Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

jueves, 12 de febrero de 2015

El mundo no admite dueños ni políticas suicidas







En el contexto de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos (Habitat-II) celebrada en Turquía hace 19 años, el líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro advirtió sobre las injusticias del mundo contemporáneo y el peligro del capitalismo salvaje para la propia existencia de la especie

 Claudia Fonseca Sosa | claudia@granma.cu



A su llegada a Estambul, Fidel fue recibido por simpatizantes con la Revolución frente al Hotel Bósforo, donde se hospedó en junio de 1996. Foto: Estudio Revolución

En junio de 1996, la ciudad turca de Es­tambul fue sede de la Conferencia de Na­ciones Unidas sobre Asentamientos Hu­ma­nos (Habitat-II), una cita con enorme importancia social, política y económica.

La reunión internacional fue organizada y dirigida por las máximas autoridades turcas, y contó con la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro.

Durante su breve estancia, el máximo líder de la Revolución Cubana se entrevistó con el presidente Suleiman Demirel y otros dirigentes, con quienes sostuvo profundos análisis de temas relacionados con la Conferencia y la situación mundial.
Asimismo, contactó con el pueblo, visitó lugares históricos de trascendencia universal y recorrió sitios importantes de la capital turca, con una ubicación privilegiada en el encuentro de dos mundos tradicionales.



Durante su intervención en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre asentamientos humanos (Habitat-II), Fidel llamó a los pueblos del Tercer Mundo a defender sus derechos. 

En el plenario de la Conferencia, el Co­man­dante en Jefe pronunció un discurso que recibió gran reconocimiento por parte de los asistentes y la prensa internacional.

En sus palabras, Fidel se refirió a la colosal explosión demográfica experimentada por la humanidad y advirtió que este proceso “no ha tenido lugar en un mundo justo. Siglos de colonialismo, de esclavitud y explotación económica la precedieron. Unos lo tuvieron todo y otros no tuvieron nada”.

Argumentó que “con la sangre y el sudor de los explotados se crearon las hoy llamadas sociedades de consumo, que constituyen un insulto a las cuatro quintas partes de los habitantes hambrientos y pobres que ya somos. La medicina fue capaz de salvar vidas; la política y la economía fueron incapaces de alimentarlas y ofrecerles una vida decorosa”.

En ese sentido, planteó que “los que casi han destruido el planeta y envenenado los aires, los mares, los ríos y la tierra, se muestran hoy los menos interesados en salvar la humanidad”.

Luego afirmó que los movimientos migratorios internos y externos que ponen en peligro a millones de personas tuvieron su origen en ese mismo desarrollo desigual e injusto.  “Si no se comprende esto, no se comprenderá nada en relación con los asentamientos humanos y sus posibles soluciones”, puntualizó.

El Comandante en Jefe señaló que en el mundo contemporáneo se habla mucho de economía global y avances tecnológicos, sin embargo, se preguntó: “¿Para qué servirá todo esto si no resuelve los problemas del hombre, si los países ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres?”

“¿Con qué recursos daremos educación, salud, alimentos, vivienda y empleo no solo a los que hoy viven en el mundo, sino a los casi cien millones de seres humanos en que crece cada año la humanidad?”, agregó.

“Si con la reconversión industrial y la revolución tecnológica los propios países capitalistas desarrollados tienen cada vez más de­sempleo, ¿qué queda para nosotros, los olvidados de la tierra?”, apuntó Fidel.

En otro momento de su discurso, se refirió al necesario desarrollo de las zonas rurales, donde deben producirse los alimentos que garantizan la continuidad de la especie.

“El intercambio desigual entre el campo y la ciudad es similar al que existe entre países pobres y ricos. Los habitantes desesperados de esas zonas emigran hacia las ciudades a vivir en villas miserias, favelas y barrios deprimentes”, advirtió.



Fidel visita la Mezquita Azul en Estambul. Foto: Estudio Revolución

En ese sentido, señaló la imperiosa necesidad de crear asentamientos dignos del hombre en todas esas zonas, que por años y años han sido abandonadas.

“Solo en América Latina se estima que en un lapso de poco más de dos décadas el 85 % de la población se aglomerará en las ciudades. ¿Cómo resolveremos los pueblos de América Latina y el Caribe los terribles problemas que encierra esa proyección alarmante? ¿Dónde encontraremos las fuentes de agua necesarias? ¿Cómo garantizaremos los alimentos indispensables? ¿Qué empleo podremos ofrecer a esos cientos de millones de brazos?  ¿Qué educación seremos capaces de brindar a esas legiones de seres humanos? ¿Cuáles serán las condiciones de vida de esas masas incontables? ¿Qué vivienda decorosa podremos ga­rantizarles? ¿De qué manera podremos evitar el deterioro irreversible del medio? ¿Cómo podremos controlar en esas metrópolis monstruosas el crecimiento desenfrenado del delito, de las drogas, de la explotación de los niños, de la depauperación moral de la sociedad? ¿Has­ta cuándo será posible, en esos conglomerados inmanejables, resistir la pobreza, la insalubridad, la muerte, el hambre, la explotación?”, subrayó.

“¿Acaso no importa esto a los gobiernos?  ¿El Estado puede sentirse excluido de responsabilidad alguna en la solución de estos problemas?  ¿Es justo considerar que la vivienda no constituye un derecho esencial del hombre?”. 

Durante su intervención, el máximo líder de la Revolución enfatizó en que la supuesta inexistencia de fondos no podía convertirse en justificación para no hacer nada respecto a estos problemas.

“¿Cómo es posible que después de la llamada guerra fría se gasten millones de millones en armas y actividades militares, y que el comercio de aquellas se incremente?  ¿Cómo puede engañarse así a la humanidad?”.

En tanto, Fidel llamó a los pueblos del Tercer Mundo a defender sus derechos. “Debemos proclamar con toda energía que tenemos derecho a respirar aire puro, a beber agua que no esté contaminada, a que se nos asigne un empleo digno, a alimentarnos y que esos alimentos sean sanos, a que se nos eduque, a que se atienda nuestra salud, a ser menos pobres cuando otros son cada vez más ricos”, insistió.

También reclamó “que cada familia tenga una vivienda decente y que ello se considere un derecho universal del hombre.  Tenemos, en fin, derecho a vivir, y a vivir en paz y con honor; a que se nos deje a todos trabajar por nuestros pueblos y que no se admitan injustos ni criminales bloqueos económicos, que no se nos explote, que no se nos saquee, que no se nos desprecie ni nos traten con repugnante xenofobia”.

“Debemos proclamar que no somos el hombre de la selva, puesto que las selvas ya ni siquiera existen”.

Al finalizar sostuvo que los pueblos explotados también somos parte del mundo, y que por tanto “el mundo no admite dueños ni políticas suicidas, ni admite que una minoría de egoístas, de locos e irresponsables nos lleve al exterminio”.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Monseñor Romero:el miedo y el odio




Dagoberto Gutiérrez

Monseñor Romero fue asesinado por la oligarquía salvadoreña al convertirse en una voz y en palabra que concitaba todas las voces y palabras que, desde abajo, exigían justicia. Se trata de un personaje histórico, amado por amplios sectores populares, sobre todo, por aquellos que identifican a un hombre justo con un hombre santo. Y se trata de un caso excepcional, tanto en la historia política del país como en la historia de la Iglesia Católica.

Romero expresa un juego encendido de contradicciones, la base teórica de su lucha fue la doctrina social de la Iglesia Católica, que no siempre puede presentarse como renovada o renovadora. Al mismo tiempo, Monseñor no tenía antecedentes que lo presentaran como alguien popular, y mucho menos, como un teólogo de la liberación, perteneciente a una línea renovada o renovadora, más bien, parecía un sacerdote tradicional y encerrado en las paredes doctrinales de la institución.

Esta reflexión es importante porque hemos de saber que este personaje histórico no fue producido por la Iglesia Católica, ni por su doctrina, fue una creación de la sociedad salvadoreña y de su pueblo. Quiere decir que la realidad produjo a un hombre que concentró en tres años encendidos, toda la justicia reclamada durante más de cien años, reveló la injusticia oculta en palabras hermosas y perfumadas y conmovió los cimientos de una sociedad que necesitaba de esa turbulencia para moverse hacia adelante.

Monseñor Romero no contó con respaldos institucionales importantes  de la Iglesia local y, mucho menos, del Vaticano de Roma. Su voz fue y es la de un pastor que se identifica totalmente con sus ovejas, con sus miedos y angustias, con sus dolores, con sus sueños y sus esperanzas. Por eso, la voz de un solo hombre se hizo una voz poderosa, cuyos ecos llegaron hasta Roma, y despertaron el temor y la critica, no el respaldo.

Cuando aparece un hombre de iglesia que asume la dimensión cristiana real; es decir, asume el papel de Jesucristo, está amenazando las paredes de la institución, sobre todo cuando se trata de una institución adecuada al orden establecido, por injusto que este sea, y no quiere ni necesita tener problemas con los dueños de ese orden. Y el Vaticano, con un Papa anticomunista hasta la médula, como Karol Wojtyla, no deseaba ni necesitaba darse cuenta del error cometido al nombrar Arzobispo de San Salvador a alguien que pareciéndoles de fiar, resultó ser alguien sin compromisos con Roma, pero con compromisos totales con su pueblo.

