Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

jueves, 4 de agosto de 2016

"Si Sandino viera esta Nicaragua le daría un infarto y caería muerto"


Nicaragua vive un amago de dictadura de manos de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, dice Claribel Alegría al analizar la situación política de su país natal. Para ella, aunque sería un error para la democracia nicaragüense, Ortega tiene todo servido para la reelección, que ya sería muy malo, pero sería peor -agrega- si su esposa llegara al poder.
 
 
elfaro
Diego Murcia y Rodrigo Baires Quezada / Fotos: Mauro Arias



Claribel Alegría dejó de lado las letras por unos minutos y habló de la política de su natal Nicaragua. Ganadora del premio Casa Las Américas, de La Habana, Cuba, en 1978, estuvo la semana pasada en El Salvador para participar en el lanzamiento de una fundación cultural que lleva su nombre. Minutos antes de ese evento, se sentó a platicar de Daniel Ortega, de su esposa Rosario Murillo y de una Nicaragua que le duele mucho. “Vamos a ver si después de hablar de política me dejan entrar en Nicaragua”, dice, lanza una carcajada y sigue: “No estoy de acuerdo con el gobierno de Daniel Ortega, porque me parece que es una dictadura, una dictadura familiar, y tampoco, con su reelección.”

¿Cómo se entiende la palabra democracia en Nicaragua?
Ahorita no veo democracia en Nicaragua, veo más un amago de dictadura.

¿Hacia dónde va Nicaragua?
Eso no lo sé, pero hay mucha pobreza y desempleo. Bueno, no todo es horrible o malo. Él ha hecho algunas cosas, por ejemplo, con la salud y la educación. Tampoco hay que ser blanco y negro. Pero, a pesar de ello, no estoy de acuerdo con este gobierno.

31 años después de la revolución, ¿esta era la Nicaragua que se imaginaba?
No, esto ha sido un desencanto enorme. Yo sigo siendo sandinista, pero sandinista de veras, pero no orteguista. Es decir, como digo Eduardo Galeano, a quien siempre lo cito: “Parece mentira que muchos de estos comandantes que se jugaron la vida por la revolución, ahora sean corruptos y le roban al pueblo. Le han robado la esperanza al pueblo.”

Usted sigue siendo sandinista, así como varias generaciones de nicaragüenses que hoy rondarán entre los 30 y 50 años, y defiende el sandinismo pero repudia a Ortega.
Es que lo que hay ahora en el gobierno es el orteguismo. Es eso de enamorarse del poder, tenés tantas cosas que querés quedarte ahí... Y ahí se enriquecen.

Hablaba con Sergio Ramírez hace dos años. Él decía que la revolución terminó cuando se entregó el poder a Violeta Chamorro después de unas elecciones democráticas.
Y esa es la verdad. Doña Violeta ganó la presidencia por la vía democrática y Daniel Ortega, ese día, dijo un discurso ejemplar que me encantó. Él dijo que antes se había ganado el poder por las armas y que ese día se había perdido democráticamente. Pero muy poquito después, empezaron los dos, él y su esposa, a sacar las uñas.

Ese día, ¿Daniel Ortega se fue del poder siendo todavía un gran comandante?
Sí, como un gran comandante, pero ahora, para mucha gente, es una gran decepción.

Esa decepción es una de las caras de la política nicaragüense. La otra es Arnoldo Alemán. Y ambas son dos caras bien conocidas, relacionadas con la corrupción. ¿Eso le queda a la política nicaragüense?
Es horrible. ¿Quién es la oposición? ¿Alemán? Imagínate que él fuera de nuevo presidente... ¡con los robos que hizo!

Pero se han dado casos similares en América Latina, como el de Alan García en Perú.
Sí, pero eso es bien triste. Ahora está Eduardo Montealegre, que dicen que se va a aliar con alguien y que tal vez así se gane la presidencia. Pero no veo a la oposición y lo que hay ahora es un caos. Mucha gente opina que Daniel Ortega será reelegido... ¡Ojalá que no sea así!

¿Cómo la gente siguió creyendo en Daniel después de que se alió con Arnoldo Alemán?
Hubo mucha protesta. ¿Qué otro remedio le queda a la gente? No tiene opciones.

Pero él se une a un ladrón y gana las elecciones...
... Exactamente. Es una cosa espantosa porque ellos están mal un día y al día siguiente están haciendo un pacto. Todo es así: “Te doy esto, si yo gano esto”.

¿Y dónde queda la memoria histórica del pueblo nicaragüense? ¿No recuerdan el pacto Ortega–Alemán y los casos de corrupción?
Es que estamos dando un paso adelante y retrocedemos dos. Y ahora casi estamos como cuando estaba Anastasio Somoza, ja, ja, ja.

¿Sí?
Francamente, sí.

Pero sin la represión...
... Bueno, todavía uno se puede expresar en la prensa aunque haya mucho acoso político.

