Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

domingo, 1 de febrero de 2015

La situación socioeconómica de la familia salvadoreña (2005-2014)



Joel Arriola

Introducción

La situación socioeconómica de la familia salvadoreña (2005-2014) es, si lo vemos desde el punto de vista de los estadísticos nacionales, un trabajo incompleto. No sólo no comprende la totalidad de los problemas nacionales medidos estadísticamente por el gobierno, las diversas instituciones del Estado, organismos internacionales, ONGs e investigadores independientes, sino tampoco realiza una descripción completa de los mismos. La razón por la cual no lo hacemos es sencilla: no es nuestro objetivo. El lector puede fácilmente, si su interés es conocer el cuadro completo de los estadísticos del país, dirigirse a las publicaciones secuenciales de los diversos organismos encargados: PNUD, CEPAL, diversas instituciones del gobierno, etc.

Desde ese punto de vista, nuestro objetivo es mucho más modesto, pero no por ello menos importante: nos proponemos tamizar una serie de datos estadísticos proporcionados por diversas fuentes, para analizarlos a la luz de las herramientas teórico-metodológicas del marxismo, principalmente de la economía política, así como del instrumental crítico de la economía y la sociología contemporánea.

La razón para llevar a cabo un trabajo como estos es precisamente obtener algunas conclusiones sobre la situación económica y social de la familia y los hogares salvadoreños, ver esta situación a través del lente de la economía política crítica, estudiando para ello los datos puramente estadísticos que reflejan la situación socioeconómica producida por el modelo de acumulación de capital en El Salvador, a partir de las reformas neoliberales y la ejecución de los Programas de Estabilización Económica y de Ajuste Estructural. Ello a la misma vez nos da la posibilidad de ubicar correctamente los estadísticos sociales, no como un dato aislado inexplicable per se, sino como producto y consecuencia de un modelo de acumulación que privilegia el proceso de concentración y centralización de capital en las manos de un reducido número de personas a la vez que sumerge, literalmente, en la miseria al grueso de la población salvadoreña.

En la primera parte del trabajo damos una conceptualización general de la forma de abordaje del mismo, dedicamos un apartado a explicar abiertamente los documentos base que han servido al presente estudio. Nos hemos tomado dicha tarea por una razón puramente técnica: gran parte de los datos citados aparecen, sobre todo en los primeros capítulos, sin citas directas al pie de página; la razón de porque no aparecen es sencilla: no consideramos conveniente cansar al lector, ya que el presente es un estudio básicamente de datos puramente empíricos, refiriéndolo a notas en cada dato citado, preferimos mejor, desde el primer capítulo, ofrecer una lista de los principales textos a los cuales puede referirse en cada caso. Salvo se indique lo contrario, en cada dato citamos la fuente dentro del texto, con la cual el lector puede dirigirse fácilmente a los documentos base ya citados en el capítulo I. En caso contrario y cuando las circunstancias lo ameritan, como por ejemplo en considerable parte del apartado III, referimos al lector a citas especificas al pie de página.

Ofrecemos además, en la parte I del trabajo, un breve análisis de la concepción de la familia según el Estado Salvadoreño, ello debe servir como base para juzgar los datos analizados más abajo (en el apartado II y III) y contrastarlos con los derechos positivos que el Estado ofrece a los hogares e individuos salvadoreños.

En la parte II del trabajo estudiamos algunas estadísticas que, bajo el lente de la economía política, nos permiten conocer la situación de polarización riqueza-pobreza que ha producido durante los últimos años el modelo de acumulación de capital en El Salvador, ejecutado desde la década de los noventa hasta la actualidad. El trabajo sirve además de parangón para enfrentar los datos del 2013 con los del 2007, es decir los datos puramente estadísticos que reflejan la situación de concentración y centralización de la riqueza por un lado, y la pobreza y la miseria por el otro, en dos períodos polémicos: los últimos años de los gobiernos de la derecha oligárquica ARENA y los frutos de, básicamente, la primera gestión de gobierno del FMLN. El Salvador, atlas de la pobreza y la opulencia en El Salvador, el texto clásico de Salvador Arias, publicado por primera vez en el 2010, pero cuyos datos no llegan, en términos de estudios sobre pobreza y concentración de riqueza, sino hasta el 2007 y en algunos casos al 2008, nos ha servido de paragón para la confrontación de datos en las fechas especificadas.

Por último, en el apartado III estudiamos algunos indicadores sociales como el acceso a educación y otros servicios básicos, el problema de la opresión de la mujer, la juventud, niñez, maras, pandillas y suicidios, etc., ubicándolos como consecuencia, cuando no producto, de la situación de miseria descrita en el aparatado inmediatamente anterior. Por ultimo cerramos el estudio con algunas conclusiones de carácter general.


Para ver el estudio completo haga clic acá.

Agustín Farabundo Martí (1893-1932) – (El Salvador)


Un revolucionario de la Patria Grande

De Fernando Ramón Bossi


La distribución balsamera de El Salvador comprende una faja de terreno llamada “Cordillera del Bálsamo”, que se extiende entre los puertos de Acajutla y La Libertad en la llamada Cadena Costera, internándose hacia la cuidad de Apaneca, aproximadamente unos 20 kilómetros de la costa principalmente en los departamentos de La Libertad y Sonsonate. Los municipios conocidos como principales productores de bálsamo de primera clase son San Julián, Santa Isabel Ishuatán, Cuisnahuat, Izalco, Chiltiupán y Teotepeque. Precisamente en Teotepeque, La Libertad, nació, el 5 de mayo de 1893 Agustín Farabundo Martí.

Hijo de Pedro Martí y Socorro Rodríguez. Sexto hijo de un total de 14, Agustín creció en medio de las faenas agrícolas. Se recibe de bachiller en 1913, a los 20 años de edad de un colegio salesiano e ingresa a la Universidad Nacional en la carrera de Jurisprudencia y Ciencias Sociales.

Sus primeras acciones políticas lo ubican trabajando contra el régimen oligárquico de las familias Meléndez-Quiñónez, dinastía que gobernará El Salvador por cruentos 14 años. Por organizar un acto en apoyo a la Asociación de Estudiantes Unionistas, grupo guatemalteco que exigía el fin de la dictadura de Estrada Cabrera en ese país, es encarcelado en Zacatecoluca. En 1920 es deportado a Guatemala y allí continúa sus estudios en la Universidad de San Carlos.

En Guatemala estudia y trabaja. Como simple obrero, jornalero o peón, aprende a compartir el sufrimiento de los explotados. En un país, donde la mayoría de la población es indígena, Martí se compromete con sus luchas e incorpora conocimientos de la lengua quiche. Siendo perseguido por los dueños de las plantaciones de café, Farabundo debe partir temporalmente a México, donde se relaciona con el movimiento obrero y estudia la revolución agrarista de 1910.

En 1925, se funda en Guatemala el Partido Comunista Centroamericano. El surgimiento del partido tuvo su origen en el interés de intelectuales y obreros guatemaltecos en dar continuidad al primer movimiento político de izquierda que se inició en la década de 1920, el cual fue vital para la caída del dictador Manuel Estrada Cabrera. El gobierno dictatorial de Jorge Ubico se encargó de aplastar la organización; no obstante, se puede considerar la primera manifestación de la clase obrera por lograr su organización política. Martí ocupó allí el cargo de secretario del exterior del Partido Comunista Centroamericano.

Es deportado a El Salvador, y de El Salvador a Nicaragua por órdenes del presidente Alfonso Quiñónez. A los pocos días regresa clandestinamente a El Salvador a seguir organizando a los trabajadores. Desde 1925 hasta 1928 Martí trabaja junto a la Federación Regional de Trabajadores de El Salvador.

En 1928 Martí viaja a New York, donde toma contacto con la dirección central de la Liga Antiimperialista de las Américas, que le encargará viajar a Nicaragua como su representante ante Augusto César Sandino. De los Estados Unidos partirá hacia Las Segovias a luchar junto al “General de Hombres Libres”, con él, alcanza el grado de coronel del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Farabundo Martí mostró en los hechos su arrojo antiimperialista, tanto con el fusil como con la pluma. Fue miembro del Estado Mayor Internacional de Sandino, y Secretario Privado del héroe nicaragüense. En ocasión que los invasores yanquis bombardeaban persistentemente las posiciones sandinistas, Martí, en actitud de coraje y decisión, dejó la máquina de escribir para empuñar el fusil, diciendo indignado: “cuando la historia no se puede escribir con la pluma, se escribe con el rifle”. Acto seguido se parapetó en la enramada de un árbol de la selva para abrir fuego contra los aviones yanquis.

Tiempo más tarde, ya en México, Martí pasa a ser líder latinoamericano del Socorro Rojo Internacional. Esta organización había nacido en los años veinte por impulso de la III Internacional para enfrentar al fascismo entonces incipiente. Entre sus dirigentes formaron parte mujeres antifascistas tan conocidas como la alemana Clara Zetkin, la italiana Tina Modotti y la rusa Elena Stasova. El Socorro Rojo Internacional entronca, entonces, directamente con la historia del movimiento comunista y antifascista internacional, alcanzando pronto un gran desarrollo en todo el mundo, en el apoyo político, jurídico y económico a todos los presos políticos y perseguidos, sin diferencias ideológicas partidistas.

En 1930 Martí regresa a El Salvador y funda junto a otros compañeros el Partido Comunista Salvadoreño, partido que rápidamente se pone a la cabeza de los trabajadores y campesinos, descontentos con los regímenes oligárquicos de entonces. Sufriendo deportaciones y persecuciones Farabundo liderizará la insurrección popular de 1932.

Aquel año, El Salvador presenta una administración corrupta, una sociedad en crisis, un pueblo descontento y una economía casi en quiebra, derivada de los bajos precios internacionales del café y de los efectos de la Gran Depresión estadounidense de 1929. El 2 de diciembre de 1931, el corrupto e incapaz régimen del Partido Laborista, encabezado por el ingeniero Araujo, fue derrocado para asumir la presidencia el dictador Maximiliano Hernández Martínez, quien lo detentará por espacio de trece años, hasta mayo de 1944.

