Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

lunes, 3 de abril de 2017

Pedro Chicas resucita para enjuiciar a los responsables de El Mozote



Las víctimas de la masacre de El Mozote regresan del más allá para enjuiciar a los militares responsables del operativo militar que devino en una masacre de alrededor de mil campesinos en diciembre de 1981. El juicio por uno de los casos más emblemáticos en la etapa más oscura de la guerra ha comenzado, con el hombre más poderoso de aquel Ejército sentado, en primera fila, en el banquillo de los acusados.


Nelson Rauda Zablah
elfaro

Pedro Chicas ha resucitado. En el Juzgado Segundo de Primera Instancia de San Francisco Gotera, Morazán, el exministro de Defensa, José Guillermo García, sentado por primera vez en el banquillo de los acusados, escucha las palabras de un campesino que estaba muerto. Pedro Chicas acusa, de nuevo, a los generales que ordenaron y comandaron al Ejército salvadoreño en la masacre de El Mozote y caseríos aledaños, perpetrada hace más de 35 años, en la que murieron abatidos alrededor de mil civiles, entre ellos más de 200 niños.

El cáncer de garganta venció a Chicas el 19 de abril de 2013. Por eso es que, hacia el final de sus días, tenía que pedir una voz prestada para denunciar aquello que tanto quería decir. Cuando El Faro lo entrevistó en 2011, Chicas usó la voz de su nuera, Liliana Pérez. Este 29 de marzo, en la sala de audiencias del centro judicial de San Francisco Gotera, desde el más allá toma prestada la voz de Carlos Pineda, secretario interino del juzgado, para rehacer su reclamo:

“Mi nombre es Pedro Chicas y vengo a poner una denuncia. El 10 de diciembre de 1981, ingresaron en horas de la tarde al Caserío El Mozote, Cantón Guacamaya, Jurisdicción de Meanguera, Departamento de Morazán, una gran cantidad de soldados pertenecientes al Batallón Atlacatl…”

Las palabras de Pedro Chicas, en boca del secretario Pineda, son las mismas que pronunció el 26 de octubre de 1990, cuando al final de la guerra acusó al Ejército y a sus comandantes por la barbarie en la que fueron abatidos. Pedro Chicas, en aquella época un líder campesino que huyó del caserío La Joya, había aceptado llevar a cuestas la representación de todas las víctimas de la masacre, en un país en el que el Ejército seguía siendo poderoso. Faltaban 14 meses para la firma de la firma de la paz cuando Pedro Chicas denunció la masacre por primera vez.

En esta imagen tomada en 2011, Liliana Pérez, de 21 años, nuera de Pedro Chicas, se dispone a leer el testimonio de su suegro, quien en aquellas fechas ya había perdido la voz y se comunicaba escribiendo en una pequeña pizarra. Chicas murió en abril de 2013, cuatro meses después de que la Corte Interamericana condenara al Estado por el cometimiento, ocultación de la masacre, pero también por la falta de acceso a la justicia. Foto de archivo El Faro | Bernat Camps.


Aquella denuncia, la misma que se pronuncia ahora, vuelve a cumplir con su propósito: sembrar los cimientos para que la masacre de El Mozote sea juzgada. La de 1990 logró que la causa judicial se abriera, y gracias a ello más de 400 osamentas fueron desenterradas en El Mozote, la mitad de ellas correspondientes a menores de edad, niñas, niños, bebés. En aquella época el Estado seguía negando la masacre, hasta que los huesos de las víctimas resurgieron para clamar justicia. Como ahora, cuando el testimonio de Pedro Chicas resurge y logra que la acusación reinicie, pero no solo eso: la lectura esta vez cumple algo inédito. Pineda lee la denuncia de Pedro Chicas en voz alta, frente al hombre que tenía las llaves de la vida y la muerte cuando comenzó la guerra civil en El Salvador: el general García. Pedro Chicas, reencarnado en su denuncia, le informa al general, y a otros de los hombres fuertes del Alto Mando del ejército y del Batallón Atlacatl –una unidad élite con entrenamiento estadounidense- que, 35 años después, El Salvador no olvida, las víctimas no han olvidado, y siguen persiguiéndolos por una de las peores masacres contra civiles en la historia moderna de América Latina.

Es his-tó-ri-co. Este juicio es histórico. El caso fue señalado en el informe de la Comisión de la Verdad, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado en 2012, pero en El Salvador nunca quisieron sentar a los militares en el banquillo. Durante 35 años, la contundente denuncia de Pedro Chicas siempre se topó con la impunidad, ora por jueces sin voluntad, ora por la ley de Amnistía, ora por una Fiscalía displicente. Pero ahora el juicio de El Mozote ha comenzado gracias, de nuevo, al testimonio de un hombre que ya está muerto.

El general García lo ha sentido. Ministro de Defensa entre 1979 y 1983, devenido en un anciano de 84 años, viste un traje y corbata negro, con una camisa gris oscuro, y un pin de una cruz plateada. Su semblante es serio, pero no baja la cabeza. La última vez que se había enfrentado con sus víctimas fue el 8 de enero de 2016, cuando fue deportado de los Estados Unidos porque un juez de Migración lo halló culpable de graves violaciones a los derechos humanos en El Salvador. Esa vez también le acusaron. Le gritaron “asesino” y “torturador”. Cuando le preguntaron por los desaparecidos, el general, envalentonado, les devolvió otro grito furioso: “¡búsquenlos!”.

Pero ahora el general guarda silencio. La Comisión de la Verdad lo señala por no abrir investigaciones que esclarecieran qué pasó en El Mozote, esta enorme escena del crimen a la que ha vuelto. En aquello época, el general era parte de un Estado que promovió el encubrimiento. Su Ejército daba partes de guerra antes, durante y después de la masacre. Decían que en Morazán estaban acabando con guerrilleros, rescatando a campesinos y población civil. En realidad su Ejército estaba masacrando salvadoreños, y por más que se diga que las víctimas buscan venganza, en este arranque de juicio nadie le grita al general. Afuera hay víctimas, que piden justicia, pero no hay ningún escándalo. Le pregunto cómo se declara. Espera un segundo y respira. Se retuerce en su silla. Todavía le quedan asesores al general, porque acto seguido un hombre le pone las manos en los hombros y le aconseja que no diga nada. Niega con con gesto. Enmudece el otrora hombre mas poderoso del país.

