08/09/2010
Por Mauricio DE LA SELVA (Cuadernos Americanos, Enero-febrero 1962)
Advertencia
EL 2 de diciembre de 1961 cumple treinta años la dictadura militar
que padece actualmente el pueblo salvadoreño; en enero de 1962 se
cumplen treinta años del ametrallamiento de más de 30 mil campesinos; en
febrero siguiente cumple treinta años el fusilamiento de Agustín
Farabundo Martí y, siete meses después, también hará treinta años de la
muerte de Alberto Masferrer.
Fuera de El Salvador, muchas personas conocen superficialmente lo
que se refiere a la dictadura militar y a la matanza de los campesinos, y
casi nada o nada del significado de hombres como el líder Martí y el
maestro Masferrer ligados con esas dos catástrofes.
Que nosotros sepamos, no existe una biografía de Martí, ni un relato
escrito -que no sea tendencioso- del ametrallamiento de los campesinos,
así como de sus antecedentes. Sabemos que la exposición de lo uno y lo
otro entraña una gran responsabilidad, debido a la carencia de
documentación adecuada, así como a la discrepancia habida entre los
componentes del sector revolucionario salvadoreño. Como se ve, el asunto
a tratar es delicado, sin embargo, intentamos -en un trabajo corto para
la importancia del caso- reconstruir algo de ese pasado tan útil a la
experiencia revolucionaria del pueblo salvadoreño, valiéndonos para ello
de los datos (testimonios orales y declaraciones escritas) que hemos
tenido a nuestro alcance y parecen fidedignos; además. sirviéndonos
hasta de las conjeturas y versiones distintas sobre un hecho, siempre
que éstas puedan arrojar luz sobre el caso.
Anticipamos entonces que este trabajo pretende ser una verídica
relación cronológica enfocada hacia cuatro aspectos: nacimiento de la
dictadura militar, antecedentes al asesinato en masa de los 30 mil
campesinos, participación de Martí en el movimiento revolucionario y
participación de Masferrer.
Martí y la organización
AGUSTÍN Farabundo Martí es quizá el revolucionario salvadoreño de
mayor pureza que puede localizarse dentro de la militancia política
honesta. Su vida no es fácil de exponer en unas cuantas páginas, no
obstante el intento de mostrarlo a quienes desconocen su trascendencia
política y humana, es más, con el objeto de aludir a un símbolo que de
esbozar una biografía. Es necesario recordar algo de la vida de Agustín
Farabundo Martí, porque con ello recordamos una lección y nos vinculamos
al movimiento revolucionario salvadoreño fracasado en 1932.
Martí nació en el poblado de Teotepeque, Departamento de La
Libertad, en 1894. Sus padres eran propietarios de dos haciendas que
sumaban 20 caballerías (64 hectáreas por caballería). Farabundo hizo
estudios bajo la dirección de los salesianos, destacando por su
brillante inteligencia. Pasó luego a la Universidad de El Salvador donde
cursó el Doctorado en Derecho, sin poder titularse debido a su
expulsión del país durante el período presidencial de Jorge Meléndez
-del 1 de marzo de 1919 al 28 de febrero de 1923.
En la historia de la lucha salvadoreña entre el terrateniente y el
peón agrícola, quizá la primera vez que surge una organización
desorientadora, simulando servir los intereses de los más contra los
menos, es en el período presidencial de Jorge Meléndez, quien funda la
Liga Roja y consigue atraer las simpatías populares. Pero también es la
primera vez que surge el nombre de un líder universitario entregado de
lleno a las aspiraciones de los trabajadores salvadoreños; Agustín
Farabundo Martí denunció en aquella ocasión el papel demagógico de la
Liga Roja, enjuició a Meléndez y señaló que los peones agrícolas así
como los artesanos que apoyaban a la organización, ignoraban su pérdida
de energías y tiempo empleados a favor de un movimiento pequeño burgués
que sólo beneficiaría al terrateniente, máxime cuando se aproximaban las
elecciones y Meléndez podría utilizarlos para reelegirse o para
determinar el triunfo de su propio candidato. La Liga Roja había sido
fundada en 1921.
Mientras tanto, las fuerzas democráticas empiezan su propia
organización; a ello contribuye el malestar económico que en 1929
culminará con la crisis mundial anunciada desde Nueva York y los
acontecimientos alentadores de la Revolución Soviética. En marzo de 1930
se funda el Partido Comunista de El Salvador.
Con anterioridad a la fundación del Partido Comunista, existía en
aquel país centroamericano la Federación Regional de Trabajadores
Salvadoreños –FRTS- consistente en una agrupación de tendencia
anarcosindicalista que reúne fundamentalmente zapateros, panaderos,
carpinteros hasta un número de 1.500 artesanos, cuya mayor fuerza radica
en los Departamentos de San Salvador, Santa Ana y La Libertad. Los
elementos marxistas de esta Federación, así como otros que pertenecen a
distintas profesiones y oficios, plantean la necesidad de multiplicar
sus fuerzas fundando sindicatos en otros sectores. Para diciembre de
1920, a la vez que se discute acaloradamente, se empieza la organización
sindical en San Salvador, el Puerto de La Libertad, Santa Tecla,
Armenia, Santa Ana, Jayaque, Sonsonate, Nahuizalco, Juavúa, Ahuachapán y
Chalchuapa. En enero de 1930 se efectúa la división entre el elemento
anarcosindicalista y el elemento propiamente marxista. Las diferencias
comienzan a notarse: mientras la crisis de 1929 empuja al patrón a
introducir maquinaria y a los artesanos a organizar cada día lunes -de
los meses marzo y abril de 1930- pequeñas manifestaciones gritando
“¡muera la máquina!’’, la misma crisis orienta al trabajador consciente
hacia la agrupación gigantesca, de tal modo que en este -año como ya
apuntamos- se funda el Partido Comunista de El Salvador; en abril se
verifica una manifestación de 50,000 personas pidiendo la promulgación
de una Ley Obrera que garantice los contratos de trabajo para el obrero
de la ciudad y el pago en efectivo para el peón agrícola.
El año de 1930 es pródigo en acontecimientos estructuradores de la
historia del pueblo salvadoreño: es el periodo presidencial del Dr. Pío
Romero Bosque -del 1 de marzo de 1927 al 28 de febrero de 1931-; este
Presidente responde a la petición de una Ley Obrera, reaccionando
amenazador por haberse tocado la vulnerabilidad del señor feudal
salvadoreño; expresa estar de acuerdo con el obrero para que se organice
y defienda sus derechos, pero afirma no pensar así respecto al
campesino; por ello, exige que los líderes dejen en paz a los hombres
del campo. Sin embargo, la rueda de la historia gira, en toda la
República se preparan manifestaciones que el 1 de mayo insistirán sobre
las demandas ya conocidas, Pío Romero Bosque conoce el dato de 60,000
peones agrícolas y 12 obreros sindicalizados listos para desfilar; en la
capital el obrero textil, el ferrocarrilero, el de la producción
cervecera y el de la construcción constituyen sólido contingente. Romero
Bosque acusa a aquella organización insólita de haber sido formada para
derrocar a su gobierno, ordenando que se impidan las manifestaciones en
todo el país; efectivamente, la gendarmería de distintas poblaciones
disolvió en algunos casos e impidió en otros las respectivas
concentraciones.
