Carmen Lira Saade
Periódico La Jornada
Domingo 3 de octubre de 2010
Brasilia. –Señor Presidente, ¿es golpista la elite
política de su país y en particular la poderosa elite periodística de
Brasil, como insinúan algunos medios que usted ha llegado a acusar?
–Para que un golpe de Estado fraguado desde el exterior tenga éxito
–responde– necesita apoyo interno, apoyo que sólo elites políticas
nefastas (que toda nación latinoamericana tiene en su seno) pueden dar.
Pero hay que diferenciar: dentro de la elite existen varios sectores:
uno se encuentra también con empresarios de alta calidad, empresarios
con una fuerte visión nacional y desarrollista. Pero cuando yo digo
elite política, me estoy refiriendo a aquellos que deciden el destino
del país.
Y Lula rememora los momentos en que esos grupos pusieron en jaque a
la gran nación brasileña, orillando al suicidio a un primer mandatario,
el presidente Getulio Vargas (1954); acosando, casi hasta el
derrocamiento, al gobierno de Juscelino Kubitschek (1956-61), y
deponiendo a su sucesor Joao Goulart mediante un golpe militar (1964).
Lula es cauto, pero tras los enfrentamientos recientes que ha tenido con los medios, acaba hablando claro:
“Esa misma elite –amplía el presidente brasileño– es la elite de hoy,
con sus herederos directos que obtuvieron no solamente el patrimonio
(material), sino a veces, también, el mismo comportamiento y conciencia
política” de sus antecesores.
Cuando Lula alcanzó la presidencia, esos mismos grupos esperaron su
fracaso: apostaron a “que la izquierda y su obrero metalúrgico iban a
sucumbir por su incapacidad para gobernar el país. Pero hemos podido
demostrar –dice satisfecho– que se puede gobernar sin almorzar, comer o
desayunar con los dueños de los medios de comunicación”, dice
contundente.
Entiendo y respeto el rol de ellos. Espero que ellos entiendan y respeten el mío
.
Sin embargo, en los momentos actuales no puede decirse que el
presidente tenga espacios seguros en los diarios, ni tiempos frecuentes
en la televisión. Es raro encontrar elogios para él, aunque tampoco lo
atacan en demasía, salvo en ocasiones especiales en que el golpeteo
deriva en campaña feroz de desinformación en su contra.
No, al presidente de Brasil la elite en el poder de los grandes
medios simplemente lo ignora. Y con ignorarlo a él, han olvidado o
dejado de lado a grandes sectores de hombres y mujeres trabajadores como
los
Sin Tierra
, del movimiento social-agrario más grande de
América Latina, con alrededor de un millón y medio de campesinos sin
tierra organizados que no han sido debida y oportunamente atendidos por
el gobierno de Lula, a pesar de que, en su momento, le dieron su apoyo
electoral.
–¿No se habrá corrido demasiado al centro?, sospechan algunos.
–Yo me considero un hombre de izquierda y los resultados de las
políticas que implementamos son todo lo que la izquierda soñaba que se
hiciera– sostiene.
“Nunca me gustó rotularme pero –insiste– sigo siendo de izquierda.
Soy un hombre de convicciones, de principios” –ha dicho en reiteradas
ocasiones–:
Sé de dónde vengo, quiénes son los amigos verdaderos, quiénes los ocasionales, a dónde voy y a dónde voy a volver
.
Si por los medios de comunicación fuera, nadie tampoco en Brasil se
habría enterado de que en los últimos ocho años, el gobierno que él
encabeza ha sacado de la miseria absoluta a 27 millones de personas; ni
que, simultáneamente, ha elevado a la clase media a 36 millones de
brasileños pobres, ni que ha creado, en sus dos mandatos de cuatro años
–cada uno–, 15 millones de empleos. No es poca cosa y, sin embargo,
nadie de la
gran prensa
lo
cacarea
.
Quizás lo que produce mayor frustración entre sus detractores es que
estaban seguros que un hombre que venía de la izquierda y del
sindicalismo no iba a saber conducirse
democráticamente
.
La democracia, para mí, no es media palabra
, ataja de inmediato…
La
democracia, para mí, es una palabra entera, sólo que algunos entienden
por democracia apenas el derecho del pueblo a gritar que tiene hambre, y
yo entiendo por democracia no el derecho de gritar sino el derecho de
comer. Esa es la diferencia fundamental
, remarca.
Democracia para mí es permitir el derecho a la conquista y no permitir sólo el derecho a la protesta.
Luiz Inacio da Silva –
Lula
para todo el mundo–, el humilde obrero que no habla más idioma que su portugués materno; que no fue nunca a una universidad –
no hay universidad, además, que enseñe a gobernar
–,
ha creado, sin embargo, en el tiempo que lleva en el poder, 12 nuevas
universidades y 105 extensiones universitarias para 545 mil nuevos
alumnos, 40 por ciento de ellos negros (pobres de las periferias
citadinas). Y gobierna, sin más crédito que el que le dio su pueblo, el
país más grande y más poblado (191.5 millones de habitantes) de América
Latina, donde lleva adelante la mayor acción social y educativa de que
se tenga memoria en el sur del continente.
De acuerdo con encuestas nacionales y extranjeras, a estas alturas y
tras ocho años al frente de la nación, el presidente Lula tiene una
aceptación ciudadana de más de 80 por ciento. Ningún político en el
mundo
democrático
y en medio de la crisis global, cuenta con un
reconocimiento siquiera cercano, que a unas horas de las elecciones
presidenciales en este su país, ha hecho prácticamente invencible a su
ungida candidata Dilma Rousseff, quien puede ganar en una primera vuelta
comicial.
A él le costó 12 años y tres elecciones fallidas llegar a la
victoria. Cada derrota no traía amargura, pero sí un gran sufrimiento,
al que se sobreponía no sin cierta dificultad:
Yo perdía en noviembre
y ya en enero estaba de nuevo al frente de mi tropa para levantarle el
ánimo y volver a recorrer con ella el país
, ha dicho el presidente.
