Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
lunes, 25 de mayo de 2015
La religión como crítica a la opresión; la figura mesiánica de Óscar A. Romero (1917-1980)
Imágenes y bustos de Óscar Arnulfo Romero se comercializan en plazas públicas previo a su beatificación en San Salvador. El arzobispo, icono de la Iglesia católica latinoamericana, fue asesinado en 1980Foto Reuters
Enrique Dussel LaJornada
A comienzos de este mes estuve en las universidades John Hopkins, de Frankfurt y de Heidelberg dando un ciclo de conferencias. El profesor Ulrich Duchrow, de la última casa de estudios mencionada, me informó sobre recientes investigaciones en torno a las circunstancias históricas que pudieron estar en el origen de las religiones universales (como la mesopotámica y egipcia, y en el taoísmo, el budismo, los profetas de Israel, el cristianismo y el islam) y de la misma filosofía (como entre los presocráticos). Es un tema apasionante en este comienzo del siglo XXI, que tiene relación con lo que el profesor de Frankfurt Matthias Lutz-Bachmann denomina en su último libro del 2015 que me obsequió: una edad postsecular. Se trata de una coyuntura económica política en la que las antiguas civilizaciones nombradas (de Mesopotamia o Egipto, en China, India, Palestina o Grecia) llegaron a una madurez estructural que les permitió comenzar a acuñar monedas metálicas (de plata u oro, especialmente), garantizada por Estados imperiales que las usaban, entre otros menesteres pero principalmente, en el pago de salarios a los soldados de ejércitos, frecuentemente de mercenarios. Esto exigía el desarrollo de la minería (de dichos metales preciosos) y abría la posibilidad a mercados de gran extensión geopolítica, ya que dichas monedas metálicas tenían el valor que significaban (una moneda de plata poseía el mismo valor como moneda que como alhaja. Ese mercado monetarizado se articulaba igualmente al derecho a la propiedad privada de la tierra, pero también al poder pedir créditos poniendo como garantía el mismo terreno. Cuando el campesino no podía pagar la deuda y el interés acordado, el prestamista se apropiaba de los bienes del trabajador, que aún podía quedar como esclavo si la deuda era de mayor cuantía. Así aparecieron estratos muy ricos de la sociedad que acumularon riqueza y la mayoría de un pueblo empobrecido. Los críticos de esta situación de miseria de las masas empobrecidas tuvieron rápida y entusiasta respuesta de las víctimas de esa situación de injustica. Así surgieron los religiones universales y los primeros filósofos. En Mileto se acuñó por primera vez la moneda de metal precioso en la Hélade, y allí apareció el primer filósofo griego, Tales de Mileto (de familia fenicia, dicho sea de paso).
Contra la opinión de la Ilustración, si es verdad que las religiones se institucionalizan y fetichizan burocráticamente con posterioridad, el retorno a sus orígenes se da intermitentemente en la historia de las religiones. En América Latina la crítica de la teología, la Iglesia y la religión fetichizadas, invertidas diría Marx, se produjo gracias a una generación sumamente profética que se enfrentó a la inversión del cristianismo. El arzobispo de San Salvador, Óscar A. Romero, es un ejemplo paradigmático de esa función no sólo de su patria centroamericana, sino de toda América Latina y del sur postcolonial mundial, en las tenebrosas décadas de la represión militar de dictaduras impuestas por Estados Unidos (por el Departamento de Estado y el Pentágono) entre 1964 y 1984.
Tuve muchos contactos con monseñor Romero desde la década de los 70 del siglo pasado. Recuerdo un curso para más de 50 obispos (él era obispo auxiliar en 1972) realizado por la Celam en Medellín. Era yo en ese entonces profesor de historia de la Iglesia en América Latina y dictaba ese tema junto con otros profesores, con el fin de actualizar la reflexión de esos obispos responsables de la Iglesia en diversos países.
Esos cursos se repitieron en Guatemala la Antigua, con la presencia de 27 obispos. Monseñor Romero era el organizador de ese encuentro. Recuerdo su rostro sonriente, como de un chiquillo haciendo una travesura, cuando nos escuchaba observando la reacción de los otros obispos, siendo muchos de ellos conservadores que nunca habían oído exponer el cristianismo desde las categorías de la teología de la liberación. Ahí estaban invitados, por Romero, pensadores críticos jóvenes (yo tenía 37 años), como Juan Luis Segundo, Gustavo Gutiérrez, José Comblin, Segundo Galilea y tantos otros. Él garantizaba la presencia institucional.
En la conferencia latinoamericana de obispos en Puebla (1979), monseñor Romero era el encargado de redactar la parte histórica inicial del documento final. Formábamos equipos externos que elaborábamos textos que los obispos en la asamblea después corregían y adoptaban. Me tocó redactar uno de esos escritos; se los entregaba a monseñor Romero, quien los introdujo en el indicado documento final. Por ello aparecieron figuras ejemplares, como Bartolomé de las Casas, primer obispo de Chiapas, o monseñor Valdivieso, quien fue asesinado en 1550, en Nicaragua, por su lucha en la defensa de los pueblos originarios.
Sin embargo, monseñor Romero no había dado el paso definitivo. Fue un hecho inesperado que lo lanzó a la esfera política, profética, mesiánica. Se trató del asesinato de Rutilio Grande (1928-1977), nuestro alumno en los cursos del IPLA desde 1967 en Quito, organizados por la Celam, con el mismo grupo de profesores que dieron una nueva visión crítica del cristianismo en las reuniones de obispos arriba mencionadas. Recuerdo a Rutilio, un sacerdote jesuita conservador. Al comienzo de nuestros cursos objetaba las exposiciones, tenía dudas, no acepta el retorno al origen profético del cristianismo. En las dos semanas de mi curso pude observar una completa transformación. Había comprendido aquello de "¡bienaventurados los pobres!" y la expresión de Jeshúa: "¡Hay de ustedes los ricos! Es más fácil que un camello pase por el agujero de un aguja que uno de ustedes entre al reino de los cielos!" Era la crítica de Jeshúa a la economía monetarizada del imperio romano, que producía multitudes de pobres. Rutilio volvió a su parroquia de Aguilares, en El Salvador, y se transformó en militante cristiano completamente comprometido con su pueblo. Formó centenares de catequistas (como Samuel Ruiz, en Chiapas). Por ello cayó bajo la mira represora de la dictadura militar. Fue asesinado junto con más de 200 de sus catequistas. Una persecución casi tan numerosa como la desatada por Dioclesiano en el imperio romano contra los cristianos. Monseñor Romero era lo que en ese tiempo se llamaba "director espiritual" de Rutilio. Conocía hasta su inconciente. Sabía quién era y además era su maestro. Ante su cuerpo inerte, en Aguilares, monseñor Romero se convirtió en defensor del pueblo y en crítico decidido contra la dictadura militar, a la que enfrentó valiente y directamente.
Las homilías de monseñor Romero en la catedral eran seguidas por multitudes que no sólo llenaban el templo, sino también la plaza de enfrente de la catedral. Era realmente entusiasta, seguido por todos, principalmente por jóvenes, pobres, campesinos e indígenas. Por ello fue asesinado como mesías, como el "servidor sufriente" que da su vida por la multitud.
