Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

martes, 15 de diciembre de 2015

Los “bibliovivientes” del centro de San Salvador


No se sabe exactamente cuándo ni dónde específicamente comenzaron a aparecer, pero hoy por hoy siguen en el centro histórico de San Salvador comprando y vendiendo conocimiento.


Marco Paiz

Canoso, regordete, metro sesenta y voz carrasposa. Huberto Ascencio Lemus Cruz se queja de la pérdida de valores y de las erráticas decisiones del gobierno. En su venta de libros usados explica como la Tercera Calle Poniente –centro de San Salvador- se ha convertido en un confluente de los tufos que emanan los bares y los prostíbulos. “Es un nido de degenere y destrucción”, dice con la indignación a flor de piel mientras en el hormiguero de estridencias y gentes caminan apresurados pandilleros, comerciantes ambulantes, rateros y locos de toda ralea.

Y Huberto tiene razón. El templo de libros usados que regenta está rodeado por cuatro bares que se convierten en la cruz de su calvario. A ellos ve entrar, cada minuto que transcurre, a los delincuentes que todo el mundo conoce, incluso la policía y los agentes municipales. Y todos los días, al mismo ritmo y con la misma indignación, limpia los orines de los borrachos que ocupan como mingitorios los barriles que la Alcaldía que lideraba Norman Quijano instaló hace unos años cuando intentó desalojar a los vendedores informales y reordenar ese laberinto del crimen y la nostalgia conocido como Centro Histórico.

Huberto tienen más de 60 años y su puesto también está cerca de dos establecimientos de artículos religiosos; uno de ellos, entrada la noche, se transforma en un comedor-bebedero. Por eso, rebalsado de rabia, cita al profeta Oseas a la vez que se queja que sus compatriotas prefieran gastar su miserable sueldo en licor en vez de un libro: “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento”, dice.

Orgulloso de su trabajo, don Huberto afirma que acá “vendo sabiduría, conocimiento”. La gente, dice, ya no valora un buen libro. Sin embargo, con el poco dinero y la mucha resignación que le ha dejado este negocio con el paso del tiempo, este vendedor de libros asegura llevar 40 años sobreviviendo de lo poco que le queda por cada edición. “Ya son dieciocho años los que me he tirado en este puesto, entre chupaderos y puteros”.

En su cara se visualiza un semblante duro y una mirada de desconfianza natural, que le brota cada vez que un cliente se acerca y pregunta por algún título. La mayoría de solicitudes de las personas son los títulos del programa de estudio de Lenguaje y Literatura de bachillerato y que los alumnos están obligados a leer. Huberto permanece sentado la mayor parte del tiempo junto a una mesa repleta de libros, donde sobresalen varias ediciones del Lazarillo de Tormes; Yerma, de Federico García Lorca; El Mínimum Vital, de Alberto Masferrer y uno que otro libro de Paulo Coelho, que es uno de los autores más rentable para este negocio.

Huberto cuenta que en su negocio ha llegado todo tipo de gente, desde licenciados en Derecho hasta ancianos que apenas saben leer. “Acá las personas vienen a buscar de todo, desde revistas pornográficas hasta libros satánicos de San Cipriano y San Simón. Pero yo no vendo ese tipo de literatura”, comenta.

Hay algo que Huberto tiene claro. Que a pesar del tiempo y de la tecnología el libro se seguirá vendiendo. “Este es un país de basura, solo basuras nos manda de afuera”, dice refiriéndose a los celulares y al uso inadecuado del internet. Y, con todo el desenfado del mundo, critica: “Al gobierno le interesa que la gente sea ignorante, por eso no promueve la lectura. No le conviene que despierte, que lea bueno libros”.

Foto: Diario1 / Rodrigo Sura

Cincuentona, piel clara y con una blusa descolorida está María Flores en su puesto ubicado dos cuadras después del de Huberto. Ella tiene 20 años de vender libros usados en la misma esquina donde compartió la gloria y decadencia del ex cine España que ahora está convertido un negocio de venta de ropa usada.

Con María son tres generaciones de su familia que sobreviven y comen de la venta de libros usados en la Avenida España. Sus hijos, una nieta, y una bisnieta trabajan de lunes a sábado desde las 10 de la mañana colocando los centenares de libros. Desde religiosos, para aprender a cocinar hasta sobre economía política son los temas que ofrecen a todos los transeúntes que a diario caminan por esa acera. Al final del día la inconmensurable cantidad de libros se guardan sin éxito de ventas en las bodegas que están a la orilla de la calle, y que hace años María mandó a instalar.

Cuando en 2011, durante la administración del entonces alcalde Quijano, hubo un intento de reordenamiento en el Centro Histórico, a María solo le dijeron que mantuviera ordenara su venta donde siempre. “Los de la alcaldía me dijeron que les gustaba leer y que como sabían que yo vendía libros, que no me moviera”, cuenta mientras mira a las personas hojeando sus libros y esperando a que alguno se anime a llevarse uno.

En otro punto del Centro Histórico de San Salvador se encuentra uno de los puestos de libros usados más antiguos, la Casa del Libro, de la Niña Lidia, como es conocida en este negocio. Su puesto está ubicado en la Primera Calle Oriente en un antiguo edificio. También en la plaza San José tenía una “sucursal”, pero en año 2011, cuando Quijano desalojó y reubicó cientos de puestos informales, se fue entre ellos la “sucursal” de la Niña Lidia.

Son más de cinco mil libros los que Niña Lidia mantiene en los estantes de la Casa del Libro, más otro centenar guardados en las bodegas del local. El local, de unos 8 metro cuadros, está divido entre una mesa que rebalsa de libros religiosos en un extremo de la sala, un estante llenos de revistas de manualidades y croché, deportes y revistas de National Geographic. En el otro extremo del salón hay una pared llena de libros antiguos y polvorientos, la mayoría de fados. Estantes de libros en inglés, de política, novelas juveniles y otra de “best seller”, los más populares del momento.


Foto: Diario1 / Rodrigo Sura
Niña Lidia, una señora chele, con ojos pequeños y un semblante muy serio acorde a su vestimenta de domingo recuerda sus inicios en el negocio de la literatura de segunda mano. “Son 35 años de vender libros usados. Empecé allá por 1985 cuando le compré este local a don José Presa, un señor que venía de San Marcos y que ya vendía libros desde mucho antes”. La niña Lidia sabe que su local es un referente para muchas generaciones y además por sus manos han pasado centenares de libros, desde literatura “light” hasta documentos históricos de gran valor. “Acá viene muchos historiadores y universitarios a buscar libros. Una vez tuve un libro de 1800, muy cotizado, lo puse en el mostrador de enfrente y se vendió bien rápido”, dice la comerciante de libros.

Durante la Guerra Civil de los años ochenta, La Casa del Libro nunca tuvo un percance directo, ni para la “ofensiva general” de 1981 ni tampoco en la ofensiva “hasta el tope” de noviembre de 1989 hubo necesidad de dejar de vender. Aunque siempre hubo libros “prohibidos” de marxismo o teorías de izquierda que no se podían leer ni mucho menos vender.

Después de la guerra, la Casa del Libro cerraba a las seis o siete de la tarde, dependiendo del “movimiento”. Sin embargo, en los dos últimos meses de este año se ha tenido que reducir el horario de atención, debido a las decenas muertes violentas en el Centro Histórico de San salvador, causadas en su mayoría por enfrentamientos entre pandillas.

“Actualmente cierro antes de las 5:00 de la tarde por cómo está la cosa aquí en el centro. Mejor evitar”, dice la dueña de la Casa del Libro, un relato que también repite don Huberto, el vendedor de libros.

No se sabe exactamente desde cuándo ni tampoco dónde específicamente comenzaron las ventas de libros usados en la “selva de cemento” en que se ha convertido el Centro de San Salvador, pero hoy día es así como sobreviven decenas de familias que cada vez acumulan más y más ejemplares y venden menos.

El FMLN: de la utopía revolucionaria al pragmatismo electoral



Mauricio R. Alfaro
Rebelión


Introducción

Observamos que en El Salvador la cúpula dirigente del actual FMLN, en relación a la memoria histórica de la guerra popular revolucionara, ha optado por -casi- eliminar, de sus discursos y actos conmemorativos, el aporte que los ex combatientes dieron durante esa coyuntura política del país.

En este ensayo, lo que nos interesa destacar es que la observación anotada, la vemos como la síntesis de toda una serie de acontecimientos; que, en su sucesión-combinación, harían de un El Salvador pacificado y en democracia, el lugar de un nuevo caos estructural.

La etapa utópica revolucionaria del FMLN (un poco de memoria histórica)

En El Salvador, los años setenta del siglo pasado fueron aquellos en donde la alianza oligárquica-militar en el poder cerró, a través del terror organizado desde el Estado, la vía pacífica para reformar el sistema en plaza. Pero es de subrayar que, con ese cierre, esa alianza dictatorial, no hizo otra cosa que crear su propia antítesis; la cual se activa, cuando un grupo de militantes bien decididos opone a la violencia reaccionaria de las élites en el poder, la violencia revolucionaria del pueblo en armas.

Violencia revolucionaria dinamizada por un nuevo tipo de militante que veía en la organización de la lucha armada, el camino a seguir para echar abajo, de una vez por todas, un statu quo insensible al estado de pobreza y exclusión social de las mayorías empobrecidas del país. El militante guerrillero asumía entonces el desafío de construir una alternativa radical al estado de cosas dominantes en El Salvador. Y dadas sus tendencias, de inmediato, el poder en plaza no tardó en señalarlo como: el enemigo principal a aniquilar. Rudas circunstancias históricas que, en su dinámica misma, irían depurando las propias filas de la izquierda armada salvadoreña.

Hasta que, en una especie de selección social, esa izquierda logra progresivamente configurar las vanguardias organizadas del pueblo; desde las cuales, sus militantes supieron ganarse la confianza, la lealtad, la adhesión de una buena parte de los salvadoreños. La cual probablemente veía en ellos algo semejante a aquellos predicadores de los primeros tiempos cristianos. Algo así, como los profetas de los tiempos nuevos de la redención. Hombres y mujeres que en plena flor de su juventud persiguiendo sus ideales abandonaban todo -absolutamente todo- en aras de construir una Gran Utopía. En la cual, ellos y ellas (solidariamente) se daban la tarea de construir un mundo mejor.

E inspirados por tan noble fin y tantos ejemplos de heroísmo, una parte de los sectores populares, desde abajo, pasaron progresivamente del puño en alto en las manifestaciones a empuñar el fusil. Y con ellos, en una guerra popular que hizo gala de valentía y entrega revolucionaria, la ola de los partidarios del cambio social crecía y crecía. Hasta que, en una especie de Nuevo Contrato Social que lo vemos como un pacto político fundado en los valores de la confianza mutua y en la lealtad de la palabra dada, las bases y los dirigentes lograron fundar el FMLN; que, con el tiempo, se convertiría en una de las organizaciones político-militar de las más exitosas en la historia de los movimientos populares de la América Latina.