¿Cuál es el papel de los intelectuales y de los artistas en la Nicaragua de hoy?
Bueno, ahí tenés a un Sergio Ramírez y a una Gioconda Belli siempre escribiendo en sus blogs, siempre opinando y eso lo admiro. Si bien se les acosa, todavía se les permite. En tiempos de Somoza eso no se hubiera permitido. En ese tiempo te mataban. Todavía, para ser justos, tenemos eso... aunque no sé hasta cuándo existirá.

¿De qué sirven esas opiniones, esas críticas, si la política y los políticos en Nicaragua no cambian?
Así los jóvenes se enteran de lo qué está pasando. Si no, no se enterarían de nada. Yo soy optimista y sí creo que sirven de algo esas voces porque algún oído, algún terreno fértil habrá en el que esas palabras servirán. Por eso Sergio, Ernesto Cardenal o Gioconda, con gran valentía, siguen escribiendo. Ellos también creen que sirve de algo que los jóvenes se den cuenta de lo qué está pasando en el país, a pesar de la apatía que hay entre los jóvenes.

Me refiero a que igual Daniel Ortega se puede reelegir, igual puede ganar la presidencia con solo el 30% de los votos válidos...
... Sí, con un fraude. Así como hay fraude para elegir a los alcaldes, por ejemplo, o se botan a los alcaldes que el pueblo ha elegido y que no le gustan a él.

Y vemos en Nicaragua un sistema político que se basa en partidos políticos desacreditados por completo.
Sí, así es.

Entonces, ¿de qué me sirve escuchar buenas críticas si la esperanza de poder cambiar la política nicaragüense la tengo que depositar en esos políticos y en esos partidos que ya existen?
Eso es lo terrible, porque no se puede. Mi marido y yo nos fuimos a vivir a Nicaragua cuando ganó la revolución. Fuimos a escribir un libro, Nicaragua en la revolución sandinista, y lo que vimos fue una cosa maravillosa, una euforia, todos estábamos felices. Fueron años muy duros pero muy lindos, años que valieron la pena.

Vio como esa revolución creció, llegó a su meseta y empezó a decaer. ¿Cuándo empezó a decaer?
Pienso que no fue con doña Violeta, que hizo cosas muy positivas. Ella ama a sus compatriotas, no quería que se mataran entre sí y paró la guerra. Ese fue uno de sus grandes aportes. Y en esa presidencia, ella no se enriqueció ni quiso perpetuarse en el poder. Pero después vinieron todos los otros, como ustedes saben, y vino una corrupción terrible.

¿Cómo se puede seguir siendo sandinista si la principal cara del Frente Sandinista para la Liberación Nacional es una persona vinculada con esa corrupción?
Es que es diferente. Sandino era una maravilla de hombre. Una persona que quiso liberar a su país y fue asesinado por eso. Por eso soy sandinista y no soy eso que hay ahora, orteguista. Daniel Ortega es dueño del FSLN, por eso no pertenezco al Frente y sí sigo siendo sandinista. Y es que hay otra cosa con lo del orteguismo y es que en el campo todos son sandinistas, siempre rojinegros, y como creen que Daniel es el FSLN, están con él por ignorancia.

¿Porque votan por la bandera del Frente?
Exacto. Y votan por él y por su mujer.

¿Y de dónde Ortega saca ese 30%?
Pienso que es que se puede comprar. Muchos lo han comprado.

¿Como a los rezadores, quienes protestaron porque no les pagaron su apoyo electoral a Ortega?
Exactamente. Así hay gente de familias pobres que no tienen nada a la que Daniel Ortega y su mujer, Rosario Murillo, llegan y les regalan una cocinita, una camita... Y así se está feliz porque es gente que vive verdaderamente en la miseria. La pobreza en Nicaragua es espantosa, es una miseria. Y ya te digo, son regalos simbólicos los que les hacen. Pero esta gente que está en la pobreza más grande del mundo, ¿cómo no se va a alegrar con una estufita o una camita? Se venden, en ese sentido. Así compran a muchos.

¿Eso es populismo?
Sí, puro populismo.

Un compañero fotógrafo ha estado presente en las últimas dos celebraciones del aniversario de la revolución. Parece que ya no es el aniversario sino la fiesta de Daniel.
Así es. Y la plaza siempre está llena. Pero se trae gente del interior en camiones. Si tú ves, sobre todo está llena la plaza de gente joven, que quieren oír música y que les gustan los refrescos...

¿Y dónde está la revolución en todo esto?
El puro sandinismo está por los suelos, ja, ja, ja. No existe en estos momentos en Nicaragua, creo yo. ¡El sandinismo! Ellos se llaman sandinistas, bueno... Si Sandino veía esta Nicaragua, le daba un infarto y caía muerto. También hay muchos jóvenes que no saben bien quién es Daniel Ortega, que están apáticos a lo que sucede en Nicaragua. Y otros que dicen: “Mirá, yo voy a estar con el gobierno porque así tengo empleo”.

