Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

jueves, 14 de septiembre de 2017

Meme Maravilla: un médico falta

Nuestros héroes...



14 de septiembre de 1979

(Tomado de La piedra encadenada)
 


René Ovidio González


Julio 30 de 1975. Día miércoles. 4:30 de la tarde. La policía y la guardia nacional reprimen violentamente una marcha de estudiantes universitarios a la que se habían sumado estudiantes de secundaria y bachillerato. Quien gobierna es el coronel Arturo Armando Molina, y quien da la orden de dicha acción es el general Carlos Humberto Romero, ministro de defensa. Dos años más tarde Romero sería presidente del país…

Manuel de Jesús Maravilla Aparicio, un joven de veintiún años originario de Santa Elena, del oriente salvadoreño, estudiaba la carrera de medicina en la Universidad Nacional. La noticia lo impacta y lo marca para el resto de su vida: cuatro años que dedicaría a tratar de cambiar las condiciones en las que se debatía su patria. Varios de sus compañeros de estudios resultaron asesinados durante la protesta.

Según testimonios de participantes en la marcha, los cuerpos represores estaban a la altura del paso a dos niveles, cerca del Seguro Social, disparaban y lanzaban gases lacrimógenos.

Atacaron a quienes encabezaban la marcha. La multitud estudiantil empezó a retroceder, pero las tanquetas cerraron el paso, aplastaban a los que habían caído, a los heridos. Muchos se lanzaron desde el paso a dos niveles, otros se refugiaron en el hospital cercano, algunos huyeron sin darse cuenta cómo…Los estudiantes desafiaban al régimen militar de Molina y Romero, y la alegría, los cantos, las consignas con que inició la marcha se transformaron en tragedia nacional…

Mirna Perla, entonces de veinte años y con el pasar del tiempo magistrada de la corte de justicia, cuenta rasgos de lo sucedido: Yo me tiré del paso de dos niveles, me fracturé la rodilla izquierda y un grupo de compañeros me llevaron (sic) al Hospital Rosales de donde me sacaron a las 11 de la noche. Ahí estaban los policías buscando los heridos de la marcha, estudiantes de medicina en ese momento muy valientemente nos ayudaron, nos sacaron y expusieron sus vidas…

Dimas Castellón, en aquellos días estudiante del CENAR, otro de los que se manifestaban y que usaba el cabello extremadamente largo hasta llegarle a la cintura, ha dicho: Para nosotros el pelo largo significaba libertad y por libertad era que marchábamos.

Meme, como le decían sus amigos a Manuel de Jesús, también usaba el pelo largo, aunque no tan largo como el de Castellón.

Solía hacerse una pequeña cola, y le favorecía el hecho de que su cabello era muy liso, de un color casi castaño.

Sus hermanos mayores José Eduardo y Marta Virginia recuerdan que desde niño a Manuelito le gustaban las artes, la participación en dramas, en actos culturales. Mencionan que en cierta oportunidad hizo el personaje de José Matías Delgado “por su nariz que resaltaba un poco, no como la mía que es chata...”, afirma Eduardo con una sonrisa. Su inquietud fue algo natural, le encantaba aquel juego semejante al tenis, que se practica sobre una mesa, con pelota ligera y con palas pequeñas de madera a modo de raquetas, es decir, el ping pong.

También le gustaba la poesía. Escribió algunos poemas, pero todos se perdieron. Su familia no los conservó. En síntesis bien se pudiera decir que tenía una facilidad para la socialización, aparte de una afición por las artes marciales que lo perseguiría hasta el final. “Meme se reunía en un gimnasio donde aprendía karate. Ese gimnasio quedaba por aquí cerca, en el barrio”, expresa Daniel Guevara, quien además del parentesco con Manuel de Jesús lo acercaba a él una gran amistad. Y agrega:
“Aunque yo pienso que ahí era un sitio de reuniones de la gente que ya empezaba a organizarse.”

 
Habla Eduardo: “Sí, pero también allá en San Salvador estuvo aprendiendo karate, él tenía su traje y su cinta. Tenía una cinta verde. Él tomaba en serio aquel aprendizaje.” “Vivía en una zona casi marginal, El Níspero le decían al lugar, en Mejicanos. Y cuando sucedió la masacre, eso lo marcó para siempre. A los veintiún años se enroló en AGEUS. Yo conocí al dirigente de esa organización: le decíamos el Chele AGEUS, del nombre no me acuerdo.”

Eduardo, siendo pionero de ANDES 21 de junio, conoció a la dirigente histórica de la asociación de maestros: Mélida Anaya Montes, llamada después Ana María…Marta Virginia, que poco ha hablado durante la conversación, parece emocionarse al escuchar este nombre: “Conocí y admiré a esa mujer, y en honor a ella Ana María, mi hija, se llama así.”

Para los días de la masacre de estudiantes Eduardo ya estaba organizado. En una de las cinco organizaciones que en el futuro conformarían el FMLN de la guerra. Eduardo recuerda a algunos de sus compañeros de organización o con los cuales tenía algún contacto: Roberto Muñoz, Reynaldo Barías Morán, Rigoberto Bran, Oscar Bran, Mauricio Rivera Zelaya, Meme Chávez, Oliverio Saravia y otros. Entonces Manuelito le recriminaba su labor clandestina: que pensara en su familia, en sus hijos, en su trabajo…

La situación en El Salvador se ponía color de hormiga: al profesor Chávez lo mataron en junio de 1979 y a Barías Morán en junio de 1980. Los demás rebeldes, en su mayoría, optarían por el exilio. Menos Eduardo, debido a que su mamá hizo una advertencia terrible, se haría daño si él se iba. “No estoy dispuesta a perder otro hijo”, aseveró la dolorida madre.

