Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
viernes, 17 de febrero de 2012
Alí Primera: la canción necesaria
Artículo de Luis Rogelio Nogueras (La Habana, 1944-1985) dedicado a Alí Primera, músico, compositor, poeta y activista político venezolano. (Coro, 31 de octubre de 1941 – Caracas, 16 de febrero de 1985) publicado en Bohemia (La Habana), año 77, no. 9, 1 de marzo de 1985, p.23
Los cables traen la triste noticia: Alí Primera, el popular cantante y compositor venezolano, perdió la vida en uno de los cientos de accidentes automovilísticos que ocurren diariamente en Caracas, ciudad de tráfico infernal (con su más de medio millón de vehículos) a la que, con toda razón, algunos llaman «el garaje del mundo». Tenía al morir 36 años y acababa de grabar un disco de larga duración. Alí había alcanzado fama internacional, sobre todo, con sus temas Casas de cartón y Canción bolivariana.
Algún día se escribirá la historia de la canción política en América Latina. Alí, que echó su corazón y su voz en el gran río del pueblo, y que hizo de la solidaridad revolucionaria una patria, ocupará un lugar destacado en esa historia. «Si no hay verdad en los cantores», dijo en una ocasión, «entonces no habrá verdad en el canto ni en mí esperanza». Uno de sus últimos LP se titulaba Al pueblo lo que es del César; allí se hablaba de «la canción necesaria», que «tal vez no llegue a dirigir los batallones, pero ayudará a formarlos».
Me viene a la memoria la célebre consigna que lanzó Pete Seeger en uno de sus multitudinarios recitales neoyorquinos de mediados de los años sesenta: «Si alguna vez la pluma fue más fuerte que la espada, hoy la guitarra puede más que La Bomba.» La orgullosa frase del gran artista folk norteamericano, lo mismo que el epigramático comentario del ecuatoriano Montalvo cuando supo la muerte del dictador García Moreno («mi pluma lo mató»), tiene, desde luego, un carácter traslaticio, metafórico: lo que ambos querían recordarnos es que todo artista que lo sea de veras debe luchar, con los medios que le son específicos (y por los diversos y a menudo paradójicos caminos que escoge el arte en busca de su destino), para que la humanidad tenga un futuro, y para que ese futuro no sea ni una pesadilla ni un estercolero. (Aun así, a veces las metáforas sangran: Víctor Jara cantándole a la vida a cinco pasos de los fusiles que un instante después iban a hundirlo en la muerte es un ejemplo, y no el único, de que hay «guitarras» y «plumas» capaces, llegado el momento, de ponerles pecho a las balas en el sentido más recto y dramático de la expresión…).
A fines de abril de 1983 viajé a Venezuela, vía Panamá, para colaborar en un proyecto cinematográfico. Por razones que aquí no vienen al caso, aquel viaje tenía para mí tintes sentimentales. Y hubiera pasado las monótonas horas de avión y la tediosa escala panameña con la barbilla apoyada en los nudillos y la mirada perdida detrás de tercos fantasmas del pasado, si no hubiera tenido la inmensa fortuna de encontrarme con Alí en Rancho Boyeros: Alí, que retornaba a su país después de una estancia de diez días en esa nueva Capital de la Gloria, Managua.
El tiempo se nos fue —y nunca la frase hecha fue más exacta— volando. Entre cervezas y cigarros, hablamos de poesía, salsa, cine, mujeres, amigos comunes, la nueva canción, Nicaragua, la última novela de Otero Silva, los Andes (Mérida era mi destino final), y hasta de la tan llevada y traída República del Este (ese non sancto santuario caraqueño del Johny Walker donde, entre agudezas y saladitos, algunos intelectuales lloran lágrimas de cocodrilo sobre sus veleidades revolucionarias de la década del sesenta)… Las carcajadas de Alí estremecían peligrosamente los aviones, primero el de Cubana y luego el de la aerolínea venezolana, cuando yo le pagaba con algún chiste de mi patio, los que él me hacía sobre margariteños (imitando a la perfección, por cierto, el habla rápida, bisbiseante y atropellada de los naturales de Isla Margarita).
Nos despedimos en La Guaira, con un largo abrazo y confiados «Nos vemos, vale», «Nos vemos, chico». Quedaba en pie una mutua promesa: trabajar en la idea de un documental sobre la nueva canción latinoamericana. Alí sentía particular atracción por el cine; después de todo, como dijo humorísticamente Woody Allen en alguno de sus libros, ningún ser humano escapa a la fascinación del llamado Séptimo Arte, excepción hecha de los cineastas, porque ellos están obligados a almorzar y comer con y de él…
Durante varias generaciones, la canción popular latinoamericana se ha hecho eco, y a veces bandera, de las aspiraciones sociales y políticas de nuestros pueblos. Empuñada por trovadores trashumantes, y de la mano de otras manifestaciones artísticas igualmente insurgentes, como la poesía, la canción popular mantuvo siempre entre nosotros su indeclinable vocación democrática. La Nueva Canción Latinoamericana —de la cual forma parte el Movimiento de la Nueva Trova— heredó, pues, una larga tradición combatiente.
Alí Primera, una de las figuras más carismáticas de ese nuevo modo de cantar —nuevo, pero afincado en una trayectoria de más de un siglo—, no se rindió al comercialismo. Jamás renunció a la inconformidad; jamás dejó de condenar la deshumanización del hombre en el capitalismo. A pesar de las jugosas ofertas que le hicieron para que diluyera su arte en las inofensivas aguas de la música facilona, Alí no se dejó poner jamás —como dicen los venezolanos de aquellos artistas y escritores que no claudican— «el bozal de arepas».
Bob Dylan —que luego fue digerido por el sistema, y obligado a renegar de los valores que antes había sublimado— le advertía a un cantante cuya integridad estaba siendo resquebrajada con dinero: «Creo que cuando llegue tu muerte, / encontrarás que la plata que hiciste / no te devolverá el alma…» Alí Primera nunca fue rico, ni quiso serlo. Su alma permaneció intacta: el diablo de la música amelcochada y las letras banales no pudo comprarla.
jueves, 16 de febrero de 2012
La precariedad laboral, simbolo de nuestros dias
Marcelo Colussi
El mundo moderno basado en la industria que inaugura el capitalismo hace ya más de dos siglos ha traído cuantiosas mejoras en el desarrollo de la humanidad. La revolución científico-técnica instaurada y sus avances prácticos no dejan ninguna duda al respecto. Las relaciones laborales que se constituyen en torno a esta nueva figura histórica igualmente condujeron a adelantos en el ámbito del trabajo.
Si bien es cierto que en los albores de la industria moderna las condiciones de trabajo fueron calamitosas, no es menos cierto también que el capitalismo rápidamente encontró una masa de trabajadores que se organiza para defender sus derechos y garantizar un ambiente digno, tanto en lo laboral como en la vida cotidiana. El esclavismo, la servidumbre, la voluntad omnímoda del amo van quedando así de lado. Los proletarios asalariados también son esclavos, si queremos decirlo así, pero ya no hay látigos.
Ya a mediados del siglo XIX surgen y se afianzan los sindicatos, logrando una cantidad de conquistas que hoy, desde hace décadas, son patrimonio del avance civilizatorio de todos los pueblos: jornadas de trabajo de ocho horas diarias, salario mínimo, vacaciones pagas, cajas jubilatorias, seguros de salud, regímenes de pensiones, seguros de desempleo, derechos específicos para las mujeres trabajadoras en tanto madres, derecho de huelga. A tal punto que para 1948 -no ya desde un incendiario discurso de la Internacional Comunista decimonónica o desde encendidas declaraciones gremiales- la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama en su Declaración de los Derechos Humanos que “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure una existencia conforme a la dignidad humana. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.” Es decir: consagra los derechos laborales como una irrenunciable potestad connatural a la vida social.
Mal o bien, sin dudas con grandes errores no corregidos en su debido momento pero al menos no olvidándolos en sus idearios, los socialismos reales desarrollados durante el siglo XX -los Estados obreros y campesinos- impulsaron y profundizaron esas conquistas de los trabajadores. En otros términos: hacia las últimas décadas del pasado siglo esos derechos ya centenarios podían ser tomados como puntos de no retorno en el avance humano, tanto como cualquiera de los inventos del mundo moderno: el automóvil, el televisor o el teléfono. Por cierto no sólo en los países socialistas: las conquistas laborales son ya avances de la humanidad. Pero las cosas cambiaron. Y demasiado. Cambiaron demasiado drásticamente, a gran velocidad en estas últimas décadas.
Con la caída del bloque soviético y el final de la Guerra Fría el gran capital se sintió vencedor ilimitado. En realidad no fue que “terminaron la historia ni las ideologías”, como el triunfalista discurso del momento lo quiso presentar: en todo caso, ganaron las fuerzas del capital sobre las de los trabajadores, lo cual no es lo mismo. Ganaron, y a partir de ese triunfo -la caída del muro de Berlín, vendido luego en fragmentos, es su patética expresión simbólica- comenzaron a establecer las nuevas reglas de juego. Reglas, por lo demás, que significan un enorme retroceso en avances sociales. Los ganadores del histórico y estructural conflicto -las luchas de clases no han desaparecido, aunque no esté de moda hablar de ellas- imponen hoy las condiciones, las cuales se establecen en términos de mayor explotación, así de simple (y de trágico). La manifestación más evidente de ello es, seguramente, la precariedad laboral que vivimos.
Todos los trabajadores del mundo, desde una obrera de maquila latinoamericana o un jornalero africano hasta un consultor de Naciones Unidas, graduados universitarios con maestrías y doctorados o personal doméstico semi analfabeto, todos y todas atravesamos hoy el calvario de la precariedad laboral.