¿Es un partido que tiene esos resultados porque está en el gobierno, porque tiene dinero del Estado?
Sí, se mueve a través del gobierno.

¿Qué diría Sandino de este partido, de este gobierno, que utiliza su nombre?
¿Qué diría? ¡Le daría un ataque y caería muerto! Él diría: “Eso no fue lo que yo quise para mi pueblo”. Eso no es. Él buscaba un país independiente de una vez por todas del imperio norteamericano y la igualdad para su pueblo. Sandino era un verdadero demócrata.

Y nos dice que no hay igualdad...
... Nooooo. Hay gente con dinero, capitalistas, como la familia Pellas, aunque no tienen tanto dinero como los ricos de El Salvador. Y hay una terrible desigualdad social, una pobreza espantosa... Hay miseria.

¿Y la independencia?
Ortega siempre está hablando del horror de los yankis, pero él recibe cosas de Hugo Chávez, de este y del otro.

No hay independencia, no hay igualdad social. ¿Qué tiene, entonces, Daniel Ortega, para reelegirse en 2011?
La gente dice: “Mejor lo viejo conocido. A saber qué nos va a venir. Y si Daniel Ortega nos ofrece esto y nos está diciendo que va a haber menos pobreza, que está aceptando todo lo que Chávez le está dando para que no haya tantos apagones por la falta de petróleo... entonces, todo está bien”. Muchos piensan así y es triste. Y lo es más que la juventud todavía no se ha dado cuenta completamente de esto. Ahora, hay rumores, yo no sé, de que si Daniel Ortega se reelige, puede que haya un levantamiento en Nicaragua. Dicen...

... ¿Quién dice?
... Dicen...

Pues yo estuve, no hace mucho, en las universidades de León y en la UCA, y los estudiantes de lo que menos hablaban era de política. ¿Un levantamiento cuando la gente es tan apática a la política?
Sí, igual pasa en la literatura con lo jóvenes. Ya no escriben cosas políticas ni nada de eso, pareciera que están como en una búsqueda pero con mucha apatía.

¿Quién tiene que aparecer para que esto cambie?
¡Ay, tiene que aparecer un gran hombre! No sé dónde está. A mí me gustaba Sergio (Ramírez)... un gran hombre, un pensador, una persona muy honesta pero que no lo conocían muchos, sobre todo en el área rural. A mí me simpatiza Edmundo Jarquín, pero tampoco es muy conocido fuera de Managua.

¿Usted no cree que los intelectuales, los hacedores de la cultura, están en una torre de marfil muy alta y alejada del resto, por lo que mencionaba de Sergio, de Jarquín?
Puede ser. A lo mejor ellos tendrían que haberse adentrado a Nicaragua y vivir cerca de esas gentes. A mí me habría encantado que Sergio fuera presidente, pero él dice que ya no, que no se mete más en política. Pero es cierto eso de que los intelectuales como que nos encaramamos mucho a las nubes, pero estos intelectuales -Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Ernesto Cardenal y otros- se la están jugando. Ustedes leen lo que dicen ellos en sus textos, ¡eso es de una valentía increíble!

¿Cuáles son los escenarios que tiene Nicaragua con las próximas elecciones?
Tengo mucho miedo de una reelección. Ahora se habla de un candidato, Eduardo Montealegre. La gente habla de que él buscará alianzas, pero todavía no se sabe con qué gentes y que esta fuerza pueda que le gane a Daniel. Aunque yo lo dudo.

Montealegre ya corrió por una candidatura, por la alcaldía de Managua, que no es feudo de Ortega, y aún así perdió...
Exactamente.

¿Dónde queda Arnoldo Alemán en este juego?
Parece mentira, pero él tiene muchos partidarios y sería algo espantoso que una persona como él, que es un probado ladrón, vaya a dirigir Nicaragua. Es un panorama muy triste.

¿Y el papel de Rosario Murillo?
Es muy peligroso.

¿Por qué?
Porque ella manda mucho. En ese binomio, Rosario tiene mucho qué decir. Ella tiene una gran voz.

¿Quién es ella?
Rosario Murillo es una poetisa que peleó en la guerra. Tiene algunos poemas que no están mal. Conoció durante la guerra, creo que en Costa Rica, a Daniel Ortega, se enamoraron y desde entonces han vivido juntos. Ella es la madre de esta muchacha a quien Daniel Ortega violó. Y ella, Rosario, estuvo de parte de Daniel. Yo, como madre, no lo entiendo.

¿Y como mujer?
Tampoco.

¿Y como revolucionaria?
Ella fue revolucionaria, peleó en la guerra, pero ahora, como mujer, darle la razón a Daniel... ¡Es su hija!