Eduardo explica: “Manuelito se incorpora a la AGEUS después de la masacre, al saber de sus compañeros muertos… A veces tenía que cumplir tareas de seguridad en los alrededores.” “Claro, nosotros sabíamos de sus actividades, aunque, por mi trabajo y su estadía en San Salvador casi no nos veíamos, no coincidíamos en la casa. Ni Marta Virginia ni yo teníamos una relación política con él. Cada quién en lo suyo.”

Casi cuatro años después, el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua gana la guerra al ejército gubernamental y entra triunfante a Managua, la capital. En la Plaza de la República, la población entera celebró la derrota de la dictadura somocista aquel 19 de julio de 1979, y dio inicio la transformación del país. Entre otras acciones se nacionalizaron los bancos y se realizó una exitosa Campaña de Alfabetización…
 
 
Meme se alegró por el triunfo sandinista. Daniel Guevara lo recuerda de esta manera:

¡Derrocaron a Somoza! ─dijo emocionado─, ya vas a ver, pronto van a caer en El Salvador y entonces va a ser diferente, mi sueño va a ser más fácil… ─Me agarró de la mano y se paró frente a la casa─: Voy a instalar una clínica popular para atender a la gente más pobre del pueblo, a los más humildes.

Ese sería el sueño irrealizable de Meme. Quería servir a su gente descalza, a su gente sin pan. Y Daniel continúa diciendo:

Pero Meme, como cariñosamente le llamábamos, encabezaba aquella manifestación. Sus manos, junto a las manos de otros compañeros sostenían la enorme pancarta estudiantil, y su garganta gritaba por justicia para los desposeídos de su patria.

La marcha se efectuaba el día viernes 14 de septiembre de 1979. Los noticiarios televisivos y radiofónicos daban a saber al público, a su manera, las incidencias de la manifestación de universitarios. La protesta exigía la liberación de estudiantes capturados y torturados en las mazmorras de los cuerpos represivos. Las noticias hablaban de disturbios. Uno de esos informativos se atrevió a dar los nombres de los asesinados…
Manuel de Jesús Maravilla Aparicio, estudiante de cuarto año de medicina…

Habla Eduardo: “Yo estaba en Jucuapa. Y mi mamá estaba conmigo. Lo que es el corazón de una madre: al oír la primera noticia, ella dijo: ¡Manuelito! Como presintiendo la desgracia…

Cuando dieron la otra noticia, mencionaron los nombres de los masacrados y entonces oímos el suyo:Manuel de Jesús Maravilla Aparicio, estudiante de cuarto año de medicina…”

“Solo tenía 25 años. Siete más murieron con él. Me dispuse a ir a traerlo. Por cierto la gente no quería que yo fuera. No hallé en Jucuapa a nadie que quisiera hacerme el viaje. Tenían pánico. Y me dije: en Santa Elena debe haber alguien que se arriesgue.

Cabal: vino Luis Fernando Águila y me dijo que en lo que pudiera ayudar me ayudaría, que allí estaba su vehículo, que fuéramos a traerlo. También vinieron Goyito Ramírez y Leónidas Bonilla. Nos fuimos…”

Marta Virginia aclara: “A Manuelito lo llevaron a una clínica, al parecer ya iba muerto, la bala penetró arriba de su cabeza, y la parte occipital la tenía destrozada.”

Se asegura que fueron francotiradores de la guardia y la policía apostados en los edificios aledaños. El ataque ocurrió en las cercanías del hospital Primero de Mayo del Seguro Social. Lo afirmado por los hermanos Maravilla Aparicio, da a la versión apuntada sustentación suficiente para considerarla verídica. Y hay un detalle interesante en esta historia: Carlos Mario, el menor de los hijos de Meme, y Mario Ernesto, hijo de Marta Virginia, prometieron ante la tumba del joven revolucionario, que coronarían la carrera que él dejara inconclusa. Así fue: ambos son médicos ahora. Carlos Mario jamás conoció a su padre, pues nació tres meses después de su asesinato. Lorena Yamileth y Manuel de Jesús, sus otros hijos, tal vez apenas lo recuerden.

Después vendrían para Marta Virginia hazañas heroicas en el transcurrir de la lucha guerrillera. Daniel afirma conocer detalles de algunas de esas acciones realizadas por ella, por ejemplo la vez que la joven profesional atendió un parto de emergencia en medio de un algodonal, o el evento del paquete que tuvo que trasladar en bus desde Ozatlán hasta Usulután, siendo que el paquete contenía explosivos.

Marta Virginia esperaba el bus en una de las entradas de Ozatlán, alguien se le acercó y puso el paquete junto a ella, le dijo que debía bajarse en Los Pinos y que allí pusiera el paquete y esperara; le dio el santo y seña, y que iba a llegar un compa. El problema era que adelantito de donde esperaba el bus estaba un retén de soldados. El mismo cobrador cuando subió el paquete al bus le preguntó: ¿Y qué lleva en esta caja señora, que pesa tanto? Los soldados revisaron el bus y es probable que no vieran la caja. Los explosivos llegaron a su destino. Es que ella era enlace de los compas en aquella zona.