Aumento imparable de contratos-basura (contrataciones por períodos limitados, sin beneficios sociales ni amparos legales, arbitrariedad sin límites de parte de las patronales), incremento de empresas de trabajo temporal, abaratamiento del despido, crecimiento de la siniestralidad laboral, sobreexplotación de la mano de obra, reducción real de la inversión en fuerza de trabajo, son algunas de las consecuencias más visibles de la derrota sufrida en el campo popular. El fantasma de la desocupación campea continuamente; la consigna de hoy, distinto a las luchas obreras y campesinas de décadas pasadas, es “conservar el puesto de trabajo”. A tal grado de retroceso hemos llegado que tener un trabajo, aunque sea en estas infames condiciones precarias, es vivido ya como ganancia. Y por supuesto, ante la precariedad, hay interminables filas de desocupados a la espera de la migaja que sea, dispuestos a aceptar lo que sea, en las condiciones más desventajosas. ¿Progresa el mundo? Visto desde la lógica de acumulación del capital: sí, porque cada vez acumula más. Visto de las grandes mayorías trabajadoras: ¡definitivamente no! Por el contrario, se vive un claro retroceso.
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alrededor de un cuarto de la población planetaria vive con menos de un dólar diario, y un tercio de ella sobrevive bajo el umbral de la pobreza. Hay cerca de 200 millones de desempleados y ocho de cada diez trabajadores no gozan de protección adecuada y suficiente. Lacras como la esclavitud (¡esclavitud!, en pleno siglo XXI -se habla de cerca de 30 millones en el mundo-) o la explotación infantil continúan siendo algo frecuente y aceptado como normal. El derecho sindical ha pasado a ser rémora del pasado. La situación de las mujeres trabajadoras es peor aún: además de todas las explotaciones mencionadas sufren más todavía por su condición de género, siempre expuestas al acoso sexual, con más carga laboral (jornadas fuera y dentro de sus casas), eternamente desvalorizadas. Definitivamente: si eso es el progreso, a la población global no le sirve.
¿Qué hacer ante todo esto? Resignarnos, callarnos la boca y conservar mansamente el puesto de trabajo que tenemos, o pensar que la lucha por la justicia es infinita, y es un imperativo ético no bajar los brazos. Si optamos por lo segundo, podemos:
• Informar pormenorizadamente de lo que está pasando aprovechando todos los canales alternativos, contar las cosas desde otra perspectiva, ya que los medios de comunicación oficiales presentan la noticia según los intereses políticos y económicos del poder.
• Crear foros de debate para discutir sobre las injusticias y el reparto de la riqueza en el mundo, para ver cómo sensibilizar y hacer tomar conciencia a las grandes masas respecto a estas problemáticas.
• Movilizar a la gente por medio de la manifestación y huelga en protesta por los recortes sociales.
• Conocer y hacer conocer en detalle, exigir y reivindicar la Tasa Tobin para redistribuir mejor la riqueza mundial.
• Globalizar las resistencias, unir nuestras fuerzas, apoyarnos mutuamente en nuestras reivindicaciones y denuncias.
• Retomar banderas históricas de la lucha sindical, hoy caída prácticamente en el olvido, desvalorizada y cooptada por un discurso patronalista.
Si es cierto -siguiendo el análisis hegeliano- que “el trabajo es la esencia probatoria del ser humano”, hoy, dadas las actuales condiciones en que vivimos, ello no parece muy convincente. De nosotros, de nuestra lucha y nuestro compromiso depende hacer realidad la consigna que “el trabajo hace libre”.
Obras Maestras de la Literatura Universal - III
III
LA ODISEA
De los dos grandes poemas que se cobijan bajo el nombre de Homero, diferentes en espiritu pero iguales en la forma y unidos por la comunidad de personajes, la Iliada es el de la guerra y la Odisea si no el de la paz al menos el de la post guerra.
La Iliada, compuesta probablemente hacia el siglo ocho antes de Jesucristo, fué la culminación de una forma poética que tenia ya larga tradición. La Odisea debió componerse mucho después, quizá cien años más tarde y ya no es gente constantemente heróica, totalmente amamantada en la epopeya, la que aparece, sino que tiene también papel importante gentes deseosas de paz y vida familiar y tranquila.
Según han dicho algunos historiadores de la literatura, ya en la Iliada hay una gran cantidad de similes o comparaciones que parecen haber surgido del esfuerzo de una generación para enlazar el cuadro tradicional de la vida heroica con la realidad cotidiana que tenia ante sus ojos y para introducir la vida propia en el dominio de la poesia.
Se han hecho lista de gran número de comparaciones: la de las moscas y la leche, la del asno obstinado, las avispas que anidan en el camino polvoriento, la hilandera que escatima la lana, la niña que llora para que su madre la coja en brazos, la del buzo, la de la vaca primeriza, la del curtidor, la de los mulos que arrastran la viga, etc., etc.
Si todo este elemento popular y cotidiano aparece ya en la Iliada, en la Odisea, cien años después , es ya en muchas ocasiones predominante.
Hubo un tiempo en que debió ser nuevo y osado emplear el estilo de la epopeya heroica par la vida corriente y diaria. Es como si hablaramos de nuestra vida cotidiana con citas de tragedia, comparando estados de ánimo nuestros con los de Segismundo o Hamlet.
En la Odisea se hace esto. Hay aún ambiente heroico y --por ejemplo-- la riña que en el libro dieciocho sostiene el héroe con un mendigo es como una parodia de las escenas de combates de la Iliada, pero la Odisea representa ya el principio de los tiempos nuevos, la edad de las ciudades griegas, en que la vida se recoge, se remansa, se hace tranquila e industriosa y el hogar, los bienes y el trabajo son los intereses dominantes del hombre.
Asi como la Iliada es unitaria en su origen y sólo crece con episodios adicionales, la Odisea es un conjunto de tres relatos: la primitiva Odisea (historia de los viajes de Ulises); la Telemaquia (historia del hijo
--Telémoco-- que busca a su padre perdido) y el drama de los pretendientes a la mano de la supuesta viuda y al reino del viajero.
A pesar de ello la Odisea tiene una casi perfecta unidad (salvo detalles discutibles).
Está dispuesta --como la Iliada-- en 24 libros, cantos o rapsodias, marcados también con las letras del alfabeto jónico y narra todo lo ocurrido en el espacio de cuarenta y un dias que precedió al momento en que Ulises, después de veinte años de ausencia --de la guerra de Troya y de sus fantásticos viajes-- logró al fin reunirse con su esposa Penélope.
--"Di, Musa, de este hombre ingenioso que vagó tanto tiempo, después de haber destruido la cuidadela de Troya. Vió las más populosas ciudades y conoció su espiritu y sufrió en su corazón de muchos males sobre el mar, por cuidar de la propia vida y del regreso de sus compañeros . Pero ni aún asi pudo salvarlos, contra su voluntad. Perecieron por su codicia los incensatos, después de comer los bueyes del Sol porque éste les arrebató la hora de su regreso. Dime todas estas cosas, Diosa hija de Zeus...
Asi empieza la Odisea que por sus largos y fantásticos relatos de viajes, sus plácidas descrepciones de hogares antiguos y la diversidad de sus episodios tiene una variedad muy superior a la de la Iliada y es una de las obras más apasionantes de la literatura universal aunque haya sido criticada duramente por algún personaje ilustre, como Horacio, que acusó a Homero de "dormir a ratos" (quandoque bonus dormitat Homero), esto es de hacer pesados y cargantes sus relatos interminables.
Todos los héroes de la guerra de Troya han muerto o regresado a sus hogares, menos Ulises, retenido por Calipso. Los dioses (menos Neptuno) se apiadan de él y Minerva consigue de Júpiter que Mercurio ordene a Calipso que no se siga oponiendo al regreso del héroe a su patria, en la que la esperan (desesperando ya de su vuelta) su hijo Telémaco y su esposa Penélope, acosada ésta por una serie de pretendientes a su mano y al puesto de Ulises.
Calipso misma, obedeciendo las órdenes y sispuesta a permitir la vuelta de Ulises, va a Itaca a avisar a Telémaco de que su padre vive y a animarlo a expulsar a los pretendientes de su madre.
--"Y se calzó las sandalias inmortales doradas, que la llevaban sobre el mar y sobre la tierra inmensa, como un soplo de viento. Y tomó una lanza potente, de aguda punta de bronce, pesada, grande y sólida, con la cual suele domeñar las multitudes heroicas la hija del padre prepotente, cuando contra ellas se encoleriza. Y, abandonando las cimas del Olimpo, descendió al pueblo de Itaca y ante el umbral del atrio de Odiseo, con la lanza en la mano, tomó la forma externa de un extranjero, de Mentes, rey de los tafios.
Y vió a los soberbios pretendientes que jugaban a los dados ante las puertas, tendidos en pieles de bueyes sacrificados por ellos. Heraldos y servidores se apiñaban a su redor; unos mesclaban agua y vino en las cráteras, otros lavaban la mesas con esponjas de mil poros y elevándolas distribuian las viandas abundantes.
Y el divino Telémaco, se hallaba sentado entre los pretendientes, triste de corazón, viendo, en sueños, llegar a su agurrido padre, de súbito arrojar a aquellos de sus casas, recuperar su poder y regir su hacienda."
Telémaco era, a la vez que divino, prudente, y habló con el extranjero en términos de mucha circunspección, y hasta dijo cosas terribles que pocos hombres han dicho.
"Mi madre dice que soy hijo de Odiseo; pero yo no te lo aseguraré porque nadie puede decir, por si, quién es su padre..."
Duras palabras, que suenan casi a blasfemia. Tremenda negación de lo más elemental y especifico de la fe humana, que queda flotando en aquel lejanisimo siglo ocho antes de Cristo...
Pero simgamos el relato, sin comentarios marginales.
En el libro segundo, Telémaco pide a los pretendientes que se vayan pero en vano. Y decide ir él mismo en busca de su padre. Careciendo de medios los pide a los dioses y Minerva se los proporciona.
Empieza la gran aventura...
Telémaco va a Pilos y Néstor le aconseja que vaya a Lacedemonia, en donde Menelao le dará noticias de su padre. Asi lo hace y sale para Esparta a donde llega en los momentos en que Menelao celebra las bodas de su hijo de su hija. Todos le reciben con júbilo y le dan la noticia de que su padre está retenido por Calipso.
