Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

martes, 7 de febrero de 2012

Carta para Aquiles Montoya


Dagoberto Gutiérrez. 

 En realidad, la muerte tiene una extraña amistad con la vida, con correspondencias secretas y mensajes ocultos. En esa relación, el tiempo funciona como un viajero encubierto que se mueve entre la vida y la muerte. A veces, se esconde en la humedad de las hojas y a veces en una gota madrugadora de rocío, pero siempre, siempre de siempre, nos indica el filo del camino. Yo no olvido aquel momento, allá por los años sesenta del siglo pasado, y cuando tenías unos 20 años,  en la Facultad de Derecho de la UES, vos pronunciaste un desafiante discurso sobre el compromiso de los revolucionarios.
 
Todos éramos jóvenes en esos años, casi unos niños, y no alcanzábamos a mirar todo el infinito camino que había que recorrer, pero advertíamos que la magia de la vida es el compromiso con las ideas que se sustentan. Y, en efecto, esos años fueron los que moldearon, en el barro milagroso de la honradez y en la luz diáfana del compromiso, la entrega de nuestra generación a una lucha donde buscábamos conquistar y asaltar los mejores sueños y las más seguras utopías. Esos años son años de acero, de verdaderos hornos con  fogatas de fuego cocinando el pan milagroso de la lucha social, y vos te nutriste plenamente de esa hondura histórica de las décadas decisivas. Y al estudiar economía, sin duda buscabas descubrir los caminos más recónditos que explican la distribución de las riquezas y las pobrezas de nuestros país; así como el poder de los más ricos y la debilidad de los más pobres. Por supuesto que el marxismo se convirtió en punto intelectual de atracción, en tema de estudio, asunto de reflexión permanente y en instrumento para comprender la vida de los seres humanos, sus dolores más íntimos y sus temores más encendidos, sus odios y sus amores. 
Abordaste la vida con suficiente crudeza y no poca dureza, pero siempre hubo tiempo, tu tiempo, para la proximidad y el amor, la docencia y el estudio afanoso. La cátedra, tu cátedra, pudo ser contaminada con la realidad, y eso le dio a tu enseñanza, el valor vivificante que te permitió pasar a convertirte en maestro, y así, posiblemente sin que lo sintieras, pasaste de informar a formar, de transmitir conocimientos a dar sabiduría, y de enseñar un tema a ayudar a entender la vida. Tu magisterio caracteriza, querido Aquiles, tu paso fuerte y sonoro.
Las aulas de la UCA están llenas de tu vos, de tu mirada, de tu risa, de tu ironía, de la fuerza de tu pensamiento, y de tu afán gigante para que tus alumnos y alumnas fueran siempre estudiantes de la realidad económica.
Tu reflexión científica llevó al aula universitaria el calor de la vida de la gente, la danzante realidad, esa con pupilas abiertas al horror de la explotación y a la lujuria de la riqueza desenfrenada, por eso entendiste y divulgaste una visión económica que va más allá de la simple administración de bienes materiales para poner en el centro la solidaridad con los seres humanos y de los seres humanos.
Por supuesto que la economía solidaria es una especie de desorden en un orden que dice que la economía es la de los bancos y de los banqueros, y la solidaridad no tiene cabida en semejante ciencia olorosa a perfume caro, a funcionario internacional, a bancos mundiales y a fondos monetarios internacionales. Tu trabajo era un tambor sonando con un redoble mágico que unió amorosamente la reflexión económica con la lucha política. Ese redoble te conmovió a vos mismo, y por eso, tus pasos se encontraron con los del pueblo organizado, y de este encuentro conmovido supiste renovar tu confianza y tu esperanza, pese al desencanto ante lo establecido.

Tu muerte nos asaltó con una extraña sorpresa porque viajas cuando más  necesitamos, tanto de tu conocimiento como de tu sensibilidad. Nos quedan tus artículos, tus libros, tus textos, y sacaremos de ellos toda la luz y todo el camino que nuestro talento nos permita.
Tu muerte llena de tristeza, de dolor y de desengaño, por el trato recibido por las autoridades de la Universidad Católica, puede ser, sin embargo, un recordatorio a estas autoridades, de que es necesario recuperar la humanidad y la ternura, sin que esto amenace eficiencias administrativas o utilidades económicas.
Es necesario que sepas que a las 11 de la mañana del viernes 27 de enero, cuando dormías después de largas noches insomnes, tus dos perros, el blanco y el negro, aullaron dolorosamente. Julia Evelyn los reprendió para que no te despertaran, y al mismo tiempo constató que dormías el más largo, el más eterno y el más definitivo de los sueños. Puedes estar tranquilo y dormir con serenidad porque nosotros sabremos nutrirnos de tu trabajo, tu pensamiento y tu legado, como los buenos estudiantes estudiosos que vos tanto procuraste.
Te enterramos este domingo 30 de enero en el cementerio de San José Villanueva, en un sitio despejado, lleno de sol, de viento y de arboles que danzan como refrescando tu morada. Es una especie de altura donde podrás ver las estrellas y la luna durante la noche, oír el vuelo rumoroso de los pájaros y mirar el paso presuroso de la gente. En verdad, es solo un sueño, porque la vida, tu vida, te la aseguramos nosotros.
Duerme tranquilo, duerme abundante, y no dudes ni un instante que la vida y tu vida fue útil, necesaria, generosa, como un hornito siempre encendido donde se cocina el pan milagroso de la solidaridad.

¿Hay algo nuevo en la relación Estados Unidos-América Latina?


Marcelo Colussi

"El poder del país se basó ante todo en este hemisferio, a veces llamado Fortaleza América"
Documento Santa Fe IV: "Latinoamérica hoy". Estados Unidos, 2000.

Una historia de violencia

La región latinoamericana tiene características bastante peculiares en tanto bloque. Si bien hay diferencias, marcadas incluso, entre algunas zonas -el Cono Sur con Argentina, Chile y Uruguay es muy distinto a Centroamérica, por ejemplo; o sus países más industrializados, Brasil y México, difieren grandemente de las islas caribeñas-, en su composición hay más elementos estructurales en común que dispares.

Los rasgos comunes que unifican a toda la región son, al menos, dos: a) todos los países que la componen nacieron como Estado-nación modernos luego de tres siglos de dominación colonial europea (española fundamentalmente, o portuguesa); y b) todos se construyeron integrando a los pueblos originarios en forma forzosa a esos nuevos Estados por parte de las élites criollas. Estas características marcan a fuego la historia y la dinámica actual del área. En otros términos: la violencia estructural es una matriz para toda la región, que sin solución de continuidad se viene manteniendo hasta la actualidad desde hace cinco siglos.

En un sentido, toda la historia de Latinoamérica en su recorrido como unidad político-social y cultural, es una historia de monumental violencia, de profundas injusticias, de reacción y luchas populares. Siempre, desde las primeras épocas post colombinas cuando puede pasar a ser considerada una unidad en sí misma, el destino de Latinoamérica estuvo signado a una potencia externa: España (o Portugal) durante los primeros 300 años posteriores a la llegada del primer "hombre blanco"; Gran Bretaña luego, ya no como invasor militar sino a través de mecanismos de sujeción económica. Y desde mediados del siglo XIX, acrecentándose en forma exponencial en el XX, Estados Unidos de América.

Todo el siglo pasado fue, en realidad, una profundización de la doctrina del tristemente célebre presidente estadounidense James Monroe; es decir, con un país como Estados Unidos convertido en potencia, creciendo sin parar durante cien años, el subcontinente latinoamericano corrió la maldita suerte de pasar a ser su "patio trasero" sin que le quedaran muchas opciones.

En otros términos: desde el momento mismo del nacimiento de las aristocracias criollas, su proyecto de nación fue siempre muy débil. Estas aristocracias y "sus" países no nacieron -distintamente a las potencias europeas, o al propio Estados Unidos en tierra americana- al calor de un genuino proyecto de nación sostenible, con vida propia, con vocación expansionista; por el contrario, volcadas desde su génesis a la producción agroexportadora primaria para mercados externos (materias primas con muy poco o ningún valor agregado), su historia está marcada por la dependencia, incluso por el malinchismo. Oligarquías con complejo de inferioridad, buscando siempre por fuera de sus países los puntos de referencia, racistas y discriminadoras con respecto a los pueblos originarios -de los que, claro está, nunca dejaron de valerse para su acumulación como clase explotadora-, toda su historia como segmento social, y por tanto la de los países donde ejercieron su poder, va de la mano de las potencias externas, y desde la doctrina Monroe en adelante, de Estados Unidos.

Para Latinoamérica todo el siglo XX estuvo marcado por la referencia al imperio estadounidense. "Los Estados Unidos [...] parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad", decía ya en el año 1829 Simón Bolívar; palabras premonitorias, sin dudas. Los nuevos Estados latinoamericanos, más allá del sueño integracionista del Libertador, nacieron divididos, con clases dirigentes entregadas visceralmente a las potencias extrajeras. La Gran Patria Latinoamericana, popular, con acento indígena y sin complejo de inferioridad ante la "civilización de los blancos", de momento al menos no ha pasado de ser una aspiración. Toda vez que se intentó algo en sentido contrario, fue brutalmente decapitado.

Las oligarquías nacionales fueron siempre portavoz del imperio del norte, su gerente, su socio menor. Se dio así una imbricada articulación entre Washington y aristocracias criollas, donde poder y ganancias fueron más o menos compartidos. Y para custodiar a ambos actores, ahí estuvieron las fuerzas armadas nacionales, muchas veces preparadas incluso en territorio estadounidense. Pero incluso, también estuvieron las tropas del norte. Europa, a regañadientes, debió replegarse de estas tierras, quedándose sólo con pequeñas posesiones en el Caribe que la despojaron de su papel de potencia dominante.

