Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

lunes, 5 de enero de 2015

Nieta del presidente fue nombrada subdirectora del Injuve a pesar de no cumplir los requisitos


Sofía Sánchez (de vestido negro a la derecha) mientras el presidente Sánchez Cerén se toma una foto de familia después de la entrega de credenciales en marzo del 2014. Foto Mauro Arias
 
Valeria Guzmán - El Faro 

El Instituto Nacional de la Juventud tiene siete subdirecciones. Cinco de ellas han sido ocupadas por personas nombradas durante el gobierno de Sánchez Cerén, de las cuales solo una cumplía con el requisito de tener título universitario. Las otras cuatro, incluida la nieta del presidente, no. El Injuve alega que se trata de "especialistas", no de subdirectores, pero documentos oficiales y funcionarios de la institución muestran lo contrario.

Una joven disfrazada de vendedora informal entra al auditórium del Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán. En el escenario le cuenta a otro joven que su hija fue al Juventour, una actividad organizada por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuve), y que “rapidito” encontró trabajo. "¡Extra, extra!", grita, como quien anuncia noticias importantes. "¡Juventour ubica a los jóvenes en su primer empleo!", pregona.

Entre el público de este 1 de diciembre, seis de los siete subdirectores del Injuve están sentados en primera fila. La séptima persona, la que hace falta, empezó a trabajar con ese cargo en junio, cuando inició el gobierno de Salvador Sánchez Cerén: Sofía Margarita Guardado Sánchez es nieta del presidente y, tal como cuatro de los cinco nuevos subdirectores del Injuve que arrancaron con esta administración, no cumplía los requisitos para el cargo que describe la normativa interna del Instituto.

El Injuve se rige internamente por un “Manual de organización y funciones”, del cual la oficina de información del Instituto envió una copia a El Faro el pasado 15 de octubre. Según este manual, las  plazas de subdirectores deben ser llenadas por personas que cuenten con un título universitario. Sofía, que cursa tercer año de la carrera de Relaciones Internacionales en una universidad privada de San Salvador, no lo tiene.

El 29 de septiembre de 2014, un memorándum interno dirigido a 20 empleados del Injuve que tenía por asunto “Asignación de Personal Proyecto FOCAP”, se enviaba con copia a los siete subdirectores, entre ellos a la “Licda. Sofía Sánchez-Subdirectora de Promoción del Empleo Juvenil”.

Después de los primeros cuestionamientos de El Faro al Injuve sobre estos cargos, la institución comenzó a usar otros términos para referirse al cargo de la nieta del presidente y los otros subdirectores que no cumplen los requisitos del manual de organización y funciones. El 31 de octubre, el oficial de información del Injuve respondía a una solicitud de información de El Faro en la que este requería los currículos vitaes de los funcionarios del Instituto. En su respuesta, el oficial mencionaba que el cargo de la nieta del presidente era "especialista".

El 1 de diciembre, cuando a la directora del Instituto, Yeymi Muñoz,  se le cuestiona la colocación de estos cuattro jóvenes como subdirectores aunque no cumplan con el requisito del título universitario, que según su propio manual es “indispensable”, ella asegura que no se trata de subdirectores ni de especialistas, sino de "coordinadores". Ese cargo no existe ni en el manual ni en el organigrama de la institución.

¿Por qué el Injuve nombra a la nieta del presidente y a tres personas más "subdirectores", cuando no cumplen los requisitos para ejercer dicho cargo? Según la Ley de Acceso a la Información Pública, la página de Gobierno Abierto de la institución debería tener publicados los perfiles de los funcionarios. Pero en la web del Injuve no hay ninguna información que dé cuenta de la formación académica y experiencia laboral de Sofía Sánchez y de los otros cuatro subdirectores nombrados por esta administración.

En junio de 2014, el presidente Sánchez Cerén nombró a Yeymi Muñoz, ex diputada suplente del FMLN, como directora del Instituto. Desde su llegada, solo dos subdirecciones quedaron en manos de personas que ya laboraban en el Injuve. Las cinco restantes han sido asumidas por personas que llegaron a sus nuevas oficinas solo días después de que el presidente en su discurso de toma de posesión exhortara a  los salvadoreños a convertirse en una “ciudadanía activa, que haga contraloría social, que exija principios éticos a sus funcionarios”.

En la información que el Injuve brindó el 31 de octubre sobre los especialistas del Instituto, se incluye información sobre otros empleados que cuentan con más méritos académicos y con más experiencia en las áreas que ahora están bajo el mando de los nuevos subdirectores.

Las subdirecciones se crearon en febrero de 2013, cuando Miguel Pereira, entonces director del Instituto -ahora es candidato a alcalde de San Miguel por el FMLN- aprobó eln manual interno de organización y funciones en el cual se establece que hay una junta directiva, una dirección y, dependientes de esta, siete subdirecciones. Según ese manual, estas siete subdirecciones coordinarán territorialmente las actividades a su cargo y velarán porque se cumplan y efectúen las estrategias en pro de la juventud salvadoreña. Estas personas deben ser graduadas universitarias y tener al menos tres años de experiencia en el área. De los cinco jóvenes que entraron a asumir las subdirecciones en junio, solo el subdirector de Participación Juvenil, John Antony Cruz, cumple los requisitos: es abogado.

Si cuatro de los cinco nuevos subdirectores no cumplen los requisitos para dirigir las subdirecciones, ¿qué provocó que se les buscara a ellos y no a profesionales graduados y con experiencia en el área, para ocupar esos puestos? A inicios de noviembre de 2014 solicité una entrevista en las oficinas del Injuve, dejé todos mis datos y casi un mes después, el 1 de diciembre, la directora del instituto, Yeymi Muñoz, respondió por medio de una carta que accedería a una entrevista hasta el 12 de diciembre. 

Antes había buscado vía telefónica a Marcos Rodríguez, el secretario de Participación Ciudadana, Transparencia y Anticorrupción, para pedirle opinión sobre las contrataciones de los subdirectores en el Instituto. Rodríguez fue el primer subsecretario de Transparencia de un gobierno salvadoreño aunque en su momento dejó claro que él no se consideró un fiscal o la conciencia del Poder Ejecutivo. Cuando el 26 de noviembre le conté lo que había encontrado, desde el otro lado de la línea se mostró sorprendido.

-¿Y la nieta del presidente tampoco cumple los requisitos?

-No.

-Déjeme pedirle información al Injuve.

 El jueves 27 de noviembre, un día después de la llamada, me crucé con Marcos Rodríguez en el Campus Party,  un encuentro de promoción de la tecnología que el presidente Sánchez Cerén inauguró.

-Soy Valeria Guzmán, ayer le llamé -me presenté.

-¿De El Faro?

-Sí. Le comentaba sobre el Injuve.

-Estoy leyendo los documentos. Ya me los dieron ayer. Llámame el lunes en la mañana.

-¿Ahora puede decirme algo?

-No… ¿cómo te voy a dar entrevista sin haber leído eso bien?

Una hora previa al encuentro con Marcos Rodríguez en el Campus Party, me acerqué a Carolina Rodríguez, empleada de la oficina de prensa de la Presidencia de la República. Le pregunté si se podría hacer preguntas al presidente con motivo de la inauguración y ella contestó que no, que el presidente no podría responder ninguna de mis  preguntas. Sánchez Cerén no dio declaraciones a la prensa. Entró rodeado de funcionarios de su gabinete, de sus guardaespaldas con guayaberas blancas y se limitó a dar un discurso. Al finalizar la inauguración fue rodeado de cámaras y salió sonriente sin decir nada más.

***

El Injuve tiene sus orígenes en 1996, cuando el presidente Armando Calderón Sol creó el Consejo Nacional para la Seguridad Pública (CNSP) con el fin de diseñar estrategias para la prevención de la violencia de jóvenes en riesgo y asesorar al presidente en el mismo tema.

Dos gobiernos más tarde, el presidente Antonio Saca creó la Secretaría de la Juventud. El sucesor de Saca, Mauricio Funes, en 2011 cambió el CNSP a Consejo Nacional de Juventud (Conjuve) y en noviembre de 2011 la Asamblea Legislativa aprobó la Ley General de la Juventud y se estableció la creación de un Instituto que velara por el cumplimiento de los siete principales ejes de acción de la ley: derecho a la educación; inclusión social, medioambiental y cultural; salud integral; participación juvenil; recreación y tiempo libre; prevención social; y empleo juvenil. Por cada uno de estos ejes responde una subdirección. A mediados de 2012, el Conjuve se transformó en el Instituto para cumplir la Ley General de Juventud.

***

Sofía Sánchez es hija de Claudia Sánchez Villalta, hija del presidente Sánchez Cerén. La madre de Sofía también trabaja en el Ejecutivo: es directora de Cooperación Descentralizada del Viceministerio de Cooperación para el Desarrollo, del Ministerio de Relaciones Exteriores. El hermano de Claudia y tío de Sofía, Salvador Sánchez Villalta, también trabaja en el gobierno: es el gerente de Inclusión Social del Fondo Nacional para la Vivienda Popular (Fonavipo).

Sofía Margarita Sánchez tiene 22 años y este es su segundo puesto en el gobierno. Durante la administración Funes (2009-2014) trabajó en la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype) como colaboradora de Desarrollo de Capital Humano. Recibía un salario de 667 dólares. Cuando su abuelo se convirtió en presidente, cambió de cargo. A finales de septiembre, llamé por primera vez al instituto y pregunté por los nombres de los nuevos subdirectores. La recepcionista me dictó los nombres de los nuevos subdirectores y mencionó en tercer lugar a Sofía Sánchez.

Antes de Sofía Sánchez, el cargo de subdirector de empleo juvenil lo desempeñaba Rolando Majano. Estaba contratado como especialista desde la creación del Injuve y esperaba su nombramiento oficial como subdirector. Con un máster en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España y, según su currículum vitae con vasta experiencia laboral con comunidades en el área de inserción laboral, fue desplazado de su cargo por Sofía Sánchez, estudiante de Relaciones Internacionales. En la experiencia laboral de Sofía destaca la coordinación del movimiento “Por El Salvador que queremos” que formaba parte de la campaña electoral de Sánchez Cerén.

Sofía Sánchez se graduó en 2010 del Complejo Educativo Walter Soundy, de Santa Tecla. Sus exprofesores de bachillerato la describen como una joven dulce y sociable, que el mayor problema que tuvieron fue algún asunto de adolescentes: noviazgo, cabello pintado, etcétera. Fue una buena estudiante, no sobresaliente, pero buena alumna.

***

La mañana del 6 de noviembre sostuve una entrevista con Miguel Ángel Espinoza, el oficial de información pública del Injuve, y con Edwin García, el jefe de la Unidad Jurídica. Cuando pregunté a Espinoza por qué hace falta información oficiosa en el portal del Instituto, respondió que él había sido nombrado hacía poco tiempo, que el Instituto no contaba con oficial de información pública, pues la cuenta la manejaba Casa Presidencial. Que en septiembre un ciudadano interpuso una demanda a la Junta Directiva del Injuve en el Instituto de Acceso a la Información y así surgió la evidente necesidad de crear la plaza.

El jefe de la Unidad Jurídica ha llegado con copias de la Ley General de Juventud y de la Ley de Acceso a la Información entre sus manos.