"Llegados a la vasta y cabernosa Lacedemonia, se dirigieron a la casa del glorioso Menelao, al que hallaron celebrando, en medio de numerosos convidados, las bodas de su hijo y de su hija ilustre, que enviaba al primogénito del belicos Aquileo. Tiempo atrás, frente a Troya, se le habia prometido para esposa, aprobando los dioses estas nupcias y Menelao la mandaba ahora en un carro de dos corceles hacia la inclita ciudad de los mirmidones y a la vez casba con una espartana, hija de Akéctor, a su hijo el robusto Megapentes que Menelao tuvo --siendo y viejo-- con una esclava, pues los dioses no permitieron que su esposa Helena volviese a concebir después de haber dado al mundo una hija como la graciosa Hermiona, semejante a Afrodita dorada."
Odiseo (o Ulises) ya libre de Calipso, sale en una almadia, tras una última noche de amor, y navega diecisiete dias. Pero al décimo octavo...
"El poderoso que sacude la tierra, desde las cumbres de las montañas vió de lejos a Odiseo atravesar el mar y se encendió de ira y dijo:
¡pienso que ha de sufrir todavia!... Y amontonó las nubes y soliviantó el mar. Y tomó el tridente entre sus manos y desencadenó la tempestad de todos los vientos. Y rodeó de nubes tierra y mar y la noche descendió del Urano. Y soplaron a la vez Euro y el Noto, y el violento Céfiro y el impetuoso Bóreas, que levanta olas enormes y flaquearon las rodillas y el corazón de Odiseo y con tristeza habló a su espiritu magnánimo: "¡Ah desdichado de mi!, ¿qué va a ocurrirme? Felices los danaénos que murieron antaño ante la vasta Tropa! ¡Pluguiera a Dios que alli hubiese hallado yo mi muerte el dia en que los troyanos me arrojaron sus lanzas de bronce junto al cadaver de Aquileo! ¡Entonces me hubiera hecho acreedor a honras fúnebres y hubiesen celebrado mi gloria pero ahora mi sino es sufrir oscura muerte!"
Pero Leucotea (la diosa que en vida fué Ino, la de los pies hermosos) tuvo piedad de él y emergió del abismo, transformada en somormujo y posándose en la balsa le dijo el modo de salvarse.
"Despójate de tus vestidos, abandona la balsa y nada. Toma esta banderola, ciñetela al pecho y no temas al dolor ni a la muerte. Y cuando hayas tocado la orilla, arrójala lejos, devuélvemela al sombrio mar, volviéndole la espalda."
Y asi llegó al pais de Nausica y las doncellas de ésta huyeron pero Nausica se quedó y Odiseo la requebró mucho, miemtras velaba con una rama la desnudez de sus carnes: "¡Tres veces dichoso tu padre y tu madre venerable y tres veces dichosos tus hermanos y dichoso entre todos el mortal que, colmándote de presentes nupciales, te lleve a su morada.
Una vez vi un retoño tierno de palmera, en Delos, ante el altar de Apolo y quedé estupefacto de que árbol tan hermoso hubiera brotado de la tierra. Asi también te admiro, a ti, mujer...".
Y Narcisa, halagada, llamó a su esclavas y les dijo palabras de la Biblia, palabras que ocho siglos después repetiria el Nuevo Testamento.
"¡Venid esclavas! ¿Dónde huis porque habéis visto un hombre? ¿Pensáis que sea un enemigo? No lo será pero sabed que si algún desdichado peregrino llega hasta aqui es preciso socorrerle pues los extranjeros y los menesterosos son de Zeus y cualquier donación por modesta que sea, que se les haga, le es agradable."
Y después fué a la ciudad de los Feacios, al palacio de Alcinoo y de la reina Arete que hicieron, en su honor, banquetes y juegos en que Demódoco cantó con sorprendente desenfado, ligero y burlón, los amores de Venus y Marte.
Y pasó más tarde por el pais de los Cicones, el de los Lotófagos y el de los Ciclopes y conoció a Polifemo, cuya ferocidad para con los hombres contrastaba con la ternura de que hacia objeto a los animales que compartian su vida miserable, y que usaba como maza un olivo entero, al que vencieron emborrachandóle y sacándole su ojo único mientras dormia. Y pasaron por Eolia, en donde Eolo les dió vientos metidos en odres, y por el pais de los Lestrigónes, y se vieren convertidos en cerdos hasta que Circe los desencantó, y hasta viajaron al Pais de los Muertos, en donde encontraron a Agamenón, a Aquiles y a Ayax y otros muchos héroes de la guerra de Troya.
Y escaparon de las sirenas y de las tempestades de Scila y Caribdis y, en Trinaria, los insubordinados compañeros de Odiseo degollaron los bueyes del Sol, y éste, irritado, pidió venganza a Júpiter y una nueva tormenta de nueve dias los exterminó a todos menos a él, cuyo destino era salvarse.
Y con esto llegamos al libro trece, en que empieza la segunda parte.
Ya está Odiseo en las costas de Itaca, su patria, y empieza a encontrar a sus gentes, que no le reconocen.
Eumeo, su porquero, estaba sentado bajo el pórtico, donde habia construido vastos establos, y Odiseo, sin darse a conocer le preguntó:
¿Quién es el hombre que te adquirió y qué dices tan rico y poderoso?
¿Dices que murió en Troya por la causa de Agamenón? Sepa yo su nombre pues pudiera conocerle... Zeus y los dioses saben que vengo a anunciarte lo que he visto, pues he vagado por infinitas tierras..."
Y le respondió el mayoral de los pastores:
"¡Oh, anciano! Ningún vagabundo que traiga noticias persuadirá a su mujer y su hijo... Los mendigos de profesión mienten con descaro... Van a ver a mi señora y le cuentan patrañas... Pero ella solloza como mujer cuyo marido ha muerto... Tú inventarás también una historia a fin de que te regale también un manto. Pero ya lo canes rápidos y las aves rapaces han arrancado la carne de sus huesos, o los peces le han devorado en el fondo del mar, y asi ha perecido, dejando a sus amigos y a mi profunda pena, pues a cualquier lugar que vaya no encontraré un señor tan bueno, aunque vaya a la casa de mis padres, donde naci y ellos me educaron, y no les lloro tanto, ni deseo tanto verlos con mis ojos en la tierra patria, como lloro por la nostalgia de Odiseo ausente y ahora que no está aqui --¡oh forastero-- le nombro con respeto, pues me queria y cuidaba de mi, y por eso le llamo hermano mayor, a pesar de estar lejos!
Desde este momento, como en el mejor de los dramas, el autor juega con este truco y obtiene efectos magnificos. Imaginemos la emoción del público del poema sintiendose mucho más perspicaz e informado que los propios personajes.
Toda la critica teatral está conforme en que la tensión es menor cuando el drama es de sorpresas que cuando el público sabe lo que está pasando y lo que va a pasar. El público sabe que el mendigo es Odiseo y goza sabiéndolo y se rie de la desconfianza del pastor y luego de la reina que no sabe tampoco que junto a ella está el hombre al que ama. ¡Qué emoción cuando la reina llora por el marido sentado junto a ella!
El autor se recrea acentuando estos efectos. Cuando el pastor invita al mendigo a que refiera a la reina lo que sabe, Odiseo dice: "Sé muy bien de su esposo porque he padecido sus infortunios...".
¿Cómo mantendrá Odiseo su disfraz ante el amor y la fidelidad de los suyos? Su viejo perro le reconoce y menea el rabo y él habla muy de prisa para disimular su emoción. Y hay un detalle tierno y conmovedor cuando su nodriza le reconoce también, sin que nada ni nadie pueda evitarlo.
Luego le reconoce igualmente su hijo, Telémaco, pero él le pide el mayor secreto para afrontar con éxito la lucha con los Pretendientes.
Estos le tratan mal. Eurimaco, sobre todo, le habla como a un mendigo miserable.
"Y dijo a Odiseo, destructor de ciudades: (dice el poema marcando con soberbia sobriedad el contraste entre el tono del personaje que insulta y la personalidad del insultado): y dijo a Odiseo, destructor de ciudades...
--"Forastero: si quieres servir por un salario, yo te mandaré a un ricón de mis campos. Repararás los vallados y plantarás árboles. Te daré abundante comida, vestidos y sandalias. Pero tú solo sabes malas obras: no quieres trabajar y prefieres mendigar por el pueblo para satisfacer tu insaciable vientre!
Y Odiseo le respondió, en uno de los mejores párrafos del poema: el trabajo, allá por la primavera, cuando los dias son largos, caminando en ayunas y segando con la hoz corva en un prado durante todo el dia, mientras la hierba no faltara! ¡Plugiera a Dios que hubiese de guiar dos grandes y hermosos bueyes, bien alimentados de forraje y de y guales fuerzas en un campo vasto de cuatro obradas! ¡verias entonces si sabia abrir un surco profundo y dominar la tierra con el arado! Y si el Crónida suscitara una guerra hoy mismo y tuviera yo un escudo, dos lanzas y un casco de bronce que ceñir a mi cabeza, me verias confundido con los primeros combatientes y no me ultrajarias burlándote de mi, porque tengo hambre! ¡Pero me insultas con insolencia porque eres cruel y te crees grande y bravo entre un pequeño grupo de cobardes! ¡Mas si tornara Odiseo y pisara el suelo de su patria, pronte estas anchas puertas te parecerian demasiado estrechas para escapar cuando fueras huyendo por el pórtico!"
Después Telémaco y Odiseo escondieron las armas de los pretendientes y se dispusieron a exterminarlos, porque ya Penélope desesperada habia prometido su mano al que supiera tender el arco de su marido.
Hizose la prueba y nadie lo logró.
Entonces el mendigo pidió el arco y se alzó contra él el clamor airado de los pretendientes: "¿Dónde vas con ese arco, sucio porquero vagabundo? ¡Ojalá ese arco te traiga el infortunio tan seguramente como que no podrás tenderle!".