En términos generales esa fue la matriz que fijó la historia del subcontinente durante cien años. Pero no fue una historia pasiva, donde los dominadores impusieron sus condiciones sin resistencias; por el contrario, fue una historia de luchas feroces, de violencia extrema, de sufrimientos extremos. Historia que, por cierto, lejos está de haber terminado. Desde la suprema violencia inaugural que trajo la conquista europea (genocidio militar y cultural, con el agregado de la gripe como arma más mortífera que los arcabuces), la violencia ha sido una constante en las relaciones sociales. Con los tiempos cambiaron sus formas, pero se mantuvo invariable como rasgo distintivo.

De las primeras rebeliones indígenas a la actual propuesta del ALBA (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, como proyecto de integración no salvajemente capitalista), o el CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en tanto mecanismo de integración política sin la tutela de Washington), las fuerzas progresistas han jugado siempre un importante papel. Las izquierdas políticas, entendidas en sentido moderno (con un talante socialista podríamos decir, marxistas incluso), han estado siempre presentes en los movimientos del pasado siglo. De hecho, con diferencias en sus planteamientos pero con un mismo norte, en casi todas las sociedades latinoamericanas se dieron procesos populares de construcción de alternativas socialistas, o nacionalistas antiimperialistas, o reformistas al menos, pero siempre en búsqueda de mayores niveles de justicia. En algunas llegando a ocupar aparatos de Estado: en Guatemala con la "primavera democrática" entre 1944 y 1954 con su reforma agraria, en Chile en la década del 70 con Salvador Allende, Cuba con su heroica revolución, Nicaragua con los sandinistas en toda la década de los 80, la actual Venezuela y su Revolución Bolivariana, o Bolivia y Ecuador, con sus dinámicos movimientos indígenas que terminaron en propuestas políticas socializantes. Y en otras experiencias, peleando desde el llano: movimientos sindicales, reivindicaciones campesinas, insurgencias armadas.

Sin ánimo de hacer un pormenorizado estudio de esta historia, lo que vemos entrado ya el siglo XXI es que la izquierda no está en franco ascenso (de todas esas experiencias, sólo Cuba es una experiencia popular y revolucionaria que se mantiene, en tanto Venezuela, Bolivia y Ecuador intentan profundizar sus procesos políticos, con suertes distintas). Pero en modo alguno ha muerto la lucha por mayores niveles de justicia, tal como el omnímodo discurso neoliberal actual pretende presentar. Es más: luego de la furiosa y sangrienta represión de los proyectos progresistas de las décadas de los 70/80 del siglo pasado y de la instauración de antipopulares políticas fondomonetaristas en los 90, después del derrumbe del campo socialista y un período donde los movimientos por mayores cuotas de equidad parecían totalmente dormidos, en estos últimos años asistimos a un renacer de la reacción popular.

¿Estamos entonces realmente ante un resurgir de las izquierdas, de nuevos, viables y robustos proyectos de cambio social?

Las nuevas izquierdas

Suele hacerse la diferencia entre izquierdas políticas e izquierdas sociales. Hay, sin dudas, un cierto retraso de las primeras en relación a las segundas. Para decirlo de otro modo: los planteos políticos de fuerzas partidarias a veces han quedado cortos en relación a la dinámica que van adquiriendo los movimientos sociales. Muchas veces las reacciones, protestas, o simplemente la modalidad que, en forma espontánea, han tomado las mayorías, no se ven correspondidas por proyectos políticos articulados provenientes de las agrupaciones de izquierda. Con variaciones, con tiempos distintos, pero sin dudas como efecto generalizado apreciable en toda Latinoamérica, hay un desfase entre masas y vanguardias. Lo cierto es que desde hace algunos años (podríamos decir desde fines del siglo pasado) la reacción de distintos movimientos sociales ha abierto frentes contra el neoliberalismo rampante que se extiende sin límites por toda la región.

Vale destacar que esos movimientos, novedosos en muchos casos, no se corresponden totalmente con esquemas teóricos de dos o tres décadas atrás. Ahí está, por ejemplo, el despertar de los movimientos indígenas, o las reivindicaciones de las eternamente postergadas mujeres, que se constituyen en nuevos sujetos sociales de cambio, con tanto o más empuje que las reivindicaciones de clase. Lo cual lleva colateralmente (aspecto que no se abordará aquí) a la revisión crítica de los instrumentos tradicionales de la izquierda y su lectura de la realidad en términos exclusivos de lucha de clases. Sólo para dejarlo esbozado: no hay dudas que los conceptos fundamentales del marxismo, definitivamente válidos en su raíz (lucha de clases como motor de la historia, apropiación del plustrabajo de una clase por otra), necesitan una lectura circunstanciada para la coyuntura actual, globalizada, hiper informatizada, donde nuevos actores y eternas injusticias olvidadas (inequidad de género, diferencia Norte-Sur) plantean nuevos interrogantes.

Toda esta izquierda social ha tenido impactos diversos, con agendas igualmente diversas, o a veces sin agenda específica: frenar privatizaciones de empresas públicas, organización y movilización de campesinos sin tierra, o de habitantes de asentamientos urbanos precarios, derrocamiento de presidentes como fueron los casos de Argentina, Bolivia o Ecuador, oposición a políticas dañinas a los intereses populares. Y algo fundamental desde donde empezar a considerar los nuevos tiempos post Guerra Fría: la suma de todas estas movilizaciones impidió la entrada en vigencia del Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA- tal como lo tenía previsto Washington para enero del 2005.

El abanico de protestas y movilizaciones es amplio, y a veces, por tan amplio, difícil de vertebrar. Los piqueteros en Argentina o los movimientos campesinos con una importante reivindicación étnica en Bolivia, Ecuador, Perú o Guatemala, el zapatismo en el Sur de México o la movilización de los Sin Tierra en Brasil, son formas de reacción a un sistema injusto que, aunque haya proclamado que "la historia terminó", sigue sin dar respuesta efectiva a las grandes masas postergadas. ¿Hay un hilo conductor, algún elemento común entre todas estas expresiones?

Hoy por hoy, diversas expresiones de la izquierda política, de posiciones moderadas que se podrían hacer caer en el difuso campo de la "centro-izquierda" (¿o del "capitalismo serio"?) -la que en estos momentos es posible: moderada y de saco y corbata- tienen en sus manos el aparato de Estado en varios países: Brasil, Uruguay, Argentina, Nicaragua, El Salvador. A todo esto habría que sumar otras expresiones, definitivamente mucho más intragables para Washington: Cuba en primer lugar, junto a procesos más moderados como Venezuela, Bolivia o Ecuador.

Las posibilidades de transformaciones profundas desde las estructuras estatales, tal como están las cosas (deudas externas abultadas, creciente presencia militar del imperio en la región), y dada la coyuntura con que arribaron a las administraciones gubernamentales (voto en elecciones de democracias representativas, que no es lo mismo que revoluciones políticas populares), esas expresiones de las izquierdas eleccionarias son limitadas. Más aún: son izquierdas que, en todo caso, pueden administrar con un rostro más humano situaciones de empobrecimiento y endeudamiento sin salida en el corto tiempo. Pero quizá no más que eso.

En modo alguno podría decirse que son "traidores", "vendidos al capitalismo", "tibios gatopardistas". Eso, más que análisis serio, es una consigna principista. La izquierda constitucional hace lo que puede, y seguramente no puede pedírsele más. Hoy, en los marcos de la post Guerra Fría, con el triunfo de la gran empresa y el unipolarismo vigente -más aún en la región latinoamericana, histórico "patio trasero" de la superpotencia hegemónica- es poco lo que tiene por delante: si deja de pagar la ominosa deuda externa, si piensa en plataformas de expropiaciones y poder popular y si se atreve a armar a sus pueblos, sus días están contados. Pero los actuales mandatarios "progresistas" ¿hablaron en algún momento de revolución socialista en sus campañas proselitistas? ¿Levantó alguno de ellos recientemente las mismas consignas que, tres décadas atrás, proponían los movimientos armados que, sin ningún complejo ni temor, hablaban de comunismo y de confiscaciones, y a la que directa o indirectamente ellos pertenecían o apoyaban? Sin ningún lugar a dudas que no. Por eso es demasiado superficial quedarse con la idea de "traidores".

La feroz represión que vivió toda la región entre las décadas de los 70 y los 80 en el pasado siglo tuvo un efecto fríamente buscado por el imperio -en combinación con los factores de poder locales-, y sin dudas conseguido: amansó al movimiento popular, quebró su resistencia, lo llenó de terror. Hoy, con los planes neoliberales que se padecen, aún se siguen pagando las consecuencias de esa estrategia de terror. Las guerras sucias que en mayor o menor grado vivieron todos los países latinoamericanos, con desapariciones de personas, centros clandestinos de detención y tortura, arrasamiento de aldeas rurales y un virtual etnocidio en Guatemala (180.000 indígenas mayas muertos, invisibilizados en la prensa internacional dado que ese país no es de los "importantes"), todo eso no pasó en vano: logró lo que buscaba, que era justamente desmovilizar. Si no, no hubiera sido posible implementar las políticas de ajuste estructural impuestas por los organismos financieros del gran capital internacional: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Sobre esos miles de muertos, desaparecidos y torturados se domesticó la protesta; de ahí que, en estos últimos años, aparece esta izquierda bien presentada, de saco y corbata, que prescinde del incendiario discurso de años atrás y que ve en la labor política en el marco de las democracias representativas el campo -a veces el único campo- de posible trabajo político.

¿Un nuevo escenario o más de lo mismo?

Luego de los años de dictadura y de terror que barrieron Latinoamérica, el retorno de las raquíticas democracias que tiene lugar para la década de los 80 del siglo pasado puede ser sentido como un importante paso adelante. Aunque sean democracias de cartón, vigiladas, condicionadas absolutamente, sin la más mínima posibilidad de alterar la estructura real de poder de cada país, luego de la monstruosa tormenta vivida con las guerras civiles pueden ser consideradas como un momento de calma. Y muchas expresiones de la izquierda, por desconcierto, por agotamiento, por oportunismo o por considerarlas un paso táctico en una lucha que no se da por perdida, comenzaron a aprovechar esos resquicios de las democracias formales.

