Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

sábado, 13 de abril de 2013

La miseria a nombre de la libertad. (Segunda parte)

Elier Ramírez Cañedo
Latinoamérica


Estados Unidos y la independencia de Cuba
 
Desde fines del siglo XVIII, Cuba estuvo enmarcada dentro de la concepción geopolítica de Estados Unidos, en la que era percibida como una extensión más del territorio continental de la emergente nación americana. Bejamín Franklin, quien sería uno de los padres de la independencia, ya recomendaba a Inglaterra en la época de las Trece Colonias la toma de la isla de Cuba. La posición geográfica de la ínsula, privilegiada en cuanto al acceso a las más importantes vías de comunicación y a las rutas comerciales del Caribe, la calidad de sus puertos y su excelente posición para el establecimiento de puntos defensivos de la región americana que, ya los Estados Unidos consideraban suya, entre otras razones, convirtieron a la Mayor de las Antillas en una fruta apetecida para la nación del norte que, desde su nacimiento, estuvo signada por la psicología expansionista y de grandeza de la mayoría de sus Padres Fundadores. De esta manera, Cuba representaba para la política estadounidense un puente necesario con vista a sus aspiraciones hegemónicas sobre el continente americano; despreciando el apoyo que muchos cubanos habían dado a la causa independentista norteamericana.

A inicios del siglo XIX, diversas declaraciones de Thomas Jefferson ilustraban la  importancia que en las proyecciones expansionistas estadounidenses tenía Cuba. Además de Cuba, la Florida y México constituían también, por su posición geográfica, el punto de mira de las primeras ambiciones territoriales de los Estados Unidos. Luego de comprarle a Napoleón Bonaparte el inmenso territorio de la Luisiana por 60 millones de francos, se hacía claro que la Florida era la próxima aspiración estadounidense y esta curiosamente apuntaba como dedo hacia Cuba.
En noviembre de 1805, Jefferson manifestó a Anthony Merry, ministro británico en Estados Unidos: “La posesión de la isla de Cuba es necesaria para la defensa de la Luisiana y la Florida porque es la llave del Golfo”. También consideraba que, en caso de guerra con España, a causa de la Florida, los Estados Unidos se apoderarían además de Cuba. Con vistas a este plan, mandó un cónsul a la Isla con la misión de estudiar secretamente su capacidad defensiva.

A tal punto llegaron las pretensiones expansionistas de Jefferson en relación con Cuba que, en 1808, envió un mensajero secreto a la Isla, el general Wilkinson, a investigar la posición de los grandes hacendados y terratenientes criollos en torno a la posibilidad de anexión de Cuba. Por igual, su gabinete redactó una resolución para conocimiento de los cubanos y mexicanos en la que se señalaba que Estados Unidos estaba de acuerdo con la permanencia de Cuba y México en manos españolas, pero si Francia o Inglaterra osaban apoderarse de estos territorios, debían declarar su independencia, y Washington los apoyaría. El 19 de abril de 1809, ya en su condición de ex mandatario, Jefferson escribió a su sucesor James Madison (1809-1817), señalándole su confianza en que el conquistador Napoleón consentiría, sin dificultad, en que la unión recibiera la Florida, y que también admitiría con un poco más de reticencia que los Estados Unidos tomaran posesión de la Mayor de las Antillas. Días después, el 27 de abril, le escribirá de nuevo a Madison para expresarle:

“Aunque con alguna dificultad, consentirá también (España) en que se agregue a Cuba a nuestra Unión, a fin de que ayudemos a México y las demás provincias. Eso sería un buen precio.
Entonces yo haría levantar en la parte más remota al sur de la Isla una columna que llevase la inscripción NEC PLUS ULTRA, como para indicar que allí estaría el límite, de donde no podría pasarse, de nuestras adquisiciones en esa dirección. Entonces, sólo tendríamos que incluir el Norte (Canadá) en nuestra Confederación. Lo haríamos, por supuesto, en la primera guerra, y tendríamos un imperio para la libertad como jamás se ha visto otro desde la Creación. Persuadido estoy de que nunca ha existido una Constitución tan bien calculada como la nuestra para un imperio en crecimiento que se gobierna a sí mismo (…) Se objetará, si recibimos a Cuba, que no habrá entonces manera de fijar un límite a nuestras adquisiciones. Podemos defender a Cuba sin una marina. Este hecho establece el principio que debe limitar nuestras miras. Nada que requiera una marina para ser defendido debe ser aceptado”.

James Madison, sucesor de Jefferson en la presidencia de Estados Unidos (1809-1817), continuaría la misma política de su antecesor en relación con la Isla: mantenerla en las manos más débiles hasta que llegara la hora oportuna de lanzarse sobre ella. Entretanto, utilizando la vía diplomática, continuó pavimentando el camino hacia la anexión. Ese fue el objetivo de la visita a Cuba del cónsul William Shaler, quien, bajo la encomienda de Madison, prosiguió en las gestiones desarrolladas por Wilkinson con los hacendados y terratenientes esclavistas de la Isla. En ese período también el jefe naval estadounidense de la costa del Golfo de México propuso un ataque a La Habana (1812). Madison rechazó la propuesta, ya que, la situación interna no era propicia para enfrentar un conflicto con España.

Bajo la presidencia de James Monroe (1817-1825) se delineó lo que sería la política exterior de los Estados Unidos hacia Cuba, al menos hasta fines del siglo XIX, y pasaría a la historia como la “teoría de la fruta madura”. John Quincy Adams, entonces secretario de Estado del presidente Monroe, fue la figura principal en el diseño de esta política. En instrucciones a Hugo Nelson, representante de Estados Unidos en Madrid, le expresó entre otras cosas que: “Los vínculos que unen a los Estados Unidos con Cuba -geográficos, comerciales, políticos, etc.- son tan fuertes que cuando se hecha una mirada hacia el probable rumbo de los acontecimientos en los próximos cincuenta años, es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a la República norteamericana será indispensable para la existencia y la integridad de la Unión. Es obvio que no estamos preparados aún para ese acontecimiento y que numerosas y formidables objeciones se presentan a primera vista contra la extensión de nuestros dominios territoriales más allá del mar. Tanto en lo interior como en lo exterior, hay que prever y vencer determinados obstáculos a la única política mediante la cual Cuba puede ser adquirida y conservada. Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física y así como una manzana separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quisiera, dejar de caer al suelo, Cuba, rota la artificial conexión que la une a España, separada de esta e incapaz de sostenerse a sí misma, ha de gravitar necesariamente hacia la Unión norteamericana y solo hacia ella. A la Unión misma, por su parte, le será imposible, en virtud de la propia ley, dejar de admitirla en su seno”.

Adams estaba convencido de que aún no era el momento de apoderarse de Cuba, pero mientras, era preferible que la Isla permaneciera en las manos débiles de España, a que Inglaterra o Francia posaran sus ambiciones sobre ella. De materializarse esto último, Estados Unidos estaría dispuesto a ir a la guerra.

Ante los voraces apetitos de las potencias europeas sobre los territorios americanos, enfrentados a los intereses expansionistas de los Estados Unidos, a fines de 1823, mediante un mensaje al Congreso, el presidente James Monroe proclamó lo que se conocería como la Doctrina Monroe: se consideraba como peligroso para la paz y la seguridad de los Estados Unidos todo intento de una potencia europea por apoderarse de las repúblicas hispanoamericanas reconocidas como independientes y por tanto como una disposición hostil.  Con esta declaración el gobierno de Washington intentó mostrarse a los ojos del mundo como defensor del continente americano. A partir de aquel momento la “seguridad” comenzó a constituir un término clave en los discursos de política exterior de los líderes estadounidenses. Podría decirse que comenzaba el largo camino del cinismo que caracterizaría hasta la actualidad la proyección exterior de ese país. La “seguridad nacional” e incluso continental se presentaba como un fin en sí mismo, cuando en realidad era sólo función utilitaria para encubrir o justificar los verdaderos propósitos hegemónicos que perseguía el gobierno de los Estados Unidos sobre América Latina y el Caribe.  Sin embargo, durante los primeros tres años que siguieron a la enunciación de la Doctrina Monroe, los países de la región la invocaron en no menos de cinco oportunidades con el objeto de hacer frente a amenazas reales o aparentes a su independencia e integridad territorial solo para recibir respuestas negativas o evasivas del gobierno norteamericano.

La Doctrina Monroe fue una respuesta pública estadounidense a la propuesta del ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, George Canning, de realizar una declaración conjunta angloamericana que se manifestara en contra de cualquier nuevo intento de colonizar territorios americanos, tanto por parte de la Santa Alianza, como por Francia y España. Pero la parte de la propuesta inglesa que Estados Unidos obvió porque comprometía sus ambiciones expansionistas, fue la de que ambos gobiernos declarasen que no abrigaban la intención de apropiarse de ninguna parte de dichas colonias. La intención era bien clara: advertir a Inglaterra que los Estados Unidos no le tolerarían la adquisición de nuevos territorios en América, especialmente la Isla de Cuba.

El Congreso de Panamá y la independencia de Cuba

Uno de los proyectos que más oposición generó en los grupos de poder estadounidenses fue el que preparaban en 1825 fuerzas mancomunadas de Simón Bolívar y Guadalupe Victoria -presidente de México- para organizar una expedición con el objetivo de independizar a Cuba y Puerto Rico. El presidente de los Estados Unidos en ese momento, John Quincy Adams (1825-1829), y su secretario de Estado, Henry Clay, estaban convencidos de que la independencia de Cuba y Puerto Rico afectaría los intereses hegemónicos de su nación. Clay expresó al respecto: “Si Cuba se declarase independiente, el número y la composición de su población hacen improbable que pudieran mantener su independencia. Semejante declaración prematura podría producir una repetición de aquellas terribles escenas de que una isla vecina fue desdichado teatro”. Evidentemente se estaba refiriendo a Haití. “Este país –continuó Clay- prefiere que Cuba y Puerto Rico continúen dependiendo de España. Este gobierno no desea ningún cambio político de la actual situación”.