El ex ministro de Defensa, José Guillermo García, y demás militares acusados por la masacre de El Mozote comparecen en el Juzgado Primero de Segunda Intancia de San Francisco Gotera el 29 de marzo de 2017. Foto: Fred Ramos



Adiós, caja de Pandora

El juicio por el Mozote volvió del cementerio judicial el 30 de septiembre de 2016, cuando el juez Jorge Guzmán Urquilla declaró su reapertura. Dos meses antes, la Sala de lo Constitucional había declarado que la ley de Amnistía de 1993 era inconstitucional. Ningún otro caso de lesa humanidad está más intimamente relacionado con esa Amnistía como el del Mozote. Meses después de promulgada, el juez que llevaba la causa decidió sepultar la denuncia de Pedro Chicas, amparándose en esa ley de Amnistía.

Por años, la derecha política en El Salvador dijo que, sin la amnistía, el caos se apoderaría del país. La Ley de amnistía había sido propuesta por los partidos de derecha en la Asamblea legislativa, y apoyada con vehemencia por el expresidente Alfredo Cristiani, el primer presidente del partido Arena. "Perdón y olvido" fue durante 25 años la consigna. Cuando la Sala de lo Constitucional la declaró inconstitucional, lo curioso fue que la exguerrilla también salió en su defensa. El columnista Paolo Luers, un exmiembro de la guerrilla en Morazán, sintetizó esta idea en una columna que publicó en El Diario de Hoy, un día después de que la Sala dio a conocer su sentencia. “Este miércoles (13 de julio) abrieron la caja de Pandora, declarando inconstitucional la amnistía. El contenido: toda la violencia de los años de guerra, toda la impunidad y todas las mentiras. Pronto veremos cuales maldiciones saldrán”, escribió Luers.

Mientras en Morazán, para las víctimas de El Mozote, se abría una esperanza (y también para muchas otras víctimas en todo el país), el expresidente Salvador Sánchez Cerén, y su partido, el FMLN, también declararon que las sentencia de la Sala era un mal precedente para El Salvador.

Pero contrario a todos los malos augurios, este 29 de marzo no salió nada de la caja de Pandora. Alrededor del juzgado, un vendedor de refrescos de coco aprovecha la inusual congregación de periodistas para hacer negocio. Los bancos están abiertos y la gente hace fila. Conductores de camiones se estacionan frente al juzgado para abastecer de producto a las tiendas del otro lado de la calle.

Afuera, un grupo de personas, ancianos la mayoría, busca donde guarecerse del sol. Son las víctimas y sus familiares. Han amarrado pancartas en el barandal del juzgado. “Los asesinos quieren que olvidemos para garantizar su impunidad”, dice una. 
 
Familiares y víctimas de la masacre de El Mozote esperan afuera del Juzgado Segundo de Primera Instancia de San Francisco Gotera, el 30 de marzo, durante la intimación de los militares acusados por el crimen. Foto: Fred Ramos

Enfrente del juzgado inicia la "calle negra", como le llamaban a la carretera que conduce hacia las montañas de la zona norte de Morazán, por donde avanzó la tropa en aquellos crueles días de diciembre del 81. Ahora, ahí cerca del inicio de la calle hay busto de monseñor Romero, y más cerca una patrulla de soldados del Destacamento Militar #4, uno de los destacamentos que envió soldados para la masacre. Los soldados caminan de un lado a otro y miran, inquietos, cómo crece la congregación de víctimas.

Pero los militares no corren peligro. Este grupo no se parece a una horda enfurecida que exige fuego y sangre. Llegan y se saludan entre sí como amigos, bromean. Esperan. Dorila Márquez, dirigente de la asociación de derechos humanos de El Mozote, y quien perdió a su familia, dice que quiere preguntarle a los militares el porqué de la masacre. Victorino Romero, de 68 años, tiene otras expectativas. “Tanto que sufrimos y fracasamos y no nos han dado ni una ayudita”, dice Romero. María Amaya dice que solo quiere encontrar los restos de todos sus parientes.

Ahí también estaba Santos Álvaro Pereira Márquez, de 55 años. Santos Pereira sostiene en las manos una hoja de papel con 15 nombres de sus parientes. 11 son víctimas de El Mozote, cuatro son personas que ofrece como testigos. ¿Tiene miedo?, pregunto a Santos. “No, eso hay que echarlo para atrás”, responde. También estaba María Abigail Amaya, 51 años, su cabeza cubierta con una mantelina blanca usual en las mujeres evangélicas. Ella, dice, perdió a 15 familiares en El Mozote.

Estas víctimas sobrevivientes compiten contra la muerte. De los denunciantes originales, tres ya están muertos: Pedro Chicas murió en 2013; Rufina Amaya, la campesina que dio a conocer la masacre al mundo, cuando dio su testimonio a dos corresponsales de guerra, en febrero de 1982, murió en 2007. Sotero Guevara murió el 6 de mayo de 2014. El se salvó de la masacre porque se refugió en una cueva del río La Joya. Antes de morir, Guevara contó a El Faro que encontró en una fosa a su familia: a Petronila y Catalina, a su hermana Justa, a su sobrina Jacinta y a los hijos de esta: Roque, de 5 años, y María, de seis.

Sobre la calle negra hay un bar abierto, hay tiendas abiertas, las pupuserías... Los hoteles están llenos. Hay calma, paz. En su casa, la segunda esposa de Sotero Guevara, María Ercilia Bonilla, está emocionada por el juicio, sobre la posibilidad de que los autores de las masacres sean condenados: “¡N'ombre! ¡Diocuarde! Sería un gran milagro que caería del cielo”, dice.