Y, en aras de la nueva patria, los guerrilleros y sus aliados caían y caían uno tras otro. Unos perdían la vida en combate; otros cazados, capturados por los escuadrones de la muerte que, haciendo de la tortura un arte monstruoso, se dedicaban -sádicamente, pacientemente, metódicamente- a torturarles, a despedazarles, a calcinarles. Y luego, ya vestidos con sus respectivos uniformes militares, ante los familiares y amigos, les hacían pasar al estado de desaparecidos. O sea, de aquellos salvadoreños y salvadoreñas que, existencialmente hablando, como un general argentino en su momento lo dijo, no están: ni vivos ni muertos.

Digamos que, en términos generales, lo hasta aquí expuesto es lo que nosotros denominamos la fase utópica revolucionaria del FMLN. Situémonos entonces esta vez, en la otra etapa. O sea, de aquella que hizo pasar a El Salvador de la dictadura oligárquica-militar a la paz y la democracia. Y veamos, cómo y de qué manera, el cambio que habría llevado al FMLN de la utopía revolucionaria a su pragmatismo electoral actual, las pudo haber afectado.

El FMLN en su fase pragmática electoral

En El Salvador, según la versión oficial, la paz triunfo cuando las fuerzas oponentes, extremadamente radicalizadas, abandonaron sus posiciones del todo o nada. Y ya pacificadas y situadas en otro orden de ideas, habrían aceptado la vía electoral como la forma de lucha política principal para resolver sus divergencias. El todo, en nombre de la victoria del interés general sobre el interés partidario.

Con la paz firmada, El Salvador entraba entonces a una nueva fase de su historia. En donde, simultáneamente, con el fin del conflicto armado, las élites políticas de derecha e izquierda (los firmantes de los acuerdos de paz) se comprometían a unificar sus esfuerzos en aras de alcanzar un solo objetivo: democratizar a El Salvador. Y así, en un proceso gradual de cambios, esas élites prometían hacer lo que, desde siempre, sus mayorías empobrecidas tanto han anhelado: un país digno, integrado con justicia social.

Si el ritmo de las cosas -idealmente- se nos proyecta como una secuencia sostenida de fin de la guerra civil-paz-democracia-progreso-justicia social, consideramos que, desde nuestra perspectiva, es válido que nos cuestionemos en la forma siguiente: para las élites políticas de derecha e izquierda, ¿ cuál habría podido ser la fórmula ganadora que, en aplicándola, iría dando esos logros tan inusitados para El Salvador ?

Creemos que la guía a seguir para abordar y clarificar la pregunta planteada, es la de situar el triunfo de la paz y la democracia en El Salvador, al interior de un movimiento general que, en su momento, habría marcado la victoria -casi total- del paradigma neoliberal. Movimiento que en su proceso de concretización dictaba, a los países del mundo, la formula siguiente: -Estado +Mercado. Fórmula que a su vez, iba a servir de parámetro fundamental para distinguir a los amigos de la democracia, de sus enemigos. Y la regla a seguir para diferenciarlos sería que, en la aplicación de esa fórmula, los primeros se comprometían a alejarse de todo tipo de populismo. Es decir que, esos demócratas, deliberadamente, renunciaban a promover los derechos socio-económicos de los ciudadanos. Ya que esta vez, para ellos, lo esencial sería liberar las fuerzas productivas del mercado vistas como las creadoras de riqueza. Y por lo tanto, las únicas capaces de llevar, a los pueblos del mundo, el progreso sin fin.

Vistas las cosas desde esa perspectiva, sostenemos, para el caso concreto de El Salvador, considerándolo ya no como un caso sui generis sino como haciendo parte del movimiento global señalado, que habría sido la puesta en práctica de esa fórmula, la que explicaría, por un lado, el paso directo de El Salvador de la guerra civil a la paz y la democracia. Pero por otro lado señalamos igualmente que la fórmula -Estado + mercado es la que habría favorecido el advenimiento de una paz y una democracia insensibles al estado de pobreza y exclusión social de los más desfavorecidos de la sociedad.

Lo uno y lo otro, lo situamos en el hecho que en El Salvador el advenimiento de la paz tenía una condición sine qua non: suprimir el FMLN utópico de carácter revolucionario. Es claro que el fin de ese FMLN marcaba a su vez el nacimiento del FMLN de esencia pragmático electorero. El cual, al contrario del FMLN original con su programa maximalista de cambio radical de las estructuras dominantes, pasó a defender -integralmente- un programa político de tipo minimalista que tenía un rasgo esencial: evitar cuestionar la forma de producción y redistribución de la riqueza .

La paz marca entonces aquel momento crucial en donde la dirigencia del nuevo partido FMLN se dio la peculiar tarea de desmontar, de un día para otro, todas las estructuras -objetivas y subjetivas- que habían sostenido la larga y sangrienta guerra popular revolucionaria. Y esto, con un fin bien determinado: reciclarlas. Y ya recicladas, reutilizarlas para hacer del FMLN utópico, una maquinaria electorera. La cual se encargaría de enfriar y reducir las expectativas populares democráticas a un aspecto presentado como el alfa y el omega de toda democracia: el derecho a votar libremente, en cada evento electoral. Es claro que, en esta democracia de tipo representativa, reinaría el respeto irrestricto de la propiedad privada, la libertad de expresión, de organización y otras tantas libertades. Pero su limitante mayor sería, como ya planteado en otros términos: que las causas estructurales responsables de la profunda desigualdad socio-económica de los salvadoreños no podían, bajo ninguna circunstancia, ser cuestionadas.

Es lo planteado lo que nos hace sostener que en El Salvador, el poder tradicional (o poder real), nunca perdió el control de los acontecimientos producidos desde los tratados de paz hasta nuestros días. Y la prueba de ello es que con ese poder real ese sector habría permitido, hacia arriba, la apertura de un espacio político (o poder formal) fundado en un sistema de partidos funcionando al interior de una democracia restringida. Y hacia abajo, ese poder real, no teniendo que rendirle cuentas a nadie, habría -de nuevo- atenazado su indiscutible poder sobre la forma de producción y la acumulación de la riqueza. Lo cual, en el nuevo contexto, pasaba por privatizar los bienes del Estado; por abrir a El Salvador al libre comercio; por dolarizar la economía. En fin, ese poder real, no encontrando en su camino obstáculo alguno para implementar su terapia-shock de contenido neoliberal, hizo que la formula -Estado +mercado convirtiera a El Salvador en uno de los países más "libres" de la América Latina. Para ser exactos, el segundo después de Chile. Es claro que hacemos referencia aquí, al Chile neoliberal fundado por Augusto Pinochet.

Como extrañarse entonces que observamos que, en cuanto a la paz y la democracia triunfantes en El Salvador, existan dos evaluaciones completamente divergentes al interior del FMLN. Tenemos así que para la ex guerrilla esa paz y esa democracia no tendrían otro sentido que el de ser la forma política que selló una nueva derrota popular. Mientras que, para la cúpula dirigente, los mismos hechos habrían alcanzado el rango de haber originado una "autentica revolución en El Salvador"(1). Siendo a causa de esos puntos de vista divergentes que, igualmente, observamos que aquel Contrato Social forjado a la manera que más arriba lo exponemos, habría llegado a su fin.

Lo dramático del caso es que vemos que, luego que el Contrato Social se rompe, los caminos de los antiguos aliados durante la guerra civil se bifurcan. Conformando así dos campos bien definidos: los ganadores y los perdedores del conflicto armado. Con respecto a los perdedores vemos a unos ex combatientes -con una paz y una democracia que en términos reales no les aportó absolutamente nada, puesto que ellos seguirían siendo tan pobres y marginados como antes de la guerra-, regresar a sus pueblos, cantones y caseríos, sin nada realmente que celebrar. Mientras que, con respecto a la cúpula dirigente del partido FMLN, vemos que algo completamente diferente ocurrió. Puesto que ella, en la dinámica misma de los tratados de paz y la democratización, progresivamente, se convertiría, en la nueva clase política de El Salvador. Veamos entonces, con la ayuda de James Petras (2), cuales habrían sido sus primeros pasos para llegar a ocupar tan privilegiado status social:

“El FMLN (cuando) firmó el llamado acuerdo de paz (explica Petras, lo hizo) sin ningún diálogo democrático previo con los militantes, sin ninguna consultación con los movimientos sociales de base… Dictaron los acuerdos a sus cuadros intermedios, expulsaron a los críticos y manipularon a las masas para que den su apoyo ofreciéndoles promesas falsas de "continuar con la lucha”...; declararon obsoletas las principales reformas estructurales por las que miles de militantes habían luchado y entregado su vida... No cumplieron con las promesas de trabajo y redistribución de ingresos y tierras; nunca se materializó la promesa de "reformar" las fuerzas armadas ni entablar procesos judiciales en contra de los oficiales involucrados en violaciones masivas de derechos humanos.

Haciendo un análisis objetivo, continúa Petras, queda claro que el acuerdo de paz firmado por el FMLN ha fracasado en el cumplimiento de las mínimas demandas políticas y socioeconómicas de sus bases. A pesar de los grandes sacrificios y los incontables ejemplos de heroísmo personal, las masas populares de El Salvador fueron despojadas de todo logro positivo…”

De lo expuesto por Petras habría probablemente que aclarar que quien firmó los acuerdos de paz y dictó -de arriba hacia abajo- las medidas a las cuales él hace referencia, no fue el FMLN en abstracto sino que fue su cúpula dirigente. La que haciendo uso de un poder ilimitado y persiguiendo ya sus propios fines, la vemos que se daba la tarea de transformar radicalmente a aquel FMLN utópico forjado al calor de la guerra popular revolucionaria. Para así con un FMLN dócil, maleable, domesticado, convertirlo en un partido más del sistema de partidos de El Salvador.

Un sistema de partidos en donde lo que siempre imperó e impera es la simulación, la picardía y el oportunismo más abyecto. Es claro que la cúpula dirigente del nuevo partido FMLN, a la imagen de ese sistema, acto seguido a lo que James Petras nos revela más arriba, astutamente, ligado al hecho de haber desmantelado al FMLN utópico, tenía que dar su salto cualitativo de carácter regresivo; que hay que decirlo, vemos que le dio frutos jugosos; muy jugosos. Con respecto a lo que aludimos, James Petras con un lenguaje directo plantea que:

”Los líderes del FMLN se beneficiaron de manera directa con la transición de la lucha armada y la movilización de masas a la política electoralista: muchos fueron elegidos en puestos públicos, lo que les garantizó un estándar de vida de clase media. Como congresistas, asesores políticos, asistentes y alcaldes, la élite del FMLN recibió salarios sustanciales...Lo que les permite vivir en viviendas modernas, protegidas por muros de tres metros cubiertos con vidrio roto y alambre de púa, con calles pavimentadas y jardines con flores...”