Pero Odiseo, después de haber examinado el gran arco, le tendió tan fácilmente como un hombre hábil en tañer la citara tiende, con ayuda de una clavija, una cuerda nueva hecha con el intestino torcido de una oveja. Asi fué como Odiseo tendió la cuerda que sonó como el grito de una golondrina. Un amargo enojo tomó a los pretendientes y una gran alegria al tirador.
"¡Telémaco! No te averguences del forastero que tienes en tu casa. No me he fatigado ni me he desviado del blanco. Mis fuerzas están completas y ahora voy a apuntar a otro blanco que ningún otro hombre ha acertado nunca."
"Y dirigió una amarga flecha contra Antinoo, que alzaba a la sazón con sus dos manos una hermosa copa de oro para beber en ella y nada tenia más lejos de su espiritu que la idea de la muerte. Cayó hacia atrás cuando la punta le atravesó el cuello delicado y la copa se escapó de su mano inerte y un chorro de sangre brotó de su nariz."
Después vino la lucha suprema. Odiseo, ayudado por su hijo Telémaco y por su fiel Eumeo y el boyero Filecio acabaron con todos los pretendientes y tras de la purificación del Palcio vino el reconocimiento de los esposos.
La anciana nodriza despertó a Penélope, que dormia.
"¡Levántate, Penélope! ¡hija querida! para que veas con tus ojos lo que todos los dias deseas... Odiseo está en su casa y ha dado muerte a los procaces que la arruinaban, devorando sus riquezas y violentando
a su hijo."
Penélope no lo queria creer --¡Ama querida, los dioses te han vuelto loca! --ni cuando su hijo se lo juraba. Y el prudente Odiseo dijo entonces una frase jugosa, sabrosa y significativa.
"¡Deja, Telémaco, a tu madre que me pruebe dentro de nuestras estancias que asi quizá me reconozca mejor!"
Y entraron a sus estancias y le dió pruebas y señales y --después de recrearse mucho Homero en la testarudez de la esposa-- le reconoció al fin y fueron felices como en los cuentos de hadas y en todas las buenas Odiseas del mundo.
Y como los dioses le habian prometido "una dulce muerte le llegó del mar y le mató en un vejez dichosa, mientras, en torno a él, las gentes eran felices".
miércoles, 15 de febrero de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
(VIDEO) Vea "Dossier" con Walter Martínez (13.02.12)
Los sucesos internacionales y noticias de resonancia mundial en "pleno desarrollo" analizados por el periodista y corresponsal de guerra, Walter Martínez, a través de la señal del canal de todos los venezolanos, Venezolana de televisión.
“Dossier”, único en su estilo en la televisión venezolana, es una herramienta necesaria, que brinda información de actualidad, en un lenguaje directo y de fácil comprensión.
Video streaming by Ustream
lunes, 13 de febrero de 2012
Los trabajadores saben perfectamente que los ladrones no se levantan a las 6 de la mañana
Dedicamos este discurso de Durruti a las y los compañeros en lucha de Grecia
Los trabajadores saben perfectamente que los
ladrones no se levantan a las 6 de la mañana, los verdaderos ladrones,
aquellos que se nutren del robo de nuestro trabajo, ¡son esos hijos de
puta de burgeses!
Vuestra presencia en este mítin, y mi presencia
en esta tribuna debe mostrar claramente a esos cabrones de la burgesia y
del gobierno que la CNT y la FAI son fuerzas que aumentan con la
represión, y son mas solidarias en la adversidad.
Los anarquistas no salen tomados de las prisiones ni de las
deportaciones, si no mas firmes en sus propósitos, más seguros en sus
objetivos. Para desacreditarnos, la burguesía con sus sicarios de la
prensa ha utilizado el peor de los argumentos.
Por que eran tan enormes las acusaciones, tales como vendidos a los
monárquicos, ladrones, vandoleros... que los propios trabajadores que
los conocen iban a ser nuestros mejores defensores.
Los trabajadores saben perfectamente que los ladrones no se levantan a
las 6 de la mañana, los verdaderos ladrones, aquellos que se nutren del
robo de nuestro trabajo, ¡son esos hijos de puta de burgeses!
Hijo del pueblo, te oprimen cadenas,
y esa injusticia no puede seguir;
si tu existencia es un mundo de penas
antes que esclavo prefiere morir.
En la batalla, la hiena fascista.
por nuestro esfuerzo sucumbirá;
y el pueblo entero, con los anarquistas,
hará que triunfe la libertad.
y esa injusticia no puede seguir;
si tu existencia es un mundo de penas
antes que esclavo prefiere morir.
En la batalla, la hiena fascista.
por nuestro esfuerzo sucumbirá;
y el pueblo entero, con los anarquistas,
hará que triunfe la libertad.
Trabajador, no más sufrir,
el opresor ha de sucumbir.
Levántate, pueblo leal,
al grito de revolución social.
Fuerte unidad de fe y de acción
producirá la revolución.
Nuestro pendón uno ha de ser:
sólo en la unión está el vencer.
Levántate, pueblo leal,
al grito de revolución social.
Fuerte unidad de fe y de acción
producirá la revolución.
Nuestro pendón uno ha de ser:
sólo en la unión está el vencer.
EL SALVADOR.- 1 de febrero de 1932:El juicio y la ejecución de Farabundo Martí, Alfonso Luna y Mario Zapata
Extractos del capitulo 10 del Libro: “El Salvador, los sucesos políticos de 1932”, de Thomas Anderson, Educa, 1982.
La
antigua Penitenciaría de San Salvador fue derruida por un terremoto en
1964, y en su lugar sólo hay actualmente un predio vacío. Pero el 19 de
enero de 1932, las puertas del edificio se cerraron detrás de Martí,
Luna y Zapata. Es difícil imaginarse lo que pensó Martí, veterano de
tantos sufrimientos y encarcelamientos. Es probable que, habiendo
sobrevivido a tantas cosas, haya esperado que su sangre fría y su
superioridad moral podrían sacarlo sin daño a través de aquellas puertas
de la Penitenciaría.
Pero
estaba destinado a no cruzarlas sino hasta el primero de febrero de
1932, al ir a su ejecución junto con Mario Zapata y Alfonso Luna.
(…)
Al término de la rebelión, los tres prisioneros fueron notificados de
que serían juzgados por un "consejo de guerra", o sea, por una corte
marcial. Se les apremió para que le dieran al gobierno cualquier
evidencia que tuvieran acerca de otros responsables del levantamiento,
pero ellos se negaron a hacerlo. Buezo dice que Martí respondió: "No
somos cobardes... no nos deshonraremos".
(…)
De acuerdo con Diario Latino (3), el consejo de guerra estaba formado
por los siguientes miembros: general Manuel Antonio Castañeda,
presidente; y coronel Hipólito Ticas, general Emilio Marroquín
Velásquez, coronel Domingo García Morán y coronel Ladislado Escobar.
Secretario fue el Dr. Arturo Solano, y fiscal el general Eleazar López.
Como secretario de la Corte fungió el teniente Castro Cañizales. El
juicio fue convocado a las 6.00 P.M. del 30 de enero de 1932, en una
sala de la Penitenciaría. Después de que los miembros se habían
instalado en sus puestos, a las 7 de la noche comenzó la lectura de la
causa. Luego, sin receso, se sucedieron las intervenciones hasta la 1.00
A.M.
Cuando
el fiscal terminó su exposición, Alfonso Luna pidió a la corte
oportunidad de hablar en defensa propia. Se le concedió, y el joven
empezó a explicar con voz un poco cortada que sus actividades en el
movimiento comunista no pasaban de ser algo así como boberías, la acción
de un joven entusiasta que no podía prever las consecuencias trágicas
de su actuación.
(…)
Entonces se le permitió hablar a Zapata. Aunque era delgado y de aspecto
tímido, tenía firmeza y compostura. Negó ser comunista y explicó que su
situación de semi-burgués y semi-intelectual le dificultaba la
aceptación en las filas comunistas.
(…)
Por último se le dio oportunidad a Agustín Farabundo Martí para que
hablara. Ya era más de la media noche. El salón de la corte, que en
realidad no era sino la habitación más grande del apartamento del
comandante, estaba mal alumbrado y tenía aspecto tenebroso. Martí se
puso en pie, según palabras de La Prensa, "visiblemente nervioso, con un
tic que le fruncía una vieja cicatriz que tenía en la frente". Empezó
por enjuiciar a la Corte misma, señalando que aquello era en realidad el
juicio de una clase por otra. Como de antemano era culpable, de acuerdo
a la opinión prevaleciente, ya que era un dirigente comunista, no iba a
perder el tiempo defendiéndose, sino que aceptaba la responsabilidad
total de lo que había sucedido. Sin embargo, le suplicaba a la corte que
considerara que los estudiantes Luna y Zapata no estaban profundamente
comprometidos. No eran comunistas, no conocían ni los fundamentos del
marxismo, ni tenían conciencia proletaria. Eran simplemente unos
idealistas de clase media que habían visto en él, en Martí, a un
maestro.
A la
una de la madrugada la Corte entró en receso y los tres prisioneros
regresaron a sus celdas, mientras los jueces comenzaban su debate. Los
acusados pasaron lo que se ha descrito como "una noche tranquila". Martí
se acostó en su petate y se puso a fumar, perdido en ideas; o tal vez
tratando de no pensar. (Se ha asegurado que el soltero revolucionario
estaba enamorado de una mujer casada como de treinta años de edad, que
había conocido en sus días de estudiante, y aunque jamás hablaba de
ello, esa frustrada pasión subsistió con toda fuerza hasta el final.
Luna
se pasó la noche hablando con un sacerdote que había llegado a
visitarlo. Zapata se paseaba nervioso de un lado a otro, sobándose la
barba que le había crecido en la prisión. Finalmente, a las 6.30 fueron
vueltos a llamar al salón de la corte. Es poco probable que los jueces
hayan debatido toda la noche. Lo más seguro es que todos se fueron a
dormir a sus casas, o se quedaron reposando en la Penitenciaría, pues la
verdad era que casi no había nada que discutir. El general Maximiliano
Hernández Martínez ya había dado la señal.