¿Cuánto pesa la figura de Rosario ahora?
Muchísimo. Hasta han dicho que si Daniel no era presidente, que podría serlo la Rosario. Y creo que sí es factible.
Es muy triste la situación política de Nicaragua.

¿Qué pasaría si ella llega al poder?
Ah, vamos a estar peor que con Daniel, ja, ja, ja.

¿Por qué se le aguanta?
Porque es la mujer de Daniel, pues, ¿y qué le van a hacer? Pero eso de que haya posibilidades de que ella sea presidenta, sería horrible. Esperemos que no.
 
 

martes, 2 de agosto de 2016

“Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón”



MEMORIA DE UN PEZ AHOGADO


Imaginad… un chaval de 38 años (uno más de los que tiene el que os habla). Un chico que tenía una imaginación desbordante… un homosexual, rojo y republicano en un pueblo de mancos… en un país de paletos manipulables…

Nunca cogió un arma… más allá de la pluma y de las estrellas…

Estudió en la Residencia de Estudiantes en Madrid (papá con dinero se lo podía permitir)… consentido… sensible… pudo hacer lo que más le gustaba en la vida… vomitar versos… escupir metáforas…

Ser libre… hasta morir atado.

Una madrugada de 1936, la del 19 de agosto… un solo mes de guerra… “mil panderos de cristal herían la madrugada”…

Es fácil de imaginar, ¿verdad? En un cuartelillo… con los ojos llenos de lágrimas… aterrado… paloma blanca desorientada…

Un cerrojo que se abre… unos gritos… un saco en la cabeza… calor… mucho calor…

Empujones y golpes hasta un vehículo… motor en marcha…

Olor a alcohol por todas partes… risas… y todas las almas del universo gritando en silencio por lo que iba a suceder.

El vehículo se para… el motor se para… el tiempo se para…

Quizá un golpe… le bajan… cae al suelo… como el toro… aunque no fueran “las cinco en punto de la tarde”.

Más empujones… quizá le quitan el saco de la cabeza para sentirse más hombre que él. Un poco de aire fresco le reconforta… levantar la cabeza… ¿cuántos? Uno no… para eso hay que ser valiente… varios… quizá cuatro… como los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Y Federico, personaje de un poema de García Lorca… al estilo de Antoñito Camborio… acepta su destino… sabe lo que va a suceder…

Sabe que va a morir… quizá, se orine encima (como lo haríamos todos)…

Un poeta en la madrugada… manos atadas… armas de fuego…

Disparos que revientan la línea espacio-temporal… que ahogan los sonidos de la noche…

Risas… quizá un último trago de algún vino barato.

Un cadáver eterno está en una cuneta…

Una constelación de carne y huesos es observada por la Osa Mayor mientras llora por la estupidez humana…

Un panteón de naturaleza para la eternidad…

Quizá, con el rabillo del ojo pudo llegar a ver por última vez su “luna de pergamino”… su inspiración… su musa…

Quizá pensó en algún último verso…

Y ya veis… ni siquiera una sepultura… aunque supongo que le diera igual… los cementerios tienen paredes para coartar la libertad de los que allí moran.

Muerto… e inmortal… los que le quitaron la vida se la dieron para siempre… el gañán que se jactaba de acabar de matar a Federico García Lorca, el que dijo “Yo le metí dos tiros en el culo por maricón” le convirtió en el más grande soñador de nuestra historia…

Muy bien idiota… privaste a tu gran España de un premio Nobel… privaste a tu España de un artista inacabado que tras “La casa de Bernarda Alba” había demostrado que podía alcanzar el horizonte… y gracias a ti las alcanzó a tiros…

Por rojo y por maricón… ¡qué grande tu España!

Y claro… nada se puede decir de estas víctimas… porque es remover el pasado… porque es tener falta de sensibilidad… porque… ahora no es el momento… porque ambos bandos hicieron tal y cual y yo qué sé… porque era rojo y los rojos van al infierno… y si encima son maricones van de culo…

Hace 76 años mataron a García Lorca sin juicio, sin culpa… de madrugada, entre llantos, entre risotadas… y al final… “verdes vientos, verdes ramas, el barco sobre la mar y el caballo en la montaña”.

Un 19 de agosto, de 1936, un chaval de 38 años, que nunca cogió un arma, fue asesinado y nunca se ha sabido quién lo hizo… porque nunca se ha investigado oficialmente… y no sabemos ni siquiera dónde está enterrado… si es que lo enterraron…

Y en una cuneta la poesía española murió aquella madrugada… al alba…

domingo, 31 de julio de 2016

“El periodismo va moviendo cosas, a gotas”

 
 
 
Héctor Silva Ávalos
FACTum
 
 
He hablado horas y horas con Carlos Dada en la sala de su apartamento de San Salvador. De todo. No solo de periodismo. Hemos hablado de las cosas que hablan los amigos. Horas. La semana pasada, por primera vez, mi grabadora registró una de esas conversaciones. Esta vez se trataba de abordar, con un tanto de formalidad, lo que Carlos tiene que decir sobre el periodismo en El Salvador, sobre El Faro y, navegando por esos dos temas, sobre ese pequeño país, uno de los más violentos del mundo, que es el nuestro, donde él y yo empezamos a ejercer el periodismo hace 20 años.

