Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

domingo, 23 de junio de 2013

La vulva es bella: de la vagina dentata a la adoración del yoni

 
 

¿Podría el lector o lectora coger un bolígrafo y garabatear un pene y unos testículos en algún post-it cercano? Y ahora, ¿podría dibujar una vulva, con sus labios mayores y menores y su capucha clitoral? La escritora Mithu M. Sanyal, autora de Vulva, la revelación del sexo invisible, llevó a cabo un experimento similar con un buen número de mujeres, hallando que muy pocas sabían dibujar una vulva reconocible y anatómicamente correcta. Su conclusión: “con la salvedad de las ilustraciones médicas, solo vemos imágenes de la vulva como productos de las industrias del porno y de la higiene”.

La vulva es representada en el imaginario colectivo occidental como una ausencia, un hueco, un agujero, un espacio en blanco: “para la simbolización del sexo de la mujer, el imaginario solo provee una ausencia allí donde en otros casos hay un símbolo muy destacado”, en palabras de Lacan. El clítoris y los labios se tornan invisibles, solo se tiene en cuenta la apertura vaginal considerada como una ausencia. Cuando sí se admite la existencia de la vulva, es tratada por los imbéciles con asco, prevención o rechazo; es ocultada y sumergida por mitos como su supuesta fealdad o mal olor… Grabad estas palabras en piedra: un coño limpio huele de maravilla. Cuando una compañía alemana sacó al mercado un perfume vaginal llamado Vulva, pudieron leerse en la red miles de comentarios infantiles y llenos de aspavientos ridículos… Y ya solo la sugerencia o metáfora de la vulva causa polémica al aparecer en el espacio público, como en este objetivamente nada obsceno cartel del 12º Festival de Cine Erótico de Barcelona.

El laberinto de referencias artísticas, mitológicas y religiosas al coño resulta apasionante y divertido de desentrañar, así que he convencido (no sé cómo) a los responsables de Jot Down para que acojan un artículo vulvar en su seno. Un viaje que empezará con una pregunta a la que durante siglos los filósofos han estado dando vueltas… ¿Qué es un coño?

1. Un coño no es un pene ausente


Lo que yo tenía y era bueno al tacto no tenía nombre. Solo los niños tenían algo afuera, así que yo no podía tener mi clítoris y al mismo tiempo ser una niña”. Paciente de la psicoanalista Harriet Lerner.

“Lo que yo tenía y era bueno al tacto no tenía nombre. Solo los niños tenían algo afuera, así que yo no podía tener mi clítoris y al mismo tiempo ser una niña”. Paciente de la psicoanalista Harriet Lerner.

En las sociedades occidentales el varón ha sido tradicionalmente la medida de todas las cosas, y por tanto los genitales femeninos han sido patéticamente descritos como variantes subdesarrolladas de los genitales “completos”, los masculinos. El mismísimo Galeno escribió: “Al estar mutilada, la mujer es menos perfecta y completa que el hombre en relación con las partes que asisten a la reproducción”. Alberto Magno asocia la femineidad a problemas durante el embarazo que impiden el desarrollo del pene, de lo que deduce que “la mujer no es en su naturaleza un ser humano, sino un nacimiento fallido”.


Aparentemente incapaz de imaginar una mujer sin algún tipo de falo, el anatomista del siglo XVI Andreas Vesalius representó en De humani corporis fabrica los genitales femeninos como un enorme pene invertido del que la vulva sería el glande. No tiene desperdicio la explicación de Prospero Bergarucci, discípulo de Vesalius, para esta extraña configuración anatómica: “A sabiendas de la inconstancia y soberbia de la mujer, y para contrarrestar así su permanente anhelo de dominio, la naturaleza le dejó las partes sexuales en su interior para que, cada vez que esta piense en su presunta carencia, deba volverse más pacífica, más obediente y finalmente más pudorosa que cualquier otra criatura en el mundo”. Si Dios hubiera querido enseñar humildad al varón le hubiera invertido el escroto, podría deducirse siguiendo ese tren de pensamiento.

Cuando se admite que las mujeres carecen de falo, surge la idea de que les gustaría tenerlo. Según Sigmund Freud, las niñas entre tres y cinco años descubren que no tienen pene y que han sufrido una castración (de nuevo la vulva permanece aparentemente invisible) y adquieren “envidia del pene”, especialmente el del padre; un ansia inconsciente que solo puede verse satisfecha dando a luz un niño como sustituto del falo.

Si los labios de la vulva han permanecido ausentes del imaginario colectivo occidental durante siglos, el pobre clítoris ha llegado a ser tratado directamente como una deformidad. Barbara Walker cuenta una anécdota tristemente significativa en The Woman’s Encyclopedia of Myths and Secrets: “Durante un proceso por brujería en 1593, el esbirro a cargo del examen (un hombre casado), descubrió por primera vez un clítoris y lo identificó como una marca del diablo. Era ‘un pequeño trozo de carne, sobresaliente como una tetilla, de media pulgada de largo, escondido en un lugar muy secreto que era indecoroso mirar’. (…) Mostró la cosa a varios espectadores, que no habían visto jamás algo así”.

Aunque casi sería mejor esta ignorancia que un reconocimiento que desemboque en prácticas como la ablación del clítoris y/o de parte de los labios de la vulva, animalada que persigue eliminar “las partes masculinas” de los genitales femeninos (es decir, dejar solo el agujero penetrable y eliminar lo que no se comprende) y limitar el acceso de la mujer al placer sexual para aumentar su docilidad. Y a quien le parezca algo exclusivo de culturas exóticas, que se fije en esta frase algo repulsiva de Freud: “cuando una mujer llega a la edad adulta y entra en la femineidad, el clítoris debería ceder su sensibilidad e importancia, parcial o completamente, a la vagina”. Lo que no sea un túnel, una vaina, un receptáculo para el pene del varón, sencillamente no debe existir o debe ser secundario. Muchos ven en este rechazo hacia la vulva el origen de bastantes labiaplastias, intervenciones de cirugía estética en que mujeres avergonzadas de sus labios vaginales los remodelan o mutilan para reducirlos.

Ya paro, que me indigno. En cualquier caso, lo primero que debe hacerse para revertir el proceso de invisibilización de algo es nombrarlo con precisión. Pero, ¿cómo podemos llamar a la rosa?

2. El nombre de la rosa




“Los maridos debieran seguir un curso
por correspondencia
si no se atreven a hacerlo personalmente
sobre los órganos genitales de la mujer
hay una gran ignorancia al respecto
quién podría decirme por ejemplo
qué diferencia hay entre vulva y vagina
sin embargo se consideran con derecho
a casarse
como si fueran expertos en la materia”
Nicanor Parra, Sermones y prédicas del Cristo de Elqui


En textos médicos antiguos se usa la palabra vulva para referirse indistintamente a los labios, la vagina, el útero o todo junto: lo triste es que duren imprecisiones similares siglos más tarde. Resulta sorprendente la extendida confusión entre vagina (el tubo interno de membrana mucosa) y vulva (los genitales externos). En la famosa obra teatral Monólogos de la vagina se usan indistintamente ambos términos, lo que llevó a la psicoanalista Harriet Lerner a lamentarse: “¿Existe una repentina amnesia feminista en relación con la diferencia entre la vulva y la vagina? (…) Dudo que los hombres toleraran una supuesta celebración de su sexualidad en que se confundiesen los testículos con el pene”.

En 1980 Lerner fundó el Club Vulva con el objetivo de prevenir las consecuencias de este tipo de confusiones. Lerner pone el ejemplo de un texto de educación sexual de los setenta en que, si bien los genitales masculinos se describen detalladamente, se omite cualquier referencia a los labios o al clítoris, mencionándose solamente “apertura vaginal, vello púbico, ovarios y útero”. Los genitales quedan reducidos a las partes involucradas en la reproducción y el agujero en que el hombre envaina su espada.

La palabra vulva (“envoltura”), del latín volvere, no está teniendo demasiado éxito a pesar de ser mi favorita particular, junto a la más imprecisa “coño”. Muchos consideran “vulva” un término médico o técnico, cuando no lo es más que pene o testículo; otros se limitan a hacer chistes diciendo que vulva suena a marca de coches sueca. Sin embargo vulva es una palabra preciosa: su V repetida remite al triángulo genital, al vello púbico y a V de Vendetta. Bueno, esto último quizás no. Pero en cualquier caso es mejor que las alternativas…

Y es que muchos nombres para el genital femenino van asociados a la vergüenza o la ocultación, ya desde el sinus pudoris (cueva de la vergüenza) o el inhonesta usados por Isidoro de Sevilla. En alemán los labios mayores y menores son Schamlippen, literalmente “labios de la vergüenza”, y el triángulo público es el Schamdreieck, “triángulo de la vergüenza”. Eso cuando se utiliza un nombre cualquiera y no se ocultan los genitales femeninos como “las partes” o el “allí abajo” que recuerda Gloria Steinem: “‘Allí abajo’, esas eran las palabras —pronunciadas raras veces y en voz baja— con que las mujeres de mi familia llamaban a los órganos sexuales femeninos, tanto internos como externos”.

Ante estas alternativas, en este artículo reivindicaré tres palabras: “vulva”, “coño” y “yoni”, nombre sánscrito que, como veremos más adelante, tiene implicaciones tántricas y religiosas.

En la Yoniversity puede encontrarse un recopilatorio de nombres de la rosa en varios idiomas. Es un mito que los esquimales utilicen cien palabras para designar a la nieve (son más bien diez o doce), pero sí existen 27 nombres árabes llenos de matices para los genitales femeninos. En el manual erótico del siglo XVI The Perfumed Garden se recogen desde el genérico el feurdj (“abertura, valle”) hasta los muy específicos el deukakk (“aplastador”) para referirse al yoni capaz de apretar y comprimir el pene durante el coito, el harr (“cálido”) para el que emite un intenso calor propio, o el hacene (“hermosa”) para la vulva de una simetría y belleza tales que hace imposible dejar de mirarla fijamente.

Lo que nos lleva a una pregunta desasosegante: si mirar fijamente el Sol puede dejarte ciego… ¿puede resultar peligroso mirar directamente un coño?

 3. En las fauces de la vagina dentata

“¿Tan misterioso es esto? ¡Es mi vagina, no la esfinge!” Miranda, en Sexo en Nueva York
 

Freud hablaba del miedo a la castración que experimentan los niños al darse cuenta por primera vez que las niñas no tienen pene: confieso que no he visto una mejor demostración de ese pánico primordial que en esta escena de Dragon Ball en que Son Goku descubre la vulva de Bulma. En cualquier caso, no hace falta mucho psicoanálisis para deducir que muchos hombres sienten miedo por lo intrínsecamente femenino. En lo simbólico los atributos masculinos se asocian traidicionalmente a obeliscos apolíneos y a la razón, mientras que los femeninos han sido vistos como propios de la oscuridad irracional, el miedo o el asco. En palabras de la investigadora feminista Toril Moi: “El falo es entendido a menudo como una forma completa, homogénea y sencilla, en contraste con el caos aterrador del genital femenino”.

La materialización más evidente del miedo a la castración es la imagen de la vagina como grieta peligrosa y sangrienta armada de dientes afilados: la vagina dentata. Este símbolo aparece en cuentos y leyendas de todo el mundo como una clara advertencia: el sexo de la mujer es peligroso y puede castrar al varón o inutilizarlo. Un mito antiquísimo vigente hoy en día en películas como la reciente Teeth, con un giro irónico-terrorífico que convierte la dentata en arma de autodefensa.

