Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

miércoles, 20 de enero de 2016

Los inicios de La Farabundo

 ContraPunto



Breve anécdota con fotografías desconocidas para muchos


Es el equipo inicial y el primer campamento de Radio Farabundo Martí, en el suroccidente de La Montañona, con vista directa a un caserío llamado Lajas Anchas y Llano Grande de Concepción Quezaltepeque, Chalatenango, en enero de 1982.

Estas fotos la habrá captado alguien del Instituto de Cine de El Salvador Revolucionario (ICSR). En ella aparecen, de izquierda a derecha: El Papo, con su cámara; Tania, locutora y redactora; Ricardo, técnico; Haroldo, con una carabina M-1; Bety, la primera responsable de la radio; y, Justo, procesador de información. Abajo, Amadeo, un compañero sordomudo de abastos, asesinado en marzo de 1984; Esperanza, “Pelancha”, correo, con su pistola 45; Miguel Ángel, técnico y locutor (la voz de cumbo); Salomón con su fusil FAL, de seguridad; y el viejo Pedrito, con su UZI, de seguridad en sus inicios y luchador de la UTC.

La hoz y el martillo, de los comunistas de nuevo tipo, aparece tejida con manos campesinas. La bandera hecha diría “RFM”. Como hemos dicho, en esos precisos días del 82, Radio Farabundo Martí, que inició transmisiones de prueba el 17 de enero de 1982 en ese campamento, se auto-mencionaba como RFM de las FPL del FMLN. Exactamente dos semanas después, asomaron los bombardeos militares de los aviones Ouragans sobre La Montañona. Y después los grandes operativos de tierra arrasada.

Aún faltaba por demostrar, en esa práctica, ser emisora guerrillera no solo de las FPL, sino también del FMLN. Y se hizo.

Tania y Haroldo, redactando notas informativas

Bety, en el primer tatú de transmisión.


Ricardo, saliendo del primer tatú de transmisión, bajo tierra y protegido por horcones de pino.

Tu-tu-tum... Tu-tu-tum... La pista de la radio asomaba al aire.

martes, 19 de enero de 2016

La paz traicionada


Carlos Velis



Después de largos años de lucha, sangre derramada, sufrimientos y sacrificios, se firmó la paz entre dos fuerzas beligerantes. Las ilusiones crecieron hasta el cielo. Los siguientes días fueron muy emotivos, los exiliados que regresaban, con sus nuevos conocimientos, sus proyectos, su amor atesorado por la patria.

Pero pareciera que los combatientes de ambos lados, solo ellos habían firmado la paz. En la sociedad, prevalecía la desconfianza, los dolores de las heridas todavía abiertas, los rencores seguían vivos. A pesar de tanto sacrificio para lograr la justicia social, la derecha mantenía el poder en todos sus estamentos, en especial lo económico, desde donde ahogaron toda iniciativa cooperativista de las zonas exguerrilleras. No aflojaron nada de los monopolios ni los oligopolios y nuestro país se convirtió en el paraíso de las franquicias extranjeras. Ni en los Estados Unidos son tan excluyentes y las franquicias tan invasivas.

Por su parte, el sector oligárquico de la comunicación, no esperó nada para lanzar su guerra mediática contra el proceso de paz. Desde el primer día, el periódico de la derecha más recalcitrante declaró una ofensiva descarada, más bien, indecente, asquerosa, contra dichos acuerdos, contra la reconciliación. Coordinado con los otros medios, TV, prensa, radio, se lanzó con todo, a la campaña sin tregua ni piedad. Algunos que se apartaron del esquema, fueron condenados a muerte lenta por inopia, al bloquearles toda pauta publicitaria. Agreguemos a esto, la censura a cualquier palabra que no encajara completamente en este esquema de beligerancia contra la paz.

Los ataques contra los movimientos sociales se desarrollaron impunemente, ya que, en esos momentos, no existía el control social que ejercen las redes sociales ni los medios alternativos. Coloreaban, torcían, desfiguraban los hechos a su manera. Son muchos casos los que podría citar, pero la lejanía con las hemerotecas de mi país, me lo impiden, por lo que acudiré a mi memoria.

Veamos el primer caso. Cerca de 1997, los desmovilizados de la guerrilla hacen una marcha hacia San Salvador para exigir sus demandas. Como es costumbre de los campesinos, y seguramente dándole una oportunidad al marco democrático pregonado por el gobierno, llegaron con su familia, incluidos los niños. La policía los reprimió brutalmente, sin respetar mujeres o niños, por igual. La versión de un mediocre periodista de televisión fue que los desmovilizados llevaban de escudo a sus niños, condenando fuertemente la manifestación y poniendo a la policía como víctima. Su recompensa fue ganar la alcaldía de una ciudad importante en el centro del país, de donde salió con graves acusaciones de corrupción.

Fueron varios los periodistas que salieron del monopolio de la comunicación a ejercer cargos públicos. Alcaldes, diputados, y hasta un presidente.

Segundo caso, el sospechoso hecho del asesinato de un estudiante a manos de un marero, por robarle su uniforme de escuela, el día anterior a la entrada en vigor de la Ley del menor infractor, la misma que fuera tildada de ley para suizos por el diario más recalcitrante. Casualmente, iba pasando por allí un fotógrafo del otro diario. Las fotos fueron impactantes.

La gente que simpatiza con la derecha, sigue llorando sobre los escombros de los puentes, mantiene el movimiento oligofrénico del pulgar nerónico mientras prometen tumba a todos los que no piensan como ellos. Repiten como loros, los apodos que su caudillo puso a los militantes de izquierda. No han desarrollado nada en todos estos años y lo más lamentable, se enorgullecen de eso.

Sin embargo, no fue la oligarquía comunicacional la única que traicionó el proceso de paz. En eso tenemos responsabilidad todos. Nosotros tampoco nosotros dimos la oportunidad a la reconciliación, no abrimos el corazón para el perdón, ni hicimos el esfuerzo de aceptar a nuestros hermanos marginados.

La izquierda se dedicó al juego burgués de las elecciones, se olvidó de cómo crecimos como organizaciones guerrilleras, en los momentos más difíciles de la guerra, cuando éramos unos pocos soñadores metidos a guerrilleros, con una pistola mal disimulada en la cintura. Fueron los círculos de estudio permanente, la labor de hormiga y el ejemplo de entrega y mística lo que abrió la conciencia a la lucha para el cambio. Tuvimos que romper el tabú de matar y de morir, en un pueblo, de suyo, conservador y cristiano.

En los momentos iniciales de la nueva etapa, nadie hizo el esfuerzo por cambiar los esquemas mentales, por reconstruir el respeto por la vida, la reconciliación. Seguimos revolviéndonos en odios y rencores del pasado, que nos impide ver hacia adelante.

La discriminación y exclusión social, no parte del gobierno, sino de nosotros mismos. Recordemos. Cuando los muchachos de las barriadas bailaban “breack dance” en las calles, fueron objeto de burla y escarnio por la sociedad que los vio de menos. No se intentó educar a nuestra gente a aceptarnos unos con otros; todo lo contrario, se mantuvo la discusión interna entre las organizaciones de izquierda. Se hizo una garduña por el poder.

La paz estaba planteada apenas. Había que construirla. Era muy difícil ir contra las políticas neoliberales impulsadas por el mismo gobierno, donde, como en las películas “Juegos del hambre”, nos lanzaron a matarnos entre nosotros mismos, pero algo se pudo hacer por nuestro proceso, que tanto nos había costado. Por lo menos, plantear una alternativa.

