Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

martes, 15 de marzo de 2016

John Carlin: “Tenía claro que, entre la guerrilla y la Policía de Hacienda, yo elegía a la guerrilla”

 
John Carlin, durante su visita a la Feria Internacional del Libro de Gudalajara, en diciembre de 2015, para la presentacíon de su libro sobre el atleta olímpico Óscar Pistorius. / Foto de Michel Amado. © Cortesía de Grupo Planeta.

Este periodista británico cubrió la guerra civil salvadoreña, y la de los vecinos, luego de venir de hacer lo suyo durante la dictadura Argentina. A sus 60 años se ha consolidado como una de las voces periodísticas más escuchadas y debatidas de la prensa europea, tanto cuando va en contra del consenso en graves temas de la política internacional, como cuando arremete contra de José Mourinho. Escribió la biografía política de Nelson Mandela, un bestseller que llegó al cine, contó la vida de Rafael Nadal, y recientemente el apasionante thriller judicial de Oscar Pistorius.



Élmer L. Menjívar
 
 


"En El Salvador encontré a la gente más malvada, pero al mismo tiempo a la gente más generosa del mundo", dice John Carlin al hablar de su paso por El Salvador de los años 80. Carlin es periodista. Nació en Londres, en 1956; este 12 de marzo llegó a los 60 años. Es un hombre blanco, alto, corpulento, barbado, pelo crispado ya entrado en canas. Tiene una voz grave con un tono amistoso que genera confianza. Es un afable conversador. Para describir el conjunto, el adjetivo que se impone es bonachón. Pero no es condescendiente. Es claro al hablar, dice ser honesto cuando cuestiona el consenso, un periodista heterodoxo que dice que sus héroes son los novelistas. Tiene un título en Lengua y Literatura inglesa por la Universidad de Oxford, pero también habla y escribe en perfecto español, no solo porque su madre es española, sino también porque vivió los primeros cinco años de su vida en Buenos Aires, uno de los destinos a los que lo llevó la carrera diplomática de su padre.

Es parte de esa generación de periodistas de diferentes partes del mundo que inició su carrera cubriendo las guerras centroamericanas de la década de los ochenta. Ahora es parte del star system del periodismo mundial, pero una suerte de enfant terrible. El 12 de septiembre de 2001 publicó El americano herido, un fulminante análisis de la sociedad estadounidense inmediatamente después del atentado contra la Torres Gemelas de Nueva York, un texto que se considera un clásico del periodismo de opinión. Hoy en día despotrica contra la idiotez que galopa en las redes sociales de internet y se burla de los teóricos de la conspiración que se la pasan criticando a las grandes marcas periodísticas y exigiéndoles objetividad: "Me parece una idea absolutamente imbécil". Pese a su tono severo, tampoco se toma tan en serio a sí mismo cuando dice que el trabajo que lo ha hecho más popular lo vive como un hobby, habla de su trabajo escribiendo sobre fútbol todos los fines de semana en El País, el periódico en español más leído del mundo.

El hobby termina cuando se lanza a investigar y escribir historias sobre los verdaderos problemas de la humanidad. Terrorismo, guerras, crisis económica y política, pero reconoce que ya pasaron los tiempos en que había dinero para enviarlo a recorrer el mundo buscando esas historias. Aunque ya se ganó un lugar privilegiado publicando El factor humano, el libro que retrata la historia de Sudráfrica a través del Nelson Mandela, "no creo que haya nadie que se le acerque en el mundo actual", dice sobre el líder sudafricano que erradicó el apartheid del planeta. Su libro fue llevado al cine por Clint Eastwood y Matt Damon en la película Invictus. Antes, una de sus crónicas, Adiós a las armas, sirvió de base para el guión de Duro de matar 4 (Live Free or Die Hard), con Bruce Willis, donde también tiene el crédito de guionista. Ha escrito, producido y colaborado en diversas series de televisión (Frontline,Katbot, American Experience).

Carlin llegó a la Feria del Libro de Guadalajara de diciembre pasado a presentar su más reciente libro, Pistorius, la sombra de la verdad, una extensa y exhaustiva crónica judicial sobre el caso del deportista sudafricano que pasó de la gloria de ser el primer atleta sin piernas que corre en unos juegos olímpicos a ser el protagonista de la nota roja mundial por haber asesinado a su novia a balazos. Justo el día después de esta entrevista, y un día antes de la presentación del libro en la Feria, el desenlace de esta historia tuvo un giro sorpresivo cuando un tribunal de apelaciones anuló la sentencia original de cinco años por homicidio involuntario, y declaró a Pistorius culpable de asesinato, sentencia que lo enfrenta a una posible condena de 15 años que deberá oficializarse en abril de 2016, mientras él espera bajo arresto domiciliar y con un ejército de abogados apelando este último veredicto. Esto agrega capítulos a este libro que ya tiene todas las claves de esas historias que un buen lector no quiere soltar. "No sé si por pudor, o por que ya tienen una conclusión, pero nadie nunca me ha preguntado si yo creo que este muchacho quería o no quería matar a su novia", dijo Carlin en la presentación –mea culpa–, y zanja la duda: "Mi opinión es que que no sé si quería matar a la chica, pero cualquiera que diga que sabe, dice una tontería".

Vamos a empezar con su recorrido por nuestras tierras, hace más de 30 años.

¿Cómo llegaron tus pasos a El Salvador?
Sí, bueno, por cosas de la vida, que aunque al final de cuentas uno elige su destino, son las circunstancias las que te llevan por un camino. En México empecé de freelance, y empecé a expandir mi imperio freelance hacia Centroamérica, donde las noticias eran más interesantes en ese momento, por las guerras; primero en Guatemala, luego en El Salvador… Y me enganché mucho, no solo como periodista, sino también como persona, con un compromiso emocional y político. Estaba empezando como periodista, tuve muchas aventuras, me puse en muchos riesgos, son épocas memorables.

¿Qué encontraste en El Salvador?
En El Salvador lo que encontré fue a la gente más malvada, pero al mismo tiempo a la gente más admirable, generosa y heroica del mundo, todo el espectro de la humanidad estaba ahí. Fue muy emocionante y muy cautivadora aquella experiencia.

Eres parte de una generación de periodistas que empezó su carrera en las guerras centroamericanas, como Alma Guillermoprieto, Jon Lee Anderson…
Sí, muchos, y lo sorprendente es que la edad promedio de los periodistas que estuvimos ahí era de 24 o 25 años… Daba un poco de miedo que gente tan joven estuviera ahí dando sus versiones de hechos tan complicados.

Otra cosa es común que tenían es que muchos buscaron venir por su propia voluntad. Tú eras freelance y escogiste venir aquí. ¿Por qué El Salvador fue una opción?
Bueno, por una combinación de factores. Primero, que yo ya tenía un compromiso político... Aunque claro, uno intenta mantener una cierta distancia al escribir. Yo había estado antes en Argentina durante la dictadura militar, y eso fue lo que realmente me forjó mi conciencia política. Esa experiencia tan terrible, tan siniestra con esos militares casi nazis. Ahí hice lo mío, aporté mi granito de arena contra estos tipos. Y bueno, entré en ese carril y quería seguir haciendo eso, y en Guatemala, y en El Salvador en particular, era otra versión de lo mismo. Por un lado eso, por otro lado, ya a nivel práctico, Centroamérica era un foco de noticias mundiales, que ahora costará creerlo, pero en ese momento esos paisitos en que ustedes viven eran casi el centro del universo. Luego, pues yo hablaba español, con lo cual tenía ventajas prácticas para un freelance británico que, además, ya tenía la experiencia de Argentina.