De todos modos debe quedar claro que los sistemas políticos que brindan esas democracias representativas constituyen un espacio más, uno de tantos, en una estrategia de construcción revolucionaria, pero no más que eso, y se debería ser muy precavido respecto a los resultados finales que las luchas en esos ámbitos pueden traer para una verdadera transformación estructural. Los movimientos insurgentes que, desmovilizados, pasaron a la arena partidista con su actual nuevo perfil de "presentables bien portados con saco y corbata", no han logrado grandes transformaciones reales en las estructuras de poder contra las que luchaban armas en mano tiempo atrás (veamos el caso de las guerrillas salvadoreñas o guatemaltecas, por ejemplo, o el movimiento M-19 en Colombia). ¿Fueron "traidores" sus dirigentes? Insistamos una vez más (aunque no lo acometamos en este trabajo) con la necesidad de revisar conceptos básicos del marxismo: ¿qué significa "revolucionar" una sociedad? ¿Por qué pareciera que es tan fácil, o al menos se repite tanto la "traición" de las dirigencias? ¿No habrá que replantear -con un hondo sentido crítico constructivo, obviamente- el tema del sujeto humano y el poder? ¿Cómo es posible que se reitere tanto esto de las "traiciones"? Lo cual lleva a pensar que se debe abordar el análisis con nuevos instrumentos conceptuales; la categoría de "traición", quizá, sigue estando cargada de la antinomia "bueno-malo", probablemente desechable. Los "imprescindibles" que llegan hasta el fin en realidad son pocos, más bien rara avis. ¿Se trata de buscar super hombres al modo del Che Guevara para garantizar las revoluciones? ¿Y qué pasa si no aparecen esos líderes casi mesiánicos? Dejamos indicado una vez más la necesidad de revisar algunos postulados básicos de la izquierda: para el caso, la relación de las vanguardias con las masas.

Lo que está claro es que en el escenario de esta post Guerra Fría luego del derrumbe del Muro de Berlín, con el papel hegemónico unipolar que ha ido cobrando Estados Unidos y su plan de profundización de poderío global, Latinoamérica es ratificada en su papel de reserva estratégica. Ante la desaceleración de su empuje económico (el imperio no está muriéndose, pero comienza a ver amenazado su lugar de intocable a partir de nuevos actores más pujantes como la República Popular China, en menor medida la Unión Europea, o las grandes nuevas economías emergentes), el área latinoamericana es una vez más un reaseguro para la potencia del Norte, apareciendo ahora como obligado mercado integrado donde generar negocios, proveedor de mano de obra barata y fuente de recursos naturales a buen precio (o robados), por supuesto bajo la absoluta supremacía y para conveniencia de Washington, y secundariamente de los pequeños socios locales, las tradiciones aristocracias criollas. De esa lógica se deriva la nueva estrategia de recolonización que se dio en años recientes con los Tratados de Libre Comercio.

En realidad la iniciativa de esta absoluta liberalización comercial representa un proyecto geopolítico de Washington que, aunque comience con la creación de una zona de "libre" comercio para todos los países del continente americano, busca en realidad el establecimiento de un orden legal e institucional de carácter supranacional que permitirá al mercado y las trasnacionales estadounidenses una total libertad de acción en todo el área, en cuenta Latinoamérica como su ya tradicional área de influencia donde nadie puede entrar ("América para los americanos" sentenciaba la doctrina Monroe. Del Norte, claro está). Los marines, por supuesto, son la garantía final.

Con la firma de estos acuerdos -para nada muy "libres" que se diga- los países que los suscriban deben "constitucionalizar" los arreglos surgidos de esas normativas, viendo así debilitada su capacidad de negociación y debiendo renunciar a su soberanía en la implementación de políticas de desarrollo. ¿Quién podría creer que pequeñas economías como Bolivia, Haití o incluso Colombia, por ejemplo, negocian de igual a igual con el gigante Estados Unidos? ¿De qué libertad se habla ahí?

Dicho en forma muy sintética el ALCA, aunque no se haya firmado como originalmente estaba planteado reemplazándose por acuerdos bilaterales o regionales (el RD CAFTA, por ejemplo) apunta a los siguientes temas básicos: 1) Servicios: todos los servicios públicos deben abrirse a la inversión privada, 2) Inversiones: los gobiernos se comprometen a otorgar garantías absolutas para la inversión extranjera, 3) Compras del sector público: las compras del Estado se abren a las transnacionales, 4) Acceso a mercados: los gobiernos se comprometen a reducir, llegando a eliminar, los aranceles de protección a la producción nacional, 5) Agricultura: libre importación y eliminación de subsidios a la producción agrícola, 6) Derechos de propiedad intelectual: privatización y monopolio del conocimiento y las tecnologías, 7) Subsidios: compromiso de los gobiernos a la eliminación progresiva de barreras proteccionistas en cualquier ámbito, 8) Política de competencia: desmantelamiento de los monopolios nacionales, 9) Solución de controversias: derecho de las transnacionales de enjuiciar a los países en tribunales internacionales privados. Según expresara con la más total naturalidad Colin Powell, ex Secretario de Estado de la administración Bush (hijo): "Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas americanas el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio."

Pero ahí está la fuerza de las izquierdas, políticas y sociales: unirse como bloque regional. Esa unión, que no es un proyecto de expropiaciones precisamente, no deja de resultar una piedra en el zapato para la geopolítica del imperio.

Uno de los primeros movimientos que se dio el ALBA fue, justamente, el proyecto Petrocaribe, que consiste en suministrar crudo venezolano a precios preferenciales y con facilidades financieras para la región centroamericana. Las luces de alarma se encendieron inmediatamente en Washington. Cuando, por ejemplo, en el 2009 el presidente hondureño Manuel Zelaya coqueteó con esa idea, inmediatamente fue reemplazado con un golpe de Estado (no cruento, sino de nuevo tipo, tal como hace unos años viene ensayando el gobierno estadounidense: los golpes "suaves", en su nueva terminología).

Si bien la propuesta original del ALCA a nivel continental no se implementó como algunos años atrás habían planificado los técnicos de Washington, eso no impidió que se pusieran en marcha otros mecanismos alternos de desunión y nueva postración de cada país: se firmaron por toda la región tratados comerciales bilaterales, al par que se daban todas las facilidades necesarias para la instalación de nuevos destacamentos militares norteamericanos. Nunca como hoy Latinoamérica estuvo penetrada de bases estadounidenses. ¿Puede acaso cada una de las débiles economías latinoamericanas, incluida la más grande del área, la brasileña, negociar en un pie de igualdad con el gigante del Norte? Sin dudas que no. ¿Pueden, o quieren, negociar con dignidad los gobiernos latinoamericanos y las oligarquías a quienes representan, como países autónomos, y rechazar las imposiciones de Washington? Sin dudas que no. ¿Pueden las actuales tibias izquierdas en el poder fijar nuevas perspectivas? Eso es, justamente, lo que abre un nuevo escenario.

A las imposiciones de "libre" comercio impulsadas por el gobierno de Estados Unidos se unen las iniciativas militares de la gran potencia y los nuevos demonios que circulan la región preparando el escenario para eventuales futuras intervenciones bélicas: la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo internacional. A partir de estos nuevos fantasmas, las fuerzas armadas estadounidenses profundizan su presencia en el subcontinente. Ahí está el Plan Colombia y su intento de extirpar a los movimientos guerrilleros colombianos FARC y ELN -que controlan un tercio del territorio nacional-, y base de operaciones para una nada improbable intervención contra la Revolución Bolivariana en Venezuela (el Plan Balboa, ya listo y a la espera de ser efectivizado en algún momento). Ahí está la enorme base -con capacidad para 16.000 soldados- creada en Paraguay (para asegurar el acuífero guaraní, principal reserva de agua dulce del planeta, y el gas boliviano); ahí están el reguero de bases por toda el área, los ejercicios provocativos en aguas del Caribe (léase: demostración contra Cuba y Venezuela), las bases en la Patagonia argentina. Si el gigante del Norte está en decadencia, en la región latinoamericana su presencia no ha desaparecido; quizá por ese mismo declive el tradicional "patio trasero" sale más perjudicado que nunca, dado que es su retaguardia. En un futuro no muy lejano, el petróleo que a Washington se le podrá complicar en Medio Oriente sin dudas saldrá de América Latina. Y el agua dulce también, así como minerales estratégicos, o los biocombustibles.

¿Hacia una nueva relación Estados Unidos-Latinoamérica, o "más de lo mismo"?

Latinoamérica es la región del orbe con mayor inequidad; sus diferencias entre ricos y pobres son mayores que en ninguna otra parte. Con los planes de achicamiento de los Estados y las recetas neoliberales que la atravesaron estas últimas décadas, la exclusión social creció en forma agigantada: en los inicios de la década del 80 había 120 millones de pobres, pero esta cifra aumentó a más de 230 millones en los últimos 20 años, y de ellos más de 100 millones son población en situación de miseria absoluta. Así como creció la pobreza, igualmente creció la acumulación de riquezas en cada vez menos manos. El caso casi anecdótico del mexicano Carlos Slim (la persona más adinerada del mundo en la actualidad) es un elocuente símbolo de esa tendencia. La deuda externa de toda la región hipoteca eternamente el desarrollo de los países, y sólo algunos grandes grupos locales -en general unidos a capitales transnacionales- crecen; por el contrario, las grandes masas, urbanas y rurales, decrecen continuamente en su nivel de vida. Lo que no cesa es la transferencia de recursos hacia Estados Unidos, ya sea como pago por servicio de deuda externa o como remisión de utilidades a las casas matrices de las empresas que operan en la región.