Ahora mucha gente dice que la guerra no sirvió para nada, añoran la dictadura de Martínez, el abuso de poder de la Guardia Nacional, se sienten traicionados por los políticos que, según ellos, no hacen nada, pero no hacen un acto de reflexión: “Qué tengo yo que hacer”; si al fin de cuentas, los políticos son mis vecinos, nacidos y crecidos bajo los mismos esquemas que nosotros. Son nuestros representantes, no más. Aquello de “padres de la patria”, no es cierto. Es solo una metáfora de que ellos son los que hacen las leyes. No tienen que mantener a nadie.

Y basta de reflexiones.

Pero antes de terminar, una advertencia. Los aires que soplan en el mundo, son muy peligrosos. Auguran una escalada del racismo, la intolerancia y la guerra. Hitler y Nerón están reviviendo y el caballo de Atila vuelve a cabalgar. Las huestes del viejo de la montaña han tomado los barrios e imponen su ley. Los Estados Unidos ya no son la solución, y tampoco se descarta una escalada fascista. Pero nuestra gente sigue viniendo. Sólo en Los Ángeles ya somos un millón y contando.

¿Todavía es tiempo de hacer algo? Por supuesto que sí. Siempre es tiempo, pero cada día que pasa, es más difícil.

La historia de dos mujeres que participaron en la guerra salvadoreña


"Su nuevo compañero, como hombre, tiene todo el derecho de tomar las decisiones del hogar" dice "Una mujer que un día anduvo en las montañas con una radio en una mano y un rifle semiautomático en la otra ...". Las dos historias de vida que nos relata Jocelyn Viterna ilustran el argumento que presentó en su artículo "Mujeres en la guerra: Quiénes ganan, quiénes pierden" publicado el 24 de febrero de 2014.
 

Por Jocelyn Viterna *



Roxana tenía nueve años, ella no comprendía cuando los otros niños en su pequeño caserío comenzaron a llamarla Sandinista. Tenia una noción vaga de que sus padres eran organizadores de un movimiento llamado FECCAS, pero tenía poca idea de lo que pasaba en esas reuniones. Sin embargo, recuerda con absoluta claridad la noche cuando por causalidad escuchó a sus padres hablar sobre la necesidad de salir dejando atrás sus pertenencias y de huir de la casa porque habían recibido amenazas a muerte. Era el año 1981; tenia trece años de edad. Recuerda que fue muy doloroso lo que escuchó.

"Les pregunté … si debía ponerme mi ropa nueva. Cualquiera—tú decides,' respondieron. Entonces me puse mis dos vestidos mejores y mi par de zapatos nuevos, unos 'Miss ADOC' que eran súper caros, ¡costaban cinco colones! Luego vestí a mi hermana pequeña…"

Roxana recuerda la gran dificultad de las noches siguientes. Tenía frío, estaba mojada y exhausta de caminar, y los mosquitos la picaron ferozmente. Le rogó a sus padres que regresaran a casa, pero sólo le dijeron que se callara, porque sus quejas podían alertar a los soldados de su presencia. Unos cuantos meses antes, en su propio vecindario, ella había visto a soldados que golpeaban a mujeres ancianas hasta matarlas, por lo que rápidamente se convenció de permanecer tranquila en silencio.

Tal como estaba previsto, Roxana y su familia pronto se unieron al ejército insurgente del FMLN y pasaron los tres años siguientes viajando con el Frente como "gente de masa", nombre coloquial que se daba a los civiles que vivían junto a la guerrilla. Su madre atendía a los enfermos y a los heridos en el campamento permanente del FMLN, y su padre se hacía cargo de los heridos que viajaban con las unidades armadas. Roxana ayudó con sus hermanos menores y con el trabajo médico, asistió a entrenamientos sobre cómo sobrevivir y participar en la guerra como “milicias” civiles.

En 1984, los cambios en las respuestas internacionales a la guerra civil Salvadoreña obligaron al FMLN a adoptar tácticas mas tradicionalmente asociadas con la guerra de guerrillas. En lugar de mantener grandes concentraciones de guerrilleros, el ejército rebelde comenzó a utilizar pequeñas unidades móviles de 5 ó 6 personas para lanzar ataques sorpresa contra el enemigo y luego retirarse rápidamente. Este cambio hizo imposible mantener una gran población civil cerca de sus campamentos de base, por lo que el comando del FMLN ordenó el traslado de ancianos y de mujeres con hijos a campamentos de refugiados. La madre de Roxana y sus dos hermanos menores se fueron en un camión a uno de esos campamentos. Sin embargo, Roxana y su hermana se quedaron con el FMLN, eran demasiado mayores para ir a los campamentos de refugiados. “Ya no era permitido quedarse con tus papás,” explicó. A los 16 años se separó de su familia y la enviaron a recibir entrenamiento formal como médico de guerra.

Durante los ocho años siguientes Roxana se convirtió, según sus propias palabras, en “una excelente enfermera, una de las mejores”. Pronto la asignaron a trabajar con la unidad móvil de las fuerzas especiales del FMLN, un nombramiento prestigioso, pero también uno de los más letales en la organización. Llevaba un arma y la usó cuando fue necesario. Durante esos ocho años tuvo cuatro compañeros diferentes, (compañeros de vida), los primeros tres murieron en batalla. Dio a luz a una hija en diciembre de 1987, y en enero de 1988 la puso en una guardería para hijos de combatientes ubicada en San Salvador. Roxana solicitó traslado a los comandos urbanos para poder visitar a su hija una vez cada quince días mientras mantenía su trabajo con el FMLN. Sin embargo, en 1989, cuando se acercaba la “ofensiva final”, dejó a su hija de un año con su madre y regresó al campamento guerrillero para asumir el mando de un hospital de campaña. Se quedó en esa posición, lejos de su hija, hasta que terminó la guerra en 1992. Luego fue desmovilizada formalmente a través de los acuerdos de paz auspiciados por las Naciones Unidas, recibió tierras, un préstamo y capacitación en producción Agrícola a cambio de su participación.

Hoy, Roxana vive en un pequeño caserío lejos de su hogar de infancia. Dirige la sede regional de una prominente organización feminista en El Salvador. Se ha desempeñado en varias ocasiones como miembro de la Junta Directiva de su Comunidad y fue elegida como miembro del FMLN (ahora partido político) del Concejo Municipal de su municipio. Ella y su esposo, un miembro de la policía local, comparten las tareas y gastos del hogar. Debido a sus apretadas agendas han contratado a una joven para que les ayude con las tareas domésticas. Claramente es líder en la política local, respetada tanto por hombres como por mujeres. Roxana atribuye directamente sus capacidades de liderazgo a sus experiencias durante la Guerra: "Las mujeres hicimos mucho en la guerra. ¿Como es posible que después de los acuerdos de paz, en un clima más tranquilo, no seamos capaces de hacer más?"

**********

Rebeca no recuerda la vida antes de la guerra. Cuando tenía tres años su familia comenzó a moverse entre su caserío natal y el monte. Cuando le pregunté qué hacían en el monte, me respondió con una palabra propia de los salvadoreños: Guindeábamos, que aproximadamente significa, “estábamos caminando constantemente para huir del enemigo.” "Viajábamos con la guerrilla a nuestro lado", continuó. "Ellos nos protegían. Nos cuidaban. Había veces que estuvimos ahí por diez días y luego tuvimos que regresar a casa, porque los soldados (salvadoreños) estaban desalojando a toda la gente de esas zonas."