La
Corte leyó el veredicto en que se encontraban culpables a todos los
acusados de los delitos de traición y rebelión, por lo que se les
condenaba a morir a la mañana siguiente ante un pelotón de fusilamiento.
(…) El 31 se les permitió a los prisioneros que recibieran visitas,
pero después de todo, la mayor parte de sus amigos ya habían sido
asesinados por los pelotones de fusilamiento, o se encontraban presos, o
escondidos.
(…)
Por la noche permitieron que los condenados hablaran entre sí y con sus
carceleros. Martí recordó extensamente a Sandino y los días que había
pasado en las Segovias. Elogió al general por ser uno de los que jamás
habían claudicado ante el imperialismo yanqui. "Sandino" -dijo- "es uno
de los pocos patriotas que hay en el mundo." Había roto, agregó, porque
Sandino andaba buscando ayuda entre los mexicanos para reiniciar la
lucha en las Segovias, lo cual le parecía a él, a Martí, una inútil
pérdida de tiempo. Además, en aquellos días Martí ya era comunista y
Sandino rechazaba esa doctrina.
A la
mañana siguiente doña Nieves Cea de Zapata llegó otra vez a despedirse
de su marido. Según los periódicos, "estaba pálida, pero serena". No
lloró después de que se abrazaron fuertemente y se separaron. Nadie
llegó a despedirse de Martí -su padre había muerto, su madre estaba en
México, y, no mantenía relaciones con otros parientes. Tampoco llegó
nadie a visitar a Luna, cuyos padres ya habían muerto y cuya familia se
encontraba en la distante ciudad de Ahuachapán, al otro lado del reino
del terror.
(…)
Por la noche permitieron que los condenados hablaran entre sí y con sus
carceleros. Martí recordó extensamente a Sandino y los días que había
pasado en las Segovias. Elogió al general por ser uno de los que jamás
habían claudicado ante el imperialismo yanqui. "Sandino" -dijo- "es uno
de los pocos patriotas que hay en el mundo." Había roto, agregó, porque
Sandino andaba buscando ayuda entre los mexicanos para reiniciar la
lucha en las Segovias, lo cual le parecía a él, a Martí, una inútil
pérdida de tiempo. Además, en aquellos días Martí ya era comunista y
Sandino rechazaba esa doctrina.
(…)
Zapata y Luna confirmaron firmemente su fe católica, y recibieron los
últimos sacramentos del padre Castro Ramírez, que los exhortó a que
murieran "en comunión con Dios". Al escuchar esa palabra, cuentan que
Martí elevó sus ojos al cielo y con una sonrisa de ironía "repitió la
bella, y para él vacía palabra de Dios".
Su
"confesión" consistió en el impío truco de asegurar a sus victimarios
que todavía habían más de mil bombas colocadas en la ciudad, y que
dentro de poco se sublevarían en la capital millares de rebeldes de
refuerzo. Esto, no cabe duda, produjo el efecto de intensificar la
persecución en San Salvador.
(…)
Como la ejecución no había sido anunciada, sólo un pequeño grupo de
curiosos se habían reunido a la hora en que llegó la procesión de
camiones y automóviles, entre los que se encontraba la ambulancia fatal.
Los espectadores ocasionales fueron mantenidos a raya por una línea de
soldados que descendieron de los camiones y se apostaron en ambos
extremos de la calle para evitar que la ejecución pudiera ser
perturbada.
(…)
El pelotón de fusilamiento hizo honor a su nombre -después de la
descarga los prisioneros todavía estaban vivos. Un oficial fue a
dispararle un tiro en la cabeza a cada uno de ellos. La tensión se
rompió: los oficiales encendieron cigarrillos y conversaron en voz baja.
Entonces alguien notó que la herida que Zapata tenía en la cabeza
todavía sangraba profusamente, señal de que 6 u 8 minutos después de la
primera descarga todavía estaba con vida. Le dispararon otra vez, y en
esta ocasión sí terminaron con la vida del joven estudiante.
Los
cadáveres fueron subidos a la ambulancia, y el padre Prieto, que los
había acompañado vivos, los acompañó en el viaje de regreso a la
Penitenciaría Central, donde permanecieron hasta que se arreglaron las
disposiciones para los funerales, efectuados en privado. Luego fueron
enterrados en el mismo cementerio, a menos de 50 yardas del lugar donde
habían sido ejecutados, en la zona elevada contenida por el muro norte.
Las tumbas de Luna y Zapata, que todavía se encuentran en ese lugar,
consisten en losas de aproximadamente dos pies de alto. Una tiene un
libro de piedra, para señalar que se trata de un estudiante. La otra
tiene adornos góticos en piedra. Martí también estuvo un tiempo al lado
de ellos, pero alrededor de 1968 fue trasladado al sitio de su madre,
que se encuentra más abajo en una parte del cementerio denominado en
honor a Alberto Masferrer. Su tumba se encuentra en la actualidad
directamente detrás del busto marmóreo de Masferrer.
Obras Maestras de la Literatura Universal - LA ILIADA
II
LA ILIADA
Su autor, Homero, el más célebre de los poetas griegos, nació hacia el año mil antes de Jesucristo.
Durante el siglo diecinueve hubo una corriente muy fuerte de opinión literaria y critica que negó la existencia real del poeta.
Ahora se admite otra vez y siete ciudades se disputan, como es costumbre, la gloria de contarlo como hijo.
Se dice que era ciego... Y en su nombre se apoya la afirmación.
"O-me-rón', quiere decir, en griego, "el que no vé".
Desde luego no lo fué de nacimiento porque no describiria las cosas tan maravillosamente.
Otros atribuyen el nombre de Homero a que el poeta, que fué soldado, como Cervantes, estuvo --también como él-- cautivo del enemigo y en griego "omeros" quiere decir "rehén".
Pero también hay quien piensa que, sencillamente, el nombre indicaba su profesión rapsoda, del mismo modo que otros nombres griegos señalaban habitualmente el oficio de los que los llevaban, como Demóstenes (que quiere decir "vigor del pueblo"), Sófocles (que significa "gloria de la sabiduria), Protágoras (que expresa "el primero en el Foro") o Aristófanes (que indica "el mejor al manifestarse").
Homero hizo la Iliada en el siglo nueve antes de Cristo, antes, por consiguiente, que la Odisea, su obra inmortal.
Tiene por asunto la cólera del caudillo griego Aquiles, que, al frente de los Mirmidónes, acudió a la expedición que los aqueos hicieron contra los troyanos para vengar la afrenta cometida por Paris, el hijo de su Rey, que, habiendo sido huésped de Menelao, raptó a la mujer de éste, Helena, llevandosela a Troya.
Los episodios del sitio de la ciudad son la base del relato.
Hay un momento en que Aquiles, vejado por el caudillo griego Agamenón, se retira con sus huestes del combate y sobreviene entonces una serie de derrotas parciales.
Pero cuando los sitiados matan a Patroclo, Aquiles, su gran amigo, vuelve a la pelea y mata a Héctor, caudillo de los sitiados, arrastrando su cadáver alrededor de las murallas, hasta que, compadecidos de la angustia del padre del muerto, Priamo, le entregan el cadáver y se le celebran funerales suntuosisimos.
La acción es rápida y ocurre en breve tiempo. Enpieza en el año diez del sitio Troya y cuando acaba, la ciudad no ha sido tomada aún.
Unas veces se desarrolla en las llanuras que rodean la plaza y se extienden hasta el mar, en la orilla del estrecho de los Dardanelos, otras veces en el interior de la fortaleza y otras en pleno Olimpo en donde los dioses discuten constantemente e intervienen en la contienda con todos sus poderosos medios de acción, tomando parte, según su simpatias, por unos u otros.
Es, ciertamente, dificil lanzarse a leer un obra que cuenta 2,800 años de antiguedad y que comienza de modo imponente que hace suponer una lectura excesivamente complicada.
Pero no hay nada de eso. Toda la concepción de la Iliada es de una simplicidad suma. El ciclo de épica poesias comprende el cielo, la tierra y todos los elementos naturales y sobrenaturales, pero el escenario es muy reducido, la acción es continuada y la cencillez es una de sus mejores cualidades.
La naturalidad y verosimilitud de los pasajes, corren parejas con la minuciocidad preciosa de la observación y fluye de cada página un torrente de datos geográficos, históricos, mitológicos, religiosos y filosóficos, tan precisos que --por ejemplo-- Homero se cuidó de incluir en su obra la más exacta descripción del planisferio de la época, explicado y anotado en sus menores detalles, asi como también precisiones sobre todas y cada una de las dinastias dóricas, jónicas, eólias y la genealogia exacta de cada personaje, no sólo de los protagonistas sino de los secundarios y episódicos.
Los héroes que nos presenta alcanzan un relieve enorme. Los caudillos aqueos --(Aquiles, Agamenón, Menelao, Ulises, Diómedes, Patroclo) como sus enemigos los troyanos (Priamo y su mujer Hecuba; sus hijos Héctor, Paris y Casandra y sus nueras, Andrómaca y Helena)-- son de hace miles de años pero viven ante nosotros con un vigor de actualidad, el que corresponde a su fuerte calidad humana.
El poema es --a veces-- apasionadamente divertido, como cuando aparecen los centauros interviniendo en la educación de los héroes y en la curación de sus heridas o cuando se nos presenta a las sirenas o ninfas de los mares, o los animales hablan o se nos explican los fantásticos viajes de los fenicios, las propiedades de las hierbas y las aguas y la acción de los astros sobre el destino de los hombres.
Todo ello sostenido sobre el esqueleto de una fortisima y recta formación ética irreprochable y presentado en el artificio de no menos de 12,000 versos distribuidos en 24 rapsodias marcadas con las 24 letras del alfabeto jónico.
Ciertamente que no leyendo la obra en el griego original, en su forma primitiva dialectal poética se nos escapan muchas de las bellezas de sus magnificos hexámetros pero el esfuerzo de leer la Iliada es ineludible para toda persona culta y ofrece el premio de unas horas sobre manera gratas y llenas de enseñanzas.