Una vez ultimado la Iglesia conservadora salvadoreña ocultó su cadáver en la cripta de la catedral, con el débil argumento de que no debía ser venerado hasta que Roma lo decidiera. Monseñor Romero era temido, aún muerto. Había sido secuestrado para que su pueblo no pudiera honrarlo como símbolo de la lucha de una época de la patria, de América Latina. Es el destino de los héroes y de los santos.
Y de ahí que se alargaba el proceso de su beatificación en Roma; se decía que había muerto por causas políticas y no por ser mártir de la fe. Como si el fundador del cristianismo, Jeshúa de Nazareth, no hubiera sido acusado ante Pilatos del "crimen político" de rebelar al pueblo contra el imperio, y como si no se hubiera puesto sobre su cruz (la “silla eléctrica romana de los que se levantaban políticamente contra el César) un título de clara connotación política: "Jeshúa de Nazaret, rey de los judíos" (el famoso INRI).
Hubo necesidad de que un Papa latinoamericano reconociera que Romero era un mártir de la fe, que se jugó defendiendo políticamente a su pueblo reprimido, para que pueda ahora ser venerado como figura mesiánica ejemplar. Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI podían desafiar a la oligarquía salvadoreña, latinoamericana y norteamericana dando ese paso. ¡Ahora es posible, aunque nunca se sabe por cuánto tiempo!
“Hubo miedo en la Iglesia a Romero y a la Teología de la Liberación”
Beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado por la ultraderecha salvadoreña en marzo de 1980 cuando ofrecía la eucaristía. Romero fue un “profeta de justicia durante una guerra entre poderosos y débiles”, pero los militares y el capital lo consideró cura comunista y le mandó a matar.
JUAN JOSÉ DALTON
El sacerdote jesuita y analista hispano-salvadoreño, José María Tojeira, consideró en entrevista con EL PAÍS que con la llegada del papa Francisco, iniciador de grandes cambios en el catolicismo universal, se aceleró la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado por la ultraderecha salvadoreña en marzo de 1980 cuando ofrecía la eucaristía. Romero fue un “profeta de justicia durante una guerra entre poderosos y débiles”, pero los militares y el capital lo consideró cura comunista y le mandó a matar. Con la llegada de Francisco al Vaticano ha entrado “aire fresco” a todas las estructuras de poder, para que estén cercanas a la gente, como lo hizo Romero, aun a costa de su sacrificio.
Pregunta. ¿Cómo recibe la Iglesia católica en general la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero?
Respuesta. En años anteriores hubo división, incluso en tiempos de Juan Pablo II había un grupo de obispos que no estaban de acuerdo con una beatificación de Monseñor Romero. Esa división se ha ido superando con el tiempo y cada vez hubo más apertura a la beatificación. Pero cuando ha llegado el papa Francisco y ha mostrado su interés de acelerar el proceso y que no se frene, se ha producido una unidad bastante mayor dentro de la Iglesia. Ha funcionado el principio de autoridad y el principio de hegemonía.
P. Pero, se ha dado un intento de matizar lo que fue la participación de Romero en la realidad que le tocó vivir…
R. Esto es como un remanente de los tiempos anteriores a Francisco. Había miedo de hablar de la santidad de Romero. Él no era un político en el sentido textual de la palabra, pero tuvo una incidencia política muy fuerte. Y eso daba miedo en algunos sectores eclesiásticos. Lo mismo que daba miedo entender a la Teología de la Liberación y las Comunidades de base… Daba miedo.
P. ¿Por qué?
R. Creo que queda todavía un poquito de miedo en la Iglesia salvadoreña de enfocar estas cosas. ¡Como si la Teología de la Liberación fuera mala! En todas las teologías hay aciertos y errores. Incluso en las teologías oficiales. No podemos seguir con esta pequeñez de decir: Hay que tener cuidado, él (Romero) era teólogo de la Liberación.
P. ¿Era Romero un teólogo de la Liberación?
R. Romero era una persona que deseaba la liberación de todos los males, personales y sociales de este país. Sabía que era un proceso y quería contribuir a ese proceso de liberación. Eso no es un problema ya, pero siempre se dan esos miedos.
P. Hay testimonios de amenazas que tuvo Romero, incluso unos que quedaron impresos en los periódicos. Pero, ¿cómo podríamos afirmar que no era un alentador de la violencia política en el tiempo que le tocó vivir?
R. Monseñor Romero estaba al lado de los que sufrían. En El Salvador había una guerra de poderosos contra débiles. Una guerra económica en la que había explotación e injusticia, y una guerra represiva contra los justos reclamos de la gente. También una guerra insurgente de un sector que se insurreccionaba frente a la injusticia prevaleciente. Romero siempre trataba de solucionar el conflicto por la vía de la paz y la justicia social.
P. Pero no lo entendieron…
R. El lenguaje de la justicia social, no digamos las justas reclamaciones, fue visto como insurgencia. Lo perseguían y lo acusaban de cura comunista, sotana roja… Precisamente por la cerrazón tan absoluta que tenía el sector militar y el capital. Decir que Monseñor era político, a mi no me molesta. ¡Claro que tenía que serlo! Aquí la política oficial fue corrupta, explotadora y criminal. Que Romero denunciara eso era una labor totalmente evangélica. En documentos de la Iglesia se pide que los obispos tienen que ser profetas de justicia cuando hay guerras entre poderosos y débiles.
P. Ahora, ¿me puede decir qué significa el papa Francisco en la Iglesia salvadoreño y los cambios que se están dando en la Iglesia universal?
R. El papa Francisco, con esa figura tan solemne, ha puesto a la iglesia y a todo el mundo de lo que es la jerarquía, al gobierno de la iglesia, más cerca de la gente. Las estructuras tienen a veces a burocratizarse demasiado y alejarse de la gente que gobierna. El papa Francisco ha dado un recordatorio de que la iglesia debe tener olor a oveja, hay que mancharse en el contacto y la cercanía humana. Esto es algo profundamente fresco para nuestra iglesia, así como para el mundo.
Bárbaros en el poder
John M. Ackerman
LaJornada
Los comentarios racistas del titular del Instituto Nacional Electoral (INE) y la nueva masacre en Michoacán constituyen dos caras de la misma moneda. Somos malgobernados por autoridades sin el menor respeto para la dignidad humana o el estado de derecho. Como El Llanero Solitario, los representantes del Estado mexicano constantemente se burlan de y ejecutan a sangre fría a los ciudadanos más humildes. Como viles bárbaros, desprecian la cultura milenaria del pueblo mexicano y aplican la justicia por propia mano sin consideración alguna para el debido proceso o los derechos humanos.
La masacre de Tanhuato es la consecuencia natural de la imposición de un gobierno militar de facto en los estados de Jalisco y Michoacán. Los generales Felipe Gurrola, comisionado para la Seguridad en Michoacán, y Gustavo González, coordinador de la Operación Jalisco, son las verdaderas "autoridades" en aquellos estados. Ellos reportan directamente al secretario de la Defensa Nacional y, por medio del mismo, a Enrique Peña Nieto como comandante en jefe de las fuerzas armadas.