En la puerta de su casa hay una pegatina del expresidente Mauricio Funes. En la guerra, María era Marina, una guerrillera que se organizó a los 15 años de edad. Ella no estaba en El Mozote cuando la masacre. Aunque tiene una clara posición política, María demuestra coherencia cuando le pregunto sobre la posibilidad de que así como hoy se enjuicia al general García y otros 17 militares, también existe la posibilidad de que el presidente Salvador Sánchez Cerén sea juzgado. “Ah, pues, el que la debe que la pague. Ellos también hicieron cosas, ¿vea Santiago?”. María dirige su pregunta a Serafín, que en la guerra era Santiago, un exguerrillero que nos ha guiado a las casas de las familias de los sobrevivientes. “Tampoco se pueden quedar libres como que nada hicieron, pero se merecen pasar el resto de su vida en la cárcel. Aunque el que ejecutó esa orden ya está allá alzado…”, dice María y evoca al coronel Domingo Monterrosa, quien fuera el comandante del batallón Atlacatl, muerto en 1984, cuando el helicóptero en el que se transportaba se desplomó en el municipio de Joateca, cercano a El Mozote. Junto a Monterrosa cayó también el segundo al mando del Atlacatl, el mayor José Armando Azmitia. Hasta la fecha, el Ejército les sigue guardando honores. La Tercera Brigada de San Miguel lleva el nombre de Monterrosa. El Destacamento Militar #3 lleva el nombre de Azmitia.

El Salvador cuenta ya ocho años de gobiernos que se dicen izquierda. Hace seis años, el expresidente Mauricio Funes ordenó en El Mozote que el Ejército dejara de honrar a esos militares vinculados a graves violaciones a los derechos humanos. El Ejército desobedició la orden de su comandante general. Desde hace tres años, el presidente de El Salvador es un excomandante de la guerrilla. María Bonilla reconoce esa paradoja. Dice que a Sánchez Cerén le ha faltado “mano dura” con ellos.

La familia de Pedro Chicas estuvo en San Francisco Gotera el miércoles. Pero no por la audiencia. Rosa Ramírez, esposa de Pedro, sufrió una crisis diabética y fue ingresada en el hospital ese día. Pastora Chicas, la hija de Pedro, nos recibe en su casa el jueves 30 de marzo.

Le cuento a Pastora que leyeron la denuncia de su padre en la acusación en contra de los militares. Pastora era una niña cuando se escondió junto a su padre en cuevas y matorrales, huyendo de la muerte. “¿De verdad?”, pregunta emocionada. “Ojalá que se haga justicia. No se puede quedar así porque uno vio cómo pasaron las cosas”, pide.
 
En el segundo día de la audiencia de intimación, los militares acusados ocultan sus rostros a las cámaras. Para ese día fueron citados: Mauricio Isaac Duque, Carlos Eduardo Cáceres Flores, Rafael Santiago del Cid, César Augusto Milla, Salvador Augusto Guzmán Parada, Walter Oswaldo Salazar, Roberto Antonio Garay Saravia, Óscar Córdova Hernández y Jorge Armando Alfaro Foto: Fred Ramos

El Estado no abandona a sus generales

Una columna de cinco soldados ronda por las calles afuera del juzgado. El Destacamento Militar #4 custodió a sus exjefes. “Si ellos están siendo procesados por algo que ocurrió cuando estaban de alta, no se les puede abandonar”, dice el oficial a cargo del operativo, quien no quiso identificarse. Según este militar, el general García y los otros miliatres fueron recibidos en ese destacamento desde el día anterior al inicio del juicio. Así como el primer gobierno de izquierda resguardó en cuarteles a los militares acusados de la masacre de los jesuitas, el segundo gobierno, con algo más de vergüenza, los apoya, recibiéndolos en los cuarteles en los que alguna vez reinaron.

De regreso en esa sala de audiencias, el general Rafael Flores Lima, vestido de azul y blanco, flanquea a García por la izquierda. Flores Lima era el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Armada. Sobre él, la Comisión de la Verdad dijo que hay “prueba suficiente” de que supo que la masacre había ocurrido y tampoco promovió una investigación. Justo atrás de ellos, vestido con un traje café y una corbata que de rayas cafés y blancas, una corbata ochentera, Natividad Jesús Cáceres revisa algunos apuntes.

Cáceres era el oficial ejecutivo a cargo del batallón Atlacatl, la unidad élite del ejército, entrenada en la Escuela de las Américas. A esta unidad se le responsabiliza por liderar el operativo que devino en la masacre de El Mozote. Cuando los periodistas Raymond Bonner y Alma Guillermoprieto descubrieron la masacre al mundo, en 1982, en las páginas del New York Times y Washington Post, respectivamente. En el artículo de Guillermoprieto, ella escribió un testimonio que hacía alusión a un oficial Cáceres. “Llegó una orden de un teniente Cáceres para el teniente Ortega de que matara también a los niños. Un soldado dijo: 'Teniente, aquí hay uno que dice que no mata niños'. '¿Quién es el hijueputa que dijo eso? —respondió el teniente—. Lo voy a matar', relató Guillermoprieto.
 
El coronel retirado Natividad de Jesús Cáceres al momento de retirase del juzgado de Gootera el 29 de marzo de 2017. Foto: Fred Ramos



Cáceres es un militar de esos que se enojan. Se molesta en la audiencia, cuando un empleado del juzgado pronuncia mal su nombre. "Me llamo Natividad Jesús, no Natividad de Jesús", reclama. Cuando los periodistas nos retiramos, se pone de pie y nos fotogafía con su celular. En el pasado, la generación militar en la que creció Cáceres, retrataba a los civiles con un solo propósito: para ficharlos como subversivos, como opositores políticos, como enemigos.

En esa primera fila hay otros dos mandos del temido Atlacatl. Juan Rodríguez Molina, comandante de una de las compañías, Luis Adalberto Landaverde Barrera, comandante de una brigada de artillería, y el coronel José Mario Godínez Castillo.

De los nueve convocados el primer día, solo faltaron dos personas. El general Juan Rafael Bustillo, exjefe de la Fuerza Aérea, que ahora es prófugo por otra masacre, la de los sacerdotes jesuitas, perpetrada en noviembre de 1989, en la Universidad Centroamericana. El coronel Juan Méndez Rodríguez envió a su abogado, pero el juez le informó que tiene que presentarse en persona al juzgado. Méndez Rodríguez era comandante de una de las compañías que destruyeron El Mozote.