Romero Bosque desata la represión. Mayo y junio son arduos, el
pueblo es presa del pánico; el espionaje y el terrorismo amenazan con
hacer estragos en las filas revolucionarias; los líderes del FRTS
redoblan sus esfuerzos para sostener la animosidad de la lucha, procuran
dominar las situaciones más difíciles: verifican substituciones en los
puestos claves, eliminan a los elementos dudosos, organizan una Campaña
Pro Liberación de Presos Políticos y, en el transcurso de mayo,
inauguran el Socorro Rojo Internacional para ayudar a las familias de
los asilados o de los encarcelados, proporcionando a estos desde
alimentos hasta defensores jurídicos: este Socorro Rojo Internacional
funciona en sus efectos económicos (falso lo del ‘oro soviético”
propagado por el oro de Wall Street) gracias a la contribución aportada
por los trabajadores de todo el país.
Pío Romero Bosque, ante el rostro severo que presenta el pueblo
compacto, disminuye la crueldad de su represión; su actitud estimula a
los trabajadores que incansables acometen con mejores bríos la Campaña
Pro Liberación de los Presos Políticos haciéndola culminar en octubre y
noviembre, cuando dichos presos son puestos en libertad. En este tiempo
jubiloso se logra tal triunfo y la FRTS agrupa ya 82 mil afiliados.
Esta es la situación política de El Salvador hasta 1930. En ella el
sindicalismo y sus líderes representan un frente disciplinado donde
prevalece el interés por el hombre del campo. Líderes como Agustín
Farabundo Martí se emplean a fondo en la tarea de orientar al campesino,
de sacarlo de las concepciones falsas que conducen a interpretar
erróneamente la realidad o a valorar en forma exagerada la fuerza que ha
descubierto al agruparse para invocar justicia y reclamar lo que ya
considera su derecho. Martí comprende el peligro que esto entraña y lo
combate aun cuando tenga que recorrer un millón de veces las chozas y
los sembrados. Nunca descansa, siempre vela, siempre cumple sus
comisiones. La prisión y el destierro repetidos son las únicas causas
que lo alejan del campo y de su obligación.
Se conoce una versión acerca de que Martí vivió en México entre 1921
y 1923 y que obtuvo el grado de sargento combatiendo en los Batallones
Rojos; tal afirmación se antoja inadmisible debido a que los Batallones
fueron licenciados en 1916 por Venustiano Carranza, después que -como
escribe José Mancisidor:
“…formados por los obreros de la Casa del Obrero Mundial y los
obreros de las fábricas de la región fabril de Orizaba, cumplieron hasta
el sacrificio sus compromisos…los obreros conquistaban en los campos de
batalla su derecho a una vida mejor”. 1
El movimiento armado que más se acopla a los años antes citados es
el de 4 de diciembre de 1923, cuando Adolfo de la Huerta se traslada a
Veracruz y durante el gobierno de Álvaro Obregón sucede “La sublevación
militar delahuertista” 2 Esta versión sobre la estada de Martí en México
no ha sido comprobada como la otra de 1929, lo cual nos inclina a
pensar de tres maneras: o llegó muy joven, entre 1915 y 1916, época de
los Batallones Rojos, o meteóricamente se enroló en el movimiento
delahuertista donde perecieron hombres de la talla de Manuel M. Diéguez
-combatiente desde 1906 en Cananea- y Salvador Alvarado -luchador contra
la opresión en Yucatán-, o bien no estuvo nunca en México antes de 1929
y la admiración del pueblo salvadoreño le imagina, en su condición de
revolucionario, cooperando con los mejores hombres de la Revolución
Mexicana.
El Dr. David Luna, quien actualmente investiga datos para escribir
una biografía sobre Martí, asegura que el líder a su regreso de México
estuvo en Guatemala buena parte de 1923, agregando que acometía oficios
do trabajador agrícola, de albañil, de peón, e incluso se fue a vivir
con una tribu de indios quichés. De ser esto cierto, Martí tampoco
estuvo en el movimiento mexicano delahuertista. Por otra parte, hay el
dato relativo a que en 1925 el Presidente Orellana, de Guatemala, lo
expulsa de dicho país, siendo posible que haya residido aquí desde su
expulsión de El Salvador por Meléndez.
No se debe perder de vista que en 1925 se fundó el Partido Comunista
Centroamericano y que no ha de ser un simple capricho de Martí realizar
la serie de trabajos y oficios antes mencionados, pudiéndose explicar
por ahí la drástica medida de Orellana.
De 1923 es la amistad de Martí con Miguel Ángel Vázquez, patriarca
salvadoreño del movimiento comunista centroamericano, escapado del
fusilamiento en tiempo de Ubico y con más de treinta años de destierro
en México. Es uno de los fundadores del Partido de 1925. Martí y Vázquez
vuelven a encontrarse al año siguiente en San Salvador, hospedándose
aquél en casa de éste, según era costumbre del líder cuando se trataba
de las casas de sus amigos revolucionarios. Agustín Farabundo Martí no
ejercía su profesión universitaria por una excesiva honradez que lo
hacía considerarla inadecuada respecto a su ideología política; para él
era preferible trabajar de peón o de obrero.
Quienes conocieron al líder coinciden en que era un hombre difícil
de controlar por la policía puesto que, constantemente, cambiaba de
domicilio y no daba explicaciones sobre su alejamiento ni a los mismos
amigos que lo habían hospedado; certifican que se desplazaba con
agilidad y rapidez: sus caminatas eran exhaustivas jornadas.
A la casa donde Farabundo arribaba su primera acción consistía en
buscar una máquina de escribir, ya que ella le era útil de inmediato,
tanto para dedicarse a su correspondencia como para escribir sus
proclamas de Partido. En varios Departamentos de la República sus
proclamas se esperaban con ansia y se recibían con beneplácito; algunos
trabajadores, máxime si eran campesinos, se reunían alrededor del
compañero que las leía; para ellos las proclamas eran origen de
reuniones en las que participaban casi como en un culto religioso.
Para el mes de mayo de 1928 Martí radica al lado del Gral. Augusto
César Sandino con quien, aparte de la ideología que los separa
diametralmente, simpatizan y se cobran mutuo afecto. Juntos están
durante casi un año. Martí se preocupa por las ideas teosóficas y
masónicas de Sandino, así como también por su empeño de mantener sólo
una lucha liberal nacionalista que rechaza cualquier otra de carácter
más amplio y, como es natural, con un programa sociopolítico definido.
