Saludos y bienvenida: Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida... Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos. Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos. Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más... A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado. Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia... Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos? Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista. No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente. Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo. Fraternalmente, Trovador

jueves, 3 de marzo de 2016

Un antropólogo dentro de las 'maras'


Pasó por decenas de controles pero, al final, logró entrar en la pandilla más peligrosa del mundo. Y se rodeó de violaciones, palizas, torturas y ajustes de cuentas indiscriminados
 
 
Foto: Un miembro de una mara fotografiado en la prisión de Quetzaltepeque, en El Salvador (Reuters).


Alberto G. Palomo. San Salvador


No se puede decir que Juan José Martínez sea un antropólogo al uso. Su estética de camiseta clareada y bermudas desgastadas lo aleja del prototipo que marca la academia. Tampoco ayuda su abultada perilla ni una desigual cresta aliñada con aretes en las orejas. Su discurso, por el contrario, es ordenado. Plagado de nombres, referencias y anécdotas de memoria enciclopédica. Narra con pasión, a balazos. Igual que escribe. Cada sentencia es un puñetazo de angustia. Sensación que provoca 'Ver, oir y callar', una recopilación de notas tomadas a lo largo de un año desde el corazón de la 'mara' Salvatrucha.

Para escribirlo no le hizo falta viajar la tierra de los 'dowayos', en Camerún, como hizo su colega de profesión Nigel Barley, que puso en alza el oficio gracias al éxito de 'El antropólogo inocente'. Le bastó una malograda moto china y la valentía de internarse en una de las pandillas más peligrosas del mundo. La mara Salvatrucha tiene sitiado al país donde nació Juan José Martínez hace 30 años, El Salvador, y a toda la región. Su enfrentamiento con los de Barrio 18 provoca desde hace años la muerte de miles de personas. 6.670 en 2015. La cifra más alta de su historia. Por encima de sus más cercanos rivales en este funesto ranking, Honduras y Venezuela, y a la altura de naciones en conflicto bélico.

Se calcula que en El Salvador hay cerca de 100.000 pandilleros en activo y un millón de personas relacionadas con las maras, que prestan ayuda o se cobijan bajo su sistema
 
Datos que engrosan estadísticas pero que para Juan José Martínez son el reflejo de un profundo problema social. Él, acostumbrado a manejar números en informes universitarios encargados desde varios puntos del planeta, necesita darles una explicación. Ponerles nombre. Meterse en el barro, en suma. Algo relativamente sencillo para cualquiera de los 6,3 millones de habitantes de El Salvador, pero que puede resultar más que inseguro. Puede llegar a ser un camino de no retorno.

Hay que tener ganas. Y tiempo. A Martínez le costó meses entrar en contacto con los mareros. Lo consiguió gracias al trabajo que desarrollan decenas de ONG en el lugar. Aun así, necesitó semanas para ser integrado. Pasó por decenas de controles y momentos de desconfianza que pueden suponer el empujón final entre la vida y la muerte. Al final, lo logró, incluso hizo amistad. Y se rodeó de violaciones, palizas, torturas y ajustes de cuentas indiscriminados. La tónica habitual de este territorio de apenas 21.000 km2 con una tasa de homicidios de 101 personas por cada 100.000.

"La violencia en El Salvador está bien democratizada", afirma nada más arrancar, casi a modo de resumen. Lo hace en el patio trasero de un hospedaje que regenta un familiar. Por las cien páginas que narran estos doce meses de bitácora, de enero a diciembre de 2010, cabalgan gritos de desesperación y momentos tensos. Los personajes, reales, responden al apodo que les dio la banda: Little Down, El Destino o Moxy. Mareros de barrio que confeccionan lo que en el argot se denomina 'clica'. "Son las células más pequeñas, lo más importante. Más que la pandilla vista como algo transnacional porque eso no existe. Son un conjunto de grupos, una gran 'clica'. Para entenderlas hay que ir ahí", explica.
 
Un miembro de una mara en la prisión de máxima seguridad de Izalco, en Sonsonate, El Salvador (Reuters).

Cien mil mareros en activo

Se calcula que en El Salvador hay cerca de 100.000 pandilleros en activo y un millón de personas relacionadas con las maras, que prestan ayuda o se cobijan bajo su sistema. Su magnitud se extiende a todos los rincones del país, pero predomina en los barrios, en las colonias. Y la ciudadanía soporta el peligro constante de cruzarse en su camino o de ser extorsionado con el denominado 'renteo', una especie de impuesto revolucionario que paga el grueso de la población: taxistas, conductores de autobús, tenderos o simples vecinos. "Todo lo que se mueve es extorsionable. La gente vive en un tremendo estado de alerta y de estrés", asegura Martínez.

Conforme a lo que experimentó en el distrito Mejicanos de la capital, dentro de la colonia Montreal, los miembros de estas organizaciones hacen de sus compañeros de batalla su familia. Su único entorno. Chicos -niños- de personalidad dúctil que, captados desde jóvenes como simples informantes, promocionan con velocidad a la cúpula ante el continuo tráfico de ataúdes. "Las pandillas provienen de finales de los ochenta, cuando los salvadoreños empezaron a instalarse en Los Ángeles emigrados por la guerra (que duró de 1979 a 1992). Allí se repartieron en calles, generalmente segregadas por nacionalidades. Cuando los deportaron, volvieron a un país del que no sabían casi nada y cuyo tejido social estaba irremediablemente roto. Calcaron el modelo y han ido mutando hasta diseminarse y controlar toda Centroamérica", explica. "Ahora son pandas de delincuentes sin una estructura planificada. Actúan de forma anárquica, sin medios ni comida y sin apenas comunicación entre los grupos. Y necesitan la confrontación, al contrario que el narco".


El antropólogo Juan José Martínez (Foto: J. Arcenillas).

Los barrios, donde reside el 80% de la población, están bajo su posesión. Son sus feudos. Y tanto en áreas rurales como urbanas su presencia viene marcada por pintadas en las paredes con los números 18 o las letras MS. "El Salvador es un país de fronteras invisibles", indica. Un paso en falso o un desvío erróneo te pueden convertir en víctima de cualquiera de las dos pandillas, cuya razón de ser es eliminar a la otra. Por eso, la mañana que comienza su trabajo de campo está plagada de malos augurios: es día 18 de mes, una fecha marcada en la Salvatrucha por posibles ataques del Barrio 18. Lo mismo que ocurre en el bando opuesto con el día 13. Suelen ser jornadas de cacería. Y la estela que dejan es un contraataque del rival. No muy distinto, por otra parte, del resto de casillas del calendario: hay una media de 20 asesinatos al día y decenas de caso de desapariciones que se acumulan en los archivadores de la fiscalía.

Un engranaje que responde al esquema binario de sus cortas existencias: matar y evitar ser matados. "La lógica de las maras sigue siendo la misma. Un puñado de jóvenes jugando a la guerra. Jugando a matarse", escribe como reflexión antes del epílogo, donde recorre los avances del país entre su estudio, hace cinco años, y la actualidad. "No se ha conseguido nada. El Estado no lo entiende porque lo ve desde muy lejos. Mientras, el pueblo se divide en un amor/odio hacia las maras. Por un lado, atemorizan al país, pero por otro están las disputas intrafamiliares, la policía, los grupos de exterminio, formados por excombatientes, los ladrones, que se rinden a ellas y que tampoco los quiere nadie", apunta.