Ciertamente, Monseñor Romero llega al Arzobispado en una oleada de convulsión social y política, cuando en el país crecía la lucha del movimiento popular y la Iglesia Católica, mediante sus sacerdotes más jóvenes, era parte activa de la construcción de nuevas fuerzas populares y con el aporte de la Teología de la Liberación establecía lineamientos teóricos fundamentales, a partir del principio de que Dios es Amor.

La figura parece simple, pero contiene una verdadera revolución teórica, que trata de mover la residencia de Dios en el cielo, ubicando su domicilio en la tierra, situando su casa en el ser humano, en el más pobre, en el perseguido, clandestino, encarcelado, y así, cuando este ser humano chocaba con la Guardia Nacional asesina, o el ejercito represor, se trataba de un enfrentamiento entre un hijo de Dios, justiciero y popular y una fuerza oligárquica. Como vemos, la figura: Dios es amor, no era ni es una simple figura, y por eso fue la inspiración de las comunidades eclesiales de base, que constituyeron un poderoso tejido organizativo que a nivel nacional canalizaba la protesta y construía fuerza social.

La Iglesia tenía la voz de Monseñor en sus radios y su palabra en sus diarios, y la oligarquía atacaba la Iglesia para callar su voz. En ese ambiente de alta temperatura llega Monseñor Romero al Arzobispado, y aquí se destaca su calidad y esencia, de un hombre de fe, leal y entregado a su pueblo, que en tres años de gestión escribió las páginas más hermosas de nuestra historia y comprometió, como nadie lo ha hecho, a la Iglesia Católica.

Resulta buena noticia los pasos vaticanos para su santificación, y es que se trata de una cabeza sensible, valiente e inteligente como la del Papa Francisco, que necesita, en su enfrentamiento con el Vaticano conservador, de voces y palabras, y de gestos frescos y oxigenados, venturosos, como los de Monseñor Romero. Por supuesto que Monseñor ya es santo, pero del pueblo, y sus altares no son institucionales, porque él era un hombre dedicado a la gente, y su voz desborda los templos, y su figura no cabe en una iglesia, y su vida empequeñece cualquier altar.

Sin embargo, sigue siendo buena noticia su santificación, y buena noticia que Francisco nos visite para que constate la enorme necesidad que tiene el pueblo de voces como las de Monseñor, de dignidad, como la de este pastor, que murió con sus ovejas, pero también para que impulse como lo hacía Monseñor Romero, la resistencia necesaria, la movilización insustituible y la redención inevitable.

Por eso, esperamos con los brazos abiertos al Papa Francisco y saludamos la santificación de Monseñor.

Guerra Social: código y clave (II parte)


Dagoberto Gutiérrez

Una vez terminada la guerra civil y continuada, al mismo tiempo, en otras formas, se inicia un proceso de construcción de una nueva sociedad y de un nuevo ser humano. Se trataba de eliminar las condiciones que hicieron posible la rebelión que llevó a la guerra de veinte años. Este trabajo era parte de una serie de pasos ya avanzados, dirigidos a aniquilar la clase obrera y la clase campesina, y ambos objetivos se logran desmontando la planta industrial y renunciando a la producción de alimentos en el agro.

Recordemos que la guerra civil fue una guerra preponderantemente campesina y de sectores medios de la ciudad, y también recordemos que en estos acontecimientos, los sectores oligárquicos tradicionales perdieron su protagonismo y toda posibilidad de conducción histórica. Fueron las clases medias, de la ciudad y del campo, las que tomaron en sus manos la conducción de la guerra hasta su desenlace. Una vez llegado el proceso a este punto y transformados los antiguos insurgentes en integrantes de los aparatos de Estado, es decir, hechos gobernantes, empiezan a entender el mundo desde arriba y desde afuera, y es aquí, en estos momentos, cuando se establecen los acuerdos con los sectores oligárquicos tradicionales, a los que nos hemos referido anteriormente.

En el periodo histórico que se abrió, se estableció el reinado total del mercado total, y una política neoliberal ortodoxamente aplicada, hizo de nuestro país un verdadero laboratorio. Se trataba de construir la sociedad mercantil que ahora tenemos. En esta, las cosas, es decir, las mercancías, determinan el valor de las personas, y éstas solo se relacionan entre sí, a través de las cosas, y el valor de estas personas depende plenamente de las cosas que tenga. En esta sociedad, todo tiene precio y casi nada tiene valor. Desde luego, todo es mercancía y todo es vendible y comprable.

En este diseño, la sociedad deja de ser el hábitat donde seres humanos conviven en base a acuerdos y conveniencias mutuas y es, en realidad, un mercado, en donde funcionan compradores y vendedores. Los antiguos obreros son sustituidos por los actuales proletarios y éstos, que no producen bienes materiales, se dedican a vender su fuerza de trabajo. Este proceso de proletarización que venía avanzando desde el siglo pasado es plenamente culminado en esta etapa. Aquellos sectores profesionales que aún podían ejercer libremente profesiones y ganar independencia económica y posición social han perdido totalmente esa posibilidad y se han convertido en asalariados plenos.

El golpe social y económico confunde a estos sectores, que se dan cuenta de lo ocurrido en las entrañas de su vida, pero que no terminan de comprender ni el peso de los acontecimientos ni de definir su papel en la nueva sociedad. Sin embargo, una vez reducida notablemente la clase obrera, resulta que los sindicatos organizados incluyen a profesionales de la medicina que luchan por reivindicaciones económicas y laborales, tal como ocurría en décadas pasadas con obreros sindicalizados. Se trata de profesionales luchando como obreros; pero sin contar con una ideología que les resuelva los enigmas que habitan en su cerebro político.

La banca pasa a ser controlada totalmente por bancos extranjeros y desaparece el ahorro nacional, de la misma manera en que desaparece la moneda nacional y es sustituida por el dólar estadounidense. De los antiguos oligarcas tradicionales se desprende un pequeño sector constituido por grandes inversionistas en el extranjero, que evitan realizar inversiones estratégicas en el país, al que prácticamente abandonan, o en todo caso, no parecen considerarlo el escenario principal de sus inversiones principales.

Es un pequeño grupo que invierte en Centroamérica, en América Latina y en otras partes, pero que no renuncia a su influencia y control del pequeño país al que siguen considerando y tratando como su patio controlable y controlado. No hay nada de patriotismo en su conducta y tampoco nada de lo que podría considerarse como propio de una burguesía nacional, es decir, de un sector capitalista con proyecto propio y hasta diferente a la metrópoli imperial. Nada de eso ocurre en nuestro país hasta ahora. Se trata de sectores económicamente burgueses pero políticamente oligárquicos.

Los campesinos, al ser diezmados clasista, económica y políticamente, se convierten en emigrantes para los que Estados Unidos abre sus puertas, y los campos quedan, así, libres de campesinos, de esos que fueron capaces de levantarse, mientras son poblados, pueblos, caseríos y cantones, por una población de jóvenes que ni quieren ser campesinos, ni les interesa la agricultura, ni aman el campo y la naturaleza, ni tienen una actividad productiva determinada, ni pueden estudiar en ninguna universidad. Por eso, la zona rural aparece desolada y las tierras parecen abandonadas.

En el mercado construido, el negocio consiste en comprar los alimentos en el exterior y no en producirlos localmente, en revenderlos con ganancia, sin manos campesinas. Mientras, los últimos productores que resisten resultan abatidos por los grandes comerciantes que suben y bajan los precios de los granos a su voluntad y conveniencia.

En esta sociedad de mercado total desaparece la educación dedicada a enseñar a pensar al estudiante, y aparece el sistema educativo, plenamente dedicado a producir al trabajador de las empresas extranjeras y, en ningún caso, a construir el estudiante preocupado por su historia, por un pasado que contiene las llaves ocultas de los acontecimientos actuales, o dedicado al conocimiento científico que los puede acercar a las verdades peligrosas. La educación de mercado evita todo lo que puede llegar a hacer de las personas seres libres y, mucho menos, felices y seguras de sí mismas.

Veremos a continuación cómo este orden ha construido a los seres humanos adecuados y de ahí a las personas convenientes.


Ver también. 

Proteger y ser protegido.

 
Editorial UCA

 La seguridad ciudadana está privatizada en buena parte; hay más agentes de seguridad que policías. Y para colmo de males, se le pide al ciudadano que ante la violencia tome la justicia por su mano. Se comenzó animando a los agentes de la Policía a disparar contra quienes los atacaran. Y la semana pasada el diputado Guillermo Gallegos llamó a los ciudadanos a andar armados para defenderse a tiros de la delincuencia. Así las cosas, algunos creen que si hay más armas y disparos en la calle y en manos privadas, sean de las compañías de seguridad o de particulares, menos violencia tendremos. Todo un error, como el repetido grito de los sectores más atrabiliarios y con frecuencia corruptos que piden la pena de muerte cada vez que se agudiza la crisis de seguridad.