La grabadora tiene, para nosotros periodistas, la enojosa virtud de obligarnos a ordenar el pensamiento y la palabra para convertir la plática en registro digerible, revelador cuando tercia. Horas, dije, de plática. No había otra manera más que aplicar el on the record para ordenar y sintentizar las ideas de Carlos Dada, fundador de El Faro. Hablamos de El Faro y del periodismo que sigue siendo indispensable para la democracia imperfecta, frágil, del país. De los retos con los que amanecemos a diario. Y esta vez, sin más brebaje que un café al que me prohibió echarle azúcar o miel -lo vas a arruinar, me dijo-, levantamos las tazas por los premios que acaban de ganar El Faro y Óscar Martínez, uno de los periodistas con los que Carlos ha compartido redacción desde hace rato. Vale, en este día del periodista, leer lo que este señor, uno de los periodistas más reconocidos de El Salvador, tiene que decir sobre el oficio.
 
Empecemos hablando de El Faro y sus premios, ¿cuántos son? ¿Tres?

Sí, tres esta semana. Jajajaj.

…El premio Gabriel García Márquez a la excelencia, que es a El Faro. Y dos de Óscar Martínez, el del Comité para la Protección de Periodistas por sus sacrificios personales para llevar información a su comunidad y el premio María Moors Cabot…
 
Los periodistas siempre dicen que los premios te comprometen más…

Siempre decimos eso, sí.
 
¿Con qué te comprometen más? ¿Con tu país, con tu profesión?

En primer lugar te comprometen porque los premios atraen muchísimas más miradas hacia tu trabajo: estás bajo mucho más escrutinio. Eso es muy bueno cuando crees que tu trabajo sirve para algo: entre más miradas, mejor. Con estos premios, que son tan grandes, colegas de afuera empiezan a ver El Faro y se empiezan a preguntar qué es lo siguiente que vamos a hacer. La FNPI nos llama modelos, yo no estoy seguro de que lo seamos, pero sí se empieza a esperar que nosotros marquemos pautas en algunas cosas. Más que modelo, un referente.

“Después de publicar lo de la masacre de San Blas tuvimos que sacar periodistas fuera del país”.

El Faro es un referente a nivel continental, no solo por el tipo de periodismo que hace sino por la plataforma digital. Vos dirigiste 16 años El Faro, pero también creciste en los grandes medios tradicionales de El Salvador… ¿Qué significa que un medio digital sea hoy el referente? Vas a Guatemala y pasa lo mismo, y aquí en el país es obvio cuando comparás lo que hace El Faro con lo que están haciendo los medios tradicionales.

Sinceramente creo que se puede matizar eso de que yo haya crecido en un medio tradicional salvadoreño. No creo que mi experiencia en La Prensa Gráfica, o la de otros periodistas de El Faro, explique en absoluto a El Faro. Más que eso: el crecimiento periodístico de El Faro se debe, sobre todo, a nuestras lecturas de otros periodismos, a nuestros diálogos con otros periodistas, y a unas dinámicas de autocrítica; a todo eso muchísimo más que a nuestro paso por otros medios de comunicación salvadoreños. Te lo digo por algo que vos particularmente me vas a entender muy bien: nosotros pertenecemos a una generación de periodistas huérfana; no tuvimos grandes referentes de periodistas en este país, no hubo generaciones anteriores que nos trasladaran un conocimiento acumulado. Somos una generación huérfana, que se inventó su periodismo como pudo, ciertamente unos mejor que otros.
 
Pero algo aprendimos…

En los grandes medios salvadoreños, quien quiso hacer bien las cosas a menudo tuvo que luchar contracorriente. No es de ahí que aprendimos; aprendimos de los diálogos con colegas y del trabajo de complicidad con algunos colegas dentro de esos medios. Pero no aprendimos por el medio.
 
Pero en aquellos 90 después de la guerra, cuando vos y yo estábamos en la redacción de La Prensa Gráfica, ese era el único lugar en el que parecía posible hacer periodismo, donde era posible tener discusiones e intentar algo diferente…

Sí, por una razón muy particular que vos conocés muy bien, porque llegó a la dirección de LPG una persona que por primera vez, en décadas en ese periódico, era crítica con el poder por razones políticas personales y nosotros simplemente abusamos de esa libertad. Eso fue lo que pasó. Y no te lo estoy contando… Es una historia que vos viviste.
 
¿Qué pasó? ¿Ya entonces era necesario crear El Faro porque esas puertas en los grandes medios eventualmente se iban a cerrar, que es lo que estamos viendo ahora?