Durante cinco años estuvieron viajando de ida y vuelta entre su casa y los seguidores que vivían "pegados" a los guerrilleros del FMLN. Sus padres apoyaron a la guerrilla, tanto desde su casa como desde el campamento guerrillero, cocinando o buscando suministros. Sus cuatro hermanos mayores y su hermana mayor se unieron formalmente a la guerrilla y los enviaron a combatir a otras zonas. Finalmente, en 1985, el FMLN envío a Rebeca y a sus ancianos padres al campamento de refugiados en Honduras, siguiendo las mismas órdenes de la guerrilla que habían trasladado los padres de Roxana a un campamento. A diferencia de Roxana, Rebeca era lo suficientemente joven para ir con sus padres; en ese momento no se esperaba que se uniera al FMLN.

Rebeca tenía suficientes alimentos en el campamento. Ya no tenía que huir para salvar la vida cuando los soldados se acercaban a la comunidad. Incluso asistió a la escuela con regularidad. Sin embargo, después de una infancia cambiando continuamente de lugar ante la presencia del enemigo, el campamento de refugiados hizo que se sintiera atrapada, insegura. Comenzó a albergar la idea de retornar a El Salvador y unirse a la guerrilla como su hermana mayor, a quien idolatraba — idea de que los reclutadores del FMLN que vivían en el campamento alentaban regularmente. Una noche, después de que soldados Hondureños rodearon el campamento y pasaron horas intimidando a los refugiados disparando al aire y amenazando con entrar y violar a las muchachas, Rebeca decidió regresar a El Salvador y luchar con el FMLN. Regresó con un grupo formado por cuatro chicas y dos chicos entre las edades de 12 y 16 años. Rebeca tenía 11 años, era la más joven, había estado en el campamento de refugiados solamente un año.

En el FMLN, Rebeca estaba encargada de operar la radio en una unidad de combate. Estaba orgullosa de haber sido seleccionada como operadora de radio en su primer trabajo debido a las habilidades que había demostrado durante su primer entrenamiento. A la mayoría de las jóvenes se les enviaba primero a ayudar en la cocina antes de trasladarlas a un trabajo mas prestigioso como operadora de radio. Rebeca menciona que estuvo en combate casi todos los días y que gozaba de sus experiencias. Cuando le pedí que compartiera conmigo su experiencia favorita en los campamentos de la guerrilla, respondió, "ir a combatir… me gustaba mucho cuando me enviaban en una patrulla, ya ves, para enfrentar a los soldados. Me gustaba pelear. No tenia miedo." Cuando le pedí que compartiera conmigo su peor experiencia, se esforzaba pensando en algo. "¿Mi peor experiencia?" repitió, haciendo una pausa. "No puedo pensar en ninguna," concluyó finalmente resolviendo el asunto con total naturalidad. "Vivíamos juntos como una familia… cuando no había operaciones militares en la zona, nos divertíamos mucho, simplemente jugábamos unos con otros. Gozamos mucho ahí …"

Rebeca conoció a su primer compañero en el campamento, en 1990, dejó brevemente la guerrilla para dar a luz a su primer hijo. Dos meses después dejó a su bebé con sus suegros en un caserío repoblado en El Salvador y regresó a los campamentos del FMLN. Su primer compañero murió poco después y en ultima instancia los padres de él criaron a su hija. Rebeca permaneció en el ejército guerrillero hasta que se firmaron los acuerdos de paz en 1992. Mientras estaba en la guerrilla se enteró de que sus cinco hermanos habían muerto en combate. Cuando pasó por el proceso formal de desmovilización, recibió un préstamo y capacitación agrícola, pero de acuerdo con la ley salvadoreña era demasiado joven para tener derecho a un título de propiedad. A pesar de la pérdida de sus hermanos y de su primer hijo, sigue convencida de que la guerra fue necesaria y se siente orgullosa de haber desempeñado un papel activo en la lucha por la justicia. Cree que su vida se hizo mas fácil cuando se unió a la guerrilla, y está contenta de que "por lo menos algunas personas que no tenían donde vivir, ahora tiene un donde vivir porque recibieron tierra. Estoy plenamente conciente de ello."

Hoy en día es difícil imaginar a Rebeca luchando con valentía en la batalla contra los soldados del estado. Ahora se dedica únicamente a criar a sus dos nuevos hijos y a las responsabilidades de las tareas domésticas. Se refiere al trabajo doméstico como su obligación como mujer. No participa en organizaciones o actividades de la comunidad. Asegura no tener interés político de ningún tipo. Cree que su nuevo compañero, como hombre, tiene todo el derecho de tomar las decisiones del hogar. Y no cree que es especialmente importante que el gobierno abra espacios políticos a las mujeres. Una mujer que una día anduvo en las montañas con una radio en una mano y un rifle semiautomático en la otra, en la actualidad rara vez va mas allá de su casa de ladrillo de dos habitaciones.

* Jocelyn Viterna es Profesora Asociada en el Departamento de Sociología de la Universidad de Harvard. Su último libro es Women in War: The Micro-processes of Mobilization in El Salvador (Oxford Studies in Culture and Politics, 2013).

Al son militar


Editorial UCA


A raíz del auto del 4 de enero emitido por el juez español Eloy Velasco, quien dirige el juicio contra 20 militares salvadoreños acusados de planificar y ejecutar la masacre en la UCA, se ha constatado que a 24 años de la firma de los Acuerdos de Paz no impera en El Salvador una cultura de respeto a los derechos humanos; se sigue protegiendo a los responsables de crímenes abominables. En su resolución, Velasco pide nuevamente la detención de 17 de los militares inculpados en el caso, a fin de luego solicitar la extradición. Ante ello, diversos sectores de la vida nacional han dado muestras de rechazo e incluso han llegado a justificar el crimen, lo que no solo deja mal parado a El Salvador ante la comunidad internacional, sino que muestra que se sigue avalando la actuación que caracterizó a la Fuerza Armada durante la guerra civil.

En este contexto, es conveniente destacar la postura que al respecto han tomado las autoridades militares y los partidos Arena y FMLN. La coincidencia es plena: todos han mostrado un desconocimiento del sistema internacional de protección a los derechos humanos y un irrespeto a los convenios suscritos por el Estado salvadoreño. En el caso de la Fuerza Armada, la costumbre ha sido siempre proteger a sus miembros, estén activos o en retiro; impera en ella un fuerte sentido corporativo que le llevar a cerrar filas ante cualquier señalamiento. Aunque esto es beneficioso para sus integrantes, atenta contra la credibilidad de la institución cuando implica proteger a acusados de delitos de cualquier índole. Y esta ha sido la tónica del Ejército a lo largo de su historia. Como dijo monseñor Romero en más de una ocasión, la Fuerza Armada se desacredita si no es capaz de aceptar los errores que cometen sus miembros y llevar ante la justicia a aquellos que violan la ley.

Aducir que se trabajaba en base a órdenes recibidas, que se estaba defendiendo a la patria de la subversión comunista no justifica de ningún modo el asesinato de los seis jesuitas y de Elba y Celina Ramos, ni ninguno de los crímenes contra la población civil que se cometieron en el pasado. De todos es conocido, está ampliamente documentado, que quien dirigió la guerra y definió las estrategias de combate fue la Fuerza Armada, que no se sometió al poder civil en ningún momento. Tampoco es razonable ni ético pedir el apoyo de la ciudadanía y de los políticos en la defensa de los acusados, cuando el Ejército mostró un total desprecio por la vida de la mayoría de los salvadoreños, a los que amedrentó y oprimió con actos que solo pueden ser calificados de terrorismo de Estado.