Los comicios fraudulentos de enero del ‘32 fueron el factor detonante del estallido social. Varios sitios de votación fueron suspendidos en poblaciones en las que el Partido Comunista tenía fuerte presencia. La insurrección comenzaba.

Los días 18 y 19 se produjeron frustrados asaltos al Cuartel de Caballería por las fuerzas insurrectas. El gobierno decreta el Estado de Sitio y la ley marcial. Se implanta la censura estricta en la prensa.

Los siguientes días los alzamientos y combates se suceden en todo El Salvador. Miles de campesinos, obreros y trabajadores, portando machetes y algunos pocos fusiles “Mauser” asaltan cuarteles, guarniciones policiales, oficinas municipales, telégrafos, almacenes y fincas de terratenientes.

Las “tartamudas” del Ejército y la Guardia Nacional no se hacen esperar. Entre los días 24 y 25, las fuerzas militares gubernamentales entran en Nahuizalco, Juayúa, Ahuachapán y Tacuba. Mientras tanto, los norteamericanos e ingleses movilizaban buques de guerra para prestar apoyo al general Hernández Martínez; proponiéndole un desembarco de tropas en La Libertad para ayudar en la represión. Con toda la soberbia del dictador sanguinario, Hernández Martínez, una vez que se cerciora del éxito de las “Operaciones de Pacificación”, envía a los almirantes yanquis e ingleses un telegrama que con el siguiente texto: “En saludo a honorables comandantes declaramos situación absolutamente dominada fuerzas gobierno El Salvador. Garantizadas vidas propiedades ciudadanos extranjeros acogidos y respetuosos leyes de la República. La paz está establecida en El Salvador. Ofensiva comunista desechada sus formidables núcleos dispersos. Hasta hoy cuarto día de operaciones están liquidados cuatro mil ochocientos comunistas”.

La insurrección había sido barrida a sangre y fuego. El 31 de enero, un consejo de guerra presidido por el general Manuel Antonio Castañeda juzgó y condenó a Agustín Farabundo Martí y a los líderes estudiantiles Alfonso Luna Calderón y Mario Zapata a morir fusilados en el Cementerio General de San Salvador, previo traslado desde sus celdas en la Penitenciaría Central. Allí cayeron, bajo las balas asesinas del pelotón de fusilamiento, con la dignidad de los héroes revolucionarios, Farabundo Martí y sus compañeros.

Según distintos historiadores el saldo de la rebelión de 1932 fue de entre 5000 a 30.000 muertos. El viernes, 5 de febrero, en El Diario de El Salvador aparece el siguiente titular en primera plana: “Los Cadáveres Sepultados a Escasa Profundidad son un Peligro para la Salud. Los cuervos, cerdos y gallinas los desentierran para luego devorarlos”. Y sigue la macabra crónica: “Actualmente en el departamento de Sonsonate y en muchos lugares de Ahuachapán y algunos de Santa Ana la carne de cerdo ha llegado a desmerecerse de tal manera, que casi no tiene valor. Por el mismo camino va la de res y las aves de corral. Todo se debe a que los cerdos comen en grandes cantidades la carne de los cadáveres que en los montes han quedado. La gente, por intimación, se está negando también a comer la carne de res y aves de corral. Desde luego, ellos tienen razón; pero en cambio, esta industria está sufriendo fuertes golpes”. A la oligarquía salvadoreña sólo le preocupaba los “fuertes golpes que estaban sufriendo los empresarios”.

Sheila Candelario, en su obra Patología de una insurrección; la Prensa y la matanza de 1932, cita el siguiente comentario: “El alzamiento del 32 dejó profundas huellas en la conciencia de todos los salvadoreños. La población india prácticamente dejó de ser la misma como resultado de la matanza, sobre todo porque de ahí en adelante existió el temor de mostrarse como ‘indio’. El idioma, la vestimenta y las costumbres de los indios pasaron a ser formas peligrosas de identificarse y fueron reemplazadas por otras menos evidentes…”.

Farabundo Martí vive hoy en la lucha del pueblo salvadoreño. Revolucionario cabal, patriota de la Patria Grande, salvadoreño, centroamericano y latinoamericano caribeño, Farabundo es un ejemplo de constancia, sacrificio y solidaridad. Allí está él, junto a Sandino, Bolívar, San Martín, Morazán, Artigas y tantos otros. Es seguro que, en el próximo triunfo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, se lo verá a él, confundido y alegre con el pueblo salvadoreño, festejando, sonriendo y también dispuesto a comenzar nuevos combates. Porque como bien dijo el poeta cubano: “Y colosal se eleva y borda con mil estrellas Farabundo”.

Los más violentos del mundo


José Manuel Valiñas

Los países más violentos del orbe, por mucho, se concentran en un pequeño pedazo de tierra: justo el que colinda con nuestro país…

El 2 de septiembre de 2009, en Tonacatepeque, un suburbio de San Salvador, el cineasta Christian Poveda recibía dos tiros en la cabeza. Acababa de estrenar su último documental, La vida loca, un testimonio doloroso pero a la vez esperanzador sobre la vida de las pandillas en esas peligrosas calles. Para ello se había ido a vivir con los “mareros” y se había hecho amigo de ellos.

Pero algo pasó: alguien sospechó que estaba hablando con la policía, o bien los líderes de Barrio 18 se enojaron por alguna imagen del video, y fue ultimado (quien se cree que dio la orden desde la cárcel es un líder apodado “El Molleja”). El hecho motivó un escándalo nacional e internacional que culminó con algo que parecía antes impensable: el acuerdo entre las maras y el gobierno salvadoreño para bajar los niveles de violencia. Un acuerdo inadmisible en cualquier otro país: sentarse con los delincuentes para pedirles que por favor cometan menos asesinatos. Pero en El Salvador la muerte violenta no es un fenómeno más, sino una enfermedad endémica que lleva al caos a toda la sociedad.

Hoy en día hay maras en toda Centroamérica, en México y en Europa. A estas hordas de jóvenes se les ha inoculado un odio irracional y una voluntad de matar e incluso, morir. Son, hoy por hoy, el rostro tatuado más sombrío de un pedazo de continente que, por ese mismo factor, se sitúa en la cúspide de la violencia a nivel mundial.

El pacto con las maras para que no se sigan matando entre sí (a cambio de mejoras en sus condiciones carcelarias), ha bajado la desquiciante espiral asesina en El Salvador, pero siempre está el peligro latente de que se vuelva a desbordar. Y ni por asomo se constituye en una solución, pues los índices de violencia siguen siendo muy superiores que en prácticamente todas las demás regiones del mundo, con el agravante de que siguen creciendo cada año.

Un vecino de El Salvador (y de México) es el lugar más peligroso del planeta, según el reciente informe sobre homicidios de la Organización de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC). Se trata de Honduras, y lo peor de todo es que no es ninguna novedad. Ya lo había sido en años anteriores.

Honduras, El Salvador, Guatemala y ahora Venezuela, son unos habituales en estos informes. Superan por mucho a los países que años antes se llevaban el ranking, como Sudáfrica, República del Congo o Lesotho. Es mucho más seguro pasearse en cualquier calle de alguna ciudad de, digamos, Botsuana o Tanzania, que en Tegucigalpa o San Salvador. Y no se diga Caracas que, por ciudad, es el lugar más peligroso de la Tierra, sólo debajo de San Pedro Sula.

El informe de la ONU abarca 219 países y se refiere a 2012, último año de que se tienen estadísticas. Los países más seguros son Japón, Suiza, Singapur e Islandia, con menos de tres asesinatos por cada 100 mil habitantes, niveles que no sólo han mantenido desde hace décadas, sino que incluso están disminuyendo. En contraste, la región centroamericana registra desde 1950 niveles de cinco a ocho veces más altos de homicidios que en Europa o Asia… y van en aumento. Otro dato es inquietante: más del 50% de las muertes se produjo en países de Centroamérica y el sur de África, donde vive sólo 11% de la población.

“De manera arbitraria”

¿Cuál es el promedio mundial de homicidios? 6.2 por país. Pero en Costa Rica son 8.5, en Nicaragua 11.3 y en Panamá 17.2. ¿En México? En 2008 el número era de 12.2, y esperemos que algún día volvamos a llegar a eso, al menos, porque en 2012 se cerró con 21.5. En otras palabras, los homicidios subieron casi 50% en dos años.

El hecho de que nuestros vecinos sean consistentemente los países más violentos del mundo tiene en parte que ver con la problemática del narcotráfico que ha asolado a México durante años, y que se exporta en alguna medida al sur. Que Centroamérica sea la región con más homicidios lo explica Jean-Luc Lemahieu, director de Análisis de Políticas de la ONUDC, por “la aparición de cárteles rivales” a los tradicionales. Esto es un tema ya conocido: la pulverización de las bandas criminales en cuanto sus cabezas son capturadas o abatidas.

Es cierto que los cárteles se han expandido a Centroamérica por la cada vez más competida lucha en las plazas mexicanas y el ataque frontal del gobierno federal (ahora incluso la vía marítima se ha retomado: los países del Caribe también están envueltos en una dinámica asesina alarmante, según la ONUDC). Pero el mundo de las drogas no explica por sí mismo la vorágine asesina, pues también entran los feminicidios y los homicidios “sin sentido”, que son propios de las naciones que tienen mayores problemas de maras. Lemahieu indica que el problema que reside en Centroamérica “son las bandas”: grupos de jóvenes que asesinan para “defender su identidad de barrio”, en guerras imaginarias contra otros jóvenes con los que no tienen otro problema más que el hecho de vivir en la acera de enfrente.

En otras palabras, se están matando entre sí gratuitamente, sólo por el placer de matar. O, en el mejor de los casos, por seguir a líderes delirantes que se convierten en ángeles de la muerte, arengando a sus pupilos a asesinar casi por deporte.

Esa violencia, dice el experto de la ONU, es diferente a la del narcotráfico, que busca limpiar el terreno “cuando tiene competencia”, pero en general “prefiere operar sin muertes”, mientras que las bandas lo hacen “de manera arbitraria”.

