Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
lunes, 29 de diciembre de 2014
El nombre del diablo
Elizabeth Óliver (Desde Canelones)
-¿Cómo te llamás, gurí? -dijo doña Inés-.
-Damián -contestó el chico-.
-¡Aaaaaj! -doña Inés se persignó- ¡el nombre del diablo!
-¿Quién es el diablo? -preguntó Damián un poco asustado ante el gesto de la mujer-.
-¡Callate, mocoso!, y andá pa’l fondo -le ordenó- ¡no me andés alrededor!
Damián obedeció. En el fondo había dos niños de la edad de él, un varón y una nena. Estaban sentados en el piso de tierra, desgranando arvejas en un tacho enlozado.
-Hola... -les dijo- ¿me tengo que quedar acá?
-Si la vieja te mandó, sí. -la nena le sonrió- ¿Cómo te llamás?
-Yo... Damián, pero no te asustes...
-¿Quién se asusta?, ¿sos bobo?... vení, hay que desgranar esto pa la comida. Me llamo Dalia, y éste es Luis.
Se sentó con ellos y se puso a trabajar. Luis lo miraba de vez en cuando esbozando una sonrisa tímida, pero no había dicho ni una palabra. Terminaron justo cuando la mujer salió a buscar el tacho.
-Ahora junten esas vainas y se las llevan a don Simón, pa los chanchos... ¡rápido, eh!, no se queden por ahí que hay cosas p’hacer adentro. ¡Dalia! -gritó- mejor vos quedate, que vaya el Luis con el nuevo...
Después de cruzar el alambrado del fondo, Luis miró hacia atrás y luego habló.
-Si hacés lo que ella dice, no se enoja, ¿sabés? -le explicó- Nos da de comer todos los días y si tenemos frío nos da más ropa... grita mucho pero no nos pega... es mejor que donde estábamos.
-¿Vos también sos del asilo? -preguntó Damián-.
-Sí, la vieja sacó a mi hermana primero y hace poco me trajo a mí.
-¿Vos sabés quién es el diablo?
-No...
-Se llama igual que yo, debe ser alguien que a ella no le gusta... ¡puso una cara cuando le dije mi nombre...!
-A lo mejor la Dalia sabe, ella es más grande.
Dalia tampoco sabía, en sus cortos siete años había aprendido algunas cosas, pero todas eran de ayudar a los grandes en el trabajo de la casa, así que al poco tiempo se olvidaron del asunto.
Damián era el único que seguía con aquello en la cabeza -por la forma en que doña Inés lo trataba- y ya se había formado una imagen de su tocayo: debía ser un hombre muy grande, feo, de voz gruesa y fuerte, y con muy mal carácter.
Pasaban los meses y Damián seguía "pagando las cuentas" del famoso diablo, justificando la discriminación a que lo sometía doña Inés con su imaginación de niño, adivinando las cosas horribles que aquél hombre le habría hecho a la mujer. La escuchaba quejarse cuando venía Jacinto, el que trabajaba en el asilo.
-Mirá que sos idiota, vos -le imprecaba- una cosa es traerme gurises pa'l trabajo ¡y otra es meterme al diablo en las casas!
-Es un gurí, vieja -decía Jacinto-, no es mandinga... por los tres ya tiene asegurada una buena mensualidá, ¡no sé de qué se queja!
-Ese mocoso es de mal agüero, ¡d’eso me quejo! -se persignaba nerviosa- Algo va a pasar...
Un día, doña Inés mandó a los niños a la huerta. Dalia y Luis tenían que arrancar yuyos y carpir, pero a Damián lo había mandado a limpiar de cardos y ortiga el borde del alambrado. No le había dado herramientas, tenía que hacerlo con las manos.
Esa noche, cuando todos dormían, Damián lloraba en silencio, desprendiendo las espinas de sus manitos hinchadas por la hierba urticante. Escuchó unos pasos afuera, y el sordo rechinar de la puerta. Tuvo miedo, pero su curiosidad inconsciente pudo más. Se apretó la nariz para ahogar sus sollozos y se deslizó fuera del cuarto en la oscuridad.
Frente a la pieza de doña Inés vio al hombre. Era muy grande y feo. Con voz gruesa y fuerte decía palabras horribles. Lo vio entrar a la pieza pero no lo siguió, los gritos de doña Inés y el ruido a golpes lo asustaron. Volvió corriendo al cuarto. Los hermanitos se habían despertado y se abrazaron los tres, temblando de miedo. Se quedaron sin moverse. Afuera, los pasos se oían rápidos, alejándose.
Cuando hubo silencio, los niños se acercaron al dormitorio de doña Inés, al momento en que entraba don Simón, a medio vestir, con una linterna encendida.
-¡Salgan de ahí, gurises! -gritó el vecino-, ¡no entren!
Damián ya estaba adentro. Vio la pieza en desorden, los cajones de la cómoda en el suelo, el cuerpo inerte de doña Inés inclinado hacia un costado de la cama revuelta, y un charco de sangre brillando en el piso.
-¡Fue el diablo!, ¡fue el diablo! -gritó Damián desesperado- Yo lo vi, ¡fue el diablo!
-Vamos, gurí -dijo don Simón abrazándolo- salí de acá...
-¡Fue el diablo! -repetía en medio de un llanto compulsivo- Yo lo vi, era ese que se llama como yo...
-Maldita vieja -pensó don Simón- no le alcanzaba con lucrar con los chiquilines del asilo, ¡también tenía que enfermarles la cabeza! Vamos -dijo- no hay ningún diablo, vengan a mi casa... estaban soñando y fue una pesadilla, ahora a dormir, ¡vamos!
-Me vas a tener que llevar al gurí pa que lo interrogue, Simón -dijo el Comisario-, él vio al asesino.
-Dejate de joder, ¿querés?, el Damián dice que vio al diablo, y no lo sacás de ahí... Y a lo mejor es cierto, che, y el mismo mandinga vino a darle una mano al tocayito. El gurí le estuvo "pagando las cuentas" sólo por llamarse como él, ¿no fue?
domingo, 28 de diciembre de 2014
La luna (1)
Jorge Luis Borges
Cuenta la historia que en aquel pasado
Tiempo en que sucedieron tantas cosas
Reales, imaginarias y dudosas,
Un hombre concibió el desmesurado
Proyecto de cifrar el universo
En un libro y con ímpetu infinito
Erigió el alto y arduo manuscrito
Y limó y declamó el último verso.
Gracias iba a rendir a la fortuna
Cuando al alzar los ojos vio un bruñido
Disco en el aire y comprendió, aturdido,
Que se había olvidado de la luna.
La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.
Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.
No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera.
Según se sabe, esta mudable vida
Puede, entre tantas cosas, ser muy bella
Y hubo así alguna tarde en que con ella
Te miramos, oh luna compartida.
Más que las lunas de las noches puedo
Recordar las del verso: la hechizada
Dragon moon que da horror a la halada
Y la luna sangrienta de Quevedo.
De otra luna de sangre y de escarlata
Habló Juan en su libro de feroces
Prodigios y de júbilos atroces;
Otras más claras lunas hay de plata.
Pitágoras con sangre (narra una
Tradición) escribía en un espejo
Y los hombres leían el reflejo
En aquel otro espejo que es la luna.
De hierro hay una selva donde mora
El alto lobo cuya extraña suerte
Es derribar la luna y darle muerte
Cuando enrojezca el mar la última aurora.
(Esto el Norte profético lo sabe
Y tan bien que ese día los abiertos
Mares del mundo infestará la nave
Que se hace con las uñas de los muertos.)
Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna
Quiso que yo también fuera poeta,
Me impuse, como todos, la secreta
Obligación de definir la luna.
Con una suerte de estudiosa pena
Agotaba modestas variaciones,
Bajo el vivo temor de que Lugones
Ya hubiera usado el ámbar o la arena,
De lejano marfil, de humo, de fría
Nieve fueron las lunas que alumbraron
Versos que ciertamente no lograron
El arduo honor de la tipografía.
Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,
Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.
De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.
Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día
Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.
Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.
Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.
Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre.
No amanece igual para Todos(película)
Sinopsis
No Amanece Igual Para Todos está comprendida por tres historias que se desarrollan por separado, con aspectos y personajes en común que las unen formando un retrato social.
BORRARÉ TODO LO QUE PUDIERA MATARTE Alejandra(Lucy Argueta) es una poeta alcohólica en medio de una sequía creativa; Un espíritu libre en una relación de pareja que se desgasta y un alma sensible en un momento de confrontación social.
VIGÍA
Chepe(Javier Espinal) sufre alucinaciones paranoides que lo hacen desconfiar de su familia, así como ver una amenaza en cada individuo. Su seguridad depende del arma que carga en el bolsillo y su miedo febril lo convierte en un peligro para quienes lo rodean.
CONPATRIOTAS
Anabel(Shirley Rodríguez) es una joven que recorre las calles de Tegucigalpa en busca de empleo al tiempo que nos va llevando hacia variados y curiosos personajes, mostrando diferentes aspectos de un día cotidiano en las calles de la ciudad.
No Amanece Igual Para Todos está comprendida por tres historias que se desarrollan por separado, con aspectos y personajes en común que las unen formando un retrato social.
BORRARÉ TODO LO QUE PUDIERA MATARTE Alejandra(Lucy Argueta) es una poeta alcohólica en medio de una sequía creativa; Un espíritu libre en una relación de pareja que se desgasta y un alma sensible en un momento de confrontación social.
VIGÍA
Chepe(Javier Espinal) sufre alucinaciones paranoides que lo hacen desconfiar de su familia, así como ver una amenaza en cada individuo. Su seguridad depende del arma que carga en el bolsillo y su miedo febril lo convierte en un peligro para quienes lo rodean.
CONPATRIOTAS
Anabel(Shirley Rodríguez) es una joven que recorre las calles de Tegucigalpa en busca de empleo al tiempo que nos va llevando hacia variados y curiosos personajes, mostrando diferentes aspectos de un día cotidiano en las calles de la ciudad.
sábado, 27 de diciembre de 2014
¿Del bloqueo a Cuba al bloqueo del ALBA?
Rafael Bautista
Si el propósito del bloqueo a Cuba fue aislar a esa revolución y, de ese modo, condenarla a la inanición; el reciente anuncio de apertura de relaciones bilaterales entre USA y Cuba, ¿es el fin del bloqueo o el anuncio de uno nuevo? Porque a partir de la caída del precio del petróleo, la nueva contraofensiva occidental (contra los BRICS) contempla un nuevo bloqueo en ciernes; no se trata sólo de una guerra declarada contra Rusia e Irán, sino también contra Venezuela (y, en definitiva, contra el ALBA). Como consecuencia del desplome inducido del petróleo, la revolución bolivariana parece perfilarse hacia otra inanición, coadyuvada esta vez por una jugada geopolítica maestra de Washington; pues el discurso antimperialista de Maduro se desinfla una vez que Cuba “normaliza” sus relaciones con el Imperio.
En toda jugada estratégica, hay siempre un tercero, pero en el caso presente, ya no se trata sólo de Venezuela sino de todo el ALBA, pues esta decisión no sólo descoloca a los gobiernos de la región sino que nos muestra que, en definitiva, más allá de la retórica integracionista, prima demasiado la sobrevivencia propia. Desgraciadamente esa es la tónica en toda nueva reconfiguración geopolítica global; todo se trata de sobrevivir en un nuevo orden. Eso lo sabe muy bien el Imperio, por eso prefiere la bilateralidad y no tratar con bloques conjuntos (que era a lo que apuntaba la creación del ALBA). Más allá del triunfo moral que representa, para la isla, la admisión del fracaso de la política gringa con respecto a Cuba, llama la atención el desconocimiento que los gobiernos del ALBA tenían al respecto y, más aun, el “oportuno” anuncio de Obama, en medio de dos cumbres latinoamericanas importantes. Aunque no significa el fin del bloqueo a Cuba, en las palabras del presidente Maduro -en el MERCOSUR- se podía conjeturar lo bloqueada que quedaba, con esa decisión, Venezuela (¿será que para desbloquearse hay que bloquear a otro?).