A los mandos militares no les interesa investigar delitos o detener criminales, sino sólo eliminar a sus adversarios. El saldo de 42 civiles muertos, sin un solo herido, demuestra que la autoridad disparó a matar o, en su caso, remató posteriormente a los heridos con "tiros de gracia". Aun si fuera cierto que las víctimas agredieron primero a los policías, es imposible creer que haya sido necesario ejecutar a todos y cada uno de los agresores para poder desarmarlos. Ello, concatenado con el hecho de que solamente hubo un muerto del lado de la autoridad, indica que lo que realmente ocurrió no fue un "enfrentamiento" entre dos bandos, sino un brutal asalto armado.
Tal como ya ha ocurrido en Tlatlaya, Ayotzinapa y Apatzingán, nos encontramos frente a un probable crimen de lesa humanidad cometido por fuerzas del Estado mexicano. Cada día se abulta más el expediente en la Corte Penal Internacional en La Haya, originalmente elaborado contra Felipe Calderón, pero que ahora también incluye un amplio capítulo sobre el sexenio de Peña Nieto.
Ahora bien, la tesis de que Lorenzo Córdova haya sido víctima de "espionaje" telefónico por parte del Partido Verde es igual de inverosímil que la versión del "enfrentamiento" en Tanhuato. Córdova debe su puesto a Los Pinos y ha sido perfectamente leal al gobierno desde su llegada a las oficinas de Viaducto Tlalpan. Al régimen no le conviene que se desprestigie de esta manera a una de sus principales fichas en el juego de simulación democrática. En su caso, hubiera sido suficiente una simple llamada telefónica de su amigo Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, para orientar el voto del joven consejero presidente.
El comportamiento de Córdova a raíz de la divulgación de su vergonzosa conversación con Jacobo Molina ofrece algunas pistas. Su primer reflejo fue pedir auxilio a sus amigos de Televisa. Otorgó una extensa entrevista al locutor principal de la televisora, Joaquín López Doriga, y presentó una denuncia penal ante la PGR, dirigida por Arely Gómez, hermana del vicepresidente de Noticieros Televisa. El próximo día, Córdova observaría pasivamente, mientras el pleno del INE redujo la suspensión de propaganda televisiva para el Partido "Verde" de 12 a tres días y envió a la congeladora la solicitud de retiro de registro para el mismo partido.
Llama la atención que Córdova no se ha atrevido a señalar a nadie en particular como autor de las supuestas "presiones" a que estaría sometido ni ha aceptado pregunta alguna de los medios de comunicación en sus dos apariciones públicas sobre el tema. También hay que tomar en cuenta que, de acuerdo con la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información, el contenido de la conversación divulgada es estrictamente información pública, tal como lo ha demostrado con gran claridad la doctora Irma Eréndira Sandoval (véase: http://ow.ly/Nm1bb ).
Todo apunta a que los comentarios racistas de Córdova no fueron divulgados por alguien ajeno al INE con el fin de "desprestigiar" a la institución electoral, sino más bien por una persona dentro del mismo instituto, indignada por los constantes abusos e improvisaciones del consejero presidente. Si ello fuera el caso, Córdova no sería víctima de un acto de "espionaje" a su vida "privada", sino sólo exhibido como un funcionario público incapaz por medio de una "filtración" totalmente legítima.
Así como fortalece la rendición de cuentas conocer las propiedades millonarias de la esposa y de los secretarios de Peña Nieto, también fortalece la democracia tener más información sobre cómo los funcionarios llevan a cabo sus labores y perciben a los ciudadanos. Es preocupante observar cómo otrora defensores de la transparencia gubernamental hoy protegen a su "cándido" e "ingenuo" amigo funcionario de la lupa ciudadana.
México solamente cambiará cuando todos seamos capaces de superar nuestras filias y fobias para trabajar juntos por el establecimiento de una verdadera transparencia y un efectivo estado de derecho, donde absolutamente todos los funcionarios públicos estén obligados a respetar, defender y rendir cuentas a la ciudadanía.
Repudio total al asesinato político de Enrique Hernández Salcedo. ¡Justicia ya!
Carta abierta al presidente Sánchez Cerén
Almudena Bernabeu
Estimado Presidente Sanchez Ceren
Es necesario para nosotros en el Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA) adherirnos a las felicitaciones y la celebraciones de este momento tan importante para la gente de El Salvador y del mundo, la beatificación de Monseñor Oscar Romero, que sin embargo no puede quedarse solo en eso, en el necesario reconocimiento de su trabajo y su vida. La beatificacion de Monsenor Romero debe ser detonate de consolidacion de la democracia y la paz definitivas ,anhelo de Monseñor Romero que, como él bien defendió, son imposibles sin que haya Justicia.
Para Monseñor Romero la verdadera paz, la que une a los pueblos y garantiza su desarrollo, solo será posible a través de garantizar la Justicia. Justicia que el pueblo salvadoreño ha pedido sin descanso desde la firma de los acuerdos de paz y que se le niega permanentemente. Mientras no haya voluntad política de reformar las instituciones y exigirles que cumplan con sus obligaciones; mientras instituciones como la Fiscalía General de la República y los diferentes tribunales no abran y concluyan investigaciones y procesamientos por las violaciones de derechos humanos cometidas, no habrá Justicia en El Salvador.
Desde Estados Unidos, de la mano de la comunidad salvadoreña refugiada e inmigrante, esa ha sido nuestra mision: buscar algo de Justicia por las graves violaciones de derechos humanos cometidas contra el pueblo salvadoreño. Con ese objetivo llevamos adelante en 2003 una demanda civil contra uno de los asesinos de Monseñor Romero, el capital Álvaro Rafael Saravia. Para nosotros fue un honor poder lograr que el asesinato de Monseñor fuera considerado un crimen de lesa humanidad, lo que transformó decisivamente las consideraciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el asesinato. Hoy todavía apoyamos al Procurador de Derechos Humanos de El Salvador para que, mas allá de esta merecida beatificación, este crimen no quede impune. Con ese mismo deseo de hacer valer la legalidad y buscar algo de Justicia, conseguimos que el gobierno de Estados Unidos confimara que el exministro de defensa Eugenio Vides Casanova fuera considerado responsable de la tortura de civiles y expulsado del país, o que el coronel Montano no pueda evadir su responsabilidad por el asesinato de los jesuitas de la UCA y sus dos empleadas. Hoy, lamentablemete, Vides Casanova deambula libremente por su pais de origen. Montano será extraditado a España para ser juzgado.
Para todos nosotros en CJA, para las personas que como el padre William Wipfler han colaborado incondicionalmente con este esfuerzo de justicia, es primordial que nadie en Estados Unidos se olvide de la relevancia y trascendencia de Monseñor Romero, de su mensaje y de su legado en la lucha por la justicia para la gente de El Salvador. Por eso seguiremos luchando allá donde exista una posibilidad, con el deseo siempre presente de que esa justicia, como quería Monsenor, pueda finalmente generarse y obtenerse en El Salvador.