"Me interesa ver cómo la pandilla es el último eslabón de una serie de procesos que empezó sin querer desde la colonia y que parece una buena forma de explicar el país. Entendiéndola como estructura, creo que se conocen muchos sucesos históricos que a mí me interesan desde un punto de vista antropológico y humano", aclara. "Es uno de los fenómenos más cabrones, que más afecta a la vida de la población y sobre todo de las poblaciones subalternas, que son los que siempre pagan el pato. Y es la labor de los académicos aportar información para que se hagan mejores políticas públicas", concluye a pocos metros de su campo de trabajo. Que no es la jungla o una remota aldea en el desierto sino el edificio o la acera de enfrente.

martes, 1 de marzo de 2016

Clase social, pandilla y sociedad. Parte I


Dagoberto Gutiérrez*

La sociedad salvadoreña ha sufrido un intenso proceso de transformación clasista que ha cambiado, tanto su estructura como su faz. La crisis del bloque histórico de los años 70 del siglo pasado y la crisis actual del nuevo bloque histórico, establecido después de la guerra civil, suponen un turbulento movimiento de los intereses confrontados.

Siempre se mantiene la confrontación fundamental entre la minoría propietaria de los medios de producción y la mayoría desprovista de esa propiedad. Dicho de otra manera, si se quiere más laxa, podemos decir que se mantiene el enfrentamiento entre ricos y pobres, pero esto resulta insuficiente, porque tanto los que estamos llamando ricos como los que llamamos pobres, han sufrido transformaciones reveladoras de los movimientos que se han operado al interior de nuestra sociedad.

La noción segura y confiable de patronos y trabajadores no alcanza para hablar de la vida de millones de personas ni de sus conflictos, como también no alcanza para determinar los intereses que están en conflicto, y así, en la actual guerra social, la más sangrienta de nuestra historia, necesitamos aproximarnos a la naturaleza clasista de las partes enfrentadas porque solamente así podremos revelar los intereses que gestaron esta confrontación y, entendiendo la confrontación, podremos aproximarnos a una solución. No hemos de olvidar que las guerras exigen ser resueltas, aunque sea para preparar las consabidas condiciones intermedias, que se llaman paz, que son seguidas por una nueva guerra, por lo menos, esta parece ser la historia de nuestra sociedad.

Nos atenemos a un concepto de clase social que establece que clases sociales son grupos humanos antagónicos en donde unos se apropian del trabajo de los otros, debido al lugar que ocupan en la estructura económica de un modo de producción determinado. Lugar que está establecido, fundamentalmente, por la forma en que se relacionan con los medios de producción. Este concepto, como podemos apreciar, es dueño de una base fundamentalmente económica, pero que contiene los hilos visibles e invisibles que tejen la vida minuciosa de nuestra sociedad.

Cuando se dice en el concepto que las clases son grupos humanos antagónicos, se está refiriendo a personas agrupadas, identificadas por intereses comunes, y al mismo tiempo, enfrentadas a otros grupos humanos con intereses diferentes, que resultan irreconciliables. A eso se refiere el antagonismo que aparece en el concepto.

Esta confrontación permanente es lo que constituye, en definitiva, una lucha de clases que siendo tan permanente, aunque no siempre evidente, ha llegado a ser entendida como el verdadero motor de la historia, es decir, el factor determinante que mueve a las sociedades en una o en otra dirección, de acuerdo a la correlación alcanzada. Por supuesto que no se trata en la actualidad de situar a la clase social y a sus confrontaciones como el único factor motorizador de la vida social porque estas clases han sufrido cambios tan geológicos que es necesario tomar en cuenta una multiplicidad de factores y colores, y también de una complicada madeja de intereses contrapuestos.

En la sociedad salvadoreña se ha producido el práctico desaparecimiento de las clases obrera y campesina, dos clases que eran fundamentales en nuestra sociedad. Ambas fueron aniquiladas cuando la planta industrial fue desmontada en función de lo que se llamó, en su momento, una economía de servicios, y la clase campesina también sufrió un ostensible agotamiento cuando la agricultura fue sustituida por la compra de alimento en el extranjero y su reventa en nuestro país. Ambos acontecimientos aparecen mutuamente entrelazados y constituyen un enorme hueco en la producción de pensamiento político y una visión sobre el mundo, la realidad y sobre las transformaciones necesarias. Al mismo tiempo, las clases medias, organizadoras de la rebelión, han sido sometidas a un proceso sostenido de desgaste y de vida precaria.

Como podemos ver, la transformación de la estructura clasista guarda relación con los cambios de la estructura económica y ésta constituye un punto de partida que necesita ser precisada de la mejor manera.

Antes, durante y después de la guerra civil de 20 años, EL Salvador fue capturado por empresas económicas transnacionales, y cuando la oligarquía cafetalera deja de ser el sector dominante y es sustituida por los banqueros, en plazos muy breves, la propiedad de los bancos pasa a manos de empresas extranjeras. Este es un proceso que dura hasta nuestros días. Agregado a esto, los sectores dominantes tradicionales, que son prácticamente los dueños del país, también establecen acuerdos y/o alianzas económicas con estas empresas extranjeras, y ni unas ni otras aparecen interesadas en actividades económicas preponderantemente productivas, o en desarrollar la planta industrial del país, y más bien se va construyendo un tejido económico-financiero en donde la economía ficticia está por encima de la economía real.

Todo este proceso aprovecha el fin de la guerra civil y el ambiente creado en torno a la paz para acelerar su proceso de instauración y de predominio de su filosofía. Y así, se establece una enorme e inagotable reserva de mano de obra desempleada. Se reduce notablemente el número de organizaciones obreras y de trabajadores. Los salarios de los trabajadores son cada vez menores y estos pierden diariamente capacidad adquisitiva. Estas transnacionales, en alianza con empresas locales, capturan totalmente el aparato del Estado y pasan a desempeñar funciones estatales. Y así, desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se establecen y se dirigen programas gubernamentales estratégicos.

Todo este diseño aparece libre de perturbaciones basadas en reclamos salariales o actividades sindicales. Para eso, han debilitado el mundo sindical y han creado un mercado gigantesco de desempleo.

* Firmante de los Acuerdos de Paz, luchador social y Vicerrector de la Universidad Luterana Salvadoreña

lunes, 29 de febrero de 2016

LITERATURA Y REVOLUCIÓN EN EL SALVADOR: “LOS HEREDEROS DE FARABUNDO” de José Roberto Cea. Premio Latinoamericano de Poesía “Rubén Darío”, Managua, Nicaragua, 1981.


Alfonso Velis Tobar

Poeta, investigador y ensayista

M.A Carleton University


1- Introducción.

“Los Herederos de Farabundo”, conforma la trilogía de una obra mayor llamada “La Guerra Nacional”, del poeta y escritor salvadoreño José Roberto Cea. Esta Obra obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía “Rubén Darío”, entregado en ese año por el entonces Gobierno Popular Sandinista en Managua, Nicaragua en 1981. El Propósito de esta lectura es valorizar “Los Herederos de Farabundo”, es decir, cómo y en qué medida, se expone cómo una obra de testimonio histórico. Desde su temática misma, cómo distribuye el “discurso literario”. Al explicar la estructura, la “FORMA” vestido del “FONDO”, nos lleva a conocer su discurso en sus diferentes elementos que lo constituyen literariamente. Tomando en cuenta factores estéticos, estilísticos, “recursos expresivos” utilizados. Así los “Personajes”, su “léxico utilizado”, cómo hablan, de qué hablan, las “Figuras”, las “Imágenes”, los “tropos” que se dan en la concepción de la lengua literaria. Se considera un “Análisis temático”, de qué trata la historia (“FONDO”, “asunto”, “contenido”, ideas, pensamientos), donde implícito está, no solo el “gozo estético” que debe alcanzar la obra literaria. Sino también hay otros valores como: lo “cultural”, lo “sociológico”, lo “ideológico”, los aspectos “políticos”, lo “histórico”, lo “moral” y hasta lo “religioso” cuando se dan dentro de la temática misma de la obra.
 