Teníamos que luchar y perseverar. Fue la perseverancia la que me trajo hasta donde he llegado
. La sola evocación de aquellos días trae un brillo a sus ojos.
“Hoy pienso –creo– que ahí intervino el dedo de Dios… Sí, fue
seguramente el dedo de Dios el que evitó el triunfo a nuestro favor en
las tres elecciones, porque no deberíamos haberlas ganado”.
–¿Por qué?
–Porque nosotros éramos muy radicales en ese entonces. Si yo hubiera
ganado, con el discurso tan duro como el que tenía, no habría durado ni
seis meses en el poder. “Sí, sí –dice en entrevista de hace unos meses
con el Canal Encuentro de la televisión argentina–: fue el dedo de Dios
el que nos salvó y salvó al país, porque para llegar a ser presidente
tiene que haber en el individuo una evolución de la conciencia
política”, subraya.
Ya estaba destinado que yo llegara al gobierno de
mi país, más fortalecido y con más conocimientos y sabiduría, aunque
fuera después de 12 años de intentos
, dice a manera de consolación. Y
también, diríamos nosotros, con muchas lágrimas (aunque de júbilo),
porque, ¡ah, cómo lloró! aquella noche de su primer triunfo (27 de
octubre de 2002), en medio de ese salón cercano a la avenida Paulista,
al que acudieron políticos de la nueva y vieja guardia; sindicalistas,
artistas, dirigentes y militantes de partidos de todo el continente,
para celebrar la victoria largamente anhelada por ese hombre que, luego
de pronunciar un brillante discurso, quedó mudo y, sin rubor alguno,
enjugaba sus lágrimas.
Para algunos –sobre todo para la tropa periodística que lo acompañaba
de costumbre– no era extraño ver llorar en público al nuevo líder de
tamaño
país.
Lula es extremadamente sensible. Es un llorón natural
, explicaba un viejo conocido.
¡Pero no un cagón!
, aclaraba iracundo, por si había malos entendidos, uno de sus múltiples seguidores.
Hoy, ese hombre que todavía al inicio de los años 80 del siglo pasado
detestaba la política y que no se interesaba por otra cosa que no fuera
su sindicato o, ya con mucho, por la política sindical, se codea con
las más importantes figuras de la escena política internacional de su
tiempo, como Fidel Castro, quien, dice, le enseñó a convertir un fracaso
en una victoria; o los líderes de Rusia, India y China, con quienes ha
formado el BRIC, para llevar adelante una política
multipolar
.
Son ampliamente conocidos y reconocidos sus esfuerzos en favor de un
nuevo orden mundial, tanto en lo geopolítico como en lo económico.
Pese a ello, dice llevar una buena relación con Barack Obama (quien se refiere a él como
un buen tipo
).
Antes lo hizo con George Bush (hijo),
un hombre que se la pasaba hablándome de Irak todo el tiempo
y de la guerra que libraba con ese país.
Pero yo no tengo nada contra Irak, señor presidente
, le había dicho.
Mi única guerra es contra el hambre.
Brasil es, con Lula, muy popular en el mundo árabe e islámico. Se
habla de un BIT, la alianza mediante la declaración de Teherán con
Turquía e Irán. En esta nación existe una política bien diseñada hacia
África, donde Lula ha abierto más de 30 embajadas (México tiene tres),
y, en particular, con las antiguas colonias portuguesas, con las que ha
entablado excelentes relaciones económicas. Los primeros socios
económicos de Brasil son hoy (en orden descendente) China, la Unión
Europea y Estados Unidos. Con China, Lula practica una complementariedad
geoeconómica.
Se calcula que Pekín invertirá en Brasil, durante el
próximo cuatrienio, 40 mil millones de dólares por año.
En un reciente artículo publicado en
Le Monde, el canciller
Celso Amorim se refirió a los grandes ejes de la política brasileña: la
Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la multipolaridad, el BRIC, el
derecho a usar en forma pacífica la energía nuclear, etcétera.
En los hechos, Lula inicia la restatización de Petrobras y la creación de una
supraempresa
llamada Petrosal, de propiedad estatal.
El Lula temeroso de los comienzos de sus gobiernos da paso naturalmente a un Lula exultante por tantos éxitos.
A continuación, la versión completa de la entrevista que el presidente Lula concedió a
La Jornada, al periódico electrónico de Brasil
Carta Maior y al diario argentino
Página 12,
en el Palacio de Planalto, sede del gobierno brasileño, en la ciudad de
Brasilia, pocas horas antes de la asonada policial que intentó deponer
al presidente constitucional de Ecuador, Rafael Correa.
En la presidencia se aprende primero a gobernar
–¿Qué diferencia hay con el Lula de 2003 y su relación
con el Lula de 2010? ¿Qué le ha enseñado, qué ha aprendido, cómo se ha
transformado, en qué ha cambiado con el ejercicio de la presidencia?
–Pienso que en la presidencia se aprende primero a gobernar. Cuando
se llega a la presidencia de la república, uno se encuentra con la
convivencia de muchos años de oposición, en la cual uno va a un debate, a
una reunión y dice a sus interlocutores
yo pienso, yo considero, yo creo
.
Cuando se está en el gobierno, ya no se piensa, no se considera, no se
cree; se hace o no se hace. Y el gobierno es una eterna toma de
posición. Se aprende a tener más tolerancia y se aprende a consolidar la
práctica democrática, porque la convivencia política en la adversidad
es una estupenda enseñanza para quien cree en la democracia como un
valor inconmensurable en el arte de hacer política. Y eso se aprende
solamente ejercitándolo todo el santo día. No creo que haya una
universidad capaz de enseñar a alguien a hacer política, a tomar
decisiones. Uno puede teorizar, pero entre la teoría y la práctica hay
una gran diferencia en el día a día. Pienso que eso es lo aprendido. Por
ejemplo, mi segundo mandato, todo el mundo sabe que yo tenía miedo del
segundo mandato. Tenía miedo del agotamiento, tenía miedo del
aburrimiento, tenía miedo de volver a repetir lo mismo.