“Entonces ellos... [nos relata Rubén Zamora, actual embajador de El Salvador en Washington D.C.] [adoptaron] un estilo de vida totalmente contrario a su estilo de vida anterior. Antes el comandante vivía con su tropa, comía con su tropa, había una relación muy directa con su tropa… Viene la paz y dónde va a vivir el comandante, ya no puede vivir en el campamento, va a vivir en una casa donde pueda recibir..., tiene que ir a recepciones, tiene que ponerse traje... ”

Habría que recalcar que ese "tiene" de los ex comandantes, Zamora (3) lo prolonga largamente . Pero el caso que nos interesa destacar es que la dinámica ascendente de movilidad social no se detiene ahí, ya que esa cúpula, gracias a ALBA petróleos, ha logrado ubicarse estratégicamente en el mundo de los negocios. Siendo esto algo que en la actualidad, le permite controlar un capital evaluado en 800 millones de dólares (4). El éxito alcanzado es tal que esa cúpula -con todo el poder económico, político y social acumulado- puede darse el lujo de declarar que ahora, con el poder tradicional de El Salvador, van a tratar de poder a poder.

Y habría sido así cómo aquel FMLN -forjado desde abajo por campesinos, obreros, estudiantes, religiosos y otros sectores de la sociedad salvadoreña y la solidaridad internacional-, habría tenido el infortunado destino de convertirse en una pieza más del statu quo de El salvador. Movimiento que habría culminado con el hecho que, en la actualidad, el FMLN habría sido convertido en un especie de partido-empresa (5); el cual es controlado por ex comandantes que ahora viven, como Petras y Zamora testimonian, en casas con jardines, con seguridad y bien amuralladas. Y que con sus trajes finos y zapatos como para calzar ángeles, hoy se mueven -sonrientes, obsequiosos- en la mundo de los ganadores de este mundo.

Conclusión

En función de lo hasta aquí expuesto, sostenemos que en El Salvador el cambio que llevó al FMLN de la utopía revolucionaria al pragmatismo electoral tuvo dos consecuencias inmediatas: 1) el de haber puesto fin a la alianza entre la cúpula dirigente del partido FMLN y los ex combatientes; 2) hizo que una organización política-militar originalmente creada -a sangre y fuego- para defender los intereses de los sectores populares se convirtiera, bajo el control de una élite que centralizó todo el poder de decisión, en una potente maquinaria electoral, la cual hizo de esa élite: la nueva clase política de El Salvador. Y la que jugando ya su propio juego -que tenía en la mira su propia movilidad social- obviaría (como ya mencionado) el fin supremo del FMLN: defender los intereses fundamentales de la mayoría empobrecida de El Salvador.

La izquierda reciclada en el partido FMLN habría mostrado entonces que, al igual que la derecha arenera, sus móviles no eran y no son otros que la búsqueda del poder para desde ahí potencializar al máximo sus privilegios. Es de acentuar entonces que sería al interior de ese contexto que en El Salvador la política habría perdido la posibilidad de innovar. Y con ello, estimular y señalar a los salvadoreños la senda a seguir para alcanzar el progreso y la dignidad social. Observamos así que la política, desde el momento que pierde su potencial creador, inevitablemente, sus promotores de derecha e izquierda no tardaron en hacer de ella una especie de mercado. En donde, con el fin de maximizar sus posibilidades de éxito social, principios e ideales serían puestos sobre la mesa, para determinar ahí sus valores de cambio. La política se revelaría entonces como reducida a un simple medio que las élites políticas, signos ideológicos confundidos, iban a usar -y a abusar- para conseguir sus fines egoístas.

Notamos así que las élites políticas no tardaron en hacer de El Salvador un país sin cohesión alguna, que en medio de la tempestad neoliberal, dio vida a un tipo de sociedad que hizo del individualismo a ultranza su norma por excelencia. Siendo entonces en este tipo de sociedad que los problemas de toda índole continuarían acumulándose más y más, hasta el punto de llevar a ese país hacia un nuevo caos estructural. El cual como telón de fondo avivaría el nacimiento de unas bandas de criminales sicópatas que, con sus extorsiones, sus asesinatos y sus masacres, habrían elevado a El Salvador al rango de ser: uno de los países más violentos del mundo.

El consuelo que, probablemente, les puede quedar a los salvadoreños es el saber que al menos hoy, sus días de violencias y crímenes sin fin, las viven en un país oficialmente declarado: pacífico y democrático. Lo cual, desde la perspectiva desarrollada en este texto, valoramos como: un chiste malo, de una comedia negra.

Referencias

Ricardo Rivera (1), El Salvador: la negociación de un acuerdo de paz. ¿Un modelo para el mundo? http://www.uca.edu.sv/revistarealidad/archivo/4e2da01f8b2eeelsalvadorlanegociacion.pdf;

James Petras (2), ¿Es posible que los "acuerdos de paz" generen justicia, paz y seguridad para el pueblo? http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171801

Fernando de Dios (3). (2013), “La amnistía fue la primera violación a los Tratados de Paz”, http://www.archivocp.contrapunto.com.sv/especiales/la-amnistia-fue-la-primera-violacion-de-los-acuerdos-de-paz

La millonaria revolución de Alba (4), http://www.elfaro.net/es/201401/noticias/14423/

Editorial UCA (5): El peligro del partido-empresa, http://www.uca.edu.sv/noticias/texto-602

Mauricio R. Alfaro (6), El Salvador: Las dos historias del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), http://www.globalresearch.ca/el-salvador-las-dos-historias-del-frente-farabundo-marti-para-la-liberacion-nacional-fmln/5370142

Mauricio R. Alfaro (7), “El FMLN visto desde los acuerdos de paz de 1992 hasta su victoria electoral”, http://alainet.org/active/32375&lang=es

Mauricio R. Alfaro (8), (2013), “El Salvador: del terror de la alianza oligárquica-militar al terror de las maras”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171058
Mauricio R. Alfaro (9), El FMLN visto desde los acuerdos de paz de 1992 hasta su victoria electoral http://www.argenpress.info/2009/08/el-fmln-visto-desde-los-acuerdos-de-paz.html

lunes, 14 de diciembre de 2015

Los archivos secretos de la dictadura


Daniel Valencia
El Faro

El régimen salvadoreño en los años previos a la guerra civil y durante ella sistematizaba información sobre los enemigos políticos para, en los casos más extremos, torturarlos, desaparecerlos o asesinarlos. La información más sensible era compartida con los Estados Unidos. El Faro encontró ocho libros del Estado Mayor y de la Policía Nacional que evidencian la responsabilidad de la máxima jerarquía militar en el diseño y operación de la maquinaria de represión política.

1. Registro de una captura

En la mañana del viernes 9 de enero de 1981, un comando armado asaltó un taller de imprenta ubicado en la Avenida Cuscatancingo, de San Salvador. Hacía cinco meses que la guerrilla había atacado siete guarniciones militares en el interior del país, y apenas semanas atrás, en diciembre, había anunciado la inminencia de una "ofensiva final". Esta sería ejecutada al siguiente día, 10 de enero y así El Salvador entraría plenamente a la guerra. Pero aquella mañana de viernes no se sabía lo que estaba por venir, y en un taller de imprenta de la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación, siete hombres trabajaban como en un día cualquiera. Uno de ellos era artista y serigrafista. Cuando el comando armado ingresó al taller, todos temieron por sus vidas. Aquel comando estaba integrado por agentes de la Policía Nacional.

Los sacaron a la fuerza y los subieron a un camión. Luego se los llevaron al cuartel central de la PN, “el castillo”, en el centro capitalino.

A los capturados se los llevaron por ser miembros de la Asociación de Empleados del Ministerio de Educación (AEME), “la cual es un grupo de fachada del Bloque Popular Revolucionario (BPR)”, escribió la PN, en un registro en el que además se asegura que utilizaban ese taller del Ministerio de Educación para imprimir propaganda de "esa organización clandestina”.

Jesús es un hombre pequeño que ronda los 60 años y trabaja en una oficina del segundo gobierno de izquierdas del FMLN. La guerra, la represión y la persecución, en teoría, han quedado atrás, en el olvido.

Cuando a Jesús lo capturaron, hace 34 años, lo acusaron de pensar distinto y por oponerse al régimen desde una organización clandestina. Algo le hicieron mientras estuvo capturado, y eso lo dejó marcado. Nuestra llamada lo sorprende, pero accede a cruzar palabras cuando le explicamos que un amigo en común nos refirió.

"Entonces, Jesús, sabemos de su captura. ¿Puede contarnos qué le ocurrió?" Jesús pregunta en dónde obtuvimos la información. Le explicamos. Luego dice que no quisiera hablar, que recordar ese episodio le trae recuerdos desagradables, que después de la captura “y lo que me hicieron, hui del país. No pensaba volver, pero luego volví, con la paz…”

Le enviamos a Jesús, por correo, una copia del registro de su detención, la número 8 del libro “capturas más relevantes realizadas por la Policía Nacional desde 15OCT979 a la fecha, de personas relacionados con actos de subversión y terrorismo”. El libro de capturas está fechado el 24 de abril de 1984, fue elaborado por el Departamento II de la PN, la rama de inteligencia, dedicada a labores de espionaje para perseguir objetivos políticos.

Jesús responde el correo, y es la última vez que dirá algo sobre su registro de captura. De nada sirven los ruegos. Él no quiere revivir ese episodio, y lo resume así:

-Muchas gracias, acuso recibo de su correo y archivo adjunto. Estoy sorprendido de ver el documento, escrito en las viejas máquinas de escribir de la época, que aún remueve la memoria personal…

En realidad, estos libros remueven la memoria nacional.
 


2. El sendero del libro amarillo

El libro de capturas más relevantes de la PN no es el único. Hay otros. Por ejemplo, uno que también habla de registros de capturas, lo llamaremos libro de viajes por lo pintoresco de su título: “Resumen de capturas realizadas por la Policía Nacional de personas por participar en actividades de tipo subversivo-terroristas y que han manifestado haber viajado a países comunistas, así: a Rusia, Cuba y Nicaragua”. Este libro también fue elaborado por del Departamento II de la PN. En él hay más registros de capturas fechadas desde el “150CT979”. Para esa fecha, hacía tres meses que los sandinistas habían triunfado en Nicaragua. La última fecha de actualización dice “San Salvador, 29 de marzo de 1985”, es decir, menos de un año después de iniciar el gobierno del presidente José Napoleón Duarte.

Podríamos decir que solo en estos dos libros, elaborados por una de las oficinas de inteligencia contrainsurgente de la Fuerza Armada de El Salvador, hay 496 registros de capturas de salvadoreños, y que 90 de ellos se convirtieron en fantasmas luego de haber caído en manos de la Policía Nacional, uno de los tres cuerpos más temidos en los años de las dictaduras y de la guerra civil salvadoreña.

Pero eso no sería del todo cierto.

Los fantasmas no existen.

En esos dos libros hay información sobre hombres y mujeres de carne y hueso -como Jesús -, con identidad y parentela, muchos hasta con edades, profesiones, lugares de origen y residencia; muchos otros hasta con direcciones de trabajo.

Estos dos libros, junto a otros seis documentos, conducen hacia un Estado que espiaba, perseguía, capturaba, interrogaba, torturaba, desaparecía, asesinaba.

Los libros evidencian, además, que la información obtenida en los interrogatorios era utilizada para continuar con la persecución y para entender el funcionamiento de la guerrilla, los nombres de sus mandos, su estructura y su despliegue territorial.