Peor que la guerra
El estudio no tomó en cuenta los países en guerra, pero en algunas naciones los índices superan a los que se registran en conflictos armados. De los 21 homicidios que tiene México saltamos a los 39.9 de Guatemala, a donde se han ido a establecer, por cierto, algunos cabecillas de los Zetas, dado que aquí han visto minada su actividad. El Salvador sigue en la lista con la nada halagüeña cifra de 41.2 asesinatos por cada 100 mil habitantes, y después Belice, con 44.7. De ahí hacemos un viaje a la terrible cifra de Venezuela: 53.7. Por último, al pavoroso número de Honduras: 90.4.

El informe de la ONU se centra en países, pero por urbes, también de manera reciente el Consejo Ciudadano, una ONG abocada al análisis de estas cifras, presentó su ranking respectivo a 2013. Una sola ciudad en el mundo concentra 187 homicidios: San Pedro Sula. La más violenta de todas, por mucho: ahí se cometen más asesinatos, comparativamente, que en toda Europa. El segundo poco honroso lugar lo ocupa Caracas, con 132 homicidios, y después viene Acapulco, con 113, demostrando el fracaso de todas las administraciones de ese puerto, las anteriores y la actual de Luis Walton (hace falta recordar cómo se rasgaron las vestiduras esos inútiles políticos cuando les quitaron la sede del Tianguis Turístico).

Con todo, hay cosas positivas en estos informes, y ejemplos a seguir. El principal es el de Colombia, que ha reducido drásticamente la violencia y ha cambiado el infame renombre de su marca-país, gracias a las acciones tomadas por el ex presidente Álvaro Uribe. El que antes fue un estado cuasi fallido por el narco y las guerrillas acostumbradas a asesinar y a secuestrar ciudadanos, ha venido bajando, desde hace 11 años, cada vez más el índice de muertes violentas, “debido a la cada vez mayor eficacia de la policía y no como resultado de la negociación con criminales”, anota Consejo Ciudadano.

El otro caso de éxito, aunque sea preliminar, es el de Ciudad Juárez, la ciudad más peligrosa del mundo de 2008 a 2010, y que, gracias a la combinación de organización ciudadana, con una nueva policía local que sí funciona, más la intervención federal, obtuvo ya para 2011 el segundo lugar del ranking y el 19 en 2012. Ahora ocupa una mucho mejor posición: la número 37.

De las 50 ciudades de la lista de las más violentas del mundo, nada menos que 46 se encuentran en el continente americano, y 41 específicamente en América Latina, lo que está en línea con el estudio de la ONU. Las únicas que no están en la región son cuatro localidades de Estados Unidos y tres de Sudáfrica.

Como apuntábamos, toda esta violencia sucede no en países donde hay guerra, y tampoco necesariamente en los de mayor pobreza y desigualdad, sino en donde falta la aplicación del estado de derecho y un mínimo de solidez institucional.

A tomar nota
En México lo que Consejo Ciudadano advierte es que, si bien ha bajado el número de homicidios, en algunas entidades se están manipulando las cifras. Esto se advierte cuando se cotejan los datos que brindan los gobiernos locales con los del INEGI. México ya no tiene la ciudad más violenta del mundo, pero aún cuenta con varias urbes en el ranking de las 50 con más asesinatos, y habría que ver con qué nivel de transparencia están informando los virreyes-gobernadores en sus entidades.

Al recibir el Premio Cervantes a finales de abril, Elena Poniatowska recordó, certeramente, que no debemos de bajar la guardia en el combate a la barbarie. “El pasado 13 de abril, dos mujeres fueron asesinadas de varios tiros en la cabeza en Ciudad Juárez”, acotó. “Una de 15 años y otra de 20, embarazada. El cuerpo de la primera fue encontrado en un basurero”. Sí, no estamos ya en los primeros números de violencia, pero esas escenas dantescas se siguen sucediendo, por lo que las autoridades deben tomar nota y nunca más bajar la guardia.

jueves, 29 de enero de 2015

Revolución del 32 y dictadura


Armando Briñis Zambrano

Voces

 Apenas había asumido el poder el general Maximiliano Hernández Martínez, cuando en enero de 1932, se produjo una insurrección popular donde indígenas y campesinos del occidente del país, jugaron el papel más importante y destacado.

El PCS es un partido nacido y conformado en el influjo revolucionario del triunfo de la Revolución Bolchevique Rusa de 1917. Para el año 1932 estaba conformado por un núcleo consolidado, pero pequeño de intelectuales y estudiantes universitarios y tuvo un rol limitado en la insurrección, lo cual no demerita de ninguna forma el trabajo de la organización dentro de los sindicatos de trabajadores, estudiantes e intelectuales de izquierda o progresistas, dentro de las fuerzas armadas y los propios campesinos y jornaleros indígenas y mestizos.

No obstante las masas que participaron en la insurrección fueron mayoritariamente indígenas. Este es un elemento muy importante a destacar, valorado por historiadores salvadoreños y no salvadoreños, como la continuidad de la lucha de resistencia indígena iniciada por Anastasio Aquino, cacique de los Nonualcos. En momentos históricos donde confluyeron y se interrelacionaron, procesos internos vinculados a la dictadura oligarca de las grandes familias cafetaleras, la resistencia indígena salvadoreña y de sectores populares e intelectuales y a la vez procesos externos afines, especialmente la Crisis Cíclica del Sistema Capitalista de 1929-33 y sus consecuencias catastróficas para la economía capitalista salvadoreña, deformada y dependiente de los precios internacionales del café.

Para finales de 1930, la paga en las haciendas consistía en dos tortillas y dos cucharadas de frijoles salcochados al inicio y al final de la jornada. Como agravante, las fichas (monedas locales) con que se pagaba en las haciendas, solo podían ser cambiadas por productos en la tienda que pertenecía al mismo dueño que el cafetal, especie de monopolios locales. Se calcula que la alimentación en la época para un jornalero no sobrepasaba el costo de $0.01 aldía, por lo cual los beneficios de los hacendados eran extraordinariamente considerables. De hecho, para 1924, la producción total de café variaba entre 32 y 53 millones de kilogramos. El precio por cada quintal (46 kilogramos), oscilaba entre 42.55 colones; el cálculo de costos de producción para un quintal era de 13 colones, de los cuales dos iban a las manos del trabajador, uno a las arcas del Estado, uno a los vendedores de insumos y nueve a los grandes hacendados .

El valor que el hacendado daba al trabajador era bajísimo, según lo declarado el 5 de febrero de 1932 por el encargado de la delegación estadounidense en San Salvador, W. J. McCaffrey, en una carta dirigida hacia su gobierno explicando la situación salvadoreña, donde expresaba que un animal de labranza tenía más valor que un trabajador porque la demanda era alta y su valor comercial dejaba mejores dividendos.

La zona occidental estaba altamente poblada por indígenas de origen pipil, los cuales fueron sistemáticamente apartados del escaso progreso económico e intentaron obtener ayuda a través de su jerarquía tradicional de las autoridades locales y nacionales. Señalamos que pese a que las leyes no concedían ninguna prebenda o reconocimiento oficial a los caciques, los indígenas respetaban y obedecían su autoridad. Por otro lado, gobernantes de turno habían buscado el acercamiento a estos líderes comunales para obtener el apoyo de sus gobernados en elecciones, por lo que tenían alguna posibilidad de ser escuchados por las autoridades.

Para enfrentar la crisis económica, los indígenas se habían organizado en asociaciones de cooperación, mediante las cuales se brindaba empleo a los miembros de su comunidad que no lo poseían. Los encargados de dirigir dichas asociaciones eran los caciques, quienes representaban a los desempleados ante las autoridades y supervisaban el trabajo realizado.

Feliciano Ama, por ejemplo, era uno de los caciques más activos y estimados por la población indígena; había hecho gestiones de ayuda económica con el presidente Romero a cambio de la colaboración en su candidatura. Por otro lado, la crisis se agudizaba por el conflicto permanente entre las poblaciones indígenas y los habitantes de la zona que no pertenecían a su etnia. Aparentemente las poblaciones de “no indígenas” estaban mejor relacionadas con las urbes gubernamentales, por lo cual, cuando ocurrían revueltas o enfrentamientos, el ejército arrestaba a los líderes indígenas y se les condenaba generalmente a muerte.

Tras diversas acciones de rebelión militar, el presidente Arturo Araujo fue derrocado y sustituido por un supuesto “Directorio Cívico”; anterior a la llegada al poder del General Maximiliano Hernández Martínez en diciembre de 1931, la cual marcó el inicio de lo que se conoce como “dictadura militar”.

La gestión de Hernández Martínez se caracterizó por la severidad de sus leyes y de sus juicios. La pena por robar era la amputación de una mano, por ejemplo. Martínez fortaleció los cuerpos de seguridad y se mostró especialmente violento en materia de revueltas, decretando la muerte para cualquiera que se levantase contra el régimen.

Paralelamente a los conflictos entre indígenas y campesinos por una parte, terratenientes y autoridades por otra; la actividad del PCS, el Socorro Rojo Internacional y sus sindicatos, se extendieron al reparto de panfletos, inscripción de nuevos miembros y realización de concentraciones. Las actividades se vieron alimentadas por la frustración de las ofertas no cumplidas de gobiernos y partidos políticos.

Los líderes comunistas, dirigidos por Agustín Farabundo Martí, construyeron una organización política que, si bien carecía de una estructura bien definida, lograba obtener la simpatía de parte de la población, al llevar al plano político las necesidades más sensibles de los sectores menos protegidos de El Salvador. Tras el golpe de Estado de 1931, el PCS multiplicó su accionar en todos los sentidos.

Apuntamos que los procesos electorales de la época estaban sometidos a severas presiones de los sectores del poder, puesto que para inscribirse en el padrón electoral había que declarar ante las autoridades la intención de voto, práctica que coartaba una verdadera participación democrática, sembrando el miedo entre los electores y favoreciendo a los candidatos oficiales. Tras los comicios, las acusaciones de fraude crecieron a tal punto que llevaron a la directiva comunista a valorar la vía del levantamiento como forma de lucha.