-¿No le parece que los nuevos contratados deberían ser jóvenes graduados?

-Pues a mí me parece que se le debería dar la oportunidad a todo joven que tenga cualidades para trabajar -responde el jefe de la Unidad Jurídica.

-Pero los currículums son un poco deficientes...

Entonces interrumpe el Oficial de Información:

-¡Pero John Antony es licenciado!

El Jefe de la Unidad Jurídica retoma la conversación y añade:

-Sí, ahí entra en el debate, estamos hablando de crearle oportunidades a los jóvenes, a todo tipo de jóvenes.

-Pero curiosamente son jóvenes cercanísimos a la Juventud del FMLN -contesto.

-Lo cual no sé si es un criterio para excluir a un joven.

-Los nuevos subdirectores no cuentan con la experiencia que requiere el manual de la organización, según los puestos de las subdirecciones.

-Eeh... bueno.

-Por ejemplo, Bertha Chávez es egresada, no titulada; Sofía Sánchez estudia tercer año de Relaciones Internacionales; Alba Santana con estudios no terminados en arquitectura; Zoila Lovos, segundo año de Mercadeo Internacional.

-Lo cual no quiere decir que no cumplan con algunos requisitos.

-El manual menciona que es indispensable que sean graduados universitarios.

-Bueno, lo que sucede... bueno, ese manual ahorita está en reforma (…) vamos a partir de esa base que no tenemos reglamento interno y que el manual de funciones existente son normas dispersas.

Para intentar comprender por qué a Sofía Sánchez aparentemente se le contrata bajo un cargo de especialista, pero ejerce funciones y tiene el poder de un rango más alto pregunto:

-Pero... ¿no hay subdirector de empleo juvenil?

-Ahí se está haciendo el cambio -responde el Oficial de Información.

-Pero si usted llama al Instituto, a Sofía Sánchez la reconocen como subdirectora.

-Precisamente esos son de los cambios que se están haciendo -reafirma el jefe de la Unidad Jurídica del instituto. Lo complementa el oficial de información.

-El cambio que se está haciendo, o sea, se contrató como especialista pero se está haciendo el cambio nominal de la plaza a subdirectora.

Al parecer, desde la creación del Injuve los cargos de subdirección se ejercieron aunque no hubiera nombramientos oficiales. Esto cambió en junio de este año, cuando fueron nombradas con tal cargo Bertha Chávez y Zoila Lovos.

Bajo esta lógica, solo hay dos subdirectoras con nombramiento oficial ante el Ministerio de Hacienda, aunque las oficinas de las subdirecciones estén siendo utilizadas y sus ocupantes tengan el poder territorial que les otorga el cargo. El mismo jefe de la Unidad Jurídica asiente cuando le pregunto por los cinco subdirectores nombrados en la presente administración:

-¿Pero ellos sí están ejerciendo funciones de subdirectores?

-No legítimas.

El 26 de noviembre, luego de solicitar entrevista con Sofía Sánchez por medio del jefe de comunicaciones del Injuve sin obtener espacio en su agenda y luego de marcar en repetidas ocasiones el número directo de su oficina, logré hablar con ella por teléfono. La conversación duró muy poco.

-¿Hablo con la subdirectora de Empleo Juvenil, Sofía Sánchez?

-Sí.

-Buenas tardes, soy periodista y quisiera hacerle unas preguntas.

-Ahora estoy ocupada, deme sus datos y yo le devuelvo la llamada.

***

¿Y quiénes son los otros cuatro subdirectores del Instituto nombrados por la administración Sánchez Cerén? Al buscar sus perfiles en Facebook algunos aparecen vestidos con camisetas del “Che” Guevara o del FMLN. En sus fotos públicas se les ve repartiendo volantes en las calles en tiempos de campaña electoral u ondeando banderas y, algunos, posando con el secretario general del FMLN, Medardo González, y con el secretario de la Juventud del mismo partido, Margarito Nolasco.

El oficial de información asegura que tanto Alba Santana, la subdirectora de Inclusión Social, Medio Ambiente y Cultura, que es la secretaria adjunta de la Juventud del FMLN, como John Antony Cruz, subdirector de Participación Juvenil, trabajan ad honorem como subdirectores del Injuve. John Antony Cruz es abogado y es el único que podía haber sido contratado, si nos atenemos a lo que dicta el manual interno que rige a la institución. Él es el único graduado universitario de los cinco nuevos subdirectores.

Según información brindada por el oficial de información, Zoila Lovos sí está contratada oficialmente como subdirectora de Prevención Social, al igual que Bertha Sánchez, subdirectora de Salud Integral. Lovos tiene estudios de segundo año de mercadeo internacional. Sánchez es egresada de contaduría pública de la Universidad de El Salvador y en su experiencia laboral se detalla que fue “anfitriona en la Defensoría del Consumidor” y antes, “vendedora de almacenes Simán en San Miguel.”

 ***

Es el 1 de diciembre y a las 4:15 entro al auditórium del Museo Nacional de Antropología, mucho antes de que la vendedora de periódicos anunciara las bondades del Instituto Nacional de la Juventud. Alba Santana, la subdirectora de Inclusión Social, Medio Ambiente y Cultura, está parada frente al público. Me ve caminar en dirección suya y se acerca a sus compañeros de trabajo. Me presenté ante ella como periodista cuatro días antes en una visita al Injuve para conocer sus instalaciones y sostener una entrevista con el jefe de comunicaciones. Hablan entre sí, se muestran los celulares. Me acerco y me ignoran, girando sus cuellos y sus miradas en dirección contraria a la de mi cara. 

Convocada para las 4:30 p.m., el montaje de la obra arranca hasta después de las 5:15 p.m. Cinco minutos después de haber llegado al auditorio me presento ante John Antony Cruz, quien espera paciente. Me le acerco y le pregunto si puede atenderme durante cinco minutos. “Mire, ahorita... ahorita no”, me responde. Luego, sigue sentado platicando con sus compañeros de primera fila por otros 40 minutos hasta que comienzan las palabras de apertura.

Yeymi Muñoz, la directora del Instituto, entra al auditórium minutos después. Nunca nos hemos visto en persona. No me conoce. Se toma fotografías con el elenco de la obra de teatro mientras me acerco a Bertha Chávez, la subdirectora de Salud Integral.

-¿Usted es subdirectora de Salud Integral?

-Sí.

-Estoy haciendo un reportaje y he querido contactar a los subdirectores, pero parece que andan muy ocupados.

-Sí, bastante ocupados, pero ahí está la directora, cualquier cosa con ella.

Contacto a la directora y caminamos hacia afuera del auditórium, al lado de la puerta. El equipo de comunicaciones del Instituto saca dos cámaras para registrar la conversación.

-Cuando usted llegó al Instituto había otras personas encargadas de las subdirecciones. ¿Usted eligió al equipo?

-Sí. El equipo es elegido, no hay un procedimiento.

-El manual interno de la institución dice que para ocupar una subdirección es indispensable ser graduado universitario. No sé si eso entra en contradicción con…

-Los subdirectores aún no han sido nombrados.

-Hay dos subdirectoras oficiales, Zoila Lovos y Bertha Chávez.

-Son coordinadores sectoriales.

La respuesta de Muñoz contrasta con lo que dicen los currículum vitae que proporcionó el Injuve a El Faro, donde se menciona a dos de las cinco pesonas como subdirectores. El memorándum de septiembre también cita a los cinco como subdirectores y lo mismos dicen notas de prensa en la página e internet del Instituto.

-Cinco subdirectores pertenecen a la Juventud del FMLN… ¿es esta una política del partido? ¿Tiene voz el partido sobre quién se coloca en el Injuve?

-No hay un perfil de si es o no, o si pertenece o no a la juventud del partido. Creo que es un derecho consignado en la Constitución, es un derecho la participación política que está dentro de la ley general de la juventud; y si lo son o no lo son eso es parte de la vida privada de cada uno -responde la directora del Injuve-. Lo que yo he hecho es articular un equipo que tenga la capacidad de trabajar con jóvenes.

-¿Que ellos sean cercanos al FMLN influirá en la dirección del Injuve?

-La dirección del Injuve la asumo yo. Y si ellos tienen una vida partidaria son libres de hacerlo, como lo son libres todos los jóvenes del país.

-Sofía Sánchez, nieta del presidente Sánchez Cerén, es estudiante de tercer año de Relaciones Internacionales, tampoco está graduada y tampoco cuenta con experiencia laboral en el área que dirige. ¿Cómo se explica su contratación?

-En el caso de Sofía Sánchez ella trabajó antes en Conamype y tiene experiencia en el tema de empleo juvenil. No es un delito ser familiar de un funcionario para poder trabajar. De hecho, ella ya trabajaba en las instituciones de gobierno antes de que (Salvador Sánchez Cerén) se constituyera en presidente de la República.

La entrevista termina y los empleados del Injuve guardan sus cámaras. Del auditorio ya sale el maestro de ceremonias que, antes de iniciar la obra de teatro había dicho que “nos acompañan los subdirectores que están en pro del trabajo integral”.

Carta al Presidente de la República


Dagoberto Gutiérrez

Estimado Salvador,

Llegar a ser presidente de la República parece ser, o la culminación de una carrera, o la asunción de las mayores responsabilidades políticas en los países, o también puede ser la captación de las mayores esperanzas de un pueblo empobrecido que espera bastante de aquellos en los que confía. Si esa esperanza fuera el caso, quiere decir que estás parado en un terreno donde millones de voluntades esperan mucho de lo que vos hagas o no hagas.

Tu gobierno, siendo como es, el de un país en la mayor de las crisis, es, también, un gobierno en crisis, y esto hace que tu trabajo sea altamente comprometido, porque te mueves en medio de las contradicciones de los intereses más enfrentados, y tu gobierno y tu partido, son el escenario mayor de esas contradicciones.

Hasta ahora, el mensaje de la unidad se ha estrellado y naufragado en el mar de la realidad de la mayor confrontación entre la riqueza rampante y la pobreza agobiante, el llamado al diálogo carece de una quilla que abra el camino a los débiles para dialogar con los fuertes, y sobre este punto, te diré que no está claro si vos te ubicas o con los fuertes o con los débiles, porque los primeros no necesitan de vos, y los segundos, no parecen contar con vos.

Ambos sabemos que los cambios, más bien dicho, las transformaciones, producen desorden, siempre y cuando sean verdaderas, porque este desorden es el que anuncia un orden nuevo, y un gobierno comprometido lo está, en primer lugar, con ese orden diferente que cruza el territorio del desorden.

Tu gobierno no es, hasta ahora, más que uno comprometido con el orden establecido, con las savias, los jugos y los olores de los más viejos de los poderes ejercidos y de las prácticas inveteradas, como si se tratara de un gobierno de alumnos dedicados de las más rudas oligarquías dominantes, y en estos momentos, el pueblo está aprendiendo a mirar tu gobierno, que es el de tus compañeros, con los mismos ojos de miedo, desconfianza y resquemor con el que siempre se ha mirado a las oligarquías.