Hasta la fecha, la Fuerza Armada no se ha desvinculado de su nefasto pasado. 24 años después de la firma de los Acuerdos de Paz, no ha reconocido que durante el conflicto cometió crímenes abominables, mucho menos ha dado signo de arrepentimiento o mostrado alguna intención de pedir perdón a las víctimas y al pueblo en general. Similar actitud mantiene Arena. Aunque su actual presidente, Jorge Velado, afirmó hace poco que la masacre en la UCA es repudiable y condenable, un hecho abominable y vergonzoso desde cualquier punto de vista, luego se sumó a los que protegen a los responsables del crimen al decir que el juicio en España lesiona nuestra soberanía, poniendo así en entredicho las relaciones internacionales con dicho país y menospreciando nuestro ordenamiento y aparato jurídicos.

Igual de protectora de los acusados es la actuación del Ministro de Justicia y Seguridad, que en lugar de ordenarle a la Policía Nacional Civil que cumpla con su deber y proceda a la captura de los 17 militares, afirma que se debe consultar primero a la Corte Suprema de Justicia qué es lo que procede hacer. Esta consulta no se justifica bajo ningún concepto, pues la Sala de lo Constitucional reconoció en su sentencia del 24 de agosto de 2015 que las notificaciones rojas de la Interpol implican la captura de las personas perseguidas por la ley. Que el FMLN no se haya pronunciado al respecto es muestra clara de que aprueba la protección que se les está dando a los militares enjuiciados en España. Esta actitud y su historial de poca beligerancia en la defensa de los derechos humanos dicen mucho de su interés por la verdad y por la aplicación de justicia en los crímenes del conflicto armado. Esta posición del FMLN solo se explica desde un entendimiento con los militares y un pacto de no agresión entre ambos. Un pacto —en realidad, una camisa de fuerza— que le impide al partido de izquierda responder a las demandas de las víctimas de la guerra civil.

Todas estas posiciones difieren diametralmente de la del procurador para la Defensa de Derechos Humanos, David Morales, quien sostiene que “el asesinato de los sacerdotes jesuitas y las dos mujeres laicas constituye un crimen de lesa humanidad y un auténtico crimen de guerra”, y que, por tanto, “la Corte Suprema de Justicia debe ordenar la inmediata captura y extradición de quienes sean encausados como presuntos responsables de dicho asesinato”. Asimismo, el Procurador afirma que “las órdenes de detención internacional deben ser cumplidas de inmediato y sin dilaciones por las autoridades policiales salvadoreñas”.

Tanta protección para un grupo de militares encausados por un crimen de lesa humanidad solo se explica en una sociedad que sigue sometida al poder castrense, que siente temor ante el Ejército, que no ha sido capaz de poner los principios y valores de la democracia y el pleno respeto a los derechos humanos por encima de cualquier interés particular. En esto, pues, El Salvador sigue marchando al son militar.

Sánchez Cerén debe rodearse de gente con capacidad para hacer cambios



“Si usted no tiene inteligencia, voluntad y capacidad, por más que le den todos los millones que quieran, no se van a resolver los problemas del país”, dice Antonio Martínez-Uribe.
 
 
Gerardo Arbaiza
 
 
Antonio Martínez-Uribe, analista político. Foto D1/Gerardo Arbaiza.


El sociólogo y politólogo, Antonio Martínez-Uribe ve los próximos cambios en el gabinete de gobierno que anunció el presidente Salvador Sánchez Cerén, como una oportunidad para que el mandatario se rodee de personas que no solo tengan la voluntad de hacer transformaciones en el país, sino la capacidad de sacar adelante temas complicados como la criminalidad y la economía.

Sobre el problema de la criminalidad, Martínez-Uribe sostiene que este ha sido una acumulación de negligencias por parte de los gobiernos de turno y organizaciones políticas como sociales, y que su solución pasa por la “integración de toda la población a la institucionalidad del Estado”.

También considera que el problema no solo puede solventarse con recursos económicos, sino que con buenas ideas. “Es peligroso decir que no se tienen recursos, porque lo que se dice es que son tontos”, declaró el analista en esta entrevista.

Si bien confía en que el presidente Sánchez Cerén tiene toda la voluntad de hacer transformaciones sociales, Martínez-Uribe cuestiona unas declaraciones recientes del Secretario Técnico y de Planificación de la Presidencia Roberto Lorenzana, quien alega que el 2016 será el año en que “se va a preparar los cambios”.

Para el académico, el FMLN ya tiene más de cinco años en el gobierno y no puede decir que hasta ahora va a comenzar a preparar los cambios prometidos. Acá se plasman sus puntos de vista:

¿A qué cree que respondan los cambios anunciados por el presidente Sánchez Cerén en su gabinete y cómo evalúa la incertidumbre que estos han ocasionado en algunos funcionarios?

En lo personal creo que el presidente Sánchez Cerén tiene mucha voluntad de hacer cambios en el país, pero veo que hay que resolver dos problemas: la aptitud y la actitud. Es decir, no solo la voluntad de cambio, sino la capacidad de cómo hacerlo.

Creo que el presidente no solo debe tener la voluntad de hacer cambios, sino que debe rodearse de gente con la capacidad para hacerlos, y eso explica los posibles cambios que se puedan dar en el gabinete.

En esto del trabajo político, los tiempos son cortos y los procesos muy largos. Para el caso vemos que se han podido hacer revoluciones en varios países, pero la revolución no ha demostrado ser capaz de cambiar la sociedad, como en el caso de Cuba, donde el mismo Fidel (Castro) dijo que “este modelo no nos sirve para nada”, y vemos como Cuba vuelve a encontrarse con su gran enemigo imperialista (EE.UU), para poder solventar los problemas que le aquejan.

A su juicio, ¿qué le ha hecho falta al FMLN como partido en el gobierno para cambiar la sociedad?

Ahora estaba diciendo Roberto Lorenzana que “el 2016 es el año de la preparación de los cambios”, cuando el FMLN ya tiene más de cinco años de haber llegado al gobiern; no se puede decir que ahora van a preparar los cambios.

Una falla que ha tenido este gobierno del FMLN es que si se preparaba para gobernar el país debió haber tenido proyectos concretos en temas como seguridad pública. No tuvieron que esperar a llegar al gobierno para empezar a pensar cómo resolver dichos problemas.

Creo que el problema no es el ministro de Seguridad Benito Lara, porque me parece que está haciendo “la maldita” para poder cambiar la situación, lo que pasa es que el problema de seguridad es problema de Estado y es responsabilidad principal del presidente y para ello se deben atender otros problemas como salud, educación, medio ambiente, migraciones forzadas, entre otros.

El gobierno argumenta que los planes de seguridad están funcionando, pero las estadísticas delictivas demuestran lo contrario ¿Por qué cree que la violencia se ha recrudecido en el país, si el gobierno dice que la está combatiendo?

El combate a la violencia y delincuencia pasa en primer lugar por integrar a la población a la institucionalidad del Estado, y nuestra población está bastante desintegrada, lo cual se ha venido acumulando desde la firma de los Acuerdos de Paz en 1992.

