Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

jueves, 10 de marzo de 2016

Bruja, puta, gorda, malcogida

Departure of the witches, Luis Ricardo Falero, 1878.
 
 
Elena Salamanca
LANDSMODER

Sí, este fue un título atrapa misóginos. Y sirve para apuntar que, a la hora de referirnos a las otras, es más fácil insultar que mirar los posibles caminos de la sororidad.


Nos enseñaron a ser misóginas, era mejor odiarnos, "bruja, puta, gorda, malcogida", etc. Y nos enseñaron que era más fácil despreciarnos que aceptar que había mujeres que hacían las cosas tan bien como nosotras, incluso mejor. Nos enseñaron que era mejor culparnos entre nosotras antes de ver quiénes nos habían nombrado primero "bruja, puta, gorda, malcogida". Un detalle: los primeros que nos llamaron "bruja, puta, gorda, malcogida" no fueron mujeres. Lo sabemos, pero, de todas formas, nos odiamos. Aprendemos a odiar como aprendemos a amar. Pero podemos desaprender. Ser amigas.


Yo también fui misógina

Cuando era más joven pensaba que era la mejor de las jóvenes intelectuales, la más brillante, la más osada. Mis amigos eran hombres. Tenía poquísimas amigas, respetaba a poquísimas compañeras en la licenciatura porque pensaba que "no era interlocutoras para mí". Nos educan para pertenecer a una manada de hienas -ya saben, las más fuertes y competitivas de las mamíferas- y no para comprender y amar a las otras. Fui misógina. Usted también, seguro, lo fue. Y ella también. Todas nosotras.

Pero es posible desprenderse de la misoginia, dejar de decir "esa perra, esa puta", cada vez que hablemos de las otras. Dejar de ver la celulitis en la pierna ajena. Dejar de pensar que somos el modelo de mujer, la decente y la moral frente a la puta y la loca -sí, también llaman locas a las mujeres resueltas con su goce, herencia de la psiquiatría del siglo XIX-, entre otras cosas.

No estoy ni a mitad del camino a la sororidad -esa alianza entre mujeres frente al patriarcado, que la mexicana Marcela Lagarde explica muy bien aquí- pero he empezado a transitarlo porque otras mujeres me llevaron a él. Mujeres mayores que yo que fueron mis maestras o mis jefas y que pensaron que podían tener interlocución conmigo, sin importar que yo estuviera tan joven y ellas tuvieran carreras consolidadas, en la academia, el periodismo o la literatura. Ellas me llevaron a su familia, a su tribu, a su haus, y por eso ahora aceptar que a mi lado hay muchas mujeres buenas, que hacen las cosas bien, incluso mejor que yo, y estoy agradecida por ello.

Como este camino es difícil, porque es mordaz también, he pensando marcar algunos pasos que he dado e intento sostener para dejar de pensar que las otras son el infierno.


No pelear con las feministas

Uso la palabra bruja en este texto porque muchas veces siento un conflicto entre el uso, el concepto en la historia y la representación de bruja. Sobre todo, con la representación que algunas de mis amigas feministas dan a ser bruja en fechas como el 8 de marzo o el 31 de octubre. Pero un día pensé: no puedo pasar mi vida peleando con las feministas, si ellas fueron las primeras en ponerse minifalda para demostrar que su cuerpo era suyo, no puedo pelear con otras mujeres si mis abuelas y mi madre me permitieron pensar, escribir, estudiar, viajar y convivir. No podemos pelear con otras mujeres si han sido ellas las que lucharon para que pudiéramos votar, ir a la escuela, a la universidad, aprender, estudiar, enseñar, divorciarnos si queríamos, no embarazarnos si queríamos, salir a la vida, vivir. Nos ocupamos tanto en pelear que nos dispersamos y así no podemos acuerparnos, defendernos.


Activar el 8 de marzo

Antes también discutía la celebración del 8 de marzo. "Qué hueva -pensaba- el machismo no existe". No creía en el machismo porque fui criada por mujeres y estas mujeres me enseñaron que el mundo era ancho y ajeno y podía ser mío. Nunca me dijeron que no podía hacer algo, me dieron la fuerza suficiente para hacer lo que quisiera. "Qué hueva -me decía- si ya tenemos todo". Pero no. No tenemos aún TODO y tampoco lo tuvimos antes. Pensaba que en todas las casas las niñas podían leer y escribir lo que quisieran, estudiar, pensar y viajar. Pero salí a la vida, y en la calle el machismo me encontró. Camino a la universidad, un hombre me siguió con su carro para acorrarlarme en un pasaje. En mi trabajo, unos abogados decrépitos preguntaron por mi edad para saber si era posible hacerme algo y que fuera legal; luego, rieron. En otro trabajo, una mujer de mi edad preguntó por qué yo tenía el cargo de investigadora, dijo que seguro lo obtuve porque había cogido con ¿cuántos?. Entonces no, el machismo no era una mentira.

Me incomoda el 8 de marzo como incomprensión. Los hombres nos dicen bellas, las otras mujeres no dicen amigas, queridas, etc. No siempre se trata de auténticas sororidades. Pero no se trata de la postal en redes sociales. Se trata de activar.

Tenemos que aceptar que necesitamos ese día simbólico porque el mundo sigue siendo hostil para muchas mujeres todos los días. Tenemos que aceptar que hemos experimentado y gozado libertades que nuestras abuelas no conocieron, a veces tampoco nuestras madres. Por eso tenemos que seguir enunciando el día, cada una de nosotras desde sus espacios y sus armas. Tenemos que seguir gozando de nuestras libertades y pensando, escribiendo y haciendo para que el mundo sea menos injusto con las mujeres, biológicas y transexuales.


Encontrarse

Dejé de leer hombres que escriben sobre mujeres y empecé a leer mujeres. Marosa Di Giorgio, Idea Vilariño, Gabriela Mistral, Djuna Barnes, Virginia Wolf, Marguerite Duras. Y me encontré. En ellas me sentí encontrada. Estas mujeres se preguntaron frente a la escritura -a mano o a mecanografía- lo mismo que yo me preguntaba. Se preguntaron frente a la vida -en la casa de los padres, la propia, la cocina, la calle- lo que yo me preguntaba por la vida. Y encontré mi lugar, no para tener una genealogía de mujeres que me convirtiera en alguien en alguna literatura, sino que me encontré en la vida.

También comencé a leer a escritoras de mi generación, la mayoría mis amigas, y me encontré también, con los mismos miedos, las mismas ganas de reír, de aceptar. Hay que leer a las mujeres que escribieron antes que nosotras y escriben al mismo tiempo que nosotras porque nos preguntamos lo mismo ante palabras contundentes como feminidad, soltería, maternidad, impunidad, goce. Tenemos una voz que nos permite cantar fuera de las jaulas de los cánones.


Mirar hacia las intersecciones

Una de las condiciones más injustas de ser mujer es la feminidad como yugo. Durante siglos el canon de belleza ha sido tan cambiante y tan injusto con la biología -yo tendría que colocar mis senos en la belleza de otro siglo, tal vez el XVI, por ejemplo- que lo hemos normalizado. Y vamos normalizando, y con ello violentado, a tantas mujeres en nuestro camino. O a tantos hombres.