Apenas unos días antes de su beatificación, aplaudimos y celebramos esta decisión del Vaticano, que esperamos sea el primer acto de Justicia de muchos otros por venir para la gente de El Salvador. Honrados de haber tenido la oportunidad de acercarnos a la vida y obra de Monseñor Romero, Arzobispo de El Salvador, acompañamos siempre de la gente a la que él tanto quiso.
Reciba un cordial y solidario saludo,
Almudena Bernabeu
Director de Justicia Transicional
Abogada Internacional
CJA
jueves, 21 de mayo de 2015
D`Aubuisson veía a Romero como un comunista
Laura Bernal - Foto: Vladimir Chicas
El supuesto asesino del líder religioso siempre lo habría calificado como un hombre “mentiroso y manipulado por el comunismo”
María Luisa D`Aubuisson de Martínez apenas reconocía el hombre en el que se había convertido su hermano, Roberto D`Aubuisson, luego de permanecer algunos años bajo la influencia militar. Enseñanzas que posteriormente lo habrían llevado a dar las órdenes para que asesinaran a Monseñor Oscar Arnulfo Romero, a quien siempre calificó como “un hombre comunista”.
D`Aubuisson alcanzaba los 17 años de edad y su madre lo había enlistado en las filas de la Escuela Militar, en San Salvador, luego de considerar que sería la mejor solución para controlar la rebeldía que su hijo había presentado en los últimos años de su vida escolar. “Pero la idea no era que se convirtiera en un militar”, cuenta su hermana.
Aunque la relación con su hermano siempre fue positiva, D`Aubuisson de Martínez señala que la relación entre ambos habría cambiado desde su ingreso a la escuela militar y posteriormente a la Escuela de las Américas en Panamá, donde presuntamente le habrían inculcado todo su rechazo por el comunismo.
“Hasta antes de cumplir los 17 tuve una relación muy cercana, pero una vez entró a la escuela militar, ahí le cambió la vida (…) Ahí lo convirtieron en un fanático anticomunista. Desgraciadamente para él, el comunismo era todo, cualquier tipo de organización o líderes sociales. En esos momentos todo le era sospechoso”, recuerda.
Fue precisamente en la década de los setenta y desde su concepción anticomunista radical que D`Aubuisson empieza a poner su mirada en el recién nombrado arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, quien empezaba a dar sus primeros pasos en la defensa por los derechos humanos de los sectores más desprotegidos.
Para entonces, “el gran amigo” , como califica D`Aubuisson de Martínez al sacerdote Fredy Delgado, habría sido la conexión para que D`Aubuisson empezara a tener una idea de los supuestos “sacerdotes comunistas” que se encontraban dentro de la iglesia católica.
“Tenía mucha relación con Fredy Delgado, sacerdote y un gran activista del partido ARENA y quien le informó de todos los sacerdotes comunistas que habían en la iglesia, y muchos de ellos empezaban a morir”, apunta la hermana del presunto asesino de Romero.
Sin embargo, aunque Romero habría estado siempre en la lista de “sospechosos”, no habría sido hasta la muerte del también sacerdote Rutilio Grande, cuando Romero adopta su postura por la denuncia social, que el mayor D`Aubuisson habría expresado abiertamente su repudio hacia el arzobispo capitalino.
“Lo dijo en múltiples ocasiones en medios de comunicación cuando lo calificó como mentiroso, manipulado por el comunismo, asociado del pueblo”, agrega D`Aubuisson de Martínez.
Pese a que D`Aubuisson tenía un carácter conservador y a veces alegre; su postura radical, anticomunista, su vocación por la represión y su orgullo por lo que hacía, fueron motivos suficientes para que D`Aubuisson de Martínez se alejara de su hermano y de su familia, agrega.
“Él siempre se mostraba orgulloso de los que hacía, aseguraba que era parte de una organización importante (ORDEN), que colaboraba activamente para liberarnos de la garra del comunismo (…) y en cada reunión familiar todos le aplaudían, lo apoyaban, lo animaban, sus otros hermanos, sus primos y todos fueron fundadores de ARENA”, explica.
El 24 de marzo de 1980, el mayor D`Aubuisson, quien también fundó el partido ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) habría dado la orden a su subalternos para que asesinaran a monseñor Romero por considerarlo como una de las máximas expresiones del comunismo durante la época, según apunta el informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas en El Salvador, publicado en 1993.
Romero recibió la bala de un francotirador en su pecho mientras oficiaba una misa en la capilla del hospitalito Divina Providencia, en San Salvador. Sin embargo, tras su muerte hubo más preguntas que respuestas y los responsables intelectuales del caso no fueron judicializados.
“Lo ví después de la muerte de Romero, pero no conversábamos sobre nuestras posturas, no era conveniente tocar el tema porque no lo convencería de lo contrario y era ilógico pensar que lograría hacerlo cambiar de opinión”, recuerda D`Aubuisson de Martínez.
Aunque el informe de la Verdad habría gozado de gran credibilidad por múltiples sectores en el país, D`Aubuisson de Martínez asegura que el documento siempre fue considerado como “una mentira para su familia”.
“Siempre se sostuvo que no era una información correcta, que era manipulado por el Estado de Inteligencia de Estados Unidos, y que en la ONU estaba infiltrado el comunismo; la ONU no era de confianza. Nadie quiso creerlo”, cuenta.
Tal ha sido el rechazo que la familia del ex mayor ha sostenido hasta hoy que aún representantes de su partido, ARENA, se han mantenido al margen del tema y han asegurado la inocencia de su dirigente.
Mientras tanto, D`Aubuisson de Martínez señala que la distante relación que había mantenido con su familia desde la juventud, se hizo más común. “Fue una situación bastante incómoda, traté de ser prudente y no hacer sufrir a mi familia y guardar mejor la distancia. Lo asumí como un complejo, no querían que me identificaran como su pariente por todo lo que se le acusó, pero he tenido que cargar toda la vida con eso, librándome de complejos”, detalla.
Pese a la supuesta responsabilidad en la muerte de monseñor Romero, que causó un gran revuelo entre sus más fieles feligreses y entre quienes se oponían a su causa, D`Aubuisson siguió destacándose por su liderazgo político que lo llevó a la presidencia de la Asamblea Constituyente y a abrir el camino para que su compañero de partido, Alfredo Cristiani, llegara a la presidencia salvadoreña, en junio de 1989.
Tres años después del primer gobierno liderado por su partido y un año después de la firma de los Acuerdos de Paz que puso fin al conflicto armado salvadoreño, D`Aubuisson murió a consecuencia de un cáncer de esófago.
“Aunque estaba enfermo, él nunca se arrepintió de nada y no se lo pregunté (…) Creo que D`Aubuisson hubiese sido otro hombre, de no ser por sus estudios militares radicales que lo transformaron. Nuestra familia ya era conservadora, pero no teníamos esos antecedentes, aunque si eran muy apegados a gobiernos militares”, apunta.