“Cuando creamos el PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento), en
verdad hicimos un transplante de todos los órganos vitales del gobierno,
e hicimos un nuevo gobierno, mucho más productivo, mucho más eficaz,
mucho más activo, y hay cosas que están pasando. Pienso que eso, para
mí, fue un aprendizaje estupendo… Necesito continuar aprendiendo porque
pasar por la presidencia, enfrentar las adversidades que enfrentamos, y
llegar al final del mandato en la situación en la que estamos llegando,
creo que el ejercicio de la democracia fue intensamente practicado.
Fueron 72 conferencias nacionales sobre todos los temas, desde la
seguridad pública a la comunicación, desde la ‘portación de deficiencia’
al GLBT (gays, lesbianas, bisexuales y transgénero), y todas las
políticas resueltas por nosotros fueron resultado de esas conferencias.
El pueblo participó activamente en las decisiones y en las políticas
públicas del gobierno. Entonces, ese es el cambio fundamental… Y
aprendimos a gastar, y aprendimos a realizar obras, a invertir.
“Y la revolución que hay en Brasil, el día en que la prensa brasileña
resuelva divulgarla, el pueblo se va a dar cuenta por qué cuando hay
encuestas el gobierno aparece con 80 por ciento de aprobación.
No es
Lula, es el gobierno el que aparece con 80 por ciento de aprobación en
el octavo año de mandato.
“¿Cuál es el fenómeno? Porque no depende de la prensa. Si dependiese
de la prensa, yo tendría 10, menos 10. Estaría debiendo puntos. O sea,
¿qué fenómeno es éste? El fenómeno es que las cosas llegan a las manos
del pueblo. El pueblo está recibiendo los beneficios, el pueblo está
viendo que las cosas se llevan a cabo… Creo que ese fue el cambio más
grande que he visto del 2003 al 2010.”
–Usted acaba de mencionar algo muy interesante para los mexicanos.
Hicimos cosas que algún día la prensa va a divulgar
. ¿No fue divulgado por el gobierno?
“Yo nunca… yo voy a terminar mi mandato sin haber comido con el dueño
de un diario, el dueño de una televisora, el dueño de una revista,
durante mi mandato. Mantuve con ellos una relación democrática,
respetuosa, entendiendo su papel y buscando que entiendan mi papel. Creo
que muchas veces el pueblo conoce las cosas buenas que suceden en este
país porque las divulgamos, en publicidades de gobierno, y las divulga
Internet, las divulga el blog, las divulga el blog de Planalto; pero a
veces, si dependiese de determinados medios de comunicación, simplemente
no hablarían sobre eso. Algunos hasta dicen ‘mira, a nosotros no nos
interesa hacer esta cobertura oficial, la inauguración de las cosas’. No
tienen interés. Puede ser verdad…
“Yo pienso que si el pueblo estuviese mejor informado, sabría más
cosas y podría tener un mejor juicio. Entonces, para mí, el arte de la
democracia es ése: que las personas tengan seguridad de la calidad de la
información, de la rectitud de la información, de la neutralidad de la
información. El asunto es que muchas veces, quien ha acompañado a la
política brasileña va a percibir que era mucho más fácil que algunos
medios de comunicación asumiesen, categóricamente, su compromiso
partidario. Ahí la gente sabría quién es quién, pero no funciona así en
Brasil. Parece todo independiente, pero basta leer los titulares para
ver que la independencia termina donde comienza (la declaración).
“Bueno, es un proceso de aprendizaje, tenemos muy poco tiempo de
democracia… estamos viviendo el mayor período de democracia continua en
Brasil, a partir de 1988, de la Constitución, a partir de la elección
del presidente (José) Sarney. Son veinte y pocos años; por lo tanto, es
una democracia muy incipiente, que está muy fortalecida y con
instituciones sólidas. Aquí, tuvimos un
impeachment y no
sucedió nada. Aquí se eligió a un metalúrgico y estamos viendo un avance
general en América Latina, creo que eso va consolidando a la
democracia, independientemente de los nostálgicos que siempre decían que
un metalúrgico no podía llegar a la cima, que un indio no podía llegar a
la cima, que un negro no podría llegar a la cima… que una mujer no
podría llegar a la cima.
“Estamos rompiendo esos tabúes y estamos demostrando... creo que es
eso lo que debía ser valorado: la izquierda en América Latina optó por
la democracia, y está llegando al poder en varios países por la vía de
la democracia. Y quien da golpes no es la izquierda. No fue nadie de la
izquierda que dio el golpe en Honduras. Entonces, la gente necesita
saber que si la información fluyera correctamente, esto facilitaría la
vida de la gente en la toma de decisiones.
Pienso que en Brasil vamos aprendiendo, y vamos construyendo
nuestra democracia y, sinceramente, soy un hombre que no tiene derecho a
reclamar, porque voy a terminar mi mandato con la mayor aprobación con
la que haya terminado un gobierno. Hay gente que no comienza con lo que
voy a terminar. Entonces, tengo que agradecer al pueblo brasileño,
agradecer a la democracia brasileña y, por qué no decirlo, a la prensa,
porque su comportamiento, a favor o en contra, fue formando un juicio de
valor. Sostengo algo que vale tanto para la prensa como para el
comportamiento cotidiano: si se está, todos los días, en favor del
gobierno, se pierde credibilidad. Pero si todos los días se está en
contra, también se pierde credibilidad. Los dos extremos, cuando se
tocan, dan como resultado una estupidez. Entonces, hay que hablar de las
cosas buenas del gobierno cuando pasan, para tener credibilidad cuando
se habla de las cosas malas que pasan y tener la misma credibilidad.