Entonces, ¿había algo de romanticismo revolucionario? Es decir, ganas de contribuir a los cambios que estaban en juego.
Sí, claro. Pero además, uno tiene que seguir buscándolo por más que ahora tenga el doble de la edad que tenía entonces. Uno tiene que mantener un cierto romanticismo, cierta fe en que, aunque sea un poquito, uno puede contribuir a hacer un mundo mejor, al menos, menos malo. Eso no hay que perderlo, sería muy triste.

Muchos periodistas que cubrieron nuestras guerras confiesan que esa empatía ideológica con uno de los bandos de la que tu hablas les provocaba conflictos de intereses al buscar la objetividad de su trabajo. ¿Cómo resolvías tú eso?
Yo nunca he tenido el más mínimo problema con la objetividad porque no creo en ella. Me parece una idea absolutamente imbécil y me parece absurdo que se siga repitiendo eso de la objetividad entre gente y periodistas inteligentes. El otro día The New York Times hacía un artículo sobre El País, el periódico para el que yo escribo, hablando de la falta de objetividad... ¿Qué carajos me están diciendo? ¿Que The New York Times es objetivo? Eso es una estupidez. Lo único que uno puede ser es honesto, y ya está. Y yo siempre he tratado de ser honesto. Y en cuanto a empatías y simpatías, sí, yo tenía simpatías: yo tenía muy claro que, dado a elegir entre la guerrilla y la Policía de Hacienda, yo elegía a la guerrilla. Y no voy a andar con tonterías de objetividad y esas cosas. Ahora, lo que uno tiene que hacer es contar también que la guerrilla comete atrocidades como matar a alcaldes en San Miguel; no contarlo sería lo malo. En Nicaragua también estuve muchos años, y ahí yo también escogía en mi corazón a los sandinistas antes que a los Contras. Para mí era una decisión muy simple, casi matemática: ¿quién hacía más atrocidades? Y en El Salvador estaba clarísimo que eran la Fuerza Armada y la Policía; y en Nicaragua, claramente la Contra. Luego entran los cálculos ideológicos, pero yo conté las matanzas que también hicieron los sandinistas y la guerrilla.

Ahora tanto los sandinistas como los que fueron la guerrilla del FMLN gobiernan Nicaragua y El Salvador. De lo que sabes, ¿qué opinión tienes al comparar a estos con los sandinistas y la guerrilla de los 80?
Lamento decirte que no estoy tan al tanto de lo que está pasando en El Salvador. De Nicaragua un poco más. Y claro, lo que está ocurriendo en Nicaragua es lo que pasa siempre, la humanidad es tan lamentablemente predecible. Empiezan con los grandes idealismos, y sin duda las motivaciones iniciales son altruistas, pero llegan al poder, pasan los años, y llega un punto que seguramente se podría identificar, cuando algo hace ¡crack!, y pierden ese idealismo y se corrompen el alma y la mente. Y esto ocurrió con los sandinistas y ha ocurrido con el Congreso Nacional Africano de Sudáfrica, el partido de Mandela, que luego de nacer con los ideales más nobles y de los sacrificios tan grandes de todos, ahora es un partido totalmente corrupto que se parece mucho al PRI (de México) de antaño, se parece bastante al sandinismo de ahora. Cuando a la gente le pica el bichito del poder y la vanidad, se convence de que es imprescindible. Y así es la historia, solo hay que leer Rebelión en la granja, de Orwell, es tal cual, siempre.

Luego de ver tantas veces esos procesos, ¿cómo se puede mantener el entusiasmo de contar una revolución si ya sabes en qué va a terminar convertido todo aquello?
Es muy difícil, Élmer. Y es especialmente difícil para un tipo como yo, que he visto muchas cosas, que he visto el principio y el final del proceso. Es muy difícil no ser escéptico, y casi tengo que hacer un esfuerzo consciente para mantener el idealismo, y lo hago. Me digo a mí mismo: "No caigas en el cinismo total, mantén viva alguna llama", porque si no, es como para pegarse un tiro, porque eso se ve una y otra vez: la gente que en un momento admiras por su valentía y por su idealismo fallan, le fallan a los suyos. Y yo creo que el escepticismo hay que enfocarlo al revés, aunque todo indica que siempre van a suceder las cosas de la misma manera, hay que ser escéptico al no aceptarlo, y creer que quizá esta vez no sea así, porque si lo aceptas ya dejas de actuar y hay que seguir actuando aunque sea para seguir justificando en qué gastas las energías mientras vives en esta tierra.

¿Cuál es tu opinión de esta racha de primaveras que hemos tenido? Desde la árabe, pasando por la mexicana y la guatemalteca…
Bueno, mira, hay que mantener un poco de esperanza. Hay cierta gente que como reflejo caen en el escepticismo total y andan pregonando que la gente se está engañando y que todo va a salir mal. Tampoco hay que tomar esa actitud. Hay que tener algo de fe, por mucho que siempre te acabes golpeando la cabeza contra el muro. Pero hay que tratar de ver las cosas en su singularidad. El caso de las primaveras árabes es diferente, esa ilusión de que en muy poco tiempo vas a pasar de gente que está, en cuanto a cultura política, en el siglo XVI, esperar que en una semana, un mes o un año, va a dar el brinco… Una democracia como, por ejemplo, la británica, que es donde vivo ahora, es consecuencia de muchos siglos de lucha, y hace 100 o 150 años Gran Bretaña era mucho más corrupta que México bajo el PRI. Entonces, uno soñaba con algo como la primavera árabe, pero es muy difícil que una cultura que no tiene ninguna tradición democrática se convierta de un día para otro en una democracia jeffersoniana… Creo que en América Latina hay más posibilidades, porque hay más cultura democrática, incluso en Sudáfrica había más posibilidades, porque aunque los negros no habían votado nunca, dentro de sus partidos existía democracia. Pero Los Hermanos Musulmanes no vienen de una democracia como la entendemos nosotros en Occidente. Pero hay que mantener un poco de fe porque, si no, hay que dejar de pensar del todo en la política e irte a una isla desierta a comer bananas.

Cuando fueron los atentados de París, se armó un intenso debate sobre la manipulación y sobre la hipocresía de lamentarse por esos muertos y no por los muertos en otros lados del mundo que son más y más frecuentes. Tú te metiste en ese debate en una columna en El País. ¿Qué conclusión sacaste?
Había gente que decía por qué se le da más atención a la masacre en París que a los que murieron dos días antes en Beirut. Élmer ¿qué son las noticias? Noticias son cosas nuevas, diferentes… Lo siento mucho, pero una bomba en Beirut es algo que es terrible y atroz, y la gente que vive ahí sufre como en cualquier otro lugar del mundo, pero una bomba en Beirut es un poco "un perro muerde a un hombre". Espero que me entiendas, no estoy siendo cínico, y por supuesto reconozco el dolor de esa gente, pero en París, donde estas cosas no pasan nunca, esto fue Charlie Ebdo multiplicado por cincuenta; es decir, matan a cien personas en un concierto dentro de un teatro en París, eso ya es "un hombre muerde a un perro". No nos compliquemos tanto rebuscando otras explicaciones. Tampoco hay que generalizar sin más, por ejemplo, cuando en Pakistán mataron a todos esos niños en ese colegio, eso fue una noticia mundial, pero si hay una bomba en el mercado de Karachi mañana y mueren tres personas, eso no va a ser noticia. Cuando secuestran a 400 chicas en Nigeria sí tienes noticia… No nos autoflagelemos tanto con eso de que somos eurocéntricos.