A veces no es necesario ni siquiera penetrar esa vagina letal, basta con mirarla. En una leyenda árabe recordada por Catherine Blackledge en Story of V, el sultán de Damasco pierde la vista al observar una vagina dentata que le arranca los ojos (!) de un mordisco. Al personaje popular de Peeping Tom se le caen literalmente los ojos al suelo tras espiar a la desnuda Lady Godiva. Todos los espectadores que vieron la desnudez de la santa Epistene durante su martirio perdieron la vista…

En varios cuentos africanos el final feliz llega cuando el héroe usa palos o lanzas (instrumentos fálicos, en definitiva) para arrancar los dientes de la vulva mordedora, en una metáfora evidente de la ruptura de la voluntad de la mujer y su transformación en criatura inofensiva y apta para el matrimonio. De forma menos literal pero con el mismo trasfondo, en La fierecilla domada de Shakespeare Petruchio le arranca a Catalina los dientes de su intelecto y su sarcasmo, domesticándola hasta convertirla en una cuasilobotomizada criatura que acaba recomendando a las mujeres que “pongan sus manos, como señal de obediencia, a los pies de sus maridos”.

Otras visiones de la dentata sitúan su origen en el hecho de que tras eyacular el hombre queda exhausto, exprimido, “devorado” por la mujer vista como una vampira de energía vital. Dice Camille Paglia en Sexual Personae (polémico libro que merecería un artículo para él solo): “la vagina dentada no es una alucinación sexista: cada pene es disminuido por cada vagina, del mismo modo en que la humanidad, varón y hembra, es devorada por la Madre Naturaleza”. Paglia ejemplifica esta identificación natural con un fragmento de A contrapelo, de Huysmans, en que “un hombre es atraído magnéticamente hacia los muslos abiertos de la madre naturaleza, hacia las ensangrentadas profundidades de una flor carnívora de hojas afiladas como sables”.

Es curioso este pánico primordial masculino hacia los dientes simbólicos de la vagina… y que sin embargo esté tan extendido (afortunadamente) el gusto por la felación realizada por una boca repleta de dientes auténticos. Pero la simbología de la fellatio (que la hay, y mucha) queda para otro artículo futuro, si no me devora antes alguna dentata o me echan de Jot Down por pervertido.

4. La adoración del yoniFreud hablaba del miedo a la castración que experimentan los niños al darse cuenta por primera vez que las niñas no tienen pene: confieso que no he visto una mejor demostración de ese pánico primordial que en esta escena de Dragon Ball en que Son Goku descubre la vulva de Bulma. En cualquier caso, no hace falta mucho psicoanálisis para deducir que muchos hombres sienten miedo por lo intrínsecamente femenino. En lo simbólico los atributos masculinos se asocian traidicionalmente a obeliscos apolíneos y a la razón, mientras que los femeninos han sido vistos como propios de la oscuridad irracional, el miedo o el asco. En palabras de la investigadora feminista Toril Moi: “El falo es entendido a menudo como una forma completa, homogénea y sencilla, en contraste con el caos aterrador del genital femenino”.

La materialización más evidente del miedo a la castración es la imagen de la vagina como grieta peligrosa y sangrienta armada de dientes afilados: la vagina dentata. Este símbolo aparece en cuentos y leyendas de todo el mundo como una clara advertencia: el sexo de la mujer es peligroso y puede castrar al varón o inutilizarlo. Un mito antiquísimo vigente hoy en día en películas como la reciente Teeth, con un giro irónico-terrorífico que convierte la dentata en arma de autodefensa.

A veces no es necesario ni siquiera penetrar esa vagina letal, basta con mirarla. En una leyenda árabe recordada por Catherine Blackledge en Story of V, el sultán de Damasco pierde la vista al observar una vagina dentata que le arranca los ojos (!) de un mordisco. Al personaje popular de Peeping Tom se le caen literalmente los ojos al suelo tras espiar a la desnuda Lady Godiva. Todos los espectadores que vieron la desnudez de la santa Epistene durante su martirio perdieron la vista…

En varios cuentos africanos el final feliz llega cuando el héroe usa palos o lanzas (instrumentos fálicos, en definitiva) para arrancar los dientes de la vulva mordedora, en una metáfora evidente de la ruptura de la voluntad de la mujer y su transformación en criatura inofensiva y apta para el matrimonio. De forma menos literal pero con el mismo trasfondo, en La fierecilla domada de Shakespeare Petruchio le arranca a Catalina los dientes de su intelecto y su sarcasmo, domesticándola hasta convertirla en una cuasilobotomizada criatura que acaba recomendando a las mujeres que “pongan sus manos, como señal de obediencia, a los pies de sus maridos”.

Otras visiones de la dentata sitúan su origen en el hecho de que tras eyacular el hombre queda exhausto, exprimido, “devorado” por la mujer vista como una vampira de energía vital. Dice Camille Paglia en Sexual Personae (polémico libro que merecería un artículo para él solo): “la vagina dentada no es una alucinación sexista: cada pene es disminuido por cada vagina, del mismo modo en que la humanidad, varón y hembra, es devorada por la Madre Naturaleza”. Paglia ejemplifica esta identificación natural con un fragmento de A contrapelo, de Huysmans, en que “un hombre es atraído magnéticamente hacia los muslos abiertos de la madre naturaleza, hacia las ensangrentadas profundidades de una flor carnívora de hojas afiladas como sables”.

Es curioso este pánico primordial masculino hacia los dientes simbólicos de la vagina… y que sin embargo esté tan extendido (afortunadamente) el gusto por la felación realizada por una boca repleta de dientes auténticos. Pero la simbología de la fellatio (que la hay, y mucha) queda para otro artículo futuro, si no me devora antes alguna dentata o me echan de Jot Down por pervertido.

 4. La adoración del yoni
 

 “Eduquemos a una generación sin chistes de babosas y pescados, con respeto por los ciclos mensuales femeninos en lugar de asco, vergüenza y dogmas religiosos. Regalémonos más imaginería genital femenina en mitos, arte, joyería, libros…” Kirsten Aderberg

“Su parte inferior es el altar sacrificial,
su vello la hierba sagrada,
su piel el origen del soma.
Los labios de su yoni son el fuego central.
Muchos mortales atraviesan el mundo sin virtudes,
especialmente los que practican la unión sexual sin saber esto.“
Brihad Aranyika Upanishad, VI


En contraste con el pánico de la dentata, los genitales femeninos han sido vistos también como lugares sagrados y curativos. Existen mitos y leyendas en varias tradiciones en los que la exhibición de la vulva en un momento crítico ha ahuyentado a los demonios, resucitado a los muertos o incluso salvado al mundo. En el artículo Strip/Tease del especial aniversario de Jot Down hablé del mito de Baubo, la diosa que salvó a Deméter de la desesperación contándole chistes obscenos, riendo y mostrándole su vulva sanadora. Inanna, la diosa sumeria del amor y la guerra, estaba muy orgullosa de sus genitales. En los Himnos a Inanna podemos leer: “la diosa lanzó gritos de júbilo por su vulva, tan hermosa de contemplar, y se felicitó a sí misma por su belleza”. Inanna también aportó su granito de arena al debate sobre el nombre de la rosa al declamar: “Mi vulva, el cuerno, la Barca Celestial llena de deseo como la joven luna”.

El poder apotropaico (es decir, protector) del coño se manifiesta en las Sheela-na-gigs, esculturas de mujeres con una sonrisa maníaca en la cara y las manos abriendo de par en par los labios de la vulva. Se encuentran en iglesias románicas y castillos, especialmente en Irlanda, y su situación estratégica frente a puertas y ventanas sugiere que protegen contra el mal y la muerte.

El culto religioso a la vulva (o, hablando con propiedad, al yoni) se encuentra extendido en muchas sectas hindús, en general en relación con el masculino lingam. El yoni de la Gran Diosa Kali manifiesta el poder generador de la naturaleza. En palabras de Ajit Mookerjee, director del Museo de Arte de Nueva Delhi, en Kali, the feminine force: “El yoni es alabado como un lugar sagrado, un punto de transferencia de fuerzas sutiles, la puerta de entrada a los misterios cósmicos. En las esculturas, la diosa es representada yaciendo sobre su espalda, las piernas abiertas para el culto, o con los pies muy separados mientras su adorador bebe bajo el arco de sus piernas el yoni-tattva, la esencia sagrada. (…) En el yoni-puja o ritual de la vulva, la vulva de una mujer viviente o su representación en piedra, madera, pintura o metal son adorados como símbolo de la diosa”.

Merece la pena detenerse en este ritual del yoni-puja y comprender que es un rito religioso, desprovisto de contenido directamente sexual, a pesar de que una de las formas de celebrarlo es bebiendo cinco líquidos derramados en la vulva de una sacerdotisa. Sobre el yoni de la mujer se vierten consecutivamente agua, yogur, miel, leche y aceite, que son recogidos con un cuenco situado entre sus muslos. El contacto íntimo con la vulva purifica estas sustancias, que representan los cinco elementos de la cosmología hindú, antes de ser consumidas por los asistentes al ritual.

El Ambubachi Mela es un festival realizado en Assam en honor de la menstruación anual de la diosa tántrica Kamakhya, un aspecto de Kali. Durante las celebraciones se depositan ofrendas a la diosa frente a una abertura vulvar abierta en la roca de la que mana un riachuelo subterráneo. Los peregrinos tocan esta agua sagrada de yoni y beben de ella… En esta misma familia de rituales se engloba el segundo nacimiento, un ritual similar al bautismo en que los creyentes pasan a través de un gigantesco yoni de madera o piedra, tras lo que se consideran renacidos a un nuevo mundo espiritual.

Parece que al fin estamos en el buen camino: la vulva como señal sagrada, pliegue cálido y acogedor del cosmos, puerta entre estados de conciencia… Ya podemos declamar que la vulva es bella.


“Eduquemos a una generación sin chistes de babosas y pescados, con respeto por los ciclos mensuales femeninos en lugar de asco, vergüenza y dogmas religiosos. Regalémonos más imaginería genital femenina en mitos, arte, joyería, libros…” Kirsten Aderberg

Todo el arte de la humanidad empezó con el dibujo de un coño. Durante unas excavaciones recientes en la cueva francesa de Abri Castanet se encontraron diseños vulvares grabados en la pared de roca hace 37.000 años: el arte rupestre más antiguo del mundo. Estos grabados, junto a otros similares hallados en las cuevas de Fontainebleau o la aparición de estatuillas de Venus como la de Willendorf o la de Hohle Fels, con la vulva muy acentuada, han sido interpretados como elementos de rituales de fertilidad y adoración de Diosas Madre primitivas.

Para encontrar hoy en día vulvas grabadas en las paredes no tenemos que irnos muy lejos: el escultor británico Jamie McCartney ha sacado recientemente 400 moldes de yeso de otras tantas vulvas, pertenecientes a mujeres de entre 18 a 76 años, y las ha expuesto en diez enormes paneles que forman un muro de nueve metros de largo, bautizado con cierta rechifla como Great Wall of Vagina (en realidad son vulvas y no vaginas, pero la precisión le fastidiaba el chiste). Esta exposición itinerante se presenta como un muestrario de vulvas, una celebración de su enorme variedad y de su belleza intrínseca. Un proyecto a priori cautivador pero no carente de críticas: la frialdad blanca del yeso no parece combinar con la carnosa suavidad rosada de las vulvas originales.