Otro problema que se dio es que por años, los distintos gobiernos y organizaciones privadas fueron negligentes con el problema de la violencia y se olvidaron de conceptos como el de la Seguridad Democrática, del que incluso hubo un acuerdo firmado por el presidente Armando Calderón Sol en San Pedro Sula en 1995, que contenía tratados para la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y la defensa de la persona humana, pero nunca se tomó en cuenta.

El primer gobierno de izquierda, presidido por Mauricio Funes, encontró el gran problema sin encontrar las políticas para combatirlo y esperemos que este gobierno pueda hacerlo.

¿Cree que el problema de la delincuencia es un problema de recursos económicos, tal y como lo plantean algunos funcionarios del gobierno y dirigentes del FMLN?

Esto es una cuestión que repite tanto la derecha como la izquierda y todos los sectores, pero los recursos económicos siempre han sido carentes y nuestro principal recurso es la inteligencia. Si usted no tiene inteligencia, voluntad y capacidad, por más que le den todos los millones que quieran, no se van a resolver los problemas del país.

Es peligroso decir que no se tienen recursos, porque lo que se dice es que son tontos. Creo que se debe replantear el presupuesto nacional, para hacer rendir mejor los recursos que se tienen.

El presidente Sánchez Cerén lanzó recientemente un llamado a ARENA para que se reintegre a la Comisión Interpartidaria que supervisa la OEA ¿Qué debe hacer el gobierno para que ARENA acepte dialogar sin el peligro de volver a abandonarlo?

El presidente debe hacerse acompañar por gente que no es del FMLN como se lo ha sugerido bastante gente; y si se habla de consensos, no me voy a poner de acuerdo con los que ya están de acuerdo conmigo, sino con los que no están de acuerdo. Ahora, mientras haya confrontación entre el FMLN y ARENA seguirá habiendo polarización.

Los amigos de los partidos políticos comentan que todos los partidos políticos deben ponerse de acuerdo, pero yo no creo eso, sino que son los dos principales y mayoritarios partidos con el mayor peso específico (FMLN y ARENA) deben ponerse de acuerdo e interpretar los intereses de los demás partidos.

Si ARENA y FMLN se pusieran de acuerdo, no sería necesaria la Interpartidaria, y con esto no está negando uno su naturaleza de izquierda y el otro su naturaleza de derecha. ¿Para qué necesitamos la interpartidaria si están las instituciones del Estado, como la Asamblea Legislativa?

¿Es legítimo que ARENA abandone la Comisión Interpartidaria, al alegar que el gobierno y el FMLN pretenden implementar una agenda totalitaria?

En esto de la política hay mucho de propaganda y hay excusas. Bien se dice que la guerra no se da por lo que se dice que se da, sino que lo que se dice es una justificación para hacer la guerra y creo que es lo que está haciendo ARENA.

Ahora, creo que el FMLN también está haciendo propaganda y creo que el presidente Sánchez Cerén no debió haber llamado a ARENA al diálogo durante el discurso de conmemoración de los Acuerdos de Paz, no lo hubiese hecho parte de su mensaje central, porque en el acto hizo falta toda la bancada de ARENA.

¿Cree que el llamado a ARENA a regresar a la Interpartidaria fue un llamado al aire?

Es un llamado que reconoce el peso de ARENA, porque de nada le sirve a FMLN estar reunido con partidos pequeños. A mi ver, es legítimo que exista una mesa bilateral entre ARENA y FMLN, de la que surjan compromisos bilaterales.

lunes, 18 de enero de 2016

Mujeres en la guerra: Quiénes ganan, quiénes pierden


"Mi investigación está en desacuerdo con quienes sugieren que hay algo inherentemente empoderador o transformador en la participación de la mujer en el acto tradicionalmente masculino de la guerra", dice la socióloga Jocelyn Viterna, profesora en la Universidad de Harvard. Ella resume para el Faro Académico su investigación que se fundamenta en 230 entrevistas en zonas rurales de El Salvador entre 1998 y 2001.

Por Jocelyn Viterna *


Imagen con la portada de Women in War: The Micro-processes of Mobilization in El Salvador, de Jocelyn Viterna.
Imagen con la portada de Women in War: The Micro-processes of Mobilization in El Salvador, de Jocelyn Viterna.

A través del tiempo y de las sociedades la guerra ha sido un esfuerzo casi exclusivamente masculino. Sin embargo, en 1992, cuando el ejército guerrillero del FMLN participó en un proceso de desmovilización auspiciado por las Naciones Unidas, el 30 por ciento de los combatientes oficialmente "desmovilizados" eran mujeres. En El Salvador, y en países tan diversos como Sri Lanka, Colombia, Zimbabwe, Nepal, Eritrea, Siria, Guatemala y Líbano, números sin precedentes de mujeres han abandonado sus hogares, tomado armas y desafiado las normas culturales para luchar literalmente por el cambio revolucionario.

¿Por qué las mujeres se vuelven guerrilleras? ¿Cuáles son las consecuencias de esas experiencias para ellas y para las sociedades con convenciones de género en las que viven? Hasta la fecha, los académicos han proporcionado dos grupos distintos de respuestas a estas preguntas. Por un lado, los investigadores que se basan en la literatura sobre revoluciones y movimientos sociales sostienen que las mujeres que participan en actividades de guerra que desafían las convenciones de género pueden, por vez primera, llegar a verse a sí mismas como agentes políticos. Estos académicos sugieren que los resultados del activismo de las mujeres en tiempos de guerra dan como resultado una mayor autoconfianza y perspicacia política para las participantes, mayores niveles de participación en la fuerza laboral remunerada, y en general un aumento en la participación política.

Por otro lado, los investigadores que se basan en la literatura de género y de guerra pintan un panorama muy diferente. En estos trabajos las mujeres combatientes son abrumadoramente presentadas como víctimas: entran en el conflicto en contra de su voluntad, son obligadas a utilizar encuentros sexuales para mantenerse vivas, terminan agobiadas con hijos no deseados procedentes de estos abusos, y luego son condenadas al ostracismo después de la guerra, precisamente a causa de su participación. Estos estudios ven a las mujeres combatientes como peones en luchas de poder de gran alcance, emergen de la guerra traumatizadas, con pocos recursos, y con grandes dificultades para satisfacer las necesidades vitales básicas para ellas y sus hijos. Desde esta perspectiva, se espera que la guerra rezague, en lugar de reconfigurar, los sistemas de género existentes en la sociedad.

Mi investigación, que se fundamenta en 230 entrevistas llevadas a cabo en zonas rurales de El Salvador entre 1998 y 2001, llega a la conclusión de que para las mujeres las consecuencias de su activismo en la guerra nunca son uniformes. Muchas mujeres se beneficiaron de sus experiencias como guerrilleras del FMLN, transformando las habilidades y redes sociales que adquirieron en la guerra en puestos de trabajo de posguerra, oportunidades educativas, posiciones políticas formales y activismo continuo. Pero muchas otras evitaron todas las formas de activismo comunitario o compromiso político sin cuestionar jamás su condición de segunda clase en sus hogares y comunidades. Los académicos a menudo pasan por alto la variedad de estos resultados y prefieren hacer afirmaciones relativamente amplias que sugieren que la guerra es ya sea buena o mala para las mujeres.