Creo que eso es lo que permite el desarrollo y la consolidación de la
libertad de comunicación en el país. Es el compromiso con la verdad,
solamente la verdad y nada más que la verdad, le duela a quien le duela.
Lula insiste en los resultados de sus ocho años de gobierno en
materia de empleo, pobreza y destaca que al mismo tiempo se crearon
varios programas “para atender a la parte más pobre de la población;
programas simples, pero programas objetivos, como el programa Bolsa
Familia, como el programa Luz para Todos, como el programa PPA, que es
un programa de compra de alimentos, un programa para la agricultura
familiar.
“Esas son decisiones de políticas públicas que no estaban previstas
en el escenario político nacional. Creo que el pueblo brasileño vive hoy
más feliz, vive mejor y tenemos que ser concientes de que aún falta
mucho por hacer en Brasil. Espero que la compañera Dilma (Rousseff)
pueda, en los próximos tiempos, concluir el trabajo que comenzamos y que
probamos era posible hacer en Brasil, y que hicimos con mucha fuerza y,
diría, con mucha eficacia.
“No quiero ser presumido, pero creo que hicimos, desde el punto de
vista de la política social, una revolución en Brasil, que aún no ha
terminado… porque no se consigue desmontar todo el aparato de exclusión
de 500 años en ocho años. Pero tenemos una base extraordinaria, y creo
que esa experiencia debe ser conocida en otros países.
“Porque algunas cosas son sagradas para nosotros. Se puede combinar
crecimiento económico con baja inflación. En Brasil parecía imposible
que eso sucediera. Se puede combinar aumento real de salarios y mantener
la inflación controlada, eso parecía imposible en Brasil. Mantener una
política de exportación creciente y, al mismo tiempo, una política de
fortalecimiento del mercado interno brasileño, ¡eso era imposible que
sucediera!
“Todas esas cosas, todas esas cosas demuestran un grado de
estabilidad en las políticas que logramos que se mantuviera más de
cuatro o más de ocho años consecutivos; ciertamente, dentro de poco
tiempo seremos la quinta economía del mundo, porque las condiciones
están dadas. Creo que todo eso fue realizado a partir de la relación que
establecimos con la sociedad. Me preocupaba, antes de ser presidente,
definir cuál sería la relación del Estado con la sociedad y cuál sería
la relación del gobierno con la sociedad. Nos llevó algún tiempo para
que el segmento más pobre de la población, los trabajadores organizados,
pudieran verme, en el ejercicio de la presidencia, como uno de ellos.
Hoy, millones de brasileños cuando me ven, me ven como uno de ellos que
llegó aquí, y eso dio más credibilidad y más posibilidades de hacer
cosas, y también más irritación a nuestros adversarios.
“Como nuestros adversarios están fragilizados en sus partidos,
utilizan algunos medios de comunicación para hacer una gran oposición al
gobierno, y nosotros, en lugar de ponernos nerviosos, tenemos que estar
felices, porque esto forma parte del proceso democrático.
“A veces, tengo la impresión de que había gente que buscaba
provocarme para que yo tomase una actitud más ríspida contra cualquier
medio de comunicación, para que yo intentara hacer alguna intervención,
para que yo intentara… y cuanto más me golpeaban ellos, más democracia; y
cuanto más me golpeaban, más libertad de expresión, hasta que todo el
mundo se dio cuenta que sólo hay un juez: el lector, el telespectador,
el oyente. Son ellos los que nos juzgan. Él sólo va a leer lo que quiera
leer y sabe interpretar, sólo va a asistir a lo que quiera asistir y
sabe interpretar, y no quiere más intermediarios, no quiere más al tal
formador de opinión pública. Ese que se pone una corbata, va a la
televisión, da una entrevista y se autodenomina formador de opinión
pública y cree que todo el mundo va a seguirlo. Hay un presidente de una
Central Única, aquí en Brasil, que representa a millones de
trabajadores: él no es un formador. Esas cosas cayeron por tierra.
“El pueblo brasileño no quiere intermediarios. Quiere hablar por su
boca, ver por sus ojos y tomar decisiones con su conciencia. Se terminó
el tiempo en que la ‘casa grande’ (la hacienda) decía y la
senzala (el alojamiento de los esclavos) tenía que obedecer, se acabó.”
–El pueblo brasileño no tiene la posibilidad de escuchar sus
discursos, de leerlos, a menos que acuda a un acto político y lo escuche
directamente, y a veces la prensa hace de intermediaria. ¿No cree usted
que sería necesario tener espacios en que el presidente de la república
rindiera cuentas, hablase?
–Mire, temo… me da miedo algo oficial. Eso termina por no tener
credibilidad. Puede tener credibilidad durante un tiempo, pero después
pierde credibilidad. Tengo un programa de radio de cinco minutos, todos
los lunes, que yo ya tengo tiempo para, caramba, tener que hablar seis
minutos. El domingo a la noche grabo todo y lo transmite quien quiere
transmitirlo, no es obligación. Tenemos la NBR, que es una televisora
del gobierno, que divulga íntegramente lo que hace el gobierno, todos
mis discursos son transmitidos íntegramente.
“La televisión pública que estamos construyendo todavía está en un
proceso de fortalecimiento. No queremos que sea vista como un canal para
transmitir actividades del presidente, no queremos eso, porque nadie
aguanta eso todos los días. Creo que los medios de comunicación, todos,
en el momento en que todos asumimos un compromiso con la verdad,
estaremos satisfechos. No creo que el Estado deba tener un medio oficial
para transmitir. Creo que el Estado debe tener una televisión pública
que tenga una programación de calidad, competitiva en cuanto a
contenido, a forma. Creo que el Estado no debe competir con las privadas
en cuestión de financiamiento. Lo que el Estado necesita priorizar es,
primero, la pluralidad de las informaciones, porque eso es lo que va a
dar credibilidad al Estado; y, al mismo tiempo, la seriedad de las
informaciones. La televisión pública no tiene que decir que el
presidente Lula está de traje blanco o de traje negro; que es bueno con
la pelota, o malo con la pelota. Si tiene ese compromiso, puede ser que
un presidente u otro no guste, pero la democracia estará agradecida.