Pero hay hechos concretos, por ejemplo, que las grandes cadenas de noticias y los grandes periódicos ponen unas noticas y no ponen otras, y no siempre se impone la premisa de que sea o no noticia.
Pero mira, ahora tenemos la suerte de vivir en una época multimedia, si tú quieres enterarte de las noticias sobre Nigeria y Pakistán, tú te conectas con tu ordenador o tu teléfono a los medios que ofrecen esas noticias, y puedes olvidarte de Nueva York y de París, si quieres. Al fin de cuenta, tanto CNN como El Faro son empresas que tienen que sobrevivir, tienen su público y a su público le interesan unos temas y otros no. Pero ahora se ha puesto de moda pasar criticando a los medios, y los medios son el reflejo de la sociedad; cambia la sociedad y cambiarán los medios. A mí me irrita toda esta insistencia en manipulaciones, controles y conspiraciones. Hay de todo hoy en día, si no te gusta lo que pone un medio que te parece capitalista, pues vete al medio comunista que ahí está también, todos los días sale.

Entonces, ¿tú estás satisfecho con la labor que hacen hoy en día los grandes medios periodísticos?
Mira, lo que ocurre es que hay menos dinero. Entonces, por ejemplo, a mí en El País no me mandan a tantos lugares en el mundo para hacer reportajes. Pero no es una cuestión de política de que no queremos cubrir el mundo, es que no hay dinero. Hace seis años, me mandaban tres semanas a África; iba a Tanzania, Angola, Mozambique, me mandaban a México dos semanas a recorrerme el país para hacer reportajes. Ahora ya no hay dinero para eso. Ahí está el problema, más que en las conspiraciones.

Hay mucha gente en desacuerdo contigo, sobre todo en las redes sociales.
Hay un montón de gente, sobre todo fuera del periodismo, que está tan convencida de que estamos todos manipulados… Yo publico mis artículos y ves la cantidad de comentarios en Twitter que salen diciendo: "Ahí está Carlin obedeciendo los mandatos de Cebrián". ¿Pero qué coño me estás diciendo? Yo no hablo con nadie en El País, yo hago lo que me da la gana. Pero siempre habrá quien esté diciendo que yo soy parte de la gran conspiración… Me aburren.

Pero con las redes sociales no se puede bajar la guardia, ahí están actualmente los formadores de opinión.
Sí, lo que es alarmante es que es muy aleatorio. Claramente habrá gente ahí que es súper inteligente, informada, pero hay montones de personas que no saben un carajo de nada pero opinan y tienen a sus seguidores aplaudiéndolos. Por ejemplo, cuando publiqué ese artículo sobre lo que sucedió en París, se enloquecieron las redes sociales, más de 15,000 personas comentando en Facebook y en Twitter, y veo un tweet de alguien, como la mayoría, volcándose contra mí, diciendo que ISIS está financiado por Estados Unidos cuyo propósito es la conquista de Siria, y esto lo retuitean 150 personas, o sea, están diciendo que Obama está pagando al Estado Islámico para que mate gente en París, y Hollande es tan pendejo que ni se entera y va a verlo, le da la mano y le da un beso, y después Obama va y pone un flor en el teatro en un acto de hipocresía monumental porque él está financiando a ISIS… ¡Y esto lo retuitean 150 personas! Es alarmante.

Igual son opiniones que alguien expresa y encuentra el apoyo de gente que opina igual.
Mira, esa es otra cosa. Yo escribo últimamente artículos de opinión que llevan mucho reporteo, pero yo desde hace muy poco me atrevo a poner mi opinión, y esto después de 35 años de haber estado por todo el mundo cubriendo todo tipo de historias. Pero yo estoy consiente de que si con 25 años me hubiera puesto a opinar sobre geopolítica entre Rusia y Estados Unidos, habría sido grotesco. ¿Qué coño sabía yo? Pero ahora todos están ahí opinando, desde sus sofás en Madrid y Barcelona y Buenos Aires, entre sus tapas y sesiones de psicoanálisis, y van a darte su visión sobre una base de conocimiento cero, sabiduría política cero. Es un poco alarmante, es como la estupidización de la sociedad.

Hoy en día, las empresas periodísticas, para sobrevivir económicamente, le apuestan a tráfico web y a la viralización de sus contenidos, y los contenidos que más sirven para eso son las polémicas donde la gente dice más barbaridades. ¿Crees que esto distorsiona el trabajo periodístico?
Y es preocupante. De lo que yo escribo, por ejemplo, suelen ser mis artículos de opinión que cuestionan el consenso, que traen polémica, los que más impacto tienen, pero luego hago una historia que está bien contada, con buena información, que te dan una nueva visión de la realidad, y esos muy pocas veces tienen tanto impacto como una polémica facilona. Por ejemplo, para reducirlo a algo absurdo, tengo mi columna sobre fútbol todos los fines de semana en El País, y cualquier día hago otra más sobre José Mourinho y es garantía de ser número uno en ventas el fin de semana. Este fin de semana pasado hice un artículo que a mí me pareció infinitamente más valioso de cualquiera de Mourinho sobre un futbolista inglés que a los 29 años acaba de conquistar la gloria y hace dos años estaba en las ligas menores y ahora es el máximo goleador de la Premier League, una especie de cenicienta en el sistema, y eso tuvo cero impacto, pero hago otra pendejada más sobre Mourinho, y ¡wow! ¡el bombazo!. Y te lo digo como ejemplo absurdo, pero se aplica a lo que pueda hacer sobre política, economía o sobre lo que sea.

Pero ese artículo más sobre Mourinho, ¿por qué lo escribes si crees que no es algo trascendental?
Bueno, porque Mourinho… Mira, para empezar te voy a decir que mi columna sobre fútbol es algo que yo hago medio en serio y medio en broma. Mi único propósito es entretener a la gente durante tres minutos mientras toma su café con el desayuno, me permito un cierto punto de irresponsabilidad y de cachondeo que no me permito cuando escribo sobre ISIS o las elecciones españolas o gringas. Entonces, los fines de semana publico siempre un escrito bastante jocoso, y cuando escribo sobre Mourinho lo hago en plan de risas, siempre hay un elemento de crítica moral, pero básicamente es por diversión.

¿Pero prevés que va a tener un impacto importante en redes sociales?
Sí, sí, bueno sí… Pero si yo escribiera cada semana sobre Mourinho, cada semana me leerían miles, pero no lo hago, escribo sobre Mourinho cada dos meses o más… Pero cuando Mourinho sale, ja, ja, ja… Es que Mourinho es un regalo de dios para la prensa, y yo no soy tan pendejo como para desperdiciar esa oportunidad.

Te lo preguntaba para llegar a esto: los periodistas nos quejamos de todo eso que no nos gusta que han provocado las redes sociales, pero, a la vez, han sido para nosotros alimento para nuestro ego como nunca antes lo habíamos tenido. En un periódico impreso no tenías idea de cuánta gente te leía y qué pensaba sobre lo que hacías.
Pero yo prefería antes. ¿Sabes qué? Hace tiempo yo dejaba de leer los comentarios que ponían debajo de lo que publicaba porque me deprimía demasiado. Y esto es injusto con mucha gente, pero hay tanto pendejo que me deprimía darme cuenta de qué tipo de lectores tenía, y podía llegar a pensar: "Es que no quiero volver a escribir para esta gente nunca más". Era como para llegar a pensar en ya no ser periodista ante tanta idiotez.

Salgamos de estos terrenos tan deprimentes… Tus libros más famosos uno los encuentra generalmente en el estante de deportes. ¿Cómo fue el tránsito del periodismo de guerra y político hacia el deporte?
El deporte, el fútbol, me gustó desde pequeño, porque me crié en Buenos Aires. Eres un niño en Buenos Aires, y es inevitable. Cuando estaba en El Salvador, me levantaba temprano por la mañana en San Salvador, a la 6, me iba a la guerra, cruzaba el puente, llegaba a San Miguel, había unas balaceras, entrevistaba al guerrillero, entrevistaba al campesino, entrevistaba al policía, volvía, hacía mi nota, la enviaba, y después veía el partido de fútbol, que era la juerga y el consuelo de la vida, y siempre ha sido así. Pero por muchísimos años no escribí nada sobre ningún deporte; el fútbol era parte de mi vida, pero no de mi trabajo, eran cosas muy separadas. Pero hace como diez años al jefe de deportes de El País se le ocurrió pedirme una nota sobre fútbol y le gustó, y luego hice un par más, y así ya no paré… Pero lo sigo viendo como un hobby. Cuando escribo mis libros de grandes temas, me tomo sabáticos de El País para hacerlo, pero lo único que sigo haciendo para ellos es mi columna de los fines de semana sobre fútbol, porque me divierto haciéndola, es una especie de terapia.

