión Soviética, y desde entonces, ha estado pasando por un período de declive prolongado. La crisis económica de 2008, así como la actual "recuperación" de los desempleados, sólo ha ampliado la enorme brecha entre una pequeña minoría, obscenamente rica de capitalistas en un polo de la sociedad, y la gran mayoría de la clase obrera en el extremo opuesto. Incluso organizaciones como Stratfor están preocupadas por el futuro, prediciendo de algún modo la agitación social en los EE.UU. Como señalamos en nuestro documento de perspectivas:
"En respuesta, una de las alas de la clase dominante le gustaría ofrecer algunas modestas concesiones, pero no hay dinero para hacerlo. Por otro lado, podemos ver el surgimiento de lo que puede ser descrito como leves tendencias bonapartistas parlamentarias, con una artera transgresión de las libertades civiles básicas, aumento de la vigilancia y la presencia policial, represión de las protestas, etc. Sin embargo, a diferencia de los que se encogen en un miedo casi supersticioso ante el poder del Estado, entendemos que leyes como la Ley Patriota y la vigilancia de la ANS (Agencia Nacional de Seguridad) de cualquiera y todas las comunicaciones es un signo de debilidad, no de fortaleza”.
¿Estamos de acuerdo con aquéllos que exigen que el Pentágono detenga la militarización de la policía? Sí, pero no sin señalar que con o sin este tipo de equipo militar, el rol que juegan las fuerzas de policía en la sociedad sigue siendo el mismo. Por ejemplo, las fuerzas de policía en la era de los Derechos Civiles "sólo" tenían porras, pistolas, perros y cañones agua, y sin embargo, reprimían brutalmente el movimiento. Las fuerzas policiales son una parte de la maquinaria del Estado capitalista, y serán utilizadas para romper huelgas, criminalizar a segmentos enteros de la población, disolver las protestas, y en general ser utilizadas como ariete para mantener a la clase obrera "en su sitio".
"¿Control de la Comunidad?"
En respuesta a las tácticas de control con mano dura, muchos han exigido el "control comunitario" de la policía, donde incluso algunos grupos de izquierda se han hecho eco de la misma demanda. Si bien entendemos lo que muchas personas tratan de decir cuando exigen el "control de la comunidad sobre la policía," hay que señalar que esta idea es en realidad engañosa. Antes de que se pueda hablar en serio de control de la policía, tenemos que preguntarnos, ¿quién controla el Estado? Para los marxistas, el Estado incluye la policía, los tribunales, las prisiones, los militares, todos los departamentos del gobierno, así como el Congreso de Estados Unidos, el Estado y los gobiernos locales. El Estado no existe en el vacío, sino que es creado por la sociedad que la rodea. Vivimos en una sociedad de clases, donde en un extremo hay una pequeña minoría, la clase capitalista, que a través de su propiedad de los bancos y las grandes corporaciones tiene un enorme poder concentrado en sus manos. En el otro extremo se encuentra la gran mayoría, a la clase trabajadora. En la sociedad capitalista, son los capitalistas los que forman la clase dominante, con el apoyo de los generales de las fuerzas armadas, la administración pública, entre otros, lo que significa que son los que en última instancia "tienen el sartén por el mango". En resumen, el Estado actual está diseñado para servir a sus intereses y mantener el capitalismo.
Hoy en día en los Estados Unidos, muchos funcionarios, como los miembros del Congreso y el Presidente son elegidos cada dos o seis años. A nivel estatal y local, los representantes locales, los jueces, los consejos escolares, alcaldes y algunos jefes de policía también son elegidos. Sin embargo, estos funcionarios electos representan sólo una pequeña minoría de todas las personas que trabajan en una u otra forma dentro del Estado. La mayoría son personas trabajadoras regulares, al igual que los trabajadores de correos y maestros. Pero hay otra capa en el extremo superior de la función pública, un "ejército no elegido" de personas que están a cargo de ejecutar muchos aspectos del día a día de la sociedad y que tienen una enorme cantidad de poder. Van desde los Generales y Almirantes, el Jefe del Estado Mayor, en el Pentágono, el FBI, la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad, hasta los departamentos estatales y locales de la policía y las diferentes agencias y departamentos del gobierno. Luego está la Corte Suprema no elegida y nombrada de por vida. No nos equivoquemos al respecto: estas personas están muy estrechamente ligados a la clase capitalista y son expertos en el funcionamiento de la sociedad en los intereses de la minoría, en contra de los intereses y deseos de la mayoría.