Ella no ha querido contar pero ahí en su casa estuvo curándose Leónidas Bonilla, el comandante Jesús, al ser herido en combate.

“Esta casa se convirtió en hospital, pero ese tema es de ella.” Y Eduardo señala a Marta Virginia…Enfermera de profesión puso sus conocimientos al servicio de la lucha revolucionaria. Pero Eduardo, impulsivo, sigue narrando la odisea que vivieron al llegar ya entrada la noche a la Universidad, en donde tenían los cadáveres de los jóvenes asesinados:

“Querían llevarlos a la Iglesia El Rosario. Para enterrarlos ahí. Se negaban a entregarme a Manuelito. Entonces hablé con el Chele AGEUS, le aclaré que a mi hermano aquí lo esperaba una familia, todo un pueblo lo esperaba. Solo así pude convencerlo.

Los forenses hicieron el papeleo y me lo dieron. Eso sí, se vinieron dos miembros de AGEUS con nosotros.” “El día 15 lo enterramos, fue un entierro multitudinario. El desfile de ese día se suspendió.”

A partir de entonces, un médico falta en el pueblo. Meme, o Manuelito, tal lo llaman sus hermanos, es otro de esos mártires imposible de olvidar, sacrificado mientras defendía sus ideales.

Por eso Daniel Guevara pregunta de manera poética: ¿Olvidarte Manuel? Y aclara para la posteridad: Una bala impactó en el cuerpo de Meme. Una bala asesina como era el que la disparó, creyó acabar con el sueño de Manuel, pero no pudo, porque como dice la canción: “Ya no vivo, pero voy, en lo que andaba soñando, y otros que siguen peleando, harán nacer nuevas rosas, y en el nombre de esas cosas, todos me estarán nombrando…”

Todos lo están llorando. Todos lo están nombrando. Todos llevan consigo un vacío, una angustia. Entre ellos Juancito Velásquez que, con el dolor y con una impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo pintados en su rostro, expresa: “Nos quitaron a Meme. Pero cuando un compa cae, cien se alzan.” Que así sea.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Roque Dalton, dos balas para silenciar una inteligencia incómoda

Foto: Archivo Roque Dalton
 
 
Roberto Bardini

“Es casi seguro que el politólogo graduado en Oxford y 'especialista en resolución de conflictos' no podría redactar una sola línea de este calibre”

A 42 años de su asesinato, hacemos presente la memoria de Roque Dalton. Poeta, periodista, intelectual y revolucionario que sufrió persecución, cárcel y exilio por sus ideas y su lucha por la liberación del pueblo salvadoreño. Fue asesinado por sus propios compañeros guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), quienes cometieron un error histórico… Así lo expresó Joaquín Villalobos, líder del ERP, en una entrevista que concedió el 18 de mayo de 1993.

“Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo”: Eduardo Galeano

El 10 mayo de 1975 fue asesinado el poeta, periodista, ensayista, novelista y militante revolucionario Roque Dalton, considerado “el escritor más universal de El Salvador” y uno de los más brillantes narradores centroamericanos. En Argentina es uno de los grandes ausentes en los suplementos literarios dominicales, sean conservadores o “progres”.

Las dos balas que lo alcanzaron a traición desde atrás –la primera lo hirió en un hombro, la segunda le destrozó la cabeza– no salieron de una pistola policial o militar. Fueron disparadas por alguien que se suponía uno de sus compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), organización en la que militaba y que más tarde se sumó al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

Lo habían arrestado el 13 de abril de 1975 por “indisciplinado, revisionista de derecha y agente pro cubano”. Días después, la acusación cambió: era “agente de la CIA”, dijeron. Hoy se conocen varios testimonios acerca de que esta versión ya había circulado por boca de algunos dirigentes del Partido Comunista Salvadoreño, que envidiaban al poeta por su talento y lo detestaban por transgresor, irreverente, bebedor y enamoradizo. En lo que se refiere a moralina “proletaria”, el stalinismo, el maoísmo y la ultraizquierda rabiosa al estilo Sendero Luminoso, tuvieron un punto en común con el fundamentalismo religioso que exudan la Inquisición, el Opus Dei, Tradición, Familia y Propiedad, los Caballeros de Colón y otros desechos tóxicos.

La ejecución fue decidida por Alejandro Rivas, Vladimir Rogel, Jorge Meléndez y Joaquín Villalobos, integrantes de la dirección del ERP. Lo mataron en la misma fecha en que El Salvador celebra el Día de las Madres. Cuatro días más tarde, el escritor hubiera cumplido 40 años.

El cuerpo ni siquiera fue enterrado. Se cree que los ejecutores lo abandonaron en un paraje denominado El Playón y el cadáver terminó devorado por perros y aves de rapiña. Si la versión es cierta, hay un detalle aún más tenebroso: en ese lugar, los escuadrones de la muerte salvadoreños dejaban los restos acribillados a tiros de políticos, sindicalistas y estudiantes sospechosos de colaborar con la guerrilla.
 
 

Un “error de juventud”

Ninguno de los ejecutores de Roque Dalton tuvo un final heroico o, siquiera, un destino más o menos digno.