¿Pero entonces no te molesta estar en el estante de deportes?
Bueno, cualquiera que compre Pistorius pensando que es un libro sobre deportes, se va a quedar decepcionado, y más aún con El factor humano (o la película Invictus), pues si llega un pobre ingenuo que le guste el rugby y cree que está comprando un libro sobre rugby, va a descubrir que en 360 páginas hay exactamente solo dos páginas sobre rugby.

¿El deporte es solo el anzuelo?
Sí, aunque te diría que en el libro de Pistorius hay más de deporte que en El factor humano, en el sentido en que una buena parte del libro es el tremendo esfuerzo, sacrificio y hambre que Oscar Pistorius necesitó para lograr lo inimaginable: correr en los juegos olímpicos. Y en ese sentido, supera a cualquier atleta que yo conozco. Yo también hice el libro sobre Rafa Nadal, un tipo también esforzado y sacrificado, pero nada que ver con Pistorius. Es otro nivel, y eso, por supuesto, lo trato en el libro, pero el libro es sobre todo un retrato psicológico de un personaje que podría haber sido un no-deportista, pero si hubiera sido igual de famoso en otro lugar que no fuera Sudáfrica, sino en Hollywood, también habría pensado en hacerlo. Por ejemplo, si Charlize Theron hubiera matado a alguien, yo habría hecho el libro también. Por cierto, la madre de Charlize Theron mató a su padre, no sé si lo sabías.

En el caso de Pistorius, el libro se presenta como un thriller judicial, y por ratos uno siente que lee una novela, por personajes tan complejos como la jueza…
…La jueza es fantástica. De todos los personajes de este libro, la que más admiré fue a la jueza. Un crack esa señora, chiquita, con una serenidad, una elegancia y una autoridad natural que encanta.

¿En qué momento detectas a esos personajes que te van a ayudar a trascender de un reportaje tradicional a un texto de no ficción mucho más sofisticado narrativamente?
Es que es precisamente a través de estos personajes como Pistorius o Mandela que he intentado contar algo sobre la condición humana, sobre el país (Sudáfrica), sobre la política, y yo creo que, como regla general en el periodismo, si quieres contar una historia política importante, es a través de personajes como estos que va a llegar a más gente; una situación que no siempre se da, por supuesto. Entre hacer un artículo seco con un análisis frío de la situación política, y hacerlo a través de una persona con nombre y apellidos que sirva de representante de montones de más personas, con esto último tenés más chances de llegar a muchísima más gente. Podría haber escrito El factor humano sin tener a Mandela en el centro de la historia, aunque hubiera sido ridículo, pero se podría haber hecho, pero no habría tenido el impacto que tuvo.

¡No habría habido película!
Claro, no habría habido película. Si uno tiene la opción de personalizar una historia política, hay que hacerlo. Cuando escribí El factor humano, ya tenía como diez años de embarazo con esa historia, y aunque no me hubieran pagado un peso, la habría escrito igual.

¿Le has puesto la mirada a algún personaje actual para meterte en otro libro?
El problema de escribir sobre un líder político como Mandela es que nadie lo va a superar. Pero bueno, alguien que me interesa bastante es Pepe Mujica, me gusta el personaje. Pero a fin de cuentas, es difícil después de Mandela… Había una canción famosa en los años de la Primera Guerra Mundial, que hablaba de cuando montones de soldados gringos que estaban en Alemania se iban a pasar los fines de semana a París, la letra decía algo así: "Cómo metes de vuelta al chico en la granja una vez que ha estado en París". Después de haber hecho Mandela, va a ser difícil para mí hacer otro libro así; no creo que haya nadie que se le acerque en el mundo actual. Así que no tengo una idea muy fija.

¿La ficción es un opción para ti?
Fíjate que sí me lo estoy pensando. Más bien lo estoy fantaseando, hasta ahora no me he atrevido.

¿Por qué?
Carezco de la valentía para hacerlo. Es porque es lo que más admiro. Yo admiro mucho más al escritor de ficción, al novelista, que alguien que hace lo que yo hago. Me parece que ahí está el reto de verdad, y también te expones mucho más, porque si mi libro sobre Pistorius no fue tan bueno me puedo refugiar en que finalmente la historia real no es tan buena; en cambio, una novela es tu bebé, tuya completamente de principio a fin… Pero más que nada porque siempre he tenido una colosal admiración por los escritores de ficción, ellos son mis héroes y no tengo suficiente confianza en mí mismo para competir en esa carrera.

¿Entonces ves superior la literatura que el periodismo?
No sé, en parte es porque yo me crié leyendo muchas novelas. Desde la infancia estudié literatura inglesa en la universidad, no me formé en no-ficción, yo estudié todo Shakespeare, poesía, novela.. Y es quizá un prejuicio personal que no se sustenta en la realidad, pero a mí me parece que los escritores que realmente escriben bien, que tienen dominio de la prosa y que tienen los conocimientos de las profundidades del ser humano, se encuentran más en la ficción que en la no-ficción.

¿No crees que haya libros de crónica periodística que tengan la misma trascendencia que un clásico de la literatura?
Para mí, no los hay. Yo no lo he visto. Quizá se pueda hacer, pero yo no creo que esa resonancia universal lo logre una crónica sobre Pistorius, sobre las Farc o sobre las maras en El Salvador. Es muy difícil que con un libro de no-ficción logres abrir un mercado, por usar esos términos, más allá de ese mercado que ya tiene interés sobre ese tema en particular. ¿Entiendes lo que te quiero decir? Si yo me hubiera inventado esta historia de Pistorius, que esta hubiera sido ficción, y la hubiera escrito con las destrezas máximas de la literatura, esta historia la leería con igual fascinación un chino, un salvadoreño, un rumano, un senegalés o un ruso, sin necesidad de tener la referencia de un tal Pistorius que sale en las noticias. Igual me equivoco, pero creo que hay más posibilidades con la ficción de llegar a más gente y no solo en todo el mundo, sino en todos los tiempos.

¿Lees más ficción que periodismo entonces?
El 90 por ciento de lo que he leído a lo largo de mi vida es ficción, o más.

¿Y prefieres los clásicos o sigues a los contemporáneos?
Soy consciente de que he leído tanto y también de que me falta tanto por leer... me agobia eso. Pero aún así, yo siempre releo a Shakespeare, releo a Dickens, releo a Henry James, releo a Flaubert, releo a Tolstoi, a muchos clásicos de mi vida, y de repente hay algo contemporáneo que me gusta. Pero durante mucho tiempo, hasta los treinta y tantos, yo no leía nada publicado después de 1920, nada. Después superé ese prejuicio: empecé con Raymond Chandler, que me encanta, he leído todos sus libros por lo menos tres veces. De los contemporáneos grandes me gusta Saul Bellow, Philip Roth, Julian Barnes, Eduardo Mendoza, me encanta Eduardo Mendoza porque es divertidísimo…

¿Algún latinoamericano?
Por supuesto que me he leído a todo Gabriel García Márquez, me encanta y me enganchó… He leído a Vargas Llosa, de él no me he leído todo, pero me ha gustado. Juan Rulfo me parece fantástico, solo dos libritos, pero tienen una fuerza condensada espectacular. He leído a Borges, Sábato, Onetti, Alejo Carpentier, y de vez en cuando algo más ligero como La chica del tren, de Paula Hawkins, que ha sido un exitazo en ventas en todo el mundo.