Se planeó el levantamiento para mediados de enero de 1932, incluyendo en el plan a militares simpatizantes de la causa comunista, pero antes del alzamiento, la policía arrestó al líder del PCS, Farabundo Martí (designado por la dirección del partido como el conductor militar del rebelión), y a los dirigentes de agrupaciones estudiantiles universitarias, Alfonso Luna y Mario Zapata, decomisándoseles documentos que probaban los planes de insurrección, los cuales fueron usados posteriormente en juicios militares.

Es en esta situación que los indígenas del occidente se alzaron contra el régimen, única salida a sus extremas condiciones de vida, el robo de sus tierras y represión; coincidiendo en fechas con los sucesos antes relatados. Tras los eventos de finales de enero, Farabundo Martí, Luna y Zapata fueron sometidos a un consejo de guerra y condenados a muerte, siendo ejecutados el 1 de febrero de 1932.Martí, Zapata y Luna fueron fusilados frente a los muros del cementerio de. San Salvador. Martí no permitió que le vendaran los ojos y su último grito fue: “Viva el Socorro Rojo Internacional”.

El levantamiento campesino
En las últimas horas del 22 de enero de 1932, miles de campesinos en la zona occidental del país se alzaron en rebelión contra el régimen. Armados principalmente de machetes atacaron las haciendas de los grandes terratenientes y varios cuarteles, obteniendo el control de algunas poblaciones como Juayúa, Nahuizalco, Izalco y Tacuba. Por otro lado, cuarteles como los de Ahuachapán, Santa Tecla y Sonsonate resistieron el ataque y rechazaron el asalto.

Existen versiones en extremo divididas de los hechos y si muy pocos relatos de los sobrevivientes de la rebelión en especial de los indígenas insurgentes, luego de la masacre del ejército y fuerzas auxiliares. Los medios de difusión de la época, igual que hoy en manos de los explotadores, se dieron a la tarea de magnificar el ataque a la sacrosanta propiedad privada y las supuestas acciones vandálicas sobre poblaciones enteras. El análisis de la situación asegura que el motivo fundamental de los eventos fue el levantamiento contra un régimen brutal de explotación, por tanto, cualquier acto de ataque a la propiedad privada, son hechos colaterales y aislados de las causas y objetivos del movimiento campesino en general.

La otra polémica acerca de aquel levantamiento se vincula a la relación entre los campesinos y el PCS. La coincidencia temporal de ambos eventos y la similitud de las causas de cada uno pueden hacer pensar que estaban vinculados e incluso, coordinados. De cualquier manera, el gobierno no hizo distinción entre uno y otro movimiento, por lo cual actuó de la misma forma en ambos casos: represión y ejecuciones masivas.

Siendo evidente que el apresamiento antes de la sublevación, y posterior fusilamiento de Farabundo Martí, dio al traste con los planes de levantamiento de los comunistas y sus seguidores. Al respecto las palabras de Miguel Mármol nos ratifican esta situación “…la insustituibilidad del Negro (Farabundo Martí) fue de seguro una de nuestras mayores debilidades…”

Los cadáveres apilados en la calle fueron un cuadro común en aquellos días; pese a los esfuerzos por aproximarse a una cifra fidedigna de fallecidos en las setenta y dos horas posteriores al levantamiento, no puede asegurarse un número en concreto, aunque varios historiadores coinciden en que fueron alrededor de veinticinco mil personas muertas , la inmensa mayoría indígenas fusilados. Aquellos que sobrevivieron pero fueron capturados, se sometieron a juicio y acabaron inevitablemente condenados a muerte.

Después de la rebelión, fue ahorcado el líder campesino Francisco Sánchez, mientras que su homólogo, Feliciano Ama, fue linchado y colgado luego su cadáver en presencia de los niños de una escuela.

En los alrededores de Izalco, a todos los que se les encontró portando machete, a todos aquellos que tenían fuertes rasgos de raza indígena o que vestían trajes indígenas, se les acusaba de subversivos y eran encontrados culpables. Para facilitar la tarea de los cuerpos de seguridad, se invitó a todos aquellos que no habían participado en la insurrección a que se presentaran a la comandancia para obtener documentos que les legalizaban como inocentes. Cuando llegaron fueron examinados, y los que presentaban las características indígenas, fueron apresados, siendo fusilados en grupos de cincuenta en el muro de la Iglesia de la Asunción. En la plaza frente a la comandancia, varios fueron obligados a cavar una tumba común, a la cual fueron arrojados tras ser ametrallados. Las casas de los encontrados culpables fueron quemadas y sus habitantes sobrevivientes fueron ametrallados.

Con relación a las comunidades indígenas, los acontecimientos trajeron consigo el exterminio de la mayoría de población hablante del náhuatl, lo cual ha influido en la pérdida casi total de dicha lengua en El Salvador. Las poblaciones indígenas abandonaron muchas de sus tradiciones y costumbres por temor a ser capturados. Muchos de los indígenas que no participaron el levantamiento manifestaban no comprender el motivo de la persecución gubernamental. La vestimenta y muchas de las costumbres indígenas se fueron reemplazando para no ser víctimas del conflicto.

Desde 1932 la oligarquía salvadoreña depositó el poder político en el ejército por lo que el país estuvo regido durante más de 47 años por gobiernos militares.

Para un mejor amor


Roque Dalton


Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.

Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el final del mes).

Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.
Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.

Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no del sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm,
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.
Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.

Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no del sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm,
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.

Roque Dalton García (1935-1975): poeta, ensayista, narrador, dramaturgo, periodista y revolucionario salvadoreño. Fue asesinado el 10 de mayo de 1975 por su posición política. Hoy día es un mártir de la lucha revolucionaria salvadoreña y latinoamericana, y poeta de fama internacional.

miércoles, 28 de enero de 2015

Dalton y la reescritura de la historia de la independencia



Foto: Archivo Digital Roque Dalton


Dr. Rafael Dueñas (*)


Una tésis del académico Dr. Rafael Dueñas sobre el trabajo de Roque Dalton y la reescritura de la historia de la independencia

Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook

Dalton y la reescritura de la historia de la independencia


No es necesario jurar que lo que narré

es un hecho realmente ocurrido…

“Dos retratos de la patria”


            Debido a la canonización de ciertos moldes epistemológicos, uno de los problemas más atacados por la crítica contemporánea es hablar directamente sobre la construcción de una nación a través de los presupuestos ofrecidos por la historia. De hecho, casi siempre cuando se hace un análisis crítico los términos “nación” e “historia” parecen luchar entre sí para luego pasar a ser parte de aquellos vocablos que son substituidos y referidos únicamente de forma indirecta.


            De antemano hay que decir que, de acuerdo con lo dicho, este ensayo es una paradoja. Primero, con él se desmonta la idea de que ésta es la historia salvadoreña; la historia “oficial” como luego veremos. Segundo, contradice algunos presupuestos del autor que busco analizar: Roque Dalton y la reescritura de la historia salvadoreña. A medida se vaya desarrollando el tema se harán obvias las contradicciones que nacen sin que casi siempre se tenga una respuesta satisfactoria a las circunstancias propuestas por Dalton.


            La re-escritura de la historia salvadoreña por parte de Dalton está proyectada en dos planos que por lo general se confunden: el historiográfico y el estético. El primero se refiere a los eventos ocurridos y que son trascritos como historia; donde el mito, siempre entendido como contrario a la historia, forma parte de todo el sistema epistemológico. El segundo toma matices no solamente ideológicos sino también creativos debido a que dentro de éste la historia se convierte en un juego que tiene que descifrar el sujeto histórico: el lector, individuo que como veremos luego es un “sujeto imaginado” que funciona como un lector potencial (normalizado) para la desvelada nación.


            ¿Por qué re-escritura? Prefiero utilizar este término debido a que éste implica la exposición de un doble plano de representación. El prefijo revela una suerte de “restitución” de la base, en este caso la ya escrita historia salvadoreña. Además, implícita está la negación de la base sobre la cual se ha escrito la historia salvadoreña. Por otra parte, también implica estar consciente de ella para poder derivar “Otra” historia: aquélla no dicha por miedo a represalias por parte del sistema establecido. La re-escritura de la historia salvadoreña es entonces, el desvelo de años de “historias prohibidas” por parte de los grupos de familias que se han apropiado del poder político y económico. Así para Dalton, la reescritura es la historia de la cultura salvadoreña.


            Como mencioné anteriormente, con Dalton las contradicciones se vuelven parte del sistema hasta el punto de que se resisten a cualquier encajamiento teórico. Sobre esto nos advierte Javier Alas que “el opus poético de Roque Dalton, y por ello, Roque Dalton mismo, ofrece resistencias a cualquier anagnórisis” (14). La resistencia a la teoría es un elemento esencial para cualquier análisis de su obra y persona, por lo que se puede señalar que el elemento generador de esa combinación es la contradicción. Bajo este planteamiento, ¿cómo lleva él a cabo su proyecto de reescritura de la historia salvadoreña?
            En Las Historias Prohibidas del Pulgarcito, Dalton escribe que “no existen los «misterios de la Historia»,” puesto que solamente

existen las falsificaciones de la Historia,
las mentiras de quienes escriben la historia. (212)

Con esa declaración él propone que “las historias prohibidas” se reescriban como “las verdades” de la historia salvadoreña. Leonel Menéndez advierte que el proyecto de Dalton es “de(s)velar las mentiras de la historia, desenmascarar los mitos fabulados por los voceros de las clases dominantes y sus aliados” (Recopilación, 437). Su rebeldía le nace al darse cuenta de que los voceros de la historia oficial “prohíben” que ciertas verdades sean dichas y escritas. Muchas veces insistió en que nacimos bajo el seno de una gran mentira, la cual se inventó para cubrirle el rostro a la conciencia histórica de los individuos que forman la cultura pulgar salvadoreña. A través del encubrimiento se ha logrado desfigurarle la identidad cultural al sujeto social salvadoreño, objetivo que se plantearon conscientemente los rectores del poder de las clases dominantes.