En realidad, a pesar de la elección de algunos funcionarios del Estado bajo el capitalismo, quienes a su vez no están bajo ningún "control" real de la clase obrera, una vez que son elegidos, la gran mayoría de los que tienen el poder real en el Estado son desconocidos y están fuera de cualquier "control " por la clase trabajadora que constituye la mayor parte de los votantes y la población. Si no podemos realmente "controlar" el Congreso o el presidente, ¿cómo podemos controlar a los policías no elegidos y que no rinden cuentas, y que están en primera línea frente del Estado capitalista? Incluso si, por ejemplo, hubiera un partido obrero de masas en los Estados Unidos que eligiera a muchas personas al Congreso sobre un programa socialista, su capacidad para aplicar plenamente la voluntad de la mayoría se vería obstaculizada y saboteada por esta burocracia estatal.
Los policías son una fuerza armada organizada. ¿Cómo podemos nosotros, la clase trabajadora, siendo una fuerza desarmada no organizada, tomar el control de la policía? Eso nunca ha sucedido en la historia, y por desgracia, nunca lo hará. Como León Trotsky explicó una vez: "En cuestiones de la vida y la muerte, los argumentos basados en la razón nunca han sustituido a los argumentos de la fuerza. Esto puede ser triste, pero así es. No somos nosotros los que hemos hecho este mundo, no podemos hacer nada... excepto tomarlo tal como es.” La verdad es que nunca podremos controlar el Estado capitalista y sus fuerzas de policía (o el Ejército o cualquier otro componente clave del Estado).
En concreto, en aquellas ciudades donde algo parecido a lo que algunos han llamado "control comunitario" se ha logrado, estos han sido en su mayoría "juntas civiles." Sin embargo, no hay mucho "control" genuino con estas juntas, ya que sólo son capaces de revisar los casos después de los hechos. Ellos no ejercen ningún control real sobre la policía. En el caso de Ferguson, hasta ahora el jefe de la policía local, ni siquiera se ha visto obligado a dimitir, y mucho menos hay alguna posibilidad real de "control de la comunidad".
Otra idea propuesta para cambiar la forma en que las fuerzas de policía de Ferguson y otras partes similares operan es contratar a más agentes de policía negros, o por lo menos, agentes de la policía que realmente vivan en las comunidades a las que se supone deben servir. Si bien entendemos la motivación de esta demanda, una vez más tenemos que señalar que esto no va a solucionar el problema de fondo. La policía en muchas partes del país, especialmente en las comunidades predominantemente negras, se parece mucho más a los soldados que patrullaban un lugar como Faluya, Irak, que a Barney Fife caminando tranquilamente en torno a la pequeña ciudad de Mayberry, en Carolina del Norte.
Hay una mentalidad de "nosotros contra ellos" en muchos departamentos de policía, lo cual es un reflejo de la realidad material. Financieramente hablando, para cubrir sus presupuestos crecientes, después de todo, ¡tienen que pagar por ese nuevo vehículo blindado! Muchos departamentos -fijan cuotas exigentes para multas e infracciones añadiendo una carga adicional sobre los trabajadores y los trabajadores pobres, que a menudo se ven envueltos en órdenes judiciales por cosas como la falta de pago de multas de tráfico o por un registro del vehículo tardío. En Ferguson y los otros municipios que lo rodean, "la Corte Nocturna" siente como que el feudalismo nunca se abolió realmente, con largas filas de gente esperando para pagar pequeñas cuotas para el local barón ladrón ( juez) o para pedir un poco más de tiempo .