Paradójicamente, D’Aubuisson de Martínez se convirtió en una de las más intrínsecas defensoras de la causa de monseñor Romero y una de las impulsadoras de la fundación con el mismo nombre. Aunque en sus venas siempre lleve la misma sangre de un supuesto asesino.
Monseñor Romero: el miedo y el odio
Dagoberto Gutiérrez*
Monseñor Romero fue asesinado por la oligarquía salvadoreña al convertirse en voz y palabra que concitaba todas las voces y palabras que, desde abajo, exigían justicia. Se trata de un personaje histórico, amado por amplios sectores populares, sobre todo, por aquellos que identifican a un hombre justo con un hombre santo. Y se trata de un caso excepcional, tanto en la historia política del país como en la historia de la Iglesia Católica.
Romero expresa un juego encendido de contradicciones, la base teórica de su lucha fue la doctrina social de la Iglesia Católica, que no siempre puede presentarse como renovada o renovadora. Al mismo tiempo, Monseñor no tenía antecedentes que lo presentaran como alguien popular, y mucho menos, como un teólogo de la liberación, perteneciente a una línea renovada o renovadora, más bien, parecía un sacerdote tradicional y encerrado en las paredes doctrinales de la institución.
Esta reflexión es importante porque hemos de saber que este personaje histórico no fue producido por la Iglesia Católica, ni por su doctrina, fue una creación de la sociedad salvadoreña y de su pueblo. Quiere decir que la realidad produjo a un hombre que concentró en tres años encendidos, toda la justicia reclamada durante más de cien años, rebeló la injusticia oculta en palabras hermosas y perfumadas y conmovió los cimientos de una sociedad que necesitaba de esa turbulencia para moverse hacia adelante.
Monseñor Romero no contó con respaldos institucionales importantes de la Iglesia local y, mucho menos, del Vaticano de Roma. Su voz fue y es la de un pastor que se identifica totalmente con sus ovejas, con sus miedos y angustias, con sus dolores, con sus sueños y sus esperanzas. Por eso, la voz de un solo hombre se hizo una voz poderosa, cuyos ecos llegaron hasta Roma, y despertaron el temor y la crítica, no el respaldo.
Cuando aparece un hombre de iglesia que asume la dimensión cristiana real; es decir, asume el papel de Jesucristo, está amenazando las paredes de la institución, sobre todo cuando se trata de una institución adecuada al orden establecido, por injusto que este sea, y no quiere ni necesita tener problemas con los dueños de ese orden. Y el Vaticano, con un Papa anticomunista hasta la médula, como Karol Wojtyla, no deseaba ni necesitaba darse cuenta del error cometido al nombrar Arzobispo de San Salvador a alguien que pareciéndoles de fiar, resultó ser alguien sin compromisos con Roma, pero con compromisos totales con su pueblo.
Ciertamente, Monseñor Romero llega al Arzobispado en una oleada de convulsión social y política, cuando en el país crecía la lucha del movimiento popular y la Iglesia Católica, mediante sus sacerdotes más jóvenes, era parte activa de la construcción de nuevas fuerzas populares y con el aporte de la Teología de la Liberación establecía lineamientos teóricos fundamentales, a partir del principio de que Dios es Amor.
La figura parece simple, pero contiene una verdadera revolución teórica, que trata de mover la residencia de Dios en el cielo, ubicando su domicilio en la tierra, situando su casa en el ser humano, en el más pobre, en el perseguido, clandestino, encarcelado, y así, cuando este ser humano chocaba con la Guardia Nacional asesina, o el ejercito represor, se trataba de un enfrentamiento entre un hijo de Dios, justiciero y popular y una fuerza oligárquica. Como vemos, la figura: Dios es amor, no era ni es una simple figura, y por eso fue la inspiración de las comunidades eclesiales de base, que constituyeron un poderoso tejido organizativo que a nivel nacional canalizaba la protesta y construía fuerza social.
La Iglesia tenía la voz de Monseñor en sus radios y su palabra en sus diarios, y la oligarquía atacaba la Iglesia para callar su voz. En ese ambiente de alta temperatura llega Monseñor Romero al Arzobispado, y aquí se destaca su calidad y esencia, de un hombre de fe, leal y entregado a su pueblo, que en tres años de gestión escribió las páginas más hermosas de nuestra historia y comprometió, como nadie lo ha hecho, a la Iglesia Católica.
Resulta buena noticia los pasos vaticanos para su santificación, y es que se trata de una cabeza sensible, valiente e inteligente como la del Papa Francisco, que necesita, en su enfrentamiento con el Vaticano conservador, de voces y palabras, y de gestos frescos y oxigenados, venturosos, como los de Monseñor Romero. Por supuesto que Monseñor ya es santo, pero del pueblo, y sus altares no son institucionales, porque él era un hombre dedicado a la gente, y su voz desborda los templos, y su figura no cabe en una iglesia, y su vida empequeñece cualquier altar.
Sin embargo, sigue siendo buena noticia su santificación, y buena noticia que Francisco nos visite para que constate la enorme necesidad que tiene el pueblo de voces como las de Monseñor, de dignidad, como la de este pastor, que murió con sus ovejas, pero también para que impulse como lo hacía Monseñor Romero, la resistencia necesaria, la movilización insustituible y la redención inevitable.
Por eso, esperamos con los brazos abiertos al Papa Francisco y saludamos la santificación de Monseñor.
*Vicerrector de la Universidad Luterana Salvadoreña.
martes, 19 de mayo de 2015
"Romero, mártir por amor"
Carlos Ayala Ramírez
El lema de la campaña sobre la beatificación de monseñor Romero, escogido por la jerarquía de la Iglesia católica salvadoreña, es “Romero, mártir por amor”. El lema tiene un sentido profundo, pero también conlleva un peligro. Como se sabe, uno de los riesgos más graves de todos los valores universales —el amor no es la excepción— es que su interpretación abstracta puede derivar fácilmente en algo vago, genérico y puramente conceptual. Es el peligro de hablar del amor ideal sin hacer referencia al amor real o, peor aún, enfatizar su carácter puramente formal para eludir las exigencias concretas que demandaría una vida animada y orientada por el amor, en un contexto donde este no solo parece irrelevante, sino ajeno al mundo social, político, económico y cultural. De ahí que para entender lo que puede significar monseñor Romero como mártir del amor, hay que ver cómo era la realidad en la que desarrolló su ministerio y cuál fue su reacción desde su profundo amor cristiano.
Según los Evangelios, el amor-modelo está ejemplificado en la vida de Jesús de Nazaret. Es emblemático en este sentido el conocido texto de Juan ubicado en el marco de un largo discurso de despedida que dio Jesús a sus discípulos, donde se recogen algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus seguidores a lo largo de los tiempos para ser fieles a él y a su proyecto: “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”. Y en una ocasión, cuando se le pregunta a Jesús cuál es el primero de todos los mandatos, él responde que el amor a Dios y al prójimo. Y en coherencia con ello, su vida estuvo radicalmente animada por el amor.