Casi todos los periodistas de El Faro que pasaron por LPG empezaron en El Faro; su paso por LPG obedeció más a la necesidad económica porque EF no era una operación profesional, pero en cuanto EF pudo profesionalizar sus operaciones todos empezaron a venirse de regreso, porque en EF estábamos a la mitad de un proceso propio de hacer periodismo, y lo que nos faltaba era hacerlo sostenible.
 
Volvamos a los premios y lo que dicen. El premio que la CPJ le dio a Óscar, por los riesgos que él asumió, habla de los retos que significa hacer periodismo decente en un país como este. No somos Honduras o México, pero obviamente hay riesgos…

No sé cómo comentar eso. Nosotros somos muy cuidadosos al hablar de riesgos personales; nos sentimos un poco incómodos poniéndonos de víctimas cuando hay colegas… ayer nada menos asesinaron a un colega en Veracruz. Hay periodistas que asumen riesgos mucho mayores o están bajo una situación de amenaza mayor. El riesgo tiene dos componentes: el real y luego tu percepción de ese riesgo. A veces están relacionados, a veces no. Yo creo que cada quien tiene el derecho a sentirse como lo hace y nadie te puede criticar por eso. Hay gente que tiene mayor capacidad de moverse en medio de esos riesgos y Óscar es un caso extraordinario; ha decidido asumir riesgo porque cree que cuando lo ha hecho no hay ninguna otra opción que le permita contar las historias que para él ha sido importante contar: el drama de los migrantes centroamericanos sometidos a todo tipo de vejámenes por México es un claro ejemplo de eso. Él consideró, y me consta porque a mí me tocó la comunicación con él desde aquí, no arriesgarse más de lo que debía, sin embargo asumió riesgos grandes.

Carlos Dada en el estudio de su casa en San Salvador. Foto tomada de El Faro.
 
¿A qué te referís con riesgo real y percepción?

Lo digo porque a veces a mí me molesta porque en este país se habla de estas cosas como si fuera un concurso de valentías. Me molesta que se critique a alguien que ha decidido irse del país por temor a una amenaza, y pasa, y se le niega el derecho a sentirse amenazado o con temor. Vos podés decir “es que objetivamente fulano de tal no tenía ni por asomo el nivel de riesgo que ustedes asumen…”
 
Vaya, pero esas son críticas que suelen venir sobre todo de quien nunca ha asumido un riesgo…

No es un concurso de valentías. En El Faro nuestra aspiración es que nos reconozcan por nuestro periodismo, no por los riesgos.
 
Ahora, en El Salvador hablar de lo que está pasando en las pandillas, de la entraña de los entes generadores de corrupción implica riesgos reales, ¿estamos de acuerdo?

Por supuesto…
 
¿Qué es diferente en El Salvador de Honduras o México, donde sí matan periodistas?

Hay varias razones para explicar eso. La primera es que el narcotráfico, que es un componente importante de la violencia tanto en Honduras como en México, no es un componente tan importante en este país. Nuestro trabajo no afecta demasiado las agendas de estos grupos criminales.
 
Pero Óscar Martínez es uno de los periodistas que trabajó el tema del Cartel de Texis y esos reportajes sí afectan a esos grupos…

Claro, pero el punto con el Cartel de Texis fue distinto porque normalmente corrés mayor riesgo cuando las personas que estás denunciando tienen menos que perder políticamente. En el caso de Texis, esas personas tienen una vida legal donde pueden perder mucho (si atacan a un periodista). No quiero decir con esto que en El Salvador no hay ningún riesgo: la vez que más alto ha sido nuestro nivel de alerta fue después de la publicación de la masacre de San Blas; ese nivel de alerta fue tan grande que tuvimos que sacar del país a tres periodistas durante un tiempo prudencial. ¿De dónde venían las amenazas? De elementos policiales evidentemente. Ni el ministerio de Seguridad, ni el secretario presidencial Hato Hasbún, ni el jefe de la Policía examinaron nunca las denuncias que les habíamos hecho de acoso policial, particularmente contra Óscar Martínez; lo convirtieron en una burla a nosotros. Aumenta el nivel de riesgo porque las personas encargadas de garantizarte la protección están minimizando tu situación.

“No servís a tus lectores, servís a los principios periodísticos.”