Entre los grabados paleolíticos y las esculturas de McCartney tenemos unos cuantos siglos de expresiones artísticas de los genitales femeninos que me gustaría al menos mencionar. Rastrear falos resulta sencillo en el arte occidental, pero no ocurre lo mismo con las representaciones explícitas de vulvas más allá de algún fresco pompeyano o algún estudio anatómico-forense de Leonardo Da Vinci. Un motivo recurrente a partir de la época clásica es la venere pudica (de pudere, “avergonzarse”): la diosa tapándose pechos y vulva con las manos, avergonzada de su desnudez, como en la Afrodita de Praxíteles o El nacimiento de Venus de Botticelli.

Dado que el genital femenino se oculta y escamotea, se redescubren constantemente otros símbolos: copas, triángulos, rosas u otras plantas como las flores genitales de Araki o Georgia O’Keefe, espirales, entradas de cuevas, laberintos (imagino a Borges sobresaltándose), valles… y corazones. Dice Gloria Steinem: “La forma que llamamos ‘corazón’ —que en su simetría se parece mucho más a la vulva que al órgano asimétrico cuyo nombre lleva— es probablemente un símbolo remanente del genital femenino. Siglos de dominación masculina lo han despojado de su poder y reducido al romanticismo”. La Goulue, bailarina de cancan que aparece en varios cuadros de Toulouse-Lautrec, llevaba un corazón rojo bordado en su ropa interior, y lo descubría obscena y juguetonamente al levantar las piernas durante el baile. Esta identificación entre corazón y vulva está presente en todo tipo de iconografía moderna.

Para pasar de los símbolos a la representación explícita del coño en la pintura occidental tenemos que desplazarnos a 1866, año en que Gustave Courbet pintó por encargo El Origen del Mundo. Esta vulva en primer plano y encuadre forzado a la que no se puede asociar un rostro (lo que crea a la vez intriga y sensación de universalidad) lleva más de un siglo dejando un rastro de censuras, escándalos y polémicas, la última tan reciente como octubre de 2011, en Facebook.

Tanto pudor europeo contrasta con el despreocupado arte tradicional japonés, en particular con los shunga o “dibujos de primavera”, grabados abiertamente pornográficos producidos en su mayoría entre los siglos XVII y XIX. Muchos artistas dibujaron shunga sin que fuera visto como una deshonra o una vergüenza, entre ellos el mismísimo Hokusai con imágenes tan potentes como esta. Tanto el pene como la vulva eran representados de forma explícita, exagerada y anatómicamente clara.


En occidente hubo que esperar a los siglos XIX y XX y a Klimt, Picasso o Schiele (o a fotógrafos como Helmut Newton o Robert Mapplethorpe) para encontrar representaciones más o menos explícitas de genitales femeninos. Por supuesto, podemos encontrar ejemplos de representaciones vulvares en el arte moderno: del amor lésbico de Suzanne Bellivet a la claridad de Álvaro Pemper o el hiperrealismo de John Currin. Taschen editó el libro de fotografía definitivo para fanáticos del coño como yo: The big book of pussy, con más de 400 imágenes de vulvas de todas las formas, colores y tamaños. Una de las fotógrafas incluidas en el recopilatorio, Frannie Adams, es autora de obras tan vulvófilas como Pussy Portraits, una serie de fotos de coños retratados junto a las caras de sus dueñas.

En el terreno de la performance y las artes plásticas alternativas una generación de artistas rompió el tabú de la vulva sobre el escenario. Una de estas pioneras fue Shigeo Kubota, que pintó cuadros en 1965 usando sangre menstrual y su vagina como soporte para el pincel. Diez años más tarde, Carolee Schneemann en Interior Scroll se desnudó sobre el escenario y extrajo de su vagina un larguísimo rollo de papel del que leería uno de sus incendiarios poemas… Una estrategia de poesía genital que seguirían años más tarde, fisting mediante, artistas como Diana Torres, pornoterrorista. Por su parte, Judy Chicago revolucionaría en los setenta el arte abstracto con sus formas vulvares y su instalación The Dinner Party, homenaje a 39 mujeres importantes de la historia.

Llega un punto en que arte plástico, feminismo, performance y divulgación vulvar se unen de la mano: Annie Sprinkle y su ginecología casera de espéculo y autodescubrimiento, Marina Abramovic y su descacharrante repaso a la sexualidad balcánica, el documental Viva la vulva en que Betty Dodson discute con un grupo de mujeres la apariencia de sus vulvas y cómo estimularlas… Y estaría tentado de añadir a Maude Lebowski y su pintura vaginal aérea si no fuera un personaje de ficción.

Termino el recorrido con un par de recomendaciones para quien quiera leer más: el imprescindible ensayo Vulva, la revelación del sexo invisible de Mithu. M. Sanyal, y el libro Vulva Empowerment: vulvas in History, Art, Mithology and Society, de Kirsten Anderberg. También es interesante y poético este artículo de Rodrigo Martínez Andrade La vulva como metáfora, afortunado título que me sugiere la palabra vulváfora. Y, en otro estilo, tengo que recomendar Coños, de Juan Manuel de Prada, como mirada masculina y coñona (nunca mejor dicho) al mundo de la vulva. Un libro salvaje y divertidísimo que nunca entenderé cómo ha podido surgir de la misma persona que ahora sostiene que la pornografía va matando el alma.

Y ya que sale el tema de la mirada masculina: soy un hombre que acaba de escribir sobre coños, pero no pretendo ser uno de esos irritantes perdonavidas que, en palabras de Gloria Steinem, “pretenden saber más del cuerpo de las mujeres que las mujeres mismas”. Lanzo pues al aire dos peticiones a las mujeres lectoras de este artículo: complementad la información parcial que aquí aparece y, sobre todo, animaos a escribir, en justa reciprocidad, un artículo sobre penes, varitas mágicas, bastos, pollas, obeliscos, herramientas, falos…

jueves, 20 de junio de 2013

Yo madre


Roberto Valencia
elfaro.net

Cifras oficiales: más de 60,000 pandilleros activos y –lo más inquietante– un entramado social que representa casi el 10 % de la población salvadoreña. ¿Puede seguir abordándose este problema como algo estrictamente delincuencial? Un periodista de El Faro se reunió a lo largo de 13 meses con la madre de un pandillero para intentar comprender qué conduce a un joven de una comunidad empobrecida a integrarse en una pandilla, y cómo una mamá digiere que el fruto de su vientre se convierta en pandillero.

Madre y su hijo Gustavo, en una imagen tomada a inicios de la década de los noventa en San Salvador.

“Hay muchos hogares destrozados, hay mucho dolor, hay mucha pobreza. Hermanos, todo eso no lo miremos con demagogia”.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero, diciembre de 1979.

No deseo a nadie que tenga un hijo así, como el mío. No es fácil vivir con esto. A veces quisiera ser un hada y cambiarlo todo, a él, pero lastimosamente no se puede. A veces hubiera preferido que fuera ladrón o afeminado. En la cárcel lo tengo ahorita. Si está ahí es porque algo debe, usted sabe, y si va a salir a las mismas… Puede sonar injusto que una mamá hable así, porque casi todas las mamás quieren que sus hijos salgan, que salgan así deban cinco o 10 muertos. Mi forma no es así. Eso de que uno va a estar haciendo daño a otras personas y riéndose de la vida… no. Pero a él no se lo digo como se lo estoy diciendo a usted. Eso me lo guardo. Al principio caía como en depresión. Bien feo me agarraba. Pero si me derribo, ¿quién va a criar a mis otros hijos? Pasé otro tiempo que sentía que me disparaban por la espalda. Otras veces pienso que me van a parar y me van a decir: esta es la mamá de fulano. Es como una sicosis, como que yo anduviera los tatuajes en la frente. Porque hay resentimientos, y si le quieren dar donde más duele… Yo así le digo: tus hermanitos van a pagar el pato… y yo, ¿creés que no? Y por ahí lo voy amortiguando, aconsejando. Le digo: mirá, Dios te tiene aquí con un propósito, que cambiés. Yo sé, mamá, me dice. ¿Qué más puedo hacer? Es mi hijo… Sí, hay madres que se alejan de sus hijos, pero eso no cabe en mi corazón.

***

No le gusta airear su secreto. Hace seis meses ni siquiera sus otros hijos sabían que Gustavo es un activo de la Mara Salvatrucha-13 (MS-13). Apenas se lo ha susurrado a los familiares más cercanos y a las poquísimas personas que se han ganado su confianza.

Hoy es un martes de abril, 2012, y Madre al fin ha accedido. La cita a ciegas es a la 1:15 de la tarde en un centro comercial sobre la 10.ª avenida Sur, en la parte baja de San Salvador. Aunque el Barça juega la Champions y hay movimiento, reconocerla resulta demasiado sencillo. Cuarentona, el plante recio de una veterana vendedora de la calle –rostro expresivo, mirada afilada, espalda ancha, brazos más gruesos que los míos– y la cara de preocupación de quien guarda un secreto terrible. Viste falda larga, como les dice el pastor.

Nadie más sabe que Madre hoy ha quedado para hablar de su secreto.

―Con Gustavo me pasó que le di mucha libertad –dice–. Yo confiaba porque era bien tranquilo, si de niño hasta las cipotas le pegaban, y hogareño: dejábamos desorden en la casa, y al llegar lo había arreglado.

Madre exige que Gustavo nunca –nunca– sepa que va a contar su secreto a un periodista. Madre teme a los pandilleros. Vive entre ellos. Madre sabe, y porque sabe, teme. En este primer encuentro, en un Pollo Campero, se la ha pasado mirando alrededor con recelo. Cuando ha dicho algo de la pandilla, ha bajado la voz como si estuviera en un templo.

―Entonces, ¿me dejará contar su historia?

―Solo si me promete que no va a ir mi nombre ni el de mis hijos ni mi dirección.

Exige también lugares menos concurridos para hablar. Madre en verdad teme.

***

Hace apenas 30 años Mara Salvatrucha y Barrio 18 no significaban absolutamente nada en El Salvador. De hecho, hasta que se pervertió, "mara", la palabra que define el fenómeno del pandillerismo juvenil centroamericano, tenía connotaciones positivas. Se utilizaba para referirse afectuosamente a los conocidos de la colonia o la escuela, a la cuadrilla, al grupo de amigos.

Pero en los 80 las guerras y la pobreza expulsaron a cientos de miles de centroamericanos –sobre todo salvadoreños– hacia Estados Unidos –sobre todo al área de Los Ángeles–; las gangs angelinas sedujeron a una parte de los migrantes que cayeron en los suburbios latinos; cientos se integraron en la pandilla 18 o en la MS-13, aunque no solo; y a inicios de los 90 el gobierno estadounidense desató una política de deportaciones masivas de centroamericanos con el virus de las pandillas interiorizado.

En cuestión de meses El Salvador vivió la llegada de docenas, centenares de activos, cuyo estilo de vida –ropas holgadas, tenis Nike Cortez, llamativos tatuajes, estrictos códigos disciplinarios y una seductora oferta de hermandad eterna– resultó ser un imán para la juventud de la posguerra. También deportaron a integrantes de otras pandillas y estaban las autóctonas, pero en menos de una década la MS-13 y el Barrio 18 polarizaron el fenómeno de tal manera que en la actualidad parecen las dos únicas.