Los relatos evangélicos nos dan testimonio de una persona que era esencialmente un ser humano para los otros. El Apóstol Pedro lo describe así: “Saben que Dios llenó de poder y Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y que Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que sufrían bajo el poder del mal. Esto lo pudo hacer porque Dios estaba con él”. La forma de amar de Jesús, pues, estuvo configurada por el Espíritu de Dios y por la realidad de su pueblo, al que miraba como “ovejas sin pastor”. Esto lo llevó a compadecerse de las muchedumbres hambrientas y desorientadas; a rechazar que sus discípulos lo llamaran “maestro”, sino “amigo”; a sentir una profunda tristeza ante la muerte de su amigo Lázaro. Y ese mismo modo de amar lo lleva también a indignarse ante la dureza de corazón de quienes pasan de largo ante el sufrimiento humano; lo lleva a desenmascarar a los que explotan al pueblo en la esfera social o religiosa: ricos, escribas, fariseos, sacerdotes o gobernantes. Por su forma de amar, amparó y devolvió dignidad a los considerados inmorales; a los paganos y samaritanos, a las mujeres, niños y enfermos; y a los pobres sin poder.
Ese amor-modelo, hecho realidad en la vida de Jesús, es el que buscó concretar monseñor Romero en su propia historia. Desde su fe profunda y a la luz de la palabra de Dios y del pensamiento social de la Iglesia, habló de las consecuencias históricas del pecado en El Salvador, que se presentan con rasgos muy trágicos y exigencias cristianas muy urgentes: “Mortalidad infantil, falta de vivienda, problemas de salud, salarios de hambre, desempleo, desnutrición, inestabilidad laboral”. La situación de extrema pobreza generalizada, dijo, “adquiere, en la vida real, rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, que nos cuestiona e interpela: rostros de niños golpeados por la pobreza desde antes de nacer, rostros de jóvenes desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad, rostros de campesinos privados de tierra, rostros de obreros frecuentemente mal pagados y con dificultades para organizarse, rostros de subempleados y desempleados excluidos por modelos de desarrollo económico, rostros de marginados y hacinados urbanos que carecen de lo fundamental frente a la ostentación de la riqueza de otros, rostros de ancianos frecuentemente marginados por la sociedad”.
Con respecto a la violencia represiva del Estado, son bien conocidas sus palabras proféticas, que movieron el piso a los que se denominaban cuerpos de seguridad: “Yo quisiera hacer un llamamiento muy especial a los hombres del Ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la Policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos, y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar’”. Sin duda, a monseñor Romero le impactó hondamente el sufrimiento del pueblo salvadoreño; al sistema que lo provocaba lo calificó de “desorden espantoso”, “pecado estructural escandaloso”, “imperio del infierno”. Formas recias para señalar lo que produce la injusticia, la inequidad y la crueldad de la violencia. Él consideraba que la Iglesia traicionaría su mismo amor a Dios y su fidelidad al Evangelio si dejaba de ser defensora de los que en un momento llamó “el Divino traspasado”. Y en coherencia con ese amor y esa fidelidad, defendió, acompañó y se involucró con las víctimas de ese sufrimiento. Así fue su forma de amar.
Ahora bien, el amor de monseñor Romero no se reduce a un sentimiento caritativo, a un alivio de urgencias individuales, a una actividad puramente paternalista. Se constituyó en una fuerza ética y profética que interpeló a las estructuras indolentes e inhumanas promotoras de injusticia y exclusión, e inspiró un modo de convivencia fundamentado en el respeto a los derechos de los pobres, la indignación por el daño injusto y la compasión ante el sufrimiento de las víctimas que llega hasta las entrañas. Esa forma de amar desató el rechazo y el odio por parte de quienes se sintieron cuestionados. Lo denigraron y lo amenazaron. Y en ese contexto de muerte anunciada, Romero expresó en su último retiro espiritual: “Mi otro temor es acerca de los riesgos de mi vida. Me cuesta aceptar una muerte violenta que en estas circunstancias es muy posible (…) Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle el último suspiro. Pero más valioso que el momento de morir, es entregarla toda la vida y vivir para él”.
Por todo ello, podemos afirmar que efectivamente monseñor Romero fue un “mártir por amor”. Y desde la concreción histórica, debemos decir que lo fue por amor a los pobres, al Evangelio, la verdad y la justicia. Jon Sobrino lo resume en los siguientes términos: “Entre nosotros, el ejemplo más preclaro de mártir es monseñor Romero. Se compadeció de un pueblo de pobres, víctimas de la opresión de la injusticia y de la represión violenta. Se puso a su servicio y los defendió de sus opresores, oligarquía, cuerpos de seguridad, Fuerza Armada, escuadrones de la muerte, prensa mentirosa. Por eso, sobre él cayó la difamación y la persecución. Se mantuvo fiel, fue asesinado y resucitó en su pueblo. Muchos lo han llorado como se llora a un padre. Le rezan, le hacen poesías y le dedican cantos. Y sigue derramando su espíritu. Muchos ponen a producir lo que él fue”.
En un mundo indolente, esta forma de amar se torna —hoy, como ayer— en uno de los mayores desafíos que tiene la humanidad. Dicho en palabras de monseñor Romero: “Esta es la gran enfermedad del mundo de hoy: no saber amar. Todo es egoísmo, todo es explotación del hombre por el hombre. Todo es crueldad (…) todo es violencia (…) ¡Se hacen tantas groserías de hermanos contra hermanos! Jesús, ¡cómo sufrirás al ver el ambiente de nuestra patria de tantos crímenes y tantas crueldades! (…) Me parece mirar a Cristo, entristecido, diciendo: “Y yo les había dicho que se amaran como yo los amo’”.
Chano Guevara sigue cavilando
Dagoberto Gutiérrez
Chano fue de los campesinos del área de Suchitoto y del Cerro de Guazapa que supieron que la guerra había llegado y que los maizales tenían que esperar, que los surcos también, que las atoladas, las riguas y los elotes cocidos podían seguir, pero ya en la guerra, y así, sustituyeron el machete por el fusil, el tecomate por la cantimplora, la idea de la cosecha por el combate guerrillero, el cultivo por el crecimiento de la fuerza, en fin, se trató, en su momento histórico, de pasar de campesino a guerrillero, y en el caso de Chano Guevara eso fue muy natural y hasta simple.
Chano era de mediana estatura pero fuerte, dueño de una inteligencia natural y con una gran capacidad de pregunta. De rostro proporcionado y de voz suave. Siempre parecía estarse preguntando, y esto le daba la ventaja de valorar a las preguntas por encima de las respuestas. Como campesino, era cauto y caviloso, y además escuchaba, pero tenía opinión. Algo en él expresaba al conductor, de lo que nunca hizo ostentación, pero sabía atraer y dirigir, ganándose la confianza de los demás. Así era Chano Guevara, el jefe guerrillero, que llegó a ser legendario en el lado norte del Cerro de Guazapa, el que da frente a frente con Chalatenango.Este guerrillero, que acaba de ser enterrado en Suchitoto, parecía despreocupado, como que las horas y los minutos le resbalaran en la piel y no lo tocaran y como si los años le huyeran. Pero Chano, que siempre cavilaba, era dueño de un pensamiento que iba más allá de la coyuntura. Por eso se reía de manera picaresca y casi nunca con carcajada, parecía reírse a escondidas, y sobre todo cuando descubría una conclusión reveladora de la coyuntura.Chano tenía un ansia permanente de conocimientos y su búsqueda remontaba su campamento guerrillero. Él quería entender el mundo y saber cada vez más sobre el rumbo de la guerra, de su guerra, porque él sabía que todas las guerras estaban conectadas, y que eso de la paz también lo estaba.