Martí llega a ser el secretario de mayor confianza de Sandino y el más
capacitado en materia política, por eso cuando en Mérida se separan por
haber surgido el choque ideológico inevitable, corriéndose a propósito
el rumor de que el líder salvadoreño por razones de salud se internará
en un sanatorio, Sandino lamenta la pérdida de Martí tanto como “la
perdida de una batalla”, según expresión de Gregorio Selser; este autor,
por cierto, transcribe en su libro 3 unos párrafos que la poetisa
uruguaya Blanca Luz Brum atribuye a Martí en el suyo titulado: Blanca
Luz. Contra la corriente; párrafos que me permito reproducir
parcialmente, puesto que en el caso que el salvadoreño hubiese
pronunciado tales palabras, ellas vendrían a ser semejantes a las
escritas por él en 20 de febrero de 1931, y que en parte me ha hecho
conocer el Dr. Luna. Blanca Luz Brum citada por Selser, reproduce estas
palabras:
Mi rompimiento con Sandino no provino, como se dijo alguna vez, de
divergencias en principios morales o por normas opuestas de conducta. Yo
me negué a seguirle nuevamente a Las Segovias porque él no quiso
abrazar el programa comunista que yo defendía. Su bandera era sólo
bandera de independencia, bandera de emancipación, y no perseguía fines
de rebelión social. Declaro terminantemente esto, porque más de alguna
vez se atribuyeron al general Sandino ideas comunistas. . . Tengo
interés en que se aclaren estos puntos, para establecer la verdal
histórica. Y ya para morir, a dos pasos de la ejecución, declaro
solemnemente que el general Sandino es el primer gran patriota del
mundo.
Sobre estas palabras que pudo haber dicho Martí antes de ser
fusilado comentaremos más adelante; por el momento transcribimos las
líneas que debemos ala bondad del Dr. Luna, son estas:
“En Nicaragua esta en el poder Moncada, agente del imperialismo
yanqui, a quien combatimos desde Las Segovias cuando Sandino estaba
apoyado por las organizaciones antiimperialistas revolucionarias, antes
de que Sandino traicionara al movimiento antiimperialista mundial para
convertirse en un caudillo pequeño-burgués liberal con aspiraciones a
gobernar Nicaragua dentro de los moldes burgueses semi-feudales y
semi-coloniales. Desembarque en Corinto el primero del actual en forma
que no se conociera mi presencia en Nicaragua. Pasé a Chinandega el dos y
permanecí allá hasta el 14.”
Junto con las palabras citadas por Blanca Luz Brum comentaremos
también estas que fueron escritas por Martí. Con las reservas del caso
aprovechamos los dos fragmentos que acabamos de transcribir para
reconocer en el líder salvadoreño la convicción sostenida en su causa.
Aclarado esto, agregamos que además de los servicios prestados por
Martí como secretario de Sandino, sirvió como combatiente activo en las
filas del ejército rebelde, así lo afirma Gustavo Alemán Bolaños al
transcribir varias cartas del caudillo nicaragüense en las cuales se
refiere al salvadoreño como el Coronel Agustín Farabundo Martí; Alemán
Bolaños constata que dicho grado militar le fue conferido gracias a su
comportamiento de soldado; leamos:
“…Agustín Farabundo Martí tomó parte en varias acciones de armas,
como lo testifica ante el autor de estas líneas el general Carlos
Quezada, y fue el secretario de confianza del general Sandino. Hombre
entendido y hasta ilustrado, ayudó con su competencia al jefe de aquel
movimiento extraordinario.4
Separado de Sandino desde agosto de 1929, Martí viaja a México para
acompañar a su madre que se encuentra enferma en el Distrito Federal,
donde reside los meses de noviembre y diciembre de aquel año y los de
enero y febrero de 1930; en este último Martí es huésped por quince días
de la Penitenciaría. ¿Causa? Daniel Flores intenta dar muerte en el
primer día de su gobierno al Presidente Pascual Ortiz Rubio cuando a las
13.40 del 5 de febrero se dirigía del Palacio Nacional hacia su casa.
Martí que no cree en el Presidente como representante de la Revolución
Mexicana exterioriza su aprobación al atentado, razón bastante para que
la autoridad más cercana después de escucharlo le remita al Palacio
Negro de Lecumberri.
De regreso en Centroamérica el líder es informado de la fundación de
los partidos comunistas centroamericanos; en Guatemala sabe que el
Partido Comunista de El Salvador fue integrado a orillas del Lago de
Ilopango en momentos de la más cruda represión. En marzo de 1930 Miguel
Ángel Vázquez lo relaciona con el mexicano Jorge Fernández Anaya 5,
quien expone que en El Salvador el desastre de la crisis mundial ha
repercutido dando mayor combatividad a los trabajadores, y que el exceso
de confianza notable en ellos constituye un peligro ante el despotismo
del gobierno como instrumento dócil del terrateniente exasperado por la
quiebra de valores en la Bolsa de Nueva York.
Días antes del 1 de mayo, Farabundo se dirige a El Salvador siendo
encarcelado por motivos baladíes; en octubre y noviembre, cuando todos
los presos políticos son puestos en libertad, Pío Romero Bosque hace
excepción con Martí; éste recurre a una de sus famosas huelgas de hambre
que junto con la protesta ciudadana logra que l6 de diciembre Romero
Bosque lo expulse una vez más del país, ahora por mar y a bordo del
Vapor Venezuela; así viaja de un lado para otro, vigilado a petición
presidencial; sube hasta San Francisco, California, baja al sur rumbo a
Nicaragua y a la altura de Corinto escapa el 1 de febrero de 1931; del 2
al 14 de este mes reside en la población de Chinandega y el 20 de
febrero está de nuevo en El Salvador.
El dirigente mexicano Jorge Fernández Anaya busca inmediatamente a
Martí para comunicarle que las masas populares de distintos puntos de la
República, acosadas por el hambre y las injusticias de que las ha hecho
víctimas el Gobierno y los terratenientes, plantean la insurrección
armada como respuesta digna a tal situación; le manifiesta que considera
peligroso aquel planteamiento, ya que carecen de un fogueo largo y
verdadero, es decir, de una irrefutable madurez política capaz de
sacarlos avante de cualquier gran prueba; que él, Fernández Anaya, y
otros dirigentes están de acuerdo en llevar la sindicalización a nuevos
sectores, en extender el frente revolucionario a núcleos importantes
como los profesionistas, estudiantes y empleados; en fin, que los
trabajadores han depuesto temporalmente su actitud hostil confiando en
que el Presidente electo por el que han votado les realizará los
proyectos contenidos en su programa popular de gobierno.
Cuando el 20 de febrero de 1931 Martí regresa a El Salvador, ya se
han efectuado las elecciones para designar nuevo Presidente de la
República. En la campaña electoral de 1930 han sido electos para
Presidente y Vicepresidente, en forma respectiva, los ciudadanos Ing.
Arturo Araujo y Gral. Maximiliano Hernández Martínez; este último asume
también el cargo de Ministro de Guerra. Pío Romero Bosque concluirá su
mandato el 28 de febrero de 1931 y ya no considera problema suyo el
regreso de Martí. Farabundo, en cambio, aprovecha para movilizarse entre
los trabajadores que, en los recientes cuatro años, han sufrido las más
flagrantes violaciones en sus derechos ciudadanos, son los cuatro años
de gobierno de Romero Bosque a quien la burguesía y la clase media le
denomina, en un juego preconcebido, “Padre de la Democracia
Salvadoreña”. Martí toma conciencia del instante histórico que se vive,
de la responsabilidad que pesa sobre su partido corno auténtico partido
de masas, de la razón que asiste a éstas desde los días de la Liga Roja y
la crisis de 1920-1921 hasta la de 1929 y los asesinatos de Romero
Bosque, de los años de esclavitud colonial y los actuales de incipiente
proletarización agrícola, del sufrimiento y la opresión ahora
recrudecidos, pero que vienen rodando y arrasando como un alud desde los
días de la Conquista; la tarea es ardua: un pueblo que ha muerto tantas
veces en cuatro siglos, que ha muerto a diario como cada cien años, no
puede ser desoído en esta hora que la miseria y la persecución atesoran
rebeldía con la esperanza de arribar a la vida, a su liberación. Agustín
Farabundo Martí y los demás dirigentes ya no se apartarán un momento de
los trabajadores.