Cuando la guerra social despliega sus alas de sangre sobre todo el territorio y pasa a controlar políticamente la vida de las personas que habitan esos territorios, el Estado no aparece y el gobierno no funciona, y lo peor de todo, Salvador, es que el gobierno no parece ni aparece con un pensamiento rector, con una guía, y vos sabes muy bien que cuando hay una realidad quemante, aquellos que no pueden interpretarla pueden ser devorados por ella.

Así las cosas, las próximas elecciones no aparecen como un momento de esperanzas o de posibilidades, sino más bien como un día de mercado, con ofertas de distinto tipo y de distinto olor, donde el trueque de un voto del votante a cambio de una esperanza de los partidos, está entusiasmando menos a los clientes.

Ciertamente, comprometerse con la gente de abajo y con los últimos es hacerlo con aquellos que no tienen nada y que les falta todo, y tu partido no aparece con la disposición de aprender nuevamente el oficio de pensar y actuar desde abajo, porque cuando las transformaciones se hacen desde arriba, éstas, si son populares, requieren que abajo hayan fuerzas comprometidas con esos cambios, pero haz de recordar que en su momento tu partido cortó todo vínculo con toda organización popular, porque se preparaba para gobernar desde arriba. Y, es cierto, que desde ahí pueden hacerse cambios poderosos, sin los de abajo, pero hasta ahora, esa no es la vocación de tu gobierno, que además, estimado Salvador, no aparece con la voluntad para contar con un movimiento popular que asegure transformaciones. Es más, tu gobierno aparece temeroso de las organizaciones populares y, desde luego, tu gente persigue toda autonomía y toda independencia de organismos y organizaciones sociales con respecto a lo que se llama el partido o el gobierno, y la carrera precipitada a capturar todos los rincones posibles del aparato estatal que caracteriza tu gobierno se compagina con la mayor ceguera y la mayor sordera hacia el inmenso rumor y el mayor clamor de justicia y hasta de legalidad que sube desde abajo, de los más oscuros barrancos de la vida, y desde los últimos de los seres humanos.

Entenderás que el que está arriba lo es solamente en relación con los de abajo, pero este compromiso, que es lo que define y te clava en la historia, no admite ni discursos imparciales ni encantadores de serpientes, porque requiere palabras claras y sobre todo acciones sin vacilaciones.

Tu gobierno está ya definido y el pueblo también parece estar definiéndose frente a los gobernantes, porque los años de espera no producen esperanza, y en este horno, y solo en este de altas temperaturas, se está cocinando, sin falta, el pan que definirá lo que comeremos en los próximos meses y años, tanto los de abajo como los de arriba.

Yo te deseo a ti la mejor salud física del mundo para trabajar afanosamente, y la mayor salud política e ideológica para descubrir que la gente te dio su voto esperando transformaciones en su vida, que la mejore y le de dignidad. Ese es el clamor que recorre los caminos y los barrancos, que te recuerdan las mariposas y los pájaros, y que no puede, en ninguna circunstancia, ser ignorado.

Un abrazo de año nuevo para vos y tu familia.

San Salvador, 04 de enero del 2015.

sábado, 3 de enero de 2015

El hombre y la mujer en la intimidad


El sexólogo germano oriental Siegfried Schnabl (derecha) delante de la figura de una muñeca desnuda en el Museo Alemán de Higiene de Dresde (1996). Foto de DPA.

Desempolvando un testimonio

En 1979, la Editorial Científico-Técnica se apresuró a imprimir El hombre y la mujer en la intimidad, un texto sobre relaciones sexuales escrito por el psicólogo entonces germano-oriental Siegfried Schnabl, quien había sido invitado a ofrecer una conferencia en la Universidad de La Habana ese mismo año.

Schnabl era un autoproclamado investigador sexual que, tras publicar en 1969 su manual sobre la intimidad sexual entre el hombre y la mujer, se había convertido en el Consejero Sexual y Matrimonial más exitoso de la ya desaparecida República Democrática Alemana y aunque sus investigaciones sobre sexualidad fueron oficialmente prohibidas en 1973 por el gobierno de su país, se le permitió continuar como jefe de esta especialidad en la universidad Karl Marx Stadt en Chemnitz.

Entre las dieciocho ediciones que se hicieron de su manual estaba la cubana. A decir verdad, el libro no era más que un compendio banalizado y procesado para el socialismo real de las teorías y prácticas elaboradas desde 1957 por el matrimonio americano del ginecólogo William Masters y la psicóloga Virginia Johnson, seguidores de Kinsey que sentaron cátedra en este campo por muchos años. Con la prisa de preparar la edición para la visita del distinguido alemán, los editores descubrieron un poco tarde, que había un capítulo que trataba sobre la homosexualidad de una manera que no encajaba en los principios que regían una psicología dominada por principios ideológicos.

Quizá confiados en que Schnabl hasta hacía poco consideraba la homosexualidad como una enfermedad, a pesar de que desde 1973 la American Psychological Association la había desclasificado como psicopatología, los encargados de organizar la gira no revisaron bien el libro y para su consternada sorpresa se dieron cuenta de que, en ese capítulo, Schnabl presentaba la teoría del baño andrógeno, en pañales entonces, como explicación del homosexualismo sin connotaciones éticas o ideológicas. Simplificando los argumentos, esta teoría establecía que todos los embriones son inicialmente femeninos y muchos son sometidos a un baño andrógeno que determina el desarrollo del sexo masculino. Con los estudios genéticos todavía muy lejos de lo que son ahora, diferentes mezclas y visiones de esta teoría se sostenían para calificar la homosexualidad como un fenómeno natural. Por supuesto, la teoría, que ha evolucionado con el tiempo y con el desarrollo de la genética, estaba muy incompleta y llena de baches, pero lo importante es que representaba un desafío insólito para la dirigencia de la facultad de psicología cubana, ya que implicaba un apoyo científico a la normalidad biológica de la homosexualidad en un momento en el cual la homofobia era razón de Estado.

No se hicieron esperar los parches. Originalmente, el libro iba a ser distribuido a toda la población, pero en sus afanes remendones, las autoridades pertinentes determinaron que se vendería sólo a psicólogos y psiquiatras previa presentación de su identificación como tales. Recuerdo el día que fui a comprar mi ejemplar, ya que no vendían más de uno por cliente, en una librería de la calle Zanja, muy cerca del barrio chino. Le dije a la dependienta lo que quería y ésta, tras mirar sigilosamente a ambos lados, me pidió la identificación que de inmediato produje. Sacó una libreta y anotó mis datos lenta y cuidadosamente. Tras guardar la libreta y devolverme mi carnet, sacó un cartucho y se agachó tras el mostrador. Con trabajo manipuló para extraer un libro que estaba enterrado bajo un montón de revistas (lo supuse por el sonido, ya que nada se veía) y luego lo puso dentro del cartucho. Se irguió y me lo entregó mirando de nuevo a todas partes y advirtiéndome: “No lo saques aquí”.

El dichoso capítulo se convirtió en el tema del momento entre los psicólogos. Las autoridades de la facultad prepararon un almuerzo con Schnabl para ajustarle y advertirle los límites de su conferencia. El temita había que tocarlo de pasada. Aunque la mayoría de nosotros estábamos más interesados en preguntar sobre el uso de la prostitución para tratar la impotencia y la esterilidad sexual en un sistema socialista, elemento que manejaban con frecuencia Masters y Johnson y que Schnabl tímidamente reflejaba en su libro, la dirigencia del partido y de la juventud comunista repartieron entre varios de sus miembros una lista oportuna de preguntas que coparían la sesión una vez que Schnabl terminara su alocución, propósito que lograron y que interfirió con las pocas preguntas espontáneas que algunos intentaron hacer. Sin embargo, Schnabl, queriendo hacerse el simpático para aligerar el ambiente y romper el hielo que reinaba en el local, empezó su conferencia diciendo: “Ayer durante el almuerzo que me ofrecieron, me pareció que me miraban como si yo hubiera llegado dirigiendo un batallón de homosexuales que invadían por Playa Girón”. Hubo un silencio ensordecedor en el anfiteatro.

En 1982, Néstor Almendros me contactó para preguntarme si me interesaba ofrecer este relato para que formara parte del documental sobre la represión a los homosexuales en Cuba que entonces filmaba y que luego sería Conducta Impropia (1984). Accedí y unos meses más tarde Néstor vino al festival de cine que organiza la Ohio University en la pequeña y pintoresca Athens, situada en el este rural del estado de Ohio, a unos doscientos kilómetros de mi casa. Me pidió que fuera por allá para filmarme y entrevistarme, pero cuando aquello yo era pobre e indocumentado y el vehículo que manejaba no hubiera llegado ni a mitad del camino. Hablamos de la posibilidad de que él llegara a Cincinnati o de que nos acercáramos a medio camino, pero sus obligaciones con el festival se lo impidieron y el testimonio cayó en el olvido.

Roberto Madrigal, Cincinnati




Este texto de Roberto Madrigal se reproduce con autorización de su autor, que lo tiene publicado en su blog. La única edición en español del libro El hombre y la mujer en la intimidad es la cubana, de cuya traducción se ocupó Francisco Díaz Solar. La sexóloga germano-oriental Monika Krause, que trabajaba en el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), se encargó de la revisión técnica. En la polémica sostenida en The Village Voice, a raíz del estreno del documental Conducta impropia, el cineasta Tomás Gutiérrez Alea mencionó la publicación de este libro en Cuba y citó pasajes en los que el Dr. Schnabl hablaba del porqué la homosexualidad no podía entenderse como perversión. 

Schnabl iba más lejos y decía que los homosexuales, como todos los ciudadanos, tenían el derecho a ser valorados y reconocidos por sus logros y comportamiento. Sin embargo, como señalaron Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal en una carta publicada en The Village Voice, este experto en sexología de la Alemania comunista no escondía sus prejuicios contra los homosexuales cuando los describía, ridiculizándolos. Ejemplos en las páginas 329, 331, 332, 334. 

Todos los textos de la polémica en The Village Voice se pueden leer aquí. En Alemania, la homosexualidad fue penalizada según el artículo 175, también conocido como párrafo 175. Existe un excelente documental, Párrafo 175 (2000), de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, que testimonia el acoso y persecución de los homosexuales durante el Tercer Reich. Recomiendo vivamente también el documental La reina del condón (2007), de Silvana Ceschi y Reto Stamm, sobre la sexóloga Monika Krause.

viernes, 2 de enero de 2015

21 salvas a la Revolución Cubana


Desde la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña fueron disparadas 21 salvas de artillería en saludo al aniversario 56 del triunfo de la Re­vo­lución Cubana, en honor a los mártires de la Patria y al aguerrido pueblo cubano

 A las 12 de la noche de este 31 de diciembre, como cada año desde la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, se iluminaba el cielo. Eran disparadas 21 salvas de artillería en saludo al aniversario 56 del triunfo de la Re­vo­lución Cubana, una ceremonia militar que festejaba lo conquistado y abría paso a los retos que nos impondrá el 2015.

Luego de la voz de mando dada por el capitán Erisleibis Ortega Pino, jefe de la batería de salvas, y al compás de las notas del Himno Nacional, retumbaron los disparos de los obuses de 122 milímetros M-30, operados por 39 cadetes de la Escuela Interarmas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias General Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo.

Sonaban los disparos en honor a los mártires de la Patria, a nuestro aguerrido pueblo y a la victoria.