Ciertas tardes, de esas tardes raras y tranquilas en el frente de Guazapa, las comunicaciones nos decían que Chano venía en camino, del norte hacia el sur del cerro de Guazapa. Nosotros, las FAL, del Partido Comunista, estábamos en el sur, y la Resistencia Nacional en el norte, y de ahí venía Chano. El problema era el campo minado, que no se podía atravesar sin guía, y por eso nos encontrábamos en un punto y los visitantes eran guiados hasta nuestro campamento. Chano, tranquilo, con su risa de picardía, muy consciente de lo que vale la rebeldía y muy orgulloso de su calidad de rebelde, llegaba al final de la tarde a mi champa, con un pequeño palito, parecía quitarse algo de los dientes, nos sentábamos en cualquier piedra de las que estaban dispuestas para ser usadas como silla, yo dormía cerca de una barranca, en donde había un ojo de agua, y en ese lugar nos bañábamos. En las cercanías había un tatú bastante importante, y con una taza de café, en medio del ruido de pagaros, quizás alarmados por ver tantos muchachos y tantos fusiles, empezábamos a platicar. A Chano Guevara le interesaba lo que estaba ocurriendo en el planeta, en partes lejanas y desconocidas, pero él quería saber las conexiones de todo eso con nosotros, además, las alianzas internacionales que nos respaldaban. También hablábamos de historia nacional, de las dictaduras permanentes, de la oligarquía y de sus caminos públicos y secretos. Chano era inmenso e insondable en el terreno de las preguntas y su inteligencia le permitía entender que siempre las preguntas son más importantes que las respuestas.
Dicen que se llamaba Marco Antonio, pero eso es un accidente, porque Chano Guevara siempre fue Chano Guevara, y se hizo Chano en medio de los maizales. Dicen que una mañana, mientras el viento jugueteaba con las espigas del maíz y un sonido de sonajas recorría la milpa, ésta le trajo a sus oídos el nombre de Chano Guevara, a aquel campesino abierto al mundo y dispuesto a la dignidad y a la rebelión. Así se encontraron el hombre con el nombre, y se hicieron uno solo, como el pan con el hambre, y el amanecer con la luz.Chano sabía bien sobre la mortalidad y no se complicaba. Hablábamos de esto en esas tardes de reflexión, colgaba el fusil en una rama, se desabotonaba su camisa de camuflaje y se preparaba para hablar sobre la vida y de la muerte, y él estaba preparado para ambas cosas.
La muerte siempre llega a hurtadillas pero como una especie de concesión para que no diga que es escandalosa, porque en realidad, cuando se encuentra la vida con la muerte no se sabe de donde vienen los jugos primordiales que definen a ambas. Lo cierto es que Chano reposa en su Suchitoto, donde debía estar y donde siempre quiso estar, porque siempre fue un guerrillero que soñó con tomarse esa ciudad y por eso se hicieron varios ataques a su periferia, y al final de los finales, Chano se la toma en un entierro, y ahí está, dándole dignidad a Suchitoto, llenándola de historia y de rebeldía, de la que tanto se necesita en estos días. Chano sigue trabajando y haciendo lo suyo. Sigue caviloso y cavilando, sigue haciéndose preguntas y buscando respuestas, y Suchitoto estará siempre honrado de guardar en su seno a un guerrillero como Chano Guevara.
Nestora Salgado
Elena Poniatowska
Como muchos mexicanos, la joven de 20 años Nestora Salgado emigró de su estado Guerrero a Estados Unidos para tener mejores condiciones de vida y escapar con sus tres hijas de un marido golpeador. En 1991, en el norte, la joven madre hizo trabajo doméstico y sacó adelante a sus hijas Zayra Crystal, Ruby y Grisel. Perseverante, como todos los que creen en sus sueños, Nestora consiguió la ciudadanía estadunidense, dejó de tener preocupaciones económicas, se divorció del mexicano golpeador y encontró a un hombre amoroso, José Luis Ávila. Sus hijas crecieron sanas y fueron a la escuela, a diferencia de miles de niños en México que trabajan para ayudar a sus padres.
Cuando sintió que a ella ya le iba bien, decidió que era justo que también a Olinalá, Guerrero, le fuera bien. Nestora ya había probado lo que es una buena vida y pensó que también su gente merecía lo mismo. Dos veces al año regresaba a su pueblo. Nestora traía comida y ropa no sólo para sus familiares (15 hermanos, primos y sobrinos), sino para un gran número de guerrerenses. Cada año que pasaba lo encontraba peor, hasta que descubrió que era un pueblo controlado por la delincuencia y el narcotráfico.
Al ver la injusticia y las condiciones de pobreza y abandono de su gente, se propuso defenderla y a caminar al lado de sus paisanos abandonados por autoridades que no merecen serlo. Su fuerza y personalidad arrolladora cautivaron a todos.
Asediado por el crimen y el abuso de poder, además de la pobreza, la delincuencia y la corrupción del narcotráfico, Olinalá aprovechó la buena voluntad de Nestora, dispuesta a defender sus derechos. La manera más directa de ayudar fue unirse a la policía comunitaria indígena, que la eligió como comandante regional. ¡Bonita la comandanta con sus ojos muy bien pintados y sus grandes arracadas bajo su gorra negra y su camisa verde olivo, parte del uniforme que ella feminizaba!
En vez de regresar a la comodidad de su vida en Estados Unidos, aceptó el cargo y los más pobres se lo agradecieron.
La policía comunitaria está respaldada por la Constitución del estado de Guerrero y por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. A la comandanta la gente empezó a llamarla a diario por su extraordinario desempeño. Cesaron los homicidios y la delincuencia disminuyó en un espectacular 90 por ciento. Muy pronto, Nestora, fuerte y decidida, se dedicó a perseguir y a castigar a la pandilla de Los Rojos, que cometía toda clase de abusos y crueldades en contra de los pobladores. Sus 10 meses al frente de la policía comunitaria fueron –según muchos habitantes– un respiro y una esperanza.
Nestora detuvo a un síndico, Armando Patrón Jiménez, y a sus cómplices que robaban ganado y ya habían matado al dueño de las vacas. Los amigos de Armando Patrón acusaron a Nestora de tenerlo secuestrado y por esa acusación de delincuencia organizada "la comandanta" fue detenida junto con 30 policías comunitarios. A escala federal, Nestora salió victoriosa de las acusaciones de secuestro y delincuencia organizada, sin embargo, aún debe enfrentar procesos legales por las acusaciones del estado de Guerrero.