Como contrapartida de este enriquecimiento de muy pocos, las masas trabajadoras han retrocedido en derechos mínimos: sus salarios son equivalentes a lo que recibían 30 años atrás al mismo tiempo que han perdido conquistas ganadas en décadas de lucha en el transcurso del siglo XX. Se han envilecido o perdido la estabilidad laboral, la negociación colectiva, los seguros sociales, el derecho a la sindicalización. En el campo se encuentran situaciones de tanta precariedad como a principios del siglo pasado y el éxodo ilegal hacia Estados Unidos como recurso último de salvación se agiganta día a día, pese a la crisis financiera que atraviesa el país del Norte. En ese marco de retroceso social han aparecido nuevos elementos, sin dudas ligados indirectamente a las políticas neoliberales: aumento de la narcoactividad y del crimen organizado, creciente delincuencia y clima de violencia urbana, explosión de niñez desprotegida que termina viviendo en la calle. No son infrecuentes los casos de esclavitud encubierta así como el turismo sexual, las adopciones ilegales de niños por familias del Norte, las pandillas juveniles armadas y violentas, el aumento escandaloso del trabajo infantil, todos ellos síntomas de un deterioro social y humano explosivo.

Ante todo este desolador panorama -en algún sentido nada distinto en Latinoamérica de lo que la caída del socialismo soviético permitió por parte del gran capital transnacional en todas las latitudes del mundo, incluido el Norte desarrollado-, y después de unos primeros años de repliegue del campo popular producto del terror dejado por las guerras sucias, vemos en los últimos años del pasado siglo y en los primeros del presente nuevas oleadas de luchas. Independientemente que las llamemos "socialistas" o no, son luchas con un claro signo popular, reivindicatorio, antiimperialista. He ahí el ejemplo más vivaz de la izquierda social que, como decíamos, no siempre se ve correspondida por las izquierdas políticas.

Aunque no hay en la actualidad una clara propuesta articulada de proyecto político transformador -como lo hubo décadas atrás, a partir del que se desatara la salvaje represión ya mencionada-, las luchas populares continúan. Es más: en estos últimos años se van viendo incrementadas. Ya son varios los presidentes -De la Rúa en Argentina, Bucaram, Mahuad y Gutiérrez en Ecuador, Sánchez de Losada y Meza en Bolivia- removidos de sus cargos producto de esas movilizaciones al no dar respuestas a los acuciantes problemas sociales. Y vuelve a hablarse sin temor de antiimperialismo, de la política exterior y del gobierno de Estados Unidos como "enemigos". De todos modos, toda esa efervescencia, por sí sola no constituye un proyecto revolucionario en sí mismo. Pero es un germen, sin dudas. De ahí que para la estrategia hemisférica de Washington este alza en las protestas constituye siempre un foco de preocupación.

Las actuales administraciones políticas con talante izquierdizante a que asistimos en Latinoamérica (izquierdas no cuestionadoras de la estructura del sistema, repitamos), sin ser "traidoras" a la causa revolucionaria en sentido estricto (¿quién y desde dónde dice eso?), están en una situación ambigua. Llegaron al poder con el apoyo popular, pero su proyecto no es gobernar en función de un cambio profundo. Ninguno de estos presidentes ha hablado, por ejemplo, de suprimir la propiedad privada. De todos modos no son descarnados neoliberales sentados sobre las bayonetas de dictaduras militares: representan propuestas con una "tendencia social", con una "preocupación social" (digámoslo con ese neologismo), y por tanto tienen en el gran capital estadounidense, les guste o no, su gran enemigo. Pero su misma ambigüedad no les permite ir abiertamente contra él. De hecho, en una relación de marchas y contramarchas no exenta de tensiones, la misma administración republicana de la Casa Blanca ha alabado en más de un caso a estas izquierdas alineadas (y las seguirá alabando, siempre y cuando continúen pagando la deuda, no impidan seguir ganando cantidades siderales de dinero a las empresas estadounidenses y le abran sus puertas a las fuerzas armadas del Pentágono). Esas izquierdas, si no se quitan el "saco y la corbata", seguirán siendo bendecidas por el imperio.

Pero hay otras izquierdas que hacen gobierno desde otra perspectiva: Cuba, o recientemente Venezuela con su Revolución Bolivariana. Justamente por ello son el blanco de ataque del gran capital y de todas las administraciones estadounidenses. Jamás serán bendecidos; al contrario, están en la mira de los cañones imperiales. En el caso de Venezuela, principal reserva de petróleo del mundo, su situación podría llegar a resultar trágica incluso (¿un nuevo Irak?). El socialismo del siglo XXI y esas reservas son demasiada provocación para la élite de la gran potencia.

Lo que sí preocupa a Washington, ahora tanto como en todo el transcurso del siglo XX, es el movimiento popular, la organización de base. Las izquierdas que ocupan aparatos de gobiernos pueden ser más manejables; las masas, no tanto.

Por eso, como parte de una política que no ha cambiado en lo sustancial en los últimos cien años, la opción militar nunca ha desaparecido. Si bien es cierto que hoy por hoy en la estrategia hemisférica de Estados Unidos no son necesarias las dictaduras militares como lo fueron durante el auge de la Guerra Fría en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, en estos últimos años las frágiles democracias latinoamericanas han permanecido siempre vigiladas por la atenta mirada castrense. Pero no la de las fuerzas armadas vernáculas, sino directamente por militares del norte. Y cuando fueron necesarias intervenciones -el "golpe suave" de Honduras, por ejemplo, o los intentos de desestabilización que tuvieron Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador- permiten ver que la opción militar, disfrazada quizá, o con ropajes nuevos, nunca ha desaparecido.

Distintos documentos de la política exterior a largo plazo y planificación estratégica de Washington reafirman tanto su supuesto derecho a intervenir en la región (su eterno "patio trasero"), así como la apelación a la acción armada toda vez que lo estime necesario. Tanto el "Documento Santa Fe IV 'Latinoamérica hoy'" -clave filosófica de los actuales halcones republicanos que son quienes realmente fijan la política exterior- como el "Documento Estratégico para el año 2020 del Ejército de los Estados Unidos" o el Informe "Tendencias Globales 2015" del Consejo Nacional de Inteligencia, organismo técnico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), presentan las hipótesis de conflicto social desde una óptica de conflicto militar, completamente. La reducción de la pobreza y el combate contra la marginación recogidas en la ambiciosa (y quizá incumplible en los marcos del capitalismo) agenda de los "Objetivos y Metas del Milenio" de Naciones Unidas es algo que no entra en los planes geoestratégicos del imperio. Al que proteste, palo; no hay otra respuesta. Y los recursos naturales ubicados en Latinoamérica (petróleo, agua dulce, biodiversidad de sus selvas y minerales estratégicos) son considerados como propios. Por supuesto que a quien proteste: también palo. El Plan Colombia, las estrategias de Tres Fronteras, Alcántara, Misiones, Cabañas 2000, la Iniciativa Regional Andina o la cohorte de bases militares por toda la región, entre otras cosas, nos lo recuerdan.

El principal enemigo de Washington siguen siendo los movimientos populares, lo que podríamos llamar la izquierda social y no tanto las izquierdas políticas (hoy, al ocupar posiciones de gobierno, fieles pagadoras de la deuda externa y preocupadas, más que nada, por salir en televisión). Según el referido informe de la CIA: "Tales movimientos se incrementarán, facilitados por redes transnacionales de activistas de derechos indígenas, apoyados por grupos internacionales de derechos humanos y ecologistas". El "papel amenazante a la estabilidad regional" (léase: amenaza a los intereses de la oligarquía estadounidense), según esta lógica, está dado por "organizaciones sociales, pueblos indígenas y organismos no gubernamentales de derechos humanos y ambientalistas"; a lo que, como parte de una bien articulada propuesta de manipulación informativa, se suman el "narcotráfico" y el "terrorismo internacional" (hasta las pandillas juveniles -las famosas "maras"- están ligadas a Al Qaeda, según esta orquestación). De hecho, aunque resulte risible, en algún momento el gobierno estadounidense habló de la presencia de escuelas coránicas de fundamentalistas musulmanes en la triple frontera argentino-brasileño-paraguaya, justamente donde está la enorme reserva de agua dulce apetecida por la estrategia imperial. ¿Es el principal problema de Latinoamérica la violencia delincuencial que se vive en casi todos los países, o eso es un efecto de la pobreza estructural? O más aún: ¿cuánto hay de manipulación mediática en todo el fenómeno?

Las actuales izquierdas que gobiernan algunos países latinoamericanos no son la principal fuente de preocupación del imperio; pero sí la idea de unión que entre ellas se podría dar. El fantasma de la integración latinoamericana sí inquieta.

Como bien lo dijo el premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel: "el único país que tiene un proyecto estratégico para América Latina, lamentablemente, es Estados Unidos, y no es, precisamente, el que necesita nuestro continente".

Las actuales propuestas de profundización del ALBA, y eventualmente su complemento, el CELAC, constituyen una interesante iniciativa en la dirección de la integración hemisférica con un sentido social. Las mismas pretenden fundamentarse en la creación de mecanismos para crear ventajas cooperativas entre las naciones que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Se basa en la creación de Fondos Compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a las naciones débiles frente a las principales potencias; otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques subregionales, buscando identificar no solo espacios de interés comercial sino también fortalezas y debilidades para construir alianzas sociales y culturales. Como sintetizó el presidente Chávez el corazón de todo esto: "Es hora de repensar y reinventar los debilitados y agonizantes procesos de integración subregional y regional, cuya crisis es la más clara manifestación de la carencia de un proyecto político compartido. Afortunadamente, en América Latina y el Caribe sopla viento a favor para lanzar el ALBA como un nuevo esquema integrador que no se limita al mero hecho comercial sino que sobre nuestras bases históricas y culturales comunes, apunta su mirada hacia la integración política, social, cultural, científica, tecnológica y física".