La administración Adams-Clay de inmediato dio una serie de pasos para evitar los proyectados planes de Colombia y México. Primero, se comunicó por vía diplomática con los gobiernos de México y Colombia para hacerles saber que Estados Unidos no toleraría cambio alguno en la situación de Cuba y Puerto Rico. Segundo, intentó convencer a España de que sólo haciendo la paz con sus colonias insurgentes y reconociendo la independencia de México y Colombia se lograría que estas desistieran de sus planes de invadir a Cuba. Tercero, trató de lograr una mediación de potencias extranjeras para que estas influyeran en una decisión de Madrid de reconocer la independencia de los países hispanoamericanos recién liberados. Clay escribió a los ministros de Estados Unidos en Rusia, Francia e Inglaterra enviándoles instrucciones de que buscasen apoyo para aquel plan.

Entretanto, el primer ministro enviado a México por los Estados Unidos, Joel R. Poinsett,  se esforzaba cumpliendo las estrictas instrucciones de su gobierno por evitar que avanzara el proyecto de invasión a Cuba. Utilizó “los celos mexicanos respecto a Colombia”, e informó a Clay que si estos “se cultivaban” seriamente, producirían los resultados que Estados Unidos esperaba. Para ganar tiempo mientras Poinsett continuaba realizando esta labor, el 20 de diciembre de 1825, Clay envió notas idénticas a los gobiernos de México y Colombia pidiendo la suspensión por tiempo limitado de la salida de la expedición hacia Cuba y Puerto Rico.

Ante la fuerte presión diplomática estadounidense, los gobiernos de Bogotá y de México respondieron que no se aceleraría operación alguna de gran magnitud contra las Antillas españolas, hasta que la propuesta fuera sometida al juicio del Congreso Anfictiónico de Panamá, a celebrarse en 1826. Como dijo apenadamente Simón Bolívar a una delegación de revolucionarios cubanos que lo visitó en Caracas: “No podemos desafiar al gobierno norteamericano, resuelto, en unión del de Inglaterra, a mantener la autoridad de España sobre las Islas de Cuba y Puerto Rico, …”.
El presidente estadounidense John Quincy Adams (1825-1829) llevó al órgano legislativo de su país la invitación –cursada por Francisco de Paula Santander en contra de los deseos y la voluntad de Bolívar- que había recibido el gobierno para participar en el Congreso Anfictiónico de Panamá. El 18 de marzo de 1826, en su mensaje a los congresistas, destacó la importancia de la presencia de Estados Unidos en el Congreso de Panamá para evitar que prosperara cualquier plan en favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico: “La invasión de ambas islas por las fuerzas unidas de México y Colombia se halla abiertamente entre los proyectos que se proponen llevar adelante en Panamá los Estados belicosos…De allí que sea necesario mandar allí representantes que velen por los intereses de los Estados Unidos respecto de Cuba y Puerto Rico. La liberación de las islas significaría la liberación de la población negra esclava de las mismas y una gravísima amenaza para los estados del sur. …todos nuestros esfuerzos se dirigirán a mantener el estado de cosas existente, la tranquilidad de las islas y la paz y seguridad de sus habitantes”.

El 26 de marzo de 1825, Henry Clay, al cursar instrucciones a Joel Roberts Poinsett, amplió respecto a las preocupaciones del gobierno de los Estados Unidos sobre la proyectada expedición conjunta de Colombia y México: “Caso de que la  guerra se prolongue indefinidamente, ¿a qué fin se dedicaran las armas de los nuevos Gobiernos? No es improbable que se vuelvan hacia la conquista de Cuba y Puerto Rico y que, con esa mira, se concierte una operación combinada entre las de Colombia y México. Los Estados Unidos no pueden permanecer indiferentes ante semejante evolución. Su comercio, su paz y su seguridad se hallan demasiado íntimamente relacionados con la fortuna y la suerte de la isla de Cuba para que puedan mirar ningún cambio de su condición y de sus relaciones políticas sin profunda alarma y cuidado. No están dispuestos a intervenir en su estado real actual; pero no pueden contemplar con indiferencia ningún cambio  que se realice con ese objeto. Por la posición que ocupa, Cuba domina el Golfo de México y el valioso comercio de los Estados Unidos que necesariamente tiene que pasar cerca de sus costas. En poder de España, sus puertos están abiertos, sus cañones silenciosos e inofensivos y su posición garantizada por los mutuos celos e intereses de las potencias marítimas de Europa. Bajo el dominio de cualquiera de esas potencias que no sea España y, sobre todo, bajo el de Gran Bretaña, los Estados Unidos tendrían justa causa de alarma. Tampoco pueden  contemplar ellos que ese dominio pase a México o a Colombia sin sentir alguna aprehensión respecto al porvenir. Ninguno de esos dos Estados tiene todavía, ni es posible que la adquieran pronto, la fuerza marítima necesaria para conservar y proteger a Cuba, caso de lograr su conquista. Los Estados Unidos no desean engrandecerse con la adquisición de Cuba. Con todo, si dicha Isla hubiese de ser convertida en dependencia de alguno de los Estados americanos sería imposible dejar de aceptar que la ley de su posición proclama que debe ser agregada a los Estados Unidos. Abundando en esos productos a que el suelo y el clima de México y de Colombia se adaptan mejor, ninguna de ellas puede necesitarla, mientras que si se considera ese aspecto de la cuestión, caso de que los Estados Unidos se prestaran a las indicaciones de interés, Cuba sería para ellos particularmente deseable. Si la población de Cuba fuera capaz de sostener su independencia y se lanzase francamente a hacer una declaración de ella, quizás el interés real de todas las partes sería que poseyese un gobierno propio independiente. Pero entonces sería digno considerar si las potencias del continente americano no harían mejor en garantizar esa independencia contra cualquier ataque europeo dirigido contra su existencia. Sin embargo, lo que el presidente le ordena hacer es acordarle una atención vigilante a cualquier paso relativo a Cuba y averiguar los designios del gobierno de México con relación a ella. Y usted queda autorizado para revelar francamente, si se hiciese necesario en el curso de los acontecimientos, los sentimientos e intereses que se exponen en estas instrucciones y que el pueblo de los Estados Unidos abriga con respecto a esa isla”.

Después de meses de debate en el Congreso de los Estados Unidos –en la Cámara la discusión duró cuatro meses, y el Senado, en sesión secreta, trató el asunto en un período más breve- se aprobó finalmente la participación en el Congreso de Panamá. Los representantes de Washington al Congreso Anfictiónico de Panamá serían Richard C. Anderson y John Sergeant, nombrados Enviados Extraordinarios y Ministros Plenipotenciarios de los Estados Unidos cerca del Congreso de Panamá. Ninguno de los dos pudo finalmente participar en los debates del Congreso, pues Anderson falleció camino a Panamá y Sergeant, retrasado, solo logró unirse con los delegados en México, donde formó con Joel R. Poinsett el equipo de negociadores de los Estados Unidos. Ambos enviados del gobierno de Washington habían recibido instrucciones claras de rechazar con vehemencia y fuertes amenazas el proyecto colombo-mexicano de independizar a Cuba y Puerto Rico.

“Entre los asuntos que deben llamar la consideración del Congreso no hay uno que tenga un interés tan poderoso y tan dominante como el que se refiere a Cuba y Puerto Rico, pero en particular al primero. La isla de Cuba, por su posición, por el número y el carácter de su población, y por sus recursos enormes aunque casi desconocidos, es en la actualidad el importante objeto que atrae la atención tanto de Europa como de América. Ninguna potencia, ni aun España misma, tienen un interés más profundo en su suerte futura, cualquiera que fuese, que Estados Unidos. …no deseamos mudanza alguna en la posesión o condición política de aquella isla,…no podemos ver con indiferencia que pasase de España a otra potencia europea. Tampoco deseamos que se transfiera o anexe a alguno de los nuevos estados americanos. (…) Las relaciones francas y amistosas que siempre deseamos cultivar con las nuevas Repúblicas, exige que ustedes expongan claramente y sin reserva, que Estados Unidos con la invasión a Cuba tendría demasiado que perder para mirar con indiferencia una guerra de invasión seguida de una manera desoladora, y para ver una raza de habitantes peleando contra la otra, en apoyo de unos principios y con motivos que necesariamente conducirán a los excesos más atroces cuando no a la exterminación de una de las partes: la humanidad de Estados Unidos a favor del más débil, que precisamente sería el que sufriese más, y el imperioso deber de defenderse contra el contagio de ejemplos tan cercanos y peligrosos, le obligaría a toda costa (aun a expensas de la amistad de Colombia y México) a emplear todos los medios necesarios para su seguridad”.

Es cierto que la abolición de la esclavitud tendría cierto impacto subversivo para los estados esclavistas sureños de la nación del Norte, pero la raíz del problema estaba en que de triunfar los planes de Bolívar y de Guadalupe de Victoria de independizar a Cuba y Puerto Rico, las ambiciones expansionistas de los Estados Unidos sobre estas islas quedarían frustradas, o al menos se harían bien difíciles de acometer. También existía el temor real en el gobierno de Washington de que Inglaterra se aprovechara de cualquier situación de inestabilidad para imponer su poderío naval y apoderarse de las islas, cuando los Estados Unidos aun no tenían capacidad suficiente para enfrentársele. La anexión de Cuba y Puerto Rico es el verdadero “interés más profundo” del que habla Clay en las instrucciones trasmitidas a Anderson y Sergeant. Claro que, para enmascararlo, orienta bien a sus enviados sobre las justificaciones que deben emplear a la hora de explicar la conducta de Estados Unidos en contra de la independencia de Cuba y Puerto Rico.