Masferrer y lo imposible
Todos 1os argumentos más o menos aceptables con que se defiende la
propiedad privada, aparecen como burdas patrañas cuando se trata de
justificar el monopolio de la tierra.-A.M.
Y es aquí donde se hace necesario mencionar la presencia del
pensador y apóstol Alberto Masferrer, porque es aquí cuando penetra de
lleno a la política activa del país, cuando ha vislumbrado la tempestad
que puede desatarse sobre el pueblo y se apresta a preservarlo de
cualquier peligro. Masferrer es el maestro que desde principio de siglo
ha dicho su preocupación por el campesino y el obrero salvadoreños;
poeta, sociólogo, novelista, filósofo, humanista, periodista, ha
manifestado su palabra en favor de los oprimidos; con titubeos entre el
materialista y el metafísico, sus juicios han estado presididos siempre
por la honradez; su primer libro le valió un destierro y su exposición
constante de inconformidad ante la injusticia social le asegura el odio
de los poderosos. Sin embargo, Masferrer y su opinión trascendente en
materia política no han ido más allá del planteamiento teórico,
desconociendo por ello el secreto de la militancia. Autodidacta,
radicado por muchos años en países de América y Europa conoce a su
debido tiempo el anarquismo, el socialismo, el comunismo y los debates
irreconciliables que entre uno y otros se libran.
La bibliografía de las obras de distinto género escritas por el
maestro salvadoreño es bastante amplia, mas para los fines de este
trabajo bastaría aludir a su doctrina del Mínimum vital, escrita entre
agosto de 1928 y febrero de 1929. Esta doctrina es la coronación de una
serie de artículos, poemas y ensayos publicados en casi treinta años de
su vida, durante los cuales el terrateniente semifeudal y el burgués le
han despreciado o irrespetado, mientras la clase trabajadora le ha
escuchado como a uno de sus posibles salvadores. El Mínimum vital esta
dirigido a unos y a otros, sea a los que pueden desprenderse de una
parte de su riqueza para beneficiar a los más, o sea a estos para que se
acostumbren a conocer al menos los derechos y satisfactores que algún
día disfrutarán. Largo sería exponer aquí las ventajas –sin que por ello
olvidemos sus desventajas- de aquella doctrina. Pedro de Alba afirma:
“El pensamiento del maestro salvadoreño adquiere resonancia
internacional; sus doctrinas se identifican con los más proyectos para
la creación de un mundo futuro equilibrado y justiciero. Los economistas
ingleses que hablaron en los años de gran peligro -1940-1941- de la
democracia dinámica y del mínimo de derechos económicos para todo
ciudadano, parece que hubieran leído el manifiesto del Mínimum vital,
el algunas conclusiones hasta usan las mismas palabras.”
En la campaña electoral de 1930 Masferrer actúa a favor del
candidato Arturo Araujo; éste le ha prometido resarcir de su pérdida al
campesino despojado, siempre y cuando el maestro le realice su campaña
con base en el Mínimum vital. Para Masferrer es suficiente y se apresta a
ceder la limpidez de su prestigio, su renombre de intelectual
revolucionario y la prédica ético-política que ha sido su vida.
Masferrer cree en Araujo, político y terrateniente distanciado de su
clase y resentido de ya no poseer fortuna; Masferrer necesita creer, se
lo exige su angustia ante el descontento popular del que ya se deduce un
firme propósito de enfrentarte a futuras provocaciones; le es forzoso
creer, simplemente creer, sin entrar en mayores análisis; por eso acepta
sin titubeos la promesa de Araujo de que atenderá las peticiones del
pueblo. La idea del resultado sangriento de una rebelión conduce al
maestro de su condición pasiva de político quieto a la circunstancia
activa de político en movimiento, un movimiento que desconoce por
ignorar las reglas del juego en la realidad. Así, a los sesentaidós años
de edad, arriesga la experiencia casi cristiana de su amor a los otros y
convierte el Mínimum vital en bandera de un candidato presidencial.
Es oportuno aquí, transcribir la síntesis del Mínimum vital
elaborada por Alberto Masferrer para quienes no quisieran releer la
doctrina; veamos:
“1) Toda criatura, por el simple hecho de nacer y vivir, tiene
derecho a que la Colectividad le asegure, mediante una justa y sabia
organización de la propiedad, del trabajo, de la producción y del
consumo, un MINIMUM DE VIDA INTEGRA, o sea la satisfacción de las
necesidades primordiales;
2) La Naturaleza ha previsto lo necesario a la consecución de ese
fin, dotando a la Colectividad de Substancias Comunes, que sola la
materia prima del trabajo y de la vida, y dotando a cada individuo de
instrumentos que le capaciten para transformar esa substancia, y extraer
de ellas todo lo necesario para la sustentación individual y colectiva;
3) La tierra, el agua, el aire, la luz, el calor solar, con todas
sus modalidades y potencialidades, son esas substancias comunes,
herencia y propiedad de todos los seres, y por consiguiente no
apropiables a título perenne por ningún individuo, sino por usurpación
que nada puede jamás justificar. Así, ningún hombre es dueño legítimo de
la tierra: usa de ella en cuanto se lo permiten las leyes y costumbres
creadas por la Colectividad, que es la sola y legítima poseedora,
4) Los instrumentos de trabajo de cada hombre, son sus brazos, sus
piernas, sus sentidos, sus pensamientos. El motor de ellos, su voluntad
de trabajador: y en cuanto realice esa voluntad, mantiene su derecho
imprescindible a un Mínimum de Vida integra,
5) El deber primario, anterior a todo, por encima de todo, para el
individuo, la familia, la Comuna y el Estado, es organizar la propiedad,
el trabajo, la producción y el consumo, lo mismo que las relaciones
entre hombre y hombre, de manera que todo converja a la realización
perenne y fácil del Mínimum Vital: es decir, a que el trabajador
encuentre siempre las condiciones necesarias para alcanzar su Mínimum de
Vida Integra.”7
Pero ninguno de los puntos esenciales o no esenciales del Mínimum
vital se realiza; Arturo Araujo llega a la Presidencia de la República y
no vuelve a acordarse de su promesa hecha a don Alberto, no escucha las
peticiones del pueblo, no se preocupa por satisfacerle ninguna de sus
necesidades; solicita empréstitos y al recibirlos sólo sabe
despilfarrarlos o ponerlos en manos del oligarca succionador.
El maestro sufre la burla, sufre la traición de que ha sido víctima;
tarde empieza a fijarse en la ineptitud de Arturo Araujo, en la presión
del terrateniente por sus intereses amenazados a causa de la crisis
mundial, en la ineficacia de su doctrina para detener la hecatombe
presentida.