            Un elemento crítico que debe considerarse sobre la obra de Dalton (especialmente su poética) es que nos ha ayudado mucho a todos en el planteo de los problemas sobre nuestra identidad cultural salvadoreña. De hecho, me gustaría rescatar la valiosa reflexión de John Beverly, quien ha visto en la obra de Dalton “la creación de una cultura nacional popular” (Citado en Otros Roques, 24). Por otra parte, deseo alejarme de la persistente asociación de querer vincular lo popular con la izquierda guerrillera, ya que Dalton tampoco se arraigó fielmente a los credos de ésta. Prefiero pensar que, a diferencia de muchos de los escritores latinoamericanos de su tiempo, él tiene como proyecto desvelar la identidad cultural que ha sido enmascarada por las mentiras de la historia escrita por la oligarquía naciente del colonialismo. Esa “identidad” sólo será desvelada, nos asegura Dalton, “cuando se escriba la verdadera historia de nuestra cultura” (Las Historias Prohibidas, 110). Para explicar su posición hablaré de la formación de El Salvador desde los movimientos de independencia al inicio del siglo XIX y cómo él rastrea esa identidad desde esos movimientos, ilegitimando la fachada hueca que se ha impuesto por sobre “la verdadera historia de nuestra cultura.”


            Dalton, en su monografía El Salvador se pregunta, “¿cuáles son los orígenes del pueblo salvadoreño? ¿Qué características especiales tuvo El Salvador, la conquista y la colonización española? ¿Cómo luchó el pueblo salvadoreño contra el dominador español? ¿Cómo obtuvo su independencia y cómo consolidó la república?”(9). Quiero proponer que su proyecto de reescritura, que viene a ser “la verdadera historia de nuestra cultura,” se puede dividir en tres partes. Primero, una crítica colonial que constituye la identidad cultural a través de los grupos étnicos que radicaban en la zona cuzcatleca. Segundo, una crítica neocolonial que postula una revisión general del desarrollo de la independencia bajo la cual se puede descubrir cómo la oligarquía se consolidó explotando al pueblo trabajador. [1] Por último, una crítica imperial derivada de su crítica al neocolonialismo que tiene como fin desvelar cómo Estados Unidos pasa a ser la nueva señora de las tierras cuzcatlecas, y por qué no decirlo, del mundo.


            Aunque la referencia a la formación de una identidad cultural desde sus raíces indígenas, y por ende la construcción de la sociedad salvadoreña, es persistente en la obra de Dalton, su presencia es más de enunciación que de postulación. De hecho, su insistencia sobre una problemática indígena dentro del contexto cuzcatleco nace de su crítica al colonialismo, y no para sobresaltar algún problema en específico, puesto que en su crítica él señala que durante este período “los indios de El Salvador se encuentran sometidos como el resto de la población rural y suburbana a la más inicua explotación” (El Salvador, 17-18). Por esto mismo, y como veremos más adelante, “no existe, pues en El Salvador un problema indígena específico... (lo que) existe simple y dramáticamente (es) el anacrónico atraso y subdesarrollo que impone la estructura semifeudal”(Ibid) que nace con la conquista y se implanta con el neocolonialismo.


            Dalton utiliza el tema de los indígenas para resaltar el espíritu de lucha que éstos presentaron durante el tiempo de la colonización y la neocolonización, para luego pasar a ser explotados por el aparato político y económico de los terratenientes, bajo la cobija del imperialismo estadounidense. Fernando Heredia afirma que su aporte debelador radica en que a través de la exposición del indio, Dalton “saca a luz el elemento tan principal de la cultura nacional que es la rebeldía popular” que siempre nos ha caracterizado como identidades culturales (Recopilación, 178). Esta idea la podemos ver claramente cuando leemos las cartas que Dalton cita textualmente de don Pedro de Alvarado, conquistador bajo las órdenes de Cortés, nombre(s) que cuando se prenuncia(n) “sólo existe, digámoslo, el miedo” (Los Testimonios, 75). Al citar las cartas se puede apreciar la capacidad creativa de Dalton debido a que toma un texto “oficial” y es capaz de transgredir el espacio que prohíbe que se sepa que, antes de ser derrotados por el sistema colonial, los pipiles lucharon tenazmente por no doblegarse al proceso de evangelización.
            A través de la violencia que resistieron los aborígenes, Dalton quiere demostrarnos que

Los Pipiles
que no comprendieron la cruz y la cultura más adelantada
y no quisieron agachar la cabeza frente a la Corona de España
y se alzaron en la sierra con las armas en la mano
contra el conquistador.
...
se negaron a coexistir pacíficamente con el Encomendero
en el seno de las encomiendas y los repartimientos.
                                                                                                  (Poemas Clandestinos, 98)

De esa manera, el salvadoreño, desde lo más profundo de sus raíces culturales, no se da a vencer, pues históricamente siempre ha luchado en contra de aquello que lo oprime. Leonel Menéndez señala que en sus textos podemos ver cómo Dalton insiste en que “el pacifismo y el legalismo son otras de las armas que no pueden” seguir utilizándose para explotar al pueblo; de otra manera, siempre “termina ganando la oligarquía” (Recopilación, 436). Debido a que en El Salvador la oligarquía siempre ha apaciguado la “resistencia” exaltada por el pueblo, él propone que “deberían de dar premios de resistencia por ser salvadoreño” (Las Historias Prohibidas, 216). Es por medio de la huella de la resistencia que se puede aseverar que la historia oficial ha mitificado al salvadoreño como un “sujeto pacífico,” sublevado al sistema que le ha enseñado a ver sus desgracias como algo providencial. Además, bajo ese mito Dalton encuentra que al salvadoreño se le ha hecho creer que la naturaleza ha destinado el futuro: su desgracia es obra de Dios.


            El tema de la religión es una fuente de crítica incesante que Dalton utilizará para “desmentir” e ilegitimar el proyecto de independencia ocurrido en El Salvador. En su crítica podemos observar que el aparato eclesiástico, durante las insurrecciones que culminaron con la independencia, no sirvió más que como un instrumento “adormecedor de las rebeldías indígenas” (El Salvador, 34). Su propuesta nos lleva a especular sobre el dominio que tenían los de la iglesia debido a que él encuentra que “la conciencia de las masas rurales y urbanas era deformada a su antojo por la Iglesia Católica... (De hecho) el papel... que los frailes jugaron en la época de la conquista se desarrolló, se amplió y se sistematizó en la época colonial hasta cubrir, con su acción, a todos los sectores explotados por el imperio” (El Salvador, 33-34).


            A diferencia de la historia oficial aquella que nos han hecho creer los voceros de las clases dominantes– Dalton quiere demostrarnos que si la independencia se llevó a cabo fue debido a que el pueblo propuso independizarse del poder colonial que le explotaba constantemente con sus extremos impuestos [2] . Para Dalton, “el proceso de la independencia –independencia de España –estuvo impulsado en El Salvador por las grandes masas populares. La obra de los “próceres de la independencia” ...estuvo dirigida en muchos casos a hacer prevalecer los intereses de los sectores criollos y mestizos económicamente privilegiados sobre los intereses del pueblo” (El Salvador, 39). Importante aquí es señalar cómo Dalton se detiene metódicamente a decir “independencia de España,” haciendo evidente que su posición en cuanto a “independencia” es que ésta nunca se llevó a cabo como lo ha planteado siempre la oligarquía a través de su cultura burguesa. Para explicar lo antes dicho es esencial comprender que su análisis parte de la crítica que hace a la imagen de los próceres impuesta por la oligarquía, desmitificándola al recalcar constantemente que éstos se han convertido en “santones” impuestos por la cultura burguesa [3] .


            Al analizar el “primer grito” de la independencia Dalton parece contradecir su crítica, ya que directamente nos habla de los movimientos de emancipación de la península a partir de 1811. La razón es que de tal fecha a Dalton le interesa rescatar ciertos elementos claves. Entre ellos que la mayor parte de las veces los próceres nada más sirvieron para apaciguar los deseos de independencia del pueblo, colectividad sobre la cual tenían gran influencia. También, los próceres eran grandes terratenientes, la mayoría de ellos “ligados a los intereses añileros” (El Salvador, 39). Además, siendo parte de la Iglesia, los próceres no hicieron más que “cubrirle” los ojos al pueblo, engañándoles sobre sus verdaderas intenciones de independencia. Por último, con el resquebrajamiento del poder por parte de la Corona española, las fuerzas que reemplazan a ésta son Gran Bretaña y Estados Unidos, y la que al final llega a regir el poder económico y político está hacia al norte del istmo, intensificando los perennes problemas económicos que ya afectaban a la naciente cultura nacional.


            La historia oficial propone que durante los levantamientos ocurridos en 1811, “rumores” que circulaban de que el presbítero José Matías Delgado [4] sería asesinado llevaron al pueblo a rebelarse. Sin embargo, citando el documento La Verdad [5] , Dalton argumenta que durante los levantamientos ocurridos entre los meses de noviembre y diciembre de ese mismo año, “el papel del cura Delgado, de Arce y de los demás conocidos próceres fue, por el contrario, de apaciguamiento y meditación.... (que) los próceres hicieron todo lo que estuvo dentro de sus capacidades para apaciguar a las enardecidas masas capitalinas” (El Salvador, 41). Con semejante acción lo único que lograron hacer los próceres fue hacerles un disfavor a quienes tenían plena esperanza en la independencia: indios, mestizos, mulatos y los pocos negros que residían en el área.