Ocupo ese caso para hablar del oficio. El Faro saca lo de San Blas y el reportaje se convierte casi en un caso de manual: está denunciando un hecho que la narrativa oficial pretende ocultar con toda sus fuerzas, que es que la Policía está implicada en ejecuciones extrajudiciales. Ustedes se enfrentan al escepticismo, a las amenazas, pero ahora, un año después, las instituciones ya aceptan que eso existe: Fiscalía abrió expedientes, PDDH ha recibo múltiples denuncias, el director de PNC ha dicho que eso sucede, el canciller tuvo que ir a Washington a hablar del tema… Pusieron el tema en la mesa. Es decir, el riesgo implícito al oficio dio algún resultado…

De acuerdo, y a mí ese caso en particular me hizo concluir una cosa muy importante, porque efectivamente se nos vino encima después de la publicación mucha gente. La reacción virulenta de mucha de esa gente me pareció una reacción natural porque la lógica de esa gente es esta: en el país más violento del mundo, si los principales responsables de esa violencia son los pandilleros, y ellos son el cáncer de ese país, por qué nosotros estamos criticando a quienes están ayudando a erradicar ese cáncer. Esa es una lógica muy natural en este país, lo que no quiere decir que sea correcta. Eso me llevó a pensar dos cosas: la obligación del periodista no es satisfacer las demandas de tu comunidad; no servís a tus lectores, servís a los principios periodísticos. La segunda es que nosotros deberíamos hacer un esfuerzo mayor por explicarles a nuestros lectores por qué esto es importante y por qué creemos que esto es positivo para el país, y creo que ahí no hemos sido tan capaces.
 
¿No le estás pidiendo al periodismo que asuma un rol que es de otros, de la academia por ejemplo?

Sí, claro, pero en este país eso también toca, porque si te vas a quedar sentado esperando que lo haga otro vas a seguir recibiendo esas reacciones virulentas, que lo que indican es que no hay comprensión.
 
Óscar Martínez me decía hace medio año, cuando el caso de San Blas estaba más fresco y no había reacción oficial alguna, aquel se quejaba, como otros solemos hacerlo: “Puta, ¿y esto para qué sirve?” Hay quien te dirá que tu responsabilidad termina al explicar las cosas, no necesariamente en esperar un cambio. ¿Tenemos los periodistas que esperar cambios a riesgo de frustrarnos si no los hay? Desde mi experiencia personal: escribí un libro sobre la Policía, sobre su capacidad de romper la ley, de encubrir y hoy vos me decís que desde la Policía los amenazan. Nada cambia…

Nuestro trabajo es por naturaleza muy frustrante porque seguimos viendo nuestro oficio como algo romántico, como algo que tiene una capacidad transformadora y todos los días aprendemos que no es así. Y cada vez que hacemos un reportaje lo hacemos con la esperanza que de verdad transforme cosas y esto rara vez sucede, al menos no a la velocidad y en las dimensiones que nos gustaría verlo. Puede llegar a ser tan frustrante como cuando Alma Guillermoprieto dice que no cambia nada y cuando le preguntan por qué lo hace contesta: porque toca. Yo no soy tan escéptico: creo que el periodismo va moviendo cosas, son gotas y dependiendo de la cantidad de ese goteo la capacidad de ir moviendo piececitas es mayor. Creo que también nos frustramos más cuando cometemos el error de pensar que nuestro trabajo solo puede cambiar esas cosas; no, solo somos una parte de la sociedad.

“En América Latina los periódicos no han sido lugares para hacer periodismo, sino para hacer dinero.”

El Salvador parece bastante lejos de eso. Recién estuve en Guatemala y allá parece muy evidente que el periodismo y las instituciones pudieron cambiar cosas. La gente salió a las calles. En El Salvador, El Faro y otros hacemos reportajes… ¿Qué más hay?

No es qué más hay, sino hacia dónde nos lleva. Para ver hacia adelante hay que echar la mirada un poco para atrás. Te voy a dar un ejemplo: hace poco, en Nueva York, estaba en un panel donde estaban Jon Lee Anderson, quien cubrió la guerra de El Salvador, y Susan Meiselas, que fue la que hizo el registro fotográfico de El Mozote. El panel era sobre los periodistas como los que escriben el primer capítulo de la historia y yo les decía que la historia no está escrita en piedra, sino que fluye, se mueve. Sin el trabajo de Susan y Jon Lee, por ejemplo, nosotros hubiéramos tenido un punto de partida muchísimo más pobre para dar continuidad. Hoy sabemos más cosas de El Mozote, pero en su momento pudo haber parecido que el registro de Susan Meiselas no servía para nada, sobre todo porque los gobiernos de El Salvador y Estados Unidos negaron esa masacre durante 10 años. Claro que sirvió: ese registro y el libro de Ray Bonner y lo que escribió Alma Guillermoprieto patentaron la peor masacre de América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Que los cambios que propicia el periodismo no ocurran con la inmediatez que quisiéramos no le resta a su capacidad transformadora y a su capacidad de contribuir a la verdad.

Carlos Dada (derecha) durante la presentación del libro “Infiltrados” de Héctor Silva Ávalos en la UCA, en mayo de 2014. Acompaña el rector de la universidad, Andreu Oliva. Foto de Francisco Campos.
 
¿Qué tan grave es el problema del abuso desde la fuerza pública en el contexto de la guerra contra las pandillas?

Bueno, vos escribiste un libro sobre los abusos en la Policía.
 