Alejandro Rivas, jefe máximo del ERP, huyó del país en 1976 con dos de los cinco millones de dólares que la organización había cobrado como rescate por el secuestro de un empresario que terminó asesinado. Se realizó una cirugía plástica que cambió su fisonomía, adquirió otra identidad y se sumergió en el ostracismo político.

Su protegido Vladimir Rogel –un militarista de escasa inteligencia, que despreciaba a los intelectuales y se había dedicado a golpear e insultar al poeta durante su cautiverio– fue “ajusticiado” con sus antiguos compañeros por motivos que no tenían nada que ver con la muerte de Dalton.

Jorge Meléndez ingresó al Partido Social Demócrata y se convirtió en director de Protección Civil del gobierno de Mauricio Funes, candidato del FMLN y primer presidente de izquierda en toda la historia de El Salvador. En mayo de 2010, Meléndez declaró: “Yo no recuerdo el asesinato de Roque Dalton. Recuerdo un proceso político en el cual salieron muertos varios compañeros, uno de ellos, Roque Dalton”. E insistió sin inmutarse: “Es una persona que murió fruto de un proceso político dentro de una guerrilla”.

Luego de la firma de los acuerdos de paz en México entre el gobierno de El Salvador y el FMLN en enero de 1992, el ex comandante Joaquín Villalobos pasó por la universidad inglesa de Oxford y se metamorfoseó en politólogo. Convertido impúdicamente en “consultor para la resolución de conflictos internacionales”, fue asesor de cuatro presidentes conservadores en política y neoliberales en economía, alineados con Estados Unidos: el salvadoreño Francisco Flores, el colombiano Álvaro Uribe y los mexicanos Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón.

Dirigente del efímero Partido Democrático, el “apagaincendios” disponía de una columna de opinión en El Diario de Hoy, de tendencia conservadora, y un espacio matutino en la oficialista Telecorporación Salvadoreña. Además, cada vez que el gobierno de su país enfrentaba conflictos sociales, viajaba desde Gran Bretaña para opinar en vivo y en directo. Y no perdía una sola oportunidad para criticar a sus antiguos compañeros del FMLN.

El asesinato de Roque fue “injusto, un error de juventud, el más grave que cometí”, le dijo el propio Villalobos casi 18 años después al periodista Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien en 1993 lo entrevistó serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación: “Ello sería aceptar que esa etapa de la vida –la juventud– es potencialmente criminal”, escribió en el periódico Excélsior, de México.

En diciembre de 1998, el periodista británico John Carlin publicó en el diario español El País una entrevista a Villalobos, a quien describe como “un luchador por la libertad que se muestra aliviado por no haber ganado la guerra a principios de los años ochenta” y “un antiguo marxista que confiesa que siempre se ha sentido más cerca de la cultura norteamericana que de los soviéticos”. Un par respuestas del ex comandante guerrillero del ERP son más elocuentes que un ensayo de cien páginas acerca de su travestismo político: “Pobrecito mi país si hubiéramos ganado”, dice. “Éramos la generación del rock. ¿Qué teníamos que ver nosotros con ese aburrido mundo soviético?”.

De El Gráfico y Borocotó al marxismo

Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en San Salvador. Su padre, Winnall Dalton, era un millonario texano criado en la frontera con México. Su madre, María García, fue una modesta enfermera salvadoreña. Realizó sus primeros estudios en un colegio jesuita. Después estudió Derecho en El Salvador y Chile y cursó Antropología en México.

En 1953 entrevistó en Santiago al muralista mexicano Diego Rivera para la revista literaria de la Universidad de Chile. Él mismo relató más tarde su encuentro con el pintor: “Me preguntó, con aquella manera exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y me echó”.

En 1956, Roque fundó con un grupo de poetas salvadoreños y centroamericanos el Centro Literario Universitario (CLU). Ese mismo año ganó el Premio Centroamericano de Poesía otorgado por la Universidad de El Salvador. A los 22 años de edad, se afilió al Partido Comunista, al que abandonó pocos años después.

Dalton tuvo un “costado” argentino, muy anterior a su amistad con Julio Cortázar y la admiración por la poesía de Juan Gelman. Comenzó en su infancia con la lectura de las revistas Billiken y Mundo Argentino, además de libros de texto escolares que el primer gobierno peronista distribuía en casi todos los países centroamericanos a través de sus embajadas. En febrero de 1969, entrevistado por el escritor uruguayo Mario Benedetti para la revista Marcha, dijo que había crecido “en la órbita del fútbol, de El Gráfico, Borocotó, Rico Tipo, César Bruto”.

Y en cierta ocasión, según cuenta en su poema “No, no siempre fui tan feo”, un marido celoso que suponía que él era un diplomático argentino, le rompió una botella de ron en la cara. Dalton agradece jocosamente la confusión porque si el iracundo esposo hubiera sabido que en realidad era un poeta salvadoreño quizás las consecuencias habrían sido peores.
 
 

“Como si supiera que me van a matar al día siguiente”

Por su militancia, el escritor estuvo preso y fue desterrado. Vivió en Guatemala, Cuba, la Unión Soviética y Checoslovaquia. En ese tiempo, conoció Vietnam del Norte y Corea.