Organizados en cinco dotaciones, cada una integrada por seis miembros con sus reservas, los jóvenes, entre ellos 15 mu­chachas, lu­cieron su destreza en un ejercicio que reco­noce su calidad como estudiantes y premia el esfuerzo realizado durante el año.

“Aquí están los mejores de la especialidad según sus resultados académicos, su disciplina y a su vez es un gesto voluntario porque renuncian a sus vacaciones. Estar aquí es un reconocimiento para estos cadetes, un honor y lo hacen con la alegría y la responsabilidad que caracteriza a nuestros jóvenes”, comenta el también joven capitán al frente de la batería.

Kimai Graverán Álvarez es pinareña y tiene 22 años y Luis Ángel Eguis Sánchez viene de Villa Clara y cuenta solo 20.

Ambos fueron protagonistas de la ceremonia a la que acuden muchos espectadores. No es la primera vez que tienen esta oportunidad, pero para ellos sigue siendo igual de emocionante el momento.

“Es un gran privilegio participar en estas salvas de artillería porque no todo el mundo tiene el orgullo de hacer este ejercicio y realmente nosotros lo celebramos”, dice Luis Ángel y continúa:

“Estamos festejando el nuevo año y despidiendo el 2014 que fue de grandes resultados para nuestra Revolución. Nos ha tocado vivir una página importante de nuestra Historia, momentos inolvidables como el de tener nuevamente en la Patria a los Cinco Héroes que estaban injustamente presos en cárceles del imperio, y de cambios, entre ellos el anuncio del restablecimiento de las relaciones di­plomáticas con Estados Unidos”.

Mientras, Kimai espera que el 2015 traiga cosas muy buenas: “Estoy cursando el cuarto año y pronto me convertiré en teniente, una oficial de las Fuerzas Armadas. Serán otros los retos, nuevas dificultades que enfrentar, y más cuando mi bebé David Alejandro tiene solo 15 meses de nacido”, dice con una sonrisa en los labios.

Ella es parte de ese equipo de mujeres artilleras que evidencian el espacio ganado por las de su sexo: “Muchos dicen que la artillería es para hombres pero a mí y a mis compañeras nos gusta esta especialidad y decidimos escogerla. Se trabaja con armamento pesado y hemos demostrado que hacemos lo mismo que nuestros compañeros”.

En la ceremonia Kimai se desempeñó como jefa de pieza y cuando se gradúe en agosto ejercerá el cargo primario de jefa de pelotón, ya sea de fuego o de mando en una unidad de combate.

Por su parte, Luis Ángel agrega que la suya es una especialidad muy interesante y educativa: “Se divide en cinco ramas fundamentales: la táctica, el trabajo de exploración, el armamento, el carácter combativo y el tiro y dirección de fuego”.

Ambos están entre los cadetes más integrales y además de terminar con cinco puntos el curso anterior, se les mide por su conducta, su disciplina, porte y aspecto, la participación en actividades políticas, deportivas y cultura­les. Son jóvenes de vanguardia.

“A la juventud nos toca llevar adelante la lucha que guiara nuestro Comandante en Jefe y por la que tantos cubanos ofrendaron sus vidas hasta obtener el triunfo del Primero de Enero de 1959. Esta ceremonia de hoy es nues­tro mejor homenaje”, concluyó Luis Ángel, mientras de impecable uniforme se alejaba junto a sus compañeros, entre los muros de una fortaleza que ha resistido por siglos los embates del tiempo.

 Cuba celebra los 56 años de una revolución que superó todas las agresiones de EE.UU.

 Cuba festeja el 56 aniversario de su revolución. La fecha no es solo motivo de celebración sino también una lección de coraje y resistencia de quienes han vivido el proceso de cerca.

 

 "Yo veía las niñas con zapaticos blancos y le decía a mi mamá que me comprara un par de zapaticos blancos". Para Nemesia Rodríguez Montalvo, víctima de la invasión de EE.UU. en 1961, era un sueño casi imposible de cumplir. El pueblo donde vivía estaba separado por un pantano y su familia apenas disponía de dinero.

Todo cambió el 1 de enero de 1959. Tras el triunfo de la revolución se construyó una carretera, mejoró la infraestructura y por fin pudo cumplir su tan ansiado sueño. Los bienes empezaron a llegar y la madre de Nemesia puso sus ahorros para conseguir los "zapaticos blancos". "Yo les veía tan lindos que la que no encontraba ocasión para ponerlos fui yo", confiesa la mujer.

El sueño se hizo real aunque la alegría no duró mucho. Nadie, dice Nemesia, se podía imaginar una invasión, un ataque contra la población 'por gusto'. Cuando se anunció la evacuación tenía tan solo 13 años. Era demasiado joven como para comprender a qué se estaba enfrentando. "Puse mi mejor ropita y los zapaticos blancos. Y cuando nos trasladábamos hasta Jagüey un avión atacó el camión donde yo iba".

Perdió a su madre, sus hermanos resultaron heridos y su abuela quedó paralizada hasta el día en que falleció. Así se produjo la invasión de Bahía de Cochinos en la playa Girón en 1961, que contó con la participación de unos 1.200 mercenarios estadounidenses.

"¿Quién los armó, quién los transportó y quién los embaucó? Siempre va a haber un culpable detrás de toda esa operación, y ese culpable fue el Gobierno y la CIA de EE.UU.", asegura el historiador Julio Amorín Pons a RT.

Según los documentos desclasificados, la operación fue parte del plan diseñado por las autoridades estadounidenses con el fin de derrocar a Fidel Castro. Afirmaban que con su ausencia sería fácil establecer una junta que favorecería los intereses de Washington.

Pero Nemesia está convencida de que el espíritu que había nacido dos años antes de la invasión, el del triunfo de la revolución del 1 de enero, dio la fuerza necesaria y fue el incentivo para imponerse tanto en la batalla de Girón como en otros ataques contra el Gobierno cubano. Algo que corroboran los historiadores.

"Toda revolución va iniciando un proceso y es lógico que cometa errores, pero la mayoría de la población cubana sigue apoyando la revolución precisamente porque responde a los intereses del pueblo cubano", afirma Pons.

Más de medio siglo ha sido el tiempo que se han prolongado los intentos de EE.UU. de destruir la revolución cubana. Al menos con medidas económicas. Lo reconocía el mismo presidente estadounidense el mes pasado al anunciar la normalización de las relaciones con Cuba. Una decisión que incrementó aún más el espíritu revolucionario de los cubanos y confirmó la impotencia de los países ajenos ante la voluntad del pueblo cubano.

martes, 30 de diciembre de 2014

Las Maras y su vínculo con poderes ocultos


 Foto: La Orquesta



 El Ciudadano



Las maras constituyen un problema social con aristas múltiples. Esto ya es sabido, existiendo una amplia bibliografía sobre el tema. Lo que se quiere resaltar ahora es la vinculación que existe entre ellas y poderes paralelos u ocultos nacidos en la guerra contrainsurgente de décadas pasadas, y que aún sobreviven, en muchos casos ocultos en estructuras del Estado, detentando considerables cuotas de poder económico y político.

Las maras funcionan como familia sustituta de numerosos jóvenes que proceden de hogares disfuncionales. El motivo por el que un joven, o un niño -dado lo prematuro de las edades con que se hace el pasaje de incorporación- ingresa a una mara, denota una sumatoria de causas: hay un trasfondo de pobreza estructural e histórica sobre el que se articula una cultura de violencia dominante, impuesta ya como norma en la historia del país, fortalecida con un conflicto armado que alcanzó ribetes de crueldad indecibles y que sigue sirviendo como pedagogía del terror, a lo que se suman impunidad, debilidad o ausencia de políticas públicas por parte del Estado, diferencias económicas irritantes entre los sectores más favorecidos y la gran masa de pobres y excluidos, ruptura de los tejidos sociales producto de la guerra interna, de la masiva movilidad del campo hacia la ciudad y de la salida desesperada hacia el extranjero como vía de escape a la pobreza crónica con la repatriación forzada de muchas de esas personas en condiciones que agravan la ya precaria situación nacional.

Todo esto ya es sabido suficientemente. La academia lo ha venido estudiando desde hace un buen tiempo disponiéndose de mucho conocimiento al respecto, lo cual, lamentablemente, no se traduce en respuestas efectivas por parte del Estado con la implementación de políticas sostenibles y de largo alcance. Las maras, por tanto, siguen siendo criminalizadas y vistas como causa, no como consecuencia.

Dichas maras han venido cambiando su perfil en el tiempo, aumentando su agresividad, tornándose mucho más crueles que en los momentos de su aparición en la década de los 80 del siglo pasado. Ello responde a una transformación nada azarosa. Los llamados grupos de poderes paralelos enquistados en diversas estructuras que siguen operando con lógicas contrainsurgentes, aprovechan a estos jóvenes para sus operaciones delictivas. Pero más aún: en un proyecto semi-clandestino, desde ciertas cuotas de poder que esos grupos detentan, las maras constituyen un brazo operativo y funcional que sirve a sus intereses de proyección político-económica en tanto grupos de poder, disputándole terreno incluso a fuerzas sociales tradicionales.

En tal sentido, las maras operan en función de un mensaje de control social que estos poderes ocultos envían al colectivo. La violencia generalizada que campea sobre el país, fundamentalmente sobre determinadas zonas urbanas, tiene una lógica propia, pero al mismo tiempo responde a la implementación de planes trazados por determinados centros de poder donde las maras se han convertido en nuevo “demonio”, supuesta causa de todos los problemas.

Las maras están sobredimensionadas. Los medios masivos de comunicación han hecho de ellas un problema de seguridad nacional -no siéndolo, claro está- con lo que se alimenta un clima de zozobra donde esos poderes ocultos, semi-clandestinos, navegan perfectamente, aprovechándose de la situación. El miedo, el terror a las maras que se ha ido creando, es funcional a un proyecto de inmovilización social, de control contrainsurgente que guarda vínculos con lo vivido años atrás durante el conflicto armado interno en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional y combate al enemigo interno. Podría describirse la dinámica como: “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Cero organización comunitaria, generalizada desconfianza del otro, clima de paranoia social”.

Contextualizando el problema


Las maras existen en Guatemala desde hace ya más de tres décadas. En ese lapso de tiempo fueron evolucionando grandemente, y las primeras experiencias de los años 80 del siglo pasado, cuando grupos de muchachos defendían a puño limpio sus territorios en las colonias populares, ya no tienen nada que ver con su perfil actual.

Hoy por hoy, estos grupos juveniles pasaron a ser un enemigo público de proporciones gigantes. Y justamente ahí viene la pregunta que motiva el presente texto: ¿son realmente las maras el problema a vencer en nuestra empobrecida sociedad post guerra, o hay ahí ocultas agendas mediático-políticas?

La insistente prédica de los medios masivos de comunicación ya desde hace años nos convenció que la violencia (identificada sin más con delincuencia) nos tiene de rodillas. De esa cuenta, sin análisis crítico de la cuestión, las maras se han venido presentando en forma creciente como uno de los grandes problemas nacionales. Por cierto, eso está sobredimensionado. Una simple lectura de los hechos indica que, en todo caso, el problema de fondo no son estos jóvenes en sí mismos sino las causas por las que se convierten en transgresores. De hecho, nadie sabe a ciencia cierta cuántos mareros hay. Llamativo, sin dudas. Las estimaciones van desde 3,000 hasta 200,000. Si de un problema de tal magnitud nacional se trata, ¿cómo sería posible que nadie tenga datos ciertos?