Lo mismo ocurrió al siguiente día, el jueves 30. Se presentaron cinco de los nueve acusados: los generales Isaac Duque, Walter Salazar, y Carlos Cáceres Flores; y los coroneles Rafael Del Cid y Jorge Alfaro Bautista. El juzgado no pudo localizar a tres personas: el capitán Óscar Córdova, el coronel Roberto Garay y el mayor Augusto Milla. El capitán Augusto Guzmán ya falleció. Este segundo grupo de militares, a diferencia de aquellos que acompañaron al exministro García, sí se cubrió el rostro cuando las cámaras los enfocaron. Se escondían como avergonzados.

La justicia que está por verse

“… el 11 de diciembre de 1981, como a las once de la noche, luego de haber asesinado a las mujeres, los soldados procedieron a asesinar a los niños que se encontraban aún en la casa del señor Alfredo Marquez…”, sigue diciendo Pedro Chicas, en la voz del secretario Pineda.

Aunque en El Mozote se calcula que murieron más de mil campesinos, ahora mismo los militares solo están acusados por 30 asesinatos. Se trata de las víctimas que ya fueron identificadas plenamente con pruebas de ADN y técnicas de antropología forense. La acusación se parece a un típico requerimiento contra pandilleros, en los que no está especificada la función que cada uno cumplió en esos crímenes.

Los militares están acusados de nueve delitos: asesinato, violación agravada, privación de libertad agravada, robo, daños agravados, allanamiento de morada, estragos especiales, actos de terrorismo y actos propositivos de actos de terrorismo.

El expediente tiene 53 piezas. En promedio, cada pieza consta de 400 páginas, es decir, un caso de unas 21 mil páginas. Las primeras 15 piezas son del caso histórico, esas en las que consta la voz de los sobrevivientes Pedro Chicas y Rufina Amaya, cerrado en 1993. Otras 35 piezas son de las diligencias que hizo el juez de Meanguera entre 2013 y 2016, cuando declaró este caso como de lesa humanidad y ordenó exhumaciones. El resto de piezas son las que se van acumulando con el nuevo proceso.

La sentencia de la Sala de lo Constitucional dejó a criterio de los jueces la opción de juzgar los casos con el régimen penal vigente cuando ocurrieron los hechos –el código penal de 1973- o con el vigente ahora –el código penal de 1998. El juez de Gotera ha optado por la primera opción, lo que hace de este un caso único, como un caso congelado en el tiempo.
 
Algunos de los militares acusados por la masacre asistieron a la audiencia de intimación con prendedores del escudo nacional de El Salvador en su vestuario. Foto: Fred Ramos


Por tanto, este proceso no sigue la secuencia audiencia inicial- audiencia preliminar- juicio a la que están acostumbrados ahora los abogados. Las notificaciones de esta semana suponen el pitazo inicial de una investigación que dirigirá el juez Guzmán, en la que tomará declaraciones a los imputados que así lo decidan, pedirá pruebas, resolverá las peticiones de acusadores, fiscales y defensores y, finalmente, llamará a un juicio. Este juicio, sin fecha fija, será decidido por un jurado, como mandaban las reglas de aquella época.

Hay dos sectores en el bando contrario de los militares. Uno, el grupo de fiscales para la investigación de crímenes de la guerra, que en esta primera audiencia jugaron un rol discreto. De hecho, cuando el juez les pidió su opinión sobre la reapertura, la Fiscalía dirigida por Douglas Meléndez dijo que ve en el caso histórico de El Mozote una cosa juzgada, fenecida, en la que los acusados incluso recibieron un sobreseimiento definitivo.

Los otros actores son los acusadores particulares, encabezados por David Morales, el ex procurador de Derechos Humanos. Morales y El Mozote están también intímamente ligados. Por eso en el juzgado, este abogado es recibido como un héroe por las víctimas. Y eso tiene explicación. Morales fue un jugador clave en la oficina de Tutela Legal del Arzobispado, cuando la dirigía María Julia Hernández, una connotada defensora de derechos humanos. Cuando en 1990 Pedro Chicas decidió llevar el caso a cuestas, con su denuncia, Morales fue uno de los abogados que diseñó la estrategia: Pedro Chicas sería el denunciante de todas las masacres, Rufina Amaya sería la testigo principal de El Mozote, otros puñado de campesinos serían los testigos secundarios, que narrarían cada una de las masacres en los siete poblados por donde los soldados arrasaron con todo. Morales y Tutela fueron, además, los que impulsaron en 2006 la causa de El Mozote ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, primero, y la Corte Interamericana, después. Irónicamente, cuando la Corte estaba apunto de emitir su fallo, en defensa del Estado hablaba también el mismo abogado David Morales, entonces convertido en director de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores salvadoreño. Ese otro David Morales decía que el Ejecutivo no podía pedir la reapertura de esos casos, en respeto a la independencia de los jueces.

Morales fue el jefe de la Procuraduría de Derechos Humanos entre 2013 y 2016 y desde esa silla volvió a la carga contra la impunidad del Mozote. Entre otras, el regreso a su personaje original creó resistencias en la derecha política, que no estuvo dispuesta a dar votos para su reelección en la Asamblea Legislativa. Despojado de sus camisas institucionales, vuelve al terreno que lo forjó como defensor de derechos humanos.

Entonces Morales se baja de la camioneta y parece político. Abraza a los viejitos, se reencuentra con viejos amigos, atiende a los periodistas, pero más importante, atiende a las víctimas. Le explica a un anciano, ávido de entrar al juicio a testificar, que no es momento para ello. Pero lo reconforta, y le dice que ya llegará ese punto. Está optimista Morales.

“La investigación forense y dirigida por los expertos constituye prueba incontrovertible”, dice. Cree que puede probar que hubo una política de exterminio, porque algunos de estos imputados también participaron en otras masacres de la guerra.

El gran reto de los acusadores será ordenar una acusación en la que a cada persona le carguen hechos específicos, es decir, individualizar responsabilidades. En eso, Morales considera clave la colaboración de la Fuerza Armada en algo que también sería inédito: la publicación de los registros militares de la época, o la reconstrucción de ellos. Por décadas, el Estado salvadoreño ha asegurado que tales registros no existen.
 