Existen muchas traducciones , unas firmadas y otras anónimas, traducciones de traducciones.
Una de las más populares e interesantes es la de José Gómez Hermosilla, toda en sonoros endecasilabos castellanos, de la que existen varias ediciones muy accesibles.
Veamos algunos de los ejemplos más caracteristicos de lo que es el poema y de su perfecta comprensibilidad, que tiene como base una interpretación directa de las cosas sin perderse en interpretaciones trascendentales y en lucubraciones fantásticas.
En el libro octavo hay una escena especialmente divertida que abandonando, por un momento, la seriedad del asunto, calificariamos de escena de la "No Intervención".
Es cuando Júpiter, el padre de los dioses, cansado de las disenciones que en el Olimpo produce la guerra de Troya, prohibe a los demás dioses mezclarse, como hasta entonces habian hecho, en la contienda.
Oigamos el comienzo de la rapsodia octava en la traducción de Gómez Hermosilla:
"Apenas empezaba de la Aurora el rosicler a iluminar la tierra, cuando ya el padre Jove en la más alta montaña del Olimpo, reunia la junta de los dioses. Y pendientes viéndolos de su voz, asi les dijo:
"--¡Dioses y diosas! Escuchadme todos, porque todos sepáis lo que este dia mi voluntad ordena... Asi, ninguno de vosotros, Dios o Diosa sea, a interrumpir se atreva mi discurso... todos obedeced y se ejecute lo que yo mando... El Dios que, inobediente, bajare a socorrer a los aqueos o a los troyanos, volverá al Olimpo con afrentosa herida, o en mi saña, asiéndole con brazo poderozo, le arrojaré del Tártaro sombrio al último confin, a la más honda de las oscuras simas subterráneas del báratro espantable. Son de hierro las altas puertas y el umbral de bronce y en su profundidad dista del orco tanto como del sol dista la tierra."
¡Formidable comparación, hecha con una sencillez suprema!
Virgilio y Milton la volvieron a emplear porque es insuperablemente sencilla y perfecta. A cualquiere se le ocurre para dar idea de una distancia enorme, duplicar, triplicar, centuplicar, multiplicar...
Homero dice: "tanto como del sol dista la tierra' y desde entonces no se ha dicho nada que exprese mejor un alejamiento inmenso.
A continuación, Júpiter establece su superioridad absoluta sobre todos los demás dioses. Y aqui muchos han querido encontrar misteriosas alegorias relativas al orden de la naturaleza y a lo que los filósofos llamaron "la cadena de los seres". Quizá sea solo una poética hipérbole, una fanfarronada divina y haya que entenderla en su pura y perfecta simplicidad:
"Asi conocerá cuanto aventaja mi poder al de todas las deidades...
Si vosotros dudáis, mostrad ahora vuestro valor. Del estrellado cielo en lo más alto, atad una cadena de oro macizo y, agarrados todos a la punta inferior, Dioses y Diosas, hacia abajo tirad y a vuestro padre no arrastraréis a tierra desde el éter, por más que trabajéis. Mas si yo quiero a todos levantaros, al Olimpo os subiré, las tierras y los mares levantando también. Y si la punta de la fuerte cadena en la alta cumbre atare, del Olimpo el Universo pendiente quedará... Tal poderio tengo sobre los dioses y los hombres..."
Pero no siempre guardaron la consigna de neutralidad... Cuando Aquiles va a matar a Eneas, Neptuno le salva envolviéndole en una nube. Lo mismo hace Venus con Paris en otro encuentro posterior y hasta hay
un momento en que el propio Júpiter da a los dioses permiso de bajar al campo de la pelea a ayudar a sus favoritos.
No se tema tampoco que en un libro de combates constantes y de combates al arma blanca, como eran los de aqueos y troyanos, pueda enseñorearse de la narración la monotonia.
Los campeones se encuentran y, provocándose o no antes del combate, arrojan sus lanzas y se hieren o matan. El vencido cae en tierra y vencedor busca un nuevo contrincante. Todo parece que debe ser igual pero leyendo cuidadosamente las innumerables descripciones de combates singulares que se encuentran en Homero se ve que siempre consigna circusntancias e incidentes que diversificanban totalmente la acción.
Oigamos, como muestra, una de estas descripciones de combates:
"El Rey Agamenón, mató el primero a Hodio, alto de talla y valeroso adalid de los fuertes alizones... Mientras Hodio, para huir, la espalda volvia acobardado, entre los hombros la aguda lanza le escondió el Atrida hasta que al otro lado, por el pecho salió la punta. Moribundo el héroe, desde la silla del brillante carro cayó en el polvo, retembló la tierra en derredor y temeroso ruido sobre él hicieron caer las armas...
Quitó después la vida Idomeneo a Festo, hijo de Boro, que de Tarne opulenta ciudad de la Meonia fuera venido..."
Aparte del vigor enorme de la descripción --cayó en el polvo... retembló la tierra en derredor... y temeroso ruido sobre él hicieron, al caer las armas-- observemos la minuciosidad a que antes nos referiamos.
Está describiendo una acción secundaria y presenta a un guerrero desconocido, que ya no vuelve a aparecer y del que hasta entonces no habia noticia alguna y sin embargo consigna todas sus generales, lo deja perfectamente identificado para la eternidad: "Festo, hijo de Boro, natural de Tarne, opulenta ciudad de la Meonia...".
A veces uno piensa que Homero, el rapsoda, tuvo algo de periodista de su tiempo. Resultó que escribió para la eternidad pero quizá él lo hizo, muy acentuadamente, al servicio de los lideres de su época. Porque se observa que asi como los cronistas actuales celebran a todos según su méritos y aprovechan las ocaciones propicias para resaltarlos, Homero escribe lo que pudiéramos llamar una "crónica social de la guerra de Troya" --(entonces lo elegante era batirse sin cesar)-- y va dedicando especial atención no al héroe genérico, al soldado desconocido sino a cada uno de los combatientes, combatientes individualizados e identificados y si en el libro quinto presenta en primeros planos a Diómedes, en el octavo el personaje principal es Teucro y lo son sucesivamente Agamenón, y Ulises y Ayax, Idomeneo y Menelao y aún éste, que no aparece como muy valiente, defiende en el libro 17 con gran denuedo el cadáver de Patroclo.
Parece como si Homero hubiera tenido un especial empeño en quedar bien con todos sus personajes y en divulgar al máximo sus hazañas personales, como consignaba también muy cuidadosamente cuando hablaba de juegos atléticos, quién ganaba la carrera, quién el salto y quién se distinguia en el lanzamiento de disco o de jabalina.
Y ya que hemos visto dos de los aspectos más fundamentales del poema --la intervención de los dioses y la constante contienda humana-- veamos también un ejemplo de la nota patética, magistralmente manejada siempre.
Elijamos cuando describe, en el canto 18, la desesperación de Aquiles al enterarse de la muerte de Patroclo, su amigo, que le determina a volver a participar en la lucha que habia abandonado.
"Mientras él en su mente resolvia y en su ánimo estas dudas, el amable hijo de Néstor se acercó, Y ardientes lágrimas derramando, la funesta noticia le anunció diciendo triste: "¡Ay, hijo de Peleo! Dolorosa noticia vas a oir, fatal desgracia, que permitir los dioses no debieran. Yace Patroclo... En torno del cadáver desnudo, se pelea y tu armadura Héctor la tiene... Al escuchar sus voces, oscura nube de dolor el alma cubrió de Aquiles. Y con ambas manos la ceniza caliente todavia tomando, y por encima la cabeza derramándola, el rostro peregrino afea con ella y la negrura su vestido cubria que axhalaba de néctares aromas delicados. Se arrojó en la arena y siendo de estatura agigantada largo trecho yacia y con las manos se arrancaba la rubia cabellera...
Funeral lamento Anticolo también, en triste lloro, bañandose sus mejillas conmenzaba, pero mientras Aquiles en suspiros exhalaba el furor, ambas sus manos el joven sujetaba con las suyas; porque mucho temia que tomase algún cuchillo y el hermoso cuello se dividiese. Tan horrendos eran los gemidos que su augusta madre, que estaba en los profundos senos del mar al lado del anciano padre, los oyó; y también ella hondo suspiro dió al escucharlo y las ninfas todas, cuantas el mar habitan y engendrara el anciano Nereo, se juntaron y dejaron la gruta y las nereidas llorando las siguieron y las olas se rompian del piélago espumoso en torno de ellas..."
Asi es la Iliada...
No es ni siquiera un relato de la guerra de Troya. Solo un episodio de ella: la disputa entre Agamenón y Aquiles, la retirada de éste de los combates; los que se dieron durante su inacción, en los que perdieron los griegos y pereció Patroclo y la venganza de éste por Aquiles que vuelve a la lid y mata a Héctor, el más valiente de los troyanos.
26,000 versos narran la acción que dura cuatro dias. La Iliada es, en definitiva la riña de dos principillos cuyos nombres ignorariamos si la Iliada no existiese.
Solo Homero podria explicar cómo se las arregló para darle la riqueza, la variedad, el interéz y la perfección que tiene. Desde el verso 303, en que acaba el primer libro ya todo es puro milagro del poeta que desenvueve esos 300 primeros versos en un poema épico en el que todas las galas están derramadas a manos llenas, sin que un solo instante se pierda de vista la acción ni los principales actores a pesar del cúmulo de detalles que atesora y sin que haya que traer con violencia ninguna acción secundaria.
¿Cómo Homero lo logró? Solo Homero podria explicarlo.
El mundo no se lo ha explicado aún y se ha limitado a darle el voto unánime y favorable de veintinueve siglos que han declarado a la Iliada el poema épico más formidable que mente humana compuso.
LA ILIADA
Su autor, Homero, el más célebre de los poetas griegos, nació hacia el año mil antes de Jesucristo.
Durante el siglo diecinueve hubo una corriente muy fuerte de opinión literaria y critica que negó la existencia real del poeta.
Ahora se admite otra vez y siete ciudades se disputan, como es costumbre, la gloria de contarlo como hijo.