Dentro de las rarezas de su detención –sin orden de arresto por los federales–, la misma policía federal envió a Nestora a Nayarit, como si no hubiera cárceles en Guerrero.
Al año de su encarcelamiento, la PGR, consciente de las irregularidades del arresto, desistió de la acusación de secuestro, pero aunque el nuevo gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega, se manifiesta en favor de su liberación, el procurador de justicia de Guerrero, Miguel Ángel Godínez Muñoz, no permite que salga libre.
Nestora Salgado está amparada por el convenio 169 de la OIT.
Somos muchos los que defendemos a Nestora y nos preocupamos por su estado de salud a raíz de su huelga de hambre en el penal El Rincón, en Nayarit, que inició el 5 de mayo de 2015. Aislada de las demás presas, sus tres hijas dicen que no cuenta con medicina y ni siquiera tiene agua potable.
Según Jenaro Villamil, "lo que sucede ahora en Guerrero vuelve loco a cualquiera".
Tendríamos que recordar que antes, en Olinalá, se hacían cajitas pintadas a mano, olorosas a lináloe, un árbol casi extinto en Olinalá. Muchas casas del pueblo están pintadas de colores como las célebres cajitas. Ojalá vuelvan a grabarse flores sobre madera y, sobre todo, ojalá se le haga justicia a Nestora Salgado, la más valiosa de las cajitas en Guerrero, que ahora es una gran cajota de corrupción, hoy en manos de sicarios, narcotraficantes y malos gobernantes coludidos con la delincuencia organizada, como lo están José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda, que en vez de joyerías y tiendas de autoconsumo debieron pensar en tantos inocentes hoy desaparecidos en alguna fosa.
lunes, 18 de mayo de 2015
Marta Harnecker y su propuesta de participación ciudadana desde las comunidades
Teresa Alvarado
La socióloga chilena Marta Harnecker considera que el involucramiento de las comunidades en la solución de sus problemas es una forma de educar a la gente, no desde las universidades o las escuelas, sino desde la práctica. Asimismo consideró necesaria hacer una descentralización de los recursos públicos, a través de la planificación participativa para aquellos municipios que tienen menos ingresos.
La sociológa y teórica chilena Marta Harnecker es la creadora de la propuesta de participación ciudadana “Planificando desde abajo”, un documento que resume las experiencias de trabajo con las comunidades de dos países latinoamericanos y que además puede servir como una guía de apoyo al gobierno y a las alcaldías para iniciar su trabajo con las comunidades.
Actualmente está visita en el país impartiendo un ciclo de conferencias con los sectores académicos, políticos y funcionarios públicos donde les explica las estrategias para que la población sea partícipe de los cambios y mejoren su nivel de vida.
Harnecker inició sus disertaciones con la Red de Desarrollo Territorial, una entidad donde hubo representantes de ONG, universidades e instituciones gubernamentales y cuyo encuentro fue facilitado por la Secretaría de Participación Ciudadana, Transparencia y Anticorrupción (SPCTA).
La científica social compartió las experiencias de trabajo realizadas con las comunidades en países como Venezuela y Brasil, y una de las interrogantes que se planteó al inicio de su intervención fue ¿Qué sociedad queremos construir?, y su respuesta fue que el ideal de vida en comunidad debe ser construida por la gente, sin prescindir del apoyo del gobierno.
“Si queremos construir esa nueva sociedad no debe ser por un decreto desde arriba, se puede promover desde arriba sí, pero en la participación lo primero que hay que hacer es determinar los espacios ideales para la participación de la gente”, consideró Harnecker.
En esa misma línea la socióloga propone hacer un ejercicio de participación ciudadana desde las comunidades, a través de los foros temáticos sobre propuestas de solución a las problemáticas que día a día enfrenta la población.
“Si la gente no construye y el gobierno no crea espacios para que la población construya esa nueva sociedad no se va a poder construir la sociedad esencialmente democrática desde el poder del pueblo”, exhortó Harnecker.
Agregó que con el involucramiento de las comunidades en la solución de sus propios problemas es una forma de educar a la gente, no desde las universidades o las escuelas, sino desde la práctica.
Otra de las propuestas que hace la socióloga es implementar la descentralización de los recursos a través de la planificación participativa en los territorios, según Harnecker estas iniciativas deben ir acompañados de procesos de capacitación tanto al personal técnico como a los representantes de las comunidades de tal forma que les permita desempeñarse con eficiencia en sus asignaciones dentro de sus localidades.
“Creo que por un lado es fundamental crear los espacios de participación, estos también tienen que ver con la descentralización solidaria partiendo de las carencias de cada municipio, es decir, yo le doy más recursos a esas comunidades que hasta ahora no han sido atendidas”, puntualizó la científica social.
“La gente debe ser dueña de los procesos de cambio”
En su ciclo de conferencias, Harnecker disertó en la Universidad de El Salvador (UES) sobre la temática “Construir una sociedad humanista y solidaria con pleno protagonismo popular”.
Ante la presencia de estudiantes y docentes del alma mater, la socióloga explicó que “el gran problema” por el que modelo socialista cayó hace años fue porque no se le dio a la población el protagonismo popular, que se sintiera identificada con la forma de gobierno.
“La gente no se sentía dueña del proceso y por eso cayó”, resaltó la teórica durante su ponencia en el auditorium cuatro de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la UES.
Destacó que es necesario de parte del gobierno impulsar los procesos de participación, mismos que deben tener el componente de involucrar a la gente para que se sienta identificada.
A nivel de las comunidades sabe que las ONG pueden ser aliadas y son facilitadores para organizar y generar la participación, pero no deben suplantar a las comunidades en ello.
Respecto al proceso de producción, la socióloga se refirió a que los trabajadores deben estar enterados de todas las etapas y que en el modelo socialista se le enseña en el camino para que sepa cómo hacer gerencia en la empresa.
“El trabjador se prepara en las empresas participando”, dijo.
Un ejemplo de eso fue en la antigua Yugoslavia, donde se creó un modelo de autogestión donde la clase trabajadora se interesaba en la productividad de las empresas y en la generación de riqueza.
Sin embargo, no se prepararon a los trabajadores para que se involucraran plenamente en el proceso.
Harnecker, considera que para avanzar exitosamente en el desafío de la participación ciudadana “se requiere de una nueva cultura de la izquierda, una cultura pluralista y tolerante que ponga por encima lo que une y deje en segundo plano lo que divida, que promueva la unidad en entorno a valores como la solidaridad, el humanismo, el respeto a las diferencias, el respeto a la naturaleza”.
“Una izquierda que se de cuenta que la radicalidad no está en levantar las consignas más radicales, ni en realizar las acciones más radicales que solo unos pocos siguen porque asustan a la mayoría, sino que sea capaz de crear espacios de encuentro y de lucha para amplios sectores, porque constatar que somos muchos los que estamos en la misma lucha es lo que nos hace fuertes, es lo que nos hace que nos radicaliza. Una izquierda que entienda que hay que ganar hegemonía, es decir, que hay que convencer y no imponer”, finalizó la sociológa su conferencia en la UES.
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Trovas del Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
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Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
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