Sueño con contribuir al desarrollo de África, sueño con ayudar a
América del Sur y a América Latina a ser más fuertes, a ser más ricas, y
a desarrollarse más rápidamente, o sea, voy a morir soñando que yo no
debería morir
, dijo el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, en entrevista con La JornadaFoto Reuters
“Usted sabe que yo antepongo la democracia, porque yo no sé si
yo hubiese llegado a la presidencia si no fuese una democracia. Veo,
por ejemplo, aquella foto del primer gobierno de la Revolución Rusa: ahí
no hay un metalúrgico en la dirección. Y así, siempre, en varias
revoluciones, la dirección es toda de clase media, intelectual. Aquí
nosotros conseguimos democráticamente crear un partido con una mayoría
de trabajadores, llegar a la presidencia de la república en 20 años.
Recuerdo la primera reunión que tuve, en junio de 1990, cuando
convocamos en Sao Paulo en el hotel Danubio, la primera reunión de la
izquierda de América Latina.
“Yo había sido derrotado en la elección del 89, pero resulté
fortalecido. Porque en el 82 fui candidato a gobernador de Sao Paulo y
salí en cuarto lugar: tuve un millón 250 mil votos. Y quedé devastado,
me sentí el más insignificante de los seres humanos por haber tenido
solamente un millón 250 mil votos. Y mi partido tenía una propaganda que
era una locura, no podía aparecer hablando por la televisión. Aparecía
una voz diciendo: ‘Luiz Inacio Lula da Silva: ex tintorero, ex sastre,
ex limpiabotas, ex tornero mecánico, ex sindicalista, ex preso
político... un brasileño igualito a tí’. Había otro que decía: ‘Altino
Dantas (miembro del PT): hijo de general, condenado a 96 años de
prisión’. ‘Athos Magno: secuestró un avión…’ O sea, parecía más un
prontuario policial, un boletín, más que una campaña política.
“Entonces, me quedé muy triste y perdí. Una vez, yo fui a Cuba, y
conversando con Fidel Castro, él me dijo: ‘Lula, ¿tú te diste cuenta en
qué lugar del mundo un obrero tiene un millón 250 mil votos? ¡No tienen
eso, Lula! ¡Tienes que ver como estupenda esa votación que tuviste!’
Entonces comencé a creer que mi derrota era una victoria. En el 89, tuve
40 y algo más por ciento de los votos en la segunda vuelta, y creí que
era posible consolidar la democracia en América Latina. Convocamos
entonces a todos los partidos de izquierda. De Argentina vinieron cuatro
o cinco, de República Dominicana, 10 o 12, porque tenía grupos de
izquierda de dos, de tres… No conversaban entre ellos.
“Siempre bromeo que la única cosa que unificaba a aquella izquierda
era Maradona, porque Argentina estaba en la Copa del Mundo. ¿Y qué pasó?
Ideamos el foro de Sao Paulo, comenzamos a reunirnos y hoy todos los
partidos llegaron al poder. A (Hugo) Chávez no quise recibirlo, no
queríamos que viniese, que participase del foro, porque era golpista.
Hoy, uno ve América Latina: todo el mundo que participó en el foro de
Sao Paulo llegó al poder por la vía del voto. Creo que eso es
extraordinario. La gente aprendió. ¿Cómo es que un indio llega al poder
en Bolivia si no es por la participación popular? Creo que esa es la
revolución: Mandela en África del Sur, Evo Morales, Lula en Brasil,
Obama en Estados Unidos.
“No es poca cosa que los estadunidenses hayan votado a un negro para
presidente. Primero, hubo una revolución en el Partido Demócrata para
ganarle a una rubia de ojos azules (Hillary Clinton) –no tengo nada
contra las mujeres de ojos azules, ¡mi mujer los tiene azules!–, y
después ganarse al pueblo estadunidense. Obama es un presidente que no
tiene que hacer demasiado. Sólo debe tener la osadía que el pueblo
estadunidense tuvo al votarlo. Sólo eso. Pienso que la democracia está a
todo vapor en nuestra querida América Latina.”
–¿Usted ha acusado de golpista a la prensa de su país?
–No, no. Yo no utilizo la palabra golpismo. Para entender es preciso
acompañar a la prensa brasileña y ver lo que quisieron hacer en 2005. Y
que ellos no estaban acostumbrados, porque la elite brasileña, en el 54,
llevo a Getulio (Vargas) a la muerte. Es importante recordar que ellos
decían que Juscelino (Kubitschek) no podía ser presidente, no podía ser
candidato, si era candidato no podía ganar, si ganaba, no podía tomar
posesión, y si asumía, no iba a poder gobernar. Así hablaban de
Juscelino en el 55, ¡así! Esa misma elite es la elite de hoy, no
representada por los más viejos, pero sí por los más nuevos que
heredaron no solamente el patrimonio, sino a veces también el mismo
comportamiento y conciencia política. Ese es un dato, ese es un dato
objetivo. Después llevaron a Joao Goulart a renunciar, defendieron el
golpe militar.
“Cuando yo llego a la presidencia, pensaron dos cosas: ‘Bueno, vamos a
respetar la democracia y vamos a dejar al operario llegar hasta ahí’.
El obrero llegó, y ellos alentaban, creían píamente que yo iba a ser un
fracaso total y absoluto, que la izquierda y su obrero metalúrgico iban a
sucumbir por la incapacidad para gobernar el país. Ese era el
pensamiento. ¿Qué pasó? El obrero comenzó a hacer más que ellos, y ahí
se quedaron nerviosos.