De quienes animan a los ciudadanos a andar armados y defenderse, hay que cuidarse. Si se les hiciera caso, habría que andar armados en los cines o en los templos, y armar una balacera cada vez que entrara un sospechoso. Dejar la seguridad en manos privadas, además de ser peligroso para la gente, es una manera de consagrar la ley de la selva. Estudios del Iudop demuestran que cuando el ciudadano se arma para defenderse en situaciones de delincuencia, aumenta la probabilidad que el desenlaceâ?? sea fatal para él mismo. Cuantas más armas haya en la calle, más muertos habrá, más miedo en la gente pacífica, más tensión y más cultura de la brutalidad. A los que animan a los policías a defenderse a tiros hay que darles una respuesta matizada, pero clara.

Los efectivos de la PNC tienen el derecho de legítima defensa (que solo es legítima cuando la respuesta es proporcional al ataque o agravio). Pero el derecho policial a la propia defensa tiene que enmarcarse siempre en los valores que inspiran su trabajo y su código de conducta y de ética. La Constitución exige que la Policía Nacional Civil proteja la tranquilidad y el orden con estricto apego a la ley y a los derechos humanos (artículo 159). Proteger y servir, o proteger y garantizar libertad y derechos, son los lemas que muchas Policías del mundo asumen como misión básica, que después desarrollan ampliamente en sus diversas ramas y funciones. Y en ese sentido, cuando los que tienen la obligación de protegernos están bajo amenaza, lo que debemos pedir no es que se defiendan a balazos, como si de una guerra se tratara. Al contrario, lo que debemos exigir a nuestros Gobiernos es que se dote a los agentes de una adecuada protección, que les permita ser eficaces en su misión.

A muchos policías, por el salario que reciben, se les dificulta comprar o alquilar una vivienda en colonias fuera del control delincuencial. La solución a ese problema no es decirles que se armen más y se defiendan a tiros, sino conseguirles casas en zonas seguras. Lo mismo si el trayecto que tienen que recorrer para llegar a su trabajo es inseguro: debe protegérseles, aun cuando estén fuera de servicio. Es evidente la doble moral de los diputados que, teniendo guardaespaldas, salarios que les permiten vivir en colonias tranquilas, piden que los policías, en vez de gozar de mecanismos adecuados de seguridad, se defiendan a tiros. Les tiene sin cuidado que si un policía mata en defensa propia a un delincuente de su propia colonia, su inseguridad aumenta exponencialmente. De hecho, ya algunos buenos agentes han tenido que dejar sus casas y prácticamente andar huyendo por haberse enfrentado con personas que pertenecían a las diversas formas de crimen organizado que pululan en el país.

Ante los ataques a los policías, el deber de los buenos ciudadanos es insistir en la protección de los mismos, no en decir farisaicamente “que se protejan ellos”. Un policía difícilmente puede vivir en un lugar seguro con un salario de 425 dólares al mes. El salario debería ser revisado y aumentado. Tal y como están las cosas, hay más necesidad de policías que de diputados. Que estos ganen diez veces más que aquellos no deja de ser un escándalo, un abuso y una injusticia. Vivienda segura, transporte adecuado, apoyo psicológico y humano, formación permanente y mejoramiento de las capacidades de investigación, relación cercana a la comunidad son decisiones y factores a tener en cuenta. Por supuesto, la PNC tiene que mantener una lucha constante a nivel interno contra la corrupción y un esfuerzo continuado de acercamiento a la gente. Eso es indispensable para lograr la confianza de la población. Pero a los ciudadanos nos toca exigir una policía culta, bien pagada, con más efectivos, mejor cuidada por el Estado, esté quien esté en el Gobierno. Y no sirve decir que ya hemos llegado a un número adecuado de efectivos. Pues las circunstancias de crisis demuestran que hay necesidad de más. El Ejército salvadoreño, sin que la ciudadanía se haya dado cuenta ni haya participado en una discusión al respecto, ha pasado en aproximadamente tres años de tener 12,000 efectivos a tener 24,000. No necesitamos más soldados. Necesitamos más policías, mejor pagados y mejor cuidados.

martes, 10 de febrero de 2015

Ella cree y no cree


Nechi Dorado


Ella va por la vida con paso cansado arrastrando penas y alegrías, portando como autodefensa permanente una sola arma bien cargada, prolijamente controlada como para que nunca falle si hace falta: su sonrisa.

Ella cree que hay castigos y no juicios pero no cree en dioses ni en demonios aunque crea que algo, más allá de lo tangible, puede andar circundando cada momento que transcurre mientras el tren de la vida tritura guijarros con dirección efectiva entre las vías.

Ella sabe que hay gente que se viste con piel de cordero pero es lobo feroz. Y sabe que existen flores y también, plantas carnívoras pero no cree que devoren hombres, sino insectos.

Cree en entelequias pero no cree en perfecciones aunque jamás profundizó en esquemas filosóficos.

Ella cree que hay noche y que hay día, que hay luna, hay sol y que hay estrellas. Que hay amor y que hay odio, que hay bien y hay mal. Que hay sinceridad e hipocresía.

Ella no cree que lo blanco siempre es bueno o que lo negro, indefectiblemente, es malo; ella no cree en estigmatizaciones aunque sabe muy bien que sí, existen.

Ella anda sola aunque a su lado caminen montones de personas, siendo esa soledad su amiga inseparable por esas cosas tan extrañas de los andares. No acostumbra pedir, rogar y mucho menos suplicar, trata de ser racionalmente irracional, o quizás, irracionalmente racional aunque en realidad cree que no lo ha logrado, todavía.

Podrá parecer extraña, misteriosa, trashumante, pero yo miro sus ojos y leo en ellos como quien dirige su mirada a un libro abierto. Y conozco su pena, la última, la más desgarradora entre otras no menos desgarrantes. La que le permitió deducir, sin tanto esfuerzo, que una gran pena arruina, muchas veces, a la más bella alegría. Lo aprendió como quien asimila una lección dictada a cachetazos un día en que frente al mar se le ocurrió contarme que ella cree y no cree cuando se trata de diferenciar a la vida de la muerte.

Me contó que hubo una vez en la que un pequeño colibrí le susurró al oído antes de emprender un viaje hacia la nada.

-Mi pequeño colibrí, me dijo ella:

-Fue una mañana de aquellas que uno no quisiera sufrir de ningún modo. Quedó como tatuada a fuego sobre los jirones de un alma incinerada, que era mía.

-Fue una mañana de esas en las que como frente al golpe artero de un hachazo, se derrumbaron esperanzas amasadas.

-Mi pequeño colibrí alzó su vuelo incierto, no sé, rumbo a cualquier estrella de fuego. Voló con la fuerza de un águila imparable rumbo a algún pozo insondable que no estaba abierto, en mis sueños.

-Ni imaginado siquiera. Y siguió contándome:

-Mi pequeño colibrí alzó su vuelo confundido entre nunca de olvidos y siempre de recuerdos. Y ya no pude verlo, ¡tan alto que voló y yo lo esperaba con mis brazos abiertos, ensayando caricias para darle, ni bien llegara a este mundo tan complejo!

-No me dejó mecerlo. Tampoco pude cantarle alguna nana tal como hiciera mi abuela cuando me acunaba entre sus brazos tiernos.

-Mi pequeño colibrí alzó algún vuelo dislocado, errante, abandonado de mi mano, en la que hoy falta la suya.

-Y yo, -¡tan fuerte yo, según me creen! No fui capaz de seguir ese vuelo, tan solo quedé observándolo de lejos, paralizada, inmóvil, enredada en una nube de pánico asfixiante.

-Y él, tan pequeño, indefenso, solitario, pudo cargar en su piquito de oro un trozo del alma rota, que era mía.

-¡Tan solo estaba mi pequeño colibrí! ¡Tan solo estaba! que alzó su vuelo eterno sin darme tiempo, siquiera, para entregarle un beso. Apenas pude bañarlo con mi llanto.

-Se alejó dejándome los ojos oxidados, el corazón sangrando casi yermo y esta tristeza infinita que no cesa, anclada en mis sentidos.

-Por eso creo y no creo, dijo ella, porque no encuentro explicación cuando de los ojos brotan lágrimas y alguien dice que apenas si son pruebas a las que debés aceptar, ser sometido.

-Es entonces, amiga mía, continuó diciendo, cuando tu alter ego se formula mil preguntas que nadie habrá de poder responder de ningún modo. Sin embargo, pese a todo, sigo creyendo que es ilusorio que los conejos vivan en el estómago de las galeras. Pero no creo que el sol pretenda clandestinizar a gritos a la luna.