En mi investigación he encontrado que la participación de las mujeres fue fundamental para el éxito del FMLN. Los altos niveles de mortalidad en la etapa temprana crearon una escasez de personal que no se podía llenar solamente reclutando hombres. La creciente sofisticación logística del FMLN requería educación y aptitudes que aprendían las mujeres –y no los hombres– en los campamentos de refugiados en Honduras. La campaña del FMLN para obtener el apoyo internacional ganó legitimidad mostrando la presencia de mujeres en sus filas. Tal vez lo más importante, el FMLN necesitaba mujeres para hacer que los campamentos de la guerrilla se sintieran un poco más hogareños. Las guerrilleras sin duda desempeñaron papeles militantes, pero también casi siempre se hacían cargo de "trabajos de mujeres" tradicionales, lavado de ropa, preparación de alimentos, cuidado de heridos, y así sucesivamente. Las mujeres guerrilleras también trajeron a los campamentos amor, afecto y relaciones sexuales, haciendo más tolerables los rigores de la vida guerrillera.

Sin embargo, la participación de las mujeres, en promedio, benefició más al FMLN que a ellas. Diez años después de la firma de los acuerdos de paz encontré que las mujeres que fueron a los campamentos de refugiados y evitaron el activismo guerrillero habían, en promedio, obtenido mejores resultados que las que fueron a los campamentos guerrilleros. Después de la guerra las no guerrilleras eran en promedio más educadas, era más probable que tuvieran un empleo remunerado, y era más probable que fueran líderes de la comunidad. Además, parecía más probable que estas mujeres tuvieran convicciones de equidad de género que las ex guerrilleras. Sólo en la categoría de participación comunitaria (reuniones, eventos de la iglesia, o grupos de mujeres) las ex guerrilleras sobrepasaban a las no guerrilleras.

Esto no es para sugerir que el activismo guerrillero era perjudicial para todas las mujeres. Algunas obtuvieron educación, empleo y oportunidades de liderazgo. Otras también se convirtieron en líderes feministas. ¿Por qué? Comencé mi estudio con una serie de hipótesis iniciales: 1) a las mujeres que se habían unido al FMLN debido a que compartían su compromiso ideológico les iba mejor que a las que habían sido obligadas a unirse; 2) a las que estaban en posiciones de mayor prestigio en la guerrilla les iba mejor que a las que tenían puestos de poco prestigio, como la cocina, y 3) a las que participaban en formas más radicales de desafío a la convenciones de género, las combatientes más militantes, que dejaron a sus hijos al cuidado de otras personas con el fin de continuar su participación en la guerrilla, les iba mejor que a las que desempeñaron papeles más femeninos (como enfermería) o dejaron los campamentos guerrilleros por razones de maternidad. Al final me di cuenta de que todas mis hipótesis eran incorrectas.

La mayoría de guerrilleras se sentían empoderadas por su participación, y aprendieron habilidades como enfermería, operaciones de radio, o a hablar en público. Pero me di cuenta de que las oportunidades de post-conflicto sólo surgieron cuando las guerrilleras habían adquirido conexiones con otras personas poderosas, y habían ocupado ubicaciones específicas en las redes sociales.

Las mujeres que entrevisté obtuvieron vínculos sociales poderosos de dos maneras. En el primer caso algunas guerrilleras o colaboradoras de la guerrilla que fueron a los campamentos de refugiados a principios de la guerra (a menudo por razones de embarazo o de cuidado de niños) se convirtieron en enlaces importantes entre la comunidad internacional y las organizaciones guerrilleras. Por ejemplo, como personas de confianza del FMLN ellas trabajaron con organismos internacionales como la ONU o la Cruz Roja para facilitar las repoblaciones de refugiados. Después del conflicto, estas mujeres tenían mayores probabilidades de encontrar nuevas oportunidades, a menudo con las mismas organizaciones internacionales.

El segundo grupo de guerrilleras que ganó valiosos vínculos sociales se quedó en la guerra hasta que se firmaron los acuerdos de paz. Ellas estaban ubicadas geográficamente cerca de los comandantes de la guerrilla. Como estaba por terminar la guerra, los comandantes del FMLN recomendaron a personas para ocupar nuevas posiciones en su partido político emergente y en las organizaciones no gubernamentales internacionales. Los comandantes naturalmente tendían a recomendar a mujeres que habían conocido personalmente en los campamentos del FMLN.

Quizás sorprendentemente, las mujeres ubicadas en posiciones estratégicas en la red después del conflicto a menudo eran las que menos habían desafiado las convenciones de género: las operadoras de radio o las enfermeras que trabajaban cerca del comando central, o las mujeres que como madres se trasladaron a los campamentos de refugiados. Por el contrario, cuanto más belicoso el papel de una mujer en tiempos de guerra, menos probable que ocupara una ubicación de red beneficiosa o adquiriera un valioso conjunto de habilidades de posguerra. Las mujeres combatientes operaban en el frente de batalla, lejos de los comandantes poderosos y muy lejos de las organizaciones internacionales. Las que desafiaron las convenciones de género durante la guerra a menudo fueron quienes en la posguerra tuvieron menos probabilidades de obtener oportunidades educativas o empleo, ser activas fuera del hogar, o expresar convicciones de género progresivas.

En conclusión, mi investigación está en desacuerdo con quienes sugieren que hay algo inherentemente empoderador o transformador en la participación de la mujer en el acto tradicionalmente masculino de la guerra. Mi investigación también cuestiona la idea de que el compromiso con el feminismo inspiró a la izquierda a involucrar a las mujeres en los ejércitos guerrilleros. Tenía sentido estratégico para el FMLN alentar la participación de las mujeres en sus campamentos guerrilleros, pero hizo poco para desafiar las normas de género tradicionales, o para apoyar a las mujeres combatientes con nuevas oportunidades de posguerra.

Casi todas las ex-guerrilleras que entrevisté recordaban con cariño su tiempo en los campamentos del FMLN. Casi todas expresaron un sentido de poder que viene de aprender a operar radios, sanar heridas, hablar en público, o luchar en combate. Casi todas apreciaron el sentido de comunidad que experimentaron mientras vivían en los campamentos del FMLN. Pero pocas ex-guerrilleras en realidad ganaron nuevo poder u oportunidades después del conflicto. Las pocas que tuvieron nuevas oportunidades las adquirieron debido a su vínculos con personas poderosas. En pocas palabras, convertir a las mujeres en soldados no promueve inherentemente la igualdad de género. Por el contrario, las mujeres tienen más probabilidades de alcanzar poder político, económico y personal cuando tienen acceso a la educación, conexiones a recursos y oportunidades para el activismo político en favor de sus propias identidades e intereses.

* Jocelyn Viterna es Profesora Asociada en el Departamento de Sociología de la Universidad de Harvard. Su último libro es Women in War: The Micro-processes of Mobilization in El Salvador (Oxford Studies in Culture and Politics, 2013).

sábado, 16 de enero de 2016

La política salarial neoliberal debe cambiar por una política de salario social


Tomado de Carta Económica
www.cartaeconomica.com

La política salarial del Estado y las empresas ha estado marcada por mantener un salario mínimo real en proceso de creciente deterioro que disminuye la capacidad de compra, ya que los incrementos nominales son muy inferiores al incremento de los precios que de manera predominante han experimentado los bienes que conforman la canasta alimentaria, la canasta de sobrevivencia y la canasta ampliada de mercado.

Fue en 2013 durante la gestión del expresidente Mauricio Funes que el Consejo Nacional del Salario Mínimo aprobó el último aumento que se le ha realizado al salario mínimo, el cual fue del  12% para todos los sectores. Dicho ajuste debería de realizarse en tres fases un incremento inmediato del 4 % en el salario mínimo (junio 2013), un 4 % el 1º de enero de 2014 y el restante 4 % el 1º de enero de 2015.