En otros dos libros, catalogados como “secretos”, la Fuerza Armada hace un dibujo pormenorizado del organigrama y el funcionamiento del Partido Comunista y las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), y en ellos se menciona que están hechos para ser compartidos con la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos. Lo de “secreto” no es gratis. La palabra en mayúsculas “SECRETO” acompaña, centrada y en negritas, el inicio y pie de página, de las más de 70 hojas que componen cada libro.

La presentación de uno de ellos es más que clara: “Estudio sobre las fuerzas terroristas salvadoreñas –Partido Comunista Salvadoreño”.

El prólogo de este documento, además, comprueba un doble discurso del gobierno estadounidense respecto a su papel en la guerra, en el que criticaba al Estado y a la Fuerza Armada salvadoreña por las violaciones a los derechos humanos, pero al mismo tiempo se nutría de la información que se recopilaba en El Salvador luego de persecuciones, capturas y torturas. Al menos estos libros indican que fue así hasta 1986, dos años después de los intensos debates en el congreso estadounidense para cortar la ayuda militar a El Salvador, y tras las visitas del vicepresidente George Bush y del secretario de Estado George Shultz a El Salvador, en las que reclamaron por el uso excesivo de la fuerza.

“Este estudio es para compartir descubrimientos analíticos con la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos relacionados con la estructura de fuerzas terroristas dentro. Este estudio reemplaza y pone al día el estudio 16-86, con el título Fuerzas Terroristas Salvadoreñas-Partido Comunista”, se lee en el prólogo del libro sobre el Partido Comunista, cuya última fecha de actualización es “diciembre de 1986”.

Otro de los libros es un compilado de crímenes que hasta 1991 la PN le endilgaba a la guerrilla salvadoreña, incluido el asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero. Repetimos: la sección de inteligencia de la Policía Nacional, todavía en 1991, 11 años después del magnicidio del Arzobispo de San Salvador, sugería que sus asesinos habían sido “terroristas-subversivos”.

Aunque no toda la información en este libro es falsa.

De los 32 crímenes que la PN le atribuía a la exguerrilla, en 1991, siete fueron validados por la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas. Entre estos el asesinato de José Antonio Rodríguez Porth, ministro de la presidencia del primer gobierno de Arena, asesinado el “081509JUN989” junto a su guardaespalda, Benjamín Pérez.

El sexto libro contiene un “análisis político-militar sobre las agrupaciones terroristas” que la inteligencia de la PN hacía sobre la guerrilla, y el séptimo es el resumen de una investigación de espionaje tras la caída de uno de los fundadores de las FPL, Felipe Peña, en 1975.

En ese libro se reproduce parte de los hallazgos de inteligencia policial al momento de dar con el paradero de Peña en una “casa de seguridad”, y narra el enfrentamiento entre Peña, su compañera de vida, y los agentes de la PN. El documento revela, además, una “lista de funcionarios y otros que estaban fichados por guerrilleros”. La lista está compuesta por 41 nombres, entre ellos el teniente coronel José Guillermo García que a la postre se convertiría en general y ministro de la Defensa para los primeros años de la guerra, así como los empresarios Roberto Hill y Archie Baldocchi. La hermana de Felipe Peña, Lorena Peña, presidenta de la Asamblea Legislativa, revisa este documento con paciencia y confirma que en efecto su hermano era líder fundador de las FPL, que en esa casa de seguridad residía y que mucha de la información que hay sobre sus actividades es cierta. "Pero estas cosas deben analizarse en su respectivo contexto. ¿Por qué se hacían esas cosas? ¿Para qué era esa lucha? Era para combatir un régimen, un sistema que no dio ninguna otra vía de solución pacífica a ese conflicto", dice.

La fuente que hizo llegar el documento en el que se habla sobre Felipe Peña dijo a El Faro que “este es el verdadero libro amarillo, elaborado por la guerrilla para eliminar a sus objetivos políticos”, en alusión a la revelaciones sobre el libro amarillo, divulgadas en 2014 por investigadores estadounidenses, y que vinculaban al ejército en prácticas de persecución y violaciones a los derechos humanos.

Este libro rosado (por el color de su pasta) aunque habla de objetivos perseguidos por inteligencia insurgente, va más allá. Dibuja los métodos que el Estado utilizaba para espiar a sus adversarios, utilizando varias dependencias de gobierno, como el viceministerio de Transporte, o inclusive metiéndose hasta en los velatorios de sus enemigos para espiar a sus deudos, para determinar si aquellos que llegaban a despedirse también eran opositores políticos.

En el libro rosado hay memorándums confidenciales entre el Director de la Policía de Aduanas, el Jefe de la desaparecida Ansesal y el Ministro de la Defensa de la época, en los que se ordena al Departamento de Tránsito autorice la recolección de datos (nombres y direcciones de vivienda) de 45 personas que acudieron, el 16 de septiembre de 1975, a la misa de 30 días tras la muerte de Felipe Peña, celebrada en la capilla de la colonia Centroamérica de San Salvador. Días antes, la Policía de Aduanas informaba a Ansesal que una “comisión de este cuerpo” se había hecho presente a la misa para “tomar el número de placas de las personas que asistieron a la misa”. La Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (Ansesal) tuvo la fama de haber sido la agencia de vigilancia de enemigos del régimen con más vínculos a los escuadrones de la muerte, tanto que cuando se habla del mayor Roberto d´Aubuisson, fundador del partido Arena, suele hablarse de Ansesal.

Este legajo de documentos guarda una relación directa con el libro amarillo, una lista de casi 2 mil salvadoreños, opositores políticos (con nombre, seudónimo y fotografía) utilizada para dar caza a los "delincuentes-terroristas”, según se lee en las primeras páginas de ese documento, el cual invitaba a los militares a un “para que se use”.

El libro amarillo reapareció en 2013, pero fue elaborado entre 1979 y 1987 por el Departamento II (Inteligencia) del Estado Mayor, para darle persecución y captura a comandantes guerrilleros, pero también a opositores políticos, sindicalistas y defensores de derechos humanos.


1982. Un grupo de maestros capturados son presentados a la prensa en San Salvador. El fotoperiodista Giovanni Palazzo se reencontró con algunas personas viviendo en la clandestinidad. También se encontró a algunos de ellos cuando logró entrar a tomar fotos al Centro Penal La Esperanza, mejor conocido como penal de Mariona.

En 2014, el Centro para la Defensa de Derechos Humanos de la Universidad Washington (UWCHR, por sus siglas en inglés) divulgó un análisis al contenido de ese documento, y esa investigación arrojó que el 43 % de los enlistados en el libro amarillo habían sufrido violaciones a los derechos humanos.

El libro amarillo apareció cuando un hombre alquiló una casa en San Salvador, y de un cielo raso cayó, al suelo, un documento que estaba forrado con una pasta amarilla. El hombre, entonces, lo comentó entre sus allegados, lo entregó a una organización que recoge documentos históricos –quienes aún guardan el libro original- y el cuento de un libro amarillo caído de un cielo raso llegó a los oídos del investigador y ex preso político Carlos Santos.

Santos, exestudiante del Centro Nacional de Artes (Cenar), se formó en un país que perseguía y reprimía cualquier manifestación opositora, incluidas las artísticas. Santos fue capturado y torturado por la Policía Nacional en la ciudad de San Miguel. Tras su liberación se autoexilió, y desde entonces trata de armar el rompecabezas que le dé una explicación a sus traumas: aquellos que lo hacen volver a un baño público ubicado en lo que ahora es un amplio parqueo-mercado de la ciudad de San Miguel. El baño está ubicado en el subsuelo, debajo de un pequeño edificio de dos pisos. Es un baño mugre, lúgubre, con una pared que separa los mingitorios de una pequeña pila, escondida en una esquina. “Ahí me sumergían la cabeza, una y otra vez”, dice Santos. El baño y esa pila eran utilizados como una sala de tortura para presos políticos.

-¿Por qué cree que el libro amarillo es real?

-Es real. Fue elaborado por el Estado Mayor y a mí me lo han confirmado guardias nacionales, policías de hacienda y policías nacionales que lo utilizaron. Además, las personas registradas ahí también validan ese documento. Sus historias, el afán de sus familiares por dar con el paradero de sus desaparecidos, comprueban su autenticidad.

Carlos Santos, desde que encontró el libro amarillo, ha tratado de dar con el paradero de esas familias. A la fecha ha ubicado el posible destino de 32 de los registrados. En la mayoría de esos casos, las personas capturadas fueron desaparecidas.

3. Identificar, capturar, interrogar, eliminar

El Faro presentó los ocho documentos al ministro de la Defensa, general David Munguía Payés, un militar que a principios de la guerra fue miembro fundador del Batallón de Reacción Inmediata Belloso, uno de cuatro comandos élites entrenados por los Estados Unidos en combates contrainsurgentes. Munguía Payés fue en el Belloso comandante de la compañía de armas, y durante seis meses jefe del Departamento II (inteligencia) de esa unidad. “Hacíamos labor de inteligencia táctica en combates, no inteligencia política”, dice Munguía Payés, para marcar distancia respecto de los cuerpos de seguridad de la Fuerza Armada.

Más tarde, en el segundo lustro de los ochentas, en la segunda mitad de la guerra, Munguía Payés fue uno de los hombres más cercanos al desaparecido presidente José Napoleón Duarte. En la posguerra se convirtió en un político que logró ganarse la confianza de la exguerrilla y desde 2009 ha sido ministro de los dos gobiernos del FMLN.

El ministro reconoce que durante la guerra, en afán de combatir a los enemigos, se cometieron excesos. Sobre todo en los primeros años, los mismos años en los que se elaboró el libro amarillo y los nuevos archivos a los que ha tenido acceso El Faro.

El libro amarillo fue elaborado por el Departamento II (Inteligencia) del Estado Mayor, y guarda una estrecha relación con otros siete libros secretos de la Fuerza Armada. Esto dice David Munguía Payés, el ministro de la Defensa, sobre el libro amarillo:

“Bueno, ese libro tiene que ver un poco con las fases incipientes de la guerra, donde había menos conciencia al respeto a los derechos humanos. Porque la guerra nuestra fue evolucionando. Los primeros años fue dura, una guerra sangrienta que no tenía leyes”, dice Munguía Payés. “Acuérdese que por un lado había secuestros, por otro lado los escuadrones de la muerte. El tema de los derechos humanos como que no se conocía y no importaba, entonces tengo entendido que ese libro se… se comienza a elaborar identificando a aquellas personas que eran consideradas comunistas y dañinas al régimen, las cuales deberían ser capturadas y en algunos casos hasta eliminadas”, dice el general.

Para Munguía Payés, la importancia con el libro amarillo radica en saber responder qué ocurrió con las personas que aparecen enlistadas. “El punto para mí no es tanto que haya lista de nombres ahí... el punto es si en realidad se cometieron errores y si algunas de esta gente que estaban en este libro fueron perseguidas para ser eliminadas... y si se hicieron o no se hicieron.”.