Ilustración: “Colibrí”, obra de la artista visual argentina Beatriz Palmieri

Mujeres que rompen tabúes en El Salvador


El Parlamento indulta a una joven por abortar en uno de los países más restrictivos con la interrupción volutaria del embarazo


Jone G. Lurgain

elpais.com 

Armida Medrano imparte los talles sobre educación sexual y derechos reproductivos en Cojutepeque. / Jone G. Lurgain

El debate sobre la prohibición total del aborto está hoy más vivo que nunca en El Salvador después de la histórica decisión adoptada por la Asamblea Legislativa: la joven Carmen Guadalupe, una de las 17 mujeres que cumplen hasta 40 años de prisión por abortar, fue indultada el pasado jueves. La lucha que comenzó el pasado mes de abril la Agrupación Ciudadana por el Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico comienza a dar sus frutos con el primer indulto concedido a una mujer en la historia jurídica salvadoreña. Un veredicto que supone un claro espaldarazo a los movimientos defensores de los derechos de las mujeres en El Salvador y que podría ser el principio del fin de una de las leyes de aborto más restrictivas del mundo.

Hoy cada vez más las mujeres salvadoreñas dan la cara y opinan sobre esta ley. Un acto casi revolucionario, ya que no es fácil para ellas hablar sobre el aborto en un país donde pueden ser condenada a prisión por interrumpir un embarazo, donde la voluntad de Dios es la que manda y donde lo que dice el hombre va a misa.
más información

Estos tres ingredientes se dan en El Salvador. Aquí la penalización absoluta del aborto y sus crudas consecuencias comenzaron a adquirir protagonismo en los medios de comunicación hace apenas un año y medio a raíz del caso Beatriz y las 17 mujeres (hoy 16) que todavía esperan ser indultadas mientras cumplen condenas de hasta 40 años de cárcel.

El debate sobre la legalización del aborto terapéutico ha traspasado a la sociedad. Ellas, las mujeres salvadoreñas han perdido el miedo, se atreven a hablar, opinar, contar sus experiencias y, en definitiva, romper tabúes hasta ahora inquebrantables. Es la hora de ellas, ni de los partidos ni de la iglesia. Sus voces así lo reclaman.

“Creo en Dios, pero no creo en el Dios que predican algunos que nos obliga a tener una chorrera de hijos para quienes no dispones ni de tiempo para bañarlos ni despiojarlos”. Armida, una mujer menuda y coqueta, en sus treinta y tantos años largos, viene de una de las colonias rurales que rodean la localidad de Cojutepeque, conocida por sus mercados y comercio. Habla con seguridad y muestra cierto alivio cuando relata que su mamá tuvo 15 hijos y ella tiene dos, aunque está sola para sacarlos adelante: “Mi pareja nos dejó y se fue a EE UU”.

Mercedes no tuvo elección. “Vamos a tener todos los hijos que Dios nos mande”, le dijo un día su marido. “Ya me llenó de niños y yo no tenía dinero para mantenerlos”, relata esta mujer de 47 años, quien confiesa tímidamente: “Hasta el tercer hijo no supe nada de pastillas [anticonceptivas]”.

Es la segunda vez que Armida y Mercedes participan, junto a otras mujeres de distintas edades y estrato social, en el taller sobre educación sexual y reproductiva que comenzó a organizar la Colectiva de Mujeres para el Desarrollo Local en varios municipios de El Salvador hace apenas un año. Se trata de encuentros abiertos y participativos en los que las participantes comparten sus experiencias de vida y aprenden no sólo sobre métodos de planificación familiar, sino también sobre sus derechos como mujeres y las consecuencias de la legislación penal del aborto en el El Salvador, una de las más restrictivas del mundo. Sólo 15 países en todo el planeta prohíben el aborto en toda circunstancia, siete de ellos en América Latina y El Caribe.

Antonia Portal (Santa Cruz Michapa, 23 años) posa en su localidad natal, Santa Cruz Michapa, donde reside y es responsable de la Unidad de la Mujer. Esta joven salvadoreña insiste en cómo “la religión influyó” en su vida. “Mi abuela y mi mamá siempre me dijeron que las mujeres tienen que aguantar”, relata, pero ella se rebela y se congratula de que ahora en El Salvador se habla más sobre sexualidad y derechos. “Son otros tiempos”, sonríe con el crucifijo tras de ella. / Jone G. Lurgain

El caso Beatriz, un antes y un después

Durante el taller, se evidencia el desconocimiento por parte de algunas mujeres en torno a los severos castigos (hasta 40 años de prisión) que pueden recaer sobre ellas si interrumpieran voluntariamente su embazado. De hecho, algunas confiesan que no sabían ni que estaba prohibido el aborto en su país “hasta que salió en la televisión el caso de Beatriz (nombre ficticio)”.

El caso de esta joven de 22 años dio la vuelta al mundo en mayo de 2013 ante la crueldad a la que fue sometida. Al borde de la muerte tuvo que esperar 14 semanas hasta que la Corte Suprema de Justicia de El Salvador rechazó su petición de aborto a pesar de que era un embarazo de alto riesgo y el feto que gestaba era anencefálico. Afortunadamente, Beatriz sobrevivió y su hija nació por cesárea, pero falleció a las pocas horas, tal y como el equipo médico pronosticó.

La veintena de mujeres que participan en el taller, sentadas en círculo, comentan el trato “injusto” que recibió Beatriz y la mayoría de ellas coinciden en que el aborto debería estar permitido en casos extremos como el de la joven salvadoreña, es decir, cuando un embarazo pone en peligro la vida de la madre y el feto no tiene posibilidades de vivir fuera del útero.

Sin darse cuenta, estas mujeres se ven inmersas en un debate que hace apenas un año era impensable: la legalización o no del aborto terapéutico. “El caso de Beatriz vino a romper el hielo, gracias a ello ahora se habla de esta problemática”, afirma Wendy, de 41 años y una de las mujeres que moderan los talleres de la Colectiva de Mujeres.


Mitos y creencias patriarcales

Para ella, es imprescindible la labor pedagógica si se quiere avanzar en el respeto de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y, en particular, en el de decidir sobre su propio cuerpo. “No es suficiente con el apoyo a las campañas, muchas mujeres no se plantean o no saben que tienen una serie de derechos como personas que se deben respetar. Primero, hay que hacer pedagogía”, explica Wendy, soltera y con tres hijos, a quien incluso le cuesta asimilar la elección individual, libre y voluntaria de una mujer de no tener hijos, ya que cree que “si no tienes hijos no eres una mujer completa”. Esta idea o creencia patriarcal está muy interiorizada en la sociedad femenina salvadoreña.

Sin embargo, el problema reside no tanto en el hecho de tener o no hijos, sino en el derecho a planificar y decidir cuándo tenerlos. La realidad hoy en día en El Salvador es que cada vez hay más adolescentes embazadas (el 32% de todos los embarazos en este país era de adolescentes, según datos ofrecidos por el Ministerio de Salud salvadoreño en 2013) y la cifra de abortos inseguros y clandestinos no para de crecer. Calculando sobre la tasa para Centroamérica que proporciona la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece 29 abortos inseguros por cada 1.000 mujeres en edad reproductiva (15-44 años), se practicarían alrededor de 40.700 abortos inseguros al año en El Salvador.

 
Meybellinne Zepeda (Cojutepeque, 30 años) baja las escaleras sonriente tras asistir por primera vez al taller sobre salud sexual y reproductiva que la Colectiva de Mujeres imparte en Cojutepeque. Cuenta que su vecina en la colonia rural donde reside le habló de los talleres y se animó a asistir. “Pensé que podría aprender y sería bueno para mis hijas”, afirma con cara de satisfacción. / Jone G. Lurgain

Claritza, de 25 años y natural de Santa Cruz Michapa, sufrió un aborto cuando era adolescente. “Yo no sabía que estaba embarazada”, relata. Como otras mujeres salvadoreñas estaba planificando, pero no funcionó. Una vez en el hospital, cuando despertó se encontró que le habían denunciado por aborto y se le abrió una investigación. Afortunadamente, no fue a prisión, pero el estigma que sufrió en el colegio y el pueblo donde reside fue muy traumático: “Me daba miedo salir a la calle por las represalias”.

La propia Beatriz, hoy recuperada de las secuelas físicas del embarazo de alto riesgo que sufrió, confiesa que también ha recibido muchas críticas por parte de gente que no entiende lo que ella sentía. Ahora que ha retomado su vida y regenta una pequeña tienda de ropa, solo tiene palabras de agradecimiento para aquellos que la apoyaron y anima a todas las mujeres en su misma situación a que no se queden calladas y busquen ayuda. "Que no sufran como sufrí yo”, afirma.

Si bien Armedia, Mercedes, Wendy, Claritza y otras muchas mujeres están del lado de Beatriz, cuando se les pregunta si ellas abortarían en caso de que el hijo no fuera deseado, la respuesta es casi un "no" unánime; relacionan el aborto con el “pecado”. “Sólo porque no se quiere tener un bebé, yo no estoy a favor del aborto. Una tiene que protegerse y evitar el problema”, sentencia Marta, una mujer de Cojutepeque con más de 50 años a sus espaldas. Antonia, de 23 años, no le contradice, pero recuerda que “a veces hay accidentes”.


'Las 17', ¿una esperanza para el cambio de ley?