Una de las condiciones más injustas en la que se encuentran tantas mujeres y hombres en la historia es la encajar en el modelo de la feminidad o la masculinidad. Hasta ahora, en estos discursos de sororidad y reivindicaciones, no hemos pensando en las mujeres transexuales, nacidas hombres, y en los hombres transexuales, nacidas mujeres. Aquí hay una intersección potente que debe cuestionar nuestras miradas sobre género y sociedad porque en este caso se trata de MUJERES, de otras mujeres que no conocemos y que atraviesan otros estratos de su vida.

La feminidad también es muy violenta. Y con ella hemos dañado a niñas que nacieron mujeres y eran, en realidad, hombres (machorra, marimacha) y a niños que nacieron como hombres pero en realidad eran mujeres (maricón, culero).

En uno de mis tantos trabajos conocí a Karlita. Para mí, es uno de los personajes más importantes de la lucha política trans en El Salvador. En 1992, aparecía en un fotorreportaje de Francisco Campos como Carlos, quien se travestía y prostituía. En 1998, daba declaraciones en un reportaje de El Noticiero sobre crímenes de odio. Cuando la conocí, diez años después, dirigía una ONG que apoyaba a mujeres trans que vivían con VIH. Era una luchadora social que estaba por terminar el bachillerato. Karlita no terminó la escuela porque se supo mujer siempre y en su adolescencia quiso usar los baños de mujeres; en su escuela no lo comprendieron, la insultaron (culero, maricón) y la golpearon, sus mismos compañeros de escuela. Las historias de violencia por género son cotidianas y pocas ven la luz, las hemos normalizado como normalizamos cualquier forma de violencia, pero por ser normalizadas no son norma, y, sobre todo, no son justas.

Entender que ser mujeres es también una experiencia política tiene que hacernos mirar a esas otras mujeres, quienes, desde sus procesos de reasiganción de sexo, nos ayudan a escribir otras historias sobre ser mujer que rompen con el modelo en que casi ninguna de nosotras cabe, un corsé asfixiante más que un modelo de lo posible.


Comprender a la madre

Creo que el camino más preciso, y más doloroso, a la sororidad es comprender a la madre. Hemos escrito y pensado sobre la madre sobre todo como institución y no como ser humano.

La mayoría de mis complejos, y los de mis amigas, vienen de lo que dijo la madre cuando era niña o adolescente. Vienen de la pared de vidrio que las familias colocan entre los roles, vienen de una tradición occidental en la que las mujeres han sido enseñadas para parir y no quejarse, para tener rabia, o para quererse pero, a pesar del inmenso amor, reprocharse.

Comencé a comprender a mi madre hasta que tuve la misma edad que ella en un momento crucial de su vida. Mi madre enviudó a los 33 años. De pronto, estuvo sola, con dos hijas. Veo a mi madre de entonces por mi recuerdo y no por las fotografías y lloro con ella. Lloro con mi mamá como la mujer joven que era, a la que le mataron el esposo, a la que le quedaron dos niñas y un inmenso miedo. Veo a mi mamá de 33 años, joven, bonita, con sus tacones, con su risa, con su ropa a la moda. Luego la veo viuda. Y me abrazo para abrazar a mi madre porque estuve dentro de ella y me formé con su calcio y todas esas cosas que hemos leído, que creemos que sabemos pero que no sabemos realmente.

Comprender a la madre es caminar a la comprensión del dolor y de la felicidad. Abracemos a nuestra mamá como mujer y no como símbolo.


Caminar a la sororidad

Cuando era profesora universitaria conversaba con mis estudiantes para saber qué deseaban de la vida, qué querían hacer. Muchas de las niñas querían casarse y dedicarse al hogar después de terminar la universidad. No está mal casarse, ni ser madre, ni guiar un hogar, pero les pedía que se casaran por decisión propia y no de sus novios o sus papás. Antes hay que viajar solas, conocer el mundo, les decía. Un día, una de ellas me dijo: "Ya lo pensé, no me voy a casar el próximo año; antes, voy a viajar sola". Yo me sentí como Julia Roberts, en Mona Lisa smile, y pensé que había empoderado a una niña, de tantas, que cruzaban por las aulas.

A veces, empoderar a una mujer no es entregarle unos anticonceptivos, es enseñarle a pensar desde más perspectivas. Durante unos años trabajé con estudiantes que no conocían la historia reciente de El Salvador. Algunas se sentían realmente impactadas por la Historia, se conmovían, se quejaban, ¿cómo era posible tanta violencia, tanta brutalidad? Muchas de estas estudiantes me dieron las mejores enseñanzas: comenzaron a mirar el país en el que vivían desde otras perspectivas, cambiaron la mentalidad polarizada con la que reflexionaban sobre política, y algunas de ellas lo hicieron aunque entraran en contradicción con los orígenes políticos de sus familias.

Como dije, apenas he dado unos pasos en el camino a la sororidad. Cometo errores, soy impulsiva. Pero llegué aquí porque otras mujeres me guiaron. Sin Cecibel Romero, María Tenorio y Vanessa Núñez yo no habría entendido que era posible, que es posible transitar entre las demás. A ellas y a las lectoras de este blog quiero dedicar este texto, porque lo fácil es pensarse, lo más difícil es no tener miedo de enunciarse.

Jan saudek olga mother again

miércoles, 9 de marzo de 2016

Clase social, pandilla y sociedad (Parte II)


Dagoberto Gutiérrez*

Como hemos visto, las clases sociales tienen una íntima relación con los contenidos económicos, es decir con las relaciones de producción imperante en un determinado momento en una sociedad concreta, y además, se dan en el marco de un modo de producción. Pero hemos de saber que en una sociedad pueden darse y funcionar diferentes modos de producción, pero siempre habrá uno que sea el dominante y del cual dependerán las clases sociales también fundamentales en esa sociedad.

Al mismo tiempo, siempre hemos de tomar en cuenta factores políticos e ideológicos en este tema, y no solo los factores económicos, porque es en el marco de las clases sociales que podemos reflexionar y aproximarnos al tema de las alianzas políticas y no solo al de la explotación. Por eso, trataremos de caminar en estas direcciones.

Cuando la economía salvadoreña estaba basada en la producción, recolección y exportación del café, era la oligarquía cafetalera la clase dominante, la que, a su vez, establecía una educación, una política y una ideología acorde a sus intereses. En ese momento, el campesinado comprendía una clase campesina bifurcada en los campesinos ricos, medios y pobres, sobre los cuales reposaba la producción en el agro. Los cafetaleros eran los grandes propietarios (campesinos ricos), y éstos garantizaban sus intereses económicos apoyándose en una fuerza armada y en cuerpos de seguridad (policía nacional, policía de hacienda, guardia nacional) que aseguraban la represión sobre los campesinos. En tanto que la fuerza armada monopolizaba el control del aparato gubernamental. Y, a partir de 1932, los presidentes de la república, los ministros, directores de instituciones autónomas, y funcionarios de alguna importancia, provenían de las fuerzas armadas, que eran, precisamente, la clase encargada del gobierno, era la clase gobernante; mientras que la oligarquía cafetalera (grupos más o menos reducidos de poderosos terratenientes cafetaleros decidían los temas fundamentales del Estado e imponían sus decisiones al gobierno que las aceptaba plenamente) era la clase dominante.