Para colmo, el silencio de Fidel hace más incómodo el asunto (¿también habrá sido sorprendido como lo fue Maduro?); pues si ya se sabía del pragmatismo político que venía mostrando el gobierno de Raúl Castro, nadie podía sospechar un acuerdo de tal magnitud y, sobre todo, envuelto en medio de una guerra híbrida que patrocina Washington, valiéndose de toda su infraestructura financiera global. ¿Se precipitaron los presidentes o todo formaba parte de una estrategia que preparaba USA después de que China le arrebatara la iniciativa del libre comercio en el pacífico? Recordemos que el reciente “Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico”, culminó con la creación del “Área de Libre Comercio Asia-Pacífico”, donde China sienta hegemonía incluso con los países del TPP y de la Alianza del Pacífico (bastiones de USA contra el ascenso chino).
Si en toda recomposición geopolítica global, todo se trata de sobrevivir, pareciera que la apuesta cubana se precipita y es subsumida por la geopolítica imperial, que no considera favorable a sus intereses una franca integración económico-política de Latinoamérica. Bolivia también anunció una reanudación de relaciones diplomáticas con USA, dejando incómoda a una Venezuela que se verá también en la necesidad de pelear por lo suyo. Si es así, ¿en qué queda el ALBA, la CELAC, la UNASUR y el MERCOSUR? Si no hay una clara perspectiva geoestratégica, todas podrían quedar refuncionalizadas bajo las prerrogativas de una nueva recomposición hegemónica imperial. Nadie objeta la repatriación de los héroes cubanos o el cese de hostilidades, pero lo que se quiere subrayar es que la supuesta apertura no es ajena a la contraofensiva reciente que ha desatado USA y la OTAN contra los BRICS, el grupo de Shanghai, el ALBA y todo bloque hostil a la supremacía gringa. Y Venezuela es, en la mirada imperial, el eslabón decisivo para iniciar una ofensiva contra toda la región. No sólo se le quita el sostén económico a la revolución bolivariana (con la caída el precio del petróleo) sino también el sostén discursivo (pues su antimperialismo se queda sin su mejor argumento).
Las reacciones de nuestros países han sido demasiado ingenuas y, por lo dicho, no sólo ha descolocado a todos sino que ha logrado desunirlos. Venezuela resulta la más afectada pero, si no hay un serio balance de situación geoestratégica (que sólo podría ser común), esa afectación podría expandirse a todo el conjunto ahora en desequilibrio. Como en los episodios anteriores (el golpe a Honduras, o el secuestro del avión presidencial boliviano), nuestros países todavía no sopesan la magnitud de las apuestas de recomposición geopolítica que asume el Imperio; pues al no consolidar una efectiva comunidad político-económica, cada una sigue velando por su estabilidad de manera unilateral. Esa es la mejor forma de arrinconar a nuestros países a una suerte de sobrevivencia marginal, sin nunca consolidar una unión efectiva. Esa ausencia alimenta las pretensiones imperiales. La apuesta del gobierno cubano es sumamente pragmática: ante un eventual recorte de ayuda venezolana (debido a la inestable situación de su economía), opta por una normalización de las relaciones, lo cual conduciría a la apertura comercial y ello, a una peligrosa asimilación vertiginosa al mercado norteamericano. Lo que no pudo el bloqueo bien podría lograrlo el comercio: liberalizar la economía para disolver la revolución.
Fue en la reunión del MERCOSUR que se notó la incomodidad que produce un anuncio que desinfla uno de los argumentos bandera del anti-imperialismo latinoamericano. También hay que recalcar que, al no actualizar, de modo estratégico, el discurso anti-imperialista, éste se encuentra a merced de la pura nostalgia sin repercusión decisiva en el presente. La sola insistencia de la condena al bloqueo fue la carta que le sirvió al Imperio para desinflar el anti-imperialismo de nuestros gobiernos, dejando sin argumentos a los presidentes que no pudieron hacer otra cosa que saludar las declaraciones del presidente Obama. En eso hay que destacar la casi nula perspectiva geopolítica que nuestros Estados manifiestan y que les impide diagnosticar de mejor modo la transición hacia un mundo multipolar (que podrían direccionar regionalmente hacia la cero-polaridad, más pertinente al Sur global). Parece que el episodio del secuestro del avión presidencial boliviano sirvió de muy poco, pues la nula respuesta de carácter estratégico que muestran nuestros países ante las arremetidas imperiales, no hace sino constatar, para desgracia nuestra, que nuestros gobiernos son todavía incautos en materia geopolítica.
Los términos que enuncia la declaración del gobierno cubano, guarda los amargores que representa el haber vivido el “periodo especial” y, sobre todo, el haber vivido aquello solitariamente. Cuando toda la OEA le dio la espalda a la revolución cubana, ésta persistió heroica, sin más apoyo que el que pudo encontrar en la ex URSS. Cuando sucedió la crisis de los misiles, y el mundo estaba al borde de una guerra nuclear, Cuba fue el chivo expiatorio que cargó con todas las penas, pues gringos y soviéticos negociaron todo, a espaldas de la más afectada, que se quedó para siempre estrangulada y, sin embargo, sobrevivió. Y sobrevivió inspirando la liberación de nuestros pueblos.
Desde entonces la liberación se entendía no como una apuesta aislada sino mancomunada. Ese fue el legado de Fidel y, cómo no, de Hugo Chávez. Desde Bolívar esa fue la única posibilidad efectiva de independencia hemisférica. Por eso preocupa que la unidad se vea menguada por gambetas geopolíticas que descolocan de tal modo a nuestros países, que la reacción que pueden ofrecer muestra la pervivencia de estructuras coloniales aun en los estamentos revolucionarios.
Aunque el bloqueo se levantara, otro bloqueo parece estar en ciernes, pero ya no sólo contra Venezuela. No hay que olvidar que la política norteamericana no es decidida por el presidente sino por el complejo petro-militar-financiero; estando el Congreso en manos del Oil Party, podría producirse un acuerdo como parte de un canje propuesto entre lobbies que acechan la Casa Blanca: “cedemos” Cuba pero recapturamos Venezuela y su petróleo. Deslegitimar la revolución bolivariana forma parte de las guerras híbridas, es decir, guerras no convencionales que inciden en guerras de desinformación, ciberguerras y la promoción de los letales “caos constructivos”.
Aunque el bloqueo a Cuba formaba parte de la guerra fría, una vez acabada ésta y balcanizada la ex URSS, el bloqueo persiste, pues éste no servía sólo de escarmiento sino significaba la prevalencia de la Doctrina Monroe. El anuncio que hizo John Kerry, a propósito el fin de tal doctrina, no hizo sino confirmar su actualidad en la política exterior norteamericana (desde Madeleine Albright hasta Hilary Clinton, uno puede leer entre líneas el Destino Manifiesto que funda el excepcionalismo gringo).
No sólo la creación de la Alianza del Pacífico sino otras instancias han venido mostrando la insistencia norteamericana en minar toda posibilidad de independencia regional. Lo más inmediato es mermar la influencia china. En el Caribe, la presencia china es preocupante para USA (sumado a ello la influencia rusa); por eso una recaptura estratégica del Caribe se hace necesaria, y nada mejor que la cobertura mediática de la reanudación de relaciones con Cuba. Se trata de una contraofensiva geopolítica. USA no puede renunciar a su Mediterráneo, es decir, el Caribe. Como tampoco Obama se puede permitir ser considerado como el presidente que perdió a Latinoamérica. Si el partido republicano, considerado el Oil Party, no ve con buenos ojos el anuncio de Obama, otro tipo de financiadores de la política norteamericana (ligados a los demócratas) aplaude la decisión, pues se trata siempre de la expansión del capital; por eso Thomas Donohue, quien es presidente de la Cámara de Comercio, resalta, en términos que suenan a los prolegómenos de los acuerdos de libre comercio que, “un diálogo abierto e intercambio comercial entre sectores privados de ambos países generará beneficios comunes”, y termina señalando que “la comunidad empresarial de Estados Unidos da la bienvenida al anuncio de hoy”.
Al parecer, bajo sofisticadas estratagemas de política exterior, se están detonando armas de destrucción masiva que, en medio de la nueva reconfiguración planetaria, se busca asegurar áreas estratégicas para la recomposición de la economía norteamericana (el poder militar es apenas un apéndice del poder real, aquél se encarga de crear las condiciones para la reproducción del dólar). Si de la reanudación de las relaciones entre USA y Cuba se produjera un distanciamiento con los demás países el ALBA, se confirmaría la intención del juego norteamericano. Aislando a Venezuela, los demás no correrían mejor suerte; como ya se viene diciendo: donde no haya procesos de regionalización económica sucederán inevitablemente procesos de balcanización.
Lo que se proponía el ALBA, con Chávez y Fidel, era la mancomunidad de esfuerzos para iniciar un proceso de independencia política y económica conjunta. Cuba fue tenaz y fue ejemplo; y cuando aparecieron Chávez, Kirchner, Evo, Correa, Lula, Pepe Mujica, etc., en palabras de Fidel, la isla ya no era más isla. La integración parecía asegurada mientras el Imperio se encontraba acorralado en Medio Oriente. Ahora que la aislada es Venezuela, ¿cómo se puede sostener una integración si, por sobrevivir, y a cualquier precio, empieza a cundir el bilateralismo, pertinente siempre al dominio imperial? Con China se había logrado un foro permanente con la CELAC, es decir, una novedosa agenda de relaciones comerciales y económicas entre la región y China, de forma simultánea; lo cual parecía dejar atrás la historia de negociaciones bilaterales siempre funcionales al Imperio (aislados somos fáciles de dominar), pues la asimetría constituye siempre el factor insalvable para nuestros países.
El desplome del precio del petróleo tuvo su impacto en las alternativas que se le presentaba al gobierno cubano; el deterioro de la economía venezolana aparece como una sombra nada halagüeña para la isla: si los venezolanos también optasen por sobrevivir, a toda costa, los cubanos también saldrían afectados. Nos encontramos ya en medio de una guerra fría, donde la guerra económica se expresa en el desplome deliberado del precio del petróleo; sólo los ingenuos en geopolítica no se dan cuenta que el precio del petróleo ha sido siempre político. Y lo que sucede actualmente no es producto de los vaivenes de la oferta y la demanda sino de la manipulación de la mano del mercado, que no es invisible sino bien visible y bien armada.
El mundo post-Crimea obliga a la decadente potencia unipolar a realizar un retroceso táctico y hacer uso de su infraestructura financiera global. Pero los riesgos son considerables. La ofensiva multidimensional desatada contra Rusia, agravada por la caída del precio del petróleo, que está seriamente dañado el equilibrio presupuestario de países como Irán y Venezuela (sólo Qatar y los Emiratos Árabes podrían sobrevivir con un crudo por debajo de los 70 $US), parece formar parte de una declaración de guerra que USA y la OTAN anuncian al mundo entero: el mundo no será repartido.
Financieramente el mundo es rehén del dólar, desde que el binomio dólar-petróleo ha sido el sostén del orden mundial desde Bretton Woods, pero desde que el petróleo ha ido retornando a manos nacionales, el orden ya no es más orden y el actual desorden desregulado del mercado petrolero es lo que está originando, en gran medida, la incertidumbre planetaria. Todas las arremetidas imperiales tratan de desordenar todo para imponer un orden mucho más vertical, que se traduciría en un nuevo mapa energético; el TLCAN es una muestra de ello, pues sobre aquella integración de USA, Canadá y México (sobre todo por el petróleo del Golfo y del norte del país azteca), se trataría de sostener la estabilidad energética norteamericana.