Accidente o no, hasta hace unos días, permanecían en prisión 17 mujeres cumpliendo penas de hasta 40 años condenadas por delitos relacionados con el aborto. La Agrupación Ciudadana por el Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico comenzó en abril una campaña en la que solicita el indulto para Las 17. Después de meses de espera y todo tipo de obstáculos, la Asamblea Legislativa de El Salvador se pronunció el pasado jueves y concedió el indulto a Carmen Guadalupe, acusada de homicidio tras sufrir un aborto espontáneo. La Asamblea reconoció que en el proceso penal no se respetaron las garantías fundamentales para declarar la culpabilidad, específicamente en las pruebas científicas.

Sin duda, una noticia esperanzadora para las otras 16 mujeres que siguen encerradas en la cárcel por haber sufrido en la mayoría de los casos abortos espontáneos y no provocados, y a pesar de registrarse “vicios procesales” en sus respectivos casos judiciales.

Esta decisión parlamentaria, que se esperaba para Navidad, llegó. A partir de ahora podría suponer el inicio de un cambio de ley que legalizase, al menos, el aborto terapéutico como ya se permitía antes de 1998. Una revisión de la legislación que ya ha sido en repetidas ocasiones demandada a la República de El Salvador por parte de organismos de Naciones Unidas. Sin embargo, mientras no haya una tregua electoral, la legalización del aborto no parece ser un asunto prioritario para el gobierno de turno. La pregunta ahora es ¿podría estar cambiando algo en El Salvador con esta histórica decisión?

10 grandes libros de Gabriel García Márquez en PDF para descargar



Gabo en París

El Zappo / Homozapping
 

Sin duda alguna, el mejor homenaje que se le puede hacer al gran Gabriel García Márquez es leerlo, descubrirlo, redescubrirlo y adentrarse en esos mundos tan particulares que sólo él pudo crear.

Por lo mismo, compartimos estos 10 imperdibles libros de García Márquez, que pueden descargar de forma gratuita, para leer y releer a este mítico escritor.

1- “CIEN AÑOS DE SOLEDAD”


http://aristobulo.psuv.org.ve/…/garcia-marquez-gabriel-cien…
 

2- “DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS”
 
http://www.ict.edu.mx/acervo_hermeneutica_garcia_Del%20amor… 

3- “EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA”

http://www.instituto127.com.ar/…/GarciaMarquez-ElAmorenlosT…

4- “LA HOJARASCA”


http://www.instituto127.com.ar/…/GarciaMarquez-LaHojarasca.…

5- “EL GENERAL EN SU LABERINTO”

http://inabima.gob.do/…/Garcia%20Marquez,%20Gabriel%20-%20E…

6- “EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA”


http://biblio3.url.edu.gt/Libros/el_coro.pdf 

7- “EL OTOÑO DEL PATRIARCA”

http://www.instituto127.com.ar/…/GarciaMarquez-Elotoniodelp…
 

8- “MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES”http://biblio3.url.edu.gt/Libros/put_tris.pdf
 
9- “NOTICIA DE UN SECUESTRO”
http://www.auladecastellano.com/…/a%20Noticia%20de%20un%20s…
 

10- “VIVIR PARA CONTARLA”http://www.moreliain.com/…/Gabriel%20Garcia%20Marquez%20-%2…
 

* ANEXO: “CARTA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ A GEORGE W. BUSH”

“¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo?

¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80. 000 hombres mujeres y niños. Otros 250. 000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.

¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.

¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.

Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío.

Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500. 000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto… ¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana.

Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24. 000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños efectos colaterales.

¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?

¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa?

El fantasma de la deflación estadounidense


La gente no compra, los productos bajan de precio y las empresas despiden empleados para disminuir los costos de reducir los precios. Eso es deflación; hay menos consumidores y menores ganancias. El gobierno se endeuda para reactivar la economía, es un círculo vicioso.

Ariel Noyola Rodríguez*

La inflación estadounidense acumula más de 30 meses por debajo de 2 por ciento, el objetivo del Sistema de la Reserva Federal (Fed). Hasta la fecha no existen indicios de un repunte del nivel de precios sino al contrario, la deflación (caída de precios) se ha convertido en una amenaza latente en la todavía economía de mayor tamaño en el escenario global. Los precios al consumo se ubicaron en apenas 0.4 por ciento en diciembre de 2014, su mayor caída desde finales de 2008. En términos anuales, la inflación disminuyó a 0.8 por ciento de ubicarse en 1.3 por ciento en noviembre pasado.

Así la cosas, es evidente que los riesgos crecientes de deflación en la economía estadounidense continuarán postergando la decisión de aumentar la tasa de interés de los fondos federales (federal funds rate) por parte del banco central. Y es que si bien la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ha hecho de conocimiento público en diversas ocasiones su intención de incrementar la tasa de interés de referencia a mediados del año en curso o incluso antes (actualmente en un rango de entre 0 y 0.25 por ciento) y, con ello, mantener limitados los riesgos derivados del aumento espectacular de los índices bursátiles, los miembros del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés) se resisten a aplicar la medida en medio de un nivel de precios a la baja. 




Sin embargo, a diferencia de hace unos meses cuando tres miembros dela Fed votaron a favor del incremento de las tasas de interés, en la reunión más reciente, llevada a cabo la última semana de enero, los 12 miembros del Comité votaron en contra de la medida. Al término del encuentro, Yellen declaró en conferencia de prensa que la “paciencia” regirá la toma de decisiones de la Fed: la incertidumbre no cede y, por ello, no será sino hasta observar una recuperación de mayor solidez cuando las políticas monetarias excepcionalmente laxas comiencen su reversión de manera gradual.

El mensaje oculto detrás de esas declaraciones es que si la inflación continúa cayendo en las próximas semanas, no únicamente la Fed no endurecerá la política monetaria (tightening) en el corto plazo, sino que podría, eventualmente, llevar a cabo una nueva batería de medidas “no convencionales” con la mira puesta en apuntalar la rentabilidad de las empresas y los bancos. La tendencia deflacionaria constituye un signo inequívoco de que algo anda realmente mal en la economía mundial en general, y en Estados Unidos en particular. El nivel de precios extremadamente bajo no está reservado únicamente a la esfera monetaria. Es un fenómeno económico de enorme amplitud que deriva de múltiples causas y que, en términos generales, tiene estrecha vinculación con las raíces más profundas de la crisis que comenzó hace más de 6 años.

Hay que recordar que a partir de la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008 y hasta la contracción del crédito (credit crunch) en el plano internacional los meses siguientes, en Estados Unidos se perdieron alrededor de 8 millones de puestos de trabajo. La tasa de desempleo alcanzó 10 puntos porcentuales y la actividad económica se desplomó. La falta de liquidez en uno de los mayores bancos de inversiones de Wall Street detonó una crisis global de enormes proporciones. No fue sino hasta mediados de 2009 cuando, en términos estadísticos, la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por su sigla en inglés) apuntó que la economía estadounidense había superado la recesión. En medio de la crisis, la caída dramática de la inflación levantó preocupaciones en la Casa Blanca. Las amenazas de una espiral deflacionaria estaban a la vista.

En consecuencia, el Departamento del Tesoro y la Fed ejecutaron enérgicas acciones dirigidas a reactivar el crédito, básicamente a través de un aumento de los montos de los programas de estímulos monetarios (quantative easing) enfocados, a su vez, en depurar el endeudamiento privado de los balances contables de las corporaciones financieras y no financieras. Sin embargo, las compras combinadas de activos hipotecarios (mortaged based securities) y bonos del Departamento del Tesoro (Treasury bonds) aumentaron exponencialmente la hoja de balance (balance sheet) de la Fed, y con ello potenciaron en buena medida los riesgos de una caída de precios. Entre agosto de 2007 y el 5 noviembre de 2014, los activos en posesión de la Fed se incrementaron en más de 500 por ciento al pasar de 870 mil millones de dólares a 4 billones 486 mil millones de dólares. 



 
Y es que pese a su sostén irrestricto, el capitalismo estadounidense tiene serios problemas para encontrar espacios de rentabilidad. No existen nuevos proyectos de inversión en ningún lugar del territorio estadounidense que, con base en la innovación tecnológica, permitan avizorar una fase expansiva del ciclo económico. A lo largo de la última década, la industria estadounidense no supera el rango entre 79 y 81 por ciento de su capacidad instalada. Aunque durante 2012 y 2013 el índice se recuperó en comparación con 2007 y 2008, todavía está muy por debajo de los niveles alcanzados en la década de 1990, cuando alcanzó 85 por ciento en 1994.

La denominada “recuperación estadounidense” (algunos economistas de la ortodoxia se atreven incluso a llamarla “desacoplamiento”) descansa más en el repunte de los principales índices de la bolsa de valores de Nueva York y menos en la mejoría sustantiva de las condiciones de vida de la población. Incluso en la esfera financiera han surgido nuevas barreras para la acumulación de capital. Si bien es cierto que el índice Standard & Poors (cotiza las acciones de las 500 mayores empresas de Estados Unidos) continúa registrando aumentos en sus cotizaciones, la acumulación de ganancias por acción y dividendos es cada vez menor.