Esta forma oligárquica de ejercer el poder fue afianzada férrea y sangrientamente durante los 13 años de gobierno del dictador Maximiliano Hernández Martínez hasta que del seno de esta oligarquía cafetalera aparecieron sectores económicamente más poderosos interesados en pasar a la industrialización de la caficultura y a la producción de bienes materiales o mercancías para el mercado local y para el mercado externo.
Este fenómeno respondía a la acumulación de capital que se operaba en el seno de estos sectores oligárquicos y al chocar este afán con la ideología rigurosamente conservadora de la dictadura martinista, se produjo el conflicto, que en definitiva condujo al final del régimen en los meses de abril y mayo de 1944.

Observemos que los acontecimientos de ese año coinciden con el curso de la segunda guerra mundial, con los avances del ejército soviético y sus victorias militares sobre el ejército hitleriano alemán. La repercusión internacional de las victorias soviéticas creó un ambiente de lucha democrática y de lucha social en todos los sectores de la sociedad salvadoreña de la época y aumento la resistencia, la conspiración y la organización contra la dictadura.

Esta resistencia contó con la participación de una parte de la oficialidad del ejército que llegó a levantarse contra el dictador en el mes de abril de 1944, levantamiento derrotado y pagado con una alta cuota de militares fusilados por el dictador. Estos héroes no entregaron en vano sus vidas porque en el mes de mayo del mismo año, una gigantesca y completa huelga general de brazos caídos, con la activa participación de empresarios de todos los tamaños, de los trabajadores y del pueblo, en general, provocó la renuncia del dictador a su cargo, su salida del país y el inicio de un nuevo momento histórico.

Hemos dicho que se dieron varios procesos en marcha. Por un lado, el proceso popular que expresaba las distintas organizaciones del pueblo, de los intelectuales, de los estudiantes, que estimulados por la victoria de la Unión Soviética y la derrota de la dictadura martiniana, sembraron el país de actividad cultural que incluso llegó a comprender una especie de universidad popular donde se daban conferencias históricas, filosóficas y políticas sobre el país a un público anhelante de formación.

La fuerza armada era el escenario de un proceso en donde sectores democráticos pugnaban por el desmantelamiento definitivo de la dictadura. Estos sectores militares expresaban la necesidad de transformaciones capitalistas y de avances democráticos. Al mismo tiempo, en las mismas fuerzas armadas se movían sectores conservadores interesados en reconstruir el viejo poder oligárquico y el viejo estilo de hacer política.
En los sectores de la oligarquía cafetalera se movían también corrientes encontradas en donde los interesados en pasar a actividades económicas de transformación de productos pugnaban por reducir el control del antiguo poder de también poderosos cafetaleros. Los agrupamientos de intelectuales y estudiantes se movían apelando a la influencia de la Universidad de El Salvador y de la organización estudiantil. Recordemos que en esos años, la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS) funcionaba como una fuerza política de gran peso.

Toda la sociedad ardía de actividad social y política, había mucha esperanza, y en la campaña electoral de finales de este mismo año 44, todo indicaba que las ganaría el doctor Arturo Romero, un prestigioso médico que lideraba la oposición y la resistencia popular.
Como podemos ver, en el proceso se dio un entendimiento cercano entre los sectores populares, trabajadores y campesinos y sectores intelectuales universitarios que llegaron a amenazar el viejo orden y toda esta convulsión culminó con el sangriento golpe de Estado del mes de octubre de ese mismo año. El coronel Osmín Aguirre y Salinas, jefe de la policía nacional, encabeza un gobierno militar que aplasta todo este proceso social, político y cultural que hemos referido.

La resistencia al golpe se mantuvo y produjo en el mes de diciembre de ese año la invasión al territorio nacional de patriotas, estudiantes, obreros, intelectuales y campesinos, que desde el territorio de Guatemala, donde recién se había instalado un gobierno revolucionario (el de Juan José Arévalo), se había apoyado a la resistencia salvadoreña.

Este ejército popular fue detenido y derrotado en la batalla de Ahuachapán y, aparentemente, la dictadura Salinista estaba consolidada, pero solo aparentemente.

*Vicerrector de la Universidad Luterana Salvadoreña

martes, 8 de marzo de 2016

Traficantes de indigencia


Rodolfo Cardenal
director del Centro Monseñor Romero


El Gobierno del FMLN asegura que la reforma del sistema de pensiones que ha propuesto es muy beneficiosa para los futuros jubilados. La oposición de Arena alega que es un robo, porque despoja a los trabajadores de sus ahorros. Ninguno de los dos dice toda la verdad; los dos esgrimen argumentos engañosos, ambos manipulan las expectativas de los trabajadores para promover su respectiva agenda política.

El Gobierno promete una pensión mínima vitalicia a los cotizantes (una minoría de la población trabajadora), pero sin garantías financieras. No reconoce que la reforma que propone permitirá al Estado saldar una cuantiosa deuda y resolver parcialmente su iliquidez crónica. Tampoco reconoce que la reforma le permitirá conservar el acceso a una fuente de financiamiento barata en detrimento de la pensión de los trabajadores, pues se resiste a pagar la tasa del mercado.

Arena y la gran empresa privada dicen defender los intereses de los trabajadores, pero en realidad defienden a las administradoras de pensiones y sus abultadas ganancias a costa del ahorro de los cotizantes. Justifican su intransigencia diciendo que hacen lo que los trabajadores les piden. Si fuera cierto, hace ya mucho tiempo que hubieran elevado sustancialmente el salario mínimo y que se hubieran ocupado de garantizar servicios básicos de calidad. Pretenden desconocer que la iliquidez del Gobierno y la abultada deuda pública es, en gran medida, un legado de sus administraciones.

Arena ha olvidado convenientemente que la inviabilidad del sistema de pensiones se debe, en gran parte, a que tanto los Gobiernos del PCN, su antepasado, como los suyos no entregaron al fondo de pensiones la parte correspondiente al Estado. Asimismo, han olvidado que en su momento fueron advertidos de que la privatización de las pensiones según el modelo chileno era inviable en El Salvador. Los costos administrativos y la comisión de las administradoras de pensiones debieran salir de la rentabilidad de la inversión, no del aporte del cotizante y del empleador.

El furibundo ataque de Arena ha conseguido atemorizar a la población con un engañoso concepto de propiedad privada y ha puesto al Gobierno a la defensiva, por falta de credibilidad y por una política de comunicación deficiente. Incomprensiblemente, las dos administraciones del FMLN no se han atrevido a explicar con claridad la crisis de la hacienda pública. Quizás por falso respeto a Arena y a sus Gobiernos, quizás por ignorancia e ineptitud.