Mucho antes de su asesinato ya había sido condenado a muerte dos veces y logró escapar casi milagrosamente. La primera vez, cuatro días antes de la fecha prevista para su ejecución en octubre de 1960, fue derrocado el general de turno. La segunda, en 1965 cuando un terremoto devastó El Salvador. El escritor estaba encarcelado en el poblado de Cojutepeque, a 34 kilómetros de la capital, y aprovechó la grieta en una de las paredes de su celda para hacer un boquete y escapar a toda velocidad.

En 1967 escribió una frase premonitoria: “Desde hace algunos años siempre me propuse escribir de prisa, como si supiera que me van a matar al día siguiente”. Con el seudónimo de “Farabundo”, en 1969 ganó el Premio Casa de las Américas de poesía con su ópera-rock Taberna y otros lugares, escrita durante sus dos años de residencia en Praga.

La obra poética de Dalton incluye: Mía junto a los pájaros (1957), La ventana en el rostro (1961), El mar (1962), El turno del ofendido (1962), Los testimonios (1964), Poemas (antología, 1968) y Los pequeños infiernos (1970).

Entre sus ensayos y narraciones se cuentan: César Vallejo (1963), El intelectual y la sociedad (1969), “¿Revolución en la revolución?” y la crítica de la derecha (1970), Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador (1972) y Las historias prohibidas del Pulgarcito (1974), donde figura el célebre “Poema de amor”, dedicado a sus compatriotas.

Luego de su muerte se publicaron Pobrecito poeta que era yo (novela), El libro rojo de Lenin (ensayo) y Un libro levemente odioso y Contra ataque (poesía).
 
 
“Cuando sepas que he muerto…”

En diciembre de 1973, Roque ingresó a El Salvador con un pasaporte falso a nombre de “Julio Dreyfus”. Dentro del ERP utilizó el nombre de “Julio Delfos Marín”. Antes de su retorno final al país, se había sometido a una cirugía facial realizada por el mismo equipo médico cubano que preparó la entrada clandestina del “Che” Guevara a Bolivia.

“Es la inteligencia y clarividencia de Roque la que disgustó a ciertas personas dentro de una organización política, que tenía mucha autoridad pero poca inteligencia y poco acierto en sus posiciones”, dijo su compatriota Fabio Castillo, médico y dirigente político, integrante de la Comisión Política Diplomática del FMLN y dos veces rector de la Universidad de El Salvador. “Era difícil para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no le gusta a las personas que no tienen igual nivel de capacidad y de comprensión”.

El escritor Eduardo Galeano recuerda así al poeta asesinado:

Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.

Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo.

“Creo que a Roque, si no lo matan en el 75, lo matan después porque siempre era incómodo, ese tipo de inteligencia es un lujo que este país no ha permitido darse”, escribe Luis Alvarenga en El ciervo perseguido, una biografía de Dalton publicada en 2002.

El hombre que murió por orden de Joaquín Villalobos y otros tres esperpentos políticos, dejó un poema premonitorio:

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre

porque se detendría la muerte y el reposo.

(…)

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.

Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.

Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

Es casi seguro que el politólogo graduado en Oxford y “especialista en resolución de conflictos” no podría redactar una sola línea de este calibre. La poesía y la literatura no son destrezas propias de los verdugos.

jueves, 31 de agosto de 2017

José Miguel Fritis: El ocaso de un renegado


José Miguel Fritis
 
 
Escrito por Rodrigo Aguilera en mayo de 2009



Combatió a la guerrilla y a la ultraderecha salvadoreña durante 10 años y sobrevivió a varios atentados. A su regreso a Chile, varios de sus camaradas renegaron de él y lo marginaron del poder. José Miguel Fritis, finalmente terminó su carrera política siendo alcalde de Chaitén. El hombre que ha vivido entre el personaje y el mito, hoy se prepara para escribir sus memorias.

En la tranquilidad de su casa, en una parcela en Puerto Varas, el ex alcalde de Chaitén, José Miguel Fritis (60), descorchó una botella de Champagne y celebró, el 15 de marzo pasado, como si la elección del nuevo Presidente de El Salvador hubiese ocurrido en Chile. Mauricio Funes, el candidato del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional, había obtenido el triunfo en las urnas, después de que la derecha y el partido ARENA (Alianza Republicana Nacional) estuvieran ininterrumpidamente 20 años en el gobierno de esa nación. Ese día, una serie de recuerdos se hicieron más intensos para Fritis que vio en la asunción de Funes el término de un proceso político del cual fue parte y en muchos casos dirigió, en una de las facetas menos conocidas y más controversiales del ex edil chaitenino.
 
Desde 1979 hasta 1989, José Miguel Fritis, a través de la Democracia Cristiana en Centroamérica, participó de una guerra en El Salvador. El objetivo de la DC en este país era llegar al gobierno mediante elecciones, y para lograrlo comenzó una campaña política que utilizó como instrumento a los medios de comunicación (crearon, con la ayuda de Venezuela, una productora, se formó un canal de televisión y elaboraron programas de radio), que la llevaron inevitablemente a enfrentarse con la guerrilla de tendencia marxista y con los grupos de derecha, que tenían el poder apoyados por los militares.
 