"Hay una alianza izquierdista y populista en la mayor parte de América del Sur. Esta es una realidad que los políticos de Estados Unidos deben enfrentar, y nuestro mayor desafío es neutralizar el eje Cuba-Venezuela", escribió algunos años atrás Otto Reich, ex secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, en el artículo titulado "Los dos terribles de América Latina", en la revista derechista estadounidense National Review. No era esa sólo la opinión en solitario de un funcionario de la administración Bush; por el contrario habla de la verdadera política de los halcones de la Casa Blanca hacia la considerada su natural zona de influencia. Y son ellos, su estrategia como clase, los que realmente fijan la dirección del imperio, más allá que la administración de turno sea republicana o demócrata.

Ahí están las claves de la relación del imperio con sus súbditos. Una nueva izquierda remozada, que dejó atrás las armas de la guerrilla, que no habla de confiscaciones y poder popular (porque no puede, porque se quebró, por ambas cosas, etc.) es tolerable. Incluso, como parte de las dinámicas del interjuego político, hasta deseable en la lógica de dominación; es una manera de demostrar que aquellos "sueños juveniles" del socialismo eran irrealizables, y ahora, sin barba y bien peinados, estos nuevos funcionarios ratifican "el fin de la historia". Lula, el ahora ex presidente de Brasil, lo dijo sin pelos en la lengua: "socialismo moderado, dejando atrás los sueños juveniles".

Pero cuando las relaciones se plantean de igual a igual, cuando la dignidad no se negocia, vuelven a sonar los tambores de guerra por parte de la gran potencia. Esa matriz no ha cambiado. La historia tampoco ha terminado, y de lo que se trata es de ver cómo esa izquierda social (movimientos indígenas, campesinos sin tierra, desocupados, insurgentes que no se han resignado, lo que para Washington continúan siendo las "amenazas a la estabilidad regional", y lo que quede de clase obrera organizada, movimientos de mujeres, intelectuales progresistas) puede articularse en una propuesta de integración regional, de Patria Grande, como pretendió Bolívar. En un mundo de globalización, de grandes bloques y políticas a escala planetaria, la izquierda social, la izquierda desde abajo, popular, sólo unida puede enfrentarse con posibilidades de éxito al todavía poderoso imperio estadounidense.

(VIDEO) Vea el programa "Reverso": 4F 1992 - La Quijotada

Autor:

Programa de investigación Reverso, el cual desmonta las matrices de opinión impuestas por algunos sectores de la derecha venezolana y fuera de nuestras fronteras.

Mientras las grandes corporaciones mediáticas tratan de imponer un mundo al revés, hay quienes están convencidos de que es el momento de poner las cosas en su justo lugar.

Tres jóvenes periodistas presentarán la cara oculta de aquellas informaciones que, intencionalmente son ocultadas por las grandes corporaciones mediáticas a través de reportajes y crónicas.

Reverso tiene una propuesta estética audiovisual innovadora, y en su primer capítulo abordará el tema del Bioterrorismo de Estados Unidos.

El programa Reverso es un proyecto que lleva adelante un equipo integrado por Karen Méndez (dirección y presentación), Jessica Sosa y Hernán Canorea (producción de contenido y presentación), Will Rojas (realización y postproducción), Crimson Telo (postproducción), Edgar Moreno (postproducción y musicalización), Mereán Lozano y Hecmili Thomas (producción), Joel Ferrer (diseño gráfico), y Roger Guzmán (camarógrafo).

Video Fuente: http://www.youtube.com/user/zurcf95


(VIDEO) Vea "Dossier" con Walter Martínez (06.02.12)


 Autor:

6 Feb. 2012.- Los sucesos internacionales y noticias de resonancia mundial en "pleno desarrollo" analizados por el periodista y corresponsal de guerra, Walter Martínez, a través de la señal del canal de todos los venezolanos, Venezolana de televisión.

“Dossier”, único en su estilo en la televisión venezolana, es una herramienta necesaria, que brinda información de actualidad, en un lenguaje directo y de fácil comprensión.



jueves, 2 de febrero de 2012

Latinoamérica entre el “narcotráfico” y la dominación


Alejandro L. Perdomo Aguilera (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Si las drogas tienen tan devastador efecto en Estados Unidos, piensen lo que pueden ocasionar en democracias frágiles con economías inestables. No puedo pensar en un asunto más importante para la estabilidad de nuestro hemisferio que éste.” (1)

La América Latina entre el narco y la dominación, se encuentra ante una nueva encrucijada imperial, tejida esta vez por los senderos del tráfico de droga ilícitas (TDI) y otros delitos conexos, que conmueven a la región, con el incremento de la violencia, la inseguridad y los efectos para la gobernabilidad y el Estado de derecho, que producen las guerras desatadas por el gobierno estadounidense, en su cruzada antidroga.

Se calcula que el tráfico ilícito de drogas a nivel internacional genera dividendos que superan los 320 000 (2) millones de dólares anuales. En la actualidad los Estados Unidos, por encima de otros actores globales, entre los que se destacan la Unión Europea (UE) y Rusia, es el principal mercado de drogas y el primer productor de armas, suministrador por excelencia a los principales carteles de la droga.

El panorama latinoamericano, presenta escenarios convulsos, a causa de un negocio que afloró en la década de los 80 de la pasada centuria y que, hasta el presente, no ha hecho más que reproducirse hacia otros Estados del continente, ampliando sus vínculos extra-regionales, que consolidan la economía de las drogas, como una empresa muy lucrativa, para la criminalidad conexa a este delito.

Esta situación, acrecienta su impacto para la paz y la seguridad internacionales, con una peligrosa vinculación, desde el Derecho Internacional, con otros delitos como el terrorismo y los efectuados en el ciberespacio. Estas vinculaciones, alentadas por las potencias occidentales y su influencia sobre los medios de comunicación y redes sociales en Internet, consolidan el aparato político-diplomático que hace consenso sobre el paradigma de la seguridad humana. Sus efectos permiten justificar ante la opinión pública mundial, las penetraciones imperiales en la región, bajo la justificación de la guerra contra el “narcotráfico” o, como actualmente se le llama, contra el narcoterrorismo.

Los derroteros del crimen transnacional, recrudecen los problemas socioeconómicos y políticos que padece Latinoamérica, con un gran impacto sobre los procesos electorales, los proyectos de gobierno y la proyección exterior de los líderes de la región.

Bajo esas circunstancias, el Consejo Sudamericano de Defensa, resulta una opción para el enfrentamiento, al menos de de forma más autónoma, contra flagelo de las drogas. Esta Institución, creada como respuesta de la región, bajo la impronta del ex presidente brasileño Lula Da Silva, en el marco de la UNASUR, resulta un intento por dar respuesta, a los problemas más urgentes que atentan contra la paz y a seguridad latinoamericana, que tuvo una expresión en los recientes acuerdos de Brasil y Bolivia para operaciones conjuntas en la lucha contra el TDI con el objetivo de proveer de una mayor seguridad a sus fronteras.

Realmente la respuesta era necesaria, pues del Comando Sur, la IV Flota y las últimamente silenciadas 7 bases militares en Colombia, se desprende el re-fortalecimiento militar de la geoestrategia de dominación estadounidense, adjunta con un paquete de cooperación en materia de asesoría jurídica, policial y de otros ordenes institucionales, que marcan el continuo interés por su patio trasero.

En este juego de poderes, vale la pena considerar qué papel desempeña Brasil como líder regional, ante la difícil situación sociopolítica de México, llamado a concentrar todas sus fuerzas en frenar el auge de los cárteles y la sangrienta guerra contra las drogas que tantos crímenes y víctimas cobra día a día. Esa difícil coyuntura, y otras problemáticas estructurales que arrastra la sociedad mexicana, dejan espacio para que Brasil, pueda tomar un mayor liderazgo.

Por otra parte, el gobierno de Santos en Colombia, logra consenso en la región, con una determinada reconciliación de intereses comunes con Venezuela en el tema de la lucha antidroga, que tuvo su enunciado en la extradición del narcotraficante Walid Makled a Caracas y la polémica entrega del Editor de Anncol Joaquín Pérez Becerra, al gobierno de Bogotá.

Entretanto, la administración Obama mantiene, como lo hiciera la de W. Busch hijo, la combinación del enfoque geopolítico y geoeconómico con un marcado unilateralismo. La militarización de la guerra contra las drogas, ha devenido en la receta ideal para alentar desarrollo de la carrera armamentista, tan necesaria para ese país. A ello se suman las Empresas Militares de Seguridad Privada y de otros servicios, conocidos contratistas-mercenarios, que extrapolan sus operaciones del Medio Oriente y Asia Central en Latinoamérica.

Esta situación ha tenido una generalización en la práctica político-diplomática de Obama, ya no sólo con los traslados de funcionarios políticos, diplomáticos a Nuestra América, sino también de las Operaciones. Recientemente fue dado a conocer por el New York Times, la noticia de que los 5 Comandos nombrados como Equipo de Apoyo y Asesoramiento de Despliegue Extranjero (FAST), que fueron destinados hace seis años al combate del opio en Afganistán, habían sido trasladados hacia el Hemisferio Occidental, operando en países de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, con su posible extensión hacia otros Estados de la región. Estas acciones reflejan la vigencia de un proyecto iniciado por W. Busch, denotando las continuidades y cambios que se manifiestan en la geoestrategia de dominación de los Estados Unidos para Nuestra América.

Del fracasado pero aún con vida Plan Colombia, la fenecida Iniciativa Regional Andina IRA, la extensión del Plan Colombia en Plan México, luego retitulado como Iniciativa Mérida, se puede reconocer una geoestrategia de dominación que se va perfilando y consolidando, a través de la justificación político-diplomática del flagelo de las drogas, para incrementar su penetración en la región, decididos a no perder su equilibro hegemónico.