 En esta interpretación, es preciso observar del texto su “visión temporal”, el tratamiento de un “tiempo histórico real” y de los “hechos reales” acaecidos en la historia nacional. Mi lectura no se limita a un simple enfoque, pues una obra debe ser vista como un todo, desde los caracteres que constituyen su unidad, como obra de arte o de ficción verla a partir de la realidad comprendida en su totalidad literaria. Por ello en esta lectura, consideramos un método de análisis y éste “tipo de obra literaria”, por el tema que la caracteriza se presta a la crítica misma. Pues su lectura es útil para maestros, estudiantes, investigadores interesados en como comprender e interpretar mejor la obra literaria de Cea. Y aplicarlo como modelo a cualesquier obra como análisis literario. Ya que “Los Herederos de Farabundo”, es materia de estudio, no solo a nivel universitario, sino es base de lectura de los Programas de Letras en la enseñanza de la literatura en el nivel de educación superior.

2- Fábula y temática. Dimensión Histórico-literaria.

Como temática se muestra la vida heroica del patriota Agustín Farabundo Martí (1893-1932), una de las figuras más relevantes que hasta hoy abanderan los anhelos de la revolución salvadoreña en Centroamérica. Farabundo Martí, destacado líder estudiantil universitario, hijo de terrateniente don Pedro Mártir (transforma el apellido en “Martí” en honor al patriota cubano “José Martí”), quien repartió su tierra entre la gente más pobre en memoria de su hijo fusilado. Farabundo nació en Teotepeque en 1893 y murió fusilado frente al paredón el 1ro de Febrero de 1932, junto a otros dos compañeros Alfonso Luna y Mario Zapata y Miguel Mármol también fue fusilado, pero por suerte del destino, no le cayó ninguna bala, aunque bañado en sangre y de heridas graves, lo creyeron muerto y en lo que dejaron los cuerpos solos logró escapar (su historia parece como un cuento súper-fantástico o surrealista). Fueron fusilados por ordenes directas del general Maximiliano Hernández Martínez, y su camarilla, quienes acusados por los delitos de rebelión y sedición al incitar y comandar el levantamiento popular de 1932 en El Salvador. 
 
Movimiento descabezado y ahogado en sangre en tan poco tiempo por el régimen militar fascista del dictador Martínez, en El Salvador, Centroamérica. Dentro de toda esta historia que José Roberto Cea nos presenta, se entreteje la figura de Farabundo Martí, fundador y militante del Partido Comunista de El Salvador el 30 de Marzo de 1930, por entonces, miembro del llamado Socorro Rojo Internacional. En síntesis su fabula versa, sobre la militancia revolucionaria de este patriótica salvadoreño. Es una historia valiente y trágica del personaje Farabundo Martí, eje medular que gira alrededor de un hecho histórico. Se cuenta desde su juventud, con testigos fehacientes que hablan acerca de su vida y de sus acciones desde antes de 1920, siendo estudiante universitario. Se cuenta de sus incansables luchas revolucionarias junto a otros patriotas de la época, quienes también ofrendaron sus vidas por hacer de este sistema social injusto una sociedad más humana.
 
 Farabundo Martí, símbolo de toda esta incesante lucha llena de utopías por la vida, llena de violentos sueños por la liberación nacional. A mi juicio queridos lectores esta obra por su dimensión histórica se constituye en un “Testimonio Histórico político”. Porque el poeta Cea habla de un personaje cuya imagen tiene que ver mucho con la vida nacional del país. Pues Farabundo Martí será con el tiempo una de las figuras más relevantes que hasta el momento histórico, es figura que abandera desde décadas atrás con espíritu liberador los anhelos de la revolución salvadoreña. Porque “no cabe duda ~dice Cea en su libro~ que con el tiempo será Agustín Farabundo Martí quien también va a tener estatuas y escuelas y será recordado como el defensor de los pobres contra los ricos y como un “pintoresco” personaje de una época revolucionaria muy lejana”. (Pág.14)

3- Aspecto socio histórico y tratamiento de un tiempo histórico Real.

El nombre de Farabundo Martí, imagen alzada, que enlaza los sucesos que han originado la revolución en El Salvador en las últimas décadas del siglo XX. Por tanto en los “Herederos de Farabundo” de José Roberto Cea hay un enmarcado tratamiento temporal de la verdad histórica de una época. Pues su contenido toca los problemas sociales y políticos del país; desde los sangrientos sucesos ocurridos desde antes de 1932, como antecedente de un pasado histórico hasta el estallido revolucionario de los años 1970 a 1992, en El Salvador, Centroamérica. Lo interesante de esta obra de Cea, es que a través del retrato del héroe Farabundo Martí, nos permite conocer aunque sea de corrido desde los tiempos de Sandino en 1928, valiente líder nicaragüense cuya lucha antiimperialista, y con la cual se integro Farabundo Martí, un combatiente muy solidario y partidario de Augusto Cesar Sandino (1995-1934) en su batalla contra los marines yanquis invasores a Nicaragua hacia los años de 1928-29. Y vienen otros importantes sucesos históricos en los cuales el poeta Cea nos hace un recuerdo y recuento de todas las sublevaciones habidas desde la época del sometimiento colonial pues el pueblo salvadoreño, siempre ha vivido en constante rebeldía, a falta de una justicia social y a la falta de la democracia como factores del problema.
 
 Otra acción histórica muy importante que Cea menciona es la llamada Guerra Nacional de los años de 1885, que con la lucha solidaria de nuestros países centroamericanos se combatió por entonces al invasor en 1855 de Nicaragua el filibustero William Walker, quien quería apoderarse de toda Centroamérica y el imperialismo que lo miraba con buenos ojos, pero fue combatido con la unidad de los pueblos del Centroamérica y ajusticiado el 12 de Septiembre de 1860, en Trujillo, Honduras. Entonces vemos que este libro de Cea, nos permite conocer las épocas más violentas, las tensiones políticas y militares, los graves problemas sociales, económicos de toda la región centroamericana, donde también tiene que ver mucho la política norteamericana y su intervención en los asuntos internos e intereses de nuestros países que quiere manejar a sus antojos y gozos imperiales como ser en el mundo la ley del más fuerte.

Es bueno reflexionar de los sucesos de 1932 y hoy, vemos que históricamente lamentablemente fueron un fracasado alzamiento, a consecuencia de una débil dirigencia y mala coordinación de los líderes del partido Comunista, quienes sin previa experiencia insurreccional se lanzaron a diestra y siniestra en contra de la maquinaria represiva del asesino Gral. Martínez y su maquinaria represiva de entonces, la Guardia Nacional, la Policía Nacional y la llamada Policía de Hacienda. Vista hoy a esa distancia, parece haber faltado una concreta organización de los sectores obreros, campesinos y demás partidarios de esta lucha; también se carecía en aquel momento de una experiencia todavía desde el punto de vista militar; se actuó con imprudencia insurrecciónala, sin previa meditación táctica y estratégica en el método de lucha, para lograr aquella vez quizás una victoria revolucionaria. 
 