Efectivamente es cierto que, hoy por hoy, sus actos constituyen a veces demostraciones de la más espantosa crueldad y falta de solidaridad: matan, violan, descuartizan a sus víctimas, extorsionan. Ahora bien: ¿por qué se fue dando ese paso de grupo barrial juvenil a “demonio” temido, problema de seguridad nacional, con valor casi de nueva plaga bíblica?

¿Cómo es posible que un número no determinado, siempre impreciso de jóvenes marginalizados, subalimentados, con escasa o nula educación formal, provenientes de barriadas pobres, viviendo siempre en situaciones de aguda carencia, de precariedad extrema, pobremente equipados en términos comparativos con las fuerzas armadas regulares, sin ningún proyecto real de transformación político-social, tengan en vilo a toda una sociedad? ¿No es posible, si se trata de un problema de seguridad, que las fuerzas armadas oficiales den cuenta del fenómeno, que puedan controlar esa expresión de violencia desbordada? Cuesta creer que un grupo de jóvenes rebeldes constituya un problema tan serio.

Ello fue lo que motivó poner en marcha las preguntas que aquí compartimos, y que sin dudas podrían generar una investigación mucho más exhaustiva, realizada con el rigor de un estudio de ciencias sociales metodológicamente encarado.

Pero hay una intuición que complejiza las cosas: Guatemala aún está intentado salir -sin saberse con exactitud cuánto tiempo durará eso- de un clima post bélico que pareciera tender a perpetuarse. En concreto, hace ya cerca de dos décadas que se firmó formalmente la paz entre los grupos militarmente enfrentados: el movimiento revolucionario armado y el ejército nacional. Sin embargo el clima de militarización y de guerra continúa. Las maras se inscriben en esa lógica.

Ahora bien: distintos indicios (por ejemplo, esa transformación que han ido teniendo en el tiempo, su papel hiperdimensionado en los medios de comunicación como nuevo demonio -lo que ayer era el guerrillero, el “delincuente subversivo”, hoy lo es el marero: la afrenta a la sociedad pacífica-, ciertas coincidencias llamativas en la esfera política) llevan a pensar que hay algo más que un grupo de jóvenes transgresores.

Las maras, si bien tienen una lógica de funcionamiento propia, no son precisamente autónomas. Responden a patrones que van más allá de sus integrantes, jóvenes cada vez más jóvenes, con dudosa capacidad gerencial y estratégico-militar como para mantener en vilo a todo un país. ¿Están manejadas por otros actores? ¿Quién se beneficia de estos circuitos delincuenciales tan violentos? ¿Cuántos mareros existen en el país? Si tanto dinero manejan ¿por qué los mareros continúan viviendo en la marginalidad y la pobreza?

Viendo que todos esos datos faltan, la intuición llevó a pensar que allí debía haber algo más que “jóvenes en conflicto con la ley penal”. Las piezas del rompecabezas están sueltas, y una investigación rigurosa nos permitiría unirlas. Pero allí surgen los problemas.

El tema en cuestión es delicado, álgido, particularmente espinoso. Al estudiar las maras se rozan poderes que funcionan en la clandestinidad, que se sabe que existen pero no dan la cara, que siguen moviéndose con la lógica de la contrainsurgencia que dominó al país por décadas durante la guerra interna. Y esos poderes, de un modo siempre difícil de demostrar, se ligan con las maras. En otros términos: las maras terminan siendo brazo operativo de mecanismos semi-clandestinos que se ocultan en los pliegues de la estructura de Estado, que gozan de impunidad, que detentan considerables cuotas de poder, y que por nada del mundo quieren ser sacados a la luz pública. De ahí la peligrosidad de intentar develar esas relaciones.

A ello se suma, como otra dificultad para llevar adelante una investigación rigurosa, la complejidad de poder investigar pertinentemente el objeto en cuestión. Visto que se trata de relaciones bastante, o muy, ocultas, poder develarlas no es nada sencillo. Nadie quiere/puede prestarse a dar mayor información. La información está allí, pero quien la detenta realmente no la va a dar. O, al menos, no la dará sino bajo circunstancias muy particulares. De ahí que el trabajo al respecto tiene algo de detectivesco, de orfebre rehaciendo una pieza quebrada. En este caso, el investigador se debería dedicar a recoger indicios para intentar unirlos, haciendo cruces entre ellos para sacar conclusiones bastante sustentadas.

Obtener información válida en un campo donde se sabe poco, hay poco o nada investigado y donde casi nadie está dispuesto a hablar, se torna un enorme problema metodológico. Un obstáculo más que se sumaría en la posible investigación está dado por la fiabilidad de los datos que podrían recogerse y por la posibilidad de demostrar fehacientemente, con pruebas contundentes en las manos, las hipótesis en juego. Sabido es que en ciencias sociales los esquemas epistemológicos son distintos a los de las ciencias exactas, las llamadas “ciencias duras”. Si más arriba se pudo hablar de “intuición” en un marco académico, es porque las ciencias sociales lo posibilitan. O más aún: lo requieren. De todos modos, eso siempre constituye un problema a vencer: cómo demostrar que las conclusiones obtenidas son válidas.

Un posible mapa conceptual sobre el asunto

¿Quién se beneficia de las maras?

Desde hace ya unos años, y en forma siempre creciente, el fenómeno de las pandillas juveniles violentas ha pasado a ser un tema de relevancia nacional.

Se trata de un fenómeno urbano, pero que tiene raíces en la exclusión social del campo, en la huida desesperada de grandes masas rurales de la pobreza crónica de aquellas áreas, que se articula a su vez con la violencia de la guerra interna que asoló al país años atrás y que dio como consecuencia: 1) una cultura de violencia e impunidad que se extendió por toda la sociedad y aún persiste, ya vuelta “normal”, y 2) la salida del país de innumerable cantidad de población que, tanto por la guerra interna como por la situación de pobreza crónica, marchó a Estados Unidos, de donde muchos jóvenes regresaron deportados portando los valores de una nueva cultura pandilleril, desconocida años atrás en Guatemala.

Según el manipulado e insistente bombardeo mediático, son estos grupos las principal causa de inestabilidad y angustia de nuestra sociedad post conflicto, ya de por sí fragmentada, sufrida, siempre en crisis. De esa cuenta, es frecuente escuchar la machacona prédica que “las maras tienen de rodilla a la ciudadanía”.

El problema, por cierto, es muy complejo; categorizaciones esquemáticas no sirven para abordarlo, por ser incompletas, parciales y simplificantes. Entender, y eventualmente actuar, en relación a fenómenos como éste, implica relacionar un sinnúmero de elementos y verlos en su articulación y dinámica globales. Comprender a cabalidad de qué se habla cuando nos referimos a las maras no puede desconocer que se trata de algo que surge donde se conjugan muchas causas interactuantes: son los países más pobres del continente, con estructuras económico-sociales de un capitalismo periférico que resiste a modernizarse, viniendo todos ellos de terribles procesos de guerras civiles cruentas en estas últimas décadas, con pérdidas inconmensurables tanto en vidas humanas como en infraestructura, las cuales hipotecan su futuro. A lo cual se suman, como elementos que retroalimentan lo anterior: la enorme desigualdad económico-social de sus poblaciones, la debilidad del Estado, la destrucción del tejido social a causa de los conflictos y la emigración-deportación, más la herencia y la cultura de la impunidad dominantes. La pobreza, en tal sentido, es un telón de fondo que posibilita toda esa sumatoria de procesos, pero debe quedar claro que no es ni la única ni la principal causa del surgimiento de las pandillas, pues si no se la estaría criminalizando peligrosamente.

O, en todo caso, surgen en los sectores más empobrecidos (inmigrantes latinos, poblaciones afrodescendientes) de una gran economía como es Estados Unidos, lugar desde donde la cultura pandilleril se difunde hacia los países más carenciados del continente, en buena medida por las deportaciones que realiza el gobierno federal de aquella nación.

Las maras en Guatemala, de esa forma, son una expresión patéticamente violenta de una sociedad ya de por sí producto de una larga historia de violencia, hija de una cultura de la impunidad de siglos de arrastre, de un país donde el Estado no es un verdadero regulador de la vida social y donde el desprecio por la vida no es infrecuente.

Empiezan a surgir para la década de los 80 del siglo pasado, aún con la guerra interna en curso. En un primer momento fueron grupos de jóvenes de sectores urbanos pobres, en muchos casos deportados desde Estados Unidos, que se unían ante su estructural desprotección. Hoy, ya varias décadas después, son mucho más que grupos juveniles: son, según lo que podría parodiarse del discurso mediático que invade todo el espacio: “la representación misma del mal, el nuevo demonio violento que asola el orden social, los responsables del malestar en toda la región”…, al menos según las versiones oficiales, incorporadas ya como imaginario colectivo en la ciudadanía de a pie, repetido hasta el hartazgo por los medios masivos de comunicación.

El análisis objetivo de la situación permite comprobar que se ha venido operando una profunda transformación en la composición y el papel social jugado por las maras. De grupos de defensa territorial, más cercanos a “salvaguardar el honor” de su barrio, han ido evolucionando a brazo indispensable del crimen organizado. En estos momentos, existen sobrados argumentos que demuestran que ya no son sólo grupos juveniles delincuenciales que entran en conflicto con la ley penal en función de satisfacer algunas de sus necesidades (drogas, alcohol, recreación, teléfonos celulares de moda, vestuario, etc.). Por el contrario, terminan funcionando como apéndice de poderes paralelos que los utilizan con fines políticos. En definitiva: control social.

Los mareros, cada vez más, deciden menos sobre sus planes, y en forma creciente se limitan a cumplir órdenes que “llegan de arriba”. El sicariato, cada vez más extendido, está pasando a ser una de sus principales actividades. Valga al respecto la declaración de un joven vinculado a una pandilla: “Decían en Pavón estos días los chavos mareros, ahora detenidos, que están contentos porque el año que viene, año electoral, van a tener mucho trabajo. Eso quiere decir que se los va a usar para crear zozobra, para infundir miedo. Y por supuesto, hay estructuras ahí atrás que son las que dan las órdenes y les dicen a la mara qué hacer”.

No cabe ninguna duda que las maras son violentas; negarlo sería absurdo. Más aún: son llamativamente violentas, a veces con grados de sadismo que sorprende. No hay que perder de vista que la juventud es un momento difícil en la vida de todos los seres humanos, nunca falto de problemas. El paso de la niñez a la adultez, en ninguna cultura y en ningún momento histórico, es tarea fácil. Pero en sí mismo, ese momento al que llamamos adolescencia no se liga por fuerza a la violencia. ¿Por qué habría de ligarse? La violencia es una posibilidad de la especie humana en cualquier cultura, en cualquier posición social, en cualquier edad. No es, en absoluto, patrimonio de los jóvenes. Quienes deciden la guerra, la expresión máxima de la violencia (y se aprovechan de ella, por cierto), no son jóvenes precisamente. Eso nunca hay que olvidarlo.