Desde esa perspectiva, los Estados Unidos ha recrudecido la guerra antidroga, con la autorizaron de la utilización de aviones no tripulados (Drones), para su utilización en la persecución de narcotraficantes e inmigrantes, en aras de aumentar la seguridad en la Frontera de Estados Unidos con México. Ello refuta la errónea estrategia antidroga que persigue Estados Unidos, la cual reinvierte en el pilar militar, dejando a un lado el importante control del consumo en su país y el impulso a programas de asistencia social, que contrarresten en algo las marcadas diferencias sociales, que arrecian la falta de empleos y la crisis en la economía, lo que incentiva a los sectores más marginados de la sociedad a insertarse en la actividad ilícita de las drogas tanto en América Latina como en los Estados Unidos

Pero la fallida guerra contra las drogas ya va generalizando consenso en cuanto a su fracaso manifiesto. En el Informe de Human Rights Watch sobre la lucha contra el tráfico ilícito de drogas (TDI) en México se reconoce, a consideración del director de esta Institución para “las Américas”, José Miguel Vivanco:

“En vez de reducir la violencia, la ‘guerra contra el narcotráfico’ de México ha provocado un incremento dramático de la cantidad de asesinatos, torturas y otros terribles abusos por parte de las fuerzas de seguridad, que sólo contribuyen a agravar el clima de descontrol y temor que predomina en muchas partes del país.” (3)

El auge de la violencia, de crímenes y accidentes sospechosos, como el de la caída del helicóptero en Xochimilco, en las afueras de la Ciudad de México, el cual provocara la muerte del José Blake Mora, Secretario de Gobernación de México y de los funcionarios Felipe Zamora, Subsecretario de Gobernación y el coordinador de comunicación social José Alfredo García. Ello recuerda el accidente del 4 de noviembre del 2008, del avión donde viajaba el entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y el fiscal antidrogas, José Luis Santiago Vasconcelos. Realmente la situación por la que atraviesa México en la actualidad y la relación estrecha que tenían estas figuras con la guerra antidroga, hace dudar a más de uno, sobre la veracidad del accidente.

Esta propia realidad, haciendo retrospectiva hacia hace sólo una década, nos coloca en el deber de mirar con sumo cuidado las consecuencias que afronta para la región el tráfico de drogas ilegales, por las lecturas imperiales que conforman su geoestrategia de dominación, desde el escudo político-diplomático de la guerra contra las drogas debatiendo, por qué no, acerca de sus consecuencias y posibles escenarios.

Consecuencias del Tráfico Ilícito de Drogas (TDI) para Latinoamérica

Las consecuencias derivadas del TDI y otros delitos conexos tienen un efecto negativo y perjudicial tanto en los países que concurren en el negocio, bien como productores-exportadores, los consumidores y los que sirven como rutas a los distintos mercados.

La subregión andina (Colombia, Perú y Bolivia), en Latinoamérica es el centro productor por excelencia de la cocaína; lo que conlleva a que estos países de manera individual e indistintamente, se hallen vulnerables a la aplicación de las estrategias geopolíticas y geoeconómicas de las grandes potencias, en la llamada guerra contra las drogas.

En América Latina, los gobiernos de Centroamérica, México y Colombia son incapaces de enfrentar un problema cuyos excedentes generan cifras millonarias superiores a lo que racionalmente pueden gastar en su defensa. Por ello, el tema de la responsabilidad compartida y diferenciada para las potencias occidentales es un derecho irrenunciable por parte de los países más afectados por este fenómeno, en aras de exigir un apoyo verdaderamente palpable para un negocio, el cual no existiera ni se reprodujera sin el concurso de los fondos, las armas y los problemas latentes en las potencias imperiales.

Los países que tradicionalmente funcionan como productores y/o corredores de la droga paulatinamente van elevando su consumo e iniciando producciones domésticas, ya no sólo para exportar, sino también para atender la demanda interna. Con el desarrollo de las drogas sintéticas y las facilidades existentes para su producción; eliminándose la necesidad de extensas rutas o grandes producciones que deban almacenarse.

Por otra parte, la infraestructura que debe crearse en los países latinoamericanos para el enfrentamiento del TDI y otros delitos conexos es tal, que se ven atados de manos para atacar con eficiencia las disímiles formas en que se reproduce la mercancía y sus renovadas vías de exportación. Su institucionalidad no es capaz de regular el problema de las drogas con la velocidad que se producen nuevas sustancias sintéticas del grupo de las anfetaminas (ETA), de hecho muchas de ellas se obtienen con materias primas licitadas, e incluso se compran por Internet o por prescripción facultativa.

La evolución del negocio de la droga recorre casi todas las fases de la empresa capitalista tradicional y su persecución permite también la regulación de los precios del producto, encareciéndolo en la medida que los narcotraficantes meritan de mayores medios para su ejercicio. Dese esa perspectiva, la guerra contra las drogas en Latinoamérica, desde la lectura estadounidense, no tiene que ser un éxito absoluto, sino que el hecho en sí de tener la guerra ya constituye un negocio muy rentable.

La cruzada contra las drogas desplegada por los Estados Unidos ha devenido en un sustituto exitoso de la guerra fría y para la geoestrategia imperial en sus planes re-fortalecimiento de la dominación político-militar y económica de los países afectados por esta política. Por medio de ella intentan demonizar a los Estados que no se identifican con sus preceptos de democracia representativa; siendo atacados como terroristas y narcotraficantes, por lo que son incluidos en las listas negras que elabora el gobierno norteamericano.

Sin embargo, para solucionar el problema del TDI, no basta con derrotar a los cárteles de la droga, sino que hay que eliminar los centros receptores, que aseguran y garantizan la reproducción del negocio a nivel global. Los Estados Unidos carecen de voluntad política para atenuar los problemas básicos del TDI con la integridad que les compete y no limitándose al fetichismo de la guerra contra el mal llamado “narcotráfico”.

La privatización de la seguridad ciudadana, a través de las empresas contratistas se amplía, en detrimento de la soberanía y la gobernabilidad de los países latinoamericanos, en un intento por evitar nuevos movimientos progresistas, impulsados por las diferentes fuerzas políticas de la región.

Estados Unidos, apegado a la paranoia de la guerra fría reformula la política del gran garrote, temiendo que “(…) en América Latina ocurra un desplazamiento, del espectro político de centro-derecha, a centro-izquierda (…) reacciona negativamente a lo que percibe como populismo y nacionalismo, y posturas amenazantes y críticas tanto a su política en el terreno comercial como a las iniciativas antinarcóticos y a la lógica preventiva que rige su enfoque global.” (4)

Otro de los peligros que acecha la región es la mezcla del uso de contratistas-mercenarios con otros programas para asistencia social, para incorporarle un rostro civil a su estrategia de dominación. La política del poder inteligente y el poder suave de Obama intentó ser el nuevo New Deal de la actual crisis; hallando en la guerra contra el “narcotráfico”, la justificación para resguardar los intereses estadounidense sobre América Latina y el Caribe.

La emergencia de gobiernos como los de Chávez, Evo y Correa; la solvencia de un Brasil que crece como potencia regional y el creciente intercambio de Latinoamérica con China y Rusia, son elementos que desagradan la política hegemónica estadounidense, de modo que debe asegurarse que sus intereses geoestratégicos se mantengan intocables, ante la presencia de nuevos actores.

Las políticas de prevención de la producción de cultivos de coca y opio y el control de la exportación de drogas, no se concentran en la mejora de las condiciones del campesinado, la generación de empleos, el control de mercado y el consumo, así como los delitos conexos al TDI (tráfico de precursores químicos, armas, personas, lavado de dinero etc.), dejando latentes los incentivos que mantienen el negocio.

Por el contrario, la tendencia de las soluciones a este fenómeno está siendo orientada hacia la legalización de las drogas, buscando el cambio de hábitos de consumo hacia estupefacientes considerados menos perjudiciales, de manera que se reduzca el impacto sobre la opinión pública, desde el punto de vista “ético”, pero no social. Esta tendencia, impulsada por diferentes sectores políticos, que han sido puestas en práctica en Portugal, los Países Bajos, Alemania y en algunos Estados de Estados Unidos. (5)

El 19 de octubre de 2011 el expresidente mexicano Vicente Fox, impartió una conferencia en el Instituto Cato de Washington, abogando sobre la legalización de las drogas, para lo que enfatizó: "Mi propuesta es legalizar todas las drogas y su sistema de producción", asimismo, manipuló la responsabilidad sobre el consumo, definiendo: "Incluso creo que la legalización tiene un sustento ético y moral. Porque ¿quién es el verdadero responsable del consumo? Directamente, los consumidores. E indirectamente, sus padres.” (6)

Juan Manuel Santos se sumó a Vicente Fox en la no contención de la política impulsada para la legalización de las drogas. Para ello expresó, en una entrevista con el diario británico The Guardian: “un nuevo enfoque debe acabar con las ganancias que para los violentos vienen con el narcotráfico” de modo que “si eso significa legalizar, y el mundo piensa que esa es la solución, le doy la bienvenida. No me opongo a eso.” (7)

Recientemente el subsecretario general de la ONU y director de la división para América Latina del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el chileno Heraldo Muñoz, argumentó ante una interrogante que “ ni el PNUD ni la ONU tienen posición sobre el tema, pero nos parece legítimo que se empiece a discutir, como han propuesto algunas personalidades, regularizar o legalizar algunas drogas (…) el narcotráfico acabará minando la democracia en América Latina si no se aborda desde el lado de los países consumidores”. (8)

No obstante, teniendo en cuenta las graves consecuencias que conlleva el problema de las drogas al interior de los países subdesarrollados, el hecho de cambiar patrones de consumo hacia drogas legales no debe ser una solución absoluta. Lejos de buscar alguna vía para otorgar mayor control del consumo por parte de los Estados, por el contrario se proyecta una guerra contra los cárteles de la droga, donde la sociedad civil carga con la factura más negativa.