A pesar de que los enviados de Washington no participaron finalmente en las discusiones del Congreso de Panamá, es evidente que el rechazo de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra –de conocimiento público- frente a cualquier intentona de romper el status quo de  las islas de Cuba y Puerto Rico influyó negativamente en las decisiones de los delegados de las repúblicas hispanoamericanas en el Congreso de Panamá.  A nada se llegó en concreto al respecto en el cónclave, que se desarrolló desde el 22 de junio al 15 de julio de 1826, con la asistencia de delegaciones de Perú, Centroamérica, México y Colombia, así como de Gran Bretaña y Holanda. En definitiva, la oposición de los Estados Unidos e Inglaterra, sumado a los graves problemas internos que enfrentaban y enfrentarían las repúblicas hispanoamericanas, hicieron abortar los hermosos planes emancipadores de Bolívar y del gobierno Mexicano respecto a Cuba y Puerto Rico. Esa situación se mantendría durante los años 1827, 1828 y 1829, cada vez que se intentó revivir la empresa redentora.

A tal punto llegó la hostilidad estadounidense a los proyectados planes de independizar a Cuba, que Henry Clay, en carta que le envió al capitán general de la Isla, Francisco Dionisio Vives, ofreció en nombre del presidente Adams todo tipo de ayuda para impedir que Cuba saliese de manos de España mediante el reforzamiento de sus defensas. Vives consultó a Madrid y la respuesta fue que aceptara todo tipo de auxilio excepto el desembarco de tropas.
Años después, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Martin Van Buren (1829-1831), en comunicación a su ministro en España, dejaría también constancia escrita sobre cual había sido la posición de su gobierno frente a la independencia de Cuba y Puerto Rico: “Contemplando con mirada celosa estos últimos restos del poder español en América, estos dos Estados (Colombia y México), unieron en una ocasión sus fuerzas y levantaron su brazo para descargar un golpe, que de haber tenido éxito habría acabado para siempre con la influencia española en esta región del globo, pero este golpe fue detenido principalmente por la oportuna intervención de este gobierno (…) a fin de preservar para su Majestad Católica estas inapreciables porciones de sus posiciones coloniales.

A este pasaje bochornoso de la historia de los Estados Unidos se referiría también años más tarde nuestro Apóstol, José Martí, en uno de sus célebres discursos: “Y ya ponía Bolívar el pie en el estribo, cuando un hombre que hablaba inglés, y que venía del Norte con papeles de gobierno, le asió el caballo de la brida y le habló así: “¡Yo soy libre, tú eres libre, pero ese pueblo que ha de ser mío, porque lo quiero para mí, no puede ser libre!”.

Notas:
[1] Esteban Morales, “La política de Estados Unidos contra Cuba y la Crisis de Octubre”, en: Cuba Socialista #25, 2002, p.3.
[1] Felipe de J. Pérez Cruz: Para pensar el bicentenario de la primera independencia Latinoamericana y Caribeña, (conferencia) en: Bicentenario de la primera independencia de América Latina y el Caribe, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010, p.63.
Un ejemplo de esto fue la donación que realizaron las damas de La Habana de 1 200 000 libras, la cual sufragó la marcha a Yorktown con la que finalizó la lucha independentista en las Trece Colonias. Véase Rolando Rodríguez, Cuba: La Forja de una Nación, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005, (2da edición), t.1, p.18.
[1]Ángela Grau Imperatori, El sueño irrealizado del Tío Sam, Casa Editora Abril, La Habana, 1997, (segunda edición), p.8.
[1] Citado por Rolando Rodríguez en: Ob.Cit, p.43.
[1] Ibídem.
[1] Ibídem, pp.43-44.
[1] Gregorio Selser, Enciclopedia de las intervenciones extranjeras en América Latina, Monimbó e., Dietzenbach, RFA, 1992, p.9.
[1] Francisco Pividal, Ob.Cit, p.71.
[1] Citado por Ángela Grau Imperatori, Ob.Cit, pp.11-12.
[1] Hay que decir que para aquella época Estados Unidos era más débil que España, Inglaterra y Francia. No tenía marina de guerra y no podía competir aún económicamente con estas potencias. Su primera tarea fue la expansión hacia el oeste y el norte de México, al tiempo que esperó activa y pacientemente por el debilitamiento del imperio colonial español. El momento oportuno para apoderarse de Cuba le llegaría a Estados Unidos a fines del siglo XIX.
[1] Rolando Rodríguez, Ob.Cit, p.64.
[1]“..desde el nacimiento de la doctrina Monroe, en 1823, los Estados Unidos al colocar en primer lugar sus aspiraciones hegemónicas, procuran justificarlas tempranamente, apelando a supuestos intereses comunes de seguridad con América Latina, cuyas amenazas provenían de la posible presencia europea. La doctrina de la seguridad nacional norteamericana, aunque no se estructura como tal hasta el siglo XX, bajo los imperativos de la etapa imperialista, en la que se emplazará al comunismo como la “amenaza externa”, tiene sus raíces en la temprana ideología monroísta, que será retomada hacia finales del siglo XIX al calor del panamericanismo. Desde aquella época se irá construyendo la concepción de la hegemonía de los Estados Unidos en América Latina mediante la presunta defensa de la “seguridad nacional”, configurándose así las visiones sobre “el enemigo exterior”: primero serían las metrópolis coloniales…después los países comunistas…más tarde, los Estados y movimientos terroristas. Citado de Jorge Hernández Martínez, La hegemonía estadounidense y la “seguridad nacional” en América Latina: apuntes para una reconstrucción histórica, en: www.uh.cu/centros/ceseu/BT%20…/IJHHEg05.pdf, Internet.
[1] Alberto Van Klaveren, Teoría y Práctica de la política exterior Latinoamericana, FESCOL, Bogotá. 1983, p.121.
[1] Ramón Sánchez Parodi-Montoto, Cuba-Estados Unidos. Diez Tiempos de una Relación, Ocean Sur, 2010, pp.10-11.
[1] Citado por Philips Foner, Historia de Cuba y sus relaciones con Estados Unidos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p.169.
[1] Considerado como uno de los primeros espías estadounidenses en América Latina y declarado anteriormente en Chile como persona non grata por su interferencia en los asuntos internos de ese país cuando se desempeñaba como agente especial de los Estados Unidos.
[1] Ibídem, p.174.
[1]Manuel Medina Castro, Ob.Cit, pp.165-166.
[1] Ibídem, pp. 175-176.
[1] Germán A. de la Reza, Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá, Fundación Biblioteca Ayacucho y Banco Central de Venezuela, 2010, pp.126-132.
[1] Sergio Guerra, Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina, Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2010, p.243.
[1] Rolando Rodríguez, Ob.Cit, p.74.
[1] Citado por Francisco Pérez Guzmán, en: Bolívar y la Independencia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010, p.79.
[1] Citado por Sergio Guerra en: América Latina y la independencia de Cuba, Ediciones Ko´eyú, Caracas, 1999, p.52 (Discurso de José Martí en el Hardman Hall, New York, 30 de noviembre de 1889.
 Lea también: La miseria a nombre de la libertad (Primera parte)

viernes, 12 de abril de 2013

Genocidios, masacres y ejércitos




Editorial UCA
04/2013


El juicio en Guatemala al general retirado Efraín Ríos Montt marca un hito en la historia de Centroamérica. A diversos jefes de Estado, presidentes y personalidades se les ha juzgado por corrupción. Pero hasta ahora no se había llegado a juzgar a un gobernante por violaciones imprescriptibles de derechos humanos, como las masacres y el genocidio. De alguna manera, además, en Ríos Montt se está juzgando a los ejércitos centroamericanos. Pues, aunque han contado en sus filas con personas decentes, han tenido también, en posiciones de mucho poder, oficiales que han sido auténticos criminales. Violadores de derechos humanos que han estado institucionalmente acuerpados, protegidos y mantenidos en la impunidad gracias a su propia condición militar y a la amenaza y el miedo que esta despierta. Esa protección institucional y esa voluntad hasta ahora intacta de no reconocer crímenes ni errores hacen en cierto modo cómplices a los actuales ejércitos de la barbarie del pasado.

Y de esta historia no se libra ninguno de ellos. Las masacres ocurridas en Guatemala y El Salvador claman al cielo. Las torturas sistemáticas, asesinatos y desapariciones, comunes a todos, se dieron en Honduras de un modo selectivo durante los años de las guerras sucias. Luego, tras el golpe de Estado encabezado por un civil, Roberto Micheletti, pero ejecutado por los militares, la represión, el asesinato de periodistas y el acrecentamiento de la violencia sacudió y sigue atormentando a una Honduras digna de mejor suerte. Incluso el Ejército sandinista, el más joven en Centroamérica, cometió serias violaciones de derechos humanos desalojando por la fuerza a diversas comunidades de la etnia misquita de sus naturales y ancestrales lugares de vida. Con mayor o menor intensidad, ninguno de nuestros ejércitos se libra de violaciones a derechos humanos que nunca han sido investigadas ni castigadas.

Esta realidad hace que nos preguntemos una vez más: ¿necesitamos ejércitos en Centroamérica? ¿No podría nuestro istmo ser declarado zona de paz y prescindir de una estructura militar que es incapaz de reconocer institucionalmente gravísimos errores? ¿Podemos confiar en instituciones que se niegan sistemáticamente a reconocer la verdad y a pedir perdón? Los Ejércitos chileno y argentino han reconocido que institucionalmente albergaron y protegieron violadores de derechos humanos y han pedido perdón públicamente por ello. ¿No pueden hacer lo mismo los nuestros? Bueno será que lo hagan, porque ejércitos que no reconocen brutalidades cometidas no son confiables ni merecen existir.

La Fuerza Armada salvadoreña, bajo mandato del presidente Funes, constituyó una comisión cívico-militar con la función de revisar textos, así como su propia historia del tiempo de la guerra civil en relación con los derechos humanos. El resultado de esa comisión, que revisaría también la trayectoria de algunos supuestos héroes militares y los hechos delictivos de los que se les acusa, aún no ha visto la luz. En aproximadamente un año, la Comisión de la Verdad en El Salvador analizó prácticamente veinte mil graves violaciones de derechos humanos. ¿Estará la comisión de revisión de la historia militar analizando un número semejante de delitos del Ejército? Porque el tiempo transcurrido indica o que tiene demasiado trabajo, o que no quiere hacerlo adecuadamente.