A mediados de noviembre de 2015, El Faro presentó a Munguía Payés los archivos secretos de la dictadura. Se le explicó al ministro que en esos libros hay una correspondencia, en 90 casos, de personas que aparecen con registro de captura, y que, según la Comisión de la Verdad, fueron torturadas, asesinadas o están desaparecidas. Se le explicó, además, que entre estos siete libros y el libro amarillo hay una correspondencia de 120 personas que estaban fichadas en el libro amarillo y que terminaron capturadas por la PN. De ese total, el 20 % aparece registrado con violaciones a sus derechos humanos en el informe de la Comisión de la Verdad. La mayoría sufrieron desaparición forzada.

El ministro Munguía Payés hojea los libros, uno por uno. Lo hace con calma y paciencia.

-Ministro, ¿estos libros son auténticos?

-He visto los documentos y me parece que son auténticos… aunque no lo podría asegurar.

Cuatro de los siete libros presentados al Ministro están en su formato original, con sus pastas desgastadas por el tiempo y, posiblemente, el uso.

-¿La Fuerza Armada guarda registros de los informes de inteligencia, como estos, que realizaban los extintos cuerpos de seguridad?

-No lo sé, habría que buscarlos…

-¿Estos libros fueron sustraídos de los archivos de la Fuerza Armada?

-Probablemente las hubo (sustracciones). Posiblemente haya habido fugas…


Imagen del "libro de crímenes" atribuidos por la Policía Nacional a los "terroristas-delincuentes" de la guerrilla. En este documento fechado en 1991, inteligencia de la Policía Nacional insistía que el asesinato de monseñor Romero, cometido en 1980, había perpetrado por un comando guerrillero.

El Faro también presentó los libros al último director de la Policía Nacional, el coronel Samuel Cuéllar, un militar de bajo perfil, ahora en retiro, con cursos de inteligencia en la Escuela de las Américas, el centro de capacitación de los Estados Unidos para un nutrido grupo de militares latinoamericanos que a la postre fueron acusados en sus países por cometer graves violaciones a los derechos humanos. Entre estos, el general Noriega, de Panamá; el general Pinochet, de Chile; el general Videla, de Argentina; el coronel Domingo Monterrosa y el mayor Roberto d´Aubuisson, de El Salvador. “Se dice eso, pero a mí no me enseñaron a torturar”, dice el coronel Cuéllar.

Cuéllar estuvo destacado en la Guardia Nacional y en la Policía Nacional, a finales de los setenta y primeros años de la década de los ochenta, y luego dirigió el Centro Técnico de Instrucción Policial (Cetipol), una academia que formaba agentes de la PN, en donde fue maestro para la generación de oficiales de la actual Policía Nacional Civil que formaron parte de la cuota propuesta por la Fuerza Armada, en 1994. Cuéllar también combatió en la guerra y llegó a dirigir la Tercera Brigada de Infantería de San Miguel, una década más tarde, a inicios de los noventa.

El coronel Cuéllar se dice un férreo opositor a la lucha clandestina de la Fuerza Armada. Dice que lo suyo era combatir bajo las reglas de la guerra, unas que permiten, dice él, matar o morir en combate, pero nunca atacar a poblaciones civiles, nunca a enemigos vencidos o rendidos. Eso, asegura, le trajo muchos problemas con sus compañeros de milicia. Cuéllar se perfila a sí mismo como una aguja en un pajar.

Tras la firma de la paz, Cuéllar fue el encargado de la desmovilización del Batallón de Reacción Inmediata Arce, desplegado en la zona norte de Morazán, al oriente del país. Más tarde, fue llamado por el presidente Alfredo Cristiani (1989-1994) para desmovilizar a otro cuerpo de seguridad: el coronel Cuéllar finiquitó a la temida Policía Nacional, que fue cerrada el 31 de diciembre de 1994.

Desmovilizar a los agentes de la PN significó una sola cosa: dar de baja a todos aquellos que a juicio de los observadores de las Naciones Unidas tenían manchado su expediente por violaciones a los derechos humanos u otros crímenes. Entre muchas de sus funciones, asegura Cuéllar, le tocó incluso enviar a prisión a agentes de la institución que fueron descubiertos por liderar bandas de extorsionistas.

Una caricatura de la época de Alecus publicada en el periódico La Noticia, un vespertino ya desaparecido, muestra a Cuéllar dormido, en una cama, cobijado con una sábana en la que se lee: “Policía Nacional”. Cuéllar suda y tiembla por culpa de una pesadilla: un hombre vestido de negro y con capucha, una sombra negra armada con un fusil, asalta a dos ovejas. “¡Quietas, esto es un asalto!”, le dice la sombra a las dos ovejas, que levantan sus patas delanteras. En otra publicación dominical de El Mundo, fechada el 5 de noviembre, la portada de una entrevista con Cuéllar invita a ser leída gracias a este titular: “Este olorcito de la Policía se irá conmigo para toda la vida”.

Cuéllar hojea los libros presentados por El Faro y dice: “Estos libros eran hechos por la inteligencia de la Policía. En aquella época se cometieron errores que nunca debieron haber ocurrido”.

Cuéllar hojea los documentos, uno por uno, y se detiene a examinar detenidamente el libro de capturas.

-¿Han dado con el paradero de estas personas? -pregunta.

-Sí, hemos dado con el paradero de algunas.

-Ellos darían un buen testimonio. Y al encontrarlos pueden decir algo con respecto a otros que estaban con ellos. Ahora, yo no sé hasta dónde llegaron en este departamento (de inteligencia) para haber recopilado a toda esta cantidad de gente capturada. Desde el momento en que están ellos archivándolas, ya hay una responsabilidad, un compromiso de la institución que merece una respuesta.

-¿Qué le parece la información que hay en estos documentos? Nombres, residencias, trabajos. Hay casos que tienen una relación directa con el libro amarillo. Es decir: perseguidos en ese libro terminaron capturados por la PN, y muchos posteriormente desaparecidos, asesinados o torturados.

-Este es un trabajo muy interno. Cómo salieron no lo sé. Es un descuido de ellos o lo pasaron a otras instituciones. No sé qué habrá pasado con esta gente, si es que la entregaron. Debería de haber (habido) un control de derechos humanos.

-¿Dentro de la Policía había gente que se dedicó a registrar capturas y otra gente que participó de violaciones a los derechos humanos?

-En mi gestión no ocurrieron esas cosas. Era otro momento del debate político. Recuerde que estábamos finiquitando a los miembros de la PN y estábamos dando nacimiento a la PNC.

-Pero usted me ha dicho cómo operaba la Policía en los 70 y 80 y dice que se cometieron errores...

-Sí, hubo errores. Era más como una policía urbana. Había problemas de detenidos a los que les aplicaban bastante...

-¿Torturas?

Cuéllar asiente meneando la cabeza de arriba hacia abajo, pero no se atreve a pronunciar esa palabra: "torturas". Él continúa:

-En los interrogatorios, verdad, eran más estrictos. Creo que más que la Guardia...

-¿Más que la Guardia?

-Con la Guardia era otro problema, tenía objetivos diferentes a los de la Policía en la guerra. El objetivo de la Guardia con la izquierda era bien peculiar, bien especial...

-¿El objetivo de ellos era exterminar opositores?

-(Cuéllar asiente de nuevo con movimiento de cabeza). La Guardia era como una muralla. Con la Policía era diferente, aunque había policías que trabajaban con ellos también, pero cuando llegaban a trabajar los interrogadores… eran cosa seria. Uno se daba cuenta por la información que llegaba. La Guardia era más... yo siempre critiqué eso. Siempre dije que había que cambiar mandos, cambiar idearios en la Guardia y la Policía.

-¿La inteligencia de los cuerpos de seguridad funcionaba como una inteligencia para la persecución política? Supongo que no se utilizaba para combatir la delincuencia común, el crimen organizado... ¿o sí?

-No. Y no era un inteligencia militar. Era una inteligencia política, una inteligencia policial-política, porque así era el tipo de conducción. Los cuerpos de seguridad respondían al Viceministerio de Seguridad Pública y ellos informaban directamente al Ministerio de la Defensa. La forma de conducción era un concepto demasiado duro, porque el comunismo es el comunismo, pero es diferente un combate a una ideología, que se combate con ideas… pero allá no. Allá mezclaron las cosas y si alguien pensaba así, había que ver cómo lo capturaban y lo eliminaban.

-¿Cuando usted llegó a dirigir a la Policía Nacional había un archivo en el que dijera "estos son los archivos secretos de la PN"?

-No.

-¿Tras la firma de la paz hubo una fuga de documentos?

-Desde que se firmaron los acuerdos de paz, una de las instrucciones que dieron fue que inmediatamente todas las instituciones, cuarteles, comandancias, debían limpiar completamente todo los que fueran aspectos de inteligencia, de investigaciones investigación. Y así lo hicieron. Empezando desde el Ministerio, el Estado Mayor… ya cuando llegaron los Acuerdos y que comenzó la desmovilización, ya no había nada de esto.

-¿Quién emitió la orden para desaparecer esos documentos?

-El Ministerio de la Defensa comunicó esa orden a modo de sacar y desprenderse de esos documentos comprometedores.


Imagen de uno de los libros con contenido "Secreto" que la Fuerza Armada elaboró para analizar a la exguerrilla. En el prólogo hay un mensaje para los organismos de inteligencia de los Estados Unidos, con quienes se compartía la información.

4. Los hallazgos

El libro de capturas y el libro de viajes por sí solos, no dan cuenta de los “errores” o los “excesos” de los que hablan el ministro de la Defensa y el último director de la Policía Nacional, Samuel Cuéllar.

En realidad, estos libros, junto al libro amarillo, son parte de un rompecabezas que podría ser más grande, pero que por el momento solo puede ser entendido si el contenido de estos libros se compara con las listas de denuncias de la Comisión de la Verdad.

Tras las negociaciones y la firma de la paz entre el Estado salvadoreño y los comandantes guerrilleros del FMLN, el 16 de enero de 1992, uno de los puntos medulares de los acuerdos exigía la instauración de una Comisión de la Verdad, un grupo investigador compuesto por extranjeros, cuyo mandato los obligaba a investigar los principales crímenes ocurridos durante la guerra civil. La Comisión compiló los casos más significativos ocurridos en los 12 años de guerra en un informe titulado “De la locura a la esperanza”.

Los observadores de las Naciones Unidas se entrevistaron con militares, patrulleros, agentes de cuerpos de seguridad, exguerrilleros, políticos, familiares de víctimas, representantes de oenegés de derechos humanos, e hicieron una convocatoria para que se pusieran denuncias en todo el país por violaciones a los derechos humanos sufridas en carne propia o cometidas en parientes o conocidos. El llamado de la Comisión de la Verdad fue atendido por más de 21 mil denunciantes, que dieron cuenta de los sucesos ocurridos a miles de salvadoreños. Los resultados de esas consultas están recogidas en los “Anexos” al informe.

El Faro digitalizó tres bases de datos de denuncias registradas por la Comisión de la Verdad, y cotejó más de 21 mil registros de personas, con nombre y apellido, con los 496 nombres aparecidos en el libro de capturas y el libro de viajes de la PN.

