Juan Gelman
La pupila insomne
El
domingo 6, los dominios de Internet del Shin Bet, el Mossad y de los
Ministerios del Interior y Salud Pública fueron inaccesibles para quien
quisiera “visitarlos”. Dos días antes, el grupo Anonymous había
amenazado con hackearlos porque la marina israelí interceptó dos naves
portadoras de ayuda para Gaza (www.jpost.com,
6-11-11). La voz de un video que el grupo subió a YouTube acusó a
Israel de “piratería en alta mar” y señaló que “no había otra
alternativa” que atacar si el gobierno israelí mantenía el cerco de
Gaza. El verbo “atacar” suele formar parte del glosario bélico. En este
caso, sin bombardeos, cañonazos o invasiones terrestres.
El
desasosiego es mayor y más explícito en Gran Bretaña y EE.UU. “El
volumen de los delitos y ataques por e-mail al gobierno y a la industria
sigue siendo perturbador”, señaló Iain Lobban, director de la oficina
de espionaje de las comunicaciones del Foreign Office. “Puedo dar
testimonio –agregó– de los intentos de robar ideas y diseños británicos
en los sectores de la defensa, energía, tecnología, ingeniería y otras
industrias para obtener ventajas comerciales o aprovechar el
conocimiento de arreglos contractuales secretos” (www.timesplus.co.uk, 31-10-11). Lobban lanzó un alerta: todo ello es una amenaza a la economía del país.
Una reciente
investigación del Anti-Phi-shing Working Group revela que el número de
dominios, falsos o reales, dedicados al espionaje cibernético, así como
el de sus ataques, se incrementa en todo el mundo a pasos acelerados. En
el período que se extiende de 2009 al primer semestre de este año, la
cantidad de robos informáticos pasó de 55.698 a 115.472, y la de
dominios, simulados o no, de 34.513 a 94.383 (www.fiercegovernmentit.com,
8-11-11). Los phishers han encontrado métodos para infectar “decenas,
centenares y hasta miles de sitios a la vez, dependiendo del servidor”,
subraya el estudio.
Un informe
del Ejecutivo Nacional de Cointrainteligencia de EE.UU. destaca que el
espionaje cibernético es la amenaza principal que se cierne sobre la
economía estadounidense (www.odni.gov,
octubre 2011). Indica que los servicios de inteligencia, las empresas
privadas, las instituciones académicas y de investigación y ciudadanos
de numerosos países saquean la información económica y tecnológica del
país. Desde adversarios persistentes como China y Rusia hasta “algunos
aliados… que gozan de un amplio acceso a los organismos del gobierno”.
Lo hacen mediante todas las técnicas de espionaje conocidas (Humint) y
con métodos cibernéticos de vanguardia, como Rusia.
Las
consecuencias de esta situación pueden ser catastróficas, según Richard
Clarke, ex asesor de tres presidentes y ex jefe de los servicios de
seguridad cibernética de EE.UU. Aseguró que, si continuara en su cargo,
“aconsejaría al presidente que se abstuviera de atacar (militarmente) a
otros países, porque mucho de ellos, incluidos China, Corea del Norte,
Irán y Rusia, podrían responder con ataques cibernéticos que devastarían
plantas de energía, redes bancarias o sistemas de transporte… Todo el
sistema económico estadounidense podría ser aplastado, porque no tenemos
hoy la manera de defenderlo” (www.nytimes.com, 7-11-11).
Hay quienes
han propuesto métodos para evitar esos desastres eventuales. El
ingeniero ruso Eugenio Kaspersky, especializado en seguridad antivirus,
explica que “todo el mundo debería tener una identificación, un
pasaporte de Internet” (www.theregister.co.uk,
7-11-11). Sería un excelente instrumento para detectar y clausurar las
críticas a los gobiernos que los blogs y las redes sociales difunden.
China anunció nuevos ajustes en la materia: el número de participantes
en esos medios ascendió a 195 millones de personas a fines de junio, el
triple de medio año atrás (www.guardian.co.uk, 26-10-11).
Días
después, el subsecretario del Departamento de Seguridad Interior de
EE.UU., Caryn Wagner, “declaró que el gobierno teme una inquietud social
como la de Túnez en diciembre pasado y que desea utilizar los servicios
de los medios sociales como Twitter para monitorear a su propia
población” (www.corbettreport.com,
10-11-11). El premier británico David Cameron habló ya de la necesidad
de establecer un equilibrio entre la ciberseguridad y la libertad de
palabra (www.theregister.co.uk, 1-11-11). No hace falta mucha especulación para saber adónde esto conduce.
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