La estrategia gringa consiste en controlar áreas estratégicas de acceso privilegiado a fuentes energéticas, lo cual le brinda poder disuasivo ante otras potencias. Contrarrestar el ascenso chino es combinado con una guerra multidimensional contra una Rusia económicamente vulnerable (aunque ya cotiza el gas y el petróleo en otras monedas, lo cual le hace menos dependiente del dólar); al igual que otras economías que, curiosamente, conforman la lista gringa de países hostiles (es difícil que Venezuela y Ecuador sostengan su presupuesto fiscal con los actuales precios del petróleo). Pero esta guerra económica que promueve USA tiene también consecuencias negativas en su propia producción que, gracias a los hidrocarburos no convencionales, le garantiza (aunque discutible) autosuficiencia.
Pero la arremetida contra el ALBA, su fracturación, tiene que ver con un otro asunto que empieza a cobrar relevancia. Desde el 2006, USA viene promoviendo y preparando (en el TLCAN) las condiciones de la transición hacia una nueva moneda, ante el probable y posible apocalipsis del dólar. Pues para paliar la descomunal deuda gringa (que oscila por sobre el 600% de su PIB) y cuando los gastos militares superen los ingresos de la propia Reserva Federal, produciendo el estallido de la burbuja del dólar, USA -se dice- adoptará el amero, mientras congele los dólares del mercado global. Esto conduciría a un colapso del sistema financiero y, en definitiva, al colapso de la economía mundial. Mientras el mundo se venga abajo con todos sus dólares, USA podría imponer un nuevo patrón monetario sostenido por el colchón energético del TLCAN, además de la recoptación financiera de las economías del Sur.
El bloqueo sería regional y supondría una sangría de nuestras economías mucho más inaudita. En toda reconfiguración geopolítica global, todo consiste en sobrevivir, incluso el Imperio pugna por aquello. Sobrevivir a costa de los demás parece ser su apuesta, por eso la guerra se convierte en una disposición latente de las potencias decadentes, como muestra de su insana resistencia a un nuevo orden global mucho más democrático. El ultimátum de los halcones straussianos, ahora que el Congreso norteamericano está en control del Oil Party y el lobby financiero, suena más amenazante que nunca: “si USA cae, haremos que el mundo entero caiga con nosotros”. Parece que a Latinoamérica le ha tocado, en esta transición civilizatoria postcapitalista, enfrentar el desafío de su definitiva independencia. Eso convierte a la región en factor decisivo en la nueva geopolítica mundial. Las condiciones objetivas están dadas. Falta saber si las condiciones subjetivas de la dirigencia de nuestros procesos estarán a la altura de la definición de este culminante momento histórico.
Rafael Bautista es autor de “Reflexiones des-coloniales”, Rincón ediciones, la Paz, Bolivia.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Aniversario 110 de Carpentier: Alejo, el conversador y el novelista (+ Video)
Alejo Carpentier, primer escritor latinoamericano que recibió el Premio Miguel de Cervantes el más alto galardón de las letras españolas. Fue director de la Editorial Nacional de Cuba, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y Ministro Consejero en la embajada de Cuba en Francia. Hasta la víspera de su muerte en 1980 estuvo trabajando en una novela sobre Pablo Lafargue que dejó inconclusa y en su labor diplomática.
Marta Rojas
Tuve el privilegio de conocerlo y me pregunto, quién fue más sugerente, si el novelista, si el escritor en su acepción más amplia, o el conversador: se trata, desde luego, de Alejo Carpentier (1904-1980), de quien este 26 de diciembre se celebra el 110 aniversario de su nacimiento.
Llegué a la figura de este escritor cubano universal cuando, recién graduada de periodista, tuve la oportunidad de que alguien que había sido amigo de Alejo desde finales de los años veinte del siglo XX – Enrique de la Osa– puso en mis manos la novela de Carpentier, El reino de este mundo, en su primera edición. Era una edición rústica publicada en México y costeada por el mismo autor.
Me dijo Enrique que la novela había sido el título más leído en París, el más reseñado por los críticos y hasta había obtenido el premio más prestigioso para en libro extranjero, en Francia «Yo lo conocí, cuando éramos muy jóvenes y le entregué un documento que quemaba en las manos, el Manifiesto del Grupo Minorista», agregó el director de la Sección En Cuba, de la revista Bohemia donde yo había comenzado a trabajar tras el juicio del Moncada.
En un momento, durante la habitual sobremesa del almuerzo semanal con los integrantes de la Sección, en la trastienda de una bodega en la calle Trocadero, recibí más información sobre Carpentier: Que Alejo también ejercía el periodismo, que era musicólogo y, en conexión con aquel Grupo Minorista abogada por una cultura nacional. Se trataba de un escritor comprometido con las causas más justas, pues el Grupo se había fundado en una época que derivó en sanguinaria tiranía en Cuba. Obviamente yo leí El reino de este mundo.
Por supuesto que tenía que leerlo porque, además de mi gusto por la lectura, Enrique solía hablar con los periodistas noveles de la «Sección en Cuba» sobre los libros que nos entregaba o recomendaba. Era una especie de examen lo que llevaba a cabo en tertulias después del cierre de las páginas. Pero este deber lo cumplí tan rápidamente que releí el libro: estaba ante una obra maestra, aunque no lo sabía. Así fue como tuve el primer conocimiento a distancia sobre Alejo Carpentier. No me imaginé que podía llegar a ser amiga suya y de Andrea Esteban de Carpentier (Lilia), su esposa, un personaje detrás del genio, ella también de una cultura, autoridad y modestia inimaginables para mí que ya sabía de su origen burgués y de linaje, como de cubanía hasta el confín de su conciencia, al que renunció por casarse con el entonces periodista bien pobre: Carpentier.
Mi curiosidad, impenitente a veces, me hizo buscar y buscar sobre ella hasta llegar a saber que su bisabuelo había sido el Gobernador Político General de la provincia de Matanzas, Marqués de Esteban y que este había colocado la primera piedra del proyecto del teatro más importante de esa ciudad, y uno de los más famosos de la Cuba colonial. Este, en principio, se llamó por él Teatro Esteban, y luego Sauto, en honor a quien terminó la obra.
No pasaría mucho tiempo, cuando al triunfar la Revolución Cubana, un día el propio Enrique me mandó a hacerle una entrevista a Carpentier, quien acababa de llegar de Venezuela y estaba realizando proyectos culturales en La Habana, el primero impulsar una Festival del Libro e inmediatamente después colaborar, con Haydée Santamaría en la Casa de las América. Entonces vi muy de cerca a Carpentier, el autor de El Reino de este mundo. Lo observaba gesticulando y conversando con una sonrisa entre irónica y candorosa, combinación rara. Lo entrevisté sobre las publicaciones que la Revolución haría a partir de El Quijote, y luego como director de la Editora Nacional.
Le hacía preguntas que me contestaba con una naturalidad asombrosa, sin dejar de trabajar frente a su mesa. Para mí resultaba un hecho raro porque de acuerdo con su elevado nivel cultural y triunfos que ya conocía, no creía merecer su atención sobre temas diversos relacionados con la literatura y las artes. Recuerdo que entonces fumaba cigarrilIos.
Tan solo siete años después conversaba en extenso con Carpentier y se selló una amistad privilegiada. Ocurrió en Hanoi en plena guerra de Viet Nam. Fue en 1966. El año anterior yo había permanecido varios meses trabajando como corresponsal de guerra en el sur de Vietnam, junto a los famosos viet cong, el ejército guerrillero del Frente Nacional de Liberación, triunfante en 1975. Coincidió la estadía mía en Hanoi con la visita que Alejo Carpentier a la República Democrática de Viet Nam, invitado por el poeta To Huu y otros escritores vietnamitas. Pero una visita a Vietnam en guerra era vivir y sufrir la guerra y el periodista Carpentier olvidaba fácilmente su estancia de visitante “protocolar”. Y en las noches los corresponsales y otros visitantes solidarios nos reuníamos en el único hotel con condiciones para ello, llamado Reunificación, construido por los anteriores ocupantes franceses.
Durante no menos de una semana durante esas noches en el vestíbulo del hotel, donde los que gustaban beber unas copas sólo podían optar entre cerveza o un vodka vietnamita o té, pues no había nada más. Se acercaban los asientos hacia donde estaba ese hombre alto de voz fuerte y gestos apropiados a sus palabras, que contaba como nadie sus experiencias en el paralelo que separaba artificial mente el Norte del Sur de Vietnam, y sobre los horrores que había visto durante el día. Pero lo más interesante era que hablando de ello conectaba un suceso con otro que sucedía en Europa o en América, o había sucedido en la Guerra Civil Española, vistos por él, u ocurrencias de la Conquista del Nuevo Mundo.
Es de suponer que muy pronto Carpentier estableció una especie de complicidad conmigo -la otra cubana en el círculo- para llevar el tema hacia donde quería y contar a los demás extranjeros cosas de América actual, y así llegó a José Martí, el primer latinoamericano, cubano por más señas, que desde Nueva York en el Siglo XIX escribió para los niños sobre el Reino de Annam y las tierras de los anamitas (vietnamitas) que visten pijamas de seda, comen pescado y arroz, y luchan y volverán a luchar hasta vencer, decía Martí. Contó más de un tema de La Edad de Oro.
Carpentier era tan perspicaz que comprendía de inmediato, entre su espontáneo auditorio, cuándo alguien quería saber con más exactitud alguna cosa o no la comprendía bien mediante el intérprete vietnamita. En ese caso él mismo se traducía al francés y algún otro periodista del francés al ruso u otro idioma.
Así transcurrieron varios días -él permaneció dos semanas en el Norte de Vietnam- pero a veces tenía compromisos con los escritores, poetas o la Embajada de Cuba, y faltaba a esa apetecida tertulia, lo cual nos desalentaba a todos.
Pero él también sabía escuchar y provocar para que otros hablaran. A los rusos les hablaba de Rusia y de su madre rusa, a los franceses de todo lo que aprendió en París, de la evolución «extraordinaria» (palabra muy suya) de la radiodifusión; de pintores, músicos, museos o barrios de París. Yo no fui una excepción en sus pesquisas y en una ocasión estuve respondiéndole sus preguntas sobre el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 y el juicio celebrado a Fidel Castro.
Para mí era una especie de premio que él le dijera a los interlocutores: “Aquí mi colega”
Después de esos días de Hanoi, entre cuyas conversaciones no podía faltar alguna sobre la comida asiática y especialmente la vietnamita, seríamos colegas de tú a tú -salvando las diferencias de edades y enjundias- nada menos que en Estocolmo, a propósito de celebrarse la primera sesión del Tribunal Bertrand Russell contra los crímenes de guerra en Viet am. En ese foro mundial participamos gentes de varios países, incluso norteamericanos que habían sido prisioneros del FNL, y allí fue escuchada con avidez la voz de Alejo Carpentier.
La narración de lo que vio en una escuela, por la forma en que la hizo, parecería un trozo de novela, o una magnífica crónica. Pero lo más insólito para mí, fue que ambos aportáramos nuestros respectivos testimonios en Estocolmo.
Su pieza conversacional se basada en el bombardeo a la escuela y fue antológica. Dijo entre otras cosas de igual tono: «A la hora citada, los alumnos se encontraban en la clase de geografía. Hubo una primera pasada de aviones norteamericanos… Los niños descendieron a un refugio subterráneo bastante elemental, evidentemente, pero ¿qué hacer más que abrir galerías de topo en una tierra húmeda cuando esto constituye la única defensa posible? Las bombas comenzaron a caer. Caían exactamente sobre el refugio y los que allí se encontraban. Treinta y tres niños perecieron enterrados. Algunos fueron hallados estrechando en sus brazos a sus compañeros de estudios. Se halló la camisa de uno de ellos colgada de un árbol. El suelo estaba sembrado de libros manchados de sangre… Lo que queda de esta escuela de Hadinh es un hoyo de 13 metros de diámetro y 7 de profundidad.»