En el libro de capturas, la Policía Nacional registró la detención de 368 salvadoreños. De estos, casi siete decenas fueron desaparecidos, asesinados o torturados. Del cruce de nombres se obtuvo que el 17.8 % de los capturados sufrió alguna violación a sus derechos más elementales. Muchos en fechas posteriores a las de su captura.

Salvador Hernández Hernández es uno de ellos. Fichado en el Libro Amarillo de la Fuerza Armada, fue capturado el 13 de julio de 1982, en Ilopango. 10 días más tarde, la PN lo remitió a un juez militar de instrucción mediante el oficio número 4255. Por esos años, una primera ley de amnistía benefició a muchos presos políticos, incluido Hernández, quien fue liberado. “Amnistiado”, se lee en el archivo de la PN. Sin embargo, dos años después, el 27 de junio de 1984, fue asesinado “por paramilitares en Cancasque, Chalatenango”, según la Comisión de la Verdad.

En el libro de viajes están registradas las capturas de 128 salvadoreños. El 18.7 % de los registrados en ese libro sufrieron tortura, desaparición forzada o asesinato en las mismas fechas, en fechas previas o en fechas posteriores a la de su captura.

Rosa Ada Soto de Acosta es una de esas víctimas. Ella era un ama de casa de 45 años que fue acusada de pertenecer al Partido Comunista. El 9 de junio de 1983 fue capturada junto a su esposo, Alfredo Acosta Díaz, en su propia casa, ubicada en la colonia Satélite de San Salvador. Del relato de su captura se desprende que tanto Rosa Ada como Alfredo fueron interrogados por los viajes que ambos emprendieron a Rusia, y por los viajes de sus hijos. Rosa Ada también tenía un hijastro que había viajado a Cuba, según la Policía. Su nombre era Ramón Ernesto Acosta, de 31 años, capturado un día después que su padre y su madrastra en la misma casa de la colonia Satélite. Según la Comisión de la Verdad, Rosa Ada fue reportada como desaparecida el 8 de junio de 1983, un día antes del reporte de la fecha registrada de su captura. Su hijastro, Ramón Ernesto, también fue desaparecido en la misma fecha que su madrasta, aunque la PN registró su captura el “10JUN983”.

De las 496 personas registras en el libro de viajes y el libro de capturas, 90 sufrieron alguna violación a sus derechos humanos, según la Comisión de la Verdad. La mayoría fueron desaparecidas.

De los 496 casos que hay en estos dos libros, 120 tenían una orden de búsqueda en el libro amarillo. Y de estos, el 20 % sufrió desaparición forzada y asesinato luego de haber estado bajo custodia de la PN, según los registros de la Comisión de la Verdad.

Mauricio Hernández Campos, Julio César Orellana Lemus y Daniel Arturo Hernández Castillo son tres de ellos. Los tres aparecieron fichados en el libro amarillo, con su nombre real, su fotografía y sus presuntos seudónimos. Más tarde, el 28 de julio de 1983, fueron capturados en una imprenta del Barrio Santa Anita, en el centro de San Salvador. Los tres fueron acusados de pertenecer al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y de imprimir “propaganda subversiva” para dicha organización. En 1993, la Comisión de la Verdad registró que estas tres personas, con su misma edad y sus mismos seudónimos, fueron reportadas como desaparecidas el mismo día en el que la PN registró sus capturas.

5. Hablan dos sobrevivientes

El “13JUN980”, sábado, cuatro agentes de la Policía Nacional vestidos de civil y uno uniformado golpearon a la puerta de la familia Lazo Hernández, en un apartamento ubicado en la tercera planta de uno de los multifamiliares de la colonia Zacamil. En la casa vivían Rosalina, su esposo, Fredy, y los hijos de ambos. El mayor tenía 11 años; la menor, seis. Había varios invitados a la casa, entre ellos dos líderes de las FPL y un joven, al que Rosalina no conocía. Este dijo llamarse José Ricardo Funes Zepeda.

Eran las 8 de la noche cuando llegaron los agentes. “Ya nos cayeron”, dijo el hijo mayor, quien se percató del operativo cuando jugaba con unos amigos en el segundo piso. Subió. Fredy miraba la televisión junto a su hija. Veían Hawai Cinco-0. En la cocina se preparaba un lomo horneado y en la mesa había un plato lleno de jocotes de corona.

Antes de que los policías entraran, Rosalina intentaba romper la documentación que había en el apartamento. Recibos, hojas reclutorias de miembros de las FPL, afiches y propaganda. Ella había ingresado a la organización en 1976, y aparte de prestar su vivienda, hacía labores de inteligencia. “Estaba en el lugar de los hechos”, dice ella, refiriéndose a sus andanzas como insurgente. Cuando los policías entraron, Fredy recibió un culatazo en la cabeza. “Y ¡plas! ¡Chorro de sangre, mire!”. Los niños fueron testigos de cómo unos extraños torturaban a sus padres.

-No lloren, hijos -les dije-. No lloren, que ya voy a regresar -cuenta Rosalina que alcanzó a decirles.

-¡Ajá, hija de la gran puta: ¿ya vas a regresar?! -le dijo uno de los policías.

-Y me dan la gran... que reboté contra el muro. Luego me bajaron arrastrada por las gradas. No, dije yo: ¡ya valimos! –cuenta Rosalina.

Ya en la calle la subieron a un camión y le ordenaron que se acostara y que abrazara el cuerpo de un joven que estaba tirado sobre la cama. “Era un cadáver”, recuerda.

Mientras tanto, a los hombres en el tercer piso les vendaron los ojos y los seguían golpeando frente a los niños. Al cabo de un rato también los bajaron, arrastrados por las gradas, y los subieron al camión, ordenándoles que se recostaran encima de Rosalina y el cadáver.

El camión arrancó.

-Nos llevaron a un lugar en donde había una gran cárcava, y adentro habían escarbado tierra y habían aventado unos cadáveres –recuerda Rosalina.

-Mirá, vení –le dijeron sus captores, mientras la bajaban del camión-: Así va a ser tu suerte si no hablás.

Ya en el cuartel de la PN, en “el castillo”, la encerraron en unas celdas ocultas en un sótano.

El “castillo” de la PN ha cambiado desde entonces. Ubicado en el centro histórico de San Salvador, ahora alberga a la dirección central de la Policía Nacional Civil, el cuerpo policial creado para sustituir a los cuerpos de seguridad pública del pasado. Hace algunos años, cuando se remodelaba uno de los jardínes de la nave central, albañiles encontraron huesos en la tierra removida. El director de Medicina Legal de la época, Juan José Mateu Llort sugirió, sin pruebas científicas, que ese hueso era humano. Aquello fue un escándalo. La sola posibilidad de que en el corazón del castillo brotara el hueso de un salvadoreño alertó a las organizaciones de derechos humanos, que desde la dictadura y luego en la guerra reclaman por el paradero de más de 5 mil desaparecidos. "Vivos se los llevaron, vivos los queremos", gritaban desde el interior del castillo los familiares de decenas de desaparecidos.

Saúl Quijada, segundo al mando del Equipo de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal, recuerda que a ellos los habían convertido en el blanco de todas las sospechas. Hasta la Procuraduría de Derechos Humanos intervino para garantizar la integridad de los forenses, porque los familiares de las víctimas los acusaban, con gritos, de encubrir las atrocidades de la PN. Durante una semana, custodiados por familiares vigilantes, ellos excavaron en el jardín, bajo la mirada de aquellos que buscaban los huesos de los suyos. "Terminamos de amigos con algunos de ellos", dice Saúl Quijada, cuando recuerda el campamento que se montó en el castillo. Al final, Medicina Legal certificó que esos huesos, para infortunio de las víctimas y sus familiares, eran de un perro.

Hoy se mantiene el edificio principal del castillo, con cinco niveles, pero uno de los edificios de celdas y salones de interrogación fue demolido a mitad de los noventa, y el área de las celdas ocultas ahora es un sótano oscuro que sirve de parqueo. En las plantas más bajas de la nave central hay un gimnasio para los policías que incluye un salón en el que se imparten clases de baile.

Hace más de 30 años, Rosalina estuvo recluida en una celda donde su cuerpo no cabía y el piso siempre estaba húmedo. Desde la primera noche, y durante todo ese primer mes, la torturaron todos los días. No le dieron de comer, y la invitaban a tomar agua de un escusado. Querían sacarle información, pero ella se resistía.

-¿Por qué la torturaban?

-El objetivo de ellos era que dijera quién era mi jefe, adónde tenía el dinero, quiénes colaboraban, de dónde sacábamos para comprar carros, qué dónde habíamos hallado unos zapatos Kickers (en la casa tenía una caja llena de zapatos Kickers) y yo no me acordaba… ja, ja, ja. ¡y por eso me dieron veeeerga!

Le engraparon la espalda, a la altura de la columna; le arrancaron, “sin qué ni para qué”, algunas de sus muelas; le fracturaron tres vértebras, que 35 años después le causan unos fuertes dolores de espalda; le aplicaron el potro: el torturador se sienta en la cintura de la víctima, que está boca abajo. El torturador le jala la cabeza, hacia arriba, arqueándole la espalda. Y Rosalina no cedía. Le aplicaron choques eléctricos en el pubis, ella de pie, amarrada, desnuda, con los brazos estirados. Recuerda que le pegaban en la entrepierna unos electrodos que la hacían convulsionar. Otras veces la tortura fue más simple: golpes contundentes a la cabeza, que la hacían saborear su propia sangre. “Yo sentía las gotas de sangre glup, glup, glup, se sienten las gotas de sangre, ¿veá?”, dice Rosalina.

La golpiza que más recuerda y que más le duele, y ni ella entiende por qué es la que más recuerda, ocurrió una vez que sus verdugos le preguntaron quién, según ella, se la había llevado presa.

"¿Te acordás quiénes te llevaron presa: la guardia o la policía?", le preguntaban. "La policía", decía ella. "¿Ah, sí, no?", le reclamaban. "¡Plas! Fue cuando me quebraron aquí, mire", y Rosalina se toca la quijada. "No les pareció que dijera que la Policía. A saber por qué no querían que dijera que fue la Policía..."

1985. Huelga de prisioneras políticas en Cárcel de Mujeres. El COPPES (Comite de Presos Políticos de El Salvador) fue una organización que funcionó dentro de las cárceles que tenían a los presos políticos que de alguna manera no fueron asesinados o tuvieron la suerte de ser "unicamente" torturados. Con los pocos medios accesibles, lo presos de COPPES cotinuaron su lucha social dentro de las prisiones.

A los tres meses, Rosalina fue trasladada a Cárcel de Mujeres, al ala de presas políticas. Un mes más tarde, en octubre del 80, la guerra ya había estallado. Las FPL y las otro cuatro facciones de la guerrilla anunciaron que se convertían en un solo frente: el FMLN. Solo hasta entonces se reencontró con sus hijos. Solo hasta entonces le dolió lo que ellos también habían sufrido.