La cuestión de fondo es estructural. Los Gobiernos pasados, el actual y los del futuro han bregado y tendrán que bregar con un sistema fiscal obsoleto. Los dos partidos grandes saben que es insostenible. Pero el FMLN se desentiende y Arena lo atribuye al elevado gasto público. Indudablemente, tanto el poder ejecutivo como el legislativo y el judicial derrochan un dinero que no tienen. Pero lo mismo hicieron los Gobiernos de Arena, que sin reparo alguno inflaron la deuda pública.

Además, al derroche hay que agregar la evasión y la elusión fiscal, y la corrupción. Pero cuando el Gobierno presiona para aumentar la recaudación, la empresa privada protesta airada contra lo que llama despojo. Cuando ataca la corrupción, los grandes y sus socios alegan persecución política. Si bien la reducción del gasto, el aumento de la recaudación y la contención de la corrupción representarían un gran alivio para la hacienda pública, eso no sería suficiente para proveer a la población de servicios básicos, incluida la pensión.

Arena señala correctamente que la cuestión de las pensiones debe formar parte de una reforma fiscal. Pero el FMLN no se ha atrevido a utilizar su capital político para impulsarla, de forma que pague más el que más tiene. Arena entiende por reforma fiscal recortar aún más el gasto social. Pero una buena reforma fiscal debe racionalizar el gasto, que no es lo mismo. Además, debe gravar o aumentar el impuesto a las ganancias individuales, los dividendos corporativos, la propiedad territorial, la herencia, no solo colocar el peso de la carga fiscal sobre los salarios y el consumo.

La miopía política impide que los partidos políticos entiendan que cualquiera que gobierne tendrá que ocuparse de la enorme deuda del país, de la inviabilidad del sistema de pensiones y de proveer servicios básicos a la población. En esas condiciones, ningún programa gubernamental, cuando lo hay, es viable. A los partidos solo les interesa el poder. Se afanan por llegar a él y una vez en él, hacen cualquier cosa para mantenerse. El bien común viene bastante después y solo en la medida que contribuye a alimentar su ambición.

La insostenibilidad de las finanzas públicas y la viabilidad del país debieran ser motivo suficiente para que los liderazgos políticos hicieran a un lado sus ambiciones de poder y sus ideologías —obsoletas, por cierto—, y se sentaran a diseñar una buena solución por el bien del pueblo salvadoreño al que dicen servir.

Oscar Armando Dueñas, "Bernardo Torres", un comandante de altura




 Roberto Herrera

EI jefe militar presagiando a lo mejor futuros turbulentos comenzó diciendo:

"... camaradas, combatientes. Nunca antes el pueblo salvadoreño se había encontrado tan fuerte y poderoso. Días, semanas, tal vez meses de gran importancia nos esperan. En todos estos años de cruenta lucha, nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Populares de Liberación han dado muestras de heroísmo, valentía y decisión. Aún se respira el olor a pólvora de las primeras balas disparadas en contra de la tiranía. La ofensiva de enero solamente fue el inicio de las grandes batallas que se avecinaban. Todos comprendimos en aquel momento que no bastaba con el deseo y la voluntad de tomarnos el poder. Fue necesario preparar mejor nuestras tropas, hubo necesidad de elevar los conocimientos técnico-militares de jefes y oficiales. Ninguno de nuestros dirigentes tenía experiencia en la dirección de grandes contingentes armados. Fuimos aprendiendo sobre la marcha, pero sin perder de vista nuestros objetivos principales. EI Comando Central, sabiamente, definió una estrategia parcial que se resumió en la consigna de Resistir, Fortalecerse y Avanzar. Durante el ochenta y uno, el enemigo se lanzó como fiera herida sobre nuestros campamentos. Todos recordamos la gran ofensiva militar de octubre. La derrota sufrida por el ejército títere selló con broche de oro esa etapa de resistencia. Quedó demostrado que el alto mando militar era incapaz de derrotar al movimiento guerrillero, a pesar de que en aquel entonces éramos solamente un puñado de combatientes, mal entrenados, mal equipados y con poca experiencia combativa. De allí en adelante creceríamos enormemente. La formación del primer destacamento de las Unidades de Vanguardia José Dimas Alas, fue la semilla de este Ejército Popular de Liberación.

Así pasamos en 1982 a nuevas formas de hacer la guerra. EI ataque a la población de San Fernando, muy cerca de acá, representó un salto de calidad en el proceso revolucionario. Fue entonces cuando nuestro partido definió esa nueva etapa de desarrollo con la consigna de Aniquilar, Requisar y Vencer. Muchas armas se han recuperado desde entonces, muchos son los que se han integrado a nuestras Fuerzas Armadas Populares, muchos son los puestos militares derrotados. Prácticamente podemos decir, que más de la mitad del departamento de Chalatenango está bajo nuestro control. Hemos recorrido un gran trecho del camino en tan poco tiempo. Lo que hace algunos años nos parecía casi un sueño, hoy al verlos a ustedes formados aquí en EI Candelero, no podemos más que expresar nuestra alegría. ¡Los sacrificios no han sido en vano!

Camaradas, continuemos haciendo todos los esfuerzos por alcanzar en un futuro no muy lejano las aspiraciones de los obreros y campesinos. Debemos elevar los niveles de sacrificio y estoicismo para lograr la instauración del gobierno democrático revolucionario que nos permitirá crear las condiciones materiales, políticas y sociales necesarias para la construcción del socialismo. Las estrofas que diariamente entonamos no son simplemente frases frías y sin contenido. Ellas encierran todas las aspiraciones del pueblo sencillo y trabajador de EI Salvador. Ellas expresan nuestros ideales, nuestro mañana. Todos nosotros estamos luchando por una sociedad más justa y mas humana, una sociedad donde exista el verdadero amor a la vida, donde el trabajo creador sea la fuente de desarrollo, donde el arte y la cultura sean beneficio de los obreros y campesinos. Por eso estamos luchando, camaradas, por eso estamos dispuestos, si es necesario, a dar nuestras vidas. Debemos tomar conciencia que aún falta bastante por andar. No nos permitamos caer en triunfalismos ni en posiciones derrotistas, la toma del poder no está a la vuelta de la esquina. Nuestro partido definió desde su surgimiento, en abril de 1970, una estrategia revolucionaria político-militar y dialéctica de toma del poder.