El trabajo tuvo tres etapas: entre 1979 y 1982, donde se ideó un cronograma y se comenzó a intervenir para producir el cambio político; en ese entonces el control en El Salvador lo ejercían 14 familias. Luego vino una etapa de transición, entre 1982 y 1984, donde se busca que todos los grupos, incluso la guerrilla, participaran de las elecciones. Y desde 1984 hasta 1989, tiempo en el cual ejercen el poder en el gobierno del DC José Napoleón Duarte.
 
José Miguel Fritis fue parte de un grupo de jóvenes dirigentes chilenos que cumplió diversos roles en El Salvador y que, por lo mismo, fueron conocidos como “Los Salvadoreños”, aunque en su caso su participación fue especial, por decirlo de algún modo, por el cargo que ocupó como asesor del gobierno de Duarte y su cercanía con la dirigencia venezolana. En esos años, este país, bajo un gobierno demócratacristiano, tuvo inj erencia directa entregando apoyo político, económico y militar, para que militantes de sus filas llegaran al poder en El Salvador, en Guatemala y Ecuador.
 
LA GUERRA Y EL PODER

– ¿Cómo conoció al presidente electo de El Salvador?
 
Él era un periodista joven que trabajó en el SICAC, Servicios Informativos para Centroamérica y el Caribe (organismo que tenía la misión de crear medios de comunicación para contar lo que estaba pasando en el país y así ganar adhesión para el proyecto político que se buscaba instaurar).
 
– ¿Qué trabajo hacia Funes?
 
Primero trabajó en El Salvador. Después Mauricio Funes junto a Giacomo Marasso (otro chileno en el gobierno de José Napoleón Duarte) fueron enviados a asesorar al gobierno de Vinicio Cerezo en Guatemala. Yo, aunque no era igual que en El Salvador, tenía contacto directo con el Presidente guatemalteco. Siempre sabía lo que estaba pasando en ese país.
 
-¿Pero qué hacían en Guatemala?
 
El gobierno de Venezuela, en la administración de Luis Herrera Campin, nos proporcionó dinero para que creáramos una productora de televisión y radio. Una vez que este proyecto estaba consolidado en El Salvador, como una política de apoyo e influencia de la Democracia Cristiana, se implementó y se dio apoyo comunicacional a Guatemala. Marasso era el responsable y Funes dirigió la parte radial.
 
-¿Usted fue parte del grupo de Los Salvadoreños?
 
Éramos un grupo de chilenos que trabajamos en un proyecto político, pero jamás actuamos de manera ilegal. Como grupo y con ese nombre nunca trabajamos así.
 
– ¿Su trabajo era combatir a la guerrilla?
 
En El Salvador había una guerra muy brutal. En la montaña, principalmente en la frontera con Nicaragua, había otros chilenos con instrucción militar en Cuba, Alemania Oriental y de la KGB que apoyaban a la guerrilla salvadoreña. Su posición era legítima, tanto como la de nosotros que teníamos este proyecto político que primero pretendía, por contradictorio que parezca, humanizar la guerra y crear las condiciones para que hubiera gobiernos democráticos.
 
– Antes que la DC tomara el poder ¿cómo se elegía al Presidente en El Salvador?
 
Todo estaba programado para que la política y la economía la manejaran 14 familias. Había un sistema bien especial: el Presidente era militar, elegido por los Coroneles y los civiles tenían el control de la economía.
 
– Ud. habla de lo brutal de la guerra y del control que existía por los militares y un grupo de civiles ¿Cómo actuaba la gente en ese clima?
 
Todos tenían miedo, los periodistas no querían salir en la televisión. Nosotros, junto a Marcelo Rozas (embajador de Chile en la República Checa, destituido recientemente) creamos el primer noticiero independiente, apoyados por Venezuela. Le dimos espacio a la guerrilla. ¿Sabes cómo se enviaban mensajes los grupos paramilitares de derecha, apoyados por el ejército, y los miembros del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional? Colgaban a la gente desde los puentes y en las plazas y los cuerpos debían estar ahí por lo menos 4 horas. Si el juez ordenaba levantar el cuerpo antes de ese plazo era sentenciado a muerte.
 
– ¿Y cómo lograron que la gente votara?
 
Usamos un eslogan e imágenes muy brutales, para que la gente reaccionara y se atreviera a participar. El eslogan era “o votas o te mueres”. Y mostrábamos fotos con la leyenda, “esto es lo que puede ocurrir”, eran imágenes de gente muerta.
 
EL ESPÍA

– De Ud. y su paso por Centroamérica se han dicho muchas cosas. Se habla que su rol fue espiar para la CIA en El Salvador y desde ahí frenar la influencia de la guerrilla.
 
Eso es parte del mito. Hay que situar las cosas en el marco de la Guerra Fría. En ese tiempo, finales de los 70 y durante los 80, por primera vez en la historia la DC tuvo la posibilidad de generar un proyecto político e ideológico que sobrepasara las fronteras. Fue un movimiento muy bien articulado, principalmente en Centroamérica, a través de la Organización Demócrata Cristiana de América, ODCA, que era presidida en esa época por Renán Fuentealba. (Uno de los fundadores de la Democracia Cristiana chilena, que ocupó diversos cargos públicos y de representación internacional).
 
– ¿Cuál fue su misión combatiendo a la guerrilla?
 