La lógica de la política salarial en el modelo ha sido pagar lo menos posible a los trabajadores para garantizar las altas ganancias del gran capital nacional y transnacional. Y tal como puede observarse en el cuadro siguiente el salario mínimo más alto es el de comercio y servicios que a mediados del 2013 era de 224.10 dólares y se incrementó a 251.7 dólares en 2015, el cual tuvo un aumento de apenas 27.6 dólares mensuales en los tres años, lo que significa que diariamente al trabajador se le incrementó su salario $0.65 centavos.

La situación es más precaria para los trabajadores de la agricultura los cuales entre el 2013 y el 2015 su salario mensual se incrementó 13.20 dólares, esto quiere decir que su salario diario se ha incrementado escasamente $0.44 centavos. Este breve análisis demuestra lo ridículo de la política salarial aprobada en el Gobierno de Funes, que sin duda siguió el patrón del Modelo Neoliberal como se lo demandaron los capitalistas nacionales y transnacionales.

Estos incrementos en los salarios y lo que representa para el bolsillo de la clase trabajadora beneficiada,  representan una burla al hambre de muchas familias que por desgracia tienen que ganar un salario mínimo.

Solamente basta revisar los datos de la canasta básica alimentaria para ver el deterioro que han sufrido las familias salvadoreñas en cuanto a la adquisición de los alimentos se refiere, ya que para los que viven  en las zonas urbanas los alimentos incrementaron en $27.55 dólares, mientras que para las familias del campo los alimentos se encarecieron en $12.78 dólares. Queda claro que el incremento al salario mínimo realizado solo ha servido para cubrir el incremento en la canasta básica alimentaria.

En el cuadro siguiente se ha establecido la relación entre el salario mínimo y el costo de la Canasta Básica Alimentaria. Lo que demuestra que la población que tiene trabajo y recibe los salarios mínimos, según los datos oficiales (2013) que se presentan   1,511,144.00 personas que estaban registradas en las AFP como activas, de éstas 673,294.00 personas devengaban un salario menor o igual a los $242.00, es decir el salario mínimo de ese año en el Sector Comercio y Servicios, así el 45% de los asalariados,  definidos como formales, escasamente lograban cubrir la Canasta Básica Alimentaria y carecían de los servicios básicos y otros bienes esenciales como el vestido, etc., salariales que apenas les cubren los alimentos, esto en el caso de los que trabajan en los sectores de Comercio y Servicios que es el salario más alto, así como la industria y la maquila que casi destina todo su salario para cubrir el gasto en alimentación.

La realidad es mucho más crítica para la población rural, la cual no se encuentra reflejada en las estadísticas de asalariados fijos y temporales que registran las AFPs, quienes se encuentran en situación de miseria, porque el salario sólo cubre el 80% del costo de la CBA, lo que significa que el trabajador rural ni con todo su salario alcanza a tener acceso a una alimentación necesaria para sobrevivir fisiológicamente hablando en términos nutreico-calóricos y mucho menos para cubrir los servicios básicos.

En este contexto el gobierno ha recibido diversas propuestas para un nuevo incremento al salario mínimo por parte de las organizaciones laborales, sindicales, empresa privada y ciudadanía en general para mejorar el salario de los trabajadores.

Hasta el viernes 18 de diciembre el Ministerio de Trabajo había recibido aproximadamente once propuestas dentro de las cuales está la del Gobierno, la de organizaciones como MIPYMES, las CSTS, ANEP, CDC, MUSYGES, entre otras, para iniciar en el 2016 el debate en defensa de dichas propuestas, con ello se busca que a mediados del próximo año se tenga una propuesta salarial que llene las expectativas de la clase trabajadora.

Es importante analizar algunas de las propuestas y su posible impacto en la economía de las familias salvadoreñas. Una de ellas es la propuesta presentada por la cúpula empresarial de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), que  consiste en un aumento general del 3% para 2016, otro porcentaje similar en 2017 y otro igual en 2018 para sumar 9% en un período de tres años.

Como puede observarse esta propuesta es de nuevo una burla para los trabajadores de los diferentes sectores ya que de aprobarse la propuesta de la ANEP el incremento al salario mínimo en los próximos tres años quedaría de la siguiente manera: el salario mínimo en el sector comercio y servicios que se paga en la actualidad que es de $251.70 subiría  $23.3; Industria que tiene un salario de $246.60 mensuales subiría $22.9; mientras que textil y confección de $210.90 mensuales tendría un incremento de $19.6.

Dicha cantidad no resuelve en nada los problemas económicos de las familias salvadoreñas porque al final de los tres años proyectados según la propuesta de la ANEP, el salario diario para los trabajadores del comercio y la industria apenas se habría incrementado en $0.78 centavos para el año 2018 en relación al salario del año 2015, para la maquila $0.65 centavos y para los trabajadores agrícolas tendrían un incremento diario de $0.37  centavos, a ningunos de los sectores asalariados les alcanza  ni para una libra de frijoles, ni digamos para cubrir problemas de salud, transporte, agua, energía eléctrica, vivienda, vestido, etc.

Este tipo de propuestas no resuelve la situación de los trabajadores y dichos salarios los mantiene en condiciones precarias porque prácticamente algunos sectores ganan sólo para cubrir sus gastos en alimentación y como se mencionó anteriormente la peor parte se la llevan los trabajadores de la agricultura que con su salario no logran cubrir ni la CBA.

Lo que se genera con este tipo de propuestas es seguir alimentando una enorme explotación y desigualdad entre el tiempo y esfuerzo que el trabajador entrega  en contra posición a la poca remuneración económica que recibe, que apenas le alcanza para comer y no le permite tener acceso a los servicios básicos como salud, educación, agua, luz, etc. Tal como se demuestra a continuación:

Con la propuesta de la ANEP escasamente se cubre el gasto de alimentación excepto los trabajadores agrícolas que solo cubrirían el 82%, es decir, se mantienen en la miseria o desnutrición, debido a que los campesinos no andan desnudos, descalzos, usan algún tipo de energía, una choza de adobe, madera, plástico, etc., en concreto no pueden dedicar todo su ingreso solo a comer. Si por otra parte relacionamos los salarios propuestos por la ANEP con la canasta de sobrevivencia la situación cambia, dado que ningún trabajador que reciba el salario mínimo cubre la canasta de sobrevivencia, es más, nadie logra cubrir ni la mitad de dicha canasta. Y la brecha es mucho mayor cuando la relación se realiza con la canasta ampliada de mercado, la cual  no se alcanzaría a cubrir ni en la tercera parte, por ejemplo la maquila necesitaría que la familia tuviera cuatro empleos  fijos para tener cuatro salarios mínimos y así lograr cubrirla y los trabajadores de la agricultura necesitan siete salarios para poder tener acceso a dicha canasta.

Es indignante que un salvadoreño tenga que trabajar hasta diez horas al día, seis días a la semana, muchas veces en vacaciones o en horarios nocturnos muy desfavorables y reciba como compensación un salario que no le alcance ni para lo mínimo en el hogar es una perversa injusticia. Tan grave es el problema económico que la mayoría de los trabajadores que ganan el mínimo, aun esforzándose para cumplir sus obligaciones con las empresas, no pueden comprar una vivienda digna, alimentarse adecuadamente, pagar por salud ni educación de calidad, dar un paseo con la familia, invertir en ahorros, etc. En pocas palabras el asalariado siempre camina sin cinco en la bolsa, no porque el trabajador nacional sea mal administrador, sino porque no hay mucho que administrar , en concreto la propuesta de la ANEP es para que el 85.54% de los asalariados que registran las AFP, más el total de los trabajadores agrícolas sigan viviendo entre la miseria y la pobreza o sea que la sobre explotación siga marcando la fuente básica de acumulación de las empresas nacionales y transnacionales en nuestro país, seguir viviendo en un capitalismo precario.