Estos departamentos de policía "flexionan sus músculos" sobre una base diaria, acosando residentes en los barrios más pobres con detenciones "al azar", mantenimiento altas tasas de arresto haciendo un gran esfuerzo incluso por ir tras de las más insignificantes ofensas (delitos o faltas percibidas), patrullando como soldados que someten a una población extranjera rebelde, y en general aterrorizando a los residentes y especialmente a los jóvenes. En concreto, es más fácil para estos departamentos de policía utilizar "gente de fuera", como su ejército sobre el terreno, debido a que estos funcionarios tienen poca o ninguna conexión directa con las personas y comunidades a las que "sirven". También hace que la moral entre la policía sea más fácil de manejar. Si estos mismos departamentos se basaran en los oficiales de los mismos barrios, sería más difícil mantener la moral. Pero la simple contratación de agentes de policía negros en comunidades como Ferguson no va a "resolver" nada, porque al final del día, la propia institución y su propósito siguen siendo contrarios a los intereses de la mayoría.
Esto no quiere decir que todos o incluso la mayoría de los oficiales de policía sean máquinas racistas sin sentimientos Para muestra un ejemplo, especialmente en instituciones como las fuerzas de la policía, se puede encontrar verdaderamente exhibiciones repugnantes de seres humanos, envenenados por el odio, el racismo, el sexismo y los "ismos" que aún no han sido categorizados. Sin embargo, estos son una minoría. En el caso de Ferguson, por ejemplo, después de la primera semana de grandes enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, varios departamentos de policía del área que llegaron como refuerzos se retiraron de la zona, todos citando diferentes razones del porqué de su decisión, a pesar del hecho de que "la ley y el orden" aún no se había establecido. Una razón probable fue el hecho de que a medida que las cosas se intensificaron, muchos, o por lo menos un par de agentes de la base de oficiales, debieron tener fuertes dudas u oposición de ser utilizados para reprimir. Por ejemplo, ya que aún no ha sido acusado o dado ninguna entrevista, ni siquiera sabemos si el propio Darren Wilson es un racista, o lo que lo motivó a matar a Michael Brown. Posiblemente, lo que llevó a matar a Wilson Brown fue lo mismo que empuja a los soldados a matar a civiles en las ocupaciones militares en el extranjero, "miedo". Cuando se viste a la gente con uniformes y se les da armas y se les hace que patrullen a diario, rodeado de personas que los hacen ver como el "enemigo," ocurrirán tragedias como ésta. En este sentido, hay que decir que la muerte de Michael Brown fue un crimen cometido por el capitalismo, que utiliza agentes de policía como perros de ataque, sólo para mantener el sistema en descomposición.
Las demandas como el "control comunitario de la policía", por tanto, pueden ser bien intencionadas, pero en la práctica sólo pueden servir para desorientar y confundir a aquellos que están tratando de encontrar una alternativa. Lo que debemos explicar es la necesidad de un tipo diferente de Estado, un Estado obrero, en el que la mayoría controlaría no sólo las palancas fundamentales de la economía, sino del gobierno también. Esto transformaría por completo las relaciones entre las personas y el carácter del Estado. La necesidad de la policía que se coloca por encima del resto de la población es una función de la sociedad capitalista y la escasez. Sobre la base de la abundancia socialista, no habría ninguna necesidad objetiva de una fuerza tal.
Elección 2014
McCulloch, un demócrata, gobierna sin oposición, sin embargo, más de 10.000 votantes escribieron nombres en las listas de candidatos en su contra (presumiblemente, muchos de ellos decían "Mike Brown"). En octubre, Zaki Baruti, un antiguo activista de la zona que era una de las caras públicas de las protestas Ferguson, comenzó una campaña a favor de una candidatura independiente para ejecutivos del condado de St. Louis, centrándose en la demanda para eliminar a McCulloch de su cargo. Baruti recibió alrededor de 33.000 votos en la elección local de un total de aproximadamente 275.000 votos emitidos en una elección de baja participación. Mientras que su campaña fue organizada como un voto de protesta a menos de un mes antes de la elección, y carecía de recursos más allá de la información persona a persona y pancartas en las manifestaciones, el propio voto de protesta se dividió por partes entre la clase dirigente Demócrata local y un ala de la dirección del movimiento de las protestas de Ferguson.