Su tono conversacional me recordar lo que el contaba en el hotel de Hanoi y habría escrito sobre un bombardeo durante la guerra Civil Española: «Serían las cuatro de la madrugada. En el medio sueño precursor del despertar percibo un ruido anormal, ruido que hiere mis oídos por primera vez, zumbido de motores de aeroplanos, acompañados de un extraño silbido intermitente, como notas picadas de un flautín agudísimo. Quejas del aire desgarrado por balas de los cañones antiaéreos. De pronto, una explosión sorda, subterránea, formidable golpe de ariete en la corteza del suelo. Hace temblar la pared del hotel… El suelo retumba y se estremece. Terremoto fugaz seguido de bofetadas de aire en todos los cristales… ¡Ésta ha caído más cerca todavía!…»
Ya en París, conocí al diplomático y al hombre del hogar. Al novelista que dedicaba las mañanas a escribir, como un sacerdocio, y al escritor al que no se le escapa nada. De tal forma que una vez me invitó a ir con él a la carnicería porque había combinado con Lilia hacer una comida especial por la noche: «Carne de res mechada». Fui a la carnicería y cuál no sería mi asombro cuando Alejo Carpentier detallaba al carnicero cómo cortar y qué cortar en la banda de la res que estaba colgada en un gancho. Sabía al dedillo cada parte del animal y cómo y para qué utilizarlo en la cocina. “Todo le hace falta saber al que escribe, cómo si no, en caso que el personaje sea un carnicero o un pescador podría desenvolverse, mínimamente». Yo diría que es una lección básica para cualquier escritor. Esa noche, por primera vez en París, fui la «pinche de cocina» de Carpentier. Lilia desde la sala nos veía hacer, mezclar, probar, mientras atendía a la visita. A ella aún le gusta recordar esta anécdota porque Alejo Carpentier era un gran cocinero, un gran mezclador. No sólo condimentaba su prosa inigualable de rango universal, sino las más sofisticadas o las más sencillas comidas.
Recordemos El recurso del método: «Varias bandejas y platos presentaban ahí, como dispuestos en suntuoso bodegón tropical, los verdores del guacamole, los rojos del ají, los ocres achocolatados de salsas de donde emergen pechugas y encuentros de pavo, encarchados de cebolla rallada. Alineadas sobre una tabla de trinchar, había chalupitas y enchiladas, junto al amarillo de los tamales envueltos en hojas calientes y húmedas que despedían vapores de regocijo aldeano. Y las frituras de batata, y las barquillas de coco doradas al horno y aquella ponchera donde, en mezcla de tequila y sidra española, de la de allá, se tomaba en bodas campesinas».
Todavía me pregunto dónde había más fuerza, si en su escritura o en su conversación. Al cabo me decido: eran sus dos canales de expresión inigualables. Uno nutría y retaba al otro a imaginar lo real maravilloso que invento en El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El siglo de las luces, El arte y la sombra, Concierto barroco, El recurso del método, La consagración de la primavera o El acoso…
——
(1) Viaje como corresponsal de guerra a Vietnam del Sur en compañía de Raúl Valdés Vivo.
Chance
A Toña y Paquita, las empleadas domésticas de la prestigiosa y adinerada
familia González-Dubois, les bastaron tres días para lograr un cambio
que sólo un psicoanalista y centenares de dólares hubiesen podido
conseguir en Fernando, un exitoso político, Gloria su 'chic' esposa y
Mariví y Marité, las adolescentes hijas del matrimonio que no imaginan
su mundo sin la posibilidad de pasar fines de semana de shdvopping en
Miami.
Con un tono sarcástico y con diálogos en los que reina el humor negro esta comedia le da un verdadero sentido a aquella famosa frase y consejo de abuelas de que la ropa sucia se lava en casa, no importa si ésta es de diseñador o de promoción porque cumple la misma función sin importar la clase social o el estrato: esconder las imperfecciones y resaltar los atributos porque lo importante no es ser sino aparentar.
Chance es un largometraje de coproducción Panameña dirigido por el Panameño Abner Benaim, el mismo de la serie de TV "El Otro Lado". Los coproductores de Chance son el mexicano Matthias Ehrenberg y la colombiana Paula Jaramillo. Fue estrenada el 15 de enero en Panamá y el 12 de febrero en Colombia.
Con un tono sarcástico y con diálogos en los que reina el humor negro esta comedia le da un verdadero sentido a aquella famosa frase y consejo de abuelas de que la ropa sucia se lava en casa, no importa si ésta es de diseñador o de promoción porque cumple la misma función sin importar la clase social o el estrato: esconder las imperfecciones y resaltar los atributos porque lo importante no es ser sino aparentar.
Chance es un largometraje de coproducción Panameña dirigido por el Panameño Abner Benaim, el mismo de la serie de TV "El Otro Lado". Los coproductores de Chance son el mexicano Matthias Ehrenberg y la colombiana Paula Jaramillo. Fue estrenada el 15 de enero en Panamá y el 12 de febrero en Colombia.
Cuba y los Estados Unidos, otra etapa
Obama conversa por teléfono con Raúl. Foto: Casa Blanca.
Luis Toledo Sande
El pasado 17 de diciembre ocurrió un acontecimiento que merece seguir suscitando irrestricta celebración: regresaron a la patria los tres luchadores antiterroristas cubanos que aún permanecían injustamente presos en cárceles de los Estados Unidos. ¡Ya están en casa Los Cinco! Y también en la misma fecha se produjo un anuncio que, si se quiere entender rectamente su significado, demanda poner en tensión lo más lúcido del pensamiento. El entusiasmo ante la proclamación de algo extraordinario, en gran medida inesperado, no debe servir para que caigan velos sobre la realidad.
Tres días después de los discursos simultáneos, en La Habana y en Washington, de los respectivos presidentes de Cuba y los Estados Unidos, dio indicios de necesaria preocupación en ese sentido el acto de graduación celebrado en un centro escolar habanero. No ha sido el único caso, pero cabe tomarlo como referencia, tratándose de un plantel importante en la formación de jóvenes para que realicen tareas técnicas, especialmente en el área de la bibliotecología. Ello habla de la influencia formadora que sus egresados y egresadas tendrán la ocasión y la responsabilidad de ejercer.
Lo primero que se oyó en el acto no fue la grabación del Himno Nacional, que, cuando se puso, estuvo lejos de ser unánimemente acogida con la adecuada actitud solemne. Antes llegó desde la presidencia una voz que, en representación del centro, con estas o muy parecidas palabras, y de seguro con buenas intenciones, apuntó entre otras cosas: este año “el día de san Lázaro tuvo un mediodía especialmente esperado”, se escogió para anunciar la normalización de relaciones entre nuestro país “y el vecino, así, sin apellidos”. Daba igual que hubiera dicho “sin adjetivos”, o usado otros términos para expresarse.
Lo que el pasado 17 de diciembre anunciaron los presidentes de Cuba y de los Estados Unidos fue el establecimiento, aún no formalizado, de relaciones diplomáticas entre ambos países. Esas relaciones no habría que restablecerlas si la nación norteña no las hubiera roto, como parte de una hostilidad que ha incluido agresiones armadas y sabotajes, para derrocar a una Revolución que se planteó alcanzar la soberanía nacional plena y, por tanto, erradicar la dominación neocolonial que se le había impuesto al país desde 1898, año de la conocida intervención con que la naciente potencia norteamericana frustró la independencia que el pueblo cubano había probado merecer en su lucha contra la Corona española.
Los años de una ruptura de vínculos diplomáticos no deben favorecer que la vuelta a ellos propicie ignorar que entre relaciones diplomáticas y paz, entre relaciones diplomáticas y respeto a la soberanía de cada nación, pueden mediar y de hecho a menudo median distancias mayúsculas. Basta observar con mínima atención lo que ocurre entre los Estados Unidos y países con los cuales esa nación tiene relaciones diplomáticas. Es, por ejemplo, el caso de Rusia, a la que, si de algo pudiera acusarse, no sería por cierto de estar planeando la creación de una nueva Internacional Comunista. O el de Venezuela, cuyos dignos rumbos bolivarianos están siendo también ahora mismo objeto de sanciones por parte del gobierno de los Estados Unidos, de conocida complicidad con la subversión interna que se afana en desestabilizar al país sudamericano para que nuevamente se entronice allí un régimen dócil a la oligarquía vernácula y, sobre todo, a los intereses imperiales.
Ni de Cuba ni del vecino del Norte puede hablarse apropiadamente sin pensar en los apellidos, adjetivos o epítetos que de hecho les corresponden. La primera es un país que se ha propuesto salvar su proyecto socialista y conservar su soberanía nacional, a la que solo podría renunciar si desertara del camino trazado, cuando menos, desde el 10 de octubre de 1868, abonado por la obra y el pensamiento de José Martí y calzado desde el poder revolucionario por la realidad instaurada a partir del 1 de enero de 1959, tras una nueva etapa de lucha heroica. Por su parte, los Estados Unidos son un poder al cual sería no menos que injusto y descortés retacearle el reconocimiento que se ha ganado como potencia imperialista, con todo lo que ello implica históricamente, hecho sobre hecho. Si vamos a llamarlos “el vecino”, para la nación cubana y para nuestra América en general sería suicida restar peso a la circunstancia de que no ha dejado de ser peligroso y desdeñarnos.
No ha perdido ni un ápice de importancia, sino todo lo contrario, el llamamiento de Martí a conocer las razones ocultas del país que nos invite a unión, y no es ni siquiera eso lo que ofrece hoy a Cuba el gobierno de los Estados Unidos. No ha hecho más, ni menos, que reconocer un dato rotundo: el bloqueo y la hostilidad explícita no han dado el resultado que él aspiraba a conseguir con uno y con otra, y, por tanto, debe cambiar de táctica para lograr sus propósitos, que siguen siendo los mismos. Entre ellos figura que Cuba cambie de rumbo político y se desbarranque por otro en el cual le sea posible someterla a sus designios, como el camino que le fue impuesto de 1898 a 1958.
Entre lo que se le debe apreciar y reconocer a Barack Obama —presidente de la mayor potencia imperialista, no de una Sociedad Filantrópica Internacional—, figura la claridad con que se ha expresado. Si queremos, no digamos desfachatez, sino franqueza; pero no olvidemos que franqueza es el paradero verbal meliorativo adonde ha llegado la asociación conceptual con las prerrogativas de los francos para moverse a su antojo por los territorios galos bajo su dominación.
Suponer generosidad solidaria en el gobierno que —administración tras administración, incluida hasta ahora, por seis años ya, la actual— ha intentado asfixiar por hambre al pueblo cubano, sería un acto de grave ingenuidad, por lo menos. Obama ha dejado palmariamente expresadas sus intenciones, y, si alguien no lo hubiera apreciado así, solo tendría que echar una ojeada a las declaraciones programáticas con que, para no dejar sombra de dudas, la Casa Blanca ha complementado las palabras del mandatario. Tales declaraciones deberían publicarse en Cuba, para que nadie las ignore.
Hay que armarse de paciencia para oír que Cuba estará representada en la próxima Cumbre de las Américas porque el gobierno de los Estados Unidos lo desea para bien de la nación caribeña. Esta asistirá a la cita por libre autodeterminación, y por el reclamo de los países del área, ante los cuales el gobierno estadounidense ha venido quedándose cada vez más aislado, como han reconocido sus más altos voceros, desde el secretario de Estado hasta el presidente. La presencia de Cuba en la Cumbre no será fruto de una política estimulada por los Estados Unidos, sino de un replanteamiento geopolítico, revolucionario, que ha puesto a la región en un camino que no alcanzaron a ver los más claros promotores de la integración en el siglo XIX, dígase Simón Bolívar y José Martí, ni sus continuadores en el XX. CELAC, ALBA, UNASUR, CARICOM y otras evidencias contundentes hablan de esa realidad.