            Por innovador que parezca Dalton, muchas veces su análisis prosaico se estanca en la retórica de su discurso crítico; no obstante, ese obstáculo lo transgrede postulando una poesía fuera del canon lírico del momento. Un ejemplo de su “insuficiencia prosaica” se puede encontrar en el análisis que hace de la dictadura de los chapetones. Al igual que la oligarquía, él la califica como “la segunda intentona” por independizarse de la península. Como ya esboce en otro ensayo, esta segunda intentona es antecedida por otras dos, lo cual significa que Dalton no sólo falla en desvelar el espacio previo a 1811, sino también que con su indiferencia sedimenta las mismas mentiras que buscaba erradicar. El problema de 1814 surge debido a que se había redactado una proclama que luego fue quemada, por don José de Bustamante, en una plaza de la provincia de San Salvador. La confrontación se entiende como el momento en que los criollos y los chapetones se disputan el poder político colonial; poder íntimamente ligado al económico. De cualquier manera, el movimiento surgido que buscaba fines inmediatos se reduce a que los criollos son los héroes de aquel evento, ya que aunque fueron derrotados en ese entonces, fueron ellos quienes redactaron y lucharon en el momento necesario.


            A pesar de la contradicción existente en el seno de la crítica que Dalton hace, también se puede encontrar que él propone que el 24 de enero de 1814 ocurre algo distinto que es necesario desvelar para que la verdad de aquel evento sea reconocida por la historia oficial. Debido a la incomunicación que había entre los chapetones, el 2º alcalde de San Salvador, Pedro Pablo Castillo [6] , logró reclutar dentro del pueblo a explotados indígenas y mestizos que armados “con piedras, garrotes, machetes y otros instrumentos parecidos” (El Salvador, 42), fueron destacados en puntos estratégicos de la ciudad de San Salvador. El alzamiento fracasó debido a que hubo quienes no se sentían preparados para llevar a cabo la independencia, y por tanto, desertaron para luego seguir viviendo dentro del mismo sistema explotador que les había oprimido hasta ese entonces.


            Es necesario preguntarse, ¿por qué desistieron en aquel momento en que ya se había organizado la revuelta? Dalton una vez más nos advierte sobre el papel que jugaron los próceres de la independencia durante éste evento. Citando el texto La Verdad, él indica que “el prestigio que Arce, Celis, Rodríguez y demás próceres, tenían entre las masas, les permitió convencer a la mayor parte de los hombres de Castillo, logrando así desmontar la insurrección, cuanto estaba apunto de producirse” (El Salvador, 44). De esa manera, “Pedro Castillo y los comuneros de 1814,” que se habían alzado “contra los opresores del pueblo” (Poemas Clandestinos, 98), fueron perseguidos hasta ser arrojados en los calabozos de la insurgente ciudad de San Salvador. Con la derrota, las exigencias de liberación de los presos políticos demandas por Castillo, y el desarme de los “voluntarios” pertenecientes a la Guardia Civil española, se postergaron una vez para ser debatidas años más tarde.


            De acuerdo con Dalton, la única esperanza de vida que tuvo nuestra cultura de ser independiente ocurrió en 1821, pero también murió en ese mismo año. Tal fecha resulta enigmática para cualquiera acostumbrado a escuchar “las mentiras de la historia oficial.” Dalton, quien había examinado cuidadosamente los textos escritos por “los voceros de las clases dominantes y sus aliados,” encuentra que la historia de ese evento es mucho más que enigmática, debido a que bajo los vítores y aclamaciones de “viva la independencia” habían otros motivos que los criollos buscaban instituir. “Fue fácil distinguir las demandas específicas de cada sector de la sociedad colonial salvadoreña,” (36) explica Dalton en su monografía. Por ejemplo, en el Ayuntamiento de San Salvador se plantearon demandas que coincidían directamente con los intereses de los criollos: “monarquía constitucional; organización democrática de los criollos y peninsulares; supresión de privilegios a los peninsulares” (Ibid).


            No es difícil deducir que a través de sus demandas los criollos buscaron incorporarse “al nivel de la clase dominante y explotadora peninsular” (Ibid). Utilizando el aparato político colonial, los criollos cómodamente bajo la proclama de la independencia querían que los peninsulares les dejaran incorporarse al sistema, para con ello poder pasar a explotar económicamente a los mestizos e indios de la zona. Cansados de que el aparato económico “colonial (pesara) más que nunca sobre los hombros de los criollos y mestizos” (El Salvador, 35), los criollos poco a poco fueron desplazando el poder colonial hacia sus manos instalándose, diría Dalton, como burguesía nacional. Dentro de ese traspasó de poder político y económico no hay duda que los más perjudicados fueron los indios, ya que “tenían encaramados en la nuca a los peninsulares, a los criollos y a los mestizos, e incluso (aunque no mucho) a los pocos negros y mulatos que se habían aclimatado en el país” (Las Historias Prohibidas, 178). Las demandas hechas por los criollos no eran más que fórmulas que buscaban explotar directamente a los indios, mestizos, y pocos negros y mulatos de la región. Dalton nos dice en su monografía que “el régimen colonial español hizo que la población indígena quedara completamente sometida al conquistador,” por lo que “de dueño y señor de sus tierras y países, pasa a ser una paria miserable, considerado un animal, un generador de fuerzas de trabajo” (30). De esa manera, la “discriminación social durante la época colonial” (Ibid) que sufrió el indio se extendió rápidamente hacia todos aquellos que pudieran servir como fuente de trabajo, mas luego con el neocolonialismo, esa discriminación social se convertirá en explotación económica. Por otra parte, a lo de ascender a las clases explotadoras algunos mestizos no fueron tampoco inocentes, puesto que “los sectores mestizos más advertidos o sea los más desarrollados económicamente, intentaban también asimismo pasar a compartir la explotación” (El Salvador, 37).


Dr. Rafael Dueñas (*): Colaborador de ContraPunto

LAS DIEZ RAZONES POR LAS QUE NO PUEDE CERRARSE LA INVESTIGACION SOBRE AYOTZINAPA

Desinformémonos
PRIMERO
Porque no existe plena certeza científica sobre lo ocurrido en el basurero de Cocula. La PGR dio a conocer hoy que su hipótesis se sostiene en varios dictámenes de química, biología y otros. Dado que es más que conocido que las procuradurías mexicanas son especialistas en fabricar delitos y puesto que reconocidos científicos han expresado dudas sobre esta hipótesis, las familias no aceptarán esos resultados hasta que expertos independientes realicen esos mismos peritajes. En ese sentido, reiteran su confianza en el Equipo Argentino de Antropología Forense y piden que se remuevan todos los obstáculos para que realicen su labor en condiciones óptimas.


SEGUNDO
Porque la declaración de Felipe Rodríguez Salgado, contrario a lo señalado por la PGR, no es determinante para esclarecer lo ocurrido en Cocula pues como se aceptó en la misma conferencia, dicha persona no declaró haber permanecido en ese lugar durante todo el tiempo que supuestamente duraron los hechos.


TERCERO
Porque la información dada a conocer por la Procuraduría depende en exceso de declaraciones rendidas ante Ministerio Público, que fácilmente pudieron ser coaccionados, pues es de todos conocidos que en México la tortura es recurrente. Al respecto, se ha hecho pública información sobre la tortura de algunos inculpados sin que hasta ahora la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) haya intervenido para aclarar estas denuncias.


CUARTO
Porque la PGR ni hoy ni en ninguna otra conferencia ha aclarado como explica en su teoría del caso el cruento homicidio de Julio César Mondragón, cuyo joven cuerpo desollado fue encontrado en las inmediaciones de donde ocurrieron los hechos.


QUINTO
Porque el Estado mexicano, a cuatro meses de los hechos, se ha mostrado incapaz para detener a quienes según su hipótesis serían responsables. El Gobierno Federal no ha podido detener al máximo responsable de la corrupta policía de Iguala, Felipe Flores Velázquez, ni a su cómplice y subalterno Francisco Salgado Valladares. Tampoco ha sido capaz de detener a Gildardo Astudillo, alias el Cabo Gil, personaje a quien la propia PGR asigna gran relevancia en su versión de los hechos. También siguen prófugos 11 de las 15 personas que según la procuraduría estuvieron en Cocula, lo mismo que el líder de Guerreros unidos, Ángel Casarrubias Salgado El mochomo.


SEXTO
Porque la PGR no ha logrado que exista un sólo juicio penal iniciado por el delito de desaparición forzada de personas, siendo que esta es la figura jurídica adecuada para encuadrar los hechos dado que como todo México ha exclamado. En tanto los juicios no se ventilen bajo las figuras legales pertinentes, no puede cerrarse el caso.


SEPTIMO
Porque en el mismo expediente donde obran las declaraciones de los supuestos sicarios de Cocula, se encuentran agregadas las declaraciones de otros sicarios de Iguala que confesaron haber atentado contra los estudiantes no en Cocula sino en Pueblo Viejo y Cerro la Parota.


OCTAVO
Porque en sentido contrario a lo dicho en la conferencia de hoy, solo hay certeza de la muerte de uno de los estudiantes desaparecidos. Esto no implica certeza sobre la muerte de otros ni sobre el lugar donde esto pudo haber ocurrido. En ese sentido, es un error jurídico decir que se ha consignado por homicidio, cuando en realidad de nuevo se consignó por secuestro con la agravante de privación de la vida, lo que técnicamente implica una diferencia relevante.


NOVENO
Porque no se ha indagado la responsabilidad del Ejército, pese a que contrario a lo que afirmó el Procurador, sí hay en el expediente indicios de su complicidad con la delincuencia organizada, pues el policía Salvador Bravo Bárcenas afirmó ante el Ministerio Público que el Ejército sabía desde 2013 que los Guerreros Unidos controlaban la policía de Cocula, pese a los cual las fuerzas Armadas no investigaron a dichos delincuentes, sino que les brindaron protección.


DECIMO
Porque no ha empezado el deslinde de responsabilidades sobre el entorno de corrupción política que desencadenó los hechos del 26 de septiembre. Está pendiente investigar a otros alcaldes, como el de Cocula, así como a otras autoridades del gobierno del estado de Guerrero.


(De la conferencia de prensa de hoy, ofrecida por los padres y madres de los normalistas desaparecidos en Iguala)

martes, 27 de enero de 2015

Los usos políticos del pasado








 Carlos Gregorio López Bernal*
El Faro 


El uso del pasado en función de intereses contemporáneos hace de la historia un campo de recurrente disputa entre diferentes actores sociales. En la creciente publicación de memorias y testimonios de la pasada guerra civil, historia y memoria tienden a confundirse.