Así pienso yo. Es importante enfatizar, que ya con la experiencia de 1932 vemos muy clarito la diferencia en las ofensivas y acciones revolucionarias que han estallado en 1980. Vemos que ya hay una mejor organización política y militar de las masas. Claro este levantamiento de 1932, es el ejemplo de un pueblo heroico y valiente, que prácticamente sin armas y solo con machetes, escopetas y sin una correlación de fuerzas que apenas tenía una configuración de masas se lanza a una insurrección en la cual la mayoría de sus líderes encontraron el martirio de su muerte al descabezar con sangre inocente la revolución que su único delito era otra clase de sistema y de sus derechos humanos. Lo cierto que este movimiento revolucionario de 1932, con cierta base de organización popular mal coordinada y más concreta, no supo dar los certeros golpes a esta oligarquía que con aquel baño de sangre se armo de más garras para afianzar el poder y seguir reprimiendo al pueblo en sus posteriores décadas.

Este aplastamiento de sangre no dejo un tanto de estancar el proceso de lucha del pueblo salvadoreño desde entonces, durante más de cuatro décadas, claro por temor, pero aun así había cierta protesta, pero este amordazamiento y de todo intento de organización revolucionaria en el país. El general Martínez “Pecuecho” y “El Brujo “, en sus trece años de tiranía sembró y gobernó, con mano de hierro, infundio terror, al gobernar por la fuerza el país. Adulador de otros dictadores sátrapas, como: Hitler, Mussolini, Franco, Carias Andino, Somoza. Entonces el Gral. Martínez se distinguió por implantar una de las dictaduras militares más sanguinarias que haya conocido la historia política de El Salvador en Latinoamérica. 
 
Aunque para algunos sectores del país Martínez fue buen presidente, por su plan de repartir casas baratas a sus allegados, declaro la ley moratoria a favor de los endeudados. Además fundo el Banco Central de Reserva. Así que para unos es el buen presidente de mano férrea o para otros el peor ogro, asesino dictador. Pero lo cierto, que las luchas del pueblo, no quedarían atrofiadas, porque el pueblo salvadoreño siguió, aun bajo la bota de Martínez, siguió enfrentando gobiernos dictatoriales, militaristas y represiones entre 1930-1992 para que después vinieran las elites neoliberales que con el empuje de la globalización que el imperio nos impone. Pero seguiremos con el renacer, nueva semilla de rebeldía, para conquistar los derechos justos de la sociedad y del hombre. Desde entonces hasta hoy la causa de Farabundo Martí tanta a través de la lucha armada como hoy la lucha política parlamentaria; y todos seguiremos y aun muriendo unos para que otros vivan y nazcan siempre otros en la causa del Faribundísimo, florecimiento del pueblo. También este baño de sangre de 1932 trajo como consecuencia la imposición histórica de una criminal dictadura militar que por largos años vino sembrando terror, aunque siempre se encontró la rebeldía con frecuencia como respuesta, vinieron las organizaciones antifascistas que terminaron derrocando al tirano en abril de 1944 con una huelga de brazos caídos y una rebelión militar. Pero cómplices directos y bienhechores en los sangrientos sucesos de 1932, es el Imperialismo Británico, que mantuvo al tirano Martínez, como su ultimo peón salvadoreño, por esa época. 
 
Porque después nos toco soportar, servir, lo vemos, históricamente servir a los sectores del Imperialismo yanqui, quien siguió y sigue alimentando a sus “hijuelos putativos”, como lo dice el poeta Roberto Cea en sus “Herederos de Farabundo.” También en todos estos sangrientos esta la complicidad de la oligarquía terrateniente que siempre manejo a su antojo al ejército salvadoreño como un instrumento de represión y con la venia de otros sectores sirvientes del sistema oligárquico, impulsaron institucionalmente la violencia contra el pueblo salvadoreño; los mismos de siempre, los que siempre han manejado a su capricho y antojo privilegiado de clase explotadora todo el patrimonio nacional. Mientras frente a nuestros ojos se halla un pueblo, que día a día lucha por sobrevivir contra el hambre, la miseria, la injusticia social, el desempleo y la falta de educación como resultado de la desigualdad social. Negra historia han dejado los gobiernos neofascistas que hemos tenido por anos, quienes por esa época pretendieron siempre someter, amordazar y sojuzgar la voluntad de nuestro pueblo por alcanzar la libertad y un sistema más justo y más humano para vivir con dignidad en un país civilizado. 
 
Entonces está claro la revolución que estalla en 1980 surge por consecuencia misma de esta injusticia social e irrespeto a los derechos humanos, son tiempos de violenta guerra, pero siempre hubo un Frente Democrático Revolucionario (FMLN), bien organizado que lucha hasta hoy por conquistar la verdadera justicia social enfrentando al liberalismo depredador como por siempre por la liberación nacional. En la lectura de los Herederos de Farabundo, procuramos seguir la acción del héroe, sin olvidar las reflexiones que refleja como obra de ficción basado en una realidad histórica. En todo caso busco con esta lectura siempre conformar una conciencia nacional de participación liberadora. Que el hombre y la mujer salvadoreña consigamos una vida de liberación integral. De manera que a todo ese velo nos remite la lectura de este documental, donde hay una interpretación e incorporación de la realidad histórica en relación al problema nacional y centroamericano.

martes, 23 de febrero de 2016

Cuba cuenta con una modalidad universitaria que no tiene paralelo en el mundo (+ Video)


Frei Betto ofreció una amplia conferencia en el Congreso Universidad-2016. en la que se refirió a la formación humanista de los profesionales. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
 
 
Frei Betto


Frei Betto ofreció una amplia conferencia en el Congreso Universidad-2016. en la que se refirió a la formación humanista de los profesionales. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.

En agosto de 1945, dos ciudades japonesas fueron barridas del mapa: Hiroshima y Nagasaki. Más de 200 mil personas, simples ciudadanos civiles, perdieron la vida al ser alcanzadas por las bombas atómicas lanzadas por aviones estadounidenses. Esos han sido, sin sombra de duda, los más graves atentados terroristas ocurridos en toda la historia de la humanidad.

Detrás de las mortíferas bombas había hombres graduados en las mejores universidades del mundo. Robert Oppenheimer, quien dirigió el Proyecto Manhattan, que culminó con la fabricación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, era un físico teórico, graduado de la Universidad de Harvard en 1925. Tuvo varios hijos, y era conocido por su gentileza, su incapacidad de golpear a una mujer ni siquiera con una flor. Después de la catástrofe japonesa Oppenheimer sufrió una crisis de conciencia. Solía repetir una frase del Bhagavad-Gita, el libro de la espiritualidad hindú: “Me convertí en la muerte, destructora de mundos”. Más tarde se manifestó a favor de un mayor control sobre la proliferación de las armas nucleares, lo que le costó que lo acusaran de ser un espía de los soviéticos.

Edward Teller era colega de Oppenheimer en el Proyecto Manhattan. Nacido en Hungría de padre abogado y madre pianista, se graduó de ingeniero químico en Alemania. Fue profesor en las más prestigiosas universidades del mundo, como la de Londres y la de Berkeley, en California. Utilizó su inteligencia para inventar la bomba de hidrógeno, 750 veces más potente que la de Hiroshima. Fue él quien acusó a Oppenheimer de ser espía de los soviéticos. En la década de 1980 se destacó por ser el gran mentor del Programa de Defensa Estratégica, más conocido como “guerra de las galaxias”, patrocinado por el presidente Reagan. Su enajenación científica inspiró el filme Doctor Strangelove, dirigido por Stanley Kubrick en 1964.

Todos los científicos del Proyecto Manhattan tuvieron el respaldo de dos presidentes de los Estados Unidos: Franklin Delano Roosevelt y su sucesor, Harry S. Truman. Roosevelt ostentaba dos diplomas de Derecho, expedidos por las universidades de Harvard y Columbia. Truman, quien lo sucedió en abril de 1945, también había estudiado Derecho, pero no llegó a obtener el diploma.