Con la ayuda de los venezolanos replicamos en El Salvador los Batallones de Cazadores. Este grupo militar estaba integrado por personal en servicio activo y en retiro de Venezuela, más la tropa del ejército salvadoreño, que obedecía órdenes de generales salvadoreños. Operaban igual que los grupos que enfrentaron a los cubanos y la guerrilla venezolana durante los años 58 y 65. Antes estaban los argentinos de extrema derecha, apoyados por la CIA, para combatir a los marxistas. Ellos armaron los escuadrones de la muerte. Una vez que entramos nosotros, los argentinos salieron de Centroamérica.
 
– ¿Y eso era un avance?
 
Sin duda, hicimos un proceso que incorporaba a los disidentes y a quienes abandonaron la lucha armada. A otros los detuvimos. Logramos que existieran prisioneros y no bajas. Era tal la brutalidad, que los avances eran que las muertes eran menos dolorosas, los cuerpos ya no aparecían torturados y las bajas se daban entre grupos combatiendo. Se convenció al Ejército que la lucha no era contra la población civil.
 
– ¿Los chilenos corrieron riesgos?
 
Yo me preocupé que estuvieran a salvo. Pero entre el 82 y el 84 se asesinaron casi 2 mil dirigentes demócratas cristianos en ese país.
 
– O sea ¿Ud. era el jefe de seguridad del gobierno de Napoleón Duarte?
 
No, yo estaba a cargo de implementar un modelo político. Ahora, si me pregunta si estaba a cargo de las comunicaciones, sí lo estaba. Si estaba a cargo de los programas sociales, también. Y si en esa misma línea me pregunta si estaba a cargo de las políticas de seguridad, sí lo estaba. Por lo mismo, por mi función, era quien me relacionaba con la CIA.
 
-¿Para quién trabajaba usted?
 
Para Venezuela, a través de la ODCA.
 
– ¿Y entonces cómo controlaba los temas militares en El Salvador?
 
No los controlaba, pero tenía injerencia. Los oficiales de ejército en servicio activo y en retiro de Venezuela fueron parte de los Batallones de Cazadores, en un trabajo que yo coordiné. También hice todas las gestiones para producir el reencuentro entre la Iglesia y las fuerzas armadas y lograr que se aceptaran capellanes. El ejército y la policía salvadoreña fueron adiestrados por venezolanos, entre otros por personal de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención de Venezuela.
 
– Por lo mismo se dice que Ud. cumplía una función de espionaje, estando en el gobierno de Napoleón Duarte.
 
Los espías como en la Segunda Guerra Mundial no existen. Más bien yo tenía gente que espiaba para mí. En el proyecto trabajaban más de 300 personas, que aportaban información para los análisis de situaciones en toda Centroamérica.
 
– ¿Qué tipo de información le proveían a Ud.?
 
De todo tipo.
 
– ¿Como cuál?
 
Por ejemplo, determinamos quién fue el responsable de la muerte de monseñor Oscar Arnulfo Romero (Arzobispo de San Salvador desde 1977 hasta el 24 de marzo de 1980. Lo mató un francotirador por sus denuncias de violaciones a los DD.HH). Ahí, en ese caso establecimos que la orden la dio el Coronel en retiro Roberto D´Aubuisson, uno de los líderes del partido de derecha ARENA y que el acto lo ejecutó un policía en retiro. Hicimos un video y ese se lo mostrábamos a la gente para que supiera lo que estaba pasando en el país.
 
– Y en ese clima, sabiendo quienes eran los integrantes de los escuadrones de la muerte, ¿nunca lo quisieron matar?
 
Sobreviví a 8 atentados efectivos y hubo varios que se desarticularon antes. En una ocasión, en la Embajada de Venezuela, cuando me reunía para almorzar con Arístides Calvani, un amigo y profesor de la Academia de Altos Estudios Militares, lanzaron una granada. El jardinero no había cortado el pasto, lo que evitó que el elemento explosivo rodara hasta la terraza. La explosión destrozó el comedor.
 
– Me imagino que hubo otros casos
 
Yo me desplazada con personal de seguridad armado y en vehículos blindados. Eso nos salvó de disparos y explosivos que nos lanzaban. En una ocasión se equivocaron y confundieron mi oficina con una casa, que resultó destruida.
 
– ¿Alguna vez conoció a quienes quisieron matarlo?
 
Un guerrillero que desertó y que luego fue asesinado por sus compañeros me contó que había órdenes para matarme. Y el diputado DC, David Trejos, propició una vez un encuentro con D´Aubuisson. (Ex candidato a la presidencia, vinculado a los escuadrones de la muerte).
 
– ¿Y qué pasó?
 
Fue hasta anecdótico. Esto ocurrió cuando comenzaba el gobierno de Napoleón en 1984. Nos juntamos a cenar y cuando él se despide, camina hacia el auto y en eso se regresa y me dice: “doctor Fritis -allá con más de 2 guardaespaldas te dicen doctor- ha sido muy grata esta conversación. Quiero adquirir un compromiso con usted. Me comprometo a que no lo voy a mandar a matar nunca más, no se cuide de mí, yo respondo por mi gente”.
 
– Pero los atentados siguieron hasta antes que Ud. regresó Chile, el 89.
 
Claro, pero no por órdenes de D´Aubuisson, sino que por la guerrilla y por gente de extrema derecha que ya no le obedecía.
 
– ¿Ha pensado dejar un testimonio escrito de lo que fue su participación en la política chilena y centroamericana?
 