“Tengo una trayectoria que va desde el movimiento sindical. La
democracia, para mí, no es media palabra. La democracia es una palabra
entera, sólo que algunos entienden por democracia apenas el derecho del
pueblo a gritar que tiene hambre, y yo entiendo por democracia no el
derecho de gritar, sino el derecho de comer. Esa es la diferencia
fundamental: democracia, para mí, es permitir el derecho a la conquista,
y no permitir sólo el derecho a la protesta. Ese es un tema delicado,
un tema que pone nervioso.
“Hicimos una conferencia de comunicación aquí en Brasil, una gran
conferencia de comunicación. Participaron algunos dueños de medios de
comunicación, participó personal de telefonía, participaron miembros de
movimientos sociales, participaron los blogueros… todos participaron.
Algunos no quisieron participar.
“No me voy a quedar quejándome, pero sí podrían acompañar (la
prensa). Yo no creo que haya habido un presidente que hubiese tratado a
la democracia con la importancia con la que la traté, porque yo sé cuán
importante es para mí. Pero algunos comprenden de manera diferente…
también eso es democracia. Pero es importante entender lo que sucedió en
Brasil. El pueblo brasileño levantó la cabeza, la autoestima a un nivel
extraordinario, y pienso que eso sólo va a mejorar. Cuando la gente
percibe que cuanto más pluralismo hay, cuantas más opciones hay, mejor
informado estará el pueblo, porque ahí el pueblo tiene una canasta de
informaciones. Por eso es que creo que es importante la revolución de
Internet, que mucha gente todavía no comprende, o no quiere comprender.
Ahora, todo después de Internet es viejo, todo, porque Internet es
tiempo real… No sé cómo es que el mundo va a sobrevivir a esta avalancha
de posibilidades de información que la sociedad tiene. La gente
interactúa, responde, critica, se siente coautora de la noticia, creo
que eso es extraordinario.”
–A su juicio, ¿quién es responsable de los golpes de Estado que
ocurren en América Latina: el imperio o las elites nacionales, o ambos?
–Hay que diferenciar que dentro de la elite existen varios sectores.
Uno encuentra empresarios brasileños que son empresarios de alta
calidad, empresarios con una fuerte visión nacional, con una visión
desarrollista. Cuando yo hablo, hablo de elite política, aquellos que
deciden el destino del país. Y en América Latina tenemos una mentalidad
colonizada. Hasta hace poco, en Argentina, los gobernantes se quedaban
discutiendo quién era más amigo de Estados Unidos, quién era más amigo
de Europa; aquí en Brasil pasa lo mismo. Con la entrada de (Néstor)
Kirchner y de Cristina (Fernández), uno puede estar en desacuerdo –es
legítimo el desacuerdo–, pero hubo un cambio en Argentina, con una
visión del mundo con más independencia, con más soberanía. Lo mismo pasó
en Brasil, en Venezuela, en Ecuador, está pasando en el mundo.
“Nunca acepté la idea de quedarnos sentados sobre nuestros errores,
criticando sólo al imperialismo: ‘¡Ah!, somos pobres por culpa del
imperialismo estadunidense; estamos enfermos por culpa del imperialismo
estadunidense; nos pasó por culpa del imperialismo estadunidense’. Esa
es media verdad. La otra verdad es que la elite política de cada país se
subordinó cuando no necesitaba subordinarse. Es más fácil criticar a
los otros en vez de ver nuestros defectos. Creo que es una vergüenza lo
del muro de México y Estados Unidos. Creo que es una vergüenza, después
de toda la glorificación de la caída del Muro de Berlín, que haya un
muro en México y que haya un muro en Israel. Creo que es muy vergonzoso
para la humanidad. Pienso que el único muro que deberíamos asimilar es
la Muralla China, que se transformó en algo turístico. El resto son
muros segregadores, y nadie dice nada, nadie dice nada. No se ven
fotografías del muro que separa a México de Estados Unidos en los medios
de comunicación.
Creo que eso es grave. Uno no puede echarle sólo la culpa a los
otros. Tenemos que saber lo siguiente: ¿en qué fallamos, como elite
política, como elite intelectual, como pueblo, en qué fallamos? En la
construcción de nuestra imagen, de nuestra personalidad, de nuestra
riqueza. Creo que esa es la discusión que necesitamos. Porque es muy
fácil, por ejemplo, que Chávez diga que Venezuela era pobre a causa de
los yanquis, que estaban explotando ahí a PDVSA (empresa petrolera
venezolana). No, Venezuela era pobre porque mucha gente de la elite de
Venezuela se beneficiaba con el comportamiento de los estadunidenses.
Creo que hace falta decir estas cosas de manera categórica. No eran los
yanquis los que llevaron a Bolivia al empobrecimiento. Ellos tuvieron
políticas para Bolivia, adoptadas por la elite política de Bolivia, que
llevó al pueblo de Bolivia al empobrecimiento. Lo que quiero decir es
que la gente no puede sólo criticar a los de afuera sin comprender a los
serviciales de adentro.
—Algunas personas elogian al presidente Lula porque es una continuidad del ex presidente Fernando Henrique Cardoso…
–Primero vamos a dejar claro lo siguiente: si yo hubiese continuado
la política de Fernando Henrique Cardoso Brasil hubiera quebrado.
Nosotros sólo llegamos adonde llegamos porque hicimos las cosas de
manera diferente. Sólo quería decirte que cuando yo asumí la
presidencia, Petrobras valía 13 mil millones de dólares de su valor
patrimonial. Y hoy Petrobras vale 220 mil millones de dólares. Algo
cambió.
“Cuando llegué al gobierno la consigna era que el gobierno no podía
gastar, no podía hacer inversiones porque todo tenía que garantizar el
superávit primario. Y había que cuidar el déficit. ¿Qué sucedió?
Nosotros, que estábamos subordinados al FMI, nos libramos del FMI.