Si Oppenheimer hubiera tenido, como Albert Einstein, una formación humanista basada sobre valores morales, ¿habría dirigido el Proyecto Manhattan? Si Edward Teller hubiera tenido una formación humanista fundada sobre la ética, ¿habría creado la bomba de hidrógeno? ¿Y Roosevelt y Truman habrían autorizado el Proyecto Manhattan y el genocidio nuclear en Hiroshima y Nagasaki?

No basta con una formación humanista. Heidegger tuvo una formación humanista y, sin embargo, apoyó el nazismo. Werner Heisenberg también recibió una formación humanista y, no obstante, colaboró con el proyecto atómico de la Alemania nazi. Una verdadera formación humanista supone encarnar valores como la solidaridad, la cooperación, la lucha por la justicia, la defensa de la dignidad de todos los seres humanos y la preservación ambiental.
 
Universidad y pluridiversidad
 
 
El intelectual argentino, Atilio Borón, presente en la conferencia de Betto. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.

El intelectual argentino, Atilio Borón, presente en la conferencia de Betto. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.

Las universidades nacieron a la sombra de la Iglesia como instituciones humanistas. Y toda universidad es, curiosamente, una multidiversidad, dado que reúne distintas disciplinas y métodos de aprendizaje. ¿Por qué, entonces, se les llama universidades y no pluridiversidades?

La realidad es que en el seno de una universidad, toda la diversidad de disciplinas, desde la Filosofía hasta la Medicina, sigue el mismo objetivo estratégico pedagógico: es una institución volcada a la formación de mano de obra calificada para el mercado, en el caso de las universidades capitalistas, o de profesionales en condiciones de responder a las demandas de la población, que debería ser el propósito de las universidades en los países socialistas.

Por eso resulta necesario que la universidad se someta siempre a un proceso permanente de autocrítica. Que se pregunte si es una isla del saber indiferente a las necesidades reales del país o una fábrica capaz de dotar a la nación de herramientas teóricas y prácticas para solucionar los problemas que la afectan.

Cuando Napoleón entró a Berlín en 1806, los prusianos tuvieron que abandonar sus posturas inflexibles y permitir que en los países de lengua alemana las universidades se liberaran de la tutela de la teología. Los pioneros de esa conquista emancipadora del saber fueron Johann Fichte, Christian Wolff e Immanuel Kant. Y gracias a la autonomía de la razón, las universidades alemanas nos dieron a Carlos Marx, Federico Engels, Max Planck, Max Weber, Sigmund Freud y Albert Einstein. La geología, la física y la química comenzaron a merecer la misma importancia que la filosofía, la historia y la sociología.

Los Estados Unidos copiaron el modelo alemán, sobre todo porque necesitaban profesionales calificados para ampliar su parque industrial. Se estableció un vínculo estrecho entre las empresas y las universidades. Yale concedió el primero título de doctorado en 1861, y en 1900 más de 300 alumnos ya ostentaban el título de doctores.

La universidad yanqui se transformó en una fábrica elitista de pragmatismo y liberalismo. Lo que le interesa, hasta el día de hoy, es el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Y el principio estratégico pedagógico que rige ese pragmatismo es obvio: fortalecer el mercado y la apropiación privada de la riqueza.

El fundador del pragmatismo estadounidense fue Charles Sanders Pierce, un filósofo destacado en la década de 1870. Pero le cupo a William James el mérito de popularizarlo gracias a la serie de conferencias que pronunció en Boston en 1907, con el título de “Pragmatismo: un nuevo nombre para viejas formas de pensar”. James enseñaba que un profesional no debe estar movido por principios, sino por hechos empíricos… ¡Aunque sus enseñanzas eran contradictorias, porque se basaban sobre un nuevo principio!

La tercera figura importante del pragmatismo yanqui es John Dewey, un catedrático de la Universidad de Chicago. Su lema era “Democracia (entiéndase, capitalismo), ciencia e industrialismo”.

En 1908, Harvard inauguró su Escuela Superior de Empresas de Graduados. O sea, una vía para formar mejor a los hombres de negocios. Los alumnos eran enviados a hacer pasantías en las empresas. Esa pedagogía desarrolló dos aspectos: les permitió a los alumnos vincular la teoría y la práctica y, a la vez, les propició a las empresas la posibilidad de perfeccionar la calidad de sus nóminas de profesionales.

El carácter de ese proyecto estratégico pedagógico de las universidades de los Estados Unidos ya estaba definido en las palabras de Marx y Engels en el Manifiesto comunista: “Todos los complejos y variados lazos que ataban al hombre feudal a sus ‘superiores naturales’, [la burguesía] los despedazó sin piedad y solo dejó subsistir, entre hombre y hombre, el lazo frío del interés, las duras exigencias del ‘pago a la vista’. Apagó los fervores sagrados del éxtasis religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo pequeño burgués, en las aguas heladas del cálculo egoísta. Hizo de la dignidad personal un simple valor de cambio. Sustituyó las numerosas libertades conquistadas con tanto esfuerzo por la única e implacable libertad del comercio”.

Como bien señala el educador y filósofo brasileño Maurício Abdalla, en nuestras universidades, lamentablemente, casi no hay espacio para la filosofía de las ciencias. Si bien se rechaza teóricamente el positivismo, en la práctica está vigente, aunque criticado por los cultivadores de la Nueva Filosofía de las Ciencias como Popper, Kuhn, Lakatos, Feyerabend y Laudan. Muchos profesores universitarios, en especial de las áreas científicas y tecnológicas, permanecen ajenos a los debates epistemológicos, y son tributarios de una visión positivista ingenua de las ciencias. Creen que hay una ciencia neutra, exenta de influencias ideológicas y subjetividades, mero fruto de indagaciones e investigaciones desinteresadas, de observaciones empíricas ajenas a toda metafísica. El resultado de esa postura es que teorías científicas plagadas de subjetivismo y condicionamientos culturales son abrazadas como dogmas, sin conexión con la realidad cambiante y el proceso histórico dinámico.

Se crea así una escisión entre ciencias naturales y ciencias humanas, ética e investigación científica, lo que favorece aberraciones como la de querer impedir todo sistema axiológico en las investigaciones de la biogenética, o la de pregonar que los productos transgénicos en nada afectan el equilibrio ambiental y el organismo humano, o que el uso excesivo de combustibles fósiles no influye en el calentamiento global. Es la “cientocracia”, la dictadura de la ciencia, que debe decidir lo que comemos, de qué modo nos vestimos, qué tipo de sociedad es mejor, etc. Es el neoplatonismo posmoderno, que elige científicos-reyes en lugar de filósofos-reyes, como quería Platón.
 
Cooperación o competencia
 
 
Asisten unos tres mil participantes de 60 países. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.


Si el capitalismo es un sistema monetario en el que los derechos humanos están sujetos a los caprichos del mercado, el socialismo es un sistema humanitario en el que los derechos humanos son la prioridad por excelencia. Es en el marco de esos parámetros que la universidad debe enrumbar su objetivo estratégico pedagógico en un país como Cuba. Impedir que la universidad sea una torre de marfil y crear vínculos efectivos entre alumnos y profesores y entre los diversos sectores de la nación, que reflejen las demandas más urgentes de la población. Buscar respuestas a las siguientes preguntas: ¿cómo se relaciona la universidad con los sindicatos, las cooperativas, los movimientos sociales, los nuevos emprendimientos? ¿Cómo se prepara la universidad para las reformas económicas y sociales que se llevan a cabo en Cuba, sobre todo teniendo en cuenta la inauguración del puerto de Mariel y la reanudación de las relaciones con los Estados Unidos?