De esta forma salta a la vista una mayor propensión al riesgo por parte de los operadores y una volatilidad creciente de los precios en el mercado de capitales, según el Banco Internacional de Pagos (BIS, por su sigla en inglés). Los flujos constantes de fusiones y adquisiciones (mergers & acquisitions) así lo demuestran. Sucintamente, el aumento exponencial de las operaciones del sistema bancario en la sombra (shadow banking system) en Estados Unidos, alertado por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) hace unas semanas, evidencia, por un lado, la competencia creciente entre capitales individuales en una batalla a muerte por la obtención de una mayor rentabilidad y, por otro lado, las limitaciones para regular la actividad financiera de nuevo cuño.

El curso de la economía estadounidense en los meses recientes pone de manifiesto una vez más que las ganancias extraordinarias en el mercado de valores guardan una relación inversamente proporcional a la evolución de las condiciones del mundo del trabajo. De acuerdo con las estimaciones realizadas por el Departamento de Trabajo, a lo largo de 2014, aproximadamente 2.95 millones de empleos se recuperaron, de los cuales 252 mil correspondieron a diciembre, cuando la tasa de desempleo cerró en 5.6 por ciento, el nivel más bajo de los últimos 5 años. Bajo esa misma perspectiva, Estados Unidos habría incrementado de manera sostenida 2 millones de puestos de trabajo anualmente desde 2010.

Sin embargo, esas cifras contrastan con el deterioro estructural del mercado laboral que, dicho sea de paso, también contribuye a consolidar la tendencia deflacionaria. En primer lugar, la población económicamente activa (PEA) se ubica actualmente en 62.7 por ciento, el registro más bajo de las últimas 3 décadas. En segundo lugar, hay serias dificultades en la absorción de la fuerza de trabajo: 7 millones de personas son empleados a tiempo parcial y la tasa de desempleo juvenil se ubica en más de 15 por ciento. En tercer lugar, la contención salarial neutraliza de manera apabullante los efectos multiplicadores de la ampliación del mercado interno y la redistribución del ingreso sobre el crecimiento económico: los salarios cayeron 10 puntos porcentuales en la composición del producto interno bruto (PIB) entre 1967 y 2013. Los salarios han caído en los meses recientes y el ingreso de las familias aún no alcanza los registros previos a la crisis. La deuda de los hogares se mantiene elevada y la polarización de clase aumenta.

No obstante, el gobierno estadounidense insiste en divulgar opiniones contrarias a través de la prensa hegemónica (The Financial Times, The Wall Street Journal, The New York Times, Bloomberg, Reuters, etcétera): la economía se fortalece de manera acelerada y, con ello, los riesgos en torno a una coyuntura crítica son cada vez más remotos:

“[Gracias a] una economía en crecimiento, una disminución de los déficits, una industria desbordante y una producción energética en auge, hemos salido de la recesión con más libertad para escribir nuestro propio futuro que cualquier otra nación en la Tierra […] la sombra de la crisis ha pasado […] la recuperación está tocando más y más vidas”, sentenció el presidente Barack Obama durante su mensaje del Estado de la Unión ante el Congreso estadounidense, el martes 20 de enero de 2015.

Con todo, las contradicciones intrínsecas de la dinámica capitalista terminarán por acallar el discurso de la dominación de clase. El fantasma de la deflación se hace cada vez más presente en la economía estadounidense y, más temprano que tarde, terminará por revelarse con todas sus fuerzas.

*Economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Monseñor Romero, un mártir de hoy y para hoy

 En este ensayo, el jesuita José María Tojeira desarrolla una serie de ideas teológicas que fundamentan la calidad de martir de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Fue publicado en ocasión del 30 aniversario del asesinato del arzobispo en la revista española Razón y fe. "En cuanto a la vigencia hoy, lo único que cambia es que ya la Iglesia ha reconocido su martirio en cuanto tal, que era algo que yo defendía en aquel entonces, como muchos otros cristianos de El Salvador", dice Tojeira.

Meses antes de ser asesinado, monseñor Romero visitó la casa de su amiga Santos Delmi Campos de Cabrera, y le entregó un cofre con centenares de fotografías personales, con la intención de que ella las guardara. El 24 de marzo de 2010, cuando se cumplía el 30o. aniversario de su martirio, la mujer entregó el tesoro al Museo de la Palabra y la Imagen para su rescate y conservación. Esta fotografía, como muchas de las que fueron rescatadas, carece de información que detalle dónde se tomó o quiénes aparecen en ella.

Ensayo - elfaro

José María Tojeira, SJ

La actualidad de un santo contemporáneo


Hay muchas maneras de acercarse a la actualidad de Mons. Romero. Viendo lo que se escribe sobre él, asistiendo a las celebraciones que sin falta se repiten cada año, puede ser el modo más normal. Pues las manifestaciones de devoción a su persona no cesan. Sin embargo, un acercamiento más importante consiste en medir el influjo que su figura puede tener en la historia contemporánea. Sin exagerar su aporte, sabiendo que otros como él han contribuido profundamente a dibujar una figura de cristiano, de profeta y de pastor, pero apreciando también el peso de su contribución.

Una oportunidad para evaluar ésto nos lo ofrece un documento papal contemporáneo. Se trata de la Exhortación Apostólica "Pastores gregis". En este extenso documento, en el capítulo VII[1], se reflexiona sobre el papel del obispo ante los retos del mundo de hoy. Y en los textos de este apartado encontramos profundas semejanzas con lo que Mons. Romero vivió y representó. En primer lugar se nos presenta una situación social muy semejante a la que a nuestro obispo en cuestión le tocó vivir. ..."la guerra de los poderosos contra los débiles ha abierto profundas divisiones entre ricos y pobres". Y todo ello "en el seno de un sistema económico injusto, con disonancias estructurales muy fuertes".

En estas situaciones, el documento papal menciona una serie de actitudes y compromisos que competen al obispo en general: Padre de los pobres, defensor de los derechos del hombre, afianzado en el radicalismo evangélico, capaz de desenmascarar las falsas antropologías y de discernir la verdad. Debe ser además "profeta de justicia" y asumir "la defensa de los débiles, haciéndose la voz de los que no tienen voz para hacer valer sus derechos". Indudablemente no han sido muchos los obispos que respondan con claridad a este tipo de perfil en medio de esta situación tan generalizada en el mundo de "guerra" de los poderosos contra los débiles. En el primer mundo ha dominado la prudencia episcopal, sin ni siquiera atreverse a decir, con cierta dureza profética, que es un crimen brutal, aunque sea por omisión, el no llegar al 0.7% del PIB en la ayuda de los países ricos al mundo en vías de desarrollo. En el tercero se ha oscilado con frecuencia entre el miedo y la prudencia[2], sin que sea la "parresía", que también se cita en el documento, y la profecía, las virtudes dominantes. Que ha habido obispos valientes y arriesgados, afianzados en el radicalismo evangélico para defender a los pobres es un hecho. Pero que no constituyen la mayoría, también se puede decir sin faltar al criterio de realidad.

En este contexto la figura de Mons. Romero es probablemente una de las más conocidas eclesialmente, y de las que posibilitan desde hace un cuarto de siglo que la Iglesia pueda anunciar con veracidad este perfil que el Papa recomienda para todos los obispos. Profeta de justicia y voz de los sin voz han sido títulos atribuidos a este nuestro mártir salvadoreño y universal, incluso durante su propia vida. Es difícil pensar que sin la existencia de Mons. Romero, y sin la reflexión que siguió sobre su vida, obra y testimonio, se pudieran acuñar esos términos en un documento pontificio. Sólo una vida tan sólidamente cristiana y evangélica, y una reflexión tan difundida sobre su persona puede abrir campos en el pensamiento universal de la Iglesia. Y puede influir, junto con otras experiencias tal vez menos difundidas, pero muy semejantes, para que a nivel eclesial se aspire en la actualidad, a que comportamientos y actitudes que en tiempos de Mons. Romero fueron juzgados como ajenos a la práctica episcopal incluso por un buen número de sus hermanos en el episcopado, sean ahora la norma y el ideal para la misión episcopal. ¿Se inspira el documento pontificio, al hablar de los retos frente a la actualidad, en la vida y muerte de Mons. Romero? A mi juicio, la repetición de calificativos como los de profeta de justicia y voz de los sin voz[3] aplicados desde hace 25 años de un modo sistemático a Mons. Romero, hacen pensar que hay una clara referencia a su persona.

El hecho de que la causa de su beatificación esté introducida, y todavía más, que haya dificultades "políticas" para su beatificación, muestran una vez más su actualidad. El Cardenal Silvestrini, en 1989, tras la muerte de los jesuitas, decía en una Misa celebrada en la sede de la comunidad de San Egidio: "Tenemos que llamarles mártires ya. No podemos esperar 50 años". Porque el reconocimiento de cierto tipo de martirio relativamente atípico en la Iglesia, que contiene elementos de justicia que a su vez poseen componentes políticos, tiende a retrasarse. Con Mons. Romero pasa, efectivamente, algo de eso. Su muerte es tan actual en El Salvador, a pesar de los 25 años transcurridos, y dice tantas cosas concretas frente a la realidad, que el proceso de beatificación tiende a caminar más lento de lo que la propia incidencia del mártir en la vida eclesial podría hacernos esperar.