Militares acusados por la masacre de El Mozote, minutos antes de iniciar la audiencia de intimación en Gotera. De izquierda a derecha: Juan Antonio Rodríguez Molina, José Mario Godínez Castillo, Rafael Flores Lima, José Guillermo García y Luis Adalberto Landaverde. Atrás de ellos se encuentra de pie fotografiando a los periodistas, el coronel retirado Natividad de Jesús Cáceres quien fue jefe del operativo del BIRI Atlacatl y tercero al mando en la masacre. Foto: Fred Ramos


La verdad los hará libres

Afuera del juzgado, el abogado Lisandro Quintanilla, defensor del general Oswaldo Salazar, dice que la acusación por El Mozote es una novela. "Los hechos son tan vagos como una novela dantesca. Se ha contado una historia sobre la base de informes inverosímiles", asegura el abogado.

Quintanilla tiene, entre su cartera de clientes, a La Prensa Gráfica o a algunos de los militares acusados en el caso Jesuitas. El abogado parece atrapado en el tiempo, repitiendo la versión oficial mil veces repetida y machacada de que en El Mozote no ha pasado nada, ni está pasando, ni pasará nunca. En su momento, La Prensa Gráfica también dijo lo mismo. "Felicidad. Miles de campesinos acuden a saludar a las tropas que están llegando a las zonas que durante varios meses han sido amenazados por los grupos extremistas", escribió el periódico en su edición del 10 de diciembre de 1981, el día en que empezó la matanza.

El muro de la negación sobre El Mozote fue levantado con ladrillos en teoría muchos más resistentes que los que pueda ahora aportar el abogado Quintanilla, pero hace años que ha venido derrumbándose de manera estrepitosa. El gobierno de Estados Unidos negó la masacre, persiguió y enjuicio mediaticamente a los periodistas que la reportaron, pero años más tarde, documentos desclasificados del departamento de Estado y de la CIA confirmaron que los militares y funcionarios estadounidenses en San Salvador y Washington supieron de la masacre y participaron de su encubrimiento. La Comisión de la Verdad certificó que en El Mozote se hallaron balas fabricadas para el gobierno estadounidense en Lake City, Misouri, y que habían sido disparadas de fusiles M-16, también estadounidenses. Además, fue el propio sistema judicial de Estados Unidos quien deportó al general García, por violador de derechos humanos. Ernesto Rivas Gallont, embajador salvadoreño en Washington, entre 1981 y 1989, pidió perdón en 2014 por haber negado la masacre, a inicios de 1982. Gallont dijo que recibió órdenes de la Junta de Gobierno presidida por José Napoleón Duarte. La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al gobierno de El Salvador en 2012 por estos hechos.

Pero nada de esto convence a Quintanilla, que a la salida de la audiencia comienza a construir su frágil muro de negaciones. “Las exhumaciones y las autopsias no han establecido si fueron o no asesinadas, quienes las asesinaron”, dice.

—Una novela está basada en hechos falsos y estos hechos de verdad ocurrieron.

—Así como se ha pintado la relación fáctica de los hechos en la acusación, a mí me parece que es más que todo una novela que otra cosa.

—¿Usted descarta la investigación de la Comisión de la Verdad?

—¡Totalmente! ¿Quién era la Comisión de la Verdad?

—Expertos internacionales.

—Es falso, no eran ni expertos ni nada. Simplemente era un grupo de personas que se nombraron para hacer un informe de recolección de algunas evidencias que nunca fueron judicializadas.

Hace 27 años, Pedro Chicas previó que esto ocurriría. Por eso en su testimonio incluyó a testigos. Tal como se los dijo a los militares en la audiencia: “…hubieron (sic) algunos sobrevivientes, pudiendo señalar entre ellos al señor Juan Bautista Márquez , en ese entonces de cuarenta y un años de edad, quien pudo observar cuando los soldados llegaban al lugar y esconderse de los mismos mientras procedían a realizar los asesinatos…”. En la estregia del caso histórico de El Mozote, el testimonio de Juan Bautista era clave por una razón: él y su familia, buscando salvar la vida, anduvieron huyendo de masacre en masacre, entre el 9 y el 13 de diciembre de 1981. Su odisea conecta a todas las masacres en una sola, vincula al Ejército en un solo opeartivo.

Juan Bautista ha estado detrás de Quintanilla todo el tiempo. Ha escuchado su alocución. Y Juan Bautista no es licenciado en derecho, no viste de traje, quizá nunca ha leído el Código de lo Penal. Él es un campesino que vive de lo que cultiva, pero sobre todo es una víctima que no olvida lo que vivió en carne propia. Y por eso se ríe de Quintanilla y le da la espalda.

“Y dice que no hay delito. ¿Entonces no es delito ir a sacar a otro de la casa? ¿Cómo que cuál Comisión de la Verdad? Si nosotros somos los que hemos morido (sic)”, dice Juan Bautista.

A sus 77 años sigue acá, aguantando el sol de Gotera, para poder contar El Mozote. Y sus palabras, ahora, también hablan en nombre de Pedro Chicas y de todos las otras víctimas que se han ido apagando a lo largo de estos 35 años. Juan Bautista lo tiene claro: "Y dice que no hay delito. ¿Cómo que no estoy yo? A mí que me sacaron de la casa con una ametralladora, y yo soy el único que hay quizá...”. Cuando Juan Bautista habla, habla la evidencia.

Juan Bautista no tiene miedo. No lo tuvo en 1990, cuando habló después de Pedro Chicas en aquella audiciencia inicial. No lo tiene ahora, cuando comienza a contar el tiempo a la espera de que vuelva su turno. Él elige una frase del evangelio de Juan y sentencia: “es que la verdad los hará libres y soy libre para decir la verdad. ¿A quién le puedo temer?”.

sábado, 1 de abril de 2017

NOEL HUMBERTO GUERRERO/DON FITO



«La enseñanza es la profesión que está más conectada a los intereses de la humanidad y los intereses de la gente que cualquier otra.»