Masferrer y sus sesentaitrés años van al exilio voluntario. El
hombre derrotado comienza a morirse de impotencia y sale rumbo a
Guatemala mucho antes de establecerse el Directorio Militar que derroca
al inepto Araujo; el maestro llega a Quetzaltenango con el primer golpe
recibido, el de la burla de Araujo, y es ya en el destierro que recibe
la noticia del Directorio en el poder. Sin embargo, su calvario apenas
está iniciándose, luego sabrá que el tres de diciembre la situación en
El Salvador ha empeorado, porque el debate ya no sólo gira alrededor de
lo económico, sino también de lo político; las clases altas no confían
mucho en el Directorio aun cuando estén más tranquilas que con Araujo;
el terrateniente ensoberbecido siente crecer su señorío y maltrata al
peón rural; posiblemente causas como ésta hacen que trabajadores de las
poblaciones de Turín y Atiquizaya decreten una huelga de brazos caídos
por recibir pago injusto de jornales, a lo que el terrateniente responde
alquilando esquiroles que son de inmediato atacados furiosamente por
los huelguistas; la Guardia Nacional cercana y puesta por el gobierno al
servicio del señor feudal interviene con violencia, acto por el que
surge la protesta solidaria extendiéndose a otras entidades como Tacuba,
Apaneca y Ataco en el Departamento de Ahuachapán, y Nahuizalco, Izalco y
Salcoatitán en el Departamento de Sonsonate. Masferrer sabrá que el 4
de diciembre el Directorio Militar entrega el Poder al Vicepresidente y
Ministro de Guerra Maximiliano Hernández Martínez.
Sobre este ascenso de Martínez hay versiones distintas que vale la
pena detenernos a conocer; conformémonos con las tres más importantes:
una, que siendo candidato a la Presidencia de la República cuando
también lo es Araujo, decide retirar su candidatura reconociendo la
popularidad del Mínimum vital y su imposibilidad de triunfar sin fraude,
por lo que se adhiere a la papeleta araujista como Vicepresidente a
sabiendas de la ineptitud del civil y de su ciento por ciento de
probabilidades de sustituirlo en el caso de un Golpe de estado; dos, que
Martínez es llamado por Araujo en los momentos de la sublevación
militar y que aquel, antes de dirigirse a casa del Presidente, astuto y
sagaz como siempre fue, dio órdenes al chofer para que lo condujese
primero a la escuela Politécnica y después al Cuartel El Zapote; en la
escuela los militares jóvenes lo recibieron irrespetuosamente, dio media
vuelta y ordenó marchar hacia el cuartel donde fue recibido con ráfagas
de ametralladora; exponiéndose y con audacia hizo que su chofer
avanzara hasta que los otros pudieran darse cuenta de que venía solo y
no podía causar daño; bajo del automóvil dejando a su ayudante y al
chofer, entró y cuando pasada media hora los dos acompañantes fueron
llamados, encontraron al Gral. Hernández Martínez posesionado de la
voluntad de los rebeldes; y tres, que a Martínez por ser el Ministro de
Guerra lo apresaron creyéndolo leal al Presidente, lo cual quedo
eliminado cuando el detenido aceptó pagar los meses de sueldo atrasados y
poner al día la hacienda Pública. Estas tres explicaciones corresponden
respectivamente, a William Krehm8 y versiones populares; al Dr. David
Luna, amigo del que fuera ayudante de Martínez; y al periodista Jacinto
Castellanos Rivas, impuesto a la sazón, como Secretario Presidencial al
hábil Hernández. Martínez.
Para mientras, Alberto Masferrer no ha podido permanecer en
Guatemala; las oligarquías centroamericanas señalan en él al agente
moscovita, al comunista peligroso, induciendo al tirano Ubico a que lo
expulse de Quetzaltenango: el maestro vencido, triste, envejece más
aprisa, casi con la misma rapidez que rejuvenecía cuando recorrió las
poblaciones salvadoreñas en la campaña electoral de Araujo; arriba a San
Pedro Sula en Honduras y deja entrever su dolor por lo que se aproxima
para los trabajadores salvadoreños; le duele la burla de que hicieron
objeto a éstos cuando confiaron en la doctrina del Mínimum vital
buscando mejorar sus vidas.
Origen de la dictadura
MARTÍNEZ se enfrenta al descontento popular y a las exigencias del
terrateniente; piensa en lo oportuno que le sería un empréstito por
parte de los Estados Unidos, pero repara en que, el gobierno yanqui, no
ha reconocido al suyo dado su origen anticonstitucional. Entonces
recurre a un ardid para hacer notar su inteligencia de hombre sin
escrúpulos, dispuesto en el futuro a consolidar la dictadura de su casta
al servicio del oligarca; urde la provocación; alienta en forma
indirecta la rebelión de la masa popular desesperada: en los cuarteles
los soldados rasos reciben permisos extraños para dirigirse a sus
respectivos lugares de origen que, por lo regular, se ubican en zonas
rurales donde los esperan los amigos y los familiares para indagar sobre
lo que se dice en los cuarteles; los soldados repiten lo que se les ha
confiado: que el Gral. Martínez está con los pobres, pero que no puede
hacer nada ante la presión de los ricos, que otra cosa sería si pudiese
apreciarse públicamente una demostración de las dificultades que pasa el
pueblo. Por fortuna, los dirigentes no dormían y, comprendiendo la
provocación, la expusieron a las organizaciones sindicales, logrando
contener por cierto tiempo los ímpetus de los trabajadores dispuestos ya
a la peor de las catástrofes.
En estas circunstancias, la voz que más aconsejaba al campesino y al
obrero hambrientos era la voz de su miseria; esta voz fue la que creó
en ellos la posibilidad de liberarse mediante el levantamiento armado;
esta voz fue la que predominó en los oídos y el entendimiento contra la
mesura y la lógica del dirigente que preveía el peligro inminente; a
esta voz mala consejera habían temido desde el principio los miembros
del Partido Comunista de El Salvador; a esta voz y sus consecuencias era
que habían combatido los líderes comunistas durante aquella confusión
de corrientes ideológicas anarquistas, minimumvitalistas, trotskistas,
apristas, socialistas flotantes en el ambiente; a esta voz fue la que
combatió Martí cuando una y otra vez recorrió los jacales y las
siembras. En esta ocasión, los esfuerzos multiplicados de los dirigentes
lograron burlar la cacería del ‘‘fraternal’’ teósofo y masón.