El Partido Demócrata, sin duda ha estado pasando por una crisis. En el condado de St. Louis, que vota principalmente Democrátas, el partido local ha dado desde hace mucho tiempo a los votantes negros como seguros. El ejecutivo local, que envió al departamento de policía militarizada del condado era un Demócrata, y el gobernador del estado quien llevó a la Guardia Nacional y la Patrulla de Caminos es también un Demócrata. No mucho tiempo después del anuncio de la campaña de Zaki Baruti, un grupo de oficiales electos del área Demócrata negra anunciaron que estaban llamando a los votantes a apoyar a Rick Stream, el candidato Republicano para ejecutivo del condado. Su motivación para apoyar al Republicano, quien entre otras cosas apoya las leyes más duras para los votantes que sólo presentan un documento de identificación, restringir el acceso a abortos, etc. era para "enviar un mensaje" a la dirección del partido Demócrata local y, al hacerlo, de alguna manera ganar "influencia" en el partido. Por cierto, los dos principales candidatos de los partidos estaban de acuerdo en una cosa: que si las protestas estallan en el futuro, que están a favor de la institución de la ley marcial. Al final, el candidato Demócrata, Steve Stenger, que está estrechamente vinculada a Bob McCulloch, pudo ganar la elección.
La lucha en Ferguson ha molestado a la vieja dinámica, pero es imposible crear una alternativa real para el "status quo" dentro de los límites de los dos partidos que defienden ¡lo mismo! Seamos claros: esto no es nada más que "el mal mayor" y al igual que su gemelo "el mal menor," que traen el mismo resultado: el mal. La única alternativa real para los dos partidos que defienden el statu quo del racismo, la desigualdad, y el capitalismo es romper con ellos y formar un partido obrero de masas que luche por políticas socialistas.
La farsa judicial
Una de las demandas concretas del movimiento de protesta fue la remoción de Robert McCulloch, el Fiscal del Condado de St. Louis. Durante la última década, la oficina de McCulloch ha llevado casos de homicidios de la policía a los tribunales sólo 4 veces, y en cada caso falló a favor de los policías involucrados, incluyendo un caso de 2011 en que los policías del condado fueron capturados con un video disparando a muerte a dos hombres desarmados mientras estaban sentados en un automóvil estacionado fuera de un restaurante de comida rápida.
A pesar del desencadenamiento de protestas masivas, y del incómodo foco de atención de los medios de comunicación, poniendo en apuros a las autoridades locales, el gobernador Demócrata del estado, Jay Nixon, ha permitido a su compañero Demócrata McCulloch mantener su puesto de trabajo y dirigir el curso que los tribunales toman en este caso. Un gran jurado ha sido convocado el cual decidirá si procede o no con los cargos en contra de Darren Wilson en el transcurso del año. Sin embargo, en lugar que la oficina del Fiscal abra un caso al gran jurado a favor o en contra de los cargos a Wilson, simplemente han descargado la masa desorganizada de evidencias sobre el jurado y le ha dicho a los juristas que tomen su propia decisión.
Esto podría parecer a primera vista "imparcial", pero en realidad, nueve de cada diez veces en casos como éste, cuando se le preguntó a un gran jurado "tomar su propia decisión" para acusar o no a un oficial de policía, ellos no votaron la acusación. Los miembros del jurado son, en efecto, residentes locales democráticamente no "acabados”, no son "profesionales" legales, y dentro de los confines de las salas de audiencias pueden ser susceptibles a la influencia de los abogados y los jueces. Es muy claro que McCulloch está tratando de dirigir los tribunales lejos de cualquier juicio a Darren Wilson, al tratar de protegerse a sí mismo y los demás profesionales y respetables verdugos en el sistema de "justicia", de la evidente ira popular si se le permite salir libre a Wilson. Hasta el momento, parece que todavía se está preparando otra farsa judicial, y, como señalamos en un artículo anterior, los tribunales probablemente tratarán a Darren Wilson con guantes de seda.