Nota del editor: Esta lluviosa mañana lúgubre, 570 estudiantes sonrientes y curiosos se arremolinan alrededor en este parque de la comunidad vistiendo sus uniformes limpios y nítidos en los caminos fangosos que conducen a su escuela. Tienen solo 14 profesores, pero obedientemente forman filas para las clases. Los niños corren a abrazar al amado fundador, muy respetado de su comunidad que toma tiempo para cada niño que conoce por su nombre preguntando qué clases tienen primero y animando diligencia en sus estudios ese día. Resulta que también es su ex-director de la escuela. Poco tiempo más tarde cuando se vuelven ruidosos al ponerse en fila para su desayuno, es difícil para nosotros los entrevistadores oírle compartir su historia, él calla a los niños con una palabra suave, «silencio.» Nos sentamos hechizados al ser testigos de este caballero de 79 años que usa su magia con los cientos de niños hambrientos. Más tarde cuando mencionamos a los lugareños que lo hemos visitado, una reverencia audible cae sobre nosotros «Ahh, don Fito. Todos amamos a don Fito.» Es el nombre con que todavía se conoce localmente. Era su nombre de la guerra y significa «guerrero.»

El camino para lograr mi sueño de convertirme en maestro se cumplió con muchos giros inesperados, vueltas, y chicones en el camino. Nunca varí desde ese sueño que empecé a considerar cuando yo era joven viviendo con mi tío en el pueblo de Chinameca en el departamento de San Miguel. Nací el 21 de febrero de 1933.

A la edad de doce años cuando murió mi madre, tuve que irme a vivir con mi tío. Vivíamos en la miseria. El era un hombre pobre que trabajaba en la agricultura creciendo caña de azúcar, maíz y frijoles. El me enseñó todo lo que sabía sobre el crecimiento de esos cultivos, así como la manera de ordenar vacas.

Allí asistí a una escuela hasta el tecer año y tuve un maestro a quien yo admiraba mucho y a quien apodamos, Chico cola de vaca. Relacioné bien a sus métodos de enseñanza y pronto me di cuenta, tal como un niño, que esto es lo que quería ser cuando fuera grande.

A causa de nuestra pobreza extrema, necesitaba ayudar a proporcionar apoyo financiero, así que cuando era joven, yo recogía los granos de café durante la cosecha. Después trabajé en una fábrica de café en San Miguel.


A la edad de 13 años, mi amigo, Manuel Ochoa, me enseñó a hacer zapatos. Cuando fue necesario que él su mudara a San Salvador, me mudé con él donde él continuó sirviendo como mi mentor. Trabajé en la zapatería con él por tres meses. En 1953 me asocié con el sindicato organizado, De Zapateros.

Cuando yo tenía 24 años, un amigo suyo reconoció mi chispa para la enseñaza y recomendó que continuara mis estudios. No era necesario convencerme a mudarme a Santa Tecla, donde comencé el equivalente de los estudios del cuarto al sexto año. En ese momento, algunos de mis amigos y yo asistimos a la escuela Marcelino García Flamengo por la noche para estudiar «plan básico,» hasta el año nueve con el fin de poder seguir trabajando durante el día para subsidiar nuestras situaciones de vivir.

Una vez más, el professor me preguntó: «Por qué no consideras hacerte maestro?» Le respond: «Esto siempre ha sido mi deseo.» Como resulto de su aliento, mi siguiente paso para lograr mi objetivo fue estudiar por cinco años para recibir un título en la enseñanza. Ese esudio se llevó a cabo en la escuela segundaria Villa Corta en Santa Tecla.

En el pueblo de Rural Mixto Cantón El Triunfo, cerca de Santa Tecla, no había edificio existente. Tuvimos clases en una casa alquilada. En ese punto trabajé cooperativamente con un administrador en una zona para construir una escuela. Llamos la escuela Narciso Rodezno por su director, porque él tenia un amor intenso y permanente para los niños y todavía no tenía sus propios hijos, sin embargo, fue dedicado a sus estudiantes y donó el terreno para construir esta escuela. Este fue mi primer trabajo, y enseñé todas las asignaturas a niños de primaria. Gané apenas bastante salario para mantener a mi esposa y a mis tres hijos. No fue una vida digna. Sin embargo, yo había completado mi sueño de enseñar que disfruté mucho.

Mi carrera estaba comenzando con mi objetivo hasta la Guerra Civil de nuestro país abruptamente empezó y todo cambió. Es entonces cuando mi carrera comenzó a llegar a algunos giros inesperados y curvas alrededor de los años 1979 y 1980. Me había mudado a otra escuela, la Escuela Finca Florencia, donde mi papel era el de sub-director y también participé activamente en la organización de maestros denominada «ANDES.» Los militares percibieron a las personas educadas, especialmente aquéllos que mostraron interés en los papeles organizados de liderazgo como yo, con una amenaza y me comenzaron a hacer persecuciones en la forma de amenazas de muerte.

Uniéndome al movimiento guerrillero era la única opción para salvarme la vida. Mi enseñanza no llegó a su fin, incluso durante este tiempo, sin embargo. Fundamos una escuela de guerrilleros donde les enseñaba a leer y a escribir a las tropas. Mi título oficial era «jefe político» y mi trabajo era recoger información y dársela a las tropas. Serví en San Vicente en el departamento Chalatenango y más tarde fui traslado a Morazán por otro año. Luego volví a San Vicente. En total estuve lejos de mi familia por la mayoría de la Guerra – desde 1980 hasta 1990.

Durante el tiempo que estaba trabajando en el movimiento guerrillero, mi familia se quedó atrás. Una unidad paramilitar de la Policía Nacional capturó a mi hija, Blanca, la detuvieron durante 15 días. Ella no fue torturada físicamente; sin embargo, ella fue tramautizada psicológicamente. Nuestros vecinos movilizaron los grupos de derechos humanos y pudieron obtener su libertad.