Sin duda, Cuba cuenta con una modalidad de extensión universitaria que, por su alcance, no tiene paralelo en el mundo: la solidaridad internacional de sus profesionales, en especial sus médicos y maestros, presentes entre la población más pobre de más de 100 países. Ese internacionalismo logra su consistencia gracias al capital simbólico acumulado por la heroica historia de este país y enriquecido, de modo ejemplar, por la Revolución. Capital simbólico encarnado en la vida y el testimonio de hombres como Félix Varela, José Martí, Ernesto Che Guevara, Raúl y Fidel Castro.

Tanto en el mundo capitalista como en el socialista, las universidades transitaron del humanismo regado con agua bendita al racionalismo cientificista abrazado al mito positivista de la neutralidad de la ciencia. Pero la brújula de la ciencia es la ética, como bien demostró Aristóteles. Y la ética es el conjunto de valores que incorporamos para hacer más digno y feliz nuestro breve período de vida a bordo de esta nave espacial llamada Planeta Tierra. He ahí la cuestión central de un proyecto estratégico pedagógico verdaderamente revolucionario, capaz de superar las contradicciones de la razón instrumental, que en nombre de acelerados avances científicos y tecnológicos provoca la devastación ambiental, hasta el punto de que la naturaleza de nuestro planeta perderá su capacidad de autorregeneración, a menos que se produzca una intervención humana.

En tiempos de posmodernidad, que amenazan tener como paradigma no la religión del período medieval ni la razón del período moderno, sino el mercado, la mercantilización de todos los aspectos de la vida humana y la naturaleza, tan acertadamente denunciada por el papa Francisco en su encíclica socioambiental Laudato Si – sobre el cuidado de la casa común, la universidad se ve interpelada por una pregunta ontológica: ¿cómo lidiar con la experiencia subjetiva del mundo de sus profesores y alumnos? La experiencia subjetiva del mundo de cada ser humano es una cuestión que la ciencia jamás podrá resolver. Ni siquiera el lenguaje es capaz de traducirla, aunque haya formas de expresión que intentan aprender el alfabeto de los ángeles, como la filosofía, la religión y el arte. En una fase de transición civilizatoria, como la actual, precisamos de una nueva ontología ecosocialista.

Es ahí que se ubica el desafío ideológico para el proyecto estratégico pedagógico de la universidad en un país como Cuba. ¿Los profesionales que ella forma construyen una experiencia subjetiva del mundo centrada en valores ajenos a la universidad? ¿Esos valores están enraizados en la solidaridad, el altruismo, la cooperación, o en la ambición egocéntrica, el individualismo, la competitividad?

En un país como Cuba no es suficiente responder: ¡somos socialistas! ¡Somos marxistas! Basta repasar la historia para saber cuántas atrocidades se cometieron en nombre del marxismo y del socialismo, al igual que en nombre del cristianismo hubo Inquisición y se realizó la empresa colonialista genocida en la América Latina. Pero no hay que tirar al niño con el agua sucia. Tanto el cristianismo como el socialismo han escrito bellas páginas en la historia. Y los dos se nutren de la misma raíz: la ética bíblica, que proclama que todo ser humano está dotado de sacralidad ontológica y que el don de la vida nos fue dado para que podamos disfrutarlo en un paraíso aquí en la Tierra, a lo que el mensaje evangélico llama “reino de Dios” y el marxismo, sociedad comunista, en la que todo será común entre todos, se le dará a cada cual según sus necesidades y se exigirá de cada uno según su capacidad.

Ese humanismo debería ser la estrella polar de nuestras universidades, capaz de señalar el rumbo de todas las investigaciones científicas, los inventos tecnológicos, la formación de profesionales y de hombres y mujeres dedicados a la política y a la administración pública.

Termino con dos citas que reflejan bien lo que he pretendido decir aquí. La primera es del filósofo Gaston Bachelard, que instaba a los científicos a revelar el carácter humano de sus investigaciones. En su obra La filosofía del no (1978), señala: “Preguntémosles, pues, a los científicos: ¿cómo piensan, cuáles son sus intentos, sus ensayo, sus errores? ¿Cuáles son las motivaciones que los llevan a cambiar de opinión? ¿Por qué razón se expresan tan sucintamente cuando hablan de las condiciones psicológicas de una nueva investigación? Transmítannos, sobre todos, sus ideas vagas, sus contradicciones, sus ideas fijas, sus convicciones no confirmadas.”

La otra cita, con la cual termino, es del genio profético de Martí, quien en Nuestra América ya nos interpelaba en ese sentido:

“¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte de gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y cállese el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.”
 
 (Traducción de Esther Pérez)
 
 

¿Pedagogía progresista?

Manuel Navarrete


Las máscaras del pensamiento reaccionario en educación


I.

En el año 2005, el actor Samuel L. Jackson protagonizó la película Entrenador Carter. En ella se contaba la historia real de Ken Carter, que fue entrenador de baloncesto en la escuela pública de Richmond, un barrio marginal de San Francisco. Carter se había criado en el barrio y sabía que los jóvenes afroamericanos eran utilizados para potenciar el exitoso equipo de baloncesto del instituto, para luego ser abandonados a su suerte sin estudios ni preparación. Por ello, obligó a sus jugadores a alcanzar determinado promedio académico. Cuando no lo obtuvieron, cerró el gimnasio de Richmond, manteniéndose firme en su postura pese al acoso de la escuela, la prensa y los propios padres. Finalmente, esos jóvenes comenzaron a esforzarse en sus estudios para lograr que Carter reabriera el gimnasio. Muchos incluso fueron a la universidad.

Esta hermosa historia adquiere particular simbolismo y gran actualidad a la luz de los debates cruciales que en los últimos tiempos se vienen desarrollando en materia de educación. Y en los cuales nos está tocando ir a contracorriente. Y es que, a nuestro juicio, se está produciendo una terrible confusión entre la pedagogía presuntamente “progresista” en boga y la pedagogía auténticamente emancipadora que necesitamos. O entre lo que ese supuesto “progresismo” dice de sí mismo y lo que realmente enmascara.

Por desgracia, no solo la administración educativa sino también buena parte de la izquierda han asumido en su totalidad los tópicos que dimanan de esta visión autodenominadamente “progresista”. Los síntomas de la epidemia son claros: presiones de la administración y de la inspección para incrementar el número de aprobados, independientemente del nivel académico alcanzado. Alumnos “PIL” que superan curso “por imperativo legal”, aunque suspendan todas las materias. O todo ese entramado de artimañas, tretas, adaptaciones curriculares, programas especiales, recuperaciones regaladas y un largo etcétera, que lleva a que a un alumno no le merezca la pena estudiar ni esforzarse por nada. Todo ello culminado por una singular corriente que crece entre los padres y que se opone a que los niños dediquen un solo minuto de su tiempo a “hacer deberes” en casa.

En Andalucía, avaladas por la Junta, estas tendencias están llegando al paroxismo, por lo que no es de extrañar que, cada tres años, el Informe PISA le saque las vergüenzas a la educación andaluza. O que uno de cada cuatro alumnos andaluces de Bachillerato repita curso; diez puntos por encima de la media española.

II.