En El Salvador necesitamos conocer la verdad sobre el pasado. Y, sobre todo, hace falta aceptarla. La repetitiva cantilena de que recordar es abrir heridas no hace más que infectar la propia conciencia nacional y prolongar sufrimientos, divisiones y situaciones de desprecio hacia los más pobres y humildes del país, que fueron los que más sufrieron la brutalidad de la guerra. Si el deseo de verdad fuera genuino, hace tiempo que hubiéramos solicitado que la documentación de la Comisión de la Verdad, que yace en los sótanos de las Naciones Unidas, retornara a El Salvador. Son declaraciones de nuestra gente, incluidos militares decentes, y es parte de nuestro patrimonio. Nos aclararía muchas cosas tanto sobre el Ejército como sobre las fuerzas insurgentes. Y nos ayudaría, ciertamente, a no repetir errores en la historia.

La miseria a nombre de la libertad (Primera parte)


America Latina

 

Elier Ramírez Cañedo

 

“¿…, y los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad? (Carta de Simón Bolívar al coronel Patricio Campbell, Guayaquil, 5 de agosto de 1829)

 

La historia suele ser caprichosa y subversiva para las clases dominantes del sistema capitalista. Por supuesto, me refiero a la historia escrita por los historiadores que se esfuerzan en lograr mayores aproximaciones a la verdad –la verdad es siempre revolucionaria, decía Lenin-, no a la salida de plumas pagadas y traidoras dedicadas a las entelequias y tergiversaciones con el único fin de confundir a los pueblos y mantenerlos sujetos a la dominación. La desmemoria o la falsa memoria han sido históricamente resortes muy eficaces de los poderosos para garantizar la permanencia de la opresión sobre los individuos. Quien domina el pasado, domina el presente y el futuro. Por eso es hoy tan importante librar una cruenta batalla en el terreno de  la historia de América Latina y el Caribe, pues aún hoy sobreviven muchas falsedades y ocultamientos de lo que fueron nuestros procesos históricos, debido al dominio prácticamente absoluto que tuvo durante muchos años la historiografía burguesa.

En momentos en que los latinoamericanos y caribeños celebramos el bicentenario de nuestra primera independencia, se hace imprescindible una mayor investigación y divulgación de los acontecimientos que tuvieron lugar hace 200 años en la región. Es necesario que nuestros pueblos se apoderen de todo ese pasado de luchas, logros y frustraciones. “Los que se niegan a aprender  de la historia están condenados a repetirla”, decía George Santayana. Sería inadmisible, que a la altura del siglo XXI, con la conciencia que se ha alcanzado, los latinoamericanos y caribeños cometamos errores como los que condujeron a que, luego de alcanzada la separación de España, nuestra independencia sufriera lamentables recortes en función de la satisfacción de los intereses de una minoría oligárquica supeditada a Washington. Indiscutiblemente fue el Norte el que mayores beneficios obtuvo de este triste epílogo. Bolívar murió con el alma en vilo al ver como lo que él, Sucre y algunos de sus más fieles seguidores habían construido con las manos, otros lo habían destruido con los pies. Finalmente, los lazos neocoloniales que los Estados Unidos fueron tejiendo “a nombre de la libertad” con los países latinoamericanos y caribeños durante todo el siglo XIX, y que se hicieron más firmes en el XX, socavaron la soberanía por la cual tantos patriotas latinoamericanos y caribeños habían ofrendado sus valiosas vidas. Doscientos años han pasado y la historia ha demostrado cuanta claridad tenían Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Francisco Morazán, José Martí y otros de los próceres de la región, al plantearse el sueño de una sólida unión de Nuestra América y al descubrir las apetencias imperiales de Washington sobre nuestros territorios. Sólo castrados mentales o individuos con intereses espurios no podrían reconocerlo.

De ahí, la necesidad de profundizar en la historia de Nuestra América, pero no solo en los hechos heroicos y en las grandes batallas militares y políticas que libraron nuestros libertadores, sino también en la conducta seguida por las fuerzas reaccionarias, esas que hicieron todo lo posible por evitar la independencia y la unidad de nuestros pueblos. Es imprescindible hoy más que nunca poner al descubierto quiénes fueron los enemigos internos y externos de ese proceso libertario, pues no es casual que en la actualidad, cuando nuestros pueblos luchan por su segunda y definitiva independencia y avanzan hacia una sólida integración, los enemigos de ayer sean los mismos de hoy, salvando las distancias y particularidades de cada tiempo histórico. En este caso quiero dedicar estás páginas a describir y analizar el papel desempeñado por el gobierno de los Estados Unidos frente a la primera independencia de América Latina y el Caribe, así como ante los planes unitarios de Simón Bolívar.

¿Neutralidad o parcialidad?

Prácticamente desde su surgimiento como nación, los Estados Unidos fueron contrarios a la independencia de los territorios que hoy comprenden la región de América Latina y el Caribe, pues consideraban que aún no estaban en condiciones de cumplir con su Destino Manifiesto de dominar toda la América. Apenas llegaron a los Estados Unidos los ecos de la insurrección de Túpac Amaru, 1780-1781, los padres fundadores de la nación habían comenzado a formular las primeras ideas de la política a seguir ante cualquier intento independentista en el sur. John Adams –sería presidente de los Estados Unidos en el período 1797-1801- planteaba por esos días: “Nosotros debemos ser muy prudentes en lo que hagamos. La mayor ventaja en este negocio será para Inglaterra, pues ella proveerá a toda Sudamérica con sus manufacturas, cosa que le dará rápidamente riqueza y poder, cuestión muy peligrosa para nosotros”.[1]

Asimismo, Thomas Jefferson, otro de los padres fundadores que llegaría a presidente, señalaba en 1786: Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así como la del Norte como la del Sur, habrá de ser poblada. Más cuidémonos (…) de creer que interesa a este gran Continente expulsar a los españoles. Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y sólo temo que éstas resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido lo suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo”. [2]

En 1791 –destaca el investigador cubano Luis Suárez Salazar- en lo que puede considerarse la primera agresión “directa” contra la región latinoamericana y caribeña, el entonces presidente, George Washington (1789-1797), apoyó financieramente a la administración colonial francesa que dominaba Haití, sin lo cual le hubiera sido imposible a dicha metrópoli sostenerse durante los primeros meses frente a la revolución antiesclavista e independentista haitiana. Posteriormente, el gobierno estadounidense se negaría rotundamente y durante muchos años a reconocer la independencia de Haití.[3]

A inicios del siglo XIX se hacía evidente para los líderes de la nación norteña que la revolución hispanoamericana era en buena medida un resultado de los ecos de su propia revolución y que ésta sería inevitable. Aunque públicamente los líderes estadounidenses manifestaron su interés en los resultados del proceso emancipador y el Congreso tomó un acuerdo que aplaudía la rebeldía de las posesiones españolas, en el fondo la independencia de Hispanoamérica no era bien vista en Washington al considerar que su consumación beneficiaría en esos momentos a Inglaterra y no a los Estados Unidos. Era preferible entonces que la débil España permaneciera dueña de sus colonias en América y que se aplazara la independencia de estos territorios hasta que los Estados Unidos estuvieran en condiciones de enfrentar a Inglaterra por el dominio del continente.

A los motivos de la hostilidad de Washington frente a la independencia de Hispanoamérica se le unió después la amenaza que representó para su sistema esclavista que las revoluciones al sur del continente comenzaran a incorporar a los programas de lucha la abolición de la esclavitud.

También el hecho de que, el 22 de febrero de 1819, John Quincy Adams, presidente de los Estados Unidos, y  Luis de Onís, ministro español en Washington, suscribieran un tratado que legalizaba la posesión de las Floridas por los Estados Unidos. A partir de esa fecha, los Estados Unidos supeditaron toda su política hispanoamericana a la ratificación del tratado Adams-Onís. España lo ratificó el 24 de octubre de 1820. Estados Unidos, el 19 de febrero de 1821. Asegurada la Florida Oriental, los Estados Unidos no se sentirían ya contenidos por motivo alguno para agredir a España materialmente o diplomáticamente. Lo que se traducía en la búsqueda de sus próximas ambiciones territoriales: Texas y Cuba, y en el reconocimiento de la independencia de las colonias españolas.

El destacado investigador cubano Francisco Pividal, en su encomiable obra: Bolívar, pensamiento precursor del antiimperialismo, cita un trabajo periodístico publicado en 1818, que  ofrece otro elemento a tomar en cuenta a la hora de explicar la reticencia de los Estados Unidos respecto a dar cualquier paso que significase un apoyo a la revolución hispanoamericana y al reconocimiento de las repúblicas ya independientes. El documento explicaba que anualmente se exportaba a Cuba 80 000 a 100 000 barriles de harina, y se importaban de ella 45 759 bocoyes de miel y 78 000 bocoyes de azúcar. “¿Era sensato –se preguntaba el autor del trabajo-  poner en peligro este intercambio comercial enemistándose con España, especialmente cuando el comercio con los territorios independientes de la América Hispana poseía tan escasa importancia, y cuando la depresión económica, que ya había comenzado en Estados Unidos, hacía tan vital la continuación del comercio con las Antillas españolas?
“La única esperanza de provecho mercantil –decía el folleto- reside en una política de estricta neutralidad”.[4]

De cualquier manera, la independencia de Hispanoamérica también amenazaba los fuertes intereses expansionistas de los Estados Unidos, con miras inmediatas en las Floridas, México, Cuba y Puerto Rico, aunque ya algunos de sus líderes añoraban ser los dueños del mundo. “La gente de Kentucky –destacaba el ex presidente John Adams (1797-1801) en 1804- esta llena de ansias de empresa y aunque no es pobre, siente la misma avidez de saqueo que dominó a los romanos en sus mejores tiempos. México centellea ante nuestros ojos. Lo único que esperamos es ser dueños del mundo”. [5]