La extrema desigualdad social, la débil institucionalidad, la impunidad y determinadas políticas públicas que actuaron como combustible –la política de "mano dura" y la decisión de asignar cárceles a cada una de las pandillas, por citar un par de ejemplos– fueron el caldo de cultivo idóneo para la radicalización de las maras, más violentas y con un control territorial más agresivo que el de las casas matrices en Los Ángeles.

Esto no es exageración: en amplias zonas del país la gente hoy tiene miedo de pronunciar en público los números 13 o 18.

El gobierno de El Salvador empezó en 2012 un censo para dimensionar la implantación del fenómeno. En mayo de 2013, monitoreados 184 de los 262 municipios, las cifras oficiales hablan de 60,000 pandilleros activos y de una red social adicional de 410,000 personas, entre chequeos (jóvenes en período de pruebas para ganarse un lugar), jainas (novias o compañeras de los pandilleros), mascotas (niños que caminan con la pandilla) y familiares directos que mantienen vínculos. Y entre los familiares, una figura hegemónica: la madre.

Hay varias docenas de miles de madres de pandilleros en El Salvador. En un universo tan vasto cabe casi de todo: madres cómplices de los delitos de sus hijos, madres que simplemente se aprovechan del terror que infunde la pandilla, madres pasivas pero que de alguna manera se benefician de la actividad delictiva, madres distanciadas de sus hijos, madres que odian a sus hijos… y madres –como Madre– que a su hijo pandillero lo quieren de corazón pero también de corazón odian la pandilla.

***

Es jueves y mayo. Hace dos meses que Mara Salvatrucha y Barrio 18 acordaron una tregua auspiciada por el gobierno. Los homicidios se han desplomado a menos de la mitad, y las concesiones del Estado a los pandilleros no se han hecho esperar, con generosidad acentuada en las cárceles: removieron a los militares de los controles de ingreso; el horario para la visita íntima pasó de una a 12 horas; los familiares pueden meter hoy más dinero y comida; colocaron televisores de plasma en las celdas. También se restituyó un derecho: ahora entran los niños.

―El sábado que fui a verlo llevé a Erick.

Gustavo tiene un hijo –Erick– que en junio cumplirá cuatro años. Llevaba casi dos sin acariciarlo, desde que el gobierno prohibió a los pandilleros ver a sus hijos. Fue un sábado de abrazos pospuestos y besos diferidos en el área de visitas.

―Nomás verlo le dijo "papá". Y Gustavo, llorar y llorar. Erick, ¿me querés?, le decía. Sí. Pues abrazame, le decía. Lo anduvo paseando por toda el área de visita. Un amigo lo vio y le dijo: si tus mismas orejas tiene, ¿y decís que no se te parece? Fueron como dos horas. Al irnos, el cipote le dice: me quiero quedar aquí, con vos. Gustavo lloraba. Los tres lloramos. Andá a la casa, le decía el cipote. Bien vivo.

***

Madre nació un sábado de octubre de 1971 en el Hospital de Maternidad, donde nacían y nacen los pobres. Hija de Manuel y María Julia, curtidos vendedores de la calle los dos, fue la mayor de los cinco hijos que engendraron –dos murieron al nacer–, pero ambos huían de fracasos previos: María Julia tenía otros tres hijos; y Manuel, otros cinco. El primer hogar fue un mesón de la colonia Zacamil de Mejicanos.

―Mi papá vendía dulces-cigarros-chicles… y le iba bien, era bien famoso. Pasó 20 años en la puerta de un colegio y los fines de semana, al estadio. Era un pan de Dios. Tomaba sí, pero no nos golpeaba. Conmigo fue bien chévere… Mi mamá no. Me obligaba a lavar ropa, a cocinar, a trapear. Una vez me quebró una escoba en el lomo por quemar unas pescaditas.

La familia consiguió un lote en el Campamento Morazán, en Soyapango. Fue cambiar de sitio para no cambiar. Con 11 o 12 años, Madre se cansó de la rigidez y de los golpes, y marchó a vivir con una hermanastra al reparto San José, también en Soyapango.

―Ella me enseñó a cocinar, a ir al mercado… todo lo importante.

Una discusión con la hermanastra la regresó a casa de sus padres, pero nada sería igual. Niña aún, pero Madre tenía su propia venta de dulces-cigarros-chicles –el influjo indeleble de la figura paterna– en una parada de buses urbanos cerca de la Alcaldía de San Salvador. Con 13 años creyó tener encarrilada la vida: abandonó los estudios en sexto grado y se dejó querer. Pudo haber sido distinto, pero no.

―Los novios que tuve eran cobradores de buses; tanto pasar y pasar por mi venta.

Con 14 se fue a vivir a un mesón en la colonia Yumuri de Mejicanos, junto a un cobrador que la enamoró –una década más viejo– y la suegra. La amorataba a mordiscos para que todos en la colonia supieran que tenía dueño y le prohibió trabajar. Para Madre eso era el amor. Se sentía completa con novio formal, un techo y la vida por delante. Antes de haber cumplido los 16 quedó embarazada.

Pero su proyecto de vida colapsó como un rascacielos golpeado por un Boeing 767. Para cuando Gustavo nació, abril de 1988, las continuas infidelidades del ya excobrador y las consecuentes discusiones forzaron el regreso de Madre a casa de sus padres, que ahora vivían en una comunidad por el Centro de Gobierno, en San Salvador.

―Del padre de Gustavo sé que se casó y poco más. Él jamás me volvió a preguntar ni yo lo busqué. A mi hijo lo crie sola. Desde tiernito me tocó tenerlo a la par.

***

La privacidad apalabrada es uno de los quiosquillos junto a las piscinas del Centro Español, en la exclusiva colonia Escalón, de San Salvador. Aún es el mismo jueves de mayo en el que me cuenta el reencuentro carcelario de tres generaciones. Madre me acaba de decir también que su hijo cumple condena en Ciudad Barrios, y se entusiasma cuando le digo que tomé fotos cuando visité esa cárcel para cubrir algo de la tregua.

―¿Podemos verlas? Quizá sale.

En Ciudad Barrios hay unos 2,400 emeeses, y la posibilidad de que aparezca en alguna foto suena ridícula, pero enciendo la laptop y comienza la rueda de reconocimiento.

―A ver… ¿Puede poner un poco más grande ahí?

―…

―No, no es él. Así está aquel ahora, pelón, pero no es él.

―¿Y es alto muy alto?

―No, de mi porte… Pere, pere… Dele atrás…

―…

―Esa cara… más grande… Ahí está –no hay nadie alrededor, pero Madre baja la voz hasta el susurro–, ese es mi hijo.

Viste camisola blanca, como casi todos en la foto. Está en primera fila de un nutrido grupo. Gustavo tiene espaldas anchas, parece bien alimentado. Rapado al cero, sus orejas –las de Erick– lucen aún más grandes y despegadas. La peloneada muestra dos tatuajes de su clica en la cabeza, a un lado y en la parte alta. Los antebrazos también están tintados. El rostro y el cuello, limpios.

―Nos parecemos, ¿va? Ahí está mi Gustavo. ¿Y podría pasarme esa foto sin que nadie más la vea?

***

Gustavo

Gustavo nació por cesárea un miércoles de abril de 1988 en el Hospital de Maternidad, donde nacían y nacen los pobres. Nació amarillento y lo retuvieron tres días. Madre recibió el alta antes, pero el tajo suturado de su bajo vientre se le infectó a la semana y regresó de urgencia al hospital como quien llega a pedir un favor.

―De la herida me salía un agua bien fea, que hiedía. Se me fueron los puntos y se me abrió todo. Me quedé un mes en Maternidad, luego me cosieron otra vez.

En la microeconomía del vendedor de la calle un mes sin trabajo es un mes sin ingresos. Apenas recibió el alta, Madre tuvo que ir al puesto, ahora con su hijo. Salían a las 6 de la mañana a vender y regresaban a las 6 de la tarde.

―Al bebé lo tenía a la par de la venta, en una cajita de cartón.

Resultó un niño tranquilo. Le costó hablar. No molestaba. Tímido. Si le decía que se quedara quieto, quieto se quedaba. Cuando hubo que matricularlo en una escuela, lo matriculó, pero no alteró la dinámica de pasar juntos cuantas más horas mejor. Quizá por eso el vínculo. Madre tiene una caja de zapatos llena de fotografías; de sus tres hijos, Gustavo es con diferencia el más retratado.



Este niño es hoy un pandillero condenado a 30 años por el asesinato de tres personas y por asociaciones ilícitas.

No era el más brillante de la clase, pero llegó hasta bachillerato sin repetir grado. En casa ordenaba, barría, limpiaba trastes, se llevaba con sus hermanos, los cuidaba. Cumplió 10, 12, 15 años y nada hacía pensar que terminara en una pandilla. Con 16 aplazó primero de bachillerato, y Madre decidió que comenzara a trabajar con uno de sus hermanastros en una imprenta. Gustavo le entregaba la mitad de su salario. Pero al año hubo un recorte de personal y quedó fuera. Sin trabajo y sin estudios, comenzó a pasar más tiempo con los muchachos de la colonia.

―Lo que lo arruinó es que mucho tiempo en las calles, y yo, que confiaba en él porque era bien tranquilo: nunca llegó bolo a casa, no fumaba. Él salía a la canchita a jugar y subía a las 7, y luego fue pasando ese límite. A las 8, después a las 9, 10, 11...

A mediados de 2006, con 18 años recién cumplidos, Gustavo le dijo que se iría a vivir con unos amigos a otra colonia. Madre comenzó a sospechar cuando empezó a verlo bien vestido, zapatos caros, nada que ver con la austeridad familiar. Pero se resistía a pensar que fuera pandillero.

Un día le dijeron que estaba preso en la delegación policial de Mejicanos. Madre llegó y un comisionado le soltó a bocajarro que era pandillero de la Mara Salvatrucha. Gustavo lo negó y renegó con tanta determinación que Madre lo creyó. Salió a los tres días sin cargos. Volvió a caer preso, y esta vez lo enviaron a la cárcel de Chalatenango. Tardó meses en recuperar la libertad, y lo primero que hizo al saberse libre fue regresar a casa para sincerarse, como quien se quiere quitar un peso de encima.

―Ya no puedo vivir aquí –dijo Gustavo– ni podré venir a visitarla, es para no causarle problemas.

―Hijo, vos bien sabés el bien y el mal. En esta casa hay calamidades, pero un mal ejemplo nunca lo has visto…

―Yo sé, mamá.

Gustavo lucía entero. Madre quería morir. Pero aquella plática no fue una discusión.

En marzo de 2009, un operativo de la División de Investigación de Homicidios de la PNC desarticuló su clica, pero Gustavo escapó. En junio quiso celebrar el primer cumpleaños de su hijo –el fruto de una relación en apariencia estable– y fue al centro de San Salvador a comprar piñata. Sobre la avenida España una patrulla le pidió la documentación en un control rutinario y comprobó que era prófugo. Gustavo cargaba 80 dólares y celular, y se los ofreció al agente. Esta vez no puedo, andamos dos más, obtuvo por respuesta. Aquellos fueron sus últimos momentos en libertad.