Impacto económico

Valorando las tendencias generales antes mencionadas, Latinoamérica manifestará un complicado escenario, pues si bien lo tradicional era que los países pobres concurrieran en el negocio de las drogas como centros de producción y tráfico, en los últimos años se ha registrado un aumento y expansión de su consumo que ya no sólo incluye a la subregión andina, México, Centroamérica y el Caribe, sino que también adhiere a los países del Cono Sur y de África Occidental.

El abaratamiento que se produce en el mercado con las drogas sintéticas, por las facilidades para su producción, permite que se logre una mayor socialización de la mercancía, que ya no se limita a los consumidores de primer mundo, sino que comienza a surgir, aunque en menor escala, un peligroso espacio en los países subdesarrollados para las DI, sobre todo las de tipo sintético.

En este sentido, el gobierno norteamericano expone el aumento de las incautaciones de toneladas métricas de cocaína en la región, como un triunfo total, mas ello no responde efectivamente a la reducción del problema. De hecho, uno de los elementos que mantienen y elevan los precios, es el encarecimiento de la transportación, en tanto los cárteles deben invertir más en seguridad, ampliando sus vínculos con empresas legales vinculadas con el comercio de armas y el blanqueo de dinero.

Ello coincide con un momento de contracción del mercado estadounidense, que no responde a la eficacia de las políticas hegemónicas para su control, sino al cambio de patrones de consumo, de la cocaína a las drogas sintéticas, de allí que el director ejecutivo de la ONUDC, expresara: “La moda de las drogas sintéticas de diseño que imitan a las sustancias ilegales neutraliza los progresos observados en los mercados tradicionales de la droga.” (9)

El enfoque imperial, deja a un lado las formas de procesamiento de las drogas, el control de la demanda y el consumo, así como los disímiles nexos existentes entre los cárteles, el crimen organizado trasnacional, los políticos, comerciantes, banqueros y empresarios, sin los cuales no fuera posible reproducción de ese negocio.

Con la liberalización de las economías y de los mercados financieros el TID se extiende por todo el mundo. La disminución de los precios de la cocaína desde los años 90 y la militarización de la guerra contra las drogas, han acrecentado los conflictos entre los cárteles por el control de territorios, en un intento por monopolizar las áreas para crear oligopolios y aumentar así su papel en el mercado. La característica de esta mercancía hace que los precios, la oferta y la demanda sean menos elásticos, en lo que también sirve de apoyo la guerra antidroga de los Estados Unidos.

Este negocio cuenta con un mercado de primer mundo, por lo que las producciones de los países pobres suelen ser muy rentables, debido al abaratamiento de la mano de obra. Los campesinos que producen las materias primas para estas drogas son los que menos beneficios recogen, pero su nivel de vida es tan básico, que le es más rentable su producción que la de otros productos agrícolas, ante la ausencia de programas sociales que alienten la erradicación de los cultivos de hoja de coca y cannabis.

El negocio del TDI, es el segundo en movimiento de capitales del mundo, después del petróleo, por las ganancias extraordinarias que provee. Su peculiaridad consiste en la ilegalidad, los peligros y las consecuencias que acarrea. Los efectos de la globalización en los países latinoamericanos y el contexto de crisis de la economía global, han influenciado en la inserción de sectores poblacionales rurales del tercer mundo, en la economía agraria ilícita, para la producción de plantas que sirven de materia prima para las drogas.

Esta economía genera “(…) 300,000 empleos para campesinos de los Andes sudamericanos que participan como proveedores de materia prima: coca (200,000 has), amapola (1,500 has) y marihuana (no menos de 1,000 has), que proveen para los mercados regionales internacionales.” (10)

Las experiencias han reflejado que las limitantes de la política antidroga desplegada por los Estados Unidos en América Latina, concentradas en la fumigación de los cultivos son contrarias a las aplicadas en Afganistán, denotando de forma inmoral, el doble rasero de su guerra contra las drogas, subyugada a sus prioridades geoestratégicas para cada región.

Sin embargo, no se aplican políticas para reducir las desigualdades socioeconómicas, con una redistribución de la riqueza más justa, que posibilite la ampliación de la clase media, acortando la brecha entre ricos y pobres, lo cual sí impulsaría a los programas orientados a eliminar el TID y otros delitos conexos. Por el contrario, las fórmulas empleadas por el gobierno de Estados Unidos en la guerra antidroga acrecientan la dependencia económico-comercial y financiera de los países latinoamericanos.

La producción de materias primas, el procesamiento, transportación y comercialización de las drogas, así como la seguridad que deben proveer para su exportación incluye a un mayor número de personas cada día, que hallan en este negocio una salida a los efectos de la crisis de la economía global sobre la pobreza y el empleo. Estas circunstancias atraen a los sectores más pobres de la sociedad, tanto de los países productores como de los consumidores a los que se dirigen, donde resultan más vulnerables los jóvenes, los migrantes y las mujeres.

El lavado de dinero y el contrabando abierto cobran auge con el TID. Nuevamente el contexto de crisis favorece el negocio, puesto que los bancos necesitan de una inyección monetaria que el TDI está dispuesto a aportar con tal de blanquear sus ganancias. Otra de las vías que hallan los narcotraficantes para el blanqueo de capitales es la inversión en el turismo, la construcción y el sector exportador.

A nivel macroeconómico, una vez que el lavado de dinero les proporciona un respaldo legal a las ganancias derivadas del TDI, se introducen al sistema financiero internacional, participando en el pago de las deudas. En este sentido, las ganancias del TID se insertan en el sistema económico mundial, apoyando la lógica neoliberal.

En los países en vías de desarrollo, es en donde más agudos son los efectos económicos del neoliberalismo y, también, del TDI. Las ganancias del negocio dependen de los precios internacionales y de la demanda. Su condición de droga ilícita aumenta los dividendos, pues la restricción tiende a incidir en el aumento del precio. Con el dinero acumulado por este negocio se financian la compra de mercancías en el exterior a través de mercados cambiarios, de modo que las divisas generadas por el TDI no ingresan al país productor directamente. De esta forma, se derrumba el mito de que el negocio de las drogas es una forma de beneficiar el desarrollo de los países del Tercer Mundo, reconociéndose como una forma más, de atar a estos pueblos en la pobreza y la dependencia de las grandes potencias.

Particularizando el caso de Centroamérica, luego de la Conferencia de “Seguridad”, el pasado 22 de junio de 2011, Estados Unidos propuso el llamado “Grupo de Amigos” como ayuda internacional de las potencias que luchan contra el TID en la subregión. La Secretaria de Estado expresó: “La estrategia debe reflejar la naturaleza trasnacional del desafío que encaramos. Los cárteles y los delincuentes no se contienen en las fronteras y por tanto nuestra respuesta tampoco debe hacerlo.” (11)

Las declaraciones de la jefa de la diplomacia norteamericana, permiten dilucidar que en el nuevo panorama latinoamericano, se asiste a un proceso de creciente privatización de la seguridad, como una nueva dimensión del avance de los procesos de privatización en general. Se está padeciendo de una securitización de los temas de mayor sensibilidad, que rebasa las fronteras nacionales, bajo el escudo político-diplomático de la lucha contra un problema de alcance global. Con ese objetivo, las potencias occidentales incluyen, de forma creciente, al sector empresarial dentro de los entes responsables, que tratan de contrarrestar, a través de una financiación ficticia, los problemas sociopolíticos.

El peligro de privatizar la lucha contra el TID se acentúa en los puntos abordados por Hillary Clinton al enfatizar: “(…) tenemos una responsabilidad compartida y ahora tenemos que verla en acción. Pero voy a recalcar que el liderazgo debe originarse en América Central, y no sólo en los gobiernos, sino también en el sector privado (…)”(12). Ello refleja el interés del gobierno norteamericano, no sólo de privatizar la lucha contra el TID y sino también de afianzar sus nexos con el sector empresarial de la región.

En ese contexto, varios países del Caribe, acogidos como paraísos fiscales, sirven para el lavado de dinero del narcotráfico, con una tendencia al aumento, en tanto crecen las sumas en el mercado. Desde esa perspectiva, el “narcotráfico” ha constituido una amenaza por su funcionalidad para fungir como colchón de los países más pobres, sobre los efectos de la crisis económica global, representando un por ciento considerable del PNB, así como por las fuentes de empleo que genera, apreciándose también como la vía de escape de algunos empresarios en declive, para recapitalizar sus finanzas.

Por otra parte, la pobreza de los sectores rurales ha alentado la producción y el tráfico de la droga, incrementándose las áreas de cultivo a pesar de las políticas antidrogas, que se han trazado con ineficacia entre algunos países de la región y los Estados Unidos (el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida). Ello ha fecundado en el incremento del poder de fuego de la región, tanto por parte de los Ejércitos como de los carteles, elevando las ventas de armas, lo que resulta muy beneficioso el Complejo Militar Industrial de los Estados Unidos.

La fracasada estrategia estadounidense en la cruzada contra las drogas, no sólo ha incentivado la violencia y la criminalidad, sino que ha incrementado directamente el poder de fuego de los carteles. Para ello, las autoridades norteamericanas han impulsado operativos como el “Receptor Abierto”, en los años 2006 y 2007, el Rápido y Furioso y el Naufragio, lo que llevó a que, Eric Holder, fiscal general de Estados Unidos, reconociera ante el Senado -pasado 10 de noviembre de 2011- el fracaso de la operación Rápido y Furioso.

Según datos oficiales de la ONU, el mercado de las drogas representa alrededor del 0,8 por ciento del PIB de los Estados Unidos; sin embargo para los países de América Latina la dependencia aumenta, dejándola sumergida entre el “narco” y la dominación, como fórmula del hegemón para avanzar, un paso más, sobre los pueblos de Nuestra América. Ante esa realidad, vale la pena repensar nuestras formas de integrar nuestra diversidad, para juntos consensuar proyectos autónomos que, con sus limitantes y desaciertos, rememoren la sentencia martiana:

“El vino, de plátano, y si sale amargo, es nuestro vino.”