Los elementos anteriores explican el porqué los Estados Unidos, bajo la presidencia de Thomas Jefferson (1801-1809), negaron en 1806 el apoyo al venezolano Francisco de Miranda, cuando éste preparaba una expedición para iniciar la lucha independentista en Venezuela. Ello, a pesar de que Miranda había prestado una inestimable ayuda en la independencia de las Trece Colonias.[6] El 10 de diciembre de 1810 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una Resolución Conjunta. En su parte dispositiva señalaba entre otras cosas “que, como vecinos y habitantes del mismo hemisferio, los Estados Unidos sienten profunda solicitud por su bienestar; y que, cuando esas provincias hayan logrado la condición de naciones, por el justo ejercicio de sus derechos, el Senado y la Cámara de Representantes se unirán al Ejecutivo para establecer con ellas, como estados soberanos e independientes, aquellas relaciones amistosas y comerciales…”.[7]

Se desprende de dicha resolución que los revolucionarios hispanoamericanos tenían que luchar solos contra España y vencer totalmente a esta, para entonces ser reconocidos por los Estados Unidos. Esa fue la “solidaridad” que prestó el gobierno de Washington a la independencia de Hispanoamérica. Bolívar, en su célebre Carta de Jamaica de 1815, refiriéndose a la posición del gobierno de los Estados Unidos señaló: “…hasta nuestros hermanos del norte se han mantenido inmóviles espectadores de esta contienda, que por su esencia es la más justa, y por sus resultados la más bella e importante de cuantas se han suscitado en los siglos antiguos y modernos…”.[8]

El 3 de marzo de 1817,  a iniciativa del presidente norteamericano James Madison (1809-1817), el Congreso de los Estados Unidos aprobó una nueva ley de neutralidad, dirigida abiertamente contra la revolución Hispanoamericana. Madison había cedido ante las presiones del ministro español Luis de Onís. Según esta nueva ley, cualquier ciudadano que armara un buque privado que pudiese ser utilizado contra un estado en paz con los Estados Unidos, sería castigado con 10 años de prisión y 10 mil dólares de multa. William Cobbett, periodista británico, preguntaba en un folleto publicado en esos días, si realmente era neutral negar armas a un hombre desarmado que peleaba contra otro bien armado. [9]

Mas por si fuera poco, el gobierno de los Estados Unidos no solo se declaró “neutral” ante el conflicto entre España y la Revolución Hispanoamericana, sino que dejó se le prestara a España todo el apoyo logístico necesario, negándose a tomar medidas represivas contra los infractores de la “neutralidad”. Las reprimendas solo se producían si se trataba de alguna acción que favoreciera a los patriotas. Cuando el gobierno republicano de Venezuela dispuso por decreto del 6 de enero de 1817, el bloqueo de Guayana y Angostura, decreto que fue publicado incluso en los Estados Unidos, los buques mercantes norteamericanos hicieron caso omiso al mismo y burlaron sistemáticamente el bloqueo. En ese mismo año fueron capturadas por las fuerzas marítimas de Venezuela las goletas norteamericanas “Tigre” y “Libertad”, cuando llevaban recursos bélicos a los realistas. Este hecho conllevó a un duelo epistolar entre el agente diplomático de los Estados Unidos en Venezuela, Bautista Irvine, y Bolívar, a lo largo de 1818. El 20 de agosto de 1818 le escribe Bolívar a Irvine:

Si es libre el  comercio de los neutros para suministrar a ambas partes los medios de hacer la guerra, ¿por qué se prohíbe en el Norte? ¿Por qué a la prohibición se añade la severidad de la pena, sin ejemplo en los anales de la República del Norte? ¿No es declararse contra los independientes negarles lo que el derecho de neutralidad les permite exigir? La prohibición no debe entenderse sino directamente contra nosotros que éramos los únicos que necesitábamos protección. Los españoles tenían cuanto necesitaban o podían proveerse en otras partes. Nosotros solo estábamos obligados a ocurrir al Norte así por ser nuestros vecinos y hermanos, como porque nos faltaban los medios y relaciones para dirigirnos a otras potencias. Mr.Cobbett ha declarado plenamente en su semanario la parcialidad de los Estados Unidos a favor de la España en nuestra contienda. Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda en ellos es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarlos al suplicio, mandarnos a exterminar. El resultado de la prohibición de extraer armas y municiones califica claramente esta parcialidad. Los españoles que no las necesitaban las han adquirido fácilmente al paso que las que venían para Venezuela se han detenido”.[10]

Las discusiones acerca de la devolución o indemnización de los barcos confiscados se dieron por concluidas cuando Bolívar ofreció someter el caso al arbitraje internacional. Irvine desatendió el ofrecimiento y pasó a la amenaza, haciendo valer el poderío de su nación. El 7 de octubre de 1818 le respondió Bolívar de manera enérgica: “…protesto a usted que no permitiré que se ultraje ni desprecie el Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.[11]

Un hecho relevante ocurrido en 1817 puso también en evidencia la simulada neutralidad de los Estados Unidos frente al conflicto entre la metrópoli española y sus colonias americanas. El 29 de junio, más de un centenar de patriotas suramericanos dirigidos por MacGregor, ocuparon la Isla Amelia, frente a la costa norte de la Florida, y proclamaron la República Libre de las Floridas y establecieron la capital en Fernandina, su punto principal. Los revolucionario venezolanos izaron la bandera venezolana, constituyeron el gobierno civil y designaron autoridades militares y navales. La posesión de este punto en la Florida era de mucha importancia para los patriotas venezolanos en términos de comunicación de las fuerzas independentistas con Estados Unidos y con todos los recursos allí existentes. Al mismo tiempo era casi una posición imprescindible para garantizar el cumplimiento de las medidas de bloqueo de Guayana y Angostura dictadas por Bolívar, pues desde allí se podía detener todo cargamento con destino a los realistas.  De hecho, gracias a esta posesión  fue posible capturar las goletas Tigre y Libertad cuando se disponían a abastecer a los realistas en Venezuela, suceso referido anteriormente. Además, la pérdida de la Florida por parte de España y la ocupación subsiguiente de ésta por fuerzas insurgentes, colocaba al ejército español en una difícil disyuntiva militar: concentraba sus fuerzas en la protección de México o de Cuba. Obligado MacGregor a retirarse por con sus hombres por falta de recursos, le sucedió unos días después la flota de Luis Aury que, el 17 de septiembre de ese mismo año, ocupó el territorio (Isla Amelia y Fernandina) a nombre de los insurgentes de México, pues el marino francés acababa de dejar en Nueva España la expedición de Mina.[12]

La República de la Florida sólo tuvo sesenta y seis días de existencia. El presidente estadounidense James Monroe (1817-1825) y su secretario de Estado, John Quincy Adams ordenaron al ejército norteamericano desembarcar fuerzas navales y terrestres con las cuales invadieron la isla Amelia y ocuparon la capital Fernandina. Estados Unidos no podía permitir que los patriotas del sur frustraran sus planes expansionistas. A partir de este incidente Washington aceleró las acciones para lograr la anexión definitiva de las Floridas a su territorio.

Lo sucedido con las goletas Tigre y Libertad y la expulsión de los patriotas latinoamericanos de la Florida son sólo dos ejemplos de los tantos acontecimientos que pusieron al desnudo la falacia de la proclamada neutralidad. Todavía en 1826 –señala Manuel Medina Castro-, los barcos norteamericanos seguían introduciendo contrabando de armas para los realistas. Al respecto le escribió Bolívar a Santander el 13 de junio de 1826: “…yo recomiendo a usted que haga tener la mayor vigilancia sobre estos (norte) americanos que frecuentan las costas; son capaces de vender Colombia por un real”.[13]

El no reconocimiento de la independencia.

Por si fuera poco la falsa neutralidad del gobierno de los Estados Unidos ante los movimientos independentistas de América del Sur, el gobierno de Washington se negó continuamente a recibir oficialmente a los enviados diplomáticos de Hispanoamérica.\

La Junta Suprema de Caracas fue la primera en enviar sus comisiones a Estados Unidos en busca del reconocimiento y de apoyo a la causa independentista. La misión fracasó, pues los enviados no pudieron obtener armas porque las fábricas se habían comprometido con otras naciones y no se logró el reconocimiento. El presidente norteamericano Madison prometió enviar a Caracas un cónsul (agente), después que se decretara la libertad de comercio. Es decir, Estados Unidos no reconocía a la Junta Suprema, pero esta debía reconocer al gobierno de los Estados Unidos recibiendo a su agente diplomático y ofreciéndole a su nación la libertad de comercio.

También, para esa época, Manuel Palacio Fajardo, a título del Gobierno de Cartagena de Indias (Colombia), quiso establecer relaciones diplomáticas con el gobierno de los Estados Unidos. A esos efectos, inició las oportunas gestiones, pero la Cancillería en Washington las rechazó. El mismo rechazo se le dio a las comisiones de Chile y de Buenos Aires, al tiempo que se le ponía como precondición a Buenos Aires que para llevar a efecto su reconocimiento debía otorgarle a los Estados Unidos la cláusula de nación más favorecida. Paradójicamente Monroe, siendo secretario de Estado de Madison, al único que recibió cortésmente y de inmediato fue al enviado de México, Gutiérrez de Lara, pero para proponerle se interesara por la incorporación de México a los Estados Unidos. [14]

En Sudamérica, a diferencia de los Estados Unidos se recibía con respeto y buen trato a los agentes diplomáticos de los Estados Unidos. Entre otros, Buenos Aires recibió a Joel Roberts Poinsett, como cónsul general, en 1811; Caracas recibió a Alerxander Scout como agente en 1812; Cartagena recibió a Cristopher Hughes como agente especial en 1816; y Buenos Aires, Santiago y Lima recibieron a John B. Prevost como agente especial en 1817.[15]

Sólo después de transcurridos doce años de que llegaran los primeros agentes hispanoamericanos a su territorio y siguiendo todo el tiempo una política de frío cálculo,  fue que el gobierno de ese país reconoció la independencia de la Gran Colombia (lo que hoy comprende los territorios de Venezuela, Ecuador, Panamá, y Colombia), el 8 de marzo de 1822.[16] Es conocido que, años después, Cuba se desangraría durante 30 años en su lucha por la independencia y solo sería reconocida por Washington después de haberle cañoneado la Enmienda Platt. Vergonzoso apéndice a la constitución cubana que convirtió a la Isla en una neocolonia yanqui. No debe olvidarse que Haití fue libre desde 1804 y solo fue reconocida de facto en 1862 por el gobierno de Estados Unidos. Cincuenta y ocho años después. Sin embargo, como bien señaló en un excelente libro el ecuatoriano Manuel Medina Castro, la República de Texas se independizó el 2 de marzo de 1836 y fue reconocida exactamente un año después. William Walker desembarcó en El Realejo, en Nicaragua, en julio de 1855, y su gobierno fue reconocido el 10 de noviembre del mismo año, con intercambio de ministros y todo. Panamá se independizó de Colombia el 3 de noviembre de 1903 y, debido a los intereses de Estados Unidos por construir un canal interoceánico por esa zona, fue reconocida tres días después.[17] Los ejemplos anteriores son una muestra ostensible de que la política exterior de Estados Unidos siempre se ha explicado por los intereses del capital y por la necesidad de expandir su hegemonía. Lo demás es pura retórica y falsa diplomacia.