Se dice que era ciego... Y en su nombre se apoya la afirmación.
"O-me-rón', quiere decir, en griego, "el que no vé".
Desde luego no lo fué de nacimiento porque no describiria las cosas tan maravillosamente.
Otros atribuyen el nombre de Homero a que el poeta, que fué soldado, como Cervantes, estuvo --también como él-- cautivo del enemigo y en griego "omeros" quiere decir "rehén".
Pero también hay quien piensa que, sencillamente, el nombre indicaba su profesión rapsoda, del mismo modo que otros nombres griegos señalaban habitualmente el oficio de los que los llevaban, como Demóstenes (que quiere decir "vigor del pueblo"), Sófocles (que significa "gloria de la sabiduria), Protágoras (que expresa "el primero en el Foro") o Aristófanes (que indica "el mejor al manifestarse").
Homero hizo la Iliada en el siglo nueve antes de Cristo, antes, por consiguiente, que la Odisea, su obra inmortal.
Tiene por asunto la cólera del caudillo griego Aquiles, que, al frente de los Mirmidónes, acudió a la expedición que los aqueos hicieron contra los troyanos para vengar la afrenta cometida por Paris, el hijo de su Rey, que, habiendo sido huésped de Menelao, raptó a la mujer de éste, Helena, llevandosela a Troya.
Los episodios del sitio de la ciudad son la base del relato.
Hay un momento en que Aquiles, vejado por el caudillo griego Agamenón, se retira con sus huestes del combate y sobreviene entonces una serie de derrotas parciales.
Pero cuando los sitiados matan a Patroclo, Aquiles, su gran amigo, vuelve a la pelea y mata a Héctor, caudillo de los sitiados, arrastrando su cadáver alrededor de las murallas, hasta que, compadecidos de la angustia del padre del muerto, Priamo, le entregan el cadáver y se le celebran funerales suntuosisimos.
La acción es rápida y ocurre en breve tiempo. Enpieza en el año diez del sitio Troya y cuando acaba, la ciudad no ha sido tomada aún.
Unas veces se desarrolla en las llanuras que rodean la plaza y se extienden hasta el mar, en la orilla del estrecho de los Dardanelos, otras veces en el interior de la fortaleza y otras en pleno Olimpo en donde los dioses discuten constantemente e intervienen en la contienda con todos sus poderosos medios de acción, tomando parte, según su simpatias, por unos u otros.
Es, ciertamente, dificil lanzarse a leer un obra que cuenta 2,800 años de antiguedad y que comienza de modo imponente que hace suponer una lectura excesivamente complicada.
Pero no hay nada de eso. Toda la concepción de la Iliada es de una simplicidad suma. El ciclo de épica poesias comprende el cielo, la tierra y todos los elementos naturales y sobrenaturales, pero el escenario es muy reducido, la acción es continuada y la cencillez es una de sus mejores cualidades.
La naturalidad y verosimilitud de los pasajes, corren parejas con la minuciocidad preciosa de la observación y fluye de cada página un torrente de datos geográficos, históricos, mitológicos, religiosos y filosóficos, tan precisos que --por ejemplo-- Homero se cuidó de incluir en su obra la más exacta descripción del planisferio de la época, explicado y anotado en sus menores detalles, asi como también precisiones sobre todas y cada una de las dinastias dóricas, jónicas, eólias y la genealogia exacta de cada personaje, no sólo de los protagonistas sino de los secundarios y episódicos.
Los héroes que nos presenta alcanzan un relieve enorme. Los caudillos aqueos --(Aquiles, Agamenón, Menelao, Ulises, Diómedes, Patroclo) como sus enemigos los troyanos (Priamo y su mujer Hecuba; sus hijos Héctor, Paris y Casandra y sus nueras, Andrómaca y Helena)-- son de hace miles de años pero viven ante nosotros con un vigor de actualidad, el que corresponde a su fuerte calidad humana.
El poema es --a veces-- apasionadamente divertido, como cuando aparecen los centauros interviniendo en la educación de los héroes y en la curación de sus heridas o cuando se nos presenta a las sirenas o ninfas de los mares, o los animales hablan o se nos explican los fantásticos viajes de los fenicios, las propiedades de las hierbas y las aguas y la acción de los astros sobre el destino de los hombres.
Todo ello sostenido sobre el esqueleto de una fortisima y recta formación ética irreprochable y presentado en el artificio de no menos de 12,000 versos distribuidos en 24 rapsodias marcadas con las 24 letras del alfabeto jónico.
Ciertamente que no leyendo la obra en el griego original, en su forma primitiva dialectal poética se nos escapan muchas de las bellezas de sus magnificos hexámetros pero el esfuerzo de leer la Iliada es ineludible para toda persona culta y ofrece el premio de unas horas sobre manera gratas y llenas de enseñanzas.
Existen muchas traducciones , unas firmadas y otras anónimas, traducciones de traducciones.
Una de las más populares e interesantes es la de José Gómez Hermosilla, toda en sonoros endecasilabos castellanos, de la que existen varias ediciones muy accesibles.
Veamos algunos de los ejemplos más caracteristicos de lo que es el poema y de su perfecta comprensibilidad, que tiene como base una interpretación directa de las cosas sin perderse en interpretaciones trascendentales y en lucubraciones fantásticas.
En el libro octavo hay una escena especialmente divertida que abandonando, por un momento, la seriedad del asunto, calificariamos de escena de la "No Intervención".
Es cuando Júpiter, el padre de los dioses, cansado de las disenciones que en el Olimpo produce la guerra de Troya, prohibe a los demás dioses mezclarse, como hasta entonces habian hecho, en la contienda.
Oigamos el comienzo de la rapsodia octava en la traducción de Gómez Hermosilla:
"Apenas empezaba de la Aurora el rosicler a iluminar la tierra, cuando ya el padre Jove en la más alta montaña del Olimpo, reunia la junta de los dioses. Y pendientes viéndolos de su voz, asi les dijo:
"--¡Dioses y diosas! Escuchadme todos, porque todos sepáis lo que este dia mi voluntad ordena... Asi, ninguno de vosotros, Dios o Diosa sea, a interrumpir se atreva mi discurso... todos obedeced y se ejecute lo que yo mando... El Dios que, inobediente, bajare a socorrer a los aqueos o a los troyanos, volverá al Olimpo con afrentosa herida, o en mi saña, asiéndole con brazo poderozo, le arrojaré del Tártaro sombrio al último confin, a la más honda de las oscuras simas subterráneas del báratro espantable. Son de hierro las altas puertas y el umbral de bronce y en su profundidad dista del orco tanto como del sol dista la tierra."
¡Formidable comparación, hecha con una sencillez suprema!
Virgilio y Milton la volvieron a emplear porque es insuperablemente sencilla y perfecta. A cualquiere se le ocurre para dar idea de una distancia enorme, duplicar, triplicar, centuplicar, multiplicar...
Homero dice: "tanto como del sol dista la tierra' y desde entonces no se ha dicho nada que exprese mejor un alejamiento inmenso.
A continuación, Júpiter establece su superioridad absoluta sobre todos los demás dioses. Y aqui muchos han querido encontrar misteriosas alegorias relativas al orden de la naturaleza y a lo que los filósofos llamaron "la cadena de los seres". Quizá sea solo una poética hipérbole, una fanfarronada divina y haya que entenderla en su pura y perfecta simplicidad:
"Asi conocerá cuanto aventaja mi poder al de todas las deidades...
Si vosotros dudáis, mostrad ahora vuestro valor. Del estrellado cielo en lo más alto, atad una cadena de oro macizo y, agarrados todos a la punta inferior, Dioses y Diosas, hacia abajo tirad y a vuestro padre no arrastraréis a tierra desde el éter, por más que trabajéis. Mas si yo quiero a todos levantaros, al Olimpo os subiré, las tierras y los mares levantando también. Y si la punta de la fuerte cadena en la alta cumbre atare, del Olimpo el Universo pendiente quedará... Tal poderio tengo sobre los dioses y los hombres..."
Pero no siempre guardaron la consigna de neutralidad... Cuando Aquiles va a matar a Eneas, Neptuno le salva envolviéndole en una nube. Lo mismo hace Venus con Paris en otro encuentro posterior y hasta hay
un momento en que el propio Júpiter da a los dioses permiso de bajar al campo de la pelea a ayudar a sus favoritos.
No se tema tampoco que en un libro de combates constantes y de combates al arma blanca, como eran los de aqueos y troyanos, pueda enseñorearse de la narración la monotonia.
Los campeones se encuentran y, provocándose o no antes del combate, arrojan sus lanzas y se hieren o matan. El vencido cae en tierra y vencedor busca un nuevo contrincante. Todo parece que debe ser igual pero leyendo cuidadosamente las innumerables descripciones de combates singulares que se encuentran en Homero se ve que siempre consigna circusntancias e incidentes que diversificanban totalmente la acción.
Oigamos, como muestra, una de estas descripciones de combates:
"El Rey Agamenón, mató el primero a Hodio, alto de talla y valeroso adalid de los fuertes alizones... Mientras Hodio, para huir, la espalda volvia acobardado, entre los hombros la aguda lanza le escondió el Atrida hasta que al otro lado, por el pecho salió la punta. Moribundo el héroe, desde la silla del brillante carro cayó en el polvo, retembló la tierra en derredor y temeroso ruido sobre él hicieron caer las armas...
Quitó después la vida Idomeneo a Festo, hijo de Boro, que de Tarne opulenta ciudad de la Meonia fuera venido..."
Aparte del vigor enorme de la descripción --cayó en el polvo... retembló la tierra en derredor... y temeroso ruido sobre él hicieron, al caer las armas-- observemos la minuciosidad a que antes nos referiamos.
Está describiendo una acción secundaria y presenta a un guerrero desconocido, que ya no vuelve a aparecer y del que hasta entonces no habia noticia alguna y sin embargo consigna todas sus generales, lo deja perfectamente identificado para la eternidad: "Festo, hijo de Boro, natural de Tarne, opulenta ciudad de la Meonia...".