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• Juan Manuel Santos: Si legalizar la cocaína “es la solución, le doy la bienvenida; no me opongo a eso”.
• Véase en: http://colarebo.wordpress.com/2011/11/15/juan-manuel-santos-si-legalizar-la-cocaina-%E2%80%9Ces-la-solucion-le-doy-la-bienvenida-no-me-opongo-a-eso%E2%80%9D
• "Es legítimo que se empiece a discutir la legalización de las drogas" en: El País. 4 de octubre de 2011. http://internacional.elpais.com/internacional/2011/10/04/actualidad/1317726897_763271.html
• Vicente Fox aboga por legalizar las drogas para acabar la guerra contra el narcotráfico. En: http://es-us.noticias.yahoo.com/vicente-fox-aboga-legalizar-drogas-acabar-guerra-narcotr%C3%A1fico-191613058.html
• Declaraciones de Clinton en la Conferencia de Seguridad de América Central (SICA). En: http://iipdigital.usembassy.gov/st/spanish/texttrans/2011/06/20110623125007x2.171814e-03.html#ixzz7GotQjTrb

Notas:
1) Expresó en el año 2002, Cass Ballenger, en aquel entonces, presidente del Subcomité del Hemisferio Occidental, en las palabras inaugurales, de una reunión celebrada para el proceso de aprobación de la propuesta de asistencia del gobierno de Bush para la región andina, en el Subcomité del Hemisferio Occidental (Comité de Relaciones Internacionales) de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos se celebró una audiencia el pasado 28 de junio. Véase en: www.viaalterna.com.co
2) Ver en: Word Drug Report de 2011. En: http://www.unodc.org/documents/southerncone//Topics_drugs/WDR/2011/Executive_Summary_-_Espanol.pdf Otras Instituciones y autores reflejan cifras superiores que oscilan desde 400 mil a 700 mil millones de dólares.
3) Véase en informe: “Ni Seguridad, Ni Derechos: Ejecuciones, desapariciones y tortura en la ‘guerra contra el narcotráfico’ de México”
4) Fuente: http://tomalapalabra.periodismohumano.com/2011/11/10/el-estado-mexicano-acusado-de-torturar-desaparecer-y-ejecutar-con-impunidad/ y en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=139113
5) Isabel Jaramillo Edwards. Las dimensiones político estratégicas: los Estados Unidos y los casos de México, Colombia y Venezuela. CNA, 2003-2004, p. 58.
6) El 19 de octubre de 2011, legisladores de California defendieron el consumo de mariguana con fines terapéuticos, luego que procuradores federales en el estado advirtieran acciones contra las distribuidoras de droga que sigan operando en diciembre próximo. El senador estatal Mark Leno y el asambleísta Tom Ammiano, ambos demócratas del área de San Francisco, cuestionaron que el gobierno federal utilice recursos para impedir que miles de pacientes consuman mariguana. California aprobó en 1995 una ley que autoriza a consumir mariguana con fines terapéuticos. Actualmente unas 90 mil personas consumen la droga con recetas médicas. La Asociación Médica de California pidió legalizar la droga. Por su parte, los cuatro procuradores federales en California advirtieron mediante cartas a cientos de distribuidores de mariguana medicina que si no suspenden operaciones para mediados de diciembre, pueden perder sus propiedades.
7) Vicente Fox aboga por legalizar las drogas para acabar la guerra contra el narcotráfico. En: http://es-us.noticias.yahoo.com/vicente-fox-aboga-legalizar-drogas-acabar-guerra-narcotr%C3%A1fico-191613058.html
8) Juan Manuel Santos: Si legalizar la cocaína “es la solución, le doy la bienvenida; no me opongo a eso”.
9) Véase en: http://colarebo.wordpress.com/2011/11/15/juan-manuel-santos-si-legalizar-la-cocaina-%E2%80%9Ces-la-solucion-le-doy-la-bienvenida-no-me-opongo-a-eso%E2%80%9D
10) Véase: "Es legítimo que se empiece a discutir la legalización de las drogas" en: El País. 4 de octubre de 2011. http://internacional.elpais.com/internacional/2011/10/04/actualidad/1317726897_763271.html
11) Bajo consumo de drogas “blandas” y se eleva el de las sintéticas: ONU. En: http://www.animalpolitico.com/2011/06/baja-consumo-de-drogas-“blandas”-y-se-eleva-el-de-las-sinteticas-onu
12) Soberón, Ricardo. Las tendencias del narcotráfico en América Latina. En: www.tni.org
Ver: Declaraciones de Clinton en la Conferencia de Seguridad de América Central (SICA). En: http://iipdigital.usembassy.gov/st/spanish/texttrans/2011/06/20110623125007x2.171814e-03.html#ixzz7GotQjTrb
Ver: Declaraciones de Clinton en la Conferencia de Seguridad de América Central (SICA). En: http://iipdigital.usembassy.gov/st/spanish/texttrans/2011/06/20110623125007x2.171814e-03.html#ixzz7GotQjTrb

¿CUANTOS CANDIDATOS A DIPUTADOS INDEPENDIENTES HABRÁ?


Tirso Canales
Fantasmario
 (Una luciérnaga contra el oscurantismo)


 1. EL 22 DE OCTUBRE 2010, ESCRIBI EN ESTE MISMO ESPACIO, QUE LO UNICO NUEVO EN EL SISTEMA POLITICO SALVADOREÑO DE LOS ULTIMOS 50 AÑOS, eran las candidaturas a diputados independientes, demandadas por el abogado Félix Ulloa, ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.

2. LA SENTENCIA DE LA SALA DE LO CONSTITUCIONAL INNOVADORA, también de los últimos 50 Años, fue publicada el 9/8/2010 en el Diario Oficial; a partir de aquella fecha, la casi totalidad de diputados de los partidos políticos que se han adueñado de la Asamblea Legislativa, sintieron que el mundo terminaba para ellos.

3. EN UNA FRIA Y LLUVIOSA NOCHE DE SEPTIEMBRE, CONVOCADAS DE EMERGENCIA TODAS LAS FRACCIONES DE DIPUTADOS, aprobaron “reformas urgentes” a la Constitución, “bajo un sofocón de angustia”, a fin de detener la vigencia de las “posibles candidaturas a diputados independientes que podrían presentar algunos grupos populares.”

4. TAN “URGENTES” FUERON LAS REFORMAS QUE HICIERON A LA CONSTITUCION, que allí están engavetadas, tal como las aprobaron aquella noche, en que varios diputados de todas las ideologías, estuvieron a punto de sufrir infartos, con solo pensar que otros u otras, ocuparan aquellas curules, ya amoldadas a sus anatomías.

5. LOS PARTIDOS POLITICOS FMLN Y ARENA, el 16 de Diciembre 2010, aprobaron una ley de corte neo-fascista, y el 12 de Enero 2011, el Presidente Mauricio Funes, la avaló sancionándola; la mandó a publicar para que entrara en vigencia como ley de la república el 20 de Enero, 8 días después de su publicación.

6. LA INFAME LEY buscaba cerrar toda posibilidad a las candidaturas a diputados independientes, y estuvo lista en solo 28 días mediante el Decreto 555; el proyecto fue presentado por el FMLN, y basándose en una enorme cantidad de trampas y cosas malvadas procuraba que nadie presentara ninguna candidatura independiente.

7. LA MONSTRUOSIDAD NEOFASCISTA FUE TITULADA: “Disposiciones para la postulación de candidaturas no Partidarias en las Elecciones Legislativas”; mientras escribo estas líneas, pienso que a una parte del pueblo salvadoreño lo engañan y se burlan de él, porque no aprende de la historia, ni memoriza los golpes que le asesta la dictadura y sus cómplices politiqueros.

8. AQUEL PROCESO QUE EMPEZÓ CON LA INICIATIVA del Dr. Félix Ulloa, todavía está en marcha y hasta un golpe de Estado produjo el 2 de Junio 2011, con el Decreto presidencial 743. ¿verdad que ya ni se recuerdan de los enredos del mismo?

9. LO POSITIVO DE LA HONORABILIDAD DE LA SALA DE LO CONSTITUCIONAL fue que de manera valiente demostró que las instituciones del Estado salvadoreño están podridas, ya son anti-históricas y no funcionan para propiciar el desarrollo de la democracia participativa del pueblo como fuerza política de decisión soberana, ¡si no sirven para eso, no sirven para nada!

10. EL PUEBLO SALVADOREÑO POR MEDIO DE GRUPOS DE CIUDADANOS Y CIUDADANAS, demostró que a pesar de las muchas trampas que los partidos reaccionarios y los medios publicitarios de igual carácter, les pusieron, fueron capaces de inscribir 5 candidaturas a diputados independientes en todo el país, entre ellas 2 por el departamento de San Salvador.

11. LOS DOS COMPAÑEROS QUE LOGRARON INSCRIBIR SUS CANDIDATURAS A BASE DE ESFUERZOS PERSONALES, por el Depto. de San Salvador, en otras palabras han tenido que “pagar multas” mediante una fianza, por aspirar a que la democracia participativa empiece a tener presencia en la Asamblea Legislativa Salvadoreña, que se autocalifica de “cuerpo democrático”.

12. LOS COMPAÑEROS INSCRITOS COMO CANDIDATOS A DIPUTADOS INDEPENDIENTES POR EL DEPARTAMENTO DE SAN SALVADOR, SON, EL MEDICO JOSE GILBERTO MORAN y EL ABOGADO WILLIAM HUEZO; prometen trabajar por empezar a romper el monopolio de poder reaccionario en que se ha convertido la Asamblea Legislativa; lo menos que podemos hacer es desearles éxitos y pedirle al pueblo que apoyemos sus heroicas iniciativas, votando por estos candidatos independientes.

Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


UN DÍA COMO HOY, 12 de febrero de 1973, los principales periódicos de El Salvador difundieron fotos de la muerte de los compañeros José Dima...