En poco tiempo, de lo simple a lo complejo, logramos construir un movimiento guerrillero nunca antes visto en América Latina. Ni el movimiento sandinista tenía, antes de la victoria, tantos combatientes como los tiene las FPL en estos momentos. Nos encontramos, doce años después, en los inicios de una guerra de movimiento. En este sentido camaradas, el espíritu que debe reinar de ahora en adelante es de ofensiva continua, de triunfo, de sacrificio, de victoria final. No sabemos hasta donde llegáremos, pero formémonos ya la idea de alcanzar nuevos teatros de operaciones. Si podemos atravesar el lago Suchitlán, no vacilaremos ni un momento en unir al Felipe Peña con el Apolinario Serrano.
¡A combatir sin tregua al enemigo! ¡Vivan nuestros héroes y mártires! ¡Viva la alianza obrero-campesina! ¡Vivan las FPL! ¡Viva el FMLN! ¡Revolución o muerte! ¡EI pueblo armado vencerá!

jueves, 3 de marzo de 2016

Un antropólogo dentro de las 'maras'


Pasó por decenas de controles pero, al final, logró entrar en la pandilla más peligrosa del mundo. Y se rodeó de violaciones, palizas, torturas y ajustes de cuentas indiscriminados
 
 
Foto: Un miembro de una mara fotografiado en la prisión de Quetzaltepeque, en El Salvador (Reuters).


Alberto G. Palomo. San Salvador


No se puede decir que Juan José Martínez sea un antropólogo al uso. Su estética de camiseta clareada y bermudas desgastadas lo aleja del prototipo que marca la academia. Tampoco ayuda su abultada perilla ni una desigual cresta aliñada con aretes en las orejas. Su discurso, por el contrario, es ordenado. Plagado de nombres, referencias y anécdotas de memoria enciclopédica. Narra con pasión, a balazos. Igual que escribe. Cada sentencia es un puñetazo de angustia. Sensación que provoca 'Ver, oir y callar', una recopilación de notas tomadas a lo largo de un año desde el corazón de la 'mara' Salvatrucha.

Para escribirlo no le hizo falta viajar la tierra de los 'dowayos', en Camerún, como hizo su colega de profesión Nigel Barley, que puso en alza el oficio gracias al éxito de 'El antropólogo inocente'. Le bastó una malograda moto china y la valentía de internarse en una de las pandillas más peligrosas del mundo. La mara Salvatrucha tiene sitiado al país donde nació Juan José Martínez hace 30 años, El Salvador, y a toda la región. Su enfrentamiento con los de Barrio 18 provoca desde hace años la muerte de miles de personas. 6.670 en 2015. La cifra más alta de su historia. Por encima de sus más cercanos rivales en este funesto ranking, Honduras y Venezuela, y a la altura de naciones en conflicto bélico.

Se calcula que en El Salvador hay cerca de 100.000 pandilleros en activo y un millón de personas relacionadas con las maras, que prestan ayuda o se cobijan bajo su sistema
 
Datos que engrosan estadísticas pero que para Juan José Martínez son el reflejo de un profundo problema social. Él, acostumbrado a manejar números en informes universitarios encargados desde varios puntos del planeta, necesita darles una explicación. Ponerles nombre. Meterse en el barro, en suma. Algo relativamente sencillo para cualquiera de los 6,3 millones de habitantes de El Salvador, pero que puede resultar más que inseguro. Puede llegar a ser un camino de no retorno.

Hay que tener ganas. Y tiempo. A Martínez le costó meses entrar en contacto con los mareros. Lo consiguió gracias al trabajo que desarrollan decenas de ONG en el lugar. Aun así, necesitó semanas para ser integrado. Pasó por decenas de controles y momentos de desconfianza que pueden suponer el empujón final entre la vida y la muerte. Al final, lo logró, incluso hizo amistad. Y se rodeó de violaciones, palizas, torturas y ajustes de cuentas indiscriminados. La tónica habitual de este territorio de apenas 21.000 km2 con una tasa de homicidios de 101 personas por cada 100.000.

"La violencia en El Salvador está bien democratizada", afirma nada más arrancar, casi a modo de resumen. Lo hace en el patio trasero de un hospedaje que regenta un familiar. Por las cien páginas que narran estos doce meses de bitácora, de enero a diciembre de 2010, cabalgan gritos de desesperación y momentos tensos. Los personajes, reales, responden al apodo que les dio la banda: Little Down, El Destino o Moxy. Mareros de barrio que confeccionan lo que en el argot se denomina 'clica'. "Son las células más pequeñas, lo más importante. Más que la pandilla vista como algo transnacional porque eso no existe. Son un conjunto de grupos, una gran 'clica'. Para entenderlas hay que ir ahí", explica.
 
Un miembro de una mara en la prisión de máxima seguridad de Izalco, en Sonsonate, El Salvador (Reuters).

Cien mil mareros en activo

Se calcula que en El Salvador hay cerca de 100.000 pandilleros en activo y un millón de personas relacionadas con las maras, que prestan ayuda o se cobijan bajo su sistema. Su magnitud se extiende a todos los rincones del país, pero predomina en los barrios, en las colonias. Y la ciudadanía soporta el peligro constante de cruzarse en su camino o de ser extorsionado con el denominado 'renteo', una especie de impuesto revolucionario que paga el grueso de la población: taxistas, conductores de autobús, tenderos o simples vecinos. "Todo lo que se mueve es extorsionable. La gente vive en un tremendo estado de alerta y de estrés", asegura Martínez.

Conforme a lo que experimentó en el distrito Mejicanos de la capital, dentro de la colonia Montreal, los miembros de estas organizaciones hacen de sus compañeros de batalla su familia. Su único entorno. Chicos -niños- de personalidad dúctil que, captados desde jóvenes como simples informantes, promocionan con velocidad a la cúpula ante el continuo tráfico de ataúdes. "Las pandillas provienen de finales de los ochenta, cuando los salvadoreños empezaron a instalarse en Los Ángeles emigrados por la guerra (que duró de 1979 a 1992). Allí se repartieron en calles, generalmente segregadas por nacionalidades. Cuando los deportaron, volvieron a un país del que no sabían casi nada y cuyo tejido social estaba irremediablemente roto. Calcaron el modelo y han ido mutando hasta diseminarse y controlar toda Centroamérica", explica. "Ahora son pandas de delincuentes sin una estructura planificada. Actúan de forma anárquica, sin medios ni comida y sin apenas comunicación entre los grupos. Y necesitan la confrontación, al contrario que el narco".


El antropólogo Juan José Martínez (Foto: J. Arcenillas).

Los barrios, donde reside el 80% de la población, están bajo su posesión. Son sus feudos. Y tanto en áreas rurales como urbanas su presencia viene marcada por pintadas en las paredes con los números 18 o las letras MS. "El Salvador es un país de fronteras invisibles", indica. Un paso en falso o un desvío erróneo te pueden convertir en víctima de cualquiera de las dos pandillas, cuya razón de ser es eliminar a la otra. Por eso, la mañana que comienza su trabajo de campo está plagada de malos augurios: es día 18 de mes, una fecha marcada en la Salvatrucha por posibles ataques del Barrio 18. Lo mismo que ocurre en el bando opuesto con el día 13. Suelen ser jornadas de cacería. Y la estela que dejan es un contraataque del rival. No muy distinto, por otra parte, del resto de casillas del calendario: hay una media de 20 asesinatos al día y decenas de caso de desapariciones que se acumulan en los archivadores de la fiscalía.