A veces uno piensa que Homero, el rapsoda, tuvo algo de periodista de su tiempo. Resultó que escribió para la eternidad pero quizá él lo hizo, muy acentuadamente, al servicio de los lideres de su época. Porque se observa que asi como los cronistas actuales celebran a todos según su méritos y aprovechan las ocaciones propicias para resaltarlos, Homero escribe lo que pudiéramos llamar una "crónica social de la guerra de Troya" --(entonces lo elegante era batirse sin cesar)-- y va dedicando especial atención no al héroe genérico, al soldado desconocido sino a cada uno de los combatientes, combatientes individualizados e identificados y si en el libro quinto presenta en primeros planos a Diómedes, en el octavo el personaje principal es Teucro y lo son sucesivamente Agamenón, y Ulises y Ayax, Idomeneo y Menelao y aún éste, que no aparece como muy valiente, defiende en el libro 17 con gran denuedo el cadáver de Patroclo.
Parece como si Homero hubiera tenido un especial empeño en quedar bien con todos sus personajes y en divulgar al máximo sus hazañas personales, como consignaba también muy cuidadosamente cuando hablaba de juegos atléticos, quién ganaba la carrera, quién el salto y quién se distinguia en el lanzamiento de disco o de jabalina.
Y ya que hemos visto dos de los aspectos más fundamentales del poema --la intervención de los dioses y la constante contienda humana-- veamos también un ejemplo de la nota patética, magistralmente manejada siempre.
Elijamos cuando describe, en el canto 18, la desesperación de Aquiles al enterarse de la muerte de Patroclo, su amigo, que le determina a volver a participar en la lucha que habia abandonado.
"Mientras él en su mente resolvia y en su ánimo estas dudas, el amable hijo de Néstor se acercó, Y ardientes lágrimas derramando, la funesta noticia le anunció diciendo triste: "¡Ay, hijo de Peleo! Dolorosa noticia vas a oir, fatal desgracia, que permitir los dioses no debieran. Yace Patroclo... En torno del cadáver desnudo, se pelea y tu armadura Héctor la tiene... Al escuchar sus voces, oscura nube de dolor el alma cubrió de Aquiles. Y con ambas manos la ceniza caliente todavia tomando, y por encima la cabeza derramándola, el rostro peregrino afea con ella y la negrura su vestido cubria que axhalaba de néctares aromas delicados. Se arrojó en la arena y siendo de estatura agigantada largo trecho yacia y con las manos se arrancaba la rubia cabellera...
Funeral lamento Anticolo también, en triste lloro, bañandose sus mejillas conmenzaba, pero mientras Aquiles en suspiros exhalaba el furor, ambas sus manos el joven sujetaba con las suyas; porque mucho temia que tomase algún cuchillo y el hermoso cuello se dividiese. Tan horrendos eran los gemidos que su augusta madre, que estaba en los profundos senos del mar al lado del anciano padre, los oyó; y también ella hondo suspiro dió al escucharlo y las ninfas todas, cuantas el mar habitan y engendrara el anciano Nereo, se juntaron y dejaron la gruta y las nereidas llorando las siguieron y las olas se rompian del piélago espumoso en torno de ellas..."
Asi es la Iliada...
No es ni siquiera un relato de la guerra de Troya. Solo un episodio de ella: la disputa entre Agamenón y Aquiles, la retirada de éste de los combates; los que se dieron durante su inacción, en los que perdieron los griegos y pereció Patroclo y la venganza de éste por Aquiles que vuelve a la lid y mata a Héctor, el más valiente de los troyanos.
26,000 versos narran la acción que dura cuatro dias. La Iliada es, en definitiva la riña de dos principillos cuyos nombres ignorariamos si la Iliada no existiese.
Solo Homero podria explicar cómo se las arregló para darle la riqueza, la variedad, el interéz y la perfección que tiene. Desde el verso 303, en que acaba el primer libro ya todo es puro milagro del poeta que desenvueve esos 300 primeros versos en un poema épico en el que todas las galas están derramadas a manos llenas, sin que un solo instante se pierda de vista la acción ni los principales actores a pesar del cúmulo de detalles que atesora y sin que haya que traer con violencia ninguna acción secundaria.
¿Cómo Homero lo logró? Solo Homero podria explicarlo.
El mundo no se lo ha explicado aún y se ha limitado a darle el voto unánime y favorable de veintinueve siglos que han declarado a la Iliada el poema épico más formidable que mente humana compuso.
Militarismo y militarizacion
Dagoberto Gutiérrez
Las dos figuras se refieren a la Fuerza. La primera, en tanto ideología, y la segunda, como proyecto político. Ambas corresponden a momentos o periodos de crisis que amenazan el orden establecido.
En estos momentos, cuando los resortes y recursos tradicionales de defensa del poder constituidos han fracasado, se acude a la violencia legalizada del Estado. Aquí entra en escena, de manera franca, descubierta y abierta, la Fuerza Armada.
Este fenómeno es observable a nivel planetario. Cuando el capitalismo es atrapado por sus mismas lógicas y es derrotado en sus propios reductos filosóficos, acude presuroso al recurso de la guerra, y sacrifica, para eso, a cualquier democracia que se le oponga en su camino y hunde cualquier soberanía de cualquier Estado que se oponga al poder de los mercados planetarios.
Esto es lo que hace Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, en estos precisos momentos. Es lo que siempre han hecho, y por eso la amenaza de una guerra atómica se cierne sobre la vida del planeta.
En El Salvador funciona la misma lógica en sus niveles correspondientes, porque habiendo sido derrotada la filosofía, la economía y la política neoliberal, lo que se impone resulta ser el establecimiento de un nuevo rumbo para el país, y esto significa un nuevo proyecto en donde se levante un nuevo Estado, diferente al viejo Estado oligárquico derrotado por la vida y la lucha del pueblo. Esto sería lo normal y adecuado si la democracia fuera en realidad una vigente manera de vivir, pero tratándose de una democracia formal, solamente formal y apenas formal, al poder establecido ni se le ocurre la figura de la corrección; y por el contrario, acude a lo que siempre acuden los poderes tradicionales en estos momentos: a la fuerza. Es aquí cuando surge la Fuerza Armada como el recurso permanente.
Esta institución tiene una naturaleza conservadora, toda vez que está al servicio de un poder establecido que se lucra, precisamente, de un orden establecido que es defendido por la fuerza de las armas. En función de esta realidad, la tropa y la oficialidad es apartada de la sociedad, y la barrera entre un civil y un militar se convierte en la esencia filosófica de la formación militar.
El militarismo aparece como una ideología, es decir, como una visión del mundo, propia de militares y de civiles, y expresa la posición según la cual, las Fuerzas Armadas son la única fuente de seguridad, orden, legalidad, paz y todo lo imaginable. Este militarismo es el que se expresaba en el Articulo 211 de la Constitución de 1983, en donde la Fuerza Armada aparecía con una larga e impresionante lista de funciones, incluyendo la de ser garante de la Constitución. Esto era militarismo puro, espeso y franco.
Luego de la guerra y como consecuencia de ella, cuando el ejército, al no ganar la guerra, la pierde, y la guerrilla, al no perder la guerra, la gana, la Fuerza Armada pierde su calidad de clase gobernante, y el Articulo 212 de la Constitución, le establece la función de defensa de la soberanía y de integridad del territorio. Al mismo tiempo se separa la función de la defensa y de la seguridad pública.
Estas decisiones políticas no eliminan, sin embargo, la ideología militarista, y sobre todo cuando la guerra civil se convierte en guerra social, cuando el mercado sustituye al Estado, cuando las personas dejan de ser ciudadanos y se convierten en consumidores, y cuando democracia y política se convierten en mercancía, y cuando toda la sociedad pierde la cohesión minina para funcionar, cuando todo esto ocurre, la ideología militarista sustituye parcialmente a la cordura política, y no pocas personas llegan a pensar que el antídoto y cura para esta enfermedad es la mano dura, la disciplina y el orden de las Fuerzas Armadas. Este es el militarismo más puro correspondiente a la crisis histórica que vive el régimen político.
La militarización funciona como un proyecto político que busca recuperar para la Fuerza Armada, el antiguo papel que desempeñaba. Aquí estamos ya en un proceso de toma de decisiones en una determinada dirección, y es inevitable el choque con los acuerdos de paz y con la misma Constitución. Por eso mismo, las decisiones requieren de un importante cinismo y de un desprecio a la inteligencia política de la sociedad. Para hacer avanzar la militarización hay que sepultar los acuerdos de paz, que establecen la separación de defensa y seguridad pública, y determinan que la dirección de la PNC ha de estar en manos civiles. Pues bien, el actual gobierno y el actual presidente, al nombrar a un militar en la dirección de la PNC, lo presentan como civil, aun cuando se trata de un general que un día anterior, apenas un día anterior, era un alto jefe militar.
Dentro de esta militarización aparece un nuevo lenguaje y las palabras correspondientes a este nuevo lenguaje, porque la Fuerza Armada entiende el abordaje de la actual guerra social como un problema estrictamente militar. Y entiende a la policía como un instrumento de la Fuerza Armada, y a los policías como soldados, y a las bandas y a los delincuentes, como el enemigo. Todo este tinglado es la militarización, que abarca el desempeño de la institución armada en toda la sociedad e interesa a todas las personas, sean o no delincuentes, sean o no miembros de las bandas perseguidas. Semejante política afecta las relaciones entre la sociedad y la Fuerza Armada.
Cuando hablamos de militarización, entonces, no nos estamos refiriendo únicamente a la relación con las bandas delincuenciales; por el contrario, hablamos de una concentración de poder que supera el papel instrumental propio de la Fuerza Armada, y su conversión en un poder dentro de otro poder, con nuevas relaciones con todas las personas, y esto no conviene a nadie en el país, porque se estarían sembrando nuevas tempestades, sobre todo de aquella, que ya se creían superadas.
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Trovas del Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
Saludos y bienvenida:
Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...
A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
Fraternalmente, Trovador
Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.
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Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.
Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.
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A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.
Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...
Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?
Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.
No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.
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