«El 16 de enero de 1992, después de doce años de Guerra Civil, el gobierno de El Salvador y la organización guerrillera del FMLN firmaron un acuerdo de paz. Como parte del acuerdo, el gobierno consintió a redistribuir algunos 134.000 manzanas de tierra a campesinos sin tierra y a las familias que tenían poca tierra. El gobierno también dio a estas personas préstamos para pagar por la tierra y desde entonces ha perdonado casi todos los préstamos y compensaron a los terratenientes las expropiaciones. De los 33.600 beneficiarios de esta tierra, la gran mayoría eran ex-combatientes, soldados del gobierno o guerrilleros. En general, cada persona recibió 44 manzanas de tierra que lindaban con otros lotes para formar nuevas comunidades [datos del Ministerio de Agricultura, 1977 de Abuela a Nieta: Estudios de Mujer, en la página 93 Michael Gorkin, Marta Pineda Leal, y Gloria Leal, Prensa de la Universidad de California, 2006.]

Después de los Acuerdos de Paz de 1992 cinco organizaciones de la FMLN comenzaron a fundar diferentes comunidades para los refugiados que regresaban de la guerra. Nuestra responsabilidad en la fundación de esas comunidades era ayudar a comprar los terrenos para reubicar a los desplazados que regresaban del exilio de la guerra.

Los cambios climáticos también están impactando negativamente la agricultura como las estaciones del año se hacen más impredecibles. Mi mayor decepción ha sido que nuestro gobierno no ha cambiado realmente la vida de

las personas para lo mejor. Hay más hambre, más miseria, menos puestos de trabajo, y muy bajos salarios tales como $5 al día. Las mercancías son cada vez más caras para comprar, y sin embargo, los salarios no aumentan al mismo ritmo.

En el lado positivo, mi mayor alegría es que Dios me ha dado vida a servir a mi pueblo. Fui criado como católico romano; tomando mi primera comunión como un niño y escuchando las homilías del Monseñor Romero en la catedral tuvo un gran impacto en mí. Mi creencia es que Dios es un espíritu que vive dentro de cada uno de nosotros si somos buenas personas. No hay capilla dentro de nuestra comunidad aquí porque diferentes familias pertenecen a diferentes religiones. (En la comunidad de Monseñor Romero, sin embargo, tienen una capilla.) Hay un autobús que lleva a la gente a la ciudad a la iglesia todos los domingos, y siempre es muy completo.

Mi sueño es seguir sirviendo y ayudando a la gente aquí en la comunidad. La fe en Dios siempre me motiva a seguir. Yo enseño como pueda. Aunque las pandillas han estado tratando de infiltrarse y organizarse incluso en nuestro entorno rural, al menos hasta ahora, hemos tenido éxito en la prevención de que eso suceda. Espero que podamos seguir enseñando a los jóvenes una buena formación educativa y espiritual. Una necesidad inmediata que estamos esperando satisfacer si podemos encontrar una fuente de financiación es la construcción de un campo grande de fútbol para nuestro gran número de jóvenes para darles formas positivas para usar su energía y para enseñarles destrezas.

Tengo nueve hijos, algunos de los cuales viven aquí en El Salvador y otros que viven en EE. UU. Tengo mucho sobrinos y sobrinas que me consideran su padre. Espero que algún día nuestro país tenga un buen sistema económico donde su juventud no sienta la necesidad de emigrar a EE. UU.


Si yo estuviera escogiendo una carrera de nuevo, sí, yo sin duda elegiría la enseñanza. La enseñanza es la profesión que está más conectada con los intereses de la humanidad y los intereses de las personas que cualquier otra.

La cosa más importante que me gustaría compartir con el mundo es que somos un pueblo de amor. No podemos odiarnos el uno al otro.

Nota del Editor: Don Fito sigue viviendo y sirviendo en Guillermo Ungo, que se encuentra a pocos kilómetros al sur de Suchitoto. Era una parte de una gran plantación que sus propietarios finalmente cedieron a la venta bajo un acuerdo en efectivo y crédito bajo los Acuerdos de Paz de 1992 que fueron negociados por las Naciones Unidas. Don Fito se jubilió oficialmente de su cargo como director de la escuela, pero mantiene su compromiso para la supervisión de proyectos que beneficiarán a la comunidad en general. Unos ejemplos que supervisa incluyen la obtención de materiales escolares y computadores para la escuela, ayudando con el programa de becas, y la obtención de tubo galvanizado para el abastecimiento público de agua. El toma una parte vital en el comité de becas de la comunidad y ayuda a seleccionar a los estudiantes con potencial, buenas calificaciones, y las actitudes positivas y ética de trabajo. El maneja presupuestos frugalmente tratando de incluir la mayor cantidad de estudiantes en este programa como sea posible.

Esta historia fue compartida con nosotros sobre Don Fito: En 2010 a la edad de 78, él estaba en el frente de una marcha para derechos humanos y el cambio climático en el centro de San Salvador. Cuando los manifestantes se acercaron al palacio presidencial, la policía estaba alineada en su equipo antidisturbio anticipando provocación. Don Fito detuvo el grupo, con calma les gritó, dándoles instrucciones a ellos para marchar hacia atrás. Luego totalmente compuesto, todavía en control usando su voz suave de autoridad, habló con la policía, «Esto es para USTEDES, también.» Pronto los manifestantes y la policía antidisturbia se unieron tomando bocadillos y café.

Lo que podría haber sido un evento de confrotación se convirtió en un evento de solidarida, gracias a la visión de don Fito cuando cambió la marcha hacia atrás y dio la bienvenida a todos para unirse juntos por una causa común.

Es con gratitud que reconocemos a Ruth Cruddas de Watsonville, California, quien nos sugirió que conociéramos y entrvistáramos a este hombre humilde, don Fito.

martes, 21 de marzo de 2017

México tiene 45 mil niños desaparecidos y su fin es explotación sexual o tráfico de órganos, alerta fundación

 En México hay cerca de 45 mil niños desaparecidos que pueden ser utilizados para explotación sexual o tráfico de órganos. Foto: Cuartoscuro
 
 
 Shaila Rosagel
sinembargo, mx



En México existen 45 mil niños desaparecidos y una lista oficial de 3 mil averiguaciones previas por menores robados durante el último año y medio, que son sustraídos para explotación sexual, venta y tráfico de órganos, denunció Guillermo Gutiérrez Romero, presidente de la Fundación Nacional de Investigaciones de Niños Robados y Desaparecidos.