Tampoco idealicemos las posibilidades revolucionarias de nuestra época, minada por una ofensiva ideológica derechista que ha logrado vender como cosa natural las más sórdidas maniobras, por las cuales el pensamiento capitalista pasa como ausencia de ideología, en virtud de concepciones por las que el propio Bolívar y Martí serían hoy considerados terroristas, clasificación que el imperio le ha endilgado de manera criminal a Cuba. Mientras tanto, las agresiones desatadas por los imperialistas y sus aliados, aunque sean guerras y operaciones genocidas, pueden pasar como garantes de la democracia y los derechos humanos, con niñas y niños destripados por bombas “humanitarias”, porque hasta el sentido de este vocablo se ha adulterado en función de tales planes.
Esa es la época en la cual se plantea el inicio de la normalización de las relaciones diplomáticas entre dos países con sistemas políticos y concepciones sociales y culturales diferentes, y, por tanto, con apellidos también distintos. A nadie en su sano juicio debe parecerle mal que esa normalización se ponga en marcha; pero tampoco se debe ignorar la diferencia de intenciones con que se puede promover, o se promueve, desde ambos lados de una contradicción esencial, que no cesará de la noche a la mañana, y que, vista a la luz de la historia, solo podría desparecer por completo si uno de los dos países renunciara al camino que ha seguido hasta hoy. El gobierno de los Estados Unidos no da ningún indicio de querer abandonar el suyo, y tampoco lo da, ni ha de darlo, la Cuba donde una Revolución verdadera vino a defender los ideales de Martí, y a proponerse hacerlos realidad.
Claro que la eliminación del bloqueo puede representar para Cuba un ambiente más propicio para sus planes de lograr un creciente bienestar para el pueblo. Pero son muchas las contradicciones internas en los Estados Unidos, muchos allí los rejuegos y las pugnas en torno al poder, y aún está por verse si el bloqueo se levantará, y, de levantarse, no será para favorecer que Cuba se desarrolle y mantenga su rumbo justiciero. No será para eso que lo deroguen quienes hasta ahora lo han impuesto burlándose de un categórico clamor internacional, que incluye sucesivas y contundentes votaciones contra él en la Asamblea General de la ONU.
El bloqueo también ha aislado a los Estados Unidos, que se ganan la ojeriza incluso de socios que ven cómo sus instituciones bancarias y navieras son multadas, en nombre de leyes inmorales que se imponen sin detenerse ante una extraterritorialidad asimismo inmoral, e ilegal, contraria a los códigos internacionales. Tampoco parece la nación norteña dispuesta a resignarse ante la combinación que apunta a darse entre los replanteos geopolíticos ya aludidos que vienen dándose en nuestra América, y la expansión internacional de los mercados ruso y chino, sobre todo de este último, que tanto se ha colado incluso en el seno de los Estados Unidos.
Debe darse la bienvenida a todo lo que favorezca el normal funcionamiento de las naciones, y el bienestar de los pueblos. Pero no cabe suponer que ese sea el propósito con que, al parecer, empieza a abrirse paso en los Estados Unidos el sentido práctico y de conveniencia, para el propio imperio, que otros voceros suyos han defendido, y que ciertamente pudiera dar mejores resultados concretos para la aspiración de no perder caminos por donde seguir ejerciendo su influencia. A Cuba, a cubanas y cubanos patriotas, no ha de tomarlos por sorpresa ninguna maniobra. Las mismas que el imperio puede verse llevado a poner en práctica, como retomar las relaciones diplomáticas y anunciar el posible cese del bloqueo, serían impensables sin la resistencia con que el pueblo cubano ha defendido su soberanía y su dignidad de 1959 para acá, en una senda iniciada mucho antes.
A la prensa, a la docencia, a los recursos todos de información y formación, en las nuevas circunstancias que parecen advenir les toca un papel aún más inteligente y calador que en tiempos en los cuales todo se haya planteado más en blanco y negro, por el efecto directo de la confrontación sin ambages. Esperemos que a nadie se le ocurra que debemos andar ocultando los apellidos, calificativos o epítetos que corresponda usar en cada caso. Ningún sentido de oportunidad —que puede confundirse con el oportunismo, cuando no con la idiotez— ha de llevarnos a suponer que podemos andar con rodeos cuando se trata de defender nuestra soberanía nacional y la justeza de nuestras ideas, o que es pertinente suplantar con tafetanes “diplomáticos” la claridad meridiana con que debemos defender, sin vacilaciones ni disimulos de ningún tipo, nuestra nación y nuestro proyecto.
Urge igualmente garantizar por nosotros mismos nuestra eficiencia económica, que no es ni ha de ser un fin en sí, sino requisito indispensable para asegurar la felicidad del pueblo. No vaya a ocurrir que la coincidencia, en el tiempo, del deseado logro de esa eficiencia —y de mecanismos y conceptos necesarios en cuanto a política salarial y de precios—, y el posible levantamiento del bloqueo, venga a sembrar en algunos la peregrina idea de que lo alcanzado se deberá a la generosidad del imperio. Mientras este lo sea, no habrá derecho a ingenuidades, como la de creer que ya la lucha ideológica es cosa del pasado.
Tranquiliza en tal sentido, y no causa asombro, el discurso del general de ejército Raúl Castro Ruz en la clausura —con la cual coincidió en el tiempo la graduación escolar mencionada al inicio— de las recientes sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Pero no basta que la vanguardia del país esté clarísima en cuanto a qué está en juego y qué se decide. Es necesario que la claridad siga expandiéndose y profundizándose en la generalidad del pueblo, sin cuyo apoyo, decisivo, no hay obra revolucionaria que valga. Esa es tarea de toda la sociedad, que no es ni debe suponerse homogénea.
Luis Toledo Sande
El pasado 17 de diciembre ocurrió un acontecimiento que merece seguir suscitando irrestricta celebración: regresaron a la patria los tres luchadores antiterroristas cubanos que aún permanecían injustamente presos en cárceles de los Estados Unidos. ¡Ya están en casa Los Cinco! Y también en la misma fecha se produjo un anuncio que, si se quiere entender rectamente su significado, demanda poner en tensión lo más lúcido del pensamiento. El entusiasmo ante la proclamación de algo extraordinario, en gran medida inesperado, no debe servir para que caigan velos sobre la realidad.
Tres días después de los discursos simultáneos, en La Habana y en Washington, de los respectivos presidentes de Cuba y los Estados Unidos, dio indicios de necesaria preocupación en ese sentido el acto de graduación celebrado en un centro escolar habanero. No ha sido el único caso, pero cabe tomarlo como referencia, tratándose de un plantel importante en la formación de jóvenes para que realicen tareas técnicas, especialmente en el área de la bibliotecología. Ello habla de la influencia formadora que sus egresados y egresadas tendrán la ocasión y la responsabilidad de ejercer.
Lo primero que se oyó en el acto no fue la grabación del Himno Nacional, que, cuando se puso, estuvo lejos de ser unánimemente acogida con la adecuada actitud solemne. Antes llegó desde la presidencia una voz que, en representación del centro, con estas o muy parecidas palabras, y de seguro con buenas intenciones, apuntó entre otras cosas: este año “el día de san Lázaro tuvo un mediodía especialmente esperado”, se escogió para anunciar la normalización de relaciones entre nuestro país “y el vecino, así, sin apellidos”. Daba igual que hubiera dicho “sin adjetivos”, o usado otros términos para expresarse.
Lo que el pasado 17 de diciembre anunciaron los presidentes de Cuba y de los Estados Unidos fue el establecimiento, aún no formalizado, de relaciones diplomáticas entre ambos países. Esas relaciones no habría que restablecerlas si la nación norteña no las hubiera roto, como parte de una hostilidad que ha incluido agresiones armadas y sabotajes, para derrocar a una Revolución que se planteó alcanzar la soberanía nacional plena y, por tanto, erradicar la dominación neocolonial que se le había impuesto al país desde 1898, año de la conocida intervención con que la naciente potencia norteamericana frustró la independencia que el pueblo cubano había probado merecer en su lucha contra la Corona española.
Los años de una ruptura de vínculos diplomáticos no deben favorecer que la vuelta a ellos propicie ignorar que entre relaciones diplomáticas y paz, entre relaciones diplomáticas y respeto a la soberanía de cada nación, pueden mediar y de hecho a menudo median distancias mayúsculas. Basta observar con mínima atención lo que ocurre entre los Estados Unidos y países con los cuales esa nación tiene relaciones diplomáticas. Es, por ejemplo, el caso de Rusia, a la que, si de algo pudiera acusarse, no sería por cierto de estar planeando la creación de una nueva Internacional Comunista. O el de Venezuela, cuyos dignos rumbos bolivarianos están siendo también ahora mismo objeto de sanciones por parte del gobierno de los Estados Unidos, de conocida complicidad con la subversión interna que se afana en desestabilizar al país sudamericano para que nuevamente se entronice allí un régimen dócil a la oligarquía vernácula y, sobre todo, a los intereses imperiales.
Ni de Cuba ni del vecino del Norte puede hablarse apropiadamente sin pensar en los apellidos, adjetivos o epítetos que de hecho les corresponden. La primera es un país que se ha propuesto salvar su proyecto socialista y conservar su soberanía nacional, a la que solo podría renunciar si desertara del camino trazado, cuando menos, desde el 10 de octubre de 1868, abonado por la obra y el pensamiento de José Martí y calzado desde el poder revolucionario por la realidad instaurada a partir del 1 de enero de 1959, tras una nueva etapa de lucha heroica. Por su parte, los Estados Unidos son un poder al cual sería no menos que injusto y descortés retacearle el reconocimiento que se ha ganado como potencia imperialista, con todo lo que ello implica históricamente, hecho sobre hecho. Si vamos a llamarlos “el vecino”, para la nación cubana y para nuestra América en general sería suicida restar peso a la circunstancia de que no ha dejado de ser peligroso y desdeñarnos.
No ha perdido ni un ápice de importancia, sino todo lo contrario, el llamamiento de Martí a conocer las razones ocultas del país que nos invite a unión, y no es ni siquiera eso lo que ofrece hoy a Cuba el gobierno de los Estados Unidos. No ha hecho más, ni menos, que reconocer un dato rotundo: el bloqueo y la hostilidad explícita no han dado el resultado que él aspiraba a conseguir con uno y con otra, y, por tanto, debe cambiar de táctica para lograr sus propósitos, que siguen siendo los mismos. Entre ellos figura que Cuba cambie de rumbo político y se desbarranque por otro en el cual le sea posible someterla a sus designios, como el camino que le fue impuesto de 1898 a 1958.
Entre lo que se le debe apreciar y reconocer a Barack Obama —presidente de la mayor potencia imperialista, no de una Sociedad Filantrópica Internacional—, figura la claridad con que se ha expresado. Si queremos, no digamos desfachatez, sino franqueza; pero no olvidemos que franqueza es el paradero verbal meliorativo adonde ha llegado la asociación conceptual con las prerrogativas de los francos para moverse a su antojo por los territorios galos bajo su dominación.
Suponer generosidad solidaria en el gobierno que —administración tras administración, incluida hasta ahora, por seis años ya, la actual— ha intentado asfixiar por hambre al pueblo cubano, sería un acto de grave ingenuidad, por lo menos. Obama ha dejado palmariamente expresadas sus intenciones, y, si alguien no lo hubiera apreciado así, solo tendría que echar una ojeada a las declaraciones programáticas con que, para no dejar sombra de dudas, la Casa Blanca ha complementado las palabras del mandatario. Tales declaraciones deberían publicarse en Cuba, para que nadie las ignore.