Un engranaje que responde al esquema binario de sus cortas existencias: matar y evitar ser matados. "La lógica de las maras sigue siendo la misma. Un puñado de jóvenes jugando a la guerra. Jugando a matarse", escribe como reflexión antes del epílogo, donde recorre los avances del país entre su estudio, hace cinco años, y la actualidad. "No se ha conseguido nada. El Estado no lo entiende porque lo ve desde muy lejos. Mientras, el pueblo se divide en un amor/odio hacia las maras. Por un lado, atemorizan al país, pero por otro están las disputas intrafamiliares, la policía, los grupos de exterminio, formados por excombatientes, los ladrones, que se rinden a ellas y que tampoco los quiere nadie", apunta.

"Me interesa ver cómo la pandilla es el último eslabón de una serie de procesos que empezó sin querer desde la colonia y que parece una buena forma de explicar el país. Entendiéndola como estructura, creo que se conocen muchos sucesos históricos que a mí me interesan desde un punto de vista antropológico y humano", aclara. "Es uno de los fenómenos más cabrones, que más afecta a la vida de la población y sobre todo de las poblaciones subalternas, que son los que siempre pagan el pato. Y es la labor de los académicos aportar información para que se hagan mejores políticas públicas", concluye a pocos metros de su campo de trabajo. Que no es la jungla o una remota aldea en el desierto sino el edificio o la acera de enfrente.

martes, 1 de marzo de 2016

Clase social, pandilla y sociedad. Parte I


Dagoberto Gutiérrez*

La sociedad salvadoreña ha sufrido un intenso proceso de transformación clasista que ha cambiado, tanto su estructura como su faz. La crisis del bloque histórico de los años 70 del siglo pasado y la crisis actual del nuevo bloque histórico, establecido después de la guerra civil, suponen un turbulento movimiento de los intereses confrontados.

Siempre se mantiene la confrontación fundamental entre la minoría propietaria de los medios de producción y la mayoría desprovista de esa propiedad. Dicho de otra manera, si se quiere más laxa, podemos decir que se mantiene el enfrentamiento entre ricos y pobres, pero esto resulta insuficiente, porque tanto los que estamos llamando ricos como los que llamamos pobres, han sufrido transformaciones reveladoras de los movimientos que se han operado al interior de nuestra sociedad.

La noción segura y confiable de patronos y trabajadores no alcanza para hablar de la vida de millones de personas ni de sus conflictos, como también no alcanza para determinar los intereses que están en conflicto, y así, en la actual guerra social, la más sangrienta de nuestra historia, necesitamos aproximarnos a la naturaleza clasista de las partes enfrentadas porque solamente así podremos revelar los intereses que gestaron esta confrontación y, entendiendo la confrontación, podremos aproximarnos a una solución. No hemos de olvidar que las guerras exigen ser resueltas, aunque sea para preparar las consabidas condiciones intermedias, que se llaman paz, que son seguidas por una nueva guerra, por lo menos, esta parece ser la historia de nuestra sociedad.

Nos atenemos a un concepto de clase social que establece que clases sociales son grupos humanos antagónicos en donde unos se apropian del trabajo de los otros, debido al lugar que ocupan en la estructura económica de un modo de producción determinado. Lugar que está establecido, fundamentalmente, por la forma en que se relacionan con los medios de producción. Este concepto, como podemos apreciar, es dueño de una base fundamentalmente económica, pero que contiene los hilos visibles e invisibles que tejen la vida minuciosa de nuestra sociedad.

Cuando se dice en el concepto que las clases son grupos humanos antagónicos, se está refiriendo a personas agrupadas, identificadas por intereses comunes, y al mismo tiempo, enfrentadas a otros grupos humanos con intereses diferentes, que resultan irreconciliables. A eso se refiere el antagonismo que aparece en el concepto.

Esta confrontación permanente es lo que constituye, en definitiva, una lucha de clases que siendo tan permanente, aunque no siempre evidente, ha llegado a ser entendida como el verdadero motor de la historia, es decir, el factor determinante que mueve a las sociedades en una o en otra dirección, de acuerdo a la correlación alcanzada. Por supuesto que no se trata en la actualidad de situar a la clase social y a sus confrontaciones como el único factor motorizador de la vida social porque estas clases han sufrido cambios tan geológicos que es necesario tomar en cuenta una multiplicidad de factores y colores, y también de una complicada madeja de intereses contrapuestos.

En la sociedad salvadoreña se ha producido el práctico desaparecimiento de las clases obrera y campesina, dos clases que eran fundamentales en nuestra sociedad. Ambas fueron aniquiladas cuando la planta industrial fue desmontada en función de lo que se llamó, en su momento, una economía de servicios, y la clase campesina también sufrió un ostensible agotamiento cuando la agricultura fue sustituida por la compra de alimento en el extranjero y su reventa en nuestro país. Ambos acontecimientos aparecen mutuamente entrelazados y constituyen un enorme hueco en la producción de pensamiento político y una visión sobre el mundo, la realidad y sobre las transformaciones necesarias. Al mismo tiempo, las clases medias, organizadoras de la rebelión, han sido sometidas a un proceso sostenido de desgaste y de vida precaria.

Como podemos ver, la transformación de la estructura clasista guarda relación con los cambios de la estructura económica y ésta constituye un punto de partida que necesita ser precisada de la mejor manera.

Antes, durante y después de la guerra civil de 20 años, EL Salvador fue capturado por empresas económicas transnacionales, y cuando la oligarquía cafetalera deja de ser el sector dominante y es sustituida por los banqueros, en plazos muy breves, la propiedad de los bancos pasa a manos de empresas extranjeras. Este es un proceso que dura hasta nuestros días. Agregado a esto, los sectores dominantes tradicionales, que son prácticamente los dueños del país, también establecen acuerdos y/o alianzas económicas con estas empresas extranjeras, y ni unas ni otras aparecen interesadas en actividades económicas preponderantemente productivas, o en desarrollar la planta industrial del país, y más bien se va construyendo un tejido económico-financiero en donde la economía ficticia está por encima de la economía real.

Todo este proceso aprovecha el fin de la guerra civil y el ambiente creado en torno a la paz para acelerar su proceso de instauración y de predominio de su filosofía. Y así, se establece una enorme e inagotable reserva de mano de obra desempleada. Se reduce notablemente el número de organizaciones obreras y de trabajadores. Los salarios de los trabajadores son cada vez menores y estos pierden diariamente capacidad adquisitiva. Estas transnacionales, en alianza con empresas locales, capturan totalmente el aparato del Estado y pasan a desempeñar funciones estatales. Y así, desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se establecen y se dirigen programas gubernamentales estratégicos.

Todo este diseño aparece libre de perturbaciones basadas en reclamos salariales o actividades sindicales. Para eso, han debilitado el mundo sindical y han creado un mercado gigantesco de desempleo.

* Firmante de los Acuerdos de Paz, luchador social y Vicerrector de la Universidad Luterana Salvadoreña

lunes, 29 de febrero de 2016

LITERATURA Y REVOLUCIÓN EN EL SALVADOR: “LOS HEREDEROS DE FARABUNDO” de José Roberto Cea. Premio Latinoamericano de Poesía “Rubén Darío”, Managua, Nicaragua, 1981.