Nosotros, que no teníamos ninguna reserva, vamos a llegar al final del
año con 300 mil millones de dólares de reservas. Nosotros, que éramos
deudores, nos volvimos acreedores del FMI. Y la situación de Brasil
cambió radicalmente; incluimos a los millones de excluídos que no eran
tomados en cuenta. Éramos un país de economía capitalista sin capital,
sin crédito, sin inversión.
“Cuando comencé mi vida política en el sindicato, había gente de
ultraizquierda que me tildaba de agente de la CIA, sobre todo el
personal con buenos empleos. Muchas veces, la gente quería saber cuál
era mi perfil ideológico… iba a un debate y la gente: ‘¿Qué eres? ¿Esto o
aquello?’. Yo decía: ‘soy tornero mecánico’. ‘¿Eres comunista?’. ‘No,
soy tornero mecánico’. Porque a mí nunca me gustó ser etiquetado.
“Cada país tiene sus particularidades. Los Kirchner, tanto Néstor
como Cristina, tienen su estilo de gobernar. El dato concreto es que
Argentina está mejorando, ese es un dato concreto y objetivo. Nuestro
querido
Pepe Mujica tiene su modelo de gobierno; el hecho
concreto es que Uruguay está mejorando. Yo tengo mi estilo, el hecho
concreto es que Brasil está mejorando. Evo tiene su estilo; el hecho
concreto es que Bolivia está mejorando, y esto vale para todo el mundo.
Eso es lo que me interesa. Esa cosa de la prensa de decir: ‘Lula es el
buenito y Chávez el malo’. Chávez tiene que ser bueno para el pueblo de
Venezuela, y yo tengo que ser bueno para el pueblo de Brasil, y la
verdad es que Venezuela mejoró con Chávez, esa es la verdad. ¿En cuántas
elecciones participó Chávez en estos tiempos, eh? Y las ganó todas,
acaba de ganar una más: ‘Ah, pero no es la mayoría’. Perfecto, creo que
va a ser bueno para Chávez, porque va a tener que ejercitar el debate
político con más fuerza, ejercer más la democracia. Pienso que eso es
extraordinario.”
–¿Usted continúa siendo un hombre de izquierda?
–Yo me considero un hombre de izquierda y los resultados de las
políticas que implementamos son todo lo que la izquierda soñaba que se
hiciera. Mire, es un poco una paradoja que yo sea el único presidente
que tuvo este país que no tiene diploma universitario, y sea el
presidente que más universidades hizo, que llevó más jóvenes a la
universidad y que hizo más escuelas técnicas. Fuimos los que más
generamos empleos, los que más combatimos la pobreza, los que más
practicamos los derechos humanos y los que fortalecimos más la
democracia. Este palacio no es un palacio al que sólo entraron príncipes
y primeros ministros. A este palacio entraron los sin techo,
representantes de las minorías, desempleados, entraron todos los
movimientos. Se volvió un verdadero palacio del pueblo brasileño, y creo
que esa es una política de izquierda no populista, porque la derecha
también puede ser populista: la derecha puede ser populista. El problema
es cuando un político es populista o cuando es un político popular. Son
dos cosas diferentes.
–¿Cuál es la diferencia?
–La diferencia es que un presidente populista no tiene que tener
necesariamente relación con la sociedad, un compromiso con la sociedad.
Hace una encuesta de opinión pública, sabe cuáles son las preferencias
del pueblo y empieza a hablar de aquello que aparece como resultado de
la encuesta. Un político populista no tiene necesariamente una relación
muy fuerte con el pueblo. Él decide desde arriba para abajo y piensa que
así está bien. Un dirigente popular, va más lento pero prefiere
construir desde abajo hacia arriba, haciendo que la sociedad participe
de las decisiones. Esa es la forma más extraordinaria que hay de ejercer
el gobierno y de ejercer la democracia.
He dicho que aquí en América Latina, en vez de ser gobernantes,
deberíamos ser cuidadores del pueblo. Cuidar, priorizar la fuerza que el
Estado tiene para ayudar a aquellos que realmente necesitan del Estado.
Pienso que eso está sucediendo en Brasil.
–Las transformaciones para consolidarse y avanzar necesitan,
aparentemente, de reformas. Usted está comprometido, con Dilma también,
con la idea de una asamblea constituyente autónoma.
–Dos años atrás recibí a una delegación de abogados para discutir la
reforma política, y dije que tal vez fuera necesario pensar en una
constituyente exclusiva para hacer la reforma política. Porque Brasil
necesita una reforma política; es inexorable… tener una fidelidad
partidaria, tener un financiamiento público de campaña, tener partidos
más fuertes, con los que se pueda negociar. Cuando uno construye una
coalición, es una negociación de varios partidos que van a ser parte de
un gobierno. Y si los partidos son fuertes, uno negocia con las
direcciones del partido las votaciones en el Congreso. Por eso creo que
la reforma política es importante.
“Siento que hay mucha dificultad en el Congreso para votar la reforma política. Porque hay gente que prefiere mantener el
statu quo.
Quien ya es diputado, quien ya es senador se pregunta ‘¿para qué
cambiar? Vamos a seguir igual’. Eso es un error para Brasil y un error
para la credibilidad del Congreso. Y no puede ser hecho por el
presidente de la república, tiene que ser impulsado por los partidos
políticos. Una de las cosas con las que puedo colaborar es, primero,
convencer a mi partido de que la reforma política es importante, y luego
convencer a los partidos políticos aliados de que la reforma política
es importante. Si podemos construir una mayoría, se podrá votar la
reforma política, diría, en los próximos dos años.”
–¿Piensa que el Estado también debería ser reformado?
–Pienso que necesitamos cuidar que el Estado sea menos burocrático y
más ágil. Y eso es muy fácil de decir y muy difícil de hacer, porque hay
que mover centenas de corporaciones que, en el fondo, gobiernan Brasil.