Eso sí, la visión de la educación que comentamos sabe venderse bien a sí misma: dice oponerse a toda “disciplina reaccionaria”, a toda regla que oprima “la libertad” del alumnado. Y –en lo siguiente de manera sincera– se opone a que los niños de entornos más desfavorecidos reciban grandes dosis de, por ejemplo, historia de la literatura, optando por limitar su formación al aprendizaje de algunas habilidades comunicativas básicas, “más útiles para ellos”. Ya se sabe: es lo único que necesitarán en “su” limitado mercado de trabajo como masa obrera.

Naturalmente, esto casa muy bien con determinadas aspiraciones seculares del liberalismo: tener una educación de primera para la élite y, por otro lado, una educación funcional para los “curritos” que, al fin y al cabo, están predestinados a dejar las horas de su vida sirviendo copas a turistas venidos del norte. Tal es el mundo real que se enmascara tras la apariencia “libertina” de los planteamientos pedagógicos actualmente de moda.

Por ello, en mitad de este panorama, nos toca defender otra visión de la educación: la educación como ascensor social (eso sí, no como ascensor individual, sino como ascensor colectivo, de la clase trabajadora). La educación como modo de que la gente de los barrios oprimidos vaya adquiriendo preparación, conciencia, poder. De que los camareros, las cajeras, los inmigrantes, los precarios adquieran herramientas para entender su realidad, a fin de transformarla. Y hay que decirlo sin el menor complejo: para ello, evidentemente, es necesaria una disciplina, unas reglas, unos límites en el aula. La alternativa es sencillamente renunciar a todo concepto de escuela, de formación.

Decía el revolucionario comunista Antonio Gramsci que la verdadera hegemonía se alcanza combinando la coerción y el consenso; no solo con coerción, ni solo con consenso. En el aula sucede lo mismo. El propósito es, naturalmente, una desconexión progresiva del alumnado, apoyada en su paulatina maduración; sobre todo desde los 16 años en adelante. Pero la situación de la que se parte con, por ejemplo, un alumno de 1º o 2º de ESO (con 11, 12, 13 años) no es esa. Un niño es un niño. Necesita ser, precisamente, educado (aunque el educador, naturalmente, también lo necesite).

III.

Recordemos, si nos obligan a ello, lo obvio: cuando nacemos, no conocemos nuestros límites. Creemos que el mundo está a nuestra disposición, que podemos tirarlo y romperlo todo libremente. Es necesario un largo proceso educativo para aprender a vivir en comunidad, a respetar -pongamos por caso- los turnos de palabra, a entender que tu libertad termina donde empieza la del otro. El verdadero ejercicio de la libertad exige condiciones; y no hablamos solo de una maduración previa, sino también de autonomía personal, de derechos sociales y de una educación. ¿De qué “libertad” hipócrita hablan, cuando si no obligáramos a los alumnos a ir a clase, decidirían quedarse en sus casas y habría que renunciar a esa conquista histórica de los trabajadores que fue la escolarización? No será la libertad la que capacite para la educación, sino la educación la que capacite para la libertad; o, más concretamente, para luchar por ella con mejores “armas de la crítica”. Pues, ya en el terreno social, podemos hacernos la misma pregunta: ¿qué “libertad” hipócrita es esa de la que“disfrutan” sus padres, en una familia de barrio humilde, si ni siquiera pueden elegir entre tener un trabajo o no tenerlo, entre tener un trabajo fijo o uno precario, entre sufrir pobreza energética o no sufrirla, entre tener derecho a la vivienda o ser desahuciados?

En todo caso, y volviendo al tema que nos ocupa, en pedagogía, como en todo, no valen de nada las teorías sin práctica, las meras frases. Tampoco los libros escritos por gentes que no han pisado jamás un aula, o que solo han trabajado en centros privados (sean estos de curas o “libertarios”), de esos en los que los críos vienen ya moldeados de casa y llevan en sus caras la eterna sonrisa que otorga el dinero. Solo sirven de algo las prácticas reales; y las prácticas solo son reales y transformadoras si se sumergen allá donde está el sujeto histórico destinado a liberarse, que no es en Paideia ni en Montessori, sino en los barrios populares y en la escuela pública. Si queremos que en dichos barrios se produzca una culturización y un fortalecimiento ideológico de la clase trabajadora, nos veremos obligados a no confundir una autoridad legítimamente constituida (y necesaria para desarrollar todo proceso formativo con niños, más aún en entornos difíciles) con esa suerte de “autoritarismo de clase” que es otra cosa y que, naturalmente, es el enemigo a batir.

Ese es el quid de la cuestión: distinguir la necesaria y positiva autoridad que alguien, por el hecho de ser una persona mayor y un formador, tiene sobre un niño de otra cosa muy diferente, como es la posición jerárquica y clasista que, efectiva y tristemente, muchos docentes reivindican con respecto a los alumnos, por el hecho de cobrar más dinero, vivir mejor o “tener más cultura”. El caso es que la clave del desenfoque está en confundir (a menudo de manera interesada y consciente) estas dos clases de autoridad. A quienes viven arriba no les parece un problema que se confunda la libertad (como algo a construir, a conquistar; como un proceso) con esa caricatura burda que hacen de ella. Al fin y al cabo, el fracaso de la escuela pública supone para ellos una fuente inagotable de trabajadores precarios, resignados y desarmados culturalmente.

IV.

Ahora bien, hay algo que sí está claro: dado que el proceso pedagógico exige una conexión, una solidaridad, una hermandad, hay que romper todo distanciamiento social entre el profesor y el alumno. Y no nos referimos solo a fórmulas ridículas como el “don”; vamos más allá. El pedagogo soviético Anton Makarenko dirigió una colonia de huérfanos tras la guerra civil rusa, como narra en su imprescindible obra Poema pedagógico. En su colonia, los jóvenes combinaban el trabajo manual con el intelectual. Makarenko era duro, creía en la disciplina; pero vivía en las mismas condiciones que sus alumnos. Estaban aún saliendo de dos cruentas guerras que causaron estragos y caos. Si ellos pasaban hambre, él también. Si ellos vestían en harapos, él también.

Un profesor debe tratar a sus alumnos como iguales socialmente. Debe saludarlos si los ve por la calle. Debe reírse si dicen algo gracioso. Debe vivir donde viven ellos, como viven ellos. Su ubicación jerárquica como líder, como referente, es necesaria; pero debe ser algo funcional, solo operativo en el aula y solo en función de los objetivos pedagógicos, de la defensa del derecho a la educación. Hay que defender el aprendizaje; defender a quienes atienden frente a los alumnos disruptivos, e incluso a dichos alumnos disruptivos frente a sí mismos, frente a esa parte de ellos que, por mil condicionantes, les empuja a una vida en los bajos fondos. ¿Cómo defender el derecho a la educación, en esas condiciones, sin una referencialidad, una autoridad legítimamente constituida, un liderazgo? ¿Realmente vamos a entregarle unos planteamientos que son ineludibles a la derecha? ¿Y qué hay de todos los jóvenes (especialmente chicas; chicas de clase trabajadora e incluso procedentes de sectores excluidos) que quieren aprovechar la escuela, formarse, estudiar duro, acceder a la cultura formal; y que para ello necesitan el acompañamiento del profesorado y el mínimo de silencio necesario para entender sus palabras? Más allá de las respuestas que demos a estos interrogantes, es claro que no molestamos a la oligarquía que gobierna si nos limitamos a enarbolar frases e ideas que sabemos inaplicables en el aula, en lugar de poner el foco en donde realmente está la clave para edificar una educación emancipadora: en la supresión de las barreras de clase entre docente y alumno.