En ningún momento median razones de principio y de verdadera simpatía, en el reconocimiento del año 1822. Washington solo reconoció la independencia de los países del sur cuando calculó los beneficios económicos que podía obtener del comercio con los mismos, sobre todo para los grandes intereses agropecuarios de los estados del Oeste. También cuando valoró que la victoria de las fuerzas patriotas era inexorable, así como su capacidad de mantenerse independientes.
El 25 de mayo de 1829, Bolívar escribió a José Rafael Revenga: “Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros: ya ven decidida la suerte de las cosas y con protestas y ofertas, quien sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses. El secreto del Presidente (de los Estados Unidos) es admirable. Es un chisme contra los ingleses que lo reviste con los velos del misterio para hacernos valer como servicio, lo que en efecto fue un buscapié para la España; no ignorando los norteamericanos que con respecto a ellos los intereses de Inglaterra y España están ligados. No nos dejemos alucinar con apariencias vanas; sepamos bien lo que debemos hacer y lo que debemos parecer.

Mas adelante profirió el Libertador: “Yo no sé lo que deba pensar de esta extraordinaria franqueza con que ahora se muestran los norteamericanos: por una parte dudo, por otra me afirmo en la confianza de que habiendo llegado nuestra causa a su máximo, ya es tiempo de reparar los antiguos agravios. Si el primer caso sucede, quiero decir, si se nos pretende engañar; descubrámosles sus designios por medio de exorbitantes demandas; si están de buena fe, nos concederán una gran parte de ellas, si de mala, no nos concederán nada, y habremos conseguido la verdad, que en política como en guerra es de un valor inestimable. Ya que por su anti-neutralidad la América del Norte nos ha vejado tanto, exijámosle servicios que compensen sus humillaciones y fratricidios. Pidamos mucho y mostrémonos circunspectos para valer más…”.[18]
 
Notas
[1]Manuel Medina Castro, Estados Unidos y América Latina, Siglo XIX, Casa de las Américas, 1968, p.26
[2] Citado por Luis Suárez Salazar, Madre América. Un siglo de violencia y dolor (1898-1998), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, p. 501.
[3] Ibídem.
[4] Francisco Pividal, Bolívar: Pensamiento precursor del antiimperialismo, Fondo Cultural del ALBA, La Habana, 2006, p.71.
[5] Citado por Luis Suárez Salazar, Ob.Cit, p.502.
[6] Ibídem, p.502.
[7] Francisco Pividal, Ob.Cit, p.60.
[8] Ibídem p.102.
[9] Manuel Medina Castro, Ob.Cit, p.29.
[10]Ibídem, p.33.
[11] Francisco Pividal, Ob.Cit, p. 133.
[12] Sergio Guerra, Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina, Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2010, p.288.
[13] Manuel Medina Castro, Ob.Cit, p.35.
[14] Ibídem, p.39.
[15] Ibídem.
[16]Francisco Pividal,, Ob.Cit, p.143
[17]  Manuel Medina Castro, Ob.Cit, p.46.
[18] Francisco Pividal, Ob.Cit, p.142.

“Y la hierba se movía…”Entrevista con El Chiri, fundador del Grupo Musical El Indio

  

SERVICIO INFORMATIVO ECUMENICO Y POPULAR
  Roberto Pineda

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SAN SALVADOR, 14 de enero de 2013 (SIEP). La música contagiosa de El Indio acompañó las luchas combativas de los sectores populares urbanos salvadoreños de finales de los ochenta del siglo pasado. En los momentos de mayor represión de la dictadura militar, la música se convirtió en la alegre certeza de la victoria popular. Íbamos a vencer.

Y no era la nostálgica música andina ni la ranchera mejicana, era el pulún-pulún de la ciudad enfrentada a la tiranía, era el cumbión, el ritmo de los luchadores que desafiaban la represión y bailaban en los sindicatos y en las calles proclamando abiertamente las victorias guerrilleras del FMLN de esos años.

El baile se transformó en combate. En reto al imperio y sus sirvientes. “Y la hierba se movía…se movía… y Duarte se cagaba…se cagaba…igual que la oligarquía…”

Y uno de sus fundadores fue el legendario Chiri, nacido Jaime Cerna en 1953, que luego de exaltar en la plaza a la guerrilla tenía que regresar a su casa, clandestino, escondiendo el bajo y los timbales, hasta la próxima presentación.

Fueron tiempos heroicos en los que la vida se ofrecía generosa para el triunfo de los ideales revolucionarios. No había mezquindad. A continuación El Chiri, con su característica humildad y fraternidad, nos cuente su historia que es la historia de El Indio y mucho más.

“Ah, imagínate, te voy a explicar cómo es que surgimos, fue por necesidad, como tarea revolucionaria, había que proyectarnos…y surgimos como expresión sindical revolucionaria, en el sindicato de ANDA, yo trabajaba como programador de computadoras, en aquellos tiempos con el lenguaje COBOL…éramos gente organizada, militantes de la Resistencia Nacional…”

“Aunque te voy a contar, venimos de una misma familia… –sus ojos azules irradian luces de complicidad- yo estuve antes organizado con el Partido Comunista, fui de la Juventud Comunista en 1971. ¡Imagínate, hace 42 años!

“Soy originario de Santa Ana, ingresé allá al Centro Universitario de Occidente, a Áreas Comunes, y empecé a reunirme, pero mi responsable era alguien ya mayor, Rafael Quinteros, Don Lito, que era empresario, atendía con su hermana la agencia de granos básicos llamada Tienda Rosita, en la Avenida Jaime Moran. Vivíamos en el mismo barrio, el Barrio Santa Lucía, que entonces estaba lleno de pinos. Me acuerdo que también era del PC, Carlos Olmedo, que era de la escuela de paracaidistas, del Cuerpo de Bomberos y voluntario de la Cruz Roja.

Estudie bachillerato en el INSA, entonces no estaba organizado, era el año 66, pero cuando entre a la U a Áreas Comunes ya estaba organizado. Y logre conseguir una beca clase B, que significaban 150 bolas en 1971. Me acuerdo de esa época del Cacho, que hoy anda con la TR, que ya estudiaba ahí, y con él y otros amigos pasábamos fumando monte en el redondel del Palmar, nos poníamos bien pedo. Elevados…

Ahí participe en mi primer Desfile Bufo, era todo un espectáculo de creatividad artística y de contenido erótico contra el gobierno y la oligarquía, y nadie se salvaba, mucho menos las queridas de los militares, y los gringos imperialistas. Entonábamos orgullosos el himno estudiantil obligado de aquello época. “Gorilas hijos de puta, los estudiante somos vergones…” y al final pinpirinpiripin… ¿te acordás?

En el 72 nos cayó la Jura, mi primera captura, nos dieron una gran verguiada, el siguiente día nos sacaron a la calle amarrados a todos, y ya en la calle nos dejaron libres, esto me hizo perder mi beca en la U…para ese tiempo mi papá era motorista de la ANDA y él se rebuscó…El le manejaba el jeep al Ing. Francisco José Gómez, que era el jefe de la Zona Occidental. El mismo que acaba de verguear el Batallón Presidencial. Mi papá hablo conmigo y me dijo: mire ya no puedo mantenerlo, lo que puede hacer es irse a trabajar a San Salvador. Acepte y me vine. Alquile un cuarto.
 


Me consiguieron trabajo en el Ministerio de Salud. Como instructor de salud. Mi jefe era Jaime Rodolfo Morales Ehrlich, el hermano de Toño Morales Ehrlich. El de la Junta de Gobierno cuando Duarte. Me correspondía impulsar una campaña financiada por la OPS contra el Mosquito Aedes Aegiptis. Me tocaba andar inspeccionando domicilios y vigilar que las recomendaciones se cumplieran.

Así pase cuatro años, del 72 al 76 y ya no estaba organizado, porque el contacto lo perdí, y en Salud no había sindicato. En el 76 terminó el proyecto. Y me quede sin chamba. Luego conseguí ubicarme en la Droguería Centro Americana, DROCASA, haciendo medicamentos en laboratorio, ahí se hacían las Mejoral, el colirio Eyemo, etc.

En el 78 trasladan al Ing. Gómez a San Salvador como jefe de la Zona Central de ANDA. Fui a verlo y me atendió. Era abril del 78. Me mandó donde el jefe de personal. En mayo ya estaba trabajando. Me tocaba andar repartiendo recibos de agua en las colonias. Y por la noche me dedique a estudiar, hasta me gradué de contador.

Luego conseguí que me pasaran al departamento de procesamiento de datos. Y me gustó. Hice varios cursos, de sistemas numéricos binarios, de programar en RPG-1, Basic Fort, COBOL, etc. Todo esto me sirvió para conocer sobre diferentes generaciones de computadoras. Después me volví digitador…

Con el PRTC…

En el 78 al regresar a ANDA regrese también a la U y entre en contacto con el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, el PRTC. Conocí a Humberto Mendoza, que usaba el pseudónimo de José Lorenzana, el se convirtió en mi Responsable. Fíjate que Humberto fue un amigo muy querido y muy respetado, fue el dirigente principal del Movimiento de Liberación Popular.