Hay que armarse de paciencia para oír que Cuba estará representada en la próxima Cumbre de las Américas porque el gobierno de los Estados Unidos lo desea para bien de la nación caribeña. Esta asistirá a la cita por libre autodeterminación, y por el reclamo de los países del área, ante los cuales el gobierno estadounidense ha venido quedándose cada vez más aislado, como han reconocido sus más altos voceros, desde el secretario de Estado hasta el presidente. La presencia de Cuba en la Cumbre no será fruto de una política estimulada por los Estados Unidos, sino de un replanteamiento geopolítico, revolucionario, que ha puesto a la región en un camino que no alcanzaron a ver los más claros promotores de la integración en el siglo XIX, dígase Simón Bolívar y José Martí, ni sus continuadores en el XX. CELAC, ALBA, UNASUR, CARICOM y otras evidencias contundentes hablan de esa realidad.
Tampoco idealicemos las posibilidades revolucionarias de nuestra época, minada por una ofensiva ideológica derechista que ha logrado vender como cosa natural las más sórdidas maniobras, por las cuales el pensamiento capitalista pasa como ausencia de ideología, en virtud de concepciones por las que el propio Bolívar y Martí serían hoy considerados terroristas, clasificación que el imperio le ha endilgado de manera criminal a Cuba. Mientras tanto, las agresiones desatadas por los imperialistas y sus aliados, aunque sean guerras y operaciones genocidas, pueden pasar como garantes de la democracia y los derechos humanos, con niñas y niños destripados por bombas “humanitarias”, porque hasta el sentido de este vocablo se ha adulterado en función de tales planes.
Esa es la época en la cual se plantea el inicio de la normalización de las relaciones diplomáticas entre dos países con sistemas políticos y concepciones sociales y culturales diferentes, y, por tanto, con apellidos también distintos. A nadie en su sano juicio debe parecerle mal que esa normalización se ponga en marcha; pero tampoco se debe ignorar la diferencia de intenciones con que se puede promover, o se promueve, desde ambos lados de una contradicción esencial, que no cesará de la noche a la mañana, y que, vista a la luz de la historia, solo podría desparecer por completo si uno de los dos países renunciara al camino que ha seguido hasta hoy. El gobierno de los Estados Unidos no da ningún indicio de querer abandonar el suyo, y tampoco lo da, ni ha de darlo, la Cuba donde una Revolución verdadera vino a defender los ideales de Martí, y a proponerse hacerlos realidad.
Claro que la eliminación del bloqueo puede representar para Cuba un ambiente más propicio para sus planes de lograr un creciente bienestar para el pueblo. Pero son muchas las contradicciones internas en los Estados Unidos, muchos allí los rejuegos y las pugnas en torno al poder, y aún está por verse si el bloqueo se levantará, y, de levantarse, no será para favorecer que Cuba se desarrolle y mantenga su rumbo justiciero. No será para eso que lo deroguen quienes hasta ahora lo han impuesto burlándose de un categórico clamor internacional, que incluye sucesivas y contundentes votaciones contra él en la Asamblea General de la ONU.
El bloqueo también ha aislado a los Estados Unidos, que se ganan la ojeriza incluso de socios que ven cómo sus instituciones bancarias y navieras son multadas, en nombre de leyes inmorales que se imponen sin detenerse ante una extraterritorialidad asimismo inmoral, e ilegal, contraria a los códigos internacionales. Tampoco parece la nación norteña dispuesta a resignarse ante la combinación que apunta a darse entre los replanteos geopolíticos ya aludidos que vienen dándose en nuestra América, y la expansión internacional de los mercados ruso y chino, sobre todo de este último, que tanto se ha colado incluso en el seno de los Estados Unidos.
Debe darse la bienvenida a todo lo que favorezca el normal funcionamiento de las naciones, y el bienestar de los pueblos. Pero no cabe suponer que ese sea el propósito con que, al parecer, empieza a abrirse paso en los Estados Unidos el sentido práctico y de conveniencia, para el propio imperio, que otros voceros suyos han defendido, y que ciertamente pudiera dar mejores resultados concretos para la aspiración de no perder caminos por donde seguir ejerciendo su influencia. A Cuba, a cubanas y cubanos patriotas, no ha de tomarlos por sorpresa ninguna maniobra. Las mismas que el imperio puede verse llevado a poner en práctica, como retomar las relaciones diplomáticas y anunciar el posible cese del bloqueo, serían impensables sin la resistencia con que el pueblo cubano ha defendido su soberanía y su dignidad de 1959 para acá, en una senda iniciada mucho antes.
A la prensa, a la docencia, a los recursos todos de información y formación, en las nuevas circunstancias que parecen advenir les toca un papel aún más inteligente y calador que en tiempos en los cuales todo se haya planteado más en blanco y negro, por el efecto directo de la confrontación sin ambages. Esperemos que a nadie se le ocurra que debemos andar ocultando los apellidos, calificativos o epítetos que corresponda usar en cada caso. Ningún sentido de oportunidad —que puede confundirse con el oportunismo, cuando no con la idiotez— ha de llevarnos a suponer que podemos andar con rodeos cuando se trata de defender nuestra soberanía nacional y la justeza de nuestras ideas, o que es pertinente suplantar con tafetanes “diplomáticos” la claridad meridiana con que debemos defender, sin vacilaciones ni disimulos de ningún tipo, nuestra nación y nuestro proyecto.
Urge igualmente garantizar por nosotros mismos nuestra eficiencia económica, que no es ni ha de ser un fin en sí, sino requisito indispensable para asegurar la felicidad del pueblo. No vaya a ocurrir que la coincidencia, en el tiempo, del deseado logro de esa eficiencia —y de mecanismos y conceptos necesarios en cuanto a política salarial y de precios—, y el posible levantamiento del bloqueo, venga a sembrar en algunos la peregrina idea de que lo alcanzado se deberá a la generosidad del imperio. Mientras este lo sea, no habrá derecho a ingenuidades, como la de creer que ya la lucha ideológica es cosa del pasado.
Tranquiliza en tal sentido, y no causa asombro, el discurso del general de ejército Raúl Castro Ruz en la clausura —con la cual coincidió en el tiempo la graduación escolar mencionada al inicio— de las recientes sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Pero no basta que la vanguardia del país esté clarísima en cuanto a qué está en juego y qué se decide. Es necesario que la claridad siga expandiéndose y profundizándose en la generalidad del pueblo, sin cuyo apoyo, decisivo, no hay obra revolucionaria que valga. Esa es tarea de toda la sociedad, que no es ni debe suponerse homogénea.
Ignacio Ramonet. Los medios de comunicación al servicio del poder económico.
En manos de quién estamos? Mesa redonda organizada porel lectorado de
Gallego de la Universidad de Heidelberg (Alemania) el 8 de mayo de 2011.
Participaron Carlos Taibo, Juan Carlos Moreno Cabrera y Ignacio
Ramonet.
Ignacio Ramonet reflexiona sobre la subordinación de los grandes medios de comunicación actuales al poder financiero y sobre las consecuencias que se derivan.
Ignacio Ramonet reflexiona sobre la subordinación de los grandes medios de comunicación actuales al poder financiero y sobre las consecuencias que se derivan.
domingo, 21 de diciembre de 2014
¿Qué intenciones tiene Estados Unidos con el “acercamiento” a Cuba?
DIARIO OCTUBRE
Che Guevara y Fidel Castro protagonistas, como la inmensa mayoría de los cubanos, de la revolución en Cuba
Para comprender una situación política y económica es importante recordar el pasado. En el caso de Cuba y la agresión continua a la que ha sido sometida por el poder económico estadounidense este pasado, la historia sucedida y también la historia presente, nos dirá muchas cosas que nos permitirán entender que es realmente lo que está ocurriendo. Y aquí es bueno ver que había en Cuba antes de la revolución que triunfó el 1 de enero de 1959.
No olvidemos que los dirigentes de Estados Unidos han visto siempre a Cuba como a un lugar donde hacer grandes negocios explotando a sus recursos naturales y a sus gentes, no como un país al que había que respetar.
Podríamos llamar a Cuba en su relación con EE.UU. como la gran deseada.
Cuando el poder económico y políticos estadounidense consiguió desplazar a los españoles en su papel de dominador y explotador de la isla se abrió para ellos un futuro lleno de oportunidades para hacer grandes fortunas. A un paso de EE.UU., con puertos excelentes, con un clima fantástico para la explotación de cultivos, siendo el paraíso de la diversión y el relax, junto a una posición estratégica extraordinaria de antesala protectora de la nación norteamericana, la hacían el sueño de las ambiciones de expansión de una potencia ya naciente.1
Basta recordar cómo veían a la isla y a otras como ella los que fueron presidentes de Estados Unidos antes de la conquista de Cuba . Así, el que fuese Vicepresidente y sexto Presidente de los EE.UU., John Quincy Adams decía:
Esas islas son apéndices naturales del continente norteamericano. 2
Adams, según lo que él denominaba “las leyes de la gravitación política”, haciendo una analogía con las de Newton en física, expresaba que Cuba caería como un fruto maduro en las manos de EE.UU, solo era cuestión de esperar un poco más.
Islas al servicio de los deseos de estos “señores”.
El sometimiento a EE.UU. tras la “liberación” de Cuba de España era evidente, en 1901 se redactó y aprobó la Constitución cubana. Pero el Congreso estadounidense también aprobó la enmienda Platt, por la que podían intervenir en los asuntos de Cuba cuando lo estimasen oportuno. Pese a algunas reticencias cubanas de la Asamblea Constituyente, EE.UU. le planteó que se aceptaba eso o se mantenía una ocupación completa de la isla. En la enmienda Platt se indicaban por ejemplo en sus puntos III y IV, cosas como:
III.- Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos puedan ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la Independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que con respecto a Cuba han sido impuestas a los Estados Unidos por el tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba.
IV.- Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba, durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos en virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos. 3
Para las elecciones se utilizaba el sufragio ilustrado y censitario, es decir, debían saber leer y escribir y además tenían que tener una cantidad de 250 pesos en propiedades. El fin de ello era excluir a los esclavos y a todo el sector social más empobrecido y abandonado, que eran mayoría entre la población, evitando de ese modo a quienes sí estaban interesados en cambiar las cosas.