¿Por qué está pasando esto? En los Estados Unidos, muchas personas ponen una gran cantidad de confianza en los jueces, fiscales, y en la supuesta "imparcialidad" de los tribunales. Los programas de televisión como "Ley y Orden" y "CSI" siguen siendo populares debido al "valor de entretenimiento" de un asesinato-misterio sino que también sirven para reforzar la fe de muchos en la imparcialidad y la objetividad del sistema legal. Pero la realidad es muy diferente. Vivimos en una sociedad de clases, y la justicia como tal, es la justicia para la minoría rica, no la mayoría trabajadora.
Formalmente hablando, todos somos "iguales ante la ley." Durante más de 50 años, a los trabajadores negros y los jóvenes también se les han garantizado la igualdad formal ante la ley. Sin embargo, el estadista griego Solón lo planteó así: "Las leyes son como las telas de araña, los pequeños cae en ellas los atrapan, pero los grandes las rompen y escapan." La igualdad formal sobre el papel no significa una verdadera igualdad. Lo que llamamos "la ley" en la sociedad capitalista no es la ley en abstracto, fuera del tiempo y el espacio, sino que es la ley burguesa. En última instancia, Michael Brown no fue asesinado por cualquier "crimen". Lo mataron porque en esta sociedad desigual, brutal, la maquinaria de los tribunales, la policía, el ejército, se utiliza como un regulador entre los que tienen y los que no tienen el Estado.
El papel de los tribunales en el capitalismo en situaciones como ésta es de algún modo diferente al papel desempeñado por la policía. Mientras que la policía usa armas como porras, cañones de sonido y gases lacrimógenos para hacer retroceder a las masas, los tribunales utilizan el manto de la "imparcialidad", centrando la atención en pequeños detalles y procedimientos secretos que consumen mucho tiempo. Su objetivo es "enfriar" el movimiento para y, finalmente, disminuir aún más el movimiento de la lenta roca de la "justicia", como los "expertos", quienes están alejados de la gran mayoría de la sociedad, y que deciden los grandes temas entre sí.
Los defensores "respetables" del status quo como el presidente Obama, el fiscal general Eric Holder, Jay Nixon y Robert McCulloch no están dispuestos a hacer concesiones reales, a pesar de la seria advertencia que representan las protestas y enfrentamientos. Esto se debe a que en una época de austeridad, la única manera de que puedan defender el statu quo es por la fuerza. Así como millones vieron por sí mismos los enfrentamientos en Ferguson, que esto no significa sólo el uso de la fuerza sino un exceso de fuerza brutal. El capitalismo simplemente no tiene nada que ofrecer a la clase obrera y la juventud. El sistema no puede proporcionar a los jóvenes puestos de trabajo o un futuro. Ellos quieren seguir usando la fuerza policial como un ariete para atomizar a la clase obrera, y para asegurarse de que la mayoría se mantenga a raya y no trate de influir en el curso de los acontecimientos en la sociedad. El mensaje que están enviando es muy claro, a pesar de las cortinas de humo sobre una investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos en los acontecimientos, y de las súplicas de Obama a la calma y la moderación. Sin embargo, como la erupción de las protestas en agosto demostró, los trabajadores negros y los jóvenes en particular, han llegado al límite de su paciencia.
Socialist Appeal exige que Darren Wilson sea acusado y juzgado en un tribunal libre de interferencias como las de McCulloch. Pero hay que tener claro que, no importa cómo transcurra el proceso contra Darren Wilson, a menos que nos deshagamos de este sistema podrido, habrá más "Michael Browns" en el futuro.
martes, 25 de noviembre de 2014
“Los 43 que faltan: normalistas desaparecidos”, parte 1 y 2 (documental de ‘VICE’)
VICE News viajó a Iguala, Guerrero, donde fueron desaparecidos 43
estudiantes de Ayotzinapa. También estuvo en las protestas por lo
ocurrido. Aquí su reportaje (Para activar los subtítulos en español haz
clic en el ícono de ajustes del reproductor).
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Saludos y bienvenida:
Trovas del Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
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Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
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