Porque son las instituciones que tienen su poder, sea el Poder
Judicial, la Receita Federal (secretaría de recaudación), la Policía
Federal, el Ministerio Público… Hay instituciones poderosas que, en el
fondo, son instituciones que tienen poder de presión dentro del Congreso
nacional. Yo vi en la constituyente la experiencia de poder de presión
de la llamada sociedad organizada. El desafío en que uno pueda proponer
una reforma del Estado que no sea una violación, que sea construida a
varias manos, y que la gente se dé cuenta de que cada uno tiene que
ceder un poco. Creo que hay mucho por hacer, muchas, muchas cosas,
redefinir el papel de muchas cosas en Brasil.
“Ese es un proceso en que uno no puede ser tan loco como para pensar
que en un mandato de cuatro años lo hará. Hay que construir, diría, casi
una acción que envuelva a todos los segmentos de la sociedad, construir
un grupo muy grande para ir pensando las reformas necesarias, discutir
con el Congreso nacional, discutir con el movimiento social, y cuando
uno está listo, hacerlo. Voy a darte dos ejemplos: la cuestión laboral.
Creé un grupo de trabajo entre el movimiento sindical, empresarios y
gobierno que estuvo próximo, pero no alcanzó a tomar una decisión. La
reforma provisional tiene un grupo de trabajo también creado por mí.
“Estoy convencido, por lo que conozco del movimiento social
brasileño, que estamos en un proceso de maduración como jamás tuvimos en
el país, una relación de confianza establecida entre varios actores de
la sociedad, que uno puede dar pasos, y pienso que, ciertamente, va a
depender mucho de la definición de prioridades si Dilma es electa
presidente. No sé cuándo… porque un gobierno, eso lo aprendí también, un
gobierno no puede querer hacer 500 cosas.
Un mandato es muy rápido. Un mandato dura mucho para la oposición,
pero para quien está en el gobierno cuatro años no es nada. Ella tiene
que definir correctamente cuáles son sus prioridades y lanzarse a ello,
porque si intenta hacer 500 cosas, no lo conseguirá. Mire, Obama perdió
el primer año en hacer la reforma en el área de salud. Fue aprobada en
el Congreso, pero hasta ser ejecutada va a llevar un año más. Uno no
puede perder todo el tiempo sólo en una cosa. El gobierno tiene que
utilizar su energía positiva para cuidar de este país 24 horas al día, y
esos debates se van haciendo paralelamente en el gobierno con los
ministros, hasta que se llega a una propuesta concreta para enviar al
Congreso.
–En febrero pasado usted dijo que recorrerá América Latina para
mejorar las relaciones entre partidos, movimientos sociales y
sindicatos, y también África, ¿cuándo lo hará?
–Es que esa es una parte. Cualquier sindicato de América Latina tiene
más reuniones con Alemania o con los estadunidenses que entre nosotros,
por lo que conozco. ¿Qué quiero? Primero, que se consolide no sólo una
buena relación partidaria, sino una buena relación sindical, una buena
relación cultural. De ahí, mi alegría de poder inaugurar la Universidad
de América Latina –la Unila–, que creo que es un sueño realizado. La
aprobación, por el congreso brasileño, de la creación de la Universidad
Brasil-África es otro sueño: tener una universidad aquí para formar
gestores, ingenieros, doctores para África. Ese tipo de integración es
el que necesitamos y que Brasil puede ayudar a América Latina. Por
ejemplo, estamos plantando soya en Cuba. En Venezuela con tecnología
brasileña, con conocimiento tecnológico brasileño, estamos ayudando.
“Estamos ayudando a Venezuela a construir cadenas productivas en el
área de alimentos, estamos ayudando a hacer sistemas habitacionales como
se hace en Brasil, y creo que es en eso que podemos contribuir. Estamos
llevando Embrapa, que es nuestra empresa de tecnología, a Panamá, para
ayudar en el desarrollo agrícola de Centroamérica.
“Creo que es eso lo que nosotros podemos hacer. No tengo más interés
en regresar al partido, no quiero regresar a ser un cuadro del partido,
hacer reuniones dentro del partido. Tengo 65 años, estadísticamente
puedo tener 10 o 15 años más de vida, creo en la estadística. Sé que,
cuando uno llega a los 60 años, cada año, a partir de allí, vale por 10.
Entonces, tengo noción del tiempo y tengo noción de que me queda menos
de un cuarto del tiempo que ya tuve –o un quinto– para hacer cosas que
creo que pueden ser hechas. Tengo entonces que definir y enfocar
correctamente una o dos prioridades.”
–¿Usted sueña?, y ¿con qué sueña, señor presidente?
–Soy un eterno soñador. Mire, creo que lo que hicimos en Brasil fue
apenas dar inicio al movimiento que consolidó en la conciencia de la
mayoría del pueblo brasileño que es posible saber hacer las cosas de
manera diferente, que es posible hacer creer a la gente que el gasto en
salud no es gasto, es inversión; que cuando uno da dinero a los pobres
es inversión, no es sólo cuando uno presta dinero a un rico, cuando uno
da dinero al pobre es inversión.
“Yo sueño que si la sociedad brasileña mantiene, en los próximos
años, la autoestima que hoy tiene, la credibilidad que tiene hoy en su
país y la confianza que tiene en el país, Brasil será un país muy
importante en los próximos años, muy importante.
“Yo sueño con esas cosas internas para mejorar, yo sueño con la
reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sueño con una mayor
democratización en las instituciones multilaterales y sueño con un
mayor compromiso en la toma de decisiones de los países más ricos en
este mundo globalizado. Hoy, cuando un país rico tiene que tomar una
decisión económica, no tiene que discutir sólo los beneficios y las
pérdidas internas, tiene que saber cuál será la repercusión de la
decisión en otros países que tienen una economía dependiente,
especialmente en este mundo globalizado.
Sueño con contribuir al desarrollo de África, sueño con ayudar a
América del Sur y a América Latina a ser más fuertes, a ser más ricas, y
a desarrollarse más rápidamente, o sea, voy a morir soñando que yo no
debería morir. Es así.