Y una hija de él, Tatiana Mendoza murió decapitada, el bombazo en Fenastras en el 89 le voló la cabeza…Humberto era un excelente camarada, cherada, jovial, alegre, humilde, fraternal, muy sensible…además muy disciplinado, ordenado, aprendí mucho de él…en esa época mi pseudónimo era Máximo. En la RN fui Max Enrique.

Reingrese a la U en la facultad de Economía, que en ese entonces se encontraba en la Corte de Cuentas, por donde esta ANDES. Ahí alquilaban. Me metí en administración de Empresas. Me acuerdo del número del carnet: ED 71008.

Con el contacto establecido en la U organice en ANDA el Comité de Bases Obreras, CBO, vinculado al PRTC. Durante la semana era empleado de ANDA pero los sábados y domingo visitaba San Esteban Catarina y Cerros de San Pedro en San Vicente para adiestramiento militar. En una de esas visitas me jodí la rodilla. De esa época me acuerdo de Ricardo Cestoni, que era de oficina, de corbata, pero estaba organizado y participaba en acciones. Me acuerdo de Cazaca, que era el responsable de nuestro colectivo, era alto. Otro de apellido Guevara.

Del 79 al 80 nos declaramos en huelga. Y hasta pusimos una bomba en el Edificio Pacífico. Te aclaró que para esa época no era del sindicato, me refiero a la directiva sino solo afiliado, nosotros como CBO éramos clandestinos, y nuestras actividades eran político-militares, acciones de milicias, sabotajes, propaganda armada…

Y tuve la dicha de participar en la gloriosa marcha del 22 de enero de 1980, junto con las Ligas para la Liberación, que era el frente universitario del PRTC. Mi responsable era José, otro José, sequito, daba clase de arme y desarme en Las Cabañas de la U. Ya entonces había trasladado mi residencia para la UES, aquí vivíamos, aquí comíamos, hacíamos política y todo lo que te podas imaginar. A este José lo matan en diciembre de 1980. Un fuerte golpe para todos nosotros.

Y entonces quede sin contacto. En ese momento todos se replegaron, el colectivo se disolvió, todos estaban chiveados, hasta una compañera sequita de nombre Rita se fue y quede en el aire, aislado…esto hace que no participe en la Ofensiva “final” de enero del 81.

Con la RN…

En el 81 me eligen como secretario para el Comité de Recreación y Deporte de ANDA, cargo institucional. Al año siguiente, me eligen para la directiva del sindicato, del SETA, encargado de relaciones. El secretario general era Carlos Zometa. Ya murió, militante de la RN.


 En la primera reunión asiste un asesor de Fenastras, de nombre Mario Cabrera, que en ese entonces militaba en la RN y luego se pasó para el ERP. Le pregunto que como está la jugada ahí. Y me responde: -mirá aquí ya están organizados, metéte a un colectivo de la RN. Le respondo: -cachimbón. Y quedo conectado de nuevo.

Me integro a un colectivo. Era un trabajo muy amplio, había varios colectivos. Y en ese momento me ayuda mucho los conocimientos adquiridos con Don Lito porque de lo que se trataba era de instruir ya no en lo militar sino políticamente a decenas de militantes nuevos, darles a conocer la teoría revolucionaria, el marxismo. Don Lito como buen PC me hizo que estudiara filosofía, economía, historia, sociología, nos preparó en el marco teórico y esto me sirvió mucho en este nuevo desafío, para salir adelante.

Me dedicaba exclusivamente al trabajo político, sin responsabilidades militares. Aunque reclutábamos combatientes en el sindicato. La directiva estaba conducida por un colectivo de cuatro compañeros: Zometa ya mencionado, Eduardo, Chanchan y mi persona. Zometa era el responsable, tenía el pseudónimo de Milton. Te aclaro que hay dos Julio Zometa. El asesor era un compañero de apellido Vanegas.

A mí me tocaba atender a cinco colectivos. Hacíamos análisis de la situación política a la luz de documentos bajados por la entonces Comandancia General del FMLN. En los años más peliagudos de la represión, me refiero a los años 82 al 84, le hicimos huevo en la directiva del SETA.

Nace el Grupo El Indio.

En el año 84, platicando con Rodrigo, que era responsable del FMLN y junto con Joaquín, un zarco, le dije: mirá, toquemos en las asambleas del sindicato. Y me respondió: cachimbón, solo los dos. Acordate que yo era responsable de relaciones, y empezamos a tocar los dos con guitarra y a la gente le gustó. Y luego se fueron incorporando otros instrumentos como la Chanchona (con Gerardo Rivas). Empezamos a tocar sin ponernos nombre. Tocábamos los tres.

Desde cipote aprendí a tocar instrumentos musicales. A los 13, 14, 15 años tocaba en el barrio Santa Lucía y en El Palmar. Y pertenecí a la orquesta American Mazariego. Bueno empezamos a tocar en las actividades del sindicato, Joaquín la guitarra y yo la flauta. Tocamos música popular, de los Guaraguao, de Víctor Jara y empiezan a invitarnos para amenizar huelgas, marchas, actos políticos…

Estuvimos acompañando cuanta huelga hubo en ese tiempo: Etiquetas y elásticos, CIRCA, la Búfalo, que ahí trabajó Febe Velásquez…y también una hermana mía. Quedaba en Cuscatancingo. En huelgas de la misma ANDA, del ISSS. Además de grupo musical El Indio era un colectivo político de militantes de la RN.

En las reuniones hacíamos las canciones de manera colectiva o recibíamos colaboraciones, por ejemplo de Juan José Mejía, de la CEL; llegó y nos dijo: aquí les dejo esta canción…era La suavecita…una cumbia…pero nosotros le pusimos otro ritmo y pegó…era de las favoritas…báilala suavecita…o La hierba se movía…o El Guayabo revolucionario.

Otto Guevara nos regaló Canción para ahuyentar a los malos espíritus…hasta estudiantes del centro Universitario de Oriente, en San Miguel nos daban colaboraciones…en realidad era un trabajo de producción artística colectiva cachimbón…aprovecho para agradecerte porque ustedes también en Comunicaciones de la U nos echaron la mano, me acuerdo de la grabación del cassette. Y te acordas que fue el propio Raúl Beltrán el que hizo la grabación, fue su aporte a la revolución. Fíjate que la primera semana sin paja vendimos 1,000 cassettes, en el 87.

En el 85 me echan de ANDA por subversivo. Echan a toda la directiva del sindicato. Echan a todo el sindicato, completo. Perdomo, el actual jefe de la OIE era el presidente de ANDA y decidió “deshacerse” del sindicato. Perdomo nos acusó a 137 afiliados de pertenecer al FMLN. Para ese entonces mi responsable político era Doroteo Gómez Arias.

Me fui a buscarlo, todo triste y al verlo le dije: me echaron a la mierda de ANDA. Y el saltó de alegría, me abrazó y me dijo: vergón…hoy te quedas a tiempo completo para la revolución…de lo que a mí me dan te voy a dar la mitad. A él le decían El Indio por su aspecto.

El fue capturado el 9 de agosto de 1985. A los días lo mataron. Y apareció “muerto” en la Policía Nacional. Me dolió mucho su asesinato. Y así empecé mi trabajo como funcionario de la revolución. A tiempo completo. 24 horas al día pensando, cantando, escribiendo, luchando por la revolución. Tenía estipendio para mi familia. A la casa ya ni llegaba, aunque ya vivía en el cantón El Cabañal, en Colón.

Entonces me pusieron otro responsable para atender mi trabajo, como se estilaba en ese tiempo. En eso consistía estar organizado. Éramos como un eslabón de una gran cadena, la cadena de la revolución. En realidad fueron dos, uno de pseudónimo Braulio que se llamaba Ronald y Rubén Rojas (Roberto Cañas). Después tuvimos a Fidelina, la de Filosofía, como responsable.

Para ese entonces ya éramos cinco: Joaquín, Gerardo, Carlos Morataya, Rafael Zepeda y este servidor. Y entonces en una reunión les dije: en homenaje pongámonos Grupo El Indio. Y empezamos a presentarnos con este nombre. Fíjate que íbamos a los frentes guerrilleros y armábamos tremendos bailongos.

Por esos años viaje a México a una Escuela Política de la RN. Una capacitación sobre comunicaciones y propaganda. Me acuerdo que allá estaba exilado Eliseo Ortiz, que trabajaba en el CECARI. Y estaba el Chino Quan. Estuve también en Nicaragua en una capacitación de manejo de armas y explosivos. Usábamos un polígono de tiro del EPS.

En el 87 me sacan del trabajo del Grupo El Indio. Me clandestinizan, y me sacan para Nicaragua. Ya como parte del Plan Calentamiento, de generar actividades de masas para lo que se llamaba el Momento Insurreccional. Se crea la Comandancia del Frente Metropolitano. Ahí están Gerson, Roberto Cañas. Lo que después fue la Ofensiva de Noviembre del 89. Regreso de Nicaragua en el 88.


Presos en la Guardia Nacional

Y al nomas regresar me caen a la casa. Fue un claro dedazo. Nos llegan a sacar chulones a la Vilma y a mí. Nos secuestra la Guardia Nacional. Vivíamos en El Modelo, en la calle 15 de septiembre.

Y fue la noche del 24 de diciembre de 1988. Pasamos la Navidad bien vergueados…los dos, nos entubaron hasta el año 89. Me tocó recorrer las cárceles de Mariona, Santa Ana y Sonsonate. Tenían miedo los vigilantes, me acuerdo, que se atacaran los penales.

Gracias a los esfuerzos de Félix Ulloa, Omar Pastore y otros logre salir. Fue Omar el que me sacó con un recurso de habeas corpus. Por cierto hoy lo he visto acompañando a Dago en este esfuerzo del MNP. Salí en abril del 89. De la cárcel me fui para el monte. Estuve en Ciudad Barrios, en Texistepeque, en Comasagua, hasta que llegó la Ofensiva de Noviembre del 89.