Queremos ahondar en la idea de que la mencionada misión (en la que Rajoy y Sánchez sí que se dan la mano) de segregar dos rangos de educación (uno para “los elegidos” y otro para “los débiles”) es perfectamente funcional a determinada visión de la infancia, según la cual a los niños no se les debe exigir la menor responsabilidad ni el más mínimo esfuerzo. La idiotización de la juventud parte de este enfoque, para el cual es una exigencia inaceptable que un niño estudie dos horas en casa (completando, junto a las seis horas de instituto, ocho horas de “trabajo”, junto a las ocho de ocio y las ocho de sueño). Eso sí, no hay el menor problema en que el niño pase ocho horas diarias frente a la Play Station 3, o en que tenga móvil y tarifa de datos pagados por sus padres aunque suspenda todas las asignaturas, o en que haga media vida en la calle y coquetee con las drogas. Al poder económico nunca le estorbó lo más mínimo que la juventud de los barrios se echara a perder, en lugar de organizarse y reivindicar otra posición en la sociedad (o, mejor aún, una sociedad sin “posiciones” jerárquicas).

[A modo de inciso, añadiremos un último detalle, políticamente incorrecto. A mucha “izquierda liberal” escandalizará también, faltaría más, que algunos docentes, desde posiciones revolucionarias y desacomplejadas, reivindiquemos el uso del uniforme. Por lo visto, para muchos la diversidad y la libertad se manifiestan en la ropa que vistas, y tu personalidad (ya lo dice la tele) depende de la marca que uses... o puedas permitirte usar. No les preocupa tanto la “guerra entre pobres” que se produce cuando los jóvenes compiten entre ellos por ver quién lleva la ropa más de moda, más de marca o más cara. Nosotros disentimos de ello, pues forma parte, en realidad, del desenfoque del que estamos hablando. Ojalá algún día convirtamos la escuela en un espacio liberado de la tiranía que las marcas ejercen sobre la juventud; en un oasis donde la personalidad pueda construirse de un modo mucho más auténtico, sin depender de esos trapos, por cierto, fabricados en demasiados casos por otro niño, pero en países saqueados por las empresas multinacionales del norte.]

V.

Aclaremos, para ir concluyendo, que desde aquí no reivindicamos la idea proudhoniana de que la educación lo es todo. Reivindicamos que la educación es, en el mejor de los casos, una base; pero nada más que eso. La revolución la harán los oprimidos, cuando logren organizarse; y la harán sin llamar a la puerta. Lo que no hay que olvidar es que aquellos llamados a protagonizar la revolución no son esos intelectuales universitarios e ilustrados que se centran en lo electoral y en “quedar bien” en televisión. Son, por el contrario, esos alumnos disruptivos, marginales, frecuentemente expulsados de los institutos de los barrios obreros. Precisamente porque son los que menos tienen que perder. De modo que, con ellos, hay que desarrollar multitud de estrategias creativas, tanto en el barrio (fomentando el deporte, el baile u otras actividades que los alejen de esa gran enemiga de la juventud obrera que es la droga) como en el aula (empleando el hip hop, el flamenco, la música). Nada más sano, sin irnos más lejos, que un profesor jugando al fútbol con sus alumnos, o que un alumno rapeando en clase versos de Rubén Darío. Hablamos de experiencias no solo posibles, sino reales.

Siguiendo con este último ejemplo, muchos dirán que disfrutar de los clásicos de la literatura nada tiene que ver con la revolución. No han entendido nada. Está en la historia de nuestro movimiento la creación de universidades obreras como la de Georges Politzer, pues, obviamente, todo incremento del nivel cultural de la clase obrera es emancipador, le ayuda a tener herramientas con las que interpretar lo que le sucede y construir soluciones. ¿No es evidente que el antiquísimo anhelo de reservar la cultura para una élite se está camuflando con argumentos procedentes del populismo más burdo? Bien lo expresó Marx, a modo de lapidaria sentencia, en ese episodio que le llevó a la ruptura con el sastre Weitling. Sucedió en una reunión. Marx planteaba que agitar a la población sin proporcionarle “ninguna base sólida para la acción” equivalía al juego vacío y deshonesto de los predicadores. Cuando Weitling defendió el método de los predicadores frente a los “análisis de gabinete” de Marx, este, iracundo, golpeó furiosamente la mesa haciendo caer la lámpara, se puso en pie y gritó: “¡La ignorancia jamás ha ayudado a nadie!”.
Fuerza Histórica Latinoaméricana.

Fuerza Histórica Latinoamericana

Saludos y bienvenida:

Trovas del Trovador


Si se calla el cantor, calla la vida...inspirate,instruyete,organizate,lucha,rebelate.



Saludos y bienvenida:


Inevitablemente, cada individuo hace parte de su vida y de su historia aquellos acontecimientos que marcaron un recuerdo bueno o malo en la efemérides y en su vida...
Recordar por ejemplo aquellas cobardes masacres de la década del 70 en El Salvador (Chinamequita,Tres Calles,Santa Barbara,30 de Julio,entre muchas otras y seguro estoy es una experiencia que se repite a lo largo y ancho de Americalatina), masacres que conmocionaron a la nación y sacudieron la conciencia de muchos.

Esas masacres aceleraron el enfrentamiento entre ricos y pobres, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas Nacionales, Toda aquella década fué de constante actividad politico-social y su principal escenario eran las calles, para las celebraciones del efemérides nacional de cualquier indole, se desarrollaba una manifestación de dolor, muy significativa y emótiva, muchas, con los restos de los asesinados y el reclamo del retorno o aparecimiento con vida de los capturados y desaparecidos.

Muchos jóvenes,a partir de aquellas cobardes acciónes por parte del Estado, radicalizamos nuestra pocisión y optamos por la lucha armada como única solución a la crisis que cada dia se profundizaba más y más...

A partir de aquella década, la protesta se hizo afrenta digna contra la dictadura militar, salir a protestar era recuperar,rectificar y sanear digna y valientemente, todo aquello que en anteriores décadas de terror, las clases dominantes habian institucionalizado.

Con aquellas jornadas de lucha, no solo denunciamos y condenamos a los eternos enemigos del pueblo, sino que hicimos sentir el grito de guerra de todos aquellos que sacrificada pero dignamente y hasta entonces, habian escrito la historia,nuestra heróica historia...

Que hubiera sido de nosotros, si Monseñor Romero hubiera pensado más en su tiempo, el dinero y su sombrero copa ancha junto con su pulcra sotana,por no arriesgar el pellejo a costa de convertirse en "La voz de los sin voz" y en el santo de los desposeidos?

Que seria de nosotros?, si Roque Dalton, sabiendo que podria incluso, morir a manos de sus propios "camaradas", no hubiera arriesgado la canción hecha palabra y herramienta de lucha, para gritarle sus verdades a los poderosos y sus criticas mordaces a los ultraizquierdistas y al Partido Comunista.

No seriamos dignos, de llamarnos salvadoreños si Farabundo Marti, no hubiera dispuesto ir a enlodar sus botas a "Las Segovias" junto a Sandino el General de hombres libres, como su lugarteniente.
Si Miguelito Marmol, no se hubiera levantado con las ganas que lo hizo después de haber sido acribillado frente al pelotón de fusilamiento, para seguir arriesgando el pellejo reclutando, concientizando, organizando, y manteniendo vivo el grito de guerra de "Viva el Socorro Rojo Internacional", que inconclusamente y con toda valentia intentó Farabundo.

Fraternalmente, Trovador


DONALD TRUMP, EL GORBACHOV DE NORTEAMÉRICA: ASÍ SE FRACTURA EL IMPERIO DESDE DENTRO

  Razones de Cuba   Desde La Habana, donde hemos visto caer imperios a lo largo de 500 años, la situación de Estados Unidos en junio de 20...