En 1902, con el nacimiento de la República de Cuba, es elegido presidente Tomás Estrada Palma. En su reelección se produce una insurrección como consecuencia de haber existido fraude, ante ello Estrada llama a la intervención militar estadounidense en septiembre de 1906. EE.UU. intervino y el secretario de Guerra estadounidense, William H. Taft, tomó el cargo de Gobernador Provisional de Cuba, que daría paso a quien ocupó la gobernación del país, Charles E. Magoon. La intervención estadounidense tuvo como resultados la corrupción, el despilfarro y la represión de quienes mostraban su malestar. El soborno era un modo habitual de proceder, gastándose por ejemplo en las obras públicas hasta siete veces más de lo que debían costar. También se pagaban sueldos por cargos implantados pero sin trabajar realmente. Todo esto sentaría un precedente que habría de repetirse en los siguientes gobiernos, donde la corrupción y la opresión fueron ya parte de su funcionamiento. El motivo de estas intervenciones era evitar cualquier independencia real de Cuba y defender los intereses de las inversiones norteamericanas en la isla. La llegada de Gerardo Machado a la presidencia en 1925 supone un ejemplo de ello, donde se prima el beneficio de las empresas estadounidenses y a la élite económica local. El rechazo de la población pronto se hizo patente, hasta tal punto que pese a la fuerte represión el dictador tuvo que huir del país en 1933. Ese año EE.UU. ayuda a que llegue a presidente Carlos Manuel Céspedes, que no podrá gobernar siquiera durante un mes, ya que Fulgencio Batista da un golpe de Estado el 4 de septiembre de 1933. Tras él se establece el gobierno de los Cien Días, con Ramón Grau como presidente, y Batista queda como jefe del ejército. En el poco tiempo que dura toma medidas de apoyo a la gente menos pudiente y ataca al sometimiento a EE.UU., criticando la enmienda Platt. Este Gobierno no es reconocido por el país norteamericano. Después viene un periodo, de 1937-1945, en el que se suceden gobiernos que hacen mejoras significativas, se implanta la Constitución de 1940 y se legaliza al partido comunista en 1939, como Unión Revolucionaria Comunista. De 1940-44 gobierna Fulgencio Batista, que recibe el apoyo del partido comunista. A este gobierno le siguieron los de Ramón Grau y Carlos Prío Socarras, estos reprimen a competidores políticos y establecen una fuerte censura. Resultado de ello surge una escisión del Partido Auténtico que gobernaba, encabezada por Eduardo Chibas, con el Partido del Pueblo Cubano -ortodoxo-. Como se preveía que en las elecciones de 1952 iba a ganarlas este partido, Fulgencio Batista dio un nuevo golpe de Estado, esta vez con la intención de mantener una dictadura duradera. Llega al poder el 10 de marzo de ese año y una vez en él elimina la constitución de 1940, anula las libertades y la autonomía universitaria. También instaura la pena de muerte. El apoyo a las inversiones norteamericanas es decidido y se les da todo tipo de ventajas económicas y legales. Al no poder existir reclamación por irregularidades o abuso hacia los trabajadores, la explotación descarnada se convierte en norma. Es un periodo de gran represión y brutalidad hacia la población, pero que, por el contrario, es de gran estabilidad para los intereses de EE.UU. El daño a la propia riqueza del país era evidente, al convertirse en un mero exportador de algunas materias primas y no generar riqueza propia. 1
Cuba compraba en Estados Unidos no solo los automóviles y las máquinas, los productos químicos, el papel y la ropa, sino también arroz y fríjoles, ajos y cebollas, grasas, carne y algodón. Venían helados de Miami, panes de Atlanta y hasta cenas de lujo desde París. El país del azúcar importaba cerca de la mitad de las frutas y las verduras que consumía, aunque solo la tercera parte de su población activa tenía trabajo permanente…
Trece ingenios norteamericanos disponían de más del 47% del área azucarera total y ganaban alrededor de 180 millones de dólares por cada zafra.
Había en Cuba, en 1958, más prostitutas registradas que obreros mineros. 4
La respuesta a esto fue la formación de un grupo dirigido por Fidel Castro que intentó sucesivamente cambiar el régimen. Contra los deseos y expectativas de la élite norteamericana Fidel Castro triunfa en su revolución, provocando la salida de Batista el último día del año 1958.
Ahora ya saben, hay una ola de euforia, con poco rigor, difundida por los medios de comunicación, alabando la “nueva” actitud de la Administración Obama respecto a Cuba. El Gobierno cubano, más sabio, es más precavido. Obama, de hecho, ya deja ver, si se mira atentamente, por qué se ha hecho esto y cómo se quiere que sean las cosas (no muy diferente a la triste historia pasada de Cuba bajo el dominio de los poderosos hombres de negocios del país del norte).
Finalizaremos una estrategia que durante décadas no ha logrado promover nuestros intereses. 5
Mueven los intereses: comerciales y políticos. No olvidemos, que pese a la ocultación por parte de los medios de comunicación, Estados Unidos pasa por un mal momento a nivel mundial, porque Rusia, pese a que los medios quieren ponerla como perdedora y aislada, le está ganando la partida política y económica. Rusia tiene mejores relaciones que nunca con América Latina y también con África, y lo que es peor, además con China, con la India y recientemente le metió un gol a Estados Unidos y a la OTAN con sus acuerdos económicos con Turquía. 6 Añadido a esto, muchos países europeos, como Hungría, Austria, Alemania o Finlandia, ven que no van a ninguna parte buena con un aislamiento económico y político con el gran país eslavo. La estrategia de Rusia es una ganadora, no ya en el largo plazo, sino en el medio. De ahí que Estados Unidos salga ahora con este movimiento, propagandístico, que no tiene nada que ver con querer democracia en ninguna parte, baste recordar lo que ha estado haciendo y hace en Ucrania, 7 además de en Libia, Siria, Nicaragua, Yugoslavia…, junto a promover el terrorismo más abyecto. y a hacer la vida imposible a los propios cubanos.
Las “concesiones” del poder estadounidense no dejan de ser una trampa envenenada que la experiencia y sabiduría cubanas deberán haber bien entendido.
Las concesiones que Obama está ofreciendo a Cuba son mínimas. La flexibilización putativa de restricciones bancarias y de viajes y la reapertura de una embajada en Cuba (instalaciones de espionaje) están condicionadas a que el Gobierno cubano acepte “elecciones libres” y la apertura a la inversión del capital estadounidense y de las comunicaciones. 8
Es decir, la entrada de una dictadura encubierta con el nombre de democracia, en el que los hombres de negocios controlan y manejan al país y a sus gentes a su antojo, algo de lo que ya tienen experiencia, como hemos visto, los cubanos.
Tal y como es, el movimiento “histórico” de Obama es solo retórica vacía a la que nos hemos acostumbrado con este presidente [y con tantos otros más]. La premisa subyacente en Washington sigue siendo una de un poder hegemónico que está tratando de hacer valer sus intereses estratégicos sobre la nación cubana. De nuevo esa política es ilegal y debería ser perseguida en un tribunal internacional de justicia. 8
Y aquí no se trata de oponerse a lo que haga Estados Unidos, haga lo que haga. Sino a lo que realmente hace, cuyas intenciones no son nada loables y cuya experiencia es reveladora, reveladora de no actuar de buena fe sino con segundos y nada admirables intereses.
¿Qué es entonces este “acercamiento”?
El movimiento esta semana de Obamas sobre Cuba no es más que una maniobra de relaciones públicas…
- Mikel Itulain. Estados Unidos y el respeto a otras culturas y países. Cuba.Libertarias. 2012.
- Cat Wiener. History of Cuba. 1. From colonization to the 10 Years War. June 1996.
- Paul Halsall. Modern History Sourcebook: The Platt Amendment,1901, July 1998.
- Eduardo Galeano. Las Venas Abiertas de América Latina.Siglo XXI. 2008. 6ª edic
- Trancript: Obama´s remarks on U.S-Cuba relations. The Washington Post. 17.12.2014.
- Thierry Meyssan. De cómo Vladimir Putin invirtió la estrategia de la OTAN. Red Voltaire, 8.12.2014.
- William Engdahl. Foreign bankers rape Ukraine. New Eastern Outlook. 18.12.2014.
- Finian Cunningham. Ending the Cold War in Cuba? From the freezer to the chiller. nsnbc.me. 19.12.2014.
La presidenta Dilma Rousseff y la guerra a la clase trabajadora
James Petras
Rebelión
Introducción
La clase obrera brasileña se enfrenta al ataque más salvaje a su nivel de vida de los últimos diez años. Y no son solo los trabajadores de la industria el objetivo de este ataque. Los campesinos sin tierra, los asalariados del sector público y el privado, los profesores y profesionales de la sanidad, los desempleados y los pobres se enfrentan a enormes recortes de ingresos, empleos y prestaciones sociales.
Todos los avances conseguidos entre 2003 y 2013 se van a revertir. Los trabajadores brasileños se enfrentan a una “década infame”: el régimen de la presidenta Dilma ha adoptado las políticas del “capitalismo salvaje” como lo demuestra el nombramiento como ministros de uno de los más ardientes defensores de los programas neoliberales.
El “Partido de los Trabajadores” y el ascendiente del capital financiero
A comienzos de diciembre de 2014, la presidenta Dilma nombró a Joaquín Levy ministro de finanzas, lo que le convierte en el nuevo zar a cargo de la economía brasileña. Levy es un miembro destacado de la oligarquía financiera del país. Entre 2010 y 2014, fue presidente de Bradesco Asset Management, rama financiera del conglomerado gigante Bradesco, que gestiona más de 130.000 millones de dólares. Desde que realizó su doctorado en la Universidad de Chicago, Levy es un seguidor leal de Milton Friedman, supremo neoliberal que asesoró económicamente al dictador chileno Augusto Pinochet. En los años en que ejerció como alto funcionario del Fondo Monetario Internacional (1992-1999), Levy destacó como firme defensor de los programas de severa austeridad que una década más tarde empobrecerían a Europa meridional y a Irlanda. Durante la presidencia de Henrique Cardoso, Levy fue el estratega económico que impulsó la privatización masiva de empresas públicas lucrativas –a precios de saldo- y una liberalización del sistema financiero que facilitó fugas ilícitas de capital valoradas en torno a los 15.000 millones de dólares al año. La pertenencia de Levy a la oligarquía financiera brasileña y sus profundos y prolongados vínculos con las instituciones internacionales financieras es precisamente la razón por la que Dilma le ha puesto a cargo de la economía brasileña. El nombramiento de Levy es una pieza fundamental de la nueva estrategia de Dilma para incrementar generosamente los beneficios del capital financiero nacional y extranjero, con la esperanza de atraer inversiones a gran escala que acaben con el estancamiento económico.
Para la presidenta Dilma y su mentor, el ex presidente Lula Da Silva, toda la economía debe encaminarse a ganar la “confianza” de la clase capitalista.
Los programas sociales puestos en marcha hasta ahora están siendo eliminados o reducidos, a medida que el nuevo zar financiero Joaquin “Jack el destripador” Levy avanza en la consecución de su “terapia de choque”. Una prioridad de su programa es la de reducir de manera minuciosa y profunda la parte de la renta nacional correspondiente al trabajo. El objetivo es concentrar riqueza y capital en el diez por ciento más elevado de perceptores de renta con la esperanza de que este grupo realice inversiones y aumente el crecimiento.
Si bien el nombramiento de Levy representa, sin ninguna duda, un giro hacia la extrema derecha, fueron las políticas y prácticas económicas de los doce años anteriores las que sentaron las bases para el retorno a una versión despiadada de la ortodoxia neoliberal.
Los cimientos económicos para el retorno de los impuestos salvajes
Durante la campaña electoral de 2002, Lula firmó un acuerdo económico con el FMI en el que garantizaba un superávit presupuestario del 3%. Lula quería asegurar a los banqueros, financieros internacionales y empresas multinacionales que Brasil pagaría a sus acreedores y aumentaría las reservas de moneda extranjera para el envío de beneficios y flujos ilícitos de capital hacia el exterior.
La adopción de políticas fiscales conservadoras del régimen de Lula se vio acompañada por políticas de austeridad basadas en la reducción de salarios y pensiones de los empleados públicos y aumentos marginales del salario mínimo. Lo más importante es que Lula respaldó todas las privatizaciones corruptas que tuvieron lugar con el régimen de su predecesor, Cardoso. Al final de su primer año en el gobierno, 2003, Wall Street aclamó a Lula como “Hombre del Año”, por sus “políticas pragmáticas” y la desmovilización y moderación de los principales sindicatos y movimientos sociales. En enero de 2003, Lula había nombrado a Levy Secretario del Tesoro, un puesto que mantuvo hasta 2006 y que coincidió con el periodo más socialmente reaccionario de la presidencia de Lula. En este mismo periodo se produjeron una serie de escándalos de corrupción por valor de miles de millones de dólares en los que estaban involucrados decenas de altos puestos del Partido de los Trabajadores, que habían recibido “mordidas” de las principales empresas constructoras del país.