Testigo creíble de la resurrección

Primera comunión masiva. La fotografía carece de información sobre el lugar y la fecha en que fue tomada. "Cada uno de nosostros tiene que ser un devoto enardecido de la justicia, de los derechos humanos, de la libertad, de la igualdad, pero mirándolos a la luz de la fe." / Foto de la colección "Romero: voz y mirada", del MUPI.


Mons. Romero es actual porque es un testigo no sólo creíble de la resurrección de Jesús, sino de alguna manera un sujeto actualizador de la misma. En 1985, celebrando la Eucaristía del Domingo de Pascua en un campamento de refugiados salvadoreños, preguntaba a los participantes cómo era que sentían ellos la resurrección del Señor. Y una mujer, campesina, humilde, utilizaba la muerte de Mons. Romero para explicar ese sentimiento. Decía que cuando mataron a este obispo ejemplar, ella cayó en una profunda depresión. El Salvador no tenía solución porque mataba a lo mejor de sus hijos. Sin embargo, en la medida en que trascurrían los primeros días, empezó a darse cuenta de que en medio de sus dificultades el recuerdo de Mons. Romero la animaba. Empezó a sentir que ese recuerdo le hacía pensar que Monseñor estaba vivo y que la ayudaba en medio de sus desgracias, le infundía esperanza en medio de su huida como refugiada, y le daba consuelo en medio de la pérdida de seres queridos en la represión. "Así debió ser como les pasó a los apóstoles" concluía la campesina, "y así también me ayudó Mons. Romero a mi para que la resurrección del Señor me diera esperanza entre tanto dolor".

Esta experiencia individual se multiplica al contemplar la figura concreta del obispo salvadoreño. Su actitud frente a la realidad humana de su época siempre fue de servicio y de amor. Incluso cuando reprendía a verdaderos criminales de lesa humanidad, utilizaba un leguaje que en muchos aspectos incluso desconcertaba a sus amigos. Al hablar a los militares y pedirles un cambio radical frente a las violaciones a los Derechos Humanos, no dudaba en insistir en el amor que sentía por ellos: "Conviértanse. No pueden encontrar a Dios por esos caminos de torturas y de atropellos. Ustedes que tienen las manos manchadas de crimen, de tortura de atropello, de injusticia, ¡conviértanse! Los quiero mucho. Me dan lástima porque van por camino de perdición"[4]. No es la de Mons. Romero la actitud del desesperado ante el dolor ajeno, la del político fogoso, o la del profeta apocalíptico. Al contrario, en su voz domina la compasión, la solidaridad, la apertura a todos, la llamada a la conversión y al perdón. "Cómo quisiera yo, hermanos, que un día todos los que hoy van sembrando el terror como Saulo por Jerusalén y la Tierra Santa se convirtieran"[5].

Esta priorización del amor en su actitud profética le identifica con la pasión del Señor y con su resurrección. Sobre todo porque tras esta prioridad está la convicción de que la muerte en servicio y por amor al prójimo tiene una enorme eficacia histórica. Al igual que otro obispo perseguido, y famoso también por sus homilías, San Juan Crisóstomo, Mons. Romero cree en el amor como fuerza triunfante, resucitadora. El obispo y doctor de la Iglesia decía: "En la guerra, caer el combatiente es la derrota; entre nosotros eso es la victoria. Nosotros no vencemos jamás haciendo el mal, sino sufriéndolo. Y la victoria es justamente más brillante, pues sufriéndolo podemos más que quienes lo hacen. Con ello se demuestra que la victoria es de Dios, como que es una victoria contraria a la del mundo. Y esa es la mejor prueba de fuerza"[6]. Mons. Romero por su parte, reflexionando sobre la violencia, aseguraba que la mejor violencia que existe es la que se hace uno a sí mismo aceptando pacíficamente la muerte en servicio de los demás: "Sepan que hay una violencia muy superior a la de las tanquetas y también a la de las guerrillas; es la violencia de Cristo: Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen". Y en otro lugar recalca la victoria a la larga de "la violencia del amor, la de la fraternidad, la que quiere convertir las armas en hoces para el trabajo"[7].

Ambos obispos fueron excelentes oradores y ambos recibían sistemáticamente aplausos a lo largo de sus homilías. Pero el interés de ellos estaba en otro lado. En el de ser testigos de un modo de ver la vida y la historia que trascendiese modos comunes de entender la existencia en sus respectivas culturas. Frente a la idolatría del dinero, del poder o de la propia organización política, Mons. Romero ponía siempre por delante la fuerza del servicio y del amor, con la seguridad de que incluso cuando estos valores fracasaban ante la represión o la fuerza bruta, se manifestaba de un modo misterioso, pero real, una nueva victoria del Señor Jesús. Cuando Mons. Romero decía su famosa frase, "si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño" no estaba alardeando ni atribuyendo un valor especial a su vida. Sino manifestando una profunda convicción de que la muerte por la verdad, y en servicio de los pobres, multiplica la vida, llena de ánimo a muchos otros y manifiesta la eficacia de la cruz. Esa eficacia de la que ya hablaba Tertuliano cuando decía: "Nos multiplicamos cada vez que somos segados por vosotros; la sangre de los cristianos es una semilla"[8].

Un obispo perseguido y discutido


Aunque hoy todo parece evidente, en su momento incluso algunos de sus hermanos obispos le acusaron de "dividir al país y confundir a la nación"[9]. Los ataques en periódicos de la época fueron innumerables. Sin embargo, la situación de represión que el país vivía era impresionante. Y los estudios más equilibrados de la muerte y destrucción de aquellos momentos, tendían a decir que los atentados contra la vida se repartían en una escala de diez a uno en responsabilidad del Estado. Aunque no faltaban las interpretaciones políticas sobre la situación de El Salvador, lo cierto era que la falta de equidad y la injusticia se habían vuelto enormemente patentes a lo largo de los años setentas. Años de crecimiento económico, pero que no crecían en desarrollo social. Las diferencias entre ricos y pobres aumentaban. Pero también la población tomaba conciencia de la situación. La misma Iglesia trabajaba con mayor ahínco cada día el tema de la justicia social y contribuía a que es misma conciencia se extendiera. En ese contexto el gobierno militar[10] comienza a hacer fraude en las elecciones para perpetuarse en el poder. Y se inicia un proceso de represión muy fuerte contra toda persona que denuncie la situación.

Aunque surgen en ese contexto grupos revolucionarios de tendencia marxista, el problema principal no es ideológico, sino sobre todo político y social. Aunque a la violencia represiva comienza a seguirle la violencia subversiva. Mons. Romero, como hombre bondadoso que era, trata de evitar toda violencia y aportar soluciones por las vías pacíficas. Primero hablando en privado. Posteriormente, cuando la situación se vuelve insostenible y el asesinato a través del poder del Estado una costumbre, nuestro obispo empieza a denunciar la opresión económica, política e ideológico-organizacional. Su voz empieza a tomar el carácter profético con el que se hizo universal. Pero su doctrina no se aleja del pensamiento cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia. Al contrario, se convierte en un extraordinario comunicador del pensamiento eclesial aplicado a la realidad. En su cuarta carta pastoral denuncia con energía las idolatrías de la riqueza, del poder y de la organización, en la medida en que cada una de ellas sacrifica vidas humanas. No solo trata con su palabra de insistir ahora, en medio del grave conflicto social, en el destino universal de los bienes, sino de recordar con voz profética que es mejor compartir el anillo que quedarse sin dedo. Romero repite insistentemente las frases de Juan Pablo II sobre la propiedad privada, insistiendo en el tema de la hipoteca social que hay siempre tras la misma[11]. Las citas de Pablo VI, hablando en sentido parecido, son también frecuentes. Y aunque Romero trata siempre de equilibrar su mensaje recordando que es imprescindible la conversión del corazón y la construcción del hombre nuevo, para que la transformación de las estructuras sea eficaz, su análisis social molesta demasiado a quienes quisieran ver en las protestas un tinte exclusivamente político.

Pero es que cuando las contradicciones alcanzan el nivel del pecado estructural,la profecía y la persecución caminan juntas. América Latina tiene una enorme presencia del cristianismo como religión de las grandes mayorías. Pero al mismo tiempo muestra los mayores desequilibrios e inequidad entre ricos y pobres. Mientras en los países desarrollados, y en buena parte de los países en vías de desarrollo la diferencia en el ingreso entre el 20% más rico y el 20% más pobre oscila en una proporción de cinco o, cuando más, diez a uno, en nuestras tierras americanas son frecuentes las desproporciones de veinte a uno y más[12]. En esta situación, la doctrina social de la Iglesia, correctamente aplicada y anunciada, se vuelve mucho más agresiva que en regiones con menor disparidad y desigualdad social. Y si además esta doctrina se predica adaptándola a la realidad nacional, explicándola en un leguaje inteligible, aclarándola con ejemplos de la vida diaria, no es raro que surjan las acusaciones de comunismo, subversión, etc. Especialmente en los tiempos de Romero, en el que las guerrillas, mayoritariamente de inspiración marxista, trataban de tomar el poder por la vía violenta. De nada servían las aclaraciones de nuestro obispo mártir, su evidente pacifismo, su lenguaje abierto a la comprensión de las personas, su actitud sistemática de condena de todo tipo de violencia.