En el mediano plazo voy a escribir mis memorias, para ir también rompiendo los mitos. Para colocar las cosas en su justa dimensión. Todos los que, por una u otra razón, han estado en lo que ha sido mi vida o yo en la de ellos, estarán presentes.
 
– Algunas de esas personas tal vez no lo feliciten por contar lo que para la mayoría es un secreto.
 
Cada uno sabrá enfrentar el rol que jugó en la historia. Más de alguno, sin duda, no quedará contento con mis memorias.
 
EL RETORNO

– ¿Por qué regresó a Chile?
 
En 1989 se produjo el cambio de gobierno al ganar la derecha las elecciones con el partido ARENA y obviamente para mí era imposible seguir con un proyecto. Así que nosotros como DC nos retiramos.
 
– En esa época también hay un proceso político intenso. ¿Por qué no asumió alguna función pública si tenía tanta experiencia en temas de gobierno?
 
Hay varios factores que influyeron en eso. Yo tenía una presencia y jugué un papel afuera y pensé ingenuamente que iban a respetar mi cupo, mi trayectoria acá, si no soy ningún aparecido en la DC. Fui el último gerente de la Radio Balmaceda, que la Junta Militar cerró en 1977.
 
– ¿No fue porque participó de un gobierno que violó los derechos humanos, y porque Ud. fue parte importante para anular la guerrilla en El Salvador?
 
Hay una falsa apreciación de mí en ese sentido, porque lo que yo hice fue trabajar para un gobierno en un país que estuvo en guerra. Por lo mismo en los sectores de izquierda hubo rechazo y también en cierto grupo del partido. Además se me vinculó, erróneamente, porque yo estaba en El Salvador, al denominado “Carmengate”. Ese proceso interno en la DC, con la polémica por la adulteración del padrón electoral, que terminó con Patricio Aylwin como candidato presidencial el 89. Y hubo otros factores también, más personales.
 
– ¿Como cuáles?
 
Lo que pasa es que yo me separé en El Salvador (de Soledad Romero Aguirre, 4 hijos). Los testigos de mi matrimonio fueron Patricio Aylwin y Radomiro Tomic. Y el mismo Frei (padre) estuvo presente. Eran muy amigos de mis suegros, al igual de Enrique Krauss y Patricio Rojas, todos eran parte del núcleo cercano a la familia. La separación fue muy traumática. Hoy las relaciones con mi ex mujer están bien, pero estuvieron muy mal.
 
– ¿Y usted cree que eso influyó?
 
De alguna manera eso influyó y yo también me equivoqué en algunas cosas, pero me empecé a dar cuenta que ya no tenía espacio en el partido y lo ratifiqué cuando hablé con Enrique Krauss, una vez que asumió como ministro del Interior.
 
– Pero si Krauss no lo recibió, hay publicaciones de prensa al respecto.
 
No, si me recibió, él dormía en mi casa. Todos los chilenos que iban a Venezuela o El Salvador alojaban en mi casa. Como Jaime Ravinet y Andrés Zaldívar.
 
– ¿Y de qué conversaron con Krauss?
 
De temas de seguridad, por algo estuve 10 años en un país en guerra. Le dije que aquí se iba a producir un problema con los grupos más de izquierda que estaban armados. Me dijo que yo era muy caribeño. La Concertación siempre ha tenido un sentimiento de culpabilidad, hasta hoy con la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), de crear un organismo de seguridad.
 
– ¿Le dio alguna idea de cómo tenían que hacerlo?
 
Yo le propuse que gente joven de todos los partidos fuera becada para especializarse en el extranjero en temas de seguridad. Para que cuando se hablara de temas de inteligencia con otras naciones e internamente todos estuvieran en sintonía. Me dijo que era caribeño, nunca más hablamos hasta que mataron a Jaime Guzmán.
 
– ¿Quién lo llamó?
 
Yo estaba en Santiago y me llama Belisario Velasco. Conversamos y yo volví a hacerle un diagnóstico de la situación y le dije que había un problema con el armamento suelto. Me preguntó qué se podía hacer y le dije que se podían comprar las armas, como se hizo en El Salvador, incluso con la ayuda de la Iglesia.
 
– ¿Y eso lo hizo el gobierno?
 
Había conversado, no me acuerdo el día pero fue previo a que mataran a Jaime Guzmán, con Belisario a las 6 de la tarde y me señala que lo que yo planteo es interesante y que quiere que trabaje con ellos. A las 8 de la noche me llama un periodista y me pregunta cómo se va a hacer la compra del armamento. Tú comprendes que una operación así no puede salir por la prensa, alguien filtró la información. Después de eso no había mucho que hacer.
 
-¿Ud. tuvo algo que ver con “La Oficina”?
 
Al gobierno le mostré un esquema, que es muy similar a como funcionó “La Oficina”. Con la diferencia que a mí me dejaron fuera. En ese tiempo me entrevisté un par de veces con Mario Fernández para darle consejos. Ahí también estaba Jorge Burgos y Marcelo Schilling, con quien también me reuní. Ellos implementaron lo que yo les dije, pero se complicaron con el tema de las armas.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


UN DÍA COMO HOY, 12 de febrero de 1973, los principales periódicos de El Salvador difundieron fotos de la muerte de los compañeros José Dima...