Alfonso Velis Tobar

Poeta, investigador y ensayista

M.A Carleton University


1- Introducción.

“Los Herederos de Farabundo”, conforma la trilogía de una obra mayor llamada “La Guerra Nacional”, del poeta y escritor salvadoreño José Roberto Cea. Esta Obra obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía “Rubén Darío”, entregado en ese año por el entonces Gobierno Popular Sandinista en Managua, Nicaragua en 1981. El Propósito de esta lectura es valorizar “Los Herederos de Farabundo”, es decir, cómo y en qué medida, se expone cómo una obra de testimonio histórico. Desde su temática misma, cómo distribuye el “discurso literario”. Al explicar la estructura, la “FORMA” vestido del “FONDO”, nos lleva a conocer su discurso en sus diferentes elementos que lo constituyen literariamente. Tomando en cuenta factores estéticos, estilísticos, “recursos expresivos” utilizados. Así los “Personajes”, su “léxico utilizado”, cómo hablan, de qué hablan, las “Figuras”, las “Imágenes”, los “tropos” que se dan en la concepción de la lengua literaria. Se considera un “Análisis temático”, de qué trata la historia (“FONDO”, “asunto”, “contenido”, ideas, pensamientos), donde implícito está, no solo el “gozo estético” que debe alcanzar la obra literaria. Sino también hay otros valores como: lo “cultural”, lo “sociológico”, lo “ideológico”, los aspectos “políticos”, lo “histórico”, lo “moral” y hasta lo “religioso” cuando se dan dentro de la temática misma de la obra.
 
 En esta interpretación, es preciso observar del texto su “visión temporal”, el tratamiento de un “tiempo histórico real” y de los “hechos reales” acaecidos en la historia nacional. Mi lectura no se limita a un simple enfoque, pues una obra debe ser vista como un todo, desde los caracteres que constituyen su unidad, como obra de arte o de ficción verla a partir de la realidad comprendida en su totalidad literaria. Por ello en esta lectura, consideramos un método de análisis y éste “tipo de obra literaria”, por el tema que la caracteriza se presta a la crítica misma. Pues su lectura es útil para maestros, estudiantes, investigadores interesados en como comprender e interpretar mejor la obra literaria de Cea. Y aplicarlo como modelo a cualesquier obra como análisis literario. Ya que “Los Herederos de Farabundo”, es materia de estudio, no solo a nivel universitario, sino es base de lectura de los Programas de Letras en la enseñanza de la literatura en el nivel de educación superior.

2- Fábula y temática. Dimensión Histórico-literaria.

Como temática se muestra la vida heroica del patriota Agustín Farabundo Martí (1893-1932), una de las figuras más relevantes que hasta hoy abanderan los anhelos de la revolución salvadoreña en Centroamérica. Farabundo Martí, destacado líder estudiantil universitario, hijo de terrateniente don Pedro Mártir (transforma el apellido en “Martí” en honor al patriota cubano “José Martí”), quien repartió su tierra entre la gente más pobre en memoria de su hijo fusilado. Farabundo nació en Teotepeque en 1893 y murió fusilado frente al paredón el 1ro de Febrero de 1932, junto a otros dos compañeros Alfonso Luna y Mario Zapata y Miguel Mármol también fue fusilado, pero por suerte del destino, no le cayó ninguna bala, aunque bañado en sangre y de heridas graves, lo creyeron muerto y en lo que dejaron los cuerpos solos logró escapar (su historia parece como un cuento súper-fantástico o surrealista). Fueron fusilados por ordenes directas del general Maximiliano Hernández Martínez, y su camarilla, quienes acusados por los delitos de rebelión y sedición al incitar y comandar el levantamiento popular de 1932 en El Salvador. 
 
Movimiento descabezado y ahogado en sangre en tan poco tiempo por el régimen militar fascista del dictador Martínez, en El Salvador, Centroamérica. Dentro de toda esta historia que José Roberto Cea nos presenta, se entreteje la figura de Farabundo Martí, fundador y militante del Partido Comunista de El Salvador el 30 de Marzo de 1930, por entonces, miembro del llamado Socorro Rojo Internacional. En síntesis su fabula versa, sobre la militancia revolucionaria de este patriótica salvadoreño. Es una historia valiente y trágica del personaje Farabundo Martí, eje medular que gira alrededor de un hecho histórico. Se cuenta desde su juventud, con testigos fehacientes que hablan acerca de su vida y de sus acciones desde antes de 1920, siendo estudiante universitario. Se cuenta de sus incansables luchas revolucionarias junto a otros patriotas de la época, quienes también ofrendaron sus vidas por hacer de este sistema social injusto una sociedad más humana.
 
 Farabundo Martí, símbolo de toda esta incesante lucha llena de utopías por la vida, llena de violentos sueños por la liberación nacional. A mi juicio queridos lectores esta obra por su dimensión histórica se constituye en un “Testimonio Histórico político”. Porque el poeta Cea habla de un personaje cuya imagen tiene que ver mucho con la vida nacional del país. Pues Farabundo Martí será con el tiempo una de las figuras más relevantes que hasta el momento histórico, es figura que abandera desde décadas atrás con espíritu liberador los anhelos de la revolución salvadoreña. Porque “no cabe duda ~dice Cea en su libro~ que con el tiempo será Agustín Farabundo Martí quien también va a tener estatuas y escuelas y será recordado como el defensor de los pobres contra los ricos y como un “pintoresco” personaje de una época revolucionaria muy lejana”. (Pág.14)

3- Aspecto socio histórico y tratamiento de un tiempo histórico Real.

El nombre de Farabundo Martí, imagen alzada, que enlaza los sucesos que han originado la revolución en El Salvador en las últimas décadas del siglo XX. Por tanto en los “Herederos de Farabundo” de José Roberto Cea hay un enmarcado tratamiento temporal de la verdad histórica de una época. Pues su contenido toca los problemas sociales y políticos del país; desde los sangrientos sucesos ocurridos desde antes de 1932, como antecedente de un pasado histórico hasta el estallido revolucionario de los años 1970 a 1992, en El Salvador, Centroamérica. Lo interesante de esta obra de Cea, es que a través del retrato del héroe Farabundo Martí, nos permite conocer aunque sea de corrido desde los tiempos de Sandino en 1928, valiente líder nicaragüense cuya lucha antiimperialista, y con la cual se integro Farabundo Martí, un combatiente muy solidario y partidario de Augusto Cesar Sandino (1995-1934) en su batalla contra los marines yanquis invasores a Nicaragua hacia los años de 1928-29. Y vienen otros importantes sucesos históricos en los cuales el poeta Cea nos hace un recuerdo y recuento de todas las sublevaciones habidas desde la época del sometimiento colonial pues el pueblo salvadoreño, siempre ha vivido en constante rebeldía, a falta de una justicia social y a la falta de la democracia como factores del problema.
 