Y es que la violencia era excesiva. Cuando después de la guerra civil, en 1993, la Comisión de la Verdad empezó a funcionar en El Salvador como un mecanismo de reconciliación, y abrió sus oficinas a denuncias de violaciones de Derechos Humanos, llegó a conclusiones que aclaran la postura profética de Mons. Romero y el por qué de su asesinato. De 20.000 denuncias de graves violaciones de los Derechos Humanos, presentadas durante los pocos meses que la Comisión operó en El Salvador, el 85% eran atribuidas "a los agentes del Estado, a grupos paramilitares aliados de éstos y a los escuadrones de la muerte". El 5% eran, por el contrario, atribuidas a la guerrilla[13]. La Comisión de la Verdad aclara que este número de 22.000 denuncias fueron las seleccionadas en un período de 11 años (1980-1991), que hubo muchas otras, contadas por miles, y que "estas denuncias no representan la totalidad de los hechos de violencia". Violencia represiva contra un pueblo que no hacía sino pedir justicia.

El tiempo de Mons. Romero era semejante. Era el preludio de la locura que siguió a su muerte. La violencia estaba, al igual que después, prioritariamente concentrada en los sectores gubernamentales. Por eso no extraña, que al ser fiel a la realidad, fuera la parte oficial la más criticada en sus homilías, y que fuera este sector, dueños del poder, de la riqueza y de los medios de comunicación, los que lo atacaran y trataran de denigrarle con mayor energía.

Ante la brutalidad sólo cabía la resistencia y la verdad. Romero no dudó sobre su misión. Le animaban el amor a los pobres, el respeto por la dignidad de la persona humana, la presencia en la oración y en la vida de Jesús crucificado y solidario con la humanidad, el ejemplo de tantos cristianos, verdaderos mártires, que ofrendaban generosamente la vida. Cuando Juan Pablo II pidió a las conferencias episcopales que recogieran los testimonios martiriales del siglo XX en sus regiones y países, Romero encabezaba la lista de los salvadoreños. No sólo porque con sus sacrificio se había convertido en paradigma de muchos otros mártires en el propio país, sino porque su propio martirio se había ido forjando desde la solidaridad con los que habían dado su vida por los demás. "El hecho es que cuando quisieron apagar la voz del P. Grande para que los curas tuvieran miedo y no siguieran hablando, han despertado el sentido profético de nuestra Iglesia"[14].

Un mártir para nuestros días

El martirio de Mons. Romero se gestó en solidaridad con su pueblo. Podemos decir hoy que fueron los pobres, los sencillos y los humildes los que fueron evangelizando a Mons Romero, alimentando su fuerza profética y dándole paz en una entrega generosa y cruenta de la vida que se veía cada vez más cercana. Con Rutilio Grande habían muerto un anciano y un niño, por el simple delito de acompañarle a celebrar Misa. Pocos días después de su asesinato, la Guardia Nacional de El Salvador había rodeado de madrugada la casa cural de Aguilares, con el deseo de detener a los otros sacerdotes que trabajaban con él. Un joven sacristán se percató de ello, despertó a los sacerdotes, y los invitó a subirse a la torre de la Iglesia para estar más protegidos, mientras él tocaba las campanas para despertar al pueblo y evitar que la Guardia detuviera y secuestrara a los religiosos. La muerte de Rutilio hacía presagiar más muerte y el joven sacristán quería evitarla. Mientras tocaba las campanas para despertar al pueblo, la Guardia disparó. Juan cayó muerto entre los sacerdotes. A éstos los detuvieron y los deportaron hacia Guatemala. Pero el pueblo se despertó, se dio cuenta de que era la Guardia Nacional la que los llevaba detenidos, y se posibilitó de ese modo que la desaparición de los sacerdotes, que duró 4 días, no fuera definitiva.

El caso de Juan no era único, y continuamente le llegaban noticias a Mons. Romero de casos como el que hemos contado. Su solidaridad, su apertura y sensibilidad frente al dolor de su pueblo, su fe honda y su apasionado amor a Jesucristo, le preparaba para la entrega consciente de su vida.. Aunque la cita sea extensa, merece la pena leer las propias palabras con las que Mons. Romero, en una entrevista, sintetizaba el sentido de su martirio, previsto y aceptado como lo previó y aceptó el Señor.

"He sido frecuentemente amenazado d muerte. Debo decirle que como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Como pastor estoy obligado, por mandato divino, a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco a Dios mi sangre por la redención y resurrección de El Salvador. El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro. Puede Ud. decir, si llegan a matarme, que perdono y bendigo a quienes lo hagan. Ojalá así se convencieran de que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás"[15].

Cuando 25 años después nos preguntamos por la vigencia del martirio de Mons. Romero, lo hacemos desde un mundo que sigue produciendo víctimas a una escala escandalosa. Sin las tensiones de aquella época pero con la misma frialdad. Las noticias nos presentan la muerte de los pobres y de los más débiles con mayor evidencia y en nuestra reacción se unen con frecuencia el horror y la impotencia. Incluso a veces podemos refugiarnos en la indiferencia, en el no querer saber, en la defensa incluso de nuestro propio hábitat, que no queremos que se infecte con las plagas que vienen de fuera.

En este contexto tan distinto el obispo salvadoreño sigue teniendo una enorme vigencia. Simplemente se dejó impactar por la realidad y se dedicó en primer lugar a consolar, a estar donde estaba el dolor. A escuchar a las víctimas y a acercarse a ellas, a identificarse con sus sufrimientos y con sus esperanzas, a percibir cómo desde el dolor se testimoniaba un amor y una resistencia que iba más allá de toda esperanza humana. A redescubrir el Evangelio en el dolor de los pobres, a repetir que "el hombre es Dios... un pobre Dios crucificado como Tu"[16]. En un mundo donde el dolor de los débiles y las agresiones de los fuertes siguen marcando una tónica desesperante, Mons. Romero nos abre a la esperanza. Fue un hombre de fe cuya palabra sigue viva entre su pueblo. Fue una persona solidaria, que se dejó deconstruir y reconstruir por un Evangelio redactado hace dos mil años y contemplado, orado y revivido en la cruz concreta de la humanidad de su época. Fue un testigo de los que hacen hoy creíble la resurrección. En él recordamos no solo la Pasión del Señor, sino cómo la fidelidad de Dios permanece en la historia a través de esa locura de la cruz que es más eficaz que cualquier tipo de sabiduría o religión.

 

Óscar Arnulfo Romero contempla El Vaticano y Roma desde la Basílica de San Pedro. / Foto de la colección "Romero: voz y mirada", del MUPI.


[1].- Ver especialmente los números 66 y 67 del documento mencionado

[2].- El miedo y la prudencia no se comparan aquí. El miedo es indudablemente negativo, mientras que la prudencia es una virtud muchas veces necesaria en la vida pastoral de las Iglesias.

[3].- Mons. Romero en su homilía del 28 de Agosto de 1977 dice ya con rotundidad "Queremos ser la voz de los que no tienen voz para gritar contra tanto atropello contra los Derechos Humanos". Y más tarde, en otra homilía, "hemos sido llamados para defender sus derechos y para ser su voz"(18 Nov.1979)

[4].- Homilía del 10 de Septiembre de 1978. Las citas de las Homilías de Mons. Romero las he tomado mayoritariamente del libro de Thomas Greenan, "El pensamiento teológico pastoral en las Homilías de Mons. Romero", editado por la Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador en 1998.

[5].- Homilía del 9 de Septiembre de 1979

[6].- Homilías sobre el Evangelio de S. Mateo, publicadas en BAC, T II, 1956, 161.

[7].- Homilías del 21 de Enero del 79 y del 27 de Nov. del 77

[8].- Apologeticus, PL 1, 1534

[9].- James R. Brockman, La palabra queda, Lima, 1985, p.202

[10].- Aunque había elecciones ganaba siempre el mismo partido, que llevaba siempre de candidato a un oficial de alto rango.

[11].- Idea esta de la hipoteca social tomada de la "Laborem exercens"

[12].- Ver el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, 2004. Si se observa la lista de los 120 países en mejor condición se podrá ver que los países latinoamericanos son sistemáticamente los que tienen, salvo excepciones, mayores desproporciones en el ingreso. Y El Salvador no era una excepción en tiempos de Mons. Romero

[13].- Informe "De la locura a la esperanza", presentado por la Comisión de la Verdad en 1993 y editado en ECA, Marzo de 1993, pg 198

[14].- Homilía del 9 de Octubre de 1977

[15].- La voz de los sin voz, J Sobrino, I Martín Baró, R Cardenal (eds.), San Salvador 1980, pg 62.

[16].- León Felipe, "Oh, este viejo y roto violín" México, 1975, pg 111
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

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Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


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