No obstante, ya los días estaban contados, Más que la palabra
consejera del hermano de clase es decisiva la determinación de medir las
fuerzas del hambre con las fuerzas del hambreador; el machete, el
azadón, la piedra contra la ametralladora bien emplazada; los campesinos
y los obreros no ignoran esta desigualdad ni dudan del líder que expone
sus contundentes razones; los trabajadores misérrimos, cetrinos,
afilados, terrosos fijan en grupos sus cientos de ojos transparentes
multiplicados al infinito, proyectados sobre el hombre sabio incansable
de manifestarles los peligros que circundan a las mayorías del pueblo;
en aquellos instantes agolpados no urgen ya las palabras, porque el
silencio espeso que se moldea hace que se comprenda todo: las masas
populares pendientes de su idea, no dicen nada, los dirigentes vuelven a
empezar su tarea de dirigentes; las dos partes que forman este frente
decisivo saben de sobra que a ninguna le corresponderá pronunciar
“detenerse!” o “adelante!”; por el momento, y por toda la vida de sus
muertes, el militar y el despojador serán quienes digan sus frases de
plomo prendiéndose como grises y minúsculos dientes a los borbotones de
sangre proletaria. La suerte está echada, y el líder que no pudo
convencer a los conglomerados de hermanos tampoco se marcha; va a
esperar los días, las horas o los minutos que estén ya contados.
Todavía se intenta la lucha de clases por los cauces que permite la
legalidad; el Partido Comunista encabeza la oposición y concurre a las
elecciones para designar alcalde de la ciudad de San Salvador; el 5 de
enero de 1932 se lleva a cabo la votación y triunfa abrumadoramente la
alianza votante opositora al gobierno. El tirano encuentra al fin su
oportunidad; Hernández Martínez prepara la provocación y declara que
desconoce el triunfo del pueblo.
¡Ahora sí! Es el enemigo quien ha dado la orden. Las masas populares
creen conocer un solo camino: la insurrección. Los dirigentes están ahí
para orientar en un clima saturado de posibilidades y buenas
intenciones; no es, como podría pensarse, un movimiento suicida, sin
programas ni trincheras, no, es una revolución en la que los hombres
tienen conciencia clasista y van a dar la batalla con su mejor espíritu y
la mejor de las dignidades. Se han escogido entre los fusiles del
hambre que diariamente causan estragos en los estómagos vacíos y los
fusiles que pueden cortar la vida o prolongarla si a tiempo son
arrebatados.
Las órdenes del levantamiento en toda la República indican el 22 de
enero de 1932, a las 12 de la noche, como el día de prueba. Algunos caen
en manos de la gendarmería antes del 22. Martí, junto con Alfonso Luna y
Mario Zapata son capturados el 19 de enero; se vislumbra el ocaso de
Agustín Farabundo Martí, el más grande líder comunista que ha tenido el
pueblo salvadoreño. Luna y Zapata son dos estudiantes de veintidós y
veintiún años, respectivamente. En la posteridad el pueblo identifica
estos tres nombres como los tres estudiantes, sin interesarle el saber
que Farabundo era entonces un hombre maduro, de treintaiocho años, que
hacía tiempo se había separado de la Universidad.
Y aquí aparece de nuevo el fantasma de las versiones distintas sobre
los instantes próximos al fusilamiento de los tres estudiantes, como
gusta al pueblo salvadoreño; recordamos que Gregorio Selser reproduce
una página del libro de Blanca Luz Brum, quien asegura haber recogido en
ella las últimas palabras de Martí beneficiando a Sandino; pues bien,
el periodista Jacinto Castellanos Rivas -que ya hemos citado y que
dijimos era Secretario de Maximiliano Hernández Martínez- ha afirmado
que a la hora de la ejecución sólo asistieron dos personas aparte de los
hombres que formaban el pelotón; un sacerdote que aún vive en El
Salvador y cuyo nombre no hemos podido retener y el mismo periodista
Jacinto Castellanos Rivas; es a éste que le piden la última gracia los
condenados a muerte: Martí solicitó unos cigarros-puros baratos; Zapata
el cuidado de su esposa a la que dejaba encinta; y Luna una botella de
licor. Las declaraciones de Castellanos Rivas favorecen al Dr. David
Luna; además, la construcción de las frases y lo determinante de los
conceptos revolucionarios no dejan lugar a dudas de que quien escribe es
el dirigente Agustín Farabundo Martí; mientras que la transcripción de
la señora Brum no es tan contundente y podría firmarla cualquiera que no
fuese tan radical en su militancia revolucionaria. Por otra parte,
debemos recordar que aquellos no eran días de fiesta como para salir a
la calle en la madrugada -cuando estaban vigentes la Ley Marcial y el
Estado de sitio-, que los señoritos hacendados cargaban sus escopetas y
salían a ‘cazar comunistas”, que la situación no halagaba la curiosidad
de ninguna persona como para que ésta saliese aún a oscuras, arriesgando
su vida, sólo por ver el fusilamiento en la madrugada. ¿Ante quién
entonces pudo haber hablado Martí si es cierto que él y sus compañeros
fueron ejecutados al amanecer?
Según datos, el movimiento revolucionario fue destrozado en ocho
días aun cuando Hernández Martínez continuó asesinando trabajadores
durante más de un año. Hay testimonios de la forma viril en que caían
aquellos hombres; los líderes, así como los hombres comunes de la masa
proletaria eran gentes que se morían con la sonrisa fresca, alentada por
una firme convicción; no se recuerdan versiones sobre hombres que
fuesen cobardes o que se pusieran a explicar falsos arrepentimientos;
pocas veces en la historia de los humanidad los sacrificados como estos
de El Salvador han cifrado su firmeza en algo más concreto que los
conceptos religiosos o la jugarreta metafísica. El futuro grandioso de
los pueblos exigirá que el sociólogo, el psicólogo, el historiador, el
político, etc., deliberen apasionadamente sobre esta clase de
movimientos que se repiten en el mundo cada vez que la injusticia
agudizada cuja la historia de mártires y héroes.
Es fascinante, por ejemplo, la conducta del indio Feliciano Ama,
quien al darse cuenta que todo ha fracasado pide a sus hombres que se
alejen, que lo dejen solo para responder por todos como jefe, como
cacique, para enfrentarse a los gendarmes que viene a buscarlos; se
declara culpable e impasible, se deja colgar de un árbol situado en el
parque de la población de Izalco. ¿Ama era comunista? ¿Por qué fue a la
revolución
si era uno de los caciques indígenas más respetados de aquel lugar?
Sencillamente, porque era un campesino de los que continuamente
despojaba el señor semifeudal. Feliciano Ama controló cuatro días la
zona de Izalco.
Entre los trabajadores de la ciudad son muchos los casos que emulan
la pasividad y la responsabilidad de Ama ante la muerte; se podrían
citar miles de casos de trabajadores que no reciben ninguna sorpresa
cuando los mílites les comunican su próxima ejecución; el obrero
industrial Rafael Bondanza, uno de los fundadores de la Federación
Regional de Trabajadores, primero, y después del Partido Comunista, es
otro ejemplo; lo tornaron preso en Ilopango y lo fusilaron el 27 de
enero en Soyapango; en el momento de recibir la descarga no sólo mostró
valor, sino que pudo gritar: “¡Viva la Internacional Comunista!”
De los tres estudiantes se sabe que el 31 de enero, cuando se les
llevó ante el Consejo de Guerra, el líder Martí defendió a sus dos
compañeros alegando en descargo de ellos que eran jóvenes inexpertos,
que nada sabían del levantamiento, que si había culpables él, Farabundo,
era el más comprometido y que responsable de ello aceptaba gustoso su
pena, esperando que por la misma razón pusiesen en libertad a los
jóvenes. Por supuesto, Martí no fue atendido en la defensa de sus
compañeros, pero en cambio éstos le reclamaron el menosprecio de que se
habían sentido objeto, pues declararon estar tranquilos por haber
cumplido con su deber y condenaron la defensa que los empequeñecía bajo
el pretexto de intentar rescatarles la vida.