De todos modos, algo ha ido sucediendo en los imaginarios colectivos en estos últimos años, puesto que hoy, al menos en la noción popularmente extendida que ronda en nuestro país, ser joven -según el discurso oficial dominante- es muy fácilmente sinónimo de ser violento. Y ser joven de barriadas pobres es ya un estigma que condena: según el difundido prejuicio que circula, provenir de allí es ya equivalente de violencia. La pobreza, en vez de abordarse como problema que toca a todos, como verdadera calamidad nacional que debería enfrentarse, se criminaliza. Si algo falta hoy en los planes de gobierno, son abordajes preventivos.

A esta visión apocalíptica de la pobreza como potencialmente sospechosa se une una violencia real por parte de las maras que no puede desconocerse, a veces con niveles increíbles de crueldad, por lo que la combinación de ambos elementos da un resultado fatal. De esa forma la mara pasó a estar profundamente satanizada: la mara devino así, al menos en la relación que se fue estableciendo, una de las causas principales del malestar social actual. La mara -¡y no la pobreza ni la impunidad crónica!- aparece como el “gran problema nacional” a resolver.

Se presentifican ahí agendas calculadas, distractores sociales, cortinas de humo: ¿pueden ser las pandillas juveniles violentas -que, a no dudarlo, son violentas, eso está fuera de discusión- el gran problema a resolver en un país con altos niveles de desigualdad y en post guerra, en vez de enormes cantidades de poblaciones por debajo de la línea de pobreza? (más de la mitad de la población guatemalteca: 50.9%, se encuentra por debajo de la línea de pobreza que establece Naciones Unidas, es decir: vive con un ingreso de dos (2) dólares diarios). ¿Pueden ser estos grupos juveniles violentos la causa de la impunidad reinante (“los derechos humanos defienden a los delincuentes”, suele escucharse), o son ellos, en todo caso, su consecuencia? El problema es infinitamente complejo, y respuestas simples y maniqueas (“buenos” versus “malos”) no ayudan a resolverlo.

Si fue posible desarticular movimientos revolucionarios armados apelando a guerras contrainsurgentes que no temieron arrasar poblados enteros, torturar, violar y masacrar para obtener una victoria en el plano militar, ¿es posible que realmente no se puedan desarticular estas maras desde el punto de vista estrictamente policíaco-militar? ¿O acaso conviene que haya maras? Pero, cui bono?, ¿a quién podría convenirle?

Consecuencia y no causa

En la génesis de cualquier pandilla se encuentra una sumatoria de elementos: necesidad de pertenencia a un grupo de sostén que otorgue identidad, la dificultad en su acceso a los códigos del mundo adulto; en el caso de los grupos pobres de esas populosas barriadas de donde provienen, se suma la falta de proyecto vital a largo plazo. Por supuesto, por razones bastante obvias, esta falta de proyecto de largo aliento es más fácil encontrarlo en los sectores pobres que en los acomodados: jóvenes que no hallan su inserción en el mundo adulto, que no ven perspectivas, que se sienten sin posibilidades para el día de mañana, que a duras penas sobreviven el hoy, jóvenes que desde temprana edad viven un proceso de maduración forzada, trabajando en lo que puedan en la mayoría de los casos, sin mayores estímulos ni expectativas de mejoramiento a futuro, pueden entrar muy fácilmente en la lógica de la violencia pandilleril, que supuestamente otorga bondades, “dinero fácil”, reconocimiento social. “Bondades”, por supuesto, que encierran una carga mortal. Una vez establecidos en ese ámbito, por una sumatoria de motivos, se va tornando cada vez más difícil salir.

Lo que suele suceder con estos grupos es que, en vez de ser abordados en la lógica de poblaciones en situación de riesgo, son criminalizados. Tan grande es esa criminalización, que eso puede llevar a pensar que allí se juega algo más que un discurso adultocéntrico represivo y moralista sobre jóvenes en conflicto con la ley penal. ¿Por qué las maras son el nuevo demonio? Porque, definitivamente, no lo son. Al respecto, valgan las palabras de un inspector de la Policía Nacional Civil con el que se habló del tema: “A veces no es la mara la que comete los hechos delictivos, pero se le echa la culpa. Conviene tenerla como lo más temible, porque con eso se tiene atemorizada a la población. Y mucha gente realmente queda aterrorizada con todo lo que se dice y se cuenta de las maras. No todos los delitos que se cometen los hacen las maras. Hay muchos delincuentes que actúan por su cuenta, pero los medios se encargan de echarle siempre la responsabilidad a las maras (…) Hay una gran gama de delincuentes: robacarros, asaltabuses, narcotraficantes, robafurgones, personas individuales que delinquen y roban en un semáforo, y también maras. Hay de todo, no sólo mareros”.

¿Hay algo más tras esa continua prédica? Cuando un fenómeno determinado pasa a tener un valor cultural (mediático en este caso) desproporcionado con lo que representa en la realidad, por tan “llamativo”, justamente, puede estar indicando algo. ¿Es creíble acaso que grupos de jóvenes con relativamente escaso armamento (comparado con lo que dispone el Estado) y sin un proyecto político alternativo (porque definitivamente no lo tienen, no intentan subvertir ningún orden social) se constituyan en un problema de seguridad nacional en varios países al mismo tiempo, que puedan movilizar incluso los planes geoestratégicos de potencias militares extra-regionales? De hecho Estados Unidos en innumerables ocasiones se refirió a las maras como un problema de seguridad que afecta la gobernabilidad y la estabilidad democrática de la región y preocupa a su gobierno central en Washington. ¿Qué lógica hay allí?

Un ex pandillero con el que trabamos contacto decía al respecto: “Las pandillas funcionan como un distractor dentro del sistema: mientras pasa cualquier cosa a nivel político, se utiliza la mara como chivo expiatorio, y los titulares de la prensa o de la televisión no deja de remarcarlas como el gran problema”.

Todo lo anterior plantea las siguientes reflexiones:

• Las maras no son una alternativa/afrenta/contrapropuesta a los poderes constituidos, al Estado, a las fuerzas conservadoras de las sociedades. No son subversivas, no subvierten nada, no proponen ningún cambio de nada. Quizá no sean funcionales en forma directa a la iniciativa privada, a los grandes grupos de poder económico, pero sí son funcionales para ciertos poderes (poderes ocultos, paralelos, grupos de poder que se mueven en las sombras) que -así lo indica la experiencia- las utilizan. En definitiva, son funcionales para el mantenimiento sistémico como un todo, por lo que esos grandes poderes económicos, si bien no se benefician en modo directo, terminan aprovechando la misión final que cumplen las maras, que no es otro que el mantenimiento del statu quo. Pero esto hay que matizarlo: no son los poderes tradicionales quienes las utilizan (la cúpula económica tradicional, la aristocracia histórica ligada a la agroexportación, los grandes detentadores de las fortunas más abultadas) sino los nuevos poderes ligados a estructuras estatales y que continúan subrepticiamente con el Estado contrainsurgente creado durante el conflicto armado interno, en general vinculados a negocios fuera de la ley (contrabando, trata de personas, narcoactividad, crimen organizado). Es decir, aquello que son llamados “poderes paralelos u ocultos”.

• Las maras no son delincuencia común. Es decir: aunque delinquen igual que cualquier delincuente violando las normativas legales existentes, todo indica que responderían a patrones calculadamente trazados que van más allá de las maras mismas. No sólo delinquen sino que, esto es lo fundamental, constituyen un mensaje para las poblaciones. Esto lleva a pensar que hay planes derivados de las perversiones o “patologías sociales” a las que da lugar la contrainsurgencia y los poderes paralelos cuando se quiere seguir utilizando los mecanismos ilegales e impunes que le son propios en el marco de gobiernos democráticos.

• Si bien son un flagelo -porque, sin dudas, lo son-, no afectan la funcionalidad general del sistema económico-social. En todo caso, son un flagelo para los sectores más pobres de la sociedad, donde se mueven como su espacio natural: barriadas pobres de las grandes urbes. Es decir: golpean en los sectores que potencialmente más podrían alguna vez levantar protestas contra la estructura general de la sociedad. Sin presentarse así, por supuesto, cumplen un papel político. El mensaje, por tanto, sería una advertencia, un llamado a “estarse quieto”.

• No sólo desarrollan actividades delictivas sino que, básicamente, se constituyen como mecanismos de terror que sirven para mantener desorganizadas, silenciadas y en perpetuo estado de zozobra a las grandes mayorías populares urbanas. En ese sentido, funcionan como un virtual “ejército de ocupación”. Un abogado entrevistado, que defiende mareros, afirmaba: “La mara sirve a los poderes en tanto sistema, porque no cuestionan nada de fondo sino que ayudan a mantenerlo. Por ejemplo: ayudan a desmotivar organización sindical. O a veces se infiltran en las manifestaciones para provocar, todo lo cual beneficia, en definitiva, al mantenimiento del sistema en su conjunto”. Y una investigadora del tema afirmó: “En muchas colonias populares ya no se ve gente por la calle, porque es más seguro estar encerrado en la casa. Ya no hay convivencia social: hay puro temor. (…) Todo indicaría que esto está bien pensado, que no es tan causal. La mara nunca es solidaria con la población del barrio. Al contrario: la perjudica en todo, cobrando extorsión, y hasta obstaculizándola en su locomoción”.

• Disponen de organización y logística (armamento) que resulta un tanto llamativa para jovencitos de corta edad; las estructuras jerárquicas con que se mueven tienen una estudiada lógica de corte militar-empresarial, todo lo cual lleva a pensar que habría grupos interesados en ese grado de operatividad. Es altamente llamativo que jovencitos semi-analfabetas, sin ideología de transformación de nada, movidos por un superficial e inmediatista hedonismo simplista, dispongan de todo ese saber gerencial y ese poder de movilización. Al respecto relató uno de los entrevistados, un ex pandillero: “En este momento ya casi no están lideradas por jóvenes. No son jóvenes los que dan las órdenes. En otros tiempos se hacían reuniones con chavos de todas las colonias donde se tomaban decisiones, y eran todos menores de 30 años. Hoy ya no es así. Ya no se hacen esas reuniones, que eran como asambleas, y hay viejos liderando. Ahora las órdenes son anónimas. Hay números de teléfono y correos electrónicos que dan las órdenes a jefes de clica, pero no se sabe bien de quién son. Te llega un correo, por ejemplo, con una orden, una foto y un pago adelantado de Q. 10,000, y ya está. Así se maneja hoy. (…) A veces el mismo guardia de la prisión llega con el marero y le da un teléfono, todo bajo de agua, diciéndole que en 5 minutos lo van a llamar. Tal vez el mismo guardia ni sabe quién va a llamar, ni para qué. Eso denota que ahí hay una estructura muy bien organizada: no va a llegar un guardia del aire y te va a dar un teléfono al que luego te llaman, y una voz que no conocés te da una indicación y te dice que hay Q. 15,000 para eso. Ahí hay algo grueso, por supuesto”. Por lo visto, puede apreciarse que no son sólo jóvenes, cada vez más jóvenes, los que la organizan con ese tan alto grado de eficiencia. Una abogada defensora de pandillas entrevistada expresó: “Antes no tenían esa disciplina, ese grado de organización. Ahora sí, lo que lleva a deducir que algunos factores externos están influyendo ahí. Esa organización sin dudas está diseñada. Constituyen una estructura de poder, y hay gente preparada que la dirige”.