El estatuto científico de la historia es tema harto discutido y en el cual no se vislumbran acuerdos posibles. Las posiciones van desde la defensa a ultranza de la cientificidad del conocimiento histórico hasta el desdén de aquellos que ven en la historia solo una forma más de la narrativa. En un término medio (posición casi fatal de los historiadores) están los que plantean que la historia es solo conocimiento científicamente construido, sin pretender más, pero rechazando tajantemente que la historia pueda ser equiparada a la ficción narrativa.

Independientemente del resultado de ese debate, si es que lo hubiera, es indiscutible que hay un consumo social de la historia, y es plausible pensar que la historia tiene una “utilidad” que puede ser desde arraigar la identidad de una sociedad — y a la inversa, desmitificar sus discursos identitarios—, apoyar la formación cívica en el sistema educativo, justificar cierto estado de cosas desde los poderes establecidos, hasta servir de fundamento para reivindicaciones puntuales de diferentes actores sociales. Es decir, en la historia encuentran cobijo y sostén una variedad de agendas. Desde las conservadoras hasta las revolucionarias; desde las más clásicas hasta las más postmodernas.

Hay aquí una dimensión del quehacer histórico que se discute poco en el gremio: los “usos políticos del pasado”, expresión que trata de dar cuenta de cómo diferentes actores sociales recurren al pasado, y a la historiografía, para encontrar argumentos y evidencias que apoyen una agenda de acción del presente. A veces los usos de la historia pueden ser espontáneos y carentes de intención, como cuando alguien dice: “yo recuerdo que…”. Diferente es el caso si al tratar de explicar una situación aparece el: “consideremos los antecedentes”; en tal caso el pasado es importante para entender un problema del presente. Igualmente, las reivindicaciones feministas pueden con toda razón recurrir a la evidencia histórica para demostrar el origen de sus problemas y la validez de sus demandas, que igual tendrían sentido sin el recurso al pasado.

Hay ocasiones en que el pasado se vuelve apremiante. Cuando en los años setenta, la izquierda salvadoreña impulsaba la lucha armada como vía para alcanzar la revolución se hizo común una frase atribuida a Farabundo Martí, el líder de la insurrección de 1932, quien fungiendo como secretario del general Sandino vio interrumpida su burocrática labor por un bombardeo enemigo; la inoportuna llegada de los aviones le hizo escribir: “Cuando la historia no se puede escribir con la pluma, entonces debe escribirse con el fusil,” según relata la biografía por Jorge Arias Gómez. Si se conoce el modo de ser de Martí, resulta difícil imaginárselo escribiendo algo así. A diferencia de Sandino que gustaba de escribir, a Martí le costaba mucho; era casi ágrafo, a tal punto que es casi imposible rastrear y reconstruir su pensamiento. Sin embargo, la frase gustó mucho y venía bien en aquellos para lograr adeptos a la causa revolucionaria.

Pero igual se puede hacer desde una agenda contrapuesta; frente a las voces críticas y anti militares que aparecen cada cierto tiempo, el ejército salvadoreño se arraiga en los orígenes de la república. Las improvisadas fuerzas militares que conformaron la “legión de la libertad”, organizada por Manuel José Arce para rechazar la anexión al imperio de Agustín de Iturbide, se convierten en la piedra fundacional del ejército salvadoreño, al grado que alguien tuvo la ocurrencia de poner en boca de Arce la expresión: “El ejército vivirá, mientras viva la República”. Dos frases de dudosa factura, que apuntalan bien agendas políticas contemporáneas. En ambos casos, el pasado que justifica el presente.

El uso político del pasado no es una novedad; más bien ha sido una constante histórica que pasa inadvertida a fuerza de ser tan frecuente. Es más, podría decirse que ningún poder constituido o por constituirse escapa a esta tentación. Y para ello se valen de una escogencia intencional de ciertos elementos del pasado que les favorecen, los cuales formarán parte de un arsenal discursivo y simbólico al que recurrirán llegado el caso, y que pondrán en escena y remozarán cada cierto tiempo. Ejemplo típico de ello son las efemérides patrias. La celebración de la independencia supone una relectura del proceso independentista a la luz del presente. Los presidentes hacen malabarismos retóricos con tal de enlazar la independencia con su gestión de gobierno y mostrarse como dignos herederos y defensores de la libertad legada por los próceres.

Hay ocasiones en que la narrativa convencional del pasado no favorece los intereses del presente, entonces hay que depurarla, y en casos extremos construir una narrativa histórica alternativa que impugne la dominante. Es lo que hicieron intelectuales de izquierda en las décadas de 1960 y 70. Al canon histórico liberal, le contrapusieron uno de izquierda que pretendía darle más protagonismo a las masas populares, e incluso construyó un panteón de héroes alternativos, como Anastasio Aquino y Farabundo Martí.

La historia está muy relacionada con la memoria, a tal punto que en ocasiones se confunden. Ambas tienen su fundamento en el pasado y ambas proyectan el pasado al presente; asimismo contienen una dimensión individual, pero también tienen sentido colectivo. El problema se vuelve más complejo si consideramos que el español usa el mismo vocablo para referirse a la historia, en tanto pasado, y a la historia entendida como indagación y narrativa del pasado. Esos laberintos semánticos confunden y desaniman a los entendidos, y desconciertan a los legos, para quienes resulta más expedito y funcional asimilar historia y memoria, especialmente cuando la mezcla coadyuva a fortalecer su agenda político-ideológica.

Esto es lo que ocurre actualmente con la proliferación de memorias y testimonios publicados por protagonistas y activistas vinculados a los bandos que se enfrentaron en la pasada guerra civil. Tales esfuerzos responden a una necesidad de transmitir al público sus experiencias del conflicto y sus visiones e interpretaciones al respecto; pretensión absolutamente válida. Añadiría además, iniciativas muy útiles, en tanto que nos permiten conocer de primera mano un registro particular de ese traumático y oscuro pasado reciente.

La cosa se complica cuando algunos de estos memorialistas insisten en que están escribiendo la historia de la guerra civil; es más, hay quienes llegan a decir que esa es la verdadera historia, dejando entrever de paso que hay falsas historias. Verdadera en tanto que parte de una experiencia personal: “yo partícipe, yo testigo”; vertida sin ninguna o con mínimas intermediaciones, pretende trasladar al lector una imagen diáfana y directa de lo acontecido. Obnubilados por la memoria, les cuesta aceptar que solo están dando su versión de los hechos, y que otros pueden dar una diferente e incluso contrapuesta a la suya. En tal caso, ven con cierto desdén el matiz del otro y por supuesto descalifican ipso facto la versión contraria.

Para los historiadores, esta variopinta miríada de publicaciones es muy valiosa. Expresa la necesidad de relatar el conflicto y contiene mucha información que difícilmente se podría encontrar en otros medios. Bien sabido es que las guerras civiles, sobre todo las cruentas y prolongadas como la nuestra, no son muy pródigas en registros documentales. La clandestinidad y disciplina de los unos, y el verticalismo y los excesos de los otros, obligaron a que muchas de sus acciones no dejaran más huella que la memoria de los protagonistas, ya fuesen víctimas o victimarios. Bienvenidas sean entonces tales publicaciones.

Solo que los historiadores ven estos materiales con otros ojos. No son la historia; son fuentes para la historia, y fuentes valiosísimas. Ni más, ni menos. Claro, esta traslación categorial resulta incómoda para algunos, que ven en ella hasta una ignominiosa degradación. Y este distanciamiento no está determinado por la pretensión de objetividad que desvela a algunos historiadores, según la cual el directo involucramiento del que escribe, produce fatalmente sesgos en el registro de los hechos y sobre todo en la interpretación. En tanto, productos de memoria, tal condición es intrínseca a ellos. La memoria no es ni pretende ser objetiva; la memoria es selectiva, toma del pasado aquello que interesa y fatalmente se distancia de lo que no. Es decir, la memoria conlleva el recuerdo, pero también el olvido.

El distanciamiento se da a causa de los objetivos y sobre todo del método. Quien escribe sus memorias o recopila testimonios pretende conservar y dar a conocer su versión de los hechos; a menudo esa pretensión se acompaña de intenciones de justificación, reivindicación o reparación. La historia no solo pretende mostrar, busca sobre todo explicar. Y para explicar requiere aplicar el método histórico que parte de plantear un problema de investigación, hacer un listado de preguntas, buscar y encontrar la mayor cantidad posible de información, contrastar versiones, contraponer fuentes, someterlas a la crítica y al final establecer no solo una secuencia entendible de lo acontecido, sino una ponderación de las diferentes versiones encontradas, estableciendo causas y consecuencias. Paralelamente hay que construir un marco interpretativo pertinente al problema, generalmente extraído de las otras ciencias sociales. De tal modo que al historiador no le está permitido excluir versiones, por más contrapuestas que parezcan.

Estos procesos de construcción del conocimiento histórico generalmente pasan desapercibidos para el lector común, que puede sin más equiparar las narrativas producidas por la investigación histórica con las que surgen de las memorias y testimonios. Razón tiene Thomas Kuhn cuando expresa: “En la historia, más que en cualquier otra de las disciplinas que conozco, el producto acabado de la investigación encubre la naturaleza del trabajo que lo produjo”.

Para mayor preocupación nuestra, memorias, testimonios e historia tienen otro aspecto en común: solo tienen sentido cuando se transmiten por medio de una narrativa. Son formas diferentes de narrar el pasado, lo cual termina acercándolas —a veces más de lo prudente— con la narrativa literaria propiamente ficcional. Sobre la base de un soporte discursivo similar se ponen en circulación productos de diferente naturaleza, objetivos y elaboración, que llegarán a lectores portadores de una variedad de marcos de referencia.