El 1 de febrero de 1932, entonces día de la madre los tres hombres
fueron conducidos al costado norte del cementerio de San salvador, el
pelotón los paró juntos a los tres; Agustín Farabundo Martí fue colocado
entre Luna y Zapata. Al instante d e la última orden, Farabundo gritó:
¡Viva el socorro Rojo Internacional!” y uno de los compañeros alcanzó a
responder con las tres primeras letras del “¡Viva!” que se le ahogo
entre la emoción y la muerte.
Ese mismo año, el 4 de septiembre, o catorce días de volver después
del destierro ya paralítico y mudo, murió –otra forma de fusilamiento-
víctima de la traición y la infamia el intelectual y apóstol de El
Salvador,: Alberto Masferrer.
Recordemos en estos seis nombres simbólicamente mencionados uno de
los movimientos más trascendentes en la lucha revolucionaria
latinoamericana; recordémosles: Martí, Masferrer, Ama, Luna, Bondanza y
Zapata.
Tres décadas de lucha
Hemos visto cómo y a qué precio nació la dictadura militar de El
Salvador; durante treinta años ha sido la garantía de que no sufra
alteración el estado de cosas que la originó y que comprende el
siguiente panorama: explotación de las mayorías, cárcel, tormento,
destierro y muerte para el inconforme, por un lado, y oligarquía, clero y
penetración imperialista norteamericana, por el otro.
En un número anterior de Cuadernos Americanos 9 abordamos el lapso
que va del “teósofo ametrallador”, Maximiliano Hernández Martínez, al
“verdugo de la Universidad”, José María Lemus; en ese trabajo, que cubre
hasta septiembre de 1960, señalamos los atropellos y desmanes cometidos
por la tiranía de este último contra el pueblo; verdaderos actos
vandálicos y violaciones de toda índole que en el mes siguiente pusieron
a Lemus en el avión que lo condujo al exilio sin que los intereses
imperialistas (mismos de la oligarquía salvadoreña) movieran un solo
dedo para evitarlo, ya que el descrédito internacional del gobierno
lemusista lo anulaba como instrumento útil en la política
latinoamericana del Departamento de Estado. En efecto, desde octubre del
año próximo pasado hasta el 25 de enero del presente, gobernó el país
una Junta de Gobierno Cívico Militar que, de inmediato, puso en libertad
a los numerosos reos políticos, permitió el regreso de los exiliados y
anunció castigos para los funcionarios y esbirros que habían masacrado y
ofendido al pueblo.
La Junta de Gobierno, que no gozó en un principio de simpatías por
no surgir directamente de la acción popular, sino por el contrario a
espaldas del pueblo salvadoreño, fue ganando el apoyo unánime de la
ciudadanía al ir poniendo en práctica una serie de medidas progresistas.
La Junta hizo saber que su gestión se limitaría a restablecer la
normalidad y a garantizar la ausencia del fraude durante la elección del
próximo Presidente de la República, ya que la resolución de los
problemas socioeconómicos requería un largo plazo, propio del Gobierno
que nacería del sufragio del pueblo.
Las fuerzas democráticas del país iniciaron una intensa labor de
organización a la luz de las libertades otorgadas por el nuevo Gobierno.
Los partidos políticos de tendencia democrática, la Confederación
General de Trabajadores Salvadoreños –CGTS-, las organizaciones
juveniles y estudiantiles formaron el Frente Nacional de Orientación
Cívica designado para llevar hasta el último rincón de la República la
consigna fundamental: organización para la democracia.
Esto fue causa de alarma para la oligarquía, el imperialismo y sus
instrumentos de siempre (el ejército, el clero, la prensa seria, etc.)
que de inmediato levantaron la bandera del anticomunismo, denunciando a
la Junta de Gobierno como un dócil instrumento de fuerzas
internacionales que, mediante sus nacionales subsidiarias, pretendían
colocar al país en la órbita de la Unión Soviética y Cuba. Así se fraguó
la caída de este Gobierno que sólo había restablecido la libertad
política en El Salvador. El pueblo que en tres ocasiones anteriores
logró detener inminentes golpes militares, saliendo masivamente a la
calle para expresar su apoyo a la Junta, fue sorprendido por el
“cuartelazo” del 25 de enero de 1961, cuando el Ejército, como
institución autónoma decidió por si y ante sí derrocar a la Junta y
tomar el poder, nombrando un Directorio Cívico Militar para que se
hiciera cargo del Gobierno.
No obstante que el golpe militar fue dado en la madrugada, cinco o
seis horas más tarde, al circular la noticia, el pueblo se lanzó por
cuarta vez a la calle dirigiéndose ahora hacia los cuarteles que suponía
leales a la Junta, a fin de solicitar armas para recobrar el Gobierno
derrocado. La Guardia Nacional, como hace treinta años, hizo uso de sus
fusiles y ametralladoras y al disolver la manifestación dejó a más de
ochenta ciudadanos sin vida (cabe el paréntesis para recordar al heroico
salvadoreño anónimo que escribió sobre una pared y con su sangre: ¡VIVA
LA LIBERTAD!). En la primera semana de Gobierno del Directorio el
número de ciudadanos asesinados por las fuerzas represivas pasaron del
centenar.
Como ha sido la tradición -desde Hernández Martínez hasta Lemus-, el
Directorio para consolidarse desató el terror fascista: desterró a
centenares de personas hacia Honduras, Guatemala, México, Nicaragua y
Costa Rica; encarceló a los más honestos dirigentes obreros,
estudiantiles, políticos, etc.; suprimió la libertad de expresión, de
reunión y de asociación; y vulnera sistemáticamente los derechos de
inviolabilidad de la correspondencia y el domicilio, los derechos
procesales de defensa y los de habeas corpus y amparo en casos
políticos. La Constitución fue suprimida de hecho y el imperio de la Ley
sustituido por la fuerza de las armas. Sin embargo, el Directorio no se
ha conformado con seguir la línea de sus antecesores militares y ha
hecho su aportación en el terreno de las burlas al pueblo;
característica suya es que, a la par de la inconcebible represión, ha
manifestado una demagogia social agudizada; desde el primer momento se
le oyeron afirmaciones que se antojan peligrosas, como esa que asegura
que en El Salvador “ha terminado la explotación del hombre por el
hombre” y a la que los universitarios respondieron, atinadamente, que
“la miseria y la explotación no se eliminan por decreto”. El Directorio
ha anunciado una serie de medidas sólo aparentemente enfiladas contra la
oligarquía (de las famosas catorce familias) y a favor de mejores
condiciones de vida para las clases desposeídas del campo y la ciudad.
Debemos tener presente, en este punto, al Presidente Kennedy quien
señaló que “Gobiernos del tipo del Directorio Cívico Militar de El
Salvador” son “los más eficaces para contener la penetración
Castro-comunista en América Latina”, considerando por lo tanto, ideal
dicho gobierno como centro de experimentación del Plan Alianza para e
Progreso.