En agosto de 2010 Gustavo y otra decena de pandilleros de su clica fueron condenados a distintas penas por asociaciones ilícitas y por tres asesinatos cometidos entre junio de 2007 y enero de 2008. A Gustavo le cayeron 30 años.

―¿Y usted por qué cree que se metió en la pandilla?

―Por los limitantes que teníamos en la casa quizá. Y que pasó mucho tiempo en la calle.

***

Mañana será junio y viernes, hoy es jueves y mayo. Madre está contenta, una contentura compatible con los temas de conversación más ásperos.

―El martes mataron a un cipote –dice–. Ahí por la canchita, del Seguro para arriba. Yo justo pasaba, como a esa hora voy a hacer limpieza.

―¿Usted lo vio?

―Solo oí los disparos. Dicen que 14 años tenía, y que lo habían expulsado de la escuela. Esta vez llegó un carrito del Canal 33.

―¿La otra pandilla lo mató?

―A saber. Solo sé que tenía 14 años y que vivía por los condominios. Yo oí los disparos y me agarró canillera… luego los grandes gritos. Gritaban: nooooo. A saber por qué lo mataron, pero 14 años tenía el cipote.

En El Salvador, uno de los países más violentos del mundo, la violencia se ha adueñado de la conciencia colectiva, pero hay –debería haber– una diferencia entre quienes conviven a diario con su expresión más cruda –las maras– y quienes viven en residenciales amuralladas y el fenómeno solo lo perciben por Facebook o por televisión. De cualquier conversación con Madre, en especial de las nacidas con vocación de intrascendencia, surge la evidencia del ambiente de extrema violencia que la rodea.

―Yo siento que la mentalidad de Gustavo ya cambió: 50 % negativo y 50 % positivo –dice, mientras la acerco en carro a la colonia Zacamil.

―¿En qué le nota usted maldad?

―A veces me ha hecho comentarios de la mamá de Erick. Dice que ya se ha ganado la bolsa negra, y que si no ha dado la orden es por el niño.

Ella tiene 19 años; lo tuvo con 15. Vivían juntos cuando detuvieron a Gustavo, pero el amor eterno se marchitó tras unas visitas a la cárcel. Ella tenía tatuado el nombre de él, pero lo cubrió con otro tatuaje. A Gustavo hoy le cuesta digerir que ella ponga trabas para que Erick lo visite, pero lo que más lo enciende es que ande con otros.

―Ella ahora tiene otras parejas –dice Madre–, y él ya me dijo: si quiere andar con otro baboso, que ande, pero que no sea ni de la colonia ni policía ni homeboy ni mucho menos de la otra pandilla; que sea civil; y que sus cosas las hagan fuera, donde nadie la vea; y que se cuide de no embarazarse. Él a veces se enoja, se enoja, pero yo intercedo por ella. Le digo: es la mamá de tu hijo, te lo está criando. Pero como dos veces le he oído eso de que se ha ganado la bolsa negra…

―¿Y qué dice usted cuando lo escucha?

―Me pongo a llorar. No seás así, le digo, ningún ser humano merece esas cosas, por muy malo que sea. Ya cuando me ve llorar, me dice que estaba bromeando, ¿cómo va a creer usted?, me dice, pero dígale que no se ande regalando a cualquiera. Eso sí le da cólera.

***

Madre crio sola a Gustavo, desde tiernito a la par. Ensayó algún intento de reconciliación con el padre, pero no tardó en concluir que la ruptura era la mejor opción.

Los últimos años de la guerra civil los vivió en casa de sus padres, pero apenas llegaba a dormir porque optó por trabajar a destajo. Siguió con su venta mañanera de dulces-cigarros-chicles y se colocó como mesera en una pupusería, de 3 a 9 de la noche. Tomó otra decisión importante: dejó su puesto junto a la parada de buses y probó suerte unas cuadras al sur, en las puertas del cine Majestic. El bebé siempre a su vera.

La apuesta resultó un acierto, y Madre disfrutó de cierta holgura económica. Se permitía algún caprichito para Gustavo, raro era el domingo que no salían a comer pizza o pollo, y logró ahorrar 8,000 colones (914 dólares al cambio actual), una cifra que 20 años después le suena a fantasía.

En las puertas del Majestic conoció a Chamba, el portero del cine, cinco años más viejo y padre de dos hijas. No tardaron en irse a vivir juntos a un mesón ubicado detrás del mercado de Ciudad Delgado, para mientras, pero los Acuerdos de Paz trajeron un sinnúmero de proyectos de cooperación. Madre supo de una lotificación en la Zacamil –la colonia en la que estuvo su primer hogar– avalada por el Estado, las cifras cuadraban con su presupuesto, y llegaron a levantar su champa, que no tardó en convertirse en una modesta casita.

Con 22 años Madre volvió a embarazarse. Gustavo tenía 6 cuando en enero de 1995 nació Karina.

En ese tiempo Madre supo no solo de las continuas infidelidades de Chamba, sino que en sus planes ella era algo así como el segundo plato, la querida.

―Chamba tiene otra hija de la edad de Karina. Esa otra mujer como que lo tiene absorbido. Es más joven, más boni… no, más bonita no es. El cuerpo quizá, pero como ellos solo eso miran, lo exterior.

―Usted como que no ha tenido mucha suerte con los hombres…

―Los padres de mis hijos me dejaron por otra. Quizás por lo mismo que yo he sufrido le digo a mi hija que se cuide y que elija a un hombre con valores, aunque sea feyito, porque de los bonitos rara vez sale algo bueno.

Pero la ruptura no fue tan abrupta en esta ocasión. Chamba siguió llegando a la casa, con aportes mínimos a una economía familiar que comenzaba a dar señales preocupantes, y con ocasionales fogonazos de pasión.

Con 29 años Madre volvió a embarazarse. Gustavo tenía 13 cuando en septiembre de 2001 nació Gabriel. Pudo haber sido distinto, pero no.

Como si presintiera que lo peor estaba por venir, pidió que la esterilizaran.

***

Viernes 15 de junio, 2012.

―¿Se recuerda del cipote aquel que le dije que mataron? ¿El de los condominios? 14 años tenía. Pues dicen que jugando fue, que otro de los muchachos le puso la pistola en la cabeza, bromeando, y se le disparó. También dicen que es primo de uno de los meros-meros.

***

Karina

Karina nació por cesárea un miércoles de enero de 1995 en el entonces nuevo Hospital Zacamil, otro hospital para pobres. De los tres, resultó el embarazo más tranquilo, sin estreses ni discusiones de pareja. Madre está convencida de que eso determinó. Karina fue la primera en aprender a caminar. Siempre ha ido bien en los estudios. Tiene una edad complicada, 18 años, pero acepta con resignación la precariedad económica; ni siquiera protestó cuando la pobreza le privó de fiesta de 15 años. Madre cree que tiene madera de líder. Es bien madura, dice, el orgullo en la mirada.

El Día de la Madre de 2012 Karina le escribió una carta en la que le pedía disculpas por sus berrinches, le agradecía los valores inculcados y le prometía que iba a seguir esforzándose.

—Mi familia dice que es la única con la que me he ganado el cielo. Y eso que la mayoría somos vendedores y no le gusta mucho vender ambulante. En un puesto sí, ya estuvo haciendo tortas en el chalé de mi hermana, pero en la calle no le gusta. Yo la animo: rompé el hielo, no seás una vendedora más en la familia.

Karina ha logrado un hito en el árbol genealógico: alcanzar la mayoría de edad sin embarazarse. Aspira a convertirse en la primera licenciada de la familia.

***

La tregua entre la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 va camino de los cinco meses, las estadísticas oficiales insisten en que se cometen la mitad de asesinatos que hace un año, pero Madre dice que en su comunidad apenas nada ha cambiado. El "ver, oír y callar" sigue siendo ley de vida entre los residentes. El Estado, sin embargo, acentúa su permisividad con los pandilleros en las cárceles: para el Día de la Madre pudieron encargar Pollo Campero; y para el Día del Padre, Pizza Hut.

―Pero viera lo que me pasó el otro sábado que fui al penal con Erick…

Dice Madre un martes de julio. Luego suspira.

―Gustavo se puso a jugar con él y a enseñárselo a sus amigos, pero ya al final el niño se viene y le dice gritando: sos un papá de mentira porque no vas a la casa y no me arreglás la bicicleta, y no me querés porque no querés que me quede aquí contigo. Tiene 4 años pero es bien vivo. Y mi hijo se puso a llorar, a llorar, pero puro niño lloraba. Todos alrededor lo miraban callados, y yo lo abracé, llorando también pero con miedo, porque a saber qué estaban pensando. Y ahí alcancé a decirle: hijo, todo esto lo hubieras pensado antes.

***

Madre pidió que la esterilizaran cuando Gabriel nació, la segunda de las decisiones trascendentes que tomó en aquellos meses turbulentos.

―Empecé a ir a la iglesia a los días de salir embarazada. No sé, sentí la necesidad.

Durante más de un año asistió a la Misión Cristiana Elim, pero unos familiares la convencieron para congregarse en otra más íntima –unos 70 feligreses en los días más concurridos– y más estricta, una que exige un año de cultos antes de bautizarse y que establece restricciones que rozan el fundamentalismo: solo faldas largas, mantelina (pañuelo) obligatoria para el culto o para leer la Biblia, nunca maquillaje ni aretes ni anillos ni bailes ni fiestas de cumpleaños, diezmo inexcusable de cada dólar que uno gane y estricta prohibición de trabajar los sábados.

―Yo antes el sábado era cuando más vendía, no paraba en casa, pero ahora, nada. Bueno, el año pasado fui a vender una vez porque lo necesitaba, pero no le dije a nadie.

La religión pasó a ser un pilar importante en la vida de Madre. Cada noche, cuando sus hijos duermen, acostumbra a hablar con Dios suavecito, para que nadie más la escuche. Primero le agradece, luego le pide perdón y por último le cuenta sus necesidades.

―Siendo usted tan religiosa, ¿qué le dijo a Dios cuando supo lo de Gustavo? ¿Le reclamó?

―No, no podemos hacer eso. Mi hijo ya era mayor y, como me dijo la jueza, sabía el bien y el mal, y si él hacía algo malo, sabía que iba a dar cuenta.

―Pero usted habrá rezado mucho por él.

―Sí, pero no está dentro de mí evitar eso. Es cierto que yo recibo lo que él está sufriendo porque soy la mamá, pero él se lo buscó. Lo mío es, digamos, una cruz que estoy cargando.

―A pesar de su profunda religiosidad.

―Pues sí, tal vez por algo que uno hizo antes y lo estoy pagando ahora. Quizá porque desobedecí a mi mamá, porque me fui de casa siendo bicha… a saber. No siento que sea un castigo de Dios, él no nos pone cargas que no podamos llevar.

Quizá no de Dios, pero en El Salvador sí es un castigo ser madre de un pandillero.

***

Es lunes y es noviembre, casi mediodía, y el cementerio municipal La Bermeja es una plancha ardiente bajo un cielo azul intenso. La madre de Madre murió ayer a primera hora, después de pasar más de tres semanas en coma en el Hospital Zacamil como consecuencia de un derrame cerebral.