A lo anterior se suma como una problemática de orden nacional (y atender este tipo de cuestiones es la misión del IPNUSAC justamente) el hecho de haber ido desapareciendo, o reduciéndose sustancialmente, de la agenda gubernamental programas de corte preventivo como eran, por ejemplo, “Escuelas Abiertas” y el Servicio Cívico. Sin ningún lugar a dudas, las pandillas juveniles deben ser enfocadas como un problema social de múltiples aristas, y en vez de abordárselas desde un carácter represivo, debería abrirse una mirada más integradora y preventiva sobre el asunto. Intentar iluminar la relación que existe entre ellas y los poderes ocultos (crimen organizado, narcoactividad, mafias varias que se sirven de ellas) puede ayudar a definir políticas públicas sobre la juventud, y en particular sobre la juventud en situación de alto riesgo, que contribuyan a darle una respuesta positiva y consistente al problema. E igualmente, puede contribuir a golpear sobre la cultura de corrupción e impunidad que siguen campeando.

No quedan dudas que la sociedad guatemalteca en su conjunta se ve hoy envuelta en una cultura de corrupción e impunidad sin parangón. Si ello es histórico hundiendo sus raíces en la Colonia de siglos atrás, la situación actual presenta un grado de descomposición social notorio: las leyes son absolutamente eludidas como cosa común, el sistema de justicia se ve rebasado y los órganos de seguridad no aportan la más mínima sensación de tranquilidad y orden social. Para muestra, véase lo que sucede con el gremio de abogados. Decían algunos jóvenes entrevistados: “También hay vínculos con abogados bien conectados que ayudan a la mara, que les facilita las cosas. En realidad, no es una ayuda sino que son servicios, porque todo eso se paga. Y se paga muy bien. Hay licenciados que hacen mucho pisto con eso. (…) Cuando uno está metido, por supuesto que tiene buenos contactos que lo van a defender, que lo van a sacar de clavos. Pero eso cuesta. Digamos no menos de 20,000. No hablamos con el juez, sino con abogados que nos arreglan las cosas”. La corrupción e impunidad dominan el panorama. La mara no es sino una expresión -sangrienta y exagerada- de eso.

La mara como “fuerza política de choque”

En varias ocasiones distintos investigadores y/o académicos han intuido que hay algo más que un mero grupo juvenil delincuencial en todo esto. Como ejemplo, véase lo dicho ya años atrás en la obra “Guatemala: nunca más”. Informe REMHI, en su Tomo II (“Los mecanismos del horror”), Sub-tema: La infiltración.

“El engaño de la muerte
El caso de los Estudiantes del 89


En el mes de agosto de 1989 varios dirigentes estudiantiles de la AEU fueron secuestrados y desaparecidos o asesinados en la ciudad de Guatemala. Los intentos de reorganizar el movimiento estudiantil, que estaba prácticamente desarticulado, se vieron así nuevamente golpeados por la acción contrainsurgente. Las sospechas iniciales de infiltración por parte de la inteligencia militar (EMP) se vieron posteriormente confirmadas por varios testimonios. (…) Se invitó a un grupo de estudiantes que se habían contactado para viajar a México, a un Encuentro de Estudiantes que se organizaba en Puebla. Contactaron a Willy Ligorría, que era presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho (…). Ligorría fue posteriormente investigado por un estudiante quien informó sobre sus fuertes vínculos con una ‘mara’ de la zona 18, cuyos miembros andaban armados; siempre se sospechó que estas maras habían sido formadas por el ejército”. (1)

O también lo expresado por un investigador de la Universidad de Berkeley, Anthony W. Fontes, que dedicó dos años al estudio del tema y publicó luego, además de su tesis de doctorado, un breve material que sintetiza su trabajo sobre esta faceta no muy dicha en relación a las maras, traducido al español y publicado en versión digital, “Asesinando por control: la evolución de la extorsión de las pandillas”, contenido en el libro “Sembrando utopía” (2013), divulgado en versión digital:

“La autoridad que acumulan a través de su poder para matar o dejar vivir está desprovista de cualquier tipo de plataforma política, más allá de la acumulación de riqueza, haciendo de las pandillas unas entidades completamente neoliberales. Las pandillas extorsionistas son la máxima expresión de este dominio, donde la Mara Salvatrucha y la Mara 18 han construido un modelo de negocios exitoso, fuera de su poder sobre la vida y la muerte. Sin embargo, el control brutal de su espacio urbano y la riqueza que se deriva de este control, no sería posible sin la colusión del gobierno guatemalteco, instituciones bancarias y otras facetas estatales y de la sociedad civil. (…) A pesar del hecho que las pandillas tienden a emplear violencia -disimulada o abiertamente- para convencer a sus clientes de realizar los pagos, las comparaciones entre las prácticas de extorsión enormemente exitosas que utilizan y la floreciente industria de seguridad privada en Guatemala da algunas visiones muy perturbadoras, pero quizá útiles. Mientras que las pandillas y otras organizaciones criminales involucradas en la extorsión obtienen beneficios considerables, esto no es nada comparado a aquellos cosechados por la seguridad privada”. (2)

A lo que podría sumarse la visión de un especialista en el tema, Rodolfo Kepfer, quien trabajó como médico por años con estos jóvenes en situación de privación de libertad: “La mara no es autónoma; hay poderes detrás de la mara. Dentro de ellas hay un complejo sistema de mandos, de subordinaciones y jerarquías. Eso se ve en su vida diaria, cuando actúan en las calles, pero más aún se ve en las prisiones. Hay un sistema de jerarquías bien establecido. Lo que voy a decir no lo puedo afirmar categóricamente con pruebas en la mano, pero después de trabajar varios años con ellos todo lleva a pensar que hay lógicas que las mueven que no se agotan en las maras mismas. Por ejemplo, hay períodos en que caen presos sólo miembros de una mara y no de otra, o que una mara en un momento determinado se dedica sólo a un tipo de delitos mientras que otra mara se especializa en otros. Todo eso hace pensar en qué lógicas hay ahí detrás, que hay planes maestros, que hay gente que piensa cómo hacer las cosas, hacia dónde deben dirigirse las acciones, cómo y cuándo hacerlas. Y todo ese “plan maestro”, permítasenos llamarlo así, no está elaborado por los muchachitos que integran las maras, estos en algunos casos niños, que son los operativos, los sicarios que van a matar (hay niños de 10 años que ya han matado)”. (3)

Definitivamente, debe irse más allá de la idea criminalizadora que ve en las maras solamente una expresión de violencia casi satánica para conocer qué otros hilos se mueven ahí, conocer qué vasos comunicantes las unen con poderes paralelos.

Dado que insistentemente venimos hablando de estos poderes paralelos u ocultos, es necesario puntualizar exactamente qué entender por ellos. Al respecto se citarán dos conceptualizaciones de investigaciones que han ahondado en el tema, 1) de la organización de origen estadounidense WOLA, y 2) de la Fundación Myrna Mack.

“La expresión poderes ocultos hace referencia a una red informal y amorfa de individuos poderosos de Guatemala que se sirven de sus posiciones y contactos en los sectores público y privado para enriquecerse a través de actividades ilegales y protegerse ante la persecución de los delitos que cometen. Esto representa una situación no ortodoxa en la que las autoridades legales del estado tienen todavía formalmente el poder pero, de hecho, son los miembros de la red informal quienes controlan el poder real en el país. Aunque su poder esté oculto, la influencia de la red es suficiente como para maniatar a los que amenazan sus intereses, incluidos los agentes del Estado”. (4)

O igualmente: “Fuerzas ilegales que han existido por décadas enteras y siempre, a veces más a veces menos, han ejercido el poder real en forma paralela, a la sombra del poder formal del Estado”. (5)

La composición político-social de Guatemala es compleja. El Estado nunca representó a las grandes mayorías. Sin llegar a decir que es un Estado fallido (concepto discutible, que puede tener un valor descriptivo pero que debe ser manejado con extremo cuidado por sus connotaciones ideológicas), es evidente que sus funciones como regulador de la vida social de toda la población que habita el territorio guatemalteco está muy lejos de ser una realidad.

Históricamente no ha funcionado para solventar la calidad de vida de todos sus ciudadanos; por el contrario, siempre de espaldas al interior indígena, centrado en la agroexportación y en distintos negocios para una minoría capitalina, su perfil dominante ha estado dado por la corrupción y la inoperancia, por la precariedad o inexistencia de servicios básicos. De todos modos, cuando tuvo que reaccionar para salvaguardar a la clase dominante ante el embate que representaba un movimiento revolucionario armado y un proceso de movilización política y social que amenazaba con cuestionar la estructura de base durante las décadas del 70 y del 80 del pasado siglo, funcionó. Y funcionó muy bien, al menos desde la lógica de la clase dirigente. La “amenaza comunista” fue destruida.

Fue ahí que, en el marco de la Guerra Fría que marcaba al mundo y de la Doctrina de Seguridad Nacional que trazaba el rumbo de los países latinoamericanos fijado por Washington, el Estado guatemalteco se tornó absolutamente represivo y contrainsurgente. Los militares se hicieron cargo de su conducción política, mostrando una cara anticomunista que signó la historia del país por varias décadas. Las clases dominantes, la gran cúpula económica a quien ese Estado deficiente siempre había favorecido, dejaron hacer. De esa cuenta, los militares fueron constituyéndose en un nuevo poder con cierto valor autónomo. Ciertos negocios ilegales aparecieron rápidamente en escena.

Durante los años más álgidos del conflicto armado interno a inicios de los 80 del siglo pasado, y posteriormente luego de firmada la Paz Firme y Duradera en 1996, quienes condujeron ese Estado contrainsurgente pasaron a constituirse en un nuevo poder económico y político que comenzó a disputarle ciertos espacios a la aristocracia tradicional. La historia de estas últimas tres décadas es la historia de esa pugna. En este período de tiempo, desde el retorno formal de la democracia en 1986, el Estado ha sido ocupado por diversas administraciones, ligadas a la gran cúpula empresarial en algún caso o a los nuevos sectores emergentes en otros.

De todos modos, esos poderes “paralelos” u “ocultos” que se fueron enquistando en la estructura estatal, no han desaparecido, ni parece que fueran a hacerlo en el corto plazo. Se mueven con una lógica castrense aprendida en los oscuros años de la guerra antisubversiva y dominan a la perfección los ámbitos y métodos de la inteligencia militar. Su espacio natural es la secretividad, la táctica del espionaje, la guerra psicológica y de baja intensidad (guerra asimétrica, como le llaman los estrategas, guerra desde las sombras, guerra clandestina).

Todo eso puesto al servicio de proyectos económicos de manejo de negocios reñidos con la ley, lo cual los fue constituyendo en una suerte de “mafia”, de grupo encubierto que nunca pasó a la clandestinidad formalmente dicha, pero que se maneja con esos criterios. Está claro que si hay una lógica militar en juego, ello no significa que se trata de militares en activo, de un proyecto institucional del ejército. En todo caso, los actores implicados han guardado o guardan vínculos diversos con la institución armada, pero no la representan oficialmente.