En cierto modo, los estudios históricos compiten en desventaja frente a las memorias y testimonios. Los avatares y las tribulaciones del proceso investigativo solo son reconocibles por aquellos con formación en investigación y que los han vivido. Las conclusiones e interpretaciones de una investigación no siempre complacen a los lectores que tienen experiencias, ideas o ideologías diferentes a las del historiador; puede suceder además que el lector quiera encontrar en los textos de historia las habilidades retóricas propias de la literatura, algo siempre deseable, pero que a veces escapa a la pluma del historiador. De allí, el éxito que está teniendo, al menos en Europa, cierta narrativa ficcional escrita por historiadores o escritores con formación en historia.

Al final, después de mucho trabajo, será el lector el que tendrá la última palabra y escogerá del texto leído aquello que más le complazca. Llegado el caso, echará mano de ello para apoyar, ilustrar, argumentar o disputar sobre problemas y temas del pasado en que tenga algo que decir. Lo mismo hacen, solo que de modo más sistemático, consciente y abusivo los políticos, activistas y emprendedores de memoria. Vale decir que esta condición es común a todas las disciplinas sociales.

Esta falta de control sobre los “usos políticos del pasado” no nos exime de la rigurosidad que debe caracterizar a los estudios históricos y sociales, al menos a aquellos con pretensiones académicas. Más que el veredicto del lector común, debiera preocuparnos la sanción del campo de saber especializado; si además logramos cierta aceptación del público amplio, mucho que mejor. Es decir, nuestros trabajos deben pasar el filtro de la comunidad académica en la cual debieran circular primero y preferentemente. Es en el seno de dicha comunidad que se define si una investigación histórica llena los estándares de la disciplina; para ello existen diversos mecanismos: trabajos de grado y posgrado, presentaciones en congresos, publicaciones, reseñas críticas, etc. Obviamente, una comunidad académica es también un campo de saberes y poderes que funciona con sus propias reglas y no está exento de conflictos. Se puede cuestionar la manera en que una comunidad académica evalúa e incorpora la nueva producción y los juegos de poder implícitos en ello; pero no la necesidad de tales proceros.

Y es que aparte de filtrar y posicionar conocimientos, la comunidad académica funciona como una especie de intermediario entre el investigador y la sociedad, de tal modo que una publicación que haya pasado el examen del campo especializado tiene mejores credenciales que una que va directamente del autor a la imprenta. Este filtro no está presente, ni tiene por qué estarlo en el caso de las memorias y los testimonios; después de todo, estos persiguen objetivos diferentes. Sin embargo, un lector no avisado, podría terminar poniendo en el mismo estante, materiales que por sus objetivos, naturaleza y calidad, debieran mantenerse separados.

*Carlos Gregorio López, doctor en Historia por la Universidad de Costa Rica, es docente-investigador de la Licenciatura en Historia de la Universidad de El Salvador.

Este artículo está basado en Carlos Gregorio López, "Historiografía y movimientos sociales en El Salvador (1811-1932): un balance preliminar" Revista de Historia, Universidad Nacional de Costa Rica, no. 67 (2013)

Fidel Castro: Para mis compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria



Queridos compañeros:

Desde el año 2006, por cuestiones de salud incompatibles con el tiempo y el esfuerzo necesario para cumplir un deber —que me impuse a mí mismo cuando ingresé en esta Universidad el 4 de septiembre de 1945, hace 70 años—, renuncié a mis cargos.

No era hijo de obrero, ni carente de recursos materiales y sociales para una existencia relativamente cómoda; puedo decir que escapé milagrosamente de la riqueza. Muchos años después, el norteamericano más rico y sin duda muy capaz, con casi 100 mil millones de dólares, declaró ―según publicó una agencia de noticias el pasado jueves 22 de enero—, que el sistema de producción y distribución privilegiada de las riquezas convertiría de generación en generación a los pobres en ricos.

Desde los tiempos de la antigua Grecia, durante casi 3 mil años, los griegos, sin ir más lejos, fueron brillantes en casi todas las actividades: física, matemática, filosofía, arquitectura, arte, ciencia, política, astronomía y otras ramas del conocimiento humano. Grecia, sin embargo, era un territorio de esclavos que realizaban los más duros trabajos en campos y ciudades, mientras una oligarquía se dedicaba a escribir y filosofar. La primera utopía fue escrita precisamente por ellos.

Observen bien las realidades de este conocido, globalizado y muy mal repartido planeta Tierra, donde se conoce cada recurso vital depositado en virtud de factores históricos: algunos con mucho menos de los que necesitan; otros, con tantos que no hayan que hacer con ellos. En medio ahora de grandes amenazas y peligros de guerras reina el caos en la distribución de los recursos financieros y en el reparto de la producción social. La población del mundo ha crecido, entre los años 1800 y 2015, de mil millones a siete mil millones de habitantes. ¿Podrán resolverse de esta forma el incremento de la población en los próximos 100 años y las necesidades de alimento, salud, agua y vivienda que tendrá la población mundial cualquiera que fuesen los avances de la ciencia?

Bien, pero dejando a un lado estos enigmáticos problemas, admira pensar que la Universidad de La Habana, en los días en que yo ingresé a esta querida y prestigiosa institución, hace casi tres cuartos de siglo, era la única que había en Cuba.

Por cierto, compañeros estudiantes y profesores, debemos recordar que no se trata de una, sino que contamos hoy con más de cincuenta centros de Educación Superior repartidos en todo el país.

Cuando me invitaron ustedes a participar en el lanzamiento de la jornada por el 70 aniversario de mi ingreso a la Universidad, lo que supe sorpresivamente, y en días muy atareados por diversos temas en los que tal vez pueda ser todavía relativamente útil, decidí descansar dedicándole algunas horas al recuerdo de aquellos años.

Me abruma descubrir que han pasado 70 años. En realidad, compañeros y compañeras, si matriculara de nuevo a esa edad como algunos me preguntan, le respondería sin vacilar que sería en una carrera científica. Al graduarme, diría como Guayasamín: déjenme una lucecita encendida.

En aquellos años, influido ya por Marx, logré comprender más y mejor el extraño y complejo mundo en que a todos nos ha correspondido vivir. Pude prescindir de las ilusiones burguesas, cuyos tentáculos lograron enredar a muchos estudiantes cuando menos experiencia y más ardor poseían. El tema sería largo e interminable.

Otro genio de la acción revolucionaria, fundador del Partido Comunista, fue Lenin. Por eso no vacilé un segundo cuando en el juicio del Moncada, donde me permitieron asistir, aunque una sola vez, declaré ante jueces y decenas de altos oficiales batistianos que éramos lectores de Lenin.

De Mao Zedong no hablamos porque todavía no había concluido la Revolución Socialista en China, inspirada en idénticos propósitos.

Advierto, sin embargo, que las ideas revolucionarias han de estar siempre en guardia a medida que la humanidad multiplique sus conocimientos.

La naturaleza nos enseña que pueden haber transcurrido decenas de miles de millones de años luz y la vida en cualquiera de sus manifestaciones está siempre sujeta a las más increíbles combinaciones de materia y radiaciones.

El saludo personal de los Presidentes de Cuba y Estados Unidos se produjo en el funeral de Nelson Mandela, insigne y ejemplar combatiente contra el Apartheid, quien tenía amistad con Obama.

Baste señalar que ya en esa fecha, habían trascurrido varios años desde que las tropas cubanas derrotaran de forma aplastante al ejército racista de Sudáfrica, dirigido por una burguesía rica y con enormes recursos económicos. Es la historia de una contienda que está por escribirse. Sudáfrica, el gobierno con más recursos financieros de ese continente, poseía armas nucleares suministradas por el Estado racista de Israel, en virtud de un acuerdo entre este y el presidente Ronald Reagan, quien lo autorizó a entregar los dispositivos para el uso de tales armas con las cuales golpear a las fuerzas cubanas y angolanas que defendían a la República Popular de Angola contra la ocupación de ese país por los racistas. De ese modo se excluía toda negociación de paz mientras Angola era atacada por las fuerzas del Apartheid con el ejército más entrenado y equipado del continente africano.

En tal situación no había posibilidad alguna de una solución pacífica. Los incesantes esfuerzos por liquidar a la República Popular de Angola para desangrarla sistemáticamente con el poder de aquel bien entrenado y equipado ejército, fue lo que determinó la decisión cubana de asestar un golpe contundente contra los racistas en Cuito Cuanavale, antigua base de la OTAN, que Sudáfrica trataba de ocupar a toda costa.

Aquel prepotente país fue obligado a negociar un acuerdo de paz que puso fin a la ocupación militar de Angola y el fin del Apartheid en África.

El continente africano quedó libre de armas nucleares. Cuba tuvo que enfrentar, por segunda vez, el riesgo de un ataque nuclear.

Las tropas internacionalistas cubanas se retiraron con honor de África. Sobrevino entonces el Periodo Especial en tiempo de paz, que ha durado ya más de 20 años sin levantar bandera blanca, algo que no hicimos ni haremos jamás.

Muchos amigos de Cuba conocen la ejemplar conducta de nuestro pueblo, y a ellos les explico mi posición esencial en breves palabras.

No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra. Defender la paz es un deber de todos. Cualquier solución pacífica y negociada a los problemas entre Estados Unidos y los pueblos o cualquier pueblo de América Latina, que no implique la fuerza o el empleo de la fuerza, deberá ser tratada de acuerdo a los principios y normas internacionales. Defenderemos siempre la cooperación y la amistad con todos los pueblos del mundo y entre ellos los de nuestros adversarios políticos. Es lo que estamos reclamando para todos.

El Presidente de Cuba ha dado los pasos pertinentes de acuerdo a sus prerrogativas y las facultades que le conceden la Asamblea Nacional y el Partido Comunista de Cuba.

Los graves peligros que amenazan hoy a la humanidad tendrían que ceder paso a normas que fuesen compatibles con la dignidad humana. De tales derechos no está excluido ningún país.

Con este espíritu he luchado y continuaré luchando hasta el último aliento.   

Fidel Castro Ruz

Enero 26 de 2015
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

  Razones de Cuba   Desde La Habana, donde hemos visto caer imperios a lo largo de 500 años, la situación de Estados Unidos en junio de 20...