Un niño de 11 años y una niña de seis sobrevivieron en la casa de sus padres, solos, hasta que la comida se les acabó en la refrigeradora y la alacena. Esto era la guerra. Y antes de que eso ocurriera, un niño de 11 años se convirtió en un padre para una niña de seis, y todos los días iba a dejarla y a traerla a la escuela, hasta que un día el niño tomó a su hermana de la mano y decidió, como adulto, que lo mejor era que la niña se quedara en la escuela, hasta que él resolviera cómo encontrar, a sus 11 años, y sin dinero, al resto de su familia. Esto era la guerra. El niño dejó a la niña con la directora de la escuela, le pidió que la cuidara y prometió regresar por ella. La niña de seis años se encontró, entonces, con la soledad más grande de esta tierra, cuidada por una mujer extraña, en una casa que no era la suya. Y fue así por dos largos meses, hasta que su hermano regresó con un tío, a rescatarla. Rosarlin Hernández hoy es una mujer con un hijo mayor de edad, un esposo y otra vida a la que le hace falta algo. Algo que se le perdió el día en que se llevaron a sus padres. Ella dice: “Aquel día me robaron la infancia”.

La guerra le robó la infancia.

***

El sábado 13 de junio de 1980, José Ricardo Funes Zepeda se reunió con dos "compas" en las cercanías del colegio Cristobal Colón, en la colonia San Luis, de San Salvador. Debían organizar unas acciones de las FPL, y en esa zona vivían unos colaboradores dispuestos a prestar su casa. A las 5 de la tarde, José Ricardo y sus compas descubrieron que sería imposible celebrar la reunión, porque la zona estaba militarizada y los colaboradores habían desistido. Uno de los compas propuso viajar a la colonia Zacamil, “una zona caliente”, pero que era eso o nada.

José Ricardo tenía 22 años, y había decidido luchar contra el régimen desde que en 1977 fue testigo de una masacre en la Plaza Libertad, en medio de las protestas masivas contra el fraude electoral cometido por la dictadura contra la Unión Nacional Opositora, de la que su padre era candidato a la vicepresidencia. Tras esa masacre, la familia de José Ricardo huyó a Costa Rica, pero un mes más tarde él regresó a colaborar con las organizaciones de masas de la oposición. Su padre, dos años después, formó parte de la junta revolucionaria de gobierno, un movimiento compuesto por civiles y militares progresistas que derrocaron al general Carlos Humberto Romero, al que la dictadura le había dado el triunfo fraudulento en 1977. Esa junta duró unas pocas semanas con su formación original, y la mayoría de los líderes civiles renunciaron a ella y huyeron del país, de los atentados y las amenazas de muerte, luego de una serie de desencuentros influenciados por la injerencia de Estados Unidos y el regreso al poder –vía la junta- de la élite militar a la que se quiso combatir.

El padre de José Ricardo fue, junto a otros líderes de la Democracia Cristiana, de los que seguían creyendo que desde la junta se podía cambiar al país. José Ricardo no estuvo de acuerdo con su padre. Así que anunció públicamente su adhesión a las FPL, y en aquellos años eso causó una gran conmoción: el hijo de uno de los miembros de la junta se declaraba enemigo del Estado.

Aquella tarde del 13 de junio de 1980, José Ricardo llegó a la casa de una mujer que se dijo llamar América. Iban a cenar un oloroso lomo horneado y jocotes de corona. En la casa había cinco adultos y dos niños, uno de 11 y una niña de seis. Cuando la PN los descubrió y los capturó, José Ricardo supo que lo mejor que podía hacer era resguardar su verdadera identidad, así que insistió e insistió en que su nombre era José Ricardo.

José Antonio Morales Carbonell, hoy subsecretario de Gobernabilidad del gobierno, tuvo la suerte de que los agentes de la PN no le reconocieran. Su nombre y su seudónimo y su filiación y su rostro, para 1979, ya estaban registrados en el Libro amarillo. Y aunque en el libro de capturas la Policía Nacional lo registra con su nombre y su seudónimo, en realidad nunca supieron a quién habían detenido junto a América (Rosalina).

Quizá los archivos con los cuales se daba persecución a los opositores todavía no eran del conocimiento de todos los militares. O quizá tuvo la suerte de que... José Antonio Morales Carbonell, el hijo de Antonio Morales Erlich, uno de los miembros de la junta revolucionara de gobierno, tuvo mucha suerte.

La primera noche en el cuartel de la Policía, a Morales Carbonell lo separaron del grupo y se lo llevaron a una celda solitaria, húmeda y fría. Recuerda que en la madrugada lo despertaron unos gritos. Eran los gritos de los torturados.

-¿Qué escuchaba?

-Eran unos alaridos… Yo nunca había escuchado los gritos de los torturados. Son gritos que no se parecen a nada de lo que uno conoce. Es como cuando uno pasa por un matadero, solo que este es de seres humanos. Entre el frío del piso y los gritos de esa gente yo empecé a temblar de pavor.

Mientras pasaban los días, la tortura se iba aproximando a su celda. La tortura le llegó con la cara de un joven al que lo colgaban de los pulgares para que estos soportaran todo el peso de su cuerpo. A ese muchacho le habían apagado, en el trayecto desde La Libertad –donde lo habían capturado- todos los cigarrillos que su captores venían fumado. “Tenía las orejas desechas”, recuerda Morales Carbonell. En la espalda y en el abdomen del joven, Morales Carbonell descubrió el efecto que produce el cañón de un fusil estrellado con violencia contra un cuerpo desnudo.

1985. Presos políticos en Mariona. Foto de Giovanni Palazzo.

Una noche sacaron al joven. Desde su celda, ubicada en una parte alta, Morales Carbonell tenía visibilidad hacia el parqueo. Desde ahí vio cuando a ese joven lo subieron a un auto y se lo llevaron. Nunca más se supo de él. Cuando la Cruz Roja se asomó por las celdas de la Policía Nacional, le preguntaron a José Ricardo si sabía qué habían hecho con ese joven, del que ya había un registro de captura pero que no aparecía en ninguna otra cárcel ni bartolina del país. "Lo desaparecieron", pensó José Ricardo, que ahora temía por su vida. Entonces pensó en confesar su verdadera identidad a los delegados de la Cruz Roja. Tenía miedo. No sabía si el delegado le ayudaría a contactar a su padre. Confió. Morales Carbonell confesó su verdadero nombre y, al día siguiente, lo condujeron a la oficina del director de la Policía Nacional, el coronel Carlos Reynaldo López Nuila. En el salón lo esperaban, junto al coronel, su padre y su madre.

Antonio Morales Ehrlich le confió, tiempo después, que cuando llegó a la oficina del director de la PN para reclamar a su hijo, el coronel López Nuila respondió, sorprendido, convencido de que su Policía Nacional no tenía preso al hijo de un miembro de la junta revolucionara de gobierno. Pero entonces Morales Ehrlich le pidió la lista de los presos, y le señaló el nombre falso de José Ricardo Funes Zepeda. “Este es. Tráiganlo”, dijo a López Nuila.

Morales Carbonell, en protesta contra el régimen, continuó preso, y recuerda que desde que López Nuila supo que él estaba en su cárcel, siendo testigo de lo que ahí ocurría, dejaron de oírse los gritos de los torturados. Morales Carbonell recuerda que una mañana, en el patio de la Policía, adonde sacaban a los presos a tomar el sol, se cruzó con López Nuila.

-Lo veo afónico –me dijo.

-Y cómo no voy a estar afónico si dormimos en el suelo? -le contesté.

-¿Cómo en el suelo? ¿No tienen camas? Si se supone que deben tener...

6. El coronel López Nuila “está enfermo”

En un pequeño cerro con una vista privilegiada al volcán de San Salvador vive el coronel Carlos Reynaldo López Nuila. La casa tiene dos plantas y está protegida por alambres razor y un guardia armado, que al menor movimiento cerca del portón abre y pregunta: “Sí, ¿qué desea?”.

Ubicar el paradero del exdirector de la Policía Nacional no es una tarea sencilla. Su oficina en la Universidad Tecnológica, de la cual es vicepresidente, es un fuerte infranqueable que repele a aquellos que quieren preguntarle sobre la guerra. En el presente, López Nuila rehúye hablar de su pasado.

Carlos Reynaldo López Nuila es un militar en retiro que en 1979, con la llegada de la Junta Revolucionara de Gobierno, se convirtió en director de la Policía Nacional. Salvo este ascenso que lo lanzó a la fama en plena efervescencia de la guerra, de su carrera se sabe muy poco. Quizá lo más sobresaliente sea que en 1963 participó en un curso de la Escuela de las Américas. Fuera de eso, la voz de López Nuila se enciende y se apaga en las escuetas notas de prensa que dan cuenta de entrecomillados atruibuidos a su nombre, elaboradas en su mayoría por corresponsables extranjeros. En ellas él habla del trabajo de la Policía Nacional e intenta desmarcarse de las denuncias o justificar el comportamiento de algunos de sus subalternos.

Una de esas publicaciones apareció el 9 de mayo de 1984. El periódico español El País publicó un cable de la Agencia France Press (AFP) con este titular: “Vinculan a la CIA y al alto mando del ejército salvadoreño con los escuadrones de la muerte”. El cable de la AFP retoma un artículo publicado por el Christian Science Monitor, en el que se retrató a toda la plana del Estado Mayor, y al Consejo de Seguridad de las Fuerzas Armadas, como cómplices de las actividades de los escuadrones de la muerte.

En el artículo reproducido por El País, se lee: "Las actividades de los escuadrones de la muerte deben ser aprobadas en última instancia, directa o indirectamente, por el Consejo de Seguridad de las Fuerzas Armadas".

“Miembros señalados son el general Vides Casanova, viceministro de la Defensa, el coronel Adolfo Blandón, jefe de Estado Mayor, el coronel Nicolás Carranza, director de la Policía de Hacienda, y el coronel Reynaldo López Nuila, director de la Policía Nacional, que forma parte de la Comisión pro-derechos humanos de El Salvador”, dice en la nota reproducida por El País.

Aquella denuncia contra ese grupo de militares que dirigía a la Fuerza Armada pasó inadvertida, y tras el triunfo electoral de Napoleón Duarte en 1984, Eugenio Vides Casanova se convirtió en ministro de la Defensa, y López Nuila salió de la dirección de la Policía Nacional para convertirse en viceministro de Seguridad Pública, la cabeza al mando de la PN, la Guardia Nacional y la Policía de Hacienda.

De las andanzas del coronel López Nuila en los primeros años de la guerra ahora se conoce un poco más gracias a documentos desclasificados del Departamento de Estado. El 17 de junio de 1982, López Nuila se reunió en El Salvador con dos funcionarios de la Embajada de Estados Unidos. Uno de ellos era Jon Glassman, un importante asesor del Departamento de Estado, autor del libro “interferencia Comunista en El Salvador: documentos que demuestran apoyo comunista a la insurgencia salvadoreña”

“Conversación con el director de la PN”, es el título del cable que da cuenta del encuentro entre Nuila, Glassman y Craig Jonhstone. En el documento -obtenido por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington (UWHRC, por sus siglas en inglés), vía Acta de Libertad de Información (FOIA) en Estados Unidos-, López Nuila habla sobre los alcances de la guerrilla, la necesidad de crear un centro de inteligencia que recoja la información proveniente de todas las unidades del ejército y minimiza las denuncias por violaciones los derechos humanos en la PN.