Por otra parte, está la propuesta del Gobierno el cual sólo contempla dos salarios mínimos y no por sector, como se ha hecho hasta hoy, así propone $250 como salario mínimo mensual en la zona rural y $300 como salario mínimo en la zona urbana. Lo que significa un incremento de $2.8 diarios en la zona urbana y $4.36 en la zona rural.

La propuesta es mucho más alentadora que la presentada por la ANEP, son salarios que lograrían cubrir las CBA para todos los asalariados,   o sea un ataque a la miseria de todos los trabajadores agrícolas (si ellos trabajaran a tiempo completo todo el año, pero en promedio sólo trabajan tres meses ), entendida la miseria como una condición en que los salarios mínimos no cubren ni la canasta básica alimentaria, esto se puede ver a continuación en el siguiente cuadro donde se puede ver que de aprobarse este salario mínimo rural, este ingreso equivaldría al 169% del costo de la canasta básica alimentaria rural actual, lo cual tenemos que reconocer sería una medida importante si se aprobara en la Comisión del Salario Mínimo, que lastimosamente hasta ahora ha estado dominada por los intereses del gran  capital, representados por la ANEP y los Sindicatos Blancos de la derecha del país.

En cuanto a la canasta de sobrevivencia esta propuesta salarial todavía queda muy por debajo de las necesidades de la población, ya que con este salario como puede verse en la tabla siguiente, el trabajador no podría cubrir los gastos en servicios básicos  que los trabajadores necesitan para sobrevivir, así con la propuesta salarial del Gobierno   para los asalariados de la zona urbana el salario solamente cubriría el 48% de la Canasta de Sobrevivencia;  mientras que para los trabajadores rurales cubrirán solo el 40%. Este problema sólo se puede cubrir con la implantación de una de Política del Salario Social, en la medida que el Estado por una parte decida que todos los asalariados del país gocen de una atención plena en la salud y se mejore la educación en las escuelas y que realmente sea 100% gratuita para la población, igualmente que se abran programas agresivos para mejorar las condiciones de vivienda de la población, se amplíen y no se reduzca el presupuesto en programas sociales (el cual por cierto para el año 2016 se reduce en relación al año 2015), etc. Además, en la implementación de un salario social las empresas por ley deberían subsidiar en parte la canasta alimentaria y el transporte; la Política del Salario Social se concibe como aquella que provee por medio del salario monetario, los servicios del Estado y un compromiso social de la empresa con el o la trabajadora, los recursos necesarios para poder cubrir los servicios básicos que le permita a la fuerza laboral contar con condiciones de una vida digna, donde la sobre explotación no siga siendo lo que caracteriza este capitalismo precario salvadoreño. Para hacer un ataque a la pobreza debemos entrar a desmontar el neoliberalismo y transitar hacia una sociedad socialista, dado que esto requiere cambiar las lógicas de la acumulación del capital, recordemos que sólo con una política salarial esto no se puede resolver, así podemos ver en el cuadro que sigue, que sólo con la política salarial, aún con la propuesta presentada por el Gobierno el costo de la canasta ampliada apenas se cubriría en un  34% en el área urbana y en un 28% en el área rural.

Es tiempo de regresar a las luchas para hacer avanzar la revolución en nuestro país, así luchar por una Política de Salario Social y profundizar las transformaciones estructurales capitalistas que nos conduzcan a una Transición a una Sociedad Socialista, lo que implica cambiar como ya dijimos las lógicas actuales de acumulación en la economía salvadoreña, a partir de modificar por ejemplo:

a.Que en el país  impere la pobreza, miseria y hambre y continúe la  indignante situación de que las grandes empresas nacionales y transnacionales  sean subsidiadas por el Estado salvadoreño, éstas en el año 2014 por cada 0.42 centavos de dólar que pagaron por impuestos, recibieron un dólar de subsidio. Las empresas obtienen ganancias exorbitantes gracias a la explotación laboral de sus empleados y un alto índice de evasión y elusión fiscal y el subsidio de la población; sin embargo, igual resulta indignante que los hogares, que en verdad necesitan de ayuda estatal, no son beneficiados por el Estado en términos netos, porque pagan más en impuestos en comparación de lo poco que reciben en concepto de inversión social como salud, educación y subsidios. En 2014,  las familias pagaron 165 dólares por cada 100 dólares que el Estado invirtió en electricidad, gas, educación y salud; no obstante, en ese mismo año, las empresas  apenas pagaron 42 dólares  por cada 100 dólares recibido en concepto de gasto de desarrollo del entorno empresarial que hizo el  Estado. (Ver en cartaeconomica.com el artículo “En El Salvador las Grandes Empresas reciben subsidios no los Hogares).

b.Según el informe “Privilegios que niegan derechos. Desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe”, publicado por la organización Oxfam, el ingreso promedio de un multimillonario en El Salvador, de los cuales se estiman existen 160, es  4,000 veces superior al ingreso promedio que recibe el 20% de la población más pobre del país. Esta contradicción es la base del sistema capitalista, que se fundamenta de la explotación y sobre explotación de  los que generan la riqueza, es decir, los trabajadores. (Ver en cartaeconomica.com el articulo “Pobreza y Salarios en El Salvador”).

c.En cuanto a grandes fortunas, de acuerdo al informe Wealth-X estima que la población de ultra millonarios en El Salvador es de 160 personas y acumulan una riqueza patrimonial de cerca de 21 mil millones de dólares. Esto puede ser comparado con la producción local del año, que fue ligeramente superior a los 25 mil millones de dólares. Es decir que en El Salvador existe una burguesía oligárquica que tiene la capacidad de controlar la producción total de la economía nacional.

d. En cuanto a la explotación de la población hemos podido establecer que a partir de un análisis sobre el Censo Económico del año 2005 y las Encuestas de Hogares de Propósitos Múltiples, y el reporte de los salarios recibidos por los trabajadores registrados en el ISSS, la parte de la riqueza que las empresas se apropian, es decir, el excedente de explotación ha oscilado entre 74.2% en el año 2005 y el 79.9% en el año 2011, para terminar en un 77% en el año 2014. Esto ha implicado que la tasa de explotación del trabajador en el país ha oscilado entre 291.5% en el año 2015, llegando a su máximo nivel  en el año 2011 con una tasa de explotación del 405.9%, para disminuir al 348.7% en el año 2014. Esto  producto de cómo funcionan las leyes de la acumulación, concentración y centralización del trabajo y la ley del valor. En el año 2014 de una riqueza producida en  el país de 25,163 millones de dólares, la masa salarial recibida por los trabajadores o sea que viven de vender su fuerza salarial y reciben una remuneración fue de 5,569 millones de dólares, mientras que el excedente de explotación que registraron las empresas fue de 19,421 millones de dólares. Además recordemos como ya se mencionó que los que más pagan impuestos son los asalariados y los empresarios pagan muy poco y algunos no pagan (según Karl Marx).
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


UN DÍA COMO HOY, 12 de febrero de 1973, los principales periódicos de El Salvador difundieron fotos de la muerte de los compañeros José Dima...