La noticia voló casi en tiempo real hasta el penal de Ciudad Barrios, y Gustavo ordenó a Madre que gestionara los permisos para estar ahora en el cementerio, esposado. Madre hizo lo que le pidió su hijo, pero me acaba de asegurar que se ha alegrado en silencio cuando le respondieron que no era posible, que solo dan permiso –cuando lo dan– para entierros de familiares en primer grado de consanguinidad. La satisfacción es porque ahora aquí hay unas 100 personas, y la mayoría desconoce su secreto.

El Día de Muertos está reciente, y este solar de muertos engramado y sin cruces está lleno de flores plásticas multicolores, algunas zapateadas y pisoteadas. A un costado hay dos canopis: el más grande es para rescatar del sol a familiares y amigos, pero no da abasto; otro más pequeño está sobre la fosa, sobre cuatro empleados municipales con palas y una estructura metálica rectangular que usan para bajar el ataúd.

―Pueden pasar a verla para despedirse –dice el pastor–, porque van a proceder a sepultarla. Me dicen que ahorita hay otro entierro.

En este sector del cementerio meten a tres o cuatro personas en cada fosa, y es el azar el que elige tanto la ubicación concreta como los acompañantes de soterramiento. En las lápidas –del tamaño de un cuaderno e incrustadas en el suelo– nomás se agrega el nombre del nuevo difunto a los otros con apellidos foráneos. Alguien dijo que la muerte nos iguala a todos, ricos y pobres, pero parece que a algunos les iguala más que a otros.

Gabriel llora. Madre y Karina prefieren la seriedad. Ellas son las que más sufrieron los últimos años de María Julia, que fueron duros: diabetes, úlcera, silla de ruedas, y su carácter siempre conflictivo.

―Mi deber es servir a mi madre, con su temperamento y todo –me dijo meses atrás Madre–. De todos sus hijos tal vez la paciencia solo yo la tengo, porque ella sí es desesperante.

En los próximos días un pandillero se tatuará el nombre y la fecha de la muerte de su abuela materna, su única abuela.

***

Gabriel

Gabriel nació por cesárea un viernes de septiembre de 2001 en el Hospital Zacamil. Ni en el embarazo ni en el parto hubo mayores complicaciones, pero Madre está convencida de que esos nueves meses de oscuridad forjaron la personalidad.

―Embarazada yo peleaba mucho con el papá. Lloraba, me enojaba… y todo ese resentimiento mío lo absorbió.

Hace cuatro años que Gustavo y Gabriel no se ven, pero Madre sabe que siguen muy unidos. Teme que Gabriel se convierta en Gustavo.

Lo siente revoltoso, hiperactivo, demasiado vivo, y eso le preocupa. Por tres años le ocultaron que su hermano encarcelado es pandillero, pero terminó averiguándolo. La preocupación, sin embargo, venía de antes, de cuando Gabriel simulaba olvidar el cincho para llegar a la escuela con los pantalones flojos, de cuando Madre supo que caminaba y hacía mates de pandillero.

―Yo le digo: actuás así porque te creés el gran hombre, pero quedás mal. Si querés llamar la atención, hacé cosas buenas, no hagás esas cosas.

Madre incluso se movió para que recibiera terapias grupales con un sicólogo del Hospital de Niños Benjamín Bloom.

Con casi 12 años, Gabriel está en una edad crítica cuando se vive en una comunidad con presencia de pandillas. Gustavo sabe, y porque sabe, teme. Pide a su hermano que esté lejos de los muchachos. Le dice: pórtese bien, que tengo ojos por todos lados y lo tengo vigilado. Madre es muy estricta con los horarios. Solo le permite salir de casa para estudiar por las mañanas y entrenar fútbol por las tardes. No acepta retrasos. La aparente tiranía tiene su lógica: si la pandilla controla la colonia, cuanto menos tiempo pase en las calles, mejor. Y la pandilla controla.

―A veces estamos haciendo tareas que le han dejado y yo digo 13 o 18, y Gabriel me dice: esos números no se dicen, mamá, la van a matar.

Cientos, miles de madres de comunidades empobrecidas se fajan en silencio para que el fenómeno de las maras no engulla a sus hijos, y a veces tienen éxito.

―¿Y si al final se hiciera pandillero?

―No, no… siempre le ando diciendo que diga que es hijo único… pero no, no… Y con él hablo claro, porque a estos niños hay que hablarles claro desde los 10 años. Yo le digo: ahí tenés el ejemplo de tu hermana y ahí tenés el de tu hermano, ¿qué querés ser? En mi persona no concibo que pase eso… fuera algo… algo… demasiado, pues.

***

Hoy es domingo, 16 de diciembre ya, pero en la casa de Madre no hay nada –nada– que siquiera insinúe la inminencia de la Navidad. La austeridad que el pastor predica a veces concuerda con la austeridad a la que obliga la pobreza.

Han pasado 236 días desde el primer encuentro con Madre; 236 días desde que le planteé que me gustaría conocer su casa, su colonia; 236 días desde que respondió que lo creía imposible y peligroso.

En su comunidad no entra nadie sin que la pandilla sepa, y costó primero serenar los temores de Madre y luego dar con la fórmula que permitiera que un hombre con acento y rasgos físicos extranjeros llegara a su casa. Entré no como periodista, sino como esposo de mi esposa, cuya presencia era menos estridente por su condición de trabajadora social de una modesta oenegé con un programa de atención a mujeres vendedoras.

La casa está en una de las comunidades que forma parte del crisol de condominios, residenciales y asentamientos de esa cuasi ciudad llamada colonia Zacamil. Son unos 40 metros cuadrados –paredes de bloque, suelo de cemento– que rinden dos cuartitos, un recibidor, una minicocina, el baño y un micropatio en la parte trasera; el hogar se ha agrandado desde que falleció la madre de Madre.

La vivienda refleja el desorden al que obligan el hacinamiento y la necesidad: no hay dos piezas del mobiliario que combinen, la ropa en perchas colgadas de los polines, pichingas llenas de agua para cuando la cortan, huacales bajo las mesas. Si hubiera que elegir un elemento disonante, sería la modesta computadora que la hermana de Madre compró a plazos y que está aquí porque su hijo quinceañero pasa las tardes con esta familia.

“Gelatinas $0.25”, dice un letrero escrito a mano y pegado en la fachada.

La Navidad no es feliz en este hogar. El colegio en el que Madre vende dulces de lunes a viernes cierra por vacaciones, y desaparece de cuajo el sostén de la economía familiar: 20 dólares semanales. Toca vender gelatinas, cafés, bolsas de churritos, cualquier cosa que permita sumar unos centavos.

—¿Cómo pasan estos días?

—Hago venta también. Hoy en la mañana hice atol de maíz tostado. Lo vendo entre los vecinos, o llego hasta la puerta del hospital. Vendí como seis dólares… para la comida de hoy.

—Seis dólares de ganancia.

—Noooo, no, de ganancia son como dos, para irla pasando más que todo –Madre bosteza.

—Y, sabiendo que tiene tanta necesidad, ¿no le ayudan de su iglesia?

—Me dan 15 dólares al mes por hacer la limpieza. También hago limpieza en otra iglesia y me dan otros 20 dólares mensuales; ahí vamos como una hora los días martes, jueves y domingo.

—¿Vamos? ¿Quiénes van?

—Voy con una vecina. Bueno, nos dan 50 dólares para las dos, pero ella agarra 30 y me da 20, como ella fue la que hizo el trato.

En El Salvador la que gana 2,000 dólares al mes se siente pobre porque se compara con el que gana 5,000. El que ingresa 1,000 dólares, desdichado frente a la que gana 2,000. La que cobra 700, indigente ante el que ingresa 1,000. Sin embargo, un hogar en el que entran 600 dólares al mes ya está entre el 15 % de los hogares con mayores ingresos.

Madre sí conoce lapobreza. Lapobreza es que la herencia de tu padre sea un pedazo de acera pública en la puerta de un colegio; lapobreza es que a los días de recibir el alta hospitalaria haya que tirarse a la calle a vender con el recién nacido en una caja de cartón; lapobreza es no poder pagar 2.29 dólares del recibo de agua y tener que bañarse en casa de una vecina; lapobreza es que otro partido político gane las elecciones municipales y provoque un terremoto en la economía familiar por suspender las becas de 30 dólares mensuales a estudiantes notables; lapobreza es no tener para comprar un paquetito de frijoles Naturas para enviárselo al hijo encarcelado.

***

Madre sospecha que se convirtió en madre de un pandillero en la segunda mitad de 2006. Pudo haber sido distinto, pero no.

Abran… ¿De verdad es la Policía? Que aaaaaabran… Una madrugada la Policía se presentó en casa con orden judicial. Gustavo estaba ya encarcelado. Madre abrió la puerta antes de que se la botaran. Gritaron que buscaban armas y drogas. En la casa solo estaban Madre, su anciana madre y sus dos hijos. Se fueron sin nada, dejaron la angustia. Gabriel estuvo todo el cateo temblando y lloriqueando, agazapado ante la horda de uniformados malencarados y armados.

No solo eso. Como su secreto lo conocen contadas personas, a Madre le toca escuchar de todo en silencio. Que si los pandilleros –Gustavo– no tienen hígado, que si son desalmados, que si no tienen corazón, que ojalá un incendio los carbonice a todos. Un hermanastro que sí sabe le dice que lo deseche, que un hijo así no merece sacrificios.

No solo eso. Está la tortura hecha política de Estado en las cárceles.

―Ahora lo de los registros se ha calmado un poco, pero con los soldados era bien feo. Siempre nos desnudaban por completo. Dos veces me metieron el dedo, así como cuando te hacen la citología…

Uno imagina a su propia madre que, por algo tan razonable como visitar a un hijo, alguien le pide desnudarse, abrirse de piernas, le mete el dedo envuelto en látex en su vagina o en su recto, y lo gira bruscamente para hallar chips, celulares, marihuana.

—Tuvieron un tiempo a una soldada que se la pasaba diciendo: “Todavía falta el montón de viejas putas”. Ella nos metía el dedo, y gracias a Dios que nunca me puso chulona a hacer flexiones. Una señora entró un día que ni caminar podía por las flexiones. Y otra vez, a una señora mayor le querían meter el dedo y dijo que padecía del colon. Pues no entre, le dijeron, y no pudo ver a su hijo.

El Salvador es un país que ha naturalizado las violaciones de los derechos humanos, que las ha institucionalizado. Un Estado que mete el dedo en el culo a sus madres.

***

Hoy es un sábado de mayo, 2013. Han pasado cuatro meses desde la última vez que nos sentamos a platicar. Madre puede recibirme antes del culto de la tarde. Me ofrece asiento en el sofá de su casa y sube el volumen de la televisión. Don Francisco parece ser uno más en la conversación.

―¿No ha visto las noticias? Hoy está fregado por aquí… Hace como dos semanas mataron a dos cipotillos en la comunidad de allá arriba, de 14 y 15. A estos (estos: Gabriel y el sobrino) les digo que no salgan a la calle, porque a veces no andan buscando quién la debe, sino quién la pague.

—¿Entre ellos mismos fue lo de esos dos muertos?

—No, supuestamente los de aquí subieron a matarlos.

―¿Y no que estaban con la tregua?

―Sí, pero a saber...

Su hijo Gabriel estudia ya quinto grado, pero ha tenido que cambiar de escuela porque un profesor un día lo echó de clase a él y a otros tres, y se desquitaron ponchándole las llantas. Madre dice que en la nueva escuela todo va mejor, pero la maestra la hizo ir porque Gabriel estaba amenazando a otro niño.