 Otra acción histórica muy importante que Cea menciona es la llamada Guerra Nacional de los años de 1885, que con la lucha solidaria de nuestros países centroamericanos se combatió por entonces al invasor en 1855 de Nicaragua el filibustero William Walker, quien quería apoderarse de toda Centroamérica y el imperialismo que lo miraba con buenos ojos, pero fue combatido con la unidad de los pueblos del Centroamérica y ajusticiado el 12 de Septiembre de 1860, en Trujillo, Honduras. Entonces vemos que este libro de Cea, nos permite conocer las épocas más violentas, las tensiones políticas y militares, los graves problemas sociales, económicos de toda la región centroamericana, donde también tiene que ver mucho la política norteamericana y su intervención en los asuntos internos e intereses de nuestros países que quiere manejar a sus antojos y gozos imperiales como ser en el mundo la ley del más fuerte.

Es bueno reflexionar de los sucesos de 1932 y hoy, vemos que históricamente lamentablemente fueron un fracasado alzamiento, a consecuencia de una débil dirigencia y mala coordinación de los líderes del partido Comunista, quienes sin previa experiencia insurreccional se lanzaron a diestra y siniestra en contra de la maquinaria represiva del asesino Gral. Martínez y su maquinaria represiva de entonces, la Guardia Nacional, la Policía Nacional y la llamada Policía de Hacienda. Vista hoy a esa distancia, parece haber faltado una concreta organización de los sectores obreros, campesinos y demás partidarios de esta lucha; también se carecía en aquel momento de una experiencia todavía desde el punto de vista militar; se actuó con imprudencia insurrecciónala, sin previa meditación táctica y estratégica en el método de lucha, para lograr aquella vez quizás una victoria revolucionaria. 
 
Así pienso yo. Es importante enfatizar, que ya con la experiencia de 1932 vemos muy clarito la diferencia en las ofensivas y acciones revolucionarias que han estallado en 1980. Vemos que ya hay una mejor organización política y militar de las masas. Claro este levantamiento de 1932, es el ejemplo de un pueblo heroico y valiente, que prácticamente sin armas y solo con machetes, escopetas y sin una correlación de fuerzas que apenas tenía una configuración de masas se lanza a una insurrección en la cual la mayoría de sus líderes encontraron el martirio de su muerte al descabezar con sangre inocente la revolución que su único delito era otra clase de sistema y de sus derechos humanos. Lo cierto que este movimiento revolucionario de 1932, con cierta base de organización popular mal coordinada y más concreta, no supo dar los certeros golpes a esta oligarquía que con aquel baño de sangre se armo de más garras para afianzar el poder y seguir reprimiendo al pueblo en sus posteriores décadas.

Este aplastamiento de sangre no dejo un tanto de estancar el proceso de lucha del pueblo salvadoreño desde entonces, durante más de cuatro décadas, claro por temor, pero aun así había cierta protesta, pero este amordazamiento y de todo intento de organización revolucionaria en el país. El general Martínez “Pecuecho” y “El Brujo “, en sus trece años de tiranía sembró y gobernó, con mano de hierro, infundio terror, al gobernar por la fuerza el país. Adulador de otros dictadores sátrapas, como: Hitler, Mussolini, Franco, Carias Andino, Somoza. Entonces el Gral. Martínez se distinguió por implantar una de las dictaduras militares más sanguinarias que haya conocido la historia política de El Salvador en Latinoamérica. 
 
Aunque para algunos sectores del país Martínez fue buen presidente, por su plan de repartir casas baratas a sus allegados, declaro la ley moratoria a favor de los endeudados. Además fundo el Banco Central de Reserva. Así que para unos es el buen presidente de mano férrea o para otros el peor ogro, asesino dictador. Pero lo cierto, que las luchas del pueblo, no quedarían atrofiadas, porque el pueblo salvadoreño siguió, aun bajo la bota de Martínez, siguió enfrentando gobiernos dictatoriales, militaristas y represiones entre 1930-1992 para que después vinieran las elites neoliberales que con el empuje de la globalización que el imperio nos impone. Pero seguiremos con el renacer, nueva semilla de rebeldía, para conquistar los derechos justos de la sociedad y del hombre. Desde entonces hasta hoy la causa de Farabundo Martí tanta a través de la lucha armada como hoy la lucha política parlamentaria; y todos seguiremos y aun muriendo unos para que otros vivan y nazcan siempre otros en la causa del Faribundísimo, florecimiento del pueblo. También este baño de sangre de 1932 trajo como consecuencia la imposición histórica de una criminal dictadura militar que por largos años vino sembrando terror, aunque siempre se encontró la rebeldía con frecuencia como respuesta, vinieron las organizaciones antifascistas que terminaron derrocando al tirano en abril de 1944 con una huelga de brazos caídos y una rebelión militar. Pero cómplices directos y bienhechores en los sangrientos sucesos de 1932, es el Imperialismo Británico, que mantuvo al tirano Martínez, como su ultimo peón salvadoreño, por esa época. 
 
Porque después nos toco soportar, servir, lo vemos, históricamente servir a los sectores del Imperialismo yanqui, quien siguió y sigue alimentando a sus “hijuelos putativos”, como lo dice el poeta Roberto Cea en sus “Herederos de Farabundo.” También en todos estos sangrientos esta la complicidad de la oligarquía terrateniente que siempre manejo a su antojo al ejército salvadoreño como un instrumento de represión y con la venia de otros sectores sirvientes del sistema oligárquico, impulsaron institucionalmente la violencia contra el pueblo salvadoreño; los mismos de siempre, los que siempre han manejado a su capricho y antojo privilegiado de clase explotadora todo el patrimonio nacional. Mientras frente a nuestros ojos se halla un pueblo, que día a día lucha por sobrevivir contra el hambre, la miseria, la injusticia social, el desempleo y la falta de educación como resultado de la desigualdad social. Negra historia han dejado los gobiernos neofascistas que hemos tenido por anos, quienes por esa época pretendieron siempre someter, amordazar y sojuzgar la voluntad de nuestro pueblo por alcanzar la libertad y un sistema más justo y más humano para vivir con dignidad en un país civilizado. 
 
Entonces está claro la revolución que estalla en 1980 surge por consecuencia misma de esta injusticia social e irrespeto a los derechos humanos, son tiempos de violenta guerra, pero siempre hubo un Frente Democrático Revolucionario (FMLN), bien organizado que lucha hasta hoy por conquistar la verdadera justicia social enfrentando al liberalismo depredador como por siempre por la liberación nacional. En la lectura de los Herederos de Farabundo, procuramos seguir la acción del héroe, sin olvidar las reflexiones que refleja como obra de ficción basado en una realidad histórica. En todo caso busco con esta lectura siempre conformar una conciencia nacional de participación liberadora. Que el hombre y la mujer salvadoreña consigamos una vida de liberación integral. De manera que a todo ese velo nos remite la lectura de este documental, donde hay una interpretación e incorporación de la realidad histórica en relación al problema nacional y centroamericano.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

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