Las bandas de secuestradores operan con mayor intensidad en el Distrito Federal, Estado de México, Veracruz, Tijuana, Monterrey, Guadalajara y en las zona fronterizas del norte y sur del país, gracias a la indolencia e impunidad de las autoridades mexicanas.

“Hay oficialmente en el último año y medio 3 mil casos de robo de niños y 45 mil que se consideran como desaparecidos, ausentes o que se fueron por su propia voluntad. No hay datos precisos de cuántos de ellos son para tráfico de órganos o explotación sexual, simplemente porque al gobierno mexicano no le interesa. Nosotros venimos luchando desde hace más de 10 años para que se cree el Centro Nacional Especializado para la Búsqueda Niños Robados, pero no pasa nada y eso les da luz verde a los secuestradores para que sigan llevándose a los niños”, dijo.

Prácticamente en todo el país se roban menores de cualquier edad a través de personas que operan solitarias, por su cuenta, por bandas pequeñas que se los venden a los traficantes de órganos y de explotación sexual y por el crimen organizado que sacan a sus víctimas del país con pasaportes y credenciales.

De acuerdo con Gutiérrez Romero, no existe un dato exacto de cuántas bandas de secuestradores de niños operan en el territorio mexicano, debido a la falta de interés de las autoridades. “En México los casos de desaparición de niños los lleva la Subprocuraduría de Derechos Humanos de la PGR [Procuraduría General de la República], que tiene funcionarios ahí que son ineficientes, que no saben lo que están haciendo”, dijo.

El crimen organizado opera a través de toda una red que incluye señuelos que atrapan a sus víctimas, principalmente adolescentes, a través de las redes sociales.

“Estas bandas utilizan jóvenes atractivos para llegar a sus víctimas. Muchos de ellos son para la explotación sexual”, indicó.

El tráfico de niños y de personas es el tercer negocio más lucrativo a nivel mundial después del tráfico de armas y de drogas, cuyo mercado representa cerca de los 32 millones de dólares anuales, explicó.

“El número de niñas y niños que son desaparecidos cada año a nivel mundial para la trata es de un millón 2000 mil de acuerdo con la UNICEF”, dijo.

TRÁFICO DE ÓRGANOS… Y TERROR
 
Agresiones contra menores han repuntado en los últimos días. Foto: Cuartoscuro

Estados Unidos y Francia realizan una investigación conjunta de cómo operan las bandas criminales en México. Foto: Cuartoscuro

Aunque en México se desconoce la cifra exacta de cuántos de los niños que son robados se destinan al tráfico de órganos, autoridades de Estados Unidos y de Francia tienen identificado perfectamente el modus operandi de las bandas delictivas.

“Los órganos de los niños no se los llevan de México en contenedores o hieleras, eso es ciencia ficción. Se los llevan vivos a Estados Unidos, estando allá hay clínicas y médicos corruptos que por miles de dólares los operan y les extraen todos los órganos. La prueba de que existe el tráfico de órganos, es que muchos de los niños robados, nunca aparecen”, explicó.

Guillermo Gutiérrez planteó que las autoridades estadounidenses y francesas aseguran que los restos de un niño que es intervenido quirúrgicamente para la extracción de sus órganos en alguna clínica clandestina es desaparecido de la forma más atroz.

“Yo he hablado con estas autoridades de alto nivel de Estados Unidos y Francia. Ellos dicen que nunca se va a encontrar a un niño abierto en canal, porque lo que hacen estas bandas es que los restos de las víctimas son echados a unas grandes trituradoras de carne. Como carne molida, se los echan a los perros”, dijo. “Es verdaderamente algo de horror”, añadió.

En cuanto al perfil de los niños robados que son ideales para el tráfico de órganos, las edades oscilan entre los siete y 10 años de edad. Los bebés hasta cinco años, son sustraídos generalmente para venderlos a parejas que no pueden tener hijos.

“Los recién nacidos son para el satanismo; para adopciones por parejas que no pueden tener hijos, son de cero a tres, cuatro y hasta cinco años”, explicó.

Los infantes, aunque en menor medida, también desaparecen en pequeños poblados y comunidades indígenas, pero de ellos en ocasiones no existe ni siquiera una averiguación previa.

El problema del tráfico de órganos de niños mexicanos hacia Estados Unidos ha cobrado visibilidad durante la última semana cuando fue denunciado por El Vaticano en el editorial del diario L”Osservatore Romano.

La autora del artículo, Lucetta Scaraffia, denunció que existe “un constante aumento” de tráfico de niños migrantes indocumentados entre el territorio mexicano y el estadounidense.

El negocio del tráfico de órganos también fue denunciado por un reportaje de Julia Preston en The New York Times, donde afirma que las familias y los menores se han vuelto un negocio de altas utilidades y bajo riesgo para los líderes de los cárteles mexicanos de la droga que se han apoderado del control del tráfico humano en el Río Bravo.

Ahora ofrecen paquetes familiares, cobrando hasta 7 mil 500 dólares por llevar desde América Central hasta el lado estadounidense del río a un menor solo o a una madre con hijos señalan agentes de la Patrulla Fronteriza y testimonios de migrantes.

Pero en México cualquier niño robado puede ser trasladado a Estados Unidos para venderlo y extirparle sus órganos, por lo que Guillermo Gutiérrez dio algunas de recomendaciones para evitar el robo de un menor.

“No dejarlos solos en ningún momento, inculcarles que deben rechazar cualquier regalo que provenga de un extraño, avisar a sus papás cualquier situación extraña y no contestar los teléfonos en sus hogares cuando están solos.

La Fundación Nacional de Investigaciones de Niños Robados y Desaparecidos realiza una campaña de prevención del robo de infantes en las escuelas del Distrito Federal, Estado de México, Veracruz y Puebla, pero está abierta para llevarla a cualquier plantel público o privado que lo requiera.

“La campaña es gratuita, hacemos el trabajo que no está haciendo el gobierno. Vamos a las escuelas y hablamos con los niños y con los papás”, dijo Guillermo Gutiérrez.

Los números de la fundación para solicitar información son: 01 (55) 5760 8979 y 6548 3709.

En redes sociales a través de Facebook y Twitter se le da seguimiento a la Alerta Amber y a información relevante para la prevención del robo de niños.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


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