En torno a la mitad de la década de 2000 se produjeron dos acontecimientos que permitieron que Lula moderase sus políticas e introdujera reformas sociales limitadas. El primero fue el auge de las materias primas, un importante incremento de la demanda y el precio de las exportaciones agro-minerales que llenó los cofres del Tesoro. El segundo, el aumento de la presión de los sindicatos, los movimientos rurales y los pobres, que exigían su parte en la bonanza financiera y que dio lugar a un aumento de los gastos sociales y los salarios y facilitó el crédito, sin que estas mejoras afectaran a la riqueza, las propiedades y los privilegios de la élite. Gracias al boom económico, Lula pudo también satisfacer las exigencias del FMI, el sector financiero y la élite empresarial, con subvenciones, exenciones tributarias, préstamos a bajo interés y “desorbitados” contratos estatales altamente lucrativos. Los pobres percibían un 1% del presupuesto nacional a través de una “asignación familiar” de 60 dólares al mes y los trabajadores peor remunerados consiguieron un aumento del salario mínimo. El coste de las prestaciones sociales suponía apenas una fracción del 40% del presupuesto asignado a los bancos a través de la cancelación de empréstitos e intereses de la dudosa deuda pública suscrita por los anteriores gobiernos neoliberales.
Con el fin del auge económico, el gobierno de Dilma ha regresado a las políticas ortodoxas que practicó el gobierno de Lula en 2003-2005 y ha vuelto a nombrar a Levy para llevarlas a cabo.
Consecuencias de la terapia de choque de Levy
La tarea asignada a Levy – volver a concentrar la renta, aumentar los beneficios y revertir las políticas sociales- resulta mucho más difícil de conseguir en 2014-15 de lo que fue en 2002-03, principalmente porque entonces se trataba meramente de continuar las políticas instauradas por el gobierno de Cardoso y Lula prometió a los trabajadores que esas medidas eran temporales. En estos momentos, Levy debe recortar y cercenar beneficios que los trabajadores y los pobres ya dan por sentado. De hecho, en los dos últimos años los movimientos sociales han estado demandando mayores gastos sociales en transporte, educación y sanidad.
Para llevar adelante la terapia de choque de Levy será preciso, llegado el momento, aplicar la represión, como ocurrió en el caso de Chile y los países del sur de Europa, cuando programas de austeridad similares redujeron los ingresos y multiplicaron el desempleo.
Levy propone rescatar los intereses del capital financiero mediante la aplicación de medidas severas en línea con la agenda de Wall Street, de la City de Londres y de los magnates financieros brasileños. Globalmente, las políticas financieras de Levy equivalen a un “tratamiento de choque”: medidas rigurosas y repentinas contra los niveles de vida de los trabajadores, equivalentes al electroshock que los psiquiatras que afirman que “el dolor cura” aplican a los pacientes con desórdenes mentales, aunque con demasiada frecuencia les conviertan en zombis, o en algo peor.
La prioridad de Levy es recortar las inversiones públicas, las pensiones, las prestaciones por desempleo y los salarios del sector público. Bajo el pretexto de “estabilizar la economía” (para los grupos financieros), estas medidas desestabilizarán la economía familiar de decenas de millones. Se propone rescindir las exenciones fiscales a la masa de consumidores que adquieren vehículos, electrodomésticos y ropa de cama, incrementando así los gastos de millones de hogares de clase trabajadora o dejándoles sin la posibilidad de acceder al mercado. Su intención es desequilibrar los presupuestos familiares (que la deuda crezca por encima de la renta) con el fin de aumentar el superávit del Estado y asegurar el pleno y pronto desembolso de la deuda pública a los acreedores, como el propio conglomerado Brandesco del que forma parte.
En segundo lugar, Levy “ajustará” los precios. Concretamente, eliminará el control de precios del combustible, la energía y el transporte, para que los oligarcas financieros que poseen millones de acciones en dichos sectores puedan aumentarlos y “ajustar” su riqueza hacia arriba en miles de millones de dólares. Como resultado, las clases trabajadora y media tendrán que dedicar una parte mayor de sus menguados ingresos a combustible, transporte y energía.
En tercer lugar, Levy probablemente permitirá que la moneda se debilite para promover las exportaciones agro-minerales bajo el pretexto de una mayor “competitividad”. Pero una disminución del valor de la moneda incrementará el coste de las importaciones, especialmente de alimentos básicos y bienes manufacturados. La devaluación de facto será más dura para los millones de ciudadanos que no pueden asegurar sus ahorros y favorecerá a los especuladores financieros capaces de capitalizar los movimientos de divisas. Por otra parte, estudios comparativos demuestran que una moneda más barata no garantiza un aumento de las inversiones productivas.
En cuarto lugar, es fácil que Levy argumente que para atajar el déficit energético producto de la sequía, que ha reducido la capacidad hidroeléctrica de las presas brasileñas, es preciso una “reforma” del sector (eufemismo utilizado para hablar de privatización). Seguramente propondrá la liquidación del gigante petrolero semipúblico Petrobras y acelerará la privatización de la explotación de los yacimientos en alta mar, en términos favorables a los grandes bancos de inversión.
En quinto lugar, veremos a Levy reducir y eliminar las regulaciones medioambientales y empresariales, incluyendo las que afectan a la selva amazónica y a los derechos de los trabajadores y de los indígenas, a fin de facilitar la entrada y salida rápida de capital financiero.
Esta terapia de choque tendrá profundas repercusiones sociales y económicas en la sociedad brasileña. Según todas las experiencias pasadas y presentes, dondequiera que los “Chicago Boys” (como el propio Levy) han aplicado su fórmula de choque, se han producido profundas recesiones económicas, retrocesos sociales y agitación política.
Contradiciendo las expectativas de la presidenta Dilma, los recortes en el crédito, los salarios y la inversión pública hundirán la economía y la llevarán del estancamiento a la recesión. El equilibrio presupuestario retrógrado disminuye la demanda y no fomenta los flujos del capital productivo. El sector con un crecimiento más dinámico, la industria del automóvil, se verá muy afectado por el aumento de impuestos sobre la compra de vehículos. Y lo mismo pasará con el sector de los electrodomésticos.
Hasta la fecha, la expansión de las inversiones públicas ha sido la principal fuerza motriz del crecimiento (por pequeño que este sea en la actualidad). No existe ningún motivo racional para pensar que grandes flujos de capital privado vayan a absorber el descenso de actividad inversora pública, especialmente en un mercado descendente. Más aún si, como probablemente sucederá, la lucha de clases se intensifica a causa de la reducción salarial y la disminución del nivel de vida.
Como todos los fanáticos del libre mercado, Levy argumentará que la recesión y la regresión son temporales, necesarias y que darán su fruto “a largo plazo”. Pero todos los países que han sufrido recientemente esta fórmula de choque han entrado en una recesión prolongada. En Grecia, España, Italia y Portugal, la depresión inducida por las políticas de austeridad ha entrado en su séptimo año… ¡y su deuda pública continúa creciendo!
Consecuencias reales de la terapia de choque
Tenemos que desechar las presunciones de “estabilidad y crecimiento” de estas políticas de austeridad defendidas por Levy y los de su clase y observar los resultados reales que producen.
Antes que nada, aumentarán las desigualdades, porque cualquier incremento de las ganancias se concentrará en las élites. Las desregulaciones y otras políticas fiscales y monetarias del gobierno profundizarán los desequilibrios de la economía, favoreciendo a los acreedores frente a los deudores, al capital extranjero frente a los fabricantes locales, a los propietarios de capital frente a los trabajadores asalariados, al sector privado frente al público.
De hecho, Levy “asegurará la confianza del capital” porque lo que se denomina “confianza de los inversores” se basa en una licencia sin trabas para expoliar el medio ambiente, reducir salarios y explotar un ejército de reserva de desempleados cada vez mayor.
Conclusión
La terapia de choque de Levy aumentará las tensiones de clase e inevitablemente provocará una ruptura del pacto social entre el régimen del denominado Partido de los Trabajadores y los sindicatos, los trabajadores rurales sin tierra y los movimientos sociales urbanos.
En la tesitura de tener que afrontar el estancamiento económico producto de la bajada de precios de las materias primas y la decisión del capital privado de retener las inversiones, Dilma Rousseff y la dirección del autodenominado Partido de los Trabajadores podrían haber decidido socializar la economía, acabar con el capitalismo de amiguetes y aumentar la inversión pública. En vez de eso, han optado por capitular. Dilma ha reciclado los programas ortodoxos neoliberales que Lula implementó durante los primeros dos años de su mandato.
En vez de movilizar a trabajadores y profesionales para llevar a cabo cambios estructurales más profundos, Dilma y Lula cuentan con que el “ala izquierda” del partido expresará sus quejas, sus críticas y finalmente dará su conformidad. Cuentan con que los líderes fagocitados de la confederación sindical (CUT) se contentarán con elevar la voz y realizar protestas simbólicas sin capacidad para alterar la terapia de choque de Levy. No obstante, el alcance, profundidad y extremismo del denominado programa de ajuste y estabilización del ministro de finanzas provocará huelgas generales, primero de todo en el sector público. Los recortes en la industria del automóvil y el aumento del desempleo darán lugar a acciones de lucha en el sector manufacturero. Los recortes en la inversión pública y el incremento de los costes del transporte, la sanidad y la educación reactivarán los movimientos urbanos de masas.
En menos de un año, las políticas de choque de Dilma y Levy convertirán Brasil en un caldero hirviente de descontento social. Los gestos seudopopulistas y la retórica vacía de Lula no servirán para nada. Dilma no podrá convencer a los trabajadores para que acepten el programa de “austeridad“de Levy (que favorece a las clases altas), sus incentivos “para ganar la confianza de los mercados internacionales” y las políticas internas que reducirán los ingresos de la inmensa mayoría de la gente trabajadora.
Estas políticas agravarán la recesión y no servirán para “resucitar el espíritu animal de los empresarios”. Después de un año de “más dolor sin curación “ (salvo un incremento de los beneficios de financieros y exportadores agro-minerales), la presidenta Dilma deberá afrontar los inevitables resultados políticos negativos que le supondrá la pérdida de apoyo de los trabajadores, la clase media y los campesinos pobres, sin ganar el apoyo de la élite empresarial y financiera (que tiene sus propios líderes políticos de confianza). Una vez puesto en marcha su programa de libre mercado radicalmente reaccionario y provocado el descontento popular masivo, Levy dimitirá y retomará la presidencia Bradesco, el fondo de inversiones multimillonario, con la satisfacción que produce el haber “cumplido la misión”.
Puede que Dilma reemplace a Levy e intente “moderar” su terapia de choque. Pero, para entonces, ya será demasiado tarde y su respuesta será demasiado limitada. El Partido de los Trabajadores acabará en el cubo de la basura de la historia. La decisión adoptada por Dilma al nombrar a Levy zar económico es una declaración de guerra de clases. Y para ganar una guerra de clases no podemos excluir que las políticas reaccionarias tengan que ser implementadas mediante el uso de violencia estatal: represión de las protestas masivas urbanas y desalojos salvajes de los trabajadores rurales sin tierra que ocupan pacíficamente fincas improductivas.
El giro efectuado por el régimen del “Partido de los Trabajadores”, desde un “liberalismo inclusivo” a un extremismo de libre mercado al estilo de Friedman radicalizará y polarizará a la sociedad brasileña. La oligarquía presionará para volver a militarizar la sociedad civil. Esto, a su vez, estimulará el crecimiento de movimientos sociales con conciencia de clase, como los que acabaron con veinte años de gobierno militar. Tal vez en esta ocasión la agitación social no termine con el advenimiento de una democracia liberal; tal vez la próxima lucha aproxime a Brasil al socialismo democrático.
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Saludos y bienvenida:
Trovas del Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
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