¿Y a la nueva camada de cronistas del nuevo periodismo latinoamericano le has seguido la pista?
Mis héroes están más en la literatura fíjate… Pero hay ciertos columnistas que leo con más interés que a otros, pero te confieso que leo mucho más periodismo británico que hispanoamericano, y digo británico, eh, porque The New York Times me está empezando a aburrir.

¿Tu periódico favorito?
Mi periódico favorito sin lugar a dudas es el Weekend, del Financial Times, que sale los sábados. Para mí es el mejor diario que hay. Si me dices que en toda mi vida solo puedo leer un periódico, dame el Weekend y me es suficiente si quiero leer sobre los países árabes, China o la Unión Soviética, no hay nada mejor, tienen a los expertos en todo. Latinoamérica la cubren bastante bien, pero para Latinoamérica sí prefiero leer El País. Lo hacen bastante bien.

¿Cree que a la prensa británica y europea le interesa Latinoamérica?
Más allá de a España, no mucho. Es que cuando tienes crisis económica ahí mismo, austeridad e ISIS amenazándote, es muy difícil para Latinoamérica competir por atención de la prensa europea. Pero bueno, volviendo a lo que decíamos antes, la gente no tiene mucho motivo para quejarse de un medio en particular, porque hoy tienes todas las posibilidades para encontrar al medio que tiene lo que te interesa. ¿Para qué gastar tiempo quejándote de los periódicos que no cubren lo que a ti te parece que deben cubrir? Déjalos que hagan lo suyo y mejor ponte a buscar lo que te interesa, que lo vas a encontrar.

La gente nunca dejará de quejarse, y menos hoy en día que puede hacer oír más que antes.
Claro, a la gente como le gusta indignarse, enfadarse… Pero qué más da… A mí el mundo me parece una mierda, pero no voy a gastar energía emocional e intelectual criticando a todo el mundo. Cada loco con su tema. Y con cada loco con su tema terminamos, una nota apropiada para finalizar, ja ja ja ja. No sé qué carajos vas a sacar de todo esto.

A lo mejor me pongo a ficcionar.
Tú ficciona lo que tú quieras, ya sabes que yo no te voy a criticar. Inventa lo que quieras, pero no pongas palabras en mi boca. Pero tú diviértete, uno se debe divertir con este oficio. La gente a veces se pone demasiado solemne en esos paneles de discusión por todas partes. ¡Hagan su trabajo y dejen de hablar tanto! Bueno, dejemos de hablar tanto, ja, ja, ja.

jueves, 10 de marzo de 2016

Bruja, puta, gorda, malcogida

Departure of the witches, Luis Ricardo Falero, 1878.
 
 
Elena Salamanca
LANDSMODER

Sí, este fue un título atrapa misóginos. Y sirve para apuntar que, a la hora de referirnos a las otras, es más fácil insultar que mirar los posibles caminos de la sororidad.


Nos enseñaron a ser misóginas, era mejor odiarnos, "bruja, puta, gorda, malcogida", etc. Y nos enseñaron que era más fácil despreciarnos que aceptar que había mujeres que hacían las cosas tan bien como nosotras, incluso mejor. Nos enseñaron que era mejor culparnos entre nosotras antes de ver quiénes nos habían nombrado primero "bruja, puta, gorda, malcogida". Un detalle: los primeros que nos llamaron "bruja, puta, gorda, malcogida" no fueron mujeres. Lo sabemos, pero, de todas formas, nos odiamos. Aprendemos a odiar como aprendemos a amar. Pero podemos desaprender. Ser amigas.


Yo también fui misógina

Cuando era más joven pensaba que era la mejor de las jóvenes intelectuales, la más brillante, la más osada. Mis amigos eran hombres. Tenía poquísimas amigas, respetaba a poquísimas compañeras en la licenciatura porque pensaba que "no era interlocutoras para mí". Nos educan para pertenecer a una manada de hienas -ya saben, las más fuertes y competitivas de las mamíferas- y no para comprender y amar a las otras. Fui misógina. Usted también, seguro, lo fue. Y ella también. Todas nosotras.

Pero es posible desprenderse de la misoginia, dejar de decir "esa perra, esa puta", cada vez que hablemos de las otras. Dejar de ver la celulitis en la pierna ajena. Dejar de pensar que somos el modelo de mujer, la decente y la moral frente a la puta y la loca -sí, también llaman locas a las mujeres resueltas con su goce, herencia de la psiquiatría del siglo XIX-, entre otras cosas.

No estoy ni a mitad del camino a la sororidad -esa alianza entre mujeres frente al patriarcado, que la mexicana Marcela Lagarde explica muy bien aquí- pero he empezado a transitarlo porque otras mujeres me llevaron a él. Mujeres mayores que yo que fueron mis maestras o mis jefas y que pensaron que podían tener interlocución conmigo, sin importar que yo estuviera tan joven y ellas tuvieran carreras consolidadas, en la academia, el periodismo o la literatura. Ellas me llevaron a su familia, a su tribu, a su haus, y por eso ahora aceptar que a mi lado hay muchas mujeres buenas, que hacen las cosas bien, incluso mejor que yo, y estoy agradecida por ello.

Como este camino es difícil, porque es mordaz también, he pensando marcar algunos pasos que he dado e intento sostener para dejar de pensar que las otras son el infierno.


No pelear con las feministas

Uso la palabra bruja en este texto porque muchas veces siento un conflicto entre el uso, el concepto en la historia y la representación de bruja. Sobre todo, con la representación que algunas de mis amigas feministas dan a ser bruja en fechas como el 8 de marzo o el 31 de octubre. Pero un día pensé: no puedo pasar mi vida peleando con las feministas, si ellas fueron las primeras en ponerse minifalda para demostrar que su cuerpo era suyo, no puedo pelear con otras mujeres si mis abuelas y mi madre me permitieron pensar, escribir, estudiar, viajar y convivir. No podemos pelear con otras mujeres si han sido ellas las que lucharon para que pudiéramos votar, ir a la escuela, a la universidad, aprender, estudiar, enseñar, divorciarnos si queríamos, no embarazarnos si queríamos, salir a la vida, vivir. Nos ocupamos tanto en pelear que nos dispersamos y así no podemos acuerparnos, defendernos.


Activar el 8 de marzo

Antes también discutía la celebración del 8 de marzo. "Qué hueva -pensaba- el machismo no existe". No creía en el machismo porque fui criada por mujeres y estas mujeres me enseñaron que el mundo era ancho y ajeno y podía ser mío. Nunca me dijeron que no podía hacer algo, me dieron la fuerza suficiente para hacer lo que quisiera. "Qué hueva -me decía- si ya tenemos todo". Pero no. No tenemos aún TODO y tampoco lo tuvimos antes. Pensaba que en todas las casas las niñas podían leer y escribir lo que quisieran, estudiar, pensar y viajar. Pero salí a la vida, y en la calle el machismo me encontró. Camino a la universidad, un hombre me siguió con su carro para acorrarlarme en un pasaje. En mi trabajo, unos abogados decrépitos preguntaron por mi edad para saber si era posible hacerme algo y que fuera legal; luego, rieron. En otro trabajo, una mujer de mi edad preguntó por qué yo tenía el cargo de investigadora, dijo que seguro lo obtuve porque había cogido con ¿cuántos?. Entonces no, el machismo no era una mentira.

Me incomoda el 8 de marzo como incomprensión. Los hombres nos dicen bellas, las otras mujeres no dicen amigas, queridas, etc. No siempre se trata de auténticas sororidades. Pero no se trata de la postal en redes sociales. Se trata de activar.