Sin lesionar, pues, la estructura semifeudal de la economía
salvadoreña, y con la dirección trazada por la Embajada norteamericana,
el Directorio Cívico Militar ha anunciado las siguientes medidas de
beneficio popular:
1) Promulgación y aplicación del Estatuto Protector del Campesino
que contiene, entre otras disposiciones de menor importancia, la del
pago obligatorio del día de descanso semanal al trabajador en el campo.
2) Nacionalización del Banco Central de Reserva (único emisor de moneda).
3) Rebaja en el precio de los alquileres de los mesones (viviendas o conventillos).
4) Promulgación de la Ley del Control de cambios y exportación de divisas.
5) Reforma Agraria.
La promulgación del Estatuto Protector del Campesino, hasta ahora,
sólo arroja como resultado un grave aumento en el desempleo nacional,
pues los patronos despiden a los campesinos antes de aumentarles sueldos
o pagarles el descanso señalado por la ley, sin que haya organismos a
los que el trabajador afectado recurra en demanda de protección. Una
publicación internacional informa objetivamente:
“En cuanto a las condiciones de trabajo, es altamente ilustrativo el
hecho de que haya levantado una ola de protestas entre ganaderos y
caficultores, el que por Decreto del 1 de marzo de 1961 se haya
establecido el descanso dominical remunerado. La CGTS (Confederación
General de Trabajadores Salvadoreños) ha denunciado el hecho de que este
decreto ha producido una ola de despidos, lo que aumenta el
desempleo.”10
La ‘nacionalización” del Banco Central no ha sido otra cosa que una
reestructuración de la Junta Directiva, en el seno de la cual se aumentó
un miembro (antes era sólo de dos) a la representación estatal,
continuando el único emisor de moneda fundamentalmente en manos de la
oligarquía salvadoreña.
La rebaja en el precio de los alquileres de los mesones es
insignificante en una presunta acción para bajar el costo de la vida, ya
que por ser relativamente poca la población de los mesones, las rebajas
son inoperantes en la mayoría de los casos.
La ley del control de cambios era una medida impostergable,
necesaria desde hacia años, para hacer frente a la crisis financiera
salvadoreña que se había venido ocultando tras la artificial cortina de
oro del alza en los precios del café; no se trata, pues, de una medida
contra la oligarquía, sino de una medida de emergencia a favor del
status semifeudal y semicolonial salvadoreño.
La reforma Agraria esgrimida por el Directorio es una reforma
Agraria made in USA, que a juzgar por lo que de ella e difunde no pasa
de ser un plan de conservación de terrenos, reforestación, etc., sin
tocar en un ápice el poder de los grandes terratenientes; lo que, por
supuesto, nos hace pensar en la brillante disertación del Comandante
Ernesto Guevara –Conferencia del CIES (Punta del Este) Uruguay- que
entre otros puntos, expone:
“Nosotros decimos: ¿Quieren hacer Reforma Agraria? Tomen la tierra
al que tiene mucha y dénsela al que no tiene. Así se hace Reforma
Agraria; lo demás es canto de sirena. La forma de hacerla: si se entrega
un pedazo en parcelas, de acuerdo con todas las reglas de la propiedad
privada; si se hace en propiedad colectiva; si se hace una mezcla -como
tenemos nosotros-, eso depende de las peculiaridades de cada pueblo;
pero la Reforma Agraria se hace liquidando los latifundios...” 11
Mientras esos cantos de sirenas son lanzados al aire por el
Directorio, la miseria, la enfermedad, la opresión política, están
colocando al pueblo salvadoreño al borde de la desesperación. Esta
situación se agravó desde que el Directorio abatió todas las esperanzas
de una solución pacífica del problema político, al anunciar la fundación
de un “partido oficial” que representara al Gobierno en las futuras
elecciones y que es una forma de ir anunciando la imposición de un nuevo
régimen, con visos de legalidad, que perpetúe aún más la dominación
militar en beneficio de la oligarquía y el imperialismo.
La situación planteada en El Salvador es muy parecida a la que se
dio en 1932 y que se solucionó con el asesinato de 30 mil ciudadanos. Un
Directorio Cívico Militar encauzó entonces las contradicciones con
rumbo a la catástrofe. ¿Se repetirá la historia sangrienta? Lo único que
sabemos es que el pueblo salvadoreño organiza sus fuerzas en la
clandestinidad, que acumula elementos de triunfo y que está vigilante,
dispuesto ya de una vez por todas a lograr un cambio real de la terrible
situación que padece desde hace treinta años, empeñado en tomar para sí
la dirección de sus propios destinos, incluso contra quienes,
aprovechando la crisis política planteada en la actualidad, quieran
simplemente derrocar al tiránico Directorio Cívico Militar para
proseguir, por otros medios más sutiles, la secular explotación del
pueblo salvadoreño.
1. José MANCISIDOR, Historia de la Revolución Mexicana. Libro Mex. Editores. 67 pp. México. D. F. Segunda Edición.
2. ROSENDO SALAZAR. Del militarismo al civilismo en nuestra revolución. Libro Mex. Editores. 411 pp. México, D. F., 1958.
3. GREGORIO SELSER, Sandino. general de hombres libres. Edit. Triángulo, 400 pp. Buenos Aires, Argentina, 1959. Tomo II.
4. GUSTAVO ALEMÁN BOLAÑOS, ‘Sandino! Estudio completo del
héroe de Las Segovias. Ediciones simultáneas en México y Buenos Aires,
80 pp., 1932.
5. El profesor mexicano Jorge Fernández Anaya es una de las
personas que nos ha hecho conocer datos valiosos sobre los
acontecimientos de 1932; y en especial sobre Agustín Farabundo Martí.
Fernández Anaya era, desde fines de 1927, el Secretario General de la
Juventud Comunista en México, donde funcionaba el Buró del Caribe de la
Internacional Juvenil Comunista, siendo designado poco tiempo después
para viajar a Centroamérica y ampliar las relaciones entabladas entre
jóvenes mexicanos y centroamericanos, todos los cuales habían iniciado
con anterioridad un intercambio de cartas a raíz de la remisión del
Periódico Estrella Roja. Cumpliendo su misión, al final de 1929,
Fernández Anaya, está en Guatemala, luego pasará a El Salvador de donde
sólo saldrá definitivamente -desahuciado por la fiebre malaria- en 1931.
6. Pedro DE ALBA, “La educación vitalista de Alberto
Masferrer”, Cuadernos Americanos, pp. 233-260. Núm. 2. México, D. F.,
1945.
7. ALBERTO MASFERRER, Páginas escogidas, Editorial de Bellas
Artes. pp. San Salvador. El Salvador, C. A.
8. WILLIAM KREHM. Democracia y tiranías en el Caribe, Edit. Parnaso, 342 pp. Buenos Aires, Argentina, 1957,
9. “El Salvador en 1960”, Cuadernos Americanos. Núm. 6, México, D.F.). 1960
10. “El Salvador. Densidad y Café’’, Panorama Económico Latinoamericano Vol. 3 No. 31, La Habana, Cuba, 1961
11. Política, “Quince días de América y del mundo”, Vol. II Núm. 33, México D.F, 1961 |