“América Central y El Salvador solía tener mucho mejor inteligencia cuando Estados Unidos dio su apoyo a esta actividad”, dijo Nuila en aquella reunión, en la que reconoció que la labor de inteligencia de los cuerpos de seguridad de la Fuerza Armada había sufrido tras los recortes a la ayuda militar que Estados Unidos implementó en 1982.

Cuando a López Nuila le preguntaron qué estaba haciendo para detener abusos de autoridad de sus tropas, el coronel “mostró un resumen y una lista de agentes policiales llamados a comparecer ante cortes por crímenes serios desde octubre 15 de 1979”. Cuando le preguntaron sobre abusos cometidos a prisioneros, López Nuila respondió que “había menos que en las islas Fackland donde ocho argentinos habían muerto”, y que las condiciones de los presos eran vigiladas constantemente por la Cruz Roja Internacional, que visitaba las celdas “hasta tres veces por semana”.

En esa reunión, López Nuila presentó un resumen estadístico “que indicaba que la Policía Nacional había arrestado a 2,288 por subversión desde octubre 15 de 1979. De estos, 1,200 habían sido liberados después de haber sido interrogados”.

El libro de capturas y el libro de viajes dan cuenta de detenciones desde “15OCT979”. López Nuila confiesa a Estados Unidos que hubo capturas masivas de “subversivos” desde el 15 de octubre de 1979. Ese día, un grupo de militares progresistas dieron un golpe de Estado al general Carlos Humberto Romero. En su proclama se comprometieron a romper con el pasado y a respetar los derechos humanos. Estas nuevas evidencias apuntan a lo contrario: que a partir del golpe de Estado creció la persecución hacia los opositores políticos.

Durante todo el mandato de Nuila al frente de la PN, los libros secretos del ejército continuaron actualizándose. El libro de capturas terminó de rellenarse en 1984. El libro de viajes en 1985. Los libros de inteligencia sobre el Partido Comunista y las FPL indican tener información actualizada hasta 1986. El libro amarillo tiene como última fecha de entrada "13AGOS987". Hasta aquí, Vides Casanova y López Nuila reinaban en lo más alto de la jerarquía militar de la época.

Al final del cable de la Embajada de Estados Unidos, Craig Johnstone y Jon Glassman suscriben un comentario sobre López Nuila y la Policía Nacional. “López Nuila se proyecta a sí mismo como un chico bueno tratando de hacer su trabajo bajo circunstancias muy difíciles. La Policía Nacional está lejos de ser una organización de santos, pero es una organización importante gracias a los esfuerzos de este abogado y coronel”, escribieron.

En otro cable desclasificado por el Departamento de Estado, y fechado en marzo del 83, se da cuenta de la “existencia de un escuadrón de la muerte de la derecha en la Policía Nacional salvadoreña”. En el documento, al que se la han tachado todos los remitentes y destinatarios, informantes aseguran que dentro de la PN existe un “escuadrón de la muerte compuesto por miembros de tres áreas de la Policía Nacional: la Sección de Investigación Criminal, la Sección Especial de Investigación Política y la Sección Antinarcóticos”.

Hoy día, es imposible hablar con López Nuila sobre cualquier hecho de la guerra. Desde que Arena llegó al poder en 1989, su figura poco a poco se fue diluyendo en el reguero en el que se convirtió el mapa político de la posguerra. Y es así hasta la fecha. Hoy se le conoce más por sus inversiones en educación a través de la Universidad Tecnológica, y por ser socio y administrador del Canal 33 de televisión en señal abierta.

En una nota publicada el 26 de febrero de 2015 en El Diario de Hoy, se cuenta de un guiño que la Universidad hizo a López Nuila, en la inauguración de un edificio en el centro de la ciudad. “En homenaje al Dr. Carlos Reynaldo López Nuila, por ello lleva el nombre de dicho fundador del alma máter e impulsor de servicios educativos a nivel de postgrados”.

En mayo de 2013, en una nota sobre el libro amarillo publicada por el periódico mexicano La Jornada, aparecen recogidas las últimas palabras que López Nuila ha dado sobre su pasado. “Yo de esa época no quiero saber absolutamente nada”, dijo el coronel en retiro.

En la Universidad Tecnológica, López Nuila es infranqueable. “Está enfermo”, dice su asistente. “No lo podrá atender”.

En su casa, un guardia armado abre la puerta al detectar el menor movimiento frente al portón.

-Vengo a buscar al coronel López Nuila. Queremos una entrevista para pedirle explicaciones sobre unos hallazgos que tenemos sobre la Policía Nacional que él dirigió.

-Permítame…

El guardia armado cierra la puerta y se pierde en el interior de la vivienda. Al cabo de unos minutos regresa:

-No, que no. Que dice que lastimosamente está enfermo, y que no lo podrá atender. Tal vez en otra ocasión.

El 14 de noviembre de 2015, El Faro le dejó una carta en su casa, en donde se le detalla los hallazgos: que 90 de 496 salvadoreños con registro de capturas en la PN terminaron, según la Comisión de la Verdad, desaparecidos, asesinados o torturados. A la fecha, este periódico no ha obtenido respuesta del coronel López Nuila.

7. R32 busca a su esposa e hija


Héctor Bernabé Recinos antes y después. A la izquierda, la foto de su ficha "R32" en el Libro Amarillo. A las derecha, Recinos en 2015.

Podríamos decir que en los libros de la muerte hay respuestas para las miles de víctimas de la guerra y sus familiares, pero eso no sería cierto.

En los libros de la muerte solo hay respuestas para las familias de 496 salvadoreños.

En El Salvador, según las autoridades, no existen archivos de la guerra, y quizá sea porque realmente allá afuera, en la calle, sobrevivan los verdaderos archivos perdidos del conflicto. El Faro ha tenido acceso a siete documentos, pero seguramente hay más, muchísimos más, como lo sugieren el ministro de la Defensa, David Munguía Payés, cuando dice que “es probable que haya habido fugas”; o el último director de la Policía Nacional, el coronel Samuel Cuéllar, cuando cuenta que tras la firma de la paz se giró una orden para que se desaparecieran los archivos de inteligencia de las comandancias, cuarteles…

Y sin embargo, miles de salvadoreños siguen buscando aquello que se las ha perdido, y la sola existencia de unos archivos apócrifos quizá pueda ayudarles en su búsqueda.

R32 es uno de ellos.

El libro amarillo del Estado Mayor dice que R32 era un “miliciano” de la Resistencia Nacional (RN/FARN). R32 fue secretario general de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (Fenastras). Ingresó muy joven al movimiento sindical del sector energético del país, que a inicios de la guerra protagonizó importantes apagones para presionar al régimen. Antes de la última de sus capturas, que duró cuatro años, entre 1980 y 1984, R32 había sido capturado en dos ocasiones, una por la Guardia Nacional y otra por la Policía Nacional. R32 era un perseguido que tuvo que abandonar su apartamento en la colonia Zacamil, cambiarse el nombre, el de sus cuatro hijos y el de su esposa. Pasó a un estado de semiclandestinidad hasta que fue capturado por última vez el 22 de agosto de 1980.

R32 aparece fichado en el libro amarillo pero no aparece registrado en los libros de la Policía Nacional. Sin embargo, al menos dos de los capturados por ese libro lo mencionan en sus declaraciones, obtenidas presuntamente a golpes de tortura.

Más de 30 años después, Héctor Bernabé Recinos dirige el Comité de Ex Presos Políticos de El Salvador (Coppes). Durante cuatro años él fue torturado en los cuarteles de la Guardia Nacional, luego en la prisión para presos políticos de la ciudad de Santa Tecla -una cárcel hoy convertida en museo- y más tarde en el Centro Penal La Esperanza, la principal cárcel del país, conocida como "Mariona". En la prisión de Santa Tecla, Bernabé conoció a José Antonio Morales Carbonell, aquel joven militante de las FPL que fue capturado en un apartamento en el que una niña junto a su padre miraban Hawai Cinco 0. En plena guerra, Bernabé Recinos, Morales Carbonell y otros dos presos políticos se convirtieron en líderes de un movimiento en las cárceles del país. En libertad, Bernabé Recinos lideró un movimiento opositor importante en el sector energético del país. En prisión, lideró un movimiento importante que denunciaba las torturas a las que el régimen sometía a los presos políticos.

Podríamos decir que la suma de ambas luchas provocó que lo castigaran donde más podía haberle dolido.

Podríamos decir que por eso desaparecieron a su esposa y a su hija.

Podríamos decirlo, pero ya nos lo ha dicho él.

Bernabé sospecha que sus captores dieron “seguimiento de inteligencia” a su esposa y a su hija, luego de una visita que le hicieran en la cárcel. Las ubicaron en una colonia del Barrio San Jacinto, en la casa de una pareja de amigos que le daban refugio a su familia: su mujer, su hija y sus dos hijos.

El 22 de agosto 1982, Ana Yanira (11 años) y su esposa, María Adela García, fueron capturadas y posteriormente desaparecidas por un comando armado. Junto a su esposa y su hija, los captores se llevaron también a la pareja que les daba refugio: América Fernanda Perdomo, del Comité de Derechos Humanos, y Saúl Valentín Villalta, un abogado miembro del FAPU. Sus dos hijos varones fueron testigos del secuestro. Ellos se salvaron porque en el momento del operativo, jugaban fútbol, en la calle, junto a un grupo de niños de la cuadra. Así era la guerra.

Hace más de 30 años, la noticia de la desaparición de su esposa y su hija le llegó a través de una visita a la cárcel. Aquella fue la peor tortura.

Desde entonces Bernabé busca aquello que se le ha perdido.

A finales de septiembre le enseñamos a Bernabé el libro de capturas y el libro de viajes.

Podríamos habernos quedado callados, y haber dejado que él navegara, intentado encontrar ahí sus nombres, pero eso no habría sido justo.

-No están, ¿verdad? –nos pregunta.

-No, Bernabé. Los hemos buscado y no aparecen.

-¿Tampoco América y Valentín?

-Tampoco.

Los ojos de Bernabé no quieren creernos. Sus piernas, que bailotean debajo de la silla, no quieren creernos. Las yemas de sus dedos no quieren creernos, y juegan, inquietas, con las esquinas de las páginas del libro de capturas, abierto de par en par. Él suspira. Se encoge de hombros…

-Bueno, habrá que seguir buscando…

Entonces Bernabé se sumerge en el libro de capturas. Lo hojea con paciencia. Empieza en el medio, y luego se va a las primeras páginas. Se detiene. Señala con el dedo.

-A este lo conocí: terminó en silla de ruedas. A este también lo conocí…

* Con reportes de Jimmy Alvarado, Marcela Zamora, Yéssica Hompanera y Kevin Valencia.

Nota de la Redacción: Si está interesado (a) en consultar los documentos o en buscar en los listados de capturas a víctimas de desaparición forzada, tortura o asesinato puede llamar al (503) 25086752 o escribir a [email protected]
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


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