Tenemos que aceptar que necesitamos ese día simbólico porque el mundo sigue siendo hostil para muchas mujeres todos los días. Tenemos que aceptar que hemos experimentado y gozado libertades que nuestras abuelas no conocieron, a veces tampoco nuestras madres. Por eso tenemos que seguir enunciando el día, cada una de nosotras desde sus espacios y sus armas. Tenemos que seguir gozando de nuestras libertades y pensando, escribiendo y haciendo para que el mundo sea menos injusto con las mujeres, biológicas y transexuales.


Encontrarse

Dejé de leer hombres que escriben sobre mujeres y empecé a leer mujeres. Marosa Di Giorgio, Idea Vilariño, Gabriela Mistral, Djuna Barnes, Virginia Wolf, Marguerite Duras. Y me encontré. En ellas me sentí encontrada. Estas mujeres se preguntaron frente a la escritura -a mano o a mecanografía- lo mismo que yo me preguntaba. Se preguntaron frente a la vida -en la casa de los padres, la propia, la cocina, la calle- lo que yo me preguntaba por la vida. Y encontré mi lugar, no para tener una genealogía de mujeres que me convirtiera en alguien en alguna literatura, sino que me encontré en la vida.

También comencé a leer a escritoras de mi generación, la mayoría mis amigas, y me encontré también, con los mismos miedos, las mismas ganas de reír, de aceptar. Hay que leer a las mujeres que escribieron antes que nosotras y escriben al mismo tiempo que nosotras porque nos preguntamos lo mismo ante palabras contundentes como feminidad, soltería, maternidad, impunidad, goce. Tenemos una voz que nos permite cantar fuera de las jaulas de los cánones.


Mirar hacia las intersecciones

Una de las condiciones más injustas de ser mujer es la feminidad como yugo. Durante siglos el canon de belleza ha sido tan cambiante y tan injusto con la biología -yo tendría que colocar mis senos en la belleza de otro siglo, tal vez el XVI, por ejemplo- que lo hemos normalizado. Y vamos normalizando, y con ello violentado, a tantas mujeres en nuestro camino. O a tantos hombres.

Una de las condiciones más injustas en la que se encuentran tantas mujeres y hombres en la historia es la encajar en el modelo de la feminidad o la masculinidad. Hasta ahora, en estos discursos de sororidad y reivindicaciones, no hemos pensando en las mujeres transexuales, nacidas hombres, y en los hombres transexuales, nacidas mujeres. Aquí hay una intersección potente que debe cuestionar nuestras miradas sobre género y sociedad porque en este caso se trata de MUJERES, de otras mujeres que no conocemos y que atraviesan otros estratos de su vida.

La feminidad también es muy violenta. Y con ella hemos dañado a niñas que nacieron mujeres y eran, en realidad, hombres (machorra, marimacha) y a niños que nacieron como hombres pero en realidad eran mujeres (maricón, culero).

En uno de mis tantos trabajos conocí a Karlita. Para mí, es uno de los personajes más importantes de la lucha política trans en El Salvador. En 1992, aparecía en un fotorreportaje de Francisco Campos como Carlos, quien se travestía y prostituía. En 1998, daba declaraciones en un reportaje de El Noticiero sobre crímenes de odio. Cuando la conocí, diez años después, dirigía una ONG que apoyaba a mujeres trans que vivían con VIH. Era una luchadora social que estaba por terminar el bachillerato. Karlita no terminó la escuela porque se supo mujer siempre y en su adolescencia quiso usar los baños de mujeres; en su escuela no lo comprendieron, la insultaron (culero, maricón) y la golpearon, sus mismos compañeros de escuela. Las historias de violencia por género son cotidianas y pocas ven la luz, las hemos normalizado como normalizamos cualquier forma de violencia, pero por ser normalizadas no son norma, y, sobre todo, no son justas.

Entender que ser mujeres es también una experiencia política tiene que hacernos mirar a esas otras mujeres, quienes, desde sus procesos de reasiganción de sexo, nos ayudan a escribir otras historias sobre ser mujer que rompen con el modelo en que casi ninguna de nosotras cabe, un corsé asfixiante más que un modelo de lo posible.


Comprender a la madre

Creo que el camino más preciso, y más doloroso, a la sororidad es comprender a la madre. Hemos escrito y pensado sobre la madre sobre todo como institución y no como ser humano.

La mayoría de mis complejos, y los de mis amigas, vienen de lo que dijo la madre cuando era niña o adolescente. Vienen de la pared de vidrio que las familias colocan entre los roles, vienen de una tradición occidental en la que las mujeres han sido enseñadas para parir y no quejarse, para tener rabia, o para quererse pero, a pesar del inmenso amor, reprocharse.

Comencé a comprender a mi madre hasta que tuve la misma edad que ella en un momento crucial de su vida. Mi madre enviudó a los 33 años. De pronto, estuvo sola, con dos hijas. Veo a mi madre de entonces por mi recuerdo y no por las fotografías y lloro con ella. Lloro con mi mamá como la mujer joven que era, a la que le mataron el esposo, a la que le quedaron dos niñas y un inmenso miedo. Veo a mi mamá de 33 años, joven, bonita, con sus tacones, con su risa, con su ropa a la moda. Luego la veo viuda. Y me abrazo para abrazar a mi madre porque estuve dentro de ella y me formé con su calcio y todas esas cosas que hemos leído, que creemos que sabemos pero que no sabemos realmente.

Comprender a la madre es caminar a la comprensión del dolor y de la felicidad. Abracemos a nuestra mamá como mujer y no como símbolo.


Caminar a la sororidad

Cuando era profesora universitaria conversaba con mis estudiantes para saber qué deseaban de la vida, qué querían hacer. Muchas de las niñas querían casarse y dedicarse al hogar después de terminar la universidad. No está mal casarse, ni ser madre, ni guiar un hogar, pero les pedía que se casaran por decisión propia y no de sus novios o sus papás. Antes hay que viajar solas, conocer el mundo, les decía. Un día, una de ellas me dijo: "Ya lo pensé, no me voy a casar el próximo año; antes, voy a viajar sola". Yo me sentí como Julia Roberts, en Mona Lisa smile, y pensé que había empoderado a una niña, de tantas, que cruzaban por las aulas.

A veces, empoderar a una mujer no es entregarle unos anticonceptivos, es enseñarle a pensar desde más perspectivas. Durante unos años trabajé con estudiantes que no conocían la historia reciente de El Salvador. Algunas se sentían realmente impactadas por la Historia, se conmovían, se quejaban, ¿cómo era posible tanta violencia, tanta brutalidad? Muchas de estas estudiantes me dieron las mejores enseñanzas: comenzaron a mirar el país en el que vivían desde otras perspectivas, cambiaron la mentalidad polarizada con la que reflexionaban sobre política, y algunas de ellas lo hicieron aunque entraran en contradicción con los orígenes políticos de sus familias.

Como dije, apenas he dado unos pasos en el camino a la sororidad. Cometo errores, soy impulsiva. Pero llegué aquí porque otras mujeres me guiaron. Sin Cecibel Romero, María Tenorio y Vanessa Núñez yo no habría entendido que era posible, que es posible transitar entre las demás. A ellas y a las lectoras de este blog quiero dedicar este texto, porque lo fácil es pensarse, lo más difícil es no tener miedo de enunciarse.

Jan saudek olga mother again

miércoles, 9 de marzo de 2016

Clase social, pandilla y sociedad (Parte II)


Dagoberto Gutiérrez*

Como hemos visto, las clases sociales tienen una íntima relación con los contenidos económicos, es decir con las relaciones de producción imperante en un determinado momento en una sociedad concreta, y además, se dan en el marco de un modo de producción. Pero hemos de saber que en una sociedad pueden darse y funcionar diferentes modos de producción, pero siempre habrá uno que sea el dominante y del cual dependerán las clases sociales también fundamentales en esa sociedad.