Sí, pero ese libro cuenta hasta 2013. Ahora seguís hablando de una Policía que piensa que todo vale en la lucha contra el enemigo interno. ¿Es así?

Me estás pidiendo que compare como si esto fuera el punto culmen de un camino de descomposición. No estoy tan seguro. Creo que plantearlo así implica olvidarnos que hubo altos mandos de la Policía implicados con el crimen organizado, implicados con la inteligencia militar. Todas estas cosas hay que ponerlas en su lugar para dimensionar lo que está pasando ahorita. No es que no sea gravísimo lo que está pasando, es gravísimo, pero no me atrevo a comparar con todo lo que ha pasado antes en la Policía.
 
Hablemos un poco de los modelos actuales de periodismo, de sus plataformas. El premio de la FNPI dice que EF es un modelo. ¿Qué pasó con los grandes medios tradicionales y sus plataformas en papel y electrónicas?

Los grandes medios de Latinoamérica, y hablo de la región en general, han tenido dos objetivos: que sean un negocio por encima de todo lo demás.
 
Ser rentables no es un pecado…

En el caso del periodismo sí, dejame terminar… El otro objetivo ha sido utilizar esos medios para diseminar una agenda política. Cuando te digo que son un negocio por encima de todo no digo que ser un negocio sea malo, nos encantaría ser un negocio así de rentable, pero sin sacrificar la naturaleza de nuestro oficio. Un periódico tiene por función hacer periodismo no dinero, si haciendo periodismo puede hacer dinero, ese periódico es un gran periódico. En este caso por hacer dinero se ha sacrificado el periodismo y eso no es correcto, es inmoral.
 
¿Dónde quedan ahí los grandes negocios del periodismo continental como el Washington Post, el New York Times?

Estamos hablando de América Latina…
 
¿Cuál ha sido la diferencia?

Bueno, que en Estados Unidos, desde la misma concepción de la república, el periodismo y la libertad de expresión tienen un lugar cuasi sagrado. Aquí no. En América Latina eso nunca ha pasado. En el último siglo el periódico no ha sido, en América Latina, un lugar para hacer periodismo, sino para hacer dinero.
 
Me estás diciendo que durante un siglo hemos vivido en la oscuridad…

No, porque ha habido intentos que no han sido en los grandes medios: gacetas, periódicos pequeños, en toda América Latina, que no han sobrevivido porque terminan siendo cooptados por estos grandes conglomerados de medios y por su poder económico. Podríamos hablar país con país. El internet lo que te permite es una plataforma muchísimo más barata para hacer periodismo. Fijate lo que ha pasado en América Latina: con las crisis de estos modelos de negocios de los medios tradicionales lo primero que se cerró fueron las unidades de investigación. ¿Qué pasó con esos periodistas investigadores? Se quedaron sin trabajo. Lo mismo pasó con los grandes periodistas que regresaron de los exilios después de las dictaduras y no hallaron cómo insertarse en los medios tradicionales que para empezar habían sido cómplices de esas dictaduras. Algunos se insertaron en revistas académicas o gremiales. Luego con el surgimiento de internet encontramos un lugar donde era posible hacer periodismo, no en aras de hacer dinero, sino de hacer buen periodismo.
 
Pregunto por la sostenibilidad. Entiendo que tu objetivo no es el lucro, pero tenés que ser sostenible, tenés que pagarles a los periodistas. El Faro ha tratado el tema en sus foros…

Nos ha preocupado mucho. Afortunadamente hasta el día de hoy hemos logrado sobrevivir. El Faro tiene un problema: entre más dinero llega lo usamos para crecer, no para cubrir los hoyos sino para abrir más hoyos. Con la pauta publicitaria que tenemos ahorita hubiera alcanzado y sobrado en los primeros cinco o siete años para incluso ser rentables, pero ahora EF es una operación mucho más grande. La pauta que tenemos ahorita no alcanza a cubrir ni la mitad de nuestros costos.
 
Otro tema sobre el modelo y la plataforma: internet fue en los primeros tiempos una avenida de salida para el periodismo, pero hoy es también un inmenso basurero. En El Salvador se multiplican como hongos estos sitios periodísticos entre comillas. Es decir, un lector joven entra a El Blog o La Página y piensa que está leyendo periodismo.

Bueno, por eso hay que insistir en educar a los lectores. ¿Es esa nuestra obligación? Pues si te quedás esperando a que alguien más lo haga vamos a seguir estando al nivel de estos lugares que se abren todos los días. Esta frase no es mía, pero la sostengo absolutamente: el internet es hoy el lugar donde se hace el mejor periodismo del mundo y también el peor. El internet es solo una plataforma, no es una panacea ni una nueva manera de hacer periodismo. El método periodístico no ha variado: el periodismo sigue siendo una disciplina de precisión y de confirmación de información y el internet no ha modificado eso. Mal periodismo siempre ha habido, tampoco culpemos al internet.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


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