Alquilamos una casa en la Colonia Santa Marta y empezamos a llenarla con armas, dos barriles de pólvora, 10 mil detonantes, y el mero día 11 hicimos una fiesta, un pachangón y de la fiesta salimos armados a tomarnos la colonia y así incorporarnos a la ofensiva en todo el país.

Lo que no esperábamos y nos sorprendió es que nos hiciera mierda el enemigo, nos dieron con todo, y ya para matarnos logramos que nos sacaran los de la Cruz Roja, y nos llevaron al Sagrado Corazón, allá en la Escalón, con la hermana Hilda. Y para terminar de joder la Vilma andaba preñada. Imagínate. Pero cuando la monjita me vio llegar al refugio me dijo: ay no usted es muy conocido. Y mejor llamó al embajador mexicano.

Al rato apareció el embajador. Don Hermilio López Bassol. Hablamos y esa misma tarde llegó a traernos. Él personalmente nos llevó al aeropuerto y se aseguró que abordáramos el avión y saliéramos del país hacia México. En México nos llevan a un hotel. Dios días después nos está visitando Oscar Fernández y su mujer Ligia.

Nos incorporamos al trabajo de solidaridad. Todo el 90 nos recorrimos la república mexicana. Hicimos un programa llamado “Poemas y canciones” en el que incluíamos canciones nuestras, y poemas de Escobar Velado, de Roque…estuvimos en Puebla, Colima, Cuernavaca, etc.

En el 91 regreso a la patria…trabaje en la secretaría de relaciones internacionales de Fenastras. Junto con Gerardo Díaz, fuimos nosotros los que hicimos las gestiones Para la construcción del edificio del que luego se apodero y lucró Huezo.

En el 92 me incorporo a un proyecto radial, a la radio Cabal, con un programa de radio junto con Mario Maida. Y luego a la radio Clave. Hicimos un programa llamado El Cabal, el luchador de la radio Cabal. Luchador Social, me refiero.

Eso que me preguntas es otro gran rollo…en síntesis: existe a nivel mundial la Colectiva de la Media Luna y su misión es infiltrar las organizaciones y reclutar mujeres así fue que cayó la Colocha…Otro día te lo cuento.

Del 92 al 95 regreso a estudiar en la UES. En el Plan de Filosofía. Nos graduamos en el local de Fenastras. O sea que soy filósofo dicen. Del 98 al 2000 estuve en Fenastras. Luego me dedique a hacer investigaciones sociales. Fíjate que en el 2005 quede ciego…sí, ciego. Me cayó la diabetes. Y ya no pude trabajar. Y me dedique al comercio y a cantar en chupaderos…

En la actualidad colaboro con los programas artísticos que realiza la facultad de derecho de la UES. He regresado a la fuente…y sigo soñando y luchando por los mismos ideales.

miércoles, 10 de abril de 2013

Sánchez Cerén se distancia del discurso de su partido contra Sala de lo Constitucional



La jefa de diputados del FMLN decía el lunes en un artículo de opinión que hay un grupo de aduladores de la Sala de lo Constitucional que pretenden que el FMLN caiga en la trampa de aplaudir "las benditas resoluciones" de esa instancia. Este martes, el candidato presidencial efemelenista calificó a la misma Sala como "una defensora de la Constitución que se ha ganado el respaldo de muchos sectores".


Sergio Arauz

elfaro.net

El candidato presidencial del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, rompió este martes con la retórica de su partido al referirse a la Sala de lo Constitucional como una institución defensora de la carta magna y que, debido a su trabajo, ha sabido ganarse el respeto de amplios sectores de la sociedad. De paso, Sánchez Cerén dijo que la Asamblea Legislativa debe acatar la sentencia que dispone una nueva elección de los magistrados de la Corte de Cuentas, algo que su partido ha estado regateando desde el primer fallo en ese sentido emitido en enero pasado.

Sánchez Cerén, vicepresidente de la República, compareció ante los periodistas junto al candidato a vicepresidente, el alcalde tecleño Óscar Ortiz, en la casa de campaña que estuvieron estrenando en la colonia Escalón.

El candidato presidencial respondió dos preguntas con respecto al trabajo de la Sala, que ha estado bajo fuego y presión legislativa desde una sentencia de julio de 2010 en la que los magistrados quitaron a las cúpulas partidarias el poder de determinar quiénes se convierten en diputados y quiénes quedan fuera, más allá de la voluntad del electorado. La primera pregunta fue sobre una solicitud de amparo en contra de la Asamblea Legislativa por dos contenidos de la Ley de Medicamentos, y la segunda aludió a la sentencia que anuló por segunda vez en dos meses el nombramiento de los magistrados de la Corte de Cuentas.

En la demanda de amparo, el solicitante pide anular la prohibición de contratar y subcontratar médicos en las farmacias y la atribución de las autoridades de multar a quienes lo hagan. También pide que la Dirección de Medicamentos deje de exigir que cesen las consultas médicas en las sucursales de las farmacias del demandante. La Sala admitió la solicitud, y eso fue el motivo de la pregunta del periodista.

“¿Qué mensaje le manda a la Sala de lo Constitucional?”, preguntó el reportero. Sánchez Cerén, un excomandante guerrillero, respondió: “Yo creo que la Sala de lo Constitucional es defensora de la Constitución, creo que en ese sentido ha logrado respaldo y opiniones favorables en muchos sectores, porque es defensora de la Constitución”, dijo, mientras a un costado suyo se encontraba el diputado Roberto Lorenzana, vocero efemelenista, que en los últimos dos años se ha convertido uno de los principales detractores públicos de los magistrados constitucionalistas. Luego, el candidato presidencial emitió un par de comentarios en defensa de la utilidad de la Ley de Medicamentos. “Es obligación de la Sala garantizar preceptos constitucionales. Todos pueden presentar denuncias y demandas. Ellos admitieron una demanda”, concluyó, sin entrar en discurso de descalificación.

El hecho de que Sánchez Cerén llamara a la Sala "defensora de la Constitución" choca con el discurso que el FMLN y otros partidos han venido manejando en un intento de descalificar a los magistrados, a tal punto que en varias ocasiones han hecho explícita la posibilidad de destituciones.

Con respecto al mismo tema, la Ley de Medicamentos y la admisión del recurso de parte de la Sala, Lorenzana dijo apenas el 3 de abril pasado en una entrevista radial que la decisión de los magistrados de decidir que estudiarán la petición de amparo es populista: “Desgraciadamente la Sala de lo Constitucional una vez más se pronuncia de esta manera de manera populista, porque es muy bonito que la gente diga, me dan la consulta gratis, pero le están haciendo un gran daño al pueblo porque están comercializando la salud.”

Un día antes de esta declaración, el 8 de abril, la jefa de los diputados efemelenistas, Norma Guevara, publicó una columna de opinión con claras descalificaciones hacia la Sala de lo Constitucional. La dirigente del partido en su columna en el diario CoLatino llama aduladores a quienes han expresado su opinión de que en materia de control constitucional las decisiones de la Sala son vinculantes. “Para el coro de aduladores de la Sala, estas benditas resoluciones constituyen una carnada que el FMLN debe morder, retorcerse y ser pescado a la vista y aplauso de una barra del estadio. ¡Qué pobre visión!”, dice en su texto.

El FMLN ha venido subiendo el tono de sus ataques y amenazas contra la Sala desde junio de 2011, cuando fue Arena, su máximo adversario, el que impulsó un decreto para maniatar a la Sala. Arena luego se retractó y entonces el FMLN se convirtió en el principal defensor del decreto 743, que eventualmente quedó anulado. Los diputados efemelenistas, sin embargo, pasaron de decir que aquel decreto era un golpe a la democracia y un ataque a la independencia de poderes, a calificar a los magistrados como personas que sirven a la derecha y que creen que la Constitución les da poderes absolutos.

"Es terriblemente peligroso anular atribuciones para proclamar el poder absoluto de un grupo de cuatro magistrados que legislan, reforman la Constitución y violan procedimientos de funcionamiento con el aplauso del poder mediático y el coro de la ANEP", afirma Guevara en su columna del lunes.

En su segunda respuesta con respecto a la Sala de lo Constitucional, el candidato del FMLN matiza la forma en que la Asamblea interpreta una notificación firmada por cuatro magistrados que ya había declarado inconstitucional la elección de los magistrados de la Corte de Cuentas en una sentencia de enero. “El hecho es que esta resolución tiene que cumplirse”, respondió el candidato presidencial, algo que también rompe con el argumento de diputados no solo del FMLN, sino también de partidos como Gana, PDC y PCN, que creen que la Asamblea Legislativa puede determinar si algunas decisiones de otros órganos -como la Corte Suprema- son constitucionales o no. Si determinan que no lo son, pueden desoír alguna resolución de instancias del máximo tribunal como la Sala.

El dirigente efemelenista, que hace dos meses también corrigió a su partido cuando este pretendió quitarle poder a la Ley de Acceso a la Información, dio a entender que no es que la organización de izquierdas esté pretendiendo desacatar la sentencia, sino que está en debate de cómo obedecerla: “Lo que está discutiendo la Asamblea es cómo esa resolución se ejecuta sobre la base de lo que establece la carta”, dijo, en referencia a la notificación escrita de la Sala a la Asamblea, en la que aclara que en la segunda elección de magistrados ocurrida la última semana de marzo, los diputados no cumplieron con la sentencia emitida en enero.

Cuando la Sala emitió su primera sentencia de anulación de la elección de los magistrados de la Corte de Cuentas, el presidente de la República, Mauricio Funes, también puso presión sobre los magistrados, al acusarlos de estar propiciando una crisis institucional porque, según él, la resolución iba a provocar acefalía en el organismo contralor del bueno uso de los fondos públicos.

Los magistrados, previendo el riesgo de acefalía, dieron a la Asamblea 60 días para hacer una nueva elección, aunque los diputados sobrepasaron el plazo para hacer el segundo nombramiento que también fue anulado.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

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