―El bicho a mí me estaba fregando –dice Gabriel–, y le dije: ¿vos qué me vas a andar fregando? Es uno que se la pica porque es gooordo.

―Me llamó la maestra –complementa Madre– para decirme que Gabriel le amenazó diciéndole que tenía un hermano pandillero en la cárcel. Yo ahí me tuve que sincerar con ella, pero la maestra lo tomó bien.

Su hija Karina fue admitida en la Universidad de El Salvador.

Su hijo Gustavo volverá a ser padre en agosto. A la madre la conoció porque llegaba de visita al penal. Gustavo lleva varios meses sin ver a Erick porque su madre –sigue viva– lo prohibió cuando en el kínder le comentaron que el niño pregonaba los tatuajes de su padre. Si su hermana le presta 10 dólares para los pasajes y para comprar un plato de comida, Madre irá a verlo a Ciudad Barrios mañana. Gustavo alguna vez le ha dicho que deje de visitarlo si se aburre, que lo entendería.

Quizá se lo ha dicho porque sabe que Madre nunca lo hará.

―En el fondo siento un vacío bien grande, porque así como lo anduve de chiquito, así tendría que estar hoy a la par mía. Él es por el que más luché, porque empecé de la nada, y criar a un hijo no es fácil.

Madre es madre de un pandillero, de un asesino. Pero uno desde afuera no puede evitar las conjeturas: ¿y si el padre de Gustavo se hubiera hecho cargo? ¿Y si no hubiera tenido que dejar los estudios porque Madre no podía pagar las cuotas? ¿Y si la salvadoreña no fuera una sociedad tan consumista? ¿Y si la iglesia que paga a Madre menos de un dólar la hora de limpieza le pagara cinco dólares? ¿Y si la Policía tuviera un papel más activo en las comunidades y no se limitara a hacer redadas?

Pudo haber sido distinto, pero no.

―Me saluda a su esposa, por favor –me dice Madre, a modo de despedida en la parada de buses a la que me ha acompañado–, y dígale que Gabriel ya se está portando más o menos.

---------------------------------------------------------

(Aclaración: los nombres de algunas personas que aparecen en este relato se han modificado para proteger sus vidas; también algunos lugares y otros detalles que podrían resultar comprometedores)

miércoles, 19 de junio de 2013

LA PRIMERA TOMA DE LA ANTENA DEL CERRO CACAHUATIQUE (II)

Por Fidel A. Romero, "Fidel Zarco".

SEGUNDA PARTE

Y nos marchamos a otra posición en otro flanco bajo una lluvia de granadas 79, porque nos detectaron en  un claro del cafetal los soldados de la susodicha segunda posición…

Una gran nutrida balacera fue iniciada con todo más explosiones  de entre tres o cinco minutos. Nosotros sin detenernos tratando de enmascararnos bajo el cafetal pasamos por un pocito de agua cristalina sin abastecernos, subiendo una empinada y no muy larga cuesta. Sentándonos estábamos para tomar aliento cuando se escuchó por radio la voz de Herbert “¡MISION CUMPLIDA!”...Y pasó un bloque en clave que decía estoy herido y tengo tres muertos propios.

- Ve a ver qué pasó con Herbert, Fidel, y tráeme la información interna de la posición principal.  Herbert tenía una herida de esquirla de granada en el rostro con abundante sangramiento. Por mi experiencia y entrenamiento como médico, se detectó que aunque era abundante el sangramiento que había del rostro de Herbert, su herida era superficial.

- No te preocupes Herbert, esto te sanará en menos de una semana, por de pronto tú estás de baja y te vas de inmediato  al Puesto Médico. Observo rápidamente aquella elevación que estaba demolida como si un huracán había pasado, árboles de café destruidos, cuerpos tirados en cualesquier punto sobre, detrás y dentro de las trincheras y de los pozos de tirador, etc. Y se dio otro drama que fue necesario enfrentar con energía: el prisionero era uno de los ametralladoritas de la posición asaltada y quien había ametrallado certeramente dando muerte a los 3 compas y otros heridos al momento del asalto.  La adrenalina con la abundante pólvora del momento más los muertos y heridos tenidos, hacía su efecto explosivo en el grupo sobreviviente de aquel asalto.


La BRAZ,[1]tenía el antecedente que todo objetivo preparado era cumplido de acuerdo a lo planeado.  Se había formado la mística en sus integrantes, que decir la BRAZ significaba “misión cumplida”. Cada combatiente portada con orgullo un brazalete rojo de tela enrollado en su brazo izquierdo con letras negras en un círculo de fondo blanco, en su interior y en la parte superior habían unas letras que decía BRAZ sostenidas por una estrella blanca, sostenidas por  media docena de armas de color negro que usaban sus miembros.

El prisionero estaba ileso físicamente, con mucho temor, sin poder asimilar lo que miraba a su alrededor.  No recuerdo su nombre pero sí sus ojos muy abiertos y su expresión escudriñadora en busca de una esperanza de vida para él en mi intervención,  mientras que los compas querían que lo interrogara junto a ellos y que se los dejara después, algunos lloraban  por la mezcla de emociones ante sus amigos y compañeros muertos y la rabia contenida de no poder rafaguear al causante de la sangre derramada en filas propias.

El momento era apremiante y el bombardeo de la aviación arreciaba, dos A37, un C47, la carreta (push and pull) lanzaban su fuego sin cesar tratando de parar lo inevitable, el asalto final a la antena.  Era pasado el mediodía, fue necesario hablarles con mucha determinación y energía usando mi mando para separarme de ellos que a corta distancia me seguían y les dije:

- Nosotros no somos asesinos, ni actuamos como los cuilios.   Este soldado mató cumpliendo con su deber, ahora es nuestro prisionero y está bajo mi custodia y si él, me contesta con franqueza lo que le pregunte, me comprometo a entregarlo a la Cruz Roja... El soldado abría los ojos con incredulidad y me miraba, y también a los compas, y veía alguna ventaja conmigo, la cual detecté, y di la orden al grupo:

- Entierren los compas muertos y esperen orden de Licho, y apartándome  a una parte oscura del cafetal, el soldado me dice:

- No tengo salvación, ustedes me van a matar.  A lo que espeté:

- No tendrás salvación si no haces el croquis de los campos minados y por qué lados se puede entrar evitando la calle sin detonarlos.

- Y…  YO ¿cómo le creo eso?

- No tienes opción y es necesario que te apures porque no hay tiempo que perder, el acuerdo es si dices la verdad, serás libre.

Apartando las hojas secas del cafetal  le doy un palito a especie de lápiz…Y aquel cabo ametralladorista empezó a dibujar las dos posiciones principales y las casamatas, como estaban unidas... un pocito, en el cual habíamos tomado ya agua muy sedientos con Licho. De este pozo de agua había un acceso para llegar evadiendo los campos minados.

- Si me mentís - le dije - no aceptaremos otro compañero muerto por tus mentiras...pensá bien lo que has dibujado; esta es tu libertad...

Trasladando el croquis dibujado por el prisionero en la tierra a mi libreta de apuntes, diciéndole que estaba bajo mi custodia hasta nueva orden, nos desplazamos a llevar el informe a Licho. Este dio la orden a Hernán, el mando que había sustituido a Herbert[2], quien subió de inmediato el cañón 75 y la ametralladora .50, e inició el ablandamiento a la posición principal de la antena.

Paulino que era el jefe de aquella pieza de artillería[3], lanzó un par de papayazos pegando en una pared de la fortificación principal, mientras la .50 a cargo del jefe de pieza (Herbert-Meanguera) dispararía un cartucho cada 10 minutos con la intención de recordarles nuestro asedio, que terminaría en cualesquier momento en el asalto y destrucción.

A medianoche  había que confirmar la veracidad del croquis elaborado por el prisionero. Se organizó un equipo de tres combatientes incluyendo al jefe de nombre Yubini, experto en ese tipo de misiones. Yubini, no sólo confirmó lo cierto de la información, sino que envió a los dos compas de regreso con una propuesta de ser dotado por las cargas explosivas necesarias para asaltar 3 casamatas simultáneamente a una hora acordada, coordinado con un avance por la entrada principal por la calle. El plan propuesto era correcto, siendo aprobado.  Se calculó el tiempo, se sincronizaron los relojes del equipo de Yubini con el refuerzo comandado por el Chele Will.  Eran las 02:00 horas del día martes 31 de mayo de 1983, cuando se escuchó lo que se conoce como el minuto loco.  La antena fue tomada por la BRAZ, al aniquilar buena parte de los soldados que la custodiaban, saliendo la mayoría de ellos en desbandada;  un grupo con su oficial se lanzó al barranco rumbo a La Joya.  Cumpliéndose las predicciones de Licho adelantándose algunas horas: “la misión sólo se retrasa por 24 horas, asaltaremos mañana al amanecer... Y, remarcó “¿Hay alguna pregunta”?

...Era una acción casi suicida. ¡A pura verga entramos! Hicimos coincidir la cortina de fuego de la punto 50, los disparos del cañón 75 y la fusilería. No había otra manera de entrar. Así fue que tomamos la antena. Creo que fue en mayo o junio... (Licho entrevista)

Subimos con el jefe del taller de explosivos, Nivo; se hizo reconocimiento del lugar.  Se veía la gran destrucción ocasionada por la artillería de Paulino más la ametralladora .50 manejada por Herbert de Meanguera (hermano de Maritza e Ismael), más las cargas de mano del equipo de Yubini demoliendo simultáneamente 3 casamatas, las cuales estaban ensangrentadas; se revisó la bodega llena de alimentos, ropa militar y botas; se hizo un rápido inventario procediendo a repartirlo entre los que necesitaban en la fuerza, mientras eran cargadas unas bestias con los alimentos para trasladarlos a las cocinas nuestras en el  cerro.  Todo ocurrió rápido, ayudado con una sierra para cortar metal nos dimos el gusto con Nivo de derribar ambas torres, una cada quien para desocupar el lugar a las 05:00 horas trasladándonos a unas estribaciones cercanas con condiciones de resistir el bombardeo del día 2.


[1] Brigada Rafael Arce Zablah, fuerza militar élite del ERP y el FMLN.
[2] Se negó a estar en el hospital móvil, después de parado el sangramiento y cubierta la herida con una gasa, nos acompañó en el equipo ejecutivo de mando de aquella operación.
[3] Fusil sin retroceso, tiro directo calibre 75mms.

LA PRIMERA TOMA DE LA ANTENA DEL CERRO CACAHUATIQUE

(Asalto, prisioneros, ex soldado Bravo desaparecido)
 
Por Fidel A. Romero,  “Fidel Zarco”

PRIMERA PARTE

A finales de Mayo de 1983, varias columnas de la  Brigada Rafael Arce Zablah, BRAZ , desde el norte de Morazán cruzaron hacia el sur del Río Torola rumbo al Cerro Cacahuatique.  La misión debía ser cumplida al amanecer del 30 de Mayo de ese año: asalto, toma y destrucción del Centro de Comunicaciones, incluyendo las 2 antenas.  Una de las misiones más complicadas en el tiempo de existencia de la Brigada Rafael Arce Zablah.