Al mismo tiempo, siempre hemos de tomar en cuenta factores políticos e ideológicos en este tema, y no solo los factores económicos, porque es en el marco de las clases sociales que podemos reflexionar y aproximarnos al tema de las alianzas políticas y no solo al de la explotación. Por eso, trataremos de caminar en estas direcciones.

Cuando la economía salvadoreña estaba basada en la producción, recolección y exportación del café, era la oligarquía cafetalera la clase dominante, la que, a su vez, establecía una educación, una política y una ideología acorde a sus intereses. En ese momento, el campesinado comprendía una clase campesina bifurcada en los campesinos ricos, medios y pobres, sobre los cuales reposaba la producción en el agro. Los cafetaleros eran los grandes propietarios (campesinos ricos), y éstos garantizaban sus intereses económicos apoyándose en una fuerza armada y en cuerpos de seguridad (policía nacional, policía de hacienda, guardia nacional) que aseguraban la represión sobre los campesinos. En tanto que la fuerza armada monopolizaba el control del aparato gubernamental. Y, a partir de 1932, los presidentes de la república, los ministros, directores de instituciones autónomas, y funcionarios de alguna importancia, provenían de las fuerzas armadas, que eran, precisamente, la clase encargada del gobierno, era la clase gobernante; mientras que la oligarquía cafetalera (grupos más o menos reducidos de poderosos terratenientes cafetaleros decidían los temas fundamentales del Estado e imponían sus decisiones al gobierno que las aceptaba plenamente) era la clase dominante.

Esta forma oligárquica de ejercer el poder fue afianzada férrea y sangrientamente durante los 13 años de gobierno del dictador Maximiliano Hernández Martínez hasta que del seno de esta oligarquía cafetalera aparecieron sectores económicamente más poderosos interesados en pasar a la industrialización de la caficultura y a la producción de bienes materiales o mercancías para el mercado local y para el mercado externo.
Este fenómeno respondía a la acumulación de capital que se operaba en el seno de estos sectores oligárquicos y al chocar este afán con la ideología rigurosamente conservadora de la dictadura martinista, se produjo el conflicto, que en definitiva condujo al final del régimen en los meses de abril y mayo de 1944.

Observemos que los acontecimientos de ese año coinciden con el curso de la segunda guerra mundial, con los avances del ejército soviético y sus victorias militares sobre el ejército hitleriano alemán. La repercusión internacional de las victorias soviéticas creó un ambiente de lucha democrática y de lucha social en todos los sectores de la sociedad salvadoreña de la época y aumento la resistencia, la conspiración y la organización contra la dictadura.

Esta resistencia contó con la participación de una parte de la oficialidad del ejército que llegó a levantarse contra el dictador en el mes de abril de 1944, levantamiento derrotado y pagado con una alta cuota de militares fusilados por el dictador. Estos héroes no entregaron en vano sus vidas porque en el mes de mayo del mismo año, una gigantesca y completa huelga general de brazos caídos, con la activa participación de empresarios de todos los tamaños, de los trabajadores y del pueblo, en general, provocó la renuncia del dictador a su cargo, su salida del país y el inicio de un nuevo momento histórico.

Hemos dicho que se dieron varios procesos en marcha. Por un lado, el proceso popular que expresaba las distintas organizaciones del pueblo, de los intelectuales, de los estudiantes, que estimulados por la victoria de la Unión Soviética y la derrota de la dictadura martiniana, sembraron el país de actividad cultural que incluso llegó a comprender una especie de universidad popular donde se daban conferencias históricas, filosóficas y políticas sobre el país a un público anhelante de formación.

La fuerza armada era el escenario de un proceso en donde sectores democráticos pugnaban por el desmantelamiento definitivo de la dictadura. Estos sectores militares expresaban la necesidad de transformaciones capitalistas y de avances democráticos. Al mismo tiempo, en las mismas fuerzas armadas se movían sectores conservadores interesados en reconstruir el viejo poder oligárquico y el viejo estilo de hacer política.
En los sectores de la oligarquía cafetalera se movían también corrientes encontradas en donde los interesados en pasar a actividades económicas de transformación de productos pugnaban por reducir el control del antiguo poder de también poderosos cafetaleros. Los agrupamientos de intelectuales y estudiantes se movían apelando a la influencia de la Universidad de El Salvador y de la organización estudiantil. Recordemos que en esos años, la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS) funcionaba como una fuerza política de gran peso.

Toda la sociedad ardía de actividad social y política, había mucha esperanza, y en la campaña electoral de finales de este mismo año 44, todo indicaba que las ganaría el doctor Arturo Romero, un prestigioso médico que lideraba la oposición y la resistencia popular.
Como podemos ver, en el proceso se dio un entendimiento cercano entre los sectores populares, trabajadores y campesinos y sectores intelectuales universitarios que llegaron a amenazar el viejo orden y toda esta convulsión culminó con el sangriento golpe de Estado del mes de octubre de ese mismo año. El coronel Osmín Aguirre y Salinas, jefe de la policía nacional, encabeza un gobierno militar que aplasta todo este proceso social, político y cultural que hemos referido.

La resistencia al golpe se mantuvo y produjo en el mes de diciembre de ese año la invasión al territorio nacional de patriotas, estudiantes, obreros, intelectuales y campesinos, que desde el territorio de Guatemala, donde recién se había instalado un gobierno revolucionario (el de Juan José Arévalo), se había apoyado a la resistencia salvadoreña.

Este ejército popular fue detenido y derrotado en la batalla de Ahuachapán y, aparentemente, la dictadura Salinista estaba consolidada, pero solo aparentemente.

*Vicerrector de la Universidad Luterana Salvadoreña

martes, 8 de marzo de 2016

Traficantes de indigencia


Rodolfo Cardenal
director del Centro Monseñor Romero


El Gobierno del FMLN asegura que la reforma del sistema de pensiones que ha propuesto es muy beneficiosa para los futuros jubilados. La oposición de Arena alega que es un robo, porque despoja a los trabajadores de sus ahorros. Ninguno de los dos dice toda la verdad; los dos esgrimen argumentos engañosos, ambos manipulan las expectativas de los trabajadores para promover su respectiva agenda política.

El Gobierno promete una pensión mínima vitalicia a los cotizantes (una minoría de la población trabajadora), pero sin garantías financieras. No reconoce que la reforma que propone permitirá al Estado saldar una cuantiosa deuda y resolver parcialmente su iliquidez crónica. Tampoco reconoce que la reforma le permitirá conservar el acceso a una fuente de financiamiento barata en detrimento de la pensión de los trabajadores, pues se resiste a pagar la tasa del mercado.

Arena y la gran empresa privada dicen defender los intereses de los trabajadores, pero en realidad defienden a las administradoras de pensiones y sus abultadas ganancias a costa del ahorro de los cotizantes. Justifican su intransigencia diciendo que hacen lo que los trabajadores les piden. Si fuera cierto, hace ya mucho tiempo que hubieran elevado sustancialmente el salario mínimo y que se hubieran ocupado de garantizar servicios básicos de calidad. Pretenden desconocer que la iliquidez del Gobierno y la abultada deuda pública es, en gran medida, un legado de sus administraciones.

Arena ha olvidado convenientemente que la inviabilidad del sistema de pensiones se debe, en gran parte, a que tanto los Gobiernos del PCN, su antepasado, como los suyos no entregaron al fondo de pensiones la parte correspondiente al Estado. Asimismo, han olvidado que en su momento fueron advertidos de que la privatización de las pensiones según el modelo chileno era inviable en El Salvador. Los costos administrativos y la comisión de las administradoras de pensiones debieran salir de la rentabilidad de la inversión, no del aporte del cotizante y del empleador.