En ese ámbito es que aparecen lazos con las maras. Las pandillas juveniles, violentas, transgresoras, con una simple aspiración de pura sobrevivencia mientras se pueda, y centradas en un hedonismo bastante simplista (superar los 21 años es ya “ser viejo” en su subcultura) pueden servir perfectamente como brazo operativo para un proyecto con bastante carga de secreto, contrainsurgente, de algún modo: paralelo. Paralelo, entiéndase bien esto, al Estado formal y a los grandes poderes económicos tradicionales. Valga esta reflexión surgida de una entrevista, dicho por una persona que investiga el tema: “Alguien que se beneficia especialmente con la presencia de las maras son las agencias de seguridad. No se dan unas sin las otras. Es decir que se necesita un clima de violencia para que el negocio de las policías privadas funcione”.

Si bien en estos momentos, con la información de que se dispone es bastante (o muy) difícil presentar una prueba contundente a nivel jurídico, efectivamente puede ir deduciéndose que sí existen nexos de las maras con estos poderes paralelos. Por ejemplo, por lo dicho por un investigador y director de un proyecto de reinserción social de mareros: “Por supuesto que hay vínculos con poderes ocultos. Alguna vez, cuando habíamos logrado sacar una buena cantidad de muchachos de las maras, se acercó a mí alguien bien vestido, no como pandillero, y me dijo: “tenga cuidado; Licenciado, me está sacando mis muchachos”.

En un futuro debería profundizarse ese estudio para conocer más en detalle esos nexos y, en tanto IPNUSAC, atendiendo a nuestra visión y misión, se deberán dar algunas pistas para ver por dónde se podría caminar para remediar la situación actual.

A modo de conclusión

En una lectura global del fenómeno, si bien es cierto que las maras constituyen un problema de seguridad ciudadana, puede constatarse que no existe una preocupación en tanto proyecto de nación de las clases dirigentes de abordar ese pretendido asunto de “ingobernabilidad” que producirían estos grupos juveniles. Se les persigue penalmente, pero al mismo tiempo el sistema en su conjunto se aprovecha el fenómeno: 1) como mano de obra siempre disponible para ciertos trabajos ligados a la arista más “mafiosa” de la práctica política (sicariato, por ejemplo; generación de zozobra social, desarticulación de organización sindical), y 2) como “demonio” con el que mantener aterrorizada a la población a través de un bombardeo mediático constante, evitando así la organización y posible movilización en pro de mejoras de sus condiciones de vida de las grandes mayorías.

Si bien es cierto que las maras son un grupo desestabilizador en alguna manera, por cuanto rompen el orden social y la tranquilidad pública de la ciudadanía de a pie, no “duelen” al sistema en su conjunto como ocurrió décadas atrás con propuestas de transformación, y no sólo de desestabilización, tal como pueden haber sido los grupos políticos revolucionarios, en muchos casos alzados en armas, que confrontaron con el Estado y con el sistema en su conjunto. Y tampoco conllevan la carga de resistencia al sistema económico imperante como lo pueden ser los actuales movimientos sociales que reivindican derechos puntuales, por ejemplo: luchas de los pueblos originarios, movilización contra las industrias exctractivas (minería a cielo abierto, hidroeléctricas, monoproducción de agrocarburantes), organizaciones populares de base que propugnan reforma agraria. Todas esas expresiones no son toleradas por el sistema dominante, de ahí su represión. Las maras, por el contrario, si bien son perseguidas judicialmente en tanto delincuentes, no dejan de ser aprovechadas por una lógica de mantenimiento sistémico, haciéndolas funcionar como mecanismo de continuidad del todo a través de sutiles (y muy perversas) agendas de manipulación social.

La delincuencia acrecentada a niveles intolerables que torna la vida cotidiana casi un infierno, que condena -en el área urbana- a ir de la casa al puesto de trabajo y viceversa sin detenerse ni convivir en el espacio público (la calle se volvió terriblemente peligrosa), pareciera un mecanismo ampliamente difundido por toda Latinoamérica y no sólo exclusivo de las maras en Guatemala, o en la región centroamericana. “Todo el tema de la mara se ha inflado mucho por los medios de comunicación; ellos tienen mucho que ver en este asunto, porque lo sobredimensionan. En realidad, la situación no es tan absolutamente caótica como se dice. Se puede caminar por la calle, pero el mensaje es que si caminás, fijo te asaltan. Por tanto: mejor quedarse quietecito en la casa”, sentenciaba un líder comunitario de “zonas rojas” con quien se tuvo contacto analizando el fenómeno. Ello puede llevar a concluir que la actual explosión de violencia delincuencial que se vive en la región -que hace identificar sin más y en modo casi mecánico “violencia” con “delincuencia”- podría obedecer a planes estratégicos. En tal sentido, las maras, en tanto nuevo “demonio” mediático, estarían en definitiva al servicio de estrategias contrainsurgentes de control político y mantenimiento del orden social.

IPNUSAC: Instituto de Análisis e Investigación de los Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala.


Notas:
1) Proyecto REMHI, ODHAG, Guatemala, 1998.
2) Fontes, A. (2013) “Asesinando por control: la evolución de la extorsión de las pandillas”. En “Sembrando utopía”, disponible en versión digital en http://www.albedrio.org/htm/documentos/vvaaSembrandoutopia.pdf
3) “Las sociedades latinoamericanas tienen múltiples expresiones de la violencia; las ‘maras’ son una de ellas”, entrevista a Rodolfo Kepfer. Disponible en: http://www.argenpress.info/2010/05/entrevista-rodolfo-kepfer-las.html, 2010.
4) Peacock, S. y Beltrán, A. (2006) “Poderes ocultos. Grupos ilegales armados en la Guatemala post conflicto y las fuerzas detrás de ellos”. Washington: WOLA.
5) Robles Montoya, J. (2002) “El ‘Poder Oculto’”. Guatemala: Fundación Myrna Mack.

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El Ciudadano IPNUSAC- Argenpress

lunes, 29 de diciembre de 2014

Canto a la paz


Marcelo Colussi

¡Paz!
¿Paz?...
Palabra tan manoseada.
En tu nombre se cometen todos los días los peores atropellos.
¿Estás en algún lado?
No lo sé.
No lo sé, y poco importa, pues parece que a nadie le preocupa
realmente mucho tu situación.
La paz está en los cementerios… De eso no caben dudas.
¡pero allí hay solo cadáveres!
¿Podrá estar la paz entre los vivos?
Lo que palpamos a diario,
lo que nos duele cada día,
cada hora,
cada minuto,
es tu ausencia. O si se quiere: tu lejanía.
¿Dónde estás, Paz?
¿Quién te hirió de muerte?
¿Tal vez estés muerta? (Entre nosotros: ¿viviste alguna vez?)

Lo que conozco,
lo que conocemos y nos golpea,
nos humilla como Humanidad, nos escupe en la cara,
lo que nos sacude dondequiera,
no tiene nada ver con la paz.
¿O todo eso es la paz? (humillaciones, afrentas, soportar con estoicismo, cerrar la boca).

Te emparentan con el Amor.
En tu nombre, y con amorosas palabras
nos desfiguramos,
somos una grotesca caricatura
de aquello que levantamos como lo más sublime.
¿Somos mentirosos entonces?
¿Por qué necesitamos invocarte a cada rato para hacer siempre lo contrario?
¿Por qué en nombre de la paz matamos, denigramos, torturamos,
podemos sentimos superiores?

Se habla de progreso, pero eso es siempre el sacrificio de muchos
para el bienestar de pocos.
Con una cruz cristiana y la Biblia bajo el brazo
Se masacró todo un continente…
Se aniquila, se tortura, se denigra…
¿Paz?

Se habla de bien común,
pero son pocos, muy pocos los invitados al festín
de los poderosos.
Con los símbolos de la paz y del amor
nos confinan a los mendrugos,
a las sobras, a la resignación.
Si se protesta, nos condenan.
Si no se protesta, nos matan.

Quienes somos víctimas -y la gran mayoría lo somos-
difícilmente podemos alzar la voz.
¿Acaso la paz es aguantar?
¿Es soportar con estoicismo? ¿Es apretar los dientes y sobrellevar las penas?

Nos enseñaron que ser pacíficos es tolerar, tener paciencia, sonreír siempre.
¿Realmente eso es la paz?
¿Quién dijo que a las mujeres les gusta ser sumisas,
que a los niños les gusta callarse ante los mayores
o que a los negros les gusta imitar a los ganadores blancos?
¿Quién formuló aquello que los trabajadores trabajan felices para su amo?

Con la mayor de las violencias nos obligaron
a creer en los dioses (¿amorosos y pacíficos?).
Quien se resiste a creer, puede ser condenado a la pira, al suplicio, al escarnio.
¿Paz?
Con la más grande ausencia de paz (¡sí, sí: de paz!)
nos obligan a uniformarnos,
a seguir la caravana,
a no abandonar el redil.

¿Y si reaccionamos?
¿Somos violentos si no usamos corbata,
si no estamos a la moda
o no saludamos cortésmente a nuestros explotadores?
¿Somos violentas (o locas) las mujeres si no queremos tener sexo un día?
¿Somos violentos si nos rebelamos contra el mundo?

Con la furia visceral más grande que exista
¿no podemos decir que no?
¿Quién dijo que la paz es quedarse sentado, mudo,
aterrorizado ante el que manda,
regocijándonos con las mezquindades y mediocridades
que ya aceptamos como normales?
¿Somos pacíficos si nos vamos tranquilos a dormir sin
indignarnos por lo que debe indignarse?
¿Dejamos de ser pacíficos si echamos a la hoguera del odio ancestral,
amasado en milenios de sometimiento,
todas nuestras opresiones?
¿Dejamos de fomentar la paz si nos levantamos contra esas opresiones?
Si “la violencia es la partera de la Historia”, ¿somos violentos
si abrimos los ojos algún día?
Paz, paz… ¿La de los cementerios entonces?
Si es cierto que la paz es la ausencia de guerra, ¿podemos quedarnos tranquilos
pensando que vivimos pacíficamente porque no suenan balas ni cañones?
La mujer golpeada,
el esclavo explotado,
el “inferior” despreciado,
el loco encerrado en su manicomio,
el engañado en cualquiera de las infinitas formas del engaño,
el despreciado por no ser del grupo dominante,
el que sufre hambre,
la que sufre violencia sexual,
el incomprendido que disiente siendo señalado,
el que sigue al rebaño porque no puede permitirse ser diferente,
el despreciado por ser diferente
¿viven en paz?

Quizá la paz es una aspiración.
Quizá no más -¡ni nada menos!- que eso.
Se busca, pero nunca se llega a tenerla…
porque los vivos no habitamos cementerios.

Quizá haya que apretar los dientes y destruir muchas cosas
para acercarnos a ella.
Con las tripas del último burgués
ahorcaremos al último burócrata.
Con las tripas del último papa
ahorcaremos al último rey.
Con las cenizas humeantes de lo viejo aborrecido
modelaremos la utopía.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

  Razones de Cuba   Desde La Habana, donde hemos visto caer imperios a lo largo de 500 años, la situación de Estados Unidos en junio de 20...