Una batalla en la que hubo imprevistos de peso que, sólo por la experiencia y entrega de su estructura de mandos y combatientes, fue posible solventar con éxito, derrotando la tecnología de punta aplicada en aquella posición por el grupo de asesores estadounidenses que entrenaban la Fuerza Armada de El Salvador, FAES.

La Batalla del Cacahuatique, su primera toma, que dice Licho “le había bajado los güevos"[1] no se podía definir porque falló el plan inicial.  Este plan, que había sido elaborado cuidadosamente tomando en cuenta todo lo conocido hasta ese momento de esa posición fija.  Era una de las dos alturas dominantes del oriente[2] del país que celosamente era custodiado por tropas del ejército, albergaban ambas, centros de comunicación y control de las mismas, al interior de la guerrilla, sendas antenas con aparatos sofisticados que triangulaban el lugar, fuente de donde se emitía la señal de comunicación de onda corta ocupada por las unidades de la fuerza móvil estratégica nuestra (comunicación operativa).

El dispositivo de defensa de esa posición militar fija incluían: campos minados, trabajo de ingeniería militar del terreno, tropa mentalizada y entrenada para resistir dos semanas  de asedio sin recibir refuerzo  y sin ser asaltada, pertrechos y abastecimiento abundante. Todo asesorado por expertos militares de la armada de los Estados Unidos. Esta tropa también contaba con el apoyo inmediato de los medios aéreos cuando era solicitado.

Todo estaba integrado, así se creía, en la planificación: la topografía del cerro, exploraciones, información de inteligencia, los mandos que además de conocer el terreno, habían sido instruidos por una maqueta elaborada con maestría de profesional o artista por “Charly” y Tom-Pelón.[3]

Esta posición militar fija en la cúspide del cerro, se dividía en dos: la principal súper fortificada, y una elevación secundaria a unos 800 metros de la primera, pero ambas tenían fuerza fija[4] protegidos por casamatas, pozos de tirador y campos minados, en el caso de la posición principal.
Inicialmente esta misión había sido considerada que una parte sería ejecutada por fuerzas especiales, pero los jefes encargados de la planificación decidieron dejarla sólo a la fuerza regular de la BRAZ.

Will: A nosotros nos dejaron en Morazán haciendo seguridad a la comandancia. Porque desde ahí salíamos a misiones para explorar las posiciones de la Antena del Cacahuatique, de la Tercera Brigada y después del Puente Cuscatlán. Porque desde entonces ya se estaba trabajando para esos objetivos y nos pusieron a checar esos objetivos.

Genaro: ¿Pero que no la acción de la antena la concretó la Fuerza Regular?

Will: Sí. Pero es que esa misión después cambió el plan, y nos enviaron a trabajar lo de la 3ª Brigada, porque le dieron el objetivo al Comandante Licho, y a nosotros nos dijeron que quizás íbamos a entrar como acompañamiento. Pero no; después esa misión la hizo sólo la fuerza Regular[5]
 
Fidel (izquierda) y Licho (derecha). Al centro Rudy.
El plan consistía en definir ambas posiciones antes del amanecer de ese lunes 30 de Mayo. Para neutralizar el apoyo aéreo que durante esa madrugada se minimizaría, utilizaríamos  nuestra artillería para ablandar y cubrir el avance de la infantería hasta el asalto a las casamatas.  Decía Licho, quien era el ejecutivo militar de la misión, que el 50% lo haría nuestra artillería y el otro 50% la infantería; habían emboscadas para detener o dilatar los refuerzos terrestres y/o las fuerzas fijas en su desbandada al ser asaltadas. Bajo una tenue lluvia, habíamos caminado toda la noche, cuidando de no ser detectados y estábamos por llegar cada dirección a sus respectivos lugares previstos en el plan global.

Algo no fue incluido dentro del análisis para hacer el plan. Cuando cada quien estaba en el lugar indicado para iniciar el avance hacia las trincheras y casamatas…

Había luz de luna que favorecía nuestro desplazamiento pero también una espesa niebla que no permitía visualizar el objetivo de nuestros artilleros.  Esto era lo imprevisto ya que se ordenó el avance y toma de la posición adelantada sin ocupar la artillería lo cual fue un fracaso, el sol estaba por salir y por supuesto la aviación por llegar.  La complicación era seria;  había que readecuar de inmediato prescindiendo de momento del 50% de nuestra capacidad presupuestada, no artillería propia.

Licho decía:  “esta mierda se complicó, estamos empantanados”. De esto se deriva que después también declaró en una entrevista “que la batalla del Cacahuatique ya le habia bajado los güevos después del primer intento y de tanto bombazo” .

Con Licho nos movíamos juntos en varias operaciones con la fuerza, era el paralelo mando político de este tipo de operaciones militares.

-Tenemos que hacer algo Fidel, “los compas están como novillos o bueyes recién amansados que no jalan firme”.[6]

-¿Qué condiciones y posibilidades hay que hagamos una reunión relámpago para analizar la situación y reorientar? Los bombardeos de los A37 están por llegar; ellos están enteros y con ventajas; nosotros sin plan alternativo con gran incertidumbre.

-Sólo necesitamos máximo 10 minutos para reorientar a los mandos- dijo Licho.

…Licho tenía un gran liderazgo en la fuerza, aparte que era el mando militar más experimentado que tenía el ERP.  En lo personal pensaba que Jonás, en el sentido práctico, tenía mucho que aprenderle a Silvio de Jesus Argueta (Licho) en el arte de la guerra y no estaba seguro quién aprendía de quién entre ellos. Silvio era un ex soldado del grupo de muchachos que la organización había infiltrado en los cuarteles unos años antes de iniciar la guerra declarada; de complexión fuerte, mediana estatura, tez morena, pelo liso negro como cola de zorillo, y rasgos indígenas; de pocas palabras, con su silencio decía bastante; sonreía al decir lo que pensaba en frases consisas y cortas

En el cafetal espeso, estábamos a 200 metros de la línea de fuego en donde los soldados de la segunda elevación estaban tan envalentonados que gritaban y esperaban pacientemente ser atacados para barrer con su metralla todo movimiento que detectaran.  Habían ráfagas de ametralladora y granadazos de M79; alguna que otra explosión de mortero que caian cerca de las líneas de fuego formadas por nuestras fuerzas,  y la aviación empezó a hacer de las suyas a partir que se despejó la niebla; o sea, la artilleria  y aviación enemiga sí estaba siendo efectivas y la nuestra silenciada…

Ocupando claves operativas con frases prefabricadas para ese tipo de situaciones, se organizó de inmediato una reunión relámpago con 7 mandos de la fuerza encasquillada en su avance, incluyendo a Herbert Negro, jefe de la columna 1[7] con sus dos jefes de sección, entre ellos Chele Will; 4 jefes que no recuerdo sus nombres y nosotros ( Hernán, mando de reserva de Columna, dos radistas que se agregaron a la seguridad inmediata de posta,  Licho y quien escribe esta historia). Se evaluó rápidamente y se valoró políticamente la situación al momento: que no podíamos irnos sin tomar la posicion por el efecto político y moral desastroso para los integrantes de la BRAZ y muy moralizante para la FAES.

No pasábamos de 12 en aquella reunión, la concentración era máxima en todos los presentes, se hicieron algunas preguntas iniciales para escuchar las consisas respuestas de los mandos:

-Esos hombres están bravos, no quieren soltar la posición, nos barren con sus M60, a cualesquier ruido son ráfagas las que responden; al parecer les llegaron refuerzos de la posición principal, etc.

-¿A qué distancia pueden llegar sin ser blancos o alcanzados?, ¿cuántas trincheras han detectado y cuántos en cada una?, etc.

Con voz algo enronquecida y pausada, Licho hizo señas que era suficiente y que escucharan las indicaciones; las preguntas habían terminado, diciendo más o menos lo siguiente:

-Entre más nos tardemos en cumplir nuestra misión más blanco seremos de los avianes.  Acuerdénse del trapito rojo en el brazo izquierdo. 

La mision tuya Herbert,¡ y garantízamela!, es tomar esa elevación secundaria y hacerme un prisionero a cualquer costo. Después lo demás será fácil. Podremos hacer uso de nuestra artillería para ablandar durante el día y la noche, montamos ahí el cañón 75 y la ametralladora cincuenta; el prisionero nos dirá por dónde llegar evadiendo el campo minado y que no sea por la calle; la misión sólo se retrasa por 24 horas, asaltaremos mañana al amanecer... Y remarcó “¿Hay alguna pregunta?”. Nadie dijo algo...”Entonces, avísame cuando tengas el prisionero en tus manos, Herbert”.

Licho: Cabal. Esa vez fue la primera toma de la antena. Ya ellos tenían eso bien preparado con ingeniería de defensas periféricas yuca. Era la única entrada de la calle, por donde entraban los carros y no había otra forma de entrar. Era el único lugar por donde no había campos minados, ni obstáculos militares para entrar. Todo lo demás estaba cubierto por minas y obstáculos militares. Había alambres de púas por todo el terreno periférico. Había sido diseñado por los norteamericanos para resistir más de 15 días cualquier ataque de tipo guerrillero. Adentro tenían comida y agua para más de 15 días...
... Era una posición yuca: nos barrían con una punto 50 que nos hacía mierda. Luego nos aturraban con un bombardeo descomunal. Yo nunca había sentido un bombardeo tan yuca como ese. Nos bombardearon de noche y de día. Casi podría decirte que no hubo un solo minuto, que no hubiera una bomba en el aire. Ahí sí perdimos gente. Ahí mataron a Hernán y a Bravo, aquel soldado que se pasó con nosotros y que se hizo de radios verdes...
... no había quien nos parara. Si los putos gringos no intervienen en esos días, se gana la guerra militarmente. Aquella acción fue una de las más terribles de la BRAZ. Ya teníamos ocupadas todas las posiciones y no podíamos definir la posición. Ahí lo que había era una repetidora de las comunicaciones militares del enemigo. Era estratégica para ellos, la principal altura de Morazán y el corazón de las comunicaciones militares de oriente. Créeme, ahí casi se me caen los güevos de tanto bombazo enemigo...(Licho)[8]


[1] Expresión campesina equivalente a estar sin energías para continuar un esfuerzo. Expresión que podría interpretarse como sinónimo de desmoralización.
[2] El Pacayal y el Cerro Cacahuatique, centros estratégicos para control de las comunicaciones operativas de la guerrilla, dotados con aparatos para monitorear y ubicar puntos fijos y en movimiento de estructuras del FMLN en el oriente de El Salvador
[3] Carlos El Gringo, casi arquitecto, cuidadano norteamericano, y Tom, un estudiate de arquitectura de la UES.
[4] Permanentemente había una compañía de 150 hombres.
[5] Entrevista con José Luis Ramirez “Will”, exmiembro de la cuarta sección de tropas especiales de la BRAZ, realizada por Héctor Ibarra, San Salvador, 17 de febrero de 2007.
[6] En la jerga campesina es común esa expresión para expresar lo difícil en realizar un trabajo con un equipo disparejo sin experiencia.
[7] 4 pelotones hacían una columna; 40 combatientes hacían un pelotón.
[8]Brigada Rafael Arce Zablah, Misión Cumplida, pag. 247, H. Ibarra. Entrevista a Silvio de Jesus Argueta “Licho”, realizada por Héctor Ibarra.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

  Razones de Cuba   Desde La Habana, donde hemos visto caer imperios a lo largo de 500 años, la situación de Estados Unidos en junio de 20...