El furibundo ataque de Arena ha conseguido atemorizar a la población con un engañoso concepto de propiedad privada y ha puesto al Gobierno a la defensiva, por falta de credibilidad y por una política de comunicación deficiente. Incomprensiblemente, las dos administraciones del FMLN no se han atrevido a explicar con claridad la crisis de la hacienda pública. Quizás por falso respeto a Arena y a sus Gobiernos, quizás por ignorancia e ineptitud.

La cuestión de fondo es estructural. Los Gobiernos pasados, el actual y los del futuro han bregado y tendrán que bregar con un sistema fiscal obsoleto. Los dos partidos grandes saben que es insostenible. Pero el FMLN se desentiende y Arena lo atribuye al elevado gasto público. Indudablemente, tanto el poder ejecutivo como el legislativo y el judicial derrochan un dinero que no tienen. Pero lo mismo hicieron los Gobiernos de Arena, que sin reparo alguno inflaron la deuda pública.

Además, al derroche hay que agregar la evasión y la elusión fiscal, y la corrupción. Pero cuando el Gobierno presiona para aumentar la recaudación, la empresa privada protesta airada contra lo que llama despojo. Cuando ataca la corrupción, los grandes y sus socios alegan persecución política. Si bien la reducción del gasto, el aumento de la recaudación y la contención de la corrupción representarían un gran alivio para la hacienda pública, eso no sería suficiente para proveer a la población de servicios básicos, incluida la pensión.

Arena señala correctamente que la cuestión de las pensiones debe formar parte de una reforma fiscal. Pero el FMLN no se ha atrevido a utilizar su capital político para impulsarla, de forma que pague más el que más tiene. Arena entiende por reforma fiscal recortar aún más el gasto social. Pero una buena reforma fiscal debe racionalizar el gasto, que no es lo mismo. Además, debe gravar o aumentar el impuesto a las ganancias individuales, los dividendos corporativos, la propiedad territorial, la herencia, no solo colocar el peso de la carga fiscal sobre los salarios y el consumo.

La miopía política impide que los partidos políticos entiendan que cualquiera que gobierne tendrá que ocuparse de la enorme deuda del país, de la inviabilidad del sistema de pensiones y de proveer servicios básicos a la población. En esas condiciones, ningún programa gubernamental, cuando lo hay, es viable. A los partidos solo les interesa el poder. Se afanan por llegar a él y una vez en él, hacen cualquier cosa para mantenerse. El bien común viene bastante después y solo en la medida que contribuye a alimentar su ambición.

La insostenibilidad de las finanzas públicas y la viabilidad del país debieran ser motivo suficiente para que los liderazgos políticos hicieran a un lado sus ambiciones de poder y sus ideologías —obsoletas, por cierto—, y se sentaran a diseñar una buena solución por el bien del pueblo salvadoreño al que dicen servir.

Oscar Armando Dueñas, "Bernardo Torres", un comandante de altura




 Roberto Herrera

EI jefe militar presagiando a lo mejor futuros turbulentos comenzó diciendo:

"... camaradas, combatientes. Nunca antes el pueblo salvadoreño se había encontrado tan fuerte y poderoso. Días, semanas, tal vez meses de gran importancia nos esperan. En todos estos años de cruenta lucha, nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Populares de Liberación han dado muestras de heroísmo, valentía y decisión. Aún se respira el olor a pólvora de las primeras balas disparadas en contra de la tiranía. La ofensiva de enero solamente fue el inicio de las grandes batallas que se avecinaban. Todos comprendimos en aquel momento que no bastaba con el deseo y la voluntad de tomarnos el poder. Fue necesario preparar mejor nuestras tropas, hubo necesidad de elevar los conocimientos técnico-militares de jefes y oficiales. Ninguno de nuestros dirigentes tenía experiencia en la dirección de grandes contingentes armados. Fuimos aprendiendo sobre la marcha, pero sin perder de vista nuestros objetivos principales. EI Comando Central, sabiamente, definió una estrategia parcial que se resumió en la consigna de Resistir, Fortalecerse y Avanzar. Durante el ochenta y uno, el enemigo se lanzó como fiera herida sobre nuestros campamentos. Todos recordamos la gran ofensiva militar de octubre. La derrota sufrida por el ejército títere selló con broche de oro esa etapa de resistencia. Quedó demostrado que el alto mando militar era incapaz de derrotar al movimiento guerrillero, a pesar de que en aquel entonces éramos solamente un puñado de combatientes, mal entrenados, mal equipados y con poca experiencia combativa. De allí en adelante creceríamos enormemente. La formación del primer destacamento de las Unidades de Vanguardia José Dimas Alas, fue la semilla de este Ejército Popular de Liberación.

Así pasamos en 1982 a nuevas formas de hacer la guerra. EI ataque a la población de San Fernando, muy cerca de acá, representó un salto de calidad en el proceso revolucionario. Fue entonces cuando nuestro partido definió esa nueva etapa de desarrollo con la consigna de Aniquilar, Requisar y Vencer. Muchas armas se han recuperado desde entonces, muchos son los que se han integrado a nuestras Fuerzas Armadas Populares, muchos son los puestos militares derrotados. Prácticamente podemos decir, que más de la mitad del departamento de Chalatenango está bajo nuestro control. Hemos recorrido un gran trecho del camino en tan poco tiempo. Lo que hace algunos años nos parecía casi un sueño, hoy al verlos a ustedes formados aquí en EI Candelero, no podemos más que expresar nuestra alegría. ¡Los sacrificios no han sido en vano!

Camaradas, continuemos haciendo todos los esfuerzos por alcanzar en un futuro no muy lejano las aspiraciones de los obreros y campesinos. Debemos elevar los niveles de sacrificio y estoicismo para lograr la instauración del gobierno democrático revolucionario que nos permitirá crear las condiciones materiales, políticas y sociales necesarias para la construcción del socialismo. Las estrofas que diariamente entonamos no son simplemente frases frías y sin contenido. Ellas encierran todas las aspiraciones del pueblo sencillo y trabajador de EI Salvador. Ellas expresan nuestros ideales, nuestro mañana. Todos nosotros estamos luchando por una sociedad más justa y mas humana, una sociedad donde exista el verdadero amor a la vida, donde el trabajo creador sea la fuente de desarrollo, donde el arte y la cultura sean beneficio de los obreros y campesinos. Por eso estamos luchando, camaradas, por eso estamos dispuestos, si es necesario, a dar nuestras vidas. Debemos tomar conciencia que aún falta bastante por andar. No nos permitamos caer en triunfalismos ni en posiciones derrotistas, la toma del poder no está a la vuelta de la esquina. Nuestro partido definió desde su surgimiento, en abril de 1970, una estrategia revolucionaria político-militar y dialéctica de toma del poder.

En poco tiempo, de lo simple a lo complejo, logramos construir un movimiento guerrillero nunca antes visto en América Latina. Ni el movimiento sandinista tenía, antes de la victoria, tantos combatientes como los tiene las FPL en estos momentos. Nos encontramos, doce años después, en los inicios de una guerra de movimiento. En este sentido camaradas, el espíritu que debe reinar de ahora en adelante es de ofensiva continua, de triunfo, de sacrificio, de victoria final. No sabemos hasta donde llegáremos, pero formémonos ya la idea de alcanzar nuevos teatros de operaciones. Si podemos atravesar el lago Suchitlán, no vacilaremos ni un momento en unir al Felipe Peña con el Apolinario Serrano.
¡A combatir sin tregua al enemigo! ¡Vivan nuestros héroes y mártires! ¡Viva la alianza obrero-campesina! ¡Vivan las FPL! ¡Viva el FMLN! ¡Revolución o muerte! ¡EI pueblo armado vencerá!

Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

  Razones de Cuba   Desde La Habana, donde hemos visto caer imperios a lo largo de 500 